La Declaración de la Cumbre del G-20 en Hangzhou, en la que se pide un mayor “reparto de las responsabilidades” a la hora de abordar la crisis de refugiados, refleja lo poco que han hecho los países del G-20 en su mayoría para compartir la responsabilidad hasta el momento; así lo ha afirmado hoy Amnistía Internacional.
En la actualidad hay 27 países en el mundo con programas periódicos de reasentamiento de personas refugiadas; sólo 9 están en el G-20. Entre los miembros del Grupo, sólo Canadá ha demostrado una apertura genuina al reasentamiento, aceptando a 25.000 refugiados de Siria desde finales de 2015 y señalando que admitirá a más. La firme postura de Alemania, al aceptar más de un millón de refugiados, no ha sido reproducida por otros Estados europeos del G-20.
Actualmente, menos de la mitad de los Estados del G-20 admiten con carácter periódico a personas refugiadas para su reasentamiento.
“La Declaración de la Cumbre del G-20 sobre la obligación de compartir la carga suena a palabras huecas cuando tantos países del Grupo no asumen su parte de la responsabilidad global sobre los refugiados, y la cumbre que la ONU tiene previsto celebrar este mes está condenada a no alcanzar un acuerdo. Actualmente, menos de la mitad de los Estados del G-20 admiten con carácter periódico a personas refugiadas para su reasentamiento”, ha afirmado Audrey Gaughran, directora de Asuntos Temáticos Globales de Amnistía Internacional.
“Ahora mismo, muchos países del G-20 están bloqueando activamente los planes globales para compartir la responsabilidad sobre los refugiados del mundo. En las conversaciones de la ONU, en lugar de respaldar una solución global propuesta a la crisis de refugiados, la Unión Europea, Rusia y China prefirieron seguir formando parte del problema, anteponiendo sus intereses puramente nacionales y rechazando medidas concretas. Da la impresión de que algunos miembros del G-20 dicen una cosa en público y otra muy diferente a puerta cerrada.”
Los países del G-20 deben hacer mucho más en favor de las personas refugiadas para que esta declaración no termine viéndose como insensible hipocresía.
El Gobierno de la Ciudad anunció la implementación del Programa de Jornada Extendida, pero lo que aparece es la voluntad de tercerización de la educación bajo la contratación de ONGs que realizarán actividades, en la mayoría de los casos, fuera de los edificios escolares. Esta decisión también esconde que no se han construido los edificios necesarios para transformar las escuelas de Jornada Simple en Jornadas Completas. Enmascarar esto, llevando a los chicos a clubes, iglesias o centros comunitarios para que personas contratadas por ONGs se hagan cargo de ellos, no es precisamente garantizar una mayor profundidad de la enseñanza y deja serias dudas sobre el proyecto pedagógico que lo sostiene.
La ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, junto al Jefe de Gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, anunciaron la implementación del Programa de «Jornada Extendida» destinada a ampliar el horario en las escuelas primarias y secundarias. Con bombos y platillos, el Jefe de Gobierno dijo: “Estamos dándole impulso a uno de los programas más lindos y gratificantes que tenemos”, y destacó que “cada rato, minuto y hora que los chicos están en clase, no están en la calle, sino aprendiendo y extendiendo su jornada educativa”. “El espíritu del programa es que los chicos estén más tiempo dentro de la escuela y sus clases, en coordinación con la currícula y los contenidos pedagógicos”, complementó el Jefe de Gobierno y reafirmó su “compromiso” de “llegar en estos cuatro años a todas las escuelas primarias y secundarias”.
Desde 2006, con la promulgación de la Ley Nacional de Educación, somos muchos los que estamos exigiendo que se cumpla con su artículo ARTICULO 28 que dice que: Las escuelas primarias serán de jornada extendida o completa con la finalidad de asegurar el logro de los objetivos fijados para este nivel por la presente ley.
La Ciudad de Buenos Aires tiene 455 escuelas primarias, de las cuales 262 son de Jornada Completa, pero con la particularidad de que los Distritos Escolares (DE) con las poblaciones con necesidades básicas insatisfechas son las que menos escuelas de este tipo tienen. Como ejemplo, el DE 4 (La Boca, San Telmo) tiene 11.376 chicos y chicas en Jornada Simple y 7155 en Jornada completa; el DE 8 (Bajo Flores) tiene 13.677 chicos en Jornada simple y 4975 en completa. Mientras que el DE 15 (Villa Urquiza, Saavedra) tiene 1566 chicos en Jornada simple contra 5645 en completa.
Ampliar la Jornada de clases, en especial para los sectores más desfavorecidos, no sólo sirve para mejorar la educación, sino para permitir que los padres puedan trabajar mientras sus chicos están en un lugar seguro con garantía de educación y almuerzo. Es necesario posicionar a la escuela como verdadero espacio de enseñanza, revalorizando su función como institución integradora, constructora de ciudadanía y potenciadora de vínculos y lazos sociales, planteando un horizonte educativo innovador, ampliando el tiempo escolar en beneficio del fortalecimiento de una propuesta educativa.
