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Poderoso terremoto de magnitud 6,8 sacude Marruecos y deja más de 800 muertos

Al menos 820 personas murieron y otras 672 resultaron heridas tras el terremoto, informó el canal de televisión estatal Al-Aoula, citando al Ministerio del Interior, en una actualización de las cifras el sábado.

marruecos

Daños tras el terremoto en Marruecos. (Crédito: Al-Aoula)

El Ministerio del Interior de Marruecos instó a la gente a mantener la calma y «evitar el pánico», dijo en un breve discurso Rashid Al-Khalfi, secretario General de Asuntos Internos de la cartera.

Al-Khalfi dijo en el discurso transmitido por los medios estatales del país que el gobierno ya ha activado todos los recursos disponibles para hacer frente a esta tragedia.

El Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS, por sus siglas en inglés) dijo que se trata del sismo más fuerte que ha afectado el área en más de 120 años.

El foco sísmico estuvo localizado a 18,5 kilómetros de profundidad, relativamente superficial, y el epicentro se ubicó a 56,2 kilómetros al este de Oukaïmedene, en la región de Marrakesh-Safi, y a 48,4 kilómetros al noreste de Marrakesh, en la misma región, indicó el USGS.

Terremoto en Marruecos.

Terremoto en Marruecos.

«Los terremotos de esta magnitud en la región son poco comunes, pero no inesperados. Desde 1900, no ha habido terremotos M6 (magnitud 6) ni mayores dentro de los 500 kilómetros de este terremoto, y sólo 9 terremotos M5 (magnitud 5) y mayores”, dijo la entidad.

El USGS también anticipó que «es probable que se produzcan daños importantes y que el desastre sea potencialmente generalizado», al destacar que muchas personas de la zona residen en estructuras que son «altamente vulnerables a los terremotos».

Edificios derrumbados

La televisión estatal Al-Aoula mostró varios edificios derrumbados cerca del epicentro del sismo.

En Marrakech, algunas casas en la atestada ciudad vieja se derrumbaron y las personas movían los escombros con sus propias manos mientras esperaban equipos especializados, dijo la residente local Id Waaziz Hassan a la agencia de noticias Reuters.

Otro residente de Marrakech, Brahim Himmi, dijo a Reuters que vio ambulancias saliendo del casco antiguo y que muchas fachadas de edificios resultaron con daños. Dijo que la gente estaba asustada y permanecía afuera en caso de otro sismo.

Los movimientos también se sintieron en la capital, Rabat, a unos 350 kilómetros al norte de las montañas del Alto Atlas, dijo Reuters citando a testigos presenciales.

Alertan sobre posibles réplicas

(Crédito: Al-Aoula)

Alertan sobre posibles réplicas

Un experto declaró a CNN que espera múltiples réplicas fuertes dada la intensidad del terremoto.

Jonathan Stewart, profesor de Ingeniería Civil y Medioambiental de la Universidad de California en Los Ángeles, dijo que esperaba que la magnitud de estas réplicas estuviera en el entorno de 5.

Otra posibilidad, aunque muy remota, era que el temblor del viernes por la noche fuera precursor de un sismo aún más fuerte, dijo.

Stewart señaló que, aunque el sismo fue 30 veces más débil que el de magnitud 7,8 que sacudió Turquía a principios de año, liberó «una tremenda cantidad de energía» y probablemente causó daños considerables.

Dijo que el epicentro del terremoto de Marruecos estaba en una región de la placa media, lo que es relativamente inusual para un temblor importante.

Para las estructuras vulnerables, como las de mampostería no reforzada y las de hormigón no dentado, «podemos esperar daños importantes», señaló.

Fuente: https://cnnespanol.cnn.com/2023/09/09/terremoto-magnitud-68-sacudio-marruecos-trax/

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La cifra de muertos por los terremotos en Turquía y Siria sobrepasa los 21.000

El sismo fue el más letal en la región desde 1939.

El número de personas fallecidas por los terremotos que el lunes sacudieron la zona centro-sur de Turquía y el norte de Siria llegaron a 21.051. La última actualización del Gobierno turco sitúa el número de fallecidos en 17.674 y el de heridos en más de 72.000. En Siria, las víctimas mortales son 3.377, de ellas 2.030 en las zonas del noroeste del país controladas por los rebeldes que están en guerra con el gobierno central de Damasco. Aunque hay más de 100.000 miembros de equipos de salvamento y del Ejército movilizados para rescatar a los supervivientes, el tiempo invernal y la amplitud de la zona afectada complican los trabajos y la esperanza de que todavía puedan rescatarse personas con vida es prácticamente nula, por lo que se espera que el número de fallecidos se incremente sensiblemente, porque muchos de los heridos están en estado grave.

Estas cifras ya superan las registradas en el terremoto de 1999 que tuvo como epicentro el mar de Mármara, en el que murieron más de 17.000 personas, 1.000 de ellas en Estambul, por lo que el actual es el sismo más letal en décadas, superado únicamente por el ocurrido en 1939 en la ciudad de Erzincan, en el este del país, en el que perdieron la vida 39.000 personas.

En un discurso que dio en el Parlamento turco consignado por la agencia oficial de noticias Anadolu, el vicepresidente del país, Fuat Oktay, especificó que “el terremoto afectó a un área de unos 110.000 kilómetros cuadrados, lo que es igual o mayor al área de muchos países en Europa”. Okyat dijo que los sismos del lunes fueron los más grandes en la zona en los últimos 2000 años, desde el terremoto de 1668 que ocurrió en la zona de Anatolia Oriental y el de Erzincan en 1939.

La situación en la zona sigue siendo dramática para los familiares de las víctimas, los sobrevivientes y particularmente dura en Siria, dónde millones de personas ya estaban atravesando durísimos momentos por la guerra que asola a la nación árabe desde 2011.

En este contexto de acuerdo a lo que informaron agencias internacionales, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el etíope Tedros Adhanom Ghebreyesus anunció este jueves que viajará rumbo a Siria.

