Page 3 of 7
1 2 3 4 5 7

La escucha activa: respeto, empatía y concentración en el aula

Por: Laura Román

Escuchar de manera activa conlleva una serie de habilidades relacionadas con la empatía, el interés o la concentración hacia lo que nos están contando. Explicamos en qué consiste y cómo aplicarlo con el alumnado o los hijos gracias a los consejos de la psicóloga Rocío Rivero.

Oír no es lo mismo que escuchar. Según las definiciones de ambos conceptos en la RAE, oír es, literalmente, “percibir con el oído los sonidos” mientras que escuchar es “prestar atención a lo que se oye”. El segundo de los términos se puede aprender a través de la ‘escucha activa’, una práctica que trata de enseñar a los seres humanos a realizar dicha acción desde la compresión y que requiere una serie de habilidades que se pueden entrenar en el aula o en familia, como la atención, la participación, la empatía o la concentración.

¿En qué consiste la escucha activa?

Esta forma de comunicación interpersonal, que fue creada por el psicólogo estadounidense Carl Rogers en la década de los cuarenta, se centra en aprender a escuchar. Para ello y según explicó el propio Rogers: “Escuchamos no sólo con nuestros oídos sino con nuestros ojos, con nuestra mente, corazón e imaginación”. Es decir, este tipo de técnica se basa en una serie de comportamientos por parte del oyente que preparan a la persona para escuchar y para concentrarse en el mensaje de su interlocutor realizando un vínculo especial con sus emociones.

escucha activa

La escucha activa requiere de atención, intención y también de la capacidad para no juzgar al otro. Rogers declaraba que la tendencia natural del oyente de evaluar al que está hablando o de aprobar o desaprobar lo que está diciendo lo consideraba como una de las principales barreras en una comunicación interpersonal de éxito.

¿Cómo se puede aplicar en el aula?

Rocio Rivero es psicóloga y muchos de los centros educativos en los que trabaja ponen en práctica la técnica de la escucha activa entre los estudiantes por los beneficios que aporta en distintos aspectos académicos y personales. “La escucha activa favorece la asimilación de contenidos porque obliga al estudiante a estar atento no solo al mensaje, si no también a los gestos y a las emociones de la persona que nos lo está transmitiendo. Y cuando conectamos un contenido con las emociones, el proceso de aprendizaje mejora ya que se fija en la memoria”.

escucha activa aula

Rivero también establece una serie de aspectos positivos en el propio desarrollo personal de estudiante: “El alumnado que practica la escucha activa es más respetuoso con los demás, desarrolla un buen grado de empatía con la persona a la que está escuchando y tiene más seguridad en sí mismo porque siente que lo que cuenta es interesante para sus compañeros”.

La experta aconseja introducir esta técnica en el aula a través del juego o establecer una serie de indicaciones para comprobar que el alumnado está atendiendo realmente. “Hay que hacer hincapié en que los estudiantes miren a la persona que está hablando para enterarse bien de lo que está diciendo y cómo lo está diciendo. Por ejemplo, podemos pedirles que tomen notas porque serán ellos quienes tengan que exponer un tema al resto de compañeros”.

En el caso del alumnado de Infantil se puede hacer uso del dibujo. “Tras escuchar lo que se le dice, tendrán que dibujar algo relacionado con ello, además de una carita con la emoción que han sentido o creen haber sentido mientras el docente les hablaba”.

Mensajes ‘activos’

La escucha activa se fomenta a través de características basadas en el interés, la no interrupción y el entendimiento hacia el interlocutor. Para aplicarla en el aula o en casa, Rivero propone colocar un tablero en la pared con mensajes como los siguientes:

  • ‘No se puede interrumpir al que habla’
  • ‘Cuando alguien habla, el resto escuchamos sin juzgar’
  • ‘No puedo estar hablando todo el tiempo. Tengo que dejar tiempo para los demás’.
  • ‘Cuando no entiendo algo lo pregunto y no me quedo con la duda’.
Fuente e Imagen: https://www.educaciontrespuntocero.com/recursos/educacion-emocional/escucha-activa-respeto-empatia-concentracion-aula/118929.html
Comparte este contenido:

