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¿Qué es la «ciencia DIY»?

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Surgida de un deseo de aprendizaje para mejoras en el hogar y la curiosidad científica, la Do-it-Yourself science (ciencia DIY) ahora es un vehículo de promoción para la obtención de habilidades.

La práctica de la DIY science o “ciencia DIY” ha tomado relevancia especialmente este último año, ya sea como herramienta educativa ante la contingencia de las clases en línea o como camino a generar soluciones que ayuden a aminorar el impacto de esta crisis sanitaria. Para entender lo que es este concepto, primero tendríamos que explicar qué es el movimiento Do it yourself (DIY por sus siglas en inglés) que se podría traducir como “hazlo tu mismo”.

El término DIY engloba hacer o reparar las cosas uno mismo, desde el hogar. El origen de la tendencia vino desde un deseo e iniciativa de producir mejoras domésticas de una forma independiente, pero de la misma manera, siempre estuvo ligada a la curiosidad científica, la inventividad y la innovación.

Pudiera decirse que la práctica DIY ha sido uno de los vehículos de promoción más exitosos de habilidades básicas para el mantenimiento de la casa y la autosuficiencia, y en tiempos de pandemia ha ofrecido un refugio en el que las personas pueden aprender nuevas actividades, sentirse útiles y mantener aspectos importantes de su salud mental en el proceso. ¿Pero qué genera el movimiento DIY en la comunidad científica y como herramienta educativa?

Startups y la agencia del ejercicio científico

Cuando hablamos de ciencia DIY, hablamos de un proyecto que empieza en una cochera, puede ser una tarea escolar, un proyecto por diversión o el primer intento de crear la computadora Apple. Estas instancias se han extendido a otras áreas relacionadas como la química y la biología. A nivel general, tenemos esta idea de que toda la producción científica debería ser realizada por la academia, esta aseveración no está del todo equivocada, pero tampoco está del todo correcta. El rol de la academia es crucial para validar los esfuerzos científicos y en algunos casos para financiarlos, pero no es indispensable para producirlos en todos los casos. Gran cantidad de proyectos inician en las casas de los participantes y se consolidan a través de un modelo de negocios o lanzamiento a través de una startup.

Tal es el caso de Mycoworks, iniciativa mexicana que trabaja con células mycelium cells para producir desde imitaciones de cuero hasta ladrillos. Otro ejemplo es Curative, que se dedica a producir pruebas para diagnosticar COVID-19 y crear un esquema de fácil accesibilidad a las vacunas. “Es emocionante ver cuánto el sector de producción biológica ha tomado de la cultura de la tecnología. Startups tecnológicas, productores independientes de de videojuegos, y la cultura de Silicon Valley, todos nacidos de los primeros días de hackeo y programación de computadoras”, explica Leigh Nicholson, doctorante en biología celular y reproductiva por la universidad de Sidney en un artículo publicado en el World Economic Forum. Agregando que la producción de ciencia biológica a través del esquema DIY sigue siendo una escena pequeña y controversial, pero que ya ha sido consolidada a través de las startups. Si bien los beneficios de los avances tecnológicos son amplios, ¿cuáles son las implicaciones éticas?

La ética de hacerlo tú mismo

Lo más básico de entender acerca del la ciencia DIY es que no se trata de una ciencia nueva, ni de una estructura de producción científica que va a competir o a destituir a la que se hace en la academias y universidades. Es solamente una manera distinta de acercarse al aprendizaje y el ejercicio de la ciencia. La cuestión aquí es que la flexibilidad de realizar un proyecto científico bajo el esquema DIY debe permitir una dinámica en la que la colaboración, la transparencia, la apertura y el deseo de compartir conocimiento sea el motor principal.

El ejercicio científico independiente intersecta constantemente con los recursos de acceso abierto y la filosofía de la autosuficiencia económica, que habilitan a través del emprendimiento A través de estos dos aspectos la DIY science también ha sido un factor importante en la democratización de la ciencia. Pero lo anterior conlleva pros y contras, la ciencia realizada por individuos no tiene que pasar por los mismos controles e instrumentos de validación como la que se trabaja en instituciones. Si bien esto puede representar un ritmo de trabajo más ágil, y quizás llegar a nuevos conocimientos más rápido, el camino para comprobar y normalizar esos conocimientos, cerciorarse que sean seguros para el público general, es una senda más ardua. Especialmente en el sector de la ciencia biológica.

