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Chile: Kast manda a reprimir a manifestantes que protestan contra su ajuste en Educación

Matones del Cuerpo de Carabineros reprimieron este miércoles a manifestantes que participaban de una movilización masiva convocada por la Confederación de Estudiantes de Chile (Confech) y el Colegio de Profesores contra la reforma que promueve el presidente, José Antonio Kast, que contempla recortes presupuestarios en salud y educación, una reducción de impuestos a los sectores ricos y otras medidas contra el medioambiente y los derechos de las comunidades originarias.

La imagen de la estudiante de derecho terriblemente golpeada, y que posteriormente tuvo que ser operada con anestesia total, se hizo viral y obligó al régimen a salir a defender a los represores. La estudiante mostraba claramente un pase como observadora.

Los estudiantes se movilizaron por el recorte de 197,7 mil millones de pesos chilenos, lo que equivale aproximadamente a US$221 millones, mayoritariamente en Educación Superior.

Carabineros empleó carros lanza aguas, bastonazos y gases lacrimógenos contra transeúntes y manifestantes que se movilizaban de manera pacífica en Alameda Ahumada. Además, utilizó perros sin bozal para amedrentar a los jóvenes, reportó Prensa Latina.

Se informó de al menos cuarenta detenciones. Los manifestantes se movilizaban bajo la consigna “La educación defiende las calles”.

​La marcha de este miércoles se desarrollaba en medio de fuertes tensiones debido a las restricciones en el diagrama de la marcha impuestas por el aparato estatal.

La Confech denunció que la Delegación Presidencial Metropolitana modificó de manera arbitraria el recorrido originalmente solicitado.

Esta es la primera gran convocatoria estudiantil masiva desde la instalación del Gobierno de Kast, y cuenta con el respaldo activo del gremio docente, consolidando un frente de rechazo contra las políticas de recortes presupuestarios en derechos sociales y las medidas económicas impulsadas por el Ejecutivo.

Según denunciaron las organizaciones, estas políticas benefician directamente a los grandes grupos empresariales mientras afectan los servicios estatales básicos de las familias trabajadoras.

Las comunidades educativas manifestaron su oposición al proyecto de ley “Escuelas Protegidas”, recientemente despachado por el Congreso -que permitirá revisar las mochilas a la entrada, la presencia de policías en el interior de las escuelas y otras medidas represivas-, al denunciar que dicha normativa implementa medidas punitivas y de castigo.

Chile. Kast manda a reprimir a manifestantes que protestan contra su ajuste en Educación

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A 11 años de Ni Una Menos, la marea feminista que convirtió el dolor en una fuerza política continental

Por Alejandra Rizzo*

El 3 de junio de 2015 una multitud desbordó las plazas argentinas bajo una consigna que nació en las redes sociales y se volvió un grito colectivo: “Ni Una Menos, vivas nos queremos”. Aquella movilización, convocada luego de cuantiosos femicidios que conmocionaron al país, marcó un punto de inflexión en la historia política y social de Argentina y de América Latina. A once años de la primera movilización de Ni Una Menos, las cifras siguen evidenciando la persistencia de las violencias por motivos de género. Según el Observatorio de las Violencias de Género “Ahora Que Sí Nos Ven”, entre el 3 de junio de 2015 y el 24 de mayo de 2026 se registraron al menos 3.205 víctimas letales de violencia de género en Argentina. En estos once años ocurrió, en promedio, un femicidio cada 31 horas, una realidad que da cuenta de la vigencia de una lucha que transformó para siempre la agenda política y social del país.

El reciente femicidio de Agostina, en la provincia de Córdoba, irrumpe como un recordatorio brutal de la vigencia de las demandas que dieron origen a Ni Una Menos. En un contexto de retroceso de políticas públicas destinadas a prevenir y erradicar las violencias de género, y de discursos que buscan relativizar las desigualdades estructurales que atraviesan a mujeres y diversidades, su asesinato vuelve a interpelar a toda la sociedad. Once años después de aquella movilización histórica, la pregunta sigue siendo la misma: ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo las mujeres seguirán siendo asesinadas por el solo hecho de ser mujeres? El nombre de Agostina se suma a una larga lista de vidas arrebatadas por la violencia patriarcal y a una memoria colectiva que el movimiento feminista transformó en organización, lucha y exigencia permanente de justicia. Su historia reafirma que Ni Una Menos sigue siendo una urgencia política y social de nuestro presente.

El 3J no fue solamente una movilización multitudinaria o un fenómeno viral, la marea feminista logró instalar en el centro de la discusión pública problemáticas históricamente invisibilizadas y construir una nueva gramática política para pensar la violencia, los cuidados, las desigualdades y las condiciones materiales de la vida. Once años después, su potencia sigue vigente no sólo en las calles, sino también en la memoria colectiva de una generación que entendió que lo personal también es político y que la organización popular podía transformar el miedo y la bronca en una fuerza capaz de disputar el sentido del sistema, y que la heterogeneidad puede organizarse en torno a un enemigo común, el capitalismo patriarcal.

La magnitud de aquella convocatoria no puede comprenderse sin el papel central que tuvieron las redes sociales. Facebook, Twitter y otras plataformas digitales funcionaron como espacios de encuentro, difusión y planificación que permitieron amplificar rápidamente el reclamo y conectar experiencias atravesadas por una misma violencia sistemática. En muy pocos días, y disputando el territorio virtual, una consigna impulsada inicialmente por periodistas, escritoras, artistas y activistas feministas se volvió un fenómeno social de calle. Según relevamientos de aquel momento, más del 60% de quienes participaron de la movilización se enteraron de la convocatoria a través de redes sociales, mostrando cómo la disputa del territorio virtual se convirtió en una herramienta decisiva para producir poder y disputar sentidos en el espacio público.

