Redacción: TeleSUR
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, insiste en aplicar planes de recortes presupuestarios contra vitales sectores sociales en la nación suramericana como la educación y la salud.







Redacción: TeleSUR
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, insiste en aplicar planes de recortes presupuestarios contra vitales sectores sociales en la nación suramericana como la educación y la salud.







Redacción; La Prensa/Panorama
El Centro de Investigación Educativa evidenció las deficiencias en la educación inclusiva, ya que no se cuenta con el personal necesario y los alumnos permanecen en aulas regulares.
Las deficiencias de la educación inclusiva en los centros escolares de las 16 regiones educativas del país quedaron evidenciadas en un estudio del Centro de Investigación Educativa, del Instituto de Investigaciones Científicas y Servicios de Alta Tecnología.
La investigación, desarrollada por un equipo de investigadoras durante año y medio, demuestra que en Panamá se carece de docentes para impartir educación especial, por lo que los alumnos con necesidades educativas especiales (con dificultades de aprendizaje o discapacidades) permanecen tiempo completo sin este personal, además de que en el país hay un alto porcentaje de alumnos con discapacidad intelectual (limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual).
El estudio, que se efectuó en 226 centros escolares del país, seleccionados aleatoriamente, arrojó que el 72% de las escuelas no tiene docentes especiales, el 48.3% de los estudiantes con necesidades especiales se mantiene en aulas regulares a tiempo completo, sin personal adicional.
Un aspecto inquietante que reveló el documento es que el 16.8% de las escuelas tiene más de 8% de alumnos con discapacidad intelectual ( ver infografía).
Así lo explicó la investigadora Nadia De León, quien detalló que ese porcentaje preocupa, porque el promedio esperado siempre es del 3%.
Detalló que la muestra fue de 53 mil 285 estudiantes, de los cuales, 15% (aproximadamente 8 mil) tiene alguna necesidad especial.
Otro aspecto que la investigadora considera que se le debe prestar atención es que los docentes y directores plantean no recibir capacitación de cómo manejar a los alumnos con necesidades educativas especiales.
En ese sentido, el 35.6% de los educadores señaló en el estudio que no han recibido ningún apoyo o capacitación sobre el tema; mientras que el 32.6% indica que solamente ha recibido capacitación teórica.
Adiestramiento
Ante este escenario, la directora nacional de Educación Especial del Ministerio de Educación (Meduca), Graciela Delgado, indicó que son conscientes de que los cambios en la sociedad requieren que el personal reciba capacitaciones continuas.
Añadió que las jornadas se desarrollan durante los veranos, recesos académicos y en los centros educativos a solicitud de los directores o por la necesidad de cubrir un tema en específico.
De hecho, informes del Meduca indican que en los últimos años han aumentado considerablemente las capacitaciones, pues en 2015 la cifra ascendía a 776 jornadas, mientras que para este año es de 2 mil 297.
Sostuvo Delgado que con las capacitaciones buscan seguir las recomendaciones dictadas en 2017 por un comité de expertos de la Organización de las Naciones Unidas, que consistían en trabajar en un plan definitivo hacia la inclusión.
Además, reconoció que el trabajo es complejo para lograr que los estudiantes con necesidades educativas especiales se incorporen al sistema, porque existen barreras actitudinales, arquitectónicas, de comunicación y en las tecnologías.
Actualmente, el Meduca cuenta con mil docentes de educación especial para una población aproximada de 20 mil estudiantes.
Inclusión escolar
La educación inclusiva fue incorporada en el gobierno de Martín Torrijos con el Resuelto No. 924 del 24 de junio de 2006 del Meduca, en el que se indica que se debe establecer en todas las escuelas del país un programa educativo individual como herramienta para las adecuaciones curriculares, así como un monitoreo y evaluación de los logros de los alumnos con necesidades educativas especiales.

Fuente: https://impresa.prensa.com/panorama/Educacion-inclusiva-presenta-barreras-desarrollo_0_5322967700.html
Por: Yolanda Alfonso Arias
El pasado día 29 de mayo leí una noticia que me produjo una gran preocupación pero a la vez, cierto alivio. La OMS, Organización Mundial de la Salud, ha considerado el síndrome del profesor quemado o burnout como una enfermedad producida por el trabajo.
