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Honduras. El Abrazo a las Defensoras de Derechos Humanos

Por: Tercera Información

Internacional/Prensa Comunitaria

El Abrazo estuvo presente en lugares, espacios y territorios simbólicos de las luchas que fueron pensados con anticipación por su importancia histórica y también política, considerando que son lugares donde las defensoras realizan una defensa cotidiana que data de muchos años.

Comunicado Misión Internacional de Solidaridad Feminista

“Ninguna mujer tiene porque estar sola, hay que defendernos entre nosotras”

El día 20 de enero de 2019 dio inicio la Misión Internacional Feminista El Abrazo, integrada por 52 defensoras que forman parte de 28 organizaciones provenientes de redes, movimientos sociales, comunidad LGTBI y organizaciones indígenas y negras de 13 países. Nos movilizamos a siete territorios: Santa Bárbara, Copán, La Esperanza, El Progreso, Tela y Tocoa para encontrarnos en las diversas luchas que realizamos las defensoras de derechos humanos y abrazar a nuestras compañeras defensoras de Honduras, mujeres campesinas e indígenas de los pueblos Garífuna, Tolupán, Misquito, Maya Chortí y Lenca, así como también luchadoras de comunidades rurales y urbanas.

El reconocimiento de las identidades políticas y las luchas de las defensoras formó parte fundamental de los encuentros. Escuchándonos nos dimos cuenta de que no existe una lucha en la que las mujeres no estemos presentes. Fuimos testigas de la potencia transformadora de las defensoras de Honduras, capaz de enternecer al mundo, y de su fuerza y convicción para hacer frente a la más brutal dictadura, al empresariado transnacional, a los terratenientes y a las alianzas criminales de los Estados y sus falsas democracias. Presenciamos como las defensoras realizan una lucha por la vida frente a la explotación capitalista, racista y patriarcal. Nombrar la defensoría que realizan implica compartir sus historias y experiencias particulares y cotidianas, las cuales también son colectivas, porque su lucha es por el bien común y la realizan rodeadas de otras mujeres, de sus comunidades, de sus pueblos y organizaciones.

La presencia de la Misión en el territorio hondureño tuvo una fuerza política muy importante por el momento histórico que se transita. El 27 de enero se cumplía un año de la instauración de la dictadura en Honduras y el 25 del mismo mes se reconoce el día de la Mujer Hondureña en memoria al proceso organizativo y de resistencia de las mujeres por sus derechos políticos, cumpliéndose 64 años de aquella lucha que libraron en un contexto de fuerte movilización popular y lucha social en la que las mujeres jugaron un papel protagónico en la defensa de los derechos laborales y la liberación de los presos políticos, tal como en la actualidad.

Las defensoras, que viajaron desde el Sur Centro y Norte de Abya Yala, fueron recibidas en Honduras con mucha calidez, la cual se evidenció en cada detalle y cuidado con que fueron recibidas. Tener en cuenta los horarios, reservaciones, aceites aromáticos para incrementar la sensación de seguridad a su llegada; brindar información detallada sobre las rutas y defensoras que conoceríamos, procurar una alimentación adecuada y placentera, buscar espacios seguros y armoniosos para estar juntas son algunos de los cuidados que estuvieron presentes desde el inicio como parte vital del cuidado colectivo.

Foto: Misión Internacional de Solidaridad Feminista

Las compañeras de nuestros países hermanos, territorios mesoamericanos, llegaron con sus maletas llenas de emoción y expectativas por el encuentro con otras defensoras de diversas luchas. Caras nuevas y conocidas, abrazos y sonrisas circularon por los reencuentros con quienes se comparten contextos y resistencias como mujeres y defensoras.

Foto: Misión Internacional de Solidaridad Feminista

Agradecimientos infinitos a las compañeras enlaces de los territorios que forman parte de la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos y al equipo técnico de la misma, quienes prepararon las actividades y conversatorios en las comunidades, rompieron las imposiciones de las fronteras patriarcales y coloniales para realizar este espacio que nos permitió juntar complicidades y la solidaridad que alimenta la fuerza individual y colectiva de nuestras luchas.

La Misión Feminista

El Abrazo estuvo presente en lugares, espacios y territorios simbólicos de las luchas que fueron pensados con anticipación por su importancia histórica y también política, considerando que son lugares donde las defensoras realizan una defensa cotidiana que data de muchos años.

Las defensoras recibieron a la Misión en zonas urbanas y rurales, que en su mayoría son territorios que se encuentran bajo amenaza permanente debido a la depredación y saqueo por parte de empresas extractivas nacionales y extranjeras de los recursos naturales (nombrados bienes comunes por las defensoras).

Las playas, las montañas, los ríos y una gran variedad de animales también forman parte de la red de la vida que se encuentra en estos territorios en disputa.

Los testimonios y las luchas de las defensoras hondureñas los pueden ver completos en la boletín informativo “El Abrazo”, a través de esta publicación que recoge experiencias de la misión.

