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Discriminación amenaza existencia del 70% de las lenguas en México

México/25 de Febrero de 2017/Noticieros.televisa.com

México es uno de los países con la mayor riqueza cultural y lingüística del mundo, al contar con 68 lenguas originarias y 364 variantes lingüísticas, sin embargo, el 70 por ciento está en riesgo de desaparecer por la discriminación que enfrentan sus hablantes, aseguró el director general del Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (Inali), Juan Gregorio Regino.

El funcionario dijo que la situación de riesgo obedece en gran parte al desplazamiento (migración) de los hablantes de lenguas maternas de México hacia otras comunidades o ciudades.

Hoy este fenómeno no se puede revertir y persiste con una fuerte discriminación hacia las lenguas en México, expuso el también promotor cultural, al señalar que esta situación genera además una violencia psicológica en quienes todavía la conservan.

La descalificación repercute de manera negativa en la personalidad de los hablantes porque asumen “la idea de que su lengua no sirve y, por ello, se ven obligados a dejar de utilizarla, insistió.

En 2003, indicó, fueron reconocidas las lenguas de México como idiomas nacionales y con la misma validez que el español. “Esto es algo muy reciente y, en conjunto con la discriminación y la falta de reconocimiento, vemos que tampoco existe la infraestructura necesaria para una nación multilingüe.

Datos de la Encuesta Nacional de Discriminación en México (Enadis) 2010 revelaron que 44.1 por ciento de la población consideró que los derechos de las personas originarias no se respetan nada; el 31.3 por ciento comentó que se respetan poco, 22.4 por ciento indicó que sí se respetan y 2.2 por ciento no sabe o desconoce del tema.

Este panorama evidencia que “no hemos sido capaces de construir una filosofía y una propuesta de inclusión y de alternancia (…) que requiere el país para asumirse multilingüe, lamentó Gregorio Regino, quien es hablante y escritor de mazateco de la presa bajo.

La razón es porque en las escuelas de educación básica se ha excluido el aprendizaje de la lengua materna, la identidad y la cultura de los niños y de sus comunidades de origen por mucho tiempo.

En Puebla autoridades educativas impulsan el habla del totonaco, mazateco, mixteco, popoloca, hñähñú u otomí, tepehua y náhuatl; en riesgo de desaparecer el 70% de las lenguas en México
En Puebla autoridades educativas impulsan el habla del totonaco, mazateco, mixteco, popoloca, hñähñú u otomí, tepehua y náhuatl; en riesgo de desaparecer el 70% de las lenguas en México. (NTX, archivo)

El director general del Inali comentó que este 21 de febrero convoca a reflexionar sobre el contexto actual del país e impulsar políticas públicas en materia de lenguas de México porque “hoy estamos ante una situación delicada y grave.

Recordó que las lenguas maternas del norte del país son la de mayor peligro de extinción, como cucapá, paipai, kaliwa, Kumiai, pima e incluso tarahumara o rarámuri, y en la zona centro se encuentran tlahuica y tepehua en las mismas condiciones.

Otra situación similar ocurre en la comunidad de Santa María Ixcatlán, Oaxaca, en donde solo quedan muy pocos hablantes de la lengua Ixcateco. “Y así nos vamos a encontrar un panorama bastante desalentador, recalcó.

Gregorio Regino celebró que en algunas instituciones educativas, con la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), hayan incorporado la enseñanza del maya y náhuatl como materias optativas.

“Esto habla de una buena señal y significa un buen comienzo para que el tema de lenguas indígenas tenga un lugar en el ámbito académico, enfatizó el entrevistado, al tiempo que exhortó a desarrollar condiciones favorables para los hablantes en una sociedad libre de discriminación.

En México hay siete millones 382 mil 785 personas mayores, de tres o más años de edad, que hablan alguna lengua indígena, según la Encuesta Intercensal 2015 realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Esa cifra representa 6.5 por ciento del total de la población, de las cuales 51.3 por ciento son mujeres y 48.7 por ciento son hombres.

Fuente: http://noticieros.televisa.com/ultimas-noticias/nacional/2017-02-21/discriminacion-amenaza-existencia-70-lenguas-mexico/

 

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España: Siete comunidades aplazan las oposiciones de docentes por el bloqueo de los Presupuestos

Europa/España/25 Febrero 2017/Fuente: El país

Andalucía, País Vasco y Cataluña sí convocan en 2017 y otras cinco regiones aguardan la negociación del Gobierno para tomar una decisión contra reloj

Es un jarro de agua fría para miles de aspirantes que llevan años preparándose para ser profesor o maestro en los colegios e institutos españoles. Siete comunidades autónomas han decidido aplazar un año la convocatoria de oposiciones docentes por el bloqueo en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. Otras cuatro (Andalucía, País Vasco, Cataluña y Baleares, aunque esta última solo con plazas que había reservado en 2016) siguen adelante y el resto aguardan a que se desbloquee la situación que se podría solventar por una vía alternativa. Los sindicatos estiman que hay más de 50.000 plazas en juego en 2017. El Gobierno habla de 150.000 previstas para toda la legislatura.

La clave para fijar el número de plazas está en la tasa de reposición. Es el porcentaje de vacantes de funcionarios públicos que se cubren de aquellos que se marchan (por jubilación o enfermedad, principalmente). El Gobierno fija esa tasa -que en 2016 fue del 100%- dentro de los presupuestos. Pero no solo. Se puede hacer también mediante Real Decreto Ley, como ya han solicitado algunas comunidades al Gobierno para intentar ponerlas en marcha cuanto antes. Ocurrió a finales de 2011.

El PP aprobó entonces un real decreto de medidas urgentes en el que establecía precisamente una tasa de reposición del 10%. El número de profesores que trabajan en precario, los interinos, es del 20%, según datos del Ministerio de Educación. Preguntado a este respecto, un portavoz del Ministerio de Educación señala que aprobar esa medida “corresponde a Hacienda”. El ministro de Educación, Íñigo Méndez de Vigo, ha señalado este viernes que «si hubiera Presupuestos Generales del Estado sería mucho más sencillo». El de Hacienda, Cristóbal Montoro ha reiterado que hasta que no haya presupuestos no se va a tomar ninguna decisión. Fijar una tasa de reposición mediante real decreto desbloquearía también el resto de oposiciones pendientes, como las de jueces y fiscales.

Hay comunidades que no han convocado ni una sola plaza de profesor en los últimos cinco años y que esperaban empezar a recuperarlas en 2017. “No podemos ser un arma política, los políticos tienen que arreglar esta situación”, ha reclamado este viernes en una rueda de prensa Mario Gutiérrez, representante del sindicato CSIF. “Las comunidades autónomas chantajean al Gobierno con el empleo y el Gobierno les chantajea con los presupuestos”, ha lamentado Gutiérrez, que recuerda que las oposiciones para maestros y profesores “no aumentan el gasto del estado porque el convenio de trabajo de los profesores interinos [funcionarios sin plaza] les da retribuciones iguales a los fijos”.

Siete comunidades aplazan las oposiciones de docentes por el bloqueo de los Presupuestos

El Ministerio de Educación, según diversas comunidades, ya ha avisado a las regiones de que, si convocan oposiciones sin que la tasa de reposición esté fijada, el Gobierno las podría impugnar como ya ocurrió en Andalucía en 2012. La Junta de Andalucía convocará este año oposiciones para docentes “sí o sí”, según confirmó la presidenta, Susana Díaz, en el Parlamento autonómico. La oferta de empleo público se eleva a 2.486 plazas. La Administración autonómica esgrime que tiene competencias plenas en Educación, que se trata de un servicio esencial y que la convocatoria no afecta ni a las limitaciones de plazas impuestas por el Gobierno central ni al cumplimiento del déficit.

El Tribunal Constitucional, tras un recurso del Gobierno central, suspendió en septiembre de 2012 las oposiciones para 2.389 profesores en Andalucía, a las que se inscribieron 33.154 personas. Los magistrados justificaron su decisión en las restricciones para la reposición de funcionarios docentes, “la difícil reparación de las situaciones jurídicas que pudieran consolidarse” y en “la necesidad de preservar la contención del gasto público en el actual contexto económico y financiero de reducción del déficit”.

Además de Andalucía, Cataluña prevé aprobar unas 2.000 plazas para finales de año y País Vasco ha publicado ya el proceso en su boletín con otras 740. Baleares, por su parte, ofertará seguro 250 plazas que tenía previstas desde 2016 y podría llegar a doblar hasta 500 si se soluciona el asunto de la tasa de reposición.

En el extremo opuesto están las que ya han anunciado que no convocarán este año. Son siete regiones: Castilla La Mancha, Extremadura, Castilla y León, Aragón, La Rioja y Navarra y este viernes por la tarde se ha sumado también Murcia, según los datos recabados por este periódico. A ellas se suma Comunidad Valenciana, que ya había fijado previamente su convocatoria en 2018 sin que esté relacionado con este asunto.

Y quedan otras cinco más en compás de espera pendientes de las negociaciones del Congreso de los Diputados y que sopesan, además, si es buena idea convocar en sus regiones cuando no lo han hecho las del entorno, lo que puede provocar un efecto llamada. Son Madrid, Cantabria, Canarias, Asturias y Galicia.

Los plazos son muy apretados porque lo habitual es convocar para junio y que los nuevos funcionarios se incorporen a las aulas en septiembre. En Canarias se han puesto como límite el 1 de marzo para decidir si convocan o no este año. Madrid también está pendiente. La Xunta de Galicia, en manos del PP, prometió hace apenas semanas sacar a concurso en 2017 unas 3.000 plazas de empleo público, un millar de ellas en Educación. El Ejecutivo gallego ha anunciado que acatará la orden recibida del Gobierno central para dejar en suspenso las convocatorias hasta que Mariano Rajoy no logre apoyos políticos para sacar adelante en el Congreso los presupuestos. Y sostienen que si las cuentas públicas no se aprueban antes de mediados de abril no dará tiempo a celebrar las oposiciones para que los nuevos profesores ocupen sus plazas en el curso 2017-2018. El presidente Feijóo sostiene, como viene manteniendo hasta ahora el Gobierno central, que es “imprescindible” aprobar los presupuestos para que se puedan convocar plazas. A finales de 2011, sin embargo, no fue así.

Fuente: http://politica.elpais.com/politica/2017/02/24/actualidad/1487939995_104924.html

 

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Argumentos antidependentistas

Por: Claudio Katz

Las teorías de la dependencia afrontaron numerosas críticas de teóricos marxistas, que contrapusieron esa concepción con el pensamiento socialista.

El autor inglés que inauguró esas objeciones en los años 70 señaló que el capitalismo tendía a eliminar el subdesarrollo, mediante la industrialización de la periferia. Destacó que el dependentismo ignoraba ese proceso motorizado por el capital extranjero (Warren, 1980: 111-116, 139-143, 247-249).

En la década del 80 otro pensador británico estimó que el despegue del Sudeste Asiático refutaba la principal caracterización de la teoría de la dependencia (Harris, 1987: 31-69). Posteriormente varios intelectuales latinoamericanos expusieron ideas semejantes.

Algunos revisaron sus escritos anteriores, para realzar la expansión de la periferia bajo el timón de las empresas transnacionales (Cardoso, 2012: 31). Otros sustituyeron viejos cuestionamientos a la insuficiencia marxista de la teoría de la dependencia, por nuevas críticas a la ceguera frente el ímpetu del capitalismo (Castañeda, Morales: 33; Sebreli, 1992: 320-321).

Todos adscribieron al neoliberalismo y se distanciaron de la izquierda. Pero sus ideas influyeron en la nueva generación antidependentista.

REPLANTEO DEL MISMO ENFOQUE

Algunos críticos más recientes estiman que la dependencia es un término apropiado para designar situaciones de predominio tecnológico, comercial o financiero de los países más desarrollados. Pero consideran que la concepción en debate omitió el carácter contradictorio de la acumulación, pasó por alto la industrialización parcial del Tercer Mundo y expuso erróneas caracterizaciones estancacionistas (Astarita, 2010a: 37-41, 65-93).

De esas objeciones deducen la inconveniencia de indagar las leyes de la dependencia, con supuestos de capitalismo diferenciado para el centro y la periferia. Consideran más apropiado profundizar el estudio de la ley del valor, que elaborar una teoría específica de las economías atrasadas (Astarita, 2010a: 11, 74-75; 2010b).

