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Guatemala: ¡Disparen contra la universidad pública!

Por: Marcelo Colussi

La tendencia es poner la universidad de investigación al total servicio del mercado, llegando así a la noción de “universidad empresarial”, donde lo que cuenta es la óptima relación costo-beneficio.

Nosotros, como Ejército, durante la guerra teníamos tres prioridades de descabezamiento: el Triángulo Ixil en Quiché, los Cuchumatanes en Huehuetenango y la Universidad de San Carlos, cueva de guerrilleros”.

Ex oficial del Ejército de Guatemala en charla pública

En Guatemala, Centroamérica (décima economía de América Latina, pero con una de las mayores inequidades en la distribución de esa riqueza en todo el mundo), en estos días se libró orden de captura contra el actual rector y contra un ex rector de la universidad pública, la tricentenaria San Carlos de Guatemala –USAC–, una de las más viejas del continente americano. Ambos, como medida para evitar la prisión, “aparecieron” enfermos y hospitalizados. Curiosa enfermedad, por cierto.

No vamos a entrar en el análisis de ese hecho en concreto, porque carecemos de todos los elementos para ello. Se ha especulado que la medida, llevada adelante por la Fiscalía Especial contra la Impunidad –FECI– del Ministerio Público (creada a partir de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG– por sugerencia del gobierno de Washington) es una señal del nuevo gobierno de Joe Biden que intenta retomar la lucha contra la corrupción impulsada anteriormente por la administración demócrata de Barak Obama, abandonada durante los cuatro años de presidencia de Donald Trump. Sin que ello sea ahora determinante para el presente texto, lo cierto es que, como cosa insólita en el mar de corrupción e impunidad que campea por las instituciones guatemaltecas, en este momento la medida muestra que empiezan a soplar nuevos aires. “Casualmente” estos días, también, el titular de la FECI, Juan Francisco Sandoval, recibió el premio “Campeones Internacionales Anticorrupción” otorgado por el gobierno estadounidense, y casi a diario se conoce de la “honda preocupación” de la Casa Blanca por la corrupción en el país centroamericano.

En modo alguno el imperialismo de Estados Unidos se está “abuenando”; puede suceder, en todo caso, que se retoma la estrategia de fortalecer administraciones nacionales en Centroamérica mediante la lucha contra la corrupción, buscando que se dé mayor inversión social en estos países (Guatemala, Honduras, El Salvador), evitando así tanta migración de desesperados pobladores de la región hacia el “sueño americano”. Esa era la iniciativa de la Alianza para la prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica, abandonada por Trump. Todo indicaría, ahora sin la CICIG, pero con otros actores, que se relanza el proyecto.

Lo cierto es que estos dos funcionarios de la tricentenaria casa de estudios, presuntamente vinculados a actos de corrupción, en tanto cabezas visibles de la universidad más grande del país, la única pública y que acoge al 50% del estudiantado de educación superior, necesariamente plantea preguntas. ¿Por qué puede suceder esto? ¿Cómo es posible que un centro universitario esté vinculado a mafias delincuenciales y pesen sobre él denuncias que le unen a lo que se ha dado en llamar Pacto de Corruptos? (es decir: contubernio entre clase política, crimen organizado, ex militares, cierto empresariado). El epígrafe comienza a dar alguna pista. Luego de los años de guerra interna, la universidad pública fue virtualmente descabezada (se asesinó a lo más connotado de su inteligencia: docentes y estudiantes, y quienes sobrevivieron, tuvieron que marchar al exilio), abriéndose la posibilidad de instalar allí las más cuestionables “roscas”, mafiosos grupos de interés con poca o ninguna vocación académica, que dirigieron a la baja la investigación y el pensamiento crítico. Es por eso que hoy la San Carlos, que fuera una gloria nacional alguna vez convocando admiración en toda el área centroamericana, actualmente languidece, presentando esta patética imagen.

La gran mayoría, por no decir la totalidad de quienes lean este opúsculo en Guatemala –en general jóvenes de clase media, varones y mujeres, muchos: también trabajadores, pero muchos sólo estudiantes–, algunos de origen maya, aunque en su gran mayoría no-mayas– son unos privilegiados. ¿Por qué? Porque conforman el escaso porcentaje de población que tiene la dicha de cursar estudios universitarios: un 3% del total nacional.

Definitivamente eso es una suerte. En un país donde el nivel de analfabetismo abierto llega al 13% del total de la población (entre muchas mujeres mayas del interior llega al 100%), y el analfabetismo funcional (dificultad para entender lo que se lee), al menos, al 60%, tener la posibilidad de alcanzar un aula universitaria es todo un don, un verdadero motivo de orgullo. En la amplia mayoría de la población, terminar la escuela media es ya un logro de magnitud; la universidad sigue siendo un lujo bizantino.

Estudiar una carrera universitaria ha sido, sigue siendo y todo indica que, al menos en el corto plazo, seguirá siendo un privilegio reservado a pocos. En un mundo dirigido cada vez más por grandes capitales donde, para “triunfar”, hay que estar crecientemente “preparado”, los estudios universitarios –y hoy también los de post grado– son una clave definitoria. Por tanto, quienes acceden al nivel superior tienen asegurado, de terminar exitosamente sus estudios, un mejor pasar económico que quien no fue beneficiado por esa situación.

Dentro de esa lógica tener un título universitario es un seguro pasaporte al bienestar. Un universitario graduado –verdad inobjetable– tiene mejor nivel económico que alguien sin título. Incluso hoy ya pasa a ser “necesario” un nivel de maestría para el mercado laboral. Ello no garantiza la real calidad académica, pero sí brinda los papeles que abren puertas. De ahí lo de “privilegiado” para quien tiene un cartón de esos.

Ahora bien: ¿qué decir del papel de la universidad –no solo de la San Carlos sino también de todas las privadas– en la sociedad actual, la guatemalteca o la de cualquier país capitalista? La respuesta inmediata es: está para brindar la formación de profesionales, la promoción de mano de obra calificada. Paralela a esa formación técnica para el trabajo viene la otra, la que no se ve en lo inmediato: la formación ideológica, la transmisión de valores, de esquemas de pensamiento. Y es preciso decir que, hoy por hoy, la universidad –al menos en términos generales– prepara a sus graduados para ser un profesional sabedor de esos privilegios (de esa minoría que se encuentra en el bajísimo porcentaje de quienes disponen del preciado cartón), y que, por tanto, se “siente más”.

Pero la universidad –en este caso la pública – puede, o debe, ser otra cosa. Eso es lo que buscó durante los años de mayor politización, cuando la guerra interna, entre los 60 y los 80 del pasado siglo, lo que motivó esa intervención del Estado contrainsurgente (véase nuevamente el epígrafe). Según lo indicado por la constitución nacional de Guatemala, según su Artículo 82: la USAC cooperará al estudio y solución de los problemas nacionales” [elevando] “el nivel espiritual de los habitantes de la República, promoviendo, conservando, difundiendo y transmitiendo la cultura”. Es decir: no sólo es la instancia educativa encargada de graduar a los profesionales; tiene en sus manos otro cometido: ayudar a resolver los problemas nacionales.

