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La infancia en Nigeria: entre la violencia institucional y el yugo de Boko Haram

Reseñas/África/Nigeria/elpais.com

Un informe de Amnistía Internacional denuncia las atrocidades que viven los habitantes de las zonas controladas por Boko Haram sin el apoyo gubernamental y con programas de rehabilitación cuestionables financiados incluso por la UE

E.G. acababa de comenzar la secundaria cuando fue secuestrada por Boko Haram en su aldea, Gulak, en el este de Nigeria. En los cuatro años que pasó cautiva en el bosque de Sambisa, entre 2014 y 2018, no recibió más formación que la lectura del Corán tres veces al día y fue obligada a casarse con un miembro del grupo terrorista al que no conocía, con el que tuvo dos hijos.

Hoy, con 17 años, recuerda las brutalidades sufridas y las que presenció. «Mi marido era perverso y siempre me pegaba, diciendo que no estudiaba el Corán. (…) Fue una experiencia terrible. Fui testigo de diferentes castigos, desde disparar hasta apedrear y azotar. Una vez presencié la lapidación de un miembro de Boko Haram acusado de violación. Lo enterraron en una tumba, dejando solo su cabeza y luego lo apedrearon hasta que murió. En otra ocasión, vi cómo azotaron 80 veces a un hombre, tenía la espalda ensangrentada». Hasta que un día comenzó a planear con otras mujeres cómo escapar. De las 10 que lo intentaron, tres fueron atrapadas. E.G. lo consiguió, con su pequeño de dos años a su espalda y la bebé de cuatro meses en sus brazos.

Este es uno de los 234 relatos de mujeres, hombres y niños en el noreste de Nigeria que ha recabado Amnistía Internacional entre noviembre de 2019 y abril de 2020. Todos ellos describen la barbarie ejercida por Boko Haram, sobre todo contra los menores, convirtiendo en soldados a los niños y en esposas a las niñas. Y son miles. En 2017, la ONU estimó que este grupo armado había reclutado hasta entonces al menos a 8.000 pequeños, muchos a través del secuestro. Y esta práctica no ha cesado. Toda una «generación perdida» a la que las autoridades tampoco prestan el apoyo psicosocial y educativo que necesita, denuncia el informe Secamos nuestras lágrimas: el coste para la infancia del conflicto en el noreste de Nigeriaque la ONG ha publicado este miércoles.

Además de los secuestros a gran escala, como el de las 276 niñas de Chibok que desató una ola de solidaridad internacional, Amnistía Internacional pone el foco en abducciones individuales que suceden de forma «más cotidiana». En su informe, la organización documenta decenas de ellas, entre un sinfín de violaciones de los derechos humanos; 91 páginas repletas de relatos en primera persona plagados de latigazos, golpes, violaciones, dolor y violencia.

Escapar del grupo no les asegura a las víctimas un futuro prometedor. «Los que logran huir, acaban luchando por sobrevivir en campos de desplazados sin acceso a la educación; y, en el peor de los casos, son detenidos y recluidos durante meses, e incluso años, en pésimas condiciones», explica Olatz Cacho, experta en África de Amnistía Internacional España.

«Tan pronto como los niños puedan escapar del área de conflicto directo, deben volver a conectarse con lo que fue su infancia. Necesitan jugar, reír y reunirse con sus amigos; volver a la escuela. Deben estar en un entorno seguro donde puedan confiar en los adultos y sentirse amados y respetados. Sus necesidades básicas, como alimentos, agua y vivienda, deben satisfacerse para reducir el riesgo de explotación o violencia», sugiere Severine Courtiol Eguiluz, miembro de Médicos sin Fronteras en Nigeria, en un relato publicado en 2019 por la ONG que cuenta con programas humanitarios en la región. Sin embargo, lo que encuentran la mayoría de los críos tras el horror es más horror.

H. G. acabó en el campo de desplazados de Bama, donde recibió atención médica y alimentos  —insuficientes, según su testimonio—, para subsistir. «No tenía apoyo ni asesoramiento psicosocial». Después de cuatro años de cautiverio y cuatro meses refugiada, su padre no la reconoció cuando fue a buscarla para llevarla de vuelta a su hogar, en Madagali. «Una semana después, una organización cristiana nos llevó a Jos durante tres días. Oraron por nosotros. Nos preguntaron sobre nuestras vivencias con Boko Haram y nos dijeron que no permitiéramos que esas experiencias definieran nuestras vidas. Nos dijeron, a las que teníamos hijos, que los amásemos y que no descargásemos nuestras frustraciones sobre ellos. Después de aquello, no ha habido otro apoyo, ya sea del gobierno o de las ONG», relata la joven, que aún sueña con volver a estudiar mientras escucha los disparos cuando los terroristas atacan las aldeas vecinas. «Mis padres no pueden enviarme a la escuela porque no tienen dinero. La mayor ayuda para mí sería ir al colegio».

Una niña de 10 años vive con otros menores en un edificio abandonado en el campo de Abagana (este de Nigeria), que es usado como refugio por quienes huyen dela violencia.
Una niña de 10 años vive con otros menores en un edificio abandonado en el campo de Abagana (este de Nigeria), que es usado como refugio por quienes huyen dela violencia. BENEDICTE KURZEN (MSF)

«Solo el 25% de los niños tiene acceso a educación en el estado de Borno, esto es un lastre para el futuro de la región», subraya Cacho. «Boko Haram no quiere manifiestamente que los niños reciban formación, lo que consideran adoctrinamiento occidental», señala la experta. Prueba de ello son los ataques sistemáticos a las escuelas y el asesinato de maestros. En 2018, Unicef informó de que más de 1.400 infraestructuras educativas fueron destruidas durante el conflicto y que al menos 2.295 profesores habían sido asesinados, destaca el documento de Amnistía. Pero hay otros factores, como la pobreza y el hambre, que impiden que los padres puedan afrontar los gastos de escolarización y convierte a los niños en trabajadores, para poder contribuir a la canasta familiar y sobrevivir.

O. A., de Bama (estado de Borno), nunca había ido al colegio. «Yo era un ganadero. Desde que era niño, convivía con animales», le contó a los investigadores de la ONG. Un día estaba en el campo y Boko Haram se le llevó a él y su rebaño. Tenía 10 años. «Me quedé en la madrasa [escuela coránica] porque era demasiado pequeño». Cuando cumplió 12, le mandaron a entrenarse durante seis meses. Así fue como aprendió a usar su fusil AK-47 y se convirtió en un combatiente. «Me quedé con uno de los soldados en el lago Chad. Me usaron en los puestos de control», recuerda.

Lo que vino después no fue mucho mejor. O. A. llegó incluso a arrepentirse de huir de Boko Haram.  «Cuando mi hermano me vio, me llevó al Civilian Joint Task Force [fuerza que lucha contra el grupo terrorista] y me rendí». El joven, hoy de 16 años, fue sometido a un interrogatorio y enviado después a la Celda 7, para niños. «Estaba abarrotada. Tuvieron que enseñarme cómo acostarme. No podíamos girarnos cuando dormíamos debido a lo llena que estaba. Había solo un baño y éramos muchos. A veces tenía que esperar una hora», rememora. Los que no conseguían contenerse la orina o las heces eran golpeados. «No había mucha agua potable. Teníamos sed (…). Vi morir a una persona a causa de la sed».  En aquel centro de detención, pasó tres meses y solo pudo ducharse una vez. «Empecé a preguntarme por qué mi hermano me había llevado a ese lugar. ¿Quería matarme?».

