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Tecnología para Educar

Por Juan Sebastián Rozzo

En pleno desierto guajiro, en la Vereda El Estero de Riohacha, el profesor Juan Carlos Epinayú cuenta que nada volvió a ser igual para él y sus alumnos desde que al Centro Etnoeducativo No. 12 llegaran 30 tabletas precargadas con contenidos pedagógicos que les permiten a sus estudiantes aprender desde matemáticas y ciencias naturales, hasta realizar videos en Wayuunaiki para preservar la lengua de su pueblo.

A muchos kilómetros de distancia, en Buenaventura, Valle del Cauca, vive Mary Lili Caicedo, una profesora de sonrisa amable de la Normal Superior Juan Ladrilleros. Gracias a un aula virtual creada por ella misma, logró que los puntajes de sus alumnos en las Pruebas Saber mejoraran y hoy se ubican por encima del promedio nacional en sus competencias de inglés.

Son miles los casos como los de Juan Carlos, Mary Lili y Lucy, que demuestran que la educación en Colombia ha venido experimentando una verdadera transformación de la mano de la tecnología y en especial a través del programa Computadores para Educar, una iniciativa conjunta de la Presidencia de la República, del Ministerio TIC y del Ministerio de Educación, que en pocos meses cumplirá 18 años de operación.

Este programa tiene como objetivo promover el uso de la tecnología para fortalecer el proceso educativo de los niños y niñas en las instituciones educativas publicas del país. De ahí que los contenidos educativos con los que están dotados los equipos permitan enseñar materias como matemáticas, lenguaje, artes y ciencias, y además adquirir las habilidades digitales que nuestros niños necesitarán para su futuro cercano.

Durante los últimos ocho años, la brecha digital en educación se redujo en un 83%. Mientras en 2010 teníamos 24 niños por computador, esto es, más de dos equipos de futbol haciendo fila para usar un computador, hoy son solo 4 niños los que comparten un terminal. Esta escena se repite especialmente en regiones apartadas en las que los maestros asumieron, pese a las dificultades de su entorno, la apropiación de la tecnología para mejor la calidad del aprendizaje y las oportunidades de sus estudiantes.

El impacto de Computadores para Educar en las instituciones educativas de Colombia ha sido contundente, tanto así que en las escuelas y colegios beneficiados con formación docente los estudiantes mejoraron su desempeño en las Pruebas Saber, aumentando así su posibilidad de ingresar a la educación superior. Además, en estas instituciones las tasas de repitencia y deserción escolar disminuyeron significativamente.

Hay dos factores esenciales que permiten explicar estos grandes logros. En primer lugar, la dotación de más de 2.8 millones de equipos (computadores y tabletas) a 43.000 sedes educativas de todo el país ha logrado atacar de raíz la brecha de acceso. El segundo factor es la apuesta por formar a 160.000 docentes oficiales (esto es, la mitad de los que tiene Colombia), en el uso y apropiación de las TIC, con una inversión que supera los $1.5 billones en los últimos 8 años. La formación de profesores permitió que estos integren la tecnología en el ecosistema educativo de manera eficiente y asertiva.

Educar con tecnología ha sido un propósito de país. Lo entendieron centenares de alcaldes y gobernadores de buena parte de Colombia, que no dudaron en apostar por la cualificación tecnológica de las instituciones educativas de sus regiones, lo que también le ha dado aún más impulso al programa y ha potencializado su impacto.

Atrás van quedando, poco a poco, las clases dictadas con tiza y tablero, para darle paso a procesos educativos en los que los profesores convierten las TIC en aliadas y protagonistas en la formación de sus estudiantes.

Es cierto que en este mundo de la tecnología todo evoluciona a un ritmo acelerado, y es evidente que este programa no es la excepción. Computadores para Educartuvo sus inicios hace casi 30 años con el Conpes 3063 de 1999 y el Decreto 2324 de 2000, y sin duda ha evolucionado.

Pasó de ser un programa previsto para recolectar y reacondicionar computadores para ser donados a escuelas del país, a convertirse tanto en uno de los programas del gobierno nacional de mayor impacto social a través de las TIC, como en un referente de aprovechamiento de residuos electrónicos a nivel latinoamericano.

Su continuidad, estoy convencido, debe asegurarse y su evolución no debe detenerse. Este programa, por ejemplo debe adaptarse a la aparición de nuevas tecnologías o tecnólogas emergentes como la Inteligencia Artificial, el Internet de las Cosas (IoT), el Big Data, llevándolas a las aulas educativas de Colombia. A través de esta iniciativa, el país debe seguir fortaleciendo el ecosistema educativo y lograr que los estudiantes colombianos desarrollen las habilidades y el conocimiento para enfrentar los retos de un mundo en el que la tecnología es el nuevo lenguaje. Por eso su nombre debería evolucionar y pasar a llamarse Tecnología par Educar.

