La mañana del 13 de abril volví a las aulas tras mes y medio sin clases debido a la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán. Al igual que el resto de profesores de mi escuela, situada cerca de mi pueblo de Umm Al-Khair, en la región de Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, estaba deseando volver a oír el familiar murmullo de las voces de los niños llenando las aulas, verlos de nuevo en sus pupitres y retomar la frágil rutina de aprendizaje que tanto nos cuesta mantener aquí, en las colinas del sur de Hebrón.
Pero aquella mañana algo iba terriblemente mal. Más de 50 de nuestros alumnos no habían acudido a clase.
No era porque no quisieran venir al colegio, ni porque sus familias los hubieran retenido en casa. No habían acudido porque el camino de tierra que conectaba sus hogares con el colegio había sido bloqueado por colonos israelíes.
La noche anterior, el guardia de seguridad del asentamiento de Carmel, junto con un adolescente colono que vive allí, instalaron una valla de alambre de púas a lo largo del camino del valle que los niños de Umm Al-Khair llevan utilizando desde hace más de 40 años. Al amanecer, la ruta había desaparecido.
El momento elegido no fue casual. Los colonos sabían que los niños debían volver al colegio al día siguiente, tras semanas de interrupción debido a la guerra regional. Tras perder una parte importante de su educación, nuestros alumnos estaban por fin listos para volver a clase. En cambio, se despertaron y se encontraron con que su camino hacia la educación estaba bloqueado.
Una valla de alambre de púas con banderas israelíes impide el paso a profesores y alumnos palestinos desde sus hogares en la aldea de Umm Al-Khair hasta su colegio, en Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, 13 de abril de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)
Después de dar toda la vuelta al asentamiento en mi coche, me reuní con los padres de los niños junto a la barrera recién erigida. Los alumnos —algunos sentados en el suelo, otros de pie pacientemente con sus mochilas— miraban en silencio las afiladas bobinas de metal que ahora los separaban de sus aulas, como si el simple hecho de esperar lo suficiente pudiera hacerlas desaparecer.
Como su profesor y residente de su pueblo, verlos así fue uno de los momentos más dolorosos que he vivido. Eran niños que simplemente deseaban ir andando a su escuela de forma segura; en cambio, se les trataba como intrusos en su propia tierra.
Poco después de llegar, llamamos a la policía israelí para denunciar la valla que se había erigido ilegalmente durante la noche en terrenos privados palestinos. Los soldados israelíes llegaron poco después, pero en lugar de ayudar, inmediatamente comenzaron a lanzar gases lacrimógenos hacia los niños y sus padres.
Muchos alumnos sentían dificultades para respirar mientras el humo se extendía a nuestro alrededor. Los padres se apresuraron a sacarlos de allí. Así fue como comenzó el bloqueo a la educación de nuestros hijos, y ha continuado cada día durante las últimas tres semanas.
Desde entonces, cada jornada escolar ha comenzado no en el aula, sino ante la valla de alambre de púas. A las 7 de la mañana, cuando los niños suelen ir andando al colegio, se reúnen ante la barrera junto a activistas palestinos, israelíes e internacionales, coreando consignas a los soldados apostados allí y al guardia de seguridad del asentamiento para que abran el paso, y sosteniendo pancartas en las que reclaman su derecho a la educación.
Por un momento, pareció que el mundo por fin se había dado cuenta. Periodistas internacionales acudieron para documentar lo que estaba sucediendo. Las organizaciones de derechos humanos denunciaron la injusticia. Las imágenes y los vídeos de los estudiantes de pie tras la alambrada se difundieron por las redes sociales, entre ellos el de mi preciosa sobrina de 5 años, Masa Bilal.
Sin embargo, a pesar de la atención mundial y la indignación en Internet, ninguna autoridad ha obligado a los colonos a retirar la barrera. El camino sigue bloqueado.
Los niños de Umm Al-Khair continúan su protesta contra el cierre del camino que conduce a su colegio, bloqueado por colonos hace dos semanas, en Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, 26 de abril de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)
Lo más doloroso de esta situación es la forma en que se está utilizando a nuestros hijos como instrumentos de presión. Los colonos saben que atacar la educación es golpear el corazón de cualquier comunidad. Al bloquear el camino a la escuela, están enviando un mensaje a todo el pueblo: aquí no tenéis futuro.