Pero en la propuesta del Ministerio, lo que aparece nuevamente, es la voluntad de tercerización de la educación y la contratación de ONGs que se harán cargo de los chicos 3 veces por semana y en la mayoría de los casos fuera de los edificios escolares. Todos los trabajadores de la educación sabemos que «el aula» no es solo el salón con bancos y pizarrón dentro de un edificio escolar. Que existen múltiples espacios en donde se enseña y aprende. El aula es todo espacio con criterio pedagógico donde un grupo de sujetos se junta para enseñar y aprender. Pero esta decisión esconde que no hay suficientes espacios dentro de las escuelas, y como dijo la ministra -poco felizmente- las escuelas son como «camas calientes, sale un turno y entra otro» y por ello es necesario buscar otros lugares. Queda de manifiesto que no se han construido los edificios necesarios para transformar las escuelas de Jornada Simple en Jornadas Completas, con comedores, patios, bibliotecas y espacios para música, plástica, Tics, necesarios. Y enmascarar esto, llevando a los chicos a clubes, iglesias o centros comunitarios para que personas contratadas por ONGs se hagan cargo de ellos, no es precisamente garantizar el programa «más lindo» de la educación de la Ciudad.
Además, como el mismo gobierno admitió, deberán “coordinar” estas prestaciones con las actividades que se desarrollen en las clases, lo que nos indica que no son parte de un mismo proyecto pedagógico. Muchas otras dudas surgen de la propuesta. ¿Quiénes llevarán a los chicos de un lugar a otro? ¿Cómo se organizarán las familias los otros días que los chicos no están en la Jornada extendida?, ¿Dónde almorzarán? ¿Quién supervisará pedagógicamente estas horas?
La Jornada extendida y completa es un buen lugar para el aprendizaje. Una escuela que amplía su tiempo de estudio para los estudiantes y que mejora las condiciones laborales de los docentes, que transforma sus dinámicas de trabajo optimizando el tiempo escolar es el desafío para convertir nuestras escuelas de jornada simple en completa. Significa que la extensión de la jornada no implica un agregado de horas que se planifican de manera aislada y con agentes externos a la escuela, sino, que las prácticas pedagógicas se reorganizan para brindar mayor profundidad en el abordaje de los contenidos de la enseñanza y diversidad de oportunidades de aprendizaje.
Karl Ploetz (1819-1881), erudito alemán, fue quien comenzó la práctica de usar de cronologías para el estudio y la enseñanza de historia mundial. En 1863, publicó su famoso Auszug aus der alten, mittleren, neueren und neuesten Geschichte. En 1883, la obra apareció en inglés con el título: Un epítome de la historia antigua, medieval y moderna. Con el tiempo, se sometió a revisiones y se volvió a imprimir en numerosas ediciones. La edición en inglés se reeditó en 1915 con el título de Manual de historia universal.
Otros eruditos siguieron el ejemplo de Ploetz, en especial el físico alemán Werner Stein (1913-1993), quien en 1946 publicó Kulturfahrplan (La cronología de la cultura), que empleaba líneas cronológicas sincronizadas para mostrar la evolución de diferentes ámbitos de la actividad humana (política, religión, literatura, ciencia y tecnología, etcétera) a lo largo de los milenios. La llegada de la tecnología digital ha abierto impresionantes nuevas posibilidades en la ilustración de las líneas cronológicas de la historia mediante manuscritos, libros, mapas, fotografías y otros documentos que funcionan como fuentes primarias. Aquí se presenta el primer intento de la Biblioteca Digital Mundial de mostrar la extensión de la historia mundial, ofreciendo una serie de documentos relacionados con fechas y acontecimientos de especial importancia.
Amables promotores entregan folletos que presentan como material educativo sobre nutrición y diplomas con el logo de la empresa para los niños que se portan bien en la consulta. ¿Cómo entró y quién saca del hospital público a Coca Cola? Tal la pregunta que realiza Soledad Barruti en una de las notas de la nueva Mu, edición 102, que ya está en los kioscos, y que aquí reproducimos.
Datos: en un país en el que se consumen 80 litros de gaseosas per cápita, hay 620.000 niños de colegios primarios que reciben en la escuela el marketing de Coca Cola, que usa 6 hospitales públicos para promocionar sus productos.
Los visitadores de Coca Cola aparecieron en el Hospital Penna hace unos tres años. Para el médico Fernando D’Ippolito el programa empresario coincidió con un momento especial: recién recibido, estaba a suerte y verdad con su vocación, con esa atención lúcida de los estrenos que sirve para confrontar la teoría con lo que hay alrededor. Estaba haciendo la residencia en medicina general porque quería dedicarse a lo que se dedica ahora: la atención primaria de las familias que no tienen acceso a la salud porque básicamente no tienen nada: ni gas, ni agua segura, ni alimentos frescos, ni calles por las que transiten colectivos o ambulancias. Enseguida se dio cuenta de que había llegado al lugar perfecto.
A pocas cuadras del hospital está la villa 21-24, la más importante de la Capital Federal: entre Barracas y Pompeya, ocho manzanas donde viven 60 mil personas. Su trabajo se abrió como un caleidoscopio a las necesidades: guardias, internaciones, consultorios externos y hasta la supervisión de cursos y talleres de nutrición que estaba seguro podían mejorarles la vida. “Está entre los problemas más urgentes que tienen: el alimento y sus consecuencias. Estamos hablando de niños que almuerzan chicitos con jugo, siguen con un pancho, galletas y gaseosas. Comida, comida: con suerte a la noche”, dice D’Ippolito ahora en un tono que seguro no tenía tres años atrás: exhausto. No resignado, más bien sin fuerzas para activar las ganas; esa íntima tragedia que se detona cuando uno se cruza cada vez con algo peor. “No sabría decir bien por qué pero tengo los números que lo hacen evidente: desde que empecé las personas pesan más, no menos, sufren porque no pueden atender adecuadamente su diabetes o su hipertensión. Se esfuerzan, hacen lo que pueden, pero enseguida se desmoralizan. Más si son chicos”.
