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.Pánico en la Reserva Federal y retorno del Credit Crunch sobre un mar de deudas

Eric Toussaint

Ante la catástrofe, el martes 17 de septiembre de 2019 la Reserva Federal de Estados Unidos inyectó 53.200 millones de dólares en los bancos, ya que sufrían una escasez de financiación diaria en el mercado interbancario y también en los Money market funds (Véase el recuadro). Y lo volvió a hacer el miércoles 18, el jueves 19, el viernes 20 de septiembre, con una inyección diaria de 75.000 millones de dólares. Lunes 23 y martes 24, la Fed volvió a repetir la misma operación (https://lta.reuters.com/articulo/economia-fed-repo-idLTAKBN1W91X8 ).

Este tipo de intervención nos hace pensar en el mes de septiembre de 2008 cuando los grandes bancos, en pleno colapso, interrumpieron los préstamos interbancarios —cuestión que provocó, especialmente, la quiebra de Lehman Brothers— y tuvieron que acudir a los bancos centrales. Los grandes bancos privados habían dejado de confiar los unos en los otros. El mercado bancario se había secado de repente y el término credit crunch apareció en la prensa para designar ese fenómeno. A partir de ese momento, la Fed inyectó liquidez de manera permanente a los grandes bancos privados de Estados Unidos y también, hasta 2011, permitió a los bancos europeos tener acceso de forma masiva a la liquidez en dólares. Y había una razón: los bancos estadounidenses y europeos estaban tan interconectados que una falta de liquidez en dólares en Europa habría podido impedir a los bancos europeos mantener sus compromisos con los bancos de Estados Unidos, provocándoles graves dificultades.

El martes 17 de septiembre de 2019, los bancos deberían haber estado preparados a pagar el 10 % de interés para tener acceso al crédito en el mercado interbancario y en el mercado de los MMF, mientras que el tipo de interés con el que la Fed prestaba a los bancos se establecía entre 2 y 2,25 %. Así que, debido a la presión del gran capital y a la de Trump, la Fed prestó a los bancos privados 53.200 millones de dólares en la tarde del 17 de septiembre de 2019 (http://www.laizquierdadiario.com/La-Fed-inyecto-U-S-53-000-millones-en-el-sistema-financiero ). Y al día siguiente, bajo la continua presión de Trump, de los grandes bancos y de las grandes empresas, la Fed redujo su tipo director por segunda vez en tres meses. Desde el 18 de septiembre, el tipo de la Fed se estableció entre 1,75 y 2 %, o sea una rebaja de 0,25 % (https://www.theguardian.com/business/2019/sep/18/federal-reserve-interest-rates-trump-jerome-powell). A pesar de esta reducción, Trump expresó otra vez más una dura crítica vía twiter: « Jay Powell and the Federal Reserve Fail Again. No “guts,” no sense, no vision! » https://twitter.com/realDonaldTrump/status/1174388901806362624.

¿Qué son los Money market funds?

Los Money Market Funds (MMF) son sociedades financieras de Estados Unidos y de Europa muy poco o nada controladas ni reglamentadas ya que no tienen licencia bancaria. Forman parte de la llamada banca en la sombra shadow banking. En teoría, los MMF llevan a cabo una política prudente pero la realidad es bien diferente. El gobierno de Obama había pensado en reglamentarlos ya que, en caso de quiebra de un MMF, existía un elevado riesgo de tener que utilizar recursos públicos para su rescate. Pero de eso solo se concretó la mitad. De hecho, los MMF suscitan mucha inquietud dado los fondos considerables que gestionan y la caída desde 2008 de su margen de beneficio. En 2019, los MMF estadounidenses manejaban fondos por un valor de 3,4 billones de dólares, https://www.ici.org/research/stats/mmf/mm_09_12_19), contra 3,8 billones en 2008. Como fondos de inversión, los MMF acogen los capitales de inversores (bancos, fondos de pensión, etc. Después, este capital ahorrado es prestado a muy corto plazo, a menudo diario, a bancos, empresas y Estados. En los años 2000, los préstamos de los MMF se habían convertido en un componente importante de la financiación a corto plazo de los bancos.

La agencia de calificación Moody’s calculó que durante el período 2007-2009, 62 MMF tuvieron que ser rescatados de la quiebra por los bancos o por los fondos de pensiones que los habían creado. Se trataba de 36 MMF que operaban en Estados Unidos y de 26 en Europa, por un coste total de 12.100 millones de dólares. Entre 1980 y 2007, 146 MMF fueron rescatados por sus promotores. En 2010-2011, siempre según Moody’s, 20 MMF debieron ser reflotados [1]. Esto muestra hasta qué punto estos MMF pueden poner en peligro la estabilidad del sistema financiero privado.

Lo que acaba de pasar constituye otra señal del estado de la economía capitalista mundial. El crecimiento es extremadamente débil en los países más industrializados. La economía de Estados Unidos, a la que Trump había dopado con sus medidas fiscales a favor del Gran capital en 2017-2018, está entrando progresivamente en una desaceleración que inquieta a los patrones. La economía alemana va mal, la del reino Unido también, así como la de Italia. El mercado del automóvil se encuentra en fuerte descenso en Alemania, China, India… Aunque China mantiene un crecimiento del 5 al 6 % es la tasa más baja en los últimos 30 años.

Los beneficios realizados por las empresas no son reinvertidos en la producción, o en todo caso lo son muy poco, puesto que van directamente al bolsillo de los accionistas y a la especulación con títulos financieros diversos, o sea, con el capital ficticio. Y no hablemos de la lucha contra el cambio climático que no forma realmente parte de la preocupación de la patronal empresarial ni de los grandes accionistas privados. El sector bancario, desde 2008, no fue del todo saneado y la concentración bancaria siguió en aumento. Los grandes bancos privados absorbieron un gran número de bancos medianos y prosiguieron su búsqueda del máximo beneficio inmediato mediante la especulación. Las autoridades que debían regular dejaron hacer, así como los gobiernos que están al servicio del gran capital.

La economía capitalista mundial se mantiene a flote sobre un mar de deudas, y las inyecciones masivas de liquidez operadas por los principales bancos centrales (el BCE, y los de Estados Unidos, Japón, Reino Unido y China) refuerzan esa tendencia.

Debido a las políticas llevadas a cabo por los bancos centrales y los gobiernos, la economía de los países más industrializados cayó en lo que el economista británico J. M. Keynes (1883-1946) llamaba la trampa de la liquidez. Mientras que los bancos centrales inyectan liquidez y bajan los tipos de interés, los bancos y las grandes empresas privadas prefieren tener a mano ese dinero o lo utilizan para especular.

Conviene recordar también lo que escribía Karl Marx (1818-1883) en El Capital en 1867: «Desde su nacimiento, los grandes bancos adornados con títulos nacionales, no fueron nunca más que sociedades de especuladores privados que se establecían al lado de los gobiernos y, gracias a los privilegios recibidos, estaban en condiciones de anticiparles dinero». [2] Y a propósito de las crisis, Marx agregaba: «La crisis estalla en primer lugar allá donde actúa la especulación, y solo más tarde llega a la producción. Un observador superficial no ve a la superproducción como causa de la crisis. La desorganización consecutiva de la producción no aparece como el resultado necesario de su propia exuberancia anterior sino como una simple reacción de la especulación que se desinfla». [3]

En la situación presente, la economía capitalista ha entrado en una nueva fase de crisis con una desaceleración acentuada de la producción, una superproducción con respecto a la demanda solvente y una especulación con una serie de activos principalmente financieros (véase más adelante). A todo ello se agregan una guerra comercial intensificada por la política de Trump, un relanzamiento de la carrera armamentística y una guerra entre divisas. Y durante este tiempo, la crisis ecológica aumenta y el gran capital, guiado por la búsqueda del beneficio inmediato, lleva a cabo una política que la profundiza. Es el momento de emprender un giro radical a favor de la Naturaleza de la que la Humanidad forma parte.


La trampa de la liquidez

En el desarrollo de este artículo, retomo el análisis del balance de la acción de los bancos centrales de los países más industrializados desde el comienzo de la crisis y resumo las amenazas que sus políticas imponen. Pero es importante subrayar el dilema al que se enfrentan, dilema del que son totalmente responsables…

Por decirlo de forma simple y un tanto esquemática, los bancos centrales se preguntan hasta cuándo podrán mantener la política actual consistente en inyectar a los bancos liquidez en forma masiva y mantener un tipo de interés real, muy bajo, próximo a cero, y, en todo caso, inferior a la inflación. Los bancos centrales saben perfectamente, y desde hace tiempo, que llevando a cabo esta política que permite que los bancos y las grandes empresas no financieras no se hundan, están favoreciendo la creación de nuevas burbujas especulativas que pueden estallar a muy corto plazo o a medio plazo. El problema no es si estallarán o no, sino cuándo estallarán…

Al mismo tiempo, saben que si reducen significativamente las inyecciones de liquidez surgirán entonces dificultades en los grandes bancos, que pueden provocar el estallido de nuevas burbujas especulativas que se han estado formando estos últimos años. Si, además, se aumentan los tipos de interés, también aumentará el riesgo de las quiebras bancarias y el estallido de burbujas. Existe también otra dificultad: si los tipos de interés se incrementan, crecerá automáticamente el coste del pago de la deuda pública, y se agravará el déficit de los Estados. [4]

Por supuesto, hay alternativas (al respecto, http://www.cadtm.org/ReCommonsEurope-Manifiesto-por-un-nuevo-internacionalismo-de-los-pueblos-en y http://www.cadtm.org/Aprender-de-la-historia-y-actuar-en-el-presente. Éstas implican optar por un cambio radical de política, abandonar el trato favorable al 1 % más rico e iniciar reformas profundas en provecho del 99 % restante. Pero los banqueros centrales no tienen ganas ni ninguna intención de cambiar el contenido de clase de su política: están al servicio del 1 % y del sistema capitalista que lo alimenta.