Y aunque fueron los colonos quienes instalaron físicamente la barrera, es el Gobierno israelí el que permite que esta injusticia continúe.
Desde el 7 de octubre de 2023, la situación se ha vuelto aún más dura. En toda Cisjordania, los colonos han intensificado sus ataques, mientras que las restricciones militares a la circulación de los palestinos han aumentado drásticamente. En pequeñas comunidades como la nuestra, en la Zona C, la vida cotidiana se ve cada vez más oprimida hasta que marcharse se convierte en la única opción.
Pero nos negamos, porque no podemos permitirnos no hacerlo. Y porque la educación de nuestros hijos es demasiado importante.
Los niños de Umm Al-Khair continúan su protesta contra el cierre del camino que conduce a su colegio, bloqueado por colonos dos semanas antes, en Masafer Yatta, en la Cisjordania ocupada, 26 de abril de 2026. (Mosab Shawer/Activestills)
Con la nueva barrera aún en pie tres semanas después, las familias han empezado a llevar a los niños al colegio en coche por una carretera larga y accidentada que rodea el asentamiento. Se tarda mucho más tiempo, cuesta un dinero que muchas familias no tienen y expone a los niños a nuevos peligros. Los colonos ya han bloqueado partes de esa carretera con piedras en un intento de imposibilitar también el trayecto alternativo.
A menudo se describe a los residentes de Umm Al-Khair como «resilientes». A veces pienso que esa palabra no capta del todo la realidad de lo que debemos hacer simplemente para mantener la apariencia de una vida normal.
Resiliencia aquí significa que los niños cojan sus mochilas cada mañana y recorran tres kilómetros hasta la escuela cuando la ruta habitual ha sido bloqueada por los colonos. Significa saber que cada día traerá consigo otro desafío —una valla, una orden de demolición, un ataque, un asesinato— y decidir seguir adelante de todos modos.
Significa que los profesores abran las aulas, incluso cuando la mitad de los asientos estén vacíos, para que los niños sepan que siempre tienen un lugar de aprendizaje a su disposición. Significa negarse a desaparecer.
Los fantasmas de nuestras aulas
Cuando estoy en mi aula, a menudo pienso en los profesores que estuvieron aquí antes que yo. Uno de ellos fue nuestro querido Awdah Hathaleen, que no sólo era profesor, sino también la voz de nuestra comunidad y un símbolo de la resistencia no violenta a la ocupación israelí.
El pasado mes de julio, Awdah fue asesinado a tiros por un colono israelí que había invadido nuestras tierras, mientras él grababa desde una distancia de más de 30 metros. Solo tenía 31 años. Dejó atrás una esposa, tres hijos pequeños y una comunidad que aún siente el vacío que dejó tras de sí.
Para mí, Awdah era más que un hermano. Crecimos juntos. Hacíamos todo juntos. Éramos casi como una persona y su sombra.
Tariq Hathaleen es activista, profesor de inglés y líder comunitario de Umm Al-Khair.
Texto en inglés: +972.com, traducido por Sinfo Fernández.
Esa es la realidad actual del Ecuador: la violencia en muchas de sus formas. ¡Somos el tercer país más violento de América Latina con 15% de ecuatorianos que pasan hambre!
La violencia de la calle es la más notoria. La guerra al narcotráfico es la gran mentira, porque el gobierno necesita del tráfico de drogas: el presidente, los bancos y los grandes traficantes ecuatorianos nunca han acumulado más dinero que en estos años con el narcotráfico. En esta guerra interna mueren los pobres, las y los ciudadanos de a pie, los jóvenes desempleados, y no los responsables del narcotráfico
Está la violencia de la falta de servicios básicos porque el actual gobierno se empeña diligentemente a acabar con ellos: los vemos en la salud con la ausencia de medicamentos, de profesionales, de aparatos medicales, de mantenimiento de los edificios… Igual pasa con la educación, la construcción de casas asequibles a la población empobrecida, el arreglo de las carreteras, la implementación de la energía eléctrica, la producción petrolera…
Está la violencia de los grandes medios de comunicación comerciales que se dedican a mentir, distorsionar la realidad, manipular las conciencias, esconder la verdad y la realidad violenta que sufre todo el país, por defender el mismo sistema neoliberal.
