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Ayotzi ocho años después: fue el Estado, es el Estado y seguirá siendo el Estado. ¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!

Por: Marcelino Guerra Mendoza, Roberto González Villarreal, Lucía Rivera Ferreiro. Columna: CORTOCIRCUITOS

«No hay mayor ignominia que la militarización del país en todo momento…»

A ocho años de la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, el mapa del ejercicio del poder del Estado autoritario ha crecido desproporcionadamente. Por un lado, se normaliza paulatinamente el envío de iniciativas del ejecutivo federal al poder legislativo para ser convertidas en leyes que constituyen, de facto, no solo una traición hacia la población en general, sino una afrenta, una burla para las comunidades, familias y estudiantes de la normal rural Isidro Burgos de Ayotzinapa.

Sin saber la verdad, ni recibir justicia, madres y padres de algunos de los desaparecidos han fallecido, pero nunca desfallecieron ni abandonaron la búsqueda de sus hijos. En contraste, el Estado se ha empecinado en desestimar las exigencias, denuncias y protestas de las familias en la búsqueda y localización de sus hijos.

El caso no está resuelto. ¿Dónde están?, es la pregunta que se hacen todos los días los padres de los jóvenes, la misma que el Estado no ha sido capaz o no ha querido responder.

En lugar de respuestas, tenemos cada vez más leyes que sitúan al país en la ruta de la militarización: ahí está la iniciativa de otorgar al ejército y la marina el control de la seguridad en todo el país, traspasando funciones de vigilancia a una guardia nacional militarizada, bajo el mando de la SEDENA. Ante los cuestionamientos sobre este giro, después de que en campaña declarara insistentemente que de ganar las elecciones regresaría al ejército a sus cuarteles, AMLO se ha limitado a responder: Cambié de opinión. 

En la desaparición forzada de los 43 estudiantes, los militares estuvieron directamente involucrados, así lo afirmó hace unas semanas Alejandro Encinas, presidente de la Comisión para la Verdad y la Justicia  (Soldados, liderados por “El Coronel”, mataron y desaparecieron a 6 de los normalistas); si el ejército ha sido artífice y protagonista de cientos de miles de desapariciones forzadas y torturas, y su participación activa ha sido comprobada más en el caso de los estudiantes rurales, ¿por qué habíamos de creer que concediéndole el mando de la seguridad civil, las cosas serían diferentes?.

No caigamos en el garlito de que todo sucedió en el periodo neoliberal de Peña Nieto, eso es un hecho, nadie dice lo contrario. Aquí lo fundamental es tener claro, nunca olvidar ni pasar de largo que a 4 años del gobierno de la IV T, el mismo que prometió esclarecer los hechos y acabar con la impunidad, no existen respuestas, tampoco indicios de que realmente interese conocer la verdad, alentar la búsqueda para dar con el paradero de los estudiantes desaparecidos.

¿Para qué formar una Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa, con todos los recursos a su alcance, que se supone debía esclarecer en forma expedita lo ocurrido, pero no es capaz de responder la pregunta, la única cuya respuesta esperan finalmente recibir sus familias y la sociedad entera? Inevitable pensar en una explicación posible: ésta, como tantas otras comisiones que se han formado para fines similares, lo único que muestran es una complicidad extrema con el pasado neoliberal, al tiempo que marcan el escenario militar para continuar profundizando la impunidad.

A ochos años de lo ocurrido y a 4 años de la 4T, el mapa del autoritarismo del Estado transformador de la realidad nacional, es cada vez es más preocupante y grave; las desapariciones forzadas continúan, los feminicidios aumentan, el asesinato de periodistas, activistas y luchadores sociales no cesan; los levantones en el territorio nacional están presentes y la indolencia e insensibilidad de los tres órganos de gobierno para la atención de estos acontecimientos son cada vez más latente.
No hay mayor ignominia que la militarización del país en todo momento, pero a ocho años de la desaparición forzada de los 43 futuros maestros rurales y a cuatro años de gestionar su desaparición con una búsqueda sin resultados concretos, pinta de cuerpo entero al actual gobierno: como un Estado neoliberal con tintes progresistas investido de un discurso disonante de las acciones cotidianas que ratifica, una vez más la máxima popular: FUE, ES Y SERÁ EL ESTADO.

