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Uno de cada tres niños en España sufre pobreza y consecuencias de la crisis climática

Aunque las cifras están lejos de los porcentajes de infantes afectados por la desigualdad y el impacto ambiental en otros países, Save the Children estima que 2,2 millones de niños y niñas en España son directamente víctimas de este doble mal.

En el mundo, 774 millones de niños y niñas viven en situación de pobreza y están expuestos y expuestas a un elevado riesgo climático. Es una de las principales conclusiones extraídas del informe publicado hoy por Save the Children, que habla de cómo afecta a los y las infantes del mundo un doble desafío mundial: la desigualdad económica y la crisis climática. Aunque la mayoría de los niños y las niñas que enfrentan la doble amenaza de la pobreza y un elevado riesgo climático viven en países de menores ingresos, y más de las tres cuartas partes viven en el sur de Asia y en África subsahariana, en España la situación también existe, y afecta al 27% de los niños y niñas que residen en el país.

 

Concretamente, el informe destaca que en el ámbito estatal son el País Valencià, Andalucía, Murcia, Castilla La Macha y Extremadura las comunidades con más niños y niñas a los que les impacta a la vez la pobreza y los fenómenos extremos causados por la crisis climática. En este sentido, la ONG alude directamente a la próxima celebración de la COP27, explicitando que los países más ricos “deben liderar el camino para desbloquear la financiación de los países que están luchando para proteger a los niños y niñas de las consecuencias, incluso mediante la fijación del sistema de alivio de la deuda mundial y a través de la financiación climática, en particular para la adaptación y las pérdidas y daños”, en palabras de Inger Ashing, directora de Save the Children International.

Libres de culpa, no de consecuencias

El informe de Save the Children revela que, en todo el mundo, 183 millones de niños y niñas enfrentan la triple amenaza del elevado riesgo climático, la pobreza y los conflictos. Para trabajar en este informe, entre mayo y agosto de 2022 el personal de Save the Children participó con más de 54.500 niños y niñas de 41 países en consultas, entrevistas y encuestas presenciales. De estos, el 83 % indicó que había sido testigo del impacto que ha tenido el cambio climático o la desigualdad económica en el entorno que los rodea.

Para esta organización, la primera dimensión de la desigualdad es la edad. “Los niños y las niñas vivirán más tiempo a merced de los crecientes impactos que provocarán el calentamiento global y el cambio climático”, expresa la ONG en el resumen, pues “sufren el mayor impacto de la emergencia debido a que se encuentran en una etapa única del desarrollo físico y emocional, que incrementa sus riesgos ante los desastres y en momentos de dificultades”.

“Los niños y las niñas indicaron que las comunidades y los hogares más afectados por la situación de pobreza, la desigualdad y la discriminación son los menos protegidos y, si azota algún desastre, tienen menos recursos económicos para su recuperación”

La segunda dimensión de la desigualdad definida por Save the Children se refiere a los ingresos, la riqueza y el poder. “Los niños y las niñas indicaron que las comunidades y los hogares más afectados por la situación de pobreza, la desigualdad y la discriminación son los menos protegidos y, si azota algún desastre, tienen menos recursos económicos para su recuperación”. Algo que la ONG valora como “una tremenda injusticia” ya que son los más afectados a pesar de tratarse de quienes “menos responsabilidad tienen en la emergencia del cambio climático o el diseño de sistemas económicos desiguales”.

En el informe se reseñan otras consecuencias dramáticas de la crisis climática, como que en Portugal y España, los incendios forestales provocaron al menos 281 muertes en 2022; que en Canadá se han reportado 569 muertes a causa de este evento entre junio y julio de 2021; que en Sudáfrica las inundaciones han causado la muerte de más de 400 personas y que en Brasil las fuertes lluvias de este año provocaron inundaciones y deslizamientos de tierras por los que murieron 14 personas en Río de Janeiro y 130 en el noreste de Brasil.

Los ricos contaminan más

El 76% de la riqueza mundial está en manos del 10% más rico. Y el informe de la ONG confirma un año más que son los principales responsables de la crisis climática: las emisiones de carbono generadas por el 1 % de las personas más ricas del mundo duplican las producidas por el 50 % de las que se encuentran en la mayor situación de pobreza. Los Gobiernos gastan en subvenciones 5,9 billones de dólares al año en combustibles fósiles.

El 73 % de los niños y las niñas encuestados manifestaron que los adultos deberían estar haciendo más para resolver estos problemas, y el 35% aseguró que ellos y ellas ya estaban participando

A nivel de necesidad de cambio, el 73 % de los niños y las niñas encuestados manifestaron que los adultos deberían estar haciendo más para resolver estos problemas, y el 35% aseguró que, por su parte, ellos y ellas ya estaban participando —o que deseaban iniciar— campañas para exigir estos cambios. Unos cambios que, en términos económicos, también serían favorables, según el informe de la ONG: el paso a una economía sostenible se traduciría en más de 139 millones de puestos de trabajo nuevos, se ahorraría más de 100.000 millones de dólares en las respuestas a desastres si se hubiesen mejorado la planificación de contingencias, la protección social y la inclusión financiera, y 483.000 de ingresos públicos si existieran unos sistemas tributarios más justos para evitar la cuantía que se pierde de manera anual debido a fraudes fiscales transfronterizos.

Las economías, resume la organización, están dominadas por empresas y actividades que aumentan las emisiones de gases de efecto invernadero y la desigualdad y “los países y las empresas con poder no están haciendo lo suficiente”.

Fuente de la información e imagen: https://www.elsaltodiario.com
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Brasil: Peligro de destrucción de nuestro futuro

Peligro de destrucción de nuestro futuro

Leonardo Boff*

En julio de 2021 el gran pensador de la complejidad Edgard Morin cumplió 100 años. Observador atento del curso del mundo, nos entregó un libro Réveillons-nous! – ¡Despertemos!, lleno de sabias y serias advertencias. Resumió su pensamiento en una entrevista a Jules de Kiss, publicada el 26 de marzo de 2022 en Franceinfo y reproducida en portugués por el IHU el 4/4/22. Lector asiduo de sus escritos, esta entrevista inspiró el presente artículo.

Morin advierte lo que vengo repitiendo desde hace mucho tiempo: debemos estar atentos, intentar ver y entender lo que está ocurriendo. La gran mayoría, inclusive jefes de estado, no son conscientes de las graves amenazas que pesan sobre el planeta Tierra, sobre la vida y sobre nuestro futuro. Parecen sonámbulos o zombis, obcecados con la idea del crecimiento económico sin fin y también con la seguridad y con más construcción de armas de destrucción masiva.

