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¿Quieres frenar el cambio climático? Estas profesiones pueden ayudarte

Nacho Meneses

El desarrollo de una mayor conciencia medioambiental facilita la multiplicación de perfiles relacionados con la conservación del entorno y la gestión de recursos

Nuestro planeta está calentándose, y (casi) todos somos conscientes de ello. Si hace unos años apelábamos al consenso científico cuando hablábamos de calentamiento global, ahora llamamos al sentido común. “La problemática con los residuos plásticos, la escasez de agua, las catástrofes naturales o la pérdida de biodiversidad son temas que preocupan a una población cada vez más mentalizada acerca de la necesidad de proteger el entorno” e implementar un estilo de vida sostenible, afirma Beatriz Fernández, coordinadora de Programas SIG y Evaluación Ambiental del Instituto Superior de Medio Ambiente. Mañana, 24 de octubre, se celebra el Día Internacional contra el Cambio Climático.

Cuidar del planeta está de moda, y eso es bueno. Más allá de la exposición mediática de figuras como la adolescente sueca Greta Thunberg y sus Fridays for Future, un movimiento que se ha expandido como la pólvora por todo el mundo, “el compromiso medioambiental ha arraigado profundamente en la conciencia de la sociedad y, especialmente, en la de los más jóvenes. Los problemas derivados de la contaminación y el cambio climático no hacen sino reforzar la necesidad de actuar”, argumenta el doctor Justo García Navarro, director del Grupo de Investigación sobre Sostenibilidad en la Construcción e Industria de la Universidad Politécnica de Madrid.

Así, el impulso de las agendas medioambientales de empresas y gobiernos ha multiplicado las oportunidades para desarrollar carreras vinculadas a la conservación de la naturaleza. “Las salidas profesionales eran antes muy escasas. Ahora hay mucha más investigación con todo aquello relacionado con el cambio climático y la pérdida de biodiversidad, y además se divulga mucho más, facilitando el desarrollo de los campos relacionados con el medio ambiente”, explica María José caballero, bióloga y directora adjunta de Campañas en Greenpeace España. “Cuando se habla de todo esto, en lo primero que piensas es en plantar árboles y crear jardines, pero hay mucho más”, recuerda Alejandro Carbonell, CEO de la startup valenciana Green Urban Data. “Desde psicólogos que estudian el impacto de las zonas verdes en las personas, hasta investigadores que evalúan los efectos de la contaminación en la salud”.

El medio ambiente es cuestión de todos

Biólogos, geólogos, ambientólogos, ingenieros forestales y agrónomos, graduados en Ciencias del Mar o geógrafos (en campos como la teledetección y la elaboración de cartografía) son algunos de los perfiles profesionales relacionados con el cuidado de la naturaleza. Pero también químicos, informáticos, arquitectos, ingenieros químicos, economistas y una gran variedad de puestos técnicos y especialistas pueden darles a sus carreras un enfoque medioambiental, bien a través de los propios planes de estudio o por medio de especializaciones de posgrado. “Son profesiones que han visto condicionados sus perfiles por las nuevas exigencias sociales y medioambientales para que sus sistemas productivos sean más amigables con el entorno”, argumenta García Navarro.

Todo apunta a las renovables, ya que Bruselas se ha propuesto la descarbonización completa de la economía comunitaria para 2050. “Europa tiene que aprender a depender de sí misma en temas energéticos, y el camino es el de las energías renovables y la eficiencia energética. Cuanto más se invierta en esto, mejor”, sostiene Juan José Coble, director del Máster en Energías Renovables y Eficiencia Energética en la Universidad Nebrija. Según el último informe de la Agencia Internacional de Energía Renovable (IRENA, por sus siglas en inglés), en 2018 había ya 11 millones de personas trabajando en el campo de la energía renovable en todo el mundo. Técnicos de proyectos en energías renovables, especialistas en operación y mantenimiento, ingenieros de diseño, project managers o técnicos comerciales de los que 3,6 millones se sitúan en el sector fotovoltaico, dos millones en el sector de biocombustibles líquidos, dos en centrales hidroeléctricas y 1,16 en el sector eólico, además de otros 800.000 profesionales dedicados a la energía solar. Un sector en el que además se está equilibrando la balanza de género, con un 32 % de los puestos ocupados por mujeres.

En Europa, el 100 % del mix energético de Islandia es renovable. Noruega alcanza el 97 %, y aunque España se queda en un 32,1 %, hay que destacar que Red Eléctrica de España, el operador del sistema encargado de gestionar las autorizaciones, ha concedido ya permisos de acceso para 44.700 MW (el equivalente a 44 centrales nucleares), de los que 27.400 MW son de solar fotovoltaica, y tiene en tramitación otros 62.600 MW (53.600 de fotovoltaica). Unas cifras llamativas que duplican de largo el objetivo previsto por el Gobierno para 2030. “España es un país con sol y viento, y eso hay que aprovecharlo”, apunta Coble, que recuerda que “también harán falta abogados y especialistas en eficiencia energética que trabajen en grandes empresas o pequeñas cooperativas”.