El esfuerzo y la frustración: eso veía una y otra vez, sobre todo cuando le tocaba una de las prácticas más simples y a la vez más importantes de pediatría, el control de talla y peso de los niños.
Fue en alguna de esas prácticas, un día de semana cualquiera, cuando se cruzó con la representante de la empresa por primera vez. Era una chica joven, y traía regalos; y en un hospital público como ese, donde siempre falta de todo, alguien que trae algo, lo que sea, es bien recibido. “Si no entendí mal se trataba de una nutricionista, y como suelen hacer los visitadores médicos, entregaba el material, pero antes pedía firma y sello”.
Material que entregaba la empresa dos años atrás: recetarios membretados con el logo de la marca. Coca Cola en rojo y abajo el blanco clásico para que el médico indique, ¿qué? ¿Un antibiótico? ¿Un calmante? ¿Una dieta?
“Pero peor es el otro: mirá”, dice D’Ippolito y muestra el diploma al buen comportamiento. “Hoy a …. se le otorga este diploma porque el Dr/Dra ….. le pidió que 1. Sacara la lengua, 2. Tosiera o 3. Respirara hondo; Y LO HIZO SIN LLORAR NI PROTESTAR”, dice el cuadro. Así: con los espacios a completar, las instrucciones, y las mayúsculas. Con un corazón sonriente y con el logo en cursiva de la marca, enfrentado a la firma del profesional que lo complete.
“Cuando lo recibí me alarmé”, dice. “Me alarmé porque es una marca directamente vinculada a las enfermedades que los médicos intentamos sanar, como la obesidad en los niños, y porque estaban entregando un certificado que aplaude la obediencia a una orden de conducta. Es Coca Cola diciéndole a un chico cómo se tiene que portar”.
En la guardia y en la escuela
Hoy el material que quedó de entonces no es el único que se puede encontrar en el hospital. En la entrada de la guardia que recibe 120 mil enfermos al año, Coca Cola dejó un almanaque 2016 que devela otras formas de publicidad no convencional que inevitable o estratégicamente llegan a ese target al que aseguran ellos ya no le hablan: los menores de 12. Entre las típicas acciones –cuidar el agua, reciclar envases, trabajar con las comunidades donde establecen sus plantas- el cuadernillo da cuenta también del concurso intercolegial de baile, Baila Fanta y del torneo intercolegial de fútbol, Copa Coca Cola. Dos acciones que se llevan adelante desde hace años, porque sirven a la marca para subrayar el mensaje al que más fuerte se abrazan: hay que moverse. No importa que una botellita de gaseosa tenga 66 gramos de azúcar: si los chicos bailan, saltan, corren atrás de una pelota hay quienes dicen que lo queman, le ganan a las calorías, no engordan, y pueden, al otro día, seguir tomando.
Vida activa, vida saludable, vida feliz.
Eso recalcan también en el programa de educación con el que lograron desde 2008 ingresar a las escuelas públicas de 16 provincias con un alcance estimado en 620 mil niños. Dale juguemos se llama y fue desarrollado por la marca a través de la Fundación Alimentaria y avalado por el Comité Olímpico y la Federación Argentina de Cardiología. “Con el consentimiento de autoridades educativas provinciales, se capacitan docentes y se entrega material áulico y deportivo para los recreos. Son las autoridades escolares y sus docentes quienes implementan el programa. De acuerdo a nuestros lineamientos globales de marketing responsable, este programa se realiza sin presencia de nuestras marcas frente a los alumnos”, asegura Francisco Do Pico, que hace un año pasó de encargado de comunicación de Monsanto a ocupar un sillón similar en Coca Cola, en donde parece que no creen que algo que dice que fue hecho “para Coca Cola Argentina” tenga presencia de marca.p
Insólito.
“Aunque no más que lo que me enteré después”, dice D’Ippolito abriendo la puerta a un enigma que nadie parece dispuesto a resolver:“Las visitadoras de Coca llegan al hospital casi todos los meses. No se sabe quién las deja entrar ni cuál es el propósito: entregan folletos, hablan con los médicos, recopilan firmas y sellos. Tal vez hacen estudios de mercado. O estadísticas. O buscan hospitales aliados, ¿cómo saberlo?”.
Les preguntamos.
“Coca-Cola de Argentina brinda exclusivamente información sobre los ingredientes de sus productos. El principal objetivo del relacionamiento con los profesionales de la salud es escucharlos y responder a sus inquietudes respecto a los productos e ingredientes del portafolio de la compañía, siempre mediante información basada en la evidencia científica disponible y explicada por profesionales de la salud”, dice Do Pico, no sin antes aclarar que visitadores médicos no son porque para Coca, “la función de un visitador médico es promover fármacos de venta bajo receta, para así lograr la prescripción médica de los mismos. A tal efecto son contratados por laboratorios farmacéuticos”.
En el consultorio
El Hospital Penna, el Fernández, el Gutiérrez, el Garrahan, el Güemes y el Italiano: Coca Cola logra ingresar a todos, y en todos, los médicos -principalmente los pediatras que suelen ser los más requeridos- llaman a las nutricionistas de la empresa, las visitadoras. No hay quien no las haya cruzado, no se haya sorprendido, y no haya terminado aceptando que si bien al principio le resultó algo casi ofensivo –¡Coca Cola ingresando a los hospitales!- al final como se trata de personas amables pidiendo unos minutos nomás de los que depende su sueldo, les abren la puerta de sus consultorios y les prestan un poco del tiempo que casi ni tienen.