Estamos viviendo varias crisis, todas ellas graves: la más inmediata es la pandemia que afecta a todo el planeta, cuyo sentido último no ha sido identificado todavía. Para mí es una señal que la Tierra viva ha enviado a sus hijos e hijas: “no pueden seguir con el pillaje sistemático de la comunidad de vida en la cual se encuentran los hábitats de los distintos virus que en los últimos años han asolado regiones del planeta”. La Covid-19 ha alcanzado todo el planeta, pero no a otros seres vivos y domésticos. Es una señal que no está siendo leída por la mayoría de la humanidad, ni tampoco por los analistas, centrados en las vacunas y en los cuidados necesarios.

¿Quién se pregunta en qué contexto apareció el virus? Él es consecuencia del asalto de los seres humanos a la naturaleza, especialmente por la deforestación de vastas regiones, destruyendo la casa donde habitan los virus, que pasaron a otros animales y de ellos a nosotros.

La crisis climática es grave, pues si no tenemos cuidado

hasta 2030 el calentamiento global puede aumentar 1,5 grados centígrados o más, lo que comprometería a la mayoría de los organismos vivos y a gran parte de la humanidad. Junto a esto está la Sobrecarga de la Tierra (Earth Oveshoot), constatada el 29 de julio de 2021: los bienes y servicios importantes para la vida se están agotando. Ya ahora necesitamos 1,7 Tierras para atender el tipo de consumo principalmente de las clases opulentas. Arrancamos de la Tierra lo que ella ya no nos puede dar. Ella reacciona aumentando el calentamiento, los eventos extremos, la erosión de la biodiversidad y más conflictos sociales.

Lo que funciona como una espada de Damocles es la posibilidad de una guerra nuclear que puede destruir toda la vida y gran parte de la humanidad. Morin escribe: “Pienso que hemos entrado en una nueva fase. Por primera vez en la historia, la humanidad corre peligro de aniquilación, tal vez no total –habrá algunos supervivientes, como en Mad Max –, pero una especie de ‘reinicio‘ desde cero en condiciones sanitarias sin duda terribles”. 

La guerra en Ucrania ha suscitado este fantasma, pues Rusia, como ya decía Gorbachov, puede destruir toda la vida con solo la mitad de sus ojivas nucleares. Pero, lleno de confianza en que la historia anda, no está cerrada, Morin afirma esperanzado: “Precisamos esperar lo inesperado para saber como navegar en la incertidumbre”.

Es de todos conocida la erosión de las ideas democráticas en el mundo entero. En muchos países, como en Brasil, se está imponiendo un espíritu autoritario y fascistoide, que hace de la violencia física y simbólica y de la mentira directa una forma de gobernar. La democracia ha dejado de ser un valor universal y una forma de vivir civilizadamente en comunidad. Este espíritu puede provocar un tsunami de guerras regionales de gran destrucción.

No olvidemos la advertencia del Papa Francisco en la Fratelli tutti (2020): “estamos en el mismo barco, o nos salvamos todos o nadie se salva”. Somos responsables de nuestro futuro y de la vida en el planeta.

Tenemos la confianza de Morin de que, como la historia ha mostrado, lo inesperado y lo improbable pueden ocurrir. Ya nos enseñaba un pre-socrático: “si no esperamos lo inesperado, cuando venga, no lo percibiremos”. Y así lo perderemos.

Esta es nuestra confianza y esperanza: estamos en medio  de crisis que no  tienen por qué terminar en tragedias fatales. Pueden ser el  despertar de una nueva conciencia y entonces, la ocasión para un salto cualitativo hacia un tipo de convivencia pacífica dentro de la única Casa Común. ¿Será este el próximo paso de la humanidad? ¡Bienvenido sea!

*Leonardo Boff es teólogo y filósofo y ha escrito: Cómo cuidar de la Casa Común, Vozes 2017.

Traducción de María José Gavito Milano

 

Fuente de la Información: https://leonardoboff.org/2022/04/07/peligro-de-destruccion-de-nuestro-futuro/

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La desigualdad mata a una persona cada cuatro segundos

Por: Baher Kamal
La desigualdad es mortal. Contribuye a la muerte de al menos 21 300 personas cada día, o una persona cada cuatro segundos. Se trata de “una estimación muy conservadora” de las muertes causadas por el hambre, la falta de acceso a la sanidad y el deterioro del clima en los países pobres.

Así lo ha denunciado Oxfam Internacional, una  de 21 organizaciones asistenciales miembros y afiliadas, que representan un movimiento mundial de activistas que luchan contra la desigualdad para acabar con la pobreza y la injusticia.

Esta confederación, con su sede central en Londres, también cita la desigualdad derivada de la violencia de género a la que se enfrentan las mujeres y que tiene sus raíces en “el patriarcado y los sistemas económicos sexistas”.

La crisis climática alimenta la desigualdad

En su informe titulado «Las desigualdades matan» y publicado en enero, Oxfam Internacional subraya que la crisis climática es uno de los motores más dañinos de la desigualdad.

“La crisis climática nos afecta a todos, pero no nos afecta por igual. El 1 % de las personas más ricas del mundo, unos 63 millones de personas, son responsables de más del doble de la contaminación por carbono que los 3100 millones de personas que componen la mitad más pobre de la humanidad”, asegura.

Sin embargo, el impacto de las sequías, las inundaciones, los incendios forestales y las tormentas golpea primero y peor a las comunidades pobres y marginadas, causando temporadas de cultivo impredecibles, pérdidas de cosechas y fuertes aumentos en los precios de los alimentos.

“Los habitantes de los países de renta baja y media-baja tienen cinco veces más probabilidades que los de los países de renta alta de verse desplazados por catástrofes meteorológicas repentinas”, dice el informe.

Un tiempo destructivo, subida de los mares, incendios sin precedentes y hambrunas históricas. “El cambio climático está ocurriendo ahora. Es uno de los motores más dañinos del empeoramiento del hambre, la migración, la pobreza y la desigualdad en todo el mundo”, indica.

En los últimos años, ya con 1°C incremento mundial de las temperaturas, se han producido ciclones mortales en Asia y América Central, o enormes nubes de langostas en toda África.

También aquí se añade que, en las distintas sociedades, los impactos del cambio climático afectan de forma diferente a las mujeres y a los hombres. Las mujeres y las niñas deben caminar más para recoger agua y combustible y suelen ser las últimas en comer.

