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Canadá: La reproducción social de la sexualidad

La reproducción social de la sexualidad

Entrevista a Alan Sears

Viewpoint: ¿Por qué utilizar un marco conceptual de reproducción social para entender la sexualidad?

Alan Sears: En mi opinión, la utilidad del marco de reproducción social para comprender la sexualidad se deriva de la situación actual de la política queer. Por un lado, hemos ganado derechos que nunca pude haber imaginado cuando me manifesté por primera vez en la década de 1970. En Canadá gozamos básicamente de la plena igualdad legal, que va de la no discriminación por motivos de orientación sexual a los derechos de matrimonio y adopción. Esto es fruto de una fuerte movilización. Algunas de las manifestaciones más emocionantes e insolentes en que he participado tenían que ver con las luchas queer.

Sin embargo, nos hemos quedado muy lejos de nuestra visión de la liberación sexual. La vigilancia de la sexualidad continúa, no hemos hecho más que desplazar un poco sus límites. Un ejemplo es la reciente incursión en las oficinas de rentboy.com en Nueva York, que parece formar parte de una acción represiva contra trabajadores del sexo y el sexo queer. La normativa de género sigue impregnando todos los ámbitos de nuestra vida, por mucho que las ideas permisibles de masculinidad y femininidad se hayan extendido un poco y la idea de transición de género goce de mayor reconocimiento. El sexo queer se ha convertido en una marca, algo que la gente con bajos ingresos no puede permitirse comprar. No son solo las marchas del Orgullo, sino los espacios queer y su visibilidad las que vienen determinadas por intereses comerciales. Estos espacios también suelen caracterizarse por la piel blanca, pues las experiencias, las historias y el activismo de la gente de color y de los pueblos indígenas a menudo han sido marginadas por una versión dominante de identidad lesbiana y gay arraigada en determinados ámbitos sociales del Norte Global.

Creo que el marco de reproducción social nos ayuda a dar sentido a los avances contradictorios que han tenido lugar y por tanto contribuye a pensar los siguientes pasos de la liberación sexual. La contribución crucial consiste en mostrar cómo la sexualidad y el género están insertos en un conjunto de relaciones que hacen la vida, organizadas en torno a determinadas divisiones del trabajo y jerarquías de desposesión. No podemos alcanzar la liberación sexual sin abordar las maneras en que nuestros cuerpos y nuestras vidas están enredadas en relaciones laborales, domésticas y de mercado, y reguladas por el Estado.

VP: ¿Podrías concretar un poco más y explicarnos qué quieres decir cuando señalas que nuestra sexualidad está enredada en otras relaciones sociales?

AS: La sexualidad no es algo separado del resto de nuestras vidas. No es simplemente un impulso biológico ni el producto de nuestra mente. Se fundamenta en lo que tenemos que hacer para salir adelante, la manera en que hacemos uso de nuestro cuerpo todos los días, las relaciones de poder que están presentes en todos los aspectos de nuestra vida. Creo que el marco de la reproducción social porporciona herramientas cruciales para comprender la manera en que la sexualidad se fundamenta en nuestras prácticas cotidianas y lo que esto significa para la liberación sexual.

El capitalismo es la única forma de sociedad de clases en la que la clase subordinada es libre en el sentido de ser propietaria de su propio cuerpo. Sin embargo, esta libertad está completamente constreñida por la ausencia de propiedad y control sobre los principales recursos productivos de la sociedad. Para vivir necesitamos vender nuestra capacidad de trabajo, relacionarnos con alguien que está empleado u obtener el equivalente a un salario, por ejemplo en forma de asistencia social, una pensión o alguna actividad lucrativa.

Las luchas en torno a la sexualidad en sociedades capitalistas pasan por sortear esta contradicción entre libertad y subordinación, mientras que la liberación sexual exige en realidad superar esta subordinación. Permíteme un ejemplo: Angela Davis dice que la positividad sexual de la música de Ma Rainey, Bessie Smith y otras cantantes de blues afroamericanas de comienzos del siglo XX estaba relacionada con el hecho de que cierta libertad en el ámbito de la sexualidad y de las relaciones personales fue uno de los pocos avances efectivos que comportó la emancipación de la esclavitud. Si estudias la esclavitud en América verás una historia continua de violencia sexual y destrucción deliberada de las relaciones personales inherentes al régimen de coerción brutal. No es tan solo que el sistema permitía a los esclavistas violar, sino que la coerción sexual formaba parte de la manera en que conservaban el poder.

Las afroamericanas no lograron la justicia económica real ni la libertad frente a los ataques o abusos racistas al conseguir la emancipación de la esclavitud en la América capitalista. El movimiento Black Lives Matter nos recuerda la omnipresencia actual de la violencia racista y el papel que desempeñan en este racismo la vigilancia policial y las cárceles, junto con toda una caterva de otras instituciones. La emancipación de la esclavitud comportó cambios significativos y tangibles en el ámbito de la sexualidad y las relaciones personales, aunque, por supuesto, limitados por la violencia racista, la injusticia económica y el régimen de dominio masculino intrínseco a las relaciones de género capitalistas.

Pienso que un enfoque de reproducción social nos ayuda a comprender esta contradicción. Como miembros de la clase trabajadora en sociedades capitalistas, poseemos nuestros propios cuerpos, pero no el control sobre los mismos. En vez de trabajar directamente para satisfacer nuestros deseos y necesidades, estamos obligados a buscar un empleo y/o emprender un trabajo doméstico de cuidados no remunerado, para acceder a un salario. No controlamos el proceso de trabajo ni el producto de nuestro trabajo. Descargan sobre nosotros un montón de procesos para asegurar la subordinación, desde la escolaridad hasta las prisiones. De este modo nos alienan de nostros mismos y unos de otros. Y esto repercute enormemente en nuestro ser sexual.

VP: Pero ¿no corres el riesgo de convertir la reproducción social en una especie de teoría de todo?

AS: El marco de la reproducción social surgió específicamente como corrección desarrollada por feministas marxistas de la limitada perspectiva de clase y trabajo planteada por las corrientes dominantes del marxismo. Básicamente, esta perspectiva limitada implicaba que la mayoría de marxistas situaran la formación de la clase en el ámbito de la producción, es decir, en el trabajo asalariado en el lugar de empleo remunerado. Quienes mantenían esta perspectiva dejaban de lado el papel del trabajo no remunerado, realizado principalmente por mujeres en el hogar para mantener a la clase obrera existente y criar la siguiente generación.

El marco de la reproducción social amplía nuestra idea de la formación de la clase para incluir toda una gama de procesos de trabajo remunerado y no remunerado, organizados mediante divisiones del trabajo generizadas, racializadas y sexualizadas. El peso del trabajo no remunerado se descarga desproporcionadamente sobre la espalda de las mujeres, pero la configración precisa del trabajo remunerado y no remunerado con el que la gente se autosostiene varía muchísimo con el tiempo y en diferentes ubicaciones sociales.

VP: Estás hablando de género y división del trabajo, pero no está claro cómo se relaciona todo esto con la sexualidad.

AS: Para empezar, pienso que enfocar las divisiones del trabajo desde el punto de vista de la reproducción social arroja una nueva luz sobre las ideas de heteronormatividad y homonormatividad. Heteronormativo es un término empleado para describir las expectativas dominantes de estilos de vida heterosexuales que marcan la pauta de la sexualidad aceptable para el conjunto de la sociedad. La heteronormatividad es un conjunto que incluye divisiones del trabajo, aspiraciones de género, patrones de ocio y prácticas de sexualidad. La heteronormatividad no es meramente ideológica, un conjunto de expectativas culturales, sino que se fundamenta en práctica laborales organizadas a través de relaciones de poder. La heteronormatividad cambia con el tiempo y en diferentes ubicaciones sociales.