Otros autores objetan el abandono de Marx por parte de Marini. Entienden que asignó una arbitraria capacidad al capital monopolista para manejar variables económicas y obstruir el desenvolvimiento latinoamericano (Kornblihtt, 2012). Algunos consideran, además, que el dependentismo desconoció la primacía del capitalismo mundial sobre los procesos nacionales (Iñigo Carrera, 2008: 1-4).

Estos cuestionamientos han aparecido en un marco político muy distinto al prevaleciente en los años 70 y 80. Los dardos ya no apuntan contra los defensores de la revolución cubana, sino contra los simpatizantes del curso radical liderado por el chavismo.

En este contexto reaparece el debate sobre el status internacional de los países latinoamericanos. Especialmente Argentina es vista por varios antidependentistas como una economía desarrollada.

Los críticos también retoman viejos rechazos al reemplazo de los antagonismos de clases por registros de explotación entre países. Acusan al dependentismo de promover modalidades de capitalismo benigno para la periferia (Dore; Weeks, 1979), impulsar procesos locales de acumulación (Harman, 2003) y favorecer alianzas con la burguesía nacional (Iñigo Carrera, 2008: 34-36).

Algunos subrayan que esa orientación conduce a un nacionalismo radicalizado que recrea falsas expectativas en la liberación nacional. Proponen adoptar planteos internacionalistas focalizados en la contradicción entre el capital y el trabajo (Astarita, 2010a: 99-100).

Estas visiones estiman que el dependentismo abandonó el rol prominente del proletariado a favor de otros agentes populares (Harris, 1987: 183-184, 200-202). Objetan la negación o desconsideración de la función histórica de la clase obrera (Iñigo Carrera, 2009: 19-20). Consideran que se diluye el carácter internacional del proyecto anticapitalista, retomando planteos autárquicos de construcción del socialismo en un sólo país (Astarita, 2010b).

Estos balances negativos de la teoría de la dependencia contrastan con las miradas convergentes que expusieron varios autores endogenistas y sistémicos. Los argumentos antidependentistas son contundentes: ¿pero tienen consistencia, validez y coherencia?

¿INTERDEPENDENCIA?

Las críticas iniciales apuntaron a minimizar los efectos del subdesarrollo que denunciaban los dependentistas. Señalaban que el capital foráneo remitía utilidades luego de generar una gran expansión y estimaban que el drenaje de recursos padecido por la periferia no era tan severo (Warren, 1980:111-116, 3-143).

Pero evitaban indagar por qué razón ese beneficio era considerablemente superior al vigente en las economías centrales. La teoría de la dependencia nunca negó la existencia de cursos de acumulación. Sólo resaltó las obstrucciones que introducían las inversiones extranjeras a los procesos integrados de industrialización.

Los objetores señalaron que las desigualdades sociales eran el costo requerido para movilizar la iniciativa empresarial en el debut del desarrollo. Consideraban que esa inequidad tendía a corregirse con la expansión de las clases medias (Warren, 1980:199, 211).

Pero esa presentación de capitales desembarcando en la periferia para favorecer a toda la población contrastaba con los hechos. El esperado derrame nunca traspasó el imaginario de los manuales neoclásicos.

El criticó inglés realzó, además, el incentivo aportado por la diferenciación social al despegue del sector primario, omitiendo la dramática expoliación campesina que impuso el agro-negocio. Justificó incluso la informalidad laboral repitiendo absurdos elogios a las “potencialidades empresarias” de los desamparados (Warren, 1980: 236-238, 211-224).

Esas afirmaciones sintonizaron con las teorías liberales, que ensalzaban un futuro de bienestar como resultado de la convergencia entre economías atrasadas y avanzadas. Con esa idealización del capitalismo repitieron todos los argumentos del mainstream contra el dependentismo.

Destacaron especialmente que esa corriente desconocía la influencia mutua generada por las nuevas relaciones de interdependencia, entre el centro y la periferia. (Warren, 1980: 156-170). Pero no aportaron ningún dato de mayor equidad en esas conexiones. Era evidente que la influencia ejercida por Haití sobre Estados Unidos, no tenía ningún reverso equivalente.

Una presentación reciente del mismo argumento afirma que la teoría de la dependencia sólo registra el status subordinado de los exportadores de insumos básicos, sin considerar las ataduras simétricas que padecen los productores de mercancías elaboradas (Iñigo Carrera, 2008: 29).

¿Pero un exportador de bananas juega en la misma división que su contraparte especializada en computadoras? La obsesión por realzar sólo las desigualdades que imperan entre el capital y el trabajo, conduce a imaginar que en cualquier otro ámbito rigen relaciones de reciprocidad.

COMPARACIONES SIMPLIFICADAS

Los críticos de la teoría de la dependencia afirmaron que la fuerte expansión de las economías subdesarrolladas del Sudeste Asiático, desmentía los pilares de esa concepción.

Pero Marini, Dos Santos o Bambirra nunca afirmaron que era imposible el acelerado crecimiento de ciertos países retrasados. Sólo destacaron que ese proceso introducía mayores desequilibrios que los afrontados por las economías avanzadas.

Con ese enfoque analizaron el debut manufacturero de Argentina, el despunte posterior de Brasil y la implantación ulterior de maquilas en México.

En esos tres casos remarcaron las contradicciones del desenvolvimiento fabril en la periferia. Lejos de descartar cualquier expansión, indagaron los anticipos latinoamericanos de lo ocurrido posteriormente en Oriente. El desenvolvimiento asiático no refutó los diagnósticos del dependentismo.

En abordajes más detallados, los críticos estimaron que Corea, Taiwán y Singapur demostraron la inviabilidad de modelos proteccionistas que generan despilfarro y encarecimiento de costos (Harris, 1987: 28, 190-192).

Pero tampoco este último resultado afectó a la teoría marxista de la dependencia. Al contrario, confirmó sus objeciones al desarrollismo de posguerra y al modelo de la CEPAL.

Esos cuestionamientos fueron expuestos subrayando impugnaciones de mayor envergadura al liberalismo, que varios antidependentistas omiten. Los partidarios de esta última vertiente ponderan las oleadas de liberalización, elogiando su impacto en Asia y cuestionando su desaprovechamiento por parte de las economías más cerradas (Harris, 1987: 192-194).

Olvidan que las posibilidades de mayor industrialización nunca estuvieron abiertas a todos los países, ni siguieron patrones de apertura comercial. El dependentismo intuyó ese escenario, al observar cómo la mundialización afectaba a las naciones periféricas con los mercados internos de cierta envergadura (América Latina) y apuntalaba a las localidades con mayor abundancia y baratura de la fuerza de trabajo (Asia).

Mientras que la visión dependentista explicó los cambios de las corrientes de inversión por la lógica objetiva de la acumulación, los críticos realzaron la apertura comercial, con mensajes muy afines al neoliberalismo.

El mismo razonamiento fue utilizado para ensalzar la prosperidad de ciertas economías tradicionalmente asentadas en la agro-minería. Afirmaron que Australia y Canadá demostraban cómo los exportadores de productos primarios podían ubicarse en espacios más próximos al centro que a la periferia (Warren, 1980: 143-152).

Pero nunca aclararon si esos países constituían la norma o la excepción de las economías especializadas en insumos básicos. La teoría marxista de la dependencia no intentó encajar la gran variedad de situaciones internacionales, en un simplificado envase de centro-periferia. Ofreció un esquema para explicar la perdurabilidad del subdesarrollo en el grueso de la superficie mundial, frente a enfoques pro-liberales que negaban esa fractura.

Si se reconoce esa brecha resulta posible avanzar en el análisis más específico de las estructuras semiperiféricas y los procesos políticos subimperiales, que explican el lugar de Canadá o Australia en el orden global.

Una visión dependentista actualizada permitiría clarificar esos posicionamientos, precisando los distintos planos de análisis del capitalismo global. Este sistema incluye desniveles económicos (desarrollo-subdesarrollo), jerarquías mundiales (centro-periferia) y polaridades políticas (dominación-dependencia). Con esa mirada se puede comprender el lugar ocupado por los países localizados en cinturones complementarios del centro.

A diferencia de críticos muy emparentados con el pensamiento neoclásico, los teóricos marxistas de la dependencia subrayaron que el capitalismo mundial recrea las desigualdades. No postularon el carácter invariable de esas asimetrías, ni concibieron un esquema de puros actores polares. Sugirieron la existencia de un complejo espectro de situaciones intermedias. Con esa mirada evitaron presentar cualquier ejemplo de desarrollo como un curso imitable con recetas de libre mercado.

¿ESTANCACIONISMO?

Algunos críticos más recientes coinciden con sus antecesores en estimar que la expansión del Sudeste Asiático propinó un severo golpe al dependentismo (Astarita, 2010a: 93-98). Pero olvidan que ese desenvolvimiento no afectó más a esa corriente, que a cualquier otra teoría de la época. El crecimiento de Corea y Taiwán generó la misma sorpresa que la posterior implosión de la URSS o la reciente irrupción de China.

Los objetores tampoco evalúan si la industrialización de las economías orientales inauguró un proceso que podría copiar el resto de la periferia. Sólo reafirman que el despunte oriental demostró el incumplimiento de los pronósticos dependentistas de estancamiento (Astarita, 2010b). Retoman una afirmación que ha sido frecuentemente expuesta como explicación del declive de ese enfoque (Blomstrom; Hettne, 1990: 204-205).

Pero la falla en cierta previsión no descalifica un razonamiento. A lo sumo indica insuficiencias en la evaluación de un contexto. Marx, Engels, Lenin, Trotsky o Luxemburg formularon muchos pronósticos fallidos.

El marxismo ofrece métodos de análisis y no recetas para develar el futuro. Permite diagnosticar escenarios con mayor consistencia que otras concepciones, pero no ilumina los sucesos del porvenir.

Los pronósticos permiten corregir observaciones a la luz de lo ocurrido y deben ser valorados en función de la consistencia general de un enfoque. Constituyen tan sólo un elemento de evaluación de cierta teoría.

El estancacionismo atribuido al dependentismo es un defecto de otro tipo. Implica caracterizaciones que desconocen la dinámica competitiva de un sistema gobernado por ciclos de expansión y contracción. Un congelamiento estructural de las fuerzas productivas es incompatible con las reglas del capitalismo.

Esa lógica fue desconocida por varios teóricos de la heterodoxia (Furtado) y por algunos pensadores influidos por las tesis del capital monopolista (el primer Gunder Frank). Ambas vertientes sostuvieron la existencia de un bloqueo permanente al crecimiento.

En cambio el marxismo dependentista estudió los límites y las contradicciones de la periferia en comparación al centro, sin identificar el subdesarrollo con la parálisis de la economía. Resaltó que Brasil o Argentina padecían desajustes diferentes y superiores a los vigentes en Francia o Estados Unidos.

La falsa acusación de estancacionismo contra Marini fue inicialmente difundida por Cardoso. Destacó la familiaridad de su contrincante con los economistas que Lenin criticaba por negar la posibilidad de un desenvolvimiento capitalista de Rusia (narodnikis).

Pero el propio objeto de estudio de Marini desmentía esa acusación, puesto que indagaba desequilibrios generados por la industrialización de Brasil. No evaluaba recesiones permanentes, sino tensiones derivadas de un significativo proceso de crecimiento.

La desacertada crítica al estancacionismo es a veces atemperada, con objeciones a la omisión del carácter contradictorio de la acumulación. En este caso se cuestiona el desconocimiento de mercados ampliados o productividades ascendentes ( Astarita, 2010a: 296).

Pero si Marini hubiera ignorado esa dinámica no habría podido estudiar los desajustes peculiares de las economías subdesarrolladas. Su aporte justamente radicó en sustituir genéricas evaluaciones del capitalismo por investigaciones específicas de los desequilibrios en esas regiones. Analizó en detalle el universo que sus críticos descalifican.

MONOPOLIOS Y LEY DEL VALOR

La caracterización de los monopolios es vista por los críticos como otro desacierto del dependentismo. Estiman que exageró la capacidad de las grandes firmas para afectar a las economías periféricas, manipulando la formación de los precios (Kornblihtt, 2012).

