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Educación y tecnología: transformar las dificultades en posibilidades

Carlos Magro

Hace unas semanas se publicó el Informe Tablets en Educación. Hacia un aprendizaje basado en competencias, elaborado por Mar Camacho, junto con Marc Vilamajor, Judith Balanyà, Sònia Guilana y Francesc Esteve, en el marco del Proyecto Samsung Smart School impulsado desde hace 3 años por Samsung, el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, a través del Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y Formacón del Profesorado (INTEF) y con la colaboración de los departamentos de educación de todas las comunidades autónomas, más las ciudades de Ceuta y Melilla.

El poyecto busca desde su comienzo explorar desde la práctica los procesos de incorporación de las tecnologías móviles en el aula. Lo ha hecho combinando formación (haciendo un especial énfasis en las metodologías activas), acompañamiento para la puesta en marcha de los proyectos, recursos e investigación sobre la práctica. Cada edición anual ha estado acompañado de un estudio de investigación de los resultados como el que mencionaba al principio dirigido por Mar Camacho de la Universitat Rovira i Virgili). En esta edición, he tenido el honor de escirbir el prólogo de la publicación. Dejo a continuación el texto íntegro (y algo largo) de este prólogo. Además de los enlaces que están distribuidos en el texto, al final encontraréis algunas referencias bibliográficas más por si queréis profundizar en la compleja y necesaria relación entre tecnología y educación.

La tecnología siempre ha sido importante en educación.

Nuestra actual organización escolar, con su curriculum tan disciplinado; con sus ciclos, cursos y niveles; sus grupos de alumnos más o menos homogéneos y la disposición espacial de las aulas, debe mucho a la que ha sido, con permiso de la decimonónica pizarra, la más eficiente tecnología educativa de todos los tiempos: el libro de texto. Tal y como nos ha recordado recientemente Mariano Fernández Enguita, “el libro de texto posibilitó también la escolarización masiva y en serie: contenidos prescritos y homogéneos, aprendizaje dosificado y secuenciado, maestros intercambiables, alumnos comparables… y todo ello con un instrumento fácilmente manejable (en todos los sentidos) y a un módico precio”. La historia de la educación está llena de tecnología.

En cualquier acercamiento al tema de la educación y la tecnología, es importante, por tanto, no dejarnos llevar por la amnesia, tan habitual por otro lado en nuestro mundo educativo, y no olvidar que siempre ha existido una estrecha relación entre educación y tecnología. Que ésta ha sido, en muchas ocasiones, considerada como el aliado perfecto para el cambio educativo y que, al menos en los últimos 100 años, cada vez que ha aparecido una nueva tecnología de la información y la comunicación (cine, radio, TV, ordenadores personales, tabletas) ha sido vista como una oportunidad y una palanca privilegiada para el cambio y la mejora educativa. En la historia del cambio educativo siempre ha habido mucha tecnología.

Tampoco está de más recordar que en las últimas décadas numerosos gobiernos de todo el mundo han puesto en marcha ambiciosos programas de implantación de tecnologías, invirtiendo cuantiosos recursos económicos y materiales en dotar de dispositivos y formación a centros, aulas y docentes. Unas inversiones que, lejos de provocar los cambios esperados, han fortalecido, en muchos casos, los enfoques más tradicionales de la enseñanza. No está de más recordar que, a pesar de las grandes inversiones y de las altas esperanzas depositadas en la tecnología como palanca del cambio, ésta no ha cumplido con el papel esperado. El deseado y necesario cambio educativo a través de la tecnología ha resultado, hasta ahora, una promesa incumplida (Neil Selwyn, 2014).

La historia de la tecnología educativa está llena de futuros que nunca han sido presentes.

Ser conscientes de esta historia, con sus luces y sombras, no nos debe llevar a ser pesimistas sobre el potencial transformador de la tecnología en educación ni, por supuesto, a abandonar la pretensión de educar con y en tecnologías. Máxime cuando éstas, lejos de constituir simplemente una caja de herramientas, están definiendo un nuevo entorno de aprendizaje (y de vida) que, entre otras consecuencias, está ampliando el concepto de alfabetización, modificando nuestra relación con los contenidos, demandando nuevas formas de enseñanza-aprendizaje y difuminando las fronteras entre el aula y el hogar, lo formal y lo informal. Como dijo Marshall McLuhan, “toda tecnología tiende a crear un nuevo mundo circundante para el hombre”.

El debate sobre educación y tecnología es probablemente más necesario y pertinente que nunca. Nuestro reto es redefinir la educación para este nuevo mundo.

Hay, además, varias razones para pensar que esta vez la situación puede ser distinta. Los últimos decenios nos han permitido entender mejor los procesos de cambio educativo y mejora escolar, destacando la importancia del centro educativo como unidad de cambio y la necesidad de construir y desarrollar la capacidad interna de cambio en los centros, implicando a docentes, equipos directivos y familias (David Hopkins, 2005). También ha aumentado considerablemente lo que sabemos sobre los procesos de aprendizaje (y por tanto sobre cómo debemos enseñar), comprendiendo que aprender tiene mucho que ver con actitudes, creencias, tolerancia emocional y valores.

Que aprender tiene mucho que ver con fomentar la confianza, con creer que se pueden resolver los retos, con saber gestionar con calma la incertidumbre que rodea cualquier problema relevante de la vida, con no desanimarse cuando las cosas no salen como pensábamos o con mantener el esfuerzo (Guy Claxton, 2007).

En esta misma línea, en los últimos 10 años prácticamente todos los países han reorientado sus curriculumshacia el desarrollo de competencias, lo que implica, si lo queremos hacer bien, cambios profundos en las maneras de enseñar, cambios en los que la tecnología tiene mucho que aportar. Entre las razones, por último, no es menor la que tiene que ver con las propias tecnologías muy diferentes de sus predecesoras del siglo pasado (s.XX), principalmente por su carácter multifuncional, interactivo, conectividad, disponibilidad, presencia y uso social.

Parece que, por fin, disponemos de los impulsos externos, los conocimientos y las tecnologías que reclamaba Seymour Papert para dar una segunda oportunidad a las pedagogías centradas en el alumno y orientadas hacia una formación integral de la persona que en distintos momentos del pasado siglo XX reclamaron una transformación profunda de la educación.