Está la violencia de los organismos de justicia que inventan procesos para perseguir, aprisionar y exiliar a los opositores al gobierno y se olvidan de los casos evidentes y denunciados de injusticia, asesinatos, corrupción, evasión de impuestos y un largo etcétera.
Está la violencia del desempleo porque el Estado está encargado de fomentar la creación de puestos de traajo para que todos los ecuatorianos puedan vivir dignamente… Eso lo dice la Constitución del país.
Está la violencia contra las mujeres: los feminicidios no disminuyen, las mujeres no son protegidas, los culpables no castigados, el machismo no combatido. La violencia contra los derechos humanos y de la naturaleza son el pan amargo de cada día.
Estamos en un país donde la violencia es la realidad cotidiana en sus máximas expresiones. Toda esta violencia es el resultado de la vigencia y promoción del sistema neoliberal cuyos responsables -principalmente el gobierno y los empresarios- se empeñan a imponernos toda costa y a costa de la explotación de la mayoría de la población ecuatoriana.
Al año de la partida del amado papa Francisco, recordemos sus palabras y sus gestos a favor de los pobres y todos los atropellados, para animarnos a enfrentar y revertir las violencias que nos asechan, porque “si los problemas son nuestros, también lo son las soluciones”. Podemos recordar ‘los 4 NO’ del papa: “¡No a una economía de exclusión!” porque “la economía mata y Dios dijo ‘No matarás’”; “¡No a la idolatría del dinero!” porque se fomentamos “la dictadura de la economía”; “¡No a un dinero que domina en lugar de servir!”, porque se trata de un “rechazo de la ética y el rechazo a Dios”; “¡No a la inequidad que genera violencia!”, porque la violencia de los ricos y de un sistema perverso está al origen de la violencia de los pobres. El papa Francisco retomó la frase del papa Benedicto 16: “la Iglesia ni puede ni debe quedar al margen en la lucha por la justicia” e instaba a todos los cristianos a preocuparse por la construcción de un mundo mejor.
En Bolivia, en 2015, cuando se encontró con las organizaciones populares les dijo: “Hablamos de la necesidad de un cambio, un cambio de estructuras, para que la vida sea digna… La política está fundamentalmente en manos de los pueblos… ¡Rebélense contra la tiranía del dinero! ¡Sean solidarios! ¡Revitalicen la democracia! ¡Sean austeros! ¡Huyan de la corrupción!”.
Recordemos también su radicalidad con la condena de la acumulación de dinero: “El dinero es el estiércol del diablo”. “Con el diablo no se dialoga, porque hemos de perder la partida”. Sabemos que “¡el diablo paga mal a sus devotos!”
Emprendamos caminos de esperanza que ya existen porque varios grupos, para no decir muchos, trabajan en eso en nuestra provincia. Estos grupos avanzan en 4 caminos que nos ayudarán a ir a lo esencial: la defensa de la vida, la promoción de la libertad, la lucha por la democracia y la vivencia de nuevas espiritualidades. Apoyemos e integremos alguno de estos grupos, como por ejemplo los de los Derechos Humanos, el ‘Comité Ciudadano por la paz’, la puesta en marcha de la Revocatoria del Mandato presidencial, la defensa del medio ambiente, la solidaridad por la mujer, algún espacio de espiritualidad laica, etc.
La esperanza existe porque está en marcha y nos llama a mantenerla viva y eficaz.
El mundo se desplaza y Washington golpea a su alrededor: de las sanciones a las guerras por delegación, de Venezuela a Irán, de Ucrania a Taiwán. No se trata de una serie de crisis aisladas, sino de una gran lucha por el poder, los beneficios y el orden mundial. Este es el choque del siglo XXI.
Los bombardeos sobre Venezuela del 3 de enero solo pueden entenderse si se analiza el panorama general. El secuestro del presidente venezolano, el derrocamiento del gobierno sirio, los bombardeos sobre Irán, Yemen y otros países de la región, la guerra por delegación contra Rusia, la amenaza de sanciones de EE. UU. dirigida a los países BRICS y el revuelo en torno a Groenlandia no son hechos aislados, sino aspectos de una gran estrategia.
