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Entrevista a Daniel Mendelsohn: “Las asignaturas técnicas no te van a ayudar en absoluto si tu padre se muere. Te ayudarán los clásicos”

Redacción: Letras Libres

Tras el éxito de ‘Una odisea’, el profesor y crítico ha reunido en un volumen ensayos sobre la cultura pop en los que se cuela un cierto espíritu clásico.

Sin haber salido aún de la estela del éxito de su Una odisea, el pasado 26 de octubre Daniel Mendelsohn presentó en Washington su nuevo libro: la colección de ensayos Éxtasis y terror. De los griegos a Juego de tronos. El profesor de griego clásico, escritor, ensayista, crítico y editor at large de la New York Review of Books, recopila en este volumen textos autobiográficos, crítica literaria y ensayos para abordar desde asuntos de actualidad (los atentados de Boston) hasta críticas de la cultura pop (Juego de tronos, el ciclo de Mi lucha de Knausgard), en un abanico de piezas cosidas implícita o explícitamente con el hilo de los clásicos griegos: Esquilo, Homero, La Ilíada, Sófocles… Y a veces todo ello mezclado, no agitado, que diría James Bond, como cuando aborda el asesinato de JFK como mito y tragedia.

Su libro anterior fue Una odisea: un padre, un hijo, una épica. Este lleva por subtítulo De los griegos a Juego de tronos. Han transcurrido más de dos mil años y el poso cultural de la antigua griega continúa teniendo una fuerza muy poderosa en la sociedad y la cultura del siglo XXI. ¿Por qué?

Mencionas Una odisea, que es un libro que ha tenido mucho éxito en España… es estupendo y me hace muy feliz; y esto es muy curioso: desde España hasta el Mar Negro, todo ese material clásico es, para bien o para mal, parte de nuestro ADN cultural europeo. Estamos programados para responder a esos estímulos porque eso es lo que ha creado nuestra cultura, las partes malas y las partes buenas de ella, y es por eso por lo que respondemos de manera muy fuerte a readaptaciones, reescrituras… Es algo que al final siempre conocemos, es parte de nuestro pensamiento, algo que, de un modo u otro, todos los miembros de la cultura europea comparten. Hemos sido creados por dos tradiciones, la clásica y la bíblica. Esa tradición siempre está flotando en el ambiente.

Sin embargo, es curioso, y le pregunto esto también como profesor de cultura clásica, que si uno dice: «Estoy leyendo a Esquilo», «Soy profesor de La odisea», «Uno de mis escritores preferidos es Jenofonte», suena a elitista y hasta esnob y, en general, se suele ver como obras que para nada son populares, sino como lecturas difíciles, complejas y para expertos.

Mucha gente dice eso, que los clásicos son elitistas y sofisticados, ¡pero no lo son! Pero, si uno es un buen profesor, si uno sabe cómo hablar sobre ello, la cosa cambiaría completamente. Hay que recordar que muchas de las obras clásicas que actualmente se consideran complejas, en su momento fueron obras muy populares, eran cultura popular. Es una cuestión de explicarlas y enseñarlas de una manera correcta, que es lo que a mí me gusta hacer: contarle a la gente por qué siguen siendo obras interesantes.

Usted también es crítico. ¿Ve una relación estrecha entre su labor de crítico y de profesor?

Absolutamente. Una buena parte de mi labor como crítico cumple una función pedagógica, claro está. Como crítico, trato de explicar un texto, sea una película, libro, una obra de teatro, y creo que a la gente le gusta leer eso. Desafortunadamente, muchos en el mundo de la academia no son grandes explicadores ni enseñantes. Además, la academia se convierte en multitud de ocasiones en una sociedad muy cerrada. Cuando se llega a cierto nivel en una carrera investigadora, la gente acaba hablando de una cuestión solamente entre ellos y renuncia a hablar con las personas de a pie para explicarles: esto es por lo que La Ilíada es maravillosa. Estoy convencido de que a la gente, cuando uno hace eso, le gusta mucho. A eso me dedico.

¿Hay una impronta de los clásicos griegos en Juego de tronos? ¿Por qué ha sido un fenómeno absoluto a todos los niveles, popular, entre la crítica, la academia y el mundo audiovisual?

Juego de tronos es, en cierta medida, una cultura patriarcal muy violenta, que es lo que eran tanto los romanos como los griegos. Pero como escribo en el ensayo recogido en este libro, en cierto modo la serie es más una historia medieval que una clásica. Es la intención también del autor del libro: crear una especie de mundo medieval paralelo. Uno de los elementos que sí pertenece a los clásicos en Juego de tronos, tanto en la serie como en los libros, es que tiene una muy clara y emocional manera de entender cómo funciona el poder y sus entresijos. Es como Tucídides. El poder es despiadado y cuando pierdes, mueres.

Casi siempre aparece el componente de la cultura clásica, de forma más o menos explícita.

Por mi trabajo, contemplo a menudo el ADN clásico que hay en la producción cultural… no siempre está ahí, pero muchas veces sí y esto no tiene por qué ocurrir necesariamente en un producto cultural, como digo en mi libro, sino en un hecho real como el que sucedió tras los atentados de Boston, en el momento en que todo el mundo se opuso a que enterraran en su localidad al autor de la matanza, Tamerlán Tsarnaev. Esa oposición a enterrar el cuerpo de tu enemigo es una historia que aparece en nuestra herencia cultural [en Éxtasis y terror, Mendelsohn recuerda que lo que “obsesionaba a la Antígona de Sófocles es que no enterrar a su hermano, no tratar al criminal de guerra como a un ser humano, habría sido en última instancia, abandonar su propia humanidad”]. Este es el tipo de análisis que disfruto haciendo, aunque mucho del trabajo que hago y he hecho como crítico en los últimos treinta años nada tiene que ver con los clásicos.