Roderick Ferguson señaló que afroamericanos heterosexuales vivían a menudo de una manera que no encajaba en los patrones heteronormativos dominantes en EE UU. Por ejemplo, las mujeres afroamericanas solían participar en el trabajo asalariado en porcentajes muy superiores a los de las mujeres blancas, inclusive a menudo en trabajos físicos pesados que por lo demás no se consideraban trabajos de mujeres. Esto tiene una enorme repercusión en las expectativas de género y las prácticas domésticas.

Podríamos añadir que el régimen de encarcelamiento masivo, especialmente desproporcionado para los hombres afroamericanos e indígenas, crea patrones no heteronormativos porque los hombres viven forzosamente alejados de sus comunidades y están presos en situaciones en que el cumplimiento de papeles heteronormativos –como trabajadores, parejas, padres– es lisa y llanamente imposible. Así sucede con la dispersión geográfica, que significa que una familia concreta puede incluir hogares muy diferentes en diversos países, por ejemplo los niños y niñas criadas por los abuelos en el país de origen mientras el padre está empleado como migrante temporal en otro país y la madre como empleada doméstica asalariada en un tercer país.

La heteronormatividad no tiene que ver simplemente con el conformismo, sino con el poder social, el distanciamiento, el racismo, las divisiones del trabajo remunerado y no remunerado y la organización espacial del mercado de trabajo global. Si entonces decimos que el logro de los derechos de igualdad ha supuesto que las lesbianas y los gays han imitado la heteronormatividad para crear la homonormatividad, no se trata simplemente de una decisión de asimilar en vez de transgredir. Se trata de lo que Johanna Brenner llama estrategias de supervivencia en un conjunto de relaciones sociales organizadas en torno a la desposesión, la explotación y la opresión.

La homonormatividad no es simplemente una decisión en el plano individual o político. Por un lado, ni siquiera es una opción para algunas personas, incluidas muchas que son pobres, racializadas o trans, del mismo modo que la heteronormatividad ni siquiera es una opción para muchas personas que están racializadas, son indígenas o migrantes, como se ha comentado más arriba. Por otro lado, muchas personas que podrían preferir poner en cuestión la homonormatividad o la heteronormatividad pueden verse forzadas básicamente a conformarse a regímenes de trabajo asalariado y de legislación estatal. Por ejemplo, las presiones materiales a favor de casarse con el fin de obtener un estatuto de migrante o el acceso a prestaciones requeridas para el bienestar de los miembros del hogar (adultos y/o menores), bien pueden prevalecer sobre las prevenciones ideológicas de invitar al Estado a meter las narices en nuestros hogares.

Si queremos ir más allá de la heteronormatividad y la homonormatividad, entonces no solo se trata de afirmar lo queer, sino de crear las condiciones sociales en las que la gente pueda prosperar viviendo de la manera en que realmente quiere vivir en términos de género y sexualidad. Sin que te despidan, sin que te priven de prestaciones o de un estatuto, sin que te violen, sin que de apaleen en la calle, sin que te encarcelen ni te dispare la policía. El esquema de reproducción social nos recuerda que la organización del trabajo remunerado y no remunerado en los lugares de trabajo, los hogares y a través de la legislación estatal tiene un enorme impacto en las opciones que tenemos para ejercer la sexualidad. Por supuesto, podemos actuar y hacer historia en el ámbito de la sexualidad, pero nuestra capacidad para hacerlo se verá necesariamente limitada por lo que suceda en estos otros ámbitos de la vida.

VP: Antes has dicho que las divisiones del trabajo no solo están generizadas y racializadas, sino también sexualizadas. ¿Puedes explicar qué entiendes por ello?

AS: Las divisiones del trabajo orientan nuestras vidas alrededor de determinadas prácticas personificadas. Los procesos de trabajo más importantes en nuestras rutinas cotidianas influyen necesariamente en nuestra experiencia de nuestros cuerpos y nuestros deseos. Un apoyador de fútbol americano, una trabajadora de línea de montaje en una fábrica de automóviles, una vendedora de maquillaje en unos grandes almacenes y un asistente de centro de día utilizan sus cuerpos de un modo muy distinto todos los días. Carolyn Steedman escribió algo muy impresionante sobre una especie de muerte erótica que sentía como maestra de primaria al tocar y ser tocada por los niños y niñas durante todo el día hasta el punto de que renunció a otras formas de contacto.[1]

Si contemplas la clase de trabajo que se espera que hagas, remunerado y no remunerado, en el hogar y en el lugar de empleo, crea un sentido de tu cuerpo que contribuye a tu propio mapeo del deseo y de lo erótico. Si dedicas mucho tiempo a utilizar tu cuerpo para tranquilizar a menores angustiados, esto te creará un sentido diferente del contacto, por ejemplo, que si lo utilizas para bloquear a los corredores del equipo adversario. No insinúo para nada que este sea el único factor que configura el deseo, pero estas prácticas desempeñan forzosamente un papel importante.

Hace unos diez años había un programa llamado Queer Eye for the Straight Guy,[2] en el que un grupo de hombres gays modernizan la estética de hombres heterosexuales. ¿Qué tiene que ver un ojo queer en este sentido con el deseo homosexual? Creo que un marco de reproducción social nos hace pensar en por qué cabe esperar que unos tipos queer sepan de estética y los tipos heteros sean unos ineptos en este terreno. No cabe duda de que existen determinados ámbitos de la estética y del trabajo emocional que están ocupados más que proporcionalmente por hombres gays. Después está la heterosexualidad obligada del equipo deportivo. Pienso que la liberación sexual real supone abordar la naturaleza coercitiva y jerárquica de las divisiones del trabajo en las sociedades capitalistas y comprender la influencia que tiene la organización del trabajo en nuestro ser sexual.

VP: ¿Puedes abundar en esta cuestión, en la idea de que la liberación sexual exige poner en tela de juicio las divisiones del trabajo?

AS: Lo que quiero decir es que nuestra capacidad para experimentar el placer sexual, para resistir a la coerción sexual, para sentirnos realizados y relacionarnos amorosamente con otras personas, está limitada y viene determinada por la manera en que tenemos que amoldarnos a un papel específico, condicionado por el trabajo remunerado y no remunerado. En un nivel muy básico, nuestros horarios de trabajo, remunerado y no remunerado, repercuten muy directamente en nuestra vida sexual simplemente porque crean o limitan la disponibilidad y nos dejan agotados o con una sensación de realización. En un nivel más complejo, nuestro sentido de nosotros mismos, incluidos nuestros cuerpos, se fundamenta en el trabajo que realizamos, que hiperdesarrolla determinadas habilidades y anula otras.

Un médico, una fotógrafa de moda, un maestro y una madre probablemente verán cosas muy diferentes cuando nos plantamos delante de ellas, dado el enfoque que han aprendido a desarrollar a través de sus experiencias escolares, formativas y laborales dentro o fuera de casa. Tocan de un modo diferente y tienen distintas expectativas de ser tocadas. Sí, los actos queer deliberados pueden cuestionar la normativa, pero a menos que abordemos las prácticas y relaciones de poder en que se halla inserta la normativa, nuestro proyecto de liberación verá limitado su alcance.

También pienso que nuestras sexualidades se ven complicadas por la manera en que opera el poder en las sociedades capitalistas. El consentimiento y la coerción se embrollan por efecto de la contradicción entre la propiedad de nuestros cuerpos y la obligación de vender nuestra fuerza de trabajo (o de realizar un trabajo no remunerado para alguien que la vende). Técnicamente, la gente asalariada consiente en trabajar en una empresa capitalista, pero el poder coercitivo del jefe es inmenso. Así que ¿realmente sabemos cómo sería el verdadero consentimiento basado en el control sobre nuestros cuerpos y nuestras vidas?

