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Los pueblos originarios, nuestros maestros y doctores


1.

Hoy nos sentimos todos más o menos perdidos. La situación de nuestra civilización, así nos parece, llegó a su límite. Perdida en las contradicciones que ella misma creó, se da cuenta de que el cuerpo de conocimientos y el arsenal de técnicas que ella misma creó no nos ofrecen ninguna solución para resolver los graves problemas a los que nos enfrentamos. Tenemos que cambiar o, en palabras de Zygmunt Bauman, “vamos a engrosar el cortejo de los que se dirigen hacia su propia sepultura”.

La civilización actual no nos presenta un futuro esperanzador. Como advirtió uno de los últimos grandes naturalistas franceses Théodore Monod en su libro-testamento ¿Y si la aventura humana llega a desaparecer? (París, 2000): “Sería el justo castigo por las agresiones que por siglos hemos infligido a la Tierra”.

Aún así continuamos esperando lo imponderable y lo imprevisible, pues la evolución no es lineal, sino que da saltos en un sentido hacia una mayor complejidad y estructura, pero también en un sentido destructivo. Nuestra esperanza es que el salto sea constructivo.

En momentos como estos, cuando nos encontramos en un callejón sin salida, buscamos inspiración en quienes ofrecen una alternativa posible. Así es cómo se someten a nuestra consideración los pueblos originarios. No son “indios”, pues estos no existen. Lo que existen son pueblos con sus culturas, tradiciones y religiones. Cuando Cabral puso sus pies en nuestras tierras, había cerca de 5 millones de habitantes, agrupados en 1.400 pueblos, que hablaban 1.300 lenguas, la mayor proliferación conocida en la historia. Infelizmente debido a la diezmación, ocurrida a lo largo de más de 500 años, tan solo quedan 180 lenguas, una pérdida aproximada del 85%, un daño irreparable para toda la humanidad.

Los que sobrevivieron, según la ONU, son varios millones en casi todas las partes del mundo. Conservan un tesoro de experiencias, de sabiduría ancestral y de modos de relacionarse con la comunidad de vida (naturaleza) que hace posible que podamos afirmar aquello que los Padres de la Iglesia antigua decían de los pobres: ellos son nuestros maestros y doctores. Efectivamente, ellos son eso y su ancestralidad puede ser nuestro futuro (Ailton Krenak).

Ellos enseñaron a los europeos cómo vivir en los trópicos, empezando por darse un baño al menos una vez al día. Nuestro idioma portugués fue enriquecido con centenares de palabras, especialmente relacionadas con la geografía, como Anhngabaú, Itu, Itaquatiara, Iguaçu, Itaorna, Piracicaba, Jundiaí Itaipava, el lugar donde vivo. O en tantos vocablos, como aipim (manihot, es una planta originaria de Brasil), beiju (mbeyú, una especie de tapioca de almidón de mandioca y queso fresco), cipó (enredadera), cuia (cuya y güira, de la misma raíz, pero también totuma o jícara, que da nombre también a los recipientes hechos con ese fruto), farofa (farofa, harina de mandioca tostada en manteca), girau (se mantiene el término ‘jirau’, que se aplica a una parrilla o estrado en el que guardar alimentos para que se ventilen y sequen), guaraná (guaraná, arbusto trepador y su fruto), jabuticaba (jabuticaba, yabuticaba o guapurú, planta y su fruto originario de América del Sur), jururu (triste, melancólico, desanimado, cabizbajo…), mingau (gachas o papilla, consiste en un alimento cremoso elaborado a base de harina de maíz y leche), paçoca (pazoca, es un dulce hecho a base de cacahuete y azúcar), pirão (pirón, papilla hecha a base de harina de mandioca mezclada con diferentes caldos, de camarón, frijoles, carne…), tapioca (tapioca) y tocaia (emboscada con objeto de cazar o matar) entre otros.

2.

Por encima de todo lo que nos enseñan está una integración sinfónica con la naturaleza. Se sienten parte de la naturaleza y no un extraño dentro de ella. Por eso, en sus mitos los seres humanos y otros seres vivos, como animales, con-viven y se casan entre sí. Intuyeron lo que sabemos por la ciencia empírica, que todos formamos una cadena única y sagrada de vida. Son excelsos ecologistas.

La Amazonia, por ejemplo, no es tierra intocable. A lo largo de miles de años las decenas de naciones originarias que ahí vivieron y aún viven interaccionaron sabiamente con ella. Emplearon casi el 12% de toda la selva amazónica de tierra firme para crear “islas de recursos”. Los yanomami saben aprovechar el 78% de las especies de árboles de sus territorios, lo que es muy considerable si tenemos en cuenta la inmensa biodiversidad de la región, que puede albergan del orden de 1.200 especies en una área del tamaño de un campo de fútbol.

Lección para nosotros: no podemos mantener una relación meramente utilitaria con la naturaleza, que nos haga sentir al margen de ella y dueños de ella. Tenemos que mantener una relación de convivencia, que nos haga sentir parte de ella, cuidándola y preservando su integridad y regeneración. Si no aprendemos esa lección, difícilmente salvaremos nuestros biomas, base de nuestra subsistencia.

Los pueblos originarios revelan una actitud de respeto y veneración por todo lo que existe y vive, que consideran cargado de mensajes que saben descifrar. El árbol no es solo un árbol. Posee brazos, que son sus ramas, que a su vez tienen miles de lenguas, que son sus hojas, y conecta la Tierra con el Cielo, que une al ascender desde las raíces hasta la copa. Cuando bailan y toman los bebedizos rituales, hacen una experiencia de encuentro con el mundo del Espíritu, de los ancianos y de los sabios que están vivos y en el otro lado de la vida.

