Los salarios de los maestros están entre los más bajos, incluso comparándolos con profesiones que requieren el mismo nivel de formación.
La vocación docente es, hoy más que nunca, realmente una vocación. Es que los trabajadores con formación terciaria o superior dedicados a actividades de enseñanza tienen un ingreso promedio de $49.488 mensuales. Teniendo en cuenta que el sector es claramente dominado por trabajadoras que se desempeñan como maestras o profesoras, si estas son cabeza de familia lo que sucede es que no llegan a cubrir con su sueldo la canasta básica actual.
Este nivel de sueldo ubica a los docentes en el puesto 15 en un ranking de 18 actividades, por encima de tareas como la explotación de minas y canteras, actividades administrativas y servicios de apoyo, y tareas domésticas.
Estos datos surgen del informe Enseñar, a pesar de todo, del Observatorio de Argentinos por la Educación. El estudio analiza los ingresos de los trabajadores dedicados a la enseñanza, comparándolos con los de otras actividades, a partir de los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) para 2020 y el primer trimestre de 2021.
«Un salario competitivo es una de las herramientas clave para atraer y retener a los mejores candidatos a la profesión docente», plantea el documento. En varias actividades relevadas en la EPH, el ingreso promedio supera en más del 50% al ingreso promedio de los docentes: es el caso de los trabajadores dedicados a actividades financieras, suministro de electricidad y gas, actividades inmobiliarias, administración pública y defensa, entre otras.
«La valoración que le damos a la educación es la valoración del trabajo docente. Con estudios terciarios, conviene trabajar en un banco o en una inmobiliaria. La carrera docente en la Argentina tiene reglas de hace 60 años, está atrasada y ni siquiera permite un salario acorde al nivel de formación. Afortunadamente, la mayoría de los docentes enseña a pesar de todo. Es con ellos que la dirigencia política podrá cambiar la educación, el día en que asuma esa voluntad y la educación deje de ser solo un slogan de campaña», afirma Mariano Narodowski, profesor de la Universidad Torcuato Di Tella.
Si comparamos sueldos, esta es la situación a la que nos enfrentamos:
Un desarrollador junior puede superar los $100.000 de ingresos.
Un empleado de comercio de la categoría maestranza tiene un salario básico de $65.674.
Un community manager, que puede incluso trabajar freelance para otros destinos y ganar en dólares, en la Argentina ronda los $80.000 mensuales.
Un docente no alcanza los $50.000
Buscar motivación
En este contexto, es válido preguntarse entonces por qué alguien sigue eligiendo ser docente.
Para esto María Cristina Gómez, directora de la Red de Educadores Innovadores, tiene una respuesta: «Porque el aula tiene una magia indescriptible. Cuando uno ve en los ojos de un chico esa chispa de que entendió, y suelta una expresión de alegría, eso no tiene precio. Y también porque en esos minutos somos poderosos: podemos cambiarle la vida a un chico, solo con una mirada, con una palabra que le demuestre que puede ir más allá. Rebeldía, infinita curiosidad y ganas de romper la matrix: eso me define como docente».
«Después de 27 años de docente y de trabajar en distintos ámbitos educativos, me sigo levantando todos los días agradecido de haber elegido esta hermosa profesión, de poder llevarla adelante y de seguir aprendiendo. Me siento partícipe de la construcción de un futuro mejor, siempre teniendo como objetivo brindar a los estudiantes conocimientos, valores, hábitos y habilidades que les permitan descubrir su vocación, desarrollarse y ser parte como personas activas en una sociedad civilizada», afirma Martín Salvetti, subsecretario de Educación de Lomas de Zamora.
El compromiso con el aprendizaje, el deseo de transformar las vidas de sus estudiantes, la voluntad de innovar y de seguir aprendiendo son elementos que se repiten en los testimonios de los docentes consultados. Para ellas y ellos, educar es una pasión y, a la vez, una forma de construir un futuro mejor para todos.
By Stefania Giannini, UNESCO Assistant Director-General for Education
In 2001, a six-year-old girl in Afghanistan could expect, despite the odds, to attend primary and secondary school, graduate from university, and pursue a profession.
These days might be over if the new order instates a system that institutionalizes discrimination against girls and women, and annuls commitments made over the past two decades to advance education. The consequences would be catastrophic for the people, the country and regional and global security.
Although the country still lags far behind its South Asian neighbours on all education indicators, the progress achieved over the past twenty years – starting nearly from scratch – is nothing short of remarkable. This is documented in trends assessment report published by UNESCO here.