En sentido jurídico, nunca puedes consentir si estás coaccionado. Sin embargo, en las sociedades capitalistas naturalizamos las fuerzas coercitivas clave y las damos por supuestas. Tienes que trabajar, pues de lo contrarios no podrás comer… Todos y todas nos hallamos en esta situación, de modo que firmamos libremente el contrato y trabajamos durante cierto número de horas al día. Y en algunos casos esto implica presentarse en el puesto de trabajo con aspecto sexualmente atractivo, aunque tal vez esto no se diga en voz alta. ¿Esto es consentimiento?

Es tan emocionante e importante ver algún trabajo serio que cuestiona la violencia sexual, la violencia contra mujeres y el acoso generizado en los campus en la actualidad. Pienso que un marco de reproducción social podría llevarnos a preguntarnos cómo se entiende el consentimiento en algunas de estas campañas. ¿Cuáles son los factores coercitivos y las relaciones de poder que subyacen al consentimiento que simplemente consideramos normales, del mismo modo que aceptamos el contrato de trabajo como un acto consensual? La insistencia fundamental en el pleno consentimiento es crucial, pero el modelo que solemos utilizar está basado en el agente racional autónomo que es libre y está informado. En realidad, estamos profundamente enredados en relaciones de poder de género, raza, clase, edad y capacidad física en una sociedad que es profundamente sexonegativa. Esas relaciones de poder ejercen una enorme influencia en nuestro ser sexual y nuestros deseos, así como en nuestra capacidad para manifestar el consentimiento o el rechazo.

VP: Acabas de decir que esta es una sociedad sexonegativa, pero ¿cómo casa esto con la realidad cotidiana de una sociedad en la que el sexo es omnipresente?

AS: Sí, esta es otra contradicción interesante. Una sociedad en que todo está sexualizado, pero en que la actividad sexual efectiva se silencia e invisibiliza. Las imágenes sexualizadas están en todas partes, pero a menudo las parejas ni siquiera pueden comunicarse sus deseos sexuales entre sí. La fase neoliberal del capitalismo ha intensificado la sexualización de las cosas, del mismo modo que las relaciones de mercancialización penetran en todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Así que tratamos de prestar atención a las cosas para estar de moda. Intentamos estar a la altura de las imágenes, que fijan los criterios. Trabajamos nuestros cuerpos y los convertimos en productos: hacemos ejercicio, nos afeitamos, nos teñimos, nos tatuamos, nos sometemos a cirugía estética, hacemos dietas, llevamos la ropa que conviene. El cuerpo bruto no trabajado, el que huele a ser humano, se considera despreciable.

Así que sí, estamos sorteando la sexonegatividad acompañada de sexualización. Los derechos al aborto, el control de natalidad, la seguridad en espacios sociales y en las calles, lugares en que la gente joven pueda practicar sexo, todo lo necesario para una experiencia sexual positiva, especialmente para mujeres, sigue estando vetado.

VP: ¿Qué podemos esperar del uso del marco de reproducción social para comprender la sexualidad?

AS: Pienso que este es un momento emocionante en que la teoría de la reproducción social es objeto de gran atención y se desarrolla en nuevas direcciones. Este número de Viewpoint forma parte de esto. Ello se ha visto impulsado en parte por un franco reconocimiento de las limitaciones de versiones del marxismo que entendían las clases demasiado estrechamente en términos de trabajo remunerado en el lugar de empleo. También es un momento importante en la política sexual, en que avanzamos a tientas hacia una nueva visión de la liberación sexual que nos lleva más allá de la polarización entre derechos de igualdad y transgresión.

Me parece que un enfoque de reproducción social de la sexualidad puede combinar un sentido más amplio de la formación de la clase y de hacer la vida en sociedades capitalistas con una política queer transformadora. Al mismo tiempo, queda mucho trabajo por hacer, por ejemplo para pensar a fondo la relación entre las divisiones del trabajo y las sexualidades. Desarrollar esta labor requerirá muchos debates y comentarios, una buena investigación histórica y contemporánea y un compromiso activista.

31/10/2015

https://www.viewpointmag.com/2015/10/31/the-social-reproduction-of-sexualidad-an-interview-with-alan-sears/

Alan Sears es profesor de Sociología de la Universidad de Ryerson, Canadá.

Traducción: viento sur

Fuente de la Información: https://vientosur.info/spip.php?article15036

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Brasil: acto contra recortes en educación se une a Marcha de Mujeres Indígenas

Por: Izquierda Diario

Durante la jornada de este martes se espera que decenas de miles de jóvenes estudiantes vuelvan a salir a las calles del país en al menos 150 ciudades.

Miles de manifestantes protestaron en Brasilia este martes contra de la política de recortes y privatización de la educación impulsada por el Gobierno de Bolsonaro. La movilización se concentró en la Biblioteca Nacional, antes de dirigirse hacia el Congreso Nacional y el Palacio Planalto.

En el Congreso Nacional se unieron a 1500 líderes indígenas que encabezaron la Marcha de las Mujeres Indígenas contra la política genocida de Bolsonaro hacia los pueblos originarios.

Al mismo tiempo confluyeron también con la Marcha de las Margaritas, una manifestación celebrada desde el año 2000 por las trabajadoras rurales en Brasil. La fecha elegida recuerda la muerte de la trabajadora rural y líder sindical Margarida Maria Alves, asesinada en 1983 mientras luchaba por los derechos de los trabajadores en Paraíba.

Al igual que los días 15 y 30 de mayo de este año, la juventud estuvo a la vanguardia del movimiento de resistencia al Gobierno autoritario de Bolsonaro. La unificación de los actos en Brasilia muestra el pequeño el rol potencial que puede jugar para la unidad de las luchas la rebelión juvenil. Por el contrario, permite sacar la lección del error estratégico de no haber unificado en mayo y junio las luchas entre la resistencia a los recortes a la educación y contra la reforma previsional.

Ese fue el resultado de la política consciente de separar las luchas de parte de las principales centrales sindicales, CUT y CTB, y también de la estudiantil UNE. La unificación habría permitido que los jóvenes sean un ejemplo de lucha contagioso para los trabajadores.

Durante la jornada de este martes se espera que decenas de miles de jóvenes estudiantes vuelvan a salir a las calles del país en al menos 150 ciudades.

Fuente de la Información: https://laizquierdadiario.com/Brasil-acto-contra-recortes-en-educacion-se-une-a-Marcha-de-Mujeres-Indigenas

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Venezuela: Sindicalistas llaman a los docentes a volver a la calle

María B. Jordán | LA PRENSA de Lara.- En estas vacaciones no habrá días libres. Gremios de educación llaman a la calle para seguir reclamando sus derechos y trazar estrategias para el inicio del nuevo año escolar ante la crisis que golpea al sector.

Luis Arroyo, presidente del Colegio de Profesores en Lara detalló que tienen que buscar alternativas para llegar a una solución a través de las asambleas y protestas de calle. «Llamamos a los docentes y a los padres y representantes a que iniciemos una nueva etapa de lucha», asegurando que si no logran acuerdos, el inicio del año escolar 2019-2020 será desastroso y habrá más dificultades a comparación del año que acaba de culminar.

«Nosotros queremos que salgan frutos, debemos recuperar el atraso que hay en Venezuela», asegurando que deben unificarse para «las 27 seccionales que se unirán y el pueblo también lo debe hacer», detallando que el gobierno aún sigue incumpliendo con las normativas y la contratación colectiva, por lo que un nuevo año escolar no puede iniciar arrastrando las mismas penurias.

Bolivia Suárez, miembro de la Subcomisión de Educación también dijo que la lucha en la calle es necesaria para recuperar la educación y que nadie se puede quedar de brazos cruzados. «Seguiremos en la calle» asegurando que la lucha no sólo se trata de las personas que están involucradas en el sistema educativo, sino de todos los venezolanos.

Fuente de la Información: http://www.laprensalara.com.ve/nota/3986/2019/08/sindicalistas-llaman-a-los-docentes-a-volver-a-la-calle

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Nuevas protestas en Brasil para defender la educación y en contra de la reforma de jubilaciones de Bolsonaro

Por: Actualidad.rt.com

Las manifestaciones coinciden con otra marcha de mujeres indígenas que buscan denunciar «las políticas genocidas» del presidente.