El dolor que no duele

Por: Carolina Vásquez Araya

Acostumbrados como estamos a vivir la vida contemplándola a través de las pantallas, hemos logrado crear eficaces anticuerpos contra el dolor, pero sobre todo contra la necesidad de involucrarnos en aquello capaz de trastornar nuestro espacio personal. Ya somos maestros en el truco de abstraer cuanto pudiera destruir esa ilusión de seguridad que nos permite ir por senderos pavimentados, en donde tocamos la realidad tangencialmente gracias a que nos la presentan fraccionada en cápsulas fáciles de digerir. La tragedia ajena, entonces, puede ser observada sin ese molesto prurito de culpa que –de ser más potente- nos obligaría a actuar.

Este sistema, diseñado para darnos la ilusión de participar activamente, utiliza a los grandes medios de comunicación, que han jugado un papel fundamental por su capacidad de ingresar a nuestro hogar, el espacio personal más íntimo y seguro. Durante la segunda mitad del siglo pasado, la cobertura mediática de las guerras e invasiones -en donde se comenzaron a utilizar recursos cinematográficos de enorme impacto visual y psicológico- tuvo el efecto de convertir la destrucción y la muerte de otros en un espectáculo capaz de absorber nuestra atención sin afectar de manera significativa nuestros sentimientos ni trastornar nuestro sentido de la realidad. Es más: la abundancia de imágenes e información editados a propósito para empujarnos a tomar partido sin darnos la posibilidad de escarbar más a fondo en la búsqueda de la verdad, nos convirtió en meros espectadores.

Hoy seguimos la tendencia marcada desde entonces; y ese hábito de observar sin sentir la obligación de participar activamente, se ha potenciado de manera importante con el uso de las redes sociales, desde donde mostramos ante un público desconocido una faceta pulida y maquillada de nuestra verdadera personalidad. En ellas somos revolucionarios, sin serlo. En ellas nos tomamos la libertad de opinar sin la responsabilidad de responder por ello ante nadie, porque al final de cuentas “son mis espacios y pongo en ellos lo que me viene en gana porque tengo el derecho de gozar de mi libertad de expresión”; y gracias a ese truco mágico de las plataformas digitales, nos erigimos como participantes legítimos de los acontecimientos que estremecen al mundo.

Sin embargo, hay quienes sí lo hacen; sí participan activamente y defienden sus derechos saliendo a las calles a enfrentar la represión para exigir cambios. Son otros –no nosotros- a quienes no les bastan las redes sociales como forma de protesta, porque desde ellas saben que nada cambiará, porque saben reconocer un paliativo mental y no están dispuestos a conformarse con ello. Otros a quienes vemos caer a lumazos, asfixiados por los gases y víctimas de toda clase de abusos por una única razón: enfrentar a un sistema cruel, inhumano y depredador creado para el beneficio de unos en desmedro de las amplias mayorías ciudadanas.

Pero ellos, al fin y al cabo, forman parte del espectáculo que otros consumen ávidamente aun cuando padecen de los mismos males. Quizá ya sea el momento de involucrarse y luchar por valores tan elementales como el imperio de la justicia y el respeto por la vida humana. Luchar para no ver en la pantalla la agonía de un niño migrante, y desviar la mirada. Luchar por salir de la seguridad de la palabra y hacer un pacto con la conciencia; asumir la autoridad de todo ciudadano ante el dolor de los demás, ese dolor que hoy no duele porque se matiza con los colores de una película de ficción de la cual no somos –ni queremos ser- protagonistas.

El espectáculo no basta. Es imperativo participar y sentir el dolor de otros.

Fuente: https://www.rebelion.org/noticia.php?id=263367&titular=el-dolor-que-no-duele-

Comparte este contenido:

Amor, ternura y docencia

Por: Fernando García.

