Manuel Carreiras: “Con entrenamiento el cerebro cambia, y los chicos podrían comprender mejor lo que leen”

Por: Ricardo Braginski.

El neruocientífico español afirma que el cerebro tiene músculos y se pueden ver cambios morfológicos y de estructuras con la adecuada intervención.

A esta altura nadie puede dudar de que la neurociencia es una disciplina que está de moda, en diversas áreas de la vida social. Y también en la educación, donde cada vez se escuchan más voces que afirman que puede ser útil para mejorar los aprendizajes. El neurocientífico español Manuel Carreiras tiene mucho para aportar al respecto. Investiga cómo aprendemos a leer y cómo se puede transformar al cerebro -naturalmente lingüístico- en un “cerebro lector”. Vino al país para participar en la conferencia “El cerebro y la lectura. Estrategias basadas en la ciencia para mejorar resultados escolares”, organizada por el grupo Intelexia junto a Ediciones Logos, Haskins Lab de Yale University y la Fundación INECO.

-¿Cuándo hay que enseñarle a leer a los chicos?

-No hay una edad definida. Pero es en torno a los 5 años en español, mientras que por ejemplo en Suiza empiezan como a los 7. Es que la tarea que tienen por delante los chicos para aprender en español es muy sencilla comparada con otras lenguas, donde la relación entre los sonidos y las letras, entre los grafemas y los fonemas es muy compleja. En inglés la letra “i” no suena igual en “thing” que en “pain”. Mientras que en nuestro caso siempre existe esa regularidad. Los 5 años es una etapa donde se observa que hay una madurez suficiente para poder empezar. Lo que hay que hacer es dejarlos tranquilos, si quieren y se entusiasman ayudarles, y si no esperar a que entren a la etapa escolar y van a tener tiempo para leer si se les enseña bien. Además, es importante no sólo que decodifiquen sino que amen la lectura, que entiendan lo que leen, que les guste.

-¿Qué consejos le puede dar a los maestros desde las neurociencias?

-Soy muy cauto. Siempre digo que la neurociencia es muy sexy, ahora le ponemos neuro adelante a cualquier cosa: neuropedagogía, neuro lo que sea y todo parece que ya cobró otro sentido. Y no es así. No hay hallazgos en la neurociencia que puedan trasladarse directamente a la educación, ni los neurocientíficos vamos a hacer proyectos educativos. Pero sí podemos aportar. Esto es como la relación entre el ingeniero y el arquitecto. El arquitecto diseña el puente y el ingeniero le dice “mirá, las cargas que estás poniendo no están bien, los cálculos hay que hacerlos de determinada forma”. Desde la neurociencia podemos saber cómo es la evolución del niño y eso tiene una incidencia en el proceso de aprendizaje.

-Pero lo pedagógico queda para el maestro…

-Sí. Es que todos llevamos un ministro de Educación dentro. Ahora, ¿qué sería mejor, que el ministro de Educación le pregunte al cuñado su intuición sobre cómo llevar a cabo las políticas educativas; o que estén basadas en hechos científicos?

-¿Cómo podría ayudar la neurociencia a una política educativa?

-En disear los instrumentos para medir el rendimiento de esas políticas. Cuando hay un cambio en una política educativa se plantean unos objetivos. Entonces habrá que crear instrumentos para evaluar de dónde partimos y a dónde llegamos.

-Ya hay instrumentos: las pruebas PISA, u otras pruebas estandarizadas.

-Bueno las pruebas PISA es uno, pero es manifiestamente mejorable. Debemos observar las diferentes individualidades de los alumnos en sus trayectorias de aprendizaje. Eso está completamente inexplorado.

-Llegar a algo así sería una inversión enorme….

-Sí, enorme. Pero la ignorancia es más cara.

-¿Qué efectos produce en el cerebro la lectura?

-En todo el viaje evolutivo, la lectura es muy reciente. Aparece hace 5 mil años, el lenguaje muchísimo antes. Nuestro cerebro está precableado para acomodar el lenguaje, no la lectura. ¿La lectura qué es? Es lenguaje y visión. Hoy conocemos sobre el circuito de la lectura que tiene en cuenta diversas áreas del cerebro.

-¿Por qué hay chicos que leen pero no comprenden lo que leen?

-La lectura de palabras es decodificación y llegar a la semántica, pero otra cosa es la comprensión de textos. Comprender supone que tienes que ensamblar las palabras y saber qué rol juegan. Inconcientemente, el cerebro toma en cuenta una serie de regularidades estadísticas que ha ido observando donde hay un sustantivo, un verbo, entonces los aglutina y a su vez aglutina la semántica inherente a cada una de esas palabras. Hay chicos que hacen un buen reconocimiento visual de palabras pero luego no dan el siguiente salto a la comprensión.