Y esto nos remite a su dilema. Proseguir aproximadamente con la política actual (inyecciones de liquidez a los bancos y bajos tipos de interés) o iniciar un cambio, pero sin cambiar de lógica, o sea, reducir la inyección de liquidez [5] e ir hacia el aumento de los tipos de interés. Y eso es elegir entre la peste o el cólera.

La aplicación de una política que conjuga tipos de interés bajos con inyección de grandes cantidades de dinero (liquidez) en los bancos privados produjo los siguientes efectos: [6]

1.- Los bancos consiguieron mantenerse a flote (excepto algunos casos notables) porque lograron de los bancos centrales los fondos que ya no podían obtener en los mercados financieros (una fuerte reducción de los préstamos interbancarios, grandes dificultades en la venta de títulos de préstamos bancarios a largo plazo como covered bonds y otros títulos, etc.) Por otro lado, esta financiación proveniente de los bancos centrales junto a las variadas y diversas ayudas de los Estados les permite acceder a los Money Market Funds para encontrar la financiación diaria. Sin embargo, este acceso puede cerrarse de un día para otro, como se produjo el 17 de septiembre de 2019. En resumen, los bancos privados dependen completamente del sostén de los Estados.

2.- Los bancos continuaron con sus actividades especulativas desplazándolas hacia aquellas que les ofrecían mayores rendimientos: abandonaron, por un tiempo, el mercado inmobiliario para irse a la especulación con materias primas y alimentos, (sobre todo durante 2008-2009), con títulos de deuda pública (desde 2009), con obligaciones emitidas por empresas no financieras (bonos corporativos o corporate bond), con valores bursátiles (desde comienzos de 2013), con divisas… Las técnicas especulativas se modificaron y en algunos casos se agravaron, especialmente en el trading de alta frecuencia.

3.- Los bancos disminuyeron los créditos a particulares y a empresas, en particular a las pequeñas y medianas empresas que originan la mayoría de los empleos. Las economías periféricas de la Unión Europea son por supuesto las más afectadas. Los bancos endurecieron las condiciones con las que se conceden los préstamos a la economía real (particulares y empresas no financieras, especialmente las PYME), lo que está en contra de la voluntad de los bancos centrales, que afirman que los bancos deben aumentar la concesión de préstamos. Pero, más allá de los discursos, los banqueros centrales (y los gobiernos) no toman ninguna medida coercitiva para que los bancos presten su dinero a los sectores que podrían relanzar la demanda privada, volviendo a una situación con algo de crecimiento o, al menos, sostenerla.

4.- Las grandes empresas no financieras que no tienen acceso al crédito bancario tienen el recurso a la emisión de obligaciones (las corporate bonds) para financiarse. Los bancos y otros inversores institucionales compran estas obligaciones puesto que, en general, tienen un buen rendimiento. En caso de necesidad, pueden revender las obligaciones en el mercado secundario. Las que pierden son las pequeñas y medianas empresas que no tienen los medios para emitir obligaciones en los mercados financieros. Lo que propone Mario Draghi a los banqueros europeos para alentarlos, a pesar de todo, a aumentar sus créditos a las PYME, es incrementar la producción de productos estructurados constituidos por un conjunto de préstamos a esas mismas PYME. De qué se trata: los bancos que conceden préstamos a las PYME pueden sacarlos de su balance vía titulizaciones, empaquetándolos en un producto estructurado (Asset Backed Securities). El BCE propone a los bancos depositar esos productos como colaterales (garantías) con el fin de obtener a cambio un crédito a un interés del 0% Sabiendo que los tipos exigidos a las PYME por los bancos oscilan entre el 5 y el 6 % en España e Italia, entre el 3 y 4 % en Francia y Alemania, éstos podrían obtener beneficios muy interesantes, afirma Mario Draghi. A pesar de esta proposición tentadora, los bancos son reacios a conceder más créditos a las PYME y a aumentar la fabricación de productos estructurados, como propone el presidente del BCE. Éste está muy desencantado y repite la propuesta cada vez que se le presenta la ocasión.

5.- La política de los bancos con respecto a las deudas públicas soberanas toma formas contrastadas y complementarias. Por una parte, no dudan en especular en contra de las deudas soberanas de algunos países que pueden contribuir a fragilizar. Para ello, en el caso de que no intervengan directamente, utilizan sus ramas financieras, como los Hedge Funds, Special Purpose Vehicle (SVP), fondos de inversiones… Al mismo tiempo los bancos aumentaron de manera considerable la compra de títulos soberanos como fuentes de rendimiento bastante elevado —el mercado más importante es el de los títulos italianos aunque también compran títulos ucranianos y turcos—, o como garantía y medios de liquidez (títulos soberanos de Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia y Benelux, y de otros países de la zona euro). No hay que sorprenderse de políticas que pueden parecer contradictorias por parte de los bancos, ya que son unos especialistas en conciliación entre sus actividades especulativas —con la perspectiva de un rendimiento elevado— y otros tipos de inversiones.

6.- Dicho esto, los bancos no sanearon realmente sus balances y no han disminuido en forma significativa su apalancamiento. Las vicisitudes del Deutsche Bank en 2018-2019 son un claro ejemplo.

7.- Desde un punto de vista más general, la política de los bancos centrales y la de los gobiernos tuvieron efectos muy negativos para la salud de las economías, a la vez que beneficiaban a los bancos, a otras sociedades financieras, así como a las grandes empresas no financieras. Decenas de millones de empleos fueron suprimidos, millones de familias perdieron sus viviendas, la pobreza aumentó fuertemente, así como las desigualdades, la calidad de los servicios públicos se degradó de manera deliberada… y nuevas burbujas especulativas se están desarrollando.

8.- He aquí una lista no exhaustiva de las nuevas burbujas especulativas que generan importantes rendimientos y corren el riesgo de estallar:
- La burbuja de las obligaciones de empresas no financieras, las corporate bonds (Véase http://www.cadtm.org/La-montana-de-deudas-privadas-de-las-empresas-estara-en-el-corazon-de-la. El último y sonoro crash fue en 1994, el anterior había sido en 1987).
- La burbuja bursátil en plena expansión desde 2013 (la burbuja precedente estalló en 2007-2008)
- Una burbuja inmobiliaria en formación en Estados Unidos y China.

El estallido de una sola de todas estas burbujas puede provocar efectos en cadena de enorme amplitud.

La novedad de las actuales burbujas, es que se desarrollan en una situación de débil crecimiento económico, incluso de estancamiento en los países más industrializados, mientras que las fases de desarrollo de burbujas en el curso de los últimos cuarenta años se producían en fases de una cierta euforia económica y una tasa de crecimiento bastante elevada.

9.- Debido a las políticas llevadas a cabo por los bancos centrales y los gobiernos, la economía de los países más industrializados cayó en lo que J. M. Keynes llamó la trampa de la liquidez. Mientras los bancos centrales inyectan liquidez y bajan los tipos de interés, los bancos y las grandes empresas privadas prefieren guardar su dinero y tenerlo a mano. Los bancos lo guardan para hacer frente a algunos golpes serios que podrían producir las bombas de tiempo que mantienen en sus balances y en las nuevas burbujas que contribuyen activamente a fabricar. Las empresas industriales y de servicios consideran que no vale la pena invertir ya que la demanda pública y privada es muy floja. Dicho de otra manera, estas empresas se sientan sobre un enorme colchón de liquidez o la utilizan para especular. A las grandes empresas privadas no les interesa invertir en la economía productiva y / o conceder préstamos a particulares y a las PYME. Según J. M. Keynes, para salir de la trampa de la liquidez, es necesario que los poderes públicos aumenten el gasto público con el fin de relanzar la demanda y, por lo tanto, la economía: gastos de inversiones (por ejemplo en la transición ecológica, las energía renovables, las grandes obras públicas, los edificios escolares y comunitarios), gastos para contratar personal en los servicios públicos con mejores remuneraciones, gastos sociales (en sanidad, educación, servicios sociales), aumento de las pensiones y diversos subsidios sociales… Pero de eso, ni los banqueros centrales ni los gobiernos quieren hablar.

