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El trabajo en la hora del cambio climático

El cambio climático debe acabar. ¿Pero quién se encargará de detenerlo? O dicho de otra manera, ¿quién podría ser el sujeto político de una revolución climática anticapitalista?

Estoy convencida de que este actor social debería ser, y debe efectivamente ser, la clase obrera a escala mundial. Pero para desempeñar este rol, la clase obrera debe desarrollar una conciencia de clase ecologista y emancipadora.

Por suerte, la historia está llena de ejemplos de este tipo de síntesis rojo-verde: el ambientalismo obrero es tan viejo como el propio movimiento sindical.

Durante una gran parte de su existencia, el ambientalismo obrero se concentró en el lugar de trabajo y en las condiciones de vida de las comunidades obreras, ligando las cuestiones de seguridad y de salud en el trabajo con la protección de la salud medioambiental o la salud pública.

Durante los años 1990, el ambientalismo obrero comenzó a incorporar los conceptos de “desarrollo sostenible” y de “economía verde”. Más recientemente, cuando se ha intensificado el cambio climático, la “transición justa” (TJ) se ha convertido en el concepto de moda. La TJ se basa en la idea de que los trabajadores no deberían soportar el peso de la transición hacia una economía poco carbonada, teniendo en cuenta las pérdidas de empleo y la desestabilización de las comunidades locales.

A tal efecto, los sindicatos de “cuello azul” –en particular los de la industria pesada, transportes y energía– han forjado alianzas “verdes-azules” con grupos ecologistas de todo el mundo. Estas convergencias demuestran un consenso creciente sobre la necesidad de atacar al cambio climático, subrayando que los medios para realizarlo se basan en la implicación sindical y en el carácter duradero de las elecciones adoptadas.

Sin embargo, existen importantes divisiones en el interior de este consenso, en particular cuando se trata del contenido de la TJ. Algunos grupos incitan simplemente a la creación de empleo en una economía más verde. Negándose a someterse a las soluciones del mercado, otros grupos adoptan una crítica radical del capitalismo.

La evolución de esta división determinará si el movimiento obrero reforzará tácicamente al capital –o por el contrario, se enfrentará al capital y al cambio climático.

La mesa de negociaciones

La corriente predominante de la TJ, la que se contenta con apoyar una economía más verde en un marco capitalista, está fielmente representada por la Confederación Sindical Internacional (CSI).

Formada en 2006 por fusión de dos confederaciones sindicales transnacionales, la CSI lanzó el primer programa sindical internacional sobre políticas de cambio climático el mismo año de su fundación. Poco después, surgieron sectores sindicales que elaboraron posiciones oficiales sobre el recalentamiento planetario –posiciones que han precisado más el concepto de transición justa.

Para grupos como la CSI, la TJ significa invertir en sectores y en tecnologías con emisiones débiles en carbono y basados en el empleo creciente de mano de obra, lo que debería combinarse con programas de formación y ayudas financieras para los trabajadores empujados al paro en los sectores contaminantes.

La transición es concebida como un descontextualizado pacto entre ganadores –con la idea de que podría surgir un capitalismo más sostenible por medio “del diálogo y la consulta democrática” con “los socios sociales y las partes interesadas”, apoyado en “análisis locales y planes de diversificación de la economía para ayudar a los gobiernos locales a gestionar la transición hacia una economía débilmente carbonada que permitiría un crecimiento verde”.

Esas partes interesadas tendrían un papel a jugar más allá de las simples consultas: los gobiernos adoptarían medidas de estímulo de la economía; las empresas aplicarían políticas socialmente responsables; los universitarios y los líderes políticos defenderían la “modernización ecológica” de la legislación; las organizaciones internacionales emitirían directivas, informes y recomendaciones.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha sido la más activa a la hora de promover este enfoque transicional, proponiendo modelos basados en un consenso e invitando a las empresas, los Estados y las organizaciones sindicales a la mesa de negociaciones. La responsabilidad sindical consistiría en proponer que se reduzcan los objetivos de emisión de gases de efecto invernadero y los niveles de producción, manteniendo vigilancia sobre sus efectos en el empleo.

A la OIT y la CSI les gusta insistir también en los beneficios económicos de la TJ. Citando al famoso Rapport Stern –publicado en 2006 bajo la autoridad del gobierno británico, afirmaba que los costes económicos de la lucha contra el cambio climático serán netamente menores que el coste de la inacción– la CSI declara que atenuar el recalentamiento facilitaría incluso el desarrollo del empleo. Este enfoque se basa en la idea de que la intervención gubernamental puede estabilizar los costes y redistribuir los beneficios entre los grupos sociales.

Por ejemplo, las infraestructuras para la atenuación y la adaptación no se consideran destructoras de empleo, sino al contrario podrían permitir crearlo, a condición de estar cuidadosamente planificadas. La CSI considera incluso que las inversiones para la protección de territorios y poblaciones contra los efectos de futuros acontecimientos climáticos son una potencial fuente de crecimiento económico.

Sin embargo, esta visión armoniosa de los beneficios compartidos pasa por alto los impactos previsibles de la construcción de grandes instalaciones sobre las comunidades locales y los ecosistemas. En efecto, los programas de la OIT y de la CSI no dejan de promover la consulta, el diálogo social, el buen gobierno, o de animar los métodos de comunicación a propósito de temas que suscitan inevitables tensiones y fracturas.

En primer lugar, los programas de la OIT y de la CSI no tienen en cuenta las barreras erigidas por los acuerdos comerciales internacionales, que fuerzan a los gobiernos a recortar las políticas sociales, ignoran (o destruyen) las economías locales, y adoptan un modelo de competitividad basado en una reducción constante de los costes del trabajo y en el debilitamiento de las organizaciones sindicales.

No es sorprendente por tanto –como reconocen responsables de la CSI– que el “círculo virtuoso” entre la acción climática y las políticas de trabajo promovidas por la OIT, la CSI y las otras agencias de la ONU, haya fracasado sin obtener el menor avance en las negociaciones climáticas.

El potencial de creación de empleo por medio de la atenuación del cambio climático (esto es, la sustitución de las energías fósiles por energías renovables) tampoco está garantizado. En la medida en que la inversión en estos proyectos será variable, contribuirá a reforzar el desarrollo desigual y las desigualdades –que no suelen ser considerados en estos programas.

En lugar de eso, estas dos organizaciones prevén una cosecha extraordinaria de nuevos empleos: seis millones en la energía solar, dos millones en la eólica, doce millones en los biocarburantes agrícolas o industriales, en el horizonte 2030. Estos pronósticos eluden el hecho de que los proyectos de desarrollo de energías limpias de gran dimensión y que requieren mucho capital, como los biocarburantes o la energía hidráulica, ya han demostrado su carácter ambivalente –y a veces claramente perjudicial– en materia de impacto social.

La etiquetacion “verde” también es sospechosa. Entonando esta canción, muchas fuentes tradicionales de producción –como la agricultura de mercado– simplemente se han recalificado como “sostenibles”, para adecuarse al gran relato de la economía verde. En Brasil, por ejemplo, la producción de biocarburantes –procedentes sobre todo de la caña de azúcar– supone más del 50% de los empleos verdes del país.