¡PORQUE VIVOS SE LOS LLEVARON, VIVOS LOS QUEREMOS!

Fuente de la información: Insurgencia Magisterial

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México| La verdad es que no hay verdad»: madres y padres en lucha por sus 43 hijos

En la reunión provisional de la Asamblea Nacional Popular, doña Blanca Nava, madre de Jorge Álvarez Nava, normalista de Ayotzinapa desaparecido en 2014, señaló que el gobierno «se ha burlado mucho de nosotras las madres y los padres. Nosotras vamos a seguir y no vamos a creer que nuestros hijos ya están muertos. Si no me dan pruebas de mi hijo cómo voy me voy a quedar con esa verdad… La verdad es que no hay verdad».

El 17 de septiembre, se articularon organizaciones sociales y colectivas con la lucha social de las madres y padres por la presentación con vida de los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa.

Las madres siempre se han preguntado dónde están sus hijos, qué pasó con ellos y a dónde los fueron a dejar. «Como madre sigo esperando a mi hijo, no pierdo la fe y la esperanza de que será lo último que voy a perder», dijo doña Blanca Nava.

Lo más que se ha podido hacer son búsquedas donde encontraron mil restos óseos de 4 a 5 centímetros. También se han realizado detenciones, con irregularidades. Las últimas detenciones han sido las de Jesús Murillo Karam, tres militares, entre los que está el coronel José Rodríguez Pérez. Sin embargo, sobre el paradero de los 43 estudiantes no se sabe nada.

Vidulfo Rosales Sierra, abogado de las madres y padres de los 43, hizo notar las preocupaciones de los últimos acontecimientos en el caso Ayotzinapa. Primero, las madres y padres ven que hay una demora injustificada en la ejecución de las 20 órdenes de aprehensión en contra de los militares, pero es el día en que no se han ejecutado. El pasado miércoles 14 de septiembre sólo se pudieron detener a tres militares sin saber las razones de qué ha pasado con el resto. Lo que sí vemos es que hay una dosificación en las órdenes de aprehensión.

Segundo, hay una «demora después del discurso del secretario de la defensa nacional en la detención de militares. El presidente de México les da la tribuna a las fuerzas armadas y desde ahí cuestionan a las madres y padres porque supuestamente están generando un conjunto de acciones con el fin de querer desprestigiar a una institución militar». Estas declaraciones son sumamente peligrosas.

Esta posición recia del secretario de la Sedena preocupa porque da un mensaje directo para que no se toquen 17 militares más que tienen orden de detención. Hay un temor justificado de que el ejército esté apretando la tuerca al ejecutivo. Después de que se ejecutaron algunas órdenes de aprehensión se dio el discurso del secretario donde dice que «hay intereses perversos de querer crear una desconfianza en las fuerzas armadas porque estamos diciendo que son asesinos, que infiltran de manera infundada los movimientos sociales y que deben responder por graves violaciones a los derechos humanos». En fin, el ejército quiere encubrir a 20 de sus elementos.

Tercero, «la comentocracia, quienes escriben para las oligarquías y un régimen militaristas, afirman que el subsecretario de derechos humanos, Alejandro Encinas y Omar Gómez Trejo, fiscal del caso Ayotzinapa, están creando acusaciones infundadas contra un pobre ejército que carga a México en sus espaldas», asevera Vidulfo Rosales.

Las madres y padres consideran que hay un ambiente enrarecido que trata de tejer una cortina de humo. Están minimizando las detenciones como el general que está en la cárcel por violar derechos humanos en México. Lo cierto es que no se están ejecutando las órdenes de aprehensión que el mismo gobierno las anunció. Además, los jueces están exonerando a personas responsables, y caciques en Guerrero tratan de dividir a los padres de familia.

