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Un centenario para releer a Paulo Freire

Por: Dinorah García Romero 

Su compromiso con los más vulnerables y el redescubrimiento de la educación como una obra de arte para tiempos difíciles.  Freire está presente. Releerlo es tarea obligada.

El año 2021 no solo se ha vuelto célebre por la intensidad y letalidad de la COVID-19.

Este año adquiere relieve especial por la celebración del Centenario de Paulo Freire. La fiesta que celebramos en América Latina y el Caribe y en otros contextos geográficos mundiales marca nuevos desafíos sociales y educativos. El nombre y el centro de la festividad es Paulo Freire. El 19 de septiembre del año en curso conmemoramos cien años de su nacimiento. La gratitud se convierte en alegría y en celebración. Los hombres y las mujeres de este continente y de otras latitudes saludan con entusiasmo el recuerdo de un educador comprometido con la transformación del pensamiento y de la práctica educativa y ciudadana. Su legado se ha extendido más allá de las fronteras de la nación que lo vio nacer, Brasil. Por ello, instituciones, grupos y países reactivan sus ideas y propuestas a favor de la libertad y de la educación integral y transformadora de las personas y de las comunidades.  De sus esfuerzos por un mundo más inclusivo y una educación más audaz, podemos hablar sin fin. Hoy, su producción intelectual y su vivencia de la educación popular tienen una vigencia sin igual. Cada palabra, cada proposición, tiene fuerza propia y una direccionalidad clara: este mundo es para todos; prioridad, la constitución de sujetos con capacidad para analizar, interpretar y transformar la realidad.

La exhortación de Freire a los educadores para que asuman su rol como un acto político tiene fuerza mayor en esta época. El carácter político de la tarea educativa ha de ser reforzado para desterrar la indiferencia y el carácter intimista de la práctica educativa. Esta labor ha de comprometernos abiertamente con la construcción cotidiana de la democracia y de un tejido social cada vez menos excluyente y equitativo. Freire crea y sufre en su ejercicio como educador, para que sus pares opten por una educación radicalmente liberadora. Fuera toda atadura dirigida a minimizar capacidades y a establecer diferencias generadoras de desigualdades. Para Freire, la asunción de la educación como acto político pasa por una postura consciente y corresponsable de los educadores. Más que un llamado, este planteamiento de Freire se convierte en un grito. Los sistemas sociopolíticos que gobiernan el mundo secuestran diariamente el pensamiento libre y la práctica cambiante en el ámbito educativo.

Los planes de estudios del ámbito preuniversitario y de la educación superior han de estar alineados para posibilitar la construcción sistemática de la institucionalidad democrática, participativa y justa. Las propuestas académicas han de alejarse de la ambigüedad y de la racionalidad instrumental para que la constitución de sujetos pase del discurso a la realidad. Hemos de impregnar la educación y la sociedad de la sabiduría y de la orientación sociopolítica que Freire propone para ambos ámbitos.  Él nos plantea la política como ciencia y como construcción humana que tiene como lógica y horizonte el desarrollo integral de la persona y de la sociedad para la construcción de un mundo inclusivo e igualitario. La instrumentalización de la educación para que responda a intereses privatizantes y para que priorice la excelencia por encima de la dignidad de estudiantes y educadores no es tarea de ayer. Es una amenaza constante y sutil hoy. La educación como acción y proceso político demanda una actuación educativa y gerencial comprometida con la transformación personal y social en las aulas, en los centros educativos y en las instituciones de educación superior.

Con esta motivación, el Instituto Superior Especializado de Estudios Educativos Pedro Poveda celebra este año Cien días con Paulo Freire. Son actividades para potenciar la función de los educadores como intelectuales, su compromiso con los más vulnerables y el redescubrimiento de la educación como una obra de arte para tiempos difíciles.  Freire está presente. Releerlo es tarea obligada para todos los educadores interesados en una educación y un mundo más humano y justo.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/mercenarios-colombianos-en-santo-domingo-8966771.html:

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El fin de un año escolar desafiante

Por: Dinorah García Romero

Desafiante, porque pone al Ministerio de Educación ante la necesidad de optar por un sistema de evaluación más integral, innovador y participativo.