10.- Debido a su política, el volumen del balance de los bancos centrales aumentó en forma considerable. Este enorme crecimiento en un período tan corto sirvió para mantener intacto el poder de los grandes bancos privados, aunque las correspondientes economías no pudieran salir de la crisis. Es exactamente lo que indican los puntos precedentes. Más allá del efecto publicitario, no se tomó ninguna medida radical para sanear verdaderamente el sistema bancario. Gracias a la intervención de los bancos centrales (y por supuesto a las medidas gubernamentales), los grandes bancos privados prosiguen con sus actividades masivamente especulativas y a menudo fraudulentas, incluso criminales. Estos bancos están sostenidos por un mecanismo de transfusión permanente de recursos (créditos públicos ilimitados con tipos de interés casi nulos o claramente negativos), algunos, y no los más pequeños, se mantienen vivos con respiración artificial (créditos públicos ilimitados a los que se agrega una inyección de capitales públicos con el fin de recapitalizarlos, y con garantía públicas para sus deudas).

La política aplicada hasta este momento por los bancos centrales y los gobiernos produjo un fuerte aumento de la deuda pública como consecuencia de varios factores ligados entre sí: el coste del rescate a los bancos, el coste de la crisis cuya responsabilidad recae en los bancos centrales, los gobiernos, los bancos privados y otras grandes empresas, la continuación de las ventajas fiscales a las grandes empresas y a las grandes fortunas… Esto otorga un carácter claramente ilegítimo a una parte importante de la deuda pública. Su anulación forma parte de las propuestas para salir de la crisis.


La acción de los bancos centrales y la función de las crisis en el sistema capitalista

En el sistema capitalista, una crisis sirve, en cierta forma, para poner los relojes en hora: las burbujas especulativas estallan y luego el precio de los activos se acerca a su valor mercantil real; las empresas menos rentables quiebran, hay, por lo tanto, destrucción de capital. El desempleo crece y los salarios bajan. La crisis forma parte, de alguna manera, del metabolismo del capitalismo. Evidentemente, no trato de justificar las crisis o el capitalismo, quiero indicar justamente que el funcionamiento del sistema capitalista implica el estallido periódico de crisis. Razón por la cual, hace falta eliminar el sistema capitalista.

Hasta ahora, la intervención de los poderes públicos, que responden dócilmente a los pedidos de los patrones, permite evitar o impedir que la crisis cumpla con la función normal de «purga» del sistema capitalista. Mientras que por parte de la mayoría de la población, las víctimas se cuentan por decenas de millones, por parte de los responsables de la crisis no hubo un verdadero reordenamiento del capital, las quiebras de las grandes empresas fueron muy pocas, los bancos no saldaron sus cuentas y nuevas burbujas especulativas se formaron o se están formando. Y no volvió la inversión productiva.

La poca cantidad de quiebras bancarias en Estados Unidos, en Europa y en Japón sólo se puede atribuir a la ayuda aportada por los bancos centrales y los gobiernos de la UE. Los gobernantes consideraron que los bancos privados eran demasiado grandes para permitir que quebraran. El mantenimiento de una política gubernamental que favorece los intereses de las grandes empresas privadas y que ataca los derechos económicos y sociales de las poblaciones, una demanda pública y privada insuficiente y en proceso de reducción, unas burbujas especulativas persistentes, etc., constituyen los ingredientes de una prolongación de la crisis. Si no producimos un cambio radical favorable a la justicia social, la crisis proseguirá durante largos años, y/ o repentinamente podría presentar un carácter brutal.

Es necesario adoptar una estrategia internacionalista. También, debemos intentar constantemente desarrollar campañas y acciones coordinadas, a nivel internacional, en los ámbitos de la deuda, de la ecología, del derecho a la vivienda, de la acogida de las y los migrantes y de las personas refugiadas, de la salud pública, de la educación pública y de otros servicios públicos, del derecho al trabajo. Hay que emprender luchas para recuperar el control de los bancos centrales por los poderes públicos con el fin de ponerlos al servicio del pueblo, para la socialización de los bancos, de las aseguradoras y del sector de la energía, para la reapropiación de los comunes, para la anulación de las deudas ilegítimas, para el cierre de las centrales nucleares, para la reducción radical del recurso a la energía fósil, para la prohibición del dumping fiscal y de los paraísos fiscales, para la defensa y la extensión de los derechos de las mujeres y las personas LGBTI, para la promoción de los bienes y servicios públicos, para el lanzamiento de procesos constituyentes. En resumen, es necesario un programa netamente anticapitalista, feminista, internacionalista y ecologista.

Autor: Eric Toussaint

Traducido por Griselda Piñero Delledonne

 

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El Banco Mundial vio venir la crisis

Eric Toussaint

En 2019, el Banco Mundial (BM) y el FMI cumplirán 75 años. Estas instituciones financieras internacionales (IFI), creadas en 1944, están dominadas por Estados Unidos y algunas grandes potencias aliadas, y actúan en contra de los intereses de los pueblos.

El BM y el FMI otorgaron, sistemáticamente, préstamos a los Estados con el fin de influir sobre sus políticas. El endeudamiento externo fue y es todavía utilizado como un instrumento para someter a los deudores. Desde su creación, el FMI y el BM han violado los pactos internacionales sobre derechos humanos y no dudaron, ni dudan, en sostener a dictaduras.

Una nueva forma de descolonización se impone para salir del impasse en el que las IFI y sus principales accionistas acorralaron al mundo. Se deben construir nuevas instituciones internacionales.

Estamos publicando una serie de artículos de Éric Toussaint, quien reseña la evolución del Banco Mundial y del FMI desde su creación. Estos artículos son sacados del libro Banco mundial: El Golpe de Estado Permanente., que podéis consultar gratis en Banco mundial : El Golpe de Estado permanente .

Desde 1960 el Banco Mundial identificaba el peligro de estallido de una crisis de la deuda con la incapacidad de los principales países endeudados de mantener los desembolsos crecientes. Las señales de alerta se multiplicaron en el curso de los años 60 y hasta el shock petrolero de 1973. Tanto los directivos del Banco Mundial como los banqueros privados, la Comisión Pearson y el Tribunal de Cuentas de Estados Unidos (General Accounting Office, GAO) publicaron informes que destacaban el peligro de crisis. A partir del aumento del precio del petróleo en 1973 y del reciclado de los petrodólares por los grandes bancos privados de los países industrializados, el tono cambió radicalmente. El Banco Mundial dejó de hablar de crisis, a pesar de que el ritmo de endeudamiento se aceleraba. Entró en competencia con la banca privada concediendo el mayor número de préstamos en el menor tiempo posible. Hasta el estallido de la crisis de 1982, empleaba un doble discurso. Uno dirigido al público y a los países endeudados, diciendo que no había motivos para inquietarse excesivamente, que si surgían problemas éstos serían de corta duración. Era el discurso de los documentos oficiales públicos. El otro lo mantenía a puerta cerrada. En un memorándum interno, se puede leer que si los bancos percibían que el riesgo aumentaba, debían reducir los préstamos porque «una gran cantidad de países podrían verse en situaciones extremadamente difíciles» (29 de octubre de 1979). [1]

A partir de 1960 no faltaron las señales de alerta.

Desde dicho año, Dragoslav Avramovic y Ravi Gulhati, dos economistas eminentes del Banco Mundial, [2] elaboraron un informe que señalaba claramente el peligro de ver que los PED alcanzaban un nivel insostenible de endeudamiento, basado en las sombrías perspectivas en términos de ingresos por exportaciones: «Se prevé que en los próximos años los reembolsos de la deuda aumentarán en muchos grandes países endeudados, la mayor parte de los cuales ya han alcanzado una tasa de servicio de la deuda muy alto. […] En ciertos casos, la incertidumbre sobre las perspectivas de exportaciones y un gravoso servicio de la deuda constituyen un serio obstáculo para nuevos préstamos importantes.» [3]

Sólo era el comienzo de una larga serie de advertencias que aparecieron en diferentes documentos sucesivos del Banco Mundial hasta 1973.

En el informe anual del Banco de 1963-1964, se lee en la página 8: «La gravosa carga de la deuda que pesa sobre un número creciente de países miembros constituye una preocupación permanente para el grupo del Banco Mundial. […] Los directores ejecutivos han decidido que el Banco puede modificar ciertas condiciones de los préstamos para aliviar el servicio de la deuda en los casos apropiados.» [4]


El 20º informe anual, publicado en 1965, desarrolla ampliamente el tema de la deuda

El informe destaca que las exportaciones de productos agrícolas crecían con más rapidez que la demanda de los países industrializados, lo que causaba la caída de los precios: [5] «El crecimiento de la oferta de de las materias primas agrícolas destinadas a la exportación ha tenido una tendencia a ser más rápido que el crecimiento de la demanda de los países industrializados. En consecuencia, los países en desarrollo han visto una caída importante de los precios de sus exportaciones agrícolas entre 1957 y 1962.» Por ejemplo, mientras que las exportaciones de café aumentaron un 25 % en volumen entre 1957 y 1962, los ingresos debidos a dichas ventas bajaron un 25 %. [6] Igualmente, hubo una reducción de los precios del cacao y el azúcar. El informe muestra que las exportaciones de los PED eran, en esencia, materias primas cuya demanda por los países del Norte evolucionaba con más lentitud e irregularmente. Los precios de las materias primas bajaban. [7] El informe señala que los flujos financieros hacia los PED eran insuficientes tanto en préstamos y donaciones como en inversiones, porque lo que retornaba en forma de pago de la deuda y repatriación de beneficios de las inversiones extranjeras era excesivo.