Me gustaría conocer su opinión respecto a que, cada vez más a menudo, como sucede en España, las reformas que se plantean y realizan en el sistema educativo es para extirpar del mismo las humanidades –latín, griego, filosofía, historia–, con el argumento de que el sistema educativo tiene que estar más ajustado a las necesidades del mercado y de las empresas, con lo que se asume, por un lado, que estas materias son improductivas y casi, digamos, veleidosas.

Los buenos pensadores y los pensadores críticos serán menos proclives a consumir lo que se quiere que se consuma y del modo en que se quiere que se consuma; por eso se hacen esas reformas. El problema con este enfoque de retirar las humanidades del sistema educativo es que obedece a una mirada muy miope sobre la realidad. Todo el mundo está ahora muy histérico sobre entrenar a los estudiantes en ciencias, tecnología técnica, ingeniería, matemática, lo cual está bien porque vivimos en una sociedad tecnológica y necesitamos tener trabajadores y consumidores bien educados en esos terrenos. No tengo ningún problema con eso, pero la razón por la que uno necesita las humanidades, estudiar humanidades, la razón por la que estas tienen que ser parte del sistema educativo es porque ninguna materia técnica te va a ayudar con tu vida: pueden ayudarte a encontrar un trabajo, pero cuando tu padre se muere no te van a ayudar en absoluto. Son los clásicos y las humanidades los que te van a ayudar. Por eso esas reformas proceden de una visión muy miope de lo que es útil. Las artes liberales, de las que todo el mundo habla sin cesar en las universidades, incluyen desde su origen también las ciencias, no solo es literatura. Es así desde los tiempos medievales: comprendían las ciencias, la literatura y las artes. Era un programa de formación completo y quitando una parte de ello lo que se obtiene son estudiantes que están… podríamos decir mutilados como personas.

Sin embargo, se insiste machaconamente en el argumento de que no son saberes prácticos

Se dice: «Ah, es que tenemos que formarlos de manera práctica», pero es una manera muy estrecha de considera qué es práctico. Todas las materias que estudias te dan herramientas para la vida y si solo tienes la mitad de las herramientas acabarás teniendo una vida con la mitad de sentido, de significación. Realmente es lo que creo. Porque, como digo, si tu padre se muere o te enamoras o te sucede cualquier acontecimiento de la vida, necesitas herramientas que solo te darán las humanidades.

Es como el título de aquel libro de Lou Marinoff, Más Platón y menos prozac, que tanto éxito tuvo a finales del siglo pasado y primeros años de este.

El prozac es una manera de resolver tus problemas, pero definitivamente no es la más interesante, aunque es el modo al que cada vez más gente recurre para afrontarlos. Seguramente sea una manera fácil de hacerlo, pero no me interesa en absoluto.

Su libro Una odisea es un libro sobre su padre. En las últimos, dos o tres décadas parece que se está produciendo un boom de libros de no-ficción o autoficciones, en general, y aquí incluyo especialmente libros de memorias y, en concreto, libros sobre la figura paterna. Pienso, por ejemplo, desde títulos como Patrimonio, de Philip Roth (1991) hasta el más reciente La muerte del padre, el primero (2009) del ciclo Mi lucha, de Knausgard, que ha sido todo un fenómeno literario.

Antes que nada, hay que hacer una distinción: esto es algo que ha sucedido antes en Estados Unidos que en Europa. En Estados Unidos, este auge de las memorias comenzó en los años 70 del siglo pasado y creo que el fenómeno de la autoficción es un poco más reciente en Europa. Ciertamente, si uno mira en la gran fotografía en la atmósfera intelectual de nuestro tiempo, en parte es una reacción a internet y lo digital, donde la cuestión sobre lo que es real y qué es ficción ha sido problematizada. Esto ha llevado a muchos autores, no tanto en mi caso con Una odisea, a explorar las fronteras entre ficción y hechos reales en sus obras. De un modo general, como crítico, creo que es una reacción ante internet, ante toda esa información masiva, en el sentido de una suerte de impotencia o indefensión ante esa avalancha de información verdadera o falsa. Uno busca hoy en Google y encuentra ocho millones de respuestas a la cuestión planteada y no tienes manera de saber cuál es real y cuál no. Además, esto ha creado también una crisis política, una gran crisis en lo que tiene que ver con las elecciones y la educación de los ciudadanos. La autoficción y la no-ficción son en parte una reacción a estos problemas.

Su libro se titula Éxtasis y terror. Los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas nos introdujeron, precisamente, en una época de miedo, de incertidumbre, que también tiene que ver con la avalancha de información y desinformación. Y tras el 11S de 2001 vino el 11M de 2004, después la consolidación del cambio climático como uno de los grandes temas de este siglo y en 2008 la crisis financiera. No parece casual el enorme número de exitosos libros, películas y sobre todo series que abordan este miedo, a menudo a través de la ciencia ficción y las distopías. ¿Hay también una relación entre esa erosión de la realidad, la necesidad de anclarse a hechos reales y ese terror del título de su libro?

