Asia/India/07 Mayo 2020/https://energialimpiaparatodos.com/
Cuando la energía solar y la educación se unen cosas grandes y extraordinarias suceden. En India se esta priorizando el avance ambos elementos con apoyo de alianzas públicas y privadas. Los resultados están sembrando semillas de éxito en jóvenes y niños pobres.
ENERGIA LIMPIA XXI. ¿Alguna vez has oído hablar de Solar on Wheels? Es un proyecto de instalación de paneles solares en autobuses inteligentes en la India pan. Los autobuses están solarizados y alimentados por módulos Trina Solar. Hay un total de 10 paneles solares en cada bus, tamaño del sistema: 3,2 kW en cada bus, y los paneles pueden ejecutar el laboratorio de computación durante un mínimo de 8 horas en un día.
Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones de la ONU, hasta 2018 sólo 51% de la población mundial tenía acceso a internet y otros 3, 800 millones son iletrados cibernauticamente hablando. Un reporte de Energía Limpia XXI destaca que alianzas público privadas juegan un rol clave en al promoción de mayor acceso a la energía limpia y la educación digital. La Iniciativa Digital India promovida por el gobierno busca ayudar a formar jóvenes y niños en el tema de educación y uso de internet, garantizando un futuro próspero e inclusivo para las nuevas generaciones.
Este proyecto es parte del compromiso de HP de construir y desplegar 48 laboratorios de aprendizaje e inclusión digital autónomos con acceso a Internet en el modelo PPP destinados a impulsar la alfabetización digital, la educación electrónica, la capacitación empresarial y otros servicios ciudadanos en la India rural.
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Este viernes 8 de mayo a las 18 horas de Venezuela el CEIPH estará realizado este importante webinar Les invitamos. Retrasmitiremos por el portal «Otras Voces en Educación»
La verdad es que necesitábamos buenas noticias en este 2020 y esta vez, las alegrías llegan desde el noreste de África. En un momento histórico, el nuevo gobierno de Sudán prohibió completamente la arcaica práctica de la mutilación genital femenina. Todas las personas que practiquen esta violenta y abusiva tradición enfrentarán hasta tres años de cárcel.
¿Qué tan importante es esta noticia? Imagínate que la ONU estima que 9 de cada 10 mujeres de Sudán han sido víctimas de mutilación genital femenina.
“Esta nueva ley ayudará a proteger a las niñas de esta práctica barbárica y les permitirá vivir con dignidad”, mencionaba Salma Ismail, vocera del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en una entrevista para el New York Times. “Ayudará a las madres que no querían mutilar a sus hijas pero sentían que no tenían opción. Ahora por fin habrá consecuencias”.
Prohibir esta práctica es un avance histórico. Sobre todo en Sudán.
En este país que ha estado en turbulencia política desde la caída en 2016 de Omar al Bashid —el dictador que los gobernó por más de 30 años—, la práctica de la mutilación genital femenina es mucho más violenta y extrema que en otros lugares de África, donde también se realizan procedimientos similares.
Foto: RFI
En Sudán —recordemos que nueve de cada 10 mujeres son víctimas—, la mutilación implica el corte de los labios vaginales y la extirpación del clítoris.
La ley que criminaliza esta práctica ya esta vigente y quienes la practiquen se enfrentan a tres años de cárcel. Sin embargo, los especialistas internacionales advierten que todavía falta mucho para detener esta tradición que tanto dolor le ha causado a millones de niñas en la historia.
¿Qué es la mutilación genital femenina?
Es un procedimiento en el que los órganos sexuales de la mujer son deliberadamente cortados o eliminados. “Cualquier lesión de los órganos genitales femeninos por motivos no médicos”, explica la Organización Mundial de la Salud.
Con frecuencia implica la extirpación de los labios vaginales.
Foto: UNICEF
Durante la mutilación genital femenina regularmente es necesario el uso de la fuerza por parte de familiares, médicos —si se les puede llamar así— y autoridades religiosas pues, claramente, el procedimiento va contra la voluntad de millones de niñas.