In twenty years, the total number of enrolled students increased tenfold, from around 1 million to 8 million learners. From almost zero in 2001, the number of girls in primary school shot up to 2.5 million in 2018. Today 4 out of 10 students in primary education are girls. Their number in higher education increased from around 5,000 in 2001 to 90,000 – representing 25 percent of the student population. The number of teachers rose by 58% – and that of female teachers by over 100 %. The female literacy rate almost doubled from 17% to 30%, even if it still remains one of the lowest in the world.
Behind these numbers lies empowerment, voice and opportunity – the possibility to participate in society, to contribute to one’s country. Education is a game changer.
Over the past 15 years, with support from bilateral partners, UNESCO led the largest literacy program in Afghan history, reaching 1.2 million learners, including 800,000 women and girls, as well as 45,000 police officers. We supported the development of national strategies for education, established the first ever national institute for educational planning, trained planning officers and contributed to the reform of the education curriculum.
It’s not the time to put a clamp on extraordinary progress but instead to maintain and step up investment in education to consolidate gains, bring down barriers to expand access, improve learning and keep children in school for a full cycle. We need breakthrough not breakdown strategies.
The challenges ahead are colossal. Half of primary school-aged children are not enrolled in school while 93% of children at late primary are not proficient in reading. Child marriage continues to put a pall on girls’ education and future, affecting 1 in 3 girls under 18. The COVID-19 pandemic and conflict have placed additional strain on education development with millions of learners affected by the closure of schools and other educational institutions. The number of internally displaced persons is projected to increase, heightening the risk of learning losses among children.
The system remains heavily dependent on external aid that accounts for half the education budget. A withdrawal of aid could lead the system to implode. We cannot let the Afghan people down but there are red lines. Afghanistan has enshrined the right to education for all citizens in the Constitution adopted in 2004 and guarantees 9 years of compulsory education for all girls and boys. It has signed up to international normative instruments relating to education and the rights of women, including the Convention against Discrimination in Education in 2010 and Convention on Discrimination against Women before this, in 2003.
Upholding these commitments to build on the achievements of the past two decades is the starting point. This means respect for girls’ and women’s rights and their full access to education and training opportunities at all levels, including scientific disciplines. It entails curricula that promote non-violence, appreciation for cultural diversity and peace. It means ensuring safe learning environments for all learners and teachers in line with the Safe School Declaration endorsed by the country. Today’s challenges are global and interdependent, and education must reflect this to help youth build resilience and navigate change to benefit their country.
You can’t take away knowledge that’s been acquired but you can keep a whole nation locked in poverty without making education a foundation for the future. The country needs more education for girls and boys to reduce poverty, make a dent into still dramatically high levels of child mortality, malnutrition and stunting. Afghanistan, together with all the world’s nations, adopted ambitious global goals in 2015 for peace, planet and prosperity. They may seem beyond reach, but as the past 20 years have demonstrated, rapid change is possible. It’s happened through political will and international collaboration – and the shared conviction that education holds the power to transform lives and development trajectories. Nearly 65% of the Afghan population is under 25 – this is the country’s richest resource and its future. We need political will and commitment from the new authorities and summon international solidarity to provide children and youth with their fundamental right to learn. Everyone will win if universal education becomes the bedrock of recovery and peace-building that the Afghan people desperately need.
Desde que estaba en la secundaria, Erwin Neher, por pura curiosidad, desarmaba radios y relojes para ver cómo funcionaban sus mecanismos eléctricos.
Luego aprendió que el cuerpo humano también tiene electricidad, un dato que le pareció tan fascinante que lo llevó a estudiar biofísica, una área de la ciencia que se ocupa de los fenómenos eléctricos en los organismos vivos.
A Neher le llamaba la atención que algo como la electricidad, la cual se manipula con cables, transistores y resistencias, también pudiera ocurrir en un cuerpo humano, que está lleno de líquidos y sin ningún metal.
Neher (Alemania, 1944) estudió física en la Universidad Técnica de Múnich, medicina en la Universidad de Göttingen (Alemania) y se especializó en fisiología en la Universidad de Wisconsin-Madison (EE.UU.).
Lo que nació como una inquietud de adolescente, en 1991 lo llevó a ganar el Premio Nobel de Medicina, que recibió junto a su colega Bert Sakmann.
Durante décadas, Neher y Sakmann habían estudiado la manera en que las células intercambian mensajes eléctricos.
De esa manera, lograron desarrollar técnicas para medir las corrientes eléctricas que atraviesan las membranas celulares.
Gracias a ese descubrimiento, se han podido desarrollar una gran cantidad de fármacos, entre ellos algunos para tratar enfermedades como el párkinson, el alzhéimer y la fibrosis quística.
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Pie de foto,
Neher ha dedicado su vida a estudiar las señales eléctricas que circulan entre las células.
Hoy, a sus 77 años, Neher sigue convencido de que la curiosidad fue lo que le permitió alcanzar la mayor distinción en la ciencias, y en sus charlas en escenarios mundiales siempre aconseja a los jóvenes mantenerse curiosos.