“Quienes hacen las políticas están conscientes que involucrar a miembros del público en la ejecución de investigación presenta retos éticos que requieren atención”.  En el manuscrito “A Cohort of Pirate Ships: Biomedical Citizen Scientists’ Attitudes Toward Ethical Oversight, las autoras Meredith Trejo, Isabel Canfield, Whitney Bash Brooks, Alex Pearlman y Christi Guerrini explican la intención de las instituciones académicas y científicas de establecer guías y regulaciones que permitan el ejercicio de la ciencia en una forma segura y efectiva. Agregan que los Institutos Nacionales de la Salud en Estados Unidos tienen el objetivo de investigar las implicaciones éticas, sociales y legales de la investigación independiente, y han realizado congresos con ese tema desde el 2015. Esfuerzos de esta naturaleza han contribuido al entendimiento de una perspectiva que favorezca la supervisión ética de actividades independiente de ciencia biomédica, por ejemplo.

Si bien existe un debate entre quienes abogan por políticas de éticas más claras para la ciencia DIY y quienes piensan que reduciría su flexibilidad y capacidad de crear colaboración libre, entre más esta práctica siga incursionando e innovando, más necesario será tener esta conversación y establecer un diálogo entre los productores de ciencia de todos los niveles y las instituciones.
¿Habías oído hablar de la DIY science antes? ¿La has aplicado en tus clases? ¿Qué piensas de las implicaciones éticas del ejercicio de la ciencia fuera de las instituciones? Cuéntanos en los comentarios.

Fuente e Imagen: https://observatorio.tec.mx/edu-news/diy-ciencia

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Las Ciencias Sociales en Venezuela: Lezy Vargas

 

el viernes 26 de marzo de 2021, Luis Bonilla-Molina en el ciclo de entrevistas  sobre las Ciencias Sociales en Lezzy Vargas, Directora del Centro de Estudios de Educación Emancipadora y Pedagogía Crítica (Cepec) de la Universidad Bolivariana de Venezuela, dialoga con Lezzy Vargas, Directora del Centro de Estudios de Educación Emancipadora y Pedagogía Crítica (Cepec) de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Fuente: https://www.youtube.com/watch?v=acGl1u9rCrw

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Perú: El reto de la educación superior es migrar a la enseñanza remota

Ministro de Educación afirma que una real transformación digital implica cambios profundos en el sistema educativo.

El ministro Martín Benavides afirmó que el gran reto de la educación superior es migrar de la enseñanza remota de emergencia a la educación virtual a distancia, y consideró que una real transformación digital implica una serie de cambios profundos en el sistema educativo.
En una ceremonia virtual con motivo del 22° aniversario de la Universidad Católica Santo Toribio de Mogrovejo, con sede en Chiclayo, Benavides dijo que la enseñanza remota de emergencia obedece a una necesidad inmediata de garantizar el servicio educativo en medio de la incertidumbre causada por la crisis sanitaria, que planteó nuevos retos a la educación superior.
Asimismo, señaló que la educación virtual a distancia requiere de un mayor nivel de organización, planificación, interacción y apoyo sostenido a todos los actores, incluso mayor al de entornos de aprendizajes tradicionales.
Benavides indicó que su gestión impulsa la transformación digital de la educación superior, sin que esta pierda las condiciones básicas de calidad logradas, el fortalecimiento de la capacidad institucional de las universidades y el aseguramiento de su infraestructura tecnológica y conectividad.
Internet para universidades públicas 
Al respecto, refirió que se habilitó a las universidades públicas para que contraten el servicio de internet con una inversión de 61 millones de soles, que beneficia a todos los docentes (22,582) y a un 70% de los estudiantes (233,000) y puntualizó que las 51 universidades públicas ya desarrollan sus clases de manera remota.
En esa misma línea, manifestó que para evitar que las dificultades económicas causadas por la pandemia afecten los estudios de muchos jóvenes, el Ministerio de Educación ha otorgado este año 8,000 becas Permanencia, 24,000 becas Continuidad y 10,000 créditos educativos, y subrayó que mientras en el 2019 se otorgaron 12,000 becas, este año hay 40,000 becas disponibles.
Por otra parte, al referirse a los retos pendientes, mencionó que es indfispensable asegurar el acceso inclusivo a la educación superior, pues el Perú tiene una de las tasas más bajas de matrícula en la región y a ella solo acceden 3 de cada 10 egresados de la educación básica.
Benavides también sostuvo que se debe desarrollar un proceso formativo integral para mejorar la relación entre la formación universitaria y el mercado laboral y revertir la situación actual, en la que el 18.5% de personas con educación universitaria se encuentra subempleada, cifra que se eleva a 24.7% en el caso de las personas con educación superior no universitaria.
El ministro de Educación destacó en su exposición que luego de la reforma universitaria desarrollada en los últimos años, el Perú dispone de un sistema universitario que cumple con las condiciones básicas de calidad y con 94 universidades licenciadas, y se ha incrementado notoriamente la producción académica.
Por último, sostuvo que su sector se ha fijado como metas para el 2030 incrementar la producción científica, ubicar a 10 universidades peruanas entre las 1,000 del mundo, asegurar la transitabilidad de las trayectorias educativas y reducir en un 50% la brecha de acceso a la educación superior.