De Ciudad Juárez a Buenos Aires, los antecedentes de una consigna

La consigna “Ni Una Menos” tiene una genealogía latinoamericana. Fue inspirada en la frase “Ni una menos, ni una muerte más”, utilizada por la poeta y activista mexicana Susana Chávez Castillo para denunciar los feminicidios en Ciudad Juárez. Chávez fue asesinada en 2011.

En Argentina, el proceso comenzó a consolidarse en marzo de 2015, tras el asesinato de Daiana García. Periodistas, escritoras y activistas organizaron una maratón de lectura en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires para visibilizar la violencia patriarcal. Entre las organizadoras estaba Vanina Escales, quien propuso utilizar el nombre “Ni Una Menos” para la convocatoria.

Ese mismo año, otros casos de femicidio atravesaron al país, como los casos de Melina Romero que apareció asesinada tras haber desaparecido luego de festejar su cumpleaños, el de Katherine Moscoso que fue enterrada viva en un médano, y en mayo el caso de Chiara Páez, asesinada a golpes a los 14 años, el cual terminó de detonar la indignación social.

La periodista Marcela Ojeda escribió entonces en Twitter: “Actrices, políticas, artistas, empresarias, referentes sociales… mujeres, todas, ¿no vamos a levantar la voz? NOS ESTÁN MATANDO”. Ese tuit funcionó como disparador de una articulación profunda entre periodistas, escritoras, activistas y usuarias de redes sociales.

Cuando las redes hicieron posible la masividad

Ni Una Menos nació primero como un poema y luego como un hashtag, antes que como organización formal. Las plataformas digitales permitieron transformar experiencias individuales de violencia en una narrativa colectiva capaz de construir legitimidad política y movilización territorial, como herramientas de realización del poder popular.

El territorio virtual funcionó, y funciona, como una herramienta donde el feminismo y el transfeminismo global se encuentran, planifican y difunden consignas y actividades para luego ser realizadas en las calles de cada provincia, estado, ciudad o municipio. Twitter y Facebook funcionaron como aquella infraestructura organizativa, donde se compartieron convocatorias, materiales gráficos, testimonios y consignas.

Durante el 3 de junio de 2015 el hashtag #NiUnaMenos fue mencionado más de 516 mil veces. Según L’Internationale, el fenómeno se define como una experiencia de “tecnopolítica feminista, capaz de producir comunidad, identidad afectiva y presión pública sostenida’’.

El movimiento también desarrolló consignas virtuales propias: hashtags como #VivasNosQueremos, #NosMueveElDeseo y #ParoDeMujeres, transmisiones en vivo, coberturas colaborativas; ilustraciones feministas y el pañuelo verde se convirtieron en símbolos de un movimiento feminista que comenzaba a fortalecer su legitimidad.

La potencia de esa articulación virtual permitió sostener la continuidad organizativa entre movilizaciones, internacionalizar las consignas y universalizar las luchas, las cuales incorporaron demandas vinculadas al reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados, la feminización de la pobreza, la brecha salarial, la precarización laboral y el endeudamiento, además de denunciar la violencia institucional, la criminalización de la protesta social y el vaciamiento de políticas públicas.

La masividad de Ni Una Menos también permitió construir una genealogía política que enlazó al movimiento con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, los Encuentros Nacionales de Mujeres y las luchas LGBTIQ+, sindicales, indígenas, migrantes y piqueteras.

Una región atravesada por la violencia machista

La experiencia argentina se expandió rápidamente por América Latina y Europa. Chile, Bolivia, Perú, Uruguay, México, Colombia, Ecuador, Guatemala y El Salvador replicaron movilizaciones, articulaciones feministas y estrategias de ciberactivismo.

En Perú, la movilización de agosto de 2016 fue considerada la protesta más grande de la historia del país. En México, la consigna retomó la lucha de Susana Chávez y denunció los femicidios sistemáticos y la impunidad estatal. En Italia, el movimiento transfeminista Non Una Di Meno se convirtió en una de las expresiones feministas más importantes de Europa y en Estados Unidos y Francia impulsó los movimientos como el #MeToo.

La lucha continúa. América Latina continúa siendo una de las regiones más peligrosas para las mujeres y diversidades. Según el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL, al menos 19.254 feminicidios fueron registrados en América Latina y el Caribe en los últimos cinco años. Entre seis y ocho de cada diez mujeres de la región atravesaron algún episodio de violencia física, sexual, económica o psicológica a lo largo de sus vidas.

La violencia se profundiza en contextos de pobreza, ruralidad y discriminación étnica. Las mujeres indígenas, afrodescendientes y campesinas enfrentan mayores obstáculos para denunciar y acceder a protección estatal. A nivel global, ONU Mujeres advierte que menos del 40% de las víctimas busca ayuda institucional y que menos del 10% recurre a la policía. Solo el 55% de los países penaliza integralmente la violencia doméstica y más del 60% carece de leyes de violación basadas en el consentimiento.

La violencia digital también se convirtió en una dimensión central del problema. El auge de discursos misóginos en redes sociales y comunidades virtuales, como la llamada “manósfera”, amplifica el acoso y las amenazas contra mujeres periodistas, activistas y dirigentes políticas.

En Argentina, los datos económicos muestran cómo las desigualdades de género siguen estructurando el acceso al trabajo y a los ingresos. Según datos de CEPA y relevamientos publicados en 2026, las mujeres representan el 64,2% del sector con menores ingresos. La brecha salarial ronda el 27% y alcanza el 40% entre trabajadoras informales. La tasa de actividad femenina es del 52,6%, muy por debajo del 70,1% registrado entre los varones.