Según Pablo Gutiérrez del Álamo del Diario de la Educación, hasta ahora estos casos se asociaban con “problemas relacionados con dificultad en el control de la vida”, y no eran reconocidos como enfermedad laboral hasta que no pasaban por un Juzgado.
¿Cuál es la tasa de esta enfermedad en España? Aunque no existen datos oficiales, según Francisco Javier Gómez, responsable de Salud Laboral del Sindicato de Trabajadores, hablaríamos de cerca del 20 %. Este porcentaje corresponde mayoritariamente al profesorado de Educación Secundaria y Bachillerato, y, en menor medida, al de Educación Infantil y Primaria.
¿Cuáles son las principales causas de esta enfermedad? Principalmente, las circunstancias en las que los docentes desarrollan su trabajo, como la falta de organización del centro educativo, la falta de recursos tanto materiales como humanos, más acusada desde el Real Decreto 14/2012, el aumento de las horas lectivas, el aumento de las ratios por aula y el exceso de burocracia.
Con estas circunstancias, no es de extrañar que España siga siendo el segundo país de la Unión Europea, con la tasa más alta de fracaso escolar.
Cerca del 19 % de los jóvenes entre 18 y 24 años han abandonado prematuramente el sistema educativo, habiendo completado solamente el primer ciclo de Secundaria y no habiendo realizado posteriormente ningún tipo de estudio. Si lo equiparásemos con el Area de la Salud, se estarían muriendo el 19% de los pacientes y seguimos sin hacer nada.
Desde mi doble papel como educadora de Disciplina Positiva, por un lado, y como madre de dos hijos por otro, me surgen muchas dudas acerca de si la educación de mis hijos está en buenas manos o simplemente pende de un hilo muy fino y desde luego, de la suerte. Parece que las familias ya hemos asumido este factor como algo que está totalmente fuera de nuestro control. Si a esto le añadimos el discurso de buena parte del profesorado que afirma que muchos padres se implican cada vez menos en la educación de sus hijos, y que esta debería ser una de las principales prioridades del sistema educativo, ya tenemos el caldo del cultivo para el eterno debate sobre el desencuentro entre la familia y la escuela.
Según un estudio realizado por Rafael Feito Alonso, doctor en Sociología, las competencias que la Constitución otorga a las familias en materia de participación, no han sido capaces de romper con las dificultades que tal implicación democrática plantea. En primer lugar, deberíamos ponernos de acuerdo sobre qué entendemos por participación. Feito habla de una participación individual en la que cual los padres acuden básicamente para escuchar al profesor, hablarle sobre su hijo y hacerle alguna propuesta si procede (Libertad de Enseñanza), o una participación que presupone la primera y además incluya desde la elaboración de las normas de convivencia a la aprobación de la programación general anual (Escuela Democrática).
Si tenemos en cuenta que al parecer, la primera opción es la más aceptada por los sectores más conservadores del profesorado y que en la práctica, la participación de las familias en los centros públicos es casi inexistente, resulta muy difícil ser optimista y albergar alguna esperanza de cambio estructural.
Sin embargo, paralelamente a esta realidad, existe otra que afortunadamente crece cada día más por contagio. Y es la de maestros, profesores, directores de centros educativos, responsables de formación del CEP y las familias que apostamos y trabajamos cada día por una escuela democrática donde se fomente el aprendizaje libre y automotivado que estimule la curiosidad y por tanto, el aprendizaje. Si no hay emoción, no hay interés y si no hay interés, no hay aprendizaje. Como afirma Francisco Mora, doctor en Medicina y en Neurociencias, “Solo se puede aprender aquello que se ama”.
Pienso que mientras las familias y el profesorado sigamos manteniendo la mirada hacia otro lado y continuemos dirimiendo responsabilidades, estaremos siendo cómplices de una escuela anacrónica y de la inoperancia de las instituciones educativas.
