Por: Fernando David García Culebro
Resumen
El asesinato de dos docentes en una preparatoria de Michoacán, presuntamente perpetrado por un adolescente, ha sido interpretado desde narrativas individualizantes que privilegian el perfil del agresor y su actividad en redes sociales. Este ensayo propone una lectura crítica situada desde el sur de México, articulando la noción de necropolítica, la crisis de las instituciones formativas —familia, escuela y Estado— y la producción contemporánea de subjetividades juveniles en entornos digitales. A partir de aportes de las pedagogías críticas latinoamericanas y las epistemologías del sur, se sostiene que la violencia no constituye una anomalía, sino una expresión estructural de un orden social que precariza la vida, fragmenta los vínculos y debilita la posibilidad de reconocimiento. Desde la experiencia en la formación docente en Chiapas, se plantea la urgencia de re-politizar la educación como práctica de defensa de la vida.
Palabras clave: pedagogía crítica, necropolítica, juventudes, violencia escolar, subjetividad, América Latina.
Introducción: el crimen que el sistema necesita explicar como excepción
Cada vez que la violencia irrumpe en la escuela, el discurso dominante se activa con rapidez: hay que explicar el caso, identificar al sujeto, encontrar el origen del problema en su historia personal.
Se revisan sus redes.
Se analizan sus gustos.
Se construye un perfil.
Y, finalmente, se cierra el caso: un individuo desviado.
Esta narrativa no es ingenua. Es profundamente funcional. Permite que el sistema permanezca intacto, que no se cuestionen las condiciones estructurales que hacen posible que un adolescente encuentre en la violencia una forma de existir.
El caso de Michoacán no es una excepción. Es una grieta por donde se asoma lo que habitualmente se oculta: la crisis de un orden social que ha aprendido a convivir con la muerte.
Juventudes en territorios donde la vida se vuelve precaria
En el sur de México —y particularmente en Chiapas— la pregunta por la juventud no puede separarse de las condiciones materiales en las que esta se produce. En la formación docente, especialmente en espacios como la asignatura Conocimiento del adolescente, aparece de forma reiterada una inquietud: ¿qué significa construir identidad en contextos donde el futuro es incierto?
Mbembe (2011) nombra este fenómeno como necropolítica: formas de organización social donde la vida es administrada de manera diferencial. Algunas vidas son protegidas; otras, expuestas.
Pero esta lectura puede ampliarse desde América Latina. Como plantea Boaventura de Sousa Santos (2010), vivimos en un mundo donde ciertos saberes y existencias son sistemáticamente invisibilizados. Las juventudes de los márgenes no solo enfrentan carencias materiales, sino también una desvalorización epistemológica: sus experiencias no cuentan, sus voces no son escuchadas.
En este contexto, la violencia no aparece como ruptura.
Aparece como posibilidad.
Capitalismo y subjetividades heridas
El capitalismo contemporáneo no solo organiza la economía; produce subjetividad. Define qué significa ser exitoso, valioso, visible.
Sin embargo, como advierte Raúl Zibechi (2010), amplios sectores de la población quedan estructuralmente fuera de esa promesa. No hay lugar para todos en el imaginario del éxito.
Cuando esa promesa fracasa, emerge una subjetividad marcada por la frustración y el resentimiento. No se trata únicamente de una experiencia individual, sino de una producción social.
En este marco, la violencia no puede entenderse como desviación.
Es, en muchos casos, una respuesta distorsionada a una estructura que excluye.
Familia, comunidad y el desgaste de los vínculos
Sería políticamente ingenuo omitir el papel de la familia. Pero también sería profundamente injusto responsabilizarla sin considerar las condiciones que la atraviesan.
La precarización económica, la intensificación del trabajo y la fragilidad de los tejidos comunitarios han limitado las posibilidades de acompañamiento afectivo.
Como ha señalado Rita Segato (2016), la crisis contemporánea no es solo económica o política, sino también relacional: una erosión de los vínculos que sostenían la vida en común.
En este escenario, muchos jóvenes crecen sin redes sólidas de reconocimiento.