Estas condiciones favorables no deben hacernos olvidar, tampoco, que cada elección tecnológica que hacemos tiene implicaciones y que lo que necesitamos saber sobre las tecnologías, como sostuvo Neil Postman (1999), no es cómo usarlas sino entender bien cómo éstas nos usan a nosotros. No debemos nunca olvidar que la tecnología siempre supone un coste; que siempre hay ganadores y perdedores; que siempre tiene efectos epistemológicos, políticos o sociales; que sus consecuencias son siempre grandes, a menudo imprevisibles y en gran medida irreversibles; y que, con demasiada facilidad, tendemos a convertirla en algo mítico y por tanto incuestionable.

Para evitarlo, el mismo Postman nos proponía hacer de la tecnología un objeto de indagación, problematizando tanto su aceptación y uso como su rechazo e ignorancia.

O, como ha escrito recientemente Neil Selwyn, debemos asumir que para obtener lo mejor de las tecnologías debemos estar preparados para pensar también en lo peor (Neil Selwyn, 2016).

Existe una larga historia en investigación educativa que insiste en la dificultad para valorar la efectividad y el impacto de cualquier innovación educativa. Especialmente en el ámbito de la innovación con tecnología donde se entrelazan toda clase de variables sociales, culturales, económicas y políticas que provocan que sea realmente difícil diseñar estudios experimentales que nos permitan analizar y determinar de manera causal la influencia del uso de la tecnología en el aprendizaje. Algo que no debería extrañarnos debido a la propia complejidad de la tarea de educar. Complejidad, que lejos de disminuir, no ha dejado de acrecentarse en los últimos años, tanto por la creciente diversidad que encontramos en la sociedad y en nuestras aulas, como por las exigencias vinculadas al tránsito de un modelo educativo propedéutico y selectivo a otro inclusivo y orientado a la formación integral de las personas (Antoni Zabala, 2000).

En este nuevo entorno de aprendizaje, la educación se orienta, y se orientará cada vez más, hacia la adquisición y dominio de habilidades y competencias, genéricas y transversales, que permitan el desarrollo integral de la persona. Ya no nos basta con la adquisición de unos saberes.

El resultado del proceso de aprendizaje no debe ser solo dominar unos conocimientos sino ser capaz de transferirlos y utilizarlos para entender el mundo y poder actuar sobre él.

La escuela debe ayudar a desarrollar un conjunto habilidades y competencias que nos permitan actuar de manera eficaz en situaciones concretas, movilizando y combinando, en tiempo real, recursos intelectuales y emocionales (Philippe Perrenoud, 2012). Competencias y habilidades como la competencia lingüística, la competencia digital, el aprender a aprender, el aprendizaje a lo largo de la vida y habilidades como el pensamiento crítico, la colaboración, la curiosidad, la creatividad, la flexibilidad, la gestión de la diversidad, la innovación, la confianza individual y la resilencia, entre otras.

Volviendo sobre el impacto de la tecnología en el aprendizaje, la OCDE publicó en 2015 un informe en el que sostenía que, al menos en aquellas competencias que mide el informe PISA (logros en lectura, matemáticas y ciencias), no se evidenciaban mejoras apreciables entre aquellos países que habían invertido fuertemente en tecnologías para la educación y aquellos que no. Al contrario, los estudiantes que usaban las tecnologías de manera moderada tendían a obtener mejores resultados que aquellos que lo hacían con una frecuencia elevada.

Por su parte, también en 2016, Haßler, Major y Hennessy, tras analizar en detalle 23 estudios sobre el impacto de las tabletas en el aprendizaje, encontraron que 16 mostraban resultados positivos, 5 neutrales y 2 negativos haciéndoles concluir positivamente sobre el impacto de éstas para mejorar el aprendizaje, pero también afirmar que, a pesar de los crecientes esfuerzos que se están realizando por evaluar el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación en la enseñanza y en el aprendizaje, nos siguen faltando evidencias sólidas que nos permitan ofrecer generalizaciones sobre cómo o por qué su uso puede mejorar o no el aprendizaje.

Para cada estudio o meta-estudio que concluye que el uso de la tecnología puede estar asociado con mejoras, hay otro que no encuentra diferencia o encuentra una relación negativa (Neil Selwyn, 2011).

En este sentido, debemos valorar el esfuerzo demostrado por el Programa Samsung Smart School desde sus inicios al tratar de medir y buscar evidencias sobre el impacto de la tecnología en el aprendizaje y el rendimiento académico, en particular en esta tercera edición, el esfuerzo por centrarse en medir los efectos sobre tres competencias clave como la competencia lingüística, la competencia digital y la competencia para aprender a aprender, constructos en sí mismos de difícil medida.

Los retos son grandes. Hacer lo mismo de siempre con tecnología o sin ella no permite avanzar hacia una mayor calidad y equidad de la educación (Pedró, 2017). La realidad, a día de hoy, es que las tecnologías aún deben cambiar las formas tradicionales de enseñanza (TICSE, 2011) que han marcado las aulas durante años.

La tecnología puede servir para perpetuar y fortalecer, sin cambiar, estos enfoques o para introducir cambios metodológicos.

Puede servir para mantener una educación centrada en la transmisión y la adquisición de contenidos o servir para el desarrollo de competencias y de una educación integral de las personas. Puede reproducir e incluso ampliar las tradicionales desigualdades educativas provocadas por el capital cultural, social y económico generando una mayor inequidad educativa o puede ser utilizada con el objetivo de minimizar al máximo esas desigualdades. Puede servir para hacer más eficientes los procesos de control, auditoría y evaluación escolar o para empoderar a alumnos, docentes y centros en su labor y atender a la diversidad y las características diferenciales de cada alumno.

La práctica pedagógica no es un resultado de la tecnología y no cambia como resultado de la introducción de nuevas tecnologías (Osborne & Hennessy, 2003).

La tecnología puede amplificar una gran enseñanza, pero una gran tecnología no puede reemplazar una enseñanza pobre. Los retos de la tecnología educativa son tan grandes como son los retos de la propia educación. Resolver el reto de la integración de la tecnología en la educación nos exige resolver antes el reto mismo de la educación. Nos exige cuestionarnos, tanto a nivel individual como colectivo, tanto a nivel de aula como de centro, sobre aquello que nuestros esfuerzos educativos deberían tratar de conseguir. Nos exige cuestionarnos sobre cuáles deben ser los fines de la educación.