“La  vida se disfruta más cuando amas lo que haces”. Con esta frase concluyó una  reflexión mi estimado estudiante Javier Alejandro Morales Silvano en el trabajo final de la materia comunicación y dinámicas de grupo, en la maestría de Ciencias de la Educación y, realmente es así, amar lo que uno hace o hacer lo que uno ama  da sentido a nuestras vidas y no es un hacer por hacer, sino es un hacer por amar, pero también un amar haciendo. “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida”, dijo alguna vez Confucio y, en verdad poco se nota el transcurrir del tiempo cuando en lo que hacemos hay pasión, hay entrega, hay un dar buscando un bien en el  destinatario, no es un dar cualquiera, ni un dar que busque beneficiar al dador, es un dar con toda la intención de hacer crecer al que recibe, el beneficio del dador llega en el acto mismo como un efecto colateral, pero no como fin de la acción. “El que hace lo que ama, está benditamente condenado al éxito”, alguna vez nos dijo Facundo Cabral y, me gusta más esta relación entre amor y éxito, en vez de la relación que muchas personas encuentran en dinero y éxito, para estos últimos, quien tiene dinero es exitoso, pero es perder el rumbo y entender al éxito, en términos neoliberales, capitalistas, que lo ven sólo en la acumulación de bienes materiales, es decir, en la lógica del consumismo y posesión de objetos, se han ido moldeando las subjetividades de los seres humanos con una idea de éxito que beneficia a la lógica  capitalista. Por el contrario, pensar al éxito en relación con el amor a lo que uno hace, es pensarlo, desde la trasformación y el bienestar que estimula en sus destinatarios y dadores.

Del mismo modo, en la hermosa labor de la docencia, educar con amor está muy lejos de aquellos que entienden al trabajo reducido a un mero compromiso y, es que, en estos últimos  hay  enajenación y una pérdida de sentido de su labor, de tal manera que sus prácticas educativas son pensadas desde un programa y no desde sus destinatarios, las acciones no están pensadas para transformar vidas, sino para cumplir estándares y planes de estudios. Contrario a ello, está educar con amor y, como dice el gran Biólogo Humberto Maturana: “cuando hablamos del amor en el acto educativo […], hablamos de acoger y dejar aparecer  al otro, […] a través de un espacio donde se escucha a  los estudiantes,  sin negar sus voces desde un prejuicio, supuesto, o teoría” (EligeEducar, 2017) .   Sin duda, aquel que ama, tiene oídos abiertos que saben escuchar, porque ¿cómo es posible buscar el bien para los educandos, si desconocemos a los destinatarios y no damos voz a los y las estudiantes? En el hecho educativo de un o una docente que ama lo que hace, el amor va acompañado de algo más, según Maturana: “Para que el amar eduque hay que amar y tener ternura. El amar es dejar aparecer. Darle espacio al otro, para que tengan presencia nuestros niños, amigos y nuestros mayores” (EligeEducar, 2017). Cuando leo o escucho la palabra ternura, inevitablemente viene a mi pensamiento la imagen de una madre cuidando a su bebé, eso es quizás, porque yo asocio, ternura y cuidado, pero en el blog de reflexiones de un filósofo cotidiano encontré que la ternura, hace surgir dentro nuestro el sentimiento hacia los demás, que hila el delicado tejido de la confianza y la intimidad” (Cyrano, 2007) y, entonces, es ir más allá del cuidado,  es generar confianza, intimidad y yo agregaría, empatía por el otro o la otra.

Al entender el hecho educativo desde la perspectiva de Maturana:

 “Educar es un fenómeno biológico fundamental que envuelve todas las dimensiones del vivir humano, en total integración del cuerpo con el espíritu, recordando que cuando esto no ocurre se produce alienación y pérdida del sentido social e individual en el vivir” (citado en Moraes, 2001).

