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Legalizaciȯn de la exclusión

Por: Leonardo Díaz

 

Toda sociedad plural se debate entre conflictos de intereses y de derechos. De ahí, la necesidad de establecer jerarquía entre los mismos.

 

En un artículo reciente, titulado “Legalizando delitos: Código Penal viola constitución y tratados internacionales” (Acento, 4-7-2021), la abogada Ivanna Molina aborda uno de los problemas sociales más acuciantes de la sociedad dominicana, la legalización de las prácticas violatorias de los derechos humanos.

Cualquier sociedad puede incurrir en prácticas violatorias de los derechos de las personas. La actitud democrática conlleva educar para tratar de reducir estas acciones a su mínima expresión, mientras legisla para proteger a quien, por cualquier motivo, puede verse afectado por agravios a su dignidad personal.

Uno de los signos de una sociedad democrática moderna es el avance en las superación de las prácticas estigmatizadoras, tanto en la percepción predominante del espacio público, como en las estructuras jurídico políticas de la comunidad. En este aspecto, la sociedad dominicana muestra alarmantes signos de retroceso.

Toda sociedad plural se debate entre conflictos de intereses y de derechos. De ahí, la necesidad de establecer jerarquía entre los mismos. Por ejemplo, cualquier ciudadano tiene el derecho a ejercer la libertad religiosa en una sociedad democrática, pero si el ejercicio de su fe entra en conflicto con  cualquiera de los derechos humanos (como el reconocimiento de la igualdad de todos las personas independientemente de su nacionalidad, sexo, o etnia), se impone la defensa de estos derechos sobre la convicción religiosa del individuo.

La Cámara de Diputados de la República Dominicana ha incurrido en un grave desconocimiento de esta situación al aprobar un código penal que contempla el siguiente acápite: “No habrá discriminación cuando el prestador de servicio o contratante fundamente su negativa por objeción de conciencia, religiosa, ética, moral o por requisitos institucionales”.

Las posibles implicaciones del referido texto son que un empleador puede invocar su elección de conciencia para rechazar la solicitud de trabajo de una persona, si sospecha que el solicitante tiene una orientación sexual o religiosa contraria a sus preceptos religiosos. Del mismo modo, un médico podría negarse a prestar un servicio de salud, si se encuentra en la misma situación anterior del empleador. En ambos casos, se estaría incurriendo en una flagrante violación de los derechos humanos.

El respeto a los derechos de las personas impide su exclusión y las injusticias implícitas en su desconocimiento. El reconocimiento de la dignidad humana no debe relativizarse en función de las creencias personales de un ciudadano.

Fuente de la información: https://acento.com.do/
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Una mirada filosófica de la vida civil

Por: Leonardo Díaz

Mediante el examen crítico podemos cuestionar si debemos colocar límites a la dinánima de los mercados y de las nuevas tecnologías

En las redes sociales puede verse una entrevista realizada a Michael Sandel (https://www.youtube.com/watch?v=CWTN2snuysM) donde el filósofo reflexiona sobre la relación entre la filosofía y la vida civil.

La vida civil se refiere al proyecto de construcción ciudadana que estamos llamados a construir de un modo colectivo. Este proyecto requiere de una comunidad dialogante que interpele a sus conciudadanos sobre los problemas fundamentales que los afectan y los principios que fundamentan sus leyes y acciones.

El referido requerimiento exige a su vez de la filosofía como actividad que cuestiona los fundamentos de nuestras normas, valores y decisiones; fomentando, en palabras de Sandel, el arte del debate político.

Mediante el examen crítico podemos cuestionar si debemos colocar límites a la dinánima de los mercados y de las nuevas tecnologías, o reorientar nuestra noción de la educación cívica y de nuestros estilos de vida.

Esta idea se vincula a la educación cívica, entendida como un proyecto de formación dialógica que permite a la ciudadanía desarrollar una sensibilidad para escuchar las posturas del otro, especialmente, las contrapuestas. Sandel subraya este último aspecto, porque vivimos en una época de profundas polarizaciones.