Fuente e Imagen: https://www.tercerainformacion.es/articulo/internacional/2020/01/23/honduras-el-abrazo-a-las-defensoras-de-derechos-humanos

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Para una nueva declaración universal de los derechos humanos (I)

Por: Boaventura de Sousa Santos

El gran filósofo del siglo XVII, Baruch Spinoza, escribió que los dos sentimientos básicos del ser humano (afectos, en su terminología) son el miedo y la esperanza. Y sugirió que es necesario lograr un equilibrio entre ambos, ya que el miedo sin esperanza conduce al abandono y la esperanza sin miedo puede conducir a una autoconfianza destructiva. Esta idea puede extrapolarse a las sociedades contemporáneas, especialmente en una época en la que, con el ciberespacio, las comunicaciones digitales interpersonales instantáneas, la masificación del entretenimiento industrial y la personalización masiva del microtargeting comercial y político, los sentimientos colectivos son cada vez más “parecidos” a los sentimientos individuales, aunque siempre sean agregaciones selectivas. Es por ello que actualmente la identificación con lo que se oye o se lee resulta tan inmediata (“eso es precisamente lo que pienso”, aunque nunca antes se haya pensado sobre “eso”), al igual que la repulsión (“tenía buenas razones para odiar eso”, a pesar de que nunca se haya odiado “eso”). De este modo, los sentimientos colectivos se convierten fácilmente en una memoria inventada, en el futuro del pasado de los individuos. Por supuesto, esto solo es posible porque, a falta de una alternativa, la degradación de las condiciones materiales de vida se vuelve vulnerable a una reconfortante ratificación del statu quo.

Si convertimos los sentimientos de esperanza y miedo en sentimientos colectivos, podemos concluir que tal vez nunca haya habido una distribución tan desigual del miedo y la esperanza a escala global. La gran mayoría de la población mundial vive dominada por el miedo: al hambre, a la guerra, a la violencia, a la enfermedad, al jefe, a la pérdida del empleo o a la improbabilidad de encontrar trabajo, a la próxima sequía o a la próxima inundación. Este miedo casi siempre se vive sin la esperanza de que se pueda hacer algo para que las cosas mejoren. Por el contrario, una diminuta fracción de la población mundial vive con una esperanza tan excesiva que parece totalmente carente de miedo. No teme a los enemigos porque considera que estos han sido anulados o desarmados; no teme la incertidumbre del futuro porque dispone de un seguro a todo riesgo; no teme las inseguridades de su lugar de residencia porque en cualquier momento puede trasladarse a otro país o continente (e incluso comienza a barajar la posibilidad de ocupar otros planetas); no teme la violencia porque cuenta con servicios de seguridad y vigilancia: alarmas sofisticadas, muros electrificados, ejércitos privados.

La división social global del miedo y la esperanza es tan desigual que fenómenos impensables hace menos de treinta años hoy parecen características normales de una nueva normalidad. Los trabajadores “aceptan” ser explotados cada vez más a través del trabajo sin derechos; los jóvenes emprendedores “confunden” la autonomía con la autoesclavitud; las poblaciones racializadas se enfrentan a prejuicios racistas que a menudo provienen de aquellos que no se consideran racistas; las mujeres y la población LGTBI siguen siendo víctimas de violencia de género, a pesar de todas las victorias de los movimientos feministas y antihomofóbicos; los no creyentes o creyentes de religiones “equivocadas” son víctimas de los peores fundamentalismos. En el plano político, la democracia, concebida como el gobierno de muchos en beneficio de muchos, tiende a convertirse en el gobierno de pocos en beneficio de pocos, el estado de excepción con pulsión fascista se va infiltrando en la normalidad democrática, mientras que el sistema judicial, concebido como el Estado de derecho para proteger a los débiles contra el poder arbitrario de los fuertes, se está convirtiendo en la guerra jurídica de los poderosos contra los oprimidos y de los fascistas contra los demócratas.

Es urgente cambiar este estado de cosas o la vida se volverá absolutamente insoportable para la gran mayoría de la humanidad. Cuando la única libertad que le quede a esta mayoría sea la libertad de ser miserable, estaremos ante la miseria de la libertad. Para salir de este infierno, que pareceprogramado por un plan voraz y poco inteligente, es necesario alterar la distribución desigual del miedo y la esperanza. Es urgente que las grandes mayorías vuelvan a tener algo de esperanza y, para ello, es necesario que las pequeñas minorías con exceso de esperanza (porque no temen la resistencia de quienes solo tienen miedo) tengan miedo de nuevo.

Para que esto ocurra, se necesitarán muchas rupturas y luchas en los terrenos social, político, cultural, epistemológico, subjetivo e intersubjetivo. El siglo pasado comenzó con el optimismo de que rupturas con el miedo y luchas por la esperanza estaban cerca y serían eficaces. Este optimismo tuvo el nombre inicial e iniciático de socialismo o comunismo. Otros nombres-satélite se unieron a ellos, como republicanismo, secularismo, laicismo. A medida que el siglo avanzaba se unieron nuevos nombres, como liberación del yugo colonial, autodeterminación, democracia, derechos humanos, liberación y emancipación de las mujeres, entre otros.

Hoy, en la primera mitad el siglo XXI, vivimos entre las ruinas de muchos de esos nombres. Los dos primeros parecen reducirse, en el mejor de los casos, a los libros de historia y, en el peor, al olvido. Los restantes subsisten desfigurados o, como mínimo, se ven confrontados ante la perplejidad de acumular tantas derrotas como victorias protagonizan. Por estas razones, las rupturas y las luchas contra la distribución torpemente desigual del miedo y la esperanza serán una tarea ingente, porque todos los instrumentos disponibles para llevarlas a cabo son frágiles. Además, esta discrepancia constituye en sí misma una manifestación del desequilibrio contemporáneo entre el miedo y la esperanza. La lucha contra tal desequilibrio debe comenzar por los instrumentos que reflejan este mismo desequilibrio. Solo a través de luchas eficaces contra este desequilibrio será posible señalar la expansión de la esperanza y la retracción del miedo entre las grandes mayorías.