La informalidad también golpea más fuerte a las mujeres: el 38% trabaja en condiciones precarias. Además, destinan en promedio tres horas más por día al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado. Los sectores más feminizados son, a su vez, los peores remunerados: el 98,8% del trabajo doméstico registrado es realizado por mujeres.

En un escenario atravesado por el ajuste, el avance de discursos antifeministas y el debilitamiento de políticas públicas destinadas a garantizar derechos, el 3 de junio vuelve a funcionar como una fecha de memoria, protesta y articulación política continental.

El movimiento continúa recordando que la lucha por una vida libre de violencias está inseparablemente ligada a la disputa por condiciones materiales dignas para vivir. Por eso, cada 3 de junio no solo se exige justicia para quienes ya no están también se reafirma la necesidad de construir sociedades más humanas, democráticas y solidarias. Porque si algo nos deja la lucha feminista es la certeza de que frente al miedo, la indiferencia y la violencia de este sistema capitalista y patriarcal, la organización popular sigue siendo una de las herramientas más poderosas para imaginar y construir otros futuros posibles.

Porque, once años después, la consigna sigue condensando una urgencia que atraviesa fronteras: ni una menos, vivas y libres nos queremos.

*Alejandra Rizzo, militante feminista argentina e integrante de la Colectiva Aquelarre Feminista en la provincia de San Luis, Argentina. Analista de NODAL

A 11 años de Ni Una Menos, la marea feminista que convirtió el dolor en una fuerza política continental – Por Alejandra Rizzo

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África: Las guerras y muertes olvidadas

Por: Fernando Ayala

El continente africano con sus 1.550 millones de habitantes repartidos en 54 estados soberanos más la República Saharaui que busca su independencia, se extiende en una superficie de 30.3 millones de kilómetros cuadrados y es considerado por los organismos financieros internacionales (Fondo Monetario Internacional y Banco Mundial) como el más pobre del planeta.

Cinco países ocupan los peores indicadores de ingreso y desarrollo humano: Burundi, Sudán del Sur, la República Centroafricana, Malawi y Mozambique. Trabajadores en una mina de Sudáfrica. África es una tierra de enormes riquezas naturales cuya historia reciente sigue marcada por la explotación, los conflictos y las profundas desigualdades sociales

Es la paradoja del continente más rico en recursos naturales, donde hay desde oro, diamantes, petróleo, cobre y todo tipo de minerales estratégicos como tierras raras, cobalto y uranio, entre otros muchos. Ha sido víctima de la depredación de sus recursos humanos y naturales durante siglos, especialmente por parte de las potencias europeas que lo esclavizaron, lo dividieron y lo han explotado. Hoy se libran guerras en Sudán, el Congo, en el Sahel, Somalia, Mozambique, Nigeria y Libia, que en su mayoría son conflictos civiles entre grupos étnicos en algunos casos, religiosos en otros, o luchas de poder por el control de territorios y recursos.

Se estima que las víctimas fatales desde 2020 a la fecha se acercan al medio millón de personas, ya sea por combates, hambrunas, asesinatos masivos o actos de terrorismo.

En la llamada “Era de los descubrimientos”, iniciada en el siglo XV con la llegada de los primeros portugueses a las costas africanas, marcó trágicamente el destino del continente. A partir de la instalación de las primeras colonias en las islas de Madeira, Cabo Verde y la costa atlántica, se dio el inicio al comercio del oro, marfil, azúcar hasta el más rentable de todos: la caza y venta de seres humanos. Portugal abrió las rutas marítimas para el transporte de esclavos y puso las bases para los imperios coloniales que ahí se desarrollaron. Se estima que los navíos portugueses transportaron casi cinco millones de esclavos a Brasil y otros lugares.

Rápidamente el negocio se extendió a Inglaterra que llevó algo más de tres millones a Estados Unidos y el Caribe; España lo sigue en esta estadística macabra con el transporte de alrededor de 1.5 millones de esclavos a Sudamérica, Cuba y otros lugares. Francia registró 1.2 millones llevados a Haití y otras islas, tal como lo hicieron los comerciantes holandeses. La mayor parte del comercio de seres humanos se efectuaba en barcos ingleses, especialmente a partir del siglo XVII, cuando la flota británica controlaba los océanos.

Las consecuencias de la esclavitud y la explotación de los recursos naturales africanos por parte de las potencias coloniales dejaron una huella profunda. Culturas y lenguas divididas por el poder colonialista ávido de sus riquezas, donde el ser humano era una variable exclusivamente comercial, una mercancía. Así, durante la Gran Guerra y la Segunda Guerra Mundial, miles y miles de africanos vistieron los uniformes de las potencias coloniales y muchos fueron a morir en territorio europeo no sabiendo bien porqué peleaban. Hoy, en los conflictos civiles que desangran al continente no es ajena la mano de las antiguas y nuevas potencias neocoloniales.

La venta de armas, el adiestramiento militar y los intereses geopolíticos están presente en prácticamente todos ellos. En Sudán, el conflicto lleva ya tres años disputándose el poder para controlar la economía y las riquezas naturales en un país donde abunda el oro y el petróleo. Una situación similar ocurre en el Congo donde se enfrentan desde hace cuatro años facciones rivales para controlar las riquezas en un país rico en oro, cobalto, otros minerales y las maderas de la selva tropical, explotada por compañías europeas. Las raíces aquí son más profundas por los intereses neocoloniales vigentes.