Si vemos nuestra realidad latinoamericana, no pareciera que ese sea hoy día el papel dominante de las casas de altos estudios, ni en Guatemala ni otros países, salvo Cuba. Según lo expresa sin tapujos el sociólogo venezolano Vladimir Acosta “uno de los grandes problemas de las universidades, de nuestras universidades [latinoamericanas], es que son unas universidades colonizadas, dependientes, subordinadas a una visión derechista, globalizada, eurocentrista, blanca y gris de mirar el mundo. Son universidades donde los saberes se disocian, se fragmentan, justamente para impedir una visión de totalidad, y para hacer del estudiante que se gradúa, que egresa como profesional, un profesional limitado, con una visión burocrática profesional, orientada en lo personal a hacer dinero, y en la visión que se tiene a encerrarse dentro de un marco profesional sin tener conocimiento de su identidad, de su historia y de su compromiso con su país.

En Latinoamérica las universidades tienen una larga historia. La primera nace en 1538, en Santo Domingo. Todas las que se van fundando reflejan el modelo medieval traído de Europa, asociado con los poderes de la realeza y la iglesia católica. La preparación profesional se separaba de los centros de generación del conocimiento. Frente a este modelo de profesional liberal surge otra concepción en Alemania, donde aparece la “universidad de investigación”. Allí la enseñanza técnica se combinaba con la generación del conocimiento puro y la ciencia, lo cual tuvo el valor de una verdadera revolución académica. Ese esquema investigativo fue consolidándose en Europa durante el siglo XIX y luego en Estados Unidos, acorde al crecimiento económico que iba impulsando más y más desarrollos técnicos para la floreciente industria. El modelo se solidificó y es el imperante hoy día, en el que se da una asociación directa del conocimiento generado en la universidad con su aplicación práctica en la esfera económica, vía empresas privadas básicamente (al menos en el capitalismo). En el transcurso del siglo XX la investigación científico-técnica terminó por ligarse enteramente al crecimiento económico, y las ciencias pasaron a ser el sostén de la industria moderna. El modelo universitario, por tanto, pasó a ser una actividad inseparable del crecimiento económico del capitalismo desarrollado.

En el siglo XXI esa tendencia se mantiene y profundiza, más aún con los nuevos paradigmas de producción caracterizados por la globalización de la economía y el paso hacia la “sociedad de la información y el conocimiento”, basada cada vez más en tecnologías de punta. La tendencia es poner la universidad de investigación al total servicio del mercado, llegando así a la noción de “universidad empresarial”, donde lo que cuenta es la óptima relación costo-beneficio concebida desde el lucro y donde se va esfumando la idea de desarrollo social, de extensión y servicio comunitario. Todos estos procesos de privatización, surgidos en los países que marcan el rumbo –las potencias capitalistas–, llegan a la región latinoamericana como tibia copia. No hay, en general, procesos con dinámicas propias. Siempre se ha tratado de imitar al Norte, visto como opulento y modelo a seguir.

¿Y qué hay de lo declamado en la constitución guatemalteca entonces en relación a la Universidad de San Carlos, aquello de “cooperar al estudio y solución de los problemas nacionales”? Hoy por hoy: ¡nada! ¿Qué significa que un rector y un ex rector de la universidad pública caigan presos por actos de corrupción? ¡Es patético! Muestra que esa institución funciona como mafia al servicio de la privatización de la educación superior (en el país, con tan bajo índice de universitarios… ¡hay 14 universidades privadas!) y como engranaje del Pacto de Corruptos, siguiendo con el cumplimiento a cabalidad de lo implementado en la pasada guerra: ¡se la destruyó por ser “cueva de guerrilleros”! Y se la sigue destruyendo.

La misión urgente, por tanto, es rescatarla.

Marcelo Colussi

Analista político e investigador social, autor del libro Ensayos

mmcolussi@gmail.com,

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https://www.facebook.com/Marcelo-Colussi-720520518155774/

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https://www.alainet.org/es/articulo/211306
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Colombia: Cumbre de Educación ¿Lo que estudiamos es lo que requiere el mercado laboral?

América del sur/Colombia/Octubre 2020/semana.com

Durante el conversatorio ‘Perspectivas sobre la pertinencia académica para el mundo laboral’ varios expertos explicaron el rumbo que debe tomar la educación superior en un mundo donde las empresas requieren que los estudiantes aprendan y tengan otras habilidades.

A nivel mundial, antes de la covid-19, de los cerca de 1.200 millones jóvenes en el mundo, 260 millones eran ninis es decir jóvenes que ni trabajan, ni estudian y tienen el potencial de contribuir con el desarrollo social. Esta proporción ha aumentado durante los meses de la pandemia.

En el caso de Colombia, aproximadamente el 16 por ciento de la población es joven (entre los 18 y 26 años), lo que corresponde a cerca de 8 millones. Los ninis en el país han aumentado y previo a la covid-19 eran más de 2,7 millones.

“Para analizar los primeros impactos que está teniendo la pandemia en el país, podemos ver el caso de Bogotá. En esta ciudad, que cuenta con aproximadamente 2 millones de jóvenes, para abril del 2019 tenía 450 mil ninis y de acuerdo con las últimas cifras del Dane, vemos que para abril del 2020 este número aumentó un 45 por ciento llegando una cifra cercana a 650.000 jóvenes que ni trabajan ni estudian”, señaló el director de la Fundación Corona, Daniel Uribe, durante el conversatorio ‘Perspectivas sobre la pertinencia académica para el mundo laboral’ durante la séptima Cumbre de Líderes por la Educación.

Los jóvenes se han visto fuertemente afectados por las consecuencias de la pandemia, Aunque la covid-19 ha impactado principalmente la salud de la población mayor, la población joven ha sufrido afectaciones en la educación y el empleo, evidenciando y aumentando la desigualdad que presentaban. No obstante, tanto Daniel Uribe como el viceministro de Educación Superior, Luis Fernando Pérez, coincidieron durante el evento que son los jóvenes y la educación quienes podrían ser fundamentales a la hora de la reactivación económica.

En el conversatorio, en el que también participó el director de Formación Profesional del SENA, Farid de Jesús Figueroa, se debatió sobre cuál debería ser el papel de las instituciones de educación superior en la reactivación económica y dinamización del empleo, teniendo en cuenta que la industria y el mercado laboral tienen nuevas necesidades en medio de la pandemia.

Para los tres panelistas, el problema en el hecho de que muchos estudiantes continúen eligiendo carreras tradicionales, y no las relacionadas con la cuarta revolución industrial, es a raíz de las brechas en educación entre el sector público y privado.

El viceministro Pérez consideró que las necesidades del mercado laboral cambian constantemente y en ocasiones el sistema educativo no puede evolucionar a la misma rapidez, “se viene hablando de nuevas competencias desde que se habla de la cuarta revolución industrial (…) En el Gobierno hemos avanzado con el Sistema Nacional de Cualificaciones para alinear la educación con lo que requiere el sector productivo”.

El Sistema busca facilitar la movilidad de las personas entre las diferentes vías de cualificación, que son la educativa, la formación para el trabajo y el reconocimiento de estudios previos para la certificación de competencias, con el fin de promover las relaciones con el sector productivo y el aprendizaje a lo largo de la vida.

¿Cuál es el beneficio?

Para un empleador sería muy útil y beneficioso saber exactamente las competencias demostrables de la persona contratada. De esta manera, el contratante podría asociar la remuneración con la cualificación y la calidad del servicio prestado.

Un buen ejemplo de este escenario sería la diferencia en términos de costos y resultados que podría prever una empresa del sector tecnológico, cuya actividad económica fuera la producción de dispositivos electrónicos, cuando contrate: un operario o auxiliar, que alista y dispone los componentes en un circuito. Un Técnico, que hace mantenimiento preventivo y correctivo a un circuito, con base en un estándar de niveles de señal en ciertos puntos del circuito. Un Técnico Superior, que profundiza en la programación de microprocesadores.