O lo que es peor, las condiciones de trabajo en las plantaciones de caña son muy inferiores a las normas internacionales, puesto que hay frecuentes violaciones de derechos humanos, del derecho al trabajo y de los derechos de los indígenas. La mecanización programada en este sector llevará a suprimir el empleo de miles de trabajadores, sin reconversiones ni compensaciones. El monocultivo de la caña de azúcar y sus modalidades de explotación amenazan el medio ambiente y la salud pública, atizando al mismo tiempo los conflictos con las comunidades a causa de la destrucción de la producción alimentaria local.

Pero la industria brasileña de biocarburantes recibe el apoyo del gobierno, de los sindicatos y de la OIT, gracias a su estatuto de industria que produce una energía verde.

En materia de evaluación de políticas y de elaboración de soluciones, una gran parte del problema reside en el hecho de que la CSI y la OIT dan prioridad a las soluciones de mercado y a las corrientes científicas dominantes en materia de economía ecológica, en detrimento de los estudios y las conclusiones más radicales y más políticas. Los conocimientos producidos por los movimientos de base por la justicia medioambiental y por las corrientes ecosocialistas son ignoradas en los discursos oficiales de la TJ.

En consecuencia, ninguna de las declaraciones de la OIT y de la CSI aborda el vínculo entre las crisis ecológica y económica de un lado, y el sistema político-económico a escala internacional de otro. En lugar de eso, cuando se cita la cuestión, la economía es considerada capaz de autorreformarse. ¿Cómo? Coordinando los diferentes modelos nacionales, debiendo ajustar cada uno de ellos a la fase de desarrollo propio de cada país.

Además, al mostrar una fe incondicional en el “crecimiento verde”, la CSI parece ignorar que dicho crecimiento ya existe –no a pesar de la crisis económica, sino precisamente a causa de ella. El capital acoge el “crecimiento verde” como un nuevo vector de acumulación que revitalizará la iniciativa privada, de igual manera que la Segunda Guerra mundial y la reconstrucción de postguerra sacaron al capital de la Gran Depresión de los años 1930.

Por supuesto, su preocupación no está en saber si el (pretendido) reverdecimiento de la economía capitalista generará condiciones decentes de trabajo y un empleo estable. Al contrario, los empleadores obtendrán provecho de esta reestructuración para eliminar los derechos actuales de los trabajadores, como lo demuestra el caso de la industria brasileña de los biocarburantes.

¿Reapropiarse la economía verde?

La hegemonía creciente de los discursos sobre la transición justa no es totalmente lamentable. Abre nuevas posibilidades para políticas climáticas orientadas hacia los asalariados –algunas de ellas verdaderamente radicales.

El ejemplo más interesante es la campaña (“Un millón de empleos climáticos” (One Million Climate Jobs -OMCJ-). Inicialmente impulsada por una coalición británica de sindicatos que tenían un programa a favor del crecimiento verde, esta campaña fue también realizada en 2011 por una coalición sudafricana que agrupaba a organizaciones sindicales, ecologistas y movimientos sociales.

En su inicio, la campaña se basaba en un enfoque keynesiano de inversiones cuya finalidad era crear “empleos climáticos” –distintos de los clásicos “empleos verdes”, en la medida en que pretendían una reducción drástica de las emisiones de dióxido de carbono, metano y otros gases de efecto invernadero.

En el Reino Unido, estos “empleos climáticos” se orientaron lógicamente hacia los sectores de la electricidad, la construcción y los transportes, que generan ocho toneladas de emisión de CO2 al año. Pero esta especialización limitó el potencial de la iniciativa. Al restringir su interés a los empleos clásicos de cuellos azules, la campaña olvidó a otros sectores, como las industrias de alimentación o los servicios, así como el trabajo de regeneración, de reproducción y de subsistencia. Al proceder así, ignoró a un sector esencial para el bienestar social y económico en cualquier sistema económico, y que constituye también un punto de partida crucial para cualquier nueva concepción de la economía.

Sin embargo, cuando se adaptó la iniciativa en Sudáfrica, se convirtió en una iniciativa mucho más radical, mostrando el potencial de esta campaña para movilizar a los enfoques más críticos y más favorables a una transformación social. En Sudáfrica, los efectos combinados de dos crisis globales –la extensión de las desigualdades socioeconómicas y el cambio climático– han creado enormes tensiones entre los compromisos oficiales en reducir la marca de carbono de la economía y las consistentes en reducir la pobreza (incluyendo la lucha contra la precariedad energética).

Como afirma la socióloga Jacqueline Cock, esta tensión ha incitado al movimiento sindical a incluir la transición justa entre las “reivindicaciones para conseguir transformaciones profundas que implican formas radicalmente diferentes de producción y de consumo”. Según Cock, este cambio requiere: “un enfoque integrado del cambio climático, del desempleo, de las desigualdades, así como el rechazo de los mecanismos de mercado para responder a estos problemas. A diferencia de otras interpretaciones de la economía verde, este modelo reconoce la importancia de la relación entre los retos de justicia social y del cambio climático, insistiendo a la vez en la necesidad de una transformación radical y estructural”.

Esta concepción anticapitalista de la TJ se preocupa por el hecho de que una economía descarbonada corre el riesgo de reproducir las actuales relaciones de poder y las desigualdades, si se sitúa en la lógica de las ideas conservadoras de crecimiento sostenible y de financiarización.

Los sindicalistas sudafricanos desarrollaron su posición crítica después de haber firmado un acuerdo sobre la economía verde en 2011, en el cual se utilizaba la idea de “diálogo social” para unir a gobierno, empresas y movimiento sindical en torno a un plan de creación de millares de enpleos en un nuevo sector de industria verde.

Ahora bien, los defectos y los límites de este acuerdo -incrementados por propuestas que no se apoyaban en ningún estudio en profundidad, y que iban acompañadas de salarios bajos, normas laborales mínimas y pérdidas de empleo– acabaron por demostrar cómo los “empleos verdes (…) están orientados hacia los intereses del mercado en detrimento de otras necesidades sociales”.

El Congreso de los sindicatos sudafricanos (COSATU) adoptó un “Programa Estratégico sobre el Cambio Climático” que, entre otros elementos, reconoce al capitalismo como la causa subyacente del recalentamiento planetario y rechaza las soluciones de reducción de emisiones de carbono basadas en los mecanismos de mercado.

Inmediatamente después, el Sindicato Nacional de Metalúrgicos de Sudáfrica (NUMSA) evitó las nociones de empleos verdes y de un capitalismo más sostenible, pronunciándose a favor de una visión alternativa de la transición justa “basada en el control de los trabajadores y en la propiedad social y democrática de los medios de producción y de subsistencia”. El Sindicato de Trabajadores de la Alimentación y vinculados expresó también su apoyo a “una interpretación de clase de la transición justa hacia una economía verde” y por “alternativas radicales a la agricultura industrial, en particular la agro-ecología”.

Ese mismo año, la COSATU y el Consejo Nacional de Sindicatos (NACTU) se aliaron con ONGs y diferentes movimientos sociales para lanzar la campaña sudafricana OMCJ.