En educación, y especialmente en educación con tecnología, nos hemos centrado mucho en los métodos y hemos olvidado las metas. Nos han sobrado posicionamientos y nos ha faltado debate.

El cambio en las prácticas educativas no es solo algo técnico. Es un cambio de mentalidad (expectativas, valores, metas, concepciones) y, por tanto, para que cambie lo que se hace en las aulas, con o sin tecnología, debe cambiar antes qué entienden los alumnos y profesores por aprender y enseñar. El reto no es fácil. Existe, como demuestra la investigación, una distancia grande entre las creencias sostenidas por los profesores y el uso educativo que realmente hacen de las tecnologías (Aldama & Pozo, 2016). No es extraño encontrar docentes que afirman que las tecnologías son buenas herramientas para diseñar entornos de aprendizaje centrados en el alumno pero que luego en su práctica diaria siguen manteniendo formas de enseñanza tradicionales centradas en el contenido. Al final, el elemento más importante sigue siendo el maestro, su práctica en el aula y las relaciones que establece con sus alumnos.

Sobre el cambio educativo, por otro lado, han dominado, en las últimas décadas y de modo pendular, dos posturas antagónicas que, a riesgo de simplificar mucho, podríamos agrupar en la dicotomía control vs compromiso. En los años 80, coincidiendo también con las “primeras” incorporaciones masivas de tecnologías en los centros educativos, tuvo lugar una primera ola de reformas en la que las administraciones educativas tomaron jerárquicamente el control del cambio, imponiendo políticas educativas de arriba abajo, centradas principalmente en las reformas curriculares, la gobernanza y el control sobre los centros. A ésta, le siguió una segunda ola en los años 90, más horizontal y orientada hacia la descentralización de las políticas curriculares y la autonomía de los centros pero que dejó de lado los cambios dirigidos a la mejora de los procesos de enseñanza y aprendizaje de los alumnos.

Hoy, superadas en gran parte estas dos posturas, queda claro que cualquier proceso de mejora educativa debe ir acompañado de un objetivo claro que implique la mejora de las prácticas diarias dentro del aula. No hay mejora posible si no la hay en los aprendizajes de los alumnos, medidos éstos, como hemos dicho, en términos competenciales.

Cualquier proceso de transformación que no persiga como objetivo final la mejora de los resultados y aprendizajes de los alumnos será inútil,

como han sostenido Gairín y Goikoetxea (2008): “los mejores planes de mejora de los centros escolares son aquellos que entienden la mejora como un proceso largo, constante y evolutivo que centra sus objetivos concretos y realistas de mejora principalmente en el enriquecimiento del aprendizaje de los alumnos y de las prácticas de aula, y que proponen estrategias de evaluación de los procesos y de los resultados de aprendizaje ricas y diversas, siempre en función de la capacitación del profesorado y de las condiciones organizativas de cada centro”. El cambio no se puede prescribir, ni hay recetas únicas. No hay palancas mágicas.

La tecnología nunca será por sí sola una solución. Se debe actuar simultáneamente sobre varias dimensiones.

La mejora escolar sólo puede ocurrir cuando las escuelas aplican las estrategias que mejor se ajustan a su propio contexto. En consecuencia, cualquier proceso de mejora escolar, también con tecnología, debe partir de un análisis previo de la situación del centro educativo (fortalezas y debilidades; datos, cultura escolar; contexto) que nos permita identificar las necesidades y áreas de mejora y establecer unas estrategias correctas. La investigación sobre los procesos de cambio educativo y mejora escolar insiste en la necesidad de construir y desarrollar la capacidad de cambio dentro de la escuela lo que, a su vez, nos lleva a tener que prestar especial atención a los procesos de formación y a cómo se fomentan y desarrollan los procesos de colaboración dentro de cada escuela y entre escuelas. Parece claro, que las culturas escolares más favorables a la mejora escolar son aquellas que son colaborativas, fomentan relaciones de trabajo colegiadas, dentro y fuera, y generan un clima favorable hacia el cambio (Alma Harris, 2002).

Aceptar que la unidad de cambio es el centro o la red de centros no debe servir para que las administraciones competentes eludan sus responsabilidades. Al contrario, deben asegurar las condiciones y los recursos necesarios que posibiliten estos procesos, garantizando siempre la equidad dentro del sistema. Condiciones que, en el ámbito tecnológico, se traducen en garantizar que todos los centros educativos dispongan del apoyo y la formación adecuada; la conectividad y las infraestructuras necesarias; los recursos personales (personal especializado) y materiales (reposición y mantenimiento de tecnologías y recursos educativos abiertos) necesarios que permitan generar procesos de apropiación tecnológica y desplegar proyectos integrales de cambio educativo con tecnología. Condiciones que en los últimos años lejos de incrementarse o mantenerse se han visto aminoradas.

Concluyendo. Hace tiempo que las tecnologías entraron en la educación escolar pero, salvo aquellos pocos centros en las que éstas forman parte de su modelo pedagógico, en la mayoría lo han hecho de una “manera desigual, fragmentada y desde una concepción restringida y limitada de las mismas,” (Fernández Enguita y Vázquez Cupeiro, 2017) modificando apenas los procesos de enseñanza. Hoy, en una gran mayoría de nuestras escuelas, encontramos tecnologías en los despachos y en las aulas (ordenadores, pizarras electrónicas), en los procesos administrativos y en la comunicación con los padres (plataformas de gestión del centro y de comunicación). Los profesores las utilizan cada vez más para preparar sus clases y los alumnos para buscar información. Incluso las encontramos como contenido curricular (competencia digital, programación, robótica…) pero, en la mayoría de nuestras aulas, siguen quedando fuera del núcleo central del proceso de enseñanza-aprendizaje. Nos siguen faltando competencias didácticas relacionadas con las tecnologías.

Parece claro que necesitamos una nueva aproximación para conseguir todo el potencial transformador que pueden tener las tecnologías en la escuela.