El informe revela también que la deuda aumentó a un ritmo anual del 15 % entre 1955 y 1962, que luego se aceleró, llegando al 17 % entre 1962 y 1964. Once países concentraban un poco más del 50 % de la deuda. Todos ellos grandes clientes del Banco (India, Brasil, Argentina, México, Egipto, Pakistán, Turquía, Yugoslavia, Israel, Chile, Colombia).

El ritmo de crecimiento de la deuda externa pública de los PED era muy alto. Entre 1955 y 1963, la deuda aumentó un 300 %, pasando de 9.000 a 28.000 millones de dólares. Entre 1963 y 1964, o sea, en un solo año, la deuda aumentó un 22 %, llegando a los 33.000 millones de dólares. El volumen del servicio de la deuda se multiplicó por 4 durante el mismo período (1955-1964).

En 1955, el servicio de la deuda representaba el 4 % de los ingresos por exportaciones. En 1964, el porcentaje se triplicó (12 %). ¡Y en el caso de ciertos países llegó a representar cerca del 25 %!

El informe pone el acento en la necesidad de definir correctamente las condiciones con las que el Banco Mundial y los otros acreedores concedían los préstamos. ¿Cuál era el razonamiento?

Cuanto más duros sean los términos (las condiciones), más elevados serán los desembolsos. En consecuencia, la rigidez o la flexibilidad/suavidad de las condiciones es tan importante como el volumen de la ayuda. Dos factores clave determinan la dureza o la suavidad: a) la parte de las donaciones, b) el nivel de la tasa de interés y el plazo de los reembolsos.

Así mismo, el informe muestra que la parte de las donaciones descendió (principalmente por parte de Estados Unidos). Los tipos de interés bajaron un poco y los plazos de reintegro se alargaron. O sea, por una parte se aumentó la dureza y por otra se la redujo. Notemos que la URSS prestaba a una tasa de interés netamente inferior que la fijada por el «Oeste». [8] El informe abogaba por una suavización de los términos de los préstamos.

En los 19 informes que precedieron a éste, no se encuentra ningún análisis de este tipo. ¿Cómo se explica el tono particular y el contenido original de este informe?

De hecho, fue escrito bajo la presión de los acontecimientos. Numerosos países del Tercer Mundo se habían organizado en el seno del movimiento de los no alineados. Eran mayoría en la Asamblea de las Naciones Unidas y lograron en 1964 la creación de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (CNUCED), que es la única institución onusiana dirigida por representantes de los PED. [9] Éstos criticaban con firmeza la actitud de los países más industrializados. El propio Banco Mundial contaba por entonces con 102 países miembros, o sea, con la mayoría de los países del Tercer Mundo. La dirección del Banco se vio obligada a tener en cuenta, en el nivel del análisis, las recriminaciones del Sur.

El 21º informe anual, publicado en 1966, vuelve sobre el tema de los préstamos, recomienda su flexibilización y señala que se estaba en una lógica de aumento permanente de la deuda: «Mientras que la carga creciente de la deuda de los países en desarrollo destaca la necesidad de que las condiciones de los créditos sean más blandas, […] las condiciones medias de la ayuda bilateral podrían ser mucho menos favorables […] No obstante, un nivel más alto de la ayuda en condiciones inadecuadas podría hacer aún más difícil el problema de la deuda externa. Si la ayuda no se ofrece en condiciones más ventajosas, su volumen bruto tendrá que aumentar permanentemente y de un modo considerable a fin de mantener una transferencia real de recursos.» [10]

En resumen, podemos considerar que el Banco Mundial había detectado el peligro persistente del estallido de una crisis de la deuda debido a la incapacidad de mantener los desembolsos crecientes. Las soluciones propuestas por el Banco, como vimos en las citas precedentes, consistían en aumentar el volumen de los préstamos, proponiendo a la vez condiciones más favorables: tipo de interés menos alto, período de reembolso más largo. De hecho, el Banco no percibía el problema más que en términos de flujos: para que los países endeudados pudieran pagar había que aumentar los montos prestados, aliviando las condiciones de reembolso. Manifiestamente, estamos ante un círculo vicioso, en el que las nuevas deudas sirven para amortizar las anteriores, tanto en el plano racional como en la realidad.

En los informes mencionados, el Banco expresa su confianza en el aumento de los flujos de capitales privados (inversiones y préstamos) hacia los PED. El aumento de los préstamos privados permitiría reducir la espera con relación a la financiación pública, según el citado informe.

El 20º informe anual, publicado en 1965, dice: «El grupo del Banco Mundial y otros organismos internacionales despliegan unos esfuerzos considerables para alentar y ampliarlos flujos de capitales privados hacia los países menos desarrollados. No hay ninguna duda de que se puede esperar un aumento de estos flujos […] acelerando así la vía de desarrollo y reduciendo la espera con relación a la financiación pública». [11] En el informe de 1966 se indica la necesidad de liberar los movimientos internacionales de capitales: «Se puede esperar que será posible establecer condiciones que permitan un movimiento más libre de capitales privados en el mercado mundial.» [12]

Y, hay que destacarlo, después de una larga argumentación sobre las dificultades del reembolso de la deuda, el Banco declara que no es necesario disminuir el recurso al empréstito: «Sin embargo, nada de esto debe interpretarse como una conclusión de que los países en desarrollo no podrían permitirse, o incluso deberían evitarlo, algún aumento de sus obligaciones de reembolso.» [13]

La constitución en 1968 de la Comisión Pearson por Robert McNamara, nuevo presidente del Banco Mundial, se inscribía en los esfuerzos desplegados por los dirigentes estadounidenses para hacer frente al creciente endeudamiento y a las reivindicaciones de los países del Sur. Partners in Development (socios para el desarrollo), un informe de la Comisión publicado en 1969, predice que el peso de la deuda aumentará hasta llegar a una situación de crisis en la década siguiente. El porcentaje de nuevos préstamos brutos destinados a asegurar el servicio de la deuda alcanzó el 87 % en Latinoamérica en 1965-1967.

Nelson Rockfeller, hermano del presidente del Chase Manhattan Bank, explicaba lo siguiente en 1969, en un informe al presidente de Estados Unidos, a propósito de los problemas a los que tendría que hacer frente Latinoamérica: «El considerable nivel de las sumas prestadas a ciertos países del hemisferio occidental, a fin de mantener el desarrollo, es tal que el pago de los intereses y la amortización absorbe una gran parte de los ingresos por exportaciones. […] Muchos países se ven obligados, en efecto, a contratar nuevos préstamos para disponer de las divisas necesarias para pagar el interés más la amortización de préstamos anteriores, y esto a tipos de interés más altos.» [14]

Por su parte, el General Accounting Office (GAO, equivalente en Estados Unidos al Tribunal de Cuentas) remitió al gobierno un informe alarmante: «Muchas naciones pobres han alcanzado ya un nivel de endeudamiento que supera sus posibilidades de pago. […] Estados Unidos continúa acordando más préstamos a los países subdesarrollados que cualquier otro país u organismo, y tiene también la tasa más alta de impagos. La tendencia a hacer los préstamos reembolsables en dólares no es una garantía de que los fondos serán reembolsados. [15]

Algún tiempo después, en 1970, en un informe al presidente de Estados Unidos, Rudolph Petersen, presidente del Bank of America, activó la alarma: «El peso de la deuda en muchos países en desarrollo constituye en este momento un problema urgente. A pesar de que ya se había anunciado hace diez años, no se había tenido en cuenta. Las razones son múltiples, pero, en cualquier caso, en algunos países, los futuros ingresos por exportación están hipotecados en tal grado que comprometerá la continuación de las importaciones, de las inversiones y del desarrollo.» [16]

En resumen: diferentes fuentes influyentes de Estados Unidos, todas relacionadas entre sí, consideraban desde finales de los años 60 que podía estallar una crisis de la deuda unos años más tarde.


A pesar de la conciencia del peligro…

También Robert McNamara, por su parte, consideraba que el ritmo de crecimiento del endeudamiento del Tercer Mundo constituía un problema: «A finales de 1972, la deuda se elevaba a 75.000 millones de dólares y el servicio anual de la misma superaba los 7.000 millones de dólares. El servicio de la deuda aumentó el 18 % en 1970 y el 20 % en 1971. La tasa media de aumento de la deuda desde la década de los 60 representa casi el doble de la tasa de crecimiento de los ingresos por exportaciones, con los que el país endeudado debe asegurar este servicio de la deuda. Esta situación no puede continuar indefinidamente.» [17]

… a partir de 1973, el Banco Mundial se lanzó a proseguir el aumento de las deudas en competencia con los bancos privados

A pesar de esto, el Banco que presidía mantuvo la presión sobre los países de la Periferia para que incrementaran su endeudamiento.

A partir de 1973, el aumento del precio del petróleo y de otras materias primas provocó la fuga hacia adelante con un mayor endeudamiento. En las publicaciones del Banco Mundial, del FMIy de los banqueros había cada vez menos pronósticos pesimistas en cuanto a las dificultades de reembolso a las que podrían tener que hacer frente los PED.