Para ellos lo invisible es parte de lo visible. Es una lección que debemos aprender de ellos, pues vivimos una radical cosificación de la naturaleza, que nos hace sordos e invidentes para entender los mensajes que nos transmite. Para nuestra cultura las cosas son solo cosas y no símbolos de una energía de fondo, poderosa y amorosa que todo penetra y sostiene. Nosotros, hijos de la racionalidad, damos poco valor a otros saberes que vienen del corazón y de nuestros sentimientos más profundos.

Su sabiduría se tejió a través de una delicada sintonía con el universo y de la escucha atenta del latido de la Tierra. Saben mejor que nosotros casar cielo y tierra, integrar vida y muerte, compatibilizar trabajo y diversión, confraternizar al ser humano con la naturaleza. En ese sentido, poseen una civilización muy avanzada, aunque sean tecnológicamente primitivos.

Esa sabiduría precisa ser rescatada por nuestra civilización dominante, fundada en la voluntad de poder y de dominio. Sin esa comunión sapiencial con el lenguaje de la Tierra, quedaremos rehenes de nuestra voluntad de dominio de la naturaleza y del crecimiento infinito, en un planeta notoriamente finito. Al perseverar en ese intento estaremos cavando el abismo en el que nos precipitaremos todos.

Uno de nuestros mayores deseos es la vida en libertad. Pues esa libertad es vivida en plenitud por los pueblos originarios. Abunda con el testimonio de dos hermanos que los conocieron en profundidad, Orlando y Cláudio Villas Buenas: “El indio es totalmente libre, sin tener que responder por esa libertad ante nadie. Si una persona diese un grito en el centro de São Paulo, un coche de policía podría llevarla presa. Si un indio diese un tremendo bramido en medio de la aldea, nadie mirará para él, ni iría a preguntarle por qué gritó. El indio es un hombre libre” (Xingu, os indígenas e seus mitos, 1970, p. 48).

Los caciques nunca tienen poder de mando sobre los demás. Su función es de ánimo, de articulación de las cosas comunes y de relación para con otros pueblos originarios, considerados parientes, y respetando siempre la libertad individual.

Como se desprende de lo anterior, podemos reafirmar lo siguiente: los pueblos originarios deben ser revisitados. Pueden ser nuestros maestros y doctores, quienes nos den sabias lecciones que podrían sugerir otro rumbo para nuestra agónica civilización.

Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor.

Fuente: https://aterraeredonda.com.br/os-povos-originarios-nossos-mestres-e-doutores/

Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez

En este artículo el autor sostiene que los pueblos originarios guardan la memoria viva de un futuro posible: vivir sin dominar la Tierra.

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La inhumanidad de los dueños de esclavos de ayer y de hoy

Por: Leonardo Boff

La esclavitud brasileña no fue suave, más bien fue un proyecto de deshumanización metódica, en el cual la crueldad era pedagógica y la fe cristiana sirvió para legitimar el horror.

La palabra ‘esclavo’ deriva de slavus en latín, un nombre genérico para designar a los habitantes de Eslavia, la región balcánica situada al sur de Rusia y en las orillas del Mar Negro, gran proveedora de personas esclavas para todo el Mediterráneo. Eran blancos, rubios y con los ojos azules. Solo los turcos otomanos de Estambul importaron entre los años 1450 y 1700 unos 2,5 millones de esas personas blancas y esclavizadas.

En nuestra época, América fue la gran importadora de personas africanas que fueron esclavizadas. Entre los años 1500 y 1867 la cifra total es espantosa: 12.521.337 personas realizaron la travesía transatlántica, de los cuales 1.818.680 murieron en el camino y fueron arrojados por la borda. Brasil fue el campeón de la esclavitud. Ese único país importó, a partir de 1538, unos 4,9 millones de africanos que fueron esclavizados. De los 36.000 viajes transatlánticos, 14.910 estaban destinados a puertos brasileños.

Estas personas esclavizadas eran tratadas como mercancías, llamadas «piezas». Lo primero que hacía el comprador para «dejarlos bien domados y disciplinados» era castigarlos: «azótenlos, encadénenlos y pónganles grilletes». Los historiadores de la esclavitud brasileña se inventaron la leyenda de que la esclavitud brasileña era suave, cuando era muy cruel. Doy dos ejemplos aterradores:

El primero. El holandés, Dierick Ruiters, que en 1618 pasó por Río, ofrece la siguiente información: «Un hombre negro hambriento robó dos barras de azúcar. El amo, sabiendo esto, lo ató boca abajo a una tabla y ordenó a un hombre negro que le golpeara con un látigo de cuero; su cuerpo permaneció cabeza abajo, se abrió una llaga y los lugares que no habían sido dañados por el látigo fueron lacerados con un cuchillo; cuando terminó el castigo, otro hombre negro vertió una olla con vinagre y sal sobre sus heridas… Tuve que presenciar —informa el holandés— la transformación de un hombre en carne de buey salada; pero por si eso no hubiese sido suficiente, vertieron alquitrán derretido sobre sus heridas; le dejaron toda la noche, de rodillas, atado por el cuello a un bloque, como un miserable animal«[1]. Bajo tales castigos. La esperanza de vida de una persona esclavizada en 1872 era de 18,3 años.

El segundo, no menos aterrador, proviene del antropólogo Darcy Ribeiro, que describe la situación general de las personas esclavizadas: «Sin el amor de nadie, sin familia, sin sexo más que la masturbación, sin ninguna posible identificación con nadie –su capataz podría ser un hombre negro, sus compañeros en la desgracia, enemigos–, desaliñado y sucio, feo y apestoso, lastimado y enfermo, sin ningún placer ni orgullo por su cuerpo, la persona esclavizada vivía su rutina. Una rutina que consistía en sufrir cada día el castigo diario de azotes sueltos, para trabajar con atención y en tensión. Cada semana sufría un castigo preventivo y pedagógico, para no pensar en la fuga, y, cuando llamaba la atención, caía sobre él un castigo ejemplar: mutilaciones de dedos, perforación de pechos, quemaduras con fuego, que le rompieran los dientes a conciencia o latigazos en el cepo, por debajo de trescientos, para matar, cincuenta latigazos al día, para mantenerlo vivo. Si huía y era capturado, podía ser marcado con un hierro o quemado vivo a lo largo de varios días de agonía, en la boca del horno, o, de golpe, arrojado dentro para que ardiera como un palo aceitoso«[2].