Fuente: https://elperuano.pe/noticia-el-reto-de-educacion-superior-es-migrar-a-ensenanza-remota-105479.aspx

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Álvaro Mombrú: “El aumento del PIB de los países tiene relación con la cantidad de investigadores científicos”

Por la Diaria Educacion

El decano de Química considera que es clave que más jóvenes uruguayos vean en la ciencia “una opción de vida”

Álvaro Mombrú es decano de la Facultad de Química (FQ) de la Universidad de la República (Udelar) desde setiembre del año pasado. A nivel profesional, se define como un químico que trabaja “en la interfaz entre la química y la física de materiales”. También es integrante de la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay y antes fue director del Instituto Polo Tecnológico de Pando (IPTP) y director académico del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba). Entrevistado por la diaria, habló de su inquietud por que más jóvenes elijan alguna de las carreras de la facultad y de sus planes para lograr que más estudiantes sostengan la cursada. Además, planteó la necesidad de que Uruguay aumente su inversión en ciencia y tecnología y de que fortalezca su institucionalidad en la materia.

Al ser electo decano hablaste del bajo ingreso y de una importante desvinculación estudiantil en la FQ. ¿Cómo ha evolucionado esta situación?

Este año la facultad tuvo un incremento de 28% en el número de estudiantes que ingresaron. Nos preocupa promover en los jóvenes el gusto por la química y que la visualicen como una opción de vida. También nos preocupa mucho la retención que quien entra tenga la posibilidad de seguir adelante en sus estudios. Eso pasa en buena medida por la adaptación de los primeros años de la FQ, de las asignaturas físico-matemáticas pero también las químicas que nosotros damos, con las bases que puedan traer los estudiantes previamente. Tratamos de evitar las deserciones y vamos a dar pasos para ofrecer nivelaciones de matemática que le den al estudiante una visión de qué es lo que se visualiza desde la facultad, como los conocimientos y aptitudes que deben tener. Esa idea está planteada, más allá de las actividades de nivelación que ya tenemos. A mediados de la primera década de este siglo, la FQ presentó las primeras experiencias de cursos de nivelación, y nuestra idea es profundizar. Esos cursos se dan en forma previa, a principio de año, son de cuatro semanas y nos gustaría rellenarlos con una experiencia que tuvimos hace años, que consiste en tres meses de enseñanza de la matemática de secundaria desde la perspectiva de lo que nosotros podemos ofrecer y que es de utilidad para avanzar en los estudios.

Esta situación, sumada a cambios en las generaciones de estudiantes más recientes, ¿ha llevado a la necesidad de una revisión de las prácticas de enseñanza?

Estamos por presentar una propuesta de plan piloto de enseñanza diferente dentro de la facultad. Va a ser piloto porque va a ir dirigido a un grupo reducido de estudiantes al que vamos a hacerle un seguimiento a lo largo de su trayectoria. Va a ser una enseñanza acorde a los tiempos en que hoy vivimos, más orientada hacia la búsqueda de soluciones, a que el propio estudiante tenga las herramientas para encontrar los caminos más idóneos para resolver problemas y que lo haga. Y que ese camino tenga otros efectos adicionales, que tienen que ver con habilidades blandas: trabajo en equipo, liderazgo, lo que es más cercano al posterior desarrollo de su actividad profesional. La responsabilidad indica que cuando se hace un cambio tan radical hay que hacerlo en un grupo piloto, pero si vemos que funciona bien, la idea es poder aplicarla luego en forma extendida.

¿Cómo es la realidad de la FQ en materia de investigación?

