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La lógica capitalista de la academia o unas humanidades deshumanizadas

El sistema de generación y transmisión de conocimiento de la universidad está plenamente integrado en la forma neoliberal de producción. Esto deriva en que haya gente que estudie un asunto invisibilizado da prestigio, es rentabilizable a escala académica, y eso los sitúa en una posición de dominio.

Cuando hace un par de años expliqué una breve noción de capacitismo y cuerdismo en una clase de máster, algunas alumnas parecieron darse cuenta de golpe de algo que no habían pensado hasta entonces: todas nos podemos volver crip, nadie es la encarnación de la norma, nadie es un cuerpo completamente capaz y, a medida que pase el tiempo, todas acabaremos siendo cuerpos que, de una vez, muestren la interdependencia con otros cuerpos.

Vivir sabiendo en primera persona que la vida debería ser otra (tener otros tiempos, producir otros modos) es algo incompatible con dedicarse a la academia. Me doy cuenta ahora. No solo porque apenas hay alumnado discapacitado que llegue a la universidad (solo el 1,5 por ciento del alumnado universitario es discapacitado) y, sobre todo, porque no se encuentran personas discapacitadas entre su profesorado (solo el 0,6 por ciento del Personal Docente e Investigador tiene alguna discapacidad). Y no se trata de eso, aunque lo parezca. Sino de que ser académica significa haber aceptado un grado de disciplinamiento que resuena con individualización y autoexplotación y mercantilización de los conocimientos.

Me doy cuenta ahora, pero me di cuenta por primera vez a los seis meses de tener mi primer “contrato” en la universidad (las comillas significan que el contrato solo nos lo hicieron después de denunciar a través de una inspección de trabajo). Epifanía académica de una en la treintena: por fin estoy dentro y para seguir dentro tengo que patalear como un hámster. Si paro, la fuerza centrífuga me expulsa.

Me produce tristeza y alivio comprobar cómo en las Humanidades se empiezan a trabajar cuestiones desatendidas hasta ahora. En los últimos diez años, aunque hubiera andado siempre en los bordes de la academia, me he dado cuenta de algunos cambios: cada vez hay más congresos sobre transfeminismos, antropoceno o decolonialidad; más proyectos financiados, más clases de grado o de máster hacen palpable el desvelamiento de las jerarquías humanas, de los sujetos que habitan el margen y cuyos saberes se ignoran o se cooptan y de cómo aquellos que están en el centro han construido todas las nociones que nos son cotidianas: la ciencia, la heterosexualidad, la civilización, la economía de mercado, la objetividad.

El sistema de generación y transmisión de conocimiento de la universidad está plenamente integrado en el sistema neoliberal de producción

Y he dicho bien: me produce tristeza. La razón es que el sistema de generación y transmisión de conocimiento de la universidad está plenamente integrado en el sistema neoliberal de producción. Esto deriva, específicamente en las Humanidades y las Ciencias Sociales, en que haya gente que se preocupe por determinadas cuestiones no porque tenga un interés real por esas comunidades o incluso porque forme parte de ellas, sino porque, de pronto, estudiar ese asunto invisibilizado da prestigio, es rentabilizable a escala académica y los sitúa en una posición de dominio. Luego no nos debería sorprender que pase lo que pasa.

He visto a profes impartir lecciones maravillosas sobre justicia social, desigualdad de género, racismo e interseccionalidad, que, sin embargo, reproducen sin despeinarse los mandatos capitalistas en cuanto salen de su tarima. Que amañan, que perpetran violencias, que transigen a las injusticias, que protegen a sus candidatos porque eso les asegura su supervivencia, que defienden a la universidad como un ser desvalido frente a las demandas del frágil profesorado asociado o a la falta de perspectivas de sus jóvenes investigadores, que no conceden ni un segundo de sus reflexiones a entender los tiempos porosos, dilatados, resquebrajados, de los demás. De sus iguales.

¿Cómo puede alguien ponerse en pie en una tribuna para abogar por la diversidad humana, por incluir a sujetos silenciados en su discurso y luego ser connivente con el sistema, no dudar de él, hacer lo que le pide, sabiendo (me niego a pensar en la ignorancia aquí) que esa actitud va a dejar fuera a todos esos sujetos diversos sobre los que clama derechos y discursos nuevos?