Fuente: https://elpais.com/elpais/2019/06/07/mamas_papas/1559906757_165331.html
Por: Jaume Carbonell
Henry Giroux, autor y conferenciante prolífico, pasó por Barcelona y Girona y dejó constancia de por qué sigue siendo uno de los referentes de la pedagogía crítica, siguiendo la estela de su maestro Paulo Freire.
Sostine Giroux que este nuevo analfabetismo cívico, o lo que también denomina dictadura de la ignorancia, proviene actualmente de la confluencia de dos movimientos que se complementan mutuamente como puede verse en los Estados Unidos de Trump y en el Brasil de Bolnonaro: el neoliberalismo y el fascismo. Ambos operan y penetran en todos los ámbitos: ecónomico, social y cultural, conformando los nuevos valores educativos. El primero se basa en un fundamentalismo del mercado donde la competitividad individual ahoga cualquier atisbo de responsabilidad y acción colectiva, con la progresiva penetración de la cultura empresarial en las aulas y la privatización del sistema educativo. El segundo es una readaptación del fascismo histórico que abandera el supremacismo blanco para combatir la inmigración, el ultranacionalismo populista, y la restricción o represión de la libertad de expresión y del pensamiento divergente. Ambos discursos contribuyen a minar el Estado del Bienestar, con el consiguiente aumento de la pobreza y la desigualdad social. Por otro lado, la crisis económica ha conllevado una crisis de ideas que favorece el desarrollo e implantación cada vez en más países del fascismo neoliberal.
¿Cuáles son, más en concreto, los rostros de este analfabetismo que encuentra en la ignorancia el instrumento de poder? Los recortes sociales andan paralelos a los recortes en la libertad de expresión, se ponen trabas al pensamiento crítico y los exámenes refuerzan el carácter selectivo, disciplinario y de control ideológico y social, al tiempo que matan la imaginación del alumnado. Por otro lado, asistimos a una espectacularización de la emoción en detrimento de la razón y a una normalización de las fake news, de las mentiras más burdas, así como a la manipulación y a la pérdida de significado del lenguaje. Son tiempos, también, que propician la desmemoria, la estupidez como virtud, la cultura más tecnocrática e instrumental, las visiones hiperpresentistas –sin aprendizaje del pasado ni horizonte de futuro–. Y son tiempos líquidos y acelerados con una sobreexposición de la información, convertida en flashes veloces y desconectados que no permiten el cultivo de un pensamiento profundo, y aún menos una comprensión de la realidad.
Todo ello se asienta en las dos grandes estrategias propias de los sistemas autoritarios: el fomento del odio hacia las personas consideradas extrañas y diferentes y el miedo, los diversos miedos personales y colectivos. Porque en todas las dictaduras pensar es peligroso.
Para Giroux la escuela pública es uno de las instituciones clave donde se dirime la lucha por la democracia, por la defensa de la educación como bien común y por la defensa de los Derechos Humanos, con todo lo que ello conlleva de dignificación de las personas y de justicia social. Es el lugar donde pueden generarse espacios de debate para la libre confrontación de ideas, para que el alumnado pueda formarse su propio juicio crítico y donde pueden darse oportunidades para desentrañar las relaciones de poder actualmente existentes y para establecer nuevas relaciones contrahegemónicas para fortalecer la democracia participativa en el seno del aula y del centro.
Este activista cultural apuesta por las escuelas como esferas públicas democráticas con la tarea de educar a los estudiantes en el lenguaje de la crítica, la posibilidad y la democracia: “Debemos empezar a definirnos como ciudadanos críticos cuyos saberes y acciones colectivas supongan unas visiones específicas de la vida pública, la comunidad y la responsabilidad moral”.
La educación crítica articula la crítica a los contenidos del currículo con las consiguientes prácticas pedagógicas alternativas: para relacionar el conocimiento con la vida cotidiana; para tener conciencia y capacidades para entender las fuerzas que modelan la vida de las personas y poder intervenir en ellas; para saber leer el mundo ecónomica y socialmente. Para Giroux la educación es profundamente política; y aunque rehúye manifiestamente el dogmatismo y el adoctrinamiento, tan arraigado en el fascismo neoliberal, señala que el poder trata de darle la vuelta y denuncia al profesorado: “Cuando se acusa a unos profesores de adoctrinamiento es porque se considera que hablan de cosas que son importantes”.