Amnistía Internacional lanza su investigación para pedir al gobierno de Nigeria que libere a los niños recluidos en estos centros de detención. «Ya se han producido liberaciones masivas a finales de 2019 y principios de 2020, pero todavía no sabemos cuántos quedan dentro, pues el proceso es opaco», indica Cacho. «Incluso los investigadores, que tienen experiencia en diversos contextos en conflicto, estaban horrorizados con las condiciones de reclusión que les describían», agrega. Para la ONG, la mayoría de estas detenciones son «ilegales» pues los menores no son acusados ni procesados por ningún delito y ven negados sus derechos de acceso a asistencia letrada, a comparecer ante un juez o a comunicarse con sus familias. Un delito de les humanidad, según la organización, que calcula que al menos 10.000 personas, entre ellas muchos menores, han muerto bajo custodia gubernamental durante el conflicto.

O. A. sobrevivió a ese infierno y se benefició después de la Operación Corredor Seguro, un programa de desradicalización y rehabilitación de combatientes arrepentidos —niños y adultos— de Boko Haram, y que cuenta con apoyo financiero de Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea. El joven fue enviado, junto con otros 11 varones, al centro de reinserción en Gombe para recibir formación profesional. La vida allí, dice, era mejor. «Había suficiente agua, teníamos nuestra propia cama y un colchón para poder dormir bien. El lugar era higiénico», enumera. Allí, dice, le enseñaron el abecedario y los números. «Cómo deletrear». Finalmente, O. A. se decantó por formarse en cosmetología y fabricar productos de limpieza y jabones.

Pese a las mejores condiciones, la formación y el apoyo psicosocial que reciben los arrepentidos, Amnistía denuncia «grandes carencias» en este programa. «La mayoría de los hombres y niños en el centro no han sido informados de la base jurídica de su detención y todavía no tienen acceso a asistencia letrada ni a un tribunal para impugnar su detención», escriben los autores del informe. Algunos exreclusos explicaron que la atención médica era sumamente escasa. «Siete detenidos fallecieron tras recibir asistencia sanitaria inadecuada y las autoridades nigerianas ni siquiera informaron a sus familias, que tuvieron conocimiento de las muertes a través de detenidos liberados», asegura la ONG.

Y eso no es todo. El programa de formación profesional podría equivaler a trabajos forzados, advierte Amnistía, ya que la mayoría de los detenidos nunca han sido declarados culpables de ningún delito y fabrican todo tipo de artículos, desde zapatos hasta jabones y muebles, sin remuneración. “Ninguno de los principales donantes de Corredor Seguro autorizarían un sistema de detención prolongada e ilegal para sus ciudadanos. Entonces, ¿por qué lo permiten en Nigeria?”, se pregunta Osai Ojigho, directora de Amnistía Internacional Nigeria.

Las niñas como E. G. ni siquiera pueden acceder a este programa, con todas sus deficiencias, aunque lo deseasen para poder formarse y aprender un oficio. «Esto también se tiene que revisar, están marginadas», apunta la Cacho.

Preguntados por esta cuestión, desde Unicef Nigeria responden lo siguiente: “Los niños son extremadamente vulnerables en el conflicto del noreste de Nigeria, y su protección y necesidades deben seguir siendo la máxima prioridad tanto en la respuesta de seguridad como en la humanitaria. Los niños deberían seguir siendo solo eso, niños. Y como tal, deberían estar en las escuelas y con sus familias. Utilizarlos en el conflicto o mantenerlos en situación de detención prolongada tiene un impacto demoledor en sus vidas. Su protección es crucial para construir el futuro de Nigeria y, en consecuencia, de toda la región. Estos niños son, en primer lugar y ante todo, víctimas que, desafortunadamente, se han visto atrapadas en este conflicto. Unicef les apoya en su camino a la normalidad, es decir, con sus familias y comunidades”.

«No sé cómo podrán salir de semejante trauma, después de años de abusos de derechos humanos», reflexiona Cacho.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/05/26/planeta_futuro/1590488851_625908.html

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Karina Batthyány, secretaria ejecutiva de Clacso: “Los países con mayor tasa de contagios son aquellos donde la desigualdad se manifiesta en la baja presencia del Estado”

Karina Batthyány, secretaria ejecutiva de Clacso: “Los países con mayor tasa de contagios son aquellos donde la desigualdad se manifiesta en la baja presencia del Estado”

Por Daniel Cholakian 

El Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) es sin duda uno de los espacios de debate más interesantes de toda Latinoamérica. Desde el comienzo de la pandemia por el Covid-19 y la adopción de diferentes formas de distanciamiento y confinamiento adoptadas en todo el mundo, CLACSO ha conformado el Observatorio social del Coronavirus: pensar la pandemia. Desde esa plataforma están produciendo investigaciones, debates, publicando textos y monografías, con distintos ejes temáticos y con diferentes formas de problematizar la situación desde una perspectiva social.

Karina Batthyány es secretaria ejecutiva del consejo desde 2018. Doctora en Sociología y docente de la Facultad de Ciencias de Sociales de la República (Uruguay), es autora de numerosas publicaciones en torno a las temáticas de género, políticas públicas, trabajo no remunerado y cuidados.

Conversamos con Batthyány sobre los datos que pueden observar a partir de los estudios que realizan en este momento: profundización del racismo, la desigualdad de género, las inequidades sociales expresadas en el trabajo y los servicios sanitarios y la necesidad de conservar la relación de los estudiantes con las instituciones y el sistema educativo.

¿Cuál es el trabajo qué hacen desde el Observatorio social de la pandemia que crearon recientemente y qué conclusiones provisorias pueden encontrar a partir del mismo?

Efectivamente desde el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, decidimos, ni bien comenzó todo este fenómeno, crear un observatorio para pensar la pandemia desde las dimensiones sociales, es decir, trascendiendo la emergencia sanitaria, y poniendo el ojo en distintos aspectos de lo social que está impactando la vida de todos y de todas.

Allí tenemos más de 150 artículos escritos por quienes integran nuestro consejo latinoamericano. Estos abordan desde la transformación de la vida cotidiana, esa vida que tanto nos cambió a todos y a todas desde que se declaró la urgencia sanitaria, hasta los efectos económicos, el impacto a nivel del incremento de las desigualdades, el aumento de la pobreza, la cuestión ambiental y los distintos sectores de actividad en una sociedad. Muchas dimensiones en las que estamos intentando dar elementos para cumplir con uno de los objetivos de nuestra institución, que es la producción de conocimiento para la transformación social, y para pensar el modelo y las opciones para cuando finalice esta emergencia sanitaria.

Entre las producciones llama la atención la mirada sobre las distintas formas de racismo ¿Están notando que esto aparezca de una manera exacerbada en gran parte de América Latina?