Nuevas necesidades, nuevos perfiles

En el centro de este esfuerzo por alcanzar un estilo de vida sostenible se hallan las investigaciones para desarrollar nuevos materiales que, a la vez que cumplen con sus propósitos, sean compostables o reciclables, de manera que no dañen el medio ambiente. En el Centro Tecnológico de Investigación Multisectorial CETIM, en A Coruña, entre el 70 y el 80 % de los 52 proyectos que tienen en marcha están relacionados con el medio ambiente. De los residuos de la industria papelera y maderera, por ejemplo, obtienen lignina (que se usa para la fabricación de asientos de coches o tuberías) y celulosa, que reutilizan en el desarrollo de membranas para el tratamiento de aguas residuales.

En CETIM se encuentran biólogos, químicos, graduados en Ciencias del Mar e ingenieros químicos, “que trabajan en biotecnologías para la valorización de residuos como los lodos de las depuradoras o la extracción de proteínas de subproductos de la industria pesquera, que hoy no se utilizan y que pueden incorporarse a nuevos productos cárnicos para que tengan un valor proteico superior”, explica Lucía Vázquez, directora ejecutiva de CETIM. Pero los ingenieros industriales, electrónicos e informáticos también tienen cabida, desarrollando sensores para la detección inmediata de algunos contaminantes que hoy requieren análisis de laboratorio que pueden llevar horas e incluso días.

La tecnología también tiene su aplicación a la hora de contribuir al bienestar de los habitantes de las zonas urbanas. “El cambio climático está impactando de modo intenso en las ciudades, y esto es mucho más preocupante cuando vive en ellas casi el 65 % de la población mundial”, sostiene Carbonell. El software desarrollado en Urban Green Data puede servir para sugerir rutas saludables por las ciudades, con menos emisiones y más sombras, y para “hacer un diagnóstico de la ciudad, ver cuáles son sus dolencias y dónde están situadas, recomendar tratamientos con los que puedan mejorar y, por último, monitorizar el seguimiento de esas acciones para confirmar que la ciudad está evolucionando bien”. Entre sus profesionales, tienen cabida los cartógrafos, arquitectos especialistas en paisajismo y medio ambiente, desarrolladores para la parte tecnológica y especialistas en la experiencia final de los usuarios.

La economía circular, clave

¿Es la manera en que fabricamos y usamos las cosas la más sostenible para el medio ambiente? Ciertamente no. “Desde la revolución industrial hemos venido funcionando de manera lineal: extraemos recursos y fabricamos cosas que luego usamos y tiramos (…) La economía circular toma como referencia la naturaleza para proponernos funcionar en ciclos, reutilizando los recursos sin desecharlos, empleando energías renovables y cuidando el entorno”, reflexiona Manuel Aguirre, socio de Sostinendo, consultora en cambio climático y economía circular. “Es una herramienta valiosísima para volver a una senda de desarrollo sostenible, y así por ejemplo reducir las emisiones o los microplásticos en el medio”.

Además de contribuir a la sostenibilidad, la economía circular también demanda nuevos perfiles profesionales. Se empiezan a necesitar, por ejemplo, especialistas en diseño de productos y packaging circulares, de manera que no solo sean atractivos, “sino reciclables, compostables o reusables, y que tengan en cuenta el impacto medioambiental que pueden provocar si no se recupera el producto al final de su ciclo de vida”, afirma Guillem Bargalló, fundador de El Bien Social. “En este campo, son relevantes las personas que conozcan a fondo el sector de la gestión de residuos y sean capaces de estimar la huella ecológica (de agua, de carbono, ambiental…) de los procesos productivos”, dice Fernández.

Por ello, también harán falta especialistas en cálculo del ciclo de vida de productos y en logística inversa. “Marcas como restaurantes y tiendas de alimentación van a tener que empezar a ofrecer envases reusables, de los que deberán hacerse cargo cuando el cliente los devuelva a la tienda”, asegura Bargalló. De esta forma, se deberán trazar circuitos de logística inversa para recibir los envases, limpiarlos y volverlos a poner en uso”.

Fuente: https://elpais.com/economia/2019/10/23/actualidad/1571836404_995074.html
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Salud y tecnología, los estudios que triunfarán en 2020

Por: Nacho Meneses

En una sociedad crecientemente digitalizada, grados y especializaciones sanitarias y tecnológicas destacan como las de mayor proyección laboral

Los datos no engañan: cada vez vivimos más, y quienes llegan a edades avanzadas lo hacen en mejores condiciones. Un sector de población cuyas patologías resultan con frecuencia crónicas, y que demanda una atención médica variada y constante. Esto, unido al desarrollo de nuevas tecnologías aplicadas al ámbito sanitario y a la aparición de nuevos perfiles profesionales, hace que los estudios y los trabajos relacionados con la salud sean, junto con los tecnológicos, los que gozan de mejores perspectivas laborales a corto y medio plazo. También son, y esto es relevante, las personas que más satisfechas se encuentran con su empleo.