He visto tantísima fluidez y tantísima poca contradicción entre aceptar como buenas las reglas capacitistas de la universidad y defenderlas frente a quienes las cuestionan y, al mismo tiempo, tener como biblia académica el realismo capitalista de Mark Fisher. ¿Cómo vamos a conjugar que, cada vez más, el alumnado tienda a analizar el mundo desde un prisma más encarnado, desde sus preocupaciones vitales, desde el mundo que les gustaría construir, mientras la universidad a la que aspiran a pertenecer se desvela como un lugar que promueve la inestabilidad en sus contratos laborales, la precariedad de sus vidas, la falta de apoyo mutuo, un gigantesco agujero negro para la estabilidad emocional llamado elaborar una tesis doctoral?

El sistema de méritos que se pone encima de la mesa cada vez que hay algún cambio en la normativa (el último porque se han eliminado de súbito ciertos criterios para conseguir los contratos predoctorales más prestigiosos, los programas FPU), se basa, en teoría, en una objetividad cuantitativa: quien más méritos acumule, más alto escala, más contratos consigue, más tiempo puede permanecer en la academia. Y, al concurrir por plazas de PAD (Profesorado Ayudante Doctor), el primer escalón en la carrera académica después del doctorado, el número de méritos de la primera persona de la lista se convierte en la vara de medir del resto de candidaturas. No hay, por lo tanto, un máximo con el que quedarte tranquila, sino que el techo de méritos lo dictamina quien más consiga, quien más acumule; en definitiva, quien más haga y quien más esté dispuesto a hacer. Esta competitividad no solo nos hastía, nos consume y nos enfrenta, sino que nos moldea y nos disciplina.

Este modelo que cada vez quiere más y lo quiere antes está sostenido en sus cimientos por gente agotada y autoexplotada

A mí coronar la cumbre me recuerda peligrosamente a haber comprendido muy rápido los códigos invisibles y cumplirlos a la perfección, de manera pulcra, intachable. Las universidades operan como empresas, como advertía el bueno de Fisher, por lo que sus resultados científicos deben ser vendibles y medibles. Pero, además, este modelo que cada vez quiere más y lo quiere antes está sostenido en sus cimientos por gente agotada y autoexplotada, que experimenta cómo sus posibilidades de supervivencia son incompatibles con la continuidad de sus compañeros o compañeras. Nunca entran diez personas a la vez en el mismo concurso público. Es decir, si te toca a ti, no me toca a mí. Si yo entro, tú te quedas fuera.

Esas alumnas de máster de las que hablaba arriba me dicen alarmadas que ya van tarde. Y la que se alarma soy yo. Creo que he envejecido de golpe. No quiero cumplir con los estándares normativizantes en mi trabajo, no quiero aguantar frente a esos estándares, porque la resistencia agota los cuerpos. Pero no quiero dejarlas solas. No quiero que el sistema depredador las domestique y se olviden de sus luchas, de la incomodidad que produce la estrechez de la norma, de cuál es ese mundo que podríamos de verdad construir.

No sé, quizá porque yo estoy muy conectada con mi propia vulnerabilidad y mi vida no deja de girar en torno a ella, tiendo a pensar que nadie está a gusto adaptándose al sistema, pero luego veo a tanta gente sorprendentemente cómoda con sus dinámicas, sabiéndose ganadora, pensando que lo está haciendo bien, en fin, jugando y ganando en una lógica del sálvese quien pueda, que me hace dudar.

¿Querremos seguir construyendo universidad sin ellas? ¿Se nos olvidarán sus rostros, sus luchas, sus discapacidades?

La estructura normativa y normativizante de la universidad y de las personas que la integran solo permite el paso, precisamente, a quienes sean capaces de “aguantar” y de cumplir con unos estándares cien por cien normativos. ¿No será ese querer aguantar una marca de haber entendido ya las lógicas del sistema y aceptar competir bajo sus reglas en lugar de ponerlas en cuestión? ¿Será que, por mucho que las pongamos en cuestión en nuestros círculos de confianza, hacer como que la aceptamos (es decir, participar de la illusio bourdiana) es lo que nos salva, al menos en apariencia?