Actualmente, Neher es el director del Instituto Max Planck de Química Biofísica en Alemania.
En BBC Mundo conversamos con Neher acerca de la curiosidad y la ciencia.
¿Qué es la curiosidad, una cualidad o un hábito?
Creo que es una cualidad todos tenemos, particularmente los niños. Ellos quieren explorar el mundo, quieren averiguar, ensayar cosas.
Un investigador es alguien que preserva esa curiosidad cuando es adulto. Es alguien cuya mente está cautivada por las ganas de saber, de probar, de entender algo.
¿Cree que a medida que crecemos vamos perdiendo la curiosidad?
Sí, a medida que envejecemos tienden a ponerse en primer plano cosas como mantener a tu familia o tener solvencia económica, cosas como esas.
Cuando envejeces quizás tienes la sensación de que las posibilidades de encontrar algo nuevo o de lograr una experiencia nueva disminuyen, pero como científico siempre estás confrontado por nuevas preguntas, nuevas ideas.
¿Usted tiene un método para mantenerse siempre curioso?
Creo que se trata simplemente de mantenerse intentando cosas nuevas.
En el caso de los niños, se trata de dejarlos hacer cosas por ellos mismos, de que averigüen por ellos mismos las leyes de la física.
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Pie de foto,Para Neher, la clave es no perder la curiosidad que todos tenemos de niños.
¿Cree que los sistemas educativos estimulan la curiosidad?
En la universidad creo que no mucho. Tradicionalmente, la idea es transmitir conocimiento establecido.
Luego, en las prácticas, los estudiantes pueden intentar cosas y encontrar maneras de resolver ciertos problemas.
Más adelante, en los estudios doctorales o en las tesis de maestría, los estudiantes se enfrentan a retos que definitivamente les despiertan la curiosidad.
Un buen número de estudiantes, no todos, desarrollan esta curiosidad, es una buena oportunidad para hacerlo.
¿Y qué se podría hacer para estimular más la curiosidad en las universidades?
Creo que tiene que ver con la forma de enseñar. Es decir, que no sea solo lo que llamamos educación frontal, esa en la que el profesor censura y dice lo que él piensa que es la verdad y los estudiantes tienen que aceptarla.
En cambio, puede ser una educación más interactiva, en la que se hagan preguntas y los estudiantes intenten encontrar sus propias respuestas a ciertos problemas.
Creo que eso es lo principal.
La curiosidad es buen primer paso, pero, ¿cómo llevarla a un nivel que dé frutos?
Como investigador, tienes que encontrar tú mismo cuál es la pregunta que quieres resolver.
Un investigador necesita una curiosidad que lo atrape en una idea en la que prácticamente no pueda dejar de pensar.
Eso es lo más importante, identificar el problema que quieres solucionar y mirarlo desde distintos ángulos.
Luego, haces experimentos de los que se derivan preguntas más específicas.
En el laboratorio puedes responder algunas de estas preguntas, a menudo fallas, el experimento no te dice lo que esperabas, o no te dice nada nuevo.
Eso, por supuesto, es decepcionante, pero si sigues pensando en esas preguntas haces algunos ajustes para arreglar lo que no funcionó y, si tienes suerte, funciona.
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Un investigador necesita una curiosidad que lo atrape en una idea en la que prácticamente no pueda dejar de pensar»
Idealmente, todos quisiéramos ser más curiosos e intentar cosas nuevas, pero a veces la rutina, el tipo de trabajo o las necesidades apremiantes no lo permiten. ¿Qué hacer en ese caso?
Bueno, no tengo esa experiencia porque he sido un investigador toda mi vida.
Pero me imagino que las compañías pueden fomentar una cultura en la que las iniciativas de los empleados sean reconocidas, y que sean recompensados por innovar o implementar mejoras.
Me refiero a cualquier medida que vaya en contra de la rutina, que vaya en contra de que la gente haga lo mismo todo el día.
Usted sostiene que un aspecto clave para el éxito es el buen manejo del tiempo. ¿Cómo maneja su tiempo?
Como investigador, tu trabajo es tu hobby, y tu hobby es tu trabajo.
Eso significa que, aparte de tu trabajo, hay poco tiempo para otras cosas.
Si tienes una familia, un pasatiempo o quieres participar en actividades con tus amigos, tienes que usar el tiempo que te queda de tus labores de investigación de manera efectiva.
Como investigador, por supuesto que quieres tener bastante tiempo para tus experimentos, para lidiar con el problema que quieres resolver.
Pero también te ves forzado a hacer otras cosas, como leer literatura, escribir postulaciones a becas. Tienes que enseñar si estás en la universidad. Hay muchas cosas que se comen tu tiempo.
