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Entrevista a Angela Saini: Raza, biología y poder

Por: ​​Susanna Ligero

Si en su obra previa, Inferior, Saini se centraba en cómo la ciencia ha estudiado las diferencias entre mujeres y hombres, en Superior la autora nos lleva a los orígenes del racismo científico para mostrarnos sus ramificaciones.

En 1907, en París se celebró una gran exposición colonial en el Jardín de Agricultura Tropical del Bosque de Vincennes. Allí se recrearon cinco poblados diferentes donde, además de construcciones y paisajes típicos, había personas de carne y hueso pertenecientes a la cultura representada. Casi dos millones de visitantes pasaron por aquel zoológico humano en seis meses, algunos observando boquiabiertos lo que consideraban un exotismo más, otros tomando notas que asentarían las bases del racismo científico1.

En su libro Superior. El retorno del racismo científico, la periodista científica Angela Saini (Londres, 1980) describe su visita a este lugar (en sus palabras, una especie de «Disneylandia eduardiana»), un parque abierto al público pero sin demasiadas indicaciones, con los monumentos en escombros y ningún cartel que explique por qué están allí. Una buena metáfora de lo que ocurre con el pasado colonial de tantas naciones: una reliquia vergonzosa de la cual se prefiere no hablar.

No es la primera vez que Saini pone el foco en las confusiones y prejuicios que afectan la investigación científica. Si en su obra previa, Inferior2, Saini se centraba en cómo la ciencia ha estudiado las diferencias entre mujeres y hombres, en Superior la autora nos lleva a los orígenes del racismo científico para mostrarnos sus ramificaciones3. La ciencia de la diferencia humana nació en los años del colonialismo y el esclavismo; se dividió el mundo en razas y se situó la raza blanca en un escalafón biológico superior al resto, para justificar la conquista de territorios, el robo de riquezas y la aniquilación de poblaciones. Inevitablemente, estos hechos han dejado poso en la investigación científica hasta la actualidad y Saini aborda este hecho sin titubeos.

Superior, publicado en inglés en 2019, fue considerado «Libro del año» por medios como Financial Times, The Guardian o The Telegraph, además de estar incluido entre los diez mejores libros de 2019 de la revista Nature4. Tal como nos explica la autora, este libro provocó airadas reacciones entre grupos supremacistas blancos, pero también que muchos científicos e instituciones quisieran contar con ella para trabajar hacia un estudio del ser humano alejado del racismo científico. De hecho, la revista Prospect incluyó a Angela Saini en la lista de los 50 pensadores o intelectuales más importantes de 20205. Aprovechando la publicación en castellano de su libro, hablamos con ella en esta entrevista.

Su libro muestra cómo el concepto biológico de raza no funciona ni proporciona nunca datos fiables. ¿Por qué todavía tantos investigadores lo usan en su trabajo?

Creo que tiene que ver con la manera en que empezamos a pensar en las diferencias entre humanos ya desde el principio, de la Ilustración en adelante, en el nacimiento de la ciencia occidental moderna. Se asumieron ciertas suposiciones sobre la especie humana; algunas relacionadas con el género –por ejemplo, que las mujeres no eran iguales a los hombres en términos intelectuales– y otros, con la raza y la etnicidad. La idea de dividir a los humanos en grupos distintos ya es política, porque no es algo que se dé en la biología. La biología no discrimina a los humanos en grupos distintos, resulta que somos muy homogéneos. De hecho, somos una de las especies más homogéneas del planeta. Además, la manera de dividirnos siempre dependerá de las ideas políticas y de la sociedad en que vivamos. Así, cuando los científicos europeos asentaron unas determinadas categorías, estaban influenciados por el mundo en que vivían. Estaban influenciados por el colonialismo, por ideas sobre la superioridad europea, sobre la esclavitud… Todas las jerarquías de aquella sociedad se importaron a la ciencia de la diferencia humana y sentaron las bases de la investigación. Y durante cientos de años, esto es lo que han usado los investigadores en su trabajo. Estas suposiciones raciales, como las de género, se integraron en la investigación científica desde el inicio, y es muy difícil deshacerse de estas ideas una vez que están bien arraigadas dentro de nosotros, dentro del establishment.

Además de estas ideas tan arraigadas y los consiguientes prejuicios, ¿cree que hay un poco de cientificismo en esta cuestión?

Sí, lo creo, y de hecho buena parte de mi trabajo durante los últimos años se ha concentrado en este problema. Hay cierta arrogancia y soberbia en un estamento que se considera a sí mismo completamente objetivo, por encima de la sociedad y de la política, y que nada de esto es un problema para nosotros los científicos porque lidiamos con datos empíricos y estos están al margen de la cotidianidad de las personas. Esto nunca ha sido cierto. Los científicos son humanos como el resto de nosotros, se encuentran dentro de la sociedad y se ven afectados por ella. Las preguntas que plantean siempre se verán influenciadas por la sociedad y si no reconocen este hecho, están cayendo en las mismas trampas en que cayeron los científicos del siglo xix. Por ejemplo, mirando a su alrededor y asumiendo que la desigualdad tiene una causa biológica. Por supuesto, esto no es así, sino que la desigualdad es un producto de diferentes factores y tenemos que considerarlos todos.