Consideremos el caso del FMI. Se puede leer en su informe anual para 1975 un mensaje totalmente sereno: «La inversión de los excedentes de los países exportadores de petróleo en los mercados financieros nacionales e internacionales, combinado con la expansión de la financiación internacional (en forma de préstamos bilaterales y multilaterales), ha constituido una forma satisfactoria de transferencia de fondos para paliar el déficit de la balanza de cuenta corriente de los países importadores de petróleo.» [18]

Hay que destacar que este diagnóstico difiere absolutamente del que se sostendría después del estallido de la crisis. Cuando éste se produjo, en 1982, el FMI hizo responsables del mismo a los shocks petroleros de 1973 y 1979. Pero lo que se puede deducir del informe de 1975 antes citado es que, para el FMI, el reciclado de los petrodólares, combinado con los préstamos públicos, había resuelto ampliamente los problemas de los países importadores de petróleo.


¿Cómo se explica la voluntad del Banco Mundial de estimular el aumento del endeudamiento en los años 70?

El Banco Mundial quería a toda costa aumentar su influencia sobre el mayor número posible de países que se situaran claramente en el campo capitalista, o que el menos mantuvieran (Yugoslavia) o tomaran (Rumania) distancia con la URSS. [19] Para conservar o aumentar esta influencia necesitaba reforzar el efecto de palanca aumentando sin cesar las sumas prestadas. Pero también los bancos privados trataban de aumentar sus préstamos, y a unas tasas que podían ser inferiores a las del Banco Mundial. [20] Éste se había lanzado a la pesca de proyectos que pudieran ser motivo de préstamos. Entre 1978 y 1981, las sumas prestadas por el Banco aumentaron el 100 %.

McNamara mostraba una gran confianza en la segunda mitad de los años 70. En 1977 declaró en su alocución presidencial anual: «Los principales bancos y los principales prestatarios actúan sobre la base de previsiones que concuerdan», y concluía: «Estamos incluso más confiados hoy que hace un año: el problema de la deuda es gestionable.» [21]

Algunos grandes banqueros privados también hicieron gala de una gran serenidad. [22] El Citibank manifestaba en 1980: «Después de la segunda guerra mundial, la cesación de pagos por los países subdesarrollados, cuando se producían, no ocasionaban pérdidas importantes a los bancos prestamistas. Una cesación de pago generalmente era seguida de un acuerdo entre el gobierno del país endeudado y sus acreedores extranjeros, en términos de reestructuración de la deuda. […] En la medida en que el tipo de interés y los diferenciales son por lo general revisados al alza cuando se reeestructura un préstamo, el valor del descuento es a menudo superior al valor del crédito original.» [23] Esta declaración debe ser tomada con la mayor circunspección en cuanto a las motivaciones de su autor. En efecto, el Citibank, uno de los bancos más activos en los años 70 en términos de préstamos al Tercer Mundo, barruntaba que el viento estaba por cambiar. En el momento en que escribía esas líneas, ya estaba preparando su retirada y no concedió casi ningún nuevo préstamo.

El texto iba dirigido a los banqueros más chicos, especialmente los bancos locales de Estados Unidos, los Saving and Loans, a los que firmas como el Citibank trataban de tranquilizar, para que fueran ellos los que acordaran los nuevos préstamos. Una de las prioridades del Citibank era que el dinero que los Saving and Loans continuaban enviando a los países del Sur permitiera el reembolso a los grandes banqueros. En otras palabras, para que los países endeudados pudieran proseguir los reembolsos a los grandes bancos, era necesario que existieran otros prestamistas. Éstos podían ser privados (bancos pequeños o medianos, menos informados que los grandes, o desinformados por éstos) o públicos (el Banco Mundial, el FMI, las agencias públicas de créditos a la exportación, los gobiernos…). Era necesario que hubiera prestamistas en última instancia, para que los grandes bancos fueran íntegramente reembolsados. En este aspecto, si instituciones como el Banco Mundial y el FMI difundían palabras tranquilizadoras mientras la crisis se incubaba, se hacían cómplices de los grandes bancos, que buscaban salvarse de esa manera. Los pequeños bancos, que continuaron prestando capitales a los PED se vieron abocados a la quiebra después del estallido de la crisis de 1982, y el coste de su salvamento fue asumido por el Tesoro de Estados Unidos, es decir, en realidad, por los contribuyentes estadounidenses.

El recodo de 1979-1981

El segundo shock petrolero, en 1979 (a continuación de la revolución iraniana) se combinó con una reducción de los precios de otras materias primas.

A partir de finales de 1979, el coste de la deuda había aumentado por dos causas, por el fuerte alza de las tasas de interés y por la apreciación del dólar. Las tentativas del Sur de relanzar las negociaciones sobre un nuevo orden internacional fracasaron: el diálogo Norte-Sur de Cancún en 1981 no condujo a ninguna parte. Por lo demás, la austeridad fiscal, exigida a los países del Sur (reducción de impuestos, aumento de gastos militares, aumento del consumo), no fue aplicada por Estados Unidos.

El viraje generalizado hacia lo que el Banco Mundial llamaría «ajuste estructural» fue anunciado en el discurso pronunciado por McNamara en la conferencia de la CNUCED de Manila, en mayo de 1979.


El doble discurso del Banco Mundial

Hasta el estallido de la crisis en 1982, el Banco Mundial tuvo un doble discurso. Uno, destinado al público y a los países endeudados, decía que no había que inquietarse demasiado y que si surgieran problemas, éstos serían de corta duración. Era el discurso empleado en los documentos oficiales. El segundo era el utilizado a puerta cerrada y en las discusiones internas.

En octubre de 1978, un vicepresidente del Banco Mundial, Peter Cargill, responsable de finanzas, dirigió al presidente McNamara un memorándum titulado «Grado de riesgo en los activos del Banco Mundial» (Riskness in IBRD’s loans portfolio). En este texto, Cargill urgía a McNamara y al conjunto del Banco Mundial a prestar mucha más atención a la solvencia de los países endeudados. [24] Según Cargill, el número de países endeudados que arrastraban atrasos de pagos con el Banco Mundial o/y que buscaban una renegociación de su deuda multilateral había pasado de tres a dieciocho entre 1974 y 1978. Por su parte, McNamara manifestó su preocupación en muchas oportunidades, especialmente en un memorándum con fecha de septiembre de 1979. En otro memorándum interno, se puede leer que si los bancos perciben que los riesgos aumentan, reducirán sus préstamos y «podríamos ver que una gran cantidad de países se encontrarían en situaciones extremadamente difíciles» (29 de octubre de 1979). [25]

El informe sobre el desarrollo en el mundo editado por el Banco Mundial en 1980 presenta un futuro optimista, previendo que las tasas de interés real se estabilizarían en el nivel muy bajo del 1 %. Totalmente irreal. La evolución real lo ha demostrado. Lo edificante es saber, gracias a los historiadores del Banco Mundial, que en la primera versión, no publicada, del informe figuraba una segunda hipótesis basada en un tipo de interés real del 3 %. Esta proyección mostraba que la situación sería, a término, insostenible para los países endeudados. McNamara logró que se retirara este guión negro de la versión definitiva. [26] En el informe sobre el desarrollo en el mundo de 1981 se puede leer: «Parece muy probable que los prestatarios y los prestamistas se adaptarán a las condiciones cambiantes sin precipitar una crisis general de confianza.» [27]

El mandato de McNamara a la presidencia del Banco Mundial terminó en junio de 1981, un año antes de que la crisis se desencadenara ante los ojos de todo el mundo. El presidente Ronald Reagan lo reemplazó por Alden William Clausen, presidente del Bank of America, uno de los principales acreedores privados de los PED. Se puso al zorro a cuidar el gallinero.

Parte 1 Acerca de la fundación de las instituciones de Bretton Woods
Parte 2 En un clima de caza de brujas, el Banco Mundial siempre está al servicio de los poderosos
Parte 3 Conflictos entre la ONU y el dúo Banco Mundial/FMI
Parte 4 SUNFED versus Banco Mundial
Parte 5 ¿Por qué un Plan Marshall?
Parte 6 La anulación de la deuda alemana en 1953 en comparación con el tratamiento reservado al Tercer Mundo y a Grecia
Parte 7 El liderazgo de Estados Unidos en el Banco Mundial
Parte 8 El apoyo del Banco Mundial y del FMI a las dictaduras
Parte 9 El Banco Mundial y Filipinas 
Parte 10 El apoyo del Banco Mundial a la dictadura en Turquía (1980-1983)
Parte 11 El Banco y el FMI en Indonesia: una intervención emblemática
Parte 12 Las falacias teóricas del Banco Mundial
Parte 13 Corea del Sur y el milagro desenmascarado 
Parte 14 La trampa del endeudamiento
Parte 15 El Banco Mundial vio venir la crisis
Parte 16 La crisis de la deuda mexicana y el Banco Mundial
Parte 17 Banco Mundial y FMI: al servicio de los acreedores
Parte 18 Los presidentes Barber Conable y Lewis Preston (1986-1995)

Notas

[1Devesh Kapur, John P. Lewis, Richard Webb, The World Bank, Its First Half Century, Brookings Institution Press, Washington D.C., 1997, vol. 1, p. 599.

[2El yugoslavo Dragoslav Avramovic fue economista jefe del Banco Mundial en 1963-1964. Treinta años más tarde, fue gobernador del Banco Central yugoslavo (1994-1996), en la época del gobierno de Slobodan Milosevic.