Dichas confrontaciones se acentúan por los radicalismos políticos tradicionales arraigados en las sociedades modernas, el efecto burbuja de las redes sociales y una cultura que promueve una hipersensibilidad hacia la discusión de temas controversiales.

El diálogo democrático se convierte, entonces, en un arte marginal que requiere ser recuperado mediante el cultivo de la conversación razonada a temprana edad, partiendo de la escuela, las organizaciones de la sociedad civil comprometidas con el debate crítico, los medios y las universidades.

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Una mirada filosófica de la ciencia

Por: Leonardo Díaz

 

La investigación científica conlleva unas implicaciones éticas cuyo examen es una de las tareas más importantes del quehacer filosófico.

En mi artículo de la semana pasada titulado “Las tensiones de Darwin” (Acento, 27-5-2021), comento la postura del antropólogo de la Universidad de Princeton, Agustín Fuentes, sobre la importancia de contextualizar social e históricamente las teorías científicas.

En el referido caso, se trata de proporcionar una mirada humanística para el estudio de las ciencias, lo que debería incluir también una lectura filosófica de la misma.

En un artículo testimonial, el biólogo Rasha Shraim (“How Philosohy is making me a better scientist”, Nature, 23 de abril, 2021) escribe sobre las virtudes que el entrenamiento filosófico le ha proporcionado a su comprensión de la práctica científica.

Shraim no solo alude al hecho de que el estudio sistemático de la filosofía constituye un estimulo para la creatividad y la actitud crítica en la investigación, sino también, a que la actividad filosófica nos proporciona un metaanálisis sobre los enfoques y presupuestos mismos desde los cuales se realizan la ciencia, muchas veces imperceptibles para el científico sin educación filosófica.

Dicha tarea no es un mero ejercicio académico. La colonización científico tecnológica cada más extendida y estructural del “Mundo de la Vida” nos impone la necesidad de una reflexión dialógica que supere las estrecheces de las miradas cientificista e instrumentalista sobre los procesos cognoscitivos.

En este sentido, una comunidad democrática requiere que sus comunidades epistémicas (científicos, filósofos, intelectuales) sostengan una discusión viva junto a una ciudadanía educada y crítica para que las aplicaciones del conocimiento científico-tecnológico puedan contribuir al proyecto de una vida buena.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/una-mirada-filosofica-de-la-ciencia-8950542.html

 

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Las tensiones de Darwin

Por: Leonardo Díaz

Se conmemoran 150 años de la publicación de El origen del hombre

Este año se conmemoran 150 años de la publicación de El origen del hombre. Agustín Fuentes, antropólogo de la Universidad de Princeton, ha publicado en la revista Science un artículo referente al acontecimiento. (Science, 21 de mayo 2021, vol. 372, Issue 6,544, p. 769).

Fuentes recupera la importancia del texto fundacional de Charles Darwin desde el punto de vista filosófico. Una idea imperante en la cultura occidental hasta la consolidación de la perspectiva darwinista era que los seres humanos poseían una naturaleza muy distinta a la de los animales, que habían sido creados de un modo separado. El origen del hombre nos situó como parte de una cadena evolutiva interrelacionada donde nuestra presunción quedaba significativamente afectada.

El título original del libro en ingles (The Descent of Man and Selection in Relation to Sex) subraya, como señala Fuentes, este simbólico descenso del ser humano desde la condición especial en que había sido colocado a la condición animal.

Además, el título subraya uno de los tópicos filosóficos más rupturistas de Darwin, el móvil de la evolución, una selección natural regida por el azar que permite la perpetuación de las especies más aptas para reproducirse y adaptarse al entorno en vez de un proceso teleológico donde no interviene el azar.

Al mismo tiempo, Fuentes señala las sombras en la obra de Darwin como son sus supuestos racistas, etnocentristas y colonialistas.