Con el objetivo de “excluir los intentos del capital de utilizar la crisis climática como una oportunidad de acumulación”, explica Cock, la campaña estaba muy influida por las organizaciones de la justicia medioambiental y climática, y consistía en “numerosos proyectos provisionales con el fin de demostrar la viabilidad de sus propuestas políticas”.

En la visión sudafricana, el giro hacia las energías renovables formaba parte de una transición más amplia hacia una producción energética territorializada y bajo propiedad pública. Colocada bajo un estricto control comunitario, estas disposiciones permitirían asegurar un acceso a la energía para todos. Se contemplaban iniciativas similares para la producción y distribución alimentaria, privilegiando la agro-ecología sobre la agricultura industrial para al mundo de la inseguridad alimentaria.

La divergencia probablemente más significativa con las estrategias clásicas de la transición justa es que la campaña sudafricana OMCJ presenta a los “proveedores de atenciones comunitarias” (community caregivers) como el sector más pertinente de empleo, previendo crear hasta 1,3 millones de empleos en los sectores de economía doméstica y salud, rehabilitación de tierras y la agricultura urbana.

Sin embargo, la campaña sudafricana OMCJ también ha tenido carencias. Los estrechos lazos de la COSATU con el partido neoliberal de la ANC, que ya estuvieron en el origen de una profunda crisis en las federaciones que llevó a la exclusión de la NUMSA, podrían llevar a una escisión irreparable en el seno de la confederación.

Hay que destacar una consecuencia positiva. Según el investigador sudafricano Vishwas Satgar, la NUMSA ha adoptado un programa más explícitamente socialista, defendiendo una propiedad social de las energías renovables y una acción concertada con las organizaciones por la justicia medioambiental. Este esfuerzo podría ser el núcleo de un nuevo proyecto de izquierda, estructurado por una visión democrática y ecosocialista.

No obstante, hay otros obstáculos. La campaña apenas se ha desmarcado de un Estado que favorece las iniciativas privadas a favor de la energía limpia, lo que sólo ha contribuido a reproducir la pobreza y las desigualdades.

La NUMSA responde a este desafío modificando su acción a escala municipal, como lo demuestra su combate por utilizar el poder de las administraciones locales en la distribución de la electricidad para favorecer las energías renovables.

Al mismo tiempo, la campaña corre el riesgo de encerrarse en enfoques localistas centrados en proyectos comunitarios que no tendrán capacidad para transformar la política energética a escala nacional. Como señala Satgar, la mayor parte de las intervenciones de OMCJ “se han concentrado en una sola cuestión antes de desperdigarse una vez han conseguido revalorizar sus primeras reivindicaciones”.

Para salir de la trampa, Satgar sugiere que la NUMSA debe desarrollar una estrategia en torno a una coalición social más amplia que condicione las luchas locales por el acceso a las energías renovables a proyectos pensados a una escala más amplia y basados en un enfoque de clase de las cuestiones ecológicas.

Hasta ahora, los dos desarrollos más prometedores han sido el esfuerzo por formar una gran coalición contra los proyectos de construcción de reactores nucleares del gobierno –lo que provocaría una quiebra del Estado sudafricano y tendría consecuencias catastróficas para la mayoría de la población pobre– y el proyecto de utilizar los fondos de pensiones de los sindicatos para invertir en una apropiación social de las energías renovables, de cara a separar los intereses de los trabajadores de los intereses de las industrias del carbón y del petróleo.

Para el movimiento sindical, la campaña OMCJ encarna a la vez los desafíos y las oportunidades provocadas por las crisis económica y ecológica. Sin ninguna duda, una coalición roja-verde y una alternativa ecosocialista en Sudáfrica representan una alternativa a la ortodoxia de la transición justa –una política del trabajo verdaderamente radical en la hora del cambio climático.

Según las condiciones de los trabajadores

Los sindicatos y los trabajadores abren una nueva vía en la larga historia del ambientalismo obrero –una vía en la que el crecimiento verde y la transición justa podrían encarnar las promesas de prosperidad económica y de seguridad que en otra época fueron asociadas al sueño fordista.

La adhesión a este nuevo sueño no salvará sin embargo al movimiento sindical de las lagunas y coacciones que erosionan su fuerza en la mayor parte de los países. Si continúan defendiendo la reestructuración capitalista “verde” de la economía mundial, los sindicatos se encontrarán en el campo opuesto a los campesinos y a las comunidades indígenas, a los campesinos sin tierra, a los trabajadores no remunerados que aseguran el trabajo doméstico y la reproducción social, a la agricultura de subsistencia y a todos aquellos que soportan el coste de un capitalismo “verde” –conduciendo a nuevos ciclos de desposesión y sometimiento.

La alternativa más prometedora, si no la más estimulante, es la de un ecosocialismo dinamizado por una conciencia de clase ecologista y emancipadora. Eso requerirá un conflicto de clase a un nivel superior –al nivel de una ecología política global. Lo que abrirá finalmente la perspectiva de un mundo verdaderamente sostenible, forjado según las condiciones del trabajo y no las del capital.

02/05/2016

http://www.contretemps.eu/interventions/travail-lheure-changement-climatique

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Barómetro de la Internacional de la Educación

A través de su herramienta de análisis e investigación por Internet, el Barómetro de la Internacional de la Educación sobre los derechos humanos y sindicales en la educación proporciona el informe más completo hasta la fecha de la calidad de la educación y el respeto de los derechos humanos y laborales en los países de todo el mundo.

Además de analizar todos los niveles de la educación, desde preescolar hasta la enseñanza superior, el informe estudia toda una serie de cuestiones que afectan al sector de la educación mundial hoy en día, como la libertad académica, la igualdad de género, los alumnos con necesidades especiales, los niños refugiados y de grupos minoritarios, y el trabajo infantil.

Como parte integrada del portal web de la IE, el Barómetro se actualiza continuamente tanto en su contenido como a través de enlaces a las últimas novedades, los artículos y los eventos correspondientes a cada país. Las estadísticas y los indicadores se actualizan todos los años gracias a nuestra cooperación con el Instituto de Estadísticas de la UNESCO (IEU), la máxima autoridad en el mundo en cuanto a recopilación de datos relativos a la educación.

Con el fin de que el Barómetro sea una herramienta imprescindible para los sindicatos de educación, los investigadores y los activistas en todo el mundo, la IE trata de mejorar la página web todo lo posible.