Efectivamente, lo que hemos encontrado tiene que ver principalmente con distintas formas de discriminación y racismo que se exacerban en el marco de confinamiento o cuarentena, según las características de cada país, pero todas con un patrón muy similar. Además los efectos sociales de esta emergencia sanitaria están golpeando de manera diferencial a distintos grupos. Como por ejemplo lo que tiene que ver efectivamente con la población afrodescendiente, tanto en la calidad de atención que tienen y en los efectos económicos que están sufriendo como consecuencia de esta emergencia sanitaria. Efectos económicos que también están relacionados a la forma de inserción que tienen en el mercado de trabajo. También observamos que se exacerban conductas de discriminación hacia los colectivos migrantes.

Como sabemos, el tema de la migración y la movilidad humana es un tema muy importante en nuestra región latinoamericana y caribeña y allí empiezan algunas conductas, digamos, de destierre a nivel de lo social, y de rechazo hacia lo diferente, hacia el que no pertenece a esta comunidad primaria. Así son vistos en muchos casos estos colectivos migrantes que por su forma de inserción social, en muchos casos son colectivos que están insertos de manera muy precaria, sin protección social y sin acceso a las redes de seguridad social. Y podríamos seguir nombrando, pero hay otro colectivo muy afectado en general, que son parte de todas las variables que se intersectan entre sí, que son las mujeres.

¿Las mujeres son parte un colectivo que además de ser víctimas de patriarcado son parte de todos esos colectivos victimizados?

En ese sentido, si nos detenemos en el tema de las mujeres, hay que mencionar que también las mujeres somos las más afectadas en esta pandemia, por muchas situaciones. La primera por cómo cambió nuestra vida cotidiana. Este cambio en la vida cotidiana ha implicado sobretodo una sobrecarga para las mujeres. Una de las medidas que es común en todos nuestros países es la suspensión del sector educativo, los niños están en las casas, alguien se tiene que hacer cargo de esos niños y ese alguien siempre o casi siempre suele ser una mujer. A su vez en algunos sectores exigen teletrabajo pero no se piensa que el teletrabajo puede ser incompatible con la presencia de niños pequeños en los hogares. Esa es toda una dimensión vinculada a los cuidados, pero hay otras que vienen también de la mano de donde estamos las mujeres en el mercado de trabajo. Sabemos que un porcentaje muy amplio, prácticamente 1 de cada 2 latinoamericanas, están insertas en el sector informal de la economía, y eso quiere decir que son mayoría en el sector que ha sido más afectado producto del cierre de actividades en nuestros países. Por estar en sector informal no tienen cobertura de protección social y ahí tenemos otro elemento que impacta en el colectivo de las mujeres. Un tercer elemento está vinculado a que más del 70% del personal sanitario en nuestra región son mujeres, y por eso son las que están más expuestas al virus.

Estas dimensiones y la discriminación de la que hablábamos se intersectan evidentemente, porque hablamos de la población afrodescendientes, de los migrantes y las mujeres. Obviamente tenemos mujeres migrantes, mujeres afrodescendientes, y así podemos seguir intersectando, en definitiva, dimensiones de la desigualdad en un continente que, no nos olvidemos, antes del coronavirus era el continente más desigual del planeta. No el más pobre, el más pobre es África, pero sí el más desigual y esto, en definitiva, está  incrementando esas desigualdades.

¿Hay alguna relación entre la desigualdad y la tasa de contagio?

Lo que podemos afirmar es que efectivamente en los países donde se ve una tasa mayor de contagio son aquellos donde la desigualdad se manifiesta en la baja presencia del Estado como estado social. Aquellos países que tienen un sistema de salud digamos, muy fragmentado, y con respuestas diferenciales en función del sector o la clase económica a la que pertenezcan las personas. Estas relaciones están verificadas. Otras dimensiones de la desigualdad quizá no se estudiaron, pero la gran lección que nos deja todo esto es justamente la importancia del estado garantizando los bienes comunes como la la salud, por ejemplo, como un bien común por medio de políticas públicas. Los resultados diferenciales que vemos en los países tienen que ver también con esa presencia menor o mayor del estado como garante de los bienes comunes.

CLACSO tiene una larga trayectoria en el estudio de la educación, que es uno de los grandes temas en este momento, pues cómo decías, una de las coincidencias en la región y el mundo, es que las clases presenciales están suspendidas. ¿Cómo están viendo lo que ocurre ahora y cómo ven el futuro de la educación?

Es sin duda un tema clave, por todas las implicancias que tiene y uno de los elementos que estamos analizando, todavía con conclusiones muy preliminares, tiene que ver con si esta etapa de emergencia sanitaria y de tele-educaciòn exacerba o no las desigualdades en el ámbito educativo. Los indicios que tenemos es que efectivamente esta posibilidad de tele-educación no llega de la misma manera ni se tienen los mismos recursos en todos los sectores como para poder aprovecharlo. El segundo punto importante a destacar tiene que ver con una preocupación excesiva por parte de algunos actores del sistema educativo vinculado a la evaluación, y quizá la pérdida de referencia de que en realidad la educación tenemos que hablar de un proceso educativo por lo que esto hay que tomarlo como un paréntesis en el que no nos tendría que preocupar tanto la evaluación en sí misma, ni cómo van a ser evaluados, cuáles van a ser los resultados, sino preocuparnos más por garantizar que no se pierda el contacto con la institución, la escuela o el nivel que sea. Es importante que no haya deserción o desafiliación de estudiantes del sistema educativo, no tener tanto obsesión en pensar cómo evaluamos los resultados de estos dos o tres meses, lo que dure en cada uno de los países o el tiempo que sea, sino la perspectiva del proceso y que aquí lo importante es no perder el contacto o la afiliación de los estudiantes a los distintos niveles de educación. Creo que esa debería ser hoy la preocupación central.

En definitiva esto en el marco de un proceso, si vemos la educación como un proceso, dos, tres meses, el tiempo que sea, es apenas un paréntesis y la preocupación, insisto, no perdamos el contacto, y tratemos de garantizar todas las funciones que el sistema educativo cumple en el marco del desarrollo de las personas, que no es solamente el aprendizaje y la evaluación de este aprendizaje. Hay otras funciones, incluso en las escuelas está la función de la alimentación. Debería ser una preocupación más importante que la evaluación.

*Versión editada para Nodal de la entrevista realizada en el programa “Lo peor ya pasó” emitido en AM530 Somos Radio (Argentina) 

Fuente de la Información: https://www.nodal.am/2020/05/karina-batthyany-secretaria-ejecutiva-de-clacso-los-paises-donde-se-ve-una-tasa-mayor-de-contagio-son-aquellos-donde-la-desigualdad-se-manifiesta-en-la-baja-presencia-del-estado-como-estado/

 

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Una nueva era, una nueva forma de vivir

Una nueva era, una nueva forma de vivir

Por Federico Mayor Zaragoza | 28/05/2020 | Otro mundo es posible

Ya estaba muy claro, antes de la pandemia del coronavirus, que eran necesarios cambios radicales en la gobernanza mundial para evitar amenazas globales e irreversibles sobre la propia habitabilidad de la Tierra, procurando a todos sus habitantes y no sólo a unos cuantos, las condiciones para una vida digna.

Ahora, después de haber vivido un confinamiento a escala planetaria totalmente inesperado hace tres meses, es imperativo reflexionar y tomar las decisiones a escala colectiva pero, sobre todo personal, que permitan reconducir tan grave situación antes de que sea demasiado tarde.