En ese sentido, es pensar al ser humano de manera holística, que integra emociones, espíritu y mente (senti-pensante). Por tanto, alguien que ama lo que hace, trasmite ese amor a través de la expresión de sus emociones, no solo en lo que dice, sino en cómo lo dice. Un maestro o una maestra que ama a su trabajo, no solo enseña lo que libros y programas de estudios le indican, también enseña a vivir en armonía con lo que hace. En relación a esto, Moraes (2001, pág. 1) menciona que “es a partir de la convivencia que las dimensiones del SER y del HACER se van moldeando mutuamente, junto con el emocionar y, a cada momento, influyen en las acciones, los comportamientos y las conductas de los aprendices”. Por ello, amar la docencia, significa una búsqueda constante del bienestar de los y las estudiantes y eso, sólo se logra, conociéndolos, escuchándolos y permitiéndoles ser y estar de manera auténtica.

Referencias

Cyrano. (10 de enero de 2007). Filosofía Contracorriente. Recuperado el 22 de diciembre de 2019, de Reflexiones de un filósofo cotidiano: https://blog.nueva-acropolis.es

EligeEducar. (27 de Julio de 2017). EligeEducar. Recuperado el 22 de Diciembre de 2019, de https://eligeeducar.cl/

Moraes, M. C. (2001). Educar y aprender en la biología del amor. PUC/SP/BRASIL, 5.

Comparte este contenido:

Empatía: uno de los rasgos más valiosos en una persona

Por: Marina Romero.

Todos en esta vida pasan por situaciones diferentes. No puedes esperar que la vida de los demás sea como la tuya, ni la tuya como la de los demás. Cada quien tiene sus propias lecciones y experiencias que tiene que vivir. Sin embargo, esto no quiere decir que seas ajeno a las emociones de los demás, y mucho menos si se trata de alguien con quien convives o tienes algún tipo de relación.

 

La empatía se basa en tener esa habilidad para comprender emocionalmente la situación de la otra persona. Básicamente, es ponerse en la posición de la otra persona y entenderla.

 

Como ser humano siempre estás conectado a tus propias emociones y necesidades, pero cuando se trata de otra persona ello puede resultar algo difícil. Para muchos, ver a otra persona sufrir y responder con indiferencia o incluso con hostilidad parece totalmente incomprensible. Pero el hecho de que algunas personas actúen de esta manera demuestra claramente que la empatía no es necesariamente una respuesta universal al sufrimiento de los demás.

 

Existen diferentes tipos de empatía:

Empatía afectiva – se refiere a la habilidad de comprender las emociones de la otra persona y responder de forma adecuada. Es decir, sentirte preocupado por la situación de la otra persona y procurar ser un apoyo en la medida de lo posible.

 

Empatía somática – este tipo de empatía se refiere a la habilidad de tener algún tipo de reacción física ante lo que la otra persona siente. Es decir, puede ser que alguien enfrente de ti tenga una sensación de vergüenza, por lo que tu podrías comenzar a ponerte rojo o sentir un hueco en el estómago.

 

Empatía cognitiva – en este caso se refiere a cuando puedes realmente comprender el estado mental de alguien.

Tu cerebro forma parte esencial de la empatía

De acuerdo con la neurociencia, tu cerebro es parte fundamental de este proceso. Cuando eres una persona empática, se activan diferentes partes del mismo, tales como la corteza cingular anterior y la ínsula anterior.

 

La investigación sugiere que hay componentes neurobiológicos importantes en la experiencia de la empatía. La activación de las neuronas espejo en el cerebro juega un papel en la capacidad de reflejar e imitar las respuestas emocionales que las personas sentirían si estuvieran en situaciones similares.

Los beneficios de la empatía

  • La empatía permite que las personas construyan conexiones sociales con los demás.
  • Empatizar con los demás te ayuda a aprender a regular tus propias emociones.
  • La empatía promueve comportamientos de ayuda.
  • En un ambiente de trabajo, te ayudará a colaborar mucho mejor con tus colegas.

Detente un momento y piensa en el otro

En un mundo donde todo se vive a prisa, en ocasiones puede resultar difícil tratar de conectar con los demás. Sin embargo, tienes que entender que a fin de cuentas las otras personas también tienen algo para ti, algo que enseñarte o simplemente algo que compartir.