El jesuita André João Antonil dijo: «para el esclavo se necesitan tres P, a saber: palo, pan y tela [N. del ed.: pano en por portugués]». Palo para pegarle, Pan para que no muera de hambre y Tela para ocultar sus vergüenzas. En general, la historia de las personas negras esclavizadas fue escrita por la mano blanca.

El amargo grito de Castro Alves en «Vozes d’Africa» siempre está de actualidad: «Oh Dios, ¿dónde estás que no respondes? ¿En qué mundo, en qué estrella te escondes / ¿Oculto en los cielos? Hace dos mil años te envié mi grito / que en vano, desde entonces, corre hacia el infinito… / ¿Dónde estás, Señor Dios?» ¡Cómo duele!

Jessé de Souza, en su obra, demostró que lo que los dueños de los esclavos hicieron a los negros, se transfirió a la mayoría de la actual clase dirigente, que lo transformó en forma de desprecio y odio hacia los negros actuales.

Hablo como teólogo: misteriosamente, Dios guardó silencio, como se mantuvo en silencio en el campo de exterminio nazi de Auschwitz-Birkenau, lo que hizo que el papa Benedicto XVI, estando allí, se preguntara: «¿Dónde estaba Dios en aquellos días? ¿Por qué permaneció en silencio? ¿Cómo pudo permitir tanto mal?«

Y pensar que los cristianos eran los principales dueños de esclavos. La fe no les ayudó a ver en esas personas a hombres y mujeres hechas «a imagen y semejanza de Dios» y, mucho menos, a «hijos e hijas de Dios», nuestros hermanos y hermanas. ¿Cómo fue posible tanta crueldad en los sótanos de tortura y muerte bajo las distintas dictaduras militares de Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y El Salvador, cuyos dictadores se llamaban cristianos o católicos? Y el expresidente, condenado por un intento de golpe de Estado, Jair Bolsonaro, defendió públicamente la tortura como una forma de enfrentarse a los opositores.

Cuando la contradicción es tan grande que va más allá de cualquier racionalidad, que aquí encuentra su límite, simplemente permanecemos en silencio. Es el mysterium iniquitatis, el misterio de la iniquidad al que hasta hoy ningún filósofo, teólogo o pensador ha encontrado respuesta. Cristo en la cruz también clamó y sintió la «muerte» de Dios. Aun así, vale la pena apostar a que toda oscuridad junta no puede apagar una pequeña luz de bondad que brilla en la noche humana. Es nuestra esperanza contra toda esperanza.

Traducido del portugués para Rebelión por Alfredo Iglesias Diéguez.


Notas

[1] Cf. Laurentino Gomes. Escravidão, vol. I, 2019, p. 304.

[2] Darcy Ribeiro. O Povo Brasileiro, 1995, p. 119-120.

Leonardo Boff es ecoteólogo, filósofo y escritor.

Fuente: https://aterraeredonda.com.br/a-desumanidade-dos-escravocratas/

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Un mundo que ha perdido el corazón

Siguiendo el curso actual del mundo, tanto a nivel internacional como a nivel nacional, notamos un verdadero tsunami de odio, de mentiras, de exclusiones, de verdaderos genocidios y exterminios en masa, como en la Franja de Gaza, que nos deja perplejos. ¿Hasta dónde puede llegar la maldad humana? No hay límites para el mal. Él puede llegar hasta al auto-exterminio de los seres humanos.

Pensando en nuestro país, las muertes, los asesinatos de jóvenes negros en las comunidades periféricas, los niños víctimas de balas perdidas, ya sean de la policía (que mata) o de facciones criminales, los feminicidios diarios y los centenares de violaciones de niñas y de mujeres, el descuartizamiento de  secuestrados, dejan a toda una ciudad como Río de Janeiro continuamente bajo el miedo y las amenazas. Está perdiendo todo su glamour. Así sucede en casi todas las grandes ciudades de nuestro país, considerado por Sérgio Buarque de Holanda como “cordial” (Raízes do Brasil,1936). Sin embargo, la mayoría de los intérpretes no leyó la nota del término “cordial” que figura a pie de página, donde él observa: “la enemistad puede ser tan cordial como la amistad, ya que una y otra nacen del corazón” (n.6). Por tanto, el brasilero está mostrando, especialmente bajo el gobierno del Inelegible, la enemistad entre amigos y en las familias, la banalidad de la palabrota, de las malas costumbres y de la mentira: siendo todo “cordial” por nacer de un corazón “cordial” (perverso).

A nivel internacional el escenario se revela aún más atroz. Con el apoyo  incondicional y cómplice de USA y vergonzoso de la Comunidad Europea que ha traicionado su legado de los derechos del ciudadano, de la democracia y otros valores civilizatorios, se están perpetrando verdaderos crímenes de guerra contra 40 mil civiles e innegables genocidios de cerca de 13800 niños inocentes en la Franja de Gaza, todos asesinados por el gobierno de extrema derecha de Netanhyau. Se trata de una represalia totalmente desproporcionada a otro crimen, no menos horrendo, por parte de Hamas. Netanyahu permite tales genocidios porque no tiene corazón, no se pone en el lugar de las madres y de las víctimas inocentes. No le importa que para matar a un líder de Hezbollah tenga que matar, en un bombardeo, a decenas de otras personas. El odio lo ha vuelto cruel y sin piedad. Crímenes semejantes están ocurrendo en la guerra de Rusia contra Ucrania con miles de víctimas, con la destrucción de una antigua cultura-hermana y con incontables víctimas inocentes. Paro aquí este viacrucis de horrores que tiene más estaciones que el del Hijo de Dios cargando con su cruz.

