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Theodor Adorno : 10 Libros imprescindibles

Por:  bloghemia.

 

Theodor Adorno y su pensamiento filosófico está enmarcada en el pensamiento hegeliano-marxista, en la cual se desenvuelven los estudiosos de la teoría crítica. Según el filosofo, la sociedad industrializada se desarrolla bajo ciertas estructuras que socavan una parte importante de su pensamiento: la tarea crítica.

En este ámbito, la filosofía ejerce un papel preponderante, como pensamiento crítico, y así desandar los nudos de la verdadera libertad, visualizar la cosificación reinante y crear una conciencia más libre.
Aquí les dejamos algunas de sus obras, que pueden descargar.
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Igualdad

Por: El País.

Las variaciones en los exámenes de Selectividad no garantizan la equidad

Cerca de 300.000 alumnos de bachillerato se presentarán a las pruebas de evaluación de acceso a la universidad (Evau), la antigua Selectividad, que ayer comenzaron en Castilla-La Mancha y que en los próximos días se irán celebrando en el resto de las comunidades con contenidos y fechas diferentes. Este es precisamente el talón de Aquiles de una prueba que en términos generales cumple su función de acreditar la preparación de los alumnos para acceder a los estudios superiores. El hecho de que conste de 17 exámenes con contenidos distintos y criterios de corrección diferentes impide que se garantice la igualdad de oportunidades.

En 2018 aprobaron el examen el 93,29% de los alumnos en la convocatoria ordinaria de junio y el 75,4% de los que se presentaron en la extraordinaria de septiembre. El problema que se discute no se refiere al grado de preparación con el que llegan al examen, sino al hecho de que, al ser distintas las pruebas y los criterios de corrección, no hay garantía de que los resultados reflejen objetivamente la variabilidad en la preparación de los aspirantes. La prueba evalúa cuatro materias troncales que puntúan de 0 a 10, más un examen de la lengua cooficial en las comunidades donde la hay. Los alumnos tienen la oportunidad de presentarse a otras dos materias optativas del bachillerato que han elegido, con las que pueden intentar acercarse a la nota máxima de 14 puntos, algo imprescindible para acceder a las carreras más demandadas.

La nota de ese examen representa el 40% de la calificación final que computa para el acceso a la universidad. El otro 60% corresponde a la nota dada por el centro donde se ha cursado bachiller. El resultado final será determinante para poder acceder a la carrera elegida. Todos los estudios tienen una calificación mínima de acceso que depende de la relación entre las plazas disponibles y el número de estudiantes que demandan esos estudios. Cuanta más demanda, más alta es la nota mínima que se exige para poder acceder a ellos.

Dado que esa calificación final obtenida en cada comunidad habilita para acceder a cualquier universidad de España, puede ocurrir que un alumno que ha obtenido buena nota en un examen menos exigente o en el que se han aplicado criterios más laxos de calificación pase por delante de otros que han tenido un examen o una corrección más rigurosos. Una décima de diferencia puede ser determinante para poder acceder a carreras que tienen notas de corte muy altas, como Matemáticas o Medicina.

Resulta difícil determinar si un examen es mucho más fácil que otro, aunque en los análisis que se han hecho se han constatado importantes diferencias. Pero lo que no parece lógico es que en una misma asignatura, por ejemplo la de Lengua y Literatura Española, en Canarias hubiera en 2017 un 32,1% de sobresalientes y en Baleares apenas un 2,2%. Semejante diferencia solo puede explicarse por criterios diferentes sobre qué debe ser considerado sobresaliente.

Esta es la razón por la que debería revisarse el modelo vigente y consensuar un examen único para toda España en las materias comunes y troncales, sin menoscabo de los elementos específicos que la ley reconoce a las diferentes comunidades autónomas. Debería aprovecharse además el debate para plantear otras mejoras, como un modelo de examen que permita evaluar las competencias de los alumnos y no solo sus conocimientos.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2019/06/03/opinion/1559585469_801628.html

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Entrevista del Observatorio de Innovación Educativa: Podemos soñar con una nueva educación con Xavier Aragay

Por: Observatorio de Innovación Educativa.

