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Confianza y educación

 Manuel Alberto Navarro Weckmann

 

En días pasados se dio a conocer, por parte del gobierno federal, de la emisión del Programa Sectorial de Educación (PSE) 2020 – 2024, en el que se dan a conocer, tanto el diagnóstico, como las prioridades de la administración gubernamental en dicho sector.

La propuesta, parte de tres premisas básicas, ciertas a mi juicio, y que coinciden con la perspectiva en general del gobierno para implementar las políticas públicas en otras áreas de la administración pública como son: la corrupción, la corrección de un crecimiento económico que sólo ha beneficiado a pocas personas, el combate a las condiciones socioeconómicas de las personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad y la reconstrucción del tejido social.

En este sentido, se establece que la finalidad del PSE 2020-2024 es contribuir a un nuevo modelo de desarrollo basado en el bienestar de las personas, a partir de garantizar el disfrute pleno del derecho a la educación como catalizador para el logro de un desarrollo nacional sostenible, el cual intenta dar respuesta a los seis problemas públicos que identifica que se pueden resumir como: falta de oportunidades educativas, equitativas e inclusivas; falta de una educación de calidad para las y los estudiantes; falta de reconocimiento, formación y apoyo para el personal docente y directivo; la carencia de entornos favorables de las instituciones; el sedentarismo y falta de cultura física desde la primera infancia y la verticalidad y desarticulación de las decisiones públicas en materia educativa.

Como suele ser en los ejercicios de planeación estratégica de este tipo, a cada una de las problemáticas identificadas como fundamentales, se les asigna un Objetivo Prioritario (OP) y de ellos, se desprenden Estrategias Prioritarias (EP) y Acciones Puntuales (AP), dentro de los cuales, me gustaría destacar, por su importancia, lo establecido en el OP 3, que cuenta con 4 EP que se subdividen a su vez en 37 AP, ya que se refieren la formación inicial, la continua, los procesos de selección pertinentes para la admisión, promoción y reconocimiento, así como la evaluación diagnóstica que favorezcan el desarrollo profesional, así como el apoyo para la la gestión del personal docente, directivo y de supervisión en los centros educativos.

En el PSE, se habla entre otros, de temas que han sido poco más que retórica en los últimos años, del fortalecimiento de las escuelas normales, su autonomía de gestión, actualización de sus mallas curriculares, el diseño de un diagnóstico integral de las necesidades del magisterio, un sistema de promoción horizontal real y eficiente, que esperemos se conviertan -ahora si- en realidad.

Sin embargo, en el punto 3.4.7, se habla específicamente de apoyar el fortalecimiento de redes colaborativas de personal docente, directivo y de supervisión que faciliten el intercambio de experiencias en materia de gestión e innovación para la mejora continua de las escuelas, aspecto sin duda interesante, tomando en consideración de que todas las acciones efectuadas en el pasado, se han tomado a partir de la desconfianza, tomando decisiones verticales sobre sus necesidades y sin tomar consideración los saberes docentes y directivos que se construyen precisamente en el servicio y que son fundamentales para el fortalecimiento de la labor que día a día se realiza en los centros educativos.

Fuente: https://profelandia.com/confianza-y-educacion/

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COVID 19 y Género

 Manuel Alberto Navarro Weckmann

La experiencia generada a partir de las acciones relacionadas con la emergencia sanitaria, ha propiciado diferentes efectos de acuerdo con la actividad que cada persona desarrolle en su vida personal, familiar o profesional, así, la emergencia ha sido un parteaguas muy importante que nos permite visibilizar lo que realmente sucede detrás de lo que hemos denominado como nuestra “normalidad”.

La educación, como un ámbito netamente social, recibe, en todos los sentidos, los efectos de lo que sucede en la comunidad, de tal manera que la emergencia sanitaria no ha sido la excepción, así, como señala el documento de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) “Desigualdades educativas y la brecha digital en tiempos de Covid-19”,  entre los factores que condicionan el acceso a una enseñanza de calidad en línea son: la clase social, la raza, la etnia, el género, la ubicación geográfica y el tipo de institución a la que pertenecen los estudiantes.

De entre estos factores, uno de ellos, en donde se ha visibilizado dicha realidad, tiene que ver con las problemáticas y desequilibrios en materia de género, en donde claramente se ha trasladado el peso de muchas de las acciones dentro del confinamiento a la mujer, quien por “costumbre” y machismo, se constituye en el pilar de las principales acciones que se dan en el hogar.