Durante y después de los fenómenos meteorológicos extremos, son ellas quienes corren un mayor riesgo de violencia y explotación.

Millones de personas forzadas a huir

En los últimos 10 años, más personas de todo el mundo se han visto obligadas a abandonar sus hogares por catástrofes meteorológicas extremas que por cualquier otro motivo.

El número de catástrofes relacionadas con el clima se ha triplicado en 30 años, y actualmente se registra un fenómeno meteorológico extremo por semana.

Desde el año 2000, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) calcula que 1,23 millones de personas han muerto y 4200 millones se han visto afectadas por sequías, inundaciones e incendios forestales, recuerda el informe.

El año pasado, precisa Oxfam, el mundo registró una cifra récord de 50 000 millones de dólares en daños por desastres meteorológicos extremos agravados por el cambio climático, lo que llevó a casi 16 millones de personas de 15 países a niveles críticos de hambre.

“A pesar de ello, los gobiernos han retrasado las medidas para hacer frente a la crisis climática a fin de centrarse, en cambio, en la pandemia de covid-19”, remarca.

La desigualdad es devastadora

La desigualdad no es un problema abstracto, subraya Oxfam Internacional. “Tiene consecuencias devastadoras en el mundo real. Ha hecho que la pandemia de covid-19 sea más mortal, más prolongada y más dañina. Se ha introducido en nuestros sistemas económicos y está desgarrando nuestras sociedades”, argumenta.

El mayor aumento de milmillonarios de la historia

La pequeña élite mundial de 2755 multimillonarios ha visto crecer su fortuna aún más durante la covid que en el conjunto de los últimos 14 años precedentes, afirma Oxfam en su informe sobre la desigualdad.

“Se trata del mayor incremento anual desde que hay registros. Se está produciendo en todos los continentes”, precisa.

La desigualdad se debe a la subida vertiginosa de las cotizaciones bursátiles, al auge de las entidades no reguladas, al aumento del poder de los monopolios y a la privatización, así como a la erosión de los tipos impositivos individuales de las empresas y de los derechos y salarios de los trabajadores.

“Desde que comenzó la pandemia, se ha creado un nuevo milmillonario cada 26 horas”, asegura.

A continuación, covid

La confederación asistencial internacional prosigue diciendo que la pandemia de covid nos ha enseñado una dura verdad.

“En los últimos dos años, la gente ha muerto al contraer una enfermedad infecciosa porque no se vacunó a tiempo. Han muerto de otras enfermedades porque no pudieron pagar la atención privada. Han muerto de hambre porque no podían permitirse comprar comida”, aduce.

… “Y mientras ellos morían, las personas más ricas del mundo se enriquecían más que nunca y algunas de las mayores empresas obtenían beneficios sin precedentes”, añade.

Oxfam considera que “la desigualdad afecta de forma desproporcionada a la gran mayoría de las personas que viven en la pobreza, a las mujeres y a las niñas, y a los grupos racializados y marginados. Ahora está prolongando el curso de la pandemia de covid-19, que ha provocado un fuerte aumento de la pobreza en todo el mundo”.

Apartheid de vacunas

Según el informe, más de 80 % de las vacunas han ido a parar a los países del Grupo de los 20 (G20) de potencias industriales y emergentes, mientras que menos de 1 % han llegado a los países de bajos ingresos.

Este «apartheid de las vacunas» se está cobrando vidas y está aumentando las desigualdades en todo el mundo. En algunos países, las personas más pobres tienen casi cuatro veces más probabilidades de morir de covid-19 que las más ricas, según el informe.

Daños climáticos para todos

“La desigualdad es mortal para el futuro de nuestro mundo. La extrema concentración de dinero, poder e influencia de unos pocos en la cima tiene efectos perniciosos sobre el resto de nosotros. Todos sufrimos el calentamiento del planeta cuando los países ricos no abordan los efectos de su responsabilidad en 92 % del exceso de emisiones históricas”, cita el documento.

“Todos salimos perdiendo cuando el 1 % más rico del mundo consume el doble de emisiones de carbono que el 50 % más pobre, o cuando unas pocas empresas poderosas pueden monopolizar la producción de vacunas y tratamientos que salvan vidas en una pandemia mundial”, continúa.

El 80 % de los más pobres, en zonas rurales

Otro informe, este del Banco Mundial, revela que cuatro de cada cinco personas que se encuentran por debajo del umbral internacional de pobreza siguen viviendo en zonas rurales, y la mitad de los pobres son niños. Las mujeres también representan la mayoría de los pobres en la mayoría de las regiones y en algunos grupos de edad.

De las personas en situación de pobreza en el mundo con 15 años o más, cerca de 70 % no están escolarizados o solo tienen una educación básica.

Y más de 40 % de las personas en pobreza del mundo viven en economías afectadas por conflictos y violencia y, en algunas economías, la mayoría de los pobres se concentran en zonas subnacionales específicas. Alrededor de 132 millones de pobres en el mundo viven en zonas con alto riesgo de inundación.

Además, según el Banco Mundial, muchos de los pobres están expuestos a múltiples riesgos. En varios países, una gran parte de los pobres vive en zonas afectadas por conflictos y muy expuestas a las inundaciones.

Ante la pandemia de covid, añade el organismo multilateral, es probable que muchos de los nuevos pobres vivan en entornos urbanos congestionados y trabajen en los sectores más afectados por los cierres y las restricciones a la movilidad; muchos se dedican a servicios informales y no están al alcance de las redes de seguridad social existentes.

El informe del Banco Mundial concluye que los conflictos, el cambio climático y la COVID-19 están teniendo un claro impacto en los pobres del mundo, y en muchos casos tienen una incidencia conjunta en los que viven en la pobreza.

T: MF / ED: EG

Puede leer aquí la versión en inglés de este artículo.

Fuentes: IPS [Imagen: Mujeres de diferentes edades hurgan en un montón de basura en busca de material reciclable en Nueva Delhi, la capital de India. Foto Dharmendra Yadav / IPS]

Fuente: https://ipsnoticias.net/2022/02/la-desigualdad-mata-a-una-persona-cada-cuatro-segundos/

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Más de 220 defensores del ambiente asesinados en 2020

Global Witness

Al menos 227 defensores del medio ambiente murieron el año pasado como resultado directo de sus esfuerzos por proteger la tierra, el agua, la vida silvestre y su propio futuro climático. Esa es la cifra más alta jamás registrada, según el informe anual publicado el lunes por la organización  Global Witness .