“Voy camino a Siria, donde la OMS apoya los cuidados esenciales de salud en las zonas afectadas por el reciente sismo, apoyándose en nuestro trabajo realizado desde hace tiempo en el país”, escribió Tedros en su cuenta de Twitter.

Paralelamente la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció que el secretario general adjunto de asuntos humanitarios y coordinador de los servicios de urgencia de la entidad, Martin Griffiths, iría este fin de semana a las zonas afectadas en Turquía y Siria.

Griffiths irá a Gaziantep, en el sur de Turquía, y a Alepo, noroeste de Siria. También se informó que el funcionario viajará a la capital siria, Damasco, donde se reunirá con altas autoridades del país. El principal objetivo de Griffiths será comprobar la situación y evaluar la forma en la que la ONU puede colaborar. El propio secretario general de la entidad, el portugués Antonio Guterres expresó en un comunicado la importancia de garantizar el acceso humanitario a través de las carreteras que quedaron notablemente dañadas, así como aumentar el apoyo al fondo humanitario y al fondo transfronterizo de Siria.

“Son las mejores opciones para permitir que la ONU y sus socios humanitarios respondan rápidamente a las personas necesitadas (…) A principios de la semana que viene, lanzaremos un llamamiento urgente para el apoyo de los donantes a los afectados por el terremoto en Siria”, expresó Guterres.

Fuente: https://ladiaria.com.uy/mundo/articulo/2023/2/la-cifra-de-muertos-por-los-terremotos-en-turquia-y-siria-sobrepasa-los-21000/

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Opinión | Reacciones humanas ante el dolor colectivo

Por: Andrés García Barrios

¿Por qué el dolor comunitario tiene una estrecha relación con lo educativo? Descúbrelo en esta reflexión que Andrés García Barrios hace sobre nuestras reacciones ante el dolor colectivo.

Desde hace unos años, mi tema como ensayista es la educación. Atento a ésta, he estudiado y reflexionado sobre la mejor forma de describir su esencia y sobre la multiplicidad de asuntos y públicos que le atañen; confieso que en cuanto a la primera, la esencia, en vez de que el estudio me la haya dejado más clara, ha hecho que por el contrario me parezca más y más volátil e incluso múltiple, como una perfumería donde todo tipo de esencias se confunden. Por ejemplo, recientemente me he venido a enterar de que ciertas definiciones de «educación» consideran a ésta como la institucionalización del aprendizaje, cuando para mi es casi exactamente lo contrario, es decir, que la educación es el menos institucional de los intercambios, que es algo así como el medio que tiene todo tipo de seres vivos de encaminar a sus descendientes y semejantes hacia su preservación brindándoles recursos que puedan aprender a emplear para su florecimiento. Hoy mismo buscaba en internet si existían bacterias que educaran a otras bacterias.

En el fondo, no es que yo esté tan perdido. La verdad ―y de esto también he venido a enterarme― las palabras que frecuentamos en nuestra disciplina (educar, educación, aprender, aprendizaje…) pueden significar muchas cosas diferentes en los distintos idiomas y países. Y en un mundo como el nuestro, donde todos los temas cruciales son mundiales y la semántica tiene más trabajo que nunca, no es extraño que uno se encuentre mil alternativas de significado en los objetos, conceptos y términos (mucho menos si se trata de un tema como la educación, de por sí tan amplio).

Podría extenderme en este asunto (y hablar por ejemplo de cómo, para colmo, desde hace unas décadas la academia revisa el hecho de que los seres humanos no dejamos nunca de aprender, y ha implicado en ello otros mil términos ―aprendizaje permanente, recurrente, continuo, para toda la vida―, introduciendo en la discusión si este tipo de aprendizaje debe quedar o no en manos de las instituciones educativas)… Podría extenderme, digo, pero en realidad mi intención es concentrarme en otro asunto.

Como escritor/ensayista interesado siempre en compartir lo que me viene a la cabeza, he ido por la vida con mi acepción de «educación» en las manos, como si se tratara de la bolsa de un coleccionista, atento a todo lo que pueda caber en ella y viendo cómo tiene la cualidad de crecer conforme se nutre. Pero no sólo eso; para mi desgracia, me voy dando cuenta también de que, mientras más crece, más cosas de las que pasan a mi alrededor tienen que ver con ella, y me hace temer que pronto el mundo entero cabrá dentro. Seguramente es mi mente la que asocia todo con el concepto educación, que cada día parece más un saco de vagabundo… y sin embargo, créanme que es difícil evitarlo.

Y así llego a lo que quería. Hace sólo unos días escribí un artículo para este Observatorio, seguro de que cada una de sus líneas tenían que ver con el tema educativo. Su tema era el dolor que vive un colectivo ante una catástrofe común, y mientras escribía me imaginaba aportando información importante al mundo de la educación al describir las reacciones que podemos tener los seres humanos frente a ese tipo de sufrimiento. El dolor comunitario me parecía un tema tan contundente que su relación con lo educativo se me figuraba inmediata y trasparente.

Lo envié a mi editora, y pasados unos días ella me respondió que la reflexión le gustaba pero que no encontraba (al menos no clara) la relación con nuestro tema. Le prometí revisarlo e intentar acentuar esa asociación, seguro de que sólo sería cosa de hacer explícito algo que estaba ahí y que yo había mantenido tras bambalinas. Pero lo leí y en efecto ―como si se hubiera tratado de un espejismo― no encontré nada que pudiera asociarse directamente con el hecho educativo, a menos que todos (incluidos mis lectores) hubiéramos ya asumido que éste guarda relación con todo, todo, todo lo que pasa en el mundo. Parecía que lo único que me quedaba era aceptar que no soy un Midas pedagógico capaz de convertir en educación todo lo que toca.