Cada año, el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos elabora una lista con las 100 profesiones con mayor demanda de empleo, de las que extrae los estudios con mejores expectativas profesionales. Si la Ingeniería del Software es la carrera universitaria que aparece en primer lugar, es de justicia mencionar que seis de las diez formaciones en ese top ten están relacionadas con el ámbito sanitario: Odontología, Enfermería, Medicina, Fisioterapia, Terapia Ocupacional y Óptica y Optometría. Completan la lista los grados en matemáticas (5) y Derecho (10), seguidos de Arquitectura Técnica y Administración y Dirección de Empresas (ADE). Informes como el elaborado por Infoempleo y la Universidad Internacional de La Rioja muestran una tendencia al alza en el ámbito sanitario desde 2013, e incluso la Organización Mundial del Trabajo identifica este campo como uno de los sectores claves para el empleo del futuro.

“Las necesidades de atención de las personas mayores, junto con el gran gasto sanitario que supone su atención en régimen de ingreso hospitalario, hace que se fomenten cada vez más los cuidados y atención domiciliaria” de una manera más intensiva que en la actualidad, asegura Montserrat Antonín, directora de la Escuela Universitaria de Enfermería Gimbernat. Un grado “con múltiples salidas profesionales: atención primaria y especializada, investigación, docencia e incluso dentro del campo de la innovación y el emprendimiento”, lo que provoca una demanda elevada en el mercado laboral que sin embargo no se traduce en suficientes puestos de trabajo: según el Sindicato de Enfermería SATSE, en España se necesitan 131.000 enfermeras y enfermeros, un 34 % más que las actuales, para alcanzar la media europea.

Hagas lo que hagas… digitalízate

Desarrollar competencias tecnológicas es, hoy en día, imprescindible, aunque “hay que saber diferenciar entre aquellas que debemos desarrollar de forma genérica, para ejercer cualquier profesión e incluso para la vida diaria, de otras específicas y necesarias para la ocupación elegida”, sostiene Concepción García, vicerrectora de Emprendimiento y Empleabilidad de la Universidad Complutense de Madrid. “Además de las titulaciones con un alto contenido tecnológico, carreras que tradicionalmente no requerían estas habilidades para la práctica profesional han visto modificados sus perfiles debido a la tecnología, ampliando sus campos profesionales. No en vano, el 45 % de los empleos en el año 2020 estarán relacionados con el entorno digital, según datos de la Unión Europea recogidos en el informe ISDI Digitalización de los profesionales españoles.

Y si no generamos estos perfiles, ¿qué ocurre? “España es deficitaria en determinadas especialidades, por los que estos profesionales finalmente provienen de otros países. Es el caso de los especialistas en Big data, Internet de las Cosas, Inteligencia Artificial, Cloud Computing y, en general, todos los desarrolladores de software, perfiles que están muy solicitados tanto por la gran cantidad de start-ups tecnológicas que están surgiendo como por todas las empresas que se encuentran en pleno proceso de transformación digital”, cuenta Xavier Núñez, director de la escuela superior de informática EPITECH, en Barcelona.

Los dobles grados, esfuerzo y recompensa

Otra de las opciones predilectas por parte de los estudiantes es la de los dobles grados, como los de ADE y Derecho, Derecho y Ciencias Políticas, Matemáticas y Física (el que suele tener una mayor nota de corte en España) o Turismo y Comercio. Se trata de formaciones más exigentes, con una mayor carga de créditos, pero que al final otorgan la recompensa de obtener dos graduados diferentes: por ejemplo, los que terminan el de ADE y Derecho, saldrán con un grado en ADE y otro en Derecho, no con un título doble.

“Si lo normal, para un grado, está en 240 créditos repartidos en cuatro años, estas titulaciones suelen incluir entre 350 y 360 a lo largo de cinco cursos académicos”, explica García. Más créditos, pero no el doble, algo que se explica porque ambos grados “se reconocen los créditos optativos de un grado para el otro, y además suele haber asignaturas básicas que son equivalentes en los dos. Eso sí, al final tienes que hacer dos trabajos de fin de grado (TFG) diferentes”.

Empleabilidad o vocación

A la hora de escoger estudios superiores, ¿qué debe pesar más: la vocación personal o las salidas profesionales de una determinada formación? Según los expertos, la elección no es tan excluyente como puede parecer en un principio. “Lo importante es que la gente se forme en lo que verdaderamente quiere, y en lo que crea que puede ser bueno. No es recomendable que estudien algo solo por la empleabilidad, sino también por la vocación; lo ideal es que encuentren un equilibrio entre estos dos factores”, sostiene Joan ramón Castelló, director de Marketing y cofundador de EMagister.

Para tomar una decisión informada, no obstante, conviene tener todos los datos en la mano: “A veces, los jóvenes no conocen las salidas profesionales de una carrera con realismo antes de comenzarla. La elección puede partir de una idea preconcebida que, en ocasiones, será errónea o estereotipada. Pero tampoco conviene elegir un sector profesional en el que no te sientas cómodo”, reflexiona García. Las carreras tienen diversas opciones laborales que, en muchos casos, se completan con formación especializada de posgrado. Son itinerarios que conducen a diferentes profesiones “sobre las que hay que tener datos objetivos: qué puestos se pueden ejercer, qué tareas se realizan, cuáles son las formas de acceso al mercado de trabajo, qué competencias es necesario potenciar, las bandas salariales existentes…” La vicerrectora de la UCM prefiere además sustituir el término “vocación” por “intereses” que deben conocerse antes de comenzar una carrera.