Estoy empezando a sospechar que quien es plenamente funcional dentro del sistema, independiente de la negritud y la diversidad de sus discursos, es connivente con él y se beneficia de sus márgenes. Para proclamar hay que encarnar. La teoría es una práctica, lo dice bell hooks. Plantarse, ponerse límites, es decir, volvernos porosas, volvernos crip. Perderemos y yo sé que no podemos permitirnos perder. Pero ¿ganar?, ¿a cuántas dejaremos atrás si ganamos?, ¿cuánto de nosotras perdemos si ganamos? ¿Querremos seguir construyendo universidad sin ellas? ¿Se nos olvidarán sus rostros, sus luchas, sus discapacidades? ¿Haremos como que nunca existieron hasta que el tiempo o la vida misma nos coloquen delante de nuestra propia vulnerabilidad? ¿Y después qué?

Fuente de la información:  https://www.pikaramagazine.com

Fotografía: Pikara magazine

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El regalo de las Humanidades

Eduardo Baura García, profesor de Historia Contemporánea del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala, explica en este artículo que «a pesar de que los planes de estudios se empeñen en relegar las humanidades a un papel de disciplinas moribundas para frikis, siguen muy vivas»

«No, no os habéis equivocado de aula. Sí, estáis en el grado de Marketing. Y sí, esto es la asignatura de Historia Contemporánea». Estas son las palabras con las que suelo comenzar la primera clase del curso en la Universidad. Posteriormente, pregunto a los alumnos por qué creen que están estudiando Historia, si han elegido un grado que a simple vista no tiene nada que ver con esa materia.

«¿No sería mejor dedicar estas horas a asignaturas que me sirvan más para mi futuro trabajo?», parecen preguntarse muchos de ellos, imbuidos de ese utilitarismo que impregna nuestra sociedad, que tan a menudo nos lleva a confundir lo útil con lo valioso. Sin embargo, siempre hay alumnos que aportan buenas razones de por qué puede ser beneficioso para ellos estudiar Historia, lo cual demuestra el papel crucial de la familia y la escuela a la hora de fomentar en los más pequeños el aprecio y el placer por la cultura.

Al terminar el curso, no son pocos los alumnos que confiesan haber disfrutado la asignatura. Estos testimonios, escuchados por muchos de los profesores que enseñamos este tipo de materias humanísticas, revelan una vez más que, a pesar de que los planes de estudios se empeñen en relegarlas a un papel de disciplinas moribundas para «frikis», las Humanidades siguen muy vivas.

Y es que la Filosofía, la Historia, el Arte o la Literatura siguen –y seguirán siempre– interesando y gustando a nuestros hijos y alumnos porque les hablan de la vida, de su vida, de quiénes son y de por qué el mundo es como es; les ayuda a desarrollar un pensamiento crítico y a expandir sus horizontes culturales y vitales. No se me ocurre un mejor regalo para su crecimiento personal que fomentar en ellos, desde pequeños, el amor por las Humanidades.

Fuente de la información e imagen: https://www.abc.es/

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¿Qué es el Humanismo Digital?

Por: Héctor Rodríguez Cruz

Debemos ponernos en la ruta del “Humanismo Digital”, haciendo posible su obligada “entrada”. En un futuro muy cercano las Humanidades serán Humanidades Digitales o no serán nada.

Impulsados por la Cuarta Revolución Industrial, hay que ir al encuentro del Humansimo Digital porque la revolución digital está alcanzando unos niveles de desarrollo y complejidad que nos ponen frente a dilemas éticos cada vez más urgentes debido a las extraordinarias repercusiones sociales, económicas, políticas y culturales que causa aceleradamente la automatización del mundo.

El Humanismo Digital no se hace esperar. En el 2015 la empresa consultora Gartner, publicó  el estudio “Embracing Digital Humanism”, en el cual precisó  que: «Las empresas que adoptan el Humanismo Digital utilizan la tecnología para redefinir la forma en que las personas logran sus objetivos. Permiten a las personas lograr cosas que antes no podían”.