Si no fuera por este programa cientos de miles de niños y niñas del país, especialmente los que viven en las zonas rurales y veredas, jamás hubiesen siquiera tenido la oportunidad de conocer un computador, ni acceder al mar de información que a través de ellos es posible explorar. Su vida hoy ya no es la misma y no tengo duda de que podrán tener mejores oportunidades para su desarrollo personal, familiar y profesional. Su futuro podrá ser mejor.

Me quedo con las palabras del profe Juan Carlos: “Cuando todos nos esforzamos en que un niño aprenda es posible hacer cosas que parecen imposibles, como encender una tableta en medio del desierto”. Razones sobran para seguir haciendo esta apuesta, que nos permite lograr un país donde la educación y el acceso a la información no es un privilegio de unos pocos en las ciudades, sino un derecho garantizado para los niños y las niñas en todo el territorio nacional.

Fuente del artículo: http://caracol.com.co/radio/2018/08/14/tecnologia/1534248893_866720.html

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El liderazgo asiático en educación

Por Alieto Guadagni

Este siglo XXI es el siglo de la ciencia y la tecnología, los avances son cada vez más acelerados, por ejemplo en el área de la robotización de los procesos industriales, de la comercialización y los servicios. Año a año se destruirán cada vez más empleos no calificados y aumentará la demanda por más recursos laborales de alta preparación. Esto significa que el nivel educativo de un país será esencial para determinar el ritmo de crecimiento del futuro nivel de vida de su población.

Las naciones que avanzan y reducen la pobreza, mejorando al mismo tiempo la equidad en la distribución del ingreso, lo hacen siempre fortaleciendo el proceso de acumulación de capital. Pero en una visión integral del proceso de desarrollo, el capital es algo más importante que la mera acumulación de bienes materiales, como máquinas, fábricas, puertos, rutas, oleoductos, trenes, centrales eléctricas, minas y pozos petroleros. En este siglo el capital humano es más importante que este capital físico, ahora bien, este capital humano es aportado esencialmente por la educación.

El avance económico de una nación hoy no depende principalmente de la existencia de abundantes recursos naturales (agro, minería, pesca, hidrocarburos), sino del nivel de calificación de su fuerza laboral. Por esta razón es importante prestar atención a los resultados de la denominada Prueba TIMSS (Estudio Internacional de Tendencias en Matemáticas y Ciencias Naturales), que periódicamente realiza una evaluación internacional de los conocimientos de estas asignaturas. Esta prueba comenzó a implementarse en el año 1995, y se aplica cada cuatro años. La ultima prueba tuvo lugar en el año 2015 y participaron alumnos del nivel primario y secundario de 56 naciones, de todos los continentes.

Este año se publicaron los resultados de esta última TIMSS. Un importante indicador de esta prueba es el porcentaje de alumnos de nivel primario que obtuvieron un puntaje que los ubica en el nivel “avanzado” en Matemáticas. Los cinco primeros lugares le corresponden en este caso a países asiáticos (Singapur, Hong Kong, Corea, Taipei y Japón).

Lo mismo ocurre en el caso del nivel secundario, ya que los cinco primeros lugares, también le corresponden a estos cinco países asiáticos.

El liderazgo asiático en el nivel de conocimientos de los alumnos, tanto del nivel elemental como el medio se viene afianzando ya desde hace tiempo. Esta mayor acumulación asiática de capital humano, pero también de capital físico, fortalecerá año a año aún más el avance de las economías asiáticas comparado con el antiguo mundo “occidental”. En las próximas décadas el centro del poder económico mundial estará en el Asia.

Fuente del artículo: https://www.elimparcial.es/noticia/192713/opinion/el-liderazgo-asiatico-en-educacion.html

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Entrevista a Montserrat del Pozo: “El mejor profesor es el que hace las mejores preguntas”

Por Mariana Otero

 

Conocida como “Sor Innovación”, la religiosa española impulsa cambios en las escuelas basados en las inteligencias múltiples. En el método, promueve que el alumno es protagonista de su propio aprendizaje, y el docente, un guía.

Los diarios de España la bautizaron “Sor Innovación” y Montserrat del Pozo no reniega de ese apodo. La superiora general de la congregación de Misioneras Hijas de la Sagrada Familia de Nazareth impulsa desde hace años un sistema educativo basado en la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner y revolucionó la educación española.

Fue directora del prestigioso Colegio Monserrat de Barcelona, donde inició, en 1994, una transformación en la metodología de enseñanza y tiene bajo su órbita a 54 comunidades y colegios en los cinco continentes. El método hoy se aplica en, al menos, 800 colegios de España y unos 2.500 en el mundo.