En febrero de 2012, publicaba en “Reacciona”, un libro de diversos autores coordinados por Rosa María Artal, lo siguiente: “Es tiempo de acción… No se trata de hacer frente a una crisis económica sino sistémica. No de una época de cambios sino de un cambio de época. En los últimos estertores del neoliberalismo, los más recalcitrantes representantes del “gran dominio” intentan convencernos de que volverán a lograr el ‘estado de bienestar’: el consumo, el empleo, los horizontes sociales… Todo ello, bien entendido, aplicable únicamente al 20% de la humanidad, ya que el resto seguiría como hasta ahora, sumido en un gradiente de precariedades progresivas”…

Es innecesario, por tanto, insistir en que ahora, ahora sí, los ciudadanos del mundo ya no vamos a consentir que se repita el agravio histórico que representa para las generaciones venideras dejar irresponsablemente que se alcancen puntos de no retorno.

He aquí, resumidas en la medida de lo posible, las fases que pueden conducir a una nueva era en la que los horizontes actuales se hayan esclarecido:

Toma de conciencia:

  • De la globalidad de las amenazas:
  • Extrema pobreza.
  • Respuestas globales:
    • Solo pueden darlas, como tan lúcida y prematuramente se inicia la Carta de las Naciones Unidas, “los pueblos”, todos los seres humanos convertidos en actores del cambio y nunca más espectadores impasibles de lo que acontece.

Por primera vez en la historia, todos iguales en dignidad, sin discriminación alguna por razones de género, etnia, ideología, creencias…; y capaces de expresarse libremente.

Por fin, “los pueblos” tienen voz y, unidos, pueden tomar en sus manos las riendas del destino común. Después del fracaso rotundo de los grupos plutocráticos (G6, G7, G8, G20) está claro que sólo un multilateralismo democrático puede encauzar la voluntad popular a nivel mundial.

  1. Cambios apremiantes:
  2. Transición de una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, diálogo, mediación, conciliación, alianza y paz. De la fuerza a la palabra. (Declaración y Plan de Acción sobre una Cultura de Paz, Asamblea General de las Naciones Unidas, septiembre 1999).
  3. Transición de una economía basada en la especulación, deslocalización productiva y guerra -cada día mueren de hambre millares de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares más de 4000 millones de dólares- en una economía basada en el conocimiento, en la cooperación y no en la explotación, para la eficaz puesta en práctica de la Agenda 2030 (Objetivos de Desarrollo Sostenible, Resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas de noviembre de 2015 “para transformar el mundo” ) y los Acuerdos de París sobre Cambio Climático.

Para ello es impostergable reducir los gastos de defensa y aplicar los medios necesarios para la diligente aplicación en todo el planeta de un nuevo concepto de seguridad con las seis prioridades establecidas por las Naciones Unidas:

-alimentación

-agua potable

-servicios de salud de calidad

-cuidado del medio ambiente

-educación a lo largo de toda la vida

-paz

  • Todo ello implica otra forma de vivir. Un estilo de vida que permita llevar a cabo el fundamento general de todos los derechos humanos: la igual dignidad. La actual brecha social y el olvido permanente de los que viven en condiciones de extrema pobreza deben superarse, teniendo siempre la mirada puesta en el conjunto de la humanidad. Ahora mismo, al conocer los datos de los efectos de covid-19, debemos pensar en los que sufren cada día las consecuencias de patologías consideradas por la sociedad saciada como “irremediables” -desnutrición severa, carencia de servicios higiénicos, enfermedades crónicas como el paludismo, el ébola, el dengue… pero, sobre todo, de las guerras (en la guerra de Siria van más de 380.000 muertos, y en la invasión de Irak, basada en la simulación y la mentira, con miles de víctimas o las de la terrible “operación Cóndor” desplegada por los Estados Unidos en América Latina en los años 70).
  • La solución, el multilateralismo democrático dotado de recursos personales, financieros, técnicos y de defensa necesarios. Unas Naciones Unidas actualizadas con una Asamblea General en la que el 50% de los miembros representaran a Estados y otro 50% representaran a la sociedad civil, en la que hubiera voto ponderado pero no veto y en la que al Consejo de Seguridad se añadieran un Consejo Socioeconómico y otro Medioambiental o Ecológico, permitirían, por fin, poner término a las hegemonías que han permitido hasta ahora la aplicación del perverso proverbio de “si quieres la paz, prepara la guerra” y resolver los conflictos, que siempre existirán, a través de la diplomacia y la mediación.

La intervención de un multilateralismo eficiente permitiría no sólo “evitar el horror de la guerra a las generaciones venideras”, sino impedir la extraordinaria influencia de grandes consorcios internacionales, la explotación de los países ricos en recursos  como el litio, el coltán, el cobre, extensiones para el cultivo de soja, carburantes… y, así mismo, pondría fin al narcotráfico que hoy sigue extendiendo su poderío de manera indiscriminada.

  • La nueva era se caracterizaría por el funcionamiento democrático a todos los niveles -¡es incomprensible que la Unión Europea conceda, de hecho, el veto a todos sus integrantes, ya que los acuerdos deben adoptarse por unanimidad!- y permitiría eliminar la corrupción y los paraísos fiscales, atendiendo el asesoramiento de las comunidades educadora, científica, artística… que hasta ahora han sido desoídas, lo que ha resultado en la gravísima situación presente. En efecto, sólo en términos de ecología, la UNESCO ya alertó en los años 70 de la necesidad de limitar las emisiones de gases con efecto invernadero… y lo hizo el Club de Roma en 1972 con su Informe “Los límites del crecimiento”… y la Academia de Ciencias de los Estados Unidos… sin que se obtuviera nunca la respuesta adecuada.

Hace tan sólo tres años, cuando se había logrado la Agenda 2030 y la regulación del calentamiento global, gracias en buena medida al Presidente Barack Obama -¡hasta el Papa Francisco hizo pública una Encíclica Ecológica!-  el Presidente Trump no sólo requirió y ¡obtuvo! más fondos para defensa sino que advirtió que no pondría en práctica los ODS. Frente a esta intolerable actitud, no hubo reacción alguna. ¿Se necesitan más pruebas para que los ciudadanos del mundo, de una vez, tomen las riendas del destino común?

En el artículo que citaba al principio terminaba así. “Ha llegado el momento de replantear el sistema, no de aceptarlo o de adaptarlo. Así se inicia la “Carta de la Tierra”. Nos hallamos en un momento crítico de la historia, un momento en el cual la sociedad ha de elegir su futuro… Hemos de unirnos para crear una sociedad global sostenible basada en el respeto a la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y la cultura de paz”…

En la nueva era, será el multilateralismo, será la democracia vivida por cada ciudadano, será la responsabilidad colectiva, la que permitirá que las generaciones venideras no repitan la terrible frase de Albert Camus, que cito con frecuencia: “Les desprecio porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”.

Federico Mayor Zaragoza fue entre 1987 y 1999 director general de la Unesco y actualmente es presidente de la Fundación para una Cultura de Paz.