Otro hito para comprender la necesaria sintonía entre tecnología y humanidades  es el “Manifiesto de Viena sobre el Humanismo Digital”, firmado en el mes de mayo del 2019 por unas cuarenta autoridades científicas y académicas de las más importantes universidades de Europa y Estados Unidos.

El Manifiesto declara que su propósito “no es solo frenar los inconvenientes de las tecnologías de la información y la comunicación, sino también fomentar la innovación centrada en el ser humano. Llamamos a un Humanismo Digital que describa, analice y, lo más importante, influya en la compleja interacción de la tecnología y la humanidad, para una vida y una sociedad mejores, respetando plenamente los derechos humanos universales”.

Pasamos a  una definición de Humanismo Digital. El HD puede considerarse como el resultado de una nueva convergencia de nuestro patrimonio cultural junto con la tecnología digital, abriendo un espacio sin precedentes para la sociabilidad, el aprendizaje y el trabajo. Esta “convergencia” redistribuye los conceptos y objetos, así como las prácticas asociadas a ellos, dentro de un ambiente virtual.

El humanismo digital es el proceso de búsqueda de respuestas a cómo debemos usar la tecnología para multiplicar sus posibilidades. Es un esquema que nos mueve a restaurar los valores humanistas clásicos en el uso y los fines de la tecnología, que debe estar siempre al servicio del ser humano para hacer la vida más segura y plena.

Nos referimos a  un  humanismo que nos hace tener presente nuestra necesidad de cuidados, de empatía, de generosidad y solidaridad hacia los otros; que siga defendiendo nuestra privacidad y la libertad para elegir acerca de los avances tecnológicos buscando el respeto de nuestro bienestar y nuestra autonomía moral.

Las Humanidades Digitales representan también un conjunto de ideales y principios que valoran las acciones humanas y los valores morales (el respeto, la justicia, el honor, el amor, la libertad, la solidaridad y otros). Para los humanistas, los seres humanos son responsables de la creación y desarrollo de estos valores.

Los instrumentos analíticos digitales basados en datos para la investigación en Humanidades en Europa y Estados Unidos muestran un amplio progreso,  convirtiéndose en una característica definitoria de la práctica de las Humanidades digitales en estos contextos, dando origen a la Alianza de Organizaciones de Humanidades Digitales (Alliance of Digital Humanities Organizations (ADHO) que agrupa un amplio número de asociaciones nacionales y cientos de universidades, muchas de las cuales ofrecen Maestrías y Doctorados en Humanidades Digitales..

En Latinoamérica, muchos gobiernos vienen realizando grandes esfuerzo para construir infraestructuras digitales públicas en las áreas de la ciudadanía digital. Sin embargo,  esto no ha ocurrido en campos como las Humanidades.

En cuanto a la participación de asociaciones  y universidades, sólo México, Brasil, Argentina, Chile, Colombia y Uruguay han logrado desarrollar alianzas público privadas para el desarrollo de las Humanidades Digitales.. ¡En nuestro país las HD son todavía una materia pendiente!

En la era digital, la tecnología es portadora de  la posibilidad del fomento y fortalecimiento de la democracia. Es por esto que muchos consideran que este concepto será el “Nuevo Renacimiento”, que permitirá que el Internet sea más poderoso que la imprenta a través del movimiento humanista, libre de censura.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/que-es-el-humanismo-digital-9008308.html

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El Monopoly educativo

Por: ABC

Ana Sánchez-Sierra Sánchez, profesora Instituto de Humanidades CEU Ángel Ayala de la Universidad CEU San Pablo, explica en este artículo la importancia de que la educación sea lo más independiente posible de toda autoridad política.

Desconozco cuál es el secreto de la política. Es posible que su única lógica sea el afán de dominio. Nicolás de Condorcet subrayaba la necesidad de que la educación fuera lo más independiente posible de toda autoridad política. En su informe y proyecto de decreto sobre la organización general de la instrucción pública defiende una enseñanza pública, universal, gratuita y no religiosa (en el sentido de no confesional, el término laico no aparece) y, al mismo tiempo, considera clave la libertad de pensamiento y de opiniones como conditio sine qua non para el progreso educativo.