En las áreas científicas las reglas de juego están fijadas a nivel internacional desde hace décadas y tienen que ver con producción de conocimiento, con la publicación de artículos, con la búsqueda de que sean publicados en las mejores revistas posibles, que obtengan la mayor cantidad de citas posible: que tengan el mejor impacto. Sin embargo, eso está lejos de ser un quietismo, porque las temáticas de investigación están cambiando de forma dramática. La química no es ajena a eso. Existen reglas de juego con un dinamismo muy grande, y hay que tratar de mantenerse vigentes. Para eso hay que ser flexible, tener una capacidad de investigación básica muy importante, que es la que permite poder avanzar hacia temáticas aplicadas desafiantes, como las de hoy en día. En la FQ tratamos de contemplar un balance entre aspectos que parecen contradictorios: lo quieto y establecido con lo dinámico y lo cambiante; lo básico y fundamental con lo aplicado y demandado por la sociedad.

¿Este escenario requiere mayor articulación entre las ciencias naturales y las sociales?

La demanda de la comunidad productiva o de servicios es cada vez más interdisciplinaria. Cuando uno trata de resolver problemáticas hay muchos aspectos que cubrir y no alcanza con aquello a lo que los científicos podamos dar respuesta. También están aquellos que nos puedan orientar desde el área social, desde donde, a su vez, luego se interpreta lo que nosotros obtenemos como producto de nuestra investigación. Desde 2009 la Udelar tiene el Espacio Interdisciplinario; nosotros tuvimos un centro de investigación a nivel de nanotecnología con varios grupos de la Udelar, también apoyados por el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable, en el que la convertíamos en un área interdisciplinaria de trabajo. Hay que integrar todas las posibles aristas de la resolución de un problema, o la respuesta a una pregunta.

¿Cómo analizás la institucionalidad uruguaya en materia de investigación?

Creo que hay que fortalecer y consolidar las estructuras que ya existen, desde el Pedeciba [Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas] hasta la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación. Sobre ellas se debe tratar de avanzar hacia una nueva institucionalidad, como más centros de investigación que en el país se requieren. Es la dinámica internacional, que consiste en fortalecer centros de investigación en áreas estratégicas específicas, en las que los países apuestan, desde el punto de vista de los recursos humanos y materiales, para poder resolver sus problemas y preguntas. También hay que aumentar la diversidad de instituciones. Para ello es necesario incrementar esa institucionalidad y, por qué no, en algún momento ir hacia la creación de un ministerio de ciencia y tecnología.

¿Cómo debería ir acompañado ese fortalecimiento desde el punto de vista presupuestal?

Si pensamos en términos de lo científico-tecnológico, el requerimiento presupuestal es importante. La región en la que nos movemos y el mundo invierten muchísimo en ciencia y tecnología. Está demostrado que el aumento del Producto Interno Bruto de los países tiene relación con la cantidad de investigadores científicos que trabajan en cada país. Es muy importante un refuerzo presupuestal, que puede provenirde recursos del Presupuesto Nacional o de partidas especiales que establezcan que un porcentaje de lo que se obtiene por determinada inversión importante en el país se destine a la ciencia y la tecnología. En cuanto a lo universitario, la Udelar cubre en todo el territorio nacional la enseñanza universitaria en todas las áreas de conocimiento para muchos jóvenes. La Udelar cuenta con más de 120.000 estudiantes y es estratégicamente importante definir un adecuado presupuesto, porque sin duda redundará en lo que va a ser el futuro del país.

Hoy la Udelar tiene un peso de cerca de 80% de la producción científica de todo el país. ¿Eso es un problema o una ventaja para el país?

Es excelente que la Udelar pueda responderle al país con 80% de la investigación científica, que es lo que miran los inversores internacionales a la hora de definir el avance científico y tecnológico de un país: las publicaciones, los desarrollos en propiedad intelectual y patentes. El problema está en ese otro 20% que todos debemos empujar para tratar de que sea mayor. Ese incremento se tiene que dar mediante los derrames que puede generar la Udelar por medio de redes internacionales y de más inversión en ciencia y tecnología. Si el país aumentara su inversión en esa área, no solamente se verían favorecidos los sectores que hoy hacemos investigación, que podríamos hacer esto de forma más avanzada, sino incluso los sectores en los que el estímulo por la investigación científica todavía es incipiente.

En cuanto al vínculo con el sector productivo, ¿el IPTP puede aspirar a convertirse en un modelo para otros centros de producción de conocimiento?