Hace unos siete años publiqué un libro titulado Las tensiones de Thomas Kuhn, donde afirmé que los pensadores revolucionarios son educados en instituciones que conservan una serie de prejuicios predominantes e interactúan con colegas que sostienen estos prejuicios, lo que contribuye a que dichos espíritus innovadores experimenten tensiones entre las ideas que han aprendido y aquellas que incorporan como parte de una nueva visión del mundo.

Como protagonistas de un colectivo inconforme y crítico cuestionan muchos de los supuestos predominantes de la tradición. Pero al mismo tiempo, educados por sus mentores, conservan algunos de los prejuicios que constituyen la imagen del mundo que terminarán socavando.

El examen de las tensiones intelectuales de los pensadores innovadores corrobora la perspectiva de Fuentes consistente en que las teorías científicas no deben ser estudiadas al margen de su contexto histórico, como se asumió en el pasado, pero tampoco condenadas por sus supuestos reprobables, como ha puesto de moda la cultura de la cancelación.

Por el contrario, dichos autores, sin ser idolatrados ni vilipendiados, deben ser analizados esclareciendo sus teorías desde una mirada integral y explicitando el origen de sus principales supuestos y contradicciones.

Fuente: acento.com.do

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Ética del cuidado

Por: Leonardo Díaz

El problema del cuidado se revela como un imperativo moral que Camps sitúa frente a la responsabilidad del Estado de aplicar la justicia. Mientras el primero, debe ser asumido por cada uno de nosotros, la segunda atañe al Estado.

La filósofa española Victoria Camps ha sido entrevistada por el diario El país (23-4-2021) con motivo de la publicación de su libro Tiempo de cuidados.

En la referida entrevista, la catedrática emérita de Filosofía Moral y Política de la Universidad Autónoma de Barcelona subraya la necesidad de replantear nuestra concepción tradicional del cuidado percibido como una acción privada.

Del referido supuesto se deriva la idea de que no todos estamos obligados a cuidar, pues se trata de una cualidad “femenina” e “íntima” que no constituye un deber público. Siendo así, los hombres no tienen el deber de cuidar y el espacio público, históricamente un dominio masculino, se constituye como escenario de competencia y de conflicto.

En la perspectiva opuesta representada por una ética del cuidado, nos encontramos inmersos en una red de interdependencia. Es un tópico de suma importancia en el contexto de una atmósfera cultural que glorifica la individualidad y la autosuficiencia intentando ocultar la condición de vulnerabilidad y dependencia constitutiva de nuestra especie.

El problema del cuidado se revela como un imperativo moral que Camps sitúa frente a la responsabilidad del Estado de aplicar la justicia. Mientras el primero, debe ser asumido por cada uno de nosotros, la segunda atañe al Estado. Este tiene la responsabilidad de configurar el ámbito que posibilite el acceso equitativo a los bienes, pero no puede ejercer el cuidado que nos atañe como personas.

Para desarrollar dicha capacidad se requiere el desarrollo de lo que Aristóteles denominó “el alma sensitiva”, lo que nos remite al reiterado problema abordado en muchos de mis artículos de la “educación sentimental”, una formación que “feminice” nuestro modo de relacionarnos con los otros.

Fuente: https://acento.com.do/opinion/etica-del-cuidado-8945938.html

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La crisis social colombiana

Por: Leonardo Díaz

Las universidades colombianas coautoras del documento han dado un ejemplo del papel que deben jugar las instituciones educativas latinoamericanas como compromisarias del saber y del deber social, propiciadoras del análisis y del debate público.

La Universidad Nacional de Colombia, la Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad de Antoquia, la Universidad de los Andes, la Universidad Tecnológica de Pereira, la Universidad Externado de Colombia y la Universidad del Valle, representadas por sus rectores, han firmado un documento en nombre de un segmento fundamental del mundo académico colombiano, a raíz de la crisis social generada por la propuesta de reforma fiscal del presidente Iván Duque.

La declaración se identifica con el movimiento social que se ha expresado en la protesta, en función de una deuda social acumulada prototípica de Latinoamérica. En el escrito destacan distintos temas comunes a la región.