“Yo las recibo por educación, porque me da lástima dejarlas ahí afuera. Pero nunca entendí el objetivo de la visita: que justo esa empresa, Coca Cola, se interese por querer hablar con médicos cuando es obvio que nosotros sus bebidas a los chicos no se las vamos a indicar”.
Intentar entender la estrategia de marketing más polémica del momento no es fácil. Pero puede ser entretenido.
La ciencia del marketing
La primera vez que Vanesa Miquel se topó con el asunto fue a través de una colega que había sido contratada por Coca Cola. Nutricionista ella también lo entendió todo: la oportunidad laboral en un contexto que siempre parece difícil y lo perfecto que sería para la marca si resultaba bien. Entonces no lo dudó. Como era docente de la universidad de la Universidad de Concepción del Uruguay, en Rosario, pensó que para desarticular la trampa, que termina estallando nada menos que en cuerpos que enferman año a año un poco antes, exponerlo frente a sus alumnos. “Les di clases utilizando ese material que es espectacular para desarrollar pensamiento crítico: tanto el contenido como el propósito de la marca y la ética profesional están expuestos en esos folletos”.
Porque lo que entregan las nutricionistas a los médicos, lo que Do Pico llama información basada en evidencia científica, son folletos y cuadernillos que resumen el punto de vista de la empresa sobre distintas temáticas, con referencias a documentos que los apoyan.
Ahí está en papel ilustración La Ciencia de los Azúcares: 24 páginas en las que se presentan temas conflictivos, como el azúcar y el jarabe de maíz de alta fructosa, señalados cada vez con más elementos como los responsables de las pandemias de obesidad y diabetes tipo 2, que en algunos países alcanzan a la mitad de la población y en otros es solo cuestión de tiempo, pero con una astucia dialéctica que podría llevar a conclusiones increíbles. “Los carbohidratos –los azúcares, almidones y fibras que se encuentran en las frutas, verduras, cereales y productos lácteos- son una parte importante de una dieta saludable (…) Las bebidas endulzadas con endulzantes calóricos suministran calorías –energía- de los azúcares que son carbohidratos simples. Los carbohidratos son nutrientes esenciales para la vida”.
Si A es parecido a B, y B es un poquito parecido a C, ¿A es igual a C? Definitivamente, sostiene página a página este cuadernillo.
Mientras en distintas revistas científicas se publican estudios que demuestran que los edulcorantes no calóricos no solo no disminuyen el consumo de azúcar, sino que suman sustancias como aspartamo, ciclamato o acezulfame K que probablemente gatillan problemas parecidos como el aumento de peso, Coca acerca a los médicos un vistoso collage que niega rotundamente nuevos paradigmas.
En otras entregas la apuesta está en la hidratación: la importancia de atenderla antes de que sobrevenga la sed (que muchas veces, aseguran, llega tarde) y de saciarla con bebidas que mejor si son saborizadas porque así los chicos “toman entre un 45 y un 50 por ciento más de líquido que si es solo agua”.
“Y lo hacen con referencias: eso me sorprendió”, dice Miquel, “es una jugada astuta de la marca: hacen una lectura propia de distintas publicaciones científicas para hacer publicidad”.
Sin dudas esa estrategia que Coca Cola ha sabido desplegar creando incluso institutos y sociedades, es lo más cuestionable.
Las visitadoras de Coca Cola a las que ellos prefieren no llamar así tienen, como cualquier visitador médico, objetivos: una cantidad de profesionales con los que hablar, relaciones que establecer y material que a su vez les piden a ellos que repartan entre sus pacientes a fin de ampliar la educación nutricional. Así, los consultorios pediátricos de los hospitales públicos de nuestro país tienen pilones de hojas infomerciales que por supuesto llevan a cuestionar, cómo es posible que ingresen, que ocupen el tiempo de los médicos, que dejen cosas.
“Es una locura”, dice Sergio Auger, que también es médico hasta diciembre era el director del hospital Santojanni y desde entonces es el coordinador de Hospitales del Ministerio de Salud. “Para que ingrese alguien a un hospital público tiene que haber un convenio escrito con la dirección. No es que puede pasar quien se le ocurra con un carrito a ofrecer sus productos”.
¿Conoce alguno?
“No. En mi gestión jamás se acercaron de esa empresa a proponerme algo así. Tampoco estoy al tanto de que dentro del Ministerio exista algún convenio marco que lo habilite. Y si me lo propusieran no lo aceptaría”.
¿Tiene Coca Cola algún acuerdo con el sector público en Argentina?
No, dice Do Pico.
¿Entonces?
“Convenio no hay”.
“Si hay nadie lo quiere hacer público”.
“Yo creo que entran así nomás”.
“Libremente”.
“Ven luz y pasan”.
Lo que enferma
El último informe sobre enfermedades no transmisibles del Ministerio de Salud (publicado en febrero de 2016), que ubica al sobrepeso como uno de los problemas más graves por los que atraviesa el país, con el récord regional de niños menores de 5 años obesos, sostiene que hay una asociación comprobada entre el aumento de peso y la ingesta de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas. De estas en especial sostiene que:
Se estima que en 2010 el consumo de bebidas azucaradas causó en el mundo 184 mil muertes. 133 mil debido a diabetes, 45 mil debido a enfermedades cardiovasculares y 6.450 debido a algunos tipos de cáncer.