“Te conviertes en un cubo de hielo. No sientes, no amas y no tienes deseo”, reflexionaba en la BBC, Omnia Ibrahim, una cineasta de Egipto que fue víctima de mutilación genital y se ha convertido en activista para terminar con esta práctica.
“Me enseñaron que un cuerpo significa sexualidad y que la sexualidad es un pecado. Para mi mente, mi cuerpo se había convertido en una maldición”.
La mutiliación genital femenina se practica constantemente en —al menos— 27 países de África: además de Sudán o Egipto, es común escuchar de ella en Etiopía, Kenia, Burkina Faso, Nigeria, Dibouti y Senegal. Esta violenta tradición está completamente ligada a los valores religiosos y culturales, llegando a ser considerada como un pilar del matrimonio apoyado por hombres y mujeres.
Un grupo de estudiantes, profesores, activistas y profesionales de Senegal han compuesto y lanzado esta original campaña de sensibilización como arma frente a la covid-19
«¿Y si en vez de jugar un partido de fútbol aprovechas esta crisis para mejorar tu control del balón? ¿Y si en lugar de dar la mano a tu vecino, te la llevas al corazón y le dejas ver lo importante que es para ti su salud?». Estas son frases de la campaña Koronaawiris (coronavirus en idioma wolof, hablado en Senegal y Gambia), diseñada por el Grupo de Acción y el Estudio Crítico (GAEC), un colectivo formado por alumnos, profesores, investigadores, vecinos, pensadores, artistas, activistas y profesionales senegaleses, entre ellos, el antropólogo Abdourahmane Seck, como arma frente a la covid-19.
“Cuando a principios de marzo el Gobierno de Senegal comenzó a explicar los hábitos necesarios para luchar contra el coronavirus en el país, nos pusimos manos a la obra para adaptar los mensajes a nuestra realidad. La premisa fue evitar las prohibiciones: queríamos dar alternativas viables y seguras que la población pudiera adoptar sin frustrarse”. El que lo explica es Bruno Faye, estudiante de Ciencias Sociales de la Universidad Gaston Berger (UGB) de Saint Louis quien, junto a un grupo de otras nueve personas, se ha lanzado a montar una estrategia de comunicación contra la covid-19.
El equipo de GAEC se puso manos a la obra y analizó las recomendaciones de instituciones de referencia como la Organización Mundial de la Salud (OMS). “Se quiso ir más allá de las consignas universales: el ajuste de mensajes globales a las situaciones particulares son clave para que las campañas de salud pública hagan mella y la adaptación de los consejos y recomendaciones al contexto senegalés era vital para nosotros”, explica la traductora Alba Rodríguez-García, profesora de la UGB y otra de las impulsoras de esta iniciativa.
Tras las consignas estatales de suspensión de toda actividad pedagógica universitaria, el grupo se dispersó y, desde sus diferentes lugares de residencia, estudiaron los comportamientos de sus vecinos para ver “cómo podría hacer la ciudadanía para apropiarse de la nueva situación”, comenta Bruno Faye desde su Diourbel natal. Las claves fueron: reflejar a la juventud (la edad media nacional es 19 años), así como la cotidianidad, los hábitos culturales y los mecanismos de cohesión social.
Los materiales se hicieron en la lengua vernácula mayoritaria en Senegal, el wolof, extendida oralmente pero cuya codificación escrita plantea problemas para sus hablantes, al no estudiarse en la escuela. A juicio del colectivo, esta era una buena ocasión para “exponer a la gente a su escritura, a su descifrado, a un juego de lectura y de descubrimiento, que por otra parte afianzara la confianza en su lengua para transmitir tantos o más mensajes que cualquier otro idioma colonial, y con capacidades de sobra para ello”, apunta Rodríguez-García. Además, un equipo de traductores trabaja ya para poder difundir la campaña en lenguas bambara, en seereer, en jóola, en fon…
Boxear contra la pandemia
Recurrir al componente artístico para sensibilizar o apropiarse de las recomendaciones existentes para hacerlas atractivas y comprensibles a la población son algunas de las iniciativas que se han ido multiplicando en las últimas semanas en torno a la pandemia. El street art, las acciones musicales, las propuestas de diseñadores, y tantas otras expresiones artísticas senegalesas han atravesado el país en estas semanas y han servido para completar los esfuerzos múltiples que se están llevando a cabo a nivel institucional en la lucha contra el virus.