El primer asunto es la necesidad de entender que toda reforma tributaria debe responder a una política fiscal integral consensuada por los distintos actores del espacio público. Uno de los graves problemas de las sociedades latinoamericanas consiste en la acumulación anual de déficits presupuestarios por parte del Estado debido a la ineficiencia burocrática, el derroche de recursos producto de la hipercorrupción y las deudas externas asfixiantes que dificultan la inversión en el desarrollo social.

La solución recurrente de muchos gobiernos es intentar resolver el referido problema cargando a la ciudadanía con impuestos que, en el círculo vicioso de la ineficiencia y la hipercorrupción, terminan despilfarrándose y generando nuevos déficits donde terminan financiadas las viejas y corruptas oligarquías.

Otro problema fundamental del texto es la consolidación de las sociedades democráticas. Con sus especificidades históricas, las distintas sociedades latinoamericanas han sufrido una tradición mesiánica, autoritaria y de transgresión a los límites que configuran la independencia de los poderes públicos con una marcada tendencia a la clausura de los espacios dialógicos y al abuso de poder.

No quiero concluir este artículo sin destacar el llamado del documento a luchar por el derecho general de la ciudadanía a la educación y al acceso equitativo del conocimiento. Como ha ocurrido con la salud, en América Latina se ha distorsionado el propósito de la educación, orientada fundamentalmente a generar mano de obra para el mercado y no a formar personas integrales, críticas y dialogantes.

Fuente:  Acento
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El aprendizaje de la Ética

Por: Leonardo Díaz

Las habilidades prácticas no se adquieren por la enseñanza de un discurso expositivo o por el aprendizaje de reglas. En palabras de Aristóteles, (Ética a Nicómaco, 1151a) los principios de la virtud no se adquieren por razonamiento, sino por hábito.

Si cualquiera de nosotros contratara a un profesor de matemáticas para enseñar a una niña las operaciones básicas, al finalizar el proceso de enseñanza-aprendizaje la chica debería saber sumar y restar, salvo que existiera alguna variable que entorpeciera el aprendizaje.

Del mismo modo, si contratáramos a un profesor de ortografía para nuestro hijo pequeño, no es problemático afirmar que al finalizar la instrucción nuestro hijo debería poder escribir oraciones correctas, salvo que hubiera un factor que obstaculizara el desenvolvimiento normal del proceso.

Imaginemos ahora que aspiramos a tener hijos honestos que no incurran en el acto de mentir. ¿Podemos contratar a un profesor para enseñarles un curso sobre la verdad con la convicción de que luego del mismo nuestros hijos no mentirán? O, ¿podemos contratar a un profesor para que enseñe a nuestros hijos a no robar?

Creo que coincidimos que en los dos últimos casos, la respuesta es negativa, o por lo menos, problemática. Situaciones como esta llevaron a Platón a escribir una obra, El Menón, donde cuestionaba que la virtud fuera enseñable.

En mis dos primeros ejemplos el proceso de enseñanza-aprendizaje se basa en la adquisición de unas destrezas comunicables y transmisibles mediante un sistema de reglas.

En los dos últimos casos el proceso es de naturaleza ética, por consiguiente, práctica. Las habilidades prácticas no se adquieren por la enseñanza de un discurso expositivo o por el aprendizaje de reglas. En palabras de Aristóteles, (Ética a Nicómaco, 1151a) los principios de la virtud no se adquieren por razonamiento, sino por hábito.

Por tanto, podemos lograr que un ciudadano aprenda de memoria las normas de un manual de conducir, pero no es sensato pensar que por aprenderlas conducirá un vehículo de modo correcto, respetará las reglas de tránsito, o será prudente en la carretera. Sus habilidades y modo de manejar dependerán de la exposición continua a manejar un auto, de los criterios y valores que ha adquirido para conducirlo a través de los años; y también, de la existencia de un régimen de consecuencias.

Ahora les pido que hagan la analogía con la situación de nuestros funcionarios estatales. ¿Creen ustedes que para la honestidad pública de los mismos es relevante tomar un curso de ética para servidores públicos y aprender las normas de un código?

Fuente: acento

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