Estamos ante el colapso del orden surgido tras la Segunda Guerra Mundial, todo el mundo lo sabe. Yo soy mayor que usted [Mendelsohn nació en 1960], pero si usted hubiera nacido en los años siguientes a la Segunda Guerra Mundial habría crecido con la asunción de que ese orden duraría para siempre y ahora estamos viendo que no, y esto significa que estamos en una crisis. Si uno mira la historia de la literatura, uno podría casi afirmar que todos los grandes movimientos literarios han surgido como respuesta a un momento de turbulencia, a gran crisis, en política, en economía, etcétera. Si uno mira a la novela del siglo XIX también se podría decir que es una respuesta a la revolución industrial, el auge de la burguesía… unos fenómenos que habrían sido impensables apenas cincuenta años antes. Así que, sí, toda explosión de la no-ficción, la autoficción, es una respuesta ante la ansiedad de qué es real y qué no y a la ansiedad ante el fin de una era.

Esto me lleva a plantear si, precisamente por eso, no es más importante que nunca el periodismo, tanto como la narrativa de ficción.

Es una gran cuestión. Pero es un asunto, de nuevo, donde la educación es muy importante porque si como ciudadanos somo incapaces de hacer distinciones entre verdad y ficción, entonces estamos precisamente en el momento problemático en el que nos encontramos en la actualidad.

La buena noticia cuando ciertos políticos, y pienso aquí en Donald Trump, atacan tanto a la prensa es, de hecho, un reconocimiento explícito a la función esencial del periodismo para las democracias.

¡Por supuesto! Si eres capaz de convencer a la gente de que la ficción es realidad, puedes robar un país entero para ti. Por eso ataca a la prensa.

Recuerdo cuando el conservador Michael Gove, en un debate sobre el Brexit, exlamó: «¡La gente está harta de los expertos!». Viene a ser lo mismo: la insistencia en que la realidad, la verdad, ya da igual, hay que guiarse por la emoción y no por los datos, por la razón.

Claro, creo que muchos factores vienen juntos con este problema de la dificultad de discernir la realidad de la ficción. La única respuesta que se puede dar aquí es: ante esto, hay que educar a las personas mejor, porque la educación es la única defensa que tenemos, es la única esperanza. Y fíjate que en esto tenemos el mejor detector de quiénes son los malos: cualquiera que tenga como objetivo recortar la educación, privatizarla, está promoviendo algo que, claramente, no es bueno. Lo peor es que lo estamos viendo por todas partes.

En Una odisea usted describe cómo, tras el semestre dedicado a la obra de Homero, usted y su padre –quien se matricula como uno de los alumnos del curso a sus 80 años– se deciden a hacer un crucero turístico por el Mediterráneo para visitar los lugares descritos en La odisea. Finalmente, por diversos problemas, el barco que los lleva cancela la visita a Ítaca. Usted y su padre se alegran. Sin embargo, no toda la tripulación de turistas lo ve así. Con esto quiero plantear, dentro de la reflexión general sobre el turismo cultural y patrimonial, el dilema de tener el interés lógico por visitar un sitio y al mismo tiempo saber que esa visita, si es muy masiva, acaba por destruir esos lugares, esas ciudades. Miremos lo que sucede con Venecia.

Por un lado, no poder llegar a Ítaca en nuestro crucero me hizo feliz. En parte, lo que planteas es un problema típico que pasa todo el tiempo en Proust, por ejemplo. Cuando uno finalmente consigue la cosa que se propone nunca está tan satisfecho como había imaginado. En el caso del viaje de mi padre y mío, me encantó el hecho de no poder llegar a Ítaca, me pareció muy poético. Como digo en el libro, si no alcanzas Ítaca tienes que seguir viajando, de modo que Ítaca es una especie de muerte. Por otra parte, mencionas Venecia y justo hace unos días que he estado allí. He pensado a menudo en este problema que supone el turismo en ciudades como Venecia. Es básicamente un problema antropológico: no puedes visitar un lugar sin arruinarlo. Si uno tiene la idea romántica que se suele tener de Venecia, las aguas, la decadencia, etcétera… luego uno llega allí y sólo hay turistas, casi nadie vive ya allí, es una especie de Disneylandia, eso sí, un tipo de Disneylandia muy sofisticado, más elitista, quizás. Es un problema evidente porque este tipo de turismo cultural masivo, incluso por la gente más bien intencionada del mundo, acaba destruyendo el lugar que ellos quieren amar, lo cual acaba convertido en una paradoja incómoda, especialmente en el caso de Venecia porque uno va allí y no puede tener la idea ni la sensación de saber cómo vive la gente de allí porque casi nadie vive ya en Venecia. Básicamente estás en un museo lleno de turistas en una visita que carece por completo de la autenticidad que buscabas y por la que has viajado hasta allí. Por supuesto, es mucho mejor que la gente quiera ir a Venecia que a Disneylandia. No se puede criticar tampoco que la gente quiera ver cosas: edificios, obras de arte, lugares hermosos…

Por supuesto y, al fin y al cabo, ¿no es en busca de la autenticidad por lo que la gente quiere ver y visitar sitios como Venecia?