Estudiantes, profesores, sindicatos y movimientos sociales salen una vez más este martes a las calles en más de 100 ciudades de Brasil para protestar contra los recortes en educación y la reforma de las jubilaciones del Gobierno del presidente, Jair Bolsonaro.

«Nuestras universidades piden socorro y nuestra lucha organizada puede dar resultados», destacó Iago Montalvão, presidente de la Unión Nacional de Estudiantes (UNE), una de las entidades que convocó las protestas, quien aseguró que «el dinero de las universidades sigue bloqueado».

Se trata de la tercera movilización a nivel nacional por la educación en lo que va de año. Las dos anteriores fueron en mayo, después de que el Ejecutivo anunciase el «congelamientos» de un 30% del presupuesto destinado a las universidades públicas.

El miércoles pasado, el Ministerio de Educación (MEC) bloqueó 338,4 millones de reales (unos 84 millones dólares), que tenían que ser destinados a las producción, adquisición y distribución de libros y materiales didácticos y pedagógicos. La cantidad forma parte de los 1.443 millones de reales (unos 384,8 millones de dólares) de recorte presupuestario anunciado en julio por el Gobierno.

Con la etiqueta en las redes #Tsunami13Agosto, los estudiantes también rechazan el programa ‘Future-se’, lanzado recientemente por el MEC para atraer incentivo privado a las universidades federales. Los manifestantes ven en esta iniciativa un riesgo de privatizar las universidades públicas.

«‘Future-se’ es un proyecto propuesto sin el debido diálogo con la comunidad académica y con propuestas con las que no estamos de acuerdo. Esto inflama todavía más esta movilización», comentó Montalvão.

Reforma de jubilaciones

La reforma de las jubilaciones es otra de las principales causas de la protestas. La semana pasada fue aprobada por la Cámara de Diputados y ahora tiene que ser analizada y validada por el Senado.

La polémica propuesta establece una edad mínima de jubilación de 62 años para las mujeres y de 65 años para los hombres, con un mínimo de contribución de 30 y 35 años, respectivamente. Actualmente, en el sector privado las mujeres pueden jubilarse con 30 años de cotización y los hombres con 35, independientemente de su edad.

«Es un día para salir a la calle en defensa de la educación y del sistema de jubilaciones, porque la propuesta de reforma desafortunada dificulta el derecho a la jubilación«, afirma en un comunicado la Central Única de los Trabajadores (CUT).

La CUT denuncia que «la reforma elimina los derechos a las personas mayores, con dificultados y a los trabajadores rurales». «Esta reforma es una perversidad que no debería estar sucediendo en el siglo XXI», agregan.

Mujeres indígenas

Estas protestas coinciden con la celebración en Brasilia de la primera marcha de mujeres indígenas contra las políticas «genocidas» de Bolsonaro. Bajo el lema «Territorio: nuestro cuerpo, nuestro espíritu», el objetivo también es dar visibilidad a las mujeres indígenas.

El miércoles, esta movilización se unirá a la marcha de las «Margaridas», celebrada cada cuatro años, y que juntará a miles de mujeres de todo el país.

Fuente de la Información: https://actualidad.rt.com/actualidad/323961-brasil-protestas-recortes-educacion-jubilaciones
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Honduras: Protesta de Plataforma termina en un Plantón

Protesta de Plataforma termina en un Plantón

Miembros de la Plataforma para la Defensa de la Salud y Educación realizaron ayer un plantón frente al Instituto Central Vicente Cáceres, en la colonia Tiloarque de Comayagüela.

La dirigencia de dicha organización había convocado para continuar en la calle las manifestaciones contra el gobierno.

Sin embargo, todo quedó en una pequeña reunión de docentes que se dieron cita para las 8:00 de la mañana, frente al mencionado instituto.

Los manifestantes esperaban la presencia de personal de Salud y profesores de algunos departamentos del centro oriente del país, pero no llegaron.

Al respecto, el dirigente magisterial y de la Plataforma, Edwin Hernández, manifestó que hay estrategias de luchas que deben ir variando, porque las fuerzas del orden están pendientes de sus movilizaciones.

“No siempre serán las mismas estrategias de luchas, porque hay varios lugares de la capital que están llenos de policías y militares, como por ejemplo, el aeropuerto Toncontín”, señaló Hernández.

El dirigente adelantó que en las próximas horas estarán haciendo una nueva convocatoria para un punto estratégico de la capital.

En tanto, las autoridades de la Secretaría de Educación anunciaron que en los próximos días estarían oficializando la cancelación del período académico en algunos centros educativos, donde las protestas han sido constantes.

Fuente de la Información: https://www.latribuna.hn/2019/08/12/protesta-de-plataforma-termina-en-un-planton/

 

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CANADA: How big pharma can impact the education of med school students

How big pharma can impact the education of med school students

Some students are worried drug literature is too prominent in medical studies

 

This is the third story in a four-part series about the pharmaceutical industry and the hold it has on Canada’s health-care system — swaying doctors’ opinions, funding medical schools and, ultimately, affecting the type of drugs we are prescribed. To read Part 1, click here. To read Part 2, click here

When Dr. Elia Abi-Jaoude was a medical student at the University of Manitoba in the early 2000s, he found out drug companies were donating textbooks — and he wasn’t pleased.

His main textbook for gastroenterology, First Principles of Gastroenterology, was published by pharmaceutical company AstraZeneca. AstraZeneca makes drugs for conditions like asthma, blood pressure and cancer.

Along with another classmate, Abi-Jaoude started a petition against the pharma-funded material and began questioning if the industry was too involved in educating future doctors. He was concerned that companies with a conflict of financial interest were helping inform what students learned.

Today, Abi-Jaoude is a psychiatrist at the Hospital for Sick Children in Toronto. He still wonders about some of the things he was taught in med school.

“The truth is, it’s hard to disentangle medical education from whatever the prevailing culture is in medicine, including ways of thinking or beliefs of the day about diagnosis or treatment,” he says.

“And currently, the pharmaceutical and medical device industries continue to have much influence over the shaping of such beliefs.”

There is no greater recent example of how the pharmaceutical industry may affect the practice of medicine than the opioid crisis.

Thousands of Canadians have lost their lives to the opioid epidemic, and more continue to struggle with addiction. Many were prescribed the painkillers by their doctors, who say pharmaceutical companies intentionally lied to them about the safety of opioids. The crisis has highlighted the power of drug manufacturers when it comes to swaying physicians’ prescribing habits and what doctors learn about drugs. But that exposure to big pharma starts much earlier on with drug companies pouring millions of dollars into medical schools.

Med school shapes how doctors approach medicine

Students go into med school relatively ignorant of medical culture and are expected to come out as health authorities, writes emergency room physician Dr. Joel Lexchin in his book Doctors in Denial: Why Big Pharma and the Canadian Medical Profession Are Too Close For Comfort.

“How they are taught, what kind of exposure they have to the pharmaceutical industry and how they see their teachers and those above them on the medical hierarchy relating to the industry will, in large part, determine their own relationship once they are independent doctors,” Lexchin wrote.

Lexchin, who is also a professor of health policy at York University, told Global News that when a drug company establishes a relationship with a med school, it is acting in its own best interest. These interactions are often in the form of research funding, grants or philanthropic donations. Drug companies also often have close relationships with faculty, too, paying educators to sit on advisory boards, for example.

“They [drug companies] make contact early on with medical students when these students are at an impressionable time in terms of their professional life — it’s just starting,” Lexchin says.

“The pharmaceutical companies want to establish a positive relationship with these medical students that can then go forward.”

If med students learn that industry interaction is the norm, they are more likely to meet with drug reps in their practice. Interacting with drug reps is known to affect doctors’ prescribing habits and can even lead to “irrational prescribing” of a brand’s drug, research shows.