El IPTP tiene la responsabilidad de ser un modelo a replicar en otras áreas de conocimiento, a expandirse en las disciplinas en las que trabaja. Cuenta ya con unos 15 años de funcionamiento y ha demostrado funcionar muy bien a la hora de dar respuestas al sector productivo y de servicios, tanto público como privado, a tal punto que quienes trabajan con el IPTP vuelven a trabajar con el instituto. Es una muestra de que la Udelar es consciente del papel que tiene dentro de la sociedad y busca dar respuestas desde sus áreas más específicas. La producción de conocimiento en química y poder dar las respuestas que el país necesita es una de las marcas distintivas del IPTP. Estoy seguro de que en el futuro va a ser un ejemplo que se replicará en otras áreas de conocimiento.

¿De qué formas se da ese vínculo en el polo?

Ocurren diversas formas de relacionamiento con el sector productivo, que van desde asesoramientos puntuales hasta convenios de largo aliento. Las empresas y los particulares generalmente se acercan al Parque Científico y Tecnológico de Pando, que es el área que trabaja más en promoción de la actividad del polo. Luego, junto con los investigadores del IPTP, tratan de diseñar estrategias, de ver la forma de resolver los planteos. A veces estos coinciden con los que trae quien pide el asesoramiento; otras se encuentra una solución que quizá a la otra persona no se le había ocurrido y se emprende un camino de resolución de problemas a partir de las capacidades tecnológicas de los recursos humanos y del entorno colaborativo que existe en el polo. Esa es la dinámica de trabajo.

Varias instituciones trabajan para lograr una mayor cultura científica en la sociedad uruguaya. ¿Cuál es tu diagnóstico al respecto?

Algunas de esas instituciones son el Pedeciba, la Udelar. Nuestra facultad en particular tiene como cometido que los jóvenes identifiquen en la química una posible forma de trabajo a la que dedicarse a lo largo de la vida. Varios de nosotros estamos citados en torno a una reunión de trabajo, la agenda de ciencia, cultura y sociedad, que lleva adelante el Ministerio de Educación y Cultura. Allí se abordan actividades como la Semana de la Ciencia y la Tecnología, talleres, el desarrollo de ferias científicas. En nuestro caso, tenemos el programa Química d+, que lleva una larga trayectoria por un interés enorme por parte de las instituciones educativas que quieren recibir muestras y exposiciones; tenemos el moleculario que visitan instituciones de la educación media. No la tenemos fácil, porque las áreas científicas y tecnológicas no son de directa apreciación por parte del público en general. Pero cada vez es un poco más sencillo, porque todos estamos tomando conciencia de la importancia del medioambiente, de la salud, de lo clave que es el medicamento en la sociedad, de los alimentos, de la trazabilidad. A medida que la gente va incorporando estos temas, la ciencia y la tecnología no le son tan ajenas. En particular, la importancia de la química: cada vez más, nos llegan noticias sobre implantes, sobre la posibilidad de tener reposición en tejidos de nuestro organismo. En eso hay mucha química aplicada, y es algo en lo que también se trabaja en la FQ.

En síntesis, se trata de que cada vez más personas entiendan de qué forma la ciencia tiene vínculo con su vida cotidiana.

Sí, podemos dar una descripción general de la forma en que la ciencia y la química están en la vida de las personas, a través de aspectos farmacéuticos, alimentarios, de nuevos materiales, de nanotecnología, de biotecnología. Y también hay que entender que mucho de la prosperidad del país está en juego con aspectos relacionados a la ciencia: producción ganadera, agrícola y cuestiones ambientales tienen mucho que ver con el dominio que podamos tener de determinadas situaciones. Para ello, es importante contar con personal técnico o con recursos humanos altamente especializados y con equipamiento suficientemente sofisticado como para poder hacer los diagnósticos que se requieren.

¿Cómo analizás la falta de profesores que se dediquen a la enseñanza de algunas materias, como la física?

Hay áreas científicas en las que es más sencillo sensibilizar, porque uno puede dar ejemplos de la vida diaria que la gente incorpora con bastante facilidad, mientras que hay otros que son más abstractos. En términos generales, si bien nadie duda de su importancia y presencia en la vida cotidiana, en el caso de las áreas físico-matemáticas es más difícil que la población lo perciba. Hay que tratar de estimular a los jóvenes, de demostrarles que un futuro dedicado a la enseñanza de las matemáticas o de la física es válido y es algo realmente atrapante y apasionante, en la medida en que uno va descubriendo la veta de lo que le puede llegar a gustar más. Eso está en los que estamos un poco más veteranos.