Para el GAEC este elemento fue clave en su reflexión sobre la apropiación de los mensajes y para ello contaron con el ilustrador Lusmore Dauda, que vive en Senegal, y con la artista gráfica canaria Elisa Armas. “El proceso creativo se basó en simplificar mucho las imágenes para que fuesen altamente comprensibles, basadas en hechos como toser o estornudar, y no conceptos. Pretender aplicar el confinamiento a la población senegalesa es complicado”, explica Dauda. «El 80% de la gente vive al día y necesita la calle para buscar sustento, solo aquellas familias bien situadas económicamente podrían respetar esa medida», completa.
La única licencia que se dio el ilustrador, quien trabaja también bajo el nombre de Daud, fue transformar unos guantes de boxeo en protecciones sanitarias, haciendo el símil de luchar contra el virus, sabiendo que en Saint Louis la referencia visual al boxeo está muy asimilada, al ser de allí el primer campeón de boxeo africano, Battling Siki.
Además de la campaña visual, el colectivo ha puesto en marcha una segunda herramienta a disposición de las poblaciones: el blog covid-19 que pretende establecer un diálogo entre las comunidades africanas y las instituciones académicas, así como con la diáspora en todo el mundo. “Se trata de una acción pedagógica tridimensional que nos permite informar, concienciar y reflexionar críticamente sobre la época del coronavirus”, asegura Abdourahmane Seck. En él se pueden encontrar tres tipos de contenidos: información, incluyendo los documentos del ministerio senegalés, pero también los de la actualidad de otros países africanos o debates internacionales; tutoriales, en donde se encuentran explicaciones sobre diferentes cuestiones prácticas, con atención especial a colectivos vulnerables (sensibilización en lengua de signos, vídeos educativos para niños y niñas, consejos para las embarazadas y lactantes, etcétera) y un espacio de opiniones y análisis.
“Este apartado es nuestro valor añadido respecto a otras iniciativas puestas en marcha y a la cantidad de información que corre por las redes sociales”, explica Bruno Faye. “Se trata de un aporte militante, donde visibilizamos contribuciones provenientes de países y posiciones diversas, desde humanistas senegaleses como Boubacar Boris Diop, hasta filósofos surcoreanos, pasando por intelectuales sudafricanos, políticos… Queremos animar un debate crítico y capitalizar puntos de vista importantes en donde los saberes producidos en África tengan un lugar importante”.
En estos tiempos de prohibición de la reunión, ese espacio comunitario que permitía al colectivo recoger e integrar saberes ciudadanos, la bitácora invita abiertamente a contribuciones externas, en un intento de llevar al espacio virtual su entendimiento de coproducción del saber común. “De todas formas, esperamos seguir con esta iniciativa cuando se levanten las restricciones y entonces sí nos acercaremos a la gente para seguir aprendiendo de lo que nos deja esta pandemia”, asegura Faye.
Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/05/04/planeta_futuro/1588583253_415044.html
Más de 9.000 estudiantes de la zona rural y por lo menos 26.000 del casco urbano recibirán clases a través de una emisora comunitaria de la capital casanareña. Con esta metodología el gobierno municipal busca cerrar la brecha de aprendizaje en épocas de pandemia.
El 28 de octubre de 2004 fue la última vez que en Colombia se emitió el programa de bachillerato por radio, el cual se transmitía inicialmente por Radio Sutatenza y luego a través de Radio Nacional de Colombia. Una metodología que se implementó desde 1948 y que durante más de medio siglo llevó educación a los hogares colombianos.
En Yopal, la capital del Casanare, a pesar de que durante por lo menos 30 años se gozó de la bonanza petrolera —de la cual ahora solo se perciben algunos rezagos de regalías— no se fortaleció el sistema educativo para el campo y la internet tiene tímidos asomos en zonas rurales, lo que no da abasto con los más de 9.000 estudiantes que asisten a esas escuelas.