El lado positivo es que, por fin, parece que nos hemos alejado del discurso de las plataformas y dispositivos y que se ha generalizado la idea, entre todos los actores implicados, de que hablar de la incorporación de tecnologías en educación no es hablar de dispositivos, ni de hardware y software, ni tampoco de datos, analítica y eficiencia, sino que tiene que ver sobre todo con prácticas, contextos, culturas y usos, es decir, con lo que podríamos denominar los aspectos humanos de la tecnología y de la educación (Neil Selwyn, 2011). Que, como cualquier otra tecnología, la tecnología educativa está intrínsecamente ligada a los aspectos sociales, culturales, económicos y políticos de la sociedad y que, por tanto, el reto al que nos enfrentamos es el de construir una visión compartida de una educación mejor para nuestros alumnos en un entorno cambiante, incierto y digital como el actual. Que no se trata tanto de tecnificar las aulas como de escolarizar las tecnologías.

No se trata tanto de automatizar procesos como de humanizarlos.

Debemos encontrar formas más efectivas para integrar la tecnología en los procesos de enseñanza y aprendizaje; hacerlo de manera que garanticemos la equidad y la igualdad de oportunidades; proporcionar a los docentes los entornos de aprendizaje que apoyen las pedagogías del s. XXI y a los estudiantes con las habilidades necesarias para vivir plenamente en el mundo de mañana (OECD, 2015).

El uso exitoso de la tecnología debe ir acompañado de cambios simultáneos en otros aspectos como la organización escolar, la cultura escolar, el currículo, la evaluación, la formación y desarrollo profesional de los docentes (Francesc Pedró, 2017). La transformación y el cambio educativo con tecnologías debe ser algo sistémico. El reto no es usar la tecnología en educación, sino repensar la educación con ella. Necesitamos un cambio global que incida sobre los objetivos de aprendizaje, los currículos, las estrategias docentes, la didáctica y la evaluación.

El Programa Samsung Smart School, que cumple ahora su tercer año, representa un buen ejemplo de cómo desarrollar proyectos de integración de tecnologías en la escuela. Y lo es, sobre todo, por su carácter integrador de actores, al incorporar además de a la propia Samsung al Ministerio de Educación, Cultura y Deportes y a todas las comunidades autónomas más las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla. Lo es, también, por su aproximación multidimensional al tema combinando los dispositivos y la conectividad con formación especializada, recursos educativos, asesoramiento e investigación. Lo es, también, por su acercamiento sistémico al cambio educativo con tecnologías incidiendo en la organización y cultura escolar, el liderazgo, las metodologías de enseñanza y aprendizaje, las infraestructuras, la evaluación y las relaciones con el entorno. Lo es, desde luego, por centrarse desde el primer momento en la mejora de los aprendizajes de los alumnos y vincular esta mejora al desarrollo de competencias y lo es, finalmente, por su acierto a la hora de fomentar la construcción de redes y el trabajo colaborativo entre docentes y centros, aspecto clave para la necesaria transformación de la educación.    

Nadie dijo que transformar la educación fuera fácil, la cuestión está, como dijo Paulo Freire, en cómo transformar las dificultades en posibilidades.

 Algunas referencias bibliográficas:

  • Alma Harris (2002). School Improvement. What’s in it for Schools. RoutledgeFalmer
  • Antoni Zavala Vidiella (2000). La práctica educativa. Cómo enseñar. Editorial Graò
  • B. Haßler, L. Major & S. Hennessy (2016). Tablet use in schools: a critical review of the evidence for learning outcomes. Journal of computer Assisted Learning. 2016, 32, 139-156
  • Carlos de Aldama & Juan Ignacio Pozo (2016). How are ICT used in the classroom? A study of teachers’ beliefs and uses. Electronic Journal of Research in Educational Psychology, 14(2), 253-286. no. 39
  • David Hopkins (ed) (2005). The Practice and Theory of School Improvement. International Handbook of Educational Change. Springer.
  • Francesc Pedró (2017). Tecnologías para la transformación de la educación. Fundación Santillana
  • Guy Claxton (2007). Expanding Young People’s Capacity to Learn. British Journal Of Educational Studies. Vol. 55, No.2, June 2007, pp 115-134
  • Joaquín Gairín Saillín y Javier Goikoetxea Piérola (2008). La investigación en organización escolar. Revista de Psicodidáctica, vol. 13, núm. 2, 2008, pp. 73-95
  • Langdon Winner (2009). Information Technology and Educational Amnesia. Policy Futures in Education. Vol.7 nº6. 2009. Disponible en http://journals.sagepub.com/doi/pdf/10.2304/pfie.2009.7.6.587
  • Larry Cuban (2015). The Lack of evidence-based practice. The case of Classroom Technology. 2015. Disponible en https://larrycuban.wordpress.com/2015/02/05/the-lack-of-evidence-based-practice-the-case-of-classroom-technology-part-1/
  • Louis Major, Bjoern Haßler, and Sara Hennessy (2017). Tablet Use in Schools: Impact, Affordances and Considerations. Chapter 8 in Handbook on DIgital Learning for k-12. Springer International Publishing
  • Mariano Fernández Enguita (2017). La larga y compleja marcha del clip al clic. Escuela y profesorado ante el nuevo entorno digital. Ariel. Fundación Telefónica
  • Marshall McLuhan (1962). La Galaxia Gutenberg. Génesis del homo typographicus
  • Neil Postman (1999). El fin de la educación. Octaedro
  • Neil Selwyn (2011). Education and Technology. Key Issues and Debates. Continuum
  • Neil Selwyn (2014). Distrusting Educational Technology: Routledge
  • Neil Selwyn (2016). The Dystopian Futures. pp. 542-556. Chapter 28 en Nick Rushby & Daniel W. Surry (eds). The Wiley Handbook of Learning Technology
  • OECD (2015). Students, Computers & Learning. Making the connection
  • Osborne, J., & Hennessy, S. (2003). Literature review in science education and the role of ICT: Promise, problems and future directions (No. 6). Bristol: Nesta FutureLab
  • Paulo Freire (1997). A la sombra de este árbol. El Roure. Barcelona
  • Philippe Perrenoud (2012). Cuando la escuela pretende preparar para la vida. ¿Desarrollar competencias o enseñar otros saberes? Graó
  • TICSE (2011). ¿Qué opina el profesorado sobre el Programa Escuela 2.0? https://ampaipse.files.wordpress.com/2012/01/informe_escuela20-prof2011.pdf

Fuente del articulo: https://carlosmagro.wordpress.com/2017/10/30/educacion-y-tecnologia-transformar-las-dificultades-en-posibilidades/