[3Dragoslav Avramovic y Ravi Gulhatti, Debt Servicing Problems of Low-Income Countries, Johns Hopkins Press for the IBRD, Baltimore, 1960, pp. 56, 59.

[4World Bank, Annual Report 1963-1964, p. 8.

[5World Bank, Annual Report 1965, p. 54.

[6Ibid. p. 55.

[7Durante este tiempo, el Banco Mundial dirigió sus préstamos hacia los cultivos de exportación y las actividades exportadoras de materias primas.

[8World Bank, Annual Report 1965, p. 61.

[9Para una presentación sintética de la creación de la CNUCED y su posterior evolución, ver Eric Toussaint, Las finanzas contra los pueblos. La bolsa o la vida, CLACSO, Buenos Aires, 2004, pp. 107-109; ver también VV.AA., ONU. Droits pour tous ou la loi du plus fort ?, CETIM, Ginebra, 2005, pp. 207-219, y Jean-Philippe Thérien, Une voix du Sud : Le discours de la Cnuced, L’Harmattan, París, 1966.

[10World Bank, Annual Report 1966, p. 45.

[11World Bank, Annual Report 1965, p. 62.

[12La situación es paradójica: mientras el Banco argumentaba a favor de un movimiento más libre de capitales entre los PED y los países desarrollados, Washington, por su parte, establecía en 1963 fuertes restricciones a la salida de capitales de Estados Unidos. Estas restricciones aceleraron el desarrollo en Europa del mercado de eurodólares, que se reciclaban en préstamos a los PED. Ver Eric Toussaint, op. cit., p. 167 y Philippe Norel y Eric Saint-Alary, L’Endettement du tiers monde, Alternatives économiques, Syros, París, 1992, pp. 41 y siguientes.

[13World Bank, Annual Report 1966, p. 45.

[14Nelson Rockefeller, Report on the Americas, Quadrangle Books, Chicago, 1969, p. 87, citado en Cheryl Payer, Lent and Lost. Foreign Credit and Third World Development, Zed Books, Londres, 1991, p. 58.

[15Banking, noviembre de 1969, p. 45, citado en Cheryl Payer, op. cit,, p. 69.

[16Task Force on International Development, U.S. Foreign Assistance in the 1970s: a new approach, Report to the President, Government Printing Office, Washington, 1970, p. 10.

[17Robert S. McNamara, Cien países. Dos mil millones de seres, Tecnos, Madrid, 1973, p. 94.

[18International Monetary Found, Annual Report 1975, p. 3.

[19En este escenario, el Banco Mundial hizo un gran esfuerzo para convencer a China de que entrara en su seno (perjudicando a las autoridades de Taiwán, que entre 1949 y 1979 había ocupado el sitio de China en el Banco). El retorno de China popular al Banco tuvo lugar al final de la presidencia de McNamara.

[20En 1976-1978, los bancos comerciales prestaban a Brasil a una tasa media del 7,4 %, mientras que el Banco Mundial lo hacía al 8,7 % (Devesh Kapur et al., op. cit., vol 1. p. 281 y tabla 15.5, p. 983).

[21Citado en Nicholas Stern y Francisco Ferreira, «The World Bank as “intelectual actor”», in Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 2. p. 558.

[22A medio término, no se equivocaban. La visión expresada en la cita se confirmó en los años 80: las suspensiones de pagos de la deuda fueron de corta duración, la reestructuración de los pagos se concertaron entre los grandes bancos estadounidenses y los gobiernos de los países latinoamericanos con el apoyo del Banco Mundial y del FMI. Como afirmara el Citibank, «las tasas de interés y los diferenciales por lo general son revisados al alza cuando se reestructura un préstamo». Es exactamente eso lo que pasó. Como se señala en los dos capítulos siguientes, los grandes banqueros han realizado enormes beneficios a costa de los países endeudados.

[23Global Finance Intermediation and Policy Analysis (Citibank, 1980), citado en «Why the Major Players Allowed it to happen», International Currency Review, mayo de 1984, citado en Cheryl Payer, op. cit., p. 72.

[24Devesh Kapur et al., op. cit., vol 1. p. 598.

[25Ibid., p. 599.

[26Este guión, aunque muy parecido a lo que realmente ocurrió, era de todos modos demasiado optimista.

[27Citado en Nicholas Stern y Francisco Ferreira, op. cit., in Devesh Kapur et al., op. cit., vol. 2. p. 559.

Autor:

Eric Toussaint

Fuente del artículo: http://www.cadtm.org/El-Banco-Mundial-vio-venir-la-crisis

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Cuba: Ponencia presentada en el Primer Encuentro Académico Internacional León Trotski: vida y contemporaneidad. Un abordaje crítico

«La batalla llevada a cabo por Trotsky y los 46 constituye la primer ofensiva pública concertada de
un miembro del Buró Político y de una serie impresionante de cuadros del partido contra la fracción
estalinista y sus aliados. El hecho de que hubiera unión entre Trotsky y los 46 ha sido puesto en
cuestión por Isaac Deutscher de forma equivocada en su cautivadora biografía de Trotsky.»

Ponencia presentada en el Primer Encuentro Académico Internacional León Trotski: vida y contemporaneidad. Un abordaje crítico

Por: Eric Toussaint

La construcción de una sociedad de transición al socialismo se plantea de forma cuadrangular En primer lugar, los marxistas y el problema de la sociedad de transición entre el capitalismo y el socialismo: cuando los bolcheviques se vieron confrontados a la construcción de un Estado obrero a partir de la insurrección de octubre de 1917, tenían muy pocas bases teóricas sobre las que apoyarse en esta materia.

Era efectivamente la primera experiencia histórica, práctica, a gran escala, de tentativa de construcción de una sociedad socialista. Había escritos marxistas que abordaban los problemas de la transición, escritos de antes de 1917. Son los escritos de K. Marx y F. Engels, en particular la crítica del programa de Gotha y de Erfurt, y las lecciones sacadas por Marx, Engels y más tarde por Lenin, de la experiencia de la Comuna de París.

Ésta representa la primera experiencia histórica de la “dictadura del proletariado”, aunque de corta duración y a una escala geográfica muy reducida, no especialmente comparable a la Rusia zarista. En fin, hay un libro extremadamente importante escrito por el propio Lenin durante el año 1917, “El Estado y la Revolución”. Dicho texto prolonga los análisis de Marx y propone un método de dirección política de la sociedad de transición pero no plantea el problema bajo el ángulo económico.

Segunda observación. ¿Cómo se veía hasta 1917 el problema de la transición entre el capitalismo y el socialismo, el problema de la dictadura del proletariado? Éste estaba planteado de forma triangular por los marxistas de la época y en particular por Lenin. Triangular, en la medida en que ponía en presencia tres clases sociales esenciales: la burguesía, el proletariado industrial y el campesinado. Se trataba de realizar la alianza del proletariado y del campesinado para derrocar la dictadura burguesa. Esta alianza debía hacerse bajo la dirección del proletariado y debía ser mantenida tras la toma del poder si se quería a la vez combatir los vestigios del antiguo régimen, hacer frente a los ataques de la burguesía imperialista, realizar las tareas de la revolución democrática y emprender transformaciones socialistas.

 

Para acceder al Documento completo: Encuentro Académico Internacional

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La deuda ha jugado un papel determinante en la historia

Por: Eric Toussaint

En toda una serie de acontecimientos históricos mayores, la deuda soberana era un elemento determinante (vease : http://www.cadtm.org/Repudio-de-las-deudas-soberanas). Fue el caso, a partir de comienzos del siglo XIX, en los Estados que luchaban por su independencia, en América latina desde México a Argentina o Colombia (http://www.cadtm.org/La-deuda-y-el-libre-comercio-como y tambien: http://www.cadtm.org/La-deuda-de-America-latina-y-sus). Para financiar la guerra de la independencia, esos países nacientes contrajeron préstamos con los banqueros de Londres en condiciones leoninas, que les condujeron en realidad a un nuevo ciclo de subordinación.

Otros Estados perdieron completamente, de forma oficial, su soberanía. Túnez tenía una autonomía relativa en el Imperio otomano, pero se había endeudado con los banqueros de París (http://www.cadtm.org/Francia-se-apodero-de-Tunez-usando). Claramente, utilizando el arma de la deuda, Francia justificó su puesta bajo su tutela, y su colonización. Diez años más tarde, en 1882, Egipto perdió también su independencia, primero ocupado por Gran Bretaña que quería recobrar las deudas contraídas por el país con los bancos ingleses, antes de ser transformado en colonia (http://www.cadtm.org/La-deuda-como-instrumento-para-la).

No se trata de un complot global y sistemático. Cuando los republicanos independentistas griegos y latinoamericanos acudieron a Londres para tomar prestados fondos, lo que iba a ocurrir luego no estaba previsto por la monarquía británica. Pero las grandes potencias percibieron muy rápidamente el interés que podían tener en el endeudamiento exterior de un país para justificar una intervención militar y una puesta bajo tutela, en una época en la que estaba permitido hacer la guerra para recuperar una deuda.