El año escolar 2020-2021 está llegando a su fin. El Ministro de Educación de la República Dominicana ha anunciado que será clausurado el 29 de julio. Antes de realizar esta actividad, el Consejo Nacional de Educación ha determinado que se realice la evaluación de los estudiantes, excepto los de Educación Inicial. La evaluación es un proceso muy importante que generalmente despierta la atención, no solo del sector educativo, sino también de la familia y de la sociedad en general. Un aspecto importante es que la promoción de los estudiantes que van a ser evaluados no dependerá de la calificación que obtengan en la prueba que se les aplique; sino que se tendrán en cuenta los trabajos que hayan realizado en el desarrollo del curso. Este hecho es interesante y constituye una oportunidad para que estudiantes y docentes constaten qué tan significativas y efectivas han sido sus experiencias de aprendizajes. Tendrán la ocasión de identificar qué factores contribuyeron efectivamente a la construcción de conocimientos y a la adquisición de aprendizajes con significados para los actores involucrados.

El Consejo Nacional de Educación ha de avanzar hacia una evaluación más sistémica. En un contexto de pandemia, además de los contenidos disciplinares, se han de tener en cuenta procesos, acciones y experiencias resilientes que han convertido a muchos estudiantes y docentes en sujetos más corresponsables, solidarios y comprometidos con el centro educativo y con sus comunidades. Los aprendizajes que derivan de las diferentes disciplinas son fundamentales, pero no excluyen otros que emergen de la interacción de los estudiantes y docentes con su entorno inmediato; y de su capacidad para enfrentar las situaciones difíciles generadas por el contexto pandémico que viven. En todo momento hemos nombrado de forma conjunta a estudiantes y a docentes. Y es que se considera necesario evaluar el trabajo realizado por los docentes y por los gestores de la educación. Hace varios años que se propugna por una evaluación más integral y cada vez menos parcial. Esta integralidad ha de tener en cuenta la diversidad de dimensiones que aportan las ciencias, la calidad del trabajo realizado por los docentes, las condiciones estructurales en las que se realiza el trabajo docente y la calidad de los recursos de apoyo al aprendizaje. Se debe superar la política de una evaluación centrada solo en lo que hace y aprende el estudiante. Sí. El estudiante es la prioridad, pero no el único sujeto que ha de ser sometido a evaluación.

Al clausurar el año escolar se ha de evaluar, también, el trabajo de docentes y gestores; y   de los técnicos distritales y nacionales. Los administradores de la educación a nivel nacional han de ser evaluados. Si la evaluación incluye a los distintos actores y se toman en cuenta la multiplicidad de factores que intervienen en un proceso evaluativo, los resultados de aprendizaje también se pueden constatar de forma más global e integral.

Es tiempo de darle a la evaluación el sitial que merece y necesita. El proceso evaluativo se ha de asumir como una práctica sustantiva del trabajo docente y de los gestores. No tiene sentido huirle a este proceso. Sus aportaciones son imprescindibles para avanzar hacia una docencia y una gestión más innovadoras y transparentes. En este mismo sentido, se ha de realizar una evaluación exhaustiva del alcance, las implicaciones y los resultados de la educación virtual; y de la formación a través de la televisión y de la radio. Se han de evaluar, además, las aportaciones de las familias. Los cuadernillos requieren una evaluación especial. La calidad, la estética y la consistencia de estos materiales demandan una revisión con rigor y orientada a cambios significativos.  Este proceso evaluativo general importa para que el curso escolar 2021-2022 tenga como cimiento buenas prácticas de los estudiantes, de los docentes y de los gestores de la educación.

El fin del año escolar 2020-2021 es desafiante, porque pone al Ministerio de Educación ante la necesidad de optar por un sistema de evaluación más integral, innovador y participativo; y de descartar una práctica que en los tiempos actuales ha de estar en desuso.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/el-fin-de-un-ano-escolar-desafiante-8959213.html

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Presencialidad en las aulas con docencia consistente

Por: Dinorah García Romero

En una docencia consistente importa mucho el aprendizaje que enseña a pensar creativamente. El pensamiento divergente se asocia con las artes para construir una nueva manera de aprender y de gestionar el aula.