En lugar de tratar de descubrir diferencias genéticas entre seres humanos que básicamente tienen un aspecto diferente, ¿qué preguntas podría plantear la ciencia para entender mejor, por ejemplo, la salud de las personas?

Me gustaría ver una ciencia de la diferencia que nos vea como individuos, que entienda que cada persona es única y una confluencia de diferentes factores. No solo la genética, sino la manera en que vivimos, dónde vivimos, nuestra dieta… La mayoría de las cosas que matan a los seres humanos, como mínimo en Occidente, son enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares… Cosas que dependen mucho de la forma de vivir. Así, me gustaría que la ciencia de la diferencia humana tuviera en cuenta todos estos determinantes sociales además de analizar nuestros cuerpos. Tenemos que recordar que la mayoría de las diferencias humanas las encontramos a escala individual, no grupal. Hay muy pocas enfermedades que muestren diferencias entre grupos de población, e incluso en este caso hablamos en términos estadísticos: no es que haya un gen que solo tienen los miembros de una población que no se encuentre en ninguna otra. No hay genes «negros» ni «blancos» ni «morenos». Tenemos que entender esto si realmente queremos un sistema de salud personalizado.

En el libro, encontramos, por un lado, científicos que usan las estructuras científicas como el sistema de publicación académica para justificar sus creencias racistas (con buena dosis de cherry-picking) y, por otro, investigadores que se consideran antirracistas pero que piensan que habría que explorar mejor el concepto de raza biológica. ¿Piensa que la segunda perspectiva de alguna manera ayuda a mantener la primera dentro de la esfera científica, aunque sea de forma marginal?

Sí, la confusión de términos es lo que realmente hace posible que estas ideas continúen vivas. El relato que las sustenta tiene la presencia suficiente dentro de la ciencia mainstream, todavía se cree lo suficiente en la raza biológica como para que esta continúe dentro de la ecuación, cuando la tendríamos que haber sacado de ahí hace mucho tiempo. Si la mantenemos dentro de la ecuación, tiene que ser como factor social. Por ejemplo, hace 100 años los científicos de Reino Unido solían pensar que las clases sociales eran genéticamente diferentes, que las personas pobres de alguna manera eran más débiles que las ricas. Por norma general, ya no pensamos así y lo mismo tiene que ocurrir con la raza. Hay que estudiarla, pero como fenómeno social, no como uno biológico, de la misma forma que lo hacemos con la clase social. Por ejemplo, las personas norteamericanas negras tienen tasas de mortalidad más altas que las blancas en casi cualquier cosa, pero esto no se debe a su «negritud». Las personas viven vidas muy diferentes de acuerdo con la percepción social de quiénes son y de sus circunstancias y, por lo tanto, de cómo son tratadas en este mundo. Pero veo que esta fina línea a veces se confunde y es fácil que se acabe pensando que también hay diferencias genéticas.

Aunque sea un fenómeno más bien marginal y localizado en ciertos grupos, ¿cómo puede el racismo científico reforzar los estereotipos raciales en la sociedad?

Hay dos maneras de abordar la diferencia humana: una es decir que somos prácticamente iguales por dentro, y que hay algunas diferencias marginales entre individuos y también diferencias todavía más pequeñas entre grupos de población. La otra es concentrarse por completo en estas diferencias marginales. La narrativa que se escoge es la que guiará la manera en que los públicos piensen en la diferencia humana. Me preocupa que los científicos se hayan concentrado mucho en estas diferencias y no hayan enfatizado lo suficiente las similitudes entre nosotros, cuando lo cierto es que somos prácticamente iguales bajo la piel. Por ejemplo, en Reino Unido se han dado ciertas reticencias por parte de grupos étnicos minoritarios hacia la vacuna del covid-19. Hay gente que me ha preguntado: «¿Es segura para mí? Soy negro, y creo que no se ha probado en gente negra». Y la cuestión es que no importa en quién se haya probado la vacuna, mientras la muestra haya sido amplia. No somos tan diferentes por dentro como para que un medicamento que se prueba en personas blancas pueda no funcionar en personas negras. Pero como el relato alrededor de la raza y la salud se ha centrado tanto en las pequeñas diferencias, el imaginario público arrastra la impresión de que estas diferencias son muy destacadas, cuando casi no importan. Por lo tanto, pienso que los científicos tienen que aceptar un poco de responsabilidad por eso, así como los medios. Porque todo es cuestión de narrativas, de la forma en que explicamos historias y, en concreto, la historia de la diferencia humana. Así que no culpo a la gente cuando a veces cae en estos malentendidos.