 

Pueden acceder en el siguiente enlace

Barómetro educativo

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Declaración: La Humanidad contra el Golpe en Brasil

 MÁS DE 600 INTELECTUALES Y ARTISTAS DEL MUNDO CONTRA EL GOLPE EN BRASIL

Los abajo firmantes, intelectuales, artistas, escritores e investigadores del mundo entero, miembros de la Red de Intelectuales en Defensa de la Humanidad (REDH) denunciamos el golpe en curso en Brasil y nos solidarizamos con la presidenta Dilma Rousseff, elegida por 54 millones de brasileros hace sólo un año y medio.
No se trata de un “juicio político” tradicional, como pretende presentarlo el grupo Globo. Michel Temer, la cara visible del golpe, ya expresó sus intenciones: hacer ingresar a la banca privada a la esfera pública y “focalizar” la política social al 5% más pobre del país, lo que significaría excluir del Bolsa Familia a 36 millones de personas. Además, Temer se propone avanzar hacia acuerdos con Estados Unidos y la Unión Europea “con o sin el Mercosur”. En definitiva: un gobierno para la élite de su país, alejado de las mayorías, bajo la expectativa de derribar para siempre la experiencia del Partido de los Trabajadores en el gobierno.
Temer pretende ser el “nuevo Macri” de Brasil, tomando como ejemplo al nuevo gobierno argentino, que avanza en un desmantelamiento estatal pocas veces visto en el hermano país. No es de extrañar, entonces, que haya sido la cancillería de este país suramericano la que más haya apoyado la intentona golpista, en un vergonzoso comunicado público que respalda a «las instituciones» de Brasil. Por todo lo expresado, y por sus vínculos con el gran capital, consideramos ilegitimo e ilegal al espurio presidente de facto Michel Temer, corrupto comprobado, quien responde a los más oscuros intereses de la oligarquía rapaz.
Hacemos un llamado a UNASUR para que se aplique el Protocolo sobre Compromiso con la Democracia aprobado por todos los países de la organización, que podría detener la ruptura del hilo democrático en Brasil. Asimismo, exigimos a los presidentes y gobiernos del mundo no reconocer a Temer, y reclamar la restitución de la presidenta legítimamente electa Dilma Rousseff o la convocatoria inmediata a elecciones presidenciales -como ha reclamado la propia presidenta- para que sea el pueblo brasileño quien se exprese por la vía democrática y no se imponga un golpe de estado por un congreso cuestionado y corrupto.

Nao vai ter golpe!

Enviar adhesiones a: contraogolpenobrasil@gmail.com
Secretaría Ejecutiva REDH
Carmen Bohórquez (Coordinadora General de la REDH)
Marilia Guimaraes (REDH Brasil)
Atilio Borón (REDH Argentina)
Juan Manuel Karg (REDH Argentina)
Omar González (REDH Cuba)
Ariana López (REDH Cuba)
Nayar López Castellanos (REDH México)
Alicia Jrapko (REDH EEUU)
Hugo Moldiz (REDH Bolivia)
Katu Arkonada (REDH País Vasco/Bolivia)
Ángel Guerra (REDH Cuba/México)
Fredy Ñañez (REDH Venezuela)
Roger Landa (REDH (REDH Venezuela)
David Comssiong (REDH Barbados)
Luciano Vasapollo (REDH Italia)
Primeras firmas:
Alessandra Riccio (Italia); Alfredo Vera Arrata (Ecuador); Ali Rodríguez Araque (Venezuela); Antonio Gaztambide-Géigel (Puerto Rico); Arantxa Tirado (España/México); Armand Mattelart (Bélgica); Arnold August (Canadá); Arturo Corcuera (Perú); Berth Carvalho (Brasil); Beto Almeida (Brasil); Bill Hackwell (EEUU); Bill Martinez (EEUU); Bruno Portuguez (Perú); Camille Chalmers (Haití); Carlos Aznarez (Argentina); Carlos Fazio (México); Carlos Fernández Liria (España); Cecilia Roth (Argentina); Chiqui Vicioso (República Dominicana); Cindy Sheehan (EEUU); Claudio Katz (Argentina); Daniel Cholakian (Argentina); Daniel Viglietti (Uruguay); Dick Emanuelsson (Honduras); Diego de la Texera Barnés (Puerto Rico); Domenico Losurdo (Italia); Edmundo Aray (Venezuela); Enrique Dussel (México); Enrique Ubieta (Cuba); Farruco Sesto (Venezuela); Fernando Buen Abad (México/Argentina); Fernando Moraes (Brasil); Fernando Rendón (Colombia); Francois Houtart (Bélgica); Frei Betto (Brasil); Gabo Sequeira (Argentina); Gastón Pauls (Argentina); Gyle McLaughin (EEUU); Gilberto López y Rivas (México); Gisela Alonso Domínguez (Cuba); Guido López Gavilan (Cuba); Hildebrando Pérez Grande (Perú); Horacio López (Argentina); Ignacio Ramonet (Francia); Isabel Monal (Cuba); Ismael Clark Arxer (Cuba); Itsván Mészáros (Hungría); Iván Padilla Bravo (Venezuela); James Cockcroft (Canadá); James Early (EEUU); Javier Biardieu (Venezuela); Joao Pedro Stedile (Brasil); John Kirk (Canadá); John Saxe Fernández (México); José Pertierra (EEUU); Julio Escalona (Venezuela); Katiuska Blanco (Cuba); Keith Ellis (Canadá / Jamaica); Leonardo Boff (Brasil); Leonardo Sbaraglia (Argentina); Lilia Ghanem (Líbano); Manuel Santos Iñurrieta (Argentina); Marco Tulio Restrepo Guzman (Ecuador); Martha Harnecker (Chile); Martín Almada (Paraguay); Michael Lebowitz (Canadá); Michael Parenti (EEUU); Michele Mattelart (Francia); Miguel Angel Conreras Natera (Venezuela); Miguel d´Escoto Brockmannn (Nicaragua); Miguel Urbano (Portugal); Mireille Fanon Mendes (Francia); Mónica Bruckmann (Perú/Brasil); Montserrat Ponsa (España); Nils Castro (Panamá); Osvaldo León (Ecuador); Pablo Guayasamín (Ecuador); Pablo Echarri (Argentina); Pablo Guadamarra (Cuba); Pablo Imen (Argentina); Paula Klachko (Argentina); Pedro Calzadilla (Venezuela); Pedro Véliz Martinez (Cuba); Peera Songkunnatham (Tailandia); Pepe Regato (Ecuador); Piero Gleijeses (EEUU); Poli Délano (Chile); Rafael Cancel Miranda (Puerto Rico); Ramón Pedregal Casanova (España); Raúl Perez Torres (Ecuador); Rita Cortese (Argentina); Salim Lamrani (Francia); Sandra Russo (Argentina); Silvio Rodríguez (Cuba); FrStella Calloni (Argentina); Stephen Kimber (Canadá); Theotonio Dos Santos (Brasil); Vicente Battista (Argentina); Victor Heredia (Argentina); William Blum (EEUU); Winston Orrillo (Perú); Yamandú Acosta (Uruguay)
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12ª Reunión de la red de investigación RESNET de la Internacional de la educación

Fuente Ctera / 16 de mayo de 2016

Durante los días 11 y 12 de mayo se llevó a cabo en Bruselas, la 12ª Reunión de la Red de Investigación ResNet de la Internacional de la Educación.

Desde CTERA hemos participado de la misma con una representación a cargo del secretario de Educación Miguel Duhalde quien compartió el informe de avance del proyecto de Investigación que lleva adelante nuestra organización sobre “Tendencias privatizadoras ´en´ y ´de´ la educación argentina”.