Las ‘soft skills’, un valor añadido

Hoy en día, las compañías no buscan solo candidatos formados en conocimientos técnicos (las hard skills). Cada vez más, demandan perfiles profesionales con un dominio demostrable de habilidades personales e intrapersonales, “empleados altamente flexibles, con un alto grado de adaptabilidad, creativos, con capacidad de comunicación y de trabajar en equipo, capacidad de negociación y de gestión del tiempo, así como de adquirir, procesar y desarrollar información”, argumenta Roel Koppens, director general de Goodhabitz en España. Además, “casi el 80 % de la población activa considera que estas habilidades personales son diferenciales y claves para acceder a un puesto de trabajo”.

Universidades y escuelas de negocio comienzan a incluir este tipo de competencias en sus programas de formación, conscientes de su capacidad para revalorizar el talento humano. “De nada sirve un profesional con conocimientos técnicos si no sabe trabajar en equipo, comunicarse, tomar decisiones, ofrecer soluciones, gestionar su tiempo o resolver los problemas de forma eficaz”, concluye Koppens. Según esto, el candidato que posea estas habilidades tiene más posibilidades de desarrollar una carrera profesional exitosa y de disponer de oportunidades de ser promocionado a puestos de liderazgo dentro de su organización.

La formación ‘online’, en alza

Cada vez hay más usuarios nativos digitales, y eso se hace notar también en el campo de la formación. Así, el 42 % de los internautas que visitan el buscador de cursos EMagister prefiere los cursos o másteres online, frente a un 37 % que opta por la formación presencial y el 15 % que escoge la formación a distancia. Los cursos cortos y los ciclos de Formación Profesional son los dos tipos de formación preferidas por sus usuarios (más de 11 millones de visitas en 2019), pero también diferentes tipos de máster y postgrados, dirigidos a un público “que usa este tipo de formación como una palanca de ascenso profesional o como complemento para obtener más y mejores habilidades y, con ello, nuevas oportunidades dentro del competitivo mundo laboral”, explica Castelló.

En lo que va de 2019, las FP más demandadas son las de salud, Farmacia, terapias alternativas, Nutrición, Hostelería y Turismo, Educación, Imagen Personal e Industria; mientras que entre los másteres y postgrados destacan los programas de Comunicación, Marketing, Nuevas Tecnologías y Medio Ambiente. En lo que respecta a las formaciones digitales, el foco se sitúa en titulaciones como los másteres en Big Data y Business Intelligence, Ciberseguridad, Excel y Access avanzados o Experto en Peritaje Informático.

Fuente e imagen: https://elpais.com/economia/2019/09/04/actualidad/1567614365_724108.html

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La FP ya atrae más ofertas de trabajo que la universidad

Por: Nacho Meneses 

Los ciclos formativos buscan cubrir las demandas del mercado laboral gracias a una formación más práctica y una mayor conexión con las empresas

La alta empleabilidad y los salarios competitivos facilitan, cada vez más, que los estudiantes se decanten por la Formación Profesional (FP), a pesar de que esta opción todavía nada a contra corriente en España. Un 42,3 % de las ofertas de trabajo publicitadas en 2018 requirieron un grado de FP y superaron, por primera vez, a aquellas que demandaban un título universitario (38,5 %), según un informe de The Adecco Group Institute e Infoempleo. Dentro de ellas, los ciclos de grado superior representan el 24,4 % de esas ofertas, y los de grado medio, un 17,8 %. Un aumento que no responde a un cambio sustancial en el mercado de trabajo, sino más bien a un reconocimiento de la mayor idoneidad que, para determinados sectores, ofrece un técnico de Formación Profesional.

“El mercado se está autorregulando. Cuando la FP ha ido creciendo y suministrando esos técnicos, se han dado cuenta de que no tenía sentido contratar a titulados universitarios para que desempeñaran labores de menor cualificación y por una menor remuneración, lo que hacía que estuvieran desmotivados. Además, no cubrían las necesidades de la misma manera”, afirma Joan Sarrión, vicepresidente de la Asociación de Centros de Formación Profesional FPEmpresa. “La FP ofrece una especialización y un componente práctico mayores, y hay mucha más interacción con la empresa; la universidad sigue siendo demasiado teórica”, añade.

Las áreas que acumularon un mayor número de ofertas de empleo se concentran en el sector industrial y en el de servicios. Así, destacan Administración y Gestión, Electricidad y Electrónica, Fabricación Mecánica, Informática y Comunicaciones e Instalación y Mantenimiento, que acumulan un 36 % de las ofertas para titulados de FP. El sector de Hostelería y Turismo, por su parte, crece considerablemente, hasta situarse con un 9,26 % de los técnicos demandados. Por comunidades autónomas, seis de cada diez se concentran en Cataluña, Madrid y el País Vasco.

Empleabilidad frente a prejuicios

La tasa de inserción laboral deja lugar a pocas dudas. Más de un 70 % de los graduados de Formación Profesional continúan trabajando para la empresa donde realizaron sus prácticas al día siguiente de terminarlas; un porcentaje que, en algunos casos, como el de la FP Dual —en la que la formación se reparte entre el centro educativo y la empresa, donde los alumnos realizan prácticas y completan su formación—, alcanza casi el pleno empleo (un 96,2 % en el País Vasco). “La sociedad, con carácter general, y la familia, en particular, aún creen que la universidad es una opción mejor (…), pero hay una falta de sincronía absoluta entre la oferta y la demanda, y es necesario adecuar la una a la otra. Hay un problema de concienciación social, de desinformación y de sensibilización”, sostiene Javier Blasco, director de The Adecco Group Institute. “Se desconoce que el salario medio de un recién titulado es similar para FP y universidad, e incluso me atrevería a decir que en algunos sectores se gana más, por convenio”.