Fuente: http://www.ipsnoticias.net/2020/05/una-nueva-una-nueva-forma-vivir/

Autor: Por Federico Mayor Zaragoza

Fuente de la Información: https://rebelion.org/una-nueva-era-una-nueva-forma-de-vivir/

 

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España: No abráis las escuelas, por ahora

No abráis las escuelas, por ahora

 Antonio Rico Y Garcia

(Original en catalán publicado en CRITIC)

Los últimos días se ha ido construyendo desde la izquierda un relato favorable a la apertura de las escuelas. La consigna, formulada de manera imperativa, es ambigua. Tanto, que al mismo tiempo que lo reclama para ahora mismo, las propuestas que hace para conseguirlo son de muy larga duración. De Roger Palà a Ada Colau, pasando por Jordi Muñoz, se han lanzado una serie de ideas en esta dirección. Vayamos por partes y veamos las posibilidades y debilidades de la propuesta. Vaya por delante que a pesar del tono de respuesta del texto, la intención es poner sobre la mesa todos aquellos elementos que, en la necesidad de abrir las escuelas, no se han tenido en cuenta. En el fondo, mantener y enriquecer el diálogo iniciado.

¿Bares, iglesias, centros comerciales … y las escuelas no?

Correcto, las escuelas no. De hecho, fueron los primeros lugares físicos en cerrar. Siguiendo la lógica del confinamiento, para el desconfinamiento deberían ser los últimos en abrir. En los bares, en las iglesias y en los centros comerciales se pueden imponer medidas para conseguir un cierto distanciamiento físico entre las personas. En las escuelas y en los institutos, no. O mejor dicho, sí, pero con unos resultados escalofriantes. Sólo hay que ver el ejemplo del Estado francés estos días. Actualmente nos encontramos ante unas ratios en el aula que sobrepasan, no sólo los mínimos pedagógicos aceptables, sino también aquellos que hacen referencia a una óptima actividad docente. Los centros escolares no han sido pensados ​​para tener 30 alumnos de media por aula. Y en la «normalidad», aquí es donde nos encontramos. Sin tener en cuenta la situación de barracones y patios ridículos que sufren algunas escuelas e institutos. En un bar o un centro comercial, si los obligas a tener sólo un 50% de su aforo, no pasa nada. Entendedme, evidentemente que es un perjuicio para el propietario y los beneficios del negocio, pero a nivel social la afectación no es colectiva, es individual. ¿Podemos hacer lo mismo con las escuelas? Dejamos el 50% del alumnado en casa? El mismo Roger Palà que pide abrir las escuelas califica esta medida como «despropósito». Totalmente de acuerdo. ¿Entonces, abrimos o no?

Habilitar otros espacios de la ciudad para que todos los alumnos puedan ir a «la escuela» no es ninguna solución. Al menos, esto no sería volver a la escuela. Uno de los argumentos favorables a la apertura es el papel igualador y socializador que hace la escuela. Los 15 alumnos de cada aula que, en lugar de incorporarse a su escuela o instituto, lo harían en una sala habilitada del centro cívico de su barrio, ¿se estarían igualando y socializando de la misma manera que los «elegidos» para volver al centro ordinario? Creo que no. A las infraestructuras, debemos sumar las relaciones sociales y afectivas entre los alumnos. ¿Como haremos los grupos, por orden de lista? ¿Por amistades y afinidades entre ellos? ¿Los profesores haremos de policías a partir de ahora también? De hecho, ya lo hacemos. En el caso de los institutos somos los encargados de que no fumen a la hora del patio, por ejemplo. A partir de ahora ¿también seremos los encargados de decirles que no se hagan un beso o un abrazo? ¿Esto es socializarse?

¿Por qué se quieren abrir las escuelas?

En el fondo, las dos grandes preguntas son porque queremos abrir las escuelas y cuando lo podremos hacer. Ahora bien, para poder dar una respuesta más o menos correcta, alejada del idealismo que algunas reflexiones rezuman, hay que partir de las condiciones objetivas y subjetivas del problema. Y lo primero que debemos tener en cuenta es que el «por qué» es una pregunta poliédrica y multidireccional que se hace a partir de diferentes casuísticas. Por un lado, la necesidad del sistema de reemprender la actividad productiva allí donde la dejó. Sin la escuela, el capitalismo no funciona. La incorporación a sus puestos de trabajo de millones de padres y madres exige tener un lugar donde dejar a los niños. Si la escuela, más allá de la docencia y la transmisión de conceptos, es una herramienta de socialización del individuo, debería abrirse cuando cumpla esta función. Hacerlo antes es, por muy buenas palabras que se usen, pasar al sistema educativo una responsabilidad social que no le corresponde. Ya estamos acostumbrados. El papel de ’guardería’ o ’de parking de niños’ es todo un clásico de la percepción que determinados sectores políticos y sociales tienen. Ahora bien, me sorprende que esta lógica venga ahora, de forma consciente o no, de la izquierda. ¿Quizás el problema no es que la gente se está reincorporando demasiado pronto a sus puestos de trabajo? ¿Quizás el problema no es que es más complejo conseguir que las empresas se impliquen en el bienestar de sus trabajadores y en consecuencia de la sociedad, que no encontrar un lugar donde dejar a los niños para ir a trabajar a jornada completa? Como siempre, el gran capital no arrimará el hombro, no participará de la solución. En el corto plazo, más que mirar hacia la Consejería y el Ministerio de Educación, habría que mirar hacia los de Trabajo y Economía.

Por otra parte, el segundo motivo para abrir las escuelas es dar respuesta a las familias más vulnerables. Estas tienen una enorme dependencia del sistema educativo y asistencial. Esto, sin embargo, no es abrir las escuelas. De nuevo, más que mirar hacia la escuela, lo que tendríamos que hacer es mirar a otro lugar. En este caso, servicios sociales. En las próximas semanas, es más importante contratar educadores e integradores sociales que no profesores y maestros. El curso académico está terminado, no nos hagamos trampas al solitario. Pero hay que dar respuesta a todas aquellas familias que han visto como este final unilateral les ha afectado en los aspectos más básicos. Es necesario que educadores e integradores visiten estas familias e inicien un trabajo de acompañamiento, tomando nota de sus necesidades y trasladando a los órganos políticos correspondientes las medidas que habría que tomar para que nadie se quede por el camino. Y eso no es trabajo de un profesor de sociales de 4º de ESO o de un maestro de plástica de infantil. Y es urgente. La escuela, en todo caso, como conocedora de la realidad de las familias de su centro, puede ayudar al acompañamiento o asesorar desde las tutorías y los equipos pedagógicos, pero no puede convertirse en la herramienta que sustituya los servicios sociales.

Finalmente, el argumento de que los alumnos no tienen que perder el contacto con la escuela aguanta lo justo y necesario. Desde las tutorías hemos ido haciendo seguimiento de los alumnos. Desde mails a llamadas telefónicas, pasando por tutorías por vídeo conferencia. No es ni el formato ni la manera de hacer las cosas en una situación de «normalidad». Pero es que no estamos en una situación de «normalidad». Ni lo estaremos durante un tiempo si atendemos a lo que dicen los epidemiólogos y el personal sanitario. Volver sólo unos días, en grupos pequeños y separados en el aula, vigilados de forma anómala durante el recreo, ¿es más beneficioso psicológicamente para nuestros hijos? Permitidme la duda. ¿No es mejor que guarden en su imaginario individual y colectivo la imagen de la escuela tal y como era mientras hacemos todos los esfuerzos para que en septiembre se parezca al máximo? Soy padre y no veo mi hijo traumatizado. Evidentemente que cada realidad familiar es un mundo. Pero, partiendo de esto, volvemos a uno de los argumentos que han sobrevolado el texto en varias ocasiones: no podemos pasar la responsabilidad a la escuela. Y, de hecho, creo que mi hijo quedará más afectado asistiendo a una escuela con la mitad de sus compañeros y amigos, todos con mascarilla y con unas restricciones de contacto enorme, que haciéndole entender que, poco a poco, iremos acabando el curso y que en septiembre intentaremos que todo vuelva a ser como antes. Sin generar muchas expectativas, evidentemente.