El Congo obtuvo su independencia de Bélgica en 1960, donde Patrice Lumumba, un líder nacionalista, ganó las elecciones y fue nombrado primer ministro para luego de tres meses ser arrestado, torturado y asesinado en una operación coordinada por el gobierno belga y la CIA por representar una amenaza al pretender tomar el control de sus recursos naturales. Hoy están presentes los intereses extranjeros, las rivalidades étnicas y la lucha por el poder.La región del Sahel que abarca 10 países tiene a tres: Mali, Níger y Burkina Faso, en conflicto desde 2012 por una multiplicidad de factores donde la presencia yihadista es uno de ellos y el uranio, litio y oro, otro. A estos conflictos se suman los desplazamientos humanos forzados por la violencia y también por la sequía, el cambio climático y la hambruna. En Nigeria, el país más poblado de áfrica y multiétnico, fuerzas de Estados Unidos bombardearon hace unos meses en el noroeste, a bases del estado islámico del ISIS que se han asentado en esa región. Las luchas multiétnicas y el terrorismo han profundizado las diferencias entre cristianos y musulmanes dejando más de 50 mil muertos en los últimos 15 años.

El mundo real es brutal para entregar informaciones. Se calcula que las noticias sobre los conflictos en África no llegan al 5% de la prensa mundial, comparado con casi el 80% destinado a la guerra de Estados Unidos con Irán, la de Rusia con Ucrania y la de Israel contra el pueblo palestino y el Líbano. Así las cosas, es muy difícil que la realidad africana vaya a a cambiar en el corto ni mediano plazo. Las proyecciones de crecimiento demográfico de Naciones Unidas estiman que para el año 2050 la población africana pasará de 1.550 millones de hoy a 2.500 millones de habitantes.

Si la crisis climática, alimenticia y conflictos armados se mantienen o acentúan, la única alternativa que les queda para comer y salvar sus vidas, al igual que lo hicieron hace más de dos millones de años los primeros seres humanos que se pusieron en pie en ese continente, es caminar. ¿Hacia dónde? Hacia Europa, que es lo más cercano y en gran parte responsable del estado actual.

El proceso de descolonización de los años 60 del siglo pasado, no fueron acompañados de una suerte de Plan Marshall, que hubiese contribuido a generar estructuras sólidas, a fortalecer los estados y desarrollar instituciones que hubiesen permitido la utilización racional de sus riquezas. Por el contrario, la explotación de sus recursos se mantuvo bajo otras formas y nadie hoy se siente responsable ni existe un plan para efectuar un cambio real de la situación que sería -como todos los saben- el principal freno a la inmigración.

Las agencias de Naciones Unidas efectúan una labor esencialmente paliativa, acuden a las emergencias, pero ello no basta, solo alivia momentos críticos. Finalmente, un indicador que refleja la dramática realidad: la mortalidad infantil hasta los cinco años alcanza hoy en la Unión Europea a 4 niños por cada mil de nacidos vivos. En África, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, para 2025, por cada mil fueron 71,6 los que murieron antes de los cinco años, mayoritariamente en el primer mes de vida, representando el 58% de la mortalidad infantil a nivel mundial, es decir algo más de 2.8 millones de niños.

Fernando Ayala, embajador, economista de la Universidad de Zagreb, Croacia, y Máster en Ciencia Política de la Universidad Católica de Chile. Ex Subdirector de asuntos estratégicos de la Universidad de Chile y ex Subsecretario de Defensa..

Fuente: https://estrategia.la/2026/06/04/africa-las-guerras-y-muertes-olvidadas/

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La porfiada defensa de la vida en tiempos oscuros

Por Eduardo Gudynas

El Día Mundial del Ambiente, el 5 de junio, debería ser una celebración de la vida. Un encuentro con todas sus expresiones: la belleza de los paisajes, la variedad de animales y plantas que albergan las selvas, las llanuras y los mares, cada uno de ellos con sus peculiares modos de existencia. Es encontrarse con todas esas vidas porque de ellas también dependen las nuestras propias como humanos.

Sin embargo, el Día Mundial del Ambiente de 2026 es particularmente difícil. Se siguen talando las selvas, el cambio climático no se detiene, los mineros taladran y los petroleros perforan. Una vez más, como viene sucediendo año a año, la problemática ecológica se agrava, en unos asuntos a un ritmo acelerado, como ocurre con la pérdida de biodiversidad, y en otros más pausadamente, como son las alteraciones en ciclos biogeoquímicos. Pero nada se detiene. Las medidas para evitar esos problemas siguen siendo inefectivas, y apenas se logran algunos éxitos puntuales, como crear una nueva área protegida o controlar algún agroquímico que dadas esas circunstancias se celebran como enormes victorias.

Teorías y prácticas entrampadas

El balance de lo que podría resumirse como la teoría y la práctica, que mutuamente se potencian, no es auspicioso. De un lado la información, los argumentos y los debates progresan a tropezones. Del otro lado las acciones que realmente se implementan están muy lejos de las medidas que son necesarias.

En el primer ámbito, todos los años deben repetirse las evidencias de los problemas ambientales, tanto los que se sufren dentro de cada país como los que padece la biósfera. Se vuelven a publicar indicadores tales como las hectáreas de bosques talados o el número de especies amenazadas. Cada 5 de junio es necesario defender la relación entre emisiones de gases invernadero y el cambio climático, ante la avalancha de negacionistas. Ante medios de prensa convencionales, refractarios a estos temas, es comprensible que se disfrute que, al menos en el Día Mundial del Ambiente, se pueda hablar de la debacle ecológica. Pero, al mismo tiempo, es como si nada se aprendiera de año en año, lo que obliga a repetir las evidencias.

