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saharaui Tesh Sidi: «La pobreza no se puede romantizar»

Javier Sánchez Salcedo  entrevista a la informática y activista saharaui Tesh Sidi

«Nací en los campamentos de refugiados saharauis en Tinduf (Argelia), en 1994. Vine a España con siete años. Soy ingeniera informática y me dedico al mundo del big data en temas de banca. He creado y coordino la plataforma digital ­SaharawisToday».

Me gustaría que me hablaras de tu infancia.

Nací en los 90, en unos tiempos muy duros para los refugiados saharauis que acababan de instalarse de manera permanente en los campamentos. No había nada, ni leche para los niños ni agua en casa. Las madres se intercambiaban a los hijos para poder amamantarlos. Cuando nacimos mi hermano mellizo y yo, casi morimos. De hecho, todos acarreamos problemas de salud. Mi madre, que padecía anemia, no tenía recursos. Éramos varios hermanos y no le quedó más remedio que dejarme con mi abuela. Estuve con ella desde los cuatro a los siete años en Mauritania.

¿Te acuerdas bien de lo que viviste esos años?

Siempre digo que los saharauis nacemos mayores. Por las circunstancias, nos educan para resistir y no te puedes quejar. La sociedad y el contexto te obligan a madurar y a crecer rápido. Sí, tengo recuerdos de aquella etapa con mi abuela. Yo era una beduina que solo sabía criar y ordeñar cabras y nunca estaba con niños. Aquellos años viví con adultos y animales. Con solo seis años, sabía hacer las cosas de una mujer mayor. A los siete volví a los campamentos de Tinduf (Argelia), con mi hermano mellizo, mi madre, mi padre y otros seis hermanos. Fue un choque de identidad, tuve que aprender a quererlos, porque esos lazos fraternales no se habían construido antes.

No debió de ser nada fácil

En Mauritania vivía fuera de los sistemas educativo y sanitario. No sabía ni leer ni escribir. Tenía pensamientos y realizaba labores de una persona adulta. Cuando me escolarizaron, tuve que concienciarme de que era una niña, tenía una familia y vivía en sociedad. No puedo romantizar mi historia y decir que tuve una infancia feliz. Es la que me tocó, la infancia de cualquier niño en situación de conflicto. La pobreza no se puede romantizar. Yo no me comí un yogur ni probé el chocolate hasta que vine a España, ni tuve acceso a algo tan básico como la carne. Ahora veo que mis sobrinos tienen eso en el campamento, pero van a sufrir otros problemas: de identidad, el exilio, el conflicto armado… No van a estar exentos de todo eso. La vida en los campamentos no se puede romantizar.

¿Por qué viniste a España?

Vine con casi ocho años a casa de una familia de acogida de Alicante. Si lo de llegar a los campamentos de Mauritania era cambiar de mundo, venir aquí fue cambiar de planeta, de galaxia y de todo. Me daban miedo los edificios porque era incapaz de entender que pudieran ser tan altos. En los campamentos, las casitas de adobe son acordes a tus dimensiones, accesibles a tu altura o a la de un adulto, pero llegué y me encontré edificios muy altos, la gente acelerada, el ruido, los semáforos, todo para «ya»… y, sobre todo, la sensación de que todo el mundo me recriminaba algo: «Siéntate bien», «Come así»… No estaba acostumbrada a tantas demandas sociales, a vivir en un protocolo permanente. En los campamentos, los padres no te dirigen tanto porque ya «eres» un adulto, y cuando vienes aquí ya tienes un pensamiento construido. Vine cinco veranos y luego me quedé con mi familia de acogida desde los 12 a los 18 años. Mi madre española tenía la idea de educarme, pero yo le decía que ya venía educada, y no era un acto de rebeldía, sino la madurez temprana obligada por la situación. Mi familia española lo hizo conmigo lo mejor que pudo, pero no de la mejor forma. Tuve una adolescencia muy dura.

¿Sentías que no encajabas?

Las personas que han emigrado sufren una crisis de identidad muy grande, porque no son ni de aquí ni de allí. La necesidad de encajar en ambos lugares te puede jugar muy malas pasadas. Pasé diez años en los que rechazaba ser saharaui y las desgracias que me habían pasado en la vida.