La mayor cantidad de estas muertes ocurrieron en América Latina.
En Argentina, por cada millón de adultos, hay 74 que mueren por el consumo de bebidas azucaradas: es de los países con mayor mortalidad atribuida al consumo de bebidas azucaradas de la región.
En nuestro país el consumo per cápita de bebidas elaboradas por la compañía más grande de gaseosas en 2011 fue de 80 litros: 2,5 veces más que en 1991 y 1,5 veces más que en 2001.
La empresa más grande es por supuesto Coca Cola, que a plena luz del día, anda suelta por los hospitales, se pasea por los consultorios e intenta convencer a los médicos de que ellos no solo no son un problema, son casi la solución.
¿Permitirá Jorge Lemus, el mismo ministro de Salud que autoriza la publicación de un informe con esta contundencia, que este tipo de promoción continúe?
El 5 de agosto se realizó en Bogotá, Colombia, el encuentro Internacional de Maestros por la paz de Colombia. El encuentro contó con representación docente nacional y de América Latina, quienes a una sola voz dijeron: Sí a la paz.
La actividad fue convocada por la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (FECODE), afiliada a la Internacional de la Educación y contó con la participación de más de 500 docentes y 50 delegados y delegadas de diferentes países del mundo.
El encuentro inició con palabras de agradecimiento y bienvenida por parte de Rafael Cuello, Secretario General de Fecode, quien recordó que los gremios docentes han puesto muchos muertos en este proceso de guerra y envió un mensaje claro al auditorio: tenemos que terminar con esta guerra.
Luis Grubert, Presidente de Fecode y miembro del ejecutivo mundial de la Internacional de la Educación señaló que el número de docentes muertos durante el periodo de guerra se convierte en un mandato para que los docentes apoyen el proceso de paz: “Por eso la Internacional de la educación está aquí diciéndole a los maestros de del mundo: hay que respaldar el sí porque hay que terminar la guerra en Colombia” , agregó Grubert.
“Creo que este acuerdo nos permite luchar por la oportunidad, pero eso no es posible hacerlo de manera solitaria, cada sector debe tener su iniciativa y Fecode tiene una: escuelas públicas como territorio de paz”, expresó Grubert.
Finalmente el presidente de Fecode dejó en claro el mensaje por el cual se realizó la convocatoria: “Le hacemos desobediencia civil a la guerra diciendo: si a la paz.”
Fred van Leeuwen, Secretario General de la Internacional de la Educación a nivel mundial, expresó su simpatía por la sociedad colombiana opina que este pueblo merece vivir en paz, al igual que América Latina y el resto del mundo merecen la paz. “La guerra en Colombia es uno de los conflictos más antiguos del mundo y ha llegado el momento de que finalice”, puntualizó el Secretario General.
Este es un extracto del saludo de Fred van Leeuwen: “La Internacional de la Educación apoya firmemente este proceso y felicita a sus afiliadas en Colombia FECODE y ASPU por haber sido actores del cambio en este proceso de paz. El camino ha sido largo y la sociedad colombiana ha demostrado ser un ejemplo en la salida de un conflicto que muchos creían irresoluble. Sin embargo, aunque la línea de meta queda a pocos pasos, es el conjunto de la sociedad colombiana el que debe ahora atravesarla”.
Hugo Yasky, Presidente del Comité Regional de la Internacional de la Educación, recordó como históricamente los sindicatos docentes de América Latina han ayudado a escapar del peligro de muerte a muchos docentes colombianos y han recordado y lamentado la muerte de muchos otros tantos durante el tiempo en que la guerra ha cobrado vidas inocentes.
“Los pueblos necesitamos la paz para construir la justicia social, para construir la distribución de la riqueza, para que esto que es un continente rico sea también un continente justo. Para que los señores de la guerra, los que hoy se oponen a estos acuerdos de paz, los que promueven el no para el 2 de octubre entiendan que no van a tener margen para seguir negociando y para seguir utilizando la guerra como parte del resguardo de sus intereses privilegiados”, acotó Yasky.
La delegación de la Internacional de la Educación para América Latina estuvo conformada por representantes de CTERA y CONADU (Argentina), CNTE y PROIFES (Brasil), ANDE y SEC (Costa Rica), CPC (Chile), Andes 21 de Junio (El Salvador), COLPROSUMAH (Honduras), SNTE (México), ADP y ANPROTED (República Dominicana), FUMTEP y FENAPES (Uruguay). También participaron representaciones de la NEA y la AFT, afiliadas a la Internacional de la Educación de los Estados Unidos.
Durante la actividad se leyeron muestras de apoyo con el proceso de paz enviadas de todo el mundo.
Por: Gabriel Díaz Campanella-Ecoportal
Octubre de 2013. Jaureguiberry, un balneario uruguayo de 500 habitantes. El funcionario abre la carpeta y saca un folio con el orden del día. En torno a la mesa están sentados los once miembros de la liga de fomento de esta localidad, situada a 80 kilómetros de Montevideo.
mas a tratar: luminaria, limpieza, caminería, escuela. El funcionario comienza por el último de estos puntos, la construcción de una nueva escuela, por la que esta comunidad lleva 25 años esperando. El diálogo se produce sin preludios formales:
— Y, ¿ya saben dónde van a construir la escuela rara?