¿Cuándo podremos abrir? Tres planes a corto, medio y largo plazo.

Sinceramente no lo sé. Mi expectativa es en septiembre. Habrá que marcar una hoja de ruta consensuado entre las instituciones, los maestros y los profesores que tenga el aval de las autoridades sanitarias. Y que sea realista. Hablar de incorporar sólo el 50% de los alumnos de forma intermitente sin explicar cómo se hará este tipo de docencia, es surrealista. No hay espacios en nuestros centros escolares para incorporar la totalidad del alumnado en estas condiciones. Hablar de que tendremos que hacer enseñanza online sin poner las herramientas necesarias de formación para el profesorado, tampoco es una buena solución. De momento, sólo hemos ido cubriendo el expediente a toda prisa, lanzando ideas poco concretas. Cuenta, y seguramente es lógico, porque la situación le ha venido sobrevenida todos. Pedir abrir las escuelas ahora o antes de que termine el curso no ayuda a buscar las mejores soluciones a los problemas que se nos plantean. Al contrario, nos pone más presión. ¿Qué nos habría que hacer y para cuándo?

Creo que habría que diseñar un mínimo de tres planes. Uno a corto plazo, uno a medio y uno a largo. El plan a corto plazo debe centrarse en diseñar el final de curso 19/20. Abandonar la idea de abrir los centros escolares y dejar de poner presión a la comunidad educativa es el primer paso. Desde los centros ya hace días que estamos modificando el calendario de fin de curso, la forma como evaluaremos los alumnos y la forma en que nos encontraremos para cerrar y diseñar, con la información que tengamos, el próximo curso. En este contexto, abrir las escuelas a lo loco es sólo añadir un problema más a la compleja gestión que hemos tenido que hacer los maestros, profesores y direcciones de las escuelas. Ni ayudará a los alumnos a resituarse ni facilitará el trabajo de imaginar y proyectar el próximo curso. Dejadnos cerrar lo que tenemos abierto.

El plan a medio plazo debe centrarse en pensar y diseñar cómo será el próximo curso. Pensarlo desde la normalidad que las autoridades sanitarias nos cuentan. Y a partir de esta normalidad, pensar las diferentes variables. Lanzar un «globo sonda» tras otro no ayuda. Distorsiona, dificulta las posibilidades que el horizonte de septiembre nos determina. En el marco del diseño del curso próximo, habrá que pensar la escuela con todos sus alumnos, reduciendo las ratios, analizando la realidad de cada municipio y las posibilidades de desdoblar grupos de clase, adaptar espacios que no estaban destinados a la escolarización, planificar una plantilla de maestros y profesores capaz de cubrir esta nueva demanda, pensar en cómo se hará la enseñanza en caso de un nuevo rebrote y confinamiento, qué herramientas tendremos disponibles para afrontar los principales problemas detectados durante estas semanas, etc.

En definitiva, habrá que pensar y diseñar un modelo educativo de transición entre el mundo en que vivíamos y lo que parece que está empezando a surgir. Y en este plan será importante que, durante este verano, el profesorado tengamos a nuestro alcance la formación necesaria en nuevas herramientas y técnicas pedagógicas. Finalmente, el último plan debe ser relativo al largo plazo. Y no estoy hablando de 10 años, sino de un par de cursos. Es decir, el tiempo en que se tarda en construir un centro escolar. Si como sociedad tenemos claro que la educación es, junto con la sanidad, uno de los dos pilares fundamentales, hay que construir más centros escolares. De hecho, lo óptimo sería doblar los que ya tenemos. Y doblar la plantilla. No dejan de ser dos de las grandes demandas de los profesionales de la educación desde hace décadas. Quizás ahora se nos escuchará. Los experimentos de la educación telemática, de incorporar sólo un 50% de forma intermitente … son eso, experimentos. La situación nos ha obligado a enseñar y educar con nuevas herramientas durante estos meses. Ahora bien, estas sólo pueden ser un apoyo más en el proceso educativo y en ningún caso el elemento que servirá para sustituir la educación presencial.

No dudo de la buena voluntad que hay detrás de la demanda de abrir las escuelas ahora. Creo, sin embargo, que se han hecho sin pensar mucho en las consecuencias. Se ha tenido más en cuenta las consecuencias de tenerlas cerradas que no las derivadas de su apertura. Si están cerradas no es por gusto ni porque el profesorado nos guste estar en casa trabajando más horas de las que trabajábamos antes. La situación de emergencia epidemiológica que hemos vivido ha requerido medidas excepcionales. Y habrá que llevar a cabo más. Eso sí, la escuela no puede volver a ser de nuevo la institución donde depositamos, como si fuera el contenedor gris, todos aquellos problemas derivados de las incompetencias e insuficiencias políticas, económicas y sociales.

Si creemos en la escuela pública, querámosla un poco más.

ANTONIO RICO Y GARCIA. Historiador, profesor y miembro de la USTEC

Fuente de la Información: https://vientosur.info/spip.php?article16009

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Eryk Rocha: Brasil vive una doble catástrofe: la política y la de la pandemia

Brasil vive una doble catástrofe: la política y la de la pandemia

Por Daniel Cholakian – Nodal Cultura

Eryk Rocha ha realizado Miragem, su última película, en el año 2019. Sin embargo el clima que impone el relato de Paulo, un desocupado que consigue trabajo como taxista por las noches, es el de una ciudad caótica que bien podría ser el actual Brasil socialmente desarticulado.

La historia es simple. Paulo es un taxista que circula por las noches en Río de Janeiro, una ciudad en cuyas calles se expresa, como el propio Rocha afirma, un “proceso de desintegración o de colapso político, económico y social”. El trabajo y el poco dinero que consigue ahorrar es la herramienta que le permitirá poder volver a su hijo, a quien ama y extraña. En esas noches se encontrará con Karina, una enfermera de hospital con quien van tramando una relación cálida.

Todo es sencillo en el relato, pero la película está construida montando capa sobre capa de sentido. Las lecturas políticas son muchas y lo que queda dibujado, como un mural imaginario que recorre Río de Janeiro, es el proceso político que desemboca en el presente. No hay locuras aisladas, no hay desequilibrados llegando casualmente al poder. El presente se puede rastrear en la derrota del proyecto popular que comenzó con el golpe de estado de 2016.

De Miragem como película y como texto político hablamos con Eryk Rocha.

La película es un recorrido a través de los ojos de Paulo, un taxista que trabaja por las noches, y cuenta cierta disolución de lo social y lo comunitario en Río de Janeiro ¿es esa una lectura posible de Miragem?