Tienes que esforzarte para hacer estas cosas de manera eficiente, de manera que puedas separar tiempo para lo que realmente quieres ser.
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Pie de foto,El manejo del tiempo es clave en la carrera de un investigador científico.
Usted es un gran defensor del estudio de las ciencias básicas, cuyo objetivo es producir conocimiento, sin que necesariamente tenga una aplicación específica. ¿Cómo defender esas áreas en un mundo en el que el mercado y la tecnología exigen soluciones prácticas?
Mucha gente cree que uno debe elegir entre investigación básica o investigación aplicada.
Pero no se trata de elegir, es cuestión de encontrar el balance correcto entre ciencias básicas y ciencia aplicada.
La ciencia básica se trata de crear conocimiento nuevo. Si tienes conocimiento nuevo que surgió en tu laboratorio, tienes muchas más posibilidades de encontrarle una aplicación, o lo que la gente llama una innovación.
Usted compara a los científicos con los artistas, ¿a qué se refiere?
Un científico, al menos uno que tenga éxito en ser un investigador líder, es alguien que hace cosas que salen de sí mismo, a diferencia de alguien que está empleado y tiene que hacer lo que el superior o la compañía quiere que haga.
Entonces me refiero a una persona que se dedica a cosas que él mismo ha creado, similar a un artista que sigue sus propias ideas y sentimientos.
¿En esta etapa de su vida qué le causa curiosidad?
Bueno, acabo de cumplir 77 años y creo que es tiempo de concluir, de recolectar las ideas que he tenido en los últimos 20 años y tratar de llegar a conclusiones sobre los problemas en los que he trabajado.
Eso tiene que ver con los mecanismos básicos de comunicación entre las neuronas.
Me parece fascinante cómo trabaja el cerebro, pero no es algo fácil. El trabajo diario en el laboratorio no se enfoca en las grandes ideas acerca del cerebro, si no, muy a menudo, en detalles de los mecanismos de cómo una neurona le envía una señal a otras neuronas.
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Neher está interesado en conocer mejor el funcionamiento del cerebro humano.
En este año que lleva la pandemia de coronavirus, ¿qué reflexiones ha hecho sobre el papel de la ciencia y la medicina en la sociedad?
La pandemia nos dice, una vez más, que la base de nuestra vida es la biología, que estamos sujetos a que ocurran cosas relacionadas con la biología.
La pandemia es un evento biológico, y creo que nos dice que debemos estar preparados.
Debemos investigar más acerca de cómo se esparce la infección, cómo se desarrolla la pandemia.
La pandemia nos muestra, una vez más, lo importante que las ciencia básica es para nuestra vida.
¿Qué consejos le daría a los jóvenes que se quieren dedicar a la investigación científica?
Los jóvenes que se quieran dedicar a la ciencia deben averiguar por sí mismos si tienen la habilidad de sumergirse en un problema, de dejarse cautivar por un problema.
Una vez identifiquen ese problema, como estudiantes debe tratar de ingresar a un laboratorio, en cualquier parte del mundo, donde se esté investigando este problema de la mejor manera posible.
La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados pidió a la comunidad internacional realizar un esfuerzo adicional para garantizar que estos jóvenes puedan acceder a la educación y alertó que “los recientes avances en la matriculación están ahora amenazados”.
La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) alertó este martes que la brecha educativa es crítica entre la población refugiada y adelantó que es posible que dos tercios de sus jóvenes nunca lleguen a recibir educación secundaria.
Datos relevados por Acnur en 40 países indican que la tasa de matriculación en el ciclo 2019-2020 entre refugiados estudiantes de secundaria era del 34%.
Por ello, la Acnur pidió a la comunidad internacional realizar un esfuerzo adicional para garantizar que estos jóvenes puedan acceder no solo a la educación secundaria, sino también a la universitaria, pues los niveles de matriculación “siguen siendo críticamente bajos”.
“Los recientes avances en la matriculación escolar de niños y jóvenes refugiados están ahora amenazados. Enfrentarse a este desafío requiere un esfuerzo masivo y coordinado, y es una tarea que no podemos permitirnos eludir”, dijo el director del Acnur, Filippo Grandi, citado por la agencia de noticias Europa Press.
“La escuela secundaria debe ser una etapa de crecimiento, desarrollo y oportunidades. Aumenta las perspectivas laborales, la salud, la independencia y el liderazgo de los jóvenes vulnerables, y es menos probable que se vean presionados a someterse al trabajo infantil”, explicó la Acnur.
Estas demandas de esta oficina de Naciones Unidas integran su reciente informe sobre educación, “Manteniendo el rumbo: los desafíos que enfrenta la educación de los refugiados”, un documento que relata las historias de algunos de estos jóvenes “que intentan seguir aprendiendo en una era de trastornos sin precedentes causados por la pandemia de Covid-19”.