Las organizaciones sociales se solidarizaron con las madres y padres, así como el apoyo a Vidulfo Rosales y se manifestaron contra los ataques mediáticos de la clase política y del ejército que se muestra indiferente al dolor de las madres, que, al contrario, busca ocultar la verdad.

Las madres y padres exigen cárcel para todos los militares, desde el soldado hasta los generales que participaron en la desaparición de los 43 estudiantes. Al general Cienfuegos no se le está investigando, pues no fue ajeno a lo que estuvo ocurriendo. Es impensable que no supiera que la normal estaba siendo infiltrada y que tenían monitoreados a los jóvenes desde su salida hasta el arribo en Iguala el 26 de septiembre de 2014, y que sus elementos estaban participando de manera directa en la agresión. Por eso debe enfrentar la justicia.

Vidulfo Rosales habla en que «nos negamos mirar al México profundo y otro imaginario con sus contradicciones, lleno de exclusión, desigualdad y más 100 mil desaparecidos. Qué pasa con los desaparecidos. Nos encontramos una burbuja donde la juventud está en un ensueño por la narrativa de una ideología neoliberal. Así, el discurso del gobierno termina criminalizando la protesta social».

El debacle de la democracia en México se profundiza con una crisis de derechos humanos. Se pensó que todo cambiaría con el gobierno de la cuarta transformación. Sin embargo, las imágenes del terror, de la impunidad y la corrupción continúan. Se habla de libertad de expresión, pero se criminaliza la protesta aun cuando la lucha es por verdad y justicia.

Fuente de la información e imagen:  Tlachinollan

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Ayotzinapa, víctima sistemática de violencias estructurales y culturales

Por: Pedro Rendón

 

La Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa “ha sido víctima sistemática de distintas arbitrariedades”, principalmente porque sus estudiantes son indígenas e hijos de campesinos, aseveró el Dr. José Luis García, docente de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAGro).

Los estudiantes de Ayotzinapa son pues, “el caldo de cultivo ideal para la reproducción de las violencias estructurales y culturales”, porque son pobres y marginados, agregó García, quien acudió a la Universidad Iberoamericana Ciudad de México para presentar el libro ‘Tejiendo diálogos y tramas desde el Sur-Sur. Territorio, participación e interculturalidad’, coeditado por la IBERO, la UAGro y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

En dicho texto, el doctor -junto con Bianca Torres y Bianca Vázquez- publicó el artículo ‘Ayotzinapa: violencias, resistencias y lucha sociopolítica’; un análisis socio-histórico sobre las condiciones con las que ha tenido que lidiar la normal rural y cómo fue modificando su razón de ser conforme fueron avanzando los nuevos modelos económicos, políticos y culturales.

Para ese mismo libro, el Dr. Stefano Sartorello, académico del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo de la Educación (INIDE) de la IBERO, desarrolló un escrito con nuevas cavilaciones acerca de su proyecto ‘Milpas Educativas para el Buen Vivir’.

“Utilizo una reflexión que parte de las epistemologías del Sur de Boaventura de Sousa Santos, la idea de las zonas liberadas, que son espacios sociales donde la gente se moviliza para crear alternativas ante el statu quo. Entonces identifico que las milpas educativas para el buen vivir son zonas educativas liberadas, donde tratamos de renovar la educación escolar, sacándola de la escuela y haciéndola en las milpas”.

Del libro en general, el profesor de la UAGro mencionó que es una recopilación de pensares, sentires y haceres provenientes de diversos contextos latinoamericanos, que emergen de problemáticas multifactoriales y que aportan una mirada alternativa y mecanismos de resistencia política, epistemológica y pedagógica para construir un nuevo tipo de educación, desde lo contextual, lo territorial y la comunidad.

“Se trata de un libro con una perspectiva latinoamericana, pero desde el Sur-Sur, o sea, desde una postura política alternativa a las posturas del Norte global”, complementó Sartorello.