El artículo 14,3 de la Carta de Derechos fundamentales de la Unión Europea pone en un lugar preferente a los padres respecto a la educación de sus hijos y consagra la libertad educativa, no sólo limitada a convicciones filosóficas o religiosas, sino también pedagógicas. Esa libertad en España no se puede hacer efectiva sin el sistema de conciertos educativos. Sin ellos, sólo podrían elegir quienes puedan asumir el coste de un colegio privado.

Existe, en una parte de la sociedad, una opinión verdadera e íntima que considera, que el Estado es subsidiario de la familia en materia educativa y no a la inversa. Es por ello vital para las familias poder elegir, por el bien superior del hijo, entre un colegio de integración o de educación especial, entre un método Montessori, constructivista o uno basado en las humanidades, o en el humanismo cristiano…

Los caminos son muchos, pero ninguna educación es neutra: la pública, tampoco. Para Condorcet el poder no puede usurpar: «los derechos de la conciencia bajo el pretexto de ilustrarla y de conducirla».

Fuente e Imagen: https://www.abc.es/familia/educacion/abci-monopoly-educativo-202012130112_noticia.html

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CLACSO: Promueven beca para estudiar la pandemia desde las Ciencias Sociales. México

Está dirigida a investigadoras e investigadores con maestría, doctorado o equivalente, que tengan vínculos acreditados con Centros Miembros CLACSO
* Se permitirán equipos de hasta cuatro integrantes.

La directora general del Consejo Potosino de Ciencia y Tecnología (COPOCYT), Rosalba Medina Rivera, dio a conocer que se encuentra abierta la convocatoria para participar en la beca de investigación con el título “Pensar la pandemia desde las Ciencias Sociales y las Humanidades», promovida por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO).

La funcionaria estatal, dijo que las diferentes dimensiones de la pandemia global y sus diversos impactos, obligan a indagar acerca de la actual coyuntura en el plano político, económico, social, ambiental y cultural, de ahí la trascendencia de este estudio.

Las y los postulantes deberán ser investigadoras e investigadores con maestría, doctorado o equivalente, que tengan vínculos acreditados con Centros Miembros CLACSO, lo cual, certificarán con una declaración jurada. En caso de adjudicarse la beca, se deberá presentar una carta aval firmada por la máxima autoridad del centro.

En esta convocatoria se promueve la postulación de equipos de investigación integrados por investigadoras e investigadores de diversas disciplinas, trayectorias y experiencias que aborden los problemas respecto al COVID-19 que consideren relevantes y propongan análisis rigurosos y situados, así como propuestas para interpretar y actuar en el mundo que viene.

Dentro de las disposiciones de postulación destaca la admisión de presentaciones de autoría colectiva de hasta cuatro integrantes, que deberán respetar la paridad de género (50%). El CLACSO, otorgará hasta seis becas grupales. El monto de las becas otorgadas consistirá en 16 mil dólares para cada equipo de investigación. La investigación propuesta se desarrollará en un período máximo de ocho meses.

Para mayor información consultar el enlace https://bit.ly/33jfIxG en donde se encuentra un botón de inscripción que permite acceder a un sistema de registro. Se pone a disposición el siguiente correo electrónico becapensarlapandemia@clacso.edu.ar. La convocatoria cierra el próximo 18 de diciembre de 2020.

El COPOCYT reitera la importancia de continuar con las acciones de higiene para evitar contagios por COVID-19 e invita a la población a tomar medidas preventivas como lavarse las manos constantemente, en especial, después de tocar superficies en lugares públicos; no saludar de mano o beso; limpiar superficies con agua y cloro; evitar tocarse el rostro con las manos sucias, así como estornudar o toser en la parte interna del codo.

Fuente: https://www.codigosanluis.com/promueven-becas-para-estudiar-la-pandemia-desde-las-ciencias-sociales/

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El lamento de una madre: «He trabajado en educación toda mi vida pero me cuesta encargarme del aprendizaje de mi hijo»

Por: ABC

Tres retos a los que se están enfrentando los padres de los alumnos en edad escolar durante este tiempo.