La Acnur apunta a todos aquellos estados que reciben a un gran número de personas desplazadas para que garanticen el derecho a la educación de todos los menores de edad, sobre todo aquellos en situación de exclusión social y se aseguren de que formen parte del sistema y los planes de estudio nacionales.
Sin embargo, reconoce que los sistemas educativos de todos estos países con mayor número de personas refugiadas necesitan asistencia para desarrollar en mayor medida su sistema educativo, lo que significa más escuelas, materiales de aprendizaje adecuados, inversión en tecnología para acortar la brecha digital y capacitación de sus profesores y profesionales.
“La escuela secundaria debe ser una etapa de crecimiento, desarrollo y oportunidades. Aumenta las perspectivas laborales, la salud, la independencia y el liderazgo de los jóvenes vulnerables”
FILIPPO GRANDI, DIRECTOR DEL ACNUR
La ONU mostró que entre marzo de 2019 y marzo de 2020 la tasa de matriculación en educación primaria entre los menores refugiados es del 68%, mientras que en educación superior creció hasta superar el 5%, dos puntos más que el año anterior.
Aunque se trata de una ligera suba, la Acnur destaca que representa “un cambio transformador para miles de refugiados y sus comunidades”, pues “es un aumento que también ofrece esperanza y aliento a los refugiados más jóvenes que enfrentan enormes desafíos para acceder a la educación”.
La agencia apunta que estas cifras no solo siguen siendo bajas en comparación con las mundiales, sino que tampoco suponen un aumento “importante” en relación a los niveles de educación secundaria.
En caso de seguir así, Naciones Unidas alerta que el objetivo fijado para 2030 de lograr la matriculación en educación secundaria de un 15% entre los jóvenes desplazados “seguirá fuera del alcance”. (Télam)
La nueva ley de convivencia universitaria castiga con una expulsión de hasta tres años al alumno que plagie, falsee documentos, destruya patrimonio o haga novatadas, un régimen disciplinario que será de aplicación para las universidades públicas y privadas.
La nueva ley de convivencia universitaria castiga con una expulsión de hasta tres años al alumno que plagie, falsee documentos, destruya patrimonio o haga novatadas, un régimen disciplinario que será de aplicación para las universidades públicas y privadas.
El anteproyecto de ley aprobado en el Consejo de Ministros para su posterior tramitación parlamentaria deroga el reglamento franquista de 1954 sobre disciplina académica, con lo que esta nueva norma se adecua al «marco constitucional», ha explicado en rueda de prensa la portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez.
Es una norma que «busca sobre todo vías de mediación» en lugar de la sanción para resolver los conflictos, ha subrayado este martes.
El texto incluye como novedad sobre el anterior borrador la inclusión de las universidades privadas, de modo que el nuevo marco legal será de aplicación tanto para las universidades públicas y sus centros adscritos como para las privadas y sus centros adscritos.
Así, todas ellas habrán de desarrollar sus normas de convivencia con base en los principios contenidos en la nueva ley, que coloca a la mediación como vía principal de resolución de conflictos.
El régimen disciplinario solo entrará en juego cuando las partes rechacen acudir a la mediación y cuando la conducta sobre la que verse el expediente sancionador sea por acoso, violencia de género, fraude o destrucción de patrimonio, o cuando las partes no lleguen a un acuerdo.
La ley clasifica tanto las faltas como las sanciones en muy graves, graves y leves.
Entre las primeras están las novatadas o conductas vejatorias, física o psicológicamente, que supongan un grave menoscabo para la dignidad de las personas, acosar o ejercer violencia grave contra cualquier miembro de la comunidad universitaria; acoso sexual; falsificar, sustraer o destruir documentos académicos y usar documentos falsos ante la universidad.
Por último, se consideran faltas leves acceder indebidamente a instalaciones universitarias; utilizar los servicios universitarios incumpliendo los requisitos establecidos de general conocimiento; y realizar actos que deterioren de forma no grave los bienes del patrimonio de la universidad. En estos casos, la sanción consistirá en una amonestación privada. De la norma se ha eliminado, según ha informado el diario ‘El Mundo’ la sanción como falta leve a un alumno que copia en un examen a otro.
Con respecto a la prescripción de las faltas y las sanciones, las faltas muy graves prescribirán a los tres años, las graves a los dos años y las leves a los seis meses. Y las sanciones impuestas por faltas muy graves, por faltas graves y por faltas leves, prescribirán, respectivamente, a los tres años, a los dos años y al año.