En este evento, los miembros de la ResNet presentaron informes con resultados sobre las investigaciones llevadas a cabo en 2015. Además, se desarrolló el programa de investigación de la IE según lo que se había dispuesto por el 7° Congreso Mundial en mandato 2015-2019.

Se analizaron las condiciones de investigación a nivel mundial y las posibilidades de constitución de redes regionales. Entre las principales cuestiones se expuso sobre la campaña de respuesta mundial contra el aumento de la comercialización y la privatización en y de la educación. En este sentido, se debatió sobre las estrategias y desafíos en la integración de la investigación a nivel mundial y regional con la intención de promover actividades y alcanzar objetivos concretos de campaña.

Esta campaña implica el desafío de construir información con validez y rigurosidad por parte de las organizaciones sindicales a los efectos de proponer estrategias de difusión basada en resultados empíricos. En tal sentido, se ha analizado la situación de los sindicatos respecto de la disposición de unidades de investigación que permitan avanzar hacia este objetivo, como así también sobre los retos que significa para nuestras organizaciones pensar sobre los elementos más importantes a definir desde estas unidades  en tanto a temáticas relevantes, resultados accesibles para los afiliados, formas comunicacionales que permitan construir conciencia crítica de los docentes frente a los principales problemas de la educación en el mundo actual.

Un punto que concentró un importante debate fue la definición de indicadores en el marco de la “Agenda de Educacion 2030” y la perspectiva que sostiene la IE respecto a estas definiciones que se realizan a escala mundial. El informe estuvo a cargo de la “Comisión Internacional sobre la Oportunidad de Financiación Global” y las propuestas giraron en torno a la necesidad de pensar indicadores que permitan reflejar las diversidades a escala regional y nacional. Entre las principales críticas se encuentran la construcción de indicadores en base a categorías que en nuestra región están fuertemente cuestionadas como por ejemplo, competencias, oferta y equidad en lugar de igualdad. A su vez, hay indicadores que reducen y limitan la posibilidad de presentar resultados complejos sobre la realidad educativa y, asimismo, hay una tendencia a no diferenciar  la influencia público-privado en determinados resultados tendiendo a ocultar la presencia de la privatización en muchos de los aspectos relevados.

El otro punto de debate estuvo enfocado en el trabajo que realiza la IE con la OCDE, los desafíos futuros y las contradicciones que genera el hecho de acordar con algunas de las medidas y rechazar otras tantas que emanan de esta organización a nivel mundial.

Otras temáticas que se abordaron en la reunión estuvieron enfocadas en los derechos de los migrantes y refugiados, la renovación de los sindicatos en tiempos de crisis, la ética de la investigación, identidad docente y calidad de la educación e investigaciones sobre prácticas inclusivas.

Desde CTERA nos traemos el compromiso de seguir participando de este espacio como así también de promover y afianzar la Red en la Regional de América Latina y el Caribe a los efectos de tener a futuro una mayor presencia institucional y con resultados de investigación.

Esta reunión contó con miembros de la ResNet de América (Argentina, Brasil, Canadá, EE.UU., Trinidad  y Tobago); Asia (Corea del Sur, Japón); África (Nigeria, Zambia, Ghana, Costa de Marfil, Uganda); Europa (Alemania, Bélgica, España, Francia, Holanda, Irlanda, Noruega, Reino Unido, Suecia) y Australia.

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The panama papers, public education and democracy

What have the Panama Papers – the latest in a series of leaks on the rich, the powerful and data – got to do with public education and democracy? Lots, I am going to suggest in my presentation to an important policy and research conference hosted by Education International in Rome today and tomorrow, because they tell us something about the kind of society we have become, and why it is that a public good, like education, is increasingly viewed as unaffordable.

Governments view the challenges facing them as driven by too much public demand for services like education, health and other welfare services, and that what is needed is to wind back demand, and ramping up private contributions and responsibility .

But, what if we took a look at why governments are confronting these issues in the first place by asking a different set of questions?

Could it be that real problem is that it is those who are the very very rich – the 10% and the 1% of the 10% – as Thomas Piketty in his best-selling book Capital in the 21st Century shows – who have become so because of the ways in which governments have put into place policies that have enabled this highly inequitable state of affairs to flourish.

In short, high net-worth individuals and corporations are able to side-step their obligations to contribute to their respective societies through low tax rates and tax breaks, whilst at the same time convincing themselves and the wider public this is good for economic growth and development, and good for the workings of democracy.

The Panama Papers – a list released this past weekend of powerful and wealthy individuals who use the anonymity of tax havens – from Switzerland to the Bahamas and Luxembourg – to accumulate is one more nail in the coffin of evidence that something is seriously rotten in the corner of the kingdom.

Gabriel Sucman, in his ground-breaking book published in 2015 The Hidden Wealth of Nations, estimates that on average -and clearly averages conceal great differences between countries- around 8% of the worlds wealth is located in tax havens. And by this he does not mean deposits, but stocks, bonds and so on.

This wealth – in some cases difficult to track because of clever intermediary brokering such as creating shell companies – is not subject to tax, and thus not contributing to helping resource our public services as public goods. This 8% would if subject to tax – generate more than we need to fix public services. This 8% would bail out the Greek economy more than 21 times over. This 8% is the cause of much misery via austerity policies. This 8% has a name; ‘anti-democratic’, bordering on corruption, and it is a corrosion of character if we think this is all perfectly acceptable.

Wolfgang Streeck, for Director of the Max Planck Institute in Germany – has written convincingly on what he calls the shift from the tax to the debt state. In a tax state – public goods were funded out of taxation. In a debt state, public goods are regarded as unaffordable, and must be funded out of household debt or by creative accounting manoeuvres by the state such as off-balance sheet accounting techniques which simply create an even bigger problem for future generations in a promise now and pay later.

Yet as Sucman reminds us, modern democracies are based on a fundamental social contract everyone pays on a fair and transparent basis, so as to access public goods and services. When those with privilege and resources avoid their responsibilities – such as paying tax almost entirely– then the modern social contract is at stake.

Education is rightly at the heart of the modern social contract. Education is one of those precious gifts that we have at our disposal – to learn how to live with respect with each other, to leave a world in better shape than we found it, and as one of today’s speakers at Education International’s Conference, Dennis Shirley, reminded us – to give life to the next generation in all of its fullness.

This is not just a gift that helps create the conditions for democracy to be possible – though that is true. It is a gift that requires from all of us, but especially in the education profession, a heightened sense of responsibility to guide us away from this rottenness to something way more noble and deserving of the next generation of learners.

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Estamos en un crisis mundial de educación: Martha Nussbaum

www.educacionfutura.org

Como de “proporciones masivas y grave importancia mundial” consideró Marta Nussbaum, filósofa estadounidense, la crisis que se vive en la actualidad en la educación, la cual podría ser “devastadora para el futuro de la democracia en el mundo”.

Nussbaum fue investida con unDoctorado Honoris Causa,por parte de la Universidad de Antioquía en Colombia, durante la ceremonia, la académica pronunció un discurso sobre los cambios radicales que se están enseñando a las y los jóvenes, los cuales “están descartando descuidadamente habilidades que son necesarias para mantener vivas las democracias” y que podría producir “generaciones de máquinas útiles, en lugar de ciudadanos completos”.