¿Cómo entra el componente de género, cuando algunas carreras científicas están muy masculinizadas, pero también hay otras más feminizadas, como es el caso de las que imparte la FQ?

La FQ tiene en el entorno de 70% de matrícula y de docentes mujeres. Sin duda, hay un estigma de género que se promueve desde edades muy tempranas: los varones volcados a áreas más técnicas, la relación con lo mecánico desde niños, la idea de que lo ingenieril es más masculino. Son todas cosas con las que debemos romper. Nos estamos perdiendo científicas, tecnólogas e ingenieras, todas aquellas jóvenes que no optan por estudiar estas carreras, y estamos desperdiciando talento que, lógicamente, están aprovechando otras áreas. Es importante tratar de mostrar que esto se puede hacer para cualquier nivel social, género o edad.

Fuente: https://educacion.ladiaria.com.uy/articulo/2019/8/alvaro-mombru-el-aumento-del-pib-de-los-paises-tiene-relacion-con-la-cantidad-de-investigadores-cientificos/

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La Universidad sufre un recorte de 9.500 millones en ocho años

Europa/España/20 Junio 2019/Fuente:  El país

La crisis no ha terminado para los campus aunque para crecer como país es vital que avancen.

Las universidades públicas catalanas, que ocupan la parte alta en las clasificaciones académicas, han denunciado en un comunicado que su financiación es inferior a la de hace una década, “cosa que es insostenible”, y reclaman una revisión del modelo de financiación. Han perdido 1.023 millones de euros entre 2010 y 2017. Esa llamada de auxilio bien podría repetirse en casi todos los campus, porque el tijeretazo que sufrieron con la crisis está lejos de ser subsanado. En esos ocho años entre los 50 centros han dejado de percibir 9.498 millones, según datos del Ministerio de Educación. De forma que ha pasado de representar el 2,15% del gasto público al 1,6% en ese periodo. Las pensiones tienen cada vez más peso.

“La dinámica de la Universidad es: inversión y luego retorno a la sociedad con la formación de buenos profesionales y científicos”, razona Joaquín Goyache, nuevo rector de la Universidad Complutense de Madrid, la institución más grande de España con 71.000 universitarios. Y enumera: “No queremos regalías, edificios como hoteles de cinco estrellas. Lo que queremos son buenas aulas, buenas condiciones de trabajo, que los equipos de investigación puedan competir y no estén lastrados por la burocracia o tener el personal de administración y servicios bien formado…”.

El mayor recorte fue el de 2014, con 1.732 millones, pero la brecha continúa aunque ahora perciban algo más. En 2017 recibieron 1.279 millones menos que en 2010, el año en el que las Administraciones fueron más generosas. En 2018, idéntico panorama.

La Universidad sufre un recorte de 9.500 millones en ocho años

Las universidades sufrieron un fuerte recorte presupuestario y el ministro José Ignacio Wert (PP) obligó en 2013 a los gobiernos autonómicos a fijar unas tasas de matrícula que cubrieran entre el 15% y el 25% del gasto por alumno, de tal forma que las familias tuvieron que compensar, en parte, esa merma, porque los precios subieron hasta un 47%. De forma que, mientras casi toda Europa afrontó la debacle económica invirtiendo más en sus alumnos —subió un 13% de media—, España fue, tras Irlanda, el país que más recortó por estudiante: un 13% entre 2010 y 2015, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Hace dos semanas, Roberto Fernández Díaz se despidió de la presidencia de la conferencia de rectores (CRUE) recordando que el 95% de los presupuestos de las universidades está comprometido —se va en las nóminas, los recibos y el mantenimiento—, y que apenas queda un 5% para políticas decididas por su gestor. El espacio de actuación es muy bajo.  “Las nóminas van subiendo y ese margen del 5% es cada vez más pequeño. Así no llegamos a renovar los equipos obsoletos y al final se han de tirar”, se lamenta Joan Elias, rector de la Universidad de Barcelona con 63.000 estudiantes y 600.000 metros cuadrados de edificios que cuesta mucho mantener.