Cuando los cimientos se derrumban, se convierten en ruinas. Cuando todo parece estar en ruinas, no hay más alternativa que buscar entre las ruinas, no solo el recuerdo de lo que fue mejor, sino especialmente la desidentificación con lo que al diseñar los cimientos contribuyó a la fragilidad del edificio. Este proceso consiste en transformar las ruinas muertas en ruinas vivas. Y tendrá tantas dimensiones cuantas sean exigidas por la predictora socioarqueología. Comencemos hoy, al inicio de año, por los derechos humanos.

Los derechos humanos tienen una doble genealogía. A lo largo de su vasta historia desde el siglo XVI, fueron sucesivamente (a veces de manera simultánea) un instrumento de legitimación de la opresión eurocéntrica, capitalista y colonialista, y un instrumento de legitimación de las luchas contra esa opresión. Pero siempre fueron más intensamente instrumento de opresión que de lucha contra ella. Por eso contribuyeron a la situación de extrema desigualdad de la división global del miedo y la esperanza en la que nos encontramos hoy. A mediados del siglo pasado, tras la devastación de las dos guerras en Europa (con impacto mundial debido al colonialismo), los derechos humanos tuvieron un momento alto con la proclamación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que vino a sustentar ideológicamente el trabajo de la ONU. El 10 de diciembre pasado se conmemoraron los 71 años de la Declaración. No es aquí el lugar para analizar en detalle este documento, que en su origen no es universal (de hecho, es cultural y políticamente muy eurocéntrico) pero que gradualmente se fue estableciendo como una narrativa global de dignidad humana.

Es posible decir que entre 1948 y 1989, los derechos humanos fueron predominantemente un instrumento de la guerra fría, lectura que durante mucho tiempo fue minoritaria. El discurso hegemónico de los derechos humanos fue usado por los gobiernos democráticos occidentales para exaltar la superioridad del capitalismo en relación al comunismo del bloque socialista de los regímenes soviético y chino. Según tal discurso, las violaciones de los derechos humanos solamente ocurrían en ese bloque y en todos los países simpatizantes o bajo su influencia. Las violaciones que había en los países “amigos” de Occidente, crecientemente bajo influencia de los Estados Unidos, eran ignoradas o silenciadas. El fascismo portugués, por ejemplo, se benefició durante mucho tiempo de esa “sociología de las ausencias”, tal como sucedió con Indonesia durante el período en que invadió y ocupó Timor Oriental, o con Israel desde el inicio de la ocupación colonial de Palestina hasta hoy. En general, el colonialismo europeo fue por mucho tiempo el beneficiario principal de esa sociología de las ausencias.

Así se fue construyendo la superioridad moral del capitalismo en relación al socialismo, una construcción en la que colaboraron activamente los partidos socialistas del mundo occidental.

Esta construcción no estuvo libre de contradicciones. Durante este período, los derechos humanos en los países capitalistas y bajo la influencia de los Estados Unidos fueron muchas veces invocados por organizaciones y movimientos sociales en la resistencia contra violaciones flagrantes de esos derechos. Las intervenciones imperiales del Reino Unido y de los Estados Unidos en el Medio Oriente, y de los Estados Unidos en América Latina, a lo largo de todo el siglo XX, nunca fueron consideradas internacionalmente violaciones de derechos humanos, aunque muchos activistas de derechos humanos sacrificasen su vida defendiéndolos. Por otro lado, sobre todo en los países capitalistas del Atlántico Norte, las luchas políticas llevaron a la ampliación progresiva del catálogo de derechos humanos: los derechos sociales, económicos y culturales se juntaron a los derechos civiles y políticos. Surgió entonces cierta disociación entre los defensores de la prioridad de los derechos civiles y políticos sobre los demás (corriente liberal), y los defensores de la prioridad de los derechos económicos y sociales o de la indivisibilidad de los derechos humanos (corriente socialista o socialdemócrata).

La caída del Muro de Berlín en 1989 fue vista como la victoria incondicional de los derechos humanos. Pero la verdad es que la política internacional posterior reveló que, con la caída del bloque socialista, cayeron también los derechos humanos. Desde ese momento, el tipo de capitalismo global que se impuso desde la década de 1980 (el neoliberalismo y el capital financiero global) fue promoviendo una narrativa cada vez más restringida de derechos humanos. Comenzó por suscitar una lucha contra los derechos sociales y económicos. Y hoy, con la prioridad total de la libertad económica sobre todas las otras libertades, y con el ascenso de la extrema derecha, los propios derechos civiles y políticos, y con ellos la propia democracia liberal, son puestos en cuestión como obstáculos al crecimiento capitalista. Todo esto confirma la relación entre la concepción hegemónica de los derechos humanos y la guerra fría.

Ante este escenario, se imponen dos conclusiones paradójicas e inquietantes, y un desafío exigente. La aparente victoria histórica de los derechos humanos está derivando en una degradación sin precedentes de las expectativas de vida digna de la mayoría de la población mundial. Los derechos humanos dejaron de ser una condicionalidad en las relaciones internacionales. Cuando mucho, en vez de sujetos de derechos humanos, los individuos y los pueblos se ven reducidos a la condición de objetos de discursos de derechos humanos. A su vez, el desafío puede formularse así: ¿será todavía posible transformar los derechos humanos en una ruina viva, en un instrumento para transformar la desesperación en esperanza? Estoy convencido que sí. En la próxima crónica intentaré rescatar las semillas de esperanza que habitan la ruina viva de los derechos humanos.