Montserrat del Pozo está de visita en Córdoba, invitada por el Instituto María de Nazareth, la Universidad Católica de Córdoba y la Fundación Lazos.

En medio de una nutrida agenda –que incluyó ayer una charla abierta para más de 500 personas y un taller docente que se realizará hoy–, conversó con La Voz.Montserrat explica que ya en 1986 observaban que los alumnos tenían un desempeño académico muy exitoso, pero socialmente no respondían a los requerimientos de la época. Comenzaron a investigar y llegaron a la conclusión de que el fracaso escolar comienza en la educación infantil. ”Empezamos con la estimulación temprana y a poner una serie de medios para conseguir que ese alumno fuera protagonista de su propio aprendizaje”, explica.

–¿Cuáles fueron los cambios fundamentales que se hicieron en la escuela?

–Utilizar teorías neurológicas para ver cómo se desarrolla el cerebro de un niño de 0 a 6 años y, luego, las inteligencias múltiples. Todo alumno es inteligente y los docentes tenemos que saber explicar los conocimientos a partir de las inteligencias múltiples para que todos puedan comprender.

–¿Cómo es una jornada diaria en estas instituciones?

–Trabajamos por proyectos. Todos los profesores han recibido formación para esto. Existen unas metas de comprensión que van más allá de lo que son los objetivos. Un estudiante llega por la mañana, tiene 30 minutos de formación humano-cristiana y de introspección, de escucha interior, de saber escuchar, pero también saberse escuchar a uno mismo. Después, se inicia un proyecto, puede ser de lengua, de matemáticas, de física, de historia. Esas cinco horas tienen inicialmente de trabajo y por la tarde, igual. El cambio más fuerte es trabajar en grupo, trabajo cooperativo. Los conceptos son adquiridos mediante proyectos de comprensión, lo cual hace que trabajemos las competencias del estudiante. Para que un alumno sea competente tenemos que demostrarlo. Puede que sepa hacer subordinadas, pero que no sepa hablar en público, lo que demuestra que no es competente en la inteligencia lingüístico-verbal.

–¿Cuál es el rol del docente?

–El docente tiene el rol de acompañar. Es el entrenador. No he visto ningún entrenador de fútbol que juegue el partido, sino que necesita estar en el banquillo mordiéndose las uñas mientras mira cómo juegan los demás. Hay que preparar al alumno para un partido en el que no sabemos quiénes serán los contrincantes, darle muchas herramientas para que no se quede en el banquillo. El rol del docente es acompañar, guiar. Hay un trabajo de complicidad con el estudiante, de conocer cómo decodifica, en qué es mejor, en qué no, y acompañar, así, en el crecimiento.

–El rol del alumno es protagónico.

–Totalmente, es lo que cambia más. Ahora, es un alumno que investiga, el que genera las preguntas al profesor. Quizá el mejor profesor es el que tiene las mejores preguntas para hacer, para que ese estudiante crezca y tenga ganas de aprender.

–¿Qué resultados obtienen?

–Son personas con un pensamiento alternativo muy desarrollado, muy capaces de lograr un objetivo. Es aprendizaje en servicio, en beneficio de otros.

–Si una escuela quiere iniciar este camino de transformación, ¿qué debe hacer?

–Tiene que formar a sus docentes. Proponemos la formación en tres años. Cada año hay tres módulos y es una formación en la acción. Lo que se imparte en la formación lo tiene que implementar el lunes en las aulas y ser capaz de ver cómo el estudiante cambia y el profesor, también.

–¿Implica cambios en la currícula, en la manera en que se evalúa?

–Implica cuatro grandes transformaciones. La primera es el currículo, la metodología y la evaluación. Muchos docentes son capaces de cambiar la currícula y la metodología pero pocos, la evaluación. Hay que ver claro qué tipo de evaluación podemos hacer a partir de este cambio educativo. La segunda transformación es el rol del profesor y el rol del alumno, cómo ese profesor se convierte en otro tipo de acompañante y, luego, la organización del centro (educativo) que organiza todo para el estudiante. Y, por último, los espacios de aprendizaje son espacios abiertos. Trabajamos con aulas de 90 o 120 alumnos con cuatro profesores porque hay un proyecto en el que el estudiante va solo y nosotros acompañamos. El alumno, cuanto más autónomo, mejor.

–Todos tenemos múltiples inteligencias.

–Todos tenemos dos desarrolladas. O tres. Es cómo aplicamos la inteligencia. La inteligencia múltiple es un todo en sí mismo, es como un diamante con ocho caras, pero es un diamante único. Aún estamos en la Ilustración, en el siglo XVIII, donde la razón lo era todo. Y no nos damos cuenta de que la razón tiene una parte importante, pero a la razón puedo llegar por otros medios. Y está la emoción. Si no generamos emoción en nuestros alumnos, no hay aprendizaje.