Falta pocos días para que en la República Dominicana se inicien las clases presenciales. El MINERD ha aportado criterios para la participación en la nueva presencialidad. El relativo a la libertad que tienen las madres y los padres para enviar sus hijos a las clases es muy importante. Esperamos que el mayor porcentaje de niños participe en las clases. En este proceso que inicia el 25 de mayo, se ha de poner mucha atención a las condiciones en que los docentes vuelven a las aulas para que los estudiantes no resulten afectados. Hablamos de una nueva presencialidad, porque los tiempos han cambiado mucho a raíz de la pandemia. Se requiere un acompañamiento sistemático al estado emocional y a la práctica de los docentes. Respecto de la dimensión emocional, los docentes demandan asistencia para que las aulas guarden el equilibrio necesario. Un docente con inestabilidad emocional, no solo confunde al estudiante, sino que puede crear un ambiente depresivo en el aula. Las medidas que se puedan adoptar para prevenir este tipo de crisis son pertinentes y necesarias. Los docentes que disfrutan de ajuste emocional, siembran el aula de alegría y de estímulo constante al trabajo organizado y productivo. Urgimos al MINERD a que ponga en acción un plan de asistencia psicoafectiva que beneficie a los docentes. Las consecuencias de la pandemia COVID-19 se evidencian, entre otras cosas, en una fragilidad emocional fuerte; y los docentes no están exento de este problema.

Otro aspecto que necesita orientación y seguimiento es la consistencia profesional de los docentes que vuelven a las aulas físicas. De la virtualidad a la presencia física en las aulas hay una distancia significativa. La educación en este país, y en otros del planeta, se ha mantenido en la improvisación sostenida en este último año. Ahora, al establecer la vuelta a la presencialidad, se espera que los docentes muestren mayor consistencia profesional. La   presencialidad sin rigor y sin cuidado sistemático de las condiciones laborales, no tiene sentido. Sería saludable que el MINERD publique el programa de formación integral y de calidad que tiene para los docentes que van a reintegrarse al trabajo presencial. La presencialidad se esperaba, tarde o temprano. Pero surge la pregunta de qué han hecho, tanto el MINERD como la Asociación Dominicana de Profesores, para que los docentes se integren a las aulas con esquemas de pensamiento y lógica metodológica distintos. Sí. Los docentes no pueden entrar a las aulas pensando reproducir la misma rutina. A esto se añade la necesidad del trabajo de reaprendizaje y adquisición de nuevas claves educativas de los técnicos nacionales y distritales, que son los acompañantes directos de centros educativos y de docentes. No hay razones para justificar una docencia inconsistente y deformante de los estudiantes y de los mismos docentes.

Llegó la hora de convertir la planificación educativa en un eje permanente de construcción y de reconstrucción de la práctica de los docentes y de las instituciones educativas. Asumir la improvisación como cultura mata la creatividad; y convierte la docencia en una experiencia de instrumentalización de los procesos educativos y de los actores que participan en estos. Una docencia consistente requiere rasgos y procesos que son innegociables. La ausencia de estos en la presencialidad anunciada seguro que tendrá como razón principal que estamos en pandemia. Se justifican las improvisaciones con el manto de la pandemia. Esta es una farsa que revela cuán distante está el sector educativo de una previsión inteligente y sistémica.

Las características más notables de una docencia consistente se refieren a calidad integral con indicadores explícitos; asimismo, la pertinencia. Se necesita una docencia que responda a necesidades sentidas, reales. Se ha de alejar de la reproducción mecánica de ideas y de procesos desactualizados y desencarnados de la realidad del aula y de la comunidad. En una docencia consistente importa mucho el aprendizaje que enseña a pensar creativamente. El pensamiento divergente se asocia con las artes para construir una nueva manera de aprender y de gestionar el aula. La consistencia está muy unida a la perspectiva ética con la que funcionan los docentes y con la espiritualidad que los docentes nutren su espíritu para convertir este ejercicio en una misión transformadora de personas, contextos e ideas. Finalmente, una docencia consistente se caracteriza por la pasión con que se vive cada minuto, cada hora y hasta los tiempos que están por venir.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/presencialidad-en-las-aulas-con-docencia-consistente-8944783.html

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Un retorno esperado

Por: Dinorah García Romero 

La utilización del libro de texto en el  próximo año escolar ha de responder a una estrategia distinta por parte de los docentes.