En uno de los últimos capítulos del libro, de hecho, explica cómo en Estados Unidos un medicamento para la hipertensión fue aprobado para ser vendido solo a personas negras…

Sí, esto tiene que ver con mitos raciales sobre la hipertensión [como enfermedad que afecta más a las personas negras]. Este en particular hace mucho tiempo que circula, sobre todo en eeuu, pero también en Reino Unido. Es cierto que se ven más pacientes negros con hipertensión, pero tenemos que recordar que esta es una enfermedad que depende mucho de la forma de vivir, y de la dieta en particular. Por ejemplo, mi madre tiene hipertensión y sé que se debe a su forma de vida y su dieta. Pero también influye ser una persona inmigrante: hay estudios que muestran que la presión sanguínea es más alta si eres inmigrante por las presiones y los estreses de ese tipo de vida. Por lo tanto, que se hable de diferencias genéticas en esta cuestión dice más del deseo de la comunidad médica de tener una explicación biológica muy simple para lo que en realidad es un fenómeno social complejo.

Incluso en proyectos bien intencionados, usted señala cómo la metodología para estudiar diferencias biológicas entre poblaciones a menudo ha sido problemática, sobre todo en cuanto a la protección de datos y la privacidad.

Ciertamente, esto ha sido muy conflictivo en el pasado. Hemos visto por ejemplo usos abusivos de los datos, sobre todo de los datos de poblaciones indígenas. En los últimos 20 o 30 años, hubo un gran empujón dentro del campo de la genética de poblaciones para estudiar a grupos indígenas aislados porque imaginaban que serían diferentes genéticamente en algunos aspectos. Resultó que no lo eran tanto. Pero, en el proceso, a veces los datos fueron usados de forma inadecuada. El activismo ha trabajado en respuesta a esto, porque hay cuestiones que preocupan a las personas implicadas: si doy mi adn, ¿lo usarán para estudiar cosas que me beneficien, o para tratar de encontrar alguna inferioridad genética, o para tratar de demostrar que soy distinta o extraña de alguna forma? Estos errores se han cometido, y a veces por parte de gente muy bien intencionada. Esto ha perjudicado a la ciencia, y todavía pasa actualmente. Veo todavía a científicos diciendo a grupos minoritarios: «Si no participáis en estos ensayos clínicos, quizás este medicamento no funcione para vosotros», cosa que suena a amenaza y además es falso. Esa no es la manera de llevar a cabo este tipo de investigación. Lo que hay que recordar continuamente es que es bueno tener a todo tipo de personas en los ensayos clínicos, pero no porque seamos diferentes como grupo, sino porque somos diferentes individualmente, y una muestra amplia siempre resultará más fiable que una reducida. Fijémonos en la pandemia de covid-19. La diferencia más grande que estamos encontrando [en cuanto a la gravedad de la enfermedad] es entre grupos de edad. ¿Cuántos ensayos clínicos suelen usar la edad como variable? Muy pocos en realidad, la mayoría se hacen en personas jóvenes y no lo consideramos importante. Así, me pregunto a veces por qué escogemos las variables que escogemos. No toda variable será importante según en qué contexto. Si escogemos ciertas cosas y no otras, hay que explicar por qué lo hacemos así, e involucrar a la población en estos debates, en lugar de dar por hecho que encontraremos las diferencias que ya hemos razonado que encontraremos.

A causa de su historia reciente, ¿podríamos decir que eeuu es el epicentro del racismo científico actualmente?

Esta pregunta es complicada de responder, porque por un lado sí que pienso que hay muchos mitos raciales en ese país, tanto en la comunidad científica como en la sociedad en general. Pero también tengo que decir que es en eeuu donde encontramos ahora debates muy maduros e inteligentes alrededor de la raza y la salud, y de los determinantes sociales de esta. Dentro de las ciencias sociales, la mejor investigación en torno de la raza se está llevando a cabo en eeuu. En este sentido, en Reino Unido vamos un poco atrasados, todavía se piensa primero en términos genéticos y después en términos sociales, mientras que en eeuu la narrativa ya ha cambiado. He dado muchas charlas en universidades estadounidenses e incluso he dado un par en los Institutos Nacionales de Salud. Y realmente me anima mucho ver cuánto se ha avanzado en esta cuestión.

En el libro habla de cómo otros países como China, Rusia y la India usan ahora esta narrativa, tratando de demostrar por ejemplo que sus antepasados son incluso anteriores a la salida del Homo sapiens de África… ¿Por qué caen ahora estos países en esta serie de mitos?

No pienso que sean los países en sí, sino determinadas fuerzas políticas dentro de estos países, y todo responde al auge de nacionalismos étnicos y religiosos. Veo ecos inquietantes con lo que ocurrió en la Alemania nazi, cuando el Partido Nacionalsocialista trató de crear este mito de una raza germánica diferente del resto y vincularla con el discurso de «sangre y tierra». De acuerdo con este discurso, si encontraban pruebas de esta raza germánica en cualquier lugar de Europa, entonces podían reclamar aquel territorio. Esto obviamente asentó las bases del programa eugenésico de higiene racial que llevó al Holocausto. Y veo el mismo trasfondo en nacionalismos étnicos modernos que tratan de vincular la idea de una genética diferente con el derecho a ciertas tierras, o incluso apelan a mitos fundacionales. Todas las naciones, todas las comunidades del mundo, de hecho, tienen mitos fundacionales. Pero estos se tienen que entender como historias fantásticas que tienen un propósito político y que pueden ser muy valiosas para nuestra concepción como humanos de quiénes somos, qué valores tenemos y cómo nos pensamos. El problema es cuando trasladamos estos mitos fundacionales a la biología. Esto es lo que estamos viendo pasar en países como Rusia, la India y China, cuando vemos a científicos o políticos tratando de apelar a la biología para apoyar sus ideologías.