Pero Marini se mantuvo muy alejado de las influyentes teorías del capital monopolista de los años 60 y 70. Al igual que Dos Santos, indagó con mayor atención desequilibrios de la esfera productiva que desajustes en el ámbito financiero. Sus investigaciones estuvieron más centradas en las contradicciones de la acumulación, que en el manejo de los precios por parte de las grandes empresas.

Ciertamente tomó en cuenta cómo esas firmas acaparan plus-ganancias a escala global. Pero adoptó un enfoque emparentado con autores marxistas distanciados de las tesis monopolistas (como Mandel). A diferencia de muchos keynesianos de su época, no le asignó a las grandes compañías un poder discrecional para fijar los precios.

Marini mantuvo gran distancia con las visiones rudimentarias del monopolio y rechazó también la m istificación opuesta de la competencia. Esa fascinación salta a la vista en Warren o Harris, que ponderaron los méritos de la concurrencia con caracterizaciones muy próximas al abordaje neoclásico . Por esa idealización del capitalismo competitivo desconocieron la relevancia de la estratificación centro-periferia.

Otros críticos consideran que Marini se alejó de Marx al perder de vista la centralidad de la ley del valor. Proponen retomar ese concepto para clarificar las relaciones de dependencia (Astarita, 2010b).

Pero la problemática del subdesarrollo no se esclarece con ese tipo de investigaciones. Varios autores han destacado que los estudios a ese nivel de abstracción no facilitan la comprensión de la fractura global (Johnson, 1981).

Se necesitan mediaciones adicionales a las utilizadas en El Capital. En ese texto se analiza la explotación (tomo 1), la reproducción (tomo 2) o la crisis (tomo 3) del sistema. Marx esperaba abordar la estructura internacional (y probablemente las brechas en el desarrollo), en un trabajo que no llegó a elaborar (Chinchilla; Dietz, 1981).

Seguramente esa investigación habría ampliado el conocimiento de los desniveles mundiales en el periodo de formación del capitalismo. Pero conviene igualmente recordar que la dinámica centro-periferia presentaba en el siglo XIX características muy diferentes a las predominantes a fines de siglo XX.

Más que el “retorno a Marx” postulado por algunos analistas (Radice, 2009), la clarificación de ese problema exige retomar las reflexiones de los teóricos marxistas de la centuria pasada (Katz, 2016b, 2016c).

La ley del valor aporta un principio general de explicación de los precios y una teoría genérica del funcionamiento y la crisis del capitalismo. Ninguna de esas dimensiones alcanza para esclarecer la dinámica del subdesarrollo. Esa comprensión exige razonar en niveles más concretos (y a la vez consistentes), con los utilizados para capturar la lógica del valor.

EL SUBDESARROLLO COMO UN SIMPLE DATO

Algunos autores cuestionan las explicaciones del atraso centradas en la subordinación de la periferia. Sostienen que rige una causalidad inversa de situaciones de dependencia derivadas del subdesarrollo de esas economías (Figueroa, 1986:11-19, 55-56).

Esta interpretación presenta semejanzas con el razonamiento endogenista, que atribuía las desigualdades internacionales a contradicciones internas de cada país. Ese enfoque objetaba la primacía de causas externas en la explicación del retraso económico, resaltando el mayor impacto de los resabios oligárquicos o semifeudales. Entendía que las exacciones generadas por la dominación imperial eran menos determinantes que la persistencia de rémoras precapitalistas.

El planteo antidependentista es diferente. Rechaza la subsistencia de esos rasgos y subraya la vigencia de escenarios totalmente capitalistas. Por eso objeta tanto a los teóricos de la dependencia como del endogenismo tradicional.

Con esa mirada un exponente de esas críticas resalta los determinantes capitalistas internos del perfil que presenta cada país. También afirma que la inserción internacional de cualquier nación es un resultado de la forma en que accedió al mercado mundial (Astarita, 2010a: 296).

¿Pero cómo explica ese enfoque la fractura entre economías avanzadas y retrasadas? ¿Por qué razón esa brecha ha persistido en los últimos dos siglos?

Una respuesta destaca que en la división internacional del trabajo, las modalidades más productivas se concentran en las economías centrales y las más rudimentarias en la periferia (Figueroa, 1986:11-19, 55-56, 61).

Otra manera de exponer el mismo diagnóstico es la conocida descripción de especializaciones diferenciadas, en la provisión de alimentos o manufacturas por ambos tipos de países (Iñigo Carrera, 2008: 1-2,6-9).

Pero la constatación de ese contrapunto no clarifica el problema. Mientras que la interpretación dependentista atribuye el subdesarrollo a la transferencia de recursos y el endogenismo a la subsistencia de estructuras precapitalistas, la interpretación de los críticos brilla por su ausencia.

Esa visión parece aceptar que la fractura inicial fue causada por diversas peculiaridades históricas (feudalismo europeo, singularidades del agro inglés, transformaciones manufactureras europeas, atributos del estado absolutista, precocidad de ciertas revoluciones burguesas), pero no explica la persistencia contemporánea del atraso. Lo ocurrido en los siglos XVI-XIX no alcanza para esclarecer la realidad actual.

El antidependentismo carece incluso de las respuestas básicas que proponen los enfoques neoclásicos (obstrucción a los emprendedores) o heterodoxos (impericia de los estados). Sólo se limita a registrar que las economías avanzadas y relegadas difieren por su grado de desarrollo.

Esa obviedad no aclara las brechas cualitativas que rigen en el orden mundial. El contraste entre Estados Unidos y Japón no se equipara con el abismo que separa a ambos países de Honduras. El subdesarrollo distingue ambas situaciones.

Los críticos rechazan el papel jugado por los drenajes de valor de la periferia hacia el centro en la reproducción de ese atraso. Pero sin reconocer las variadas modalidades e intensidades de esas transferencias, no hay forma de explicar la estabilidad de las polarizaciones, bifurcaciones y jerarquías mundiales. La negación de esos flujos imposibilita cualquier interpretación.

CLASIFICACIONES Y EJEMPLOS

La mayoría de los críticos presenta al dependentismo como un bloque indistinto, omitiendo las enormes diferencias que separan a las vertientes marxistas y convencionales de ese enfoque.

Mientras que Cardoso observaba el subdesarrollo como una anomalía del capitalismo, Marini, Dos Santos y Bambirra caracterizaron el mismo rasgo como una característica de ese sistema.

Algunos objetores reconocen esas divergencias y registran la inexistencia de una escuela común. Pero luego de señalar esas diferencias unifican a los autores distinguidos, cómo si conformaran un grupo de exponentes más o menos radicales de la misma tesis (Astarita, 2010a: 37-41, 17-63).

La mayor confusión es introducida en la evaluación de Cardoso y Marini. El ex presidente es presentado como un teórico más abierto que el autor de Dialéctica de la dependencia. Se pondera su metodología, cuestionando sólo los pilares weberianos de ese abordaje o la jerarquización de las relaciones políticas, en desmedro del análisis económico (Astarita, 2010a: 65-82).

Pero no se aclara cuál fue el aporte de Cardoso antes de su viraje neoliberal. Tampoco se reconoce la contribución de Marini al entendimiento de la relación centro periferia. Especialmente se olvida que la hostilidad y afinidad de ambos pensadores hacia el socialismo revolucionario no fue ajena a esos contrapuestos resultados. El desconocimiento de ese contraste por parte de los críticos obstruye su balance de ambos teóricos.

Marini aportó conceptos (como el ciclo dependiente) para comprender la continuada reproducción de las brechas mundiales. Ese logro fue acertadamente percibido en los años 80 por un importante analista (Edelstein, 1981). Resaltó el mérito de captar las razones que impidieron a América Latina repetir el desenvolvimiento de Europa o Estados Unidos. Subrayó también que la lógica de la dependencia ofrece una respuesta coherente de esa limitación.

Ese enfoque brindó, además, un gran soporte a numerosos estudios nacionales y regionales de subdesarrollo. La desvalorización de esa contribución conduce a muchas caracterizaciones fallidas de los críticos.

Al indagar, por ejemplo, el recurrente fracaso de los intentos de industrialización de las economías petroleras (Arabia Saudita, Irán, Argelia, Venezuela) un autor antidependentista remarca la gravitación nociva del rentismo. Señala también el afianzamiento de burocracias ineficientes, la incapacidad para utilizar productivamente las divisas y la repetición de un patrón histórico de dilapidación (Astarita, 2013:1-11).

Pero ninguna de estas explicaciones endógenas alcanza para comprender la continuidad del subdesarrollo. La tesis dependentista destaca otro aspecto clave: la fragilidad estructural de las economías retrasadas por su inserción subordinada en la división internacional del trabajo. Ese sometimiento genera salidas de capitales superiores a los ingresos obtenidos con la exportación de crudo.

Las economías petroleras han padecido intercambios comerciales deficitarios, descapitalizaciones financieras y transferencias de fondos por remisión de utilidades o pagos de patentes. La fuga de capital y el endeudamiento agravaron esos desequilibrios propios de la dependencia. Lo que salta a la vista en cualquier estudio de esos países, no es registrado por los objetores de Marini.

¿ARGENTINA PAIS DESARROLLADO?

Un importante corolario del antidependentismo es la presentación de varios países latinoamericanos como naciones desarrolladas. Esa interpretación rige particularmente para el caso de Argentina.

Un exponente de esa visión cuestiona duramente a quiénes “se aferran dogmáticamente a la ideología de un país atrasado”, para no reconocer que ese país alcanzó el nivel de acumulación requerido por el capitalismo mundial (Iñigo Carrera, 2008: 32).

Pero el problema a resolver es el significado de esa expansión y esa ubicación internacional. Es una obviedad recordar que Argentina es un gran exportador de alimentos. Lo que se debe aclarar son las implicancias de ese rol.

Los críticos afirman que la elevada dimensión de la renta ganadera, cerealera o sojera determinó la incorporación del país al capitalismo mundial con un status de economía avanzada.

Pero la magnitud de una renta no es sinónimo de desenvolvimiento. Puede indicar situaciones opuestas de obstrucción al crecimiento sostenido. El desarrollo no se mide por la cuantía de un excedente exportable, sino por el grado de industrialización o los parámetros de desarrollo humano. Ninguno de estos guarismos ubica a la Argentina en el primer estamento de la jerarquía global.

La renta no define esa clasificación. Es un ingrediente económico clave de Canadá, Argentina y Bolivia, que convalida el nivel desarrollado del primero, intermedio del segundo y retrasado del tercero.

En toda la historia argentina se verificaron intensas pujas por la distribución de la renta, entre sus receptores del agronegocio y sus captores de la industria. Ese recurso operó como sostén indirecto de actividades industriales, que nunca lograron niveles de competitividad internacional o productividad auto-sustentable.

Ese resultado ilustra el funcionamiento de una economía retrasada, dependiente y afectada por crisis periódicas de gran alcance. Por eso los capitalistas eluden la inversión, resguardan sus fondos en el exterior y facilitan la apropiación financiera de la renta, en desmedro de su canalización productiva. Ese mecanismo retrata el carácter subdesarrollado de Argentina.

Los críticos observan este problema en forma invertida. Priorizan el análisis del sector más rentable y registran que la competitividad del agro es comparable al promedio vigente en Europa o Estados Unidos. Con esa evaluación concluyen situando a la Argentina en el pelotón de economías desarrolladas.

Pero el grado de desenvolvimiento de un país no se define por su rama más rentable. Utilizando ese criterio, Arabia Saudita y Chile quedarían ubicados en el top del ranking mundial por sus acervos de petróleo y cobre. El elevado lucro de un sector primario es habitualmente un indicador de atraso productivo. 

El status relegado de Argentina se verifica en el propio segmento agrario. Más allá de la controversia sobre la continuidad o reversión de los modelos extensivos con limitada utilización de capital por hectárea, es evidente la total dependencia de ese esquema de los insumos importados.

Esos componentes son provistos por empresas extranjeras, que refuerzan el predominio de un cultivo potenciado con siembra directa, transgénicos y agro-tóxicos. Esa atadura es un claro indicio de subdesarrollo (Anino; Mercatante: 2010: 1-7).

Algunos autores estiman que la economía argentina absorbe el grueso de su renta y genera afluencias de fondos del centro hacia la periferia, que desmienten la teoría de la dependencia (Kornblihtt, 2012).