Los libros de textos han concitado la atención de muchos actores y sectores en la República Dominicana. Por supuesto, los más preocupados por su retorno han sido los docentes, los estudiantes y la familia. El marcado interés en este tema estriba en que el libro de texto es un recurso educativo de importancia excepcional en los contextos educativos y geográficos carentes de otros medios cualificados para suscitar aprendizajes con significado. En reiteradas ocasiones se ha planteado que el ideal es una multiplicidad y diversidad de apoyos educativos para generar aprendizaje con sentido. Pero esto no siempre es posible en países con necesidades básicas como tarea pendiente; y autoridades educativas con problemas de visión y de proyecto educativo con horizonte definido. El 18 de junio del año en curso, el Consejo Nacional de Educación autorizó 211 libros de textos para Educación Inicial y Educación Primaria. Para secundaria, ha autorizado textos digitales.  Este es un retorno esperado y que llena de satisfacción a muchas personas e instancias. Ahora lo importante es preparar el retorno de los libros de textos a las aulas. Estos recursos no favorecen el aprendizaje per se.  Por esto consideramos pertinente que el Ministerio de Educación de la República Dominicana establezca una estrategia de inducción en torno al libro de texto.

Es necesario que los docentes comprendan cuál es el sentido y la función de los libros de textos. Para muchos, esta exhortación sobra. Creen que todos los docentes tienen comprensión amplia y apropiación efectiva del libro de texto y de su utilización.  Los docentes tienen que esforzarse por analizar a fondo el contenido de los libros que se aportan para que puedan orientar a los estudiantes. El uso adecuado por parte de estos va a depender de la pertinencia de las orientaciones que les faciliten los docentes. Antes del inicio del nuevo año escolar, se deberían de organizar, con los docentes, sesiones de trabajo que les permitan conocer y comprender la lógica, los enfoques y los contenidos de los libros de textos que se van a utilizar en el año escolar indicado. Sin un proceso de inducción, el libro se convertirá en la receta cotidiana del aula  y esto invalidará el esperado retorno. Las sesiones de trabajo indicadas podrán poner a los docentes en contacto con los autores de los libros de textos, en la modalidad presencial o virtual, para un análisis más cualificado y comprensible. La preparación previa de los docentes constituye un factor de seguridad para que los estudiantes reciban orientaciones actualizadas. Es importante que los docentes tengan claridad con respecto a la naturaleza del libro de texto que se va a utilizar, los criterios y valores a priorizar, los temas fundamentales y las estrategias más idóneas para utilizarlos. Importa que analicen la perspectiva de género que aparece en el libro de texto y cómo se evidencian los derechos humanos. Los evaluadores de los libros de textos han de darle un poco más de importancia a la estética del texto. Los folletos que han apoyado la educación virtual no han tenido en cuenta este aspecto. Los libros de textos han de ser analizados integralmente por los docentes. El componente estético se ha de tener en cuenta por la incidencia que tiene para la atracción de la atención del estudiante y para la formación del sentido estético de este. El número de docentes nuevos es elevado y pocos o ninguno reciben orientaciones claras y precisas sobre el libro de texto. La formación inicial de docentes ha de darle mayor importancia a este ámbito. Se espera que, si se organiza el proceso de inducción docente, sea efectivo e indique una forma nueva de introducir el libro de texto en el aula y en el centro educativo. La utilización del libro de texto en el  próximo año escolar ha de responder a una estrategia distinta por parte de los docentes. El retorno del libro de texto ha de ser cuidado para que fortalezca los aprendizajes de los estudiantes y les ofrezca una nueva oportunidad a los docentes para diversificar sus saberes en torno a este recurso educativo.

Fuente e Imagen: https://acento.com.do/opinion/un-retorno-esperado-8956625.html

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Vida cotidiana reimaginada

Por: Dinorah García Romero 

El proceso de reimaginar la vida cotidiana requiere, además, una reflexión permanente de la interrelación entre la vida y la muerte.