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/204320

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Violencia escolar y derechos humanos

Por: Carlos Ornellas. 

¿Cómo un niño de 11 años pudo hacerse de dos pistolas cargadas?

El drama que vivieron el viernes alumnos, docentes y padres de familia del Instituto Cervantes, de Torreón, Coahuila, acaso sea el signo mayor de una pandemia que académicos denominan violencia escolar. Atención, no nace en la escuela, pero tampoco es un mero reflejo del contexto social. Guarda una lógica perversa que se despliega en el sistema escolar; es difícil de aquietar.

La violencia escolar se manifiesta de miles de maneras: agresión verbal, física o sicológica, sea entre alumnos o entre docentes y alumnos; hostigamiento de diverso tipo (bullying) que incluye irrupciones cibernéticas. Estos engendros se asocian a fenómenos externos cerca de los planteles: pandillerismo y venta de drogas a infantes.

En esas relaciones hay víctimas y victimarios y, cuando suceden tragedias, se buscan culpables al tiempo que los actores cercanos tratan de deslindarse. “La influencia del medio”, expresó el presidente municipal de Torreón (a quien hay que reconocer que actuó con rapidez para calmar ánimos); “los videojuegos instigan a los menores”, dijo el gobernador. “Se relajó la disciplina escolar”, escuché a una experta en la radio. No faltó alguien que le colgó el sambenito a la Cuarta Transformación por lo de “abrazos y no balazos”. “Son los derechos humanos”, comentó un iracundo.

Cierto, ante varios reclamos, el año pasado la Comisión Nacional de los Derechos Humanos estableció que el programa de Mochila Segura violentaba las potestades de padres y alumnos. Las familias que tienen a sus hijos en el Instituto Cervantes solicitaron que se eliminara la medida, que ellas se harían cargo de la vigilancia.

Una familia no lo hizo, ¿cómo un niño de 11 años pudo hacerse de dos pistolas cargadas? Por ello, en las redes, ciertos coléricos condenaron a la parentela del niño que mató a su maestra y luego se suicidó. Sin embargo, tal vez sean ellos quienes necesiten más apoyo y comprensión en estos momentos. Su dolor ha de ser inmenso.

Más allá del hecho concreto, en el centro del debate se plantea una contradicción entre derechos, el de la seguridad de las personas (y de alumnos dentro y fuera de sus escuelas) y los derechos humanos.

Siendo Josefina Vázquez Mota secretaria de Educación Pública, allá por 2007 y 2008, la SEP diagnosticó —con acierto, a mi juicio— que cientos de niños introducían armas (no sólo pistolas) a las escuelas. Como medio de prevención e inhibición de conductas violentas, sería conveniente revisar sus mochilas. Nació el programa Mochila Segura.

A fe mía que gracias a ese programa se previnieron actos de agresión fatales. Pero era molesto para niños, padres de familia y hasta para los docentes que tenían que hacer la revisión. “No somos policías”, me dijo una maestra en aquellos tiempos.

Hoy, la urgencia es cómo resolver esa contradicción. Por lo pronto renace el programa de Mochila Segura, pero sospecho que será insuficiente. La pandemia es profunda y necesitamos más discusión y acción política.

Fuente del artículo: https://www.excelsior.com.mx/opinion/carlos-ornelas/violencia-escolar-y-derechos-humanos/1357719

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Libro: La promesa de las evaluaciones de aprendizaje a gran escala: reconocer los límites para generar oportunidades. (PDF)

UNESCO / 30-12-2019

Por lo general, las pruebas estandarizadas se asocian a los exámenes escolares de fin de curso orientados a la certificación y selección de estudiantes para su avance a niveles educativos superiores. Más recientemente, los resultados de las pruebas estandarizadas se han utilizado para evaluar el funcionamiento de los sistemas educativos, como se refleja en la creciente relevancia de las evaluaciones de aprendizaje a gran escala (LSLA). Estas iniciativas, emprendidas a escala nacional o transnacional, no solo han llamado la atención sobre ciertos aspectos relacionados con los niveles de aprendizaje, sino también sobre los determinantes del aprendizaje, entre ellos la cualificación del profesorado, la calidad de los entornos escolares, el apoyo y la orientación parental, así como la salud social y emocional dentro y fuera de los centros educativos. Nunca antes había habido tanta demanda de LSLA. Estas evaluaciones son hoy percibidas como fundamentales para mejorar la calidad educativa, y han contribuido en gran medida a fortalecer las políticas y estrategias orientadas a la mejora de un aprendizaje efectivo y pertinente. Siendo cada vez más usadas para asegurar la excelencia educativa, las LSLA están al centro de los debates nacionales, regionales y globales sobre la calidad y eficacia de los sistemas educativos. Pero nuestra búsqueda de la excelencia y la calidad educativas no puede realizarse a expensas de la equidad. La Agenda 2030 es clara al definir la equidad y la inclusión como perspectivas normativas centrales para el desarrollo educativo. Es un compromiso para asegurar que todos los niños, jóvenes y adultos tengan el derecho a un aprendizaje efectivo y pertinente. Si bien las LSLA son una herramienta central e indispensable para progresar hacia estas nuevas metas, en algunas circunstancias podrían socavar de manera accidental los compromisos de la agenda Educación 2030, centrados en garantizar un aprendizaje pertinente, igualitario y de calidad para todos. La promesa de las evaluaciones de aprendizaje a gran escala: reconocer los límites para generar oportunidades aborda los aspectos más polémicos de estas evaluaciones estandarizadas. Sobre la base de la amplia experiencia de la UNESCO en esta esfera (desde su participación directa en la aplicación de las evaluaciones hasta su papel como transmisora de conocimientos y coordinadora de redes), esta publicación presenta la mirada crítica de la Organización respecto de estas iniciativas. Su objetivo es lograr un equilibrio en el debate sobre las LSLA examinando sus beneficios y concienciando al mismo tiempo sobre sus posibles riesgos y dificultades. Los debates de esta publicación se centrarán en las LSLA llevadas a cabo en el marco de la educación formal y en la etapa escolar. Se espera que sean muchos los actores que puedan beneficiarse de las reflexiones contenidas en este documento. En particular, los gobiernos que efectúan LSLA o planean llevarlas a cabo; las organizaciones internacionales y regionales que prestan asistencia técnica para la planificación y la ejecución de dichas iniciativas; los académicos que se encargan de analizar críticamente estos