“Las humanidades y las artes están siendo eliminadas, tanto en la educación primaria/secundaria como en la técnica/universitaria, en prácticamente todas las naciones del mundo, vistas por los responsables políticos como adornos inútiles, en momentos en que las naciones deben cortar todas las cosas inútiles con el fin de mantener su competitividad en el mercado global, éstas están perdiendo rápidamente su lugar en los planes de estudio y también en las mentes y corazones de padres y niños”. 

Nussbaum aclaró que no tiene “ninguna objeción a una buena educación científica y técnica, y no sugiero que las naciones dejen de tratar de mejorar en este sentido”, su preocupación es que otras habilidades cruciales, “están en riesgo de perderse en el frenesí competitivo”

“Estas habilidades están asociadas con las humanidades y las artes: la capacidad de pensar de manera crítica; la capacidad de trascender las lealtades locales y acercarse a los problemas mundiales como un “ciudadano del mundo”; y la capacidad de imaginar comprensivamente la situación del otro”.

nussbaum2La filósofa acusó que una educación para el crecimiento económico despreciará las artes en la formación de un niño “ya que no parecen conducir directamente al crecimiento económico”.

“Por esta razón, en todo el mundo, los programas de artes y humanidades, en todos los niveles, están siendo eliminados a favor del cultivo de los programas técnicos. Pero quienes educan para el lucro harán más que ignorar las artes, les temerán. Ya que una afinidad cultivada y desarrollada es un enemigo particularmente peligroso de la torpeza, y la torpeza moral es necesaria para llevar a cabo programas de enriquecimiento que ignoren la desigualdad”. 

Para Nussbau, el choque de civilizaciones es, “dentro de la persona individual”, por lo que las sociedades “están perdiendo rápidamente la batalla, ya que se alimentan las fuerzas que conducen a la violencia y la deshumanización y dejan de alimentar las fuerzas que conducen a cultivar la igualdad y el respeto”.

“Si no insistimos en la importancia crucial de las humanidades y las artes, éstas se desplomarán, porque no generan dinero. Sólo hacen algo que es mucho más valioso que eso, hacen un mundo en el que vale la pena vivir, las personas que son capaces de ver a otros seres humanos como personas llenas, con pensamientos y sentimientos propios que merecen respeto y simpatía, y naciones que son capaces de superar el miedo y la sospecha en favor del debate comprensivo y motivado”.

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Bancos de alimentos: ¿excedentes alimentarios para combatir la malnutrición?

Una reciente declaración de la Aliança per la Sobirania Alimentària de Catalunya (ASAC) concluía: faltan políticas globales para erradicar la pobreza; no  se plantea el acceso a una alimentación sana y adecuada como un derecho de ciudadanía. Todo ello se substituye  por una política exclusiva   de reparto de alimentos. [1]Centrando la actividad en el reparto de alimentos se substrae la alimentación digna y  adecuada del ámbito de los derechos ciudadanos sustituyéndola por  dádivas arbitrarias. El derecho se trasforma en caridad que depende de la voluntad del donante. Se crea así una cultura de dependencia a voluntades arbitrarias desposeyendo a la ciudadanía de la capacidad de incidir y /o reclamar.

 

Generar dependencia, cronificar la pobreza

 

El perfil de los sectores en riesgo de exclusión incluye, un fuerte sentimiento de culpabilización que genera desmotivación y una profunda desconfianza en sus propias posibilidades de salir del pozo al que se han visto impelidos. Hay consenso entre los trabajadores de los servicios sociales en que esta situación emocional es la principal dificultad para que la gente empobrecida pueda salir a medio plazo de la situación en la que está. Generar autonomía a las personas, empoderarlas, requieren análisis pormenorizados, desde la proximidad y, sobre todo,  requiere participación de las propias personas empobrecidas.

La cultura  de la dependencia propia del reparto de alimentos complementa y profundiza el sentimiento de fracaso que genera  atribuir  la pobreza  a causas individuales. El complemento ideal para desarrollar este asistencialismo   son organizaciones privadas  verticales , donde el voluntario está separado del “usuario” en   roles diferenciados y jerarquizados que a menudo consolidan y  refuerzan estereotipos. La organización   vertical de dichas organizaciones constituye la cara interna de las relaciones que generan con el exterior. Muchas de ellas, como el Banco de Alimentos[2] , teorizan este funcionamiento comparándose con la empresa privada. La cantidad  de usuarios atendidos o de quilogramos distribuidos,  al mínimo coste,  son los indicadores  de la calidad de un trabajo que se entiende como un distribuidor eficiente de calorías. La visión empresarial de eficiencia y productividad  encaja bien con la visión de crear usuarios de servicios  entendidos como donaciones evaluables  como mercancías. Sin embargo estamos hablando de derechos de las  personas y su eficiencia   debería evaluarse según el  fortalecimiento de  sus capacidades para enfrentarse a las situaciones en las que se han encontrado.

El Banco de Alimentos(R) no aborda las causas profundas que están generando la pobreza en general y la alimentaria en particular y aún menos las alternativas que harían falta. Está claro que no es una solución a medio y largo plazo a los problemas de malnutrición que existen en nuestra sociedad. De hecho ni lo pretende. Pero al menos se le tendría que pedir que no fuese un obstáculo. Así, hemos visto que, generando dependencia, cronifica las situaciones de empobrecimiento que dice combatir.

Todo lo contrario de otras experiencias para combatir la pobreza, en este caso, de vivienda:

“El principal problema al que nos enfrentamos las víctimas de la crisis, cuando tocamos fondo y nos damos cuenta de que es imposible hacernos cargo de las deudas contraídas, es superar la vergüenza, el estigma, y el miedo asociado al proceso (…)
Por eso uno de los éxitos más importantes de la Plataforma (PAH) ha sido hacer visible el problema que se vive de manera individual, un problema que pocas veces conseguía traspasar la esfera de lo privado, y convertirlo en un problema social.
La PAH nos ha conferido autoestima, seguridad y una identidad colectiva que nos permite hacer frente a los bancos y medirnos con ellos de igual a igual.(…)  La PAH me dio los instrumentos y la fuerza para seguir adelante”[3].

 

Bancos de Alimentos(R):  ¿solución a la  emergencia?

 

En diferentes publicaciones hemos analizado que  el Banco de Alimentos®  se dedica  principalmente  a  transformar subvenciones públicas en alimentos comprados a la agro-industria para ser distribuidos entre los pobres. Podemos concluir que por lo bajo un 70% de lo que mueven está subvencionado con dineros públicos. Del resto, la parte más  importante son compras promovidas a las grandes superficies para luego ser donadas. Poco que ver con los excedentes[4].  El criterio de selección de los alimentos no está en las necesidades de la población sino en los intereses de la agroindustria en vender, gracias al dinero publico, partidas que no pueden colocar en los canales de distribución habituales. El resultado es que en un país en que el empobrecimiento hace que tengamos un problema de malnutrición con dietas con exceso de hidratos de carbono y sin productos frescos, la principal partida del banco de alimentos proporcione el tipo de alimentos que la dieta tiene en exceso y no suministra los alimentos que harían falta para equilibrarla y combatir la malnutrición.