Esta caracterización recrea las miradas que aparecieron en los años 70 con la irrupción de la OPEP. La captura de la renta petrolera por parte de las economías generadoras de ese excedente indujo a diagnosticar la extinción de la vieja subordinación de los exportadores primarios al centro.

Pero la experiencia demostró el carácter pasajero de esa coyuntura. A través de acreencias financieras y superávits comerciales, las economías avanzadas recuperaron esos ingresos.

Argentina también atravesó por transitorios periodos de gran absorción de su renta agroganadera, pero el status político dependiente acentuó la disipación de esa captura. Un país con mayores períodos de sometimiento que de autonomía en su acción internacional, tiene escasa capacidad para manejar sus excedentes.

Argentina se ubica muy lejos del retrato antidependentista. No es una economía desarrollada, no ocupa un lugar central en la división del trabajo y no desenvuelve estrategias de potencia dominante.

CUESTIONAMIENTOS POLÍTICOS

Los críticos cuestionan el alineamiento antiimperialista de los teóricos de la dependencia, identificando ese posicionamiento con el abandono de posturas anticapitalistas (Kornblihtt, 2012).

Pero no indican cuándo y cómo se produjo esa deserción. Ningún exponente marxista de esa tradición divorció la resistencia a los avasallamientos imperiales de sus cimientos capitalistas. Siempre aunaron ambos pilares.

Se acusa al dependentismo de sustituir el análisis de clase por enfoques centrados en la nación (Dore; Weeks, 1979). Esta actitud es asociada con erróneos postulados de explotación entre países (Iñigo Carrera, 2009: 27).

Pero ningún debate puede desenvolverse en esos términos. La explotación es ejercida por las clases dominantes sobre los asalariados de cualquier nación. Esa relación, no se extiende a los beneficios obtenidos por un país a costa de otro, en el mercado mundial. Cómo los teóricos marxistas de la dependencia nunca confundieron ambas dimensiones la objeción carece de sentido.

Es cierto que en la propaganda política antiimperialista, los adherentes de esa corriente utilizaron (a veces) términos confusos para denunciar saqueos de recursos naturales o hemorragias financieras. En estos casos recurrieron a denominaciones incorrectas para formular denuncias pertinentes. Pero el antidependentismo padece un inconveniente mayor. Sus desaciertos se ubican en el plano de los conceptos y no en la terminología.

Marini, Dos Santos y Bambirra siempre señalaron a los capitalistas como responsables de todas las modalidades de dominación. Nunca sostuvieron que las clases oprimidas de la periferia eran explotadas por sus pares del centro.

Esta caracterización sólo fue sugerida por autores próximos al tercermundismo (como Emmanuel), que retomaron viejas interpretaciones sobre el comportamiento complaciente de la aristocracia obrera frente a las acciones imperiales.

Los críticos también señalan que el dependentismo promovió el capitalismo nacional en la periferia, para apuntalar al capital privado nacional frente a las empresas extranjeras (Harris, 1987: 170-182). Consideran que observó a la burguesía nacional como un aliado natural en la batalla por el desarrollo (Iñigo Carrera, 2008: 34-36).

Pero esas metas eran auspiciadas por el nacionalismo conservador o los promotores del desarrollismo y no por el dependentismo. Bajo el impacto de la revolución cubana, esa corriente adoptó una nítida actitud de compromiso con el proyecto socialista.

Lo único cierto es que los teóricos marxistas de la dependencia reconocían la diferencia entre las clases dominantes de la periferia y sus equivalentes del centro. Rechazaban la identidad entre ambos segmentos que postuló un crítico de esa concepción (Figueroa, 1986: 80, 91, 203).

Marini, Dos Santos y Bambirra recordaban el lugar subordinado que ocupa la burguesía local en la división internacional del trabajo, señalando la consiguiente existencia de contradicciones y desequilibrios más acentuados. De esa caracterización deducían la vigencia de problemas nacionales irresueltos en América Latina y la consiguiente presencia de conflictos significativos con el imperialismo.

El dependentismo formuló críticas a la burguesía nacional desde posturas de izquierda contrapuestas al planteo de Cardoso o Warren. En esos exponentes liberales del antidependentismo, la verborragia contra el capitalismo nacional siempre tuvo una connotación reaccionaria.

Los críticos despotrican contra cualquier demanda de liberación nacional ignorando lo ocurrido en los últimos 100 años. Todas las revoluciones socialistas estuvieron conectadas en la periferia con reivindicaciones de soberanía. A partir de esa exigencia se procesó una dialéctica de radicalización, que desembocó en los cursos anticapitalistas que adoptaron las revoluciones de Yugoslavia, China o Vietnam. La victoria socialista en Cuba emergió también de la resistencia contra un dictador títere de Estados Unidos.

Los objetores olvidan que esas experiencias siguieron una ruta muy diferente a la prevista por el marxismo clásico. En lugar de asimilar las enseñanzas de esa mutación, proclaman su enojo con lo ocurrido y borran esas epopeyas de su diagnóstico del mundo.

Se podría pensar que la restauración del capitalismo en la URSS (o la mayor internacionalización de la economía) han alterado la estrecha conexión entre lucha nacional y social, que predominó en el siglo XX. Los antidependentistas no aclaran ese eventual basamento de sus opiniones.

Pero incluso en ese caso sería evidente que el Pentágono y la OTAN persisten como custodios del orden opresivo mundial. Basta observar la demolición de varios estados del Medio Oriente o la desintegración de África, para notar la centralidad de la acción imperial. Ningún proceso socialista puede concebirse desconociendo la prioridad de ese enemigo.

En lugar de reconocer esa amenaza, los críticos acusan al dependentismo de sustituir el análisis económico materialista por razonamientos superficiales, inspirados en conceptos imperiales de dominación (Iñigo Carrera, 2008: 29).

Desmerecen el registro de la realidad para enaltecer la reflexión abstracta, olvidando que la reproducción del capitalismo se sostiene en el uso de la fuerza. La simple acumulación de capital no alcanza para asegurar la continuada recreación del sistema. Se necesitan el soporte adicional de una estructura imperial.

El rechazo a reconocer la dimensión nacional de la lucha por transformaciones socialistas en la periferia, conduce al desconocimiento de las demandas populares. El ejemplo más reciente de esa ceguera es la impugnación de las movilizaciones contra la deuda externa.

Un objetor del dependentismo rechaza esa bandera denunciando la participación de las clases dominantes locales en la conformación de esa hipoteca. Señala que las campañas contra el endeudamiento diluyen la centralidad del antagonismo entre el capital y el trabajo (Astarita, 2010a: 110-111).

Pero no explican cuál es la contraposición entre ambos planos. El pago de la deuda afecta a trabajadores, que soportan recortes de sus salarios para saldar esos pasivos. Como se demostró en Argentina Venezuela Bolivia y Ecuador en los años 2000-2005, la resistencia a ese atropello desafía al propio sistema capitalista

Es cierto que las burguesías locales han sido cómplices del endeudamiento, pero las crisis desencadenadas por esa carga financiera corroen el funcionamiento del estado y socavan el ejercicio de su dominación. En ese contexto la deuda irrumpe como un eje de la resistencia antiimperialista.

Lo ocurrido en Grecia en 2015 ejemplifica ese conflicto. Los acreedores forzaron brutales sacrificios para cumplir con el pago de un pasivo, que ilustró las relaciones de dependencia con la Unión Europea. Los críticos ignoran los efectos explosivos de esa subordinación.

MARX, LENIN, LUXEMBURG

Para las vertientes liberales del antidependentismo, el retorno a Marx presupone reivindicar a un cultor del individualismo y de la disolución forzada de las sociedades no occidentales. El autor de El Capital es presentado como un defensor del imperio, que ensalzó la contribución inglesa a la superación del atraso de África y la India (Warren, 1980: 39-44, 27-30).

Pero Marx siempre se ubicó en un campo opuesto de denuncias del despojo colonial. Intuía el enorme contraste entre lo sustraído y lo aportado por los ocupantes de los países subdesarrollados. La sangría generada por la esclavitud en África o la masacre demográfica sufrida por los pueblos originarios de América, aportaban contundentes pruebas de ese balance.

En su análisis maduro sobre Irlanda, el teórico germano retrató la obstrucción británica a la industrialización de la periferia y reivindicó la resistencia popular a la corona (Katz, 2006a).

Esa postura es desconocida por quienes afirman que Marx ponderó el desarrollo introducido por los ferrocarriles ingleses en la India (Astarita 2010a: 83-90). Olvidan que esas inversiones afianzaron la subordinación primarizada del país y suscitaron un movimiento anticolonial, que fue apoyado por el revolucionario alemán.

La crítica antidependentista a cualquier modalidad de lucha contra esa opresión incluye severos cuestionamientos al empalme de las batallas por la emancipación nacional y social, que auspiciaba Lenin (Warren, 1980: 83-84, 98-109).

El líder bolchevique propiciaba ese ensamble en polémica con Luxemburg, que rechazaba toda forma de separatismo nacional, argumentando que afectaba el internacionalismo proletario y la primacía de los reclamos de clase (Luxemburg, 1977; 27-187) .

Lenin respondía ilustrando cómo el derecho a la autodeterminación reducía las tensiones entre los grupos oprimidos de distintas nacionalidades. Tomaba en cuenta la fraternidad lograda entre los trabajadores de Suecia y Noruega, luego de la separación pacífica de este último país.

El impulsor de los soviets defendía ese derecho sin aprobar necesariamente la secesión de los distintos países. El aval a cada propuesta dependía del carácter genuino, mayoritario o progresivo de esa reivindicación (Lenin 1974b: 26-90).

Es la misma distinción que en la actualidad puede establecerse entre los reclamos ficticios (kelpers de Malvinas), las balcanizaciones pro-imperiales (ex Yugoslavia) o los divorcios territoriales elitistas (norte de Italia, Flandes), con las exigencias nacionales legítimas (kurdos, palestinos, vascos).

El antidependentismo repite los errores de Luxemburg, al contraponer demandas nacionales y sociales como si fueran anhelos antagónicos. Sólo registra la centralidad de la explotación de los asalariados, sin notar que existen innumerables formas de opresión racial, religiosa, sexual o étnica. Todas inducen a resistencias que Lenin buscaba empalmar con la lucha proletaria.

Algunos autores afirman que el dirigente ruso promovió sólo la autodeterminación en el plano político, sin extenderla a la esfera económica. Reivindican esa aplicación limitada del concepto y rechazan cualquier parentesco con la batalla por la segunda independencia de América Latina. Consideran que esa propuesta contiene reclamos económicos inapropiados y nacionalistas (Astarita 2010a: 118, 293-296).

Pero Lenin nunca aceptó ese tipo de distinciones abstractas. Por eso objetaba cualquier razonamiento de la autodeterminación centrado en su viabilidad económica. En lugar de especular en torno a ese grado de factibilidad, convocaba a evaluar quién y cómo impulsaba el reclamo de soberanía, para distinguir exigencias válidas de usos pro imperiales de los sentimientos nacionales (Lenin 1974a: 99-120;1974b: 15-25).

La batalla por la segunda independencia encaja con esa postura del líder bolchevique. Retoma un objetivo regional de emancipación plena, que se frustró en el siglo XIX con la balcanización de América Latina.

Al registrar sólo el antagonismo entre el capital y el trabajo, el antidependentismo navega en un océano de internacionalismo abstracto. Por esa razón no logra percibir las diferencias básicas que oponen al nacionalismo progresivo y regresivo.

Lo que en el pasado contraponía a Mussolini o Teodoro Roosevelt con Sandino o Lumumba, en la actualidad separa a la derecha de Occidente (Trump, Le Pen, Farage) del antiimperialismo latinoamericano (Chávez-Maduro, Evo Morales). Lenin resaltaba esa distinción para delinear estrategias políticas, que son ignoradas por los críticos de la teoría de la dependencia.

PROLETARIADO MÍTICO

La principal acusación política del antidependentismo contra sus adversarios era el desconocimiento del rol protagónico de la clase obrera. Atribuían esa omisión a las influencias del tercermundismo o del lumpen-proletariado (Sender, 1980).