Vivimos en una época en la que la dominación histórica de una sola superpotencia, Estados Unidos, se está desmoronando visiblemente. Al mismo tiempo, Washington y sus aliados occidentales intentan revertir esa tendencia de manera desesperada para salvar un statu quo que asegure su hegemonía, su control y las ganancias sobre la riqueza creada en otros lugares.
Este es el choque del siglo XXI, cuyo comienzo apenas hemos empezado a vislumbrar.
Un mundo en vuelco
Empecemos por la economía, donde el equilibrio de poder mundial se está desplazando rápidamente. El G7, el club de las siete naciones occidentales más ricas, cayó del 45 % del PIB mundial en el año 2000 a cerca del 30 % en la actualidad, mientras que el BRICS+ ya se sitúa en torno al 37 %.i
Mientras tanto, el Sur Global desarrolla su propia industria y tecnología, con China como líder en vehículos eléctricos, energía solar, eólica e infraestructura digital. Esto permite que los países dejen de ser meros proveedores de materias primas y conserven una mayor parte de su propia riqueza.
Dicha evolución erosiona las ganancias extranjeras de las multinacionales occidentales y socava dos pilares del imperialismo clásico: las transferencias de beneficios del Sur al Norte y el dominio del dólar. El dólar pierde terreno en las reservas de los bancos centrales y cada vez más países comercian en sus propias monedas. El objetivo del banco de los BRICS es que para 2030 al menos el 30 % de sus préstamos se realice en monedas locales.
Así, el BRICS+ se perfila como la primera alternativa multilateral real desde el declive de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Se dibuja un «mundo posdólar», lo que provoca estrés en Washington y Bruselas.
El desplazamiento económico se traduce al plano político-ideológico. A escala mundial somos testigos casi simultáneos de dos «levantamientos». En los últimos dos años hubo un amplio y sostenido movimiento popular contra el genocidio en Palestina y contra la complicidad de los Estados occidentales con los métodos fascistas que utiliza el Estado sionista.
Además, los Estados del Sur Global se negaron a sumarse a las sanciones occidentales, a la presión económica y a la retórica bélica contra Rusia. Países como China, Irán, India y Corea del Norte buscaron incluso una cooperación más estrecha con Rusia, motivada en parte por los aranceles de Trump y su agresiva política comercial.
Los países del Sur están hartos de la doble moral de Occidente, que justifica sus propias guerras, pero condena las de los demás. También están cansados de la explotación por parte del «Norte Global», que hasta el día de hoy sigue drenando la riqueza del Sur.
Ambos levantamientos aceleran la conciencia de que el orden neoliberal dominado por Occidente es insostenible. El Sur reivindica su soberanía. Ya no quiere ser un juguete en manos de Occidente, sino seguir su propio rumbo en la política y la economía mundiales.
Amenaza existencial
Entre 1990 y 2008 las multinacionales de Europa y Estados Unidos multiplicaron por seis sus beneficios procedentes de inversiones en el extranjero. Como muestra el gráfico, esos ingresos se han estancado a partir de 2011. Siguiendo la senda de crecimiento basada en el periodo 1990-2011, esto supone que en 2024 dejen de percibir anualmente más de 20 billones de dólares.
Se trata de una cantidad gigantesca y representa algo más que un serio golpe a las cuentas de esos poderosos grupos de capital. En el Foro Económico Mundial de Davos en 2025 Ursula von der Leyen expresó con fuerza la situación actual de la siguiente manera: «Hemos entrado en una nueva era de intensa competencia geopolítica. Las mayores economías del mundo compiten por el acceso a materias primas, nuevas tecnologías y rutas comerciales globales. De la inteligencia artificial a la tecnología limpia, de los ordenadores cuánticos al espacio, del Ártico al mar de China Meridional: la carrera ha comenzado».
La fuerza impulsora tras esta carrera es el máximo beneficio y el mantenimiento o la expansión de las multinacionales occidentales, las empresas tecnológicas y las instituciones financieras. Eso es lo que está en juego y, en última instancia, es de lo que se trata.
El desplazamiento del equilibrio de poder a favor del Sur es una amenaza existencial para la élite occidental. No solo amenaza con socavar su ventaja económica, sino también el control político e ideológico sobre el orden mundial.
Tambores de guerra
La élite occidental no está dispuesta a ceder esa posición lucrativa y dominante, que se debe seguir garantizado para asegurar esas ganancias, las inversiones y los mercados de venta en el extranjero, así como el suministro de materias primas baratas-.