Desde marzo de 2020 hasta la fecha, la vida cotidiana de los dominicanos y de muchos países del mundo ha experimentado un giro significativo. Cada día se producen hechos que requieren respuesta efectiva, a tiempo y en consonancia con la realidad generada por la pandemia global.  Pero cuando la situación problemática se prolonga en el tiempo, se  institucionalizan  rutinas diferentes que exigen un comportamiento distinto también; afloran nuevos desafíos y emergen nuevas respuestas. Si auscultamos la vida cotidiana propia y observamos con atención la de los demás, vamos a encontrar similitudes y rasgos específicos que dan cuenta del talante elegido para vivir en esta época especial. Se constata, además, la resistencia del ser humano a desprenderse de las rutinas anteriores. Se buscan todos los medios para volver a lo anterior, porque era mejor. Casi siempre, pensamos que lo de ayer es mejor que lo de hoy y con lo que se puede resolver cualquier situación difícil. Se advierte una debilidad acentuada en el ser humano para acoger sin miedo las novedades que va presentando la vida. La inseguridad nos lleva a repetir las prácticas a las que estamos habituados. Tendemos a desarrollar una adaptación acrítica, que nos envuelve y domina. Actualmente, nos movemos en una línea temporal que requiere una vida cotidiana mediada por la creatividad y la audacia para entenderla y sobrevivir. Ahora no vale la reproducción de formas de actuar en otros tiempos y espacios. Se impone la necesidad de reimaginar la vida cotidiana, de repensarla con un pensamiento flexible y emancipado.  Para ello es necesario contar con una voluntad firme y educada. Sin la intervención de la voluntad, es difícil entrar en un proceso de reinvención de la práctica en la cotidianidad. A la voluntad ha de unirse la razón. Es precisa una actuación ágil para que ambas facultades funcionen en una misma dirección. La interrelación entre la voluntad y la razón ha de posibilitar que la persona asuma, de forma consciente y responsable, los nuevos modos de ser, estar y actuar que les exigen los tiempos marcados por la pandemia.

Reimaginar la vida cotidiana hoy tiene implicaciones personales, sociopolíticas, económicas y éticas. De igual manera, comporta una reorganización de las relaciones interpersonales, laborales y sociales. Supone, además, una nueva manera de organizar y de utilizar los espacios propios y colectivos. Implica un modo diferente de entender y de asumir el trabajo; y de comprender su interdependencia de la salud personal, familiar y social. De otra parte, requiere una comprensión nueva del sentido de la distancia social, de quedarse en casa; y de gestionar las fiestas con criterios sociales y de salud. El sentido de fiesta no desaparece. Se fortalece en estos tiempos, pero demanda una organización y una gestión marcadas por el respeto al bienestar personal y colectivo. Se ha de priorizar, ante todo, la vida personal y la social. El protocolo de bioseguridad no forma parte de acciones optativas, constituye un prerrequisito ineludible. Es tiempo de recomponer el sentido común de las personas adultas y jóvenes. En una nueva cotidianidad cargada de incertidumbres e inestabilidad, el esfuerzo de reimaginarla se vuelve difícil, pero no imposible. Es una tarea y un desafío de todos. Es necesario construir ambientes cotidianos que contribuyan a valorar la vida personal y colectiva. Importa el esfuerzo de reimaginar nuevas formas de compartir, de establecer lazos solidarios, de encontrar el lado  revitalizante del día a día que nos toca enfrentar. Es una oportunidad para prevenir aburrimientos estériles y sacar a flote talentos escondidos o debilitados por la presión de volver a lo de ayer o de antes de ayer. Reimaginar la vida cotidiana es desarrollar la libertad y descongestionar el pensamiento de ataduras. Es, también, fortalecer el autogobierno de la voluntad y de la diversidad de capacidades que nos permiten avanzar en madurez y sabiduría. El proceso de reimaginar la vida cotidiana requiere, además, una reflexión permanente de la interrelación entre la vida y la muerte; la relectura sistémica de lo que sentimos, hacemos y vivimos. De ahí la necesidad de una mirada reflexivo-crítica de la realidad personal y social, que posibilite una vida cotidiana gratificante y coherente con los hechos y acontecimientos que enfrentamos diariamente.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/vida-cotidiana-reimaginada-8954314.html

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Oportunidades y desafíos de la pandemia que nos hostiga

Por: Dinorah García Romero 

La COVID-19 ha demostrado que la educación dominicana ha de ser menos teórica. Ha de procurar la articulación teoría- práctica.