Pero esa caracterización no apuntaba a precisar los sujetos dirigentes de un proceso revolucionario, sino a definir caminos de modernización del capitalismo. La proximidad del socialismo era avizorada en estricta relación con el peso creciente de la clase obrera bajo el sistema actual. Por eso resaltaban la preeminencia del proletariado sobre otros actores populares (Harris, 1987:183-184, 200-202).

Con ese razonamiento suponían que la emancipación de los trabajadores emergería de un proceso opuesto de afianzamiento de la opresión burguesa. Cómo podrían liberarse los explotados de un sistema que consolida su sujeción era un misterio irresuelto.

Esa tesis remarcaba también el protagonismo de las economías desarrolladas -con mayores contingentes de asalariados- en la gestación del socialismo. De esa forma ignoraron que en el siglo XX las revoluciones se localizaron en las regiones afectadas por desequilibrios capitalistas más agudos.

En ese enfoque antidependentista el liderazgo proletario no implicaba promover cambios radicales. Al contrario, intentaba apuntalar un modelo de socialismo humanitario configurado a través de la acción parlamentaria. Estimaba que por esa vía Occidente volvería a ilustrar al resto del mundo el sendero de la civilización (Warren, 1980: 7, 24-27).

Esa visión repetía la mitología euro-céntrica forjada por la socialdemocracia alemana y los fabianos ingleses. Olvidaba hasta qué punto esa utopía fue desmentida por las virulentas guerras y depresiones del siglo XX. Con alusiones al comando del proletariado anticiparon el libreto socio-liberal de Felipe González y Tony Blair.

La preeminencia de la clase obrera fue particularmente enaltecida como antídoto a cualquier contaminación de antiimperialismo. Con ese fanatismo antinacionalista Warren se opuso a la lucha de los irlandeses del norte (católicos) contra la ocupación inglesa . Rechazó la unificación nacional de la isla y aprobó la postura de las corrientes protestantes leales a la monarquía británica (Proyect, 2008; Ferguson, 1999; Munck, 1981).

Esa actitud pro-imperialista coronó un imaginario de pureza proletaria, que otorgaba a los trabajadores localizados en las principales economías de Occidente, una función tutora del socialismo internacional.

Las tesis del invariable protagonismo obrero presentaron en los años 70 un cariz diferente en América Latina. Fueron promovidas por pensadores identificados en los ambientes militantes con la denominación de socialistas puros. Se oponían a cualquier estrategia que incluyera programas u organizaciones antiimperialistas y promovían procesos revolucionarios con dinámicas exclusivamente socialistas.

Ese enfoque bregaba por la recreación exacta del bolchevismo, en polémica con la estrategia por etapas del comunismo oficial y la extensión del modelo cubano, que propiciaba el marxismo dependentista.

El socialismo puro reivindicaba un esquema de soviets obreros contra las “deformaciones” introducidas por las revoluciones con preeminencia de campesinos (China, Vietnam) o clases medias radicalizadas (Cuba). Estimaba que esa sustitución del liderazgo proletario generaba los principales desaciertos contemporáneos del proyecto socialista.

Ese enfoque combinaba dogmatismo, miopía política y gran irritación con el curso de la historia. En lugar de registrar el papel revolucionario jugado por una amplia variedad de sujetos oprimidos, descalificaba las grandes transformaciones anticapitalistas por su desvío de una trayectoria sociológico-clasista presupuesta.

Suponía que una revolución carecía de atributos socialistas, si el lugar del proletariado era ocupado por otro segmento popular. Esta visión polemizaba con los defensores de la revolución cubana, en las tácticas y estrategias a seguir en los distintos países.

Esas caracterizaciones del proletariado latinoamericano -concebidas para afinar caminos de captura del poder- han desaparecido del debate actual. Persisten las críticas a las teorías que “rebajan” el papel del proletariado (Iñigo Carrera, 2009: 19-20), pero son expuestas en términos abstractos y sin ningún parentesco con experiencias reales.

Ya no aluden a acontecimientos políticos próximos. Navegan en universos fantasmagóricos carentes de anclaje en la acción de los trabajadores. Exponen ideas más conectadas con la deducción filosófica que con el razonamiento político.

Las críticas actuales están desligadas de los fundamentos postulados por el socialismo puro. No apuntan a demostrar la superioridad del proletariado frente a otros sectores oprimidos.

Al despegarse de ese pilar, los cuestionamientos carecen de relevancia para cualquier batalla por el socialismo. Esa pérdida de brújula vacía los argumentos de su vieja pretensión de apuntalar a las corrientes revolucionarias, en la disputa con el reformismo.

Un proceso análogo de evaporación del sentido de la crítica se verifica en las discusiones de la economía marxista, entre los intérpretes de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y los teóricos del subconsumo. En los años 70 esa controversia suscitaba pasiones, entre quiénes percibían el debate como una expresión de la batalla entre revolucionarios y reformistas. Se suponía que la primera tesis conceptualizaba la incapacidad del capitalismo para otorgar mejoras y la segunda aportaba fundamentos para esa posibilidad.

En la actualidad ambas tesis brindan elementos para comprender la crisis, pero no expresan los contrastes políticos del pasado. Cualquier revisión de esa polémica debe ser situada en el nuevo contexto.

Lo mismo ocurre con las críticas a las omisiones de clase por parte de la teoría marxista de la dependencia. Esas objeciones ya no son formuladas en función de los viejos debates sobre el rol dirigente del proletariado en la revolución socialista. Por eso muchas controversias aletean en el vacío, sin ninguna dirección.

SOCIALISMO GLOBALISTA

La valoración de los intentos de socialismo del siglo XX es otro terreno de cuestionamiento al dependentismo marxista. Algunos piensan que ese proyecto estuvo condenado al fracaso desde su nacimiento. No sitúan la falla en el totalitarismo burocrático de la URSS, sino en la mera existencia de un modelo que intentó saltear etapas de maduración capitalista (Warren, 1980:116-117).

Otros pensadores atribuyen el mismo resultado a la preeminencia de objetivos de liberación nacional, en desmedro de las metas socialistas. Estiman que esas carencias quedarán superadas en un futuro socialista precedido por la expansión global del capitalismo. Observan la globalización neoliberal como un promisorio anticipo de ese porvenir y ponderan el entrelazamiento internacional de las clases dominantes (Harris, 1987: 185-200).

Esa mirada identifica el curso actual con procesos crecientemente homogéneos. Suponen que las jerarquías globales se disolverán, facilitando la introducción internacional directa del socialismo.

Este diagnóstico explica la hostilidad hacia la teoría marxista de la dependencia, que subrayaba la preeminencia de tendencias opuestas hacia la polarización mundial del capitalismo.

La presentación de la globalización como un prólogo del socialismo universal asombra por su grado de fantasía. Es evidente que la mundialización neoliberal es el intento más reaccionario de preservación del capitalismo de las últimas décadas. Es ridículo suponer que las inequidades tenderán a desaparecer, bajo un modelo que genera monumentales fracturas sociales a escala mundial.

Warren y Harris invirtieron el sentido básico del marxismo. Transformaron una concepción crítica del capitalismo en su opuesto. Convocaron a la mesura en las denuncias del capitalismo, olvidando que ese cuestionamiento es el cimiento básico de cualquier proyecto socialista.

Su insólito modelo de socialismo globalista ha desaparecido del mapa político. Pero los principios de su enfoque perviven en el antidependentismo actual. Al descartar el componente nacional de la lucha en la periferia, ignorar la progresividad de las conquistas soberanas y desconocer las mediaciones antiimperialistas, esa vertiente supone trayectorias anticapitalistas equivalentes en todos los países.

Mientras que el marxismo dependentista concebía distintos eslabones intermedios para la estrategia socialista, sus críticos sólo ofrecen esperanzas de irrupción repentina de ese sistema a escala mundial.

Ese supuesto de mágica simultaneidad está implícito en la ausencia de programas específicos para una transición al socialismo en América Latina. Desechan estos caminos estimando que la desconexión del mercado mundial, recrea ilusorias variantes del socialismo en un solo país (Astarita, 2010b).

No perciben que esa estrategia fue elaborada para promover una secuencia combinada de superación del subdesarrollo y avances hacia la igualdad social.

Esa expectativa se apoyó durante varias décadas en experiencias reales. No fantaseó con mágicas irrupciones del socialismo en todos los países, a través de contagios inmediatos o apariciones simultáneas. Tampoco esperaba padrinazgos occidentales o desenlaces planetarios dirimidos en un sólo round.

Es cierto que el socialismo no puede construirse en un sólo país. Pero esa limitación no implica renunciar al inicio de ese proceso, en el marco imperante en cada circunstancia. Si se desconoce ese basamento nacional y se concibe al socialismo como un ultimátum (en todas partes y ahora o nada), no hay espacio para desenvolver estrategias políticas factibles.

Los exóticos modelos de socialismo global se inspiraron también en vertientes objetivistas del marxismo. Razonaban en términos positivistas, idolatrando un patrón de evolución identificado con el avance de las fuerzas productivas. Ese criterio indujo a los críticos iniciales del dependentismo a reivindicar la expansión del capitalismo y a objetar cualquier freno de esa pujanza.

Imaginaban un proceso ascendente de maduración bajo el liderazgo de segmentos civilizados de la clase obrera. Con ese razonamiento actualizaban el positivismo gradualista de Kautsky-Plejanov, en una novedosa variante del menchevismo global.

También los socialistas puros concibieron un esquema de cursos progresivos, en función de la incidencia de cada proceso sobre el desarrollo de las fuerzas productivas. Aprobaron lo que apuntalaba y criticaron lo que obstruía ese desenvolvimiento, jerarquizando la esfera abstracta de la economía en desmedro de la lucha popular.

Los continuadores de esa mirada no logran formular reflexiones constructivas sobre el proyecto socialista. Se limitan a exponer críticas sin plantear respuestas positivas a los problemas en debate. Por eso eluden cualquier sugerencia de alternativas a las teorías cuestionadas.

Con esa sucesión de rechazos obstruyen la continuidad de los fructíferos caminos abiertos por el dependentismo de los años 70. Ese curso contiene muchas áreas de estimulante investigación. En nuestro próximo texto estudiaremos uno de esos senderos: el subimperialismo.

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Colombia: Mineducación rinde cuentas sobre su gestión, pero evita entrar en polémicas

América del sur/Colombia/25 febrero 2017/Fuente: Semana 

La cartera educativa y el SENA realizaron un balance sobre sus programas en el Foro Colombia Educada: Logros y Retos. Sin embargo, quedó en la incógnita la controversia por norma que equipara a universitarios con técnicos.

Los más altos representantes del gobierno en materia educativa se dieron cita en el ‘Foro Colombia Educada: Logros y Retos’, convocado por la Fundación Buen Gobierno, para presentar una rendición de cuentas de lo que la administración de Juan Manuel Santos ha hecho en el sector en estos casi ocho años. Entre los asistentes y ponentes estuvieron la ministra de Educación, Yaneth Giha; el director general del Sena, Alfonso Prada, y el director ejecutivo de la Fundación, Martín Santos, quien, además, presidió el evento.

Durante su conferencia, Giha hizo un recuento de los avances en las áreas de educación básica, primaria, media y superior y en programas como Ser Pilo Paga, bilingüismo, gratuidad educativa y excelencia docente, entre otros. También abordó la estrategia trazada a propósito de los nuevos escenarios de paz.

“La educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo, es por eso que tenemos la meta de llegar a ser el país más educado en 2025. Hemos llegado al día de hoy a un nivel de cobertura del 97,4% en educación media y nuestro índice de deserción está por el 3,26%”, dijo durante su intervención.

La ministra contó que 500.000 estudiantes de colegios oficiales de todo el territorio estudian bajo la modalidad de la jornada única, y que para el 2017 se espera que el número ascienda a 1 millón de los 10 millones de estudiantes que hay en el país.

En cuanto a educación superior, Giha hizo énfasis en el incremento de la cobertura que ya alcanza el 57 %. Frente al posconflicto, espera que esas cifras de acceso también caractericen las zonas más golpeadas por la violencia. Y que la calidad de la oferta sea una realidad como ya sucede en las ciudades más importantes del país. “Vamos a superar las brechas que dividen Colombia. La idea es que no existan esas brechas que dividen lo rural de lo urbano”, puntualizó.