4La promesa de las evaluaciones de aprendizaje a gran escalaprocesos; los gobiernos donantes, que cada vez demandan más este tipo de evaluaciones; y las empresas privadas a las que podría interesar introducirse en este nicho de mercado. Los debates planteados en esta publicación tienen por objetivo analizar y comprender las LSLA a partir de la exploración de una serie de cuestiones. ¿Por qué han adquirido importancia a lo largo del último decenio? ¿De qué manera podrían contribuir a cumplir los compromisos para 2030 de asegurar un aprendizaje inclusivo, igualitario y de calidad para todos? ¿Podrían perjudicar dichos compromisos? ¿Merece la pena invertir tiempo y recursos en ellas? ¿Están realmente dirigidas a todos los niños y sirven para promover la equidad? ¿Evalúan los conocimientos y las aptitudes pertinentes, o las competencias necesarias para desarrollarse en la sociedad actual? El actual aumento de la participación en las LSLA se mantendrá en el futuro, no solo en cifras, sino también en sofisticación, a medida que aumenta su digitalización y adaptabilidad. Aunque esto suena prometedor, debemos estar atentos a los posibles riesgos que esto conlleva. ¿Cómo será el futuro de la evaluación y el uso de los datos resultantes? ¿Cómo garantizamos que los LSLA no continúen obstaculizando, de forma accidental, el progreso respecto de los compromisos de calidad para todos, o peor aún, exacerben las desigualdades sociales en términos de aprendizaje? Mirando al futuro, necesitamos asegurar una comprensión plena de las limitaciones de las LSLA (en relación con su diseño y posibles usos) y aplicar estos conocimientos al desarrollo de evaluaciones futuras. Stefania Giannini, Subdirectora General de Educación de la UNESCO
A continuación podrá descargar este libro:

la promesa de las evaluaciones

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Entrevista a Elizabeth Odio Benito: “No se necesita ningún amparo religioso para que existan los derechos humanos”

Entrevista/03 Enero 2020/Autor: Álvaro Murillo/Fuente: El país

Elizabeth Odio Benito será la segunda mujer en presidir la Corte Interamericana de Derechos Humanos en sus cuatro décadas de existencia. «Hay un retroceso grande en derechos humanos», asegura

Elizabeth Odio Benito (Puntarenas, Costa Rica, 1939) será a partir del 1 de enero la segunda mujer en presidir la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) en sus cuatro décadas de existencia. Esta abogada costarricense, única juez en la actualidad de este tribunal internacional, tiene 80 años y pide decir su edad, orgullosa de su larga carrera como profesora, política y jurista internacional.

Declarada feminista desde hace años, Odio presidirá la Corte en un momento en el que el rechazo a la violencia contra la mujer saca a las calles a miles de personas en América Latina. Mira ahora la evolución de los derechos de la mujer y recuerda aquellos años en los que fue ministra de Justicia (1978-1982 y 1990-1994) o vicepresidenta de la República y responsable de Ambiente (1998-2002) cuando ni siquiera habían salido al debate público muchas de las demandas actuales. También ha sido juez de la Corte Penal Internacional (2003) y del Tribunal Penal para la antigua Yugoslavia (1993-1998), donde imprimió su pensamiento feminista a favor de mujeres en situación de guerra.

Hija de maestros, descendiente de inmigrantes cubanos y españoles, y aficionada al fútbol; Odio defiende, sobre las protestas en Chile, que los modelos económicos que privilegian a ciertos sectores y deprimen a otros llegan a un momento en el que los más castigados protestan.

Pregunta. Usted es la segunda mujer que preside la Corte IDH en 40 años, y solo la quinta juez entre 34 varones que ha tenido este tribunal. ¿Qué mensaje quiere dar esta institución al elegirla presidenta?

Respuesta. Esta Corte tiene como misión proteger los derechos humanos de todos y todas y luchar por los principios de igualdad y no discriminación. Lo ha hecho muy bien, pero los gobiernos son los que proponen a los candidatos para integrar la Corte y casi todos han sido hombres. Ha sido una discriminación aberrante, pero es indudable que la Corte da mucha importancia al contexto de lo que ocurre en América Latina. Hace 40 años, cuando nació, había dictaduras militares que violentaban los derechos humanos de manera atroz y la Corte fue sacando la tarea, pero ahora enfrenta un momento delicado. Hay revueltas sociales en muchos países de América Latina y se nota malestar de las sociedades al no sentir satisfechas las obligaciones de los estados de respetar los derechos civiles y políticos, y también los económicos, sociales y medioambientales. Este es un continente muy violento y el más desigual del planeta, lo que se refleja en cada país, incluida Costa Rica. La gente está muy insatisfecha y en ese contexto yo empiezo mi presidencia en la Corte.