¿Piensa que hay alguna manera práctica de impedir que el racismo activo se valga de las estructuras o metodologías de la ciencia?

Tenemos que entender que la ciencia no existe al margen de la sociedad, forma parte de ella. Tiene que basarse en el mundo real e interactuar con este, y hace falta que lo haga de una manera honesta y verídica que reconozca sus falibilidades. Pienso que hay que involucrar al público de manera que asuma que los científicos no lo saben todo siempre, que se equivocan y que muchas veces están en desacuerdo. Si el público ve esto en lugar de asumir que los científicos lo saben todo porque son muy listos y trabajan todos en la universidad y tienen siempre toda la información [riendo]… Si podemos trabajar en esta línea, la confianza en la ciencia aumentaría, porque entonces la veríamos tal como es, en lugar de imaginarla como algo perfecto. Es imposible que sea perfecta.

En su libro previo, Inferior, reflexionaba sobre cómo la ciencia ha estudiado las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, de nuevo en muchas ocasiones dejando fuera aspectos sociales que explican algunas de estas diferencias. Me preguntaba si ha encontrado similitudes entre cómo la ciencia ha estudiado las diferencias entre razas y las diferencias entre hombres y mujeres.

Esta cuestión es compleja porque el sexo no es completamente un constructo social, sabemos que hay ciertas diferencias biológicas entre hombres y mujeres. Pero sí me preocupa que se esté cayendo en las mismas trampas del racismo científico en cuanto a las diferencias entre sexos. Por ejemplo, he escuchado voces dentro del activismo que afirman que los medicamentos que se han probado en hombres no funcionarán en mujeres. Debemos tener cuidado con estas ideas, porque no es necesariamente el caso. La mayoría de los medicamentos no funcionarán en algunas personas, pero a causa de las diferencias individuales de las cuales hablábamos. Por ejemplo, yo soy alérgica a la penicilina y mi padre también. Esto no tiene nada que ver con mi sexo, es solo que somos individuos diferentes. Pero también tengo migrañas hormonales, y eso sí que tiene mucho que ver con mi sexo, porque mis niveles hormonales cambian durante mi ciclo. Así pues, en un caso el sexo importa, y en el otro, probablemente, no. No tenemos que asumir que los cuerpos de los hombres y las mujeres son completamente diferentes y que, en cada grupo, que todos los hombres son completamente iguales al resto, y que las mujeres son iguales a todas las otras. El sexo puede ser importante en algunas cosas, pero esto no significa que lo sea en todas. En la era de las redes sociales, es muy difícil transmitir este mensaje: no es que seamos completamente diferentes o completamente iguales. Es posible que haya algunas áreas en que las diferencias importen, y otras muchas en las cuales no, y las dos cosas son verdad sin tener que caer en ninguna narrativa específica. La salud de las mujeres ha sido un motivo de preocupación, porque sabemos que a veces la medicina les ha fallado… Pero esto es por el machismo en la medicina. Tenemos que entender los matices y concentrarnos en las variables de acuerdo con la enfermedad que nos interesa. Para el covid, no importa tanto el sexo, sino la edad, por ejemplo. Para las migrañas hormonales, sí que importa el sexo. Realmente depende de las cuestiones que se investigan, y me preocupa que se usan estos enfoques tan amplios, haciendo pruebas sobre la raza y el sexo en general, a ver qué diferencias hay. Son enfoques poco refinados y no le hacen justicia a la variación humana.

De hecho, recuperando lo que hablábamos antes, para el covid-19 quizás sí que importa el sexo, pero como factor social. Hace poco en Mètode publicábamos un artículo6 sobre cómo en España, aunque la mortalidad era más alta en hombres, más mujeres se contagiaban porque se encontraban muy expuestas, como trabajadoras esenciales, cuidadoras…

En Reino Unido, de hecho, nos encontramos con que al principio los hombres se vieron muy afectados, sobre todo cuando el virus llegó a Londres, pero porque muchos repartidores y taxistas suelen ser hombres. Es un tema de demografía social, así que por supuesto los datos presentan estos sesgos. Debemos tener cuidado con no biologizar las cosas, sobre todo en una pandemia: un virus no llega a un país y se extiende de manera uniforme y afecta a todo el mundo por igual. Depende de la demografía, de la ocupación, de si eres trabajadora esencial o no, de si trabajas en un hospital… Como he dicho, a veces queremos explicaciones simples para los patrones que vemos, pero raramente encontramos estas respuestas tan sencillas.

¿Qué reacciones ha tenido Superior por parte de gente que participa activamente del racismo científico? Pienso en personas que ha entrevistado para el libro y que forman parte de publicaciones racistas, por ejemplo…

Han pasado casi dos años desde que se publicó Superior y varias organizaciones supremacistas han estado acosándome, a mí, a mi familia, a mi hijo de siete años incluso… Escribieron artículos sobre él, sobre mi marido, mis padres, mis hermanas… El maltrato fue tan terrible que abandoné Twitter y otras redes sociales. Era imposible quedarme, bloqueaba a la gente pero no daba abasto, así que tuve que irme. Fue bastante terrible.