“En promedio, nuestros datos muestran que cuatro defensores han sido asesinados cada semana desde la firma del Acuerdo Climático de París, pero esta cifra impactante es casi con certeza una subestimación, con crecientes restricciones al periodismo y otras libertades cívicas, lo que significa que es probable que los casos no se denuncien”, Dijo el grupo con sede en el Reino Unido.

Estas muertes también parecen ir en aumento. Hace solo tres años, Global Witness descubrió que al menos 164 personas habían muerto mientras se defendían a sí mismos y a sus comunidades de las amenazas ambientales. Estos pueden provenir de compañías mineras en Honduras o de grupos de milicias armadas que atacan a los defensores de la vida silvestre en el Parque Nacional Virunga en la República Democrática del Congo.

Crecen los casos en América Latina

También incluyen la muerte de Óscar Eyraud Adams, un activista por los derechos del agua en México. Aproximadamente tres de cada cuatro muertes documentadas ocurrieron en las Américas, con el 70% de los países más desafiados de América Latina.

Colombia registró el mayor número de desenlaces fatales de disputas sobre recursos ambientales. Un total de 65 personas murieron allí en 2020, seguido de México con 30, seguido de Filipinas (29) y Brasil (20). En Brasil, así como en el vecino Perú, al menos tres cuartas partes de los ataques ocurrieron en la región amazónica.

La tala fue la industria vinculada a la mayor cantidad de asesinatos con 23 casos repartidos en Brasil, Perú, Nicaragua y Filipinas. Aproximadamente el 30% de los ataques registrados en general estaban relacionados con la tala, las represas hidroeléctricas y otra infraestructura, la minería y la agroindustria a gran escala.

“Algún día, esperamos informar el fin de la violencia contra quienes defienden nuestro planeta y su tierra, pero hasta que los gobiernos no se tomen en serio la protección de los defensores y las empresas comiencen a anteponer a las personas y el planeta a las ganancias, tanto el colapso climático como los asesinatos continuarán”, dijo Chris Madden, un activista senior de Global Witness.

Defensores del medio ambiente asesinados en todo el Planeta

El informe completo deja en claro que las muertes relacionadas con el activismo ambiental, particularmente entre los pueblos indígenas, ocurren en todas partes, desde Arabia Saudita hasta Indonesia y Sudáfrica.

 

Aunque el continente africano no vio el nivel de casos que tuvo Colombia en 2020, hubo casi tres veces más muertes relacionadas con el activismo en las naciones africanas que las registradas en 2019.

“Este conjunto de datos es otro recordatorio de que luchar contra la crisis climática conlleva una carga insoportablemente pesada para algunos, que arriesgan sus vidas para salvar los bosques, ríos y biosferas que son esenciales para contrarrestar el calentamiento global insostenible”, dijo Madden. “Esto debe terminar”.

El informe se hace eco de los llamamientos para una mejor protección para los activistas procedentes de las Naciones Unidas, la Unión Europea y otros organismos mundiales. También pide a las empresas que se aseguren de que sus prácticas estén alineadas con los derechos humanos y las protecciones climáticas en sus países de operación.

El informe completo está disponible en Global Witness aquí .

Por Laureen Fagan. Artículo en inglés

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Informe de Global Witness: Crisis climática y el riesgo de defender los bienes comunes. América Latina

Informe de Global Witness evidencia dramático incremento de asesinatos de personas defensoras de la tierra y el medio ambiente

El recién publicado informe de Global Witness «Última línea de defensa» lanza un grito de alerta: la explotación irresponsable y la codicia que impulsan la crisis climática también están impulsando la violencia contra las personas defensoras de la tierra y los bienes comunes.

De acuerdo con el informe (descargue aquí la versión en español) el año 2020 ha sido el más letal para las personas que defienden sus hogares, la tierra, los medios de vida y los ecosistemas.

Son 227 las personas defensoras asesinadas en el mundo (fueron 212 en 2019), tres de cada cuatro (165) en América Latina, que se confirma como el continente más peligroso para quienes defienden los bienes comunes. Esto significa más de 4 personas asesinadas en promedio cada semana.

El informe señala también que defensores y defensoras sufrieron toda una serie de ataques no letales, entre otros, detenciones, campañas de difamación, amenazas, acoso, hostigamiento, violencia sexual, demandas judiciales.

América Latina, la más peligrosa

Colombia (65), México (30) y Filipinas (29) son los países con más personas defensoras de la tierra y los bienes comunes asesinadas, y suman más de la mitad del total registrado.

En Colombia, un tercio de estos ataques fueron contra indígenas y afrodescendientes, y casi la mitad fueron contra personas dedicadas a la agricultura a pequeña escala. Estos datos se enmarcan en un contexto de ataques sistemáticos contra líderes sociales y ex combatientes firmantes del acuerdo de paz.

Según el Instituto de estudios para el desarrollo y la paz (Indepaz), desde la firma del acuerdo (2016) han sido asesinados 1231 líderes (116 en 2021) y 285 ex combatientes de las FARC-EP (36 en 2021).

México resultó ser uno de los países que ha registrado el mayor aumento de asesinatos de personas defensoras respecto al 2019. La explotación forestal estuvo vinculada a casi un tercio de estos ataques, y la mitad de todos los ataques fueron dirigidos contra comunidades indígenas. El 95% de estos casos quedan en la impunidad.

Brasil (20), Honduras (17), República del Congo (15) y Guatemala (13) son los países con la mayor cantidad absoluta de personas defensoras asesinadas después de Colombia, México y Filipinas. Sin embargo, si calculamos el número de asesinatos per cápita, Nicaragua (12), Honduras, Colombia y Guatemala encabezan esta lista.

Más de un tercio de los ataques mortales están relacionados con la explotación de recursos (explotación forestal, minería y agroindustria a gran escala), represas hidroeléctricas y otras infraestructuras. La explotación forestal fue el sector con el mayor número de asesinatos (23), seguido por agroindustria y minería (17).

Global Witness señala que agroindustria y minería han estado vinculados a más del 30% de todos los asesinatos que la organización británica ha documentado a partir de 2015.

Otro dato muy preocupante es que, una vez más, los pueblos indígenas son las principales víctimas. A pesar de que apenas representan el 5% de la población mundial, más de un tercio de los ataques fatales estuvieron dirigidos contra ellos, en especial en México, América Central, Sudamérica y Filipinas.