Plus, Lexchin says pharma companies also like to give money to med schools because it builds relationships with faculty. Faculty are often very influential in the Canadian medical landscape, and when issues around pharmaceutical policy arise, big pharma benefits from having reputable doctors on its side.

Dr. Nav Persaud experienced this first-hand. While a second-year med student at the University of Toronto (U of T) in 2004, Persaud was one of the thousands who sat through a one-week compulsory course on pain management.

While he didn’t know it at the time, the course was funded by drug companies, including Purdue Pharma, the manufacturer of OxyContin. The course’s reference book was sponsored by Purdue Pharma, too, and described oxycodone as a weak opioid (it is 1.5times stronger than morphine).

What’s more, the co-author of the pain book, Dr. Roman Jovey, was also helping teach the course. Jovey worked as a consultant for Purdue, among other drug companies.

Persaud, who is now a physician at St. Michael’s Hospital, didn’t realize that what he had learned about pain and opioids was possibly biased until a few years out of school. While working with a med student, Persaud saw the future doctor’s lecture notes and realized the information he received on opioids was inaccurate.

“I then started thinking back to what I was taught and eventually realized that I was taught the same incorrect information,” Persaud told Global News.

Jovey previously told Global News that he doesn’t believe the information he wrote on opiates was influenced by his relationship with Purdue. Jovey added that he taught the students for free.

He said that one controversial section of the reference book was a paragraph that said taking a medication that’s released slowly (like oxycodone) has less addictive potential than taking a short-acting drug. He acknowledges that if the drug is abused — crushed, snorted or injected — then the slow release property is eliminated.

“And who would have thought that when it came out in 1996, that people would be crushing and snorting and injecting medications? I certainly didn’t,” Jovey said in 2013.

“I had total control over what the content was … That book was written based on how I practised, and it was based on the best knowledge that we had available at the time.”

Persaud filed a complaint, and the university discontinued the program in 2010. In 2013, almost 1,400 former U of T medical students were contacted by the school and told to disregard the teaching materials they were given regarding the prescription painkiller oxycodone.

Still, the effects of opioid promotion are felt in Canada.

“Thousands of people in Canada die opioid-related deaths each year,” Persaud says. “The death rate increased dramatically since the 1990s at the same time as prescribing increased.”

How much money are med schools getting?

U of T no longer gives students industry-funded pain books, but it still has financial ties to drug companies.

U of T has received millions of dollars from pharmaceutical companies, like Apotex Inc. and GlaxoSmithKline Inc., for research projects. Global News filed a freedom-of-information (FOI) request with the university to see what companies donated to the university and when.

Our original request was narrowed down to capture only research agreements between 1994 and 2020. This means that if pharmaceutical companies like Purdue Pharma, for example, made donations outside of research purposes, it is not included in this data.

The obtained financial information helps form an understanding of the role pharma companies play in med schools. While only a partial picture, the data shows financial support was given for projects and to individual faculty members.

Between 1995 and 2004, Apotex Inc. gave U of T $2,875,077 for research projects. GlaxoSmithKline Inc. (GSK) put $4,566,930 towards research at the university from 1994 to 2020. This money included fellowships for three individual researchers, two of whom run labs.

From 2014 to 2019, Janssen Inc. donated $1,642,998 for research. Allergan Inc. gave $272,696.85 between 2000 and 2003. Bristol-Myers Squibb Pharmaceutical gave an infectious diseases physician $180,000 between 2002 and 2005 and another doctor a two-year fellowship of $119,930 in 2001.

In a statement to Global News, Dr. Richard Hegele, vice-dean of research and innovation of U of T’s Faculty of Medicine, said academic research is supported by funding from government agencies, individual donors, foundations and the private sector.

“The University of Toronto has long-standing policies and practices — including the ethical conduct of research, research partnerships, the publications policy, the conflict-of-interest policy and the statement on advisory bodies — that ensure the highest standard of integrity in our research practices,” he said.

Dr. Patricia Houston, vice-dean of U of T’s MD program, said in a statement: “Funds that support the operation of the MD program are provided through a combination of government grants and tuition revenue. We do not receive funds from the pharmaceutical industry to deliver on the educational mission of the MD program.”

The University of Montreal received $474,463 from pharmaceutical companies between 2017 and 2018 for various health science projects, a spokesperson for the school told Global News.

Queen’s University told Global News that its “records indicated that the total for all philanthropic gifts, grants and sponsorships received by Queen’s and its faculties from pharmaceutical companies in (calendar year) 2018 was $695,600.”

The Faculty of Medicine and Health Sciences (FMSS) at the Université de Sherbrooke (UdeS) says it collects research revenue data yearly “for the purposes of annual reporting to the Association of Faculties of Medicine of Canada (AFMC).” This money is recorded as private sector donations as a whole, and funding from pharma companies is not separated.

“This is why we do not have precise data on the funding provided specifically by pharmas,” a spokesperson told Global News. “We are, however, happy to share this data with you: at the FMSS, private sector funding fluctuated between $4.8 and $5.9 million per year since 2012.”

In Lexchin’s book Doctors in Denial, he highlights the generous donations made from industry to med schools.

In 2013, McGill University’s Faculty of Medicine received $4 million from pharma company Merck. In a press release from the time, the dean of the med school said the faculty is “tremendously proud to be partnering with Merck Research Laboratories to bring the benefits of our work to society more swiftly.”

Pharmaceutical company Amgen Canada says it invests approximately $70 million into research and development in Canada on an annual basis, according to a press release. The company says it provides sponsorship and funding to programs at U of T Mississauga and the University of British Columbia (UBC).

In a statement to Global News, GSK said it is “proud to collaborate with some of the world’s top researchers here in Canada.”

The pharma company said: “Our funding of research projects, such as investigator-sponsored studies and past professorships at Canadian medical schools, are intended to encourage health science research, foster innovation and improve disease state understanding in areas of mutual interest and where there is a patient need. We take an arm’s-length approach to these initiatives, as the health science research is conducted independent of GSK.”

How does pharma money affect med schools and health care?

Lexchin says that even if funding for research seems charitable, drug companies often benefit.

While faculty and lab assistants are often the ones involved in research projects, this still affects which health issues receive attention. Research also shows that industry-funded studies are more likely to produce favourable results than trials supported by other sources of funding.

“They want the faculty to do research, and even if that research is done without any ethical issues, the pharmaceutical companies are still promoting research in particular areas with, possibly, a particular slant in them,” Lexchin says.

Lexchin gives an example: if a pharmaceutical company is interested in developing a product to treat sexually transmitted infections (STIs), it may give a university money to research STI antibiotics. The company wouldn’t put money toward researching the sexual practices of young teenagers, on the other hand. Those findings wouldn’t sell STI treatment drugs.

“The pharmaceutical industry level of resources means that other voices and other kinds of research may be drowned out,” Lexchin adds.

Lexchin also says there are reasons to be concerned about the relationship faculty members have with the industry. A school’s disclosure policies will aim to mitigate bias, but if a student is learning from a professor whose research is funded by a certain pharma company, it sends a message that these relationships are OK.

“If Dr. X, who is world-famous as a cardiologist, has a relationship with Merck, that puts relationships with drug companies in a positive light,” Lexchin explains.

Likewise, if professors are paid by a drug company to give presentations at conferences or events, their stance on industry influence may be skewed. Lexchin says this is called “the gift relationship” and it often happens on a subconscious level.

“So you’ve got something from a drug company, whether it’s research funding or you’re on the advisory board for the company, and you feel an obligation to repay that gift,” he says.

“One of the ways you can repay it is by putting industry-physician relationships in a positive light. There are always controversies around how well drugs work or whether or not people should disclose their conflicts of interest. And if you’ve got a relationship with a drug company, you’re more likely to be on one side of that issue than the other.”