La pregunta es ¿cómo es posible que ocurra esto a la luz del día sin que haya una autoridad reconocida que pueda parar ese exterminio de gente y de ciudades enteras? ¿Cuál es la raíz subyacente a esta iniquidad? La historia ha conocido exterminios en el pasado, hechos incluso en nombre de Dios como en el terrible libro de los Jueces de la Biblia judeocristiana y en tantas guerras de antaño. Pero nosotros las hemos superado en crueldad a todos los niveles. Israel ha matado a más de 207 funcionarios de la ONU, ha bombardeado hospitales, escuelas, universidades, mezquitas y ha destruido más del 80% de Gaza. Hoy corremos serio peligro de una guerra total entre las potencias militaristas en disputa por la hegemonía del mundo, lo que haría realidad el principio de nuestra autodestrucción.

Sostengo la interpretación de que todo esto se ha vuelto posible porque hemos perdido el corazón, el esprit de finesse (de Pascal) y la dimensión del anima (la sensibilidad de C.G.Jung). La cultura moderna se ha construido sobre la voluntad de poder como dominación, usando la razón desgarrada del corazón y de la conciencia, traducida en tecno-ciencia para nuestro bien y más para fines bélicos. Como señalaba el Papa Francisco en la Laudato Sì: “el ser humano no fue educado para el recto uso del poder… porque no estuvo acompañado de un desarrollo en responsabilidad, valores, y conciencia” (n.105). La razón estableció su despotismo en forma de racionalismo, rebajando otras formas de conocer y de sentir la realidad. Así el sentimiento (pathos) fue reprimido bajo el falso presupuesto de que dificultaría la objetividad del análisis. Hoy es evidente que la objetividad absoluta no existe. El sujeto investiga con sus presupuestos y con sus intereses, de forma que sujeto-objeto están siempre imbricados.

El hecho es que la dimensión del corazón y de la cordialidad ha sido reprimida. 900073964710 Exceptuando el cerebro reptiliano que es el más antiguo, el cerebro límbico constituye nuestra real base fundamental. Él surgió con los paleo-mamíferos hace unos 150-200 millones de años y nosotros los mamíferos superiores hace 40-50 millones de años, con los cuales tenemos el condominio. Somos mamíferos racionales, por lo tanto seres de sentimiento. El cerebro límbico es la sede de nuestras emociones, sean de odio, de ira y otras negatividades, pero principalmente en él se alberga el mundo de las excelencias, del amor, de la amistad, de la empatía, de los valores, de la ética y de la espiritualidad. El cerebro neocortical irrumpió con el ser humano hace 7-8 millones de años y culminó hace casi 100 mil años con el surgimiento del homo sapiens del cual somos herederos. Es el mundo de la razón, de los conceptos, del lenguaje, de la ordenación lógica de las cosas.

Por tanto él apareció tardiamente, pero con su desarrollo fundó el reino de la razón. No hay que olvidar que es un único cerebro que envuelve estas tres dimensiones siempre relacionadas (en la versión del cerebro triúnico de MacLean: reptiliano, límbico, neocortex). La concentración excesiva en la racionalidad con la cual dominamos el mundo, la mujer (patriarcado) y la naturaleza a costa del sentimiento, causó los desaciertos socio-históricos, cuyas consecuencias nefastas estamos cosechando. Es urgente unir el cerebro neocortical (razón/logos) con el límbico (corazón/phatos), el corazón enriqueciendo los proyectos racionales con humanidad y sensibilidad; e inversamente invertir razón, es decir, conferir dirección y justa medida al mundo de los sentimientos y del corazón. Sólo así encontraremos el equilibrio necesario. Por haber ahogado el sentimiento de mutua pertenencia, de que todos sin excepción somos humanos, nos transformamos en crueles genocidas (frente a nuestra especie) y ecocidas (frente a la natureza). Hemos esclavizado, sometido y discriminado a nuestros hermanos y hermanas.

Por no haber recuperado la dimensión del corazón, del espíritu de finura (Pascal), ni la sensibilidad esencial (anima), ha entrado en quiebra el humanismo occidental, liberal-capitalista. El llamado “orden basado en reglas” (que cambian siempre según las conveniencias de los poderosos) ha demostrado ser una falacia.

Como advirtió una alta funcionaria de organismos de la ONU, Chelsea Ngnoc Minh Nguyen: “La violencia y la brutalidad de los últimos años deben impulsarnos a todos –sea en el Sur o en el Norte, en el Oriente o en Occidente– a realizar una introspección honesta y profunda sobre el tipo de mundo en el que queremos vivir” (IHU 4/10/24). No veo otra alternativa, además de que debemos cambiar nuestro paradigma civilizatorio (de dominus al frater), que fundar un nuevo humanismo, enraizado en nuestra propia naturaleza. En ella encontramos las constantes antropológicas, intrínsecas a nuestra  humanidad: el amor incondicional, el cuidado esencial, la cooperación, la empatía, la compasión, el reconocimiento del otro como nuestro semejante, el respeto a la naturaleza y a la Tierra que nos dan todo, la fascinación ante lo bello y lo bueno y la reverencia ante el Misterio. Tales valores serían el fundamento de otro mundo posible y necesario. En caso contrario, vamos al encuentro de lo inimaginable.

Fuente de la información:  https://leonardoboff.org

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Urgencia del cuidado y de la autocontención

Urgencia del cuidado y de la autocontención

Me alineo con los científicos descritos por la periodista de asuntos ecológico-científicos, Elizabeth Kolbert, en sus dos libros famosos La sexta extinción y Bajo un cielo blanco: cómo los humanos estamos creando la naturaleza del future (Planeta 2021). Aunque alimenta alguna esperanza, Kolbert delinea cómo sería el cielo después de una Guerra nuclear devastadora: blanco, impidiendo el paso de los rayos del sol, de los cuales depende casi todo en la Tierra.