Durante los dos últimos meses, miles de estudiantes y profesores han tenido que adaptarse a un nuevo modelo de aprendizaje en casa que les era totalmente desconocido. Y esta es una situación que no va a cambiar a corto plazo, ya que la mayoría de los alumnos no volverán a tener clase, como pronto, hasta el mes de septiembre.

Ante esta situación, Instructure -empresa creadora de Canvas, entorno virtual de aprendizaje- ha podido comprobar cuáles son los tres retos a los que se están enfrentando los padres de los alumnos en edad escolar durante este tiempo:

-Conseguir mantener centrados a los niños

-Compatibilizar las responsabilidades con el trabajo escolar de los niños

-Las dudas surgidas de las instrucciones de los profesores y las escuelas, en ocasiones poco claras.

«He trabajado en educación toda mi vida y a pesar de ello me cuesta encargarme del aprendizaje de mi hijo», afirma Hilary Scharton, de Canvas. «Lo primero que debemos hacer como padres es establecer unas expectativas realistas con nuestros hijos, sus profesores y nosotros mismos. No podemos recrear todos los beneficios de la clase presencial, pero podemos dar a nuestros hijos más libertad para explorar mientras aprenden», declara.

-Los descansos son importantes. Tal y como afirman psicólogos infantiles, los niños pueden concentrarse en una tarea concreta durante un tiempo de entre 2 y 5 minutos por cada año de vida (por ejemplo, 16-40 minutos para un niño de ocho años). De esta manera, los niños más pequeños necesitan saber qué tienen que hacer y realizar períodos de trabajo más cortos.

-Ante la duda, contacta con los profesores (y recuerda darles las gracias). Pregunta a los profesores cuál es el mejor método de comunicación para hablar con los niños y cuáles son las mejores horas según la tarea que tengan que realizar. Aprovecha para hacer todas las preguntas que sean necesarias ya que están ahí para ayudar, y agradéceles su trabajo.

-No te olvides del recreo: Las diferentes tareas del día a día pueden empezar a mezclarse cuando no puedes salir de casa, realizando muchas cosas diferentes en poco tiempo. Aun así, asegúrate de que tus hijos tengan un tiempo de descanso designado, y si es al aire libre y con actividad física, mucho mejor.

-Recuerda a tus hijos que esto es algo temporal: El cambio a estar aprendiendo y estudiando desde casa puede no tener sentido para los niños, sobre todo para los más pequeños. Pero, sea cual sea su edad, es indispensable hablar con ellos y hacerles entender la situación. Y por el otro lado, escucha lo que tienen que decir y empatiza con ellos.

-Indaga en el software de aprendizaje que te proponga tu colegio: es importante que los padres se aprovechen de ello para ver las tareas que tienen que realizar sus hijos, ver vídeos de demostraciones, comprobar las notas y recibir alertas sobre la actividad de los estudiantes.

Fuente e Imagen: https://www.abc.es/familia/educacion/abci-lamento-madre-trabajado-educacion-toda-vida-pero-cuesta-encargarme-aprendizaje-hijo-202005050154_noticia.html

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Entrevista a Martin Paul: «Habilidades de aprendizaje y programas híbridos»

Por: Observatorio de Innovación Educativa

El presidente de Maastricht University, Martin Paul, habla sobre las habilidades de aprendizaje independiente, los programas educativos híbridos, la necesidad de repensar el modelo de la universidad europea y cultivar ciudadanos del futuro.

Transcripción de la entrevista

Habilidades de aprendizaje independiente

Martin Paul: Después de cuatro años de universidad ya no estamos ahí para ayudar a los estudiantes, así que pienso que, desde el día uno, necesitamos de verdad empoderar a los estudiantes para que sean aprendices independientes porque necesitan aprender después en sus vidas. Recibimos a estas personas, tienen 17, 18, 19 años, vienen de escuelas donde pasaron 12, 13 años en un pupitre con alguien hablando enfrente. Estas personas son muy inteligentes, están estimuladas, y ahora necesitamos darles la oportunidad de desarrollarse como personas, como personalidades.