-¿Y se puede entrenar el cerebro en este sentido?

-Claro, el cerebro tiene músculos, se entrena: podemos ver cambios morfológicos, cambios de estructuras. Lo que pasa es que hay que saber cómo entrenarlo.

-¿Y cómo?

-No soy un experto en entrenamiento, pero se hicieron estudios que lo muestran posible. Por ejemplo, uno con los taxistas de Londres, que están entrenados en recordar calles. Los metieron en la resonancia y observaron que tenían un hipocampo mayor, en volumen y densidad, que el resto. El hipocampo es una estructura del cerebro implicada en el recuerdo y el conocimiento del espacio. Sabemos que el cerebro cambia cuando se lo entrena en una actividad y son áreas diferentes las que cambian según la actividad. En educación, el maestro deberá buscar la forma para que ese cerebro esté motivado y quiera leer y le guste la lectura. También los padres: tiene que haber muchos libros en la casa, y los chicos ver que allí se lee.

Señas particulares

Manuel Carreiras es actualmente el director científico del Basque Center on Cognition, Brain and Language-San Sebastián (BCBL), un centro internacional de investigación interdisciplinario para el estudio de la cognición, el cerebro y el lenguaje. Su investigación se centra en la lectura, el bilingüismo y el aprendizaje de segundas lenguas. Ha publicado más de 200 artículos en revistas especializadas.

Como formación, tiene un Master en Psicología por la Universidad de Santiago de Compostela y un Doctorado en Psicología de la Universidad de La Laguna, España.

Fuente de la entrevista: https://www.clarin.com/opinion/manuel-carreiras-entrenamiento-cerebro-cambia-chicos-podrian-comprender-mejor-leen_0_KYV4pGf_j.html

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Antonio Basanta: «Los mejores profesores y salarios deberían estar en la educación infantil»

España / / Autor: Fernando Díaz de Quijano / Fuente: El Cultural

El escritor, editor y director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez durante 25 años publica Leer contra la nada, una muestra de gratitud a la lectura

Además de leer, el latín legere significa recolectar, desplegar las velas, valorar e hilar. De este último sentido del término derivan las palabras texto (tejido) y línea (lino). Esta curiosidad etimológica, junto a otras muchas perlas, esperan al bibliófilo en Leer contra la nada, de Antonio Basanta. El libro, que es a su vez una de las perlas engarzadas en la colección de pequeño formato Biblioteca de ensayo de Siruela, es una muestra de gratitud hacia la lectura escrita por un hombre que ha saldado con creces a lo largo de su vida la deuda contraída: Basanta ha sido docente, editor y, durante 25 años, director general de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, consagrada al fomento de la lectura.

Basanta refuerza e intercala sus reflexiones sobre la lectura con decenas de citas de escritores de todas las épocas sobre el hecho de escribir y de leer y de la relación íntima entre el autor y el libro, entre el libro y el lector, entre el autor y el lector y de cada cual consigo mismo. Igual que Heráclito decía que una persona no puede bañarse dos veces en el mismo río, Basanta cree que “uno no puede leer dos veces el mismo libro, porque al volver a hacerlo ya no será la misma persona”. Los libros que leemos hablan de nosotros, sacan a la luz aspectos de nuestro carácter que desconocíamos y los moldean, en un intercambio en el que, dice Basanta, no es posible saber quién lee a quién. El escritor, crítico y profesor Lionel Trilling lo explicaba así: “Yo he sido leído por los poemas de Eliot, por el Ulises, por En busca del tiempo perdido, por El castillo… Durante muchos años, desde mi temprana juventud. Al principio, algunos de estos libros me rechazaron, les aburrí. Pero, con el paso del tiempo, fueron conociéndome mejor, me tomaron cada vez más simpatía, y entendieron paulatinamente los ocultos significados de mi persona”.

Contra el bulo de la escasa lectura

En cuanto al futuro de la lectura, Basanta adopta la postura de un optimista convencido y bien informado. “Es obvio que en estos momentos estamos viviendo una transformación importante en el terreno de los soportes de la lectura, y es una absoluta equivocación cerrar la puerta a las nuevas formas de lectura que los nuevos soportes ofrecen. Debemos evitar polémicas absurdas y ponernos a trabajar en ello”, explica a El Cultural. Y como considera que “leer no es solo un procedimiento, sino que determina nuestra capacidad de atención, de interpretación y de transformación de la realidad”, cree que enseñar a leer de verdad es una “enorme responsabilidad social”.