De acuerdo con Javier Enrique Díez (2004: P.5), toda la historia humana desde sus inicios está marcada profundamente por el patriarcado. Todas las culturas, todas las civilizaciones, todas las organizaciones lo han sufrido de una forma o de otra, sin embargo, al normalizarse se mezcla con otro tipo de actividades y disminuye su aspecto evidente, por lo que, es a raíz de circunstancias especiales como es el caso de la emergencia sanitaria, en el que se hace por demás visible.

A mediados del mes de abril, la doctora Elizabeth Hannon, Directora Asistente en The British Journal for the Philosophy of Science, comentó públicamente en Twitter sobre una dramática disminución en la presencia de artículos enviados por académicas mujeres, el cual fue uno de los primeros llamados de atención sobre el particular, sin embargo, conforme pasa el tiempo, más se hace evidente, como es el caso de las Trabajadoras de la Educación, quienes han visto sobrecargadas sus actividades al intentar desarrollar sus actividades laborales desde el hogar.

Más allá de eso, llama poderosamente la atención en los datos duros que tiene a la vista del público en general la propia UNAM en el sitio “Datos duros sobre la violencia de género”, en donde se incrementó la ocurrencia de presuntos delitos registrados en averiguaciones previas contra mujeres en más e un 13%, las llamadas de emergencia por violencia contra las mujeres en más de un 22% y en donde de acuerdo con la Red Nacional de Refugios A.C., se ha incrementado más de un 37% la violencia física contra ellas.

Vivimos en una sociedad compleja y en donde impera fuertemente el machismo y las actitudes de violencia y discriminación hacia la mujer, por lo que los tres niveles de gobiernos deben de establecer acciones afirmativas para su protección, es establezcan protocolos especiales para su defensa y sobre todo, cada una y cada uno de nosotros, aportar lo que esté de nuestra parte para visiibilizar el problema.

manuelnavarrow@gmail.com

https://manuelnavarrow.com

Fuente e Imagen: https://profelandia.com/covid-19-y-genero/

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El aporte del magisterio

De acuerdo con lo establecido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la tecnología ha demostrado ser una herramienta útil y necesaria para ayudar a garantizar que los gobiernos locales y regionales respondan en la primera línea de la emergencia, situación que se convirtió en el primer elemento de respaldo a las acciones gubernamentales generando una estrategia, que luego se convirtió en un proceso que en su conjunto se le denominó educación a distancia porque incluyó otros factores como cuadernillos impresos, radio, televisión, entre otros medios alternos para poder llegar al estudiantado.

Por otra parte, mucha tinta se ha trazado en los diferentes medios y redes sociales sobre las perspectivas negativas que tienen que ver con el alcance de dichas medidas sobre todo en los hogares de menores ingresos, que decir eso en nuestro país, equivale a casi la mitad de la población, con los efectos que ello tiene en el impacto del derecho a la educación de nuestras niñas, niños, adolescentes y jóvenes.

El derecho a la educación, el derecho a la información, al igual que el derecho al acceso a internet, son pieza fundamental si es que estamos ciertos que nuestro país debe de transitar por caminos en los que dichos derechos se lleven a quienes más lo necesitan, sin embargo, el atraso y la falta de inversión en muchos años, hace que dicho planteamiento no se encuentre previsible en el corto o mediano plazos.

En este sentido, es necesario que se tome en consideración el esfuerzo desarrollado por el magisterio para generar, en un tiempo por demás breve, la adaptación que tuvo que hacer para migrar no solo al aprendizaje de tecnologías, en donde, una vez más, la capacitación docente, corre por su propia cuenta, sin embargo en esta ocasión, además, fue a costas de su propia persona, de su presupuesto y de sus pertenencias, puesto que para los diferentes niveles de gobierno, la forma más sencilla de resolverlo, fue pedirle que, a partir de que se dictaron las medidas de distanciamiento social, debería de contar con herramientas tecnológicas, con elementos para su aplicación, además de tener que aplicar otra serie de medidas al interior del hogar para resolver las problemáticas que surgieron a la par de tener que contar con aparatos para que el resto de las y los integrantes de la familia respondieran a la emergencia en el trabajo, escuela, etc.

En este sentido, vale la pena hacer un reconocimiento al esfuerzo desarrollado por el magisterio, que haciendo uso de sus equipos tecnológicos, buscando su capacitación, pagando su electricidad, su servicio de internet, su equipo y plan de servicio telefónico, adaptar el plan de estudios, exceder sus horas de trabajo, el estrés, etc. con lo que ha respondido y con la frente muy en alto a la emergencia, y que decir con lo que ha hecho para hacer llegar a quienes no cuentan con dicho servicio y se ha buscado hacer llegar para sostener el derecho a la educación que está establecido en nuestra legislación nacional.

Blog: https://manuelnavarrow.com

Fuente: https://profelandia.com/el-aporte-del-magisterio/
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