— ¿Escuela rara?– dicen los vecinos, sorprendidos.
— Sí, la escuela rara– insiste el funcionario. La escuela inteligente.
— ¿Escuela inteligente?– replican los vecinos.
El empleado municipal saca entonces un papel donde figuraba el plano del proyecto, que definitivamente se parece a cualquier cosa menos al plano de una escuela. ¿Qué hacen tantos neumáticos en medio de aquellas paredes curvas? Toda una rareza que pilla desprevenido al vecindario. Rafael Muñiz, presidente de la liga de fomento, recuerda que por fortuna en uno de los márgenes de aquel boceto estaba escrito el número de teléfono de un tal Martín. “Y bueno, lo llamamos y apareció él, con un grupo de gurises”, recuerda Muñiz.
El tal Martín y los gurises —como se denomina aquí a los chavales— era un grupo de cinco amigos veinteañeros que un par de años antes se había reunido en un café montevideano para configurar las piezas de un plan: levantar una escuela sostenible, pública y rural —replicando uno de los modelos de bioarquitecturaconcebido por el estadounidense Michael Reynolds— a partir de materiales desechables.
“No son desechos”, corrige Jairo, de 12 años, a este reportero. “Es material reutilizable, que es distinto. No son desechos”, añade con tono solemne. A continuación, Jairo se explica: “Esta escuela está hecha con neumáticos viejos, botellas, latas y cartones, que ya fueron usados y nosotros los volvimos a usar. La escuela se alimenta sola. Usa la energía solar —agrega al tiempo que señala las placas fotovoltaicas colocadas en el techo— y el agua de la lluvia. La escuela nos cuida, pero nosotros tenemos que cuidarla también”. Maru, otra interlocutora de 9 años y alumna de la escuela como Jairo, nos acompaña hasta la galería cerrada que precede a las tres aulas y alberga un huerto orgánico con las frutas y hortalizas que abastecen al comedor escolar, habilitado en un predio comunitario contiguo a la escuela.
Ambos aprendieron en diversos talleres que la misma agua que riega este huerto en la escuela se emplea cuatro veces, en distintas fases. “Es agua de lluvia”, aclara Maru. Gracias a la inclinación del techo, el líquido se desplaza hasta los tres tanques ubicados en la parte posterior del edificio, con capacidad para 30.000 litros. Tras un proceso de filtración, los niños pueden beberla, lavarse las manos o regar el huerto. El agua sobrante llena las cisternas de los lavabos, la misma que luego de pasar por dos cámaras sépticas completa su ciclo al frente del edificio, soterradamente, regando las plantas y arbustos autóctonos que conforman un humedal.
La “escuela rara” ha llamado la atención de miles de visitantes desde su inauguración, en marzo pasado. Hace unas semanas, en pleno invierno uruguayo, se celebró una ajetreada jornada de puertas abiertas. “Hace un frío que pela”, rezongaba un señor antes de entrar al edificio, con el mate y el termo bajo el brazo. Un “frío que pela” es un combo de una temperatura de 6 ºC, con llovizna antojadiza y gélido viento oceánico que no deja pájaro a la vista. Pero dentro le esperaba una sorpresa: una temperatura de 20 ºC, sin aparato de aire acondicionado.
He aquí otra de las claves de la escuela, la orientación (hacia el norte) con el fin de absorber el poco o mucho calor del sol. Y otra más: el grosor de las paredes, auténticas masas térmicas que mantienen la temperatura interior, durante todo el año, entre 18ºC y 22ºC. Explicado esto, un joven voluntario guía a los visitantes hasta el fondo de la galería —mientras los niños tocan las plantas y descubren el olor de la albahaca y el perejil— para enseñarles un pequeño trozo enmarcado de pared, una especie de radiografía que deja al descubierto las entrañas del edificio: neumáticos, latas, botellas de plástico, arena, pedregullo y algo de cemento.
Para construir la escuela se utilizaron aproximadamente 2.000 neumáticos, 5.000 botellas de vidrio, 3.000 botellas de plástico y 14.000 latas de aluminio, además de cartón y nailon. Todo se juntó con la colaboración de empresas y cooperativas dereciclaje, así como de “puntos verdes” que fueron colocados en el balneario y también en Montevideo, aprovechando los festivales de música y otros eventos. El otro 40% de la obra fue cubierto con materiales tradicionales, como arena, tierra, pedregullo, cemento, madera y los cristales de la gran galería invernadero.
Siguiendo el método de Reynolds, los neumáticos se rellenaron con arena o pedregullo y se colocaron en hileras de tres en la parte inferior, dos en la media y una en la superior. Botellas, nailon, cartón y latas sirvieron para rellenar todo hueco y luego el cemento cubrió el edificio para evitar que el sol tome contacto con las gomas. La parte posterior de la escuela sorprende a los visitantes con un gran terraplén que parece querer tragársela, pero que funciona como un gran caparazón aislante y por donde asoman las bocas de unos tubos que atraviesan el montículo y desembocan en las aulas para refrescar el ambiente en verano. Cuando afuera es normal que haga una temperatura de 38 ºC, dentro nunca supera los 22 ºC.