No le alarman las cifras que cada año reflejan las encuestas de hábitos de lectura. “La célebre afirmación de que cada vez se lee menos en España es falsa, no se sostiene en las encuestas demográficas ni en la realidad editorial. Jamás se ha leído tanto en España como ahora”. Basanta recuerda también que en 1982 apenas el 35 % de la población se declaraba lector frecuente y ahora lo hace el 56 %. “En los últimos 30 años ha habido un avance importante, no hay más que visitar las bibliotecas, que han sufrido una transformación extraordinaria. De ser lugares oscuros y apartados, en muchas poblaciones se han convertido en el eje y motor de la vida cultural; y los bibliotecarios han pasado de ser perseguidores de los lectores a dinamizadores culturales”.

La importancia de la lectura infantil

Si Basanta viajase al pasado para anunciarse a sí mismo que dedicaría su vida a los libros, el pequeño Antonio no le habría creído. Él, que ganó en clase la “medalla al penúltimo en lectura” y que consiguió con mucho esfuerzo superar la dislexia.

Hace tan solo una década la doctora Maryanne Wolf describió lo que ocurre en nuestro cerebro cuando leemos en Cómo aprendemos a leer: Historia y ciencia del cerebro y la lectura (una serie de procesos que Basanta reproduce en Leer contra la nada). En su libro, la neurocientífica especializada en lingüística explica también que el cerebro humano no está genéticamente diseñado para la lectura alfabética, sino que esta es posible gracias a un maravilloso ejercicio de reprogramación neuronal.

Fascinado aún por aquella lectura, Basanta pone el énfasis en la importancia de la educación infantil y primaria a la hora de formar lectores. Considera difícil que un niño no lector se convierta en un adulto lector. “El momento en que el cerebro tiene más plasticidad se da entre el nacimiento y los 16 años. En esa etapa tiene las ventanas abiertas al cien por cien, por eso lo que más debería preocuparnos es lo que ocurre en la etapa infantil. Ahí deberían concentrarse los mejores educadores, con el máximo reconocimiento y el máximo salario, como ocurre en Finlandia”.

“La lectura requiere tiempo, constancia y metodología, y ahí la educación ha hecho un dibujo equivocado”, continúa Basanta. “Se dedica un tiempo largo a la adquisición de las destrezas básicas, pero lo va acortando y eliminando cuando la destreza se domina. Es como si nos enseñaran a montar en bicicleta y después no la volviéramos a coger nunca más”.

En el reciente especial de El Cultural sobre literatura infantil y juvenil, el escritor Alfredo Gómez Cerdá y el director de la revista Babar, Pablo Cruz, opinaron que los libros dirigidos a los primeros lectores a menudo se administran “como si fueran medicamentos” para vencer los miedos o fomentar determinados valores en detrimento de “la parte más literaria, lúdica y creativa” de la literatura infantil. En la misma línea, Basanta cree “firmemente que nuestra sociedad está demasiado infectada de utilidad” y que es un error renunciar al “valor de la palabra hecha arte”, ya que, “precisamente, el lenguaje literario es el que requiere un mayor esfuerzo intelectual”.

Leer es interpretar, por eso la lectura de verdad (la que comprende, asimila, interpreta, discierne) se convierte hoy en una herramienta fundamental para manejarse en un mundo en el que sobreabunda la información. “La Biblioteca Nacional de España tiene siete millones de documentos. La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos tiene 150 millones, y en internet hay aproximadamente 20.000 millones de documentos con la capacidad de renovar continuamente la información”. Ya no tiene sentido memorizar a la carrera un sinfín de datos sin que llegen a convertirse en auténtico conocimiento. No sirve de nada que las clases de literatura sigan siendo iguales que hace cincuenta o cien años. “Cursé literatura sin leer una sola obra en su integridad. Como mucho, pequeños fragmentos salpicados a tresbolillo, entre una innumerable retahíla de autores, movimientos, argumentos y estilos […]. A la postre, un campo regado de cadáveres literarios y un insufrible aburrimiento”, recuerda Basanta en Leer contra la nada. Y quien escribe estas líneas tuvo la misma experiencia escolar más de treinta años después. Por eso, en lugar de obligarles a memorizar sin orden ni concierto, Basanta propone “enseñar a los niños a buscar información verificable en ese mar de datos que es internet”. Así habrá más tiempo para leer de verdad. “Los niños tendrían que ir al colegio con la misma ilusión con la que salen”, sentencia el escritor.

Fuente de la Entrevista:

http://www.elcultural.com/noticias/letras/Antonio-Basanta-Los-mejores-profesores-y-salarios-deberian-estar-en-la-educacion-infantil/11576

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