En la actitud de este teórico de la educación crítica hay algunos vocablos que forman parte de su ADN: responsabilidad social, compromiso ético y político, resistencia y esperanza. Y hasta el día de hoy ha tratado de ser sumamente coherente con ellos. Por eso cierra sus conferencias con consejos metafóricos como estos: “Que el fuego continúe quemando y que la luz nos siga iluminando. Lo imposible es lo mínimo que podemos pedir”.
Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/pedagogiasxxi/2019/06/12/viva-la-escuela-democratica/
Por: Nieves García Álvarez.
El neuropsicólogo y psicoterapeuta Álvaro Bilbao aboga por retrasar el uso de las nuevas tecnologías y primero enseñar al cerebro «a pensar, a estar atento, a imaginar»
Álvaro Bilbao, doctor en Psicología, neuropsicólogo y padre de tres niños, visitó el pasado 4 de noviembre el colegio Compañía de María de A Coruña para hablar sobre ‘El cerebro del niño explicado a los padres’ en una charla en la que también abordó indicaciones sobre cómo establecer límites y motivar las conductas positivas de los niños, potenciar su autocontrol, tolerancia a la frustración y otras estrategias para ayudar a los más pequeños a desarrollar su inteligencia y mejorar sus probabilidades de éxito académico y social. En esta entrevsita el experto ofrece algunas claves sobre el uso de dispositivos tecnológicos
-¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en el desarrollo del cerebro de los niños?
-Lo primero que siempre digo es que las nuevas tecnologías son positivas para la sociedad y algo importante. Sin embargo, en el cerebro en desarrollo de los niños, y sobre todo de los más pequeños, están saliendo investigaciones que hablan de que su efecto puede ser negativo.
-¿En qué sentido?
-En primer lugar pueden reducir su capacidad de tener autocontrol. Las nuevas tecnologías, los videojuegos sobre todo o estar mirando cosas en Internet continuamente, hacen que el niño esté constantemente estimulado y tiene menos oportunidad de ejercer autocontrol, porque todo el control lo lleva la máquina. Otro efecto es que si los estímulos a los que está expuesto son muy intensos, muy rápidos, como en los videojuegos, el niño puede perder el interés por cosas que son un poco más lentas o menos intensas, como la maestra, la pizarra, un libro o jugar en la calle con los amigos; el niño se acostumbra a tener estímulos muy rápidos y cuando bajan de velocidad se empieza a aburrir.
-¿Hasta qué edad cree que los niños deberían estar alejados de móviles, tabletas u ordenadores?
-Sin lugar a dudas, y de acuerdo con la Sociedad Americana de Pediatría y la Clínica Mayo, hasta los tres años no deberían estar en contacto con estas tecnologías en ningún momento. Esa imagen que tenemos de un niño de un año o dos que no sabe hablar y que casi no anda pero que empieza a pasar el dedo por la tableta deberíamos borrarla de nuestra cultura porque los padres que tienen en mente que es positivo y muy beneficioso están muy equivocados; sabemos que es precisamente lo contrario.
-¿Y a partir de ahí?
-Yo voy un poco más allá. Creo que es importante que los niños pasen los seis primeros años de su vida sin tecnología porque es una edad muy importante en el desarrollo de la imaginación, que si no se desarrolla en esos años, luego cuesta mucho. Cuanto más tiempo pasan jugando a lo que llamamos el juego libre –que no va de la mano de otra persona o de un dispositivo o tecnología– mucho más desarrollan la imaginación. El aburrimiento es la madre de la imaginación y si el niño está constantemente entretenido no tiene tiempo para aburrirse ni para imaginarse o crear sus propios mundos donde jugar.
-¿Pero hoy en día es posible mantener a los niños lejos de la tecnología?