Sin embargo, antes de desechar lo escrito, pensé que una tercera opción era explicar lo anterior a mi público y poner a su consideración el texto, con la esperanza de que gracias a esta aclaración algunos pudieran entrever en él la significación oculta que asocia la educación con nuestras reacciones ante el dolor colectivo.

Si la mayoría de los lectores tiene la amabilidad de descubrir ese significado, prometo que mi próxima entrega tratará sobre la relación que guarda la educación con el giro de las perillas en las puertas de los consultorios médicos (esto es un chiste).

El texto en cuestión es el siguiente:

Reacciones humanas ante el dolor colectivo

Expresión

En 1985, cuando ocurrió el terremoto de septiembre, yo vivía en la Ciudad de México y coordinaba un taller de actuación teatral para jóvenes de mi edad. Las cinco o seis personas que lo integrábamos estuvimos de inmediato de acuerdo en crear una obra de teatro acerca de la tragedia. Nos dijimos que nuestra labor como artistas era ayudar a levantar no sólo los escombros urbanos sino también los que habían quedado dentro de nosotros, dejando salir los fantasmas ahí atrapados. Unos pocos días después nuestro proyecto había atraído a una decena de personas más, y finamente éramos dieciocho integrantes dispuestos a ensayar noche y día para compartir con otros nuestra forma de ver, sentir y expresar el dolor presente. La obra, que llamamos 7:22 (hora en que el sismo había terminado ya y sólo quedaba la realidad derrumbada en nuestras manos), resulta hoy una memoria de lo ocurrido.

En aquella obra de teatro había un personaje que me representaba, una especie de alter ego que aparecía vistiéndose para ir a dirigir su taller de teatro, cuando empezaba el temblor. Con terror veía moverse las paredes y las lámparas, pero finalmente volvía la quietud y el personaje salía a la calle.  El barrio, de casas elegantes y resistentes, estaba intacto; sin embargo, pronto se enteraba de que no muy lejos de ahí había habido derrumbes mortales. Su conclusión era terrible (una especie de autocrítica que me alertaba ante mi propia indiferencia): “Por mi colonia no pasó el terremoto. Solamente el temblor… ¡y fue muy corto!”

Clasificaciones científicas inoportunas

Parece fácil olvidarse o desentenderse de las tragedias cuando no nos han tocado personalmente (en apariencia); sin embargo, el miedo que despierta en nosotros la posibilidad de ser víctimas suele quedarse debajo de la piel como un animal escondido entre las piedras, listo para saltar al primer rayo de sol. A esta recuperación del recuerdo, a esta intensa reacción emocional, algunos la han llamado, en el caso de los sismos, tremofobia (fobia a los temblores), pero expertos de la UNAM invalidan este término argumentando que el miedo a morir en un terremoto no puede considerarse una fobia, es decir un trastorno mental.  “En nuestros días ―añaden― tendemos a patologizar todo en nuestra vida cotidiana y a catalogar fenómenos normales como enfermedades”. Como tantas otras veces, las clasificaciones científicas nos permiten una cierta higiene mental que tiende a neutralizar nuestras experiencias. Asepsia emocional, podríamos llamarle. ¿Será que de esa manera ―al clasificarlo― podemos contemplar nuestro terror como algo objetivo, algo más o menos externo y manejable? La ilusión, quizás, es que la naturaleza humana sea algo que se puede tratar y hasta curar, y que incluso sea posible neutralizar nuestros recuerdos y anestesiar el temor a morir, así como el dolor que nos despierta la muerte atroz de nuestros semejantes.

Sana distancia, no negación

En el teatro ―y en el arte en general― se reúne nuestra vivencia con la de otros. Al asumir un personaje, el actor encarna a alguien que es su semejante sin ser él mismo. Al actor no le está ocurriendo “realmente” lo que durante un par de horas representa con todo su cuerpo. Es esa pequeña distancia la que les permite tanto a él como al espectador, identificarse y “vivir” la representación de manera profunda, y una vez terminada ésta retomar con sensibilidad la vida que les ha tocado vivir en la realidad y ser empáticos con quienes están cerca. Toda unión exige una distancia; la humanidad entera no es sino una red de pequeñas distancias que nos separan y que nos unen.

Sin embargo, esa distancia, esa tensión entre ser semejantes y distintos, no debe sobrepasar ciertos límites. En la novela Bajo el volcán de Malcolm Lowry, el protagonista es un viejo cónsul inglés, alcohólico, perdido en la Cuernavaca de los años treinta del siglo pasado. A traspiés, flota bajo el rayo del sol candente, sudando entre los integrantes de una procesión de Día de muertos. A su paso encuentra a un hombre tirado, muerto o inconsciente, ni él ni nosotros sabemos. Entre la multitud que lo arrastra, no hay nadie a quien le importe aquel cuerpo, y nadie hace nada; él, que al verlo siente que debe detenerse, se deja llevar por la turbamulta y no actúa tampoco. Eso acaba por perderlo (sí, lo malo de la conciencia es que nos exige actuar). Al final, cuando su propio cadáver yace al fondo de una barranca junto al de unos perros, sólo los árboles se inclinan sobre él, compadecidos.