Es una gran cuestión dentro de la civilización del consumo: todo se mercantiliza de manera que todo deviene barato y accesible pero inauténtico, por lo que la gente continúa su búsqueda de cosas y experiencias auténticas. Es el último deseo de la sociedad de consumo del capitalismo tardío, la autenticidad, porque cuando lo auténtico está localizado en el consumo, nada se siente como auténtico. Esto me lleva a las cuestiones iniciales sobre las humanidades: esto es por lo que las personas necesitamos la educación y las humanidades, porque lo que uno obtiene de una educación humanística es auténtico y siempre lo será. La lectura de una obra como La odisea nunca podrá ser mercantilizada, es una experiencia real, es realidad, y esto es ahora más importante que nunca lo ha sido antes. Por eso hay que fomentar las humanidades como defensa contra esa insípida cultura del consumo, porque de otro modo uno se queda sin cimientos, sin raíces, sin nada. Por eso los políticos la atacan: porque los ciudadanos auténticos son capaces de pensar y más capaces de resistir y no dejarse engañar por la propaganda política.

Termina la entrevista y la conversación gira hacia España y la literatura: “Me encantó Sefarad, de Antonio Muñoz Molina, un libro extraordinario. Casi todo el mundo prefiere Barcelona, pero yo me quedo definitivamente con Madrid. Y Galdós, ¡es excelente! Su Fortunata y Jacinta es una obra mayor”.

Fuente: https://www.letraslibres.com/espana-mexico/libros/entrevista-daniel-mendelsohn-las-asignaturas-tecnicas-no-te-van-ayudar-en-absoluto-si-tu-padre-se-muere-te-ayudaran-los-clasicos

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Entrevista a Beatriz Millán: “Las pantallas son totalmente prescindibles hasta por lo menos los siete años”

Entrevista/05 Diciembre 2019/Autor: Nacho Meneses/El país

La bloguera y crítica literaria explica los beneficios que la lectura tiene en los niños, y de cómo conseguir que esos recuerdos compartidos influyan positivamente en su futuro desarrollo

Apasionada de la radio y la comunicación empresarial, Beatriz Millán (mamá de Martina y Julieta) quiso ser periodista, pero se lo impidió la nota de Selectividad y se embarcó en una montaña rusa que la llevó a licenciarse en Filología Hispánica, primero, y en Publicidad y Relaciones Públicas después, mientras trabajaba en turismo de Madrid, se casaba y tenía una hija. “Nada que no haga cualquier otra madre”, aunque sea inevitable pensar que quizá no siempre en tanto grado. Autora de Una madre en la ciudad (ed. Lunwerg), su propia visión de una maternidad sin complejos, esta bloguera y crítica literaria infantil recibió la semana pasada en la embajada de Italia el reconocimiento en forma de premio especial del Festival Internacional de Comunicación Infantil El Chupete. Otros premiados fueron Save the Children, Caixa Forum y la pasarela de moda infantil Petit Fashion Week.

Con más de 43.500 seguidores en Instagram, Beatriz Millán comenzó su propio blog a principios de 2012 con la simple intención de recomendar los libros que leía con Martina, su hija mayor, y muy rápidamente empezó a recomendar sitios family friendly en Madrid, ciudad por la que le encanta perderse con sus hijas: “Rutas, cafeterías con tronas o cambiadores, tartas caseras, jugueterías, librerías especiales, etcétera. Y se me empezó a juntar todo con reflexiones sobre la llegada de mi segunda hija, la lactancia materna…” Poco después llegó la cuenta de Instagram, un método que ella considera más rápido, ágil y fácil para compartir sus recomendaciones literarias (agrupadas bajo el hashtag #365bm).

“En 2015, me propuse recomendar (y reseñar) un libro diferente cada día; y lo conseguí. Algunas editoriales contactaron conmigo para que recomendara sus novedades editoriales, y yo les dije que de acuerdo, pero con la condición de recomendar solo lo que me gustara”, puntualiza.

PREGUNTA: ¿Por qué es tan importante leer en familia?

RESPUESTA: Para crear recuerdos. Uno de los que yo tengo desde pequeña es que mi madre siempre me leía por la noche. Yo quería crear esos recuerdos en la mente de mis hijas, y no solo de leer a la hora de dormir, sino a cualquier hora. Ser un adulto y tener esos recuerdos está genial. Así que cuando empecé con las recomendaciones, lo hice con el hashtag #hoyleemos. Es un plural que involucra a un adulto acompañando a un niño en la lectura. Y empecé con libros ilustrados de 0 a 7 años, los que se les leen cuando los pequeños no pueden leer por sí mismos.

Si desde entonces te inculcan ese amor por la lectura, te genera unas inquietudes y tienes acceso a una cultura básica. Mucho se tiene que torcer el tema para que un niño que se ha criado entre libros, con ese amor, no lo lleve a la edad adulta y siga teniendo ese interés por descubrir nuevos títulos. Para mí, ser una persona leída es mucho mejor que ser una persona estudiada.

P: ¿Cuándo es un buen momento para leer?

R: Siempre… ¿Cuándo no lo es? Es verdad que, con los niños, la lectura está muchas veces asociada con el momento de ir a dormir, pero yo tengo muchas amigas que no pueden estar con sus hijos en esos momentos, porque viajan o tienen guardias, así que siempre es un buen momento para leer. Si les hemos criado entre libros, es raro que en algún momento ellos no cojan un libro y te digan: “Mamá (o papá), ¿me lo lees?”

P: ¿Cómo se puede fomentar más la lectura entre los más pequeños?

R: Para mí, se pueden hacer muchas cosas desde que son bebés. Así lo hice yo con Martina: tuvo su primer libro con uno o dos meses… Era un libro de tela con poco texto, pero que sí tenía texturas. Todas estas cosas, aparentemente, no tienen mucha importancia, pero a nivel cerebral, el simple hecho de que el niño esté haciendo la pinza para pasar una hoja le está dando a su cerebro mucha información sobre el espacio, los objetos en tres dimensiones… Cuando pueden interactuar con el libro, pueden pasar la página y ver lo que hay al otro lado; son los protagonistas de esos descubrimientos.