¿Lo ocultabas?

Exacto. Le decía a la gente que era alicantina y ya está. Pero cuando empecé a leer literatura de referentes africanos, incluidos saharauis, me di cuenta de que tenía pensamientos coloniales heredados, y llegó un momento, con 18 años, en el que vi que aquel no era mi sitio. En mi casa española sentía muchas exigencias sociales y culturales, y tenía que estar constantemente dando las gracias por lo que se me estaba dando, porque yo «venía de un campo de refugiados», algo que me afectaba mucho y sentía como un menosprecio. Por  otra parte tenía a mi familia saharaui, conservadora, musulmana, de las pocas que habían dejado que sus hijas estudiaran en Occidente desde muy pequeñas. Era consciente del miedo de mi madre a que yo no fuera musulmana, ni culturalmente saharaui, ese miedo al qué dirán. Yo sentía presión aquí y presión allí, y decidí romper, ponerme a trabajar y estudiar por mi cuenta, para recuperar mi dignidad y mi libertad como persona. Rompí las relaciones con mi familia biológica y con la de acogida, pero fui libre para empezar a construirme una identidad.

¿Hiciste sola ese proceso? 

Hasta que no entré en el activismo no tuve referentes. Empecé a trabajar de camarera, en tiendas… Estudié Ingeniería Informática en los tiempos de la crisis, y tuve amigos que me ayudaron a pagar la universidad. Acabé la carrera y me vine a Madrid. Era el boom de la informática y encontré trabajo fácilmente. Pedí un préstamo para hacer un máster en big data e inteligencia artificial. Para mí no existen cosas imposibles si te esfuerzas y trabajas. La gente me dice que a mí me han salido bien las cosas, pero yo comía arroz blanco en la universidad, lo mismo que comía en el campamento, porque muchas veces no me daba para comprar ­carne o champú.

¿Cómo llegaste al activismo?

Cuando terminé el máster y había conseguido un buen trabajo, en abril de 2020, explotó la guerra en Sahara Occidental. Yo no sabía nada del conflicto ni de sus causas, pero empecé a ir a manifestaciones y nació en mí una necesidad imperante tanto de ayudar al pueblo saharaui como de recuperar mi identidad. Y cuando vi que la causa saharaui estaba estancada comunicativamente, me planteé ayudar con mis conocimientos en big data y procesamiento de datos en redes sociales. Asumí la presidencia de la Asociación Saharaui en Madrid, hicimos infinidad de cosas y muchos jóvenes saharauis en la diáspora empezaron a organizarse. Pasé a convertirme en una persona muy expuesta, a dar conferencias, me llamaban los políticos… Me parecía que la causa se había convertido en algo muy humanitario pero poco político, e inicié un acercamiento a organizaciones políticas, a medios de comunicación, empecé a llevar a periodistas y políticos a los campamentos… Todo este proceso se ha materializado en SaharawisToday, una plataforma de comunicación digital que he creado junto a mi compañera Itziar.

¿Qué podemos encontrar en SaharawisToday?

Hicimos un análisis sobre qué es lo que le falla a la causa saharaui y vimos que teníamos que ser nosotros mismos, los saharauis, quienes comuniquemos, que no sean los periodistas o los antropólogos los que hablen siempre del pueblo saharaui. En SaharawisToday se habla de migración; de combatir el racismo institucional que sufrimos; de la mujer saharaui, a menudo silenciada; de la responsabilidad de España con sus antiguas colonias o de la responsabilidad de la población de informarse sobre el pasado de su país. Contextualizamos para explicar la relación de Sahara con lo que pasa en Ceuta y Melilla, con las aguas de Canarias o por qué Marruecos bloquea y chantajea a España… Somos 11 personas, saharauis de allí, de aquí y de Francia. Publicamos en francés, árabe, inglés y castellano, y ofrecemos una tribuna de opinión al pueblo saharaui, con toda su diversidad. Tiene cabida todo menos el fascismo y el machismo. Siempre hemos sido un pueblo de transmisión oral, pero tenemos que dejar nuestra historia por escrito. Hay artículos, vídeos, directos, resúmenes de política internacional, análisis… Recogemos todos los eventos de la causa saharaui a nivel mundial e informamos sobre cómo viajar a los campamentos.