Eso es espantoso. Confieso que pensaba más en reacciones en el mundo académico, no sabía que la cosa se había puesto tan fea…

Bien, al inicio me encontré también con reticencias por parte de genetistas de poblaciones, supongo que recordará que en un par de capítulos critico el trasfondo racista que a veces encontramos en la genética de poblaciones. Pero ahora trabajo con algunas de estas personas y hemos forjado una relación muy buena. Pienso que la narrativa dentro de la comunidad de la genética de poblaciones está cambiando, porque se han reconocido los errores que se han cometido en el pasado, y que tenemos que ser más cuidadosos a la hora de estructurar estos debates. Pero tengo que decir que el cambio más grande vino después del asesinato de George Floyd el pasado verano. A raíz de las protestas del movimiento Black Lives Matter, la comunidad científica cambió por completo su manera de hablar de estas cuestiones. Todas estas cosas sobre las cuales había escrito, que habían sido recibidas con reticencias sobre todo por parte de médicos… de repente, los médicos las aceptaban y me pedían que trabajara con ellos. Así que ahora colaboro con muchos grupos diferentes, formo parte del comité de varias instituciones científicas y museos, y hago lo que puedo para que las universidades desarrollen currículums académicos que nos ayuden a entender estos asuntos mejor.

Eso es una prueba de que este libro era necesario.

No estoy tan segura de eso, se han publicado libros similares antes, pero sí pienso que el mensaje llegó en el momento adecuado, afortunadamente.

  • 1.Círculo de Tiza, Madrid, 2021.
  • 2.Inferior. Cómo la ciencia infravalora a la mujer, Círculo de Tiza, Madrid, 2017.
  • 3.Anna Mateu: «Somos seres biológicos, sociales y culturales», entrevista a Angela Saini en Mètode, 4/9/2019.
  • 4.«Nature’s Top Ten Books of 2019» en Nature, 16/12/2019.
  • 5.«The World’s Top 50 Thinkers 2020» en Prospect, 14/7/2020.
  • 6.Alícia Villar Aguilés: «Las mujeres y la covid-19» en Mètode, 4/12/2020.

Fuente de la información e imagen: https://nuso.org

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España| Deporte con valores: Un balón de oxígeno para 300 menores en riesgo de exclusión social

Por: Fernando Morales

Un campamento les inculca valores a través del deporte y dota a los niños de cuatro comidas diarias durante tres semanas

Un campamento de verano no está al alcance de cualquier familia, ni tan si quiera muchas tienen la oportunidad de poder ofrecer a sus hijos una alimentación adecuada en el periodo estival, cuando muchos de los comedores de los colegios están cerrados. Es para ellos, menores en riesgo de exclusión social, para los que está dirigido la primera edición del programa Campus Social Basket Kellogg´s, un campamento de baloncesto por el que pasarán en tres semanas hasta 300 menores pertenecientes a familias con problemas socioeconómicos de Madrid.

El objetivo de este campus, que se presentó este martes aunque había dado comienzo el pasado lunes, es inculcar valores como el esfuerzo, el trabajo en equipo, el respeto, la deportividad y el juego limpio a través de la práctica del baloncesto. De esta forma se pretende que estos menores, procedentes de tres colegios públicos de la capital, vean que el deporte no es solo competir sino que se pueden «sacar lecciones y valores que les van a servir en su día a día», cuenta José Antonio Paraíso, exjugador profesional de baloncesto y director general de Gigantes, compañía que junto a Kellogg´s ha organizado este campus en el CEIP Eduardo Rojo de Vallecas.

Pero este campamento, en el que los menores no cuentan con una experiencia ni conocimientos técnicos previos sobre baloncesto, pretende que estos alumnos de entre 6 y 14 años se alimenten de manera «saludable y equilibrada» durante el verano.

Por ello, los pequeños pasan toda la jornada en las instalaciones del colegio y reciben hasta cuatro comidas diarias alternadas con las actividades que realizan enfocadas, asimismo, a que aprendan a utilizar de manera adecuada las redes sociales y a tener respeto por el medio ambiente. «Van a poder disfrutar de una semana de valores, alimentación y diversión», aseguró este martes en la presentación del campus Susana Entero, directora general de Kellogg Iberia.

Los menores aprenden a jugar al baloncesto con entrenadores federados, aunque para desarrollar las actividades lúdicas y de aprendizaje de otras materias el Ayuntamiento de Madrid ha puesto a su disposición a más de 70 voluntarios del programa Voluntarios X Madrid.

Un día después de que diera comienzo este campus, y con los pequeños ya disfrutando con las pelotas, los entrenadores y sus compañeros en el patio de un colegio de un distrito «tan vulnerable» como Puente de Vallecas, Borja Fanjul, concejal presidente del Distrito de Puente de Vallecas, consideró fundamental que a estos chicos puedan tener un verano como «el resto de menores de Madrid, de diversión una vez que ha acabado el periodo escolar».