Fuente de la imagen: https://carlosmagro.files.wordpress.com/2017/10/dddjs2cxuaavmni.jpg?w=610&h=

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Humberto de la Calle: la cultura y la educación como herramientas para consolidar la paz

El Espectador

 Álvaro Restrepo

Los más de $30 billones asignados en el Presupuesto Nacional 2018 para la educación deben ser motivo de celebración… Doble motivo para celebrar debería ser el hecho de que en este Gobierno, por segundo año consecutivo, la educación tiene más presupuesto que la guerra: ¡finalmente, menos recursos dilapidados en defendernos de nosotros mismos! Es este uno de los primeros efectos benéficos del posconflicto…

Sin embargo, me cuesta entender, pues me parece una contradicción, que frente a este logro histórico la cultura vea su presupuesto disminuido. Es cierto, también este Gobierno tiene un récord en inversión en cultura frente a gobiernos anteriores, gracias a la gestión de la diligente y perseverante ministra Garcés, quien ha estado al frente de su cartera con tesón y lealtad desde el inicio de la era Santos. $33 billones para la educación frente a los $360.000 millones para la cultura es no sólo un sinsentido: es un contrasentido. Educación sin cultura no es educación con mayúscula: integral y multidimensional: es instrucción, adiestramiento, capacitación, domesticación. Del mismo modo que la cultura que no está ligada a procesos educativos queda reducida a lo que Vargas Llosa llama “cultura-espectáculo”, entretenimiento, activismo, eventitis… farandulización.

Yo estoy convencido —y así lo he expresado en muchos escenarios y foros a los que he sido invitado a compartir mi visión— de que la cultura, en una alianza indisoluble con la educación y con el apoyo decidido e incondicional de los medios de comunicación masivos, es la Gran Herramienta para cambiar la mentalidad de este país y proponer un nuevo paradigma de lo que significa ser un país culto y educado: un país en paz. La educación no puede ir por su lado y la cultura por el suyo: son dos caras de una misma moneda que se llama valor o, si se quiere, civilización. Son la cultura y la educación unidas las que pueden, con el apoyo de las artes, la ciencias y los deportes, entre otras disciplinas, proponer a nuestro país nuevos paradigmas y auténticos valores que nos curen de las profundas heridas del odio, el egoísmo, la indolencia, la corrupción… la indiferencia.

Se aproximan tiempos decisivos para nuestra nación. El ocaso del Gobierno del presidente que logró lo imposible (silenciar los fusiles de las Farc y muy posiblemente los del Eln) anuncia el amanecer de una nueva era para Colombia. Y necesitamos en esta etapa decisiva un líder que sepa hacer de ese silencio una nueva retórica para dirimir nuestras diferencias. Y nadie como Humberto de la Calle, justamente el arquitecto de ese silencio de los fusiles, para conducirnos en esa nueva senda: De la Calle es no sólo un avezado y experimentado político y hombre de Estado, sino también un humanista… y esto último es para mí quizá lo más importante. Alguien que sepa entender que no basta la política en un momento tan crucial como el que vive Colombia: se trata no sólo de elegir un presidente, sino —sobre todo— un líder espiritual que nos ayude a salir de la profunda oscuridad ética en que se debate nuestro país. Y para hacerlo tendrá en la cultura y la educación las herramientas más potentes para impulsar e inspirar ese urgente cambio de mentalidad que requerimos.

Los otros líderes de centro y centroizquierda que nos están proponiendo sus nombres, personas muy capaces y preparadas (que nos pueden salvar del abismo de la derecha recalcitrante), deberán apoyar al más experimentado y ecuánime de todos, Humberto de la Calle, para consolidar la paz e inaugurar esta nueva etapa. Tendrán tiempo después para liderar sus propios proyectos. Por ahora, la tarea más importante es cambiar el lenguaje de la confrontación, de la polarización y del odio por el de la fuerza tranquila que De la Calle inspira e irradia. Y la tranquilidad de esa fuerza proviene de su comprensión sobre el poder y la eficacia que la cultura y la educación unidas tendrán en la transformación de un país enloquecido por la guerra hacia una nación en paz construyendo su futuro.

 

Fuente del articulo: https://www.elespectador.com/opinion/humberto-de-la-calle-la-cultura-y-la-educacion-como-herramientas-para-consolidar-la-paz-columna-723508

Fuente de la imagen: http://www.eltiempo.com/contenido///politica/proceso-de-paz/IMAGEN/IMAGEN-1

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Argentina: A 11 años de su sanción, ¿se cumple la ley de educación sexual integral?

América del Sur/Argentina/ 18.11.2017/ Fuente: www.infobae.com.

En 2006, se creó el programa que apunta a instalar debates de género y sexualidad en las aulas. Cómo se lleva a la práctica y su grado de aplicación.

En 2006, se sancionó la Ley de Educación Sexual Integral (Getty Images)

En 2006, se sancionó la Ley de Educación Sexual Integral (Getty Images)

Ya pasaron once años de la implementación del Programa de Educación Sexual Integral (ESI). El 4 de octubre de 2006 se sancionó la ley 26.510 que, en su primer artículo, estipula: «Todos los educandos tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipal».

Marcaba un antes y un después. Establecía un cambio de cosmovisión, un concepto de sexualidad superador que se inculcaría en todos los niveles de la educación pública y privada nacional. «Por parte del Estado, implicó una política tendiente a la promoción de una educación para una sexualidad responsable desde una perspectiva de género que incluye la diversidad sexual», sostuvo a Infobae Sonia Almada, directora de Aralma, instituto focalizado en infancia y adolescencia.

Por su parte, la presidenta y fundadora de la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), Mabel Bianco, señaló a este medio: «La ESI siempre se orientó a cumplir con lo que indica la Convención Internacional de los Derechos de los Niños. Por eso, también comprende lo social y cultural y no meramente lo biológico o la genitalidad».

La ley consigna incorporar la educación sexual en forma transversal en la currícula, no en una materia específica, sino en las distintas asignaturas. Entre sus objetivos, busca quebrar los estereotipos de género, fomentar el cuidado del cuerpo propio y el ajeno, promover actitudes responsables y el respeto por la diversidad sexual.