Un Experto Técnico que diseña y programa sistemas digitales para reemplazar partes mecánicas y análogas de una máquina costosa, con repuestos de difícil consecución, a la cual se le quiere alargar su vida útil. Las posibilidades que dará la consolidación de este sistema son muchas y muy beneficiosas para las empresas.

El mercado laboral

Varias multinacionales especializadas en recursos y talento humano han identificado las falencias que hay en el país entre formación de profesionales y las necesidades de los empresarios. Un estudio publicado por ManPowerGroup evidenció que el 54 por ciento de los empleadores colombianos no encuentran el talento con las habilidades que necesitan. Un significativo incremento si se tiene en cuenta que en tasa era del 24 por ciento en 2011.

Y peor aún, esa cifra de insatisfacción de los empresarios podría incidir en el aumento de jóvenes en edad de trabajar desempleados que hoy asciende a 1,16 millones. En otras palabras, si la formación de profesión de profesionales estuviera sintonizado con las necesidades de los empresarios posiblemente ese alto número de desocupados sería menor.

El presidente de ManPowerGroup Colombia, Javier Echeverri, explicó que en el país escasea personal para labores de profesionales y de técnicos. Electricistas, soldadores, mecánicos, representantes de ventas, ingenieros químicos, industriales y civiles, expertos en ciberseguridad y profesionales de la salud, son algunas de los roles que más necesitan las empresas y que más les cuesta conseguir.

Además expertos señalan que los profesionales no cuentan o no se les enseñan en las carreras habilidades que hoy tienen alta demanda en el mercado laboral. “En la actualidad ya se habla de competencias que complementan el conocimiento de las carreras, principalmente las relacionadas con programación, inteligencia artificial, manejo de programas y análisis de datos, que en ocasiones son habilidades complementarias que no aprenden en el pregrado», explicó Noel González, jefe de Desarrollo de Adecco Colombia.

El investigador del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, Iván Jaramillo, coincidió con estas afirmaciones y señala que las demandas del mercado han cambiado y no es suficiente quedarse con una carrera. Ahora es vital actualizarse porque “antes la base de aprendizaje de un pregrado podía tener una vigencia superior a los 20 años, ahora con el auge de las tecnologías y nuevos desarrollos se debe actualizar lo aprendido en el pregrado a los cinco años”.

De esta manera, y según lo planteado por los tres expertos, en el país los cinco perfiles laborales que más requieren las empresas son para desempeñarse en contabilidad y finanzas, ventas y mercadeo, ingenierías, expertos en tecnologías de la información, y algunos oficios técnicos.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/cumbre-de-educacion-lo-que-estudiamos-es-lo-que-requiere-el-mercado-laboral/202050/

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Entrevista a Jeff Magioncalda: “La educación ‘online’ es mucho más accesible, y en el futuro se combinará con la formación presencial”

Entrevista/15 Octubre 2020/Autor: Nacho Meneses/elpais.com

Jeff Magioncalda, CEO de Coursera, conversa acerca del futuro de la educación en línea y de cómo la transformación digital ha cambiado ya el panorama educativo del mañana

La pandemia de coronavirus ha impulsado no solo la transformación digital de la sociedad y cambiado la naturaleza del estudio o del trabajo durante los meses de confinamiento y distanciamiento social. También ha acelerado una serie de cambios de raíz en la forma de trabajar, de organizarse, de colaborar y de formarse que permanecerán incluso cuando la covid-19 quede atrás. De la magnitud de este cambio es prueba, por ejemplo, el crecimiento experimentado por las plataformas de formación online gratuita (MOOCs) como edX, Miríadax o Coursera. Desde mediados de marzo, cuando comenzó el estado de alarma, se produjeron solo en esta última más de 632.000 matrículas en España, lo que equivale a un crecimiento del 272 % con respecto al mismo periodo del año anterior. A nivel global, más de 27 millones de usuarios se unieron a Coursera, con 58 millones de inscripciones en sus diferentes cursos (un 473 % más).

Las habilidades digitales, incluyendo el aprendizaje automático (machine learning), la programación o la ciencia de datos, copan las formaciones más demandadas tanto por las empresas como por los usuarios individuales, mezcladas –como no podía ser de otra manera en este 2020– con otras relacionadas con el bienestar y la salud, incluyendo incluso un curso gratuito de rastreo de contactos de la Covid-19, de unas cinco horas de duración y elaborado por la Universidad Johns Hopkins, que está disponible en castellano, inglés y español. Para hablar del impacto de la formación online, EL PAÍS ha hablado con Jeff Magioncalda, CEO de Coursera.

Pregunta. ¿La transformación digital de la educación tiene marcha atrás?

Respuesta. Yo creo que no. Casi todas las industrias del mundo se han ido incorporando a esta transformación digital en los últimos cinco a diez años, y la educación superior es una de las últimas en hacerlo. Creo que lo que vamos a ver es, en parte debido a la pandemia, muchas más clases híbridas. Incluso cuando todos los estudiantes vuelvan a los campus, cada vez más instrucción tendrá lugar en línea. Y lo mismo sucederá con el trabajo en remoto… Ya el seis de marzo, todos los empleados de Coursera empezaron a trabajar desde casa. Yo estaba muy en contra del trabajo a distancia, y pensaba que simplemente no iba a ser lo mismo (y no lo es); pero aprendimos mucho sobre lo efectivos que podemos ser trabajando en remoto con una plantilla repartida. Ni Coursera ni muchas otras empresas volveremos a trabajar como lo hacíamos antes.

Claro que seguiremos teniendo oficinas, y la gente irá allí de vez en cuando; pero el trabajo en línea, y la forma de colaborar online que estamos aprendiendo van a cambiar la forma en que trabajamos. Y creo que ocurre lo mismo con la educación. Cuando los estudiantes vuelvan, e incluso si todos vuelven, al campus, habrá aprendizaje online; lo habrá en los teléfonos móviles; estarán haciendo proyectos en grupo y proyectos prácticos; y usarán tecnología, porque en muchos aspectos, ofrece una forma de aprender mucho más dinámica de lo que puedes obtener en un auditorio grande. Creo que los grandes auditorios ya no van a volver a ser tan atractivos. Una gran parte de eso sucederá en línea, incluso cuando los estudiantes vuelvan a los campus. También creo que muchos estudiantes no van a volver, porque es caro y, especialmente en los estudiantes de más edad, porque no se pueden permitir dejar sus trabajos para volver a estudiar, ni mudarse con sus familias. La edad media de los estudiantes de Coursera en España es mucho más alta que la media global.

La educación online es accesible para una audiencia mucho más amplia que la presencial, y por eso [las instituciones educativas] seguirán ofreciendo cursos y titulaciones en línea, que tienen un menor coste y te permiten llegar a más estudiantes.

P. En un mercado laboral tan cambiante como el que vivimos, es importante adaptarse con las habilidades que las empresas demandan más. ¿Qué áreas de aprendizaje online serán más relevantes en los próximos años?

R. Cuando Coursera comenzó, en 2012, uno de los cursos más populares era el de aprendizaje automático de la Universidad de Stanford. Aún lo es, y muchos científicos de datos vienen a Coursera, porque tenemos cursos muy innovadores de ciencia de datos. Según fuimos extendiendo nuestra distribución a las diferentes instituciones, lo que vimos es que las empresas realmente buscan el mismo tipo de habilidades y de educación que las personas individualmente, en su mayoría ciencia de datos, tecnología y negocios, aunque recientemente hemos visto un mayor interés en el campo de la salud.