Amnesia total

En su cuento Todo pasa, la autora estadunidense Sarah K. Viatt imagina una escena espeluznante: dos meses después de los atentados contra las Torres Gemelas de Nueva York en 2001, un avión con más de doscientos pasajeros se viene abajo sobre las casas de uno de los barrios de esa misma ciudad. Hay gente que corre prendida en fuego por las calles también incendiadas. La noticia se da a conocer de inmediato por todos los medios. Es la segunda peor tragedia aérea de los Estados Unidos, y sin embargo, con el paso de las semanas, de los meses, la gente va olvidándola. Finalmente, al cabo de un año todos recuerdan “como si fuera ayer” los atentados de septiembre pero han borrado de su mente ese avionazo, que dejó un saldo de 260 pasajeros, niños, hombres y mujeres muertos, y otros cinco cadáveres en tierra. El protagonista, narrador de los hechos, llega a creer que aquello fue sólo un sueño suyo y tiene que consultar en la web si de verdad ocurrió. Al final…

Estimado lector, perdón si le he hecho caer en una trampa. El cuento Todo pasa no existe, ni tampoco su autora. El acontecimiento que narro arriba es un hecho real que la mayoría de la gente ha olvidado. El 12 de noviembre de 2001, en efecto, el vuelo 587 de American Airlines cayó sobre el barrio neoyorquino de Queens un minuto después de haber despegado rumbo a Santo Domingo. Ahora ya no importa si el acontecimiento estuvo o no ligado con los atentados a las Torres. El inmediato olvido, la total negación y amnesia se encargó de quitarle toda importancia. Yo pasé mucho tiempo azorado al ver que nadie a mi alrededor lo recordaba. Y sí, tuve que consultarlo en Wikipedia para seguir pensando que no había sido un sueño. Aquí se le encuentra.

Que otros lo resuelvan

Una reacción muy frecuente ante el dolor ajeno es dejar a otros la solución, por ejemplo a las autoridades. Sin duda, esta actitud puede ser correcta cuando apuesta a la eficiencia, pero no está bien llegar al extremo de delegar a la autoridad toda responsabilidad, a veces evadiendo nuestra sensibilidad y hasta nuestro recuerdo. Ello equivale a olvidarse de uno mismo. Aunque parezca una ridícula obviedad, hay que repetirlo: ninguna forma sana de organización social puede prescindir de las personas. Hoy todavía imperan formas de organización perfectamente verticales donde las decisiones son tomadas siempre por la misma instancia o el mismo individuo, y tienden por lo tanto a estandarizarse y a dejar de lado por completo el papel de la gente. Sabiéndose prescindible, ésta opta por olvidar. Sin embargo, todo aquello que olvidemos sin seguir un proceso sanador, tarde o temprano volverá a surgir y se cobrará la cuenta. La autoridad debe ser vista como un representante, al que, en aras de la eficiencia, dejamos actuar, sin que eso signifique que olvidemos que el dolor ajeno nos compete. Volviendo al temblor de 1985, recuerdo que muchas personas criticaban a las multitudes que se arremolinaban en torno a las zonas de desastre. “Que dejen a las autoridades hacer su trabajo ―decían―. ¡Que no estorben!” Seguramente la preocupación de los que así hablaban era legítima, y sin embargo la experiencia nos ha dicho que la reacción espontánea de la sociedad civil ―que algunos califican de morbosa― puede resultar mucho más útil que la indiferencia de quienes dejan que los demás resuelvan todo.

Es muy probable que las redes sociales, con todo su parloteo improvisado y desechable, sean mucho mejores que todas las formas de pseudohigiénica indiferencia.

Persona y multitud

No se trata, tampoco, de hacer la apología indiscriminada de las multitudes. Los pueblos son bárbaros a veces. Todos recordamos algún ejemplo, de antaño o de hace poco. Con frecuencia, ayudar a otros supone atreverse a salir de la inercia del grupo y a separarse de él para poder actuar. Eso supone romper valientemente con la normatividad que exige que uno delegue en otros la responsabilidad personal. Atreverse a ser la excepción tiene sus riesgos (uno, sin duda, es darse cuenta de que se está equivocado). Pero siempre estamos valorando la posibilidad de correrlos, y sin duda hay que hacerlo si la conciencia nos lo dicta con la claridad suficiente.

Si actuar estando equivocado es confrontador, dejar que el olvido cave profundo debajo de la piel, puede ser catastrófico. La típica turbamulta que actúa de manera irracional, como por influjo, no es sino una aglomeración de individuos que súbitamente recuperan la memoria de un gran dolor que yace bajo su piel, y responden de manera desbordada, como un río dispuesto a saciar toda la sed.

Sin embargo, la disyuntiva no necesariamente está entre ser la excepción individual (el héroe único) o unirse a una multitud desbocada o dirigida por un caudillo que se apodera de toda la racionalidad del grupo.

Las multitudes muchas veces han demostrado lograr una organización espontánea casi perfecta; por lo general surgen en ella líderes naturales, a los que todos atienden con una inteligencia que podemos llamar “social” incuestionable. Este tipo de grupo no pocas veces se forma con el objetivo de ayudar a quienes están en problemas (iba a decir “de ayudar a otras personas” pero también hemos visto gente que se organiza de esa forma inmediata y espontánea para salvar animales en peligro).

Horizontalidad

Acudir en ayuda de otros no siempre es una acción espontánea. Se puede estar preparado para hacerlo. El hecho de que en nuestras sociedades no exista una cultura de intervención solidaria, no significa que no podemos impulsarla y prepararnos mejor para el momento en que se requiera de nosotros. Si el lector tiene tiempo puede revisar un artículo anterior en el que describo algunas de las formas en que podemos organizarnos para ayudar a otros cuándo es imperativo actuar. Sin embargo, en este momento creo que la mejor recomendación que puedo hacer es insistir en que siempre hay una manera de sortear la tendencia a olvidar y a delegar nuestra responsabilidad en otros: una forma es seguir luchando por preservar la expresión artística, nuestra y de los demás; otra es dejar de reducir la condición humana a categorías científicas que, útiles en un contexto profesional, en la vida diaria neutralizan la empatía, incluso hacia nosotros mismos; otra es romper los cánones que nos impiden actuar de forma individual cuando es necesario, y una más, favorecer la creación de multitudes solidarias que actúan por el bien comunitario.