Todos los involucrados en la educación -profesores, estudiantes, empresas y autoridades académicas- deben hacer un esfuerzo por reimaginar las escuelas y las universidades, pues si no lo hacen, dentro de cinco años la educación será igual, pero el mundo no, señala Xavier Aragay, Director de Reimagine Education Lab. #EntrevistasObservatorio http://ow.ly/xZFS30ny3V6

Fuente del documento: https://observatorio.tec.mx/entrevistas-ciie16/2019/5/8/podemos-soar-con-una-nueva-educacin-xavier-aragay

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Bogotá y el país están en deuda con la educación tecnológica y para el empleo

Por: Ángel Pérez.

En Colombia la educación orientada al empleo, de manera especial la educación técnica y tecnológica, nunca gozó de prestigio y consideración social, como sí ocurre en países como Alemania, donde se le considera una vía fundamental para la formación de los jóvenes, que permite mejoras para la población en temas como: ingresos, calidad de vida y productividad de la economía.

En el país la ruta de vida que las familias, el entorno social y las escuelas ayudan a inculcar a los niños y los adolescentes se enlazaron sobre el ideal de lograr que los estudiantes de la educación básica y media fueran profesionales a cualquier costo, en Colombia el 60% de la educación universitaria es privada (2017, SNIES-MEN).

Este hecho, desafortunado para el desarrollo del país, en parte se explica porque el desarrollo tecnológico y la incorporación del conocimiento al empleo nunca fueron una prioridad del Estado, tampoco una exigencia y preocupación fundamental de los empresarios y menos una prioridad de las familias.

Desde la perspectiva de las empresas, con bachillerato o menos están satisfechas, estas se conformaron y funcionan con escasa productividad y bajos costos operativos. Acá no se requieren tecnólogos, menos los demanda el empleo informal y tampoco la economía ilegal o asociada al narcotráfico. Además, si el mercado ofrece profesionales mal formados y baratos pero que pueden remplazar a un técnico o un tecnólogo ¿cuál es el problema? A no ser que los empresarios se preguntaran si esos profesionales están satisfechos, si trabajan con pasión o ayudan a mejorar productividades.

La economía permite que las unidades productivas, tanto urbanas como rurales, funcionen con salario mínimo o menos, el 81% de los trabajadores en Colombia gana en promedio un salario mínimo mensual vigente, lo que se asocia a bajas productividades y mala calidad del empleo.

Luego cambiar este escenario sobre la formación de los jóvenes con estos antecedentes culturales, sociales y económicos no será fácil. Por tal motivo, hay que celebrar acciones como la elaboración del Informe de  la Educación Orientada al Empleo (EOE), en las 23 principales áreas del país, que presentó el programa Bogotá Cómo Vamos.

El informe destaca que la “EOE se ha constituido en una alternativa de formación para aquellas personas que no pueden acceder a la educación superior universitaria, por lo cual se percibe como una educación que se recibe más por necesidad que por elección”.

Y es que la educación técnica y tecnológica es la cenicienta de la educación superior; tanto así que la educación técnica está en extinción, en 2010 representaba el 6% del total de la matrícula de la educación superior y en el año 2017 esta participación disminuyó a 4%; en cambio la educación tecnológica ha mantenido su pequeña contribución, 27% de la matrícula total, durante los últimos 7 años. La formación en tecnología en esencia la cubre el SENA, 71% del total de la matrícula, 658.579 estudiantes (datos SNIES-MEN).

De acuerdo con el informe, en las 23 principales áreas del país, el 61.6% de las personas entre 25 y 64 años tienen título de bachillerato o de educación superior. En Bogotá esta proporción es del 67.8%, al discriminar por niveles de formación, el 37% son bachilleres, el 10.9% técnicos y tecnólogos y el 19.2% tienen formación universitaria o de posgrado.

Según el informe de la EOE, la distribución de los programas tecnológicos ofrecidos por áreas del conocimiento, para el año 2018, muestra que los tres más importantes son: economía administración y contaduría, con el 41%; ingeniería, arquitectura, urbanismo y afines con el 33,6%; y bellas artes con el 13%.

En 2016 se graduaron 39.484 estudiantes en educación técnica y tecnológica. Sin embargo, en 2017 se registraron 604.631 vacantes en el Servicio Público de Empleo en Bogotá, de las cuales el 29% (175.625) correspondían a demandas de técnicos y tecnólogos. En 2016, el ingreso laboral promedio de los técnicos en Bogotá fue $1.268.309, mientras que para los tecnólogos el ingreso promedio fue $1.354.853, para comparar el salario mínimo en ese año era de $689.454.