La escuela de hoy tiene que ser un faro de esperanza para los demás, saneadora y reconciliadora.

Una buena escuela es la que le exige al alumno lo mejor de sí y que lo ponga al beneficio de otros.

Fuente de la entrevista: http://www.lavoz.com.ar/ciudadanos/montserrat-del-pozo-mejor-profesor-es-que-hace-mejores-preguntas

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¿Por qué es importante para Cuba la formación doctoral?

Cuba / 19 de agosto de 2018 / Autor: Orfilio Peláez / Fuente: Granma

Según expresó a Granma el Doctor en Ciencias Luis Alberto Montero Cabrera, Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana y presidente del Consejo Científico de la capitalina casa de altos estudios, la sostenibilidad de la ciencia en el país pasa inevitablemente por una formación doctoral eficiente y atractiva

Obra genuina de la Revolución y del pensamiento visionario de Fidel, la ciencia cubana tiene ante sí el reto de evitar retrocesos en su quehacer en medio del complejo escenario económico actual y devenir en una plataforma de aportes que tributen cada vez más al progreso de la nación en las más disímiles esferas.

El 10 de febrero de 1993, al hablar en la inauguración del Centro de Biofísica Médica en Santiago de Cuba, el Comandante en Jefe dijo: la ciencia y las producciones de la ciencia, deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional… tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro.

Según expresó a Granma el Doctor en Ciencias Luis Alberto Montero Cabrera, Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana y presidente del Consejo Científico de la capitalina casa de altos estudios, la sostenibilidad de la ciencia en el país pasa inevitablemente por una formación doctoral eficiente y atractiva.

«Si buena parte de los docentes de una universidad ostentan ese grado que los convierte en permanentes buscadores de nuevos saberes, entonces estarán en condiciones de reproducir en sus estudiantes el afán de investigar e innovar, ayudándolos a ser mejores seres humanos y a crear riquezas materiales y espirituales para el bienestar de la sociedad».

En el mundo de hoy uno de los parámetros determinantes para medir la reputación académica o ranking de los centros de educación superior es la proporción de doctores existentes dentro del colectivo de profesores. Incluso se le considera un elemento clave para poder hablar de una universidad genuinamente científica, es decir, aquella que produce conocimientos a la vez que personal calificado, aseveró el doctor Montero.

Según lo planteado por el también coordinador de la Sección de Ciencias Naturales y Exactas de la Academia de Ciencias de Cuba (ACC), un sólido programa de promoción de doctorados en todas las disciplinas científicas y tecnológicas posibles, se convierte en una fuente inmediata, barata y eficiente de resultados de investigaciones con posibles impactos, que puedan transformar la sociedad, como sucede en muchos países con buen desempeño económico.

Con respecto a la situación particular de Cuba, precisó que la edad promedio de obtención del título de Doctor fue de 45 años en el 2015.

«Para aumentar y estabilizar la ciencia, la tecnología y la innovación de punta se trata de una cifra claramente insuficiente, que es preciso rejuvenecer.

Un doctor en Ciencias joven, que logra el grado antes de los 30 años, tiene mucho más tiempo en su vida profesional de tributar nuevos conocimientos y propiciar al mismo tiempo la educación científica de las nuevas generaciones».

Asimismo, indicó, «la formación doctoral temprana es un factor que favorece la igualdad de género en la ciencia, pues si tal proceso tiene lugar cuando las personas ya tienen descendencia, las mujeres pueden quedar en desventaja con respecto a los hombres y requerir mucho más esfuerzo personal para lograr un doctorado».

Según el concepto vigente en la legislación correspondiente, el grado de Doctor en Ciencias en una disciplina particular se otorgará en Cuba a los graduados de nivel universitario que contribuyan original y significativamente al desarrollo de un área del conocimiento y garanticen su capacidad de enfrentar y resolver problemas científicos de forma independiente.

De acuerdo con lo expresado por el profesor Montero, la masa de científicos producida en las últimas cinco décadas, incluyendo la cifra de doctores, está disminuyendo debido a factores asociados a la edad (jubilación y decesos), el traslado del personal hacia otras actividades económicas y de servicios mejor retribuidas, y la emigración, fundamentalmente.

«Pienso que es preciso crear un entorno mediático dirigido a favorecer desde edades tempranas las inclinaciones naturales del ser humano por el conocimiento y la investigación. También nuestro sistema educacional debe promover cada vez más el culto a ambas actividades en todos los programas docentes, así como el método científico en la práctica experimental de los alumnos.