-Sí. Yo doy charlas en muchos sitios y hay muchos padres que desde hace tiempo lo tienen claro. A ver, es importante equilibrar. Yo no digo que vayas de vacaciones con el niño, hagas una foto con el móvil y por la noche no se la puedas enseñar, eso es ridículo, porque es bueno que vean fotos, les ayuda a construir su memoria. De la misma manera que es normal que le pongamos al teléfono a la abuela. Pero sí deberíamos limitar todo lo posible esos tiempos que el niño está tumbado en el sofá pasando el dedo por delante de la pantalla. Y se consigue con una palabra mágica que es ´no´.
-Esto va en contra de lo que se vende actualmente que los niños de hoy son nativos digitales…
-Esa frase en el fondo es un mito porque el mundo digital no es un idioma en sí mismo. Cuando el niño juega con un dispositivo no está activando las zonas del cerebro que tienen que ver con el lenguaje sino con el movimiento de la mano y la visión. Sí que es positivo enseñar programación, el tema de robótica, porque sí estamos enseñando a los niños ese lenguaje y estamos ayudándoles a pensar en otro idioma distinto. Pero que esté sentado jugando a un videojuego no quiere decir que sea nativo digital; a una señora de 70 años le das un iPad y en dos o tres días es capaz de enviar correos, whatsapps y buscar cosas en Internet porque es sencillo e intuitivo.
-¿Y que los niños demanden la tecnología desde muy temprano se debe a que es lo que ven en sus casas, en sus padres?
-Sí. Los niños tienen desarrolladas una serie de neuronas que se llaman neuronas espejo y lo que hacen es imitar todo lo que ven en los padres. Cuanto más tiempo pasan los padres delante del iPad es más fácil que el niño intente jugar con esa tecnología. También lo demandan mucho porque sus amigos lo tienen y porque es un estímulo muy interesante para ellos. Es como la Coca Cola: si se las das a un niño de tres años te pedirá al día siguiente y al otro, porque tiene mucha azúcar, cafeína, que le estimula y le encanta; pero que le encante no quiere decir que se la tengamos que dar todos los días porque es muy perjudicial para él.
-¿Pero existe alguna ventaja en el uso de las nuevas tecnologías en niños pequeños?
-No. Hay estudios que dicen que puede aumentar la velocidad de procesamiento, hacer que tenga una atención más rápida, pero son pocos, y hay tantos que van en dirección contraria de estos… Además, que tengan una atención más rápida no es necesariamente bueno: para ser pilotos de combate eso puede ser beneficioso, pero hoy en día lo que piden a los ejecutivos, a las personas mayores, es tener una atención más calmada, que te permita estar concentrado más tiempo. Y tener una atención más rápida también implica que el niño no sea capaz de esperar el tiempo suficiente para que aparezcan los estímulos que interesan.
-Pese a todo esto está de moda introducir pronto la tecnología en las escuelas con ordenadores, pizarras digitales. ¿Es acertado?
-Es distinto usar las nuevas tecnologías como soporte educativo a que el niño esté en casa sentado en el sofá. Yo defiendo que el niño no debe pasar la tarde en el sofá usando el iPad, que es mejor que esté aburriéndose, pintando, haciendo cosas que salgan de su cabeza, y no del ordenador. Aun así, hay estudios que dicen que un niño aprenderá matemáticas mucho antes jugando con unas cuentas, con garbanzos, que utilizando programas de ordenador que están diseñados para que aprenda.
-¿Por qué?
-Porque el cerebro une mucho la parte física y la parte cognitiva. Es decir, que maneja las dos partes y la del razonamiento está estrechamente ligada a la parte de la movilidad de la mano. Entonces, si el niño no tiene que hacer un movimiento de contar, de tocar, físicamente, es más difícil que aprenda todas estas cosas. Yo soy partidario de una metodología basada en el contacto físico con objetos, sobre todo los primeros años, como Montessori, a otra con el mejor dispositivo programado para estudiar matemáticas. Luego, más adelante, es maravilloso que estén en clase y que puedan estudiar por proyectos, hacer un trabajo sobre el descubrimiento de América y sean capaces de mirar en Internet.