Se trata de la primera escuela sustentable de América Latina, nada menos, y así lo anuncia un gigantesco cartel en plena Ruta Interbalnearia, camino de Punta del Este, el más chic —u hortera, según los gustos— de los balnearios uruguayos, por donde pasan cientos de miles de viajeros. El recinto, que tiene un total de 270 metros cuadrados, abrió sus puertas en marzo tras una maratoniana construcción (poco más de un mes), en una fiesta transmitida en directo por todos los telediarios. Allá estaban los 40 alumnos que tienen entre 3 y 12 años, los vecinos, los políticos y la ONG Tagma al completo, integrada por Martín Espósito y sus amigos, aquellos muchachos que una vez idearon este plan en un café montevideano.
Espósito recuerda que fue en 2011 cuando un amigo le recomendó que viese un documental, El guerrero de la basura, sobre Reynolds, su concepción de la arquitectura, su obsesión por reutilizar lo que el mundo descarta y su pacto irreductible con la naturaleza. Espósito, vinculado al activismo medioambiental, reunió a sus amigos para contagiarles la idea de construir una escuela pública, rural, tomando como referencia el Modelo Global, adaptable a cualquier clima,ideado por aquel arquitecto yanqui irreverente. Pero, ¿cómo convencer a Reynolds? Espósito le escribió un correo electrónico y nada. Envió un segundo y nada. El tercero tampoco tuvo respuesta. Un día llamó y le respondieron. Le dijeron que sí, pero que primero juntara la plata.
No se trataba solo de dinero. Había que encontrar el lugar y convencer a los gobernantes y a la comunidad, de las ventajas de aquella rareza destinada a convertirse en centro escolar. Para eso tuvieron que lidiar con la burocracia, tantas veces tosca y predispuesta a trabarlo todo. El proceso, cual novela kafkiana, duró cinco años. Pero ya tenían el sí de Reynolds. Así que crearon una ONG a la que llamaron Tagma. Luego formalizaron el proyecto y carpeta en mano recorrieron más de 50 empresas, hasta que una firma comercial local, Nevex, decidió cubrir la práctica totalidad de los 300.000 euros que costó el edificio.
“La escuela pública siempre ha sido el espacio democrático por excelencia en Uruguay y estamos convencidos de que puede ser el motor ideal para construir este cambio cultural”, sostienen desde Tagma. La carpeta dio tumbos por varias oficinas públicas, llegó a manos de intendentes, secretarios de intendentes, legisladores y secretarios de legisladores. Entre varios noes se abrió paso el sí de las autoridades de la educación primaria y el apoyo de la Facultad de Arquitectura de la universidad pública.
Se barajaron varios destinos, hasta llegar al actual, Jaureguiberry, fundado en los años 30 del siglo pasado por un ingeniero que soñó con convertir aquellos arenales en un parque natural. Cuentan que don Miguel Jaureguiberry plantó pinos, acacias y eucaliptos, que atrajeron benteveos, calandrias, horneros y pájaros carpinteros, primeros inmigrantes de esta zona. Probablemente de ese “visionario”, como lo llaman los vecinos, provenga la afianzada conciencia ambientalista de los lugareños reflejada en su portal Jaurecológico.
“Lo que más hemos aprendido es que no te podés sentar a esperar y que también hay que trabajar en varios frentes al mismo tiempo», comenta Espósito. «Hay conservadurismo y miedo, porque al final todo tiene un trasfondo político y en política los errores son difíciles de subsanar”. Precisamente, el miedo del que habla Espósito fue lo que hizo que algunos vecinos dudaran en un comienzo de la viabilidad del proyecto. Le pasó al abuelo de Maru. «Él decía que esto iba a ser un desastre. Decía que no y que no. Solo yo y mi mamá queríamos la escuela”, explica. Y ahora, ¿el abuelo está contento? “Está calladito”, responde Maru.
Reynolds, el guerrero de la basura, llegó a Montevideo en mayo de 2015 para conocer a la comunidad y ofrecer una conferencia sobre los pilares de Earthship Biotecture, la empresa que fundó luego de superar los avatares del sistema académico estadounidense, renuente —sobre todo 45 años atrás— a un modelo tan poco convencional. Y según confesó, se enamoró del proyecto uruguayo por tratarse de un atrevimiento de veinteañeros, una escuela pública y una comunidad rural celosa del espacio que habita. Dejó entrever que está cansado de toparse con magnates que se apuntan a tendencias pasajeras sin conciencia alguna de la integración y el equilibrio que debe existir entre nosotros y el espacio que habitamos.
En febrero, el arquitecto de melena incorregible se plantó en Jaureguiberry con 23 técnicos de la academia Earthship. En total, la construcción estuvo a cargo de 140 voluntarios, hombres y mujeres, de Uruguay y otros 30 países, que combinaron clases teóricas con el trabajo físico. Mientras una mitad estaba en la obra, la otra estudiaba el método de construcción de Earthship en un local contiguo a la escuela. Los vecinos colaboraron en la búsqueda de alojamiento para los voluntarios, además de participar desde 2014 en talleres sobre medioambiente. “Cambiar la conciencia global de cualquier tema, sea bioconstrucción u otra cosa, lleva tiempo. Duele deshacer patrones y ahí veo el valor de Earthship: te hace parar y hacerte preguntas”, comenta Laryssa Toroshenko, de 29 años, voluntaria que llegó desde Canadá y es fiel seguidora del proyecto desde 2013.