P. También es un momento diferente para el movimiento feminista.

R. Creo que mi militancia feminista, conocida así desde hace muchos años, influyó positivamente en la decisión de mis colegas. Creo que ellos pensaron que era buen momento para que una mujer que ha dedicado su vida a los derechos humanos de las mujeres, y especialmente de las mujeres en situación de pobreza y violencia, asumiera la presidencia. Creo que pesó positivamente.

P. ¿Cómo explica que Un violador en tu camino se haya extendido por el mundo?

R. Eso nos dice que la violencia contra las mujeres, especialmente la sexual, se ha convertido en una pandemia, como dijo una vez el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. No es una epidemia, es una pandemia, una situación dramática que ocurre en todos nuestros países y en nuestros hogares. Cuando ese tipo de protestas se viralizan, es porque hay una sensación en las mujeres de todas las edades y en muchos hombres de que hay que denunciarlo y poner un remedio a esta atrocidad.

P. ¿Cómo explica el impulso que han tomado corrientes políticas conservadoras de la mano de organizaciones religiosas?

R. Hay un punto esencial: los derechos humanos no son una religión ni están vinculados a ninguna religión. Son una ética laica y tiene que ver con derechos fundamentales que desde milenios se atribuyen a las personas por ser tales. No se necesita ningún amparo religioso para que existan los derechos humanos ni para el derecho internacional que los protege. Si así fuera, no se reconocerían los derechos humanos para las mujeres, como ocurre entre los musulmanes extremistas, aunque no son los únicos. Confundir derechos humanos con religión es un error garrafal.

P. Pero muchos cometen esa confusión.

R. Y la están cometiendo a sabiendas. Por eso es tan importante impulsar los derechos humanos en la educación formal y en nuestros hogares.

P. Hay varias tendencias políticas que pretenden mezclar religión y política. ¿Supone un retroceso en derechos humanos?

R. La línea de progreso en derechos humanos no va siempre hacia adelante. Hay épocas en las que hemos ido para atrás. Cuando uno ve lo que ha ocurrido con el cambio climático por responder a intereses políticos y económicos de ciertos sectores, se da cuenta de que eso mismo se replica en todos los órdenes. En los derechos de las mujeres, de la población afrodescendiente e indígenas, la niñez… ¿Por qué estamos como estamos con la trata de personas y con la esclavitud? Hay países en nuestro continente en donde hay trabajo esclavo. Tuvimos una sentencia en diciembre de 2016 que comprobó cómo se daba esa esclavitud en una serie de regiones de Brasil. Hay trata de mujeres, de niños o de migrantes. Hace unos años se recibía a los migrantes y ahora se les cierran las puertas. Hay un retroceso grande en derechos humanos, pero en general en principios como la solidaridad, la empatía y la equidad en las relaciones humanas.

P. El 66,5% del presupuesto anual de la Corte proviene del fondo regular de la Organización de Estados Americanos, el 7% de aportes de los Estados miembros un y 26%, de cooperación externa. Una manera de golpear a la Corte es la presupuestaria. ¿Ha podido mejorar su situación financiera?

R. La Corte IDH siempre ha sido pobre y nos damos cuenta de que lo económico es un mecanismo perverso que usan unos gobiernos que no creen en la globalidad de los derechos humanos para limitar poco a poco a este tribunal. Nosotros seguiremos trabajando con el presupuesto que tengamos, pero hay programas que se pueden ver limitados, como las capacitaciones de autoridades judiciales en los países y las visitas al terreno. Muchos gobiernos sí son generosos y han dado el financiamiento y seguirán dándolo.

P. Hablaba usted al principio sobre las protestas sociales en este último trimestre y en algunos casos ha participado el ejército. ¿Cómo evalúa su actuación?

R. No cabe la menor duda de que ha habido problemas muy serios por el uso de la fuerza por parte de los órganos de vigilancia y también de los ejércitos. Eso ha motivado la preocupación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y de la oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, entre otras organizaciones internacionales. Los informes de estas instituciones deben ser enviados a los Gobiernos para que tomen nota y corrijan lo necesario. Yo frente a esto solo puedo externar preocupación; no corresponde a los ejércitos gobernar a los países de ninguna manera. Cuando lo han hecho, los resultados han sido muy negativos. Obviamente la circunstancia de que en mi país no haya Ejército demuestra que es posible vivir en democracia y en derechos humanos sin tener fuerzas armadas.

P. Chile era un país aplaudido por sus logros económicos y democráticos. ¿Cómo se explica lo que pasa ahora?

R. Mi interpretación personal, que no puede ser atribuida a esta Corte, es que estos modelos económicos que privilegian a ciertos sectores y deprimen a otros llegan a un momento en el que los que tienen más carencias protestan. En el caso de Chile fue una explosión de una situación que se venía sintiendo tensa desde hacía tiempo y que reaccionó en cadena después de ese aumento en el pasaje del metro. Es una protesta legítima que nada tiene que ver con el vandalismo; lo que pasa es que cuando esto ocurre siempre hay vándalos que se aprovechan, como pasó en Chile, Bolivia y Colombia.