Bajo esa lógica, la clave es un fuerte aparato militar: si hay que cubrir intereses económicos a escala mundial, según los centros de poder, eso implica también capacidad militar. O como dijo en su día el excanciller alemán Gerhard Schröder: «Un país solo cuenta de verdad en el plano internacional si también está dispuesto a hacer la guerra».ii
Para seguir garantizando su supremacía, Occidente elige una estrategia ofensiva – del caos bélico al sometimiento político – que vende como una lucha por la «democracia», pero que en realidad busca proteger el orden de poder existente.
En última instancia, la fuerte militarización y la preparación bélica que vivimos hoy está arraigadas en el afán del capital monopolista occidental por el máximo beneficio y la expansión.
En la última década los países europeos de la OTAN han aumentado sus presupuestos de defensa en un tercio y desde febrero de 2022 los han incrementado de nuevo de forma considerable. En conjunto, la OTAN ya representa más de la mitad de todo el gasto mundial y planea duplicar con creces el gasto en defensa en Europa.iii
Hoy asistimos a suministros de armas sin precedentes a Ucrania y también se provee a Taiwán de armamento pesado. En Europa el servicio militar obligatorio y el paraguas nuclear vuelven a ser temas de debate. El exministro de Defensa alemán ha declarado que su país estará «preparado para la guerra» en 2029, y en Francia el jefe del Estado Mayor del ejército afirmó que el país «debe estar dispuesto a perder a sus hijos».
Estados Unidos dirige su lucha geopolítica principalmente contra China y Rusia. Intenta debilitar a ambos mediante presión e intervenciones en países circundantes o aliados, entre ellos Serbia, Irak, Libia, Venezuela, Irán, Corea del Norte, Georgia, Bielorrusia, Kazajistán y Siria.
Ucrania fue utilizada como avanzadilla contra Rusia con el objetivo de debilitar a este último país lo máximo posible. Esa estrategia ha fracasado en gran medida. Sobre todo Europa se ha debilitado, al no poder importar ya energía barata de Rusia.
Washington juega frente a China la carta de Taiwán e intenta movilizar a sus aliados asiáticos. Australia está construyendo una marina gigantesca y recibirá submarinos nucleares estadounidenses. Japón casi ha duplicado su presupuesto militar. En Corea del Sur volverán a atracar pronto submarinos nucleares de EE. UU. En 2024 Estados Unidos desplegó un sistema de misiles Typhon en el norte de Filipinas, gracias al cual tiene a su alcance grandes ciudades chinas.
Como muestra el mapa, China está rodeada por bases militares de Estados Unidos. Pese a las promesas, la OTAN también ha avanzado cada vez más hacia Rusia desde la caída de la Unión Soviética.
Rodeo militar de China. Los puntos representan bases militares de Estados Unidos. Los misiles en rojo indican los misiles de largo alcance previstos.
Cerco militar de China. Los puntos representan bases militares de Estados Unidos. Los misiles en rojo indican los misiles de largo alcance previstos.
Hace tiempo que la OTAN dejó de ser una alianza defensiva limitada a Europa. Cada vez hay más presencia de la organización en África y en los países del Golfo. Los aliados patrullan en el mar de China Meridional y presionan a sus socios en Asia para aislar a Pekín. Lo que vemos es la creación de una «OTAN global», un cinturón militar que se extiende de Noruega a Nueva Zelanda, y de Canadá a Corea del Sur.
En este plan más amplio encajan la guerra en Siria desde 2011, la guerra en Libia en 2011 y los bombardeos sobre Yemen en los últimos años. No es casualidad que Trump haya bombardeado siete países desde el inicio de su segundo mandato: Irak, Nigeria, Somalia, Siria, Yemen, Irán y Venezuela.
Guerra económica
Además de la carta militar, Trump también hace uso de la fuerte posición económica de su país. Para ello, sigue una doble vía. Por un lado, castiga a los países «renuentes» con sanciones económicas y presión. En este momento, Estados Unidos mantiene sanciones contra un tercio de todos los países, incluido el 60 % de las naciones pobres.
Estas sanciones resultaron extremadamente mortíferas en el pasado: la prestigiosa revista médica The Lancet afirmó que las sanciones de EE. UU. y sus aliados occidentales causaron, entre 1971 y 2021, más de 550.000 muertes al año.