Cuando empiezan a tener más inquietudes, una forma muy asequible [de fomentar el interés por los libros] es sacarles el carné de la biblioteca y dejar que elijan por sí mismos, e incluso dejar que se equivoquen y que aprendan lo que les gusta y lo que no. Llevarlos a una librería y que participen de todas las actividades que se desarrollan en ese entorno, como el caso de los cuentacuentos; que los libros formen parte de los momentos especiales del niño (cumpleaños, navidades…) Y, por supuesto, que te vean con un libro en las manos, porque los niños aprenden con el ejemplo. No solo se trata de lo que estemos leyendo, sino de lo que compartimos juntos, sin distracción, sin el móvil…

P: ¿Libros o pantallas?

R: Los libros. Las pantallas son totalmente prescindibles hasta por lo menos los siete años. Evidentemente, los niños son nativos digitales, pero la lectura de un libro físico nunca se va a poder comparar, en grandeza, a una pantalla. Cuando son pequeños, necesitan leer, ver los desplegables, los colores de las ilustraciones… No es que esté en contra de las pantallas, pero se pierde mucho encanto.

Cuando mis hijas empezaron a gatear, les dejaba cestos por el suelo, en los que a lo mejor tenía libros, pinzas de la ropa, cosas que hacían ruido. Que los libros estén a su alcance durante todas las etapas del crecimiento es muy importante, porque les da una libertad y un acceso directo que tiene un gran efecto sobre ellos.

P: ¿Qué te hace recomendar una historia?

R: El que sean cuentos supersencillos, que a lo mejor tengan una historia desternillante, o donde las ilustraciones a lo mejor acompañen muy bien al conjunto… Son un conjunto de factores. Hay un montón de libros divulgativos, como el Atlas del Mundo (ed. Maeva), que hace dos o tres años fue un éxito y que a los niños de seis o siete años les encanta porque les permite observar. La mayoría de los niños quieren aprender a leer por sí mismos, para saber lo que pasa por el mundo y no tener que preguntárselo siempre a mamá o a papá.

En el caso de los álbumes ilustrados, los recomiendo cuando el texto está bien definido, con una historia que tiene sentido. Se llevan, además, puntos extra si el texto es inclusivo, si las ilustraciones son diversas (desde una perspectiva racial, de género… Como en el mundo actual). En los libros infantiles todavía hay una carencia de diversidad, como de personajes femeninos a los que les pasen cosas y resuelvan problemas; historias con niñas protagonistas… Se está avanzando mucho pero aún quedan muchas cosas por hacer: no solo hay niños blancos, sino de todas las maneras: lo que no se nombra no existe, y lo que les muestras en esa primera infancia va a definir la idea que ellos se crean del mundo en el que viven, y de lo que es “normal”, así, entre comillas. En caso contrario, pueden convertirse en mayores sin una mente tolerante y abierta.

P: Licenciada en Filología y en Relaciones Públicas, crítica literaria, exploradora, organizadora de eventos relacionados con la literatura infantil… Pero ¿quién es en verdad Beatriz Millán?

R: No lo he descubierto aún, sobre todo en esta época en que mis hijas ya tienen seis y nueve años. Cada día puedo ser alguien diferente, y eso está tan bien. Me viene bien descubrirlo sobre la marcha… Y por cierto: tampoco sé lo que quiero ser de mayor. Desde que dejé de trabajar en Turismo de Madrid, supe que quería seguir hablando de mi ciudad. Me gusta perderme por ella, descubrir sitios y ver cómo la ciudad evoluciona, fluye y vibra. Y me gusta comunicarlo.

Una comunicación cercana que Beatriz sigue tomándose muy en serio, como si su audiencia estuviera compuesta de 2.000 y no 43.000 personas, aunque al reflexionar confiesa que no se ve viviendo de Instagram toda la vida. Esas marcas que le piden crear contenido patrocinado, afirma, son las que de verdad le permiten crear un contenido gratuito de manera habitual. “Quizá termine abriendo una cafetería librería donde las familias vengan con sus hijos a leer, y si les gusta que se lo compren”. O, por qué no, quizá monte un pequeño hotelito rural. Para lo de ser azafata de vuelo, igual ya es tarde. O no. Con Beatriz, nunca se sabe.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/12/02/mamas_papas/1575251875_471641.html

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Más de un siglo de misiones culturales en México

Por: Juan Carlos Yáñez

Las misiones culturales y pedagógicas puestas en marcha a partir de 1917 hunden sus raíces en las misiones evangelizadoras españolas, también en pedagogos como Dewey. Hoy por hoy siguen existiendo en buena parte del país.

Cuando terminó la Revolución Mexicana, en la segunda década del siglo 20, se desató una histórica movilización a favor de la educación de los habitantes más pobres. El documento emblema del desenlace revolucionario fue la Constitución de 1917, ideario para equilibrar los progresos económicos del prolongado gobierno de Porfirio Díaz con las terribles asimetrías sociales.

El decenio que sigue a la Constitución del 17 es uno de los periodos luminosos de la pedagogía en México. Dos instituciones surgieron en esos años, al calor de la época inaugurada por la naciente Secretaría de Educación [el ministerio de educación, como llaman en la mayor parte de los países del continente]: la escuela rural y las misiones culturales.