 

No se trata de ser el paño de lágrimas de alguien cuando la pasa mal, pero sí de tener un poco de humanidad y comprender las situaciones. Nunca sabes a ciencia cierta cuál es la situación por la que la otra persona pasa, así que en lugar de juzgar, es mucho mejor que extiendas tu mano, pues nunca sabes cuándo lo vas a necesitar tú.

Fuente del artículo: https://harmonia.la/relaciones/amistad/empatia-uno-de-los-rasgos-mas-valiosos-en-alguien

Comparte este contenido:

La empatía del docente favorece el aprendizaje de los alumnos y reduce los problemas de disciplina

Por: Jorge Alberto Guerrero Hernández.

Devolver el sentido humano a la escuela, parece ser una tendencia global en el ámbito educativo. Esto se da a partir de las problemáticas tan frecuentes que se dan en las aulas, tales como la indisciplina, desinterés, violencia, exclusión, entre otros; lo cual repercute   en un bajo aprovechamiento escolar por parte de los estudiantes.

Para tratar de abatir estas problemáticas se han implementado diversas acciones en las escuelas como: talleres para padres y alumnos, conferencias, ajustes a los programas de estudio para incluir áreas o asignaturas como la educación socioemocional, entre otras.  Aunado a esto, se ha buscado integrar a las aulas un elemento que hasta ahora parece olvidado: la empatía.

¿QUÉ ES LA EMPATÍA?

Podemos definir la empatía como el reconocimiento cognitivo y afectivo del estado de ánimo de una persona por parte de otra. Conlleva una comprensión profunda, intelectual y emocional, de la situación vital del otro. Aunque hay autores que dan más importancia a los aspectos cognitivos y otros a los aspectos emocionales, en general, en la actualidad se reconoce la relevancia de ambos aspectos.

Así mismo, ser empático se refiere a tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro y entender sus emociones. Sabemos que esta habilidad resulta esencial para poder llevar una vida plena y armoniosa, aunque hasta hace poco se han descubierto los beneficios que puede traer para el ámbito escolar.

LA EMPATÍA ENTRE EL DOCENTE Y EL ALUMNO

El lograr un aprendizaje significativo en muchas ocasiones depende de la relación que se establece entre el alumno y el profesor, esto se refleja en la empatía. Normalmente, cuando a los estudiantes se les da la opción de elegir, suelen escoger a los profesores con los que se sienten con más confianza. Desde el enfoque empático, se crea una atmósfera positiva y los alumnos muestran más interés en las clases y, por consecuencia, los niveles de logro de los aprendizajes son más altos.

Es por ello que resulta relevante señalar que la labor de un docente no debe limitarse a  enseñar y evaluar, es necesario que también muestre una actitud y voluntad positiva respecto a la clase. Estudios recientes señalan que la única manera genuina y fructífera de promover el desarrollo personal desde las escuelas pasa por crear un ambiente de cordialidad y confianza que permita al educando sentirse aceptado, valorado y seguro. En este sentido en toda relación maestro-alumno la empatía toma un papel preponderante, por ser una dimensión facilitadora de la mejora de la persona. Si no existe aceptación, respeto, consideración y cuidado de las personas, la formación queda estancada. Así pues, la demanda de empatía en la educación no responde a una simple ocurrencia, sino al hecho  de que el alumno  precisa comprensión.

Es un hecho que el fracaso escolar de algunos estudiantes está relacionado con las deficiencias comunicativas que tienen con los profesores, esto nos  conmina a creer que es necesario que el docente adquiera, de modo teórico-práctico durante su período de formación, una competencia cognitivo-emocional básica que le permita manejar y canalizar adecuadamente el acontecer relacional durante el proceso educativo, sobre todo en etapas y en situaciones críticas.

Ante esto, es justo puntualizar que no se trata de que el maestro se vuelva sicólogo, pero sí de que adquiera la empatía y las habilidades comunicativas necesarias para desarrollar su labor en entornos cambiantes y en situaciones potencialmente difíciles.