«La formación doctoral es un proceso de ganancia neta para todos. El nuevo doctor gana adquiriendo el grado, su tutor o supervisor lo hace adelantando muchos resultados científicos que también son suyos, mientras la institución que los patrocina se beneficia logrando con ellos producir más ciencia y tecnología, a la vez que puede fortalecer su claustro».

Pero el país, subrayó, gana mucho más enriqueciendo considerablemente los resultados de la ciencia nacional y sus recursos humanos con nuevos y jóvenes doctores.

Vale entonces avanzar en el fomento de una política nacional de estímulo a tan estratégica actividad. Lograr tal objetivo es quizá una de las premisas fundamentales que demanda el progreso del sistema científico cubano.

Fuente de la Noticia:

http://www.granma.cu/ciencia/2018-08-03/por-que-es-importante-para-cuba-la-formacion-doctoral-03-08-2018-21-08-22

ove/mahv

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El llamado pensamiento crítico y la Educación Media Superior

México / 19 de agosto de 2018 / Autor: Carlos R. Acosta / Fuente: Educación Futura

Carlos R. Acosta*

Basta echar un vistazo al documento titulado Planes de Estudio de referencia del Marco Curricular Común de la Educación Media Superior (SEP, 2017), para caer en cuenta del sesgo ideológico práctico-utilitario que le imprimen al llamado pensamiento crítico. Por eso la implementación del llamado Nuevo Modelo Educativo (NME) en la Educación Media Superior (EMS) no es más que la vieja invasión del modelo empresarial a la que hizo frente el Observatorio Filosófico de México hace ya diez años.

Lo anterior se deja claro, de entrada, por la definición que da el documento de pensamiento crítico como “la conjugación de distintas formas de pensamiento, como el analítico, el complejo o el creativo para llevar a cabo una valoración holística de un problema en por lo menos dos sentidos: la comprensión del problema en sus componentes, así como las relaciones con el contexto que le dan lugar y le permiten o impiden sostener su funcionamiento” (pp. 882-3). De esta manera, “valorar” un problema, comprender sus componentes y cómo se relaciona con el contexto ¡funcionalmente!, es pensar críticamente.

Las consecuencias de lo anterior no se dejan ver de manera inmediata, pero queda clara la intención de su uso al encontrar la idea en relación con la “resolución de problemas” (p. 24) o bien con la “innovación y creatividad” (p. 245), que se repiten como letanía a lo largo de toda la presentación de los planes de estudio. Incluso para la asignatura de Filosofía el pensamiento crítico se reduce a “pensar mejor” (analizar información), que tiene como punto de partida y de llegada al individuo como ente aislado, y solo como parte de la sociedad o una comunidad en segundo lugar (p. 777).

En ningún momento se hace referencia al contexto en el que surge y se pretende implementar ese NME, y en el que el pensamiento crítico intenta desarrollarse: la pobreza del 80 por ciento de la población y las condiciones de exclusión y marginación que eso provoca; los antagonismos entre las clases sociales reflejados en la pérdida de los derechos laborales conseguidos a lo largo de las luchas de la clase trabajadora; el proceso de despojo y destrucción de la naturaleza; la difusión y apología de la violencia en los medios de comunicación y redes sociales; el racismo, la xenofobia y los feminicidios que se expanden terroríficamente por todas partes y el lacerante etcétera.

Bajo este panorama, un pensamiento que no asume esa realidad como cuestionable de principio desde el mismo planteamiento del NME, no puede aspirar a ver más allá de la “adaptación” a esas circunstancias de injusticia, reduciendo el actuar de las personas a los límites que, como también se menciona en el documento, impone el ser “un buen ciudadano para el siglo XXI”. Lo que se propone, en pocas palabas, es formar estudiantes que puedan adaptarse plenamente a las exigencias de “innovación” y “agilidad del pensamiento” para responder a las “cambiantes” demandas productivistas del sector tecnológico-empresarial (véase la relación de esto con las llamadas “habilidades socioemocionales” en el certero análisis de Lev M. Velázquez Barriga, https://bit.ly/1UzKbe8).

La intención plasmada en el documento en cuestión, es la de reducir el filo crítico del pensamiento, y con ello su carga de reflexión ética y política, a una cuestión eficientista y de carácter cientificista, en donde el conocimiento y el análisis de la realidad son abordados desde una pretendida neutralidad con objetivos utilitaristas. Pero también en donde se hace un llamado a fomentar la ideología de mercado entre los estudiantes con el llamado “espíritu emprendedor” y una serie de características de corte productivista, como pretexto de “responder a los desafíos del presente”(p. 11).