-Precisamente hace unas semanas una noticia explicaba que la mayoría de los hijos de empleados de grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley estudian en colegios sin ordenadores ni dispositivos electrónicos.
-Estos directivos llevan a sus niños a un colegio tipo Waldorf, donde no hay dispositivos electrónicos y aprenden todo de forma más tradicional. Es que con el hecho, por ejemplo, de algo tan sencillo como estar sentado a la mesa y no levantarte hasta que no terminas de comer se está cultivando la tolerancia a la frustración, el autocontrol, que es una de las capacidades cerebrales que más influye en determinada nota de Selectividad que sacará el niño 15 años más tarde. O sea que fíjate si esas cosas tradicionales son importantes. Ahora las estamos volviendo a poner en valor, pero durante mucho tiempo se ha pensado que ir más deprisa, que el niño aprenda a hablar siete idiomas con cinco años, es más beneficioso. Ahora sabemos que tienen que respetarse una serie de pasos.
-¿Y no es desaprovechar el potencial de la tecnología el introducirla más tarde?
-Desde mi punto de vista no, porque primero tenemos que enseñar al cerebro a pensar, a estar atento, a imaginar, y luego ya le podemos enseñar a dominar las herramientas que tiene a su disposición. Si introducimos las tecnologías demasiado pronto, el niño conseguirá conectar con ellas de una forma muy rápida pero se desconectará de otras cosas más importantes para su desarrollo.
-¿Qué claves daría a los padres para ayudar a desarrollar el potencial cerebral de sus hijos?
-Ir poco a poco, ayudar al cerebro a madurar a su propio ritmo y saber que su hijo dará los frutos en el momento que los tenga que dar. Y algo muy importante que tienen que hacer cuando estén con los niños, independientemente de que les dejen la tableta a los tres, cuatro o cinco años, es enseñarles a tener autocontrol, tiempos limitados, para que cuando digan ´hasta aquí´, el niño sea capaz de soltarla sin gritar ni enfadarse. En eso los dispositivos electrónicos pueden ayudar. De hecho hay autores que dicen que es mejor que el niño empiece a utilizarlos a los tres años con reglas muy claras, entrenando el autocontrol, a que empiece con ocho o diez años y comenzar a entrenarlo ahí.
-Pero ese fijar tiempos se complica si los padres utilizan las tecnologías para que los niños estén entretenidos mientras ellos se ocupan de otras cosas…
-Efectivamente. Los dispositivos no solo son un refuerzo para los niños, sino un refuerzo enorme para los padres, porque los niños demandan en muchos momentos atención, cariño, que les hablemos… Como cuando hacemos un viaje largo en coche, ponen la televisión atrás y así el niño va tranquilo y el padre, relajado. Es importante también que el niño experimente la frustración, aprenda a dominarla, a aburrirse y a esperar que pase ese momento.
-Los padres se apoyan en esto…
-Es un refuerzo para los padres y esto es una de las cosas que ha hecho que la tecnología sea tan popular y esté tan extendido que los niños estén todo el día enchufados. Muchos padres se engañan porque dicen: ´No, yo dejo a mi hijo media hora´, y en realidad están conectados no solo a la tableta, teléfono móvil o videojuegos, sino a la televisión también dos o tres horas al día. Y sabemos que eso está relacionado con más probabilidades de tener déficit de atención, obesidad infantil, depresión infantil, problemas de conducta, y con más prevalencia de fracaso escolar.
Fuente de la entrevista: https://www.laopinioncoruna.es/sociedad/2016/11/09/ninos-deben-pasar-seis-primeros/1123687.html#
Por: Juan Maria Segura
Gran revuelo causó la noticia de que Uruguay avanzaba en la eliminación de la repitencia en su sistema educativo. Apoyados en argumentos tanto externos (otros lo hacen) como internos (los que repiten se terminan ‘cayendo’ del sistema), parece haber consenso del otro lado del Río de la Plata para dar lo que sería un paso trascendental en sus políticas educativas. En nuestro país la noticia fue levantada por medios y opinión pública como una señal de alarma, a pesar de que los resultados de las Pruebas Aprender nos indican cada año con contundencia que los repitentes aprenden menos que el conjunto, y que a medida que aumenta la sobreedad, rinden inclusive peor, más lejos de los pretendido. Entonces, ¿frente a qué tipo de noticia o reforma estamos? ¿Es esto una revolución copernicana, una irresponsabilidad guiada por la mala política, o una acción cosmética y no mucho más? ¡¿O acaso es todas esas cosas a la vez?!