Es un hecho experimental, aunque haya un gran número de negacionistas, particularmente entre los CEOs de los grandes oligopolios que niegan el estado degradado de la Tierra, que ahora posiblemente se ha iniciado una nueva era: el piroceno.

 

La cultura del consumo de las porciones opulentas, ego-centradas y desalmadas requiere ya más de una Tierra y media (1,7) para atender su voracidad. La Sobrecarga de la Tierra de este año fue constatada el día 22 de julio. Eso significa que sus bienes y servicios renovables, indispensables para nuestra supervivencia se han agotado. Se han encendido todas las alarmas.

Así y todo, la siguen violentando, arrancándole lo que no les puede dar. Como es un Superente vivo que funciona sistémicamente, la Tierra reacciona mandando eventos extremos, como grandes sequías por un lado y nevadas enormes por el otro, disminuyendo el volumen de las aguas, aumentando los desiertos, destruyendo con huracanes regiones enteras, sacrificando la biodiversidad, enviando más virus y otras enfermedades. El aumento de la temperatura de 1,5 grados C, esperado para el año 2030, está anticipándose a los próximos 3-5 años.

Es comprensible que muchos climatólogos se muestren escépticos e incluso fatalistas al darse cuenta de que la ciencia y la técnica llegan atrasadas. No tenemos mucho que hacer sino prevenir las catástrofes y aminorar sus efectos dañinos. La Tierra está cambiando, día a día, de forma irreversible, buscando un nuevo equilibrio, cuyo centro de gravedad no conocemos.

Supongamos que climáticamente se estabilice en 38-40 grados C. Quien pueda adaptarse a esta temperatura sobrevivirá, pero muchas personas, niños y ancianos principalmente, así como innumerables organismos vivos no tendrán tiempo suficiente para adaptarse y estarán condenados a desaparecer, después de millones de años de vida sobre este planeta.

Las advertencias de los sabios son serias. La Carta de la Tierra(documento asumido por la ONU) o las dos encíclicas del Papa Francisco: Cómo cuidar de la Casa Común y la otra Todos hermanos y hermanas denuncian perentoriamente la alarma ecológica. La Carta de la Tierra advierte: «La humanidad debe elegir su futuro… o formar una alianza global para cuidar la Tierra y cuidarnos unos a otros o arriesgarnos a la destrucción de nosotros mismos y de la diversidad de la vida». El Papa es más severo: «Estamos todos en el mismo barco; o nos salvamos todos o no se salva nadie».

La gran mayoría no piensa en estas cosas, pues encuentra insoportable tratar con los límites y eventualmente con el desastre colectivo, posible aún en nuestra generación. Alienados, acabarán engrosando el cortejo de los que van en dirección a la fosa común.

Nos queda un rayo de esperanza,suscitada siempre por el sabio de 103 años, Edgar Morin: «La historia ha mostrado varias veces que el surgimiento de lo inesperado y la aparición de lo improbable son plausibles y pueden cambiar el rumbo de los acontecimientos». Creemos que ambos –lo inesperado y lo plausible– sean posibles. Sería nuestra salvación.

Entre tanto, tenemos que hacer nuestra parte. Si queremos garantizar el futuro común de la Tierra y de la humanidad se imponen dos virtudes: la autocontención y la justa medida, ambas expresiones de la cultura del cuidado.

¿Pero cómo postular esas virtudes si todo el sistema está montado sobre su negación?

Esta vez, sin embargo, no tenemos elección: o cambiamos y nos pautamos por el cuidado, autolimitándonos en nuestra voracidad y viviendo la justa medida en todas las cosas o enfrentaremos una tragedia colectiva.

  • El cuidado nos lleva a establecer un lazo de afecto con todos los seres para que continúen entre nosotros.
  • La autolimitación es un sacrificio necesario que salvaguarda el Planeta, tutela intereses colectivos y funda una cultura de sencillez voluntaria. No se trata de no consumir, sino de consumir de forma responsable y solidaria para que, si hay tiempo, los que vienen después de nosotros puedan heredar una Tierra habitable y fecunda. Ellos también tienen derecho a la Tierra y a una vida de calidad.

*Leonardo Boff ha escrito La justa medida: cómo equilibrar el planeta Tierra, Vozes 2023; Habitar la Tierra,Vozes 2021.

Traducción de María José Gavito Milano

 

Fuente: https://www.atrio.org/2023/08/urgencia-del-cuidado-y-de-la-autocontencion/

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El consumismo pone en peligro la vida en la Tierra

Por: Leonardo Boff

Al considerar la historia humana constatamos que el hambre fue durante siglos un problema permanente.  Porque, a diferencia de los animales, no tenemos ningún órgano especializado que garantice nuestra  subsistencia, desde el principio surgió la urgencia de buscar lo necesario para saciar el hambre, ya fuera sacando el alimento directamente de la naturaleza o  conquistándolo mediante el trabajo.

El gran cambio se dio hace unos 10 mil años con la introducción de la agricultura de irrigación. A lo largo de los grandes ríos de Oriente Medio, de Egipto, de la India y de China se empezó a usar la irrigación para obtener más productos al tiempo que se domesticaban animales como la gallina, el cerdo, la oveja y la cabra. Se produjeron los excedentes, que eliminaban el hambre.

Simultáneamente, hay que decir, surgió la guerra, pues los ejércitos llevaban comida suficiente para enfrentarse al enemigo, como por ejemplo entre los imperios mesopotámicos y   Egipto, las potencias políticas de la época.