Para terminar, ¿crees que habrá referéndum?

Se necesita una presión política muy grande. Creo que el pueblo saharaui tiene que ocupar posiciones de poder. Muchas personas que han emigrado suelen estudiar ciencias sociales y se dedican al ámbito de las oenegés o la cooperación internacional por esa necesidad de «salvar» que tenemos. Pero no pasa nada por estar en la banca o en política. Hay que estar donde se toman las decisiones para poder cambiar las cosas. En el banco en el que trabajo saben que soy saharaui y activista. Los saharauis tienen que intentar ser presidentes de comunidad en sus edificios, diputados, referentes allí donde trabajen. Creo que es complicado el referéndum en los próximos años. Mientras no tengamos un presidente de Gobierno saharaui o migrado no van a cambiar las cosas. Va a llevar tiempo, pero no debemos frustrarnos. Hay que ser optimistas.

CON ELLA

 

«Una amiga fue a Sahara Occidental, a los territorios ocupados por Marruecos, y me trajo arena de allí. Es chocante, y me encanta verlo en todas las generaciones de saharauis: somos capaces de luchar por algo que ni hemos visto y que, probablemente, por ser activista, jamás pueda pisar».

Fuente: https://rebelion.org/la-pobreza-no-se-puede-romantizar/

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Las bibliotecas y su rol de apoyo a refugiados

Por: Sofía García-Bullé

Más de 100 millones de personas en el mundo han sido desplazadas. Las bibliotecas les prestan ayuda.

Actualmente, más de 100 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares alrededor del mundo, según datos proporcionados por el Comité de Rescate Internacional. Esto debido a conflictos bélicos como los que transcurren en Siria, Ucrania, Venezuela, Somalia y otros países. La mayoría de estas personas salen de su lugar de origen con solo lo que pueden cargar, y llegan a una locación de asilo sin información de qué hacer, cómo sobrevivir o validar su condición como refugiados. Aquí es donde las bibliotecas pueden ser un recurso invaluable para estas personas.

En artículos anteriores hemos hablado de cómo las bibliotecas no son solo almacenes de libros, sino cúmulos de conocimiento habilitadas para compartir información, y crear comunidades. En el caso específico de los refugiados, hay mucho que las bibliotecas pueden hacer para ayudar en su búsqueda de asilo. Cuentan con libre acceso a computadoras con WiFi, para informarse sobre los trámites a realizar y mantener comunicación con los organismos de los que dependen esos procesos. Materiales de lectura con información para la búsqueda de asilo en diversos idiomas, personal capacitado para apoyar en la revisión y aprovechamiento de estos recursos y actividades gratuitas para infantes y familias.

Además de esto, muchas bibliotecas también tienen enlaces con servicios educativos, de bienestar y salud. Muy frecuentemente quienes trabajan en estos recintos son locales con conocimiento de información valiosa sobre dónde conseguir ayuda de organizaciones de derechos humanos, donde albergarse, conseguir víveres, etcétera.

Las bibliotecas rodantes en tiempos de refugiados

Además de los recursos para la regularización de la situación política de refugiados, las bibliotecas también puede ofrecer una semblanza de normalidad en tiempos difíciles; especialmente para las infancias. Asistir a uno de estos recintos con regularidad puede ser difícil para personas que están desplazadas en un país extraño, las bibliotecas rodantes brindan un servicio invaluable para las comunidades de refugiados. La biblioteca Echo en Atenas, Grecia, es un ejemplo de los puntos positivos a los que puede llevar el esfuerzo de bibliotecarios que no se limitan a una sola ubicación. Circulan principalmente cerca de campos de refugiados y manejan títulos en árabe, inglés, farsi, francés, griego y más idiomas. Uno de los desafíos más importantes que ha enfrentado el proyecto es el de adaptarse a dar servicio a personas que no tienen domicilio.