La crisis de la deuda griega del siglo XIX presenta similitudes con la crisis actual

Los problemas comenzaron como consecuencia de la primera gran crisis bancaria internacional, que estalló en Londres en diciembre de 1825. Los bancos, debilitados, no quisieron seguir prestando, igual que tras la crisis de Lehman Brothers en 2008. Los Estados nacientes como Grecia habían tomado prestado en condiciones tan abusivas, y los montantes percibidos eran tan bajos en relación a los montantes realmente tomados prestados, que eran incapaces de devolver sus créditos sin nuevos préstamos. Cuando los bancos dejaron de prestar, Grecia no fue ya capaz de refinanciar su deuda. Sus reembolsos se interrumpieron en 1827.

Es ahí donde el «sistema deuda» se parece al de hoy: las monarquías francesa, británica y el zar de Rusia -la troika- se pusieron de acuerdo en conceder un préstamo a Grecia y le permitieron nacer como Estado independiente, lo que les vino bien, pues desestabilizaba al Imperio otomano. A cambio, firmaron en 1832 un «convenio sobre la soberanía de Grecia». Creaba en Grecia una monarquía, cuando los independentistas querían una República. El rey elegido, Otón I, era un príncipe bávaro de 15 años, que no hablaba griego y jamás había puesto sus pies en Grecia. El documento estipula que esta monarquía tenía como deber consagrar prioritariamente en su presupuesto el reembolso de una deuda contraída con las tres potencias, vía el banco Rothschild de Paris, a fin de reembolsar a los banqueros londinenses. Los gastos asumidos por la troika para instalar esta monarquía, con el reclutamiento de 3500 mercenarios bávaros para hacer una guerra «de independencia», debían también ser reembolsados por Grecia.

Muestro así que a comienzos del siglo XIX, solo el 20% del montante prestado a Grecia llegó efectivamente a Grecia. El resto fue a las comisiones cobradas por el banco Rothschild, al pago de los mercenarios, a sus gastos de desplazamiento a Grecia y a otros gastos para la instalación de la monarquía (ver: http://www.cadtm.org/Grecia-nacio-con-una-deuda-odiosa).

Luego Grecia vivió en una situación de subordinación permanente. Cayó en ella de forma aún más fuerte a partir de 2010. De nuevo, se reunieron poderes públicos para recaudar fondos que sirvieran para reembolsar a los acreedores privados. En este caso, los bancos franceses, alemanes, belgas y holandeses (ver : http://www.cadtm.org/Documentos-secretos-del-FMI-sobre y http://www.cadtm.org/Grecia-los-bancos-en-el-origen-de).

La historia muestra igualmente una especie de alianza objetiva entre las clases dominantes de los países endeudados y los Estados prestamistas

No podemos comprender la historia del sistema sin considerar el papel de la clase dominante local. Esta empuja a las autoridades a pedir prestado en el interior y en el extranjero, pues el préstamo contribuye a que los impuestos, que pesan sobre la burguesía, no sean elevados. Se comporta también como rentista, invirtiendo ella misma en los bonos de Estado emitidos por su país.

Cuando el régimen del liberal-demócrata mexicano Benito Juárez repudió una parte de las deudas contraídas anteriormente por los conservadores, algunos burgueses demandaron la naturalización francesa, a fin de que Francia interviniera militarmente para derrocarle, en nombre del reembolso a sus ciudadanos (http://www.cadtm.org/Mexico-demostro-que-es-posible).

Sigue ocurriendo hoy. A finales de 2001, cuando Argentina suspendió el pago de su deuda, la burguesía argentina se ofuscó, porque una gran parte de la deuda emitida por Wall Street estaba en manos de capitalistas argentinos.

La noción de deuda «odiosa», nacida en los años 1920, no provenía de la izquierda, de aquellas personas a las que hoy llamamos «altermundialistas». ¿De dónde viene?

Durante el siglo XIX, hay una serie de repudios de la deuda. En particular en los Estados Unidos. En 1830, cuatro Estados de los Estados Unidos se ven afectados por disturbios sociales que derrocan a sus gobiernos corrompidos y repudian la deuda que éstos habían contraído con banqueros corruptos. Los proyectos de infraestructuras que supuestamente debía financiar no fueron realizados a causa de la corrupción.

En 1865, cuando los «nordistas» ganaron contra los «sudistas», decretaron que estos últimos debían repudiar las deudas contraídas con los bancos para financiar la guerra (es el contenido de la 14ª enmienda a la Constitución de los Estados Unidos). Una deuda considerada como «odiosa», pues fue contraida para defender el sistema esclavista.

A finales del siglo XIX, los Estados Unidos rechazaron igualmente que Cuba, independiente como consecuencia de su intervención militar, reembolsara la deuda que España había contraído en Paris en nombre de su colonia. Los Estados Unidos la consideraron como «odiosa», pues sirvió para financiar la dominación de Cuba y las guerras que los españoles realizaron en otras partes.

Y cuando en 1919, Costa Rica repudió una deuda contraída por el exdictador Tinoco, en beneficio exclusivo de su familia, fue un antiguo presidente de los Estados Unidos quien intervino como árbitro y ratificó el repudio. Pues el dinero tomado prestado estaba destinado a intereses personales.

Sobre la base de toda esta jurisprudencia, Alexander Sack, un jurista ruso, exiliado tras la revolución bolchevique, elaboró una doctrina jurídica. Afirmaba que un Estado sigue estando comprometido por las deudas contraídas por el régimen anterior, pero añade una excepción: si la deuda ha sido contraída contra el interés de la población y los acreedores eran conscientes de ello, o habrían debido serlo haciendo las comprobaciones oportunas, puede ser decretada odiosa y ser repudiada.

Esta doctrina emana pues de un profesor conservador, que quería defender los intereses de los acreedores, pero igualmente decirles que hay que prestar atención y mirar para quién y porqué prestan. Confirma, al hacerlo, que hay claramente una posibilidad para los Estados de repudiar una deuda si ésta es odiosa (http://www.cadtm.org/Desmitificar-a-Alexandre-Nahum).

La deuda griega es «odiosa»

La Troika reclama desde 2010 a Grecia préstamos que fueron claramente concedidos contra el interés de la propia ciudadanía griegas, puesto que se le impusieron medidas que degradaron el ejercicio de sus derechos fundamentales y de sus condiciones de vida. Se ha demostrado que el dinero prestado partió inmediatamente hacia los bancos extranjeros o griegos responsables de la crisis. Y se puede probar que los gobiernos de la Troika eran perfectamente conscientes de ello, pues fueron ellos los que dictaron el contenido del memorándum. Fueron sido actores directos (http://www.cadtm.org/Informe-preliminar-del-Comite-de).

Deuda ilegítima en Francia

Los trabajos de los colectivos de auditoría (CAC), presentados en abril de 2014, identifican que el 59% de la deuda francesa es ilegítima (https://www.audit-citoyen.org/2014/…). No ha servido a los intereses de la población de Francia, sino a los de una minoría que ha gozado de regalos fiscales y a los de los bancos que han sacado tasas de interés demasiado elevadas.

Tras un repudio, los Estados pueden encontrar bancos dispuestos a prestarles

La idea extendida según la cual un Estado no puede repudiar su deuda so pena de no poder ya pedir prestado se muestra en realidad falsa. México, por ejemplo, repudió su deuda en 1861, 1867, 1883, 1913 y en cada ocasión encontró nuevos prestamistas. Porque ciertos bancos no dudan en implicarse cuando ven que un país ha recuperado una buena salud financiera suspendiendo el pago de la deuda o repudiándola.

Portugal en 1837 repudió su deuda. Esto no le impidió contraer 14 préstamos sucesivos con los banqueros franceses (http://www.cadtm.org/El-repudio-de-la-deuda-de-Portugal). Los Soviets repudiaron en febrero de 1918 las deudas contraídas por el Zar porque habían servido para hacer la guerra. Se decretó un bloqueo, pero fue levantado después de 1922, porque los británicos decidieron prestarles para que Rusia comprase material británico. Alemania, Noruega, Suecia y Bélgica siguieron el ejemplo. Incluso Francia renunció al bloqueo, cuando 1,6 millones de franceses habían comprado títulos rusos al Crédit Lyonnais, repudiados tras la revolución. Fueron los grandes productores de la metalurgia francesa quienes presionaron para que Francia prestara a los soviets, pues veían que las compras les pasaban ante sus narices (http://www.cadtm.org/Centenario-de-la-Revolucion-Rusa-y).

Conclusión

La anulación de la deuda ilegítima es una condición indispensable para liberar medios para poner en pie una política de transición ecológica. ¡Pero es insuficiente! Repudiar deudas y no realizar otras políticas referidas a los bancos, la moneda, la política sobre los impuestos, las prioridades de inversión y la democracia… sería volver a un ciclo de endeudamiento. El repudio debe inscribirse en un plan de conjunto.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=235254&titular=la-deuda-ha-jugado-un-papel-determinante-en-la-historia-

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Los fondos buitre también actúan en el ámbito de las deudas familiares

Por: Eric Toussait

Gracias a la campaña internacional lanzada por el CADTM, se conoce muy bien la acción nefasta de los fondos buitre con respecto a las deudas soberanas: compran títulos de la deuda soberana a precio de saldo (de un 5 a un 20% del valor inicial) antes de recurrir a los tribunales para recuperar el máximo del valor de la deuda.