Cerca de Toroshenko, solícita y atenta a todo lo que pasaba en el pueblo estuvo Sandra Coppes, que lleva 46 de sus 50 años viviendo en Jaureguiberry y tiene tres nietas que asisten a la nueva escuela. “Hace muchos años que soñaba con tener una escuela acá. Por eso hice propio este proyecto. Ahora hay que cuidarla y mantenerla”, dice. Desde muy joven, Coppes ha trabajado como empleada de hogar, con los altibajos que ello supone en un balneario. Ahora sus planes cambiaron, decidió construir un pequeño quiosco con botellas de plástico, arena, latas, madera y algunos envases de vidrio. Experiencia no le falta. Y según ella misma explica, Jaureguiberry no anda sobrado de tiendas de bebidas y alimentos. Así que, probablemente, el nuevo emprendimiento de Sandra siga la buena estela que ha dejado la escuela.
Aunque aquí lanarrativa para la promoción de la reforma educativa ni lo menciona, en Estados Unidos sí: se trata de un negociazo. La colocan junto a otras industrias de alto rendimiento, como la farmacéutica o la del petróleo. La llaman industria de la reforma educativa (the education reform industry), inspiración y aspiración de Mexicanos Primero, con la mira en el botín del kínder a la universidad. Así la piensan los amigotes de allá, las corporaciones, fundaciones y FMI, Banco Mundial (BM), BID y OCDE, verdaderos cabildos del uno por ciento. Presentes, como en otros servicios públicos en vías de mayor privatización, educación, salud, seguridad pública, gestión del agua, petroquímica, electricidad, infraestructura etcétera, las asociaciones público-privadas (APP) se usan para la usurera y opaca extracción de riqueza de lo público a lo privado.
Para la Fundación de la familia Walthon, dueña de Walmart, la reforma educativa, ya en Estados Unidos o acá, es instrumento de poder y negocio. También para la Fundación de la Familia Clinton. En un bien documentado estudio, Guerra y Wall Street: el sombrío expediente de Clinton (Truthout org, 1/8/2016), Timothy Scott puntualiza que en la Fundación de los Clinton está la crème de la crème del mundo bancario, corporaciones, filantropías, cabildos, contratistas militares, de la industria del gas y del petróleo, la farmacéutica y múltiples donantes, de Citigroup, Goldman Sachs y Exxon Móbil a Monsanto y ¡Blackwater! Narra que una vez nombrado gobernador de Arkansas (1988), Bill Clinton colocó a Hillary a cargo del Comité de Evaluación Educativa para la reforma del sector de ese estado. De ahí salió una ley extraordinariamente regresiva que financia la educación con aumentos en los impuestos al consumidor, dejando a las grandes corporaciones libres de mayor obligación fiscal. Para los educadores esa reforma no fue diseñada para ayudar, sino para castigar y transformar a los maestros en chivos expiatorios de todos los males del sistema educativo. Desde entonces, Hillary mantiene contacto personal y profesional con (textual) la industria de la reforma educativa y algunos filantropistas claves.
Ante la creciente oposición nacional a la reforma educativa en Estados Unidos, como en México, auspiciada por el uno por ciento, Clinton actúa con cuidado para no perder votos. Sin embargo, Scott revela que “DLA Piper, firma legal que representa las principales empresas en el mercado de la reforma educativa, es uno de los principales donantes a la campaña electoral” de Hillary, al igual que Alice Walton, una de las personas más ricas del mundo, heredera de Walmart, que opera en todo México.
La narrativa del BM-BID y de los hacendistas locales, dice que las APP combaten pobreza y alientan el bienestar general. Cuando el Senado mexicano aprobó una controvertida reforma a la Ley de las APP, el pasado 16 de marzo, PRI, PAN y anexos, al tiempo que abrían las puertas a las APP en lo educativo, salud y seguridad pública, enarbolaron las banderas del BM-BID, de que aumentan inversión, empleo, crecimiento, el ingreso familiar y dan más y mejores servicios públicos y bienestar. Lo que ni las evaluaciones internas del BM se atreven a afirmar, menos dados los desastres a la vista en Mexichem y OHL, entre otras APP.
Vicente Bello de Tren Parlamentario informó que según el senador Manuel Bartlett: se trata del robo al presupuesto nacional, garantizado por los gobiernos neoliberales, apoyado por la Secretaría de Hacienda. Observación puntual porque la SHCP aplica la línea macroeconómica del FMI, que es la del alto capital, exigida para acceder a las líneas de crédito del BM-BID. Las evaluaciones internas del BM avalan las críticas vertidas en el Senado. Recabadas por Nicholas Hildyard thecornerhouse.org.uk y presentadas a la Escuela de Negocios de Manchester, el BM reconoce que son escasos los datos en su posesión requeridos para evaluar las APP; que el BM no cuenta con sistemas que permitan evaluar las APP una vez concluido el proyecto y además, que para el BM desarrollo exitoso equivale a éxito comercial. Los del BM asumen que si fue un buen negocio, entonces debió ser bueno para el país como un todo y en particular para los pobres(sic).
La senadora Dolores Padierna advirtió que con aval de PRI y PAN la ley permite que cualquier actividad a cargo del Estado, sea productiva o social, pueda ser contratada por privados al extremo de usar las APP para delegar en ellos la regulación económica del sector energético con el enorme riesgo de perder el poco control que le dejó al Estado la reforma energética. El senador Alejandro Encinas advirtió que quienes usan las APP las conciben no como un instrumento para fortalecer los bienes públicos y el interés público, sino como continuidad del proceso de privatización. Delegan “al sector privado funciones sustantivas que corresponden al ámbito de gobierno en materia de educación, de salud, de seguridad pública”.
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