P. ¿Ve un elemento común que explique lo que pasa en varios países más allá de la insatisfacción popular?

R. Cada país tiene factores propios e historias propias. Colombia ha vivido una guerra civil muy larga y prolongada y eso deja muchas marcas y daños en el tejido social. Eso es muy diferente a lo que pudo pasar en Bolivia o Chile. Casa país tiene sus particularidades y por eso las protestas son diferentes, aunque es indudable que los grupos ven lo que se hace en un país y piensen que en su país también se puede hacer.

P. ¿Es realista pensar en un aumento en la cantidad de estados que reconocen la jurisdicción de la Corte IDH [ahora son 20 de los 25 que suscribieron la Convención Interamericana, aunque la OEA tiene 35 miembros]?

R. Yo pertenezco al gremio de las optimistas, porque si no, no hubiera hecho nada de lo que hecho. Sí creo que la seriedad con que la Corte enfrenta sus tareas hará que más Estados suscriban el Pacto de San José [la convención americana sobre derechos humanos aprobada en 1969 por al OEA] o que reviertan la decisión de salirse.

Fuente e imagen: https://elpais.com/internacional/2019/12/10/america/1575937464_039901.html

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El desafío de encarar la educación

Por: David Velázquez Seiferheld.

Mucho se discute y se habla sobre lo que es indispensable a la hora de diseñar y ejecutar los sistemas pedagógicos más adecuados a las necesidades del país. Por ello, este trabajo publicado por el investigador David Velázquez Seiferheld es de vital importancia.Y así lo expresa en el libro MBO’E, recientemente lanzado.

El 30 de enero de 2018, el entonces flamante Ministro de Educación y hoy Presidente de la Agencia Nacional de Acreditación y Evaluación de la Educación Superior (ANEAES), Raúl Aguilera, asumía el cargo con la siguiente premisa: “Queremos hacer una evaluación formal del sistema educativo; hacer una evaluación científica de la Reforma Educativa que lleva 24 años y darle un corte”1. Así, el más alto cargo de la Educación paraguaya anunciaba el final de la Reforma Educativa iniciada en las aulas en 1994.

La Reforma Educativa de 1994 gozó del más elevado de los consensos. Nadie discutía la necesidad de remplazar la educación verticalista y autoritaria, marcada por la Guerra Fría, pergeñada por el estronismo a través de dos reformas: las de 1957 y 1973, por una educación crítica y democrática. A esta exigencia histórica específica del Paraguay se sumaban las de un entorno mundial sociocultural y económico en cambio permanente, con problemáticas relativamente novedosas para la educación, como por ejemplo, el enfoque de Derechos Humanos, las nuevas concepciones acerca de la niñez y la adolescencia; el giro cognitivo en la Educación; la aparición del concepto de competencias; la diversificación del mundo económico-productivo y de los empleos; la caída del muro de Berlín y el derrumbe del bloque liderado por la URSS; la emergencia de los pueblos indígenas y de colectivos históricamente postergados como las mujeres; el surgimiento de una suerte de “pensamiento único” en educación a nivel mundial, un desarrollo tecnológico sin precedentes.

En este complejo escenario se desarrolló la Reforma. A las expectativas e ilusiones siguió el desencanto generalizado y las críticas. Lo que ocurría en las aulas estaba lejos de todo aquello que se imaginaba en 1994. Abundaron las críticas externas sobre la base de una negligencia insólita por parte del ente rector de la Educación: “nunca se evaluó integralmente la Reforma”, señaló también Aguilera en oportunidad de su asunción al cargo de Ministro, dejando así la impresión de un sistema educativo fracasado en buena medida por la falta de estabilidad en el liderazgo. Aquí cabe agregar un dato no menor: en los últimos 30 años, desde la caída de la dictadura de Stroessner, los gobiernos cambiaron de titular de la Cartera de Educación en 21 oportunidades. 16 personas alternaron en dicho cargo, algunas en más de una ocasión.

En ese marco comenzaron los más recientes estudios de historia de la educación paraguaya. Conocer ese pasado, especialmente el reciente, era parte de los esfuerzos de reparación histórica; pero también era necesario conocer los procesos de larga duración, siguiendo la feliz expresión acuñada por Braudel y la Escuela de los Annales para descubrir, con sorpresa, que las continuidades eran más de las que podíamos imaginar. Desde los sistemas pedagógicos verticales, directivos, propios de la época colonial (lo que incluso llevó al especialista Friedhelm Guttandin a caracterizar las escuelas contemporáneas con los conceptos de “escuela jesuita”, “escuela franciscana” y “escuela encomendera”), pasando por la incapacidad para que la educación pueda asumir la realidad de un Paraguay de muchas culturas y lenguas; el autoritarismo; el deterioro de la condición de vida de los docentes; el deterioro de la formación docente; la elevada centralización de las decisiones y la reducción de roles de las comunidades y autoridades locales al cuidado y mantenimiento de la infraestructura, sin incidencia en el currículum; la partidización educativa; hasta el escaso financiamiento para la educación, son apenas algunos de los aspectos que esta obra recoge tras un viaje a un pasado de por lo menos cinco siglos.

“No hay duda de que la realidad educativa está marcada por el signo de la historicidad. Porque la educación es una cualidad privativa del hombre y al hombre le es esencial el moverse en la Historia”. (MARÍA ÁNGELES GALINO).