VENTAJAS DE PROMOVER LA EMPATÍA EN EL AULA

-Se mejoran los resultados educativos

-Se favorece un ambiente agradable en el aula

-Los problemas de indisciplina disminuyen

-Se desarrolla la inteligencia inter e intrapersonal

-Se promueve y mejora el trabajo colaborativo

-Aumenta la autoestima de los estudiantes

-Se refuerzan los valores

Es necesario señalar que una de las mejores maneras en que los alumnos aprenden a ser empáticos es imitando a sus profesores. Ante esto aquí te dejo algunas recomendaciones que puedes integrar a tu práctica diaria.

¿CÓMO SER UN DOCENTE MÁS EMPÁTICO?

Conocer a los alumnos, el contexto en el que viven, sus ideas, gustos e intereses.

-Tener expectativas altas sobre lo que el estudiante puede alcanzar.

-Proporcionar una atmósfera en el aula donde se sientan honestamente aceptados y respetados.

Interesarse por lo que los alumnos sienten y piensan.

-Escuchar a los estudiantes e intentar entender cómo se sienten, así como ver más allá de las calificaciones.

-Trabajar  a partir de las fortalezas de los alumnos. Es común que en ocasiones nos frustremos debido a que parecen no avanzar, pero enfocarse en los aspectos positivos ayudará a que salgan adelante.

-Aprender a escuchar e interpretar las señales no verbales de los estudiantes.

-Promover el trabajo colaborativo en el aula.

-Encontrar el equilibrio entre la autoridad y la confianza. Es de suma importancia que en el aula exista un ambiente positivo y ameno, pero sin que el maestro pierda el papel de autoridad.

Conclusiones

La empatía resulta fundamental en el ámbito educativo, ante esto es necesario que se promueva como parte del proceso de formación de los docentes, mientras esto sucede es altamente recomendable que se incluya en la práctica diaria en las aulas, ya que los beneficios para el ambiente escolar y el aprendizaje son reales.

Referencias:

La empatía en la educación, Valentín Martínez-Otero Pérez, Universidad Complutense de Madrid, Recuperado de: Revista Electrónica de Psicología Iztacala. 14, (4), 2011

Fuente del artículo: https://docentesaldia.com/2019/08/31/la-empatia-del-docente-favorece-el-aprendizaje-de-los-alumnos-y-reduce-los-problemas-de-disciplina/

Comparte este contenido:

¿Qué es la inteligencia social y por qué deberían enseñarla en las escuelas?

Por: Sofía García-Bullé

La inteligencia social es una de las aptitudes mejor valuadas hoy en día en el mercado laboral.

La inteligencia social se define como la capacidad de una persona para comunicarse y relacionarse con otros en forma empática y asertiva. Esta capacidad parte de conocerte a sí mismo y tener una buena gestión de emociones, por esto podemos decir que está muy ligada a la inteligencia emocional, pero no son exactamente la misma cosa.

La inteligencia emocional parte de la introspección y cubre aspectos como la conciencia emocional y la aplicación de emociones en el proceso cognitivo para resolver problemas; tiene más que ver con los procesos que lleva una persona por sí misma antes de entrar al momento de una interacción.

Cuando ya se está en una interacción es cuando la inteligencia emocional une fuerzas con la inteligencia social, que cubre tareas como la expresión, el diálogo, la escucha, la conciliación y el aprendizaje consecuente de la comunicación con otros.

¿Qué habilidades incluye el desarrollo de la inteligencia social?

La inteligencia social contiene las habilidades necesarias para comunicarse efectivamente con base en la empatía, el autoconocimiento, la escucha y la lectura de emociones en otras personas. Entre estas se listan:

1. Capacidad verbal, no verbal y conversacional fluida

La parte más básica de la inteligencia social es simplemente expresión verbal. El habla y el dominio del lenguaje no verbal es la plataforma principal por la cual un mensaje es transmitido. El usar las palabras correctas, el tono idóneo y una intención certera es el primer paso de que una comunicación efectiva.

2. Conocimiento sobre roles sociales y costumbres

Estar al tanto de las reglas sociales, costumbres e idiosincrasia de determinado grupo es parte de las aptitudes manejadas por la inteligencia social. Facilita la interacción con personas de diferentes edades, orígenes geográficos, religiones e identidades culturales.