Es por ello que l’ASAC en la citada declaración  concluía:

“Todo esto los convierte en un mecanismo totalmente ineficaz para combatir el problema de malnutrición existente, que requiere alimentos adecuados en el lugar y el momento adecuados en lugar de suministros decididos de forma  hiper-centralizada y en función de criterios ajenos a las necesidades alimentarias concretas de las personas en situación de malnutrición”.[5]

Podríamos añadir que subvencionar excedentes con la excusa de una utilidad social que no es tal, no es la mejor forma de combatir el desperdicio alimentario. No en vano el residuo mas sostenible es el que no se produce.

 

Cuando la ayuda a los pobres se convierte en un negocio

 

¿A dónde van todos  estos recursos públicos  invertidos en “ayuda a los pobres”? Pues a las grandes empresas que optan a la subasta del FEGA, a los grandes exportadores de frutas que cobran  sus frutas a la UE cuando caen los precios de los mercados europeos, los grandes supermercados a los que se  les organiza una venta masiva y una campaña de imagen y publicidad gratuita…  Dinero público invertido en engrandecer  los márgenes de estas empresas que expatrian sus ganancias. No es, pues, dinero que refuerce el tejido productivo local sino a sus depredadores. Se pierde así una ocasión de utilizar importantes partidas de compra pública en fortalecer las economías locales que son las generadoras de riqueza  y de trabajo distribuidos entre la población, dos elementos básicos para combatir, mas allá de la emergencia, la pobreza y con ella las carencias alimentarias.

 

Que las grandes empresas contribuyan a acabar con las situaciones de pobreza incluyendo la alimentaria, es muy fácil. Sólo hace falta que paguen los impuestos que les corresponden lo que permitiría un estado del bienestar capaz de dar un apoyo suficiente a la gente empobrecida. Pero esta solución tan elemental, y que sólo implica cumplir las leyes, no está en el programa del Banco de Alimentos(R)  porque no interesa a las grandes empresas ya que quieren que su responsabilidad social no vaya más allá de repartir las migajas con el mínimo coste posible y aquí es donde el Banco de Alimentos(R)  cumple su función.

 

La estrecha imbricación entre las estrategias del Banco de Alimentos(R) y las estrategias de las grandes empresas va mas allá de incrementar su facturación con  compras financiadas con fondos públicos.
La teoría se confirma cuando vemos quién dirige el Banco de Alimentos(R). Empezando por su presidente Antoni Sansalvadó y Tribó, antiguo directivo de logística y actual accionista en Áreas y Serunion. Esta empresa, filial de la multinacional Elior, líder en el sector de la restauración colectiva, suministra comidas a 2800 centros (comedores escolares, hospitales, etc. y mayoritariamente  en instalaciones públicas) y factura diariamente 450.000 comidas. Serunion está también representada por su presidente y director general Antoni Llorens i Tubau con el cargo de vocal. Nestlé está representada a través  de Eduard Arruga i Valeri, directivo de Cereal Partners España, una filial del grupo Nestlé. El  vocal Alfons Carnero i Suñol: representa, entre otros, a Ebro Agrícolas. Los vocales Javier Riera- Marsá  y Lluis Carulla i Font garantizan  respectivamente la presencia de las sagas familiares Riera-Marsá y Gallina Blanca, determinantes en el cluster agroalimentario catalán. No podía faltar la organización propia de la gran patronal que está directamente representada por el director general de AECOC (Asociación Española de Fabricantes y Distribuidores): José María Bonmatí Pérez.[6]

 

Hay alternativas desde la soberanía alimentaria

 

Sin embargo  una política general de derechos podría solucionar el problema de la pobreza incluyendo la alimentaria que no es mas que una de las múltiples caras de un problema único. Una  Renta  Básica Universal  garantizaría  una vida digna a toda la población incluyendo  el derecho a la alimentación. Derecho que debería ser parte de la enseñanza, la sanidad, los trabajos de cuidados…

 

En el camino de conseguir estos derechos  aquellas situaciones que requieren de medidas paliativas podrían  ser abordadas  desde otros paradigmas como ya se estaá haciendo en múltiples lugares. A continuación se puede leer una parte de las medidas paliativas que en julio pasado proponía la Aliança por la Soberania Alimentària de Catalunya, recogiendo lo que ya se está impulsando en el territorio.

 

 

ANEXO:

Alternativas en clave de Soberanía Alimentaria a la gestión neoliberal de la pobreza alimentaria (extracto: medidas paliativas)
Documento de junio de 2015 de la Aliança por la Soberania Alimentària de Catalunya

B. Transformar el modelo dominante de ayuda alimentaria
Dada la situación de emergencia social que vive el país y los efectos contraproducentes que tienen la mayoría de medidas orientadas a paliar la pobreza alimentaria, es necesario y urgente transformar el modelo dominante de ayuda alimentaria. A continuación, se proponen medidas en esta dirección relacionadas con dos ámbitos de actuación diferentes.
B.1. Becas comedor y compra pública
De entre los problemas de malnutrición que sufre la población catalana, es especialmente doloroso  el  que afecta a los y las menores de 16 años. En este sentido, una de las principales prioridades debe ser acabar con la malnutrición y la subnutrición en la infancia y la adolescencia. Dentro del derecho a  una educación universal hasta los 16 años se debería incluir, como parte inseparable, garantizar el derecho a disfrutar de una alimentación suficiente y adecuada.
La falta de becas comedor está convirtiendo en crónica dado el aumento de la pobreza infantil de los últimos años y el reducido presupuesto que el Departamento de Enseñanza dedica. Aumentar en 185.636 más las actuales 69.000 becas, garantizar el 100% de la comida, recuperar las becas comedor en secundaria y definir mecanismos para poder otorgar becas a lo largo de todo el curso son las medidas planteadas por la Fapac (Federacion de Padres y Madres de Alumnos de Catalunya)  y que apoyamos.
La enseñanza pública puede ser también el ámbito desde el que abordar de forma no estigmatizadora la subalimentación infantil en otras comidas no estrictamente escolares, por ejemplo mediante mecanismos como la fiambrera solidaria, becas para cubrir desayunos, meriendas, comidas en las actividades extraescolares , los centros diarios, los centros de vacaciones, etc.
Los gastos que implicaría implementar estas medidas son perfectamente asumibles. Es sólo un problema de prioridades. Significarían una importante inversión en bienestar y derechos de la infancia y la adolescencia. Aumentar las actuales becas según la propuesta de la Fapac hasta llegar a la cifra de 254.636 significaría un desembolso de 141,5M de euros por parte de la administración (3,5 veces el desembolso actual). Es cierto que estamos hablando de un gasto importante de dinero público destinado a la compra de alimentos pero insistimos en que son perfectamente asumibles.
El gasto público para la compra de alimentos para responder a las situaciones de emergencia alimentaria representa un volumen de dinero público elevado y, por tanto, tiene un importante impacto económico. Desde la perspectiva de la Soberanía Alimentaria la compra pública de alimentos debería ser realizada mediante Sistemas de Pago Condicionados al cumplimiento de determinados criterios nutricionales, socioeconómicos y ambientales, orientados a:
acabar con la malnutrición y la subnutrición fomentando una alimentación adecuada y de calidad basada en productos frescos, de temporada, de proximidad, ecológicos y culturalmente adecuados;
fortalecer los comercios tradicionales y en general las pequeñas y medianas empresas agroalimentarias vinculadas a la Economía Social y Solidaria; apoyar los métodos justos y sostenibles de producción, distribución y comercialización de productos agroalimentarios propios de la Agroecología.
En el ámbito educativo, los Sistemas de Pago Condicionados deberían ir acompañados de un trabajo y unos medios orientados a promover la transición de la alimentación escolar hacia la creación de Comedores Escolares Ecológicos, y de una propuesta pedagógica coherente con esta opción.
En el ámbito de la protección social, aplicar los Sistemas de Pago Condicionados que se proponen supondría promover la distribución de lotes de alimentos agroecológicos, comedores sociales agroecológicos y prestaciones económicas para la compra de productos agroecológicos. En última instancia, significaría fomentar que las personas empobrecidas tengan acceso a una alimentación adecuada desde el punto de vista nutricional, socioeconómico y ambiental.
B.2. Medidas paliativas
Con el fin de tender a acabar con las situaciones de empobrecimiento en lugar de tender a cronificarlas , las acciones de ayuda alimentaria no pueden limitarse a satisfacer las necesidades alimenticias de estas personas. Deben promover que dichas personas  ganen control y poder sobre sus vidas para que sean las protagonistas en  la construcción de las soluciones a sus propios problemas. Dicho de otro modo, deben fomentar la autonomía y el empoderamiento de las personas.
La prestación de medidas paliativas debe enmarcarse en proyectos que fomentan el empoderamiento haciendo que su buena marcha dependa de la implicación y la corresponsabilidad de las personas participantes; basándose en el funcionamiento horizontal; y concretándose en propuestas de intervención a medio plazo orientadas a fomentar la promoción de las personas, el desarrollo de sus habilidades sociales y el fortalecimiento de sus vínculos sociales.