Así mismo, en la ciudad la tasa de ocupación para personas con formación técnica y tecnológica es superior al 85,5%, 7,8 puntos por encima de la tasa para las personas con bachillerato (77,7%). El informe sobre la formación en EOE señala que en 2017 el porcentaje de quienes no estudian ni participan en el mercado laboral (los NINI), en las 23 principales ciudades y áreas del país fue 23,8%; en Bogotá la cifra de los NINI es más baja, 19,5%, cerca de 350.000 jóvenes entre 18 y 24 años, las mujeres representan alrededor del 65% del total de los NINI.

Las cifras anteriores sustentan la necesidad en Bogotá y en el resto del país de elaborar una política pública para fortalecer la EOE. No hay duda de que en la Ciudad existe espacio para incrementar la formación técnica y tecnológica. El problema es que esta debe ser pertinente a las necesidades e intereses de cada ciudad, ¿qué es lo que las empresas están necesitando? y ¿qué quieren estudiar los jóvenes?; en este sentido debe ser claro que programas en tecnología vinculados a áreas como economía, administración y contaduría están saturados. Así mismo, la EOE debe ser de buena calidad y se requiere el compromiso de los empresarios para promover y ayudar a las instituciones que ofrecen los programas de EOE.

Por último, Bogotá y las demás secretarías de educación deben exigir al Sena mejorar la calidad de sus programas. Además, deben realizar ajustes a la educación media, el rendimiento académico y la orientación escolar son medulares al ingreso de los estudiantes a los programas de educación superior, el 42% de los bachilleres de Bogotá en el año 2018 tenían menos de 17 años. ¡Futuros alcaldes no se puede desaprovechar esta oportunidad, hay que hacerlo bien!

Fuente del artículo: https://www.dinero.com/opinion/columnistas/articulo/bogota-y-el-pais-estan-en-deuda-con-la-educacion-tecnologica-y-para-el-empleo-por-angel-perez/271663
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Educación de la disciplina en nuestros hijos (Video)

 

Por: Miguel Erasmo Zaldivar Carrillo

El concepto de disciplina ha sido muy manipulado. Disciplina es autoconocimiento, autocontrol , autoexigencia. Disciplina es tener el carácter de ir por lo que uno desea y hacer todos los esfuerzos y sacrificios para lograrlo.

Fuente del documento: https://centrodeinvestigacionclacsoriusmex.wordpress.com/2019/05/24/educacion-de-la-disciplina-en-nuestros-hijos-video/

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Transparencia o equidad

Por: Ricardo Braginski.

La polémica vuelve una y otra vez: ¿Debe el Estado difundir los resultados de cada escuela en las pruebas Aprender? El tema merece más que posicionamientos ideológicos y políticos.

Una y otra vez vuelve el mismo debate. ¿Debe el Estado difundir los resultados de cada escuela en las pruebas Aprender? Por un lado están quienes dicen que sí, que eso garantizaría la “transparencia”. Que así los padres podrían decidir con mejor información a qué escuela mandar a sus hijos, y presionar en caso que los resultados no sean los deseados. La libertad individual, antes que nada. La competencia, como política pública.

Quienes están en contra, en cambio, afirman que en los países en los que se aplicó esta política no mejoró la calidad educativa y, peor aún, se consolidó o profundizó la segregación escolar. Como generalmente las escuelas que tienen peores resultados son las que atienden a los sectores socioeconómicos más bajos, se corre el riesgo de que se asocie la calidad de una escuela al nivel socioeconómico de las familias. Y así se termine agrandando la brecha: chicos ricos se agrupan con chicos ricos y los más pobres con los pobres.

El último episodio de esta saga lo estamos viviendo en estos días. A raíz de un pedido de un dirigente político cercano a Darío Lopérfido, la Agencia de Acceso a la Información Pública -que está dentro de la órbita de la Jefatura de Gabinete- intimó el 24 de mayo al Ministerio de Educación a que en 10 días hábiles publique esos datos.

En la extensa resolución se dan unos cuantos argumentos sobre la transparencia y el acceso a la información, todos muy atendibles. No se tuvo en cuenta la visión de los especialistas en la materia.

El Ministerio de Educación hoy no publica estos datos porque la ley de Educación -que surgió de un consenso mayoritario- no se lo permite. Esa norma establece que “la política de difusión de la información sobre los resultados de las evaluaciones resguardará la identidad de los/as alumnos/as, docentes e instituciones educativas, a fin de evitar cualquier forma de estigmatización”.

Para el Ministerio, e incluso para el presidente Macri, es necesario modificar la ley para poder publicar los resultados por escuelas.