Esa alternativa educativa, desde la mirada Sur-Sur, en la Universidad Autónoma de Guerrero se está construyendo al “hacerle frente al ímpetu modernizador del capitalismo y el neoliberalismo”, a través de la reflexión, para poder construir mecanismos de resistencia. “Empleamos estos mecanismos de interpretación de las lógicas neoliberales y capitalistas para poder construir desde ahí, desde lo que somos nosotros, desde el entendimiento de nuestras realidades”, comentó García.

Añadió que, a la presentación del libro ‘Tejiendo diálogos y tramas desde el Sur-Sur. Territorio, participación e interculturalidad’ acudieron, entre otros, estudiantes de la UAGro, cuya asistencia a las IBERO les permitió conocer otras realidades y entender que viven en un mundo con diferentes visiones. “Vinieron, siendo más poéticos, a caminar el mundo”.

“Creo que estudiantes con las condiciones tan precarias como los que hacen vida en la Autónoma de Guerrero merecen, tienen el derecho de conocer, otros espacios que no necesariamente son sus espacios”. Es así que, “en este diálogo de saberes puede haber un resultado positivo entre dos visiones que parecen antagónicas, pero que realmente se pueden complementar de la mejor manera”, finalizó.

Fuente de la información e imagen:  IBERO

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México: Gobierno da por muertos a los 43 estudiantes desaparecidos en Ayotzinapa

Por: Crónica viva

CIUDAD DE MÉXICO: El Gobierno mexicano ha reconocido este jueves que “no hay indicio alguno” de que sigan con vida los 43 estudiantes de magisterio de Ayotzinapa que desaparecieron en el 2014 a las afueras de la ciudad de Iguala (Guerrero), en una operación que, según un nuevo informe, puede catalogarse de crimen de Estado.

El ataque contra los 43 jóvenes la noche del 26 al 27 de septiembre del 2014 ha simbolizado durante años la impunidad de los grupos armados y su connivencia con instituciones públicas. Las pistas apuntan a la organización Guerreros Unidos, pero también a la intervención de las fuerzas de seguridad.

El subsecretario de Derechos Humanos del Ministerio de Gobernación, Alejandro Encinas, ha reafirmado que en este suceso “concurrieron integrantes del grupo delictivo Guerreros Unidos y agentes de diversas instituciones del Estado mexicano” y ha descartado que las víctimas puedan estar vivas.

“Todos los testimonios y evidencias acreditan que fueron arteramente ultimados y desaparecidos”, ha explicado Encinas ante la prensa, en una comparecencia en la que también ha aclarado que, pese a algunos testimonios, los estudiantes no estudiaron juntos tras su desaparición ni se desplazaron al vertedero de Cocula, informa ‘Milenio’.

La Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del caso Ayotzinapa ve imposible a estas alturas que los jóvenes puedan seguir con vida, si bien Encinas ha afirmado que su búsqueda “continúa”, con el objetivo de tratar de localizar sus cadáveres. Hasta el momento sólo se han identificado restos de tres de los 43 desaparecidos.

Fuente de la información e imagen: https://www.cronicaviva.com.

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Gráfica por Ayotzinapa

El Caso Ayotzinapa “fue un crimen de Estado”, pues “todas las autoridades federales, estatales y municipales estuvieron informadas” de lo que ocurría la noche del 26 de septiembre de 2014 sin que intervinieran para impedir la “desaparición y asesinato” de los 43 normalistas de la Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero, declaró el subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación, Alejandro Encinas, al presentar el informe de la Comisión para la Verdad y el Acceso a la Justicia en el Caso Ayotzinapa.

A casi ocho años de los hechos, Encinas señaló frente a los padres de los estudiantes que la desaparición de sus hijos contó con “un encubrimiento al más alto nivel”, pues las autoridades de los tres niveles de gobierno supieron en tiempo real sobre “la toma de camiones, del traslado de estudiantes a Iguala, de su llegada al Rancho del Cura y a la caseta de Iguala, su arribo a la central de autobuses, de los hechos de persecución y de violencia de que fueron objeto” por parte del cartel Guerreros Unidos.