“Cambiamos nuestro sistema de préstamos y ya no preguntamos por direcciones, preguntamos donde están acampando”, explicó Kiega Dignan, voluntaria de Echo para The Guardian en 2018. Los organizadores de Echo y otros proyectos similares comparten una filosofía de la democratización del conocimiento y de la lectura como recurso y refugio. Tienen clara la idea de que las bibliotecas, si bien tienen como objetivo primario promover y habilitar la lectura también es su propósito la creación de espacios seguros, de aprendizaje y comunidad. Necesidades básicas para las personas desplazadas.

¿Conoces algún programa o funciones de apoyo a los refugiados en tu biblioteca local? Como bibliotecario, ¿te parece importante la labor de las bibliotecas para el apoyo de refugiados? ¿Te gustaría que tu biblioteca se involucrara más? Cuéntanos en los comentarios.

Fuente de la información e imagen: https://observatorio.tec.mx

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La educación es una carrera de obstáculos para los refugiados sudaneses en el Chad

Ante la afluencia de personas refugiadas de Sudán al este de Chad, ACNUR y sus socios ofrecen apoyo vital para la educación de la niñez refugiada.

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“Hay que escuchar a los niños”: sobre morir en Nicaragua, huir de Siria o volver a Haití

El periodista español Javier Sancho Mas publica Tres niños sin fronteras que vencieron al miedo (Alfaguara), un libro infantil que transmite solidaridad y empatía, pero que en el fondo muestra cómo la belleza sirve para sobrellevar los traumas de la soledad.

Mireya, una niña del pueblo nicaragüense de San Juan del Sur, voló de su habitación del hospital La Mascota, en Managua, para no volver. Ahmed, un niño que huyó de Alepo en la guerra civil siria, recuperó la voz después de haber perdido a su hermano, siempre acompañado de un elefante.

Y Jean François, un niño haitiano que disfrutaba los helados de su madre Madame Sara, la encontró después del terremoto que destruyó el país en 2010, en la imagen de un pájaro típico.

Son «Tres niños sin fronteras que vencieron el miedo» (Alfaguara). Sus historias, entre la realidad y la ficción, componen el primer libro infantil del periodista español Javier Sancho Mas (Huelva, 1973), que lo escribió a partir de su trabajo en Médicos sin Fronteras, junto a la ilustradora Blanca Millán, también española.

El autor, que viajó por medio mundo trabajando en la organización de 2003 a 2012, no revela que Mireya murió de un cáncer mientras alzaba los brazos para librarse del dolor, como le había sugerido su madre para consolarla. Tampoco que el hermano y el padre de Ahmed habían sido degollados, o que el barrio en el que vivían Jean François y Madame Sara es uno de los más pobres de Puerto Príncipe.

El libro mezcla periodismo, ficción y docencia, a los que se ha dedicado Sancho Mas. Vivió en los años 1990 en Nicaragua, donde les contaba historias a los niños del colegio en el que daba clase. Mantiene vínculos que no estrecha desde su última visita al país, en diciembre de 2018. No conoció a Mireya, la “niña cometa”, pero sí a la médica Araica Pérez, que la había atendido a principios de siglo, hasta que murió jugando “aliada de la imaginación”.

Esa muerte, lamenta el autor, fue la que se escucha en El Niágara en bicicleta, la canción de Juan Luis Guerra sobre la precariedad en muchos hospitales dominicanos, o latinoamericanos. La morfina que apaciguaba a Mireya se había terminado en las venas del familiar de un político, mientras su madre solo podía encomendarla a “Papachú”, el Jesús del Rescate para los católicos nicaragüenses.

Las culturas en Siria y Haití son distintas, pero también las une la realidad y la ficción. Sancho Mas conoció a Jean François, quien había estudiado Medicina en Costa Rica gracias a uno de los muchos forasteros que su madre acogía de buena fe. Ya como doctor Saint-Sauveur en Médicos sin Fronteras, volvió a Haití tras el terremoto. Bajo los escombros habían quedado muchas “Madan Sara”, nombre común de las vendedoras informales, y niños como el que le dio la foto del pájaro del mismo nombre, que se volvería la única imagen que conservaría de su madre.