El crecimiento de la Formación Profesional viene favorecido por el hecho de que, en sectores como el industrial –donde se nota más el atractivo de la FP, por la especificidad del título– o en Hostelería y Turismo, los estudiantes no compiten por los puestos de trabajo con universitarios. Pero es un hecho que los prejuicios persisten: la tasa de FP en España es inferior a la del resto de Europa. “La gente no sabe que hay un enorme mercado de trabajo. Hay que convencer a las familias de que su hijo no va a ser menos por hacer la FP, y además puede que cobre más. No solo es un error: es un problema para la economía española, porque no se cubren puestos para los que hay demanda (como en la construcción, por ejemplo), y no estamos ofreciendo al mercado una imagen atractiva para la inversión”, esgrime Blasco.

Por otra parte, el avance de la Formación Profesional no implica, señala Sarrión, que no existan campos de mejora: “La FP dual necesita un replanteamiento, porque en España hay muchos sistemas, y se necesitan poner unas bases comunes para todo el territorio. La actualización de los currículums es, además, un proceso muy burocrático… En Europa, la adaptación de estos a la realidad productiva es un proceso mucho más dinámico. Y vendría bien una mayor autonomía de gestión para los centros, de manera que se pudiera flexibilizar y adaptar más rápidamente la oferta a las necesidades del entorno productivo de cada zona”. El aspecto geográfico es sin duda importante, ya que en muchos casos la oferta de grados varía según las necesidades de cada zona: si en el País Vasco tienen un perfil claramente industrial, en Madrid destaca el sector servicios, en Barcelona hay una mezcla de industria, servicios, sector textil y farmacéutico y en Andalucía sobresalen la hostelería y el sector servicios, por poner algunos ejemplos.

El modelo vasco, un ejemplo a seguir

El espejo donde mirarse es, sin duda, el del País Vasco, cuya Formación Profesional ha sido reconocida en Europa como uno de los mejores sistemas del mundo. Allí se ha cuidado muy bien la comunicación y la conexión del mundo empresarial con los centros de formación, algo que es particularmente visible en el caso de la FP Dual. Para Marianne Thyssen, comisaria europea de Empleo, Asuntos Sociales, Capacidad y Movilidad Laboral, “necesitamos un sistema que se adapte mejor a los cambios que se producen a su alrededor, y que sea la elección preferida de los jóvenes, como el que existe en el País Vasco, uno de los mejores del mundo y una fuente de inspiración y aprendizaje para muchos en Europa”, según declaró el pasado mes de junio en el Congreso Internacional de FP que tuvo lugar en San Sebastián.

Se trata, en definitiva, de un modelo valorado positivamente tanto por los alumnos como por los centros de formación y las empresas, y que empieza incluso a abrirse paso en la universidad. Una encuesta de satisfacción realizada al finalizar el curso 2017-18 desveló que los primeros valoraban especialmente bien (8,6 sobre 10) la posibilidad de adquirir conocimientos a través del trabajo directo en la empresa, y la labor de tutorización por parte del centro de FP.

Siguiendo el ejemplo de la FP Dual, las tres universidades del País Vasco (la UPV, pública, y las de Mondragón y Deusto, privadas) han incorporado diferentes itinerarios y titulaciones completas en 15 grados y nueve másteres duales en los campos de Ingeniería y Arquitectura y Ciencias Sociales y Jurídicas; titulaciones con un número mínimo de créditos de formación práctica, en colaboración con una empresa o entidad externa: entre el 25 y el 50 % en el caso de los grados, y un mínimo del 40 % en los másteres.

De la FP, ¿a la universidad?

Para aquellos alumnos que completan un grado superior de FP, existe la posibilidad de continuar sus estudios en la universidad, “con la ventaja de contar ya con un título e incluso incorporarse al mercado laboral, con lo que se accede en mejores condiciones y con una remuneración económica”, argumenta Sarrión. En función de sus notas y del grado de concurrencia de una carrera u otra, podrá entrar de forma directa o realizando los exámenes específicos de la Prueba de Acceso a la Universidad, la PAU (aquellos de la rama concreta donde está diseñada esa carrera). A los graduados de FP se les reconoce un cierto número de créditos del primer curso, que depende de cada universidad.

¿Se entra directamente o a través de un examen? Depende de la note de corte: en la PAU, llegas hasta los 14 puntos, con los que accedes a la universidad; como en FP solo llegas hasta 10, si la media de acceso es alta será necesario pasar por la parte específica de la PAU que corresponda a la carrera que quieren cursar. “Por ejemplo, un alumno de FP de Administración y Finanzas normalmente entra directamente a Económicas sin problemas, y además le convalidan algunos créditos”, explica Sarrión.