La ley apunta a la sexualidad en un concepto global (iStock)

La ley apunta a la sexualidad en un concepto global (iStock)

Once años después, según Almada, «la cultura social sostiene patrones hegemónicos y heteronormativos clásicos que se reproducen en los medios de comunicación» y el colegio no es la excepción: «En la escuela, muchas veces se estereotipa de la misma manera. Falta mucho para que la educación sea plural e inclusiva. Siguen arrasando los estereotipos y la discriminación por falta de conocimiento del sentir y vivir del otro y ello tiene como consecuencia la violencia en las relaciones».

Para Bianco, «los adolescentes tienen claro que la ESI no es la genitalidad ni tampoco solo los órganos y el sistema reproductor». No obstante, eso no quita que muchos reproduzcan estereotipos o mandatos sociales. «Por caso, las chicas que, ante la falta de perspectiva futura, buscan embarazarse y abandonan la escuela. Optan por la maternidad como la única salida que ven en sus vidas», ejemplificó.

Asimismo, Bianco aseguró que «en los pocos casos en los que la ley se cumplió» ayudó en la concientización y cuidado de la mujer. «El problema es que no llegó a las aulas. Es una ley incumplida. Por eso aún no se observan resultados», remarcó. «No hay estadísticas pero lo que sabemos de las provincias es que no se da. Incluso en CABA fue uno de los pedidos de los alumnos en las tomas. El Ministerio de Educación de la Nación elaboró materiales y capacitó docentes, pero no se enfrentó el problema político en el Consejo Federal de Educación donde los ministros provinciales deben asumir el compromiso», agregó.

Se discute el grado de aplicación de la ley

Se discute el grado de aplicación de la ley

En la misma línea, Almada considera que el programa entró en una decadencia y que no se aplica como debería: «Este año se despidieron a muchas de las personas que conformaban el programa de ESI a nivel nacional. Ya no se imprimen materiales y no se llevan a cabo las formaciones, registros y monitoreos que el programa desarrollaba desde el Ministerio para todo el país», advirtió. «El ambicioso proyecto quedó reducido a una o dos actividades, a jornadas aisladas en algunas provincias, sin secuencias de acciones de manera coordinada».

Consultada por Infobae, una fuente oficial del Ministerio de Educación de la Nación aseguró que «hay un seguimiento de las distintas acciones que se vienen implementando» pese a no contar con una estadística de su nivel de aplicación. «Al ser una ley vinculante, dentro de los diseños curriculares, aparece la educación sexual integral abordada de una forma transversal y muchas veces de enlace», afirmó.

Con su sanción, la ley también estableció la creación del Instituto Nacional de Formación Docente, donde se imparten distintos cursos en los que «generalmente hay muchos inscriptos». Desde el Ministerio señalaron: «Los responsables de la supervisión de la ley somos todos. Cada jurisdicción planifica las distintas acciones y nosotros acompañamos y nos comunicamos con los referentes jurisdiccionales para trabajar con ellos en función de visibilizar. Nosotros respetamos la autonomía de cada jurisdicción, pero consideramos que hubo una mejora considerable en el nivel de información».

Fuente de la noticia: https://www.infobae.com/educacion/2017/10/26/a-11-anos-de-su-sancion-se-cumple-la-ley-de-educacion-sexual-integral/

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Recomiendan intensificar educación dual en México

América del Norte/México/ 18.11.2017/ Fuente: www.elfinanciero.com.mx.

Expertos en educación basada en competencias recomiendan a México intensificar la formación dual y reafirmar la educación técnica para enfrentar los retos que trae la industria 4.0.

Enrique Deibe, director de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), dijo por su parte que México tiene una buena oportunidad para crear no sólo un modelo de educación que le permita formar un capital humano que demanda la industria de este siglo, sino desarrollar su propio modelo de formación profesional y formal, a fin de cerrar la brecha que existe con el trabajo informal.

Al participar en el Encuentro Nacional de Competencias 2017, organizado por el Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (Conocer), el especialista señaló que como nunca se hace indispensable la vinculación entre las escuelas técnicas y las empresas.

Refirió que estudios señalan que en el 2030 desaparecerán varios oficios y carreras técnicas abriendo paso a nuevos oficios basados más en competencias.

“El mundo productivo demanda nuevas competencias vinculados a lo socio-emocional, aprendizajes por proyectos y centros de innovación”.

Al evento asistieron representantes de las 32 entidades del país que forman parte del Consejo Nacional de Normalización y Certificación de Competencias Laborales (Conocer).

A su vez, Alberto Almaguer Rocha, director general de Conocer,resaltó la importancia que tiene la capacitación y certificación laboral para la economía del país, por lo que han realizado estudios del mercado para atender una demanda emergente que las recientes reformas estructurales exigen.

“Tenemos hoy en día una activa participación en el Comité Nacional de Productividad, y que junto con el Banco Interamericano de Desarrollo hemos realizado una serie de estudios prospectivos, en sectores estratégicos, tales como el aeroespacial, eléctrico-electrónico, energético, telecomunicaciones”, señaló.

Dijo que Conocer ha logrado generar un banco de conocimiento de más de 950 estándares de competencias, así como emitir un millón 345 mil certificados de competencia laboral.

Fuente de la noticia: http://www.elfinanciero.com.mx/monterrey/recomiendan-intensificar-educacion-dual.html

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Organización “La Veleta y la Antena” de niñas, niños y adolescentes trabajadores

América del Sur/Argentina/ 18.11.2017/ Fuente: molacnats.org.

Nosotrxs como Organización “La Veleta y la Antena” de NNATS (niñas, niños y adolescentes trabajadores) de Ugarteche, Mendoza, con 7 (siete) años de experiencia y luchas. Participamos en diferentes espacios como: el Encuentro Nacional de Mujeres, ya tres años consecutivos, en la Diplomatura “”Diplomatura de Culturas de Infancias en Latinoamérica” dictada por dos años consecutivo en la UNCuyo (Universidad Nacional de Cuyo), en marchas sociales, en Centros de Estudiantes en escuelas primarias y secundarias, Actos Públicos, etc.

Nuestro objetivo como organización de NNATS son que nos traten como sujetos de derechos y que nos reconozcan como niñas, niños y adolescentes trabajadores. Porque vivimos en un lugar rural y urbano en donde mayoría de NNATS trabajan en el campo, en las ferias, en construcción y en sus casas.