Por su parte, el director del Sena, Alfonso Prada, dio una conferencia sobre el papel de esta entidad como articuladora de oportunidades laborales y emprendimiento. “El Sena es la joya de la corona en la educación, así me lo dijo el presidente cuando me dijo que sería yo sería su director. Mi tarea es poder brindar pertinencia y calidad al sector educativo, relacionándolo con el laboral”, dijo.

Según cifras presentadas por Prada, el Sena cuenta con 138.430 aprendices, de los cuales 71.232 ya se encuentran empleados. En 2014, la entidad de formación para el trabajo tenía alianzas con 16.015 empresas; hoy en día cuenta con 145.000, lo que significa mayor oferta laboral para sus estudiantes.

El Snet pasó desapercibido
Durante el foro, la cartera educativa repasó todas las metas y logros alcanzados a lo largo de los dos periodos de la presidencia de Santos. Sin embargo, hubo un gran ausente en este listado de éxitos que, además, ha sido tema de polémica en las últimas semanas: el Sistema de Educación Terciaria (Snet). Esta política del gobierno pasó de agache y ni la ministra ni Alfonso Prada hicieron mención explícita al tema, aún cuando esta iniciativa representa una sinergia entre el Ministerio y el Sena.

Para eliminar la brecha entre las diferentes modalidades de formación de educación superior, el MEN, junto con el Ministerio de Trabajo, el Ministerio de las TIC y el Sena desarrollaron el Snet. Esta política pública, que lanzó la exministra Gina Parody, busca configurar una nueva perspectiva educativa para que los estudiantes puedan tener mayores posibilidades formativas y de movilidad entre los niveles educativos, además de compensar el bajo reconocimiento que tienen programas de formación técnica, tecnológica y de educación para el trabajo y el desarrollo humano en comparación con los universitarios.

La medida surge en un momento en el que el desempleo juvenil en el país se sitúa en el 15,3 % y el mercado está saturado con el número de egresados universitarios, de acuerdo a cifras de la cartera de Trabajo.

“El Snet quiere poner en igualdad de condiciones al sistema técnico y al universitario. La educación superior está desarticulada, porque hoy los tecnólogos y los técnicos están debajo de los profesionales, cuando no debería ser así”, indicó Padory durante la presentación de la estrategia en mayo de 2016.

Tan polémico ha sido el Snet que generó la renuncia del profesor Pedro Prieto como miembro del Consejo Nacional de Educación Superior. También ha recibido fuertes críticas de diferentes rectores de universidades de renombre, quienes no han dudado en rechazar públicamente la supuesta intención del Ministerio de aprobarlo por la vía rápida. Es decir, sin el beneplácito del Congreso de la República. Uno de los más críticos fue Ignacio Mantilla, rector de la Universidad Nacional, que en una carta abierta aseguró que “aprobar vía fast track una reforma a la educación superior deslegitimaría cualquier acuerdo, limitaría las acciones que las universidades públicas vienen implementando para atender las necesidades en educación en el escenario del pos acuerdo y despertaría dudas que podrían empañar y desvirtuar el propósito de la paz”.

Por el momento, ante la incertidumbre de qué va a pasar con el Snet, una vocera del MEN aseguró a Semana Educación que la consolidación de un sistema como este se tiene que dar, pero no por “fast track”, así exista una necesidad de cerrar brechas humanas en las zonas del conflicto de manera inmediata. “Se necesita un consenso entre los diferentes actores involucrados para que haya un acuerdo”, señaló la misma fuente y añadió que, mientras se resuelva esta polémica, se está buscando un componente que articule un lenguaje entre el sector productivo y el educativo para que haya pertinencia en la educación. Esto se hará a través del mejoramiento del Marco Nacional de Cualificaciones que ordena el Plan de Desarrollo. El primero que se presentará será el de las TIC, una guía para saber qué tipo de talento humano están buscando las empresas en este sector.

La única mención que hizo Giha sobre el Snet en el Foro es que el gobierno trabajará en las rutas educativas para que técnicos y tecnólogos puedan seguir formándose. “Esa parte se tiene que seguir hablando con las universidades para que haya una verdadera oferta educativa pertinente”, concluyó.

El problema de La Guajira
En cuanto a la reciente intervención del gobierno en el departamento de La Guajira, que ha presentado serias falencias en el manejo de los recursos por culpa de la corrupción, Yaneth Giha señaló varios temas preocupantes relacionados con la mala calidad de la prestación del servicio educativo: todavía hay 15 mil niños que no están matriculados en ningún colegio; se presentan inconsistencias en los informes financieros y los gastos administrativos superan lo aprobado.

Por todo ello, el Ministerio de Educación (MEN) será el que asuma el manejo directo de la educación en el departamento que hasta hoy estaba en manos de la Secretaría departamental y las de Riohacha, Uribia y Maicao. La medida hace parte del paquete de intervención a la administración del departamento que se dispuso este martes, luego de la reunión del Consejo de Política Económica y Social (Conpes) para analizar las situaciones excepcionales que se vienen presentando en esa zona del país. Además de la educación, el gobierno nacional asumirá también el manejo de la salud y agua potable.

Con la intervención, los 513.000 millones de pesos que se transfieren desde Bogotá a la educación de La Guajira serán manejados directamente por el MEN. La ministra dijo durante el foro que la medida busca garantizar el servicio a 217.000 niños y jóvenes del departamento, pues hoy se encuentra en riesgo.

A su vez, el informe del Conpes da cuenta de contrataciones sin el lleno de los requisitos legales e irregularidades en el reconocimiento de horas extras de maestros. Tampoco hay registros de entrega de dotaciones a docentes e instituciones educativas en varios años, y se contemplan pérdidas de recursos de la Nación de los que no existe reporte ni información.

En alimentación escolar, durante el segundo semestre de 2016, en 12 de los 15 municipios del departamento no se ejecutó el dinero destinado para la prestación del servicio. En el caso de Riohacha, ya hay un proceso de investigación por parte del a Fiscalía. Es por eso que el MEN también asumirá todo lo referente al manejo de los recursos de la alimentación escolar.

Según explicó Giha, la intervención durará tres años, lapso que podrá acortarse si el departamento logra las metas del Plan de Desempeño de manera anticipada.

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Pachamamistas y pachapapistas: el camino y el caminante

Por: Atawallpa Oviedo Freire

A la retorcida utilización y manipulación del conocimiento, la espiritualidad, la filosofía, y sistema de vida de los pueblos originarios de los Andes, se la ha calificado como “pachamamismo”. Sin embargo, estos críticos por falta de ecuanimidad, profundidad y conocimiento han caído en el otro extremo, sin que hagan la diferencia para que sus posturas sean valorables y rescatables. Si bien es cuestionable el “pachamamismo” no se puede caer en el otro lado a pretexto de combatirlo, por lo que los vamos a bautizar como “pachapapistas”. En última instancia, ambas posturas resultan perspectivas degradantes de la pachamama o madre tierra como de lo indígena o pueblos originarios. “Pachamamismo” y “pachapapismo”, dos caras de la misma moneda.

No se puede confundir al caminante con el camino. Los “pachamamistas” confunden al caminante y los “pachapapistas” al camino. Una cosa es cuestionar al camino y otra a los caminantes. No porque ciertos caminantes hagan mal uso de un camino milenario se puede decir que el camino está equivocado, a menos que también estén en desacuerdo con ese camino. Y esto último, es lo que se puede observar de los “pachapapistas”, quienes al criticar al caminante terminan al mismo tiempo criticando al camino, distorsionando el legado epistémico y modo de vida milenario de los pueblos indígenas. Crítica –que por cierto- no se diferencia mayormente de la que hicieron los conquistadores, o a como lo han hecho los criollos y lo siguen haciendo los neo-colonialistas en nuestros días.

Los “pachapapistas”, resultan en muchos casos más papistas que el Papa. Obviamente, no somos ilusos en creer que el indígena de la colonia y de la actualidad es igual al indígena precolombino, pero es obvio que hay trazas y líneas rectoras que guían el entendimiento de un pasado cognitivo. Y por otro lado, leyendo críticamente a los cronistas españoles de la época, podemos colegir los lineamientos generales de una cosmovisión. Aunque muchos de esos principios y postulados, no hayan sido, ni son aplicados en su total magnitud por los indígenas; pero, ¿acaso los marxistas son plenamente marxistas?, ¿acaso los cristianos lo profesan al 100% su cristianismo?, ¿acaso los antiguos conservadores no son los liberales de ahora?

Los colonialistas, desde un principio criticaron al sistema y forma de vida de los pueblos amerindios, mientras los actuales neo-colonialistas, de derecha e izquierda, académicos y políticos, lo siguen haciendo de la misma manera. Tanto, conservadores y marxistas siguen diciendo que el pensamiento indígena es atrasado, que solo el pensamiento liberal y el materialismo dialéctico sirven para entender la vida y la historia social y su devenir.

Pero lo que más extraña, es que quienes se dicen defensores de lo indígena, ancestral u originario, y se autocalifican de indianistas o kataristas, comulgan y asimilan posturas positivistas y desarrollistas para hacer sus críticas a los “pachamamistas”, y no lo hacen desde concepciones y epistemes propias de los indígenas.

Los “pachamamistas” dicen defender a la pachamama, pero al mismo tiempo la folclorizan y paralelamente apoyan políticas extractivistas. A su vez, los “pachapapistas” dicen también defender lo indígena, pero cuestionan el concepto y visión vitalcéntrica de la pachamama, pues para ellos la tierra no es “madre dadora de vida” sino tan solo recurso natural. Es decir, no hay mayor diferencia con la visión materialista, cosificadora y utilitarista de la naturaleza del pensamiento antropocentrista colonial y republicano, pero irónicamente dicen que están por la descolonización del pensamiento y del saber.

Por lo tanto, tenemos dos extremos, los que se han desviado del camino (pachamamistas) y los que desconocen el camino (pachapapistas).

Entre los “pachamamistas”, tenemos principalmente a los autodenominados “nueva izquierda” o progresistas o socialistas del siglo XXI (que están actualmente en el gobierno) y a un sector de las izquierdas que los apoyan; como además a grupos new age (Freddy Ehlers), esotéricos, espiritualistas, neo-chamánicos, ecologistas. Entre los “pachapapistas”, tenemos a socialistas, comunistas, indianistas, kataristas, indigenistas, liberales, conservadores, socialdemócratas, cristianos, católicos, positivistas, ateos, académicos, etc., quienes califican al concepto animista de pachamama, como: “atrasado”, “arcaico”, “esotérico”, “mágico”, “new age”, “irracional”, “subdesarrollado”, “poético”, “de ciencia ficción”, “romántico”, “esencialista”, y demás calificativos provenientes de la mentalidad analítica divisionista, problemática y sectaria. De esta manera, coincidiendo posiciones extremas, desde científicos hasta religiosos, desde neoliberales hasta marxistas, desde indianistas hasta burgueses. A la postre, resulta entre occidentalismo/patriarcalismo y andinismo/feminismo. Siendo esa la contradicción de fondo, esto es, la crisis del sistema-mundo civilizatorio, piramidal, antropocéntrico; una de cuyas partes es el capitalismo.

Aquí cabe hacer referencia a ciertos académicos, la mayoría de éstos nacidos en occidente u occidentalizados (Altmann, Bretón de Solón, Manosalvas), aglutinados en corporaciones y revistas (Iconos) dedicadas a investigar (desde sus escritorios) el “Buen Vivir” en nuestras tierras y para quienes los únicos referentes válidos son los de la academia, especialmente aquellos que guardan una irrestrictica ortodoxia logocrática y el método cartesiano de fragmentación y demás existentes (FLACSO).

Se asustan, cuando escuchan de espiritualidad o de chamanismo y se hace referencia a personajes como Carlos Castaneda, Masaru Emoto, Osho, Chopra. Quienes, según ellos, “no responden a la lógica occidental de pensamiento y de investigación, y por ende no son válidos”. Y dentro de los pensadores indígenas, los únicos reconocidos son aquellos con título académico y que responden o actúan dentro de la rigurosidad de los marcos teóricos delimitados por sus pares académicos occidentales, caso contrario –sin más- son excluidos de la academia.