Entrado en rigor el decreto presidencial que ordena el aislamiento preventivo obligatorio en todo el territorio nacional y que cobija a las escuelas, colegios y universidades, la administración municipal de Yopal optó por volver a la educación por radio para acompañar el proceso pedagógico de los menos favorecidos. La estrategia empezará este miércoles 6 de mayo.
Según indica el alcalde de Yopal, Luis Eduardo Castro, “esta estrategia la estamos aplicando para el caso de los establecimientos educativos del sector rural, donde es precaria o nula la conectividad a internet, pero además les allegamos a los estudiantes material didáctico elaborado por los profesores durante las semanas de desarrollo institucional”.
Foto: Leo Rodríguez – Yopal
Para Antonio David Sáenz, trabajador social de la Universidad Bolivariana, “las medidas de confinamiento de la covid-19 ponen al desnudo las brechas de desigualdad social que existen en Colombia; de hecho, las aumentan. Pues no solo se trata de que los estudiantes puedan acceder a información a través de la internet, sino también de entender la afectación que provoca esta crisis al contexto familiar, social y económico de los colombianos, que hace que el ambiente formativo sea o no el más adecuado para el aprendizaje”.
Yesid Jiménez Silva, secretario de Educación de Yopal, añade que “esta estrategia se diferencia del ‘bachillerato por radio’ antiguo, en que los educandos tendrán guías para desarrollar en casa, las cuales llegan por medio de los profesores, quienes recorren horas para llegar hasta las zonas más apartadas”.
Por otra parte, el alcalde Luis Eduardo Castro también aseguró que la administración continúa entregando las ayudas alimentarias a los niños. “A todos los estudiantes les estamos cumpliendo con el Plan de Alimentación Escolar, PAE, el cual consta de un paquete nutricional para 20 días”, aseguró Castro.
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Más de 200 iniciativas para luchar contra la pandemia en todo el mundo, incluida España, están usando Ushahidi, una plataforma africana de recogida colaborativa de datos
¿Qué tienen en común el #EsteVirusLoParamosUnidos que ha lanzado el Gobierno español; el #ArgentinaUnida que repiten las instituciones del Estado argentino; el #UnidosLoHacemos que transmiten las autoridades panameñas; el #Defeat_Covid19_Together (Derrota_Covid19_Juntos) que utilizaron en algunos momentos las autoridades de Corea del Sur; o la campaña #KomeshaCorona (Acabemos con el corona), acuñada por el Gobierno keniano? La idea de unidad. Seguramente los mensajes que más se ha repetido durante las últimas semanas hayan sido los que ponen el acento en la pertenencia a una comunidad y la necesidad de dar una respuesta conjunta, es decir, que esa comunidad actúe de manera solidaria. Precisamente, hace 12 años en Kenia, un grupo de activistas digitales concibieron una plataforma para articular y gestionar la respuesta coordinada de una comunidad. La llamaron Ushahidi. Y hoy, frente a la expansión del Covid-19, hay más de 200 desarrollos de Ushahidi en todo el mundo intentando favorecer las reacciones comunitarias a la epidemia.
Mientras en Brasil, en Kenia, en Nepal y en Nigeria, la plataforma sirve para hacer el seguimiento de la evolución de casos; en Nueva Zelanda se visibilizaban los servicios abiertos durante el confinamiento; y, en Suiza, se hacía un repertorio de la necesidad de cubrir empleos urgentes relacionados con la crisis. Sin embargo, la función más extendida ha sido mapear y dar apoyo a las redes comunitarias de apoyo mutuo. Desde la ciudad alemana de Münster, hasta la keniana de Mombasa, pasando por la localidad estadounidense de Denton, Ushahidi ha intentado acercar las ofertas de ayuda de la ciudadanía a las necesidades más básicas. De la misma manera, la plataforma ha dado cobertura a iniciativas más amplias como el repertorio de recursos sociales que La Asociación Nacional de Asistencia Pública (Anpas) realiza en Italia o, incluso, el amplio despliegue que Frenar la curva ha realizado en España o el que una homóloga ha puesto en marcha en Perú.