Entonces ¿cuál debería ser el sentido de la palabra “crítica”? Sin duda uno en donde, sin dejar de lado los elementos fundamentales de cientificidad, incorpore de manera explícita el análisis de lo que de ideológico puede haber en todo análisis o abordaje sobre la realidad social.

De manera que la EMS no sea vista como una instancia neutral en donde pareciera que la totalidad condicionante se encuentra fuera, y la educación no estuviera atravesada por los problemas de cuestiones de género, marginación, clasismo, racismo, discriminación o los ignorados antagonismos entre las clases sociales. El filo crítico, como recordaba hace poco Pablo González Casanova, debe caracterizar a la ciencia y la educación (no sólo al pensamiento), para develar los mecanismos ideológicos y de poder que se encuentran en la realidad social explotadora, patriarcal, destructiva y aniquiladora del capitalismo, para emprender al mismo tiempo su transformación.

*Maestrante en Maestría en Intervención Pedagógica, por la Universidad Pedagógica Nacional, Unidad 22-A. Licenciado en Sociología por la Universidad Autónoma de Querétaro. Profesor del área de Histórico-Social en Educación Media Superior y Superior, y actualmente docente en el Colegio de Bachilleres. j.carlosriac@gmail.com

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El llamado pensamiento crítico y la Educación Media Superior

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Los desafíos del pensamiento crítico

ove/mahv

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No son (los) ninis, es el modelo económico

México / 19 de agosto de 2018 / Autor: Igor Israel González Aguirre / Fuente: Horizontal

En lugar de atender los factores que determinan la precariedad en la juventud, el último informe del Banco Mundial se refiere a los “ninis” como una amenaza.

Hace un par de décadas, Foucault ponía el dedo en una de las múltiples llagas que rasgan nuestra contemporaneidad. Palabras más, palabras menos, aseveraba que el poder de narrar la historia (es decir, de decidir sobre esta y con ello de configurar al mundo) se sitúa, siempre, en el poder mismo.[1] La referencia al conocido filósofo galo no es gratuita. Tengo a la mano un extenso informe publicado recientemente por el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), una de las cinco instancias que conforman el Banco Mundial (BM). Dicho documento –titulado “Ninis en América Latina. 20 millones de jóvenes en busca de oportunidades”– encaja, sin duda, dentro de los argumentos del autor de Las palabras y las cosas y de Vigilar y castigar. El informe al que aludo es crucial, puesto que en lo básico se postula como insumo fundamental para la estructuración de las políticas públicas de juventud que habrán de implementarse en la región, es decir, como un eje alrededor del que los gobiernos latinoamericanos tendrán que alinearse de una forma u otra. Hasta aquí no hay nada nuevo. Diversas variantes de esta estrategia han sido utilizadas desde hace décadas por los organismos multilaterales e internacionales para impulsar sus agendas particulares y configurar un orden socioeconómico a modo.

Es preciso abordar con detenimiento el estudio ofrecido por el BM (así como la edición más reciente del “The Global Risk Report”, publicado por el Foro Económico Mundial (FEM), el cual es escalofriante y merece un análisis aparte). Hay que hacer una crítica severa de las metodologías y de los resultados derivados de la investigación citada, así como de los intereses a los que abona y los procesos que ahí se ocluyen al visibilizar algunos otros. Desde luego, lo anterior constituye parte de una tarea de más largo aliento que trasciende por mucho los límites de este ensayo. Más bien, en esta intervención me enfoco en otro aspecto menos tangible que la numeralia en sí, pero quizá por ello más ominoso. Me refiero al tufillo propagandístico que se desprende del discurso plasmado en el informe que da cuenta de la situación por la que atraviesa buena parte de la juventud latinoamericana. La discursividad nunca es neutra: tiene siempre una intencionalidad, ya sea manifiesta, ya sea disimulada e implícita. El acto de nombrar visibiliza, pero también ejerce una poderosa labor de ocultamiento. Volveré sobre este punto más adelante.