Fuente de la información e imagen:  https://www.abc.es

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España: La tecnología a examen: ¿cómo escriben los menores en las redes?

Fuente de la información e imagen:  abc.es

Cerca de 9 de cada 10 jóvenes no prestan atención a su escritura cuando se comunican o interactúan en redes sociales, apuntan los expertos

Los hábitos de lectura y escritura rápida en Internet y redes sociales son los ingredientes perfectos para las temidas faltas de ortografía. De hecho, los adolescentes de entre 10 y 19 años son capaces de escribir aproximadamente diez palabras más por minuto que una persona de 40, como explica un informe realizado por la Universidad Politécnica de Zurich (ETH). La cultura de la inmediatez ha provocado que los jóvenes presten menos atención a cómo escriben inundando las pantallas de errores ortográficos entre los que destacan como los más comunes en chats y redes: la ausencia de tildes, eliminar los signos de puntuación y las confusiones entre ‘a ver’ y ‘haber’, ‘a’ y ‘ha’ o ‘¡Ay!’, ‘ahí’ y ‘hay’, según la herramienta para acabar con las faltas, Walinwa.

A esto se suma que cerca de 9 de cada 10 jóvenes no prestan atención a su escritura cuando se comunican o interactúan en redes sociales, como muestra un estudio de la Universidad Alcalá de Henares y en el que aseguran que el 20% de los estudiantes de la ESO afirma escribir «tal y como habla».

Sin embargo, al mismo tiempo que los menores han eliminado ciertos elementos de la gramática española al utilizar sus dispositivos móviles, también han comenzado a introducir de manera masiva algunas abreviaturas procedentes del inglés, en su mayoría. Esto ha provocado que en muchas ocasiones la forma que tienen de escribir los hijos se convierta en un verdadero trabalenguas para las generaciones mayores.

«Escribir mal en Internet no significa que los niños vayan a ser automáticamente malos escritores en otros entornos. Lo más importante es que los padres estén atentos no a cómo escriben sus hijos, sino a lo que escriben. Algunos acrónimos pueden ser señales de comportamientos de riesgo», comenta Eduardo Cruz, CEO y co-fundador de Qustodio.

Para ello, desde Qustodio -plataforma líder en seguridad online y bienestar digital para familias- han recopilado una serie de acrónimos que las familias deben conocer ya que pueden alertar de que los hijos están teniendo conversaciones o comportamientos poco apropiados, dentro y fuera de la red.

Contenido sexual. La práctica del sexting aumenta cada vez más entre la población, especialmente, entre niños, niñas y adolescentes. GNOC (‘desnúdate frente a la cámara’), GYPO (‘quítate los pantalones’) o SUGARPIC (petición de una foto sugerente) son algunos de los mensajes que pueden llegar a preocupar a las familias. De hecho, según un estudio de EU Kids Online e INCIBE, 3 de cada 10 menores han recibido mensajes con este tipo de contenido. También existen diferentes acrónimos que hablan explícitamente del sexo como 53X o CU46 (‘nos vemos para tener sexo’).

Drogas y fiestas. Según la Encuesta Europea sobre Alcohol y otras Drogas publicada por el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, el 9% de los adolescentes españoles fuma a diario y el 17% se suele emborrachar. El acrónimo 1174 (‘nos vemos en la fiesta’) es de los menos alarmantes, pero hay algunos otros que pueden revelar que los hijos están llevando a cabo acciones que pueden poner en riesgo su salud como 420 (marihuana) o CID (ácidos y drogas).

Ciberbullying. Datos del estudio anual de Qustodio ‘Centennials: el antes y el después de una generación marcada por el Covid-19’, muestran que, durante el último año, a pesar de que los niños han pasado menos tiempo en las aulas, el acoso ha crecido un 70%. Son muchos los acrónimos que se utilizan para esconder insultos entre los que destacan HOT, HOE, BOSH SBW, SLUB, todos ellos con un mismo significado (zorra) y, generalmente, van enfocados a las niñas.

Fuente de la información e imagen:  https://www.abc.es/

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España: Fortalecer la movilidad académica y la investigación, ejes de la alianza entre la OEI y la Universitat de València

Fortalecer la movilidad académica y la investigación, ejes de la alianza entre la OEI y la Universitat de València

Secretaría General

Educación | Ciencia

La OEI y la Universitat de València han suscrito un convenio de colaboración que sienta las bases para el desarrollo de actividades conjuntas enfocadas al fortalecimiento de la investigación, la movilidad académica y la formación de personal investigador en la región. El acuerdo también contempla el impulso a la creación de redes de investigación interuniversitarias lideradas por ambas instituciones orientadas especialmente a la innovación y la transferencia de conocimiento.

Mariano Jabonero, secretario general de la OEI, y María Vicenta Mestre Escrivá, rectora de la Universitat de València, han firmado el protocolo de colaboración esta mañana en un acto virtual realizado desde Madrid y Valencia. Asimismo, ha participado en el acto Tamara Díaz Fouz, directora del área de Educación de la OEI.