En España, los cursos más demandados en 2020 son, por orden, el de aprendizaje automático, primeros auxilios psicológicos (de la Universidad Autónoma de Barcelona), aprender a aprender, ciencia del bienestar (de Yale University) y chino para principiantes (de la universidad de Pekín). Y entre los cursos prácticos, destacan cómo construir tu propia web usando WordPress y GoogleAds para principiantes.

P. ¿Diría que las habilidades digitales son hoy esenciales en cualquier caso, independientemente del campo en el que se trabaje?

R. Desde luego. Y un motivo fundamental es que muchos de los trabajos más demandados son digitales, y requieren esa habilidad para acceder a los datos, compartirlos, analizarlos y presentarlos. Cualquier trabajo usa un software para completar sus tareas. Las herramientas digitales y los datos son especialmente relevantes a la hora de colaborar con otras personas o de tomar decisiones. Así es el trabajo ahora.

P. ¿Cómo ve el futuro de la educación universitaria?

R. Está cambiando rápidamente, debido a la pandemia de coronavirus. Por un lado, será una educación más híbrida, con muchas más experiencias online en las que algunos estudiantes estarán presencialmente en el campus y otros no, e incluso en el campus la gente también estará en línea. Por otro lado, habrá muchos más cursos y grados por Internet: en Coursera tenemos ahora 20 grados de nuestros socios universitarios, pero ese número va a crecer drásticamente. Y, en tercer lugar, creo que los costes de matrícula serán más bajos, especialmente para las titulaciones online, pero también para las presenciales, porque habrá más alternativas y una mayor competencia.

La educación estará también más enfocada hacia el mercado laboral, de manera que, aunque estés estudiando Filosofía, Humanidades o Inglés, que contribuirán a tus habilidades de comunicación y colaboración, también necesitarás conocimientos básicos de datos, estadística, habilidades de análisis e incluso de programación. Otro punto que va a ser diferente es la formación continua a lo largo de la vida profesional, en el trabajo y en línea. Y finalmente, será mucho más modular y apilable: podrás adquirir un certificado que cuente para una titulación, podrás obtener un certificado online que cuente para un grado presencial, completar grados presencialmente que te cuenten para tu grado online, o conseguir certificados de educadores en la industria, como Google y que te cuenten en la universidad.

P. Una de las principales ventajas de las plataformas en línea como Coursera, edX o Miríadax es la amplia cantidad de cursos gratuitos (MOOCs) disponibles. Sin embargo, solo los acaban entre el 8 y el 10 % de los que se matriculan. Parece que la formación gratuita, precisamente por serlo, no se valora lo suficiente.

R. En líneas generales, estás en lo cierto. Aunque depende del país, para los cursos online gratuitos, el porcentaje de terminación está en torno a ese 10 %. Lo interesante es que, cuando la gente va a YouTube a aprender algo, nadie habla de esos porcentajes, sino que simplemente se fijan en que pueden aprender algo en YouTube. Tenemos unos 4.000 cursos, y cada uno de ellos tiene pequeñas presentaciones en vídeo de entre cinco y diez minutos. 150.000 clases en vídeo. Cuando miras el porcentaje de esos vídeos que se completan, descubres que se sitúa en torno al 60 % (incluso en los cursos gratuitos).

Si miras a la gente que ha pagado por un curso, el porcentaje de terminación es mucho más alto, en torno a un 40-50 %. Si echamos un vistazo a esos números en el trabajo, porque tu empresa te ha pedido que hagas un curso determinado, entre un 50 y un 60 % de los empleados lo acaban. Y en los estudiantes de titulaciones de grado [en estas plataformas], esos porcentajes superan el 90 %. Así que realmente depende del motivo por el que el estudiante ha acometido ese aprendizaje, y de si están interesados en completar todo el contenido o no. Muchas personas que se matriculan en un curso solo están interesadas en aprender una parte del contenido.

Nosotros tenemos un nuevo producto, Coursera For Campus, que lanzamos hace un año y que hoy tiene millones de estudiantes. En muchas universidades por todo el mundo, en Latinoamérica, India o Europa, los profesores conceden créditos presenciales si terminas un determinado curso en Coursera. Y los porcentajes de terminación ahí se sitúan alrededor del 95 %. Eso es porque los estudiantes están motivados, porque quieren obtener una buena nota para su grado.

El pasado 12 de marzo, lanzamos también Campus Response Initiative, una versión gratuita de Coursera For Campus para las universidades afectadas por la Covid-19 en cualquier lugar del mundo. Aunque concluyó la semana pasada, su continuación hasta finales de año será oficialmente anunciada la semana que viene. En España se han desarrollado 71 programas en el marco de esta iniciativa, y a nivel global han participado 3.700 universidades. Esto ha beneficiado a 2,3 millones de estudiantes inscritos en 19 millones de cursos (una media de 8 matriculaciones por alumno) que han invertido 42 millones de horas de aprendizaje. Quieren hacerlos porque cuenta para su nota y porque es una forma de obtener créditos para su titulación. Por otro lado, el programa Coursera Together incluye muchos recursos gratuitos para cualquier usuario interesado.

P. La mayoría de los expertos incide en que el mercado laboral demanda profesionales flexibles que se adapten a circunstancias cambiantes, y que la formación continua es esencial. Toda esta formación está al alcance de la mano, pero eso choca con el hecho de que, si no te lo pide tu empleador o tu profesor, la mayoría no termina esos cursos.

R. Cuando llegué a Coursera hace tres años y medio (y esto es cierto para la mayoría de las empresas que ofrecen MOOCs), casi todo lo que ofrecíamos eran cursos directamente a las personas individuales. Y entonces decidimos empezar a ofrecer formaciones a través de instituciones. Por eso tenemos Coursera For Business, donde los empleados hacen cursos que les ofrecen sus empresas con contenidos que quieren que asimilen sus trabajadores; o Coursera For Government, para que los Gobiernos ofrezcan determinadas formaciones a sus empleados y a los trabajadores en paro, para reactivar la fuerza laboral con las habilidades más demandadas para trabajos relacionados con la tecnología de la información, marketing o ciberseguridad, por ejemplo [un catálogo que, desde el 24 de abril, ofrecen a los desempleados gratuitamente].

Ese marco institucional es importante para muchísimas personas. Claramente hay decenas de millones de personas haciendo cursos por su cuenta, pero mucha gente, porque están ocupados y no están seguros de lo que deberían estar aprendiendo, no ve que les compense necesariamente el hacerlos; necesitan ser apoyados y dirigidos por una institución que les diga “esto es lo que queremos que hagas, esto te beneficiará en tu trabajo o en tu educación”.

P. Si muchos de los cursos son gratuitos, ¿qué han aportado realmente esas iniciativas que durante la pandemia han concedido acceso gratuito?

R. El acceso a los cursos y el visionado de los vídeos es gratuito, pero no obtienes un certificado al final, ni tienes acceso a las pruebas de evaluación. Para muchas personas, es importante poder ponerlo luego en LinkedIn y poder demostrar que han aprendido ciertos contenidos, y por eso pagan.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/economia/2020/10/07/actualidad/1602063943_874241.html
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El largo y exigente camino de los dobles grados universitarios

Por: Nacho Meneses

Estudiar una titulación doble ofrece una formación más transversal y mejores perspectivas laborales, pero exige un mayor esfuerzo y más años de estudio

El gancho de estas titulaciones resulta innegable. En su mayoría, combinan disciplinas similares o complementarias para ofrecer una formación más completa y la recompensa de terminar la universidad no con uno, sino con dos títulos oficiales, a cambio de alargar los estudios entre uno y dos años. Un perfil académico especialmente atractivo en un mercado laboral que demanda profesionales cada vez más versátiles. La universidad española parece confirmarlo: en 2018 había 872 títulos de doble grado por 3.008 de grado (un 22,5 % del total), cuando hace seis años eran apenas 345, según datos del Ministerio de Universidades. Pero ¿se trata de una opción válida para todos?