El título del artículo de este día puede resultar contradictorio y hasta molesto. Hay personas y sectores sociales que no se han detenido a pensar en esta dirección. Es normal que esto ocurra, sobre todo cuando no todos hemos tenido la ocasión de aprender a mirar los problemas de manera integral.  Esta es una tarea que se ha quedado en carpeta; por ello tenemos pocas herramientas filosóficas y antropológicas para ver más allá del hecho mismo. En la República Dominicana estamos participando de una tercera ola de la COVID-19 y no hay ambiente para celebrar por la alta tasa de positividad en más de diez provincias. Además, se ha incrementado el contagio en el Gran Santo Domingo y en San Cristóbal. Un total de 3,646 muertes a nivel nacional, hasta el sábado 5 de junio de 2021, nos indican que estamos en condiciones de altos riesgos. A esta situación ha de añadirse la resistencia a vacunarse de algunos segmentos de la población. Todos estos factores agravan el escenario y ralentizan el avance hacia una salud más robusta para todos los dominicanos. En este contexto, crítico y preocupante, constatamos oportunidades y desafíos.

Las oportunidades más relevantes se relacionan con las coyunturas que nos ofrece la pandemia para tomar conciencia de la necesidad del autocuidado y del cuidado colectivo. Este es un imperativo para poder sobrevivir y para apoyarnos en reciprocidad. En esta misma dirección, se nos invita a una mayor racionalidad en el uso de los recursos personales, públicos y de la naturaleza. El uso ordenado de recursos en los tres órdenes planteados posibilita un consumo sostenible, favorece la satisfacción de necesidades con equidad para todos.  Una de las oportunidades más significativas se vincula con el  desarrollo de la creatividad. La realidad impele a reinventar cotidianamente el pensamiento y la práctica para garantizar la sobrevivencia. De igual manera, la pandemia ha posibilitado el desarrollo de la generatividad. El empeño por los demás se evidencia en múltiples indicadores, especialmente en pueblos y comunidades. En esta dirección también se presentan ocasiones para el fortalecimiento del ejercicio y compromiso ciudadanos.

En el marco de la pandemia, se presentan situaciones diversas que demandan un ejercicio ciudadano responsable y un compromiso social sostenido. En este mismo sentido, se potencian las alianzas naturales y estratégicas entre organizaciones e instituciones. Estas alianzas constituyen una muestra de la necesidad de unir fuerzas para enfrentar juntos los obstáculos, viejos y nuevos, que se han robustecido en esta pandemia. De otra parte, esta   época en que vivimos nos presenta desafíos ineludibles, a los que hemos de prestarles atención. Consideramos que estos tiempos nos urgen a fortalecer la solidaridad con las demás personas, entre las instituciones y entre las naciones. Por ello resulta loable que los países más ricos se liberen de una práctica egoísta y se dispongan a compartir bienes e insumos para la prevención o reducción del impacto de la enfermedad. El segundo desafío está vinculado al fortalecimiento de la educación de los ciudadanos; una educación que les permita redescubrir su responsabilidad en el recrudecimiento de la pandemia o de la liberación de confinamientos, muertes y contagios masivos. La COVID-19 ha demostrado que la educación dominicana ha de ser menos teórica. Ha de procurar la articulación teoría- práctica; la formación para la gestión de riesgos y el impulso a las alianzas interinstitucionales. Un tercer desafío pone el acento en dar pasos hacia una vida más organizada y previsora de condiciones biológicas, políticas y sociales que afecten la vida de las personas y de la sociedad. Estos desafíos son interdependientes. Cada uno se fortalece o se debilita con el otro. Constituye una tarea importante tener en cuenta en nuestra trayectoria las oportunidades y los desafíos abordados. El momento lo  demanda.