El refuerzo de la comunidad, la autogestión y la localización geográfica son algunos de los pilares de Ushahidi, ya que nació como una respuesta cívica a la violencia que se desencadenó en Kenia después de las elecciones presidenciales de 2007. En aquel momento, se trataba de dar a la comunidad una herramienta para que pudiese generar una respuesta a esa violencia. “Éramos gente del mundo de la tecnología, blogueros… No éramos poderosos, pero teníamos los instrumentos para trabajar juntos y colaborar online para crear algo más grande. Crear un gran grupo es lo que te hace más fuerte”, comentaba Juliana Rotich, una de las fundadoras de Ushahidi, en una entrevista en EL PAÍS sobre el espíritu de la iniciativa. “Se trataba de crear una plataforma que después otras personas pudiesen usar para hacer frente a los problemas que se produjesen en sus países. Queríamos crear unas bases sobre las que después otra gente pudiese construir lo que necesitase y el primer prototipo se podía hackear en cuatro días”, continuaba Rotich en esa misma entrevista.
Hoy, todos aquellos principios a los que quería dar respuesta Ushahidi se han puesto más de manifiesto que nunca y la actual directora ejecutiva de la compañía, Angela Oduor Lungati, señala que tiene más de 200 mapas, es decir, 200 iniciativas relacionadas con la covid-19 alojadas en sus servidores, sin contar con las aplicaciones de la plataforma que otros actores han podido desarrollar y publicar en Internet desde otros. “Ushahidi ha sido utilizada sistemática en situaciones de crisis en todo el mundo durante los últimos 12 años. Así que, ante una epidemia global, es normal que muchas personas hayan recurrido a herramientas tecnológicas como la nuestra para ver cómo organizar mejor su voluntad de ayudar y como brindar apoyo a las comunidades vulnerables”, señala Lungati. “Esta pandemia ha dejado a muchas personas sin posibilidad de acceder a recursos críticos y además ha puesto de manifiesto enormes brechas en la capacidad de respuesta en todo el mundo. Ushahidi está ayudando a evidenciar lo que más se necesita en este momento y está ofreciendo información sobre dónde desplegar estos recursos, ya sea estableciendo centros de prueba o ayudando a las personas a comprar alimentos”, explica.
Efectivamente, desde su nacimiento Ushahidi se ha puesto al servicio de organizaciones sociales para dar respuesta a situaciones tan dispares como la vigilancia electoral, el seguimiento de medicamentos falsificados o la lucha contra la corrupción, entre otras. Pero una de las funcionalidades más explotada ha sido la respuesta a catástrofes y desastres provocados por fenómenos naturales. El uso de la plataforma como parte de la respuesta humanitaria durante el terremoto de Haití de 2010 fue una de las pruebas de fuego de Ushahidi. Seguramente, por ese origen y esos antecedentes, la empresa keniana modificó las condiciones de uso desde los primeros momentos de la actual crisis y permitió que la herramienta fuese todavía más accesible haciéndola gratuita para las iniciativas de respuesta a la epidemia.
Angela Oduor Lungati considera que esta crisis ha evidenciado “la importancia de permitir que la ciudadanía sea parte activa de la resolución de los problemas en sus comunidades”. La tecnóloga keniana explica: “La gran mayoría de las peticiones de uso de Ushahidi que nos llegan están lideradas por propia comunidad, las personas se auto organizan para proporcionar ayuda mutua y crear conciencia sobre sus experiencias”. A esa evidencia añade que “los Gobiernos también están recurriendo a soluciones que permiten a los ciudadanos auto informarse sobre sus síntomas”. La afirmación de Lungati con esta experiencia es categórica: “Todo esto demuestra que, para atravesar esta crisis, se necesitará responsabilidad y colaboración colectivas”.
Ejemplo del uso de los mapas de Ushahidi en Europa.