La Revolución Mexicana encontró al país con un déficit formativo bárbaro, pues solo alrededor del 10 por ciento de la población estaba alfabetizada. Una sociedad empobrecida, rural y analfabeta fue el centro de atención de personajes señeros en la historia de la educación mexicana, ninguno como José Vasconcelos, primer secretario de Educación y rector por un periodo breve de la Universidad Nacional Autónoma de México [UNAM], la máxima casa de estudios del país, una de las primeras en el continente. Su vocación social se cincela en una frase que lo inmortalizó cuando llegó a la rectoría: “Yo no vengo a trabajar por la Universidad sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo”.

En la base de una de sus más grandes propuestas, las misiones culturales, se encuentra la concepción católica que trajeron los españoles con el periodo colonial. No es fortuita la asociación: misiones culturales y misiones evangelizadoras; misioneros en la obra evangélica y misioneros en la tarea pedagógica. En la raíz de las misiones que trajeron la palabra divina a las tierras del Nuevo Mundo, se rastrea también la concepción educativa de John Dewey, gracias a las enseñanzas impartidas a mexicanos en Estados Unidos.

Las misiones culturales son una obra pedagógica henchida de fervor, conformadas por equipos multiprofesionales que cubren de la lectoescritura a oficios artesanales. Se concibieron para colocar a la escuela como centro de la vida comunitaria, ejemplo y promotora de la solidaridad social y el amor a la patria, que sirven al mejoramiento material, económico, social y espiritual de las pequeñas comunidades donde se asientan. Además, era vital en la formación de los maestros rurales que atenderían las escuelas en la cruzada contra la ignorancia.

La misión pedagógica de Vasconcelos es contemporánea a la máxima expresión pictórica mexicana: el muralismo, con nombres propios de la estatura mundial de David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera. Su visión era global, así lo constatan la distribución masiva de obras literarias clásicas en una sociedad iletrada, o las relaciones con personajes clave de Latinoamérica, como el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre o Gabriela Mistral, quien colaboró en aquellas reformas pedagógicas.

Las misiones culturales

Casi 100 años después, las misiones culturales sobreviven con una mística que anuda vocación y una singular propuesta que persiste por la labor de un puñado de educadores populares que convierten la carencia en desafío.

En Colima, el estado más pequeño de México por su número de habitantes, hay cuatro misiones culturales. Elijo una de ellas para adentrarme en su vida cotidiana, entrevistarme con el director y los misioneros. Se ubica en Buenavista, pueblo a 15 kilómetros de la capital, con poco más de mil habitantes, cuya vida económica gira en torno a la agricultura y la ganadería.

La experiencia es inédita para quien peregrina entre centros educativos buscando acontecimientos extraordinarios, prácticas ejemplares o personas que hacen de su trabajo una vocación. En el pueblo pregunto cómo llegar a la dirección que me indicaron, un centro comunitario de mujeres. El edificio atrás de los hombres que me observan es una construcción semiconcluida o en proceso de destrucción. Se miran entre sí, antes de responder a la pregunta. Por su desconcierto afino: busco la misión cultural. Ah, exclaman, es aquí. Son sus misioneros, sentados unos, trabajando con escobas y palas otros, a la sombra de un árbol añoso.

Me reciben el jefe de la misión, David, y el supervisor de las cuatro misiones, Octavio. Nos sentamos en una mesa para ocho personas; la tarde de viernes es fresca. Se avecina una lluvia intensa, porque aquí llueve diario al atardecer. El viento húmedo se cuela por las paredes y entre ladrillos rotos, en huecos que hacen mucho tiempo perdieron la condición de ventanas. Se amontonan alrededor de la mesa todos los artefactos de la misión, que apenas tiene un año en el lugar: cafetera, una vieja computadora, la bandera nacional, equipo de sonido, horno de microondas, un estante que almacena libros y objetos varios; en la otra mitad, sillas arracimadas. Durante el ciclo escolar atienden a 109 educandos, 90 mayores de 15 años.

Sentados los tres, el director, el supervisor y yo, arrancamos la conversación. Preparo mi cuaderno. Ellos van hilando sus comentarios, historias, anécdotas, algunos pesares, mucha ilusión; se nos van dos horas. Cae una lluvia copiosa, cargada de truenos que retumban en ese sitio frágil, con techo de lámina de asbesto, prohibida hace mucho tiempo por sus efectos cancerígenos. Mientras ellos hablan, me esfuerzo para escucharlos, con los sonidos de la lluvia rebotando en el techo, los rayos que cruzan el cielo, cuidando que las gotas que se cuelan no caigan en las hojas del cuaderno y borren mis apuntes.

Escribo en la quinta página: ¿Cómo se puede prometer en la máxima ley del país que la educación será equitativa y de excelencia, para esta clase de sitios, donde la gente hace su trabajo con dedicación, pero es invisible para políticas y presupuestos?

Decadencia y olvido

En esas dos palabras resume el supervisor el trato que reciben las misiones culturales. Ejemplifica. A esta Misión llegaron los últimos apoyos hace tiempo: más de 11 años pasaron desde que recibieron un equipo eléctrico para el taller; en el año 2000, una trompeta, teclado y guitarra para el maestro. Lo más reciente, dicen con una sonrisa resignada, fue un paquete de útiles escolares, que me muestran para no dejar sombra de dudas: un diccionario Larousse, cuatro cuadernos, dos plumas (roja y azul), un borrador y un sacapuntas, entregado a la Misión el 27 de septiembre.