Finalmente, acerca de la tendencia a delegar nuestra responsabilidad personal en la autoridad, quiero mostrar un ejemplo de organización horizontal que me deslumbra por su originalidad y eficacia. Una vez más remite a 1985. En su libro Terremoto en la iglesia católica, el historiador y maestro Andrea Mutolo nos describe la acción de un grupo de jesuitas que brindaba ayuda a los damnificados de la colonia Guerrero, una de las más afectadas de la Ciudad de México. El procedimiento que seguían en caso de emergencia era tan simple como innovador (aplicado ahora, lo seguiría siendo). Uno de sus miembros lo describe así: “Teníamos una consigna que era muy disciplinada: el primero (de nosotros) que llegaba (al lugar de la emergencia) asumía la conducción del proceso (de ayuda) y tomaba decisiones que no se discutían; en todo caso, en tiempo posterior se evaluaban”. La idea de confiar en quienes integran un grupo, al grado de dejar a cualquiera de ellos la conducción total de un proceso, me parece una idea revolucionaria. No sé qué tanto se aplica actualmente al interior de empresas e instituciones, pero lo que sí sé es que por lo general se hace algo muy diferente, aún en casos de emergencia: quien primero arriba al lugar de los hechos trata de resolver lo más que se pueda de forma provisional, siempre en espera de que llegue su jefe y tome las decisiones definitivas, que muchas veces implican echar atrás lo avanzado. En el ejemplo que pongo no ocurre así: todos los miembros del grupo de acción están capacitados y empoderados para tomar decisiones y éstas se respetan, dejando la evaluación para el final. Se apela a un aprendizaje colectivo que es la suma (o más bien la multiplicación) de las responsabilidades individuales.

Una fantasía final

El 19 de septiembre pasado ―tercera ocasión en que un sismo intenso sacude la zona centro del país en esa fecha―, todo tipo de reacciones supersticiosas y pseudocientificas intentaron explicar la repetición. Ya veremos, cuando se acerque el próximo septiembre, qué tanto se tendrá que atender a esas posturas, pero por lo pronto no creo que hay que darles mucha importancia. Me parece que afirmar, por ejemplo, que una actitud de temor y alerta multitudinaria es capaz de estremecer las plataformas continentales, es sólo una muestra más de nuestra confusión en torno a la responsabilidad humana.

Sin embargo, para terminar este artículo, quiero traer a colación justamente una de esas versiones. En realidad, parece un relato creado con intención estética. Es el de que, ante la recurrente amnesia humana, la Tierra se ha empeñado en repetir la fecha del temblor para que no lo echemos al olvido. Me parece una idea conmovedora, una imagen poética. Sirva para mostrar cómo una vez más el arte hace acto de presencia para recuperar, aunque sea momentáneamente, lo que hemos perdido, en este caso la sensibilidad ante el dolor vivido, el nuestro y el de nuestros semejantes.


Andrés García Barrios es escritor y comunicador. Su obra reúne la experiencia en numerosas disciplinas, casi siempre con un enfoque educativo: teatro, novela, cuento, ensayo, series de televisión y exposiciones museográficas. Es colaborador de las revistas Ciencias de la Facultad de Ciencias de la UNAM; Casa del Tiempo, de la Universidad Autónoma Metropolitana, y Tierra Adentro, de la Secretaría de Cultura.

Aviso legal: Este es un artículo de opinión. Los puntos de vista expresados en este artículo son propios del autor y no reflejan necesariamente las opiniones, puntos de vista y políticas oficiales del Tecnológico de Monterrey.

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Haití: Aumenta el número de muertos por el terremoto

Fuentes: Página/12

El número de muertos en el poderoso terremoto de Haití se disparó a casi 1.300 el domingo mientras cuadrillas excavaban desesperadamente en edificios derrumbados en busca de sobrevivientes.

«La cantidad de personas muertas por el terremoto subió a 1.297 el 15 de agosto», dijo el servicio que poco antes había reportado 724 decesos. También actualizó a más de 5.700 la cantidad heridos que era de 2.800.

Tras una angustiosa noche de réplicas, máquinas pesadas, camiones y retroexcavadoras se dedicaron a trasladar losas de cemento de los edificios derrumbados en la localidad de Los Cayos, cerca del epicentro del terremoto.

El sismo de magnitud 7,2 se produjo el sábado a las 8.29 (12.29 GMT) a unos 160 km de la capital haitiana, Puerto Príncipe. De la casa de dos plantas de Marcel François, en Los Cayos, solo quedan ruinas. «Es por gracia de Dios y también gracias a mi teléfono que estoy vivo, porque pude avisar a la gente de fuera dónde me encontraba», dijo a la AFP el joven de 30 años. Su hermano menor, Job, y los vecinos pasaron más de tres horas sacándolo de los escombros sin más herramientas que sus brazos. «Iba en el autobús al trabajo cuando ocurrió el terremoto. Pude localizar a Marcel por teléfono, pero me dijo ‘ven a salvarme, estoy bajo el cemento’», cuenta Job François.

Tras ser rescatado de entre los bloques de hormigón y los muebles rotos, con heridas en la cabeza, Marcel François fue trasladado inmediatamente al hospital en estado de shock, ya que no tenía noticias de su hija de 10 meses, que seguía atrapada entre las ruinas.

«Pensé que mi hija estaba muerta. Cuando llegué al hospital estaba llorando, estaba resignado», cuenta, conmovido, este hombre de 30 años. Gracias al trabajo en equipo de los residentes y de su tío, la pequeña Ruth Marlee Alliyah François fue sacada de la casa cuatro horas después del terremoto.

Marcel y Job François esperan que los equipos profesionales les ayuden el domingo por la mañana a sacar de entre los escombros el cuerpo sin vida de su inquilina, una mujer de 27 años que vivía en la planta baja de la residencia y que murió a los pocos minutos del terremoto.

Rescates bloqueados

Los esfuerzos para ayudar a las víctimas podrían verse obstaculizados a medida que se acerca la tormenta tropical Grace, con la posibilidad de que se produzcan lluvias torrenciales e inundaciones, según el Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos.