Programas educativos híbridos

Martin Paul: Hace unos años creamos una universidad de humanidades y ciencias donde los estudiantes y tutores puedan integrar su propio currículum. Porque otra cosa es que cuando los estudiantes que van a las universidades hoy, él o ella, no sabe probablemente, “quiero ser abogado, quiero ser ingeniero” y así. Por ello les damos la opción de tomar programas híbridos. El estudiante piensa: “me interesa la filosofía y las ciencias computacionales”, así que pueden combinar estos cursos, y en este programa de humanidades y ciencias hay algunos cursos base que todos deben tomar, como historia, historia mundial, filosofía de la ciencia, ética, o lo que sea. Ya sea que quieras ser ingeniero o biólogo o persona de negocios, tienes que tomar estos cursos. Esta es la tendencia que vemos, como programa, va a tener más integración holística de diferentes áreas y cosas que son importantes como ciudadano activo en la sociedad.

Las universidades jóvenes

Martin Paul: Yo solía trabajar en una universidad muy vieja, y así que existe cierta diferencia. Yo solía trabajar en Charité en Berlín, la cual tiene más de 300 años, y si estás en una posición administrativa o gerencial, probablemente puedes cambiar de curso si empujas con fuerza el volante, un poco hacia la izquierda, un poco hacia la derecha. Las universidades jóvenes aún están creciendo, aún son ideas por desarrollar.

Así que, para nosotros es, desde mi punto de vista, es más fácil desarrollar nuevas cosas. Una de las cosas que desarrollamos es, como sabemos que las ingenierías y ciencias duras son extremadamente dominadas por hombres, un gran porcentaje de los estudiantes son hombres, empezamos con un programa de humanidades orientado hacia las ciencias, donde le damos a los estudiantes la flexibilidad para decir “quiero hacer algo con ciencias, pero no sé si quiero ser un ingeniero en materiales  o matemático o científico computacional”. Es un tipo de enfoque flexible para guiar a los estudiantes hacia alguna disciplina. También el 50% de nuestros alumnos son mujeres en este programa. Esto es algo que podemos hacer con mayor facilidad que en una universidad de la vieja guardia. Como universidad joven, todos los trabajadores que vienen a nosotros vienen no porque Maastricht sea una ciudad hermosa, lo cual es cierto, sino porque están intrigados con nuestra filosofía educativa y eso es diferente, diría yo, a comparación con las instituciones que son más viejas de Europa. 

Repensar la universidad europea

Martin Paul: Maastricht es nuestra ciudad europea y de verdad necesitamos repensar la universidad europea. La universidad es una invención de Europa, si lo piensas así, y todos hablan de las ideas de Von Humboldt. Yo trabajaba en la Universidad de Humboldt en Berlín, y él, claro, tenía contribuciones fantásticas, pero creo que él también estaba desarrollando esta idea en un estado muy centralista, con ideas muy elitistas, ¿sabes? Su idea de la universidad era la universidad sólo para la élite. Yo creo que hoy, cuando hay muchos más estudiantes que van a la universidad, tenemos que repensar este concepto. Así que esta llamada nos provocó, y dijimos “vamos a poner a un grupo de universidades jóvenes, una de esas universidades que son más flexibles para rebotar ideas” y encontramos esta idea de que la educación superior de hoy necesita ser accesible, necesita ser inclusiva.

Acuñamos la frase:“queremos ser excelentes pero no elitistas”, y eso no significa que todos deban ir a la universidad. No, digo, también hay un lugar para escuelas de ciencias aplicadas y entrenamiento vocacional, pero cualquiera debería tener acceso a la universidad, debería tener esa posibilidad basada en su talento, no en la riqueza de sus padres o en la red de compadrazgos y amiguismos que no es tan buena, así que esta es nuestra idea.

Somos los nuevos chicos en la cuadra. Todas somos universidades de menos de 50 años de edad, y presentamos esta idea de crear un piloto en un espacio abierto donde los estudiantes puedan seguir los cursos donde quieran y si lo quieren hacer de forma integrada o no. Fueron como 54 aplicaciones admitidas para las alianzas de universidad de las cuales se eligieron entre cinco y ocho universidades. Nosotros obtuvimos la calificación más alta, tuvimos 97 de 100 puntos, nunca habíamos tenido una calificación tan alta.