¿Por qué entonces persisten las misiones culturales? La lluvia arrecia, los ojos del supervisor brillan y enciende el discurso: porque es un “proyecto glorioso de José Vasconcelos”; porque en las comunidades hay una percepción positiva de las misiones culturales; porque las misiones culturales atienden necesidades de la comunidad y porque le dan vida a los espacios donde se instalan.

Aquí se enseña con pocos recursos, pero abundante alegría. Es el espíritu misionero, la vocación pedagógica y un contagioso sentimiento social que se concreta entre sus palabras y hechos. Misioneros del siglo 21 tratando de remover una realidad que se estacionó a la mitad del siglo pasado.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/12/05/mas-de-un-siglo-de-misiones-culturales-en-mexico/

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Pruebas PISA reflejan bajo nivel de educación en Panamá

Centroamérica/Panamá/05 diciembre 2019/Prensa Latina

Tras nueve años sin aplicarse en Panamá, las pruebas Pisa revelaron el bajo nivel de la educación en el país centroamericano, al relegarlo al puesto 71 entre los 77 evaluados a nivel mundial.
Los exámenes realizados en 2018 por el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) evaluaron los conocimientos y habilidades en matemáticas, ciencias y comprensión de los estudiantes panameños de 15 años.

Según los resultados develados este martes, el 64 por ciento no puede ‘identificar la idea principal en un texto de longitud moderada, encontrar información basada en criterios explícitos, ni reflexionar sobre el propósito y la forma de los textos cuando se les indica explícitamente que lo hagan’.

Al respecto, el estudio refleja que apenas un 34 por ciento alcanza este mínimo de comprensión, o sea, de cada 10 alumnos más de seis no entienden lo que leen, cifra que contrasta con los países miembros de la OCDE, donde el 77 por ciento está capacitado para esta función básica.

En cuanto a la evaluación en ciencias, solo el 29 por ciento es competente a la hora de sacar algunas conclusiones a partir de diferentes fuentes de datos, además de describir y explicar en parte las relaciones causales simples.

Sin embargo, el panorama más crítico está en matemáticas, en las cuales el 81 por ciento de los estudiantes no sabe responder un cálculo simple como comparar la distancia total a través de dos rutas alternativas o convertir los precios a una moneda diferente.

En tal sentido, el informe expresa que en el mundo solo el 24 por ciento no llega a este nivel, en el que los alumnos de Filipinas y República Dominicana están por debajo de Panamá.

Esta es la segunda vez que la nación centroamericana participa en ese examen, el cual evalúa hasta qué punto los educandos cercanos a concluir su educación obligatoria adquirieron los conocimientos y habilidades necesarios para participar activamente en la sociedad del saber.

De acuerdo con los resultados finales, Panamá se ubica muy por debajo de la zona media en lectura y comprensión de un texto escrito, eje principal del más reciente estudio en el que Estonia y Canadá alcanzaron las mejores calificaciones, mientras matemáticas y ciencias fueron dominadas por China.

El programa de evaluación internacional PISA se aplicó por primera vez en el año 2000 con la colaboración de 28 países miembros de la OCDE, entre ellos México.

Recientemente la novena edición anual del Índice de Dominio del Inglés de la compañía Education First, líder mundial en la enseñanza de idiomas en el extranjero, ubicó a la nación istmeña en el lugar 64 entre las 100 de la región evaluadas, lo que refleja un descenso de ocho posiciones con respecto a 2018.

Fuente: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=325472&SEO=pruebas-pisa-reflejan-bajo-nivel-de-educacion-en-panama
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Brasil dejará de participar en las reuniones del Mercosur sobre educación

América del sur/Brasil/05 Diciembre 2019/Sputniknews

El Gobierno brasileño dejará de participar en las reuniones sobre educación del Mercosur (el bloque que reúne a Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay), según anunció el ministro de Educación, Abraham Weintraub.

«Todo lo que haya de iniciativas en el área de educación se mantendrá, lo único es que en esas reuniones ya no habrá presencia de Brasil», afirmó el ministro, que argumentó el alto coste económico y los escasos resultados prácticos de esas reuniones como motivo para dejar de asistir, según recoge el diario Folha de S. Paulo.

«En la práctica no se ha obtenido nada, y lo poco que se discute es de carácter bilateral, así que en la práctica significa un ahorro de recursos de los contribuyentes para más placas solares, más guarderías, más autobuses escolares… ese es el impacto», dijo el ministro.

Como muestra del desinterés de los propios países miembros en esas reuniones Weintraub afirmó que a un encuentro previsto para este 29 de noviembre tan solo Paraguay mandó al ministro de Educación, Argentina a un representante de la Embajada y Uruguay a nadie.

Según el ministro, la participación de Brasil en estas reuniones a lo largo de 28 años tuvo un costo aproximado de 30 millones de reales (siete millones de dólares), aunque precisó que es un número no oficial.

El Mercosur está integrado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, con Venezuela suspendida y Bolivia en proceso de convertirse en miembro pleno.

Fuente: https://mundo.sputniknews.com/america-latina/201911291089485993-brasil-dejara-de-participar-en-las-reuniones-del-mercosur-sobre-educacion/

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Brasil: Por primera vez las personas negras son mayoría en las universidades públicas

Por: https://www.nodal.am/

Por primera vez en Brasil, los estudiantes negros representan la mayoría en las universidades públicas. El año pasado su presencia alcanzó el 50,3%. Este dato es fruto de la política de cuotas raciales, introducidas a nivel federal en 2012 con el fin de reducir una desigualdad histórica.