El Ministerio de Salud envió personal y medicamentos a la península del suroeste, pero la logística de emergencia también se ve comprometida por la inseguridad que asola Haití desde hace meses. La única carretera que une la capital con la mitad sur atraviesa en poco más de dos kilómetros el barrio pobre de Martissant, que está bajo el control de bandas armadas desde principios de junio, impidiendo la libre circulación. Los pocos hospitales de las zonas afectadas tienen dificultades para prestar atención de urgencia. El papa Francisco expresó el domingo su «solidaridad» con el pueblo de Haití, diciendo que esperaba que la comunidad internacional se implicara en su favor. Muchos países, como Estados Unidos, República Dominicana, México y Ecuador, ya han ofrecido su ayuda enviando personal, raciones de emergencia y equipos médicos. El primer ministro Ariel Henry, que declaró el sábado el estado de emergencia durante un mes en los cuatro departamentos afectados por la catástrofe, agradeció el domingo a la comunidad internacional. «Queremos dar una respuesta más adecuada que en 2010 tras el terremoto. Toda la ayuda que venga del exterior debe ser coordinada por la Dirección de Protección Civil», exigió el jefe del gobierno, al tiempo que llamó a sus conciudadanos a la «unidad nacional». «Olvidemos nuestras rencillas», abogó.

El país más pobre de América aún guarda en la memoria el terremoto de magnitud 7 del 12 de enero de 2010, que dejó gran parte de Puerto Príncipe y las ciudades cercanas en ruinas polvorientas. Más de 200.000 personas murieron y otras 300.000 resultaron heridas, mientras un millón y medio de haitianos se quedaron sin hogar. Los esfuerzos del país por recuperarse de la catástrofe se vieron frenados por la grave inestabilidad política. Once años después, la isla sigue sumida en una aguda crisis sociopolítica, agravada por el asesinato del presidente Jovenel Moise el mes pasado.

Fuente: https://www.pagina12.com.ar/361800-haiti-aumenta-el-numero-de-muertos-por-el-terremoto

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La Educación resiste en Haití tras diez años del seísmo

Centro América/ Haití/ 21.01.2020/ Fuente: www.magisnet.com.

Este año se cumple el décimo aniversario de una de las mayores catástrofes que el planeta ha sufrido en el siglo XXI: un terremoto de grado 7,0 de magnitud que sacudió la capital de la República de Haití, Puerto Príncipe. El terremoto se llevó 220.000 vidas y causó 300.000 heridos, aproximadamente. Además, 1,5 millones de personas quedaron sin hogar.

El país incrementó el número de ayudas en el periodo de 2010 a 2013, contando con numerosas ONG que se volcaron en la restauración del país.

Hoy en día siguen luchando por combatir los problemas que causó el famoso terremoto y los fenómenos que le siguieron (ciclones en 2012 y 2016, sequías de 2013-14, otro terremoto en 2018, o la epidemia de cólera en 2010, solo unos meses después del terremoto de dicho año).

50%
DE NIÑOS haitianos en edad de escolarización están fuera de las aulas.

Escuela para todos

Las labores humanitarias llegaron a todos los ámbitos, incluido el de la Educación. Alrededor del 90% de las escuelas de Haití fueron dañadas o destruidas por el terremoto.

Las ONG, como Aldeas infantiles SOS, Entreculturas o Foi et Joie (Fe y Alegría) Haití, entre otras, se han encargado de volver a levantar escuelas y ayudar en las mejoras educativas, como la ampliación de escuelas y reconstrucción de centros educativos, formación de docentes, o Educación técnica de jóvenes para la reconstrucción del sistema educativo de la República de Haití.

Cerca de un 50% de niños haitianos en edad de escolarización, se encuentran fuera de las aulas, y uno de cada dos haitianos de 15 años en adelante, están sin alfabetizar, según el último informe de la ONU (2018).

Haití fue un país pionero en la región, instaurando una Ley de Educación Obligatoria. Sin embargo, su sistema educativo es uno de los más privatizados. Alrededor del 90% de sus escuelas son de Educación privada y se encuentran bajo la dirección de las iglesias, ONG o pequeños empresarios, donde estudian el 80% de la población escolar. La tasa de alfabetización adulta no llega al 60% y la de niños que asisten a un centro educativo no supera el 50%.

Estas ONG han tenido que paliar con el incumplimiento del compromiso del Ministerio de Educación de Haití. En muchos casos, han asumido el pago de salarios del personal docente y su formación, para garantizar una Educación de calidad a los niños y jóvenes de los centros de enseñanza.

Celigny Darius, Director de Aldeas Infantiles SOS en Haití «Los niños no pueden ir a la escuela y la vida se ha vuelto extremadamente difícil.

«

Educando en valores

Otra de las labores importantes, que en este caso ha puesto en marcha Entreculturas y Foi et Joie, de manera cooperativa, es la realización de proyectos específicos contra la violencia de género en los espacios de enseñanza, la transversalización de la equidad de género en programas curriculares, el respeto al medioambiente y el trabajo por la valorización y defensa de la cultura haitiana.

Pilar López-Dafonte, responsable de Acción Humanitaria de Entreculturas, agrega que, “a día de hoy las 17 escuelas que hemos construido se han convertido en un actor educativo de referencia en el país”.

Celigny Darius, director de Aldeas Infantiles SOS narra la realidad actual en Haití, “los niños no pueden ir a la escuela, las personas no pueden ir a trabajar y la vida se ha vuelto extremadamente difícil. El malestar social y el caos que vive el país nos recuerda al que siguió al terremoto de 2010”.

El 12 de enero de 2010 Haití sufrió un terremoto de grado 7,0 en la escala de Richter. Desde entonces, el país lucha por reconstruir el sistema educativo.

Fuente de la noticia: https://www.magisnet.com/2020/01/la-educacion-resiste-en-haiti-tras-diez-anos-del-seismo/

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México: Nuño anuncia reubicación de alumnos de escuelas dañadas por sismos

México/19 octubre 2017/Fuente: Televisa

Aurelio Nuño, secretario de Educación Pública, informó que iniciaron el proceso de reubicación de los alumnos de escuelas que resultaron dañadas por los sismos del 7 y 19 de septiembre.