La repitencia escolar puede ser interpretada, a mi juicio, tanto como el signo del fracaso de un sistema escolar, como el emergente más patente de un sistema que, equivocadamente, pretende tratar a todos los aprendices de la misma manera. Ambas interpretaciones nos llevan a una valoración negativa del suceso (es mejor que la repitencia no ocurra en ambos casos), pero poseen orígenes marcadamente diferentes. En un caso, el ‘error’ o desvío se produce por mala gestión de los aprendizajes, por las razones que fuere (docentes mal preparados, alumnos que no estudian, familias que no acompañan, currículas oficiales que no estimulan, ministerios que no proveen suficientes fondos, inspectores que entorpecen, directores que no gestionan, infraestructuras edilicias deficitarias), mientras que en el otro caso la repitencia se da no por mala gestión sino por un mal diseño del sistema, esperando que todos aprendan lo mismo, al mismo ritmo, dictado de la misma manera, respondiendo por igual a idénticas consignas.
Ya decía Isaac Asimov en 1988 que ‘…en la actualidad se llama aprendizaje a algo que te fuerzan aprender. Todos son obligados a aprender lo mismo, el mismo día, a la misma velocidad en la clase. Y todas las personas son diferentes: para unos esa metodología va muy rápido, para otros muy lento, para otros en la dirección equivocada…’. Y este razonamiento fue realizado antes de internet (1992), Amazon (1994), Netflix (1997), Google (1998), Wikipedia (2001), Facebook (2004), Spotify (2006), Airbnb (2008), Uber (2009), Instagram (2010), el movimiento de indignados, las criptomonedas, el ciclón de las MOOCs, la viralización de las charlas TED, el IoT, la impresión 3D, la IA, la robótica, el machine learning, la big data, la realidad virtual y la realidad aumentada. O sea, a pesar la brillantez de su diagnóstico y predicción (‘…una vez que tengamos computadoras en cada hogar, cada una de ellas conectada a enormes bibliotecas donde cualquier persona pueda hacer cualquier pregunta y obtener respuestas, obtener material de referencia de algo en lo que esté particularmente interesada en conocer, desde una temprana edad, por más tonto que pueda parecer el asunto para otros, haciéndolo a su propia velocidad, en su propia dirección y a su propio tiempo, entonces todo el mundo disfrutará aprendiendo…’), Asimov se quedó corto, ¡cortísimo!
El aprendizaje profundo y significativo es una experiencia personal e individual de la que la escuela nunca se ha ocupado, por decisión o imposibilidad, lo mismo da. Este, difícilmente ocurre al mismo ritmo entre chicos de misma edad. Los chicos aprenden cuando quieren, sostiene Sugata Mitra desde tu teoría del aprendizaje mínimamente intervenido, y no cuando otros lo imponen. Dado que la escolaridad siempre ha intentado hacer de la igualación y estandarización una estrategia pedagógica inviolable, en la práctica fue encontrando sus límites. Mas allá de la persistencia en desarrollar exámenes estandarizados que intenten medir en forma homogénea el progreso que chicos y chicas supuestamente iguales van mostrando en sus aprendizajes escolares, como estrategia pedagógica es un grave error, pues estos solo miden un tipo de conducta y disciplina memorística que atiende cuestiones de repetición y no necesariamente de comprensión. Gardner suele recriminarle al sistema educativo que nunca se ha comprometido con el aprendizaje de la comprensión profunda, y que solo se ha conformado con la representación de formas memorísticas de repetición, tratándolos como proxy de aprendizaje.