Tal y como establece el documento, se atribuye a las universidades públicas la potestad de sancionar disciplinariamente las infracciones del estudiantado que quebranten la convivencia o que impidan el normal desarrollo de las funciones de docencia, investigación y transferencia del conocimiento, sin perjuicio de la responsabilidad de carácter económico o penal que pudiera derivarse de tales infracciones. En este sentido, la persona titular del Rectorado será competente para ejercer la potestad disciplinaria.
La Ley aprobada este 7 de septiembre en Consejo de Ministros no sólo será de aplicación para los estudiantes (como establecía el anteproyecto, medida que generó críticas entre los estudiantes), sino también al Personal Docente e Investigador (PDI) y el Personal de Administración y Servicios (PAS) de las universidades públicas y sus centros públicos adscritos.
Además, lo dispuesto por la Ley será de aplicación a las universidades públicas del sistema universitario español (y los centros públicos adscritos), pero también a las privadas y sus centros privados adscritos. En su caso, tendrán que desarrollar sus Normas de Convivencia con base en los principios contenidos en la Ley.
Estas Normas de Convivencia deberán garantizar el respeto a la diversidad y la tolerancia, la igualdad y la inclusión de los colectivos vulnerables; la libertad de expresión; el derecho de reunión y asociación; la libertad de enseñanza y la libertad de cátedra; la eliminación de toda forma de violencia, discriminación y/o acoso; la transparencia en el desarrollo de la actividad académica; o la utilización y conservación de los bienes y recursos de la universidad de acuerdo con su función de servicio público, entre otros.
Las universidades, tanto públicas como privadas, incluirán en dichas Normas medidas de prevención y respuesta frente a los casos de violencia, discriminación, y/o acoso, que serán de aplicación al estudiantado, al PDI y PAS
Las aulas de clases volvieron a ser divididas entre mujeres y hombres.
La situación en Afganistán se empieza a ordenar bajo las normas de los Talibán. La academia empieza a mostrar sus primeros cambios en medio de la propuesta educativa del grupo al mando. Se trata de las mujeres que aunque no han sido obligadas a dejar los estudios, se dividió el aula de clase entre hombres y mujeres.
La situación se hizo viral en redes sociales, que por medio de fotografías, dan cuenta de lo que ocurre en el país, incluso tras la retirada de Estados Unidos. De esta forma, entre las nuevas normas se encuentra la separación de los estudiantes universitarios entre hombres y mujeres.
Entre tanto, El Ministerio de Educación Superior de Afganistán, dirigido por los Talibán, aprobó la propuesta que dicta las medidas que deberán cumplir los estudiantes para el nuevo semestre que comienza el lunes. Entre las normas se encuentra:
Todas las estudiantes, profesoras y empleadas deben llevar el hiyab, según como dicta la Sharía
Las mujeres y hombres deben entrar en la universidad por entradas separadas.
Las clases mixtas solo se permiten cuando el número de alumnas es inferior a 15
El aula debe estar dividida por una cortina
Las nuevas clases en las universidades privadas deben estar separadas para hombres y mujeres, indica la propuesta.
Según la propuesta, “todas las universidades están obligadas a designar una zona separada para que las estudiantes realicen sus oraciones“.
La reportera keniana se involucra en sus historias hasta el punto de que ha fundado una librería para resolver la escasez de libros en escuelas de Nairobi y fabrica y reparte jabón para combatir la covid-19
Eriss Khajira, una periodista keniana que se dedica a documentar historias de las comunidades marginales, espera desempeñar un papel a favor del cambio social. Cada vez que escribe un artículo, las personas que entrevista le preguntan si el publicarlo solucionará sus problemas o provocará un cambio. Khajira, que nació en uno de esos barrios, entiende sus preocupaciones. “Nací en el suburbio de Dandora. A pocos metros del vertedero del mismo nombre siempre hay miles de personas rebuscando entre la basura de los habitantes de Nairobi. Entiendo lo difícil que es vivir en un barrio marginal. Sé lo que significa elegir entre comida o alquiler, o no tener nunca lo necesario; entiendo la frustración de contar tus problemas a los periodistas y que no te ofrezcan soluciones”, afirma.
Por eso, junto con otras siete personas fundó en 2019 la biblioteca del Centro Big5 en el barrio de Komarock, en Nairobi. El establecimiento dispone de los materiales de estudio correspondientes al plan de estudios de primaria y secundaria que se utilizan en las escuelas públicas. “He escrito reportajes sobre educación, y un problema común de los barrios marginales es la falta de recursos, como libros de texto. Muchos niños de los suburbios no tienen, y eso limita su rendimiento académico. Van de casa en casa buscándolos para hacer los deberes, lo cual hace que pierdan mucho tiempo”, lamenta la periodista.
Hasta enero de 2021, los alumnos de diferentes colegios acudían a la biblioteca del Centro Big5 a hacer los deberes. También adelantaban las lecciones que luego impartiría el profesor para entender mejor y sacar buenas notas.