Todo cambió con la llegada de la era  industrial desde los siglos XVII y XVIII hasta  nuestros días. Comenzó la producción en masa con la posibilidad de atender las demandas humanas. Pero ocurre que ese desarrollo técnico-científico se realizó en el marco del capitalismo. En él se estableció  desde su inicio la división entre el propietario, dueño de tierras y medios de producción, y el trabajador, que solo poseía la fuerza de su trabajo. Esa división se fue exacerbando a lo largo del tiempo hasta el punto de que en la actualidad los dueños  de las riquezas naturales y  tecnológicas controlan el sistema económico globalizado con inmensa desventaja para los asalariados, dejando a millones y millones de personas sin acceso a los bienes fundamentales de la vida.

Esta situación se agravó  con la que fue llamada la “Gran Transformación”, con la cual una economía de mercado se transformó en una sociedad sólo de mercado. Todo se volvió  mercancía,  desde los órganos humanos, los saberes, la verdad,  las noticias etc.

La lógica capitalista es obtener lucro con todo, mediante la explotación ilimitada de los bienes y servicios de la naturaleza, a través de una feroz competición  entre todos los mercado, supuestamente libre, y una acumulación individual o corporativa que compite con el estado en la gestión de la cosa pública.

La producción procura obviamente atender demandas humanas de alimentación y  subsistencia, siempre que tal proceso sea lucrativo. La propia producción es llevada al mercado y consigue su precio en el juego de la competencia, sin cuidar los recursos naturales y la contaminación del medio ambiente (considerada una externalidad a ser resuelta por el  estado). Como se trata de generar riqueza ilimitada se empezaron a fabricar productos no necesarios para la vida, pero importantes para hacer dinero.

Así, junto con el consumo necesario, surgió el consumismo. El consumismo se caracteriza por la adquisición de bienes y servicios superfluos, no necesarios para la vida, con el objetivo de obtener ganancia económica.  Gran parte de la producción se destina a la producción de tales superfluos generando el consumismo, principalmente de las clases ricas, pero también de la propia sociedad. Para estimularlo se usa la propaganda,  imágenes que hablan, cuadros seductores, músicas, youtubes, filmes orientados para llevar a la personas a consumir tal y tal producto. No interesan los ciudadanos ni su nivel de conciencia, y menos aún  sus problemas existenciales. Interesa que sean consumidores.

El hecho es que se ha creado la cultura del capital. Gran parte de los productos (tv, automóviles, electrodomésticos, ropa, tenis e infinitas otras cosas) caen bajo la obsolescencia, están hechos para durar un tiempo limitado, obligando al consumidor a sustituirlos, comprar y consumir.

Prácticamente somos todos rehenes de la cultura del capital, obligándonos a cambiar los productos cada cierto tiempo porque se han vuelto obsoletos, como un computador, o por la absolescencia general. Sabemos de la  fuerza intrínseca de una cultura que nos entra por todos los poros y naturaliza el estilo de vida.

Qué difícil y largo es el proceso de superarla por otra. Es la cultura consumista,  que continuamente renueva y prolonga la  perpetuación del capitalismo.

Entre tanto, en los últimos años nos hemos confrontado con los límites de la Tierra. Un planeta limitado no tolera un consumismo ilimitado. Ahora ya necesitamos más de una Tierra para atender el consumo de 8 mil millones de personas y el consumismo de fasto y de lujo de las clases opulentas.

Démonos cuenta del llamado Día de la Sobrecarga de la Tierra (en inglés The Earth Overshoot Day). Cada año los organismos que estudian la sostenibilidad del planeta, nos ofrecen esos datos. La fecha identificada este año de 2023 fue el día 2 de agosto. Esto significa que en este día los bienes y servicios naturales, esenciales y renovables para nuestra existencia han visto el fondo del pozo. Lógicamente, los árboles, el aire, los suelos y las aguas están ahí. Pero todos ellos están cada vez más menguados, contaminados e insostenibles.

La Tierra, un Superente sistémico y vivo, al no darnos lo que le exigimos, responde con más calentamiento, con más eventos extremos, con más destrucción  de la biodiversidad y más virus dañinos e incluso letales.

Toda la relación  se define en la articulación entre biocapacidad y  huella ecológica. La biocapacidad es la  capacidad de la naturaleza de tener resiliencia y autoregenerarse.  La huella ecológica nos indica cuánto de biocapacidad aguanta aquella región o país. Cuanto más compleja es la región, con ciudades, población e industrias tantos más recursos naturales demanda.

En este momento,  es tan grave el aumento del calentamiento global como la rápida Sobrecarga de la Tierra. Nuestro  estilo de vida está agotando la reserva de bienes y servicios necesarios para la vida; urge mudar nuestro estilo de consumo para que sea sobrio, solidario e autolimitado. XI Jinping propuso para toda China el ideal de una “sociedad suficientemente abastecida”.

Debemos aprender a vivir con lo suficiente y decente, disminuir el consumo de energía y buscar medios de transporte alternativos y menos contaminantes.

Si no logramos este acuerdo entre todos, nuestra existencia en este planeta será miserable y puede que imposible.

*Leonardo Boff ha escrito: Sostenibilidad: qué es y qué no es, Vozes 2012.

Fuente de la información e imagen:  https://leonardoboff.org

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Mundo: Una escalada en la guerra Rusia-Ucrania puede poner en peligro la vida sobre la Tierra

Una escalada en la guerra Rusia-Ucrania puede poner en peligro la vida sobre la Tierra

Leonardo Boff

Se oye hablar cada vez más de una escalada en la guerra entre Rusia y Ucrania, provocada por el propio Putin al admitir, eventualmente, el uso de armas nucleares tácticas. No destruyen mucho pero la radioactividad emitida podrá volver la región inhabitable durante muchos años. La razón básica es que Rusia no puede perder la guerra.