La academia es occidental y solo puede medirse desde ahí, todo lo demás es “esotérico” “periférico”, “subjetivo”, “intrascendente”. La perspectiva indígena deberá ser (para ellos), irrestrictamente aquella que proviene de la Academia (de libros que hablan de otros libros), no de las propias sabidurías y conocimientos indígenas, no de quienes acogen o estudian responsablemente el legado epistémico ancestral, sino de aquellos que han leído académicamente a los indígenas. Seguramente, estos “pachapapistas” nunca han leído a José Maria Fericla, Alberto Villoldo, Jeremy Naiby, y muchos otros PhDs, que tienen posturas totalmente diferentes.

Lo que se puede observar, es un fundamentalismo de lado y lado. Los “pachamamistas”, con posturas culturalistas, ecologistas, indigenistas, socialistas, comunitaristas, puestos cada uno – o un grupo de ellos –, como entes céntricos, y sin que haya una mirada transversal, integral, relacional. Pero lo más cuestionable de ellos es su práctica, llena de domesticaciones, romanticismos y manipulaciones, que han sido muy evidentes en los gobiernos de Morales y Correa. Hablan de Buen Vivir/Vivir Bien, pero lo único que han hecho es reforzar y modernizar el capitalismo, a pesar de ciertos nacionalismos y actos de soberanía.

Y por el lado de los “pachapapistas”, tenemos otro tipo de dogmas y sectarismos, como el patriarcalismo, el materialismo, el desarrollismo, el racionalismo, el antropocentrismo, el productivismo, el economicismo, el cosifismo, etc. Al igual, con las mismas falencias de falta de complementariedad, reciprocidad, completud, continuidad histórica, entre cada uno de esos elementos. Por ende, ambas visiones son sectoriales y aisladas, aunque algunos de izquierda crean que sus posiciones sean revolucionarias y verdaderamente indianistas, y que ciertos académicos crean que sus teorías sean la realidad objetiva e inobjetable.

Al “pachamamista” de Evo Morales jamás se le había conocido como alguien que participe de rituales ancestrales o de que practique la espiritualidad indígena. En realidad, ha sido, y es, más creyente católico que espiritual andino. Tan solo se lo vio por primera vez, cuando fue investido en tan alta magistratura de presidente de Bolivia siguiendo el ritual de posesión de la tradición aymará. Pero, los que estuvieron a cargo de este acto y que manejaban la “Asociación de Amautas de Tiwanaku”, no eran los más idóneos ni los más consecuentes con la espiritualidad indígena, pues hace tiempo que la habían comercializado y folclorizado, frente a tanto turista que llega hasta Tiwanaku. Es más, quién le envistió con el poder de mando resultó ser un narcotraficante.

Si bien todo esto es criticable y rechazable, no se puede meter a todos en el mismo costal y en ello a la espiritualidad indígena, viéndolo todo en blanco y negro. A menos, que en el fondo se quiera cuestionar la espiritualidad como tal y se utilicen estos ejemplos para mal interpretarla y desmontarla, lo cual es otra cosa. Siendo eso lo que hacen los “pachapapistas”, cuando se puede criticar pero al mismo tiempo diferenciar entre folclorismo y profundidad, o entre maquillaje y enraizamiento.

Habría que preguntar a los “pachapapistas” si rechazan el ritual espiritual como tal, sea cual sea y sin importar la tradición, o lo aceptan como otra expresión simbólico-cultural. Si lo menosprecian, es que han elegido otro camino, que puede ser laico, ateo, seglar o cualquier otro, y por lo tanto no es el camino de la cultura indígena que es espiritual, aunque no religioso. Y esto es fundamental entender, pues luego de la influencia católica hay en la mayoría de los indígenas una mezcla de lo milenario con lo colonial, a través de la cual se ha ido desnaturalizando y deformando la concepción y visión ancestral andina. Pero no por ello, se trata de negar y peor rechazar la espiritualidad y cosmovisión o conciencia andina, como lo hacen los “pachapapistas”.

Los “pachapapistas” no pueden diferenciar entre religión y espiritualidad, calificando a todos como esotéricos o new age o paganos. Incluso, la creencia en la divinidad, ya es un absurdo para algunos de ellos y terminan rechazando toda expresión sagrada. Con lo cual, coinciden con visiones ateas o laicas en el mismo orden que algunos positivistas y materialistas colonialistas. Lo que significa que el “pachapapismo” no es una propuesta descolonizadora sino otra forma patriarcal de lo mismo.

De otra parte, el camino indígena milenario no entiende a la naturaleza como cosa, sino como un ser viviente y por lo tanto sintiente y pensante. Muy diferente a las visiones antropocentristas del materialismo histórico y del positivismo, para quienes la vida es la continuación de la evolución de la materia. En cambio, para los pueblos milenarios andinos desde su visión tetrádica (o tawantin en quechua o tiwanaku en aymará): la vida, es la fuente de la vida misma o la expresión de la existencia, y sin que nadie o algo fuera de ella la haya creado.

Bajo todas estas circunstancias señaladas, los “pachapapistas” son virulentos y dicen que se quiere regresar al pasado, que no se quiere el desarrollo/progreso, que se defienden posturas irracionales, retrorevolucionarias (Sánchez Parga), etc. Si bien, los “pachamamistas” reivindican el pasado y tienen posiciones idealistas sobre el pasado, tampoco se trata de minimizar y denostar la experiencia acumulada. Es obvio, que no se trata de idealizar ni de volver al pasado, pero sí de tomarlo de referente o de experiencia. Como también existe la posibilidad de que el caminante pueda constituirse parte de un encadenamiento histórico, o el de continuar tejiendo el camino milenario en estos nuevos tiempos y circunstancias diferentes, pero sin desviarse del camino. Y no, el de crear una mixtura poscolonial como es la propuesta del socialismo antropocentrista o del “poder indio” de los “pachapapistas” indianistas.

Es indudable que se quiere un cambio, mejorar las condiciones de vida, un nivel más alto de conocimientos, pero para ello, no se trata de recurrir o de plegarse a los paradigmas antropocentristas del desarrollo y el progreso, que justamente han provocado lo contrario. Por lo que resulta falso y maniqueista decir que no se quiere el desarrollo y el progreso, y que en el fondo se quiere continuar en la pobreza o mantener el actual estado. Una cosa es el sustantivo desarrollo/progreso, y otro, el paradigma o concepto del desarrollismo/crecimiento ilimitado. Confundir lo uno con lo otro, es simplemente un acto de deshonestidad y arribismo.

En todo caso, ambas posiciones, encierran –unas más que otras- nociones marxistas, indigenistas, comunistas, desarrollistas, liberales, que más se acercan a uno y otro extremo de la filosofía positivista colonial que a la vitalcéntrica y armonista de lo indígena. En el fondo (especialmente el “Poder Indio”) lo que quieren es virar la tortilla contra los blancos y los mestizos (q´haras). Hay que terminar con el capitalismo, pero no recrear un patriarcalismo y un desarrollismo indio.

Con esto, no defendemos purismos ni chauvinismos ni aislamientos ni esencialismos, pero sí, el entender que la raíz principal es la ancestral, y a la cual, hay que agregar los elementos y las situaciones que sean necesarias para que se manifieste en su misma expresión dentro de las nuevas realidades, y no al revés, como propenden los “pachapapistas” indigenistas. Es decir, un proceso de descolonización implica pensar de una manera propia o desde sus propias epistemologías, la misma que tiene un recorrido de miles de años y que no empieza con la resistencia a la colonización (la independencia) ni se termina con las generaciones actuales. No se trata de quedarse en el pasado, como tampoco de tan solo idealizar el futuro.

Entonces, con “pachamamismos” y “pachapapismos” no hay descolonización alguna sino, nuevas formas de dominación. De ahí, que sus extremismos los diferencian pero también los asemejan.

Cuando se habla de armonía con la naturaleza, significa entender que la vida funciona por la polaridad de fuerzas opuestas o contradictorias, pero las cuales no se anulan sino que se complementan las unas con las otras para hacer posible la vida. Lo contrario, es la visión dicotómica de la lucha de contrarios y la anulación o superposición de uno sobre otro, que es lo que ha guiado el pensamiento antropocentrista del eurocentrismo en la supuesta lucha del bien contra el mal. Hablar de armonía -antes de la invasión española- no quiere decir que se vivía en un paraíso o en mundo rosa sino, que se buscaba el equilibrio o el punto medio (taypi) entre las diferentes disputas o controversias sociales que se daban. Algo que no siempre se lograba, pero había la intención de practicar conceptos como el consenso, la conciliación, el equilibrio, la reciprocidad, la integralidad, la espiralidad. Definitivamente, no eran “buenos salvajes” ni pueblos bárbaros, eran pueblos en la búsqueda del equilibrio y la armonía (que eso significa sumak kawsay/suma qamaña).

No porque los pachamamistas con su buen vivir/vivir bien hayan desnaturalizado al modo y concepto de vida indígena, se pueda despreciar y rechazar al sumak kawsay/suma qamaña o sistema comunitario de vida andino. Se puede criticar al prostituido Buen Vivir/Vivir Bien, pero al mismo tiempo trabajar por profundizar el milenario sistema comunitario y no criticar a los dos como que fueran lo mismo.

Esto es lo que tampoco puede ver Pablo Stefanoni[1], cuando critica a intelectuales y académicos que desde esa condición hablan de la pachamama, como que ella solo estuviera reservada para los indígenas y que un intelectual por ese hecho ya está impedido de sentir y pensar con la tierra inteligente, como diría James Loveloock. El problema no es racial o académico sino epistemológico y conciencial.

Asimismo, es típico escuchar o leer a Pedro Portugal[2] mofándose de los que hablan con los pajaritos. No sé si se refiere a Nicolás Maduro o a partir de él reírse de quienes hablan seriamente con la naturaleza, como un ser viviente y por ende inteligente. Si Portugal se ríe porque no se hable en castellano o en aymará con los animales para que le puedan demostrar a él que si es posible la comunicación con ellos, pues debe saber que hay muchos experimentos científicos[3] a nivel mundial, que señalan que las plantas o los animales reaccionan a los sentimientos y actitudes de los hombres, y por ende viceversa.

Les invito a Pedro Portugal, Carlos Macusaya[4], y otros pachapapistas no-indigenistas, a que cojan una planta y le comiencen a insultar y enviar odio por varios días para ver qué pasa. O que apliquen algunas de las investigaciones de Masaru Emoto con respecto a la memoria del agua. Luego de que hagan eso, podremos hablar seriamente. Si los animales, plantas y minerales reaccionan a los seres humanos, es obvio que los seres humanos también pueden sentir y percibir lo que pasa en ellos, para lo cual hay que saber cómo hacerlo. No porque algunos falsos chamanes hagan “teatro” con la comunicación con la naturaleza, se puede decir que no existe comunicación entre los seres humanos y la naturaleza en su conjunto. Y a partir de ello, decir que eso es una irracionalidad y defender una posición racionalista-positivista propia del pensamiento antinatural que nos ha conducido al cambio climático y a la crisis global actual, lo cual es un claro “pachamamismo”. Una cosa es lo irracional, otro el racionalismo, y otro lo racional. No por criticar lo irracional se puede ir al otro extremo, que es el racionalismo. El pensamiento indígena es racional pero no racionalista y peor irracional.

Si queremos una descolonización profunda, ello implica no caer en ningún dualismo, como el “pachamamismo” y el “pachapapismo”, u otros de diferente tipo, y que sean reproducción o consecuencia de la influencia del pensamiento antropocentrista patriarcal, sino, el saber guardar armonía y equilibrio en todo, como convoca y enseña la racionalidad indígena milenaria. Lo fundamental es manejarse con categorías y valores que han sobrevivido en el tiempo por cientos de años, para diferenciar lo uno y lo otro. Caso contrario podemos caer en neo-colonialismos de nuevo cuño, que es lo que más abunda actualmente.

Ello implica limpiarse de toda concepción patriarcal, antropocentrista, racionalista, logocrática, positivista, ilustrista, idealista, romántica, dogmática, etc. Todas ellas, cargas provenientes del colonialismo civilizatorio y que han sido asimiladas en diferentes formas por “pachamamistas” y “pachapapistas”, de los andes y de todo el mundo. La descolonización no implica borrar todo lo sucedido en estos 500 años ni de reproducirlo, sino de asimilar todo lo vivido para transmutar todo aquello que sirva para aprender/reaprender a vivir en armonía y equilibrio en el presente.