De los 227 asesinatos de personas defensoras registrados por Global Witness, 226 ocurrieron en el Sur Global. En el período transcurrido desde que dicha organización comenzó a recopilar datos, menos del 1% de todos los ataques letales registrados se documentaron en el Norte Global.

La verdadera dimensión del problema

Global Witness advierte en su informe que todos estos datos no reflejan la verdadera dimensión del problema, ya que en algunos países la situación a la que se enfrentan las personas defensoras es difícil de medir.

En este sentido, las restricciones a la libertad de prensa, así como la ausencia de registros independientes de ataques contra las personas defensoras, dan lugar a un subregistro. Todo esto – asegura Global Witness – hace que las cifras publicadas en el informe sean una subestimación y que la dimensión del problema sea mucho más grande.

Empresas responsables

«Muchas empresas se involucran en un modelo económico extractivo que prioriza de forma abrumadora las ganancias sobre los derechos humanos y el medio ambiente. Este poder corporativo irresponsable es la fuerza subyacente que, no solo ha llevado la crisis climática al borde del colapso, sino que ha perpetuado el asesinato de personas defensoras», señala el informe.

«En muchos países ricos en recursos naturales y biodiversidad crítica para el clima, las empresas operan casi con total impunidad. En un contexto en el que el equilibrio de poder se inclina a favor de las corporaciones, no es frecuente que alguien sea arrestado o llevado ante la justicia por matar a personas defensoras», agrega.

Y cuando esto ocurre, suelen ser los autores materiales del crimen los que acaban sentados en el banquillo de los acusados, y no los mandantes y autores intelectuales que, en la inmensa mayoría de los casos, quedan en la impunidad.

«Mientras se acaparen más tierras y se talen más bosques para priorizar las ganancias a corto plazo, tanto la crisis climática como los ataques contra las personas defensoras se agravarán.

Los gobiernos pueden cambiar el rumbo de la crisis climática y preservar los derechos humanos protegiendo a la sociedad civil y aprobando leyes para que las corporaciones rindan cuentas de sus acciones y ganancias», concluye Global Witness.

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La política en el antropoceno: tiempo de desbordamiento e imaginación

Por: Emiliano Teran Mantovani

Todavía la crisis climática y la noción de los “límites del planeta” son percibidas por buena parte de la población como cuestiones para un futuro próximo: pero ya hemos cruzado el umbral de un nuevo mundo.

Antropoceno y tiempo de desbordamiento: los nuevos paisajes de la política

Antier era el colapso de la nación venezolana y su gran crisis migratoria, los incendios en la Amazonía o las múltiples revueltas en varias partes del mundo como Líbano, Hong Kong, Irak, Ecuador o Chile; ayer, el inicio de una pandemia global que ha tomado formas nunca antes vistas, el asalto al capitolio de los Estados Unidos, el desplome histórico en negativo de los precios del petróleo, la cotización del agua en bolsa de valores o la dramática crisis haitiana, intensificada con el magnicidio de Jovenel Moïse. Evento tras evento que al parecer se suceden cada vez con más frecuencia, eventos que se agolpan. El tiempo de hoy es fundamentalmente un tiempo convulso y abrumador, que ahoga el pasado e invisibiliza el futuro. Capas sobre capas de crisis se solapan, se entrecruzan.

Y todo este complejo y conflictivo tejido socio-político se despliega y reproduce en los vastos entramados ecológicos del planeta Tierra, unos entramados que hoy se encuentran intoxicados y enfermos de capitalismo, modernidad y lógicas civilizatorias. El año 2021 nos sobrecarga de eventos climáticos extremos, como un cuerpo-Tierra que nos habla, en su lenguaje, de este tiempo-convulsión que avanza: heladas históricas como las de Madrid, Moscú, Texas, preceden a la «cúpula de calor» del nor-occidente de Canadá y EEUU, los 80º C en Lut (Irán) y Sonora (México), las inundaciones en Alemania y China, o los incendios en Siberia, Grecia y Turquía, por mencionar varios de los ejemplos más visibles.

Todavía la noción de los “límites del planeta” y la crisis climática son percibidas en buena parte de la población, como cuestiones para un futuro próximo. Pero parece que, muy al contrario, estamos ya al interior de esta crisis. Hemos cruzado el umbral de un nuevo mundo. Y quizás nos encontramos en un largo período en el cual estamos, como humanidad, tratando de dimensionar los significados y sentidos de este nuevo mundo.

En el siglo XXI cada vez es más común, en los debates académicos, políticos e institucionales, la noción de antropoceno, para señalar el surgimiento de una nueva era geológica en la cual el humano se ha convertido en la principal variable de cambio planetario. Y justamente, hablar de antropoceno tiene, en verdad, muchas implicaciones: no se trata sólo de una crisis ambiental en los términos más tradicionales, más bien nos remite a la vastedad que supone inscribir y pensar nuestra crisis en la larga historia de la Tierra, y del homo sapiens; a la vastedad del impacto del orden civilizatorio dominante, de la ruptura metabólica, que se ha generado sobre esta extensa geo-historia, o de la configuración de lo que podríamos llamar una geología política; a la vastedad que implica la interpelación a los propios sentidos de la vida, a los sentidos del ser humano y su rol histórico en el planeta. Se trata de un cuestionamiento demasiado profundo como para tomarlo a la ligera.

Este nuevo mundo es de difícil comprensión, de a ratos se presenta inasible. Quizás lo que lo va definiéndolo no es lo que lo forma, sino más bien lo que se está desestructurando del viejo mundo. Si hay algo que se va haciendo presente en cada ámbito de la vida socio-política, de la vida en la Tierra, es el desbordamiento: desbordamiento de la capacidad de recuperación e integridad de los ecosistemas; cadenas de puntos de inflexión y sistemas caotizados; asalto a las últimas fronteras planetarias; desbordamiento de los sistemas políticos y la gobernabilidad; desbordamiento demográfico, epidemiológico, urbano; y también, se desbordan los marcos de comprensión dominantes, los límites de lo impensado, de los horizontes éticos (desde la evolución del desencanto, la contingencia y el relativismo posmoderno, la espectacularización de la violencia, la expansión de la post-verdad, hasta los ‘challenges’ en redes sociales para cometer actos de lo más perturbadores). Todos, factores profundamente imbricados: cambia una dimensión e impacta determinantemente en un cambio de todo. Un mundo, desde lo más profundo de sus órdenes socio-ecológicos, des-bordándose, mutando hacia lo desconocido.