LOS CERTIFICADOS DE PROFESIONALIDAD

La FP no es la única opción de educación no universitaria: un modelo nuevo es el de la formación para el empleo que representan los certificados de profesionalidad, títulos oficiales expedidos por el Ministerio de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, y reconocidos a nivel europeo. Estos diplomas acreditan las competencias profesionales para realizar un determinado trabajo, y están divididos en tres niveles, según su carga horaria y los requisitos de acceso:

  • Los certificados de Nivel 1 (entre 250 y 300 horas) solo requieren tener al menos 18 años, y dan acceso a labores básicas como limpieza de superficies y mobiliario, operaciones básicas de cocina o reponedor y operaciones básicas en restaurante y bar.
  • Los de nivel 2 (entre 500 y 600 horas) exigen contar con uno de estos requisitos: estar en posesión del título de la Educación Secundaria Obligatoria (ESO), haber obtenido previamente otro certificado del mismo nivel o uno de nivel 1 de la misma familia profesional, haber superado la PAU para mayores de 25 años o una prueba de acceso de a ciclo formativo de Grado Medio. Son cursos de atención sociosanitaria, gestión de llamadas de teleasistencia, peluquería o soldadura, por ejemplo.
  • Los de nivel 3 (más de 800 horas, equivalente a un curso lectivo) requieren contar con el título de Bachillerato, un certificado de profesionalidad del mismo nivel o de nivel 2 de la misma familia profesional, la prueba de acceso a ciclo formativo de grado superior o la PAU para mayores de 25 y/o 45 años: organización y gestión de almacenes, confección y publicación de páginas web, atención al cliente, proyectos audiovisuales multimedia, etcétera.

Fuente: https://elpais.com/economia/2019/08/21/actualidad/1566384239_006275.html

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“La pedagogía de los superhéroes es muy útil para educar a nuestros hijos”

Por: Nacho Meneses. 

 

Quizá les conozcan. Ella, con el rostro coronado por una tiara, proviene de la legendaria raza de las amazonas; él, con una más que reconocible capa azul, de otro planeta que ya no existe en una galaxia muy lejana. En una vida, protegen desinteresadamente a la humanidad frente a las mil caras del mal; en otra, pasan desapercibidos, como si en verdad fueran personas normales. Y en ambas, su moral es intachable: empatía, sacrificio, generosidad, preocupación por los demás. Valores dignos de imitación que cualquier padre quiere inculcar a sus hijos y que protagonizan De Platón a Batman, del filósofo y profesor de la Universidad de Córdoba José Carlos Ruiz.

“Hay que educar en el pensamiento crítico desde pequeños, para que sean capaces de extraer conclusiones por sí solos, para que desarrollen una personalidad fuerte y una buena dosis de autoestima y confianza en sí mismos”, sostiene Ruiz. Aristóteles, Cicerón, Locke, Kant, Sócrates, Hume y Platón se unen así a Superman, Wonder Woman, Batman, Spiderman y el Capitán América en la lucha diaria de los padres por conseguir inculcar en sus hijos una personalidad sana y equilibrada. Herramientas para que “aprendan a ponerse en el lugar del otro, empatizar con él y desarrollar un concepto de ciudadanía que les ayude a defender lo que es bueno para el grupo”: objetivos como la lucha contra el cambio climático o el reciclaje, por ejemplo.

De la filosofía, Ruiz extrae ese pensamiento crítico que intenta explicar el porqué de lo que nos rodea, y convertirlo en consejos para educar a los pequeños. De los superhéroes, más que sus poderes sobrenaturales, interesan los superpoderes humanos que poseen, una serie de cualidades y virtudes humanas que pueden ser enseñadas y aprendidas. Así, tras ver la película (o leer el cómic), “los padres pueden extraer una o varias enseñanzas y seguir hablando con ellos, no tanto de la historia que acaban de ver como de aquello que pueden aplicar en casa”.

“La pedagogía de los superhéroes es muy útil para educar a nuestros hijos. Toma el caso de Wonder Woman: utilizando el instrumento del lazo de la verdad, consigue vencer al mal. Pero, además, es que ella cree en la redención, y usa su oratoria (como Sócrates) para conseguir que los malos se conviertan en buenos. Utiliza el diálogo para intentar convencerlos, en una especie de arte de la persuasión”. De Batman destaca su humanidad (no es sobrehumano, y puede morir en cualquier momento) y el poder de conseguir cualquier objetivo por medio de la persistencia. Como Platón, él también tiene su caverna, de la que sale convertido en el murciélago de Gotham. De Spiderman, su curiosidad y el concepto de la responsabilidad como un deber para con los demás, no consigo mismo; del Capitán América, su compromiso y ejemplaridad, etc.

Es fácil dejarse llevar por el mensaje que transmite Ruiz, que vuelve recurrentemente al concepto de equilibrio en la educación de nuestros hijos. Cualquier proceso educativo, dice, tiene que buscar un equilibrio entre el rol social y la faceta individual productiva. “Los hijos tienen que formar parte de esa vida social y comprometerse con el otro. Necesitamos que aprendan a pensar en el otro, no solo en ellos mismos”.