Para el secretario general de la OEI, Mariano Jabonero, el acuerdo con esta importante institución “llega en un momento crucial para continuar impulsando acciones en beneficio de la investigación iberoamericana, especialmente en temas de primera infancia”. Jabonero ha recordado que los profesores adscritos a la universidad han estado participando en diversas actividades desarrolladas por la OEI, por ejemplo, como coordinadores y autores de los contenidos del curso Primera Infancia: claves e innovación que comenzará su primera edición en septiembre de 2021, así como en el estudio Primera infancia en la era de la transformación digital que verá la luz a final de año.

Por su parte, la rectora de la Universitat de València, María Vicenta Mestre Escrivá, ha destacado la importancia de la investigación realizada desde la universidad, a través de sus facultades e institutos, que en países del espacio iberoamericano representa una buena parte de la producción científica del centro universitario.

Este acuerdo también supone un apoyo por parte de la universidad como aliada estratégica de la OEI en la consolidación del programa Universidad Iberoamérica 2030, el cual pretende establecer un espacio compartido de intercambio e investigación en toda la región iberoamericana, alineado con los objetivos marcados por la Agenda 2030.

Fuente de la Información: https://oei.int/oficinas/secretaria-general/noticias/fortalecer-la-movilidad-academica-y-la-investigacion-ejes-de-la-alianza-entre-la-oei-y-la-universitat-de-valencia (

 

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República Checa – Franz Kafka: El crítico de la sociedad enajenante

Franz Kafka: El crítico de la sociedad enajenante

Entre sus obras más leídas destacan El Proceso (1925), La Metamorfosis (1915) y La Condena (1913).

¿Has leído a Franz Kafka? ¿Qué prefieres? ¿Sus novelas, noveletas, relatos cortos o cartas?  La obra de Kafka, quien nació el 3 de julio de 1883 en Praga, República Checa, se impregnó del contexto en el que vivió y sobre todo de la crítica a una sociedad alienante y autoritaria.

Este escritor, catalogado por estudiosos como existencialista, también fue tomado como referencia por diversos autores, entre ellos Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez, Albert Camus, Jean-Paul Sartre o Milan Kundera. Es considerado uno de los escritores más influyentes del siglo XX.

La plataforma especializada Lecturalia ha reconocido a Kafka como uno de los autores destacados, pero no solo por haber trascendido en la literatura, sino por ser actualmente uno de los escritores que muestra mayor interés por la comunidad de usuarios. “Hay autores cuyos libros son esperados con tanta ansiedad. Además, también responden a sucesos como aniversarios, homenajes y obituarios”, precisó el sitio digital.

Fuente de la Información: https://www.telesurtv.net/news/kafka-critico-sociedad-enajenante-20210702-0042.html

 

 

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España: Dudamel reclama arte en educación de niños

Dudamel reclama arte en educación de niños

Más cultura. Director venezolano prepara concierto para el fin de semana en Gran Canaria y recuerda su niñez y juventud cuando vivía soñando con tocar en orquestas juveniles.

Es uno de los artistas latinos más aclamados, dirige a las mejores sinfónicas, pero estos días camina en tejanos, camiseta y zapatillas, feliz de estar al frente de una orquesta de jóvenes de las dos orillas del Atlántico que en algunos casos afrontan sus primeros conciertos. “Me siento parte de ellos, soy ellos”, proclama Gustavo Dudamel.

“Todos los días recuerdo la primera vez”, relata el maestro venezolano, de 40 años, en un encuentro con la prensa en Las Palmas de Gran Canaria, donde estos días pone a punto a la Mahler Chamber Orchestra (MCO) para los tres conciertos que va a ofrecer con ella en el festival de música del archipiélago español de Canarias este fin de semana.

Esa prestigiosa formación de cámara es muy joven. Se fundó en 1997 y la dirigió por primera vez hace diecisiete años, cuando algunos de sus músicos eran “niños”, confiesa con media sonrisa, pero Dudamel no se refiere a la Mahler cuando habla del espíritu que le invade estos días, sino a la Orquesta del Encuentro.

Gustavo Dudamel lleva tiempo de gira con una orquesta formada por unos setenta jóvenes latinoamericanos de entre 18 y 22 años procedentes de Estados Unidos, México, Venezuela, Chile, Uruguay, Argentina y España, que viven a sus órdenes el sueño de tocar en público con algunos de los mejores, con referentes de la Filarmónica de Los Ángeles, la Simón Bolívar o la Sinfónica de Gotemburgo.

Y subraya que, para él, cada ensayo con ellos ha sido “conmovedor, muy especial” porque percibía ese tipo de conexión entre jóvenes de la que no sale solo una música técnicamente bien interpretada, sino mucho más. “Muchos de ellos no han podido tocar en el último año y medio”, indica, “para todos ha sido muy inspirador”.

“Yo crecí de esa manera, tocando, soñando en orquestas juveniles”, rememora el director formado en el Sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas Juveniles e Infantiles de Venezuela, “El Sistema”, el proyecto nacido de la iniciativa de José Antonio Abreu que tantos otros proyectos han tratado de copiar, por su balance de éxitos.

