La IA y el auge de los beneficios

Michael Roberts

Cuando los banqueros centrales de todo el mundo se reunieron en Jackson Hole, Wyoming, en su encuentro anual para discutir sobre cuestiones que afectan al sector financiero mundial y la política monetaria, se publicaron las estadísticas de los beneficios de las grandes empresas de EE UU correspondientes al segundo trimestre de 2026. Las cifras eran realmente sorprendentes. Las ganancias de las grandes empresas estadounidenses aumentaron en 401.000 millones de dólares en el segundo trimestre de 2026. Con ello, las ganancias empresariales totales alcanzaron una cota histórica de 4,3 billones, o casi un 23 % más que en el mismo trimestre de 2025. El margen bruto (proporción de los beneficios sobre las ventas) se situó en el 19,4 %, el más elevado que se registra desde la década de 1940.

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Tanto capitalistas como marxistas coinciden: los beneficios importan; son la fuerza motriz de la inversión en una economía capitalista. Cuando aumentan los beneficios, crece la inversión y finalmente el empleo, incluso si la inversión comporta un ahorro de puestos de trabajo, que se supone que ocurre con la IA. Así que estos números nos dicen que en EE UU todavía no hay ninguna recesión a la vista.

¿Qué está sucediendo para que se produzca semejante recuperación de los beneficios empresariales en EE UU?  Parece que estamos ante una combinación de fuertes aumentos de precios tras la pandemia, un gasto enorme en infraestructura de IA, con los consiguientes beneficios para las empresas constructoras de los centros de datos, fabricantes de chips y otros equipos para la IA, y las rebajas fiscales de Trump sobre los beneficios empresariales. Estas rebajas fiscales han sumado alrededor de 50.000 millones de dólares a los beneficios después de impuestos de las cien compañías más grandes de EE UU, mientras que los fabricantes de equipos y chips han registrado un fuerte aumento de los ingresos: los ingresos del sector tecnológico han crecido más de un 65 % de un año a otro.

Sin embargo, un factor clave del aumento de los beneficios radica en la reducción general de los salarios. Mientras que los beneficios antes de impuestos suponen un 18 % de la renta nacional, alcanzando el porcentaje más elevado desde el final de la Segunda Guerra Mundial,  la parte correspondiente a los salarios y prestaciones de trabajadoras y trabajadores ha descendido al 60 %, el nivel más bajo desde la década de 1950. La inflación aumenta más que los salarios, con lo que los ingresos por hora reales han disminuido un 0,2 % en julio con respecto al mismo mes del año anterior.

 

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Los directores ejecutivos de las mayores empresas estadounidenses que pagan bajos salarios han visto crecer sus retribuciones un 41 % entre 2019 y 2025, mientras que el trabajador medio solo percibió un 21 % más, o sea, menos del 26 % en que aumentaron los precios en el mismo periodo. Como escribe el Financial Times: “Los trabajadores han perdido gradualmente peso en las empresas estadounidenses desde comienzos de la década de 1980, a medida que se redujo la afiliación sindical y las compañías pasaron a recurrir cada vez más a subcontratistas externos para la mano de obra”. Sin embargo, el declive de la parte salarial en la renta se ha acelerado desde el final de la pandemia de covid-19 y especialmente a lo largo de los últimos doce meses.

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El auge de los beneficios todavía se concentra en las Siete Magníficas empresas tecnológicas. Han visto crecer sus ingresos un 36 %, y aún más los beneficios, con un 67 %, de acuerdo con el trabajo de Brian Green. “Este aumento de dos tercios de la masa de ganancias en apenas un año explica en gran medida por qué Wall Street está que se sale”.

Pero hay que matizar algunas cosas con respecto a estas cifras. Parece que las gigantes tecnológicas han inflado sobremanera sus beneficios a base de incluir contablemente ingresos diversos, capturando masivas ganancias de inversión no realizadas, derivadas de sus participaciones en empresas privadas de reciente creación y capitales riesgo invertidos en IA. Las grandes empresas tecnológicas han contabilizado más de 160 000 millones de dólares en las ganancias derivadas de su posesión de acciones de otras compañías de IA en el último trimestre. Alphabet, Amazon, Nvidia y Microsoft han registrado aumentos significativos de los beneficios antes de impuestos gracias a sus participaciones de capital, incluidas las inversiones en OpenAI, Anthropic y SpaceX. Alphabet ha registrado 97 900 millones de dólares en concepto de ingresos diversos en los tres meses anteriores al 30 de junio, mientras que Amazon habla de 53 400 millones de dólares. Nvidia ha contabilizado otros 7700 millones en los tres meses anteriores a finales de julio.