Si, claro, esa es una de las capas de la película, que tiene muchas. La película es también un testimonio de ese momento -2019- y de ese proceso de desintegración o de colapso político, económico y social. Es a través de un hombre, Paulo, que es taxista, porque su historia es la historia de millones de brasileños que se quedaron desempleados, en esa crisis que viene ocurriendo en Brasil de algunos años para acá.

Él trata de reencauzar su vida, trata de levantarse con este nuevo trabajo como taxista. Desde ese lugar vive el día a día de esa ciudad caótica como es Río de Janeiro, muy intensa y con mucha desigualdad social. La ciudad es así coprotagonista de la película, es un personaje muy importante.

¿Que en la película conviva el registro documental con la ficción es un recurso para que la ciudad tenga esa presencia tan intensa?

Es un poco lo que decía antes, el proceso político brasileño ha generado muchas transformaciones en muy poco tiempo, y eso es muy notorio para mi generación. Tengo 42 años y desde Lula presidente hace 18 años pasaron muchas cosas en Brasil. Sobre todo con el golpe en 2016 contra Dilma Rousseff. Todo lo que pasó en estos años definió el camino estético de la película.

En 2016 sufrimos un golpe de estado y eso me ha impactado muchísimo como a todos los que participaron de la película. Ese golpe se llevó Brasil a un abismo, un abismo social y un abismo existencial muy fuerte.

Digo esto para comprender la condición del documental en la película. Era fundamental que en la ficción pudiera sentirse la realidad brasileña; que la intensidad de la ciudad y ese caos pudiera transmitirse en la película e incorporarla en la puesta en escena de Miragem.

Es una película de ficción, pero también a través del documental está abierta a la vida, la vida en la ciudad. Eso fue una decisión estética muy importante, por eso tenemos una película de ficción con un método y un espíritu documental muy fuerte. No podíamos hacer una película sobre un taxista, aun cuando es de ficción, desligada de la realidad. La realidad está afectando la película, está afectando la puesta en escena, el trabajo de los actores, el lenguaje completo de la película. Es una forma de romper la frontera entre el documental y la ficción. Sobre todo por el relato mismo de la película y la relación entre el taxista y la ciudad, que lo va transformando.

La película es muy sutil en ese sentido, permite que el espectador mire desde los ojos de Paulo. El espectador recorre esta Río caótica, decadente, solitaria y oscura a través de los ojos del protagonista ¿Cómo fue lograste poner la mirada del espectador en la mirada de Paulo?

El deseo era que el espectador se moviera con Paulo y mirara el mundo con él, que lo escuchara, que tuviera la sensación de estar trabajando en ese taxi y dentro de la ciudad laberíntica, donde todos los niveles sociales que se entrelazan. Pero queríamos poner al espectador junto con Paulo no solo en las tensiones y los sobresaltos y el miedo, sino también ponerlo junto con sus afectos y sus emociones, el extrañamiento y el amor hacia el hijo, su complicidad con Karina. Poner realmente al espectador en la piel y el cuerpo de Paulo, vivir con él intensamente en esa ciudad, por esos caminos y por esa locura cotidiana.

Hay un momento muy sencillo en el que Karina y Paulo están en la playa y ella, que es enfermera, cuenta una situación que le había resultado complicada en el hospital, y Paulo contesta simplemente “que país…” y queda allí flotando una idea. En lo personal no pude sino verla como una frase dicha hoy mismo ¿cómo resuena ese instante en este momento presente de Brasil en el marco de la crisis sanitaria?

Ese momento es clave en la película, que bueno que te dijo algo tan fuerte. Yo creo que la película carga una atmósfera de la soledad, de la noche vacía, de la distancia entre el padre y el hijo, la distancia social, habla de ese personaje muy encerrado en ese auto. Por eso creo que trae una cierta atmósfera de este momento que estamos viviendo en la pandemia. Eso es muy interesante, es un momento donde no nos podemos tocar y entonces las manos de Paulo, que están en toda la película, traen algo muy sutil. Las manos trabajando, las manos del afecto, las manos acariciando a Karina, las manos con el celular.

La película trata a partir de esos pequeños gestos, del afecto, de las miradas, hablar de algo mayor que estamos viviendo, hablar de la cuestión macro política del país vive actualmente. Brasil vive una doble catástrofe: la política, con un gobierno autoritario de extrema derecha, con una actitud completamente asesina y al mismo tiempo la catástrofe de la pandemia. Eso se está cruzando hoy en día y mi país está viviendo una verdadera tragedia.

Fuente de la Información: http://www.nodalcultura.am/2020/05/eryk-rocha-brasil-vive-una-doble-catastrofe-la-politica-con-un-gobierno-autoritario-de-extrema-derecha-y-la-catastrofe-de-la-pandemia/

 

 

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Declaración del Movimiento Obrero Puertorriqueño

Declaración del Movimiento Obrero Puertorriqueño Ante la Lucha por la Justicia y la Dignidad que Desarrollan la Comunidad Negra y las Otras Minorías que Residen en los Estados Unidos de América

1 de junio de 2020

“No puedes separar la paz de la libertad, porque nadie puede estar en paz, a no ser que tenga su libertad”- Malcom X

Los trabajadores puertorriqueños no podemos guardar silencio ante los continuos ataques y asesinatos de los que ha sido víctima la comunidad negra y otras minorías que residen y forman parte del pueblo norteamericano. Estados Unidos vive hoy una de las manifestaciones más crudas de una sociedad que proclama la igualdad y la libertad como valores supremos, pero subsiste alimentando los privilegios, la ausencia de equidad, el discrimen y las diferencias entre los que la componen.

George Floyd, un ciudadano negro, ha sido asesinado a manos de cuatro policías racistas de la ciudad de Minneapolis, Minnesota.

Estos ataques y la contundente respuesta de la comunidad han cobrado proyección internacional y dejan de manifiesto que aún falta mucho para que aquel sueño de equidad que proclamó el Dr. King el 28 de agosto de 1963 cobre realidad.

El racismo es una forma de explotación y le sirve de soporte ideológico a las diferencias y los privilegios. Establece jerarquías sociales. No es, por lo tanto, casual que negros, latinos y pobladores originarios ocupemos las estratas inferiores en las sociedades capitalistas. No es casual que los negros, tras cientos de años de injusticia y lucha, padezcan el discrimen y sean objeto del odio.

La existencia de supremacistas blancos ha recibido un estímulo extraordinario en la retórica racista del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que ha dado lugar a una intensificación de la violación de los más elementales derechos humanos de los sectores más oprimidos de dicha sociedad, multiplicando las agresiones y el asesinato hacia grupos minoritarios.

 

En respuesta a esa violencia irracional, los trabajadores y trabajadoras puertorriqueños y los sindicatos que nos representan, sumamos nuestra voz a la clase obrera norteamericana que ha respondido de forma unánime haciendo un llamado a ponerle fin a los abusos y atropellos cometidos y reclama militantemente en las calles el cese de la violencia institucional y la disparidad en el ejercicio de la justicia.

No podemos pasar por alto que han sido los negros y las minorías los que han pagado el precio más alto en vidas por la desatención a la propagación del coronavirus y en los efectos de empobrecimiento y miseria que ha tenido sobre la clase trabajadora norteamericana el sistema económico neoliberal. Varias generaciones de puertorriqueños en la diáspora en EU han sufrido en carne propia la discriminación e intolerancia de la violencia racista.