Basta señalar que no es inocuo denominar como “ninis” a un sector precarizado, violentado y excluido. El término en cuestión tiene una carga simbólica que sanciona negativamente a la juventud y, al mismo tiempo, perpetúa un conjunto de visiones estereotipadas que se colocan sobre la población joven. El asunto se torna más espinoso si se toma en cuenta la trascendencia política que seguramente tendrá el documento referido. Es sabido que el peso de los dictámenes emitidos por el BM no es menor en cuanto a la hechura de la política pública se refiere. Los contenidos de los programas gubernamentales abrevan directamente de ese tipo de fuentes. Si a esto se suma que, por ejemplo, en México la atención a la juventud está a cargo de una instancia que depende de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), el horizonte se torna aún más espinoso. Ello no es una cuestión menor: desde ahí es desde donde se concibe a los sujetos de las políticas de juventud. Específicamente, desde la mirada de la SEDESOL, estos se delimitan en torno a sus carencias, se conceptúan como una falla, como una escisión, y no como actores con potencialidades cruciales. Paradójicamente, la juventud es enunciada por otras instancias gubernamentales como un actor fundamental para el desarrollo. En este sentido, dicho aquí como nota al margen, se precisa leer la incorporación del Instituto Mexicano de la Juventud a las filas de la SEDESOL  en paralelo con el reporte recientemente publicado por el BM al que me he referido aquí. Hay en ello una especie de correlato o de “cierre de pinza”. Una lectura de este tipo permite identificar los modos en los que desde dichos ámbitos se concibe a las y los jóvenes. Lo anterior es fundamental puesto que es precisamente el sujeto conceptuado como falencia el que se coloca a manera de target de la política pública. Insisto: nombrar algo de un modo y no de otro es todo menos inofensivo.

Con seguridad habrá quien piense que lo dicho hasta aquí tiene una raigambre conspiracioncita. No obstante, basta una revisión, aún apresurada,  para hacer evidente que lo propuesto por el BM puede leerse sin demasiados problemas bajo la óptica de lo planteado en el catálogo de principios de la propaganda utilizados ampliamente, desde hace décadas, en el plano de la política y la publicidad. Ahora bien: ¿estoy afirmando aquí que los autores del “Ninis en América Latina…” tenían a la vista cuando diseñaron su investigación el manual escrito por Goebbels el siglo pasado, o alguna otra referencia similar? ¿Asevero que el equipo de investigadores encargado de elaborar el trabajo del BM tenía una intencionalidad propagandística manifiesta? Desde luego que no. Y quizá esto sea aún más preocupante, puesto que abriría una discusión en torno a la ideología y su función en tanto mecanismo crucial para la construcción social de la realidad; discusión a la que estoy dispuesto pero que trasciende los contornos de esta intervención. Solo traeré a colación, a manera de parafraseo, el título de un autor que hoy resulta inevitable: porque no saben lo que hacen.[2]  El que tenga ojos, etc.

Como quiera que sea, para que lo sugerido hasta aquí no quede en el vacío paranoide de las teorías de la conspiración, aventuremos, pues, un breve ejercicio en el que, con base en el reporte del BM, pueden ponerse de relieve por lo menos tres principios claśicos de la propaganda política.

1. Principio de simplificación y del enemigo único. Este principio tiene dos finalidades: adoptar y propagar una idea única e individualizar al adversario. El reporte ofrecido por el BM en torno a las problemáticas de la juventud latinoamericana es un ejemplo claro de lo anterior. Dicho documento alude en primera instancia a la juventud como un sector poblacional monolítico, homogéneo, es decir, subsume la diversidad juvenil instituyente a la mirada fija, instituida, vinculada con un ideal del deber ser joven. Toda desviación de la ruta establecida por dicho ideal se sanciona negativamente y, en el extremo, se criminaliza. Veamos una de las razones por las que el reporte sugiere que es preciso tomar en cuenta el “fenómeno de los Ninis”:

Contribuye a la transmisión intergeneracional de la desigualdad […] Este desequilibrio, junto con el efecto negativo de largo plazo que el ser nini tiene sobre el desempeño en el mercado laboral, tiende a perpetuar la transmisión de la disparidad de género y de ingresos de una generación a la siguiente, obstruyendo la movilidad social y la reducción de la pobreza en la región (BM, 2016: 1).

La referencia anterior ofrece una buena clave de lectura para desvelar el espíritu desde el que está escrito el informe, es decir, tanto la idea única que lo articula; como la individualización del adversario. Ahí se argumenta que las posibilidades de movilidad y ascenso social se ven obstaculizadas por un sector de la población específico –los jóvenes que no estudian ni trabajan–, el cual tiene un efecto pernicioso sobre los mercados de trabajo.  Son ellos y ellas, con su “ser nini”, los que perpetúan las disparidades sociales y económicas. ¿Realmente quienes redactan el informe son tan ingenuos como para no darse cuenta que por lo menos en buena parte de los países de América Latina la correlación entre las variables que analizan opera a la inversa? ¿Acaso no son precisamente las distorsiones que el modelo de desarrollo impone sobre los mercados laborales las que producen la emergencia de amplios sectores precarizados  que sufren una inclusión brutalmente desigual, y no al revés? En un contexto en el que las condiciones materiales mínimas para la subsistencia no están resueltas, ser “nini” no es, en la mayoría de los casos, una decisión sino una imposición. Como decía antes: el acto de nombrar de ninguna manera es inocuo.