Y sin reconocimiento, la identidad se construye desde la intemperie.
Redes sociales: pedagogías del algoritmo
El énfasis en las redes sociales del agresor no es menor, pero suele abordarse de manera superficial.
Las redes no son únicamente medios de comunicación; son espacios de formación. En ellas se configuran imaginarios, afectos y formas de relación.
Sin embargo, operan bajo lógicas algorítmicas que privilegian la intensidad emocional, la polarización y la espectacularización de la violencia.
En ausencia de mediaciones pedagógicas, los algoritmos ocupan el lugar del educador.
Pero los algoritmos no acompañan.
No problematizan.
No cuidan.
Amplifican.
Y en esa amplificación, el malestar puede convertirse en identidad, y la identidad en acción.
La escuela: entre la irrelevancia y la resistencia
La escuela, lejos de ser un espacio neutral, se encuentra profundamente atravesada por estas tensiones.
Freire (1970/2005) insistía en que educar es un acto político. Sin embargo, gran parte de las políticas educativas contemporáneas han despolitizado la escuela, reduciéndola a un espacio de gestión de contenidos y evaluación.
Giroux (2011) advierte que esta despolitización no es accidental: es una forma de control.
Cuando la escuela pierde su capacidad de interpelar, de escuchar, de construir sentido, deja un vacío.
Y ese vacío es ocupado por otras pedagogías: las del mercado, las de la violencia, las del algoritmo.
Sin embargo, la escuela también puede ser otra cosa.
Puede ser un espacio de resistencia.
Pero para ello necesita asumirse como tal.
Masculinidades, poder y violencia
No es irrelevante que el agresor sea un varón adolescente.
Las formas de masculinidad hegemónica siguen asociadas al dominio, a la negación de la vulnerabilidad y a la incapacidad de procesar el rechazo.
En contextos de exclusión y falta de reconocimiento, estas masculinidades pueden encontrar en la violencia una forma de afirmación.
Aquí la pedagogía enfrenta un desafío ineludible:
formar sujetos capaces de habitar la diferencia sin recurrir a la destrucción del otro.
Estado, política y la pedagogía de la omisión
El Estado no es un actor ausente; es un actor que decide dónde intervenir y dónde no.
Las políticas educativas centradas en indicadores han dejado de lado la dimensión humana de la educación.
Se mide el aprendizaje, pero no el sentido.
Se evalúa el rendimiento, pero no el vínculo.
Esta omisión no es neutral.
También educa.
Educa en la indiferencia.
Conclusión: educar para defender la vida
Lo ocurrido en Michoacán no puede ser reducido a un caso individual. Es la expresión de un entramado complejo donde convergen el capitalismo, la crisis de los vínculos, la violencia estructural, las redes digitales y la despolitización de la escuela.
Desde Chiapas, donde históricamente la vida ha sido disputada, la pedagogía no puede permitirse la neutralidad.
Educar hoy implica una toma de postura.
Implica construir espacios donde los jóvenes sean reconocidos, escuchados y acompañados en la elaboración de su experiencia.
Implica, en última instancia, asumir que la educación no es solo transmisión de saberes.
Es una práctica ética.
Y en contextos como los nuestros, es también una práctica de resistencia.
Porque cuando la violencia entra a la escuela, no llega desde afuera.
Llega desde aquello que como sociedad hemos decidido no transformar.
Referencias:
Freire, P. (2005). Pedagogía del oprimido (30.ª ed.). Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1970)
Giroux, H. A. (2011). On critical pedagogy. Continuum.
Han, B.-C. (2017). La sociedad del cansancio. Herder.
Illouz, E. (2007). Consuming the romantic utopia: Love and the cultural contradictions of capitalism. University of California Press.
Mbembe, A. (2011). Necropolítica. Melusina.
Segato, R. (2016). La guerra contra las mujeres. Traficantes de Sueños.
Santos, B. de S. (2010). Descolonizar el saber, reinventar el poder. Trilce.
Zibechi, R. (2010). Dispersar el poder. Bajo Tierra Ediciones.
El autor escribe para OVE.
Imagen: Pixabay






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