En pocas palabras, no. “Primero, porque alargan la etapa formativa, y eso hay estudiantes que ni se lo plantean, que quieren salir al mercado laboral antes por razones de economía familiar o por preferencia personal, o porque su vocación le lleva a una opción más clásica”, sostiene Víctor Briones, vicerrector de Estudios de la Universidad Complutense de Madrid. Y es que estudiar un doble grado implica no solo un coste económico adicional (solo en matrículas, significa pasar de pagar por 240 créditos a entre 340 y 400), sino también una mayor carga lectiva por curso que exige grandes dosis de compromiso, concentración, motivación, organización y esfuerzo.

Acceder a ellos es ya, en algunos casos, toda una proeza. Un vistazo a las notas de corte más altas de España revela la ubicuidad de algunas dobles titulaciones, que copan muchos de los puestos más altos. Así, el doble grado de Física y Matemáticas de la Universidad Complutense de Madrid exige casi la perfección (13,875 sobre 14), algo más que los títulos homólogos en Zaragoza, Alcalá, Valladolid o Barcelona (y varias más). El de Estudios Internacionales y Derecho de la Universidad Carlos III pedía el año pasado 13,525; el de Informática y Matemáticas de la Complutense, 13,398; y el de Estudios Internacionales y Administración de Empresas en la Carlos III, 13,339. Un fenómeno relacionado no solo con la demanda, sino también con el hecho de que los dobles grados habitualmente ofertan un número reducido de plazas que dificulta aún más el acceso.

Física y Matemáticas en la Complutense tiene, por ejemplo, 30 plazas, “una oferta muy pequeña, porque aumentar el número de plazas en un grado experimental como este es algo muy costoso y muy difícil de llevar a cabo. Y lo mismo sucede con otras como Química y Bioquímica, o Ingeniería Informática y Matemáticas”, explica Briones. Por supuesto, no todos los dobles grados tienen un baremo de acceso tan elevado, y titulaciones más tradicionales y ampliamente ofertadas como Derecho y Administración de Empresas o Derecho y Economía tienen normalmente notas de corte sensiblemente inferiores.

Una mayor empleabilidad

Esa misma sobreexigencia de compromiso hace que se beneficien de un mejor acceso al mercado laboral y de la adquisición de habilidades transversales muy valoradas por los futuros empleadores: “Para cualquier empresa que está seleccionando personal, un doble grado casi siempre se mira con un poco más de atención, porque representa un mayor esfuerzo, sin que eso prejuzgue que sea garantía ninguna”, afirma Briones. “Los dobles grados ofrecen mayor empleabilidad, una visión interdisciplinar más amplia, una mayor integración de conceptos que permite afrontar problemas desde puntos de vista diferentes, y la posibilidad de solucionarlos con mayor creatividad”, esgrime por su parte Eva Icarán, vicerrectora de Profesorado e Investigación de la Universidad Europea. Como muchos de los dobles grados aúnan disciplinas relacionadas, la consecución de estos lleva aparejado el desarrollo de más competencias y un mayor alcance de la actividad profesional.

Es el caso de Fernando Galindo, licenciado en Derecho y Economía en la Universidad Carlos III de Madrid: “Para mí fue una experiencia enriquecedora, porque son dos carreras que se complementan muy bien y te permiten entender muy bien la actualidad. Además, al tener puntos en común, estudiarlas de manera combinada hace que haya materias que resulten mucho más fáciles de comprender”. Para Galindo, hoy director de Comisiones de la Secretaría General del Congreso de los Diputados, se trata de una inversión que merece la pena, “entre otras cosas porque cuando empecé la carrera no sabía a qué me quería dedicar y el doble grado me permitió mantener más puertas abiertas”.

En plena cuarta revolución industrial, la de Internet y las tecnologías de la comunicación (TIC), las titulaciones dobles que incluyen disciplinas STEAM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería, Artes y Matemáticas, por sus siglas en inglés) figuran entre las más buscadas, “pero también en las áreas de Ciencias Biomédicas, gestión empresarial… Y, a futuro, también serán demandados dobles grados donde lo científico y lo técnico se complemente con las humanidades”, apunta Icarán. “Son muchas las voces que hablan de la necesidad de humanizar las carreras técnicas. El desplazamiento laboral ocasionado por la robótica y la digitalización deberá venir acompañado por una transformación de la demanda de profesionales capaces de ofrecer otras competencias, justamente aquellas que diferencian al ser humano de la máquina, y que llegan a donde esta no llega”.

Briones destaca tres grandes grupos entre los dobles grados: “Primero, aquellos con base en el grado de Derecho y otros conocimientos como Criminología, Relaciones Laborales, Ciencias Políticas o Filosofía. Otro grupo tiene que ver con la Administración de Empresas y la Economía, y que se combina con estudios relacionados con las Matemáticas, la Estadística o la Informática; y el tercero es el que tiene que ver con la educación: Pedagogía, Educación Primaria, Maestría…”

Posibles inconvenientes

La principal desventaja de los dobles grados radica, según Briones, en el alargamiento de la etapa de estudiante, lo que retrasa la incorporación al mercado laboral: “Si en muchos países de la Unión Europea se estilan cada vez más grados de tres años, en los dobles grados llegamos a los seis – sin perjuicio de que, luego, puedas hacer un máster, con lo cual nos iríamos hasta los siete u ocho años”, razona el vicerrector de la Complutense. “Y eso hace que lleguen al mercado laboral con una cierta demora con respecto a los estudiantes de un grado sencillo. Aunque entonces lo hagan en una situación de ventaja, porque lo hacen con una doble graduación”.

Otro de los inconvenientes que esgrimen habitualmente los egresados de los dobles grados es la falta de profundidad en uno o en ambos ámbitos de las titulaciones, que en ocasiones priman la cantidad sobre la profundidad. Un aspecto que, para Briones, ha ido solucionándose con el paso del tiempo: “Este era un defecto clásico: dobles titulaciones que provenían de una especie de “corta y pega” un tanto artificioso en ocasiones. Pero ahora las universidades son mucho más cuidadosas, para que las titulaciones dobles estén mucho más equilibradas y que tengan una formación suficiente en ambas disciplinas. Los dobles grados que se ofertan hoy están mucho mejor diseñados, y provienen de una maduración más profunda, por lo que ese inconveniente ya no existe”. Icarán incide en el mismo aspecto: “Hay más integración y sinergias entre asignaturas de títulos afines… Lo que sobra es la redundancia de conocimiento”.

Efectivamente, los centros que ofrecen dobles titulaciones establecen comisiones de estudio conjuntas con otras facultades e incluso universidades, en las que se madura mucho la oferta, a la búsqueda de un factor diferencial y de una calidad que quizá antes no era tan prioritaria como lo es ahora. “De hecho, hay muchos dobles grados que están en extinción y que están siendo sustituidos por nuevos dobles grados, en los cuales, a criterio de las agencias de evaluación, se refuerzan los contenidos para mejorarlos e integrar mejor los conocimientos. En la Complutense hay un cierto número de ellos”, admite Briones. Se trata de una labor conjunta de las agencias de verificación y de las propias universidades, que identifican, una vez puesto en marcha, dónde están las posibles disfunciones.