What do med schools say?

Medical schools across Canada have policies intended to combat possible conflicts of interest and industry bias.

Global News reached out to each medical school and received information on their policies. These policies vary from school to school, but all accept financial donations from the pharma industry or otherwise. Med schools also have their own policies on faculty disclosing industry relationships and possible conflicts of interests, but all encourage transparency.

If you want to read each medical school’s response, you can do so here.

  • U of T’s Faculty of Medicine and its faculty members “have many valuable relationships with private-sector entities. These relationships encourage and support innovation and accelerate delivery of new health-care products and methods to our patients,” the university’s policies state. Faculty are still expected to disclose conflicts of interest, and the institution has policies around faculty receiving industry funding or gifts.
  • McMaster University says: “All faculty members holding academic appointments at McMaster University have an obligation to act with integrity in all research and education relationships and to avoid situations that place personal interest above interests that would be consistent with optimal academic integrity.”
  • UBC says it “is committed to upholding academic integrity and professionalism across the educational and research spectrum.” Faculty are expected to disclose possible conflicts of interest as well as actual conflicts of interest.
  • UBC also offers faculty a course on industry interaction that “covers key issues in the relationships between the medical community and industry.”
  • At Western University’s Schulich School of Medicine and Dentistry, “a full-time clinical academic may engage in part-time professional activities, paid or unpaid, provided that such activities do not constitute a conflict of commitment or interfere with the member’s responsibilities to the university.” They are also subject to conflict-of-interest conditions.
  • Since 2017, the University of Montreal says it has offered “online ethics training” for members of the medical faculty who deal with the pharma industry. “More than 250 people followed the training last year,” a spokesperson for the university said. The university also has policies around disclosing conflicts of interest.

What do med students think?

Mei Wen started med school at U of T in 2015 and says the opioid epidemic has made students like her highly skeptical of industry interaction. The recent lawsuits against drug manufacturers for their alleged involvement in fuelling the crisis hasn’t helped, either.

During her education, Wen says she heard of past conflict-of-interest issues at the university, like the Purdue-funded pain book. She believes things have changed for the better since then and feels there’s more transparency around industry interaction.

For example, the 27-year-old says that when anyone got in front of her class to present information or lead a discussion, they were expected to disclose any industry ties. This means that if a professor sat on an advisory board for a drug company, he or she was responsible for letting students know. These disclosures affected how Wen interpreted information.

WATCH: How pharmaceutical reps lobby doctors to use their drugs

“It kind of raised a flag in my head to pay a little more attention and [view] the information more critically,” Wen says.

While Wen says she wasn’t offered a full course on how to navigate relationships with the pharma industry or how to spot bias in research, those topics did come up. Being taught by professors who are critical of industry influence, like Dr. David Juurlink, helped shape her skepticism, too.

Now in a residency program in Vancouver, Wen says she won’t meet with drug reps at work.

“Because of the nature of my training, … [I’m] wary when a pharmaceutical drug rep is advertising a certain medication,” she says.

Cut off the funding?

Medical schools argue that donations and research funding help promote quality education. As long as faculty disclose any possible conflicts of interest and industry money doesn’t affect the quality of education, there’s no reason to turn away dollars.

But Lexchin is less idealistic. He says drug companies should not play a role in shaping what and how future doctors learn, and medical schools are environments ripe for influence. Medical information needs to be unbiased and supported by evidence, not pharma money.

Lexchin acknowledges that industry money can help set up labs or allow schools to hire renowned experts. But these are short-term gains, he says, and there are tradeoffs when you work with industry.

“They [med schools] don’t look at the long-term possible problems associated with that kind of interaction, which are research being focused in a particular direction and having more [doctors] willing to interact with industry,” he says.

The more doctors interact with industry, the less appropriate their prescribing behaviour becomes, Lexchin adds, saying: “Medical schools don’t take those kinds of issues into account.”

Abi-Jaoude agrees. Although his petition against free textbooks was well over 10 years ago, his stance on industry interaction is the same: there’s no reason for drug companies to be educating future physicians. It doesn’t benefit students; it only benefits sales.

Persaud’s fight for unbiased educational materials has also shaped the way he practises now as a doctor. Part of his job is to teach medical students and residents, and he does that without the help of big pharma.

“There’s obviously no need to have [drug] literature interpreted or spoon-fed to you by the pharmaceutical industry that has a clear vested interest,” he says.

— With files from Leslie Young

Laura.Hensley@globalnews.ca

Fuente de la Información: https://www.newmarkettoday.ca/local-news/canada-how-big-pharma-can-impact-the-education-of-med-school-students-1634906

 

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Nueva York: “El feminismo del 99% no es una alternativa a la lucha de clases, es otro frente dentro de ella”

“El feminismo del 99% no es una alternativa a la lucha de clases, es otro frente dentro de ella”

Entrevista a Nancy Fraser

Rebeca Martínez

Nancy Fraser se muestra muy contundente contra el feminismo liberal de mujeres como Hillary Clinton que solo buscan escalar posiciones dentro de las empresas. Frente a este feminismo de las privilegiadas, Fraser apunta la urgencia de crear un feminismo que esté del lado de la mayoría de las mujeres: las trabajadoras, las migrantes, las lesbianas y trans, y de sus problemas, que tienen más que ver con el racismo institucional que soportan y con la explotación que viven dentro de sus trabajos y de sus casas, donde cargan con la mayor parte de los cuidados. Es precisamente de esto de lo que habla en el manifiesto Feminismo para el 99%, que firma junto a Cinzia Arruzza y Tithi Bhattacharya y que ha sido publicado por la editorial Herder.

Esta profesora de Filosofía en la New School de Nueva York estuvo en Madrid recientemente, en una visita coordinada por el Grupo de Estudios Críticos, y habló con viento sur sobre este feminismo para la mayoría y sobre el ataque que está perpetrando el neoliberalismo contra aspectos vitales tan importantes como la crianza de los niños y niñas, el cuidado de nuestros mayores, la sanidad, la educación o la vivienda.

Rebeca Martínez: Sobre el manifiesto Feminismo para el 99% que has firmado junto a otras mujeres, ¿qué es y por qué se lanza ahora?

Nancy Fraser: Es un ensayo corto que pretendíamos que fuera popular y que se leyera fácilmente. No es escritura académica, tiene la forma de un manifiesto. Lo escribí junto a otras dos pensadoras feministas: una es la italiana Cinzia Arruzza, que ahora vive en Nueva York, y la otra Tithi Bhattacharya, que es india y enseña en Estados Unidos.

Esta ha sido la primera vez, desde que comencé mi activismo en los años sesenta o setenta, que he escrito un ensayo como este, de auténtica agitación política, teniendo en cuenta que soy profesora de Filosofía. Sin embargo, los tiempos ahora son tan duros, la crisis de la sociedad y de la política es tan severa, que sentí que tenía que dar el salto y escribir para una audiencia más amplia.

El manifiesto es un intento de articular una nueva vía para el movimiento feminista, que durante las dos últimas décadas ha estado dominado por el feminismo corporativo y liberal representado por Hilary Clinton en Estados Unidos. Este es el feminismo de mujeres profesionales y de directivas, de mujeres relativamente privilegiadas, en su mayoría blancas, con formación y de clase media o media-alta, que intentan meter cabeza en el mundo de los negocios o en los medios de comunicación. Con este proyecto lo que pretenden básicamente es escalar en la jerarquía de las empresas para ser tratadas de la misma forma que los hombres de su misma clase y tener el mismo salario y el mismo prestigio.

Este no es un feminismo igualitario, es un feminismo que no tiene mucho que ofrecerle a una vasta mayoría de mujeres que son pobres o de clase trabajadora y que no tienen esos privilegios: mujeres inmigrantes, mujeres trans… Este feminismo del 1%, o como mucho del 10%, ha empañado el nombre del feminismo, asociándolo al liderazgo, al individualismo y la vida empresarial. Le ha dado al feminismo un mal nombre y lo ha asociado con el neoliberalismo, la financiarización y la globalización, con políticas que van contra la clase trabajadora.