Estamos provocando algo en Europa, repensemos la educación desde un espíritu académico, desde la calidad y de muchas cosas de las ideas que tenemos en Maastricht y necesitamos también proveer ciudadanos activos en la sociedad. Así que lo estamos haciendo con esta red de alianzas. El diseño que queremos tener en los cursos es que puedas empezar tu programa en Roma, hacer el siguiente bloque en Madrid, y luego seguir en Chipre. Claro, lo puedes hacer a través de varias universidades, es un programa privado, pero sabes, diseñamos algunos temas específicos, uno de ellos es Europa, el futuro de Europa. Todo ese curso es sobre Europa, la sociedad digital. Estos son cursos que están presentes en todas las universidades. También se tratan temas como sustentabilidad y ciudadanía, así que, diseñamos algunos temas al inicio para ver cómo pueden funcionar estos cursos abiertos, y luego los evaluamos después de tres años. Así que es un piloto y la idea es si hay evaluación positiva, entonces cierta cantidad de alianzas en universidades también podrán obtener lo que llamamos como un estatuto europeo. No eres solo una universidad nacional sino también una marca europea. 

Ciudadanos del futuro

Martin Paul: Yo pienso, número uno, que se debe tener algún tipo de entendimiento cultural. Un entendimiento de que las personas son diferentes, tienen contextos distintos, diferentes necesidades, y en un salón de clases internacional como los que usamos, necesitamos crear una red, tratamos de crear esa atmósfera. Número dos, necesitamos deshacernos de la idea de inequidad, lo cual es muy difícil en el proceso a largo plazo. Pero si le das a los estudiantes las herramientas, por ejemplo, de una educación de ciudadanía global donde los eduquemos en cierta forma, no solo conocimiento sobre los hechos, pero también, de nuevo, con las habilidades que necesitas para abordar esto, entonces generas una buena contribución.

Muchos de nuestros graduados trabajan en ONGs y son activos, también, junto a sus estudios en esa área. Así que, es un proceso de largo plazo, pero al final, yo pienso que la solución al populismo y al nacionalismo es el conocimiento, es proveer una educación, es lograr tener a gente inteligente. Recuperar una generación para que no dependa de tweets como base de conocimiento. Así que es un proyecto a largo plazo, pero, le llamamos a esto, sabes, generación Maastricht, no, no son solo estudiantes de Maastricht, son estudiantes que nacieron después de 1992, nunca han visto a Europa disolver fronteras. Para ellos Europa significa otra cosa de lo que significa para las personas mayores de 50, quienes votaron en su mayoría por el BREXIT. Así que necesitamos construir esta nueva base de conocimiento y necesitamos hacerlo desde abajo para arriba. Es una perspectiva a largo plazo, no puedes resolver esto mañana pero tienes que poner algo, una alternativa en tierra, una alternativa al nacionalismo o populismo basado en conocimiento y basado en entendimiento y basado en habilidades culturales. 

El futuro de la educación superior

Martin Paul: Es muy difícil predecir el futuro, pero yo pienso que la educación superior tendrá mucha más variedad para las universidades y para los estudiantes. Seguiremos viviendo en un sistema basado en el campus. Los estudiantes van irán a las universidades, es decir, tendrán contacto uno a uno. Yo pienso que, dado a las innovaciones tecnológicas donde los estudiantes tienen muy buenas habilidades y técnicas que los maestros no, la posibilidad de escoger tu propio curso o modificarlo, creo que tendremos una forma más holística de acercarnos a esto. Será mucho mejor, será una mezcla de tecnología y orientación basada en campus, y probablemente será algo que los modelos educativos no serán puestos en contexto de cuatro o tres años. También serán esparcidos más hacia una vida de estudio. ¿Cuál será el valor de un título? Se necesitan desarrollar comunidades académicas donde todos estos aspectos puedan florecer. Así que será una tarea mucho más compleja el organizar a las universidades. Sigue siendo un sistema de un solo tamaño, así que tendremos más variedad.

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/entrevista-martin-paul-maastricht-university

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