2. Principio del método de contagio. Este busca aglutinar a diversos adversarios en una sola categoría o individuo. En este sentido, la referencia a los ninis plasmada desde el título del informe del BM, y hasta en las recomendaciones que en este se hacen, no es gratuita. Desde lo que pareciera una distancia aséptica, involuntaria en apariencia, el calificativo de ninis utilizado por los autores del informe ejerce una función de ocultamiento. No se les llama jóvenes precarizados o excluidos. Hacerlo así implicaría reconocer que la condición a la que se enfrenta este sector poblacional se debe más a la incapacidad estatal para brindar oportunidades dignas, y a la naturaleza predatoria del sistema, que al ejercicio de una agencia juvenil que opta por abandonar sus estudios o que a toda costa evita ingresar en el campo laboral. ¿Acaso reconocer que la verdadera falla se encuentra en el seno del modelo de desarrollo que suscriben las naciones latinoamericanas –o se les impone– y no en los sujetos no anula la hipótesis principal que sirve de guía para el desarrollo del documento auspiciado por el BM, en el cual se culpabiliza a los jóvenes precarizados de las condiciones en las que éstos se despliegan?

3. Principio de la transposición. Éste implica cargar sobre el adversario los propios errores o defectos. Quizá éste sea uno de los aspectos más perversos en el esquema propagandístico. Esto es así debido a su eficacia simbólica en términos de la influencia que ejerce sobre la opinión pública. En el extremo, no solo se utiliza la culpabilización como estrategia, sino que se tiende a criminalizar a lo “Otro”, a lo diferente, a lo que no se comprende. Basta revisar la pregunta que articula el marco conceptual desde el que se interpretan los datos obtenidos por los realizadores de la investigación. Dicha interrogante se plantea así: ¿por qué los jóvenes se convierten en ninis? La pregunta tiene un sesgo fundamental, puesto que asume que el joven es el que decide ingresar en las filas del desempleo o transformarse en un desertor escolar; como si la decisión de abandonar la escuela o de no trabajar fuese un asunto cuyo resultado se sitúa exclusivamente en el ámbito personal, sin influencias externas de ningún tipo. De ahí que no sea extraño encontrarse con aseveraciones que afirman que son los ninis los que distorsionan los mercados de trabajo, y no a la inversa. Lo anterior queda más claro en el informe citado cuando se argumenta que: “En algunos contextos [el fenómeno de los ninis], está vinculado a la delincuencia y la violencia” (BM, 2006: 1-7). ¿Cuál es la explicación que dan los autores del informe a lo anterior, por lo menos para el caso mexicano? Entre otras cosas, la violencia en México se debe ¡al incremento de los ninis hombres! ¿Acaso con argumentos de este tipo no se pone de relieve la delgada línea entre estos y la visión decimonónica que sugería que la juventud era una enfermedad que se curaba con el tiempo y con fuertes dosis de mano dura y control férreo? Se requiere prestar extrema atención al contenido de las políticas públicas de juventud por venir.

Es claro que urge una lectura más detenida del informe ofrecido por el documento publicado por el BM. Habrá que contrastar y contestar sus resultados con lo observado por otras comunidades académicas involucradas en la indagación del tema. Seguramente habrá –ojalá– más de alguna objeción con respecto a la interpretación de los datos expuestos en el informe. En todo caso, encuentro un buen arranque –y ése es el objeto de esta intervención– en poner de relieve la importancia que hay en el acto de nombrar. Éste de ningún modo es inocente o aséptico. Referirse a los jóvenes precarizados, violentados, excluidos, como “ninis”, tiene un trasfondo fundamental. Cuando uno revisa desde dónde y quiénes esgrimen los argumentos, queda clara la finalidad que persigue el documento revisado aquí. En este sentido, no está de más recordar la llamada de atención foucaultiana con la que se abre este texto: el acto de nombrar la realidad equivale, pues, a crearla. El asunto no es menor: cuando se nombra algo se pone en juego, al mismo tiempo, una serie de mecanismos de legitimación y de sanción; de exclusión y de integración; de memoria y de olvido. Nombrar justifica. Nombrar descalifica. Este acto aparentemente banal revela en última instancia uno de los modos en que el Gran Leviatán, por decirlo hobbesianamente, demuestra y ejecuta su autoridad suprema. Solo resta señalar que donde se ejerce el poder también se abre un espacio crucial para la resistencia y el desacato.

(Foto: cortesía de Photo RNW.org.)


Referencias

[1] Michel Foucault. Microfísica del poder, La Piqueta, España, 1979, p. 79.

[2] Žižek, S. (1998) Porque no saben lo que hacen. El goce como factor político, Paidós: Argentina.

 

Fuente del Artículo:

https://horizontal.mx/no-son-los-ninis-es-el-modelo-economico/

ove/mahv

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