El mismo tipo de actividad está en plena expansión en el ámbito de las deudas familiares. Hay que señalar que las posibilidades son enormes ya que en Europa el volumen de créditos privados en suspensión de pagos llega a mil millardos de euros (1.000.000.000.000 €). |1| Debido al empobrecimiento de las clases populares, el volumen de estos impagos de deudas familiares y de microempresas aumentará inevitablemente.

El modo operativo de los fondos buitre en el ámbito de las deudas privadas es simple. Compran paquetes de deudas impagadas, principalmente a bancos, |2| a sociedades de telefonía móvil, a sociedades de crédito inmobiliario o empresas de suministro de energía a particulares. En general, esos fondos buitre adquieren esos impagos al 10 % de su valor y luego mediante el acoso a las personas endeudadas, y también por procedimientos legales, tratan de recuperar del 20 al 30 % del valor inicial de la deuda .

Parece que en Europa las sociedades financieras especializadas en ese tipo de actividades carroñeras se desarrollaron activamente, en primer lugar en Escandinavia, debido a la crisis bancaria de los años 1980-1990. Hablamos de la firma sueca Intrum y de Aktiv Kapital (una filial del grupo estadounidense PRA).

Según un estudio publicado por el banco Morgan Stanley, el volumen total de paquetes de deudas impagadas, en posesión de las siete principales sociedades financieras especializadas en la recuperación de la deuda familiar en Europa se duplicó entre 2014 y 2017, pasando de cerca de 4.000 millones de libras esterlinas a un poco más de 8.000 millones (Financial Times, 23 de noviembre de 2017). En 2016 Intrum obtuvo unos beneficios de 197 millones de euros. Cabot, una sociedad británica, 155 millones de euros; Arrow, británica, 118 millones de euros; Hoist, británica, 93 millones de euros; Kruk, una sociedad polaca, ganó 91 millones de euros. En la página web de Arrow podemos leer que 4 millones de familias se encuentran en suspensión de pagos en Gran Bretaña.

En octubre de 2017, Intrum compró en Grecia un paquete de deudas impagadas por un monto de 40 millones de euros. Pero, probablemente, haya pagado solamente 1,2 millones de euros por esa adquisición, o sea, el 3 % de su valor nominal. Según el director de Intrum, Mikael Ericsson, el mercado griego de deudas impagadas de familias ofrece un extraordinario potencial de expansión, ya que en 2017 cerca del 50 % de las deudas están en suspensión de pagos. |3| Es el equivalente, dice, del mercado formado por Europa central y del este.

Cartografía de las deudas impagadas en porcentaje del monto total de créditos concedidos por los bancos en la Unión Europea al 30 de septiembre de 2015.

Con una competencia en aumento entre los fondos buitre, el rendimiento desciende. Mientras que hace 5 años, una «inversión» de un millón de euros en la compra de deudas impagadas podía permitir obtener 3 millones, en 2017 los fondos buitre sacan entre 1,8 y 2 millones.

Hay otros fondos buitre activos en la compra de esas deudas, como el tristemente célebre fondo Elliot cuyo dueño es Paul Singer. Elliot compró a dos bancos españoles, Banco Popular (adquirido por el banco Santader en mayo de 2017) y Bankia, paquetes de deudas impagadas (véase Fátima Martín, «Los fondos buitre carroñean con lo más básico: Techo, pan y luz»). El grupo estadounidenses Blackstone se volvió también muy activo en España (véase en castellano: Fátima Martín, «Blackstone, el casero buitre global: De los alquileres protegidos de Madrid a los narcopisos de Barcelona»). Blackstone tiene actividades muy diversificadas: en principio, se especializa en la concesión de créditos de riesgo a microempresas y a PYMES. Para eso, Blackstone se dotó de una división especial de desarrollo de ese tipo de actividades: GSO. Esa división propone contratos de deudas simplificados, mucho más arriesgados y con mayor remuneración, lo que le permite atraer a pequeñas y medianas empresas (PYMES) que ya no tienen acceso a los créditos bancarios normales. Por otro lado, GSO atrae igualmente a los inversores en búsqueda del máximo rendimiento, en particular, a los fondos de pensiones. A éstos les propone que den un anticipo de fondos para prestarlos a las microempresas privadas y a las PYMES. En cierto modo, el Financial Times, en su edición del 17 de noviembre de 2017, hace sonar la alarma al anunciar que los fondos de pensiones hacen correr grandes riesgos al ahorro de sus miembros, debido a su inversión en los productos creados por GSO. |4| Por lo tanto, en principio, Blackstone es un prestamista —que atrae los fondos de pensiones a la búsqueda de altos rendimientos— y finaliza el ciclo comprando las carteras de deudas impagadas.

Cuando la burbuja inmobiliaria estalló en Japón (años 1990), en Estados Unidos (2006-2007), en Irlanda e Islandia (2008), en España (2009), decenas de millones de familias de clases populares fueron abocadas a la suspensión de pagos, y comenzaron a ser víctimas de desalojos masivos. En Estados Unidos, desde 2016, 14 millones de familias fueron desposeídas de sus viviendas por los bancos. En España, son más de 300.000 familias. En un contexto en el que el salario real está bajando, el desempleo es masivo y las condiciones de préstamos son abusivas, esas deudas provocan efectos catastróficos para una parte creciente de las clases populares. A menudo, esa población tiene que financiar a crédito su consumo corriente, puesto que sus ingresos normales no alcanzan para pagar los gastos de alimentación, vivienda, vestimenta, calefacción, electricidad, salud, educación… Hay firmas que se especializan en las ventas a crédito a sectores frágiles de la población. A veces, esos préstamos comienzan con un interés cero, con el fin de atraer a los clientes, pero los tipos de interés aumentan rápidamente si aparecen retrasos en el pago, y comienza el acoso. Otra vez más, nos enfrentamos en los países del Norte a un fenómeno masivo de brutal desposesión. Las deudas privadas tienen un papel clave. En Estados Unidos, la justicia contabilizó no menos de 500.000 casos de contratos inmobiliarios abusivos y fraudulentos, pero la cifra real es, indudablemente, mucho más elevada. En España, la legislación utilizada por los banqueros para desalojar a las familias de sus viviendas data de la época del dictador Franco. En Grecia, en el marco del tercer memorando aceptado por el gobierno de Tsipras en 2015, los bancos comienzan a tener las manos libres para desalojar a las familias incapaces de pagar sus deudas hipotecarias.

La nueva crisis internacional, que comenzó en 2007, reveló el comportamiento fraudulento de los bancos. Como consecuencia de las expulsiones masivas de las viviendas que se sucedieron en Estados Unidos, España y otros países, cada vez hay más personas que cuestionan esas deudas. Y esto pasa incluso en países donde la obligación de pagar un crédito era, en general, incuestionable. Ada Colau, alcaldesa de Barcelona desde 2015, reunió alrededor de su persona un importante apoyo popular por haber participado activamente en la plataforma contra los desalojos, realizados por los bancos, de familias incapaces de continuar pagando sus hipotecas. Algunos años antes, hubiera sido inimaginable que una mujer o un hombre fuera elegido para ejercer altos cargos después de haber organizado ocupaciones ilegales de bancos, para defender las familias que no podían seguir pagando sus deudas.

Por todo el mundo, los movimientos sociales y el CADTM cuestionan el pago de deudas privadas ilegítimas, ya sean hipotecarias o de estudiantes, ya sean reclamadas por grandes bancos privados, por agencias de cobro de deudas, por fondos buitre o por agencias de microcrédito.

Notas:

|1| 1 000 millardos € de deudas en suspensión de pagos (conocido también por la sigla inglesa NPL, Non performing loans). Eso representa, según la Autoridad bancaria europea, el 5 % del total de los créditos concedidos por los bancos de la Unión Europea.

|2| Los bancos son presionados por las autoridades de control y por el BCE para deshacerse de las deudas impagadas (NPLs) revendiéndolas a precios de saldo a terceros, como los fondos buitre.

|3| Sobre las causas de esa elevadísima cantidad en Grecia, véase Éric Toussaint «Grecia: los bancos en el origen de la crisis», publicado el 11 de enero de 2917

|4| Financial Times, «Blackstone offers “cove-lite” business loans», 17 de noviembre de 2017.

Traducido por Griselda Pinero

Eric Toussaint es maître de conférence en la Universidad de Lieja, es el portavoz de CADTM Internacional y es miembro del Consejo Científico de ATTAC Francia. Es autor de diversos libros, entre ellos: Procès d’un homme exemplaire , Ediciones Al Dante, Marsella, 2013; Una mirada al retrovisor: el neoliberalismo desde sus orígenes hasta la actualidad, Icaria, 2010; La Deuda o la Vida (escrito junto con Damien Millet) Icaria, Barcelona, 2011; La crisis global, El Viejo Topo, Barcelona, 2010; La bolsa o la vida: las finanzas contra los pueblos, Gakoa, 2002. Es coautor junto con Damien Millet del libro AAA, Audit, Annulation, Autre politique , Le Seuil, París, 2012. Este último libro ha recibido el premio Prix du livre politique, otorgado por la Feria del libro político de Lieja. Ultimo libro: Bancocracia Icaria Editorial, Barcelona 2015. Es coordinador de las publicaciones Comisión de la Verdad Sobre la Deuda.

Fuente: http://www.cadtm.org/Los-fondos-buitre-tambien-actuan

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