Las conclusiones preliminares del informe enfatizan que el ejército y la Marina tuvieron conocimiento de lo que sucedía no sólo porque sobrevolaron drones sobre la zona de los hechos, sino también porque había un infiltrado de la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena) en la normal de Ayotzinapa, bajo el mando del teniente de infantería Marcos Macía Barbosa, del 27 Batallón.

“La Sedena tenía dentro de la normal al soldado Julio César López Patolzin, quien estaba realizando informes para la secretaría en la escuela. Era el responsable de informar lo que acontecía en las asambleas y de las movilizaciones, e incluso estaba informado de los actos preparatorios de la marcha de 2 de octubre”, para la que los estudiantes se organizaron para conseguir los autobuses en los que se transportarían a la Ciudad de México.

El último reporte de López Patolzin, uno de los 43 desaparecidos, fue a las diez de la mañana del 27 de septiembre de 2014, “sin que sus mandos hicieran ninguna acción para garantizar su integridad y su búsqueda, como lo establece el protocolo para militares desaparecidos, que, de haberse aplicado, hubiera permitido no solamente proteger la integridad y buscar al soldado López Patolzin, sino a todos los estudiantes”, dijo Encinas.

Ocho años después de la Noche de Iguala, “no hay indicio alguno de que los estudiantes se encuentren con vida; todos los testimonios y evidencias acreditan que fueron arteramente ultimados y desaparecidos”, agregó el funcionario, que presidió la Comisión para la Verdad.

Encinas señaló que si bien “se acredita plenamente la colusión de autoridades de distintos órdenes de gobierno, como los policías municipales de Iguala, Cocula, Huiztuco Tetecuacuilco, con Guerreros Unidos para llevar a cabo la desaparición de los muchachos”, las investigaciones sobre el caso aún no han concluido.

Al momento de recibir las conclusiones de la Comisión, los padres y madres de los 43 declararon que emitirían su postura una vez que valoraran la información y contaran con la opinión de los expertos del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), pero su abogado y vocero, Vidulfo Rosales, adelantó que “para decir que ya se sabe lo que ocurrió estamos lejos”.

 

Fuente de la Información e imagen:  https://desinformemonos.org

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libro: Una historia oral de la infamia: Los ataques contra los normalistas de Ayotzinapa

Por: John Gibler

 

Compartimos el libro «Una historia oral de la infamia: Los ataques contra los normalistas de Ayotzinapa», de John Gibler, un relato construido a partir de testimonios sobre la desaparición de los 43 normalistas de la Escuela Normal Rural Raúl Isidro Burgos, perpetrada el la madrugada del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero.

Ayotzinapa: historia de lo imposible

I.
Como todos los segundos días de octubre, los estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa (Guerrero), así como otros miles de todo el territorio nacional, se disponían a marchar al DF como modo de traer a la memoria popular la mayor represión al movimiento estudiantil en la historia de México: la masacre de Tlatelolco (1968). Como tantas otras veces, días antes de la cita, un grupo de estudiantes, mayormente de primer año, se dirige a las ciudades de Huitzuco e Iguala (a menos de dos horas de Ayotzinapa) en busca de los buses en los que hacer el viaje. Como tantas otras veces, los habían conseguido y ya se dirigían, a eso de las ocho y media de la noche del 26 de septiembre de 2014, de regreso a la escuela. Pero una serie de emboscadas, persecuciones y represiones, brutales, dentro de Iguala, lo impidió a balazos. La cacería duró toda la noche. El saldo fue de 6 asesinados, más de 40 heridos y 43 estudiantes desaparecidos; en un hecho que si no permanece aún más oscuro e impermeable –como sucede la mayor parte de los casos en esta epidemia de violencia y asesinatos que asola a México– se debe en gran medida a Una historia oral de la infamia.