Un alumno de secundaria estudia en la biblioteca que ha instalado el Centro Big5 en el suburbio Komarock.RAHAB GAKURU
Khajira explica que se dio cuenta de que la biblioteca estaba demasiado lejos de sus posibles usuarios. La mayoría de los estudiantes caminaba desde otro Estado para acceder a ella. Según la reportera, “la covid-19 nos recordó que necesitábamos un espacio mayor. En 2020 no pudimos abrirla porque era imposible mantener la distancia social. Por eso empezamos a buscar un lugar más amplio y seguro para instalarnos, ya fuese en Kayole, en el suburbio de Soweto, o en la barriada de Umama, en Kamarock”.
El Centro Big5 quería reproducir la idea de uno de sus patrocinadores, My Book Buddy, cuyo objetivo es crear en los colegios bibliotecas especiales para niños desfavorecidos. Khajira recuerda la llamada de Ken Situma, fundador del Centro Educativo Sadedi, en el suburbio de Kayole, para pedirle donaciones de libros. “Fue de lo más oportuna. Habíamos encontrado el local perfecto, más cerca de una de las comunidades que más la necesitaba”.
Situma dice que se enteró de la existencia del Center Big5 por algunos de sus estudiantes. “Nuestro mayor problema es que, cuando un profesor utilizaba un libro de texto para preparar las clases, significaba que un alumno se quedaba sin él para estudiar, así que cuando oí hablar de una biblioteca comunitaria a la que iban para hacer los deberes, me pareció interesante. Me puse en contacto para ver si podían reservar algunos ejemplares para nosotros. Nuestro centro ya está en desventaja comparado con los colegios públicos o los lujosos privados, pero ahora tenemos una cosa menos de la que preocuparnos”.
La Educación, un derecho de unos pocos
La Constitución de Kenia de 2010 reconoce la Educación como un derecho humano básico. En 2012, alrededor del 63% de los niños de dos barrios marginales de Nairobi estaban matriculados en colegios privados económicos de primaria. Se encuentran sobre todo en entornos de bajos recursos y en ellos se ofrece el plan de estudios oficial. En su mayoría no están registrados en el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, y carecen de las infraestructuras básicas que caracterizan a las escuelas públicas o privadas.
El Centro de Educación Sadedi, que empezó a funcionar en 2017, tiene 76 matriculados. “Cada lunes, de cuatro a cuatro y media, tenemos una sesión de lectura. Animamos a los estudiantes a que lean cualquier libro para promover la lectura porque no queremos que se limiten a leer para aprobar los exámenes, sino que lean para adquirir conocimientos sobre el mundo”.
Situma añade que también animan a los de las escuelas vecinas a que vayan una hora a la biblioteca al acabar el colegio, además de los sábados. “La nuestra es comunitaria. De todas maneras, estamos consultando si podemos cobrar 10 chelines (siete céntimos de euro) por cada alumno de otro centro para ayudar a mantenerla”.
Una biblioteca móvil creada por el Centro Big5 con la colaboración de My Book Buddy.RAHAB GAKURU
En el futuro, Situma espera que el Centro Big5 pueda proporcionarles más libros donados por simpatizantes del proyecto para abastecer de suficientes fondos a la primera biblioteca, así como para encontrar y dotar de otras nuevas a Kayole. En marzo se creó una más en el colegio The Keen Primary de Komarock. Moses cuenta que oyó hablar a sus alumnos del Centro Big5. “Nunca le presté mucha atención hasta que mi amigo Situma, de Centro Educativo Sadedi, me invitó a la presentación. Hablé con Khajira sobre cómo proporcionarnos un servicio parecido, y lo hizo”.
El Keen Primary empezó ofreciendo clases de refuerzo a 12 alumnos durante las vacaciones. Sin embargo, en 2008 se registró oficialmente como colegio. Hoy en día tiene 250 alumnos. “Debido a que somos asequibles, tenemos problemas de espacio, infraestructuras, maestros y materiales. El nuevo plan de estudios introducido por el Gobierno en 2018 supuso gastos adicionales para la compra de libros de texto”.
Según Moses, la biblioteca instalada en su escuela resuelve en parte sus dificultades para comprar nuevos ejemplares. “Siguen siendo insuficientes porque tenemos más o menos un ejemplar de cada asignatura por cada 15 alumnos”. El director agradece que Khajira intente impulsar la lectura en las comunidades marginales ofreciendo un recurso clave. Khajira señala que incluso si los padres pueden permitirse comprar los libros de texto, el alumno puede seguir necesitando una zona acogedora donde estudiar, porque las casas de los suburbios son pequeñas y a veces no tienen electricidad.