De ese proyecto bebe Barrios Orquestados, el programa socioeducativo para chicos de los barrios más humildes de Canarias, al que Dudamel y la MCO van a destinar la recaudación de sus primeros tres conciertos de este fin de semana.

“Es fundamental reincorporar la enseñanza artística a la educación básica de los niños y niñas. El arte y la cultura siempre se dejan un poco de lado, cuando de ellas nace la belleza”, argumenta al ser preguntado por esa iniciativa canaria.

El maestro de Barquisimeto dice que practica “el menos musical de todos los oficios musicales, dirigir, lo que no produce ningún sonido”, pero que siempre lo acomete con orgullo de sus orígenes.

“A mí me convenció la vida de ser músico el día que me senté en una orquesta”, relata.

Resume así la energía que siente al recordarlo cuando se mezcla de nuevo con jóvenes músicos como los de la Orquesta del Encuentro: “Me siento parte de eso porque yo nací de eso. Soy eso”.

Fuente de la Información: https://larepublica.pe/cultural/2021/07/01/dudamel-reclama-arte-en-educacion-de-ninos/

 

 

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Reino Unido reabre el debate sobre la prohibición de los móviles en las escuelas

Reino Unido reabre el debate sobre la prohibición de los móviles en las escuelas

  • El ministro de Educación británico, el conservador Gavin Williamson, se muestra partidario de prohibir los dispositivos móviles en las aulas, ya que los considera una distracción y la causa del aumento de trastornos mentales entre las criaturas. Sindicatos y otros miembros de la comunidad educativa lo acusan de querer distraer la opinión pública.

La prensa británica recoge hoy las declaraciones del Gavin Williamson, secretario de Estado (el equivalente a ministro) de Educación en el gobierno de Boris Johnson, sobre la necesidad de prohibir los dispositivos móviles en las aulas. Williamson vincula los móviles a la indisciplina, y por eso ha lanzado una consulta sobre el uso de los móviles en las aulas en el marco de un estudio sobre estrategias para mejorar el comportamiento de los alumnos, con el propósito de actualizar la normativa antes de que acabe el año. Antes de ser secretario de Estado de Educación, este dirigente del partido Tory había sido secretario de Estado de Defensa en el Gobierno de Theresa May.

Francia fue el primer país del mundo que prohibió la presencia de móviles en las aulas. Lo hizo coincidiendo con el inicio del curso 2018/19, lo que desencadenó un debate que lógicamente también llegó a Cataluña y España, pero que se cortó de raíz en marzo de 2020, con la llegada de la pandemia y el cierre de centros escolares. A lo largo del último curso, el hasta ahora consejero, Josep Bargalló, que siempre se mostró contrario a prohibir la presencia de móviles en los centros educativos, comentó en varias ocasiones que el debate ya no era «móviles sí o no», sino «móviles como».

En el Reino Unido, en cambio, la pandemia no ha evitado el regreso de este debate, que coincide con la celebración en Barcelona del congreso de telefonía móvil. «Los teléfonos móviles no sólo distraen, sino que cuando se usan mal o en exceso pueden tener un efecto perjudicial en la salud mental y el bienestar del alumno», dijo Williamson para justificar que quiere «poner fin a esto, hacer que la jornada escolar sea libre de dispositivos móviles «. En anteriores ocasiones, Williamson o algún cargo de su equipo se había referido a la necesidad de prohibir los móviles porque pueden actuar como caldo de cultivo para el ciberacoso.

Asociaciones profesionales y sindicales han acusado al ministro de de usar este debate como distracción para tapar los fracasos del gobierno Johnson durante la pandemia. Los profesionales defienden que la gestión del tema de los móviles ya la hace cada centro de acuerdo con su contexto porque es una cuestión que corresponde decidir a los centros. Saarah Hannafin, asesora principal de políticas del sindicato NAHT, ha comenta en The Guardian: «Las prohibiciones de móviles funcionan para algunas escuelas, pero no existe una política que funcione para todas las escuelas. La prohibición total de los móviles puede causar más problemas de los que resuelva «.

De hecho, en el Reino Unido la mayor parte de escuelas ya tienen políticas que limitan el uso de los móviles en las aulas. Aproximadamente la mitad de los institutos y una amplia mayoría de escuelas de primaria no les permiten ni siquiera a la hora del patio, si bien, según explica la prensa británica, esta norma no siempre se cumple ni se sanciona el incumplimiento.

Además de las políticas de telefonía móvil, el gobierno británico está considerando el uso de unas llamadas «salas de mudanza» en las escuelas, una especie de medida disciplinaria consistente en el traslado forzoso de centro de un alumno que evite su expulsión formal. «Ningún padre quiere enviar a su hijo a una escuela donde abunda la mala conducta. Cada escuela debe ser un lugar seguro que permita a los jóvenes prosperar y los maestros sobresalir «, dijo Williamson.

Fuente de la Información: https://eldiariodelaeducacion.com/2021/07/02/reino-unido-reabre-el-debate-sobre-la-prohibicion-de-los-moviles-en-las-escuelas/

 

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