También debe reconocerse que hay disputas conceptuales que no se han saldado, y que eso, en parte, contribuye a los estancamientos. La más evidente se observa en la academia, y junto a ella en organizaciones ciudadanas y gobiernos, donde muchos creen que incluyendo los recursos naturales como mercancías dentro de los mercados, surgirían milagrosamente bienes y servicios ambientales que resolverían esta problemática. Son reflexiones que pueden ser valiosas como exploración de ideas, que sin duda nutren los papers en los journals, pero han sido inefectivas en impedir el colapso ambiental. Lo son precisamente porque la mercantilización de la naturaleza es una de las causas básicas de los problemas actuales, y no una solución.

También se enfrentan dificultades en los vínculos entre las teorías y las prácticas. El mejor ejemplo es que aun reconociéndose que deben detenerse las emisiones de gases invernadero, la mayor parte de las propuestas de cambio que emplean la etiqueta de “transiciones” quedan empantanadas en no terminar de romper con el carbón o los hidrocarburos, o en promover nuevos extractivismos que necesitan del litio para el mundo eléctrico que imaginan.

Otro ejemplo lo ilustra la reciente conferencia internacional sobre la transición para dejar los combustibles fósiles, convocada por los gobiernos de Colombia y Países Bajos, que se reunió en la ciudad de Santa Marta. Sin duda fue muy bueno que la administración de Gustavo Petro lo hubiese logrado. Pero si somos sinceros, y aunque sea doloroso indicarlo, no se consiguieron resultados concretos y solo se puede celebrar que algunos gobiernos testarudos aceptaran, por fin, al menos hablar en público sobre la posibilidad de abandonar sus adicciones al petróleo y el carbón, lo que se les reclama desde hace casi treinta años.

En el campo de la práctica, las medidas concretas son limitadas, indefinidas o ineficientes. En todos los países persisten vacíos normativos y frecuentemente los incumplimientos, desde la caza furtiva a los derrames de tóxicos, no son detectados ni castigados. Es más, han alcanzado los gobiernos actores de la extrema derecha que lanzan medidas para desmantelar las normas y controles ambientales. Ese camino, iniciado por Donald Trump en Estados Unidos, ahora es imitado en nuestro continente, tal como hacen las administraciones Noboa en Ecuador, la de Milei en Argentina, Kast en Chile o Paz en Bolivia. Esto se ilustra con un ejemplo reciente que acaba de ocurrir en Bolivia donde, con la aprobación de un nuevo “Reglamento de adecuación de derechos mineros simplificado”, se elimina la licencia ambiental y la consulta previa para las cooperativas mineras.

Las brechas persistentes

Se mantienen enormes brechas entre las medidas ambientales que serían necesarias y el apego de políticos, empresarios y buena parte de la sociedad a estilos de desarrollo que, al final de cuentas, son responsables de lo que padecemos. Inevitablemente surgen múltiples interrogantes.

¿Cómo discutir las vías para abandonar los combustibles fósiles, cuando los gobiernos, empresas y amplios sectores ciudadanos ponen toda su atención en los aumentos de los precios de los combustibles en América Latina por el bloqueo del estrecho de Ormuz?

¿Cómo reclamar la defensa de la Amazonia en Perú, si miles de personas acosadas por la pobreza y falta de opciones se lanzan a la minería de oro aluvial para poder ganar unos dólares?

¿Cómo alzar la voz en Bolivia para evitar que los salares andinos sean devorados por la minería de litio si el país está colapsado por bloqueos carreteros y demandas cruzadas?

¿Cómo llamar a la defensa de la vida si mueren miles de personas por los misiles que unos países lanzan contra otros o llevan adelante impunemente un genocidio?

¿Cómo señalar que se pierde la biodiversidad mientras la violencia urbana y rural se mantiene en muchas regiones, y la muerte de las personas se vuelve una cotidianidad, como si fuera una desgracia inevitable a las que todos deben resignarse?

No tengo una respuesta mágica para esas preguntas, pero eso no implica, de ningún modo, una renuncia a seguir insistiendo en los llamados y reclamos a defender todas las formas de vida. El silencio no es una solución a esta problemática. Desentenderse de ese esfuerzo nos haría cómplices de la destrucción que denunciamos e intentamos revertir.

La política de la crisis ambiental

Al mismo tiempo, plantear interrogantes como las que se acaban de enumerar, es un paso fundamental para comprender que la problemática ambiental es inseparable de las circunstancias políticas. Precisamente, una de las razones de las inacciones actuales, es que se presentan reclamos o se intentan medidas desconectadas de los contextos políticos, económicos o sociales.

Eso nos lleva a reconocer que somos testigos del deterioro de la calidad de la política, entendida en su clásico sentido de servir a la justicia, la virtud y el bienestar de las personas. A medida que esos ideales se abandonan, las democracias enflaquecen bajo distintos autoritarismos, las opciones y oportunidades para informar y debatir sobre la problemática ambiental se acotan, y se generan vacíos que son ocupados por las lógicas mercantiles. Es una época de oscuridad, para retomar un calificativo de Hannah Arendt, empleado para los momentos de crisis y autoritarismo, que afectan las capacidades de pensar y derrumban los compromisos morales.

Bajo esa dinámica es difícil enarbolar los reclamos ambientales. No solamente se cierran espacios, sino que quienes insisten, por ejemplo, en denunciar los impactos de los extractivismos o el tráfico ilegal de maderas, son perseguidos por el Estado y por los grupos económicos que se benefician de la destrucción de la naturaleza. Entre los ejemplos más recientes se cuentan las medidas del Gobierno Noboa en Ecuador lanzando investigaciones judiciales contra defensores ambientales, o la imposición de controles en la gestión y las finanzas de las organizaciones ciudadanas, como ocurre en Perú.