Las implicaciones de esto son enormes, lo sabemos. Por esto, a la política, tal y como la conocemos, se le están moviendo las placas tectónicas, le está cambiando drásticamente el escenario, la materialidad de la que se alimenta, sus geografías; y por tanto, sus dinámicas, sus códigos dominantes, su horizonte histórico, sus tiempos, su teleología y sus imaginarios fundamentales. ¿Qué puede ser la política en un potencial contexto de contingencia permanente, de estado de emergencia permanente? ¿Qué puede ser ante la desertificación de la reproducción de la vida? ¿Cómo puede expresarse ante una desintegración del futuro o ante una situación de máxima incertidumbre? ¿Cómo se configura ésta, en un mundo de posibles espacios discontinuos, en ámbitos dominados por los desplazamientos, por los nomadismos?

Un primer principio, a nuestro juicio, se desprende de estos escenarios: no podemos pensar ya la política fuera del antropoceno. Y por tanto, se trata de otros códigos, otras condiciones, otras políticas.

La política en el antropoceno: imaginación, estremecimiento y ecologización

¿Cómo pensar y recrear la política en el antropoceno, particularmente una política en clave de emancipación, de potenciación y reafirmación de la vida? Evidentemente no hay receta ni libreto, no hay promesa que hacer, que sostener. En cambio, las dimensiones geológicas de esta crisis hacen crujir absolutamente todo y, por tanto, nos abren una gran oportunidad para re-pensarlo todo. Ante un tiempo extraordinario, requerimos de repuestas extraordinarias. Esto supone poner en juego muchas cosas, pero principalmente imaginación política, estremecimiento y ecologización, además de un gran sentido del tiempo histórico que vivimos.

No se trata de pensar en hacer tábula rasa. El colapso sistémico, antes que un simple episodio apocalíptico, es un largo proceso que tiene también matices, claros, temporalidades variadas, oportunidades. Necesitamos audacia para no desesperar, pero también para sortear la fuerza paralizante que puede generar un tiempo de desbordamiento, turbulencia y confusión como este; audacia para saber abordar un contexto de emergencia, para comprender cómo construir en un mundo diferente.

Es en este sentido que hablamos de estremecimiento. Estremecernos, estremecer los pilares de un sistema decadente. Un sacudón a la civilización, a la narcotizante ‘normalidad’ ‒y mucho más, a la ‘nueva normalidad’. Ciertamente esto nos remite a un sacudón epistémico y cultural; pero en lo concreto, también lo podemos conectar con las protestas y estallidos sociales que se están sucediendo en todas partes del mundo, sea en el Sur o en el Norte Global: Colombia, Túnez, India, protestas antirraciales en los Estados Unidos, Ecuador, Cataluña, Chile, Hong Kong, Rusia, bloqueo de avenidas principales o plazas en ciudades europeas por parte de activistas ecologistas de ‘Extinction Rebellion’, Venezuela, Líbano, Haití, Nicaragua, Irak, numerosas estatuas del orden colonial derribadas.

En muchas de estas movilizaciones, ya conectadas por un tiempo histórico, aparece el hartazgo como una de las expresiones compartidas en las mismas. Y este hartazgo tiene, a nuestro juicio, más de una dimensión: no sólo se alimenta de la precarización material de millones de personas, del autoritarismo y la represión policial y de cuerpos de seguridad, de la gran carencia de justicia social y ambiental, de las desigualdades económicas, raciales, de género; sino que también se nutre de un malestar mucho más profundo, histórico, si se quiere existencial. Ruge por el vacío que deja el extravío del futuro (sobre todo en los jóvenes); por la degradación del valor de la vida en las sociedades actuales (intensificada en la pandemia), que aviva también una pulsión de (re)existir, un agonismo vital; por la caducidad que se expande sobre la política tradicional, y que, en diversos grados, se viene expresando a través de un gran descrédito de los sistemas de partidos y liderazgos políticos.

Hay otras codificaciones políticas en estas nuevas movilizaciones –sin contar con nuevas subjetividades que emergen desde los feminismos, los ecologismos, los pueblos indígenas, las juventudes, etc–, que son complejas, heterogéneas, híbridas, cambiantes, que son también difíciles de asir. Con el ritmo del cambio de mundo que estamos experimentando, estas se revelan como potenciales formas de una transformación de la política. Algunos podrían catalogarlas como un nihilismo epocal, pero si así fuese tendrían muy diversas vertientes: libertaria, reaccionaria, autonomista, contestataria, hiper-individualista. Múltiples potencialidades y limitaciones. En todo caso, se trata de una expresión político-cultural de que sencillamente lo que existe no funciona, no está funcionando, y que parece que ya hemos llegado al límite, lo que se suma a la brecha que se hace cada vez más y más grande entre las promesas y lineamientos partidistas, electoralistas y gubernamentales de ‘desarrollo’, sostenibilidad y democracia, por un lado, y la realidad social cotidiana que se da en los barrios, las comunidades, las calles y los territorios, en la dinámica de nuestro mundo caotizado, por el otro.

Para transformar en clave emancipatoria, y transformarnos con este mundo cambiante, no servirán viejos paradigmas, ni serán útiles instrumentos caducos. Esto no sólo interpela a las rancias corrientes políticas de los tradicionales sectores conservadores, a las nuevas derechas, o a un amplio grupo de sectores reformistas, sino también a las izquierdas. Se nos hace inevitable recurrir nuevamente a las preguntas sobre qué es y qué significa la izquierda hoy, en este contexto de fracasos, colapsos y hartazgos; cuál es su nivel de diálogo con esta cambiante realidad, cuál es su rol ante la emergencia de nuevas y múltiples subjetividades políticas, y si sus formatos fundamentales y dominantes pueden responder a este cambio de mundo.

La fe puesta en un supuesto nuevo ‘ciclo progresista’ para América Latina, como una “nueva posibilidad de transformación para los pueblos” desde arriba, desde las instituciones estatales, no sólo es la enésima pendulación política, la fuerza inercial que lamentablemente termina despachando las duras lecciones del pasado, sino también una ruta carente de estremecimiento, que no se sacude con la estrepitosa vibración del movimiento de las placas tectónicas del mundo en el que vivimos. Y sobre todo, es una apuesta que prescinde de la imaginación política ante estos drásticos escenarios.