Mientras tanto, el diálogo de sordos continúa. Quizás la calidad y la equidad educativa sean asuntos que merezcan algo más que posicionamientos ideológicos y políticos.

Esperando en el área chica

Para los periodistas sería un golazo. Si efectivamente se dieran a conocer los resultados de las pruebas Aprender por escuelas, inmediatamente estaríamos armando rankings, comparando “la posición” de un colegio de un barrio con el de otro; cuál está “para el campeonato” y cuál “para el descenso”. Tendríamos títulos para varios días.

Ya pasó y pasa en Brasil -donde sí se permite difundir resultados por escuelas- cada vez que se conocen los índices educativos.

Nadie puede asegurar que esto esté mejorando la educación de ese país.

Fuente del artículo: https://www.clarin.com/opinion/transparencia-equidad_0_2uirNQEeR.html

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Educación superior obligatoria

Por: Raúl Contreras Bustamante. 

 

Es imprescindible advertir que ampliar las metas en materia de educación superior no sólo es un tema de números, sino también de estándares de calidad.

El pasado 15 de mayo por fin fue publicada en el Diario Oficial de la Federación la nueva reforma constitucional en materia educativa. La enmienda contiene muchos cambios trascendentes, pero en esta ocasión deseo analizar lo relativo a la educación superior.

La nueva fracción X del artículo 3º de la Constitución dispone que: “La obligatoriedad de la educación superior corresponde al Estado. Las autoridades federal y locales establecerán políticas para fomentar la inclusión, permanencia y continuidad, en términos que la ley señale. Asimismo, proporcionarán medios de acceso a este tipo educativo para las personas que cumplan con los requisitos dispuestos por las instituciones públicas”.

En México, el sistema de educación superior ha experimentado un crecimiento importante en los últimos tiempos. En la década de los años 70 había alrededor de 270 mil estudiantes en 385 escuelas. Para el año 2017, la cifra alcanzó los 4.4 millones de estudiantes en más de 7 mil escuelas. Otro dato: sólo el 1% de la población de nuestro país cuenta con una maestría y menos del 1% con un doctorado.

Conviene advertir que en la actualidad, en México sólo el 17% de las personas entre 25 a 64 años de edad cursan la educación superior, la proporción más baja entre todos los países de la OCDE.

La reforma constitucional pretende entrar a una nueva dimensión del derecho social de la educación, en favor de las personas. A partir de ahora, el compromiso y la obligación de las autoridades —de los diferentes órdenes de gobierno— deberá ser mayor para hacerlo efectivo, dentro del esquema de progresividad que caracteriza a los derechos fundamentales.

La educación superior es la que se imparte después del bachillerato o equivalente y existen distintos niveles dentro de ésta: técnico superior, licenciatura y posgrado. De igual manera existen diferentes tipos de instituciones que la ofrecen.

De tal suerte que el reto que se tiene por delante es colosal. Se trata de optimizar la infraestructura escolar existente y de crear nuevos centros de educación superior para ir abriendo espacios a miles de jóvenes que a la fecha no pueden acceder a formarse.

Esta reforma pretende lanzar hacia un mejor futuro a la juventud. Al definir que también la educación superior —además de obligatoria— deberá ser universal, inclusiva, pública, gratuita y laica, compromete al Estado a hacer cumplir estos enunciados.

Y conviene destacar que la reforma constitucional no sólo aspira a abrir espacios educativos a más jóvenes, sino que también indica —de manera expresa— que la educación en nuestro país deberá ser de “excelencia”; entendida ésta como el mejoramiento integral constante que promueva el máximo logro de aprendizaje de los educandos.

Es imprescindible advertir que ampliar las metas en materia de educación superior no sólo es un tema de números, sino también de estándares de calidad. De poco servirá contar con cientos de universidades si los profesores que en ellas enseñen no cuentan con un nivel también de excelencia para formar a los jóvenes.

La educación es el derecho social de mayor importancia: el verdadero instrumento de justicia que permite disolver de fondo las diferencias sociales y la pobreza. Reconocer a la educación superior como obligación del Estado requerirá de políticas públicas y mayores presupuestos. Esperemos.

Como Corolario, las palabras de George Washington: “La educación es la llave para abrir la puerta de oro de la libertad”.

Fuente del artículo: https://www.excelsior.com.mx/opinion/raul-contreras-bustamante/educacion-superior-obligatoria/1316101

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