El deterioro de la justicia y las salvaguardas de los derechos dentro de cada país se da la mano con los embates contra los acuerdos multilaterales que ofrecían esas coberturas, ya que gobiernos como los de Estados Unidos, China o Rusia los atacan. Entretanto, bandas criminales toman el control de la explotación de recursos naturales, como ocurre con la minería de oro aluvial, y la violencia se multiplica hasta alcanzar los asesinatos.

Desembocamos en la necropolítica: una política donde se tolera la muerte de las personas y de la naturaleza para mantener vivas las economías. La necropolítica es una consecuencia de estos tiempos oscuros. En esas condiciones, los países caen en sucesivas crisis, que pueden ser políticas, económicas o de otros tipos, las que, al mismo tiempo, agravan la problemática ambiental y suman impedimentos para poder resolverla. Esto permite abordar una condición clave: los temas del Día Mundial del Ambiente son inseparables de otras dimensiones, todas ellas enmarcadas en estilos de desarrollo que sueñan con seguir creciendo explotando tanto a las personas como a la naturaleza. Se desatiende o reniega de la crisis ambiental precisamente porque se interpreta que cualquier medida es un obstáculo al funcionamiento de las economías. De un modo análogo, se recortan las salvaguardas de los derechos humanos porque también son concebidas como trabas para un buen desempeño económico. Y, a su turno, se produce una política raquítica que permite seguir destruyendo la naturaleza y tolera la pobreza y la muerte de las personas.

Es por esas razones que en el Día Mundial del Ambiente, como en los demás días del año, no es posible celebrar medidas que apenas son actos cosméticos como las campañas de publicidad de empresas o gobiernos, es pertinente reconocer acciones valiosas, pero no contentarse con ellas si sabemos que no detendrán la avalancha de destrucciones que cotidianamente presenciamos. Asumir las dificultades que imponen los actuales contextos políticos lleva, por el contrario, a persistir porfiadamente en reclamar y actuar en defensa de todas las formas de vida. Estos tiempos oscuros se enfrentan iluminando con alternativas, luchando contra la contaminación, la extinción de especies o la desaparición de paisajes, con mejores teorías y prácticas, al mismo tiempo que se milita por la democracia y los derechos. Son tareas inseparables entre sí y para todos los días del año.

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México: IA obliga a universidades a replantear el sentido de la educación; 66% de estudiantes la usan

Carolina Gómez Mena
Aunque 73 por ciento del alumnado desconoce si su universidad cuenta con lineamientos claros para el uso de la inteligencia artificial (IA), según datos oficiales, 66 por ciento utiliza estas herramientas de manera cotidiana, ocho
de cada 10 las emplean para generar textos y 80 por ciento considera que transformarán profundamente la profesión que estudian, planteó el doctor Luis Medina Gual, director de Innovación Educativas de la Universidad Iberoamericana.

Al participar en TEDx IBERO, el especialista en evaluación del aprendizaje y tecnologías aplicadas a la educación, indicó que la irrupción de la IA está obligando a las universidades a replantear lo que significa aprender cuando una máquina puede producir respuestas en segundos y sostuvo que el principal desafío de la IA no es tecnológico, sino educativo.

Medina Gual aseguró que la inteligencia artificial obliga a replantear para qué educar y qué habilidades humanas seguirán siendo indispensables y reflexionó sobre los profundos cambios culturales que acompañan a esta tecnología.

A su juicio, gran parte del debate sigue concentrado en cómo enseñar, cómo evaluar o cómo evitar el uso de estas herramientas, cuando la pregunta más importante debería ser otra: “¿para qué educar y en qué deberíamos educar?”.

Nuevas generaciones crecieron rodeadas de plataformas digitales

Asimismo, recordó que las nuevas generaciones crecieron rodeadas de teléfonos inteligentes, plataformas digitales y acceso permanente a información, una realidad que está transformando la manera de aprender, relacionarse y construir conocimiento.

Ante ese escenario, consideró que las universidades deben adaptarse con rapidez, pero sin perder de vista su misión esencial.

“La inteligencia artificial no nos está volviendo más inteligentes. La inteligencia artificial nos está obligando a custodiar la inteligencia humana”, sostuvo.

Frente a esta realidad, más que competir con los algoritmos, el reto de la educación superior será fortalecer aquello que sigue siendo exclusivamente humano: la capacidad de formular buenas preguntas, ejercer juicio crítico y tomar decisiones responsables en un mundo cada vez más mediado por la tecnología.

Para explicar la magnitud del cambio, relató una experiencia ocurrida en una de sus clases de estadística. Tras revisar diversos trabajos académicos, detectó conceptos y estructuras que nunca habían sido abordados en el aula. Al preguntar al alumnado, la respuesta fue inmediata: habían utilizado IA.

No interpretó el episodio como un problema disciplinario, en cambio decidió convertirlo en una oportunidad para reflexionar sobre el futuro de la educación.

https://www.jornada.com.mx/noticia/2026/06/05/sociedad/ia-obliga-a-universidades-a-replantear-el-sentido-de-la-educacion-66-de-estudiantes-la-usan
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Dolores menstruales afectan la educación de niñas en Brasil

De cada diez estudiantes de primaria y secundaria que menstrúan, seis informan tener cólicos fuertes y moderados que alteran su rutina escolar y requieren el uso de medicamentos. Cerca de cuatro de cada diez alumnas (37.1%) faltan a clases mensualmente por dolores menstruales.

Los datos provienen de una investigación realizada por el Instituto Alana en alianza con el Instituto Equidade.info y se difundieron con motivo del Día Internacional de la Dignidad Menstrual, celebrado el jueves (28). La fecha tiene como objetivo promover el debate y combatir el estigma y la pobreza menstrual.

El relevamiento se realizó en febrero de este año con 2.551 estudiantes –de los cuales 770 son estudiantes que menstrúan–, 303 docentes y 181 directivos escolares de las redes de educación pública y privada de todas las regiones del país.