El funcionario dijo que el lunes 16 de octubre concluyeron la revisión de los inmuebles en la Ciudad de México (CDMX). En la capital se revisaron alrededor de 10 mil planteles, en el Estado de México se revisaron 22 mil planteles, por lo que la conclusión de la revisión tardará un poco más, lo mismo que en Chiapas y Oaxaca.

El proceso de revisión se compone de 3 fases, la primera es el regreso a clases, la cual concluyó el lunes.

La segunda fase se compone de la reubicación de los alumnos de escuelas con daño estructural tras los sismos de septiembre.

“Los alumnos que están en los planteles que sufrieron daños, y que la reparación de los planteles requiere que los alumnos estén en otro espacio, serán reubicados”, indicó Nuño.

Detalló que los alumnos van a ser reubicados de dos maneras, algunos serán instalados en otros planteles cercanos a sus centros de estudios o serán reubicados en aulas temporales.

La tercera fase comprende la reparación de las escuelas que tiene algún tipo de daño.

Nuño detalló que en la Ciudad de México hay 3 mil 296 escuelas públicas de educación básica: 4,529 obtuvieron dictamen estructural favorable, mil 233 escuelas tienen daño y no podrán reiniciar actividades; 120 mil 372 estudiantes serán reubicados.

En el caso de la educación media superior, 80 de 85 planteles públicos ya tienen dictamen de seguridad estructural favorable y ya reiniciaron actividades.

En el caso de la educación superior, 21 instituciones de educación pública recibieron dictamen de seguridad estructural favorable.

El secretario de Educación Pública dijo en el caso de las escuelas particulares en la CDMX que 4 mil 483 instituciones tienen un dictamen estructural favorable y se encuentran operando con normalidad. De las 3 mil 809 escuelas de educación básica 3 mil 720 mostraron dictamen de seguridad estructural positivo, 19 tienen reporte de daño estructural y tendrán que ser reparadas y 70 no han presentado documentación.

Indicó que en Chiapas han reiniciado actividades 18 mil 871 escuelas, lo que significa una matrícula de 1.6 millones de estudiantes o el 90 por ciento de los alumnos; 36 mil 600 estudiantes serán reubicados.

En el Estado de México han regresado a clases 13 mil 795 escuelas, que comprende una matrícula de 2.8 millones o el 70 por ciento del total de la matrícula; 16 mil 876 estudiantes serán reubicados.

En Guerrero regresaron a clases 12 mil escuelas, con un universo de 1 millón de estudiantes, es decir el 98 por ciento de la matrícula; 14 mil 900 estudiantes serán reubicados.

En Hidalgo 8 mil 770 escuelas reiniciaron actividades; un millón de estudiantes, el 100 por ciento, ha regresado a clases; 4 mil 249 estudiantes serán reubicados.

En Michoacán reiniciaron actividades 13 mil 858 escuelas, un millón de estudiantes han regresado a clases, lo que significa el 100 por ciento de los alumnos; mil estudiantes serán reubicados.

En el estado de Morelos mil 900 escuelas han regresado a actividades, lo que significa una matrícula de 167 mil estudiantes y comprende el 30 por ciento del total; 26 mil 693 estudiantes tendrán que ser reubicados.

En Oaxaca han regresado a actividades 12 mil 512 escuelas, una matrícula de un millón de estudiantes, lo que representa el 75 por ciento del total; 51 mil 265 estudiantes deberán ser reubicados.

En Puebla 12 mil 616 escuelas han vuelto a las actividades; una matrícula de 1.4 millones de alumnos, o el 84 por ciento, ha regresado a clases; se reubicarán 189 mil estudiantes.

Finalmente, en Tlaxcala 2 mil 453 escuelas reiniciaron actividades; 376 mil estudiantes, el 99 por ciento, han regresado a clases; 926 alumnos serán reubicados.

Aurelio Nuño dijo que la fase de reubicación podría concluir el 6 de noviembre debido a que podrían tardar dos semanas en la instalación de las aulas temporales; acotó que podría tardar unos días más en las zonas donde existe mayor dispersión de las comunidades.

Explicó que el 23 de octubre iniciarán las reparaciones en 10 mil 797 escuelas que reportan daños menores. Va a haber una transferencia directa de 50 mil pesos procedente de la SEP a la comunidad escolar para que puedan iniciar con los trabajos. Las directivas de las escuelas y padres de familia tendrán que entregar un acta de recibo del recurso. Las reparaciones deberán estar concluidas el primero de diciembre.

Añadió que el 6 de noviembre se iniciará la reconstrucción de escuelas con daños parciales y se iniciará el periodo de integrar los proyectos ejecutivos de las escuelas que van a requerir reconstrucción total, para que el 6 de diciembre inicien las obras de reconstrucción de escuelas.

Fuente: http://noticieros.televisa.com/ultimas-noticias/nacional/2017-10-18/nuno-anuncia-reubicacion-alumnos-escuelas-danadas-sismos/

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Un epicentro llamado millennials

Abelardo Carro Nava

Indescriptible es todo el cúmulo de sentimientos que viví el pasado 19 de septiembre en el Estado de Morelos; esto, mientras me encontraba dando un curso a colegas normalistas de esa bella entidad porque, a fuerza de ser sincero, no existen palabras que puedan plasmar las emociones que se generaron en mi interior por el sismo que buena parte de los mexicanos vivimos ese día. Miedo, angustia, desesperación, impotencia, frustración, desazón, incertidumbre, tristeza, llanto; en fin, tantos y tantos sentimientos que, de una jalón, hicieron que mi seguridad – o al menos la que pienso tener –, se quebrantara, y no es para menos.