“Antes, los profesores, los padres, la sociedad, todos eran quienes guiaban el proceso educativo. Ahora, el centro es el niño. Antes, el alumno tenía que seguir al profesor; ahora es este quien sigue a aquel, porque lo importante es extraer de él sus potencialidades; hemos pasado de un extremo al otro y sería recomendable recuperar el equilibrio”, sostiene Ruiz. Sucede, por ejemplo, con el trabajo por proyectos, partiendo de lo que le motiva al niño. “Pero, a medida que vamos creciendo, esos procesos motivacionales ya no son tan fuertes. Es estimulante hacerlo de vez en cuando pero no siempre, porque si no, le estás quitando al niño su capacidad de resiliencia, el aprender algo simplemente por deber, porque hay que hacerlo”.

De igual forma, Ruiz argumenta que no se debe premiar siempre a los niños por hacer algo que es parte de sus obligaciones. “Siempre estamos dándoles un estímulo, un premio. Pero luego llegarán a un puesto de trabajo y, al no estar motivados, lo dejarán. La tasa de abandono en puestos de trabajo ha crecido mucho entre los jóvenes”.

¿Y si hacen algo mal? “Locke nos recuerda, respecto al castigo, que hay un concepto interesante que tiene ya 300 años. Para él, lo más importante era captar la atención de la persona que estás educando de una manera positiva. Es más educativo recompensar al niño cuando hace algo bueno, porque entonces querrá volver a hacerlo. Luego, añado yo, hay que ir quitándole poco a poco esa recompensa para que aprenda lo que es el deber”.

En un momento de la conversación, Ruiz reflexiona sobre lo que llama “la profesionalización de la paternidad”, porque se tiende siempre a enfocar el proceso educativo “a la obtención de resultados cuantificables. Que las actividades extraescolares, por ejemplo, puedan ser evaluadas en todo momento. Estamos abandonando el tiempo de contemplación y de ocio con ellos, la faceta del deleite, por un tiempo en el que siempre se busca que haya un resultado”. Una actitud que se ve incluso desde antes de que nazca el hijo. “Hay muchas personas que intentan sobreestimular el feto, le ponen música, etc., para intentar que salga con un proceso de aprendizaje ya iniciado”. No es que esté mal, sostiene, pero tampoco hay que obsesionarse.

Si queremos que nuestros hijos sean felices necesitaremos, eso sí, que entiendan qué es y qué no es la felicidad: “Se ha convertido en un instrumento de tortura”, asegura, “porque nos enseñan que la felicidad es algo instantáneo y fácil de adquirir, que se compra. Es una felicidad consumible: el teléfono más moderno, el siguiente viaje, las nuevas zapatillas… Es una felicidad postiza que nos convierte en drogodependientes emocionales. Es cansino y agotador, porque la felicidad no es un sentimiento, sino una forma de ver la vida que no es identificable, sino subjetiva”.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2019/05/10/mamas_papas/1557480226_318342.html

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Por esto elegí la educación segregada

Por: Nacho Meneses. 

Con independencia del sistema que creamos apropiado, pocos dudan que ha de contemplar tanto las necesidades presentes de los niños como las futuras exigencias de los adultos. El problema, claro, es ponernos de acuerdo en cómo garantizarlo. Los defensores de la educación diferenciada (o segregada) argumentan que no separan a chicos y chicas por motivos religiosos (la mayoría de los 170 centros de este tipo en España están vinculados a la Iglesia católica), sino porque maduran a un ritmo distinto, por lo que sus necesidades son diferentes; y que al enseñarles separadamente obtienen mejores resultados académicos. Por el contrario, aquellos que prefieren los centros mixtos apuntan a la necesidad de formar en valores como la igualdad, la diversidad y la colaboración entre unos y otros.

Garantizar la diversidad

La sociedad en la que vivimos es cada vez más diversa, y la lucha por la igualdad real entre hombres y mujeres está más viva que nunca. Pero ¿cuál es el papel de la escuela? “El mundo evoluciona hacia una sociedad cada vez más variada, en la que deberán colaborar y convivir personas de diferente procedencia y mentalidad. Es imprescindible que los niños y jóvenes desarrollen progresivamente esa capacidad, no solo en ambientes festivos y familiares, sino también cuando hay tareas y obligaciones que atender”, sostiene Luis Rey, director del Colegio Internacional de Sevilla San Francisco de Paula. “Cuanto más variada sea la composición del aula y del centro, mejor adquirirán los jóvenes las competencias que les serán fundamentales en la vida”. Este centro lo lleva en sus genes: por algo fue el primer colegio de Sevilla en admitir alumnas, durante la Segunda República. Para Rafael González, padre de un exalumno de ese centro, “no vivimos en una sociedad diferenciada. Tenemos que interactuar, y si empezamos a hacerlo desde pequeños es más enriquecedor”.

Para María José Olesti, directora general de The Family Watch y madre de cuatro hijos de educación diferenciada, “escogimos este modelo por sus diferentes ritmos de aprendizaje y maduración. Las niñas entran en la pubertad antes y maduran más rápido; nos pareció que así aprovechábamos más sus fortalezas y debilidades”. De similar manera se expresa María Calvo, presidenta en España de la Asociación Europea de Centros de Educación Diferenciada (EASSE), para quien chicos y chicas tienen necesidades diferentes que se solucionan mejor cuando se les enseña por separado. “Los varones son más movidos e inquietos, y muchas veces se les tacha de torpes o vagos, cuando lo que pasa es que su desarrollo cognitivo va a otro ritmo”. Son diferentes “la psicomotricidad y la capacidad visoespacial, y también hay que atender la bajada de autoestima que suele producirse en las niñas en la adolescencia”. Madre de varios alumnos del Colegio Retamar, en Madrid, afirma que “ellas están más obsesionadas con su aspecto físico. Prefiero que durante unas horas al día mis hijas se centren en ellas mismas, en el desarrollo de su personalidad, que se olviden de su físico por un rato y que se sientan libres. No es una vida diferenciada, sino educación diferenciada; son unas horas al día”.