No se pretende, de ninguna manera, proponer una lectura en blanco y negro, en absolutos o alternativas polarizadas. Se trata, por un lado, y como mencionamos anteriormente, de un sentido del tiempo histórico; y por otro lado, de la urgente búsqueda de nuevos referentes de la política, nuevas ontologías, nuevas ecologías; colocar en el centro otros elementos vitales, justo cuando la vida, tal y como la conocemos, está en juego. Abolir el histórico Estado-centrismo no sólo sería parte de un largo sacudón a la civilización, sino que también abre el camino a la re-apropiación social de la política que, finalmente, es el camino de la imaginación política.

Finalmente, si el estremecimiento es el sacudón, y la imaginación política es la fuerza creativa, la ecologización es la sustancia de este cambio. Colocar en el centro otros elementos vitales supone desplazar la primacía de lo abstracto, para hacer prevalecer la reproducción de la vida, en su más amplio sentido. El antagonismo popular en la modernidad necesita salir del des-tierro al que fue condenado por la separación ontológica entre el humano y la naturaleza; necesita derrocar al antropocentrismo. Ecologizar es volver a la tierra, territorializar la política; es ser Tierra, en comunidad con el resto de especies del planeta, honrando la Casa Común; es cambiar el Tiempo dominante, el del progreso, el de la promesa política, el de la sociedad de consumo, para hacer emerger los tiempos de la reproducción de la vida, de la comunidad, acompasados con los ritmos y ciclos de la naturaleza.

Se trata, como ya hemos dicho, de darle sustancia material a este cambio. Y sobre todo, pensar en las herramientas vitales de una política en el antropoceno: resiliencia, restauración, comunización y cuidado.

El principio de imaginación política

¿Podemos soñar en el antropoceno? La pregunta aparece como una inquietud existencial actual, a la que no parece que podamos decir que no. Más allá la omnipresencia de la idea de ‘progreso’ en la modernidad y las ideologías futuristas funcionales al desarrollo capitalista, las utopías también han cumplido una función crucial en la propia existencia del ser humano: canalizan el deseo (de vivir), las pulsiones vitales, dotan de ilusión, de estética y poética a la construcción del tiempo. Un mundo sin utopía ni siquiera merece ser visto, decía Oscar Wilde.

Sin embargo, hoy, la ruta al ‘futuro’ parece bloqueada. No es primera vez que ocurre. El shock generado por el nazismo y la Segunda Guerra llevaban a Theodor Adorno a preguntarse si podría haber poesía después de Auschwitz. En los mismos tiempos, Ernst Bloch escribía ‘El principio de esperanza’, seguramente con el propósito de tratar de desbloquear esa ruta al porvenir. Sólo que ahora, ya no se trata de revivir las utopías de la modernidad. El tiempo, decíamos, está cambiando radicalmente, se fragmenta, se encoge, se extravían los horizontes teleológicos; la palabra ‘esperanza’ proviene del latín esperar, esperar algo que está por venir; palabra de raíces teológicas que posteriormente terminaría empalmada con la construcción de la imagen de la sociedad futura de la modernidad. ¿Es posible hoy la espera?

Quizás apelar a un principio de imaginación, es un intento por esquivar esa espera, por salir de ese no-lugar de la espera, para en cambio sumergirnos en una poética del lugar, en una expresión productiva del deseo, en una emanación de la vida, simbólica y concreta, en el tiempo del estar, en el tiempo situado.

La disputa no sólo está en los territorios, sobre la economía, las instituciones políticas, en los sistemas de conocimiento. La disputa también está en la capacidad de imaginar. El sistema de poder, además de policías, estructuras judiciales, burocracias y mercados excluyentes, instaura alcabalas en el pensamiento, coloniza el deseo y seca la imaginación –véase la frase que se ha hecho popular “Hoy es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”–, instalando la imposibilidad de pensar en algo diferente a este sistema.

Una cosa es una visión que sopesa con realismo nuestro rumbo civilizatorio. Otra es el pesimismo puro, que es en realidad el espíritu del poder dominante en el cuerpo. Requerimos exorcizarlo. Imaginemos. Imaginación política como herramienta de lucha. Imaginémonos la vida fuera de esos muros. E invitemos a otros a imaginarla.

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/213418

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La educación ambiental para todas las edades es ley en Argentina

Desde el nivel preescolar hasta la universidad, todos los estudiantes de Argentina deberán acceder a educación ambiental. Lo establece una ley sancionada en mayo por el Congreso Nacional y celebrada por organizaciones de la sociedad civil como lo que es: la concreción de un logro largamente anhelado.

“Hubo muchísimos proyectos sobre educación ambiental a lo largo de los últimos 20 años. Incluso hubo un par que tuvieron media sanción de una de las Cámaras pero no completaron el recorrido por falta de consenso político”, dijo Juan Cruz Zorzoli, director de Amartya, una organización que promueve la educación ambiental.

“La sanción de la ley es un síntoma de un cambio de época, debido fundamentalmente al  activismo ambiental y la visibilidad de los jóvenes, que cuestionan el modelo de desarrollo y la relación de la sociedad con la naturaleza y toman como ejemplo a (la activista ambiental sueca) Greta Thurnberg”, agregó en diálogo con IPS.

Con su Ley de Educación Ambiental Integral, Argentina se convierte  en el segundo país de América Latina en contar con una norma específica sobre la materia, por detrás de Brasil, aunque en su caso se limita a establecer y reglamentar un Programa Nacional de Educación Ambiental. Otros países latinoamericanos han incluido el tema dentro de sus últimas leyes de educación.

La ley , también conocida por su número, 27.621, fue impulsada por los ministerios de Educación y Ambiente y promulgada este  jueves 3 de junio por el presidente Alberto Fernández. Y si bien contó con el apoyo de todos los espacios políticos en el parlamento, no faltaron puntos de controversia relacionados con la tensión entre el desarrollo económico y la conservación ambiental.

El senador Alfredo de Angeli se quejó durante el debate de que el proyecto se haya sido discutido en las comisiones de Educación, de Ambiente y de Presupuesto del Senado y la Cámara de Diputados, pero no en las de Agricultura.

“Tenemos mucho para aportar”, dijo De Angeli, productor agropecuario de la provincia de Entre Ríos que saltó a la política en 2008, cuando se hizo conocido como uno de los líderes de una larga protesta del empresariado rural contra un aumento de los impuestos a las exportaciones de soja.

El extendido cultivo de soja, que ocupa más de la mitad del área sembrada desde que a fines de los años 90 se aprobó la primera variedad transgénica, es cuestionado por organizaciones ambientales, por su impacto en el uso de agroquímicos y en la deforestación.