Cómo elegir un doble grado

La mayor duración de los dobles grados, hasta seis años, hace necesaria una reflexión profunda que nos posibilite saber si en verdad estamos dispuestos a comprometernos por un periodo de tiempo tan prolongado. Pero más allá, los factores a tener en cuenta son similares a los de un grado sencillo, ya sean personales (motivación, expectativas, intereses) o profesionales (empleabilidad, demanda existente, acreditaciones o reconocimientos externos…). Y, por supuesto, elegir la universidad según el programa de estudios, el profesorado y la reputación de la institución. Además, no todas ofertan la misma cantidad de dobles grados, y si en la Complutense, por ejemplo, llegan a la treintena de entre unos 140 grados, en la Universidad Rey Juan Carlos hay 78 por 81 grados sencillos, y en la Universidad Europea se alcanza el 50 % para cada tipo (38).

Aunque la mayoría de estas titulaciones aúnan áreas de conocimiento próximas, también pueden encontrarse combinaciones llamativas por la disparidad de contenidos: Ciencias Ambientales y Geografía, ADE e Ingeniería Informática, Historia y Filología Clásica, Farmacia y Nutrición Humana, Sociología y Experto en Desarrollo… En estos casos, debe tenerse en cuenta que se trata de dobles grados con contenidos muy distintos, por lo que normalmente llevan aparejados una mayor cantidad de créditos.

En algunas universidades, una alternativa a la del doble grado es la de optar por grados transversales que, en el plazo habitual de cuatro años, abarquen diferentes disciplinas: es el caso, por ejemplo, del grado en Filosofía, Política y Economía que ofertan conjuntamente las universidades autónomas de Madrid y Barcelona, la Pompeu Fabra y la Carlos III de Madrid; el grado en Ciencias Experimentales de la Universidad Rey Juan Carlos, que aúna Biología, Geología, Física y Química; o el grado en Gestión de Ciudades Inteligentes y Sostenibles, de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/economia/2020/08/12/actualidad/1597223302_475810.html

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El reto del analfabetismo: Del «cuántos leen» al «cómo leen»

Por: Rogelio Javier Alonso Ruiz

 

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) define como analfabeta a aquella persona de 15 años o más que no sabe leer y escribir un recado. Según la Encuesta Intercensal 2015, el 5.5% de la población mexicana se pudiera considera como analfabeta (INEGI, 2015, p. 32), porcentaje muy inferior al de 1970, cuando 25.8% de la población no sabía leer y escribir. El analfabetismo es una de las expresiones más graves del retraso educativo, pues implica la carencia de habilidades necesarias para ejercer derechos e integrarse al mercado laboral, perpetuando así la ignorancia, la pobreza y la desigualdad social.

La distribución del analfabetismo en nuestro país es desbalanceada. En cuestión de sexo, 6 de cada 10 analfabetas son mujeres. En términos geográficos, en Guerrero, Oaxaca y Chiapas hay una proporción siete veces mayor de analfabetismo que en Ciudad de México; asimismo, la frecuencia de esta condición es cinco veces mayor en localidades rurales (12.9%) que urbanas (2.5%). En relación a los grupos de población, los más afectados son los indígenas (17.8%), las personas con alguna discapacidad (23.8%) o con alta marginación (19.4%) (INEE, 2017b, p.142). Así pues, hablando en términos generales, el rostro del analfabetismo en México podría ser representado por el de una mujer indígena, con algún tipo de discapacidad, originaria de una población rural de alta marginación.

La notable reducción del analfabetismo sin duda está vinculada a la mejora en la escolarización, sobre todo en el nivel primario: de acuerdo al Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica, México (2020) México alcanzó desde 2001 la universalización de la matriculación en la enseñanza primaria (6 a 11 años de edad). De este modo, son casi dos décadas en las que todos los mexicanos acceden al nivel educativo en el que se da, en la mayoría de los casos, el aprendizaje formal de la lectura y la escritura.

De acuerdo a la Encuesta Intercensal 2015 (INEGI, 2015, pp. 32-34), el analfabetismo actualmente es casi inexistente entre la población joven de 15 a 29 años (1.2%), mientras que es mayor su proporción en la población de 60 a 74 años (15.7%) o de 75 años y más (28.5%). Lo anterior hace pensar que, por el simple paso del tiempo, será cada vez más raro encontrar personas que no sepan leer y escribir. De seguir con las tendencias actuales, en una o dos décadas el porcentaje de población alfabetizada podría ser casi o igual al 100%, no obstante que a partir del 96% la Organización de las Naciones Unidas para la Educación la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) considera ya a los países como plenamente alfabetizados. Lo anterior no elimina la responsabilidad del Estado para eliminar los altos índices de analfabetismo en la población de edad más avanzada.

Considerando el avance importante de la alfabetización en México, resulta alarmante la situación de las personas con discapacidad. Si bien en nuestro país el analfabetismo se refugia principalmente en la población de edad más avanzada, esta condición no se cumple con el subgrupo de población mencionado: el analfabetismo es menor entre las personas de 55 a 64 años (15.5%) que los de 15 a 24 años (24.8%) (INEE, 2017b, p. 142). ¿A qué se debe lo anterior: cayó la escolarización de este grupo o simplemente, en los últimos años, se ha hecho más visible su presencia? Sea cual sea la respuesta, el alto índice de analfabetismo es un reflejo de la lamentable tendencia de la escuela mexicana hacia la inequidad y la exclusión de los más desfavorecidos.

Con la inminente erradicación del analfabetismo absoluto, es decir, la simple incapacidad para leer y escribir un recado, se viene un nuevo desafío: tratar de abatir al analfabetismo funcional, o sea, la imposibilidad de utilizar adecuadamente las habilidades de lectura y escritura en situaciones específicas de la vida. Al respecto, la UNESCO ha indicado que “aún en países con tasas de analfabetismo significativamente menores al 10%, existe un elevado porcentaje de personas con muchas limitaciones para manejar los niveles más básicos de interpretación de textos informativos” (2015, p. 4). De este modo, el reto para México es mayúsculo: de acuerdo a la prueba PISA 2015, 39.8% de estudiantes mexicanos se ubicaron en el nivel más bajo, de seis posibles, en cuanto a desempeño en lectura manifestando habilidades elementales que les permiten apenas localizar información explícita en un texto corto o reconocer la idea principal en escritos con contenidos conocidos (INEE, 2015, p. 74).

En la alfabetización son evidentes dos desafíos para el Sistema Educativo Mexicano. Primeramente, integrar a los grupos más marginados para poder darles habilidades tan básicas como la lectura y la escritura; el logro de esto pudiera representar una base mínima para pensar en la escuela como un espacio que promueva la justicia social y que sea palanca del progreso especialmente de los más desfavorecidos. En segundo lugar, se deberá transitar a enfocar los esfuerzos hacia aspectos cualitativos de la alfabetización: logrado el abatimiento del analfabetismo absoluto, se deberá concentrar en el funcional; ya no bastará entonces la mera ampliación de la cobertura educativa, sino que se deberán atender asuntos de corte pedagógico y de las condiciones en las que los alumnos efectúan el aprendizaje. Dicho de otra forma y aludiendo a la definición del INEGI, la meta ya no será únicamente formar alumnos que sean capaces de leer y escribir un recado, sino de emplear estas habilidades de manera exitosa para promover su bienestar. Ya no sólo importará cuántas personas leen, sino cómo leen.