“La docencia se ha visto claramente afectada. Los grupos son más grandes de lo debido, porque no podemos contratar al personal necesario para una atención más personalizada”, prosigue Goyache. “Y se recurre a figuras que no son las más adecuadas, porque los profesores asociados no deben cubrir los puestos de catedráticos y profesores titulares”. En la Complutense imparten clase 5.825 profesionales. Ocho de cada diez euros de la Universidad se van en pagarles en España. En Italia o Japón se destina 6 de cada 10.

Producción científica

La ciencia también se ha resentido —en especial la investigación básica, con la que no se obtienen resultados a corto plazo— y ha llevado con éxito a los grupos a buscar financiación internacional, sobre todo de la UE. Entre 2015 y 2019, según datos de la Fundación Conocimiento y Desarrollo (CYD), han aumentado las patentes por profesor (7,49%), los fondos externos de investigación liquidados (4,79%) o las publicaciones por profesor (3,97%) porque los más jóvenes para hacer carrera tienen que investigar, no centrarse solo en la docencia.

“Hay un efecto perverso, porque al salir de la crisis todos los suministros van subiendo. Las empresas se contuvieron aquellos años pensando que no podían jugar al alza, y ahora creen que sí”, sostiene Elias, presidente de la Associació Catalana d’Universitats Públiques (ACUP). “Se ve cuando convocamos un concurso de limpieza o de un suministro. Las empresas creen, con razón, que la economía está mejorando pero no es nuestro caso”. En la Complutense, por ejemplo, quedó desierto el concurso del servicio de limpieza por ser muy bajo el precio de salida.

La Universidad sufre un recorte de 9.500 millones en ocho años

La Autónoma de Barcelona, que ha pasado de limpiar todos los días a hacerlo tres veces a la semana, cerró 2018 con un saldo negativo de 3,2 millones, porque su consejo social no ha querido maquillar la realidad, dice su rectora, Margarita Arboix. Ella calcula que sería necesario un mínimo de cinco millones para mantener los edificios y se financia con dos. La falta de presupuestos autonómicos —prorrogados— impide a la Generalitat inyectar los 72 millones previstos para los campus.

En este escenario de salvar los muebles, piensa Carmen Pérez Esparrells, profesora de Economía de la Educación de la Universidad Autónoma de Madrid, los campus son cortoplacistas y no diseñan estrategias conjuntas de financiación y sinergias, lo que en su opinión pasa factura en los rankings de calidad internacionales. La investigadora sostiene que las autonomías deben recordar que la Universidad es un gran motor de sus economías, pero cree que se deberían buscar otras fuentes de financiación. “Existen muchos mecanismos y fórmulas, y múltiples maneras para conseguir una financiación complementaria (aunque muy marginal al principio) procedente del patrocinio y el mecenazgo”, afirma en un artículo titulado ¡Dejemos de llorar! en Studia XXI. “Pero todas estas”, añade, “pasan por la constancia, la legitimidad, la reputación de la institución y la comunicación de su valor social”.

Fuente: https://elpais.com/sociedad/2019/06/18/actualidad/1560867016_294250.html

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La ciencia necesita tiempo para pensar: el movimiento que quiere acabar con la cultura de “publicar o morir”

Europa/22 Mayo 2019/Fuente: The conversation

El ritmo de la producción científica se ha disparado en las últimas décadas. Algunos estudios recientes estiman que hoy existen unas 30 000 revistas que publican al año más de 2 millones y medio de artículos científicos, con un índice de crecimiento anual de un 5 %.

La presión constante por publicar (el famoso “publica o muere”) fomentada por el exigente sistema de evaluación académico y la mayor competición entre el creciente número de grupos de investigación son algunas de las causas de esta sobreproducción de artículos y revistas. Por otra parte, hay que destacar también la aparición de revistas y congresos “depredadores” con las que algunos investigadores, ávidos por aumentar su número de publicaciones, intentan hinchar sus currículums con contribuciones científicas carentes de rigor y con una escasa revisión por pares.

Oras consecuencias de esta aceleración en la producción científica son el despiece de un mismo estudio científico en el mayor número de artículos posible (“salami slicing”), el plagio y la publicación de resultados difíciles de reproducir o incluso erróneos, muchas veces debidos a la precipitación a la hora de publicar.

Frenar la producción científica

En 2010, la Slow Science Academy de Berlín lanzó un manifiesto a favor de desacelerar este ritmo de producción en la ciencia.