El “elefante errante” de Ahmed, una figura pequeña pero también un amigo imaginario que le había regalado su hermano Ibrahim, sí fue un recurso literario. El autor lo recuerda de las historias que su madre le contaba, y la plasmó en las que el niño escuchaba de la suya sobre cómo una manada de elefantes ayudaba a unos pescadores a desencallar su barco. Ahmed trazó el contorno del elefante junto con su casa y una serie de “lágrimas negras que salían del cielo”, como llama Sancho Mas a las bombas que vio en dibujos de niños sobre la guerra en Siria o Colombia.

Para él fue un reto exponer “sin ser explícito, pero sin ocultar”, situaciones donde la condición humana llega a su máxima fragilidad o tensión. No busca transmitir valores, pero compara ese cruce inevitable con el del pésame: acompañar a otra persona en su momento más duro.

“Todos vamos sumando huequitos de soledad que las palabras no llenan, pero en los niños he visto una fortaleza que nace de la imaginación”, como comentó con la enfermera Miriam Alía, que atendió a Ahmed.

La soledad, el otro gran tema del libro junto a la belleza y el miedo, es “difícil de entender”.

“No sabemos lidiarla ni sabemos enseñar a lidiarla”, insiste Sancho Mas. Por su trabajo en Médicos sin Fronteras, que le dio acceso a personas y lugares al alcance de pocos ajenos a ellos, y el posterior como periodista independiente, ha visto cómo “los flujos migratorios están cada vez más llenos de niños”.

Sus historias y maneras de afrontarlas “son distintas”. “La resiliencia, que decimos hoy”, por la que después de tanto escribir para adultos dice que “hay que escuchar a los niños”.

Fuente: https://www.vozdeamerica.com/a/hay-que-escuchar-a-los-menors-sobre-morir-en-nicaragua-huir-de-siria-o-volver-a-haiti/6634521.html

 

 

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El Premio UNESCO para la Utilización de las TIC en la Educación recompensa proyectos en la India y en Tanzania que garantizan la continuidad del aprendizaje

El Premio UNESCO-Rey Hamad Bin Isa Al-Khalifa 2021 para la Utilización de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la Educación se otorgó al programa “Iniciativas para una educación inclusiva y accesible durante la pandemia de COVID-19”, llevado a cabo por el Instituto Central de Tecnologías Educativas (CIET) del Consejo Nacional de Investigación y Formación Educativa de la India, y al “Programa Educativo Digital”, ejecutado por Ubongo, en la República Unida de Tanzania. Cada uno de los galardonados recibirá 25.000 dólares estadounidenses como recompensa por la utilización creativa de las tecnologías con miras a desarrollar sistemas de aprendizaje inclusivos y resilientes ante las crisis.

Se hizo entrega del Premio a los galardonados durante una ceremonia que tuvo lugar el 24 de junio en la Sede de la UNESCO, así como a los cuatro galardonados de las ediciones de 2019 y 2020.

La edición de 2021 está dedicada a un tema cuya importancia puso de manifiesto la pandemia de COVID-19. Premia a los proyectos que han utilizado la tecnología para poner en marcha programas pedagógicos que garantizan eficazmente la continuidad y la calidad del aprendizaje durante las perturbaciones de la educación.

El Jurado Internacional examinó 111 candidaturas presentadas por 58 Estados Miembros de la UNESCO y ocho ONG que mantienen relaciones oficiales con la Organización, y recomendó estos dos proyectos para recompensar los resultados obtenidos en cuanto a la utilización de las tecnologías al servicio de la educación mediante la adopción de diversas soluciones digitales, el suministro de contenidos adaptables y de alta calidad, y la posibilidad de llegar a una gran cantidad de alumnos, especialmente de las comunidades desfavorecidas.