*Rogelio Javier Alonso Ruiz. Profesor colimense. Director de educación primaria (Esc. Prim. Adolfo López Mateos T.M.) y docente de educación superior (Instituto Superior de Educación Normal del Estado de Colima). Licenciado en Educación Primaria y Maestro en Pedagogía.

Twitter: @proferoger85

Facebook: El Profe Rogelio

REFERENCIAS

INEE (2017a). México en PISA 2015. México: autor.

INEE (2017b). Panorama Educativo de México 2016. Indicadores del Sistema Educativo Nacional. Educación Básica y Media Superior. México: autor.

INEGI (2015). Principales resultados de la Encuesta Intercensal 2015: Estados Unidos Mexicanos. México: autor.

UNESCO (2015). Alfabetización y Sociedades Sostenibles: convertir la visión de la alfabetización para 2030 en acción en América Latina y el Caribe. Disponible en: http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/FIELD/Santiago/pdf/Nota-conceptual-alfabetizacion.pdf (Consultado el 16 de julio de 2020).

SNIEG. Tasa neta de matriculación en la enseñanza primaria (6 a 11 años). Disponible en: https://www.snieg.mx/cni/escenario.aspx?idOrden=1.1&ind=1&gen=264&d=n (Consultado el 16 de julio de 2020).

Fuente: http://www.educacionfutura.org/el-reto-del-analfabetismo-del-cuantos-leen-al-como-leen/

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El 77% de las empresas ven desajustes entre mercado laboral y sistema educativo español

Un informe del IESE recoge que el 83% de las compañías tienen dificultades para cubrir puestos. Además detectan carencias en formación y actitud.

Un informe del IESE recoge que el 83% de las compañías tienen dificultades para cubrir puestos. Además detectan carencias en formación y actitud

Los datos del estudio «Las competencias profesionales del futuro: un diagnóstico y un plan de acción para promover el empleo juvenil después de la Covid-19» recogen la visión de las empresas en relación con las competencias profesionales de los jóvenes y sus necesidades futuras.

«Hay una falta de adecuación entre las empresas que quieren contratar a gente joven y la preparación por parte del sistema educativo», ha señalado Jordi Canal, profesor del IESE durante su intervención en la presentación del informe. Esto cobra importancia a la luz de la tasa de desempleo entre la población joven.

Evolución de la tasa de paro juvenil en España

Evolución de la tasa de paro juvenil en España IESE

La brecha de competencias

La encuesta determina que el 83% de las compañías tienen dificultades para cubrir los puestos de trabajo. Las causas apuntan a una serie de carencias tanto de capacidades profesionales como de formación tecnológica.

«Las empresas están cambiando su manera de trabajar. Apuestan por proyectos multidisciplinares», explica María Luisa Blázquez, investigadora del International Center for Competitiveness de IESE.

El proceso de digitalización, que se ha visto potenciado por la crisis del coronavirus, ha supuesto un cambio en los perfiles que demandan las empresas. Según los datos del informe, en esta evolución influyen la revolución digital, necesidades de los clientes, internacionalización y la automatización.

Se trata de un cambio que proseguirá durante los próximos años, ya que la mitad más de la mitad de las compañías encuestadas aseguran que mantendrán sus labores de automatización de procesos. En este sentido, las empresas ven necesarios procesos de reciclaje para sus plantillas.

Esto amplía la brecha de competencias que las empresas vienen observando. El principal conocimiento que las empresas demandan es de tipo tecnológico.

Sin embargo, también detectan carencias en algunas capacidades, como la comunicación, el emprendimiento o el liderazgo. Además, las empresas aseguran no encontrar perfiles con un nivel adecuado de resiliencia, iniciativa y visión de conjunto.

Los centros educativos

Las empresas consideran que son los centros educativos uno de los principales actores que deben implicarse en la resolución de este distanciamiento. Blázquez valora, a la luz de los resultados del informe, que son necesarios más perfiles de STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Así mismo, las encuestas reflejan un menor índice de penetración del mercado laboral de la Formación profesional.

En un entorno que seguirá dando pasos en la digitalización, el consejero delegado de Cellnex, Tobías Martínez, valora que surgirán nuevos puestos de trabajo derivados de la automatización, para los cuales será necesaria «un mayor grado de especialización«.

Tasa de paro según el nivel de estudios

Tasa de paro según el nivel de estudios IESE

«Preocupa la falta que hay en el porcentaje de estudios de FP. Encontramos buena base en la universitaria, pero menor en la de los especialistas», ha señalado Martínez.

Soluciones propuestas

De no corregirse esta brecha, las empresas calculan que de cara a 2023 esta se agrandaría todavía más. A pesar de lo cual, el consejero delegado de Cellnex ha querido subrayar que «lo primero es reconocer que la gente joven sale bien preparada».

Los resultados del informe apuntan a una estrecha colaboración entre los centros educativos y las empresas, así como una mayor implicación por parte de las Administraciones públicas. Blázque ha señalado que se trata de una «responsabilidad compartida en la que se debe buscar un diálogo constructivo».

En este sentido, Martínez apuesta por «avanzar en el desarrollo de perfiles profesionales. Las empresas están haciendo cosas, pero la Administración pública va bastantes etapas por detrás».

Fuente: https://www.elespanol.com/invertia/economia/empleo/20200722/empresas-ven-desajustes-mercado-laboral-sistema-educativo/507199690_0.html

 

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El capitalismo acomoda sus peones ante la crisis sistémica y del trabajo

Por: Eduardo Camin

 

A pesar de las medidas extraordinarias adoptadas en todo el mundo, con frecuencia de una forma que no tiene precedentes, la crisis de la Covid-19 ha repercutido de forma muy adversa en los mercados laborales y obligará a los encargados de la formulación de políticas a afrontar retos políticos de gran alcance.

Un reciente Informe el Observatorio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que los resultados que se logren en el mercado laboral en el resto de 2020, y en años sucesivos, dependerán de las decisiones que adopten, así como de la evolución de la pandemia en el futuro, y podrían repercutir en el mundo del trabajo a largo plazo.Organización Internacional del Trabajo

No todos los países deberán afrontar la misma situación. La gravedad de las dificultades que deban subsanar y los instrumentos y recursos que puedan utilizar al respecto variarán sustancialmente. No obstante, la mayoría de los países tendrán que hacer frente a una serie de dificultades fundamentales, como la armonización de las intervenciones políticas en los planos sanitario, económico y social, a fin de lograr resultados satisfactorios sostenibles para los mercados laborales.

Desde el comienzo de la pandemia ha sido necesario prioriza medidas de contención y erradicación de la propagación del virus y, pese a que ello ha redundado en costos económicos y sociales sustanciales, constituye una condición previa necesaria para impulsar una recuperación sostenible.

Por otro lado, se pide cada vez más a los encargados de la formulación de políticas que establezcan claramente un calendario para la reapertura de los lugares de trabajo y los protocolos sanitarios que deben observarse a tal efecto, y que determinen si se seguirá brindando apoyo a las empresas y a los trabajadores que no pueden retomar su actividad habitual.

La adopción de ese tipo de decisiones es compleja, habida cuenta de los costos que conllevan para los sectores público y privado la prolongación de las restricciones, la inquietud asociada a intervenciones prematuras susceptibles de propiciar una segunda fase de la pandemia y la presión cada vez mayor de la opinión pública.

Por otro lado, la aplicación y el mantenimiento de las intervenciones políticas a la escala necesaria, habida cuenta de que los recursos son cada vez más insuficientes.

El reconocimiento general de la obligación de adoptar «todas las medidas necesarias» para mantener la actividad económica, el empleo, la actividad empresarial y los ingresos a lo largo de la pandemia ha llevado a los gobiernos a fijar objetivos fiscales y monetarios de antemano.