3. Capacidad de escucha

El ejercicio de la escucha efectiva es fundamental para el desarrollo de la inteligencia emocional, ayuda a conectar con los interlocutores, prevenir conflictos y obtener aprendizajes a través del diálogo. Esto contribuye al crecimiento personal.

4. Entendimiento sobre cómo funciona la sensibilidad del otro

Entender lo que activa las emociones de las personas, ya sean negativas o positivas, es en sí el ejercicio de la empatía, y facilita la comunicación con las demás personas, ya que incluye en nuestro discurso las particularidades de los interlocutores.

5. Ejecución de rol y eficacia social

Esta habilidad permite adaptarse a diferentes entornos sociales, tener una idea clara de lo que socialmente se espera de nosotros en un ambiente, ya sea familiar, laboral, amistoso, de soporte o algún otro ayuda a reducir el estrés y asegura interacciones más constructivas.

6. Construcción y mantenimiento de una imagen externa

Consiste en la habilidad de presentarnos a otros en forma que conecte con las demás personas sin alejarnos de lo que define la nuestra. El objetivo es manejarse en una forma sincera hacia la persona que somos pero abierta a adoptar conductas que muestren empatía, consenso y comprensión de las particularidades de los demás.

¿Por qué la inteligencia social debe ser considerada en la experiencia educativa?

La educación emocional forma personas sanas que son capaces de manejar eficientemente sus emociones, la inteligencia social utiliza las habilidades otorgadas por la emocional y las propias para generar una aptitud de liderazgo y realización de tareas cognitivas especializadas, únicas y altamente valuadas.

El problema de un posible aumento del desempleo provocado por el avance de la automatización ha sido muy discutido. La capacidad del trabajador de adaptarse y gestionar sus habilidades va a ser clave para mantenerse vigente en un mercado laboral en el que más máquinas están siendo capaces de tomar tareas anteriormente realizadas por humanos.

Entre menos susceptible sea una tarea a la mecanización, más seguro será que ese puesto laboral esté ocupado por humanos. El análisis que el comentarista político y comediante, John Oliver, comparte en uno de sus reportajes, con el tema de automatización, ofrece una perspectiva completa y certera de por qué la inteligencia social es tan importante para la educación de las generaciones futuras.

“Esto es lo que puedes hacer: una serie de tareas no rutinarias, que requieran inteligencia social, pensamiento crítico complejo y resolución creativa de problemas”, sostuvo Oliver para responder a un niño que preguntaba por posibles trabajos futuros que no pudieran ser realizados por robots.

La inteligencia social es la clave para desbloquear las habilidades que conforman a un trabajador que sabe comunicar, dialogar, trabajar en equipo y colaborar en la creación de un ambiente de trabajo empático y productivo.

Hasta hace poco se trataba de una aptitud que pocos tenían y que era aprendida sobre la marcha por un puñado de personas con el proceso de pensamiento predispuesto para observar y aprender de su entorno social. Hoy es un recurso indispensable para mantener la calidad de la cultura empresarial y proteger trabajos de la mecanización.

Es recomendable que las instituciones educativas evalúen la utilidad de incluir en sus programas instancias que ayuden a desarrollar la inteligencia social desde temprana edad y faciliten su dominio en la vida adulta.

Fuente: https://observatorio.tec.mx/edu-news/inteligencia-social

Comparte este contenido:

“Pude haber sido yo”: las reflexiones necesarias tras la muerte del estudiante de la Universidad Javeriana

Por: Revista Semana.

Abordar la salud mental no solo desde lo clínico, sino desde los entornos de los estudiantes; ser empatía, no subestimar la depresión. En El Diario hablamos con una estudiante que quiso contar su caso. También conversamos con docentes y médicos.

 

Fuente de la reseña: https://www.semana.com/educacion/articulo/pude-haber-sido-yo-las-reflexiones-necesarias-tras-la-muerte-del-estudiante-de-la-universidad-javeriana/632780

 

 

Comparte este contenido:
Page 3 of 7
1 2 3 4 5 7