Fuente e Imagen: https://acento.com.do/opinion/oportunidades-y-desafios-de-la-pandemia-que-nos-hostiga-8951757.html

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Educación errada

Por: Dinorah García Romero 

Tiempo de apoyar a los jóvenes con orientaciones que los convenzan y comprometan con el cuidado personal y colectivo.

La juventud dominicana ha experimentado avance en diferentes órdenes. Se destaca la capacidad que manifiestan en actividades académicas, en acciones de emprendimiento y en acciones de voluntariado, como el de la Defensa Civil. Conocemos su audacia y su capacidad de afrontar riesgos para salvar vidas, bienes y recursos en situación de desastre o peligro. Pero al mismo tiempo constatamos que la COVID-19 no le asusta nada. Su comportamiento resulta preocupante, por la facilidad con la que aparcan la mascarilla, acortan cada vez más, la distancia social y se organizan para celebrar fiestas clandestinas que implican un desbordamiento del comportamiento; y un rechazo total a las medidas de protección y cuidado que demanda la pandemia que impacta al mundo y, por tanto, a la República Dominicana. Los jóvenes poseen tanta vitalidad y energía que se consideran inmunes a las enfermedades y a la diversidad de riesgos propios de un período complejo e incierto como el que vivimos.

Celebramos su capacidad de mirar más allá del peligro; pero resulta inquietante su temeridad y, sobre todo, el olvido de la responsabilidad que tienen del cuidado de aquellos con los que conviven, y se relacionan. Producto de esta insensatez, han provocado contagios en familiares, amigos y relacionados. Otro aspecto importante es que no le temen a la muerte. Están informados, pero les hacen caso omiso a las orientaciones de Salud Pública, de la Organización Mundial de la Salud, OMS y, mucho menos, a sus propios familiares que persisten en su cuidado para liberarlos de las garras de un virus que ha demostrado que no tiene límites para provocar el sufrimiento prolongado y, especialmente, la muerte.

Necesitamos construir nuevas estrategias comunicativas que sean efectivas para que los jóvenes se den cuenta del alto riesgo que corren ellos y todos los que están en su entorno. Ante la situación presentada, nos atrevemos a preguntarnos si la educación que reciben los jóvenes es un proceso fallido. Una educación errada trae como consecuencia el comportamiento juvenil que impacienta. Esta realidad es un factor más para que la educación preuniversitaria y de educación superior examine a profundidad qué hace, cómo lo hace, desde cuáles perspectivas está haciendo educación y hacia qué horizonte se encamina. El comportamiento de muchos jóvenes nos está diciendo cuán inconsistente es la formación que reciben y cuál es el vacío de comprensión y compromiso ciudadano. Es una prueba más del vacío de las Ciencias Sociales en la formación de los jóvenes.

Las Ciencias Sociales influyen de forma decisiva en la formación del pensamiento; y en la comprensión holística y crítica de la realidad en la que interactúan los sujetos. Este vacío en la mentalidad de una amplia mayoría de los jóvenes, provoca el desorden humano y social que exhiben en la pandemia. Es necesaria una vuelta a la formación incluyendo las Ciencias Sociales. Dejarlas como asunto opcional y hasta coyuntural es un retroceso que le está costando caro a las personas y a la sociedad dominicana. Se impulsa una educación errada para priorizar un pragmatismo que paraliza. Es una educación errada porque la formación en valores se le está dejando a la calle, a las redes sociales. ¡Atención! Soy de las personas que piensan que la calle en múltiples ocasiones ofrece oportunidades y fenómenos que son educativos; de igual manera, las redes sociales hacen puntualmente aportes significativos. Pero los procesos educativos fundamentales no pueden depender de lo que aporten estos entornos.  Los procesos de formación en valores son complejos y requieren acompañamiento sistemático; contraste de lo que se propone y de lo que ocurre en la vida cotidiana. Es tiempo de apoyar a los jóvenes con orientaciones que los convenzan y comprometan con el cuidado personal y colectivo. Revisemos la educación que estamos promoviendo para revertir el comportamiento de los jóvenes en tiempos de pandemia y más allá

Fuente: https://acento.com.do/opinion/educacion-errada-8947166.html

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