Muchos países tendrán que afrontar un elevado nivel de deuda externa y aplicar medidas políticas monetarias muy restrictivas, aun si la pandemia remitiera en los próximos meses.

Pero los efectos adversos en los mercados de trabajo y la compleja coyuntura económica a escala mundial que se prevé a largo plazo subrayan la necesidad de seguir aplicando políticas que fomenten la recuperación, si bien ello tendrá lugar en condiciones fiscales y monetarias sin precedentes.

Una consolidación fiscal anticipada, como la que siguió a la crisis financiera de 2008-2009, podría conllevar el riesgo de desestabilización de los mercados laborales, ya menoscabados por la covid 19.

La pandemia ha puesto de manifiesto amplias deficiencias y desigualdades en el mundo del trabajo, y las ha acentuado. Las mujeres, los jóvenes y los trabajadores del sector informal, que se encontraban en una situación muy desfavorable antes de que comenzara la crisis, han padecido algunas de sus peores consecuencias.

Por otro lado, ha aumentado la concienciación pública sobre la labor, a menudo compleja e infravalorada, de determinados grupos, en particular los trabajadores de los sectores sanitario y de atención social y los servicios de limpieza, así como los trabajadores domésticos, cuya labor ha sido y sigue siendo primordial para superar la pandemia.

Obviamnte, si no se hace hincapié de forma explícita en la mejora de la situación de los grupos más desfavorecidos y vulnerables, los procesos de recuperación podrían agravar las actuales situaciones de injusticia.

Además, la OIT exhortó al mantenimiento de la solidaridad y del apoyo internacionales, en particular con respecto a los países emergentes y en desarrollo, ya que la respuesta general a la crisis mundial de la Covid-19 se ha caracterizado por una cooperación internacional deficiente: la gran cantidad de recursos utilizados por los países de ingresos elevados para hacer frente a la pandemia no ha estado al alcance de otros países.

Ello ha incidido ampliamente en la capacidad de los países en desarrollo y emergentes para proteger a sus ciudadanos y afrontar la pandemia, lo que a su vez condicionará la evolución de la situación en todos los países en el futuro.

La retórica sobre la necesidad de aplicar medidas de respuesta a escala mundial frente a la crisis de la Covid 19 debe sustituirse por acciones específicas que permitan brindar asistencia a los países que gocen de menor espacio fiscal, en particular mediante la adopción de medidas multilaterales encaminadas a facilitar la financiación y el pago de deuda.

Los debates estériles, una absurdidad dialéctica

La OIT se compromete a promover las cooperativas y la economía ...Es obvio que la preocupación de la OIT, por advertir sobre las consecuencias nefastas de una determinada realidad no es nuevo. Pero son lo que son, recomendaciones. En realidad el debate se sitúa en otro escenario, entre los partidarios del capitalismo que atribuyen la crisis a la mala gestión de banqueros, gobiernos, empresas, o el Covid 19 el cual piensan superar, a cualquier costo y por el otro los opuestos al capitalismo, que vinculan la crisis a su existencia misma.

El sistema capitalista es caótico, y en su seno conlleva una crisis tras otra, que a su vez sólo aparece a los ojos comunes en el instante en que la gran burguesía empieza a hallar dificultades de rentabilidad y por consecuencia se ahonda la contracara natural de la inmensa riqueza que se genera en el sistema, que en el fondo no es otra que las hambrunas, miserias, precariedad y violencia desquiciante.

El mencionado funeral del capitalismo no puede ser otra cosa que el fin de una época, puesto que lo fracasado no es un orden de desarrollo económico o social sino el fin del desarrollo de un orden conocido. Por ello, toda respuesta o sugerencia a la situación por venir al interior del sistema adquiere caracteres absurdos. Encubrir la crisis, y hacerla ver como un episodio externo al sistema es un éxito de los economistas de la burguesía.

Entre sus defensores hay quienes piensan que es la última de las crisis cíclicas del moderno sistema de explotación, que acabará venciéndola y que incluso lo fortalecerá, no obstante, su extrema gravedad, como en 1929, con una refundación del capitalismo para salvarlo de su sepultura.

Otros sostienen que es la crisis integral y final de ese sistema y que el único modo de salir de ella es establecer el modo de producción, no capitalista de desarrollo. Una visión optimista de quienes piensan que este hundimiento del sistema , este fracaso sistémico, acabará con el capitalismo como por arte de magia: se haría pedazos no tanto por una presión subversiva o revolucionaria sino como resultado de la fractura de su propio organismo.

La crisis del capitalismo es integral por abarcar las crisis financiera, la real cíclica, la energética, la del sector alimentario, la ecológica, la de la agresiva política exterior imperialista, la ideológica, la moral, de gobernabilidad, la del consumismo desenfrenado, la de su conomía política, que mezcla neoliberalismo y recetas de Keynes, antes desechadas. Desde que estas crisis se hicieron una sola, querer examinarlas por separado es el más grave error.

El sistema está diseñado para la acumulación de capital, no para la satisfacción de las necesidades de quienes trabajan. La ganancia es el único motor de la actividad económica, por ello al burgués con virus o sin él, le es indiferente invertir en medicinas, drogas o tráfico de seres humanos; es un negocio como cualquier otro.

El proceso de competencia va ahogando a millones de empresas, concentrando y centralizando la producción para aprovechar economías a escala. Esa es la única forma de fructificar los recursos técnicos para aumentar los beneficios, abaratar los salarios e incrementar la tasa de ganancia.

La realidad nos muestra que a medida que se desarrolla el sistema, agudiza todas sus contradicciones y se muestra más reaccionario y salvaje.

El empleo, especie en vías de extinción en el mundo de las promesas

Antes de la pandemia, la comunidad internacional ya se había comprometido a realizar transformaciones de gran alcance en los procesos de desarrollo a escala mundial. Y también en el mundo del trabajo, a través de la adopción de la Agenda 2030 de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible y la Declaración del Centenario de la OIT sobre el futuro del trabajo, respectivamente.

Mientras tanto, la realidad, nos enseña que los trabajadores son echados a la calle por millones, las empresas quiebran por miles, la inflación se dispara y hace imposible la subsistencia. La burguesía con sus órganos propagandísticos se dedica a explicitar subidas y bajadas de la bolsa de valores, lo que muestra la imbecilidad y mistificación ilimitada de ese «análisis».

Tras la superación de la pandemia, en el mundo habrá un mayor nivel de desempleo, desigualdad, pobreza, deuda y frustración política. Ante ello, no queda más que develar la gravedad de la crisis, porqué nos afecta profundamente, entender que no existen salidas capitalistas a la misma.

Y que tampoco hay retorno a la socialdemocracia populista, para salvar un sistema que hace aguas en las crisis ecológicas, energéticas, éticas, alimenticia, cultural, que juntas se arrullan en el cuadro sistémico de la crisis.

Pero por más que le pese a los organismos internacionales plenos de buenas intenciones, no es ni será la burguesía -clase social portadora de la acción de valorización del capital- la que, en su dinámica de acumulación y reproducción de riquezas, favorezca la apertura y creación de espacios.

Por el contrario, frente a las demandas de las clases más oprimidas siempre se ha respondido con violencia y represión. La paradoja es que sin horizonte revolucionario, ¿quien detiene la marcha del capitalismo?.

Fuente e imagen: http://estrategia.la/2020/07/15/el-capitalismo-acomoda-sus-peones-ante-la-crisis-sistemica-y-del-trabajo/

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