Sigue leyendo aquí:

 

Fuente de la información e imagen: https://desinformemonos.org
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Ayotzinapa: mujeres tejedoras de lucha y resistencia

Por: Deisy González

Hace apenas unos meses, tuve la oportunidad de visitar algunos hogares de madres y padres de los +43 estudiantes de la escuela Normal Rural de Ayotzinapa “Raúl Isidro Burgos” desaparecidos la noche del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Estado de Guerrero. En medio de esta contingencia de salud pública que acecha a todo el mundo, con los debidos cuidados de prevención, nos sumergimos en sus cotidianidades luego de casi 6 años (2020) de búsqueda y lucha incesante.

A pesar de tanta incertidumbre, ya que hasta la fecha no se han esclarecidos los hechos y aun frente a las dificultades de la pandemia que ha limitado continuar con su exigencia pública de aparición con vida de todos los chavos, me topé con familias humildes, aguerridas y persistentes en su lucha: la de encontrar a sus hijos.

Quizá por mi condición de mujer y/o por esa conexión que desde el feminismo nos hace más empáticas entre nosotras, tuve mayor interés en conversar y escuchar a las mujeres de cada familia. Justamente, son ellas, quienes inspiran este escrito.

No pretendo referirme a partir de su dolor maternal, que de por si me resulta inimaginable, pero desde donde muy seguramente se aferran para no claudicar frente a sus exigencias.  Más bien me atrevo a hacerlo desde su valiosa condición de mujeres diversas e intersectoriales pero comunes en su lucha: “buscadoras de sus hijos y la verdad”, a quienes la vida se les transformó intempestivamente, teniendo que redistribuir su tiempo entre múltiples actividades de ámbito privado-personal y las de implicancia pública. Y es justamente en este último escenario donde más surgieron retos: participar activamente de la toma de decisiones y perder el miedo a hablar públicamente; espacios que, por tradición patriarcal, han pertenecido a los hombres.

Acompañarlas en mítines, caravanas y en diferentes manifestaciones públicas ha sido tan inspirador, como reconocerlas y admirarlas en su propio entorno familiar. Han sido ellas quienes más han tenido que modificar sus laboriosas rutinas -no olvidemos que gran peso de los quehaceres del hogar recaen sobre las mujeres-, quienes en algunos casos cumplen la difícil tarea de ser madres cabeza de hogar. Por estas y otras circunstancias la desaparición forzada y posterior búsqueda de sus hijos sigue implicando, hasta hoy, una multiplicidad de esfuerzos y sentimientos.

Seguramente ninguna imaginó verse en el lugar de tantas otras mujeres que, a diario, salían y salen por noticias denunciando la desaparición de algún familiar o compañera, como muy seguramente nos ocurre a muchas; vemos estas situaciones adversas muy lejos de nuestra propia realidad. Y es eso lo que más rescato de todas ellas que, aun estando lejanas a tan cruel violación a los derechos humanos, han logrado sobrellevar autónoma y colectivamente durante estos años, diversas capacidades y fortalezas propias que, además, les permite entretejer lazos de acompañamiento, autogestión y afecto mutuo entre sus pares.

Como única mujer en el grupo, una madre se arriesgó junto a otros hombres a recorrer Iguala y poblados cercanos, luego de pesquisas sobre el posible paradero de los estudiantes.  Recorrían colonias de casa en casa ofreciendo pan, cacahuate y jamaica, con el único fin de corroborar la veracidad de tal información y/o de obtener cualquier otro dato que las llevará a encontrar a sus hijos. También participó de otras búsquedas con acompañamiento -aunque más parecía amedrentamiento- de funcionarios y gendarmería. Incluso anduvieron por unas minas, pero los padres no querían que una mujer participara, “que porque era complicado y luego ustedes no pueden correr o tal”; en otra ocasión la misma persona sintió que no la querían llevar, pero ella agarró sus cosas y sin más se subió al autobús.