Todo esto nos dice, que no todo caminante que habla del camino, camina por ese camino; como también, no todo aquel que camina por el camino lo hace de forma perfecta, sino que está aprendiendo. No intentar caminar y solo criticar desde afuera, es realmente porque camina por otro camino, que en el fondo, es un camino neo-colonialista que se quiere mantener o imponer.

Notas

[1] http://www.sinpermiso.info/textos/adnde-nos-lleva-el-pachamamismo
[2] http://www.amigo-latino.de/indigena/noticias/newsletter_5/331_pachamamiso_PP.html
[3] Le invito a leer los siguientes artículos: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20101229/54095622430/las-plantas-tienen-neuronas-son-seres-inteligentes.html y,http://www.elcomercio.com/tendencias/cancer-perros-inglaterra-diagnostico-salud.html
[4] http://www.periodicopukara.com/archivos/pukara-116.pdf

Fuente: http://rebelion.org/noticia.php?id=211409

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“Hay que acabar con el formato de clases de 50 minutos” Entrevista al Dr. en Medicina Francisco Mora

Europa/España/25 Febrero 2017/Autora: Ana Torres Menárguez/Fuente: El país

La neuroeducación, la disciplina que estudia cómo aprende el cerebro, está dinamitando las metodologías tradicionales de enseñanza. Su principal aportación es que el cerebro necesita emocionarse para aprender y desde hace unos años no hay idea innovadora que se dé por válida que no contenga ese principio. Sin embargo, uno de los máximos referentes en España dentro de este campo, el doctor en Medicina Francisco Mora, pide cautela y advierte de que en la neuroeducación todavía hay más preguntas que respuestas.

Mora, autor del libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama, que ya cuenta con once ediciones desde 2013, es también doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y se empezó a interesar por el tema en 2010, cuando acudió al primer Congreso Mundial de Neuroeducación celebrado en Perú.

Defiende que la educación puede transformarse para hacer el aprendizaje más efectivo, por ejemplo, reduciendo el tiempo de las clases a menos de 50 minutos para que los alumnos sean capaces de mantener la atención. El profesor de Fisiología Humana de la Universidad Complutense alerta de que en la educación se siguen dando por válidas concepciones erróneas sobre el cerebro, lo que él llama neuromitos. Además, Mora es adscrito al departamento de Fisiología Molecular y Biofísica de la Universidad de Iowa, en Estados Unidos.

Pregunta: ¿Por qué es importante tener en cuenta los hallazgos de la neuroeducación para transformar la forma de aprender?

Respuesta: A nivel internacional hay mucho hambre por anclar en sólido lo que hasta ahora solo han sido opiniones, y ese interés se da especialmente en los profesores. Lo que hace la neuroeducación es trasladar la información de cómo funciona el cerebro a la mejora de los procesos de aprendizaje. Por ejemplo, conocer qué estimulos despiertan la atención, que después da paso a la emoción, ya que sin estos dos factores no se produce el aprendizaje. El cerebro humano no ha cambiado en los últimos 15.000 años; podríamos tener a un niño del paleolítico inferior en un colegio y el maestro no darse cuenta. La educación tampoco ha cambiado en los últimos 200 años y ya disponemos de algunas evidencias que hacen urgente esa transformación. Hay que rediseñar la forma de enseñar.

P: ¿Cuáles son las certezas que ya se pueden aplicar?

R: Una de ellas es la edad a la que se debe aprender a leer. Hoy sabemos que los circuitos neuronales que codifican para transformar de grafema a fonema, lo que lees a lo que dices, no terminan de conformar las conexiones sinápticas hasta los seis años. Si los circuitos que te van a permitir aprender a leer no están conformados, se podrá enseñar con látigo, con sacrificio, con sufrimiento, pero no de forma natural. Si se empieza a los seis, en poquísimo tiempo se aprenderá, mientras que si se hace a los cuatro, igual se consigue pero con un enorme sufrimiento. Todo lo que es doloroso tiendes a escupirlo, no lo quieres, mientras que lo que es placentero tratas de repetirlo.

P: ¿Cuál es el principal cambio que debe afrontar el sistema educativo actual?

R: Hoy comenzamos a saber que nadie puede aprender nada si no le motiva. Es necesario despertar la curiosidad, que es el mecanismo cerebral capaz de detectar lo diferente en la monotonía diaria. Se presta atención a aquello que sobresale. Estudios recientes muestran que la adquisición de conocimientos comparte sustratos neuronales con la búsqueda de agua, alimentos o sexo. Lo placentero. Por eso hay que encender una emoción en el alumno, que es la base más importante sobre la que se sustentan los procesos de aprendizaje y memoria. Las emociones sirven para almacenar y recordar de una forma más efectiva.

P: ¿Qué estrategias puede utilizar el docente para despertar esa curiosidad?

R: Tiene que comenzar la clase con algún elemento provocador, una frase o una imagen que resulten chocantes. Romper el esquema y salir de la monotonía. Sabemos que para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga. La atención hay que evocarla con mecanismos que la psicología y la neurociencia empiezan a desentrañar. Métodos asociados a la recompensa, y no al castigo. Desde que somos mamíferos, hace más de 200 millones de años, la emoción es lo que nos mueve. Los elementos desconocidos, que nos extrañan, son los que abren la ventana de la atención, imprescindible para aprender.

P: Usted ha advertido en varias ocasiones de la necesidad de ser cautos ante las evidencias de la neuroeducación. ¿En qué punto se encuentra?

R: La neuroeducación no es como el método Montessori, no existe un decálogo que se pueda aplicar. No es todavía una disciplina académica con un cuerpo reglado de conocimientos. Necesitamos tiempo para seguir investigando porque lo que conocemos hoy en profundidad sobre el cerebro no es aplicable enteramente al día a día en el aula. Muchos científicos dicen que es muy pronto para llevar la neurociencia a las escuelas, primero porque los profesores no entienden de lo que les estás hablando y segundo porque no existe la suficiente literatura científica como para afirmar a qué edades es mejor aprender qué contenidos y cómo. Hay flashes de luz.

Sabemos que para que un alumno preste atención en clase, no basta con exigirle que lo haga

P: ¿Podría contar alguno de los más recientes?

R: Nos estamos dando cuenta, por ejemplo, de que la atención no puede mantenerse durante 50 minutos, por eso hay que romper con el formato actual de las clases. Más vale asistir a 50 clases de 10 minutos que a 10 clases de 50 minutos. En la práctica, puesto que esos formatos no se van a modificar de forma inminente, los profesores deben romper cada 15 minutos con un elemento disruptor: una anécdota sobre un investigador, una pregunta, un vídeo que plantee un tema distinto… Hace unas semanas la Universidad de Harvard me encargó diseñar un MOOC (curso online masivo y abierto) sobre Neurociencia. Tengo que concentrarlo todo en 10 minutos para que los alumnos absorban el 100% del contenido. Por ahí van a ir los tiros en el futuro.

P: En su libro Neuroeducación. Solo se puede aprender aquello que se ama alerta sobre el peligro de los llamados neuromitos. ¿Cuáles son los más extendidos?

R: Existe mucha confusión y errores de interpretación de los hechos científicos, lo que llamamos neuromitos. Uno de los más extendidos es el de que solo se utiliza el 10% de las capacidades del cerebro. Todavía se venden programas informáticos basados en él y la gente confía en poder aumentar sus capacidades y su inteligencia por encima de sus propias limitaciones. Nada puede sustituir al lento y duro proceso del trabajo y la disciplina cuando se trata de aumentar las capacidades intelectuales. Además, el cerebro utiliza todos sus recursos cada vez que se enfrenta a la resolución de problemas, a procesos de aprendizaje o de memoria.

Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, en su despacho de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense.
Francisco Mora, doctor en Medicina y Neurociencia, en su despacho de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense. JAIME VILLANUEVA

Otro de los neuromitos es el que habla del cerebro derecho e izquierdo y de que habría que clasificar a los niños en función de cuál tienen más desarrollado. Al analizar las funciones de ambos hemisferios en el laboratorio, se ha visto que el hemisferio derecho es el creador y el izquierdo el analítico -el del lenguaje o las matemáticas-. Se ha extrapolado la idea de que hay niños con predominancia de cerebros derechos o izquierdos y se ha creado la idea equivocada, el mito, de que hay dos cerebros que trabajan de forma independiente, y que si no se hace esa separación a la hora de enseñar a los niños, se les perjudica. No existe dicha dicotomía, la transferencia de información entre ambos hemisferios es constante. Si se presentan talentos más cercanos a las matemáticas o al dibujo, no se refiere a los hemisferios, sino a la producción conjunta de ambos.

P: ¿Está influyendo la neuroeducación en otros aspectos de la enseñanza?

R: Hay un movimiento muy interesante que es el de la neuroarquitectura, que pretende crear colegios con formas innovadoras que generen bienestar mientras se aprende. La Academia de Neurociencias para el Estudio de la Arquitectura en Estados Unidos, ha reunido a arquitectos y neurocientíficos para concebir nuevos modos de construir. Nuevos edificios en los que, aún siendo importante su diseño arquitectónico, se contemple la luz, la temperatura o el ruido, que tanto influyen en el rendimiento mental.

Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2017/02/17/actualidad/1487331225_284546.html

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México: “Escuelas al cien” Busca aniquilar la educación pública y satisfacer a los empresarios, acusa sección 22

América del Norte/México/25 Febrero 2017/Fuente: Insurgencia Magisterial

La Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) reiteró su rechazo al programa Certificado de Infraestructura Educativa Nacional (CIEN) “Escuelas al Cien” porque, aseguró, es un “esquema privatizador” del gobierno de Enrique Peña Nieto.

De acuerdo con los maestros, “Escuelas al Cien” busca aniquilar la educación pública y satisfacer las necesidades económicas de los empresarios, con lo que a partir de ese mecanismo el gobierno pretende endeudar a los padres de familia y maestros para que entreguen las escuelas a ese sector.

“La colusión de empresarios con el gobierno y sus desmedidas ambiciones a costa de la educación del país son la principal amenaza para la niñez de México porque, auspiciados por manos empresariales, siguen disfrazando programas sociales que buscan incrementar la pobreza y aniquilar el carácter público de la educación”, añadieron.

La Sección 22 rechazó la implementación de ese tipo de programas en las escuelas del estado porque, apuntó, se trata de un plan hipotecario de la infraestructura educativa a manos de empresarios hasta por 25 años, mediante un fideicomiso administrado por la Corporación Mexicana de Inversiones de Capital S.A. de C.V. y el Banco Invex, dirigido por la política económica de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

“El recurso monetario disfrazado de bondades de este gobierno, que debiera llegar a las escuelas públicas, es destinado al grupo de empresarios para que sean los administradores directos y contraten al personal que se encargará de sus trabajos, despojando de la mano de obra a los vecinos de la propia comunidad”, subrayó.

De igual manera, alertó que ese grado de corrupción e impunidad “no debe ser aceptado por los padres de familia, debido a que también busca que éstos aporten dinero extraordinario para culminar el programa que busca el supuesto sostenimiento de la educación de sus hijos”.

Según los profesores, el mismo programa “Escuelas al Cien” detalla que para ser beneficiarios, los estados tienen que signar convenios de colaboración para acceder a recursos del fondo de aportaciones múltiples, donde nuevamente “las manos ambiciosas de funcionarios corruptos se inmiscuyen con un fideicomiso que, dicho sea de paso, es administrado por la iniciativa privada a través de la Corporación Mexicana de Inversiones de Capital S.A. de C.V. o fideicomiso de emisión y fideicomiso de distribución”.

Finalmente, los integrantes de la Sección 22 hicieron un llamado al magisterio de Oaxaca, autoridades municipales, comités y asambleas de padres de familia para que se informen sobre las repercusiones del programa y evitar que ingrese a sus centros educativos, ya que se trata de un mecanismo de control social.

Con “Escuelas al Cien”, los padres de familia deberán entregar los documentos que acrediten la propiedad de la escuela y dejarla a manos de empresarios en calidad de “resguardo”, para después privatizarla.

Fuente: http://insurgenciamagisterial.com/escuelas-al-cien-busca-aniquilar-la-educacion-publica-y-satisfacer-a-los-empresarios-acusa-seccion-22/

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