Buena parte de la reiteración de fórmulas que fracasaron tienen que ver con la ignorancia y el descuido del pasado de la educación paraguaya. O, siguiendo el paradigma predominante en el Paraguay, con el sometimiento de la Historia a la política. Cualquiera sea la razón, la materia Historia de la Educación paraguaya no forma parte de la amplísima mayoría de planes de estudio de las universidades e institutos de formación docente del Paraguay. Y cuando aparece, lo hace con el tono biografista y heroico propio de la historiografía tradicional paraguaya, con maestros y maestras que son héroes, pero sin cuestionamientos acerca de los porqué de las precariedades que envolvieron su actuación. No se trata de impedir que los sujetos históricos sean vistos como agentes de procesos históricos: pero es muy distinto el aproximarse críticamente al concepto de agencia en la Historia, que la romantización del pasado y de las acciones de los personajes. “Desgraciado del pueblo que necesita de héroes”, dice Brecht por medio de uno de sus personajes célebres: Galileo Galilei. El Paraguay insiste en los héroes, sin darse cuenta que tal necesidad permanente es un indicador de la incapacidad para resolver sus tragedias, desgracias y fracasos también permanentes. Debería, entonces, la desgracia ser objeto de estudio y del mejor de su pensar, y no la vida de sus héroes solamente.

Este trabajo espera ir en esa dirección, en la dirección del conocimiento de cómo acontecieron los hechos, hasta configurar el presente. Quizás es mejor decir cómo acontecieron hechos, memorias, silencios y olvidos, hasta configurar el presente. Porque el libro además vuelve a la vida a las condiciones de la educación tanto como las condiciones de la exclusión en cada momento histórico desde el periodo colonial. Aparece la tensión entre las ideas educativas medievales que se hicieron presentes en los años de la colonia y la educación tal como se la entendía en los pueblos indígenas, originarios del continente. Aparece el “negro”, ese otro invento de la normativa colonial al igual que el “indio”, en cuyo concepto se oculta y destruye en una sola palabra la riqueza del África: su presencia permanente, recuperada en estas líneas, pigmenta nuestra piel y nuestra memoria, reconciliándonos con buena parte de nuestro pasado, ese que es nuestro en singular y en plural a la vez. Aparece el guaraní que puebla con sus voces buena parte de Sudamérica al mismo tiempo que es silenciado por la “civilización”. Reviven, finalmente, las resistencias contra la dictadura, mostrando cómo sus fisuras solo pudieron ser llenadas por la fuerza.

Ponemos en escena nuevamente los métodos pedagógicos y didácticos, los programas de estudio y el currículum, mostrando también en cuanto fue posible los juegos de poder y los conflictos ideológicos que subyacen a su elaboración. Recorremos la alfabetización en el aula, sin olvidar el masivo analfabetismo de la población paraguaya durante la mayor parte de su historia. Cuestionamos asertos sin base documental, o, si se quiere, con base ideológica, como aquellos acerca de una inexistente y fantasiosa edad dorada educativa de los tiempos de la primera República, uno de los refugios favoritos de la evasión ante tanto deterioro del presente. Mostramos los esfuerzos de los docentes, no –reiteramos— con el ánimo de romantizar sus esfuerzos, sino presentándolos como personas con conciencia histórica, que hicieron lo posible para cambiar sus realidades en la medida de sus escasas probabilidades, mientras la tierra era explotada a manos llenas por capitales trasnacionales instalados mediante los corruptos y descontrolados procesos de venta de las tierras públicas.

“La educación es el punto en que decidimos si amamos al mundo lo bastante como para asumir una responsabilidad por él (…) también mediante la educación decidimos si amamos a nuestros hijos lo bastante como para no arrojarlos de nuestro mundo y librarlos a sus propios recursos, ni quitarles de las manos la oportunidad de emprender algo nuevo, algo que nosotros no imaginamos para la tarea de renovar un mundo común”. (HANNAH ARENDT).

El libro es, entonces, no solo recopilación, sino recopilación y análisis, para sorprendernos de cuántas, demasiadas quizás, son las continuidades de un sistema educativo que se comporta de manera excluyente a lo largo del tiempo. El presente no tiene responsabilidades con el pasado, pero sí las tiene con el futuro: y para ser completamente responsables con el futuro, eficazmente responsables con el futuro, es necesario conocer el pasado para no presentar hoy como un gran logro al llamado complemento nutricional, que no es sino la repetición de la Gota de Leche, de los comedores comunitarios, de diversas épocas de la educación, que han sido invisibilizados y olvidados por estos mecanismos tan políticos del olvido y la destrucción de la memoria.

No podemos vivir en el pasado: no es posible, es ilusorio y, convertido en consigna política, es reaccionarismo puro. Pero tampoco podemos construir sin él, a riesgo de desconocer nuestra identidad, a veces edificante, a veces degradante y conflictiva, pero con la que hay que ser absolutamente honestos para planificar el futuro de manera humana. “La destrucción de los recuerdos es una medida típica de los gobiernos totalitarios” señala Metz. Y agrega: “A esclavizar a los hombres se comienza despojándolos de sus recuerdos. Toda colonización tiene ahí su principio”.

De manera que recuperar el pasado es un elemento de la descolonización, la fase negativa, el primer paso para dejar de ser quienes somos y construir un Paraguay democrático, plural e incluyente.

(Extracto de la Introducción del Libro MBO’E, recientemente lanzado).

Fuente del articulo: https://www.lanacion.com.py/gran-diario-domingo/2019/12/29/el-desafio-de-encarar-la-educacion/
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