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Es más, la inversión masiva en modelos de IA y centros de datos por parte de las hiperescaladoras tecnológicas solo parece segura porque compañías de IA como OpenAI y Anthropic tienen una manera muy dudosa de calcular sus ingresos procedentes de los usuarios de IA, el llamado ingreso recurrente anual (ARR). Toman los ingresos de un mes reciente y lo multiplican por 12 para calcular las expectativas para el año siguiente. Como explica Ed Zitron, destacado analista de modelos de negocio de IA, “ARR puede significar cualquier cosa desde ‘[mes real] x 12’ hasta ‘[periodo de 30 días de ingresos] x 12’, y en la mayoría de los casos es un número que no tiene en cuenta la tasa de cancelación. Si utilizas el ARR, básicamente lo que haces es aislar un mes y considerarlo representativo de todo el año natural, cuando no lo es”. Los ingresos por suscripciones no bastan para justificar un incremento de más del 600 % de los ingresos anualizados en menos de un año. Esto da por hecho que los ingresos no derivados de las suscripciones se mantendrán en un nivel alto incluso cuando el sector emprende una guerra de precios y lucha por conseguir que los clientes paguen por los modelos más avanzados.

Además, las compañías de IA y las hiperescaladoras recurren cada vez más al crédito para financiar sus inversiones. El año pasado ya habían acudido a los mercados de deuda por un importe de 217 000 millones de dólares, según Morgan Stanley. A mediados de agosto ya habían superado de lejos esta cifra, con 445 000 millones de deuda emitida, con lo que el derroche total de la deuda alcanzará unos 600 000 millones de dólares. Esto es más que los presupuestos de 2026 combinados de los Departamentos de Justicia, Transporte y Educación de EE UU. Los planes de inversión en el futuro ascienden a alrededor del 3 % del PIB estadounidense al año hasta 2030, más que el aumento anual del PIB real del conjunto de la economía.  

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En la burbuja y la quiebra de las punto com [año 2000], el mercado de valores de EE UU perdió casi la mitad de su valor entre el pico de 2000 y la depresión de 2003, pero la economía no registró más que un retroceso breve y moderado. Sin embargo, esta vez, las empresas tecnológicas están absorbiendo todo el dinero que tienen y más para invertir en el auge de la IA. El flujo de caja libre de Google se volvió negativo por primera vez en la historia en el segundo trimestre de 2026, después de generar cumulativamente casi 600 000 millones de dólares desde que  pasó a cotizar en bolsa en 2004.

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Luego está la cuestión de las obligaciones oscuras. Las hiperescaladoras dejan cada vez más su deuda fuera de los libros de contabilidad estructurando sus inversiones en centros de datos como compromisos de alquiler. El proyecto de centro de datos Hyperion de Meta en Luisiana supuestamente no se financia con deuda. La compañía reunió la mayor parte del dinero para financiarlo prometiendo alquilar el propio centro de datos durante 20 años. De este modo, el préstamo de 27.300 millones de dólares no aparece en el balance de Meta. Analistas de Goldman Sachs han cifrado recientemente estos compromisos de alquiler de las hiperescaladoras de IA en 1,5 billones de dólares: Esta práctica puede infravalorar el apalancamiento y las futuras necesidades de liquidez cuando finalmente se reconozcan estas obligaciones y venzan los pagos contractuales”. Además hay otro billón y medio de dólares de compromisos de compra: promesas de comprar chips y electricidad. Esas promesas tampoco aparecen en los balances. Así, cuando se han disparado los beneficios empresariales, ello viene impulsado en parte por la enorme financiación de la IA por parte de las hiperescaladoras en un modelo de financiación circular.  

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Nvidia utiliza cada vez más su propio balance para mantemer el auge de la IA. No solo vende las GPU que alimentan de energía la ampliación de la IA, sino que también ayuda a financiar la infraestructura y la compra por parte de la clientela, incluidos los casi 50 000 millones de dólares invertidos en laboratorios de IA y un apoyo planeado de 105 000 millones para el proyecto de centro de datos de Ohio, asociado a OpenAI y SB Energy. Nvidia también colabora con empresas de Wall Street de cara a financiar con 500.000 millones las compras de chips para la IA, mientras que OpenAI podría adquirir chips de Nvidia por valor de unos 350.000 millones para el centro de Ohio.