Síntomas menstruales

El sondeo inédito revela que el principal síntoma menstrual que impide a las alumnas asistir a clases es el cólico, mencionado por el 57,7% de las entrevistadas. Las demás manifestaciones relacionadas con la menstruación señaladas son:

  • cansancio y dolores corporales (30,1% de las entrevistadas);
  • dolores de cabeza (28%);
  • dolor de estómago (20,1%);
  • vergüenza y miedo a tener manchas o derrames (19,3%);
  • falta de baños o de productos de higiene (8,2%).

Ausencias y retrasos

Los datos recopilados revelan que los síntomas del flujo menstrual pueden provocar, aproximadamente, dos días de inasistencia al mes.

Sofia Reinach, una de las líderes del Instituto Alana, explica que el ausentismo en los días de dolor puede afectar el aprendizaje, el vínculo con la escuela y las oportunidades educativas a lo largo de la trayectoria escolar, por lo que debe abordarse con seriedad.

“Casi el 40% de las niñas en Brasil están perdiendo al menos un día de clase al mes a causa de los dolores menstruales: es una parte muy grande de la población que debe recibir atención para que esto no signifique un rezago escolar y una desventaja crónica en el aprendizaje”.

El Instituto Alana enfatiza que es necesario reconocer el dolor como un problema colectivo y sugiere la adopción de protocolos de faltas justificadas y orientación para el cuerpo docente. Se espera que los cambios puedan reducir la vergüenza de las alumnas y mejorar el registro de estos casos.

Desigualdad racial en la menstruación

El estudio también señala la disparidad racial. A pesar de que las niñas afrodescendientes manifiestan sentir menos cólicos fuertes, faltan más a clases.

En este recorte racial, pierden hasta 1,5 veces más días de clase (de dos a cinco días por mes) que las alumnas blancas: el 14,5% de las alumnas negras faltan de dos a cinco días al mes por motivos menstruales. Entre las alumnas blancas, el índice de inasistencias cae al 9,6%.

Cuando se observa la experiencia del dolor en el periodo menstrual, tampoco hay uniformidad entre los grupos raciales. Las niñas blancas reportan sentir un dolor más intenso. Entre las entrevistadas blancas, el 37,5% describe sus cólicos como fuertes. Entre las niñas y adolescentes afrodescendientes, ese índice es menor (25,9%). Al mismo tiempo, el 16% de las niñas afrodescendientes afirma no sentir cólicos menstruales, frente al 8,5% de las blancas que informan no sentir dolor en ninguna intensidad.

Sofia Reinach concluye que, en realidad, el indicador de dolores fuertes subestima el problema entre las alumnas afrodescendientes: ellas normalizan más sus dolores porque culturalmente se les enseña a creer que el dolor no debe considerarse como algo que requiera tratamiento.

“Las niñas negras definen menos su dolor como fuerte. Aparentemente, tienen un umbral de dolor más alto, por lo tanto, lo reconocen menos como un dolor incapacitante. Pero, en la práctica, el impacto del dolor las aleja de sus actividades y de la escuela”, concluyó Sofia Reinach.

La especialista defiende que los profesionales de los sectores de la educación y de la salud “desaprendan ese sesgo antiguo de que los cuerpos negros sienten menos dolor” o que son más resilientes.

“Es muy importante que esa percepción cambie, porque las niñas negras sienten dolor, pero hablan menos de ello. Los oídos de los profesionales tienen que estar más atentos. La escuela debe formar parte de una red de cuidado”, subraya Sofia.

Para que la niña afrodescendiente reciba el seguimiento adecuado y los impactos del dolor sean los menores posibles, la especialista en salud menstrual y dolor pélvico destaca la necesidad de que los profesores lo noten, que los directivos escolares pregunten al respecto y que se involucre a las familias.

Proyecto contra la pobreza menstrual

Rio de Janeiro (RJ), 27/05/2026 – Ana Clara Maimoni, Ação do Projeto Contra a Pobreza Menstrual, no Centro de Ensino Vila Planalto. Foto: Projeto Contra a Pobreza Menstrual/Divulgação

Ana Clara Maimoni, acción del Proyecto Contra la Pobreza Menstrual, en Vila Planalto. Foto: Divulgación del proyecto

En Brasilia, la estudiante de publicidad y propaganda Ana Clara Maimoni movilizó a vecinos y conocidos para recolectar toallas femeninas.

“Siempre me pareció un absurdo que los centros de salud den preservativos gratis, pero no den toallas sanitarias, y cómo esto afecta nuestra vida”.

Ana Clara logró recolectar cerca de 1 mil toallas femeninas, las cuales fueron donadas a una escuela donde las alumnas no tenían pleno acceso a ellas. El inventario fue suficiente para abastecer a las niñas durante seis meses.

Su proyecto contra la pobreza menstrual también incluyó una charla con profesionales de la salud para informar a las estudiantes en Vila Planalto, una zona económicamente vulnerable de la capital federal. “A las niñas les encantó y participaron mucho, hicieron varias preguntas”, comentó Ana Clara.

Según la estudiante, la escuela es un espacio estratégico para abordar este tema, y es justamente de la educación de lo que estas niñas terminan privadas cuando no tienen acceso al mínimo necesario para la dignidad menstrual.

“Muchas veces no hablan de eso porque todavía se considera un tabú en muchos lugares”, resalta.

Educación menstrual

Muchas estudiantes llegan a su primera menstruación sin ninguna orientación sobre el ciclo y, por este motivo, el Instituto Alana recalca la importancia de hablar sobre salud menstrual antes de la menarquia.