Desde su nacimiento, Ushahidi (que en suajili significa “testigo” o “testimonio”) ha pretendido ser mucho más que una herramienta tecnológica. “Con Ushahidi demostramos que la tecnología podía ayudar a dar una respuesta, que se puede utilizar para muchas cosas, pero una de ellas es el beneficio social”, explicaba hace unos añosErik Hersman, otro de los padres de la plataforma. Sus fundadores la entendían más bien como una energía para dinamizar las comunidades y, sobre todo, la construcción de lógicas de trabajo colaborativo dentro de los colectivos. “La combinación de la tecnología móvil y el crowdsourcing (la realización colaborativa y voluntaria de una tarea) permiten construir un sistema, una dinámica de una sociedad colaborativa en la que fluye la información. Si se crea esta dinámica cuando se produce una crisis tienes un canal abierto con los ciudadanos para la comunicación, pero también la movilización, la sensibilización, la educación o la respuesta”, explicaba Juliana Rotich para transmitir la motivación inicial del proyecto. En la situación actual, esos principios parecen haberse extendido y contagiado más que nunca y es ahí donde las necesidades colectivas encajan perfectamente con el espíritu de la plataforma keniana.
“Cada vez más”, comenta Lungati, “durante la última década, la gente se están haciendo cargo de resolver los problemas de sus comunidades y lo están haciendo de manera colaborativa. A partir de aquella respuesta al terremoto de Haití, y también durante otros sucesos posteriores, se ha ido cultivando la importancia de la colaboración dentro de las comunidades”. La responsable de Ushahidi aplica sus experiencias previas y la trayectoria de la plataforma a la situación actual: “Creo que esta pandemia ha reforzado aún más esa conciencia de colaboración y creo que va a cambiar radical y definitivamente nuestra forma de ver tanto el papel de las comunidades en la respuesta a las crisis en el futuro y como la necesidad de apoyar a las personas para que se organicen mejor”.
De la misma manera, la responsable de la organización keniana destaca su interés por superar las brechas que se abren en el entorno digital: “En Ushahidi, tenemos mucho interés en asegurarnos de que las personas tengan el mismo acceso a las herramientas tecnológicas, la información y las habilidades para resolver problemas de manera eficiente en sus comunidades. Y, avanzando un paso más, estamos comprometidos a ayudar a las personas a utilizar la tecnología para provocar cambios en sus comunidades”.
Al mismo tiempo, la plataforma intenta aumentar su comunidad, que se alimenta de la inteligencia colectiva. Y este momento de especial intensidad Ushahidi la moviliza la refuerza. Mientras ofrece la herramienta de manera gratuita para las organizaciones que trabajan contra la epidemia, pide ayuda a los desarrolladores que puedan ayudar a mejorar técnicamente la plataforma, pero también que quienes han empleado la herramienta expliquen su experiencia para difundirla y así se pueden leer las sensaciones de las organizaciones que están empleando esta herramienta tecnológica keniana en todos los rincones del mundo para hacer frente a una amenaza global.
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En Benín se utiliza la informática como excusa para empoderar a las jóvenes y darles herramientas para luchar contra la discriminación y los abusos
“Son muchos los mitos y tradiciones que mantienen la desigualdad de género y el dominio del hombre sobre la mujer aquí en Benín, y muy especialmente en una zona rural como esta de Nikki”, comenta Abdel Kader Madougou, representante de la ONG OAN International en el país. «Entre estos mitos están algunos muy integrados en el día a día de nuestra población, tanto entre mujeres como entre hombres, y son utilizados por estos para subyugar a las primeras. Repiten que el varón es responsable del hogar y tiene todo el poder de decisión sobre su familia y sobre su esposa; que debe administrar la economía, incluidos los ingresos generados por la mujer… Ella, incluso cuando es víctima de violencia de género, tiene que saber que ese es su destino y no puede abandonar el hogar. También creen que la que rechaza la poligamia de su marido es una mala mujer».
“Son ideas preconcebidas, sustentadas en la tradición y apoyadas por la presión social en pleno siglo XXI, que mantienen a las mujeres sumisas y no favorecen su desarrollo o empoderamiento”, añade Karamatou Issa, de 17 años, una de las beneficiadas del proyecto de apoyo a la emancipación de las mujeres de la comuna de Nikki, en el norte del país, desarrollado e implementado por la organización española en unión con la beninesa JEDES Besen Sia y con financiación de la Fundación Salvador Soler.