Esta estrategia puede impulsar los ingresos de Nvidia mientras siga acelerándose la demanda de IA, pero también incrementa ña exposición de Nvidia si el gasto en IA empieza a decaer. Si los laboratorios de IA y los desarrolladores de centros de datos no son capaces de financiar la ampliación por sí mismos, puede que Nvidia tenga que apoyar cada vez más a los clientes para que generen demanda para sus chips. Cuanto más crezcan los compromisos, tanto más dolorosa podría resultar una desaceleración de la demanda, dado que Nvidia quedaría expuesta no a causa de la disminución de las ventas de chips, sino también por la financiación y las garantías otorgadas en apoyo al auge de la IA.

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 Mientras tanto, los precios de utilización de modelos de IA se hunden a medida que se intensifica la competencia de los modelos chinos, pero el coste de las GPU, memorias, servidores y electricidad sigue siendo muy elevado. Esto genera un desfase creciente entre lo que pagan los clientes y lo que cuesta construir la infraestructura de la IA.

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Una IA más barata podría impulsar un crecimiento masivo de su uso, pero cabe preguntarse si este crecimiento se traduce en beneficios reales. BCA calcula que las empresas de IA tendrán que generar ingresos de 10 billones de dólares al año tan solo para justificar el gasto en bienes de equipo, equivalente más o menos al gasto anual global en alimentación y sanidad (!). Puede que la IA resulte mucho más barata de usar, pero si lo que se paga por ella no equivale al coste de su construcción, los inversores podrían descubrir muy pronto que el auge de la PA genera muchos ingresos sin reportar suficientes beneficios.

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 En efecto, en términos marxistas, este enorme aumento de la inversión en bienes de equipo da pie a un incremento de la composición orgánica del capital (la proporción entre la inversión en medios de producción y el coste de la contratación de mano de obra). Esto reduciría la rentabilidad. Hasta ahora, esto ha sido contrarrestado por el aumento de la tasa de explotación de los y las trabajadoras. Así, la rentabilidad de las empresas (beneficio por capital invertido) asciende, aunque ni de cerca tanto como los beneficios empresariales. Desde la pandemia, la rentabilidad de las grandes empresas de EE UU ha aumentado más del 20 %, pero todavía se mantiene bastante por debajo del nivel alcanzado durante la recuperación de 2010-2014 de la Gran Recesión (aunque señalemos que los datos de probabilidad del segundo trimestre de 2026 todavía no están disponibles). Y véanse los cálculos de Brian Green.

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Source: Federal Reserve, cálculo del autor.

Así, el veredicto sobre el éxito del auge de la IA aún está pendiente; y la probabilidad de un fracaso bursátil de la IA sigue siendo elevada. No obstante, prevalece el optimismo, no solo entre las empresas de IA, las hiperescaladoras y los inversores en bolsa, sino también entre las potencias internacionales existentes. En efecto, según Kristalina Georgieva, la presidenta del FMI, el auge de la IA se extiende de EE UU alimentado la economía mundial, y es probable que dará pie a un aumento del crecimiento mundial este año. “Lo que comenzó como un fenómeno estadounidense con la IA ha pasado a ser ahora un motor de crecimiento de la economía mundial, pues otros países intensifican la construcción de centros de datos y otras infraestructuras”. Otros países que ahora están “conectados en la cadena de suministro” y exportan equipos de IA a EE UU.

Es cierto que los beneficios globales de las grandes empresas (cálculos míos) han aumentado mucho desde el comienzo de 2025, a medida que el auge de la IA ha acumulado fuerzas.

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Sin embargo, el crecimiento del PIB real de EE UU se ha desacelerado al 2,1 % en el segundo trimestre, cuando en el primer trimestre se hallaba en un nivel interanual del 2,7 % y la inflación crece a razón de más del 4 % anual, lo que sugiere que podría ascender al 5 % a finales de año si no se resuelve la guerra en Irán. Si la Reserva Federal decide incrementar el tipo de interés de referencia para tratar de controlar y reducir la inflación, podría provocar una fuerte caída del crédito y una corrección del mercado de valores.

Permítanme acabar citando a Ed Zitron sobre el panorama general de la IA. “Todo el mundo parece tan obsesionado con hundir miles de millones de dólares en la oportunidad teórica de que el aprendizaje máquina será capaz de sustituir a los seres humanos, y de que más dinero la hace más inteligente y mejor en su desempeño. Sin duda una inversión de dinero real en trabajadores reales mejorando sus vidas y sus condiciones de trabajo, enseñándoles cosas nuevas, perfeccionando sus habilidades en la vida, retribuyendo su duro trabajo, etc. tendría mejores efectos que el derroche de cientos de miles de millones de dólares en una máquina que  realiza un trabajo impresionante».

01/09/2026

Traducción: viento sur

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