En tono de reproche, De Angeli recordó que tampoco pasó por las comisiones parlamentarias de Agricultura la llamada ley de manejo del fuego, aprobada el año pasado, que prohíbe por hasta 60 años la venta de tierras donde se hayan registrado incendios forestales, para evitar conductas especulativas que destruyan los bosques. Esa norma fue rechazada por todas las entidades agropecuarias.

Además, en la discusión de la ley de educación ambiental no faltaron legisladores que cuestionaran la ausencia del sector empresarial en el Consejo Consultivo que asesorará a las autoridades en el diseño de los contenidos educativos, integrado por organizaciones indígenas, estudiantiles, gremiales docentes, científicas, de guardaparques, de recicladores y de la sociedad civil.

“Lo más importante de esta ley es que obliga a trazar una estrategia de educación ambiental para los ámbitos formales de educación y también para los no formales, que alcance a todos las edades”: Laura Castillo Díaz.

La ley define a la educación ambiental como “un proceso que defiende la sustentabilidad como proyecto social, el desarrollo con justicia social, la distribución de la riqueza, preservación de la naturaleza, igualdad de género, protección de la salud, democracia participativa y respeto por la diversidad cultural”.

Una de las cuestiones que establece la norma  para su implementación es que se deberá realizar un estudio de percepción ambiental, explicó Cristina Ruiz del Ferrier, subsecretaria Interjurisdiccional e Interinstitucional del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

Una movilización de jóvenes en Buenos Aires, en reclamo de mejores políticas ambientales, con el fondo del Congreso Nacional, que en mayo sancionó la ley que incorpora la educación ambiental en todos los niveles de la educación argentina. Foto: Eco House Global

“Así podremos tener información que nos permita orientar los planes, programas, proyectos y mensajes de acuerdo a los diferentes destinatarias y destinatarios de manera efectiva”, destacó a IPS la funcionaria y especialista en políticas públicas.

Ruiz del Ferrier comentó que el proyecto recogió las demandas de las 23 provincias, que buscaban así fortalecer e institucionalizar la labor de esas regiones federales, porque de hecho ya vienen trabajando en educación ambiental, en varios casos con el respaldo de leyes locales en la materia.

“Se necesitaba que el tema tuviera un poco de visibilización y empuje para que lo aprobara el Congreso, después de tantos años de estar en la agenda parlamentaria, y eso fue lo que aportamos desde la sociedad civil”, dijo María Aguilar, coordinadora de los Departamentos de Educación Socioambiental y de Investigación y Política Socioambiental de Eco House Global, una organización que trabaja en temas de sostenibilidad a través del voluntariado.

“También realizamos un trabajo de incidencia con el que servimos de puente para que los distintos sectores políticos limaran sus diferencias y tuviéramos ley”, contó Aguilar a IPS.

“De modo tal que el rol y participación de las y los jóvenes en la educación ambiental y en esta ley en particular es de suma importancia”, añadió.

Laura Castillo Díaz, coordinadora en el área de Política Ambiental en la no gubernamental Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), destacó a IPS que la ley viene a pagar una deuda que estaba pendiente desde hacía décadas.

Apuntó, en ese sentido, a la Conferencia de Estocolmo de 1972, la primera gran cumbre mundial sobre temas ambientales convocada por Naciones Unidas, que en su Declaración Final señaló la importancia de la educación ambiental.

También señaló a la Constitución Nacional argentina, que desde su última reforma, en 1994, reconoce el derecho de los habitantes del país a vivir en un ambiente sano y fija la obligación de las autoridades de proveer educación e información ambientales.

“Lo más importante de esta ley es que obliga a trazar una estrategia de educación ambiental para los ámbitos formales de educación y también para los no formales, que alcance a todos las edades”, explicó Castillo Díaz.

Una concentración de jóvenes que buscan concientizar del impacto del cambio climático en Buenos Aires, en la Plaza de Mayo y frente a la Casa Rosada, sede de la Presidencia de Argentina. Foto: Eco House Global

“En el caso de las universidades públicas y privadas se prevé que además tendrán que diseñar y poner en práctica un programa de gestión ambiental, que se aplique al manejo de sus propias problemáticas, como el manejo de los residuos o el consumo de energía”, añadió.

En las universidades argentinas las cuestiones ambientales están atrayendo cada vez más interés no sólo en carreras vinculadas a las ciencias duras, sino también en el terreno humanístico.

En la carrera de Ciencia Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA), estudiantes impulsaron la creación de un seminario de socioambientalismo, con clases durante todo el año que incluyen tema como cambio climático, eco-feminismo y el modelo de desarrollo que pone a los países latinoamericanos en el rol de proveedor de materias primas para el mercado internacional.

“En nuestra carrera no existía la perspectiva ambiental y entonces organizamos el seminario con algunos compañeros. Abrimos la inscripción y pensamos que podíamos tener 30 inscriptos, pero en una semana teníamos más de 300”, dijo Federico Pellegrino, estudiante de Ciencia Política de 21 años.

De alguna manera, reconoció a IPS, “Greta nos puso el tema en agenda. Hoy veo claramente un vínculo entre lo ambiental y lo social. Ocuparse de lo ambiental significa ocuparse de cómo mejorarle la vida a la gente”.

Según se estableció en la ley, los ministerios y representantes de las provincias deberán diseñar una Estrategia Nacional de Educación Ambiental Integral (Eneai), que a su vez dará lugar a estrategias jurisdiccionales, que deberán ajustarse “a la realidad de los territorios”.

Eso entusiasma a Pellegrino, que imagina contenidos vinculados a las distintas problemáticas que enfrenta un país tan diverso como Argentina, cuyo extenso territorio tiene desde la gran llanura agrícola en el centro del país hasta los bosques chaqueños y las mesetas de altura de la Puna en el norte, pasando por la estepa patagónica en el sur, la Cordillera de los Andes en el oeste y la selva paranaense en el noreste.

“Queremos que en el Chaco se hable de la deforestación, en la Patagonia se hable del impacto de las represas y en la Puna se hable de por qué Argentina, Bolivia y Chile tienen que pagar el costo de proveer el litio para los autos eléctricos de Europa y Estados Unidos”, explicó este universitario, que comenzó como activista ambiental y hoy trabaja  en la organización Eco House.

Fuente: https://ipsnoticias.net/2021/06/la-educacion-ambiental-para-todas-las-edades-es-ley-en-argentina/

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