 

Dentro de este ámbito, desde la perspectiva de la Soberanía Alimentaria la medida estrella debería ser la promoción de huertos sociales y comunitarios. En este tipo de iniciativas, el empoderamiento de las personas participantes se promueve, por un lado, posibilitando que cultiven parcelas de huerta para autoabastecerse parcialmente de verduras; y, por otra parte, promoviendo que trabajen en grupo, participen activamente en la gestión y el desarrollo de los proyectos y se vinculen a la comunidad local donde se emplaza la iniciativa. Por medio de esta doble estrategia, en el marco de los proyectos de Agricultura Social se incentiva que las personas empobrecidas mejoren su dieta, su condición física y anímica, sus habilidades sociales y su autoestima; aumenten su autonomía; y aprendan a autoorganizarse, a autoabastecerse de parte de los alimentos que necesitan  resolviendo sus problemas por sí mismas.
El ámbito periurbano y el medio rural cuentan, a día de hoy , con miles de hectáreas de tierra agraria abandonada o infrautilizada. En este contexto, la proliferación que actualmente están experimentando las iniciativas de Agricultura Social constituye una muy buena oportunidad para revertir la degradación de los agroecosistemas que tiene lugar cuando la tierra agraria se abandona, y para recuperar la doble vocación productiva y social que tiene la tierra agraria. Pero para que las personas empobrecidas y la ciudadanía en general pueda autoabastecerse parcialmente de alimentos, idealmente a través de huertos sociales o comunitarios, se necesitan políticas y programas que faciliten tanto el acceso a la tierra como su gestión colectiva o comunitaria; y necesitan también programas de formación y acompañamiento.
(…)
Por otra parte, hay que destinar más recursos públicos a las prestaciones económicas directas encaminadas a paliar las situaciones de emergencia alimentaria. Se ha constatado que estas prestaciones permiten que las personas que ven vulnerado su derecho a la alimentación puedan gestionarse sus necesidades alimenticias de forma autónoma y, de este modo, se contribuye a dignificar sus situaciones vitales y prevenir  su estigmatización. Esta modalidad de ayuda alimentaria permite, además, implementar el tipo de Sistemas de Pago Condicionados que se han descrito más arriba.
También hay que tener presente que las necesidades alimenticias son concretas para cada persona y momento. Es por ello que la forma de responder adecuándose a esta realidad debe ser descentralizada y el más a pie de calle posible. En este sentido, los servicios sociales municipales, si se les dota con medios suficientes, son las herramientas ideales para hacer este trabajo adecuándose a cada circunstancia concreta. Llevar a cabo este tipo de acciones de forma descentralizada y cercana a las necesidades de la población local es la forma más adecuada de ganar el máximo de eficacia y eficiencia.
Del mismo modo, este seguimiento cuidadoso a cada circunstancia mediante servicios cercanos a las personas ha de insertar las ayudas concretas en planes integrales de apoyo y empoderamiento. Esta es la forma de conseguir que estas medidas sean limitadas en el tiempo, sin que ello signifique dejar a las personas desatendidas, sino que se han creado otros mecanismos que den respuesta a las situaciones de empobrecimiento promoviendo la autonomía para que las personas sean capaces de salir por sí mismas de la situación de vulnerabilidad en que se encuentran y puedan prescindir, al menos parcialmente, de las ayudas directas.

 


[1]   “Alternatives des de la Sobirania Alimentària a la gestió neoliberal de la pobresa alimentària” ASAC,  Barcelona, Juliol 2015. La parte dedicada a alternativas  de esta misma declaración està como anexo a continuación de este artículo.

[2]          El Banco de Alimentos es una palabra que tiene una doble acepción. Por una parte es un genérico que se utiliza para toda entidad que recoge alimentos para redistribuirlos, pero, también, es una organización centralizada y federada. Esta última organización   tiene registrada una marca que en casos utiliza contra las experiencias autorganizadas de barrios (como ha sido el caso del barrio Tetuan de Madrid). A ella nos referiremos llamándola: Bancos de Alimentos(R)

[3] Jose Coy en el prólogo del libro  Vides Hipotecades, de Ada Colau y Adrià Alemany.

[4]   Un analisis mas detallado se puede encontar en Alimentos desperdiciados. Un análisis del derroche alimentario desde la soberanía alimentaria (Barcelona & Quito: Icaria & Instituto de Altos Estudios Nacionales . Se puede descargar enhttps://www.academia.edu/8769890/Alimentos_desperdiciados_Un_an%C3%A1lisis_del_derroche_alimentario_desde_la_soberan%C3%ADa_alimentaria_Montagut_X._Gasc%C3%B3n_J._._Barcelona_Quito_Icaria_IAEN._2014

[5]   “Alternatives des de la Sobirania Alimentària a la gestió neoliberal de la pobresa alimentària” ASAC,  Barcelona junio 2015

 

es economista. Ha trabajado últimamente temas como la agricultura, la alimentación y el consumo responsable. Es autor de varios libros sobre estas materias.
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