La mayoría de las mujeres beninesas declaran ser o haber sido víctimas de violencia de género. No hay datos oficiales actualizados, pero en 2011 el Ministerio de Familia, Asuntos Sociales, Solidaridad Nacional, Discapacidad y Ancianos llevó a cabo una encuesta nacional que concluyó que el 69% de las mujeres había sido víctima de violencia de género al menos una vez en su vida. Más de la mitad de las encuestadas (51,5%) experimentó sufrimiento físico o psicológico al menos una vez en su vida. El 72% estuvo expuesta a violencia verbal, el 32,8% a amenazas de divorcio, insultos (22,6%), violencia sexual (28,5%), violación de niñas de dos a 14 años (1,4%), abducción (8,5%) y mutilación genital femenina (15%). Los resultados de este estudio promovieron la adopción por la Asamblea nacional de la Ley de prevención y represión de la violencia contra las mujeres de 2012.
Las participantes sostienen su certificado al final del curso.CHEMA CABALLERO
La falta de voluntad política para hacer efectiva esa norma y el peso que la tradición tiene, sobre todo, en las zonas rurales, hacen muy difícil terminar con esta lacra. En 2015, con la adhesión de Benín a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), surgieron algunas ONG con el propósito de hacer realidad el ODS 5: Lograr la igualdad de género y el empoderamiento de todas las mujeres y niñas. Sin embargo, muchas de estas organizaciones incluyen en la categoría de violencia de género tanto la que sufren las mujeres como los hombres, y no definen claramente sus objetivos.
El proyecto de emancipación que llevan a cabo las dos organizaciones que trabajan en Nikki parte de los cursos de informática para dotar a las mujeres de autonomía. “Queremos que entiendan la importancia que tiene hoy día la informática para cualquier trabajo o conocer el uso de Internet para hacer búsquedas y aprovechase de sus posibilidades. Y que puedan acceder a ese gran mundo sin ayuda de nadie”, explica el formador Abdou-Hadi Karim. Este aprendizaje es un valor añadido y un gancho para atraer a las beneficiarias y conducirlas hacia el corazón de esta iniciativa integral de empoderamiento: dotar a las jóvenes de las herramientas necesarias para luchar y denunciar la violencia de género. “Es importante que las mujeres estén informadas sobre cuales son sus derechos y que tengan la posibilidad de denunciar cualquier agresión. Que sepan qué pueden hacer si un hombre les molesta, si son víctimas de una violación o de un matrimonio infantil y cómo se pueden evitar este tipo de crímenes”, afirma Zoulkarnaïne Yinde, de JEDES Besen Sia.
El primer paso es ayudar a las participantes a reconocer e interpretar las distintas formas que adopta la violencia de género, para luego clarificar las dudas que puedan tener. Igualmente, se habla de cómo la división de roles entre el hombre y la mujer en la sociedad tradicional es una forma más de sumisión de la mujer, entre otras cuestiones.
Deconstruir la red
En esta formación es muy importante deconstruir toda la red que la tradición y la cultura popular han tejido en torno a las mujeres. Así, se les invita a reflexionar sobre las imágenes positivas y negativas creadas y presentadas por canciones populares, proverbios, refranes, cuentos e historias. Pero sin olvidar tampoco que esos estereotipos se mantienen en canciones actuales, películas o anuncios.
“Este tipo de formación es fundamental. Por ejemplo, en esta zona, muchas familias no ven la ventaja de escolarizar a sus hijas. También tenemos casos de profesores que violan a las chicas que les piden ayuda en sus estudios. Pero si ellas tienen la capacidad de luchar por sus derechos o rechazar esas proposiciones y denunciarlas, esto sería muy importante y empezarían a cambiar muchas cosas aquí”, explica Yinde.