Nosotrxs trabajamos porque nos gusta, para ayudar a nuestras familias, para independizarnos económicamente, el trabajo nos ayuda a formarnos como personas. Y sabemos la diferencia entre explotación y trabajo digno. En la explotación  te obligan a trabajar, a hacer trabajos forzosos, te pagan muy poco o no te pagan, te maltratan, etc. En un trabajo digno haces trabajos que puedas con tus capacidades físicas, te gusta, no te obligan, te pagan bien y recibir buenos tratos, etc.

Exigimos la participación de niñas, niños y adolescentes dentro de los espacios de la OIT, ya que se están hablando  de la erradicación del trabajo infantil y la voz protagonista y autora no está presente, no solo lo vemos como la privación de derechos de la participación, sino que también como el no reconocimiento a las organizaciones  de niñas, niños y adolescentes trabajadores. Esta exclusión nos indigna y seguiremos trabajando. Seguiremos luchando para que la OIT  entienda que esta mal hablar y tomar decisiones a las espaldas de los protagonistas, se habla de frente.

Fuente de la noticia: http://molacnats.org/2017/11/18/argentina-desde-mendoza-a-la-oit/

 

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Deudas del sistema educativo: Chicos con mucha tarea y poco tiempo para jugar

Por Daniela Hacker / Infobae.

Cada vez más, los niños llegan a sus casas con pilas de deberes para hacer, quitándoles el poco tiempo de ocio del que disponen, en especial si van a jornada completa. La opinión de los expertos sobre un dilema que divide a docentes y padres.
Los chicos están todo el día estudiando en el colegio y, al llegar a sus casas, la odisea continúa (istock)

«Mis hijos van a una escuela inglesa de jornada completa. Pasan 8 horas en el colegio y cuando vuelven a casa tienen que terminar trabajos, leer libros e investigar en Internet para algún trabajo práctico. Lo más complicado es cuando tienen que hacer actividades en grupo y hay que coordinar con otros chicos y madres. Además, hacen dos veces por semana deportes en un club, por lo que casi no les queda tiempo libre para jugar o descansar», contó Silvia, mamá de 3 niños que cursan la primaria en el partido de Tigre.

Mariana tiene a su hija de 9 años en una escuela con jornada completa en Capital: «Les mandan a a buscar información online. Pero no les enseñan a realizar la búsqueda solos. Por lo que siempre que llego de trabajar a las 7 de la tarde me tengo que sentar con mi hija a hacer su tarea. A los chicos no les enseñan cuál es la información relevante, cuáles son los sitios confiables y cuáles son los pertinentes para su edad. Por lo que si mi hija realiza la búsqueda sola hace un copy-paste de cualquier página».

La psicopedagoga cordobesa Liliana González se mostró preocupada por una problemática cada vez más común en el siglo XXI. Los chicos están todo el día estudiando en el colegio y, al llegar a sus casas, la odisea continúa. ¿Y el tiempo de ocio? ¿Y los juegos que desarrollan su costado creativo y los ayudan a distenderse?

Los especialistas coinciden en que si los chicos van a jornada completa, el exceso de deberes no debería existir (istock)

Los especialistas coinciden en que si los chicos van a jornada completa, el exceso de deberes no debería existir (istock)

«Hace unos años, los deberes eran un refuerzo de lo aprendido en clase», afirmó la especialista. «Hoy, en muchísimas escuelas se da tanta tarea que obliga a los chicos a dedicarle 2 o 3 horas cada tarde y, casi siempre, con la compañía de papá, mamá o la maestra particular porque no lo puede resolver solos. Eso a mi me hace pensar que no es un refuerzo, sino que se está aprendiendo en casa lo que no se aprendió en la escuela».

González no desconoce las dificultades que hay hoy en la educación: «Sabemos que el aula tiene situaciones complejas y el aprendizaje se vuelve difícil. Pero también sabemos que papá y mamá no son docentes, que el clima en casa suele ser negativo a la hora de las tareas porque aparecen las pocas ganas de los chicos y el poco tiempo de los padres. Todo eso, se vuelca en peleas, en adjetivos despectivos, sanciones, penitencias y amenazas. Y eso no es un buen clima para aprender».

Por eso, la especialista afirma que «debería quedar muy poquito de tarea para la casa. Creo que el exceso de deberes está en relación al poco aprendizaje que se está dando en el aula en algunos casos, aunque no generalizo. Y lo importante es que mamá y papá entiendan que los deberes son un compromiso entre el alumno y los docentes, y no es un tema de ellos. Deben acompañarlos cuando son chicos, pero después deberían dejarlos solos para que adquieran autonomía y responsabilidad para que el secundario sea una posibilidad y no un fracaso seguro».

Deberían quedar muy pocos deberes en el hogar, según los expertos (istock)

Deberían quedar muy pocos deberes en el hogar, según los expertos (istock)

Mirta Torres es Coordinadora del Programa «Maestro + Maestro» del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires. Según ella, «la tarea para hacer en casa debería ser una propuesta que prolongue el tiempo que los chicos destinan a aprender. Que les permita recuperar, ampliar o ejercitar lo que se habló en el aula para completarlo. También es una oportunidad para asumir responsabilidades que también es algo que se aprende. Si el maestro da tarea, debe retomarla en la fecha prevista, valorizar lo que los chicos pensaron sobre el tema, proponer intercambios y comparar informaciones. Lo que es importante es lo que se profundiza del tema, no ‘hacer la tarea'».

Los alumnos de jornada simple

Las opiniones cambian por completo cuando los chicos van a jornada simple. Natalia lleva a su hija de 10 años a una escuela privada parroquial de Lomas del Mirador, Provincia de Buenos Aires y va medio día: «Mi hija tiene toda la tarde libre. Si no le dan deberes se la pasa con el celular. Yo trabajo todo el día y vuelvo a las 6 de la tarde a mi casa. Así que prefiero que esté haciendo alguna tarea o trabajo de investigación que ‘paveando’ en internet».