Además, Trump está presionando a muchos países desde el inicio de su segundo mandato para que acepten aranceles de importación más altos y restricciones a la exportación y a la tecnología. Con ello busca obligar a las naciones a cambiar de rumbo, por ejemplo, dejando de comprar petróleo a Rusia y manteniéndose vinculadas al dólar en el tráfico de pagos internacional.
Por otro lado, utiliza el dinero y el crédito para arrancar a los países de la esfera de influencia china. Ejemplos de ello son la financiación de telecomunicaciones en el Sudeste Asiático, la pesca de atún en el Pacífico Sur y préstamos a América Latina para bloquear el acceso chino a minerales críticos.
El objetivo final sigue siendo contener a China y Rusia, los dos polos de resistencia más importantes a la hegemonía de Estados Unidos. Aferrarse al orden mundial unipolar – respaldado por la guerra, la presión y las sanciones – sigue siendo el rasgo característico del imperialismo occidental.
Pero la lucha por mantener la supremacía no transcurre de forma tan fluida como se pensaba. Tras un año de gobierno Trump tuvo que comprobarlo dolorosamente con la guerra comercial contra China. Los aranceles comerciales superiores al 140 % que Trump quería imponer a China estaban destinados a poner a Pekín de rodillas.
El secretario del Tesoro, el multimillonario de fondos de cobertura Scott Bessent, afirmó que Estados Unidos llevaba la ventaja y que China «tenía las peores cartas». Pero la partida de póker le salió cara a Estados Unidos. China contraatacó y restringió la exportación de tierras raras, cruciales para la alta tecnología, las armas y el complejo militar-industrial estadounidense. De repente quedó claro quién depende de quién.
También en el plano militar Estados Unidos no es, en las circunstancias actuales, directamente superior. Las simulaciones de guerra sobre un conflicto en torno a Taiwán, desarrolladas por think tanks estadounidenses, no auguran nada bueno. El ejército estadounidense pierde muchos escenarios o solo obtiene una victoria pírrica en la que ambos bandos quedan devastados.
Washington llegó a la conclusión de que iniciar una gran guerra con China es demasiado arriesgado en estos momentos. Así se lee en la nueva Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) presentada a finales de 2025. La parte fundamental del informe sostiene que Estados Unidos debe seguir siendo «la nación más fuerte, más rica y más poderosa de la historia humana», con «las fuerzas armadas más letales y tecnológicamente más avanzadas».
En otras palabras, Washington pretende mantener a toda costa su dominio económico y militar mundial. En este marco se considera a China «el desafío geopolítico más importante de Estados Unidos»; es decir, el único adversario que se le aproxima en términos económicos, tecnológicos y militares. Pero antes que nada es necesario reducir la dependencia económica respecto a Pekín. Estados Unidos difícilmente puede confiar en las cadenas de suministro chinas para producir armas destinadas a una futura guerra contra la propia China. Por ello, el control sobre América Latina y, por extensión, sobre todo el hemisferio occidental, resulta esencial.
El eje de la nueva estrategia es el desacoplamiento económico de China. Dado que los empleos manufactureros no regresan al territorio estadounidense, Washington busca trasladar las cadenas de suministro a su «propio» hemisferio: Norteamérica y, sobre todo, América Latina.
Nearshoring y friendshoring son las palabras de moda. Las fábricas se trasladan de China y el sudeste asiático a México, Brasil, Argentina o Colombia. El objetivo no es crear empleos dignos, sino explotar mano de obra barata y materias primas bajo el control de empresas estadounidenses.
Esta estrategia reduce a América Latina a un simple proveedor de materias primas (petróleo, tierras raras) a beneficio de Estados Unidos, como preparación para un futuro conflicto con China. El propósito es eliminar de la región cualquier influencia de otras potencias (como China, Rusia o Europa) y bloquear su comercio con otros países.
En este contexto es en el que debemos situar la escalada bélica contra Venezuela de los últimos meses. Estados Unidos desplegó una enorme fuerza militar frente a las costas del país caribeño. Contraviniendo todas las normas del derecho internacional, se produjeron decenas de ataques mortales contra barcos en la región y se impuso un bloqueo total a la exportación de petróleo venezolano.