Ahora los resultados son alentadores, aunque todavía no reflejan la composición social. En la actualidad un 55,8% de la población es afrodescendiente.

La Universidad Estatal de Río de Janeiro fue pionera en la implementación de las cuotas. Comenzó en 2003, una década antes que el resto del país. Al principio hubo cierta resistencia e incluso casos de agresiones racistas. Pero la determinación del exrector, el profesor de psicología Ricardo Vieiralves de Castro, fue decisiva para consolidar la política de discriminación positiva.

Los críticos temían que admitir a estudiantes negros de la periferia acabaría bajando el nivel académico, debido a las lagunas en su formación escolar. La realidad, sin embargo, demostró todo lo contrario. Los datos indican que los afrodescendientes no solo consiguen recuperar terreno en los primeros dos años, sino que en algunos casos llegan a superar a los colegas blancos.

“¡Que (la mujer negra) supere al hombre blanco es una maravilla!”

“Las mujeres negras consiguen un desempeño mejor que los hombres blancos. Es una clara inversión de la sociedad, porque tradicionalmente la mujer negra siempre fue la base de la pirámide. ¡Que supere al hombre blanco es una maravilla!”, señala Ricardo Vieiralves.

Su expectativa es que una mayor inclusión de negros en la universidad permita modificar la élite brasileña y por ende, las instituciones. Pero todavía queda mucho camino por delante, sobre todo porque este colectivo sufre un abandono escolar más severo por causa de la tradicional falta de recursos. Solo una política de incentivos puede lograr que la universidad sea cada vez más colorida e igualitaria.

Sin embargo, en la actual coyuntura ese escenario no parece probable. El presidente Jair Bolsonaro se opone a las cuotas porque considera que refuerzan los prejuicios raciales y crean más desigualdad y ha amenazado en varias ocasiones con suprimirlas.

Los recientes recortes presupuestarios en la educación y en las becas, que causaron protestas masivas de los estudiantes a lo largo de todo el año tampoco ayudan a dibujar un panorama optimista.

*Fuente: https://www.nodal.am/2019/11/brasil-por-primera-vez-personas-negras-son-mayoria-en-las-universidades-publicas/

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Pruebas PISA: Una pedagoga culpó al Gobierno actual por los malos resultados

Por: https://www.mdzol.com/

La destacada pedagoga Silvina Gvirtz apuntó contra el actual Gobierno nacional de Mauricio Macri como el responsable de los malos resultados obtenidos por la Argentina en las pruebas PISA 2018, al señalar como factores el aumento de la pobreza, la poca ampliación del nivel inicial y la caída de la inversión educativa.

Las evaluaciones realizadas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) le dieron a los alumnos argentinos 406 puntos en Lengua, 6 más que en en la prueba anterior, 379,4 puntos en Matemáticas, 8,9 menos que en 2012, mientras que en Ciencias se produjo un descenso de 2 puntos al calificar en 404 puntos. Si se toman en cuenta a los 79 países de todo el mundo que participaron el año pasado de la prueba, Argentina ocupó el lugar 63 en Lengua, 71 en matemáticas y 65 en Ciencias, mientras que en la región sólo superó el promedio en Ciencias.

Gvirtz, que se desempeñó como directora del programa Conectar Igualdad entre 2012 y 2015 y actualmente es funcionaria en el partido bonaerense de La Matanza, responsabilizó a la gestión de Mauricio Macri por los bajos resultados al analizar los factores que, a su criterio, influyeron en el rendimiento de los estudiantes argentinos: «Lo primero que tenemos que ver es el aumento significativo de la pobreza que se verificó entre 2017 y 2018, con una profundización en 2019, generó un porcentaje de niños y niñas mayor al 50% por debajo de la línea de pobreza, con un 29,3% que experimentó riesgo alimentario. La caída en el rendimiento se explica en gran medida por esta situación socioeconómica, la escuela claramente no puede todo«.

«Por otro lado, la política de ampliación de acceso al Nivel Inicial no tuvo el alcance prometido en la gestión de Cambiemos, y esto es un problema porque todos los estudios de educación demuestran que un chico que accedió al Nivel Inicial tiene más chances de un mejor aprendizaje en el resto de su trayectoria escolar», añadió la especialista en el programa Cambio de Aire, de MDZ Radio.

Además, Gvirtz manifestó que «en estos años hubo una baja muy pronunciada del presupuesto asignado a educación, tanto a nivel nacional como en algunas provincias, lo que sin duda genera una caída en la inversión en educación», y recordó que «según la Ley Nacional de Educación, el 6% del PBI se tiene que destinar a ese sector, pero ahora tenemos mucho menos, lo que genera una malísima inversión».

Para la ex funcionaria del kirchnerismo, existe una «enorme desresponsabilización del Estado en la educación, lo que se vio claramente reflejado en muchos aspectos como la eliminación de la paritaria nacional, que generó mayores desigualdades en el pago salarial entre provincias; el desfinanciamiento en la entrega de libros; y la quita del programa Conectar Igualdad, que había entregado más de 5 millones de computadoras para garantizar la alfabetización digital de los chicos».

«Tenemos una enorme oportunidad con el cambio de gobierno y es necesario aprovecharla», enfatizó.

*Fuente: https://www.mdzol.com/sociedad/2019/12/4/pruebas-pisa-una-pedagoga-culpo-al-gobierno-actual-por-los-malos-resultados-54590.html

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