Esta situación se agravó cuando la OTAN, por presión de Estados Unidos, extendió su acción ofensiva del Atlántico al Pacífico con la adhesión de Japón, de Corea del Sur, de Australia y de Nueva Zelanda. La OTAN se sometió vergonzosamente a la voluntad imperial de los USA. Parece que no aprendió nada de las dos guerras del siglo XX en Europa que causaron 100 millones de víctimas.

Hoy se sabe que detrás de la guerra que sucede en Ucrania está el enfrentamiento entre Estados Unidos y Rusia/China para ver quien se hace con el dominio geopolítico del mundo. Hasta ahora existía un mundo unipolar con total predominio de los Estados Unidos.

Nuestro maestro en geopolítica Luiz Alberto Moniz Bandeira (1935-2017) en su minucioso libro El desorden mundial:el espectro de la dominación total (Civilização Brasileira,RJ 2016), señaló claramente los tres mantras fundamentales del Pentágono y de la política exterior norteamericana: (1) un mundo-un imperio (USA); (2) full spectrum dominance: dominar todo el espectro de la realidad, en la tierra, en el mar y en el aire con cerca de 800 bases militares repartidas por todo el mundo; (3) desestabilizar todos los gobiernos de los países que resisten o se oponen a esta estrategia imperial, como ocurrió en Honduras, en Bolivia y en Brasil con el golpe contra Dilma Rousseff en 2016 y posteriormente con la injusta prisión de Lula.

Los USA no desisten de su propósito de ser la única potencia mundial. Pero ocurre que el imperio norteamericano está a la deriva por más que apele todavía a su excepcionalidad y al “destino manifiesto”, según el cual Estados Unidos sería el nuevo pueblo de Dios que llevará a las naciones la democracia, la libertad y los derechos (entendidos siempre dentro del código capitalista).

Sin embargo, Rusia se ha armado con potentes armas nucleares, con misiles inatacables, y disputa formar parte del liderazgo en el proceso de globalización. China ha irrumpido con proyectos nuevos como la ruta de la seda y como una potencia económica que ya ha superado a la norteamericana. Paralelamente, ha surgido el Sur Global, un grupo de países BRICS en el que Brasil participa. En otras palabras, ya no existe un mundo unipolar, sino un mundo multipolar.

Este hecho exaspera la arrogancia de los supremacistas neocons que afirman que es necesario continuar la guerra en Ucrania para sangrar y eventualmente arrasar a Rusia y neutralizar a China para enfrentarse a ella en una fase posterior. De esta forma se volvería al mundo unipolar.

He aquí los elementos que podrían conducir a una tercera guerra mundial, que será terminal. El Papa Francisco con su clara intuición ha dicho repetidas veces que ya estamos en una “tercera guerra mundial por partes”. Por eso insiste en tono casi desesperado (aunque personalmente esperanzado) que “todos estamos en el mismo barco; o nos salvamos todos o no se salvará nadie” (Fratelli tutti n.32). Es la razón que se ha vuelto irracional y enloquecida. Y António Guterres, Secretario General de la ONU, ha repetido a menudo: “la única alternativa es la cooperación entre todos o el suicidio colectivo”.

¿Por qué el Occidente europeo optó por la voluntad de poder y no por la voluntad de vivir de los pacifistas como Albert Schweitzer, Leon Tolstói, Mahatma Gandhi, Luther King Jr y Don Helder Câmara? ¿Por qué Europa que ha producido una gran cultura y muchos genios, santos y santas, ha escogido este camino que puede devastar todo el planeta y hacerlo inhabitable? ¿Por qué ha dejado irrumpir, sin control, el más peligroso de los arquetipos, según C.G.Jung, el del poder, capaz de autodestruirnos? Es un misterio de la historia humana a ser descifrado.

En Dios vivo y fuente de vida ponemos nuestra última esperanza. Esto sobrepasa los límites de la ciencia y de la razón instrumental-analítica. Es el salto de la fe que es también una virtualidad presente en el proceso global cosmogénico. La alternativa a esta esperanza son las tinieblas. Pero la luz tiene más derecho que las tinieblas. En esa luz creemos y esperamos.

*Leonardo Boff ha escrito En busca de la justa medida: el pescador ambicioso y el pez encantado,Vozes 2022 y Habitar la Tierra:¿cuál es el camino para la fraternidad universal?, Vozes 2021.

Traducción de Mª José Gavito Milano

 

Fuente de la Información: https://leonardoboff.org/2023/03/17/una-escalada-en-la-guerra-rusia-ucrania-puede-poner-en-peligro-la-vida-sobre-la-tierra/

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Lo nuevo normal climático es amenazador

Por: LEONARDO BOFF

No es que estemos yendo al encuentro del calentamiento global y del cambio climático. Es que estamos ya dentro. Rompimos la soportabilidad de la Tierra (planetary boundaries) que podrá llevar el sistema-vida al colapso. Hemos pasado el punto crítico y estamos en un camino sin retorno. El planeta Tierra está siendo superexplotado por la voracidad industrialista, que beneficia a una pequeña parte de la humanidad, ha excluido de la mesa de la comensalidad a las grandes mayorías y nos ha llevado a esta situación amenazadora.

Grandes climatólogos y otros científicos, recogidos en el severo libro de Elizabeth Kolbert, Bajo un cielo blanco: la naturaleza del futuro (Crítica 2021) y La sexta extinción: una historia nada natural (Crítica 2016), se han vuelto clima-escépticos y resignados: aún con la ciencia y la tecnología estamos llegando con retraso. No hay cómo evitar la escalada del nuevo régimen climático. Solo podemos disminuir los efectos dañinos, hacer prevención y adaptarnos a él. Las consecuencias generales para la humanidad, de modo especial para los desvalidos, serán infernales.

Lo que se había concertado en 2015 en la COP de París de esforzarnos para para impedir que el calentamiento subiese 1,5 ºC hasta 2030 se ha frustrado. La gran mayoría, dominada por los lobbies de las grandes empresas de extracción de petróleo y de energía, no ha hecho los deberes. En la COP de Egipto en 2023 los tres países que más contaminan, Estados Unidos, India y China, ni siquiera se presentaron.