Nosotras tres queríamos proponer una alternativa a esto, y no estamos solas, porque hay otras feministas de izquierdas que también han intentado hacerlo. Y, en efecto, la alternativa está emergiendo con las enormes marchas y las manifestaciones del 8 de marzo, que tienen un carácter anticapitalista y antisistémico, que protestan contra la austeridad y el asalto a la reproducción social.

Pensamos que era un buen momento para dar el salto e intentar crear un feminismo que sea realmente antisistema, anticapitalista y que se referencie en las mujeres de clase trabajadora y pobres para mejorar sus vidas. Lo interesante es que es un movimiento que debe centrarse en temáticas tradicionales, como el derecho al aborto y otras, que sin duda son fundamentales, pero que tiene que pensar también más allá, en la gran crisis de la sociedad, para articular políticas y programas que beneficien a todo el mundo. Por eso, el feminismo del 99% no significa solo el 99% de las mujeres, significa el 99% de los seres humanos sobre el planeta. Esta es la idea general del manifiesto.

R.M.: Desde 2017 se han organizado tres huelgas feministas internacionales en muchos países, incluida España. Y no solo eso. Aquí, las protestas laborales de los últimos años están protagonizadas sobre todo por mujeres: las trabajadoras del hogar, las limpiadoras de hoteles, de residencias de mayores, entre otras. ¿Estamos ante una nueva ola feminista? Si es así, ¿a qué momento del capitalismo neoliberal responde?

N.F.: Creo que sí estamos ante una nueva ola, o que al menos hay potencial para que así sea, si hacemos una ruptura real con este feminismo liberal corporativo.

El neoliberalismo ha perpetrado un asalto brutal contra lo que llamamos la reproducción social, contra todas las actividades destinadas al mantenimiento y la reproducción de personas: la crianza de los niños, la educación, el cuidado de la gente mayor, cosas como la educación pública, la sanidad, el transporte, las pensiones o la vivienda. Porque todo esto forma parte de la reproducción social y no solo el cuidado de los niños, los mayores y otras actividades realizadas dentro del hogar.

El neoliberalismo ha aplastado todo esto. Hoy día, las mujeres tienen que estar a tiempo completo en el trabajo asalariado, en un momento en que el Estado necesita recortar en gasto social, como parte de su política de austeridad y de la financiarización. Así que, por un lado, tenemos el recorte en el suministro público de estas áreas y, por otro, la insistencia en que las mujeres dediquen su tiempo a producir ganancias para el capital. Esto significa que hay una auténtica crisis de los cuidados o una crisis de la reproducción social y es precisamente lo que está dando lugar a las huelgas que mencionabas.

En la crisis de los años treinta, el centro de las revueltas activistas era el trabajo industrial: las luchas por la sindicación, por los derechos laborales, etcétera. Hoy la situación es otra. En parte debido a la desindustrialización y la relocalización de la producción en el sur global; ahora el centro es la reproducción social.

Tú has mencionado antes huelgas de mujeres muy significativas, a las que yo añadiría la huelga de las maestras en Estados Unidos. Las profesoras tienen salarios tan bajos que muchas de ellas tienen que realizar segundos trabajos por la tarde para poder mantenerse, a sí mismas y a sus familias. Estas mujeres hacen huelga no solo para conseguir mejores salarios, también piden más recursos para la educación, para mejorar las escuelas y están teniendo mucho apoyo. Son ejemplos que ponen la esfera de la reproducción social como un eje amplio de lucha. Y, por lo que sé, las enormes huelgas del 8M en España también protestan por los recortes en todas estas áreas.

Diría que hoy día las luchas por la reproducción social son la vanguardia de la izquierda anticapitalista y antisistema. Las mujeres están en el frente y eso significa formar parte de la centralidad, de una nueva forma de pensar lo que es la política feminista.

R.M.: Sobre las luchas por la reproducción social, ¿cómo se relacionan con la lucha de clases, el movimiento antirracista y el LGTBIQ?

N.F.: Primero de todo, creo que tenemos que repensar qué entendemos por lucha de clases. Esa imagen de los años treinta de los obreros industriales organizados en sindicatos es una parte de lo que es la lucha de clases, pero diría que la lucha por la reproducción social también es lucha de clases, porque no hay producción ni trabajo industrial si no tienes a alguien que realice el trabajo de producir a los trabajadores y de reponerlos, que cuide de la próxima generación que les va a reemplazar. Por eso, la reproducción social es central para la producción capitalista y el trabajo que produce a toda esta gente y que constituye su sociabilidad supone mucho trabajo, tanto como el trabajo en las fábricas.

Lo que constituye una clase no es solo la relación de la producción en la fábrica, también la relación de la reproducción social que produce a las y los trabajadores. Todo esto es parte de la lucha de clases. La idea de la lucha de clases en el pasado era bastante estrecha. No creo que el feminismo del 99% sea una alternativa a la lucha de clases, no creo que esté en competición con la lucha de clases, creo que se ha constituido otro frente en la lucha de clases, que debería aliarse con el movimiento obrero más clásico y ser un aliado también de lo que mencionaste, de la lucha antirracista, la lucha por los derechos de las personas migrantes, y la lucha por los derechos de las personas LGTBIQ.

La conexión con la raza y la etnicidad es muy fuerte, porque lo que ocurre ahora es que tenemos una nueva división de clase racializada entre las mujeres. Las mujeres empresarias, de clase media-alta y con formación, luchan por superar la discriminación y escalar a los puestos más altos. Lo que hacen para poder trabajar sesenta horas a la semana en trabajos que exigen mucho es contratar a mujeres, a menudo inmigrantes y muy mal pagadas, para que realicen el trabajo de cuidados: cuidado de los niños, la limpieza de la casa, la cocina, el cuidado de sus padres dependientes y demás. Estas mujeres del llamado feminismo liberal se apoyan en todo este trabajo de las mujeres racializadas, que son las mujeres más vulnerables porque no tienen derechos laborales, se les paga muy poco y están expuestas a agresiones y abusos. Por todo esto, necesitamos poner en el centro del feminismo la dimensión de clase y raza. El feminismo para el 99% tiene que ser un movimiento antirracista, tiene que hacer suyas las problemáticas de las mujeres pobres y racializadas, que son la mayoría de mujeres, y poner sus necesidades en el frente, no las necesidades de las empresarias y sus demandas para romper el techo de cristal. Y esto también es así para la lucha LGTBIQ.

Aquí ocurre también algo interesante, porque diría que en este movimiento [LGTBIQ] también hay un ala liberal que es hegemónica y un sector más amplio de gente cuyas necesidades y problemas son marginalizados. Hay una lucha similar en el seno del movimiento LGTBIQ y me gustaría que nuestro feminismo del 99% hablara también por las mujeres trans, queer y lesbianas, que el movimiento LGTBIQ para el 99% fuese el aliado natural del feminismo del 99%.

R.M.: Hablamos de las luchas por la reproducción social, que pueden constituir un bloque contra las dinámicas del neoliberalismo, pero ¿qué hay de las relaciones patriarcales? ¿Podemos combatir las violencias machistas desde la lucha por la reproducción?

N.F.: Es una buena pregunta. Me gustaría empezar haciendo alusión al movimiento #MeToo. Como sabes, la idea más extendida de lo que es este movimiento se centra en Hollywood, en actrices muy bien pagadas y en artistas que tienen visibilidad en los medios de comunicación. Pero el sector compuesto por mujeres mucho menos privilegiadas es más vulnerable a las agresiones sexuales y al acoso en el trabajo. Pensemos, por ejemplo, en las jornaleras. Muchas de ellas no tienen ni papeles, y, al tener menos poder y recursos, son mucho más vulnerables a las demandas de los jefes. Y lo mismo ocurre con las trabajadoras de hoteles, por ejemplo, recordemos el caso de Dominique Strauss-Kahn, o quienes trabajan limpiando casas privadas, las trabajadoras domésticas, que son víctimas de agresiones sexuales muy a menudo.