Analizado desde ese punto de vista, la repetición no necesariamente es algo malo en sí mismo, sino que es malo en relación con un tipo de diseño escolar. En el sistema actual, tanto en nuestro país como en muchos de los sistemas educativos de la región, repetir es un problema, y no aprender todos al mismo ritmo también. Es un intríngulis de que es difícil escaparse, y me pregunto si es posible apuntalar la calidad de los aprendizaje con buena gestión dentro de un sistema que no sea reestructurado en sus fundamentos pedagógicos.
Por lo tanto, debemos preguntarnos es si el sistema escolar actual, dentro del cual se busca que los alumnos no repitan y avancen al mismo ritmo, el ritmo de la cohorte, es algo que deba seguir sosteniéndose.
Si la modificación realizada en el vecino país es solo una acción cosmética realizada con el fin de ‘encubrir’ un indicador clave de un sistema escolar anticuado, entonces es una pésima política y una mala noticia. Si, en cambio, la modificación nos está dando indicios de que el sistema escolar de ese país está comenzando a virar hacia una mirada más centrada en el alumno como un ser individual y no tanto como parte de un lote de personas, entonces merece atención y seguimiento.
*Fuente: http://juanmariasegura.net/index.php?s=noticia&titulo=Repetir+o+no+repetir%2C+%C2%BFes+esa+la+cuesti%C3%B3n%3F&nid=180
América del Sur/ Colombia/ 11.06.2019/ Fuente: www.colombiainforma.info.
El 8 y 9 de junio se han convertido en un símbolo de lucha y resistencia para la historia de los movimientos estudiantiles en Colombia. ‘El día del estudiante caído’ conmemora a los estudiantes asesinados en 1929, 1954 y 1973, y abre paso a la reconstrucción de la memoria histórica de otras y otros estudiantes asesinados por la represión del Gobierno durante más de 50 años.
El 8 y 9 de junio se conmemora en Colombia ‘el día del estudiante caído’, recordando a los y las estudiantes que fueron asesinadas en la Universidad Nacional, durante el mandato de Gustavo Rojas Pinilla.
El 8 de junio de 1954 fue asesinado, a manos de la Fuerza Pública, Uriel Gutiérrez, estudiante de medicina de la Universidad Nacional en Bogotá. Este hecho fue el inicio de una manifestación realizada por estudiantes y compañeros de Uriel el 9 de junio, donde en medio de hechos violentos fueron asesinados 11 estudiantes. Estos dos días que marcaron la historia de Colombia también estuvieron acompañados de censura a la prensa.
¿Quién fue Uriel Gutiérrez?
Fue un líder estudiantil que trabajaba en una reforma administrativa y académica de la Universidad Nacional. Tiempo después de su asesinato se creó la Federación de Estudiantes Colombianos – FEC-.
Como si se tratara de un hecho reciente, Luciano Pabón, ministro de Gobierno, deslegitimó la protesta realizada el 9 de junio dirigida por las y los estudiantes en rechazo al asesinato de su compañero Uriel, estigmatizándola, dando paso a que asesinaran a 11 estudiantes más y que estos hechos quedaran en la impunidad.
Las consecuencias del asesinato de los estudiantes de la Universidad Nacional fueron la renuncia del entonces rector Julio Carrizosa Valenzuela, y la realización de varias promesas relacionadas con la reforma por la que los estudiantes luchaban junto a Uriel. El siguiente en asumir el cargo fue el coronel Manuel Agudelo, quién se dedicó a perseguir al estudiantado.
Uriel Gutiérrez no fue el único, ni el último estudiante asesinado a manos de la Fuerza Pública en Colombia; durante estos dos días el movimiento estudiantil, desde sus diversas expresiones, intenta recuperar la memoria de aquellos que fueron víctimas de un Gobierno terrorista, que no reconoce el asesinato de quienes se esfuerzan por construir unidad y organizar al pueblo.
Son días para conmemorar a todas las y los estudiantes que aún continúan en pie de lucha, desde las aulas y las calles, debatiendo y construyendo un sistema educativo mejor, en miras de un sistema educativo público y de calidad al que pueda acceder el pueblo trabajador.
Mural restaurado de Gerson Gallardo y Edwin López, estudiantes de la Universidad Francisco de Paula Santander asesinados en 2003 por paramilitares.