Para algunas mujeres su lengua indígena no ha sido impedimento de locución; tan así, que una de ellas se dio a la tarea de aprender español de manera autodidacta y actualmente es una madre que, con mucha vehemencia, reivindica su derecho a la verdad y a la justicia. Casi todas adquirieron habilidades de expresión, y lo hacen con tanta naturalidad y convicción que sus pronunciamientos son reclamos claros y concretos, dejando de lado su timidez y participando activamente en las decisiones que se discuten al interior del grupo de familiares y representantes. Su incasable búsqueda, incluso ha llevado a que muchas de ellas, dejen sus trabajos y familia mientras participan de las actividades para visibilizar su causa al interior y fuera del país, adicional a las que realizan sagradamente cada 26 y 27 de septiembre.

Pero no solamente las que participan activamente de reuniones y actividades cumplen una función importante en todo este entramado de exigencias y búsqueda, también son sumamente inapreciables, aquellas mujeres que se quedan en casa mientras sus maridos se movilizan constantemente. Para ellas su tarea es un aún más difícil, ya que son el sostén familiar física, emocional y económicamente. Muchas de ellas participaron en algún momento de las actividades, pero con el pasar del tiempo, las enfermedades, la compleja situación económica de casi todas, las largas distancias y los gastos que dicha movilidad generan (algunas familias deben realizar hasta cinco transbordos para llegar al punto de encuentro en la Escuela), su presencia se ha visto cada vez más limitada.

Esto no quiere decir que sean ajenas a esta lucha, todo lo contrario, son resistencia silenciosa, pero nunca pasiva, ya que su rol en todo este proceso es el de nuclear y conservar, aun en medio de lo inconcebible, la manutención familiar.

Precisamente, ahora se me viene a la mente una visita en particular. Llegamos justo al medio día, y lo primero que hizo la señora de casa fue convidarnos algo de beber y comer, mientras conversábamos con su marido. Ya en la cocina ella estaba de pie con su mandil frente al fuego -un rincón tradicional con trasfondo negro, que denotaba décadas de sazón y mucha junta familiar-, pese a ser la hora más calurosa del día. Amasaba el maíz recién molido sobre una gran piedra que también sirve de lavado, y que posteriormente se iba transformando en pequeñas masitas prensadas y retocadas manual y hábilmente, antes de reposar e inflar en el gran comal de barro. Mientras, iban siendo retiradas una por una, y puestas en su canasto cubiertas con un manto tejido a mano. Doña Socorro, me explicaba cada paso del armonioso ritual. Y, sin entrar en mucho detalle, agarró un plato del trastero recordando que, así como éste, su hijo le había hecho varios objetos de madera que sigue conservando para uso diario.

En medio de múltiples trabajos diarios que debe realizar para mantener el hogar, le han de venir muchos recuerdos, cosas que su hijo hacía, lo que le gustaba y, sobre todo, lo que le decía. Sentimientos que también percibí en otros hogares, y que han de ser el común de muchas, sino de todas las madres. Mujeres fuertes, valientes, resistentes, resilientes, buscadoras, que se preocupan pero a la vez se ocupan, que se hablan y a la vez se escuchan, que entretejen y abrazan no solo su causa, sino muchas otras, que se acuerpan y hermanan, ya no en la búsqueda de uno o dos hijos sino de sus 43 hijos, reivindicando también los 82 mil 825 casos de personas dadas por desaparecidas en México[1], porque ellas ya son eso, un emblema de Verdad y Justicia para un país que se resiste ante los graves problemas de violencia estructural. Por esto y para ellas, toda mi admiración, reconocimiento y gratitud por ser semilla en medio del desierto.

[1] https://www.jornada.com.mx/notas/2021/01/24/politica/subio-13-cifra-de-desaparecidos-pese-a-pandemia-son-82-825-segun-datos-oficiales/

Fuente e imagen:  Tlachinollan

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