El movimiento #MeToo, si lo pensamos de una manera más amplia, es una lucha obrera. Es la lucha por un entorno de trabajo seguro, donde no puedas ser víctima de abusos. El hecho de que los medios se centren solo en los casos de personas conocidas, desafortunadamente, hace que no parezca una lucha de clases, pero es otra forma de lucha de clases en realidad.

La cuestión de la reproducción social tiene mucho que hacer para cambiar la relación entre la producción y la reproducción y, por lo tanto, para cambiar el equilibrio del poder dentro de las casas. El trabajo de la reproducción social no debería estar generizado, ser una cosa solo de mujeres. Es un trabajo importante para toda la sociedad, algunos aspectos del mismo son incluso placenteros y creativos, así que los hombres también deberían tener acceso a él, sentir la responsabilidad de hacer la parte que les corresponde. Esto va de cambiar la dinámica dentro de los hogares y, por supuesto, el feminismo del 99% está en contra de todo tipo de violencia: contra las mujeres, contra las personas trans, contra las personas no cis y contra las racializadas.

El del patriarcado es un concepto que, personalmente, no me gusta usar porque sugiere una imagen del poder diádica: tienes al amo y a sus sirvientes sometidos. Algo de eso existe todavía, sin duda alguna, pero la forma central del poder en nuestra sociedad hoy día opera de una manera más impersonal, más estructural, lo que restringe las opciones para la gente pobre y trabajadora. Creo que es importante tener una imagen del poder diferente que viene de los bancos, el FMI, las organizaciones de las finanzas y la industria, a través de la construcción del mercado de trabajo, el mercado de trabajo generizado, racializado. Esto es lo que determina quién tiene acceso a los recursos y puede reivindicar sus reclamaciones, quién puede funcionar como igual, incluso dentro de las familias y las relaciones personales.

R.M.: Cuando en tus trabajos hablas de justicia social, distingues tres niveles: el económico (redistribución), el cultural (reconocimiento) y el político (representación). ¿Hasta qué punto están presentes los tres en el nuevo ciclo de huelgas feministas?

N.F.: Creo que hay una preocupación por todos estos aspectos y que están estrechamente relacionados. No puedes cambiar la esfera económica, redistribuir las relaciones de producción, si no cambias esas otras cosas que están interconectadas. Lo que importa en el ámbito político es a menudo definido en términos de lo que importa en el ámbito económico, aunque las fuerzas capitalistas insistan en que lo que ocurre en el lugar de trabajo debe ser decidido por el mercado y por los jefes, como si eso no fuera una cuestión política y de democracia.

Hay todo un debate sobre dónde está la línea que separa aquello que decide el mercado y las fuerzas privadas del capitalismo y aquello que decidimos una mayoría democrática. Y todo esto tiene mucho que ver con la cultura, con los lenguajes que están a nuestra disposición y que nos ayudan a entender la situación.

Tenemos conceptos como el de acoso sexual, el de degradar, tenemos la terminología para decir lo que está mal en la sociedad, y esto tiene que ver con cómo traducimos la experiencia propia para expresar una demanda. El feminismo ha afrontado un gran desafío y ha creado un lenguaje nuevo que cambia la cultura, que cambia la concepción que tiene la gente sobre sus derechos, sobre lo que no tienen que aguantar, lo que está mal, aquello por lo que pueden protestar. Esto amplía la esfera del discurso político, la esfera de lo que son decisiones democráticas y no privadas de la familia o la empresa. Hoy en día estamos avanzando mucho en el ámbito cultural y esto repercute en un cambio institucional en las dos esferas: la política y la económica. Pero de lo que se trata siempre es de la interrelación entre estos tres niveles.

R.M.: Has apuntado muchas veces que el neoliberalismo se apropió del potencial crítico y de las demandas de la segunda ola del feminismo y los incorporó en su propio beneficio. ¿Podría ocurrir otra vez con esta incipiente ola? ¿Puede evitarse de alguna manera?

N.F.: Creo que el feminismo liberal, junto al antirracismo liberal, al movimiento LGTBIQ liberal y a lo que llamamos capitalismo verde, todos estos movimientos que fueron hegemónicos, fueron incorporados al bloque hegemónico de poder que en EE UU constituyó el neoliberalismo progresista. Estos movimientos prestaron su carisma y su ideología para crear la ilusión de que esta política horrible de la financiarización, la precarización del trabajo, la reducción de salarios, etc., podía ser progresista, progay, promujeres y todo eso.

Esto ocurrió así y por eso es tan importante que la nueva ola feminista rompa con ese tipo de feminismo y abra un nuevo camino. Siempre es posible ser hegemonizado y apropiado por fuerzas que son más poderosas, existe siempre esa posibilidad y es importante que los movimientos emancipatorios estén alerta.

Hoy en día, nos han dicho que tenemos dos opciones para elegir: el populismo autoritario de derechas, que es racista, xenófobo y bastante desagradable, o volver a la protección liberal, al neoliberalismo progresista, que podría ser antirracista y todo lo demás. Pero esta es una elección falsa. Tenemos que rechazar las dos opciones, no solo el populismo racista y supremacista, también el neoliberalismo progresista. Vivimos un momento de crisis monumental en el que tenemos la oportunidad de tomar un nuevo camino para crear un movimiento antisistema para el 99%, en el que el feminismo del 99% esté conectado con los otros movimientos para el 99%: el obrero, el que lucha por el clima, el de las y los migrantes, etc.

R.M.: Para terminar, una pregunta más teórica. En tus obras apuntas que el Estado-nación (lo que se conoce como marco westfaliano-keynesiano) entró en crisis con el neoliberalismo y que sus fronteras son ahora más difusas, menos claras. Llamas a este proceso la política del desenmarque. Pero, ¿cuál es el papel del Estado-nación ahora? ¿Podemos decir que ha desaparecido por completo?

N.F.: No, no ha desaparecido. Históricamente, la fuerza principal que ha suministrado cualquier nivel de protección y seguridad a la gente trabajadora frente al capital ha sido el Estado-nación y el Estado-nación aún sigue siendo el principal destinatario de las demandas. Cuando queremos protección o apoyo social, ¿a quién se lo pedimos? Pedimos a nuestros gobiernos que se responsabilicen. Entendemos que la política está organizada aún sobre las bases de la nación, por eso las campañas electorales son nacionales, las principales actividades políticas se realizan a escala nacional. Pero, en última instancia, esto no es del todo correcto y podemos verlo cuando atendemos la inmigración, que es un enorme punto de conflicto y crisis.

Hay gente de todo el mundo que no tiene un Estado que los proteja, que pueda darle algo de lo que nosotros le pedimos a nuestro Estado en los países desarrollados. Viven en campos de refugiados, están forzados a vivir violencia política y persecuciones religiosas por el hecho de que han invadido su país y lo han destruido todo, por crisis climáticas, por las características de esta crisis global que vivimos.

Esta gente viene huyendo y el movimiento populista de derechas dobla el nacionalismo y la exclusión. ¿Cuál es el eslogan de Trump? Make America great again (Haz que América vuelva a ser grande), como era antes de que toda esta gente apareciera y arruinara nuestro país. Esa es la ideología de este populismo y supongo que pasará lo mismo con algunos partidos aquí también. Necesitamos pensar de una manera más transnacional y global cómo podemos asegurar derechos sociales para todas las personas del mundo, para que nadie tenga que meterse en un bote y arriesgar su vida para buscar una oportunidad en la otra parte del planeta.

Rebeca Martínez es investigadora en comunicación

Fuente de la Información: https://vientosur.info/spip.php?article14983

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