Demandamos que los reclamos que hoy hace el pueblo norteamericano en las calles de sus principales ciudades sean atendidos mediante respuestas efectivas que pongan punto final a la disparidad racial, económica y judicial y se establezcan bases firmes para la superación de las falsas premisas raciales que hoy prevalecen.

En Puerto Rico exigimos que se erradiquen las distintas manifestaciones de racismo que incluyen:

1. Las burlas y actitudes despectivas y desvalorizantes con motivos raciales.

2. Un sistema que asigna “de manera natural” las posiciones de menor remuneración y destaque a aquellos que provienen de los sectores marginados.

3. La “coincidencia” entre el origen racial de sectores y la ausencia de apoyo gubernamental para ellos, de escuelas adecuadas, facilidades de salud y oportunidades de empleo.

Hacemos nuestras las aspiraciones de nuestros hermanos y hermanas que hoy luchan por respeto.

Reclamos una sociedad justa, libre del discrimen, la desigualdad y la explotación.

En la tarde de hoy, activistas y dirigentes del Ancón de Loíza convocan una vigilia a las 4:00 p.m. en sus facilidades, en solidaridad con todos los asesinados ante la violencia racista en Estados Unidos y el movimiento de Black Lives Matter.  Exhortamos al pueblo a apoyar, decir presente en este espacio como mecanismo de unidad y sanación.  “Un individuo no ha empezado a vivir hasta que pueda elevarse por encima de los estrechos confines de sus preocupaciones individualistas a las preocupaciones más amplias de toda la humanidad.” Martin Luther King Jr.

 

Esta declaración ha sido endosada por

1. Federación de Maestros de Puerto Rico (FMPR)

2. Unión Nacional de Educadores y Trabajadores dela Educación (UNETE)

3. EDUCAMOS

4. Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU)

5. Hermandad de Empleados Excentos No Docentes (HEEND)

6. Sindicato Puertorriqueño de Trabajadores y Trabajadoras (SPT)

7. Unión de Trabajadores de la Industria Eléctrica y Riego (UTIER)

8. Unión Independiente Trabajadores Servicios Legales (UITSL)

9. Movimiento Solidario Sindical (MSS)

10. Central Puertorriqueña de Trabajadores (CPT)

11. Unión General de Trabajadores (UGT)

12. Frente Amplio de Camioneros (FAC)

13. FCT-481/UFCW

14. ProSol Utier, Capítulo Autoridad de Carreteras y Transportación

15. Alianza SEIU

16. Unión Independiente de Abogados y Abogadas de la Sociedad para la Asistencia Legal en Puerto Rico (UIASAL)

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Declaración de la Unión de Profesores de Chicago contra la violencia racial en EEUU

La Unión de Profesores de Chicago es una organización que valora y respeta las necesidades de nuestros estudiantes y sus comunidades. Nuestro trabajo como educadores y sindicalistas es impulsado por las condiciones que experimentan nuestros estudiantes y sus familias. La policía racista es parte de esas condiciones, contribuyendo al trauma estudiantil que debemos abordar. Porque ese trauma necesita tratamiento.
Trabajamos en una ciudad donde el 90 por ciento de nuestros estudiantes son de color, y entendemos que lo que ellos y sus familias enfrentan es el resultado de décadas de decisiones políticas racistas e inmorales. Nuestros estudiantes no reciben los recursos que necesitan debido a quienes son, y profesores, PSRP, enfermeras, clínicos y bibliotecarios están encargados de trabajar junto a las familias para asegurar su éxito.
Lamentablemente, también nos encargamos de ayudar a asegurar su supervivencia.
Nuestros estudiantes son tratados de manera diferente debido al color de su piel, por lo que nuestro trabajo es abrumador y interminable debido al racismo. Las políticas del distrito y federales están diseñadas para garantizar la aparición de cumplimiento de los estudiantes de color, pero la realidad es que nuestras escuelas no están financiadas ni tienen recursos suficientes para aliviar condiciones que causan trauma y aumentar la necesidad estudiantil.
Estas condiciones han alimentado el dolor y la ira que muchos sienten hoy, y han establecido el escenario para la desesperación y la rabia que vemos recorriendo por las calles de Chicago y a través de la nación. Pero aquellos que invocan el aspecto no violento del legado del Reverendo. Dra. Martin Luther King Jr. Se han perdido un punto clave: Cuando se le pregunta sobre los disturbios, Dr. King dijo una vez que aquellos que denuncian disturbios deben ser igualmente fervientes al denunciar las condiciones que dieron lugar a disturbios. Desde 1968, en la Universidad de Stanford:
Creo que Estados Unidos debe ver que los disturbios no se desarrollan de la nada. Siguen existiendo ciertas condiciones en nuestra sociedad que deben ser condenadas con tanta fuerza como condenamos los disturbios. Pero en última instancia, un motín es el lenguaje de lo inaudito. Y qué es lo que Estados Unidos no ha oído? No ha oído que la difícil situación de los negros ha empeorado en los últimos años. No ha escuchado que las promesas de libertad y justicia no se han cumplido. Y no ha podido escuchar que grandes segmentos de la sociedad blanca están más preocupados por la tranquilidad y el status quo que por la justicia, la igualdad y la humanidad.
Si vamos a lograr la justicia social y el progreso Dr. King habló de ello, debemos proporcionar los recursos adecuados para nuestros estudiantes y sus familias, y eliminar símbolos del fracaso de nuestra ciudad para escuchar sus gritos. Ahora es el momento de que el alcalde nombrado consejo de educación de Chicago cancele su contrato de $ 30 millones por año con el departamento de policía de Chicago, y usar esos fondos para proporcionar asesoramiento de respuesta de emergencia y apoyo a los estudiantes en crisis La Junta de Educación de Minneapolis ya ha dado este paso, lo que reduciría la tensión que existe entre nuestros jóvenes y las fuerzas de la ley, y aumentaría los recursos que nuestra ciudad necesitará después de la pandemia COVID-19
Aplaudimos a nuestras hermanas y hermanos en la Unión de Profesores de Boston, quienes, para el próximo año y más allá, están promoviendo la formación de equidad racial para todos los representantes electos de construcción, personal y la junta ejecutiva de la Como educadores, parte de nuestro trabajo es informar con hechos y contexto el trauma que está rodando a nuestra nación. Por lo tanto, nuestro propio sindicato ampliará nuestra campaña #WeStillTeach para incluir el plan de estudios de #BlackLivesMatter, y pidiendo a nuestros miembros que presenten lecciones que enseñen sobre violencia policial, racismo y desigualdad sisté
Laquan McDonald. Rekia Boyd. Quintonio LeGrier. Bettie Jones. El dolor que algunas comunidades sienten en nuestra ciudad es real-y ha sido real, durante generaciones.
Nuestra ciudad puede reconstruir. Estas vidas se han ido para siempre.
Debemos movernos a la seguridad, no a la ocupación.
Debemos pasar a la inversión.
La verdadera rendición de cuentas es cuando nuestras comunidades tienen justicia y equidad.
Seguiremos diciendo #BlackLivesMatter, exigir justicia y desafiar la discriminación sistémica que socava las necesidades, aspiraciones y promesa de nuestros estudiantes.
En seguridad y solidaridad,
Jesse Sharkey
Presidente de la CTU
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