El Instituto Central de Tecnologías Educativas (CIET) del Consejo Nacional de Investigación y Formación Educativa de la India ha reforzado una serie de programas durante la pandemia de COVID-19 para garantizar la continuidad y la calidad del aprendizaje, algo que ha beneficiado a más de 1,5 millones de escuelas, 240 millones de estudiantes y 8,5 millones de docentes. Los programas de aprendizaje digital se hicieron accesibles a través de diversos medios de comunicación, como la televisión y la radio, y plataformas en línea para estudiantes, profesores y administradores educativos. Las iniciativas permitieron un aprendizaje flexible y personalizado, que tuvo en cuenta las necesidades especiales de los alumnos con discapacidades y de los estudiantes de las regiones rurales de la India.

El programa pedagógico digital de Ubongo, presentado en Tanzania en 2014, ha difundido más de 300 archivos de televisión y radio en ocho idiomas locales en 18 países del África subsahariana, con el objetivo de proporcionar un aprendizaje eficaz y adaptado a los niños en edad escolar y a sus padres sacando provecho del poder de las tecnologías y el entretenimiento. Ubongo es una de las iniciativas de entretenimiento educativo más importantes en África, que desarrolla, adapta y distribuye nuevos contenidos con miras a hacer frente a las perturbaciones de la educación y garantizar el aprendizaje en casa y una enseñanza adaptada a cada contexto, por ejemplo, para los refugiados y los niños que se recuperan de traumas.

Creado en 2005 con el apoyo del Reino de Bahrein, el Premio recompensa cada año a personas y organizaciones que mejoran la enseñanza, el aprendizaje y el rendimiento escolar en general.

Fuente: https://www.unesco.org/es/articles/el-premio-unesco-para-la-utilizacion-de-las-tic-en-la-educacion-recompensa-proyectos-en-la-india-y

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¿Cuántos migrantes venezolanos hay en América Latina? Mira el mapa

8.000%. Esa es la cifra en que aumentó el número de venezolanos que solicitaron refugio en todo el planeta desde 2014, según la Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR. Siete años en que el éxodo de migrantes venezolanos ha pasado de ser un fenómeno de ese país a una realidad en toda la región que ha llevado a foros internacionales y ha moldeado en algunos casos políticas públicas de otras naciones.

La peregrinación de migrantes venezolanos a través de Colombia —muchos de ellos caminando— hacia otros países del continente (como Perú, Ecuador y Chile) y la llegada de muchos otros a sitios más lejanos como Estados Unidos y España es un cuadro común. No obstante, como señala la ACNUR, cientos miles de ellos no tienen documentación ni permiso de permanencia en país alguno de la región, lo que les limita el acceso a derechos y servicios básicos. Todo esto propicia casos de xenofobia, tráfico de personas y explotación laboral, además de violencia y abuso sexual.

En total, hasta noviembre de 2021, había 4,99 millones de venezolanos refugiados y migrantes en América Latina y el Caribe y 6,04 millones el todo el mundo, según cifras de R4V, la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (establecida por la ONU y la OIM), números que la ACNUR usa en sus reportes.

En América Latina y el Caribe, los venezolanos están distribuidos así (cifras aproximadas hasta noviembre de 2021):

 

 

Colombia: 1,84 millones

Perú: 1,29 millones

Ecuador: 508.900

Chile: 448.100 Chile

Brasil: 261.400

Argentina: 173.200

Panamá: 121.600

República Dominicana: 115.300

México: 83.000

Costa Rica: 29.900

Trinidad y Tobago: 28.500

Guyana 24.500

Aruba: 17.000

Curaçao: 14.200

Uruguay: 15.700

Bolivia: 11.700

Paraguay: 5.640

Fuente: https://cnnespanol.cnn.com/2021/12/22/migrantes-venezolanos-america-latina-mapa-cifra-orix/

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Kenia: se necesitan soluciones urgentes ante el inminente cierre de los campos de refugiados

La asistencia humanitaria en Dadaab es cada vez menor y los refugiados somalíes tienen muy pocas opciones para llevar una vida segura y digna

Ginebra/Nairobi, 14 de diciembre de 2021.- poco más de seis meses de la fecha límite anunciada para cerrar los campos de refugiados en Kenia, aumenta la urgencia para encontrar soluciones sostenibles para las personas refugiadas en los campos de Dadaab, que corren el riesgo de verse privadas de la poca asistencia que reciben actualmente.