«Decimos sí al flujo constante de publicaciones de revistas de revisión por pares y su impacto; decimos sí a la creciente especialización y diversificación en todas las disciplinas. Sin embargo, mantenemos que esto no puede ser todo. La ciencia necesita tiempo para pensar. La ciencia necesita tiempo para leer y tiempo para fallar. La sociedad debería darles a los científicos el tiempo que necesitan, pero lo que es más importante, los científicos deben tomarse su tiempo».

Al igual que los llamados “movimientos por la calma” Slow Food y Slow Fashion, el Slow Science tiene como objetivo que se valore más la calidad de los artículos científicos que su cantidad, para así promover una investigación mucho más reflexiva y pausada.

Una alternativa a la cultura del “publicar o perecer”

«Solo porque contar el número de publicaciones sea una forma fácil y rápida de evaluar la investigación, no significa que sea una buena forma de medir su calidad. La ciencia es un proceso lento, constante y metódico. No debemos esperar que los científicos proporcionen soluciones rápidas a los problemas de la sociedad».

Son palabras de Uta Frith, profesora emérita en el Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College de Londres y una de las impulsoras del movimiento Slow Science. Cuenta en uno de sus artículos que, al igual que con la producción de alimentos, la lentitud puede ser una virtud.

Se trata de una forma de mejorar la calidad y una alternativa a la cultura predominante del “publica o muere”. Según Frith, “de momento no hay ningún plan a corto plazo, tan solo ir despertando conciencias. Cada vez somos más personas hablando sobre esta idea de manera individual en distintas partes del mundo”.

También en España algunos investigadores son conscientes de la necesidad de ralentizar el frenético ritmo de producción científica.

«Creo que la pertinencia de este movimiento se debe sobre todo a su apuesta por la convivialidad. Tenemos que enlentecer los procedimientos de la investigación para estar seguros de que nos estamos haciendo las mejores preguntas y eso equivale a escuchar a los concernidos e incorporarlos en la tarea del diseño de las preguntas y en la interpretación de las respuestas».

Así explica la importancia del Slow Science Antonio Lafuente, investigador científico del Centro de Ciencias Humanas y Sociales del CSIC y uno de los impulsores del movimiento en España.

En una de sus charlas, Lafuente recuerda la historia de Stefan Grimm, un profesor de toxicología en el Imperial College de Londres que se quitó la vida en 2014 tras recibir un correo electrónico de sus jefes quienes le exigían mejorar sus métricas académicas y obtener más dinero en proyectos de investigación.

Antes de suicidarse, Grimm envió un correo electrónico a sus compañeros universitarios relatando lo ocurrido.

«Mi jefe, el profesor Martin Wilikins, vino a mi oficina y me preguntó cuántas becas tenía. Después de enumerarlas, me dijeron que no era suficiente y que tendría que dejar la universidad dentro de un año como máximo. La realidad es que estos científicos en lo más alto de la jerarquía solo miran las cifras para juzgar a sus colegas, ya sean factores de impacto o ingresos en subvenciones. Después de todo, ¿cómo puedes convencer a tu jefe de que estás trabajando en algo emocionante si ni siquiera asiste a los seminarios regulares del departamento?».

Los científicos deben tomarse su tiempo

«En 1844, Charles Goodyear describió en una patente la preparación de caucho vulcanizado, uno de los materiales que más se producen actualmente en la industria química. Este gran descubrimiento no fue resultado de una inspiración repentina, sino que llegó después de más de 10 años de experimentos repetidos y resultados fallidos».

La historia la cuenta Jean-François Lutz, investigador del CNRS en el Instituto Charles Sadron de Estrasburgo, en la prestigiosa revista Nature Chemistry. En él critica la rapidez con la que se publican muchos artículos en el campo de la química antes de estar suficientemente maduros.

«Seguramente el Manifiesto de Slow Science no consiga un cambio de ritmo en la ciencia contemporánea. Sin embargo, alienta a los científicos a pensar en cómo trabajan y sobre su papel en la sociedad. Por tanto, cada investigador debería dedicar unos minutos a leerlo y luego sacar sus propias conclusiones. Después de todo, tomarse un tiempo para pensar es, en cierta manera, a lo que todos aspiramos».

Fuente: http://theconversation.com/la-ciencia-necesita-tiempo-para-pensar-el-movimiento-que-quiere-acabar-con-la-cultura-de-publicar-o-morir-116367?fbclid=IwAR2NJTYTwUQKMXCO2qym4srqS3hBKwMJn4tdj90nXaZj_rMIMNj6JXodu5M

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