El programa de emancipación de la mujer, se dirige a dos grupos de beneficiarias: aquellas que acuden al instituto de educación secundaria y las que aprenden un oficio como costura, cocina o artes similares o tienen un pequeño negocio. Tanto a unas como a otras se las instruye para que diseminen la formación recibida entre sus compañeras y sirvan también de puntos focales en donde otras chicas puedan buscar información, consejo y apoyo.
Para mejorar la independencia económica de las mujeres que realizan oficios o tienen negocios y crear una red de solidaridad entre ellas, el programa les ha facilitado la obtención de microcréditos. Para ello se ha negociado con una entidad financiera un tipo de interés más bajo que el habitual. Luego, se acompaña a las beneficiarias en el proceso de devolución de los créditos. Igualmente se les ofrece formación, tres veces al mes, sobre gestión económica y marketing, además de los temas de igualdad de género. A este grupo se le hace especial hincapié en las ventajas que el uso de Internet puede tener para conseguir ventas mayores o atraer nuevos clientes.
Obra de teatro durante la ceremonia de graduación.CHEMA CABALLERO
“No tengo mucha esperanza de que la vida de estas mujeres cambie”, confiesa Débora Nadeni, una de las animadoras del programa. “Pero un proyecto como este tiene mucho sentido. Es difícil que estas mujeres cambien el tipo de relación que tienen con sus maridos y su rol en las tareas del hogar, pero sí pueden cambiar la educación que den a sus hijas e hijos, y tenemos que trabajar para que sus hijas tengan una vida diferente”.
Karamatou Issa afirma que la formación informática recibida le ayudará mucho en sus estudios futuros. Tienen planeado acudir a la Universidad de Parakou el próximo curso para comenzar filología hispánica. Ya habla un poco de español y le gusta practicarlo cuando tienen ocasión. Pero, sobre todo, está contenta porque ahora se siente fuerte, conoce mucho mejor sus derechos y sabe defenderse. «Ya no veo normal que por ser chica un hombre pueda acosarme en la calle o un profesor pueda pedirme favores sexuales. Ahora sé qué tengo que hacer en un caso como ese: denunciar».
Chakira Ali, de 15 años, afirma que con lo que ha aprendido podrá, como mínimo, trabajar como secretaria y así ser independiente, aunque su sueño es poder llega a la universidad y estudiar Medicina. A ella le ha entusiasmado conocer el manejo de las redes sociales. Algo que ha enseñado a otras amigas. Juntas han creado un chat en el que comparten dudas de sus estudios. Ahora intenta que los profesores también participen en él. «Así las chicas no tienen que buscarles después de clase para resolver dudas, una forma de evitar que puedan abusar de nosotras», comenta.
Karamatou, Chakira y sus compañeras se graduaron a finales de febrero en una ceremonia en la antes de recibir sus diplomas representaron un par de obras de teatro escritas por ellas mismas en las que exponían algunas de sus reflexiones tras recibir la formación. En la primera recogían el caso de una mujer que tiene su propio negocio y que se enfrenta a las críticas de otras mujeres por estudiar informática y ella les relata las ventajas de adaptarse a los nuevos tiempo y expandir sus negocios. “¿Y qué dirán nuestros maridos?”, pregunta una de las oponentes. “¿Por qué tienen que negarse ellos a nuestro progreso?”, responde ella. En la otra, una mujer contaba que ha sido despedida de su trabajo por rehusar acostarse con su jefe y el consejo que le dan sus amigas es denunciar.
Lentamente, la situación de la mujer cambia en Nikki, así lo constata Madougou que señala que las respuestas que han obtenido a lo largo de la formación «son muy sorprendentes». Y agrega: «Poco a poco, a medida que tomaban conciencia de sus derechos y de su situación, las chicas han comenzado a cuestionar las tradiciones que las oprimen como mujeres y que siempre se evocan para mantenerlas en un segundo plano en la sociedad».
Tras la graduación, comienza la formación un nuevo grupo de jóvenes en el que participan las antiguas alumnas como apoyo de las monitoras. Esta es una forma de que se integren más en el proyecto y poder llegar, así, a muchas más mujeres.
Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/04/28/planeta_futuro/1588063661_439609.html
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