Fotografías de Dadaab para medios

Videocomunicado con totales en inglés y somalí

“El cierre planificado de los campos en junio de 2022 debería ser una oportunidad para acelerar el proceso de encontrar soluciones duraderas para las personas refugiadas”, asevera Dana Krause, coordinadora general de MSF en Kenia. “En la actualidad, la mayoría de somalíes refugiados en Dadaab –muchos de los cuales han estado atrapados en los campos durante tres décadas– se enfrentan a una asistencia humanitaria cada vez menor y opciones limitadas de llevar una vida segura y digna”.

En un nuevo informe realizado por MSF, la organización apela a Kenia y a sus socios internacionales a cumplir los compromisos asumidos en el Pacto Mundial sobre Refugiados en 2018, permitiendo que las personas refugiadas somalíes se integren en la sociedad de Kenia o sean reasentadas en el extranjero.

Resumen ejecutivo: «En busca de dignidad. Los refugiados en Kenia enfrentan un difícil dilema». En inglésReport MSF. In search of dignity. Executive summary.pdf – 1 MBInforme completo: «En busca de dignidad. Los refugiados en Kenia enfrentan un difícil dilema». En inglésReport MSF. In search of dignity.pdf – 6 MB

El informe hace hincapié en que el número de personas refugiadas que regresan voluntariamente de Kenia a Somalia ha disminuido drásticamente en los últimos tres años –de más de 7.500 en 2018 a menos de 200 en 2020–, de acuerdo con el ACNUR, y coincidiendo con el aumento de la violencia, el desplazamiento y la sequía en Somalia. Mientras tanto, las ofertas de reasentamiento de los países desarrollados se han agotado en gran medida, dejando a los refugiados con pocas opciones más que quedarse en Kenia, donde tienen derechos limitados. En la actualidad, a las personas refugiadas en Dadaab se les prohíbe trabajar, viajar o estudiar fuera de los campos.

La reciente promulgación de la ley de refugiados en Kenia podría brindar la oportunidad de una mayor integración a las personas refugiadas dentro de Kenia, pero esto depende de que se implemente de manera amplia para incluir a todos los refugiados, incluyendo a los somalíes.

Lo que más tememos es que cerrar los campos sin ofrecer una solución a las personas refugiadas podría resultar en un desastre humanitario
Joroen Matthys, coordinador de proyecto de MSF en Dagahaley

Kenia tiene ahora una elección simple: dejar que los refugiados caigan aún más en la precariedad o defender sus derechos ofreciéndoles la oportunidad de estudiar, trabajar y moverse libremente,” dice Krause. “Los países donantes deben compartir esta responsabilidad aumentando la asistencia para el desarrollo a Kenia, garantizando que las personas refugiadas tengan acceso a los servicios públicos”.

El plan de cierre de los campos ya ha hecho que la asistencia humanitaria se desplome, y el Programa Mundial de Alimentos advirtió el pasado septiembre que podría verse obligado a dejar de distribuir raciones de alimentos por completo a finales de este año si no llega más financiación.

Lo que más tememos es que cerrar los campos sin ofrecer una solución a las personas refugiadas podría resultar en un desastre humanitario”, afirma Joroen Matthys, coordinador de proyecto de MSF en Dagahaley, uno de los tres campos que componen Dadaab. “Es vital que las personas refugiadas tengan acceso interrumpido a la asistencia humanitaria durante todo el proceso de cierre del campo y hasta que tengan la certeza sobre su futuro y puedan volverse autosuficientes”.

“Incluso cuando los países ricos han incumplido los derechos de los refugiados, Kenia ha mostrado su generosidad al acoger a cientos de miles de personas refugiadas durante años,” dice Krause. “Este año se conmemora el 70 aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados. Kenia debería aprovechar esta oportunidad para cambiar de rumbo y encontrar soluciones duraderas que pongan en el centro los intereses de las personas refugiadas”.

Silvia Fernández. Press Officer, MSF España

Fuente: https://rebelion.org/kenia-se-necesitan-soluciones-urgentes-ante-el-inminente-cierre-de-los-campos-de-refugiados/

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