“Necesitamos adelantar los debates sobre salud menstrual en las escuelas hacia la primaria. Además, debemos tener una mirada atenta y ampliar las estrategias de cuidado para este grupo de edad en especial, para que las niñas con mucho dolor y con menarquia precoz tengan un seguimiento más cercano”, prioriza Sofia Reinach.

Trabajadoras de la educación

Las escuelas brasileñas sufren doblemente por las inasistencias, tanto de alumnas como de profesoras. En el universo encuestado, el 28,3% de las directoras escolares confirmaron tener cólicos fuertes y el 16,9% de las entrevistadas ya ha faltado al trabajo por motivos menstruales.

Dentro del salón de clases, el 15,8% de las profesoras describieron tener cólicos fuertes y una de cada diez docentes (12,1%) faltó al trabajo al menos una vez en el último año por motivos menstruales.

Considerando que el 37,1% de las alumnas faltan mensualmente por la menstruación y el 64% reportó cólicos moderados o fuertes, el estudio sugiere que el porcentaje más reducido entre las profesionales de la educación, en relación con las estudiantes, puede reflejar, en parte, un mayor acceso a diagnósticos, seguimiento y tratamiento del dolor entre las adultas, así como la responsabilidad de la vida profesional.

“Las profesoras faltan menos que las alumnas. A medida que avanza la vida, la responsabilidad aumenta y las profesionales ven su trabajo amenazado debido a los dolores, las profesoras se esfuerzan más por convivir con ese dolor en su entorno laboral”, observa el estudio.

Sofia Reinach defiende la adopción de políticas de salud menstrual en el entorno escolar que incluyan a estudiantes y trabajadoras, con protocolos adecuados para cada perfil. “Necesitamos entender que el dolor menstrual aleja a niñas y mujeres de la cotidianidad escolar y vuelve esto un fenómeno acumulativo. Las escuelas están sufriendo doblemente con estas faltas, tanto de alumnas como de profesoras”.

Desconocimiento de los varones

La menstruación todavía se comprende poco como una cuestión colectiva dentro de la escuela. Los datos muestran que el 36,8% de los estudiantes varones afirma no pensar mucho en el tema, casi el doble de lo registrado entre las niñas (19,7%).

La diferencia también aparece en la percepción sobre los impactos del ciclo menstrual en la rutina: cerca de una cuarta parte de los niños y adolescentes (23,7%) cree que la menstruación puede perjudicar el rendimiento escolar o la práctica deportiva, mientras que el 41,2% de las alumnas reconoce este efecto negativo.

“Es fundamental que el tema de la menstruación deje de ser un tabú. Y para ello, necesitamos incluir a los varones en las conversaciones cotidianas. Ya no es posible que la menstruación sea un asunto exclusivo de niñas y mujeres en su intimidad”, constata Sofia.

La idea es que los hombres niños y jóvenes dejen de ser espectadores pasivos o agentes de incomodidad y pasen a formar parte de una red de apoyo para ellas.

*Colaboró Alice Rodrigues, pasante de Agência Brasil en Río de Janeiro

Fuente de esta noticia: https://agenciabrasil.ebc.com.br/es/direitos-humanos/noticia/2026-05/dolores-menstruales-afectan-la-educacion-de-ninas-en-brasil

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Miles de estudiantes y profesores se movilizan en Bélgica contra los recortes en educación

Violentas cargas y decenas de detenidos ayer en las manifestaciones de Bruselas y Namur contra el plan del Gobierno de subir un 35% las matrículas universitarias.

La segunda jornada de protesta multitudinaria convocada por colectivos estudiantiles y sindicatos docentes derivó este jueves en momentos de fuerte tensión a causa de la represión policial en el centro de Bruselas y en otras ciudades de Valonia. Alrededor de 3.000 manifestantes concentrados en las inmediaciones del Parlamento de la Federación Valonia-Bruselas y de la Estación Central de la capital manifestaron su firme rechazo al proyecto de ley que contempla severas medidas de recorte en el sector educativo. La movilización, que también se replicó en localidades como Namur, Charleroi, Lieja y diversas zonas de Henao, registró duras intervenciones policiales, que incluyeron el uso de gases lacrimógenos y disparos de munición «no letal» en el casco urbano bruselense. Según datos del diario Le Soir, hubo al menos dos decenas de detenidos solo durante la mañana.

El descontento social responde al plan gubernamental de la Comunidad Francesa de Bélgica para implementar un recorte que incrementará las tasas universitarias anuales de los 835 euros actuales a 1.194 euros para la mayoría de los estudiantes. Aunque la administración defiende que la cifra «sigue siendo baja en la comparativa internacional», la medida supone un incremento inmediato del 35% para las economías de miles de familias trabajadoras. Además del impacto financiero sobre el alumnado, la reforma afecta de forma directa al cuerpo docente de la educación secundaria, con el despido de almenos 2.000 docentes y la exigencia de impartir dos horas lectivas adicionales por semana sin percibir ninguna remuneración extra, junto con una revisión de las normativas de permanencia laboral.

Por su parte, las autoridades del Ejecutivo de la Comunidad Francesa defendieron la «urgencia» de la normativa bajo la excusa de «la necesidad de sanear las finanzas públicas». La jefa del Gobierno de la comunidad, Elisabeth Degryse, y la ministra de Educación, Valérie Glatigny, sostuvieron en una comparecencia de prensa que la homologación de las tasas con las universidades de la región de Flandes, mucho más rica de media, «permitirá liberar recursos esenciales que el Estado prevé reinvertir a largo plazo dentro del propio sector».

https://diariosocialista.net/2026/06/05/miles-de-estudiantes-y-profesores-se-movilizan-en-belgica-contra-los-recortes-en-educacion/

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