Gustavo Zorzoli, rector del Colegio Nacional Buenos Aires, uno de los establecimientos educativos más prestigiosos de la Argentina, reafirmó la importancia de los deberes en los colegios de jornada simple. Allí, salvo por dos días que tienen gimnasia a contra turno, los alumnos van jornada simple. «En nuestra institución damos mucha tarea», resaltó. «El objetivo es que lean y ejerciten mucho sobre todo lo que no llegamos a dar durante el horario escolar, porque no es suficiente el tiempo que tienen para aprender todo lo que necesitan. Por ejemplo, la lectura de Don Quijote de la Mancha necesita tiempo. También la lectura de Rayuela, Martín Fierro, El Matadero, para dar algunos ejemplos. Lo mismo ocurre con los textos para derecho, historia, filosofía, entre otras materias».

Las opiniones cambian por completo cuando los chicos van a jornada simple (istock)

Las opiniones cambian por completo cuando los chicos van a jornada simple (istock)

«El colegio tiene muy buenas instalaciones y una biblioteca de primer nivel. Por eso los chicos aprovechan y realizan fuera del horario escolar sus tareas adentro del establecimiento. Por supuesto que siempre hay padres que se quejan, sobre todo cuando se acumula con los exámenes, pero saben de antemano el nivel de exigencia de la institución a la que ingresaron sus hijos», advirtió.

Un tema clave es la autonomía para que los chicos logren hacer sus tareas solos. Zorzoli explicó que «primer año es un tiempo para adaptarse y los tutores trabajan con los chicos para que logren administrar su tiempo para poder llegar a hacer todo. Pero es una de las cuestiones más difíciles de lograr con los alumnos».

En el caso de la escuela de jornada simple, la psicopedagoga Gonzalez está de acuerdo sólo si se trata de reforzar lo aprendido en el aula. «La tarea no es para que en casa deban aprender lo no aprendido en el colegio. En nuestra infancia, que íbamos a jornada simple, siempre teníamos que hacer deberes. Pero para realizarlos sólo necesitábamos entre 45 minutos y 1 hora como máximo».

Niños sin tiempo para jugar

En el caso de la escuela de jornada simple, la psicopedagoga Gonzalez está de acuerdo sólo si se trata de reforzar lo aprendido en el aula (istock)

En el caso de la escuela de jornada simple, la psicopedagoga Gonzalez está de acuerdo sólo si se trata de reforzar lo aprendido en el aula (istock)

Los especialistas coinciden en que los chicos que van a jornada completa y luego tienen que hacer mucha tarea no tienen tiempo para jugar.
Zorzoli no está de acuerdo con que den tanta tarea en las escuelas de doble jornada porque los chicos necesitan también disfrutar del tiempo libre. Por su parte, Torres explicó que «la escuela no puede depositar en la familia la responsabilidad de los contenidos. Hay instituciones escolares y familias que dan demasiada importancia al cuaderno gordito. La tarea vale cuando es una oportunidad para volver a pensar; pierde sentido en cambio si se la considera una obligación diaria que solo ocupe al niño y su familia».

En noviembre del 2016, se realizó en España una huelga de la Confederación Española de Asociación de Padres y Madres del Alumnado, instando a las familias a no hacer tareas durante los fines de semana por un mes. Los argumentos eran que invadían los tiempos de las familias y el espacio de los niños para la recreación y la realización de actividades artísticas y culturales. España es el quinto país con más carga con deberes en el ranking elaborado por la OCDE. A pesar de la gran movida de los padres, el gobierno español defendió el sistema de tareas.

En este marco, González asevera: «Si estamos hablando de doble escolaridad o jornada extendida, los deberes deberían hacerse en su mayoría en la escuela. Sino, ¿cuándo el niño puede ser niño?, ¿cuándo tendrá su tiempo libre? y ¿cuándo podrá jugar?».

Fuente artículo: https://www.infobae.com/tendencias/2017/09/01/deudas-del-sistema-educativo-chicos-con-mucha-tarea-y-poco-tiempo-para-jugar/

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Guatemala: El 70% de los niños menores de 5 años en el país está en la pobreza, confirma estudio

Centroamérica/Guatemala/ 18.11.2017 / Fuente: www.prensalibre.com.

Investigación refleja, además, que ese sector de la población registra una preocupante desnutrición crónica.

En Guatemala el 70 por ciento de los menores de 5 años está en pobreza y tiene desnutrición crónica, reveló el estudio The Lancet, un proyecto de análisis sobre la inversión y desarrollo de la primera infancia.

La investigación detalla que en el país hay 2.7 millones de menores de 6 años, de los que un millón se encuentran en pobreza y unos 800 mil en extrema pobreza.

El análisis revela, además, que la mortalidad materna es de 108 por cada cien mil nacidos, una de las cifras más preocupantes para los autores del estudio. 

Según el estudio, esas condiciones en la niñez hacen que Guatemala afronte situaciones smiliares a las de los países africanos, donde la pobreza extrema, desigualdad social y falta de oportunidades son una constante.

De acuerdo con Rafael Pérez, director del programa de Salud Global de la Universidad de Yale, impulsora del estudio, Guatemala tiene la más baja inversión en el continente para niños menores de 5 años, un aproximado del 0.4 por ciento del producto interno bruto.

«La desnutrición crónica afecta a uno de cada dos niños y niñas menores de 5 años, y la cobertura pública en el ámbito de aprendizaje temprano es casi inexistente desde el nacimiento hasta los 4 años, y la educación inicial de 4 y 5 años alcanza al 13.4 por ciento», enfatizó Pérez.

Recomendaciones

Las propuestas del estudio para el país son, en principio, crear políticas públicas que faciliten un cuidado a los menores, como licencias de paternidad remuneradas para madres y padres, pausas para lactancia materna durante turnos de trabajo y licencias pagadas para que los padres cuiden a sus hijos enfermos.

«La cobertura pública en el ámbito de aprendizaje temprano es casi inexistentes desde el nacimiento hasta los 4 años». Rafael Pérez, director del programa de Salud Global de la Universidad de Yale.

Además, recomiendan crear capacidad para favorecer el desarrollo en la primera infancia mediante coordinación multisectorial, y garantizar la rendición de cuentas en todos los servicios de desarrollo infantil, aumentar la investigación y fomentar liderazgo.

The Lancet también enfatizó en las bases para que una niñez pueda tener un desarrollo infantil integral: nutrición, seguridad y protección, salud, atención y afecto, así como un aprendizaje temprano.

Fuente de la reseña: http://www.prensalibre.com/guatemala/comunitario/el-70-de-los-menores-de-5-aos-en-el-pais-esta-en-la-pobreza-dice-estudio

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