Algunos llaman a este fenómeno natural, el cobro de facturas por el daño que le hemos hecho al planeta; otros, un recordatorio sobre lo pequeños que somos ante los efectos del mundo moderno; unos más, consideran que es algo justo por haber perdido la fe en un ser supremo creador de todas las cosas. En cualesquiera de los casos, el hecho, el acontecimiento, el suceso, ahí quedó, como un episodio más que, con seguridad, dejó una huella profunda en alguna parte de nuestra mente y corazones.

Y en medio de todo este caos que inundó pueblos, ciudades… vaya, al país entero, estaban ellos, un grupo de millennials que ante la desgracia que embargó a familias enteras, se dieron cita para ayudar a su prójimo, a su semejante, a su igual. ¿Una lección solidaria y empática? No lo sé, y no me atrevería a calificarla de esta manera en este momento. Lo que sí es un hecho, es que su participación voluntaria y decidida, hizo que el pueblo de México volteara a verlos.

¿Habremos desestimado su configuración social a partir de lo que los estudios nos han arrojado? Es probable. Y es probable, porque buena parte de las investigaciones, nos dicen que los jóvenes que nacieron después de la década de los ochenta, tienen ciertos rasgos que indican lo contrario de lo que observamos el pasado 19 de septiembre y en los días sucesivos. En ellos, o en buena parte de ellos, se observaron algunos valores que no entran precisamente en una categoría de indiferencia, rechazo o despreocupación por lo que sucede a su alrededor – aunque sí en contra de las mismas tácticas y/o estrategias gubernamentales y políticas cuya finalidad da forma a tan conocido concepto: demagogia –. ¿Qué es lo que pasó entonces?, ¿por qué muchos hablamos de la labor tan encomiable que estos jóvenes realizaron durante y después del siniestro?, ¿qué evaluación podremos hacer con relación a la formación informal y formar que han recibido en casa y en la escuela?

Éstas, son preguntas que en lo sucesivo tendrán alguna respuesta, así como también, el que a partir de estos hechos, particularmente en México, se voltee a ver de una forma diferente a quienes, hoy por hoy, representan una fuerza ideológica y física que está aquí y que, insisto, no hemos valorado como debiera.

El uso que le dieron a las redes sociales, jugó un papel muy importante en todo esto. De hecho con este uso, confirmaron esa concepción del millennial que conocemos pero, ¿y los valores que observamos en ellos? Dese cuenta, las convocatorias que difundieron a través de Facebook o Twitter para que las personas brindaran alguna ayuda para las personas de las zonas afectadas, fue un éxito. Tan es así, que varias toneladas de víveres y demás enseres domésticos, ellos mismos las han hecho o hicieron llegar a los habitantes de la Ciudad de México, el Estado de México, Morelos o Puebla, lugares donde dicho sismo, pegó en demasía. ¿Habrá usted visto tal fuerza y empuje? Es lógico, ellos no lo habían vivido, solo visto. Y no lo habían visto porque estos jóvenes, cuyas edades oscilan entre los 15 y 29 años, no vivieron el temblor del 85. Esa tragedia que muchos tenemos fresca en nuestra memoria y que, cuando un evento de esta naturaleza llega a ocurrir en estos días, se manifiesta de la forma menos esperada en cada uno de los mexicanos que la padecimos en carne propia.

De llamar la atención fueron los incontables centros de acopio que hubo en varios rincones de la República Mexicana. No, no a través del internet. Ellos, los millennnials, físicamente se encargaron de tal proeza y eso, cualquiera de nosotros, lo pudo constatar ya que su brío y solidaridad con el pueblo de México, con la energía que caracteriza esta etapa de nuestra vida, logró acrecentar el amor por nuestra gente, nuestros connacionales, nuestros mexicanos.

No, no se confunda mi estimado lector, con estas línea no pretendo desestimar ni cometer el mismo error que, supongo, hemos cometido hasta antes de este siniestro: subestimar a esta generación de mexicanos. Por el contrario, es un merecido reconocimiento a su labor, su empuje, su empeño.

Como puede darse cuenta, en absoluto estoy hablando de la misma generación de jóvenes, con los que nosotros nos formamos, eso lo tengo claro. Ésta, es una generación de jóvenes que, por alguna razón, fue catalogada de esta forma: la generación Y; sin embargo, en el ejercicio de dar un nombre a tales o cuales generaciones, se nos olvida o se nos ha olvido, que son seres humanos que, sin importar una fecha de nacimiento, una década o un siglo, sienten, piensan, reflexionan y actúan sin distingo partidista o clasista.

Sí, hubo un epicentro el pasado 19 de septiembre pero, más allá de sismo que vivimos y del cual aún seguimos padeciendo sus estragos; prefiero quedarme con éste, el de los millennials, un epicentro social que ha marcado y marcará una etapa en la vida de mi México querido.

Finalmente, y si usted me lo permite, deseo expresar mi enorme reconocimiento a los jóvenes y maestros de las diversas escuelas normales que han sumado esfuerzos y voluntades para hacer llegar algunos víveres a quienes en este momento lo necesitan, entre ellas puedo nombrar a la Escuela Normal “Lázaro Cárdenas” de Tenería; Escuela Normal Urbana Federal Cuautla, Morelos; Escuela Normal Preescolar “Profra. Francisca Madera Martínez” de Tlaxcala; Escuela Normal del Estado de Querétaro, Escuela Normal Rural Mactumactzá; Escuela Normal Rural de Tiripetío de Michoacán; en fin, a todas y cada una de las instituciones formadoras de docentes que han aportado su granito de arena con los afectados por el movimiento telúrico.

En suma, coincido con aquellos que han afirmado y afirman que la sociedad y en especial, sus jóvenes, sobrepasaron a una estructura gubernamental, vieja, anquilosada y llena de escombros que bien pueden ser removidos si nos los proponemos. Es tiempo de reflexionar o… ¿me equivoco?

Fuente del articulo: http://www.educacionfutura.org/un-epicentro-llamado-millennials/

Fuente de la imagen: http://www.educacionfutura.org/wp-content/uploads/2017/09/descarga-768×432.jpe

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