Ante la crisis energética mundial, han vuelto las tecnologías altamente contaminantes del pasado, como el carbón.

El informe del IPCC de febrero de 2022 advirtió: como se ha hecho muy poco, el calentamiento global subirá 1,5-2 grados ºC hacia 2027. Otros científicos tomando en cuenta la presencia del metano, que es 28 veces más dañino que el CO2, por el deshielo de los cascos polares y del permafrost, sugieren que este aumento de la temperatura nos llegará ya en 2025. De ser verdad, tenemos poco tiempo para prepararnos y para inventar estrategias de adaptación. ¿Cuál es el costo en términos de vidas humanas y de inversiones financieras?

Los eventos extremos que han sucedido recientemente son señal de este cambio de régimen climático. En esta semana de carnaval de 2023, solo en 24 horas han llovido 686 mm en Bertioga y 627 mm en São Sebastião, ciudades marítimas en el norte del estado de São Paulo con consecuencias altamente desastrosas.

Simultáneamente un tifón furioso barrió Indonesia, matando a más de 800 personas. Las calles de agua de Veneza están secas.Recordemos los grandes incendios de 2022 que hubo en California, en toda Europa, inclusive en Siberia, Australia y la Amazonia. Se habla de la nueva era del piroceno (del fuego), como efecto del calentamiento global que ha calentado el suelo y las piedras. Las ramitas y hojas secas se prenden fuego y desencadenan grandes incendios. Si esto se confirma, podremos conocer un armagedón ecológico.

Por eso, nuestro futuro no es halagueño. El climatólogo Carlos Nobre ya advirtió en la COP 26 en Glasgow: “En esta década se decidirá el futuro de la humanidad”. Recordemos a los incrédulos del tiempo de Noé que anunciaba el diluvio y ellos continuaban con sus fiestas y bodas, hasta ser tragados por las aguas. Hoy hay un desconocimiento general de la amenazas que pesan sobre nuestro futuro. La mayoría de los jefes de estado no toman en serio tales cambios. Los CEOs de las grandes corporaciones no quieren ni saber de ello. Y si saben, se dan cuenta de que deberían cambiar sus formas de producción, pero temen perder sus negocios y ser tragados por otros más grandes si lo hicieran. Prefieren caminar despreocupadamente hacia la eventual fosa común en vez de cambiar de sistema. El “Titanic” se puede estar hundiendo, pero no les impide hacer sus negocios rentables. Y van a perecer como los otros al son de la música clásica.

No faltan científicos y sabios que nos advierten, mostrando la conexión entre los desastres en São Paulo y las inundaciones del año pasado en Minas Gerais, Bahía y Pernambuco y el cambio de régimen climático. Quien lo hizo claramente por la televisión es uno de nuestros mejores científicos, Antonio Nobre.

Decimos con razón que la Tierra es nuestra madre, pues nos da todo lo que necesitamos. Pero como todas las madres puede darnos serias lecciones para que aprendamos a tratarla como madre, cosa que no hemos hecho durante siglos. El coronavirus ha sido una de esas señales, hasta ahora mal comprendida, por lo que nuestro mejor científico, Miguel Nicolelis, nos alerta siempre: el virus está ahí y puede conocer variantes peligrosas. Tenemos que estar vigilantes. Pero seguimos como si nada hubiese sucedido, como se nota en el carnaval actual, dando por supuesto de que ya hemos vuelto a la antigua normalidad. Esta es nuestra mayor ilusión, pues el nuevo régimen climático será inexorable. Vendrá con nuevos virus, bacterias y enfermedades. Cobrará muchas vidas y nos forzará a cambiar nuestros modos de vida y de consumo.

Los nuevos gobernantes de las naciones (los nuestros inclusive) deben considerar en sus proyectos este hecho nuevo: la Tierra ya no es la misma. No podemos hacer las mismas cosas que antes. En caso contrario, conoceremos desastre tras desastre y frustraciones en lo que emprendamos.

La Tierra-madre se nos presenta como algo enigmático. En los últimos 570 millones de años ocurrieron 15 grandes extinciones masivas. Dos de ellas eliminaron el 50% de las especies de la Tierra y reorganizaron totalmente los ecosistemas. Muchos científicos (cf. Peter Ward, La evolución del ser humano ha llegado a su fin: extinciones masivas y preservación de la biodiversidad, 1977) aseguran que eso ocurrió por un lento e inexorable cambio climático (p.XVII). ¿No estaremos actualmente en una situación semejante, esta vez por el descuido de poderosos grupos humanos? En su hambre de enriquecimiento han agotado los bienes y servicios naturales, volviéndose así el Satán de la Tierra.

Generalmente eran inmensos asteroides los que producían tales desastres. «Este asteroide -comenta Ward- se llama homo sapiens. Todas las especies evolucionan hasta morir. La extinción es el fin de la evolución» (P.XIX). ¿No será que ha llegado nuestro turno?

Nos comportamos de forma tan depredadora con nuestra Madre Tierra que es posible que ella no nos quiera más aquí. Así las otras especies no se verían amenazadas y seguirían su curso evolutivo. No es imposible que, después de miles de años, surja un ser más evolucionado que pueda soportar el espíritu y construir un modo de vida más amigable con todos los seres y con la Tierra.

De continuar como está, nuestra situación puede llevarnos al encuentro de lo peor. La Tierra seguirá girando alrededor del sol, con todo su esplendor, pero sin nosotros.

*Leonardo Boff ha escrito con Jürgen Moltmann, ¿Hay esperanza para la creación amenazada?, Vozes 2014.

Traducción de MªJosé Gavito Mestá siendilano

Fuente de la información: https://leonardoboff.org

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