Para Sol Guzmán, madre de una joven de 15 años, es necesario poner en valor la necesidad de que la escuela refleje el objetivo de lograr igualdad social y laboral: “Esto lo tienen que ver desde pequeños. Yo creo que los colegios no mixtos contribuyen a que desde pequeños no nos veamos iguales. No va en pro de la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres; les estamos mandando un mensaje sesgado a los niños: que hay que educarles de forma distinta”.

¿Mejor rendimiento?

Según los datos del último informe PISA, sigue existiendo una profunda grieta de género: las jóvenes de 15 años aventajan en casi 30 puntos a los chicos en comprensión lectora y repiten menos de curso; estos, en cambio, aventajan a las mujeres en ciencias y matemáticas. Todo apunta a diferentes necesidades que, argumentan los que optan por la educación segregada, redundan en mejores resultados académicos cuando acuden a centros diferentes. “La separación permite que te concentres en lo que te tienes que concentrar. Además, en nuestra experiencia, niños y niñas no aprenden igual, tienen capacidades distintas y les estimulan cosas diferentes”, afirma Pedro Mora, padre de tres niñas y dos niños en Madrid.

“Nunca hemos tenido tantos medios materiales, pero los resultados son peores. Hay un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) que demuestra que las niñas que han ido a colegios diferenciados triplican la cantidad de alumnas que acceden a carreras técnicas, comparadas con las que han ido a centros mixtos”, afirma Calvo. “Y si ha bajado el abandono escolar, es porque se ha bajado el nivel; es vergonzoso. Permitiendo que el niño pase con asignaturas pendientes, así podemos ser el número uno en aprobados de Europa…”

Para Concha Ortiz, intérprete y madre de Leo y Paula, estudiantes de 14 y 16 años del colegio San Francisco de Paula en Sevilla, se trata en cambio de mantener “un modelo educativo que tenga en cuenta los diferentes ritmos evolutivos de unos y otros; eso es enriquecedor porque la vida real se desarrolla en diversidad. Las calificaciones académicas no deben depender de quienes te rodean, sino de la capacidad del sistema educativo de atender la evolución de las capacidades cognitivas y conductuales de cada persona”. En un entorno mixto colaborativo, apunta, “van a evolucionar más, enriqueciéndose de sus pares de forma natural, en vez de hacerlo en un entorno artificial y sesgado en el que te pierdes el punto de vista del otro género. La inteligencia emocional de niños y niñas se nutre de entornos igualitarios y diversos”. Guzmán, por su parte, sostiene que, aunque “es cierto que maduran de forma distinta —se ve en 1º y 2º de la ESO, tanto física como psicológicamente—, es más lo que les aporta que lo que les resta: trabajar en equipo y sacar lo mejor de cada sexo, con las fortalezas de cada uno. Somos complementarios, no excluyentes”.

Los valores, en casa… y en la escuela

Puede que educar en igualdad y diversidad sea el argumento más utilizado para ilustrar las ventajas del sistema mixto. Sin embargo, la educación en valores no es exclusiva suya, asegura Calvo: “La diversidad de género la aprenden en la familia. Conozco a muchísimos niños que van a colegios mixtos y que tienen muy radicalizados los estereotipos de género, o que poseen un concepto poco respetuoso de lo que han de ser las relaciones con las mujeres… Hay menores que ven a su padre tomándose una cerveza y a su madre lavando los platos; o que observan en casa esa violencia contra las mujeres”. Para Olesti, “convivir con el otro género no sirve de mucho si no hay una educación de fondo que se enseñe en las familias, basada en el respeto. Son valores que se inculcan en casa y que se llevan en la mochila al colegio”.

Proveer, en definitiva, la mejor educación en el presente que prepare a nuestros hijos para el futuro. Ese es el objetivo de unos y otros, aunque el método para conseguirlo sea diferente. Para Calvo, “no hay una elección real; tendría que haber colegios públicos diferenciados para quien quiera ese tipo de educación pero no pueda pagarla”. Otros, en cambio, rechazan que se financie con fondos públicos un sistema que consideran que no enseña a los menores a relacionarse en condiciones de igualdad y a solventar problemas que surjan de esa convivencia en diversidad. Lo dice Ortiz pero lo podrían firmar todos: “La sociedad necesita igualdad y diversidad; y la educación es el vehículo para vivir en un mundo igual, diverso y respetuoso. Y de ahí se llega a la paz social y a la prosperidad. Es una cadena de condiciones positivas para tener un mundo mejor; allí donde quiero vivir con mis hijos”.

Fuente del artículo: https://elpais.com/elpais/2018/11/19/mamas_papas/1542616886_753934.html

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