Agua y jabón para espantar la covid-19 de los suburbios
El Centro Big5 también ha estado apoyando a las comunidades marginales desde que el Gobierno anunció los primeros casos de covid-19. Armada con una cámara, Khajira visitó el suburbio de Umama, en Komarock, una barriada bastante reciente formada por unos 400 hogares. Lucy, dueña de un de sus comercios, explicaba sus temores y sus esperanzas. “Actualmente no tenemos agua. Un bidón de 20 litros cuesta 20 chelines (14 céntimos de euro) si vas a buscarlo a los vendedores, que tienen un pozo, pero si te lo traen a casa los carreteros, pagas 50 chelines (0,38 euros) por lo mismo. Ahora el Gobierno me exige que compre agua y jabón para los clientes. Creo que en esta comunidad nadie va a dedicar ese dinero a comprar agua para lavarse las manos”, zanja.
El Centro Big5 distribuye agua en el suburbio de Kayole.CENTRO BIG5
Durante su visita, Khajira observó que varios hogares se enfrentaban a los mismos problemas que Lucy, pues es difícil mantener la distancia social entre las familias de más cinco miembros que están compartiendo la misma habitación. “El abastecimiento de agua en estos barrios no es estable. Puede que tengan suministro una vez a la semana, pero también pueden pasar dos sin que les llegue nada. Tienen que decidir si comprarla para su higiene o para usos domésticos como beber, cocinar y hacer la colada. Ninguna de las personas con las que hablé daba prioridad a la compra de jabón y agua para lavarse las manos a menudo sobre la de otros artículos”, añade.
Tras haber documentado varias historias, Khajira decidió ofrecer un pequeño apoyo a esta comunidad a través del Centro Big5 en asociación con The Healthy Teeth Foundation [Fundación para la Salud Dental]. “Cuando era joven, mi madre y yo solíamos hacer jabón líquido, así que pensé que, si lo hacía y lo distribuía, la gente tendría una preocupación menos”.
Además de con una biblioteca, el Centro Big5 ha estado en primera línea apoyando a las comunidades marginales desde que el Gobierno anunció los primeros casos de covid-19
El Centro Big5 empezó haciendo jabón y distribuyéndolo gratis en los suburbios de Umama, Kayole, Soweto y Mukuru. Sus colaboradores se dirigían a los comercios locales, a las madres y a las tiendas de frutas y verduras. La reportera cuenta que cada vez que iba a verlos, le pedían agua y mascarillas. “Adaptamos bidones para que sirvieran de puesto de lavado y los instalamos en lugares públicos con mucho movimiento. También empezamos a suministrar agua con un camión cisterna. Cada semana pasamos por el puesto de lavado para reponer el jabón y el agua, que repartimos entre los puntos que instalamos y las familias necesitadas”, explica.
El Centro Big5 también vendía parte del jabón líquido para ayudar a mantener el proyecto y distribuía mascarillas gratis. Durante su visita, sus miembros explicaban a los habitantes del barrio la importancia de asegurarse de que la covid-19 no entrara en la comunidad. “Temíamos que, si un habitante se contagiaba, la densidad de población intensificase la propagación. Por eso no parábamos de explicarles la importancia de mantener la distancia y lavarse las manos todas las veces que pudieran”, recuerda la reportera.
Algunos sueños se han hecho realidad. Mi dolorosa historia me ofreció la oportunidad soñada de convertirme en cineasta
ERISS KHAJIRA
El Centro Big5 tiene muy pocos recursos, y solo puede ayudar a unas 100 familias. Para hacerlo sostenible, empezó a enseñar a grupos a hacer jabón que luego venden en los barrios porque tiene muchos usos y es más barato que el que se usa en pastillas. “Hemos enseñado a las Kayole Starlets, que están en la primera división femenina de fútbol, a hacer jabón líquido. De momento, los partidos se han suspendido, y ellas necesitan ganar dinero de otra manera”, explica Khajira.
El Centro Big5 cuenta con el apoyo de My Book Buddy, Booksteps, Sams Foundation y Yoga Heart Kenia. Khajira concluye diciendo que es importante que se cuenten las historias de las comunidades marginales, aunque sean desagradables. “A partir de esas historias, algunos sueños se han hecho realidad, y el talento y las innovaciones únicas encuentran una plataforma para crecer. Mi dolorosa historia me ofreció la oportunidad soñada de convertirme en cineasta”.
En 2014, Khajira estrenó su primera película, Dusty Bin Dreams, que la devuelve a su hogar en el mayor basurero de África oriental, el vertedero de Dandora. En medio de todas las dificultades de los suburbios, la directora centra su mensaje en la desesperación y la traición, pero también en la esperanza, la amistad y los sueños de sus amigos de esos barrios marginales.
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