Trump no ocultó que su objetivo era el petróleo venezolano. Por esa razón, tras la incursión en Caracas y el secuestro del presidente se mostró satisfecho con que la dirección bolivariana perdiera el control operativo del poder. Además de Venezuela, otros países están en la mira: Trump pretende colonizar Groenlandia, con sus ingentes reservas de materias primas, y anexionarse el canal de Panamá. Incluso ha puesto sus ojos en Canadá.
Todo esto recibe un envoltorio ideológico: el relanzamiento de la Doctrina Monroe, de hace 200 años. Se vueove a calificar América Latina de «nuestro hemisferio».
Concretamente eso significa dos cosas. En primer lugar, Washington quiere trabajar con vasallos regionales. Pensemos en líderes de extrema derecha dispuestos a abrir sus propias economías a las empresas estadounidenses. El informe dice abiertamente que esos gobiernos, partidos y movimientos serán «recompensados y alentados».
A la inversa, se socava en la medida de lo posible a los gobiernos de izquierda, con Venezuela, Cuba y Nicaragua en primera fila.
En segundo lugar, la CIA y el resto de los servicios de inteligencia deben cartografiar «puntos estratégicos y materias primas» en la región. Petróleo en Venezuela, mineral de hierro en Brasil, litio en Argentina y Bolivia, agricultura y reservas de agua: todo ello se consideran recursos que «no deben caer en manos de potencias competidoras».
El mensaje es claro: Estados Unidos reclama las riquezas naturales del continente en su condición de su propio patio trasero económico.
Un actor fundamental en esta trama es el secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional, Marco Rubio. Originario de Miami, ha dedicado su carrera a combatir a los gobiernos de izquierda en América Latina, con una obsesión particular por Cuba, Nicaragua y Venezuela. Durante el primer mandato de Trump presionó a favor de una invasión militar en Venezuela; esta vez ha logrado imponer su criterio.
Al ocupar simultáneamente los dos cargos más altos – Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional, una combinación que solo ostentó Henry Kissinger bajo Nixon –, Rubio se convierte en la segunda figura más poderosa de Washington. Además, es un conocido «halcón» contra China. A su juicio, el Partido Comunista de China es «el adversario más peligroso que Estados Unidos ha tenido jamás» y la lucha de poder entre ambos determinará la historia del siglo XXI.
La Estrategia de Seguridad Nacional de 2025 no rompe con el pasado, sino que es una versión extrema de lo iniciado bajo Obama y Biden: el pivot to Asia, la reafirmación de la hegemonía mundial estadounidense y la guerra económica abierta contra países que buscan un rumbo propio.
Lo novedoso es la desfachatez con la que se plasma por escrito. Ya no se recurre a palabras amables sobre «difundir la democracia», sino a una agenda sin tapujos: dividir el mundo en esferas de influencia, tratar a América Latina y África como reservas de materias primas y mano de obra, reducir a Europa a un mercado de consumo, aislar a China y, si es necesario, atraer a Rusia como socio menor.
La estrategia es una visión omnicomprensiva donde todo el mundo queda subordinado a los intereses estadounidenses (MAGA).
Hipocresía y servilismo de Europa
El secuestro del presidente Maduro y su esposa, junto al intento de tomar el control del gobierno en Venezuela bajo la amenaza de una nueva invasión, es sencillamente impactante. No solo es una flagrante violación del derecho internacional; significa que, de ahora en adelante, ningún dirigente mundial estará a salvo si no baila al son de Washington.
Normalmente, una agresión tan abierta – con bombardeos sobre una capital y el secuestro de un jefe de Estado en ejercicio – debería provocar condenas inmediatas de los gobiernos occidentales, apelaciones a la Carta de la ONU y amenazas de sanciones. Sin embargo, ocurrió lo contrario.
En lugar de mantener un rumbo independiente, la Unión Europea actuó una vez más como una extensión servil de la geopolítica estadounidense. Kaja Kallas, Alta Representante de la UE, no solo se negó a condenar la intervención, sino que legitimó la agresión al repetir que Maduro «ya no tenía legitimidad». Mientras el humo se elevaba sobre Caracas, Bruselas repetía obedientemente los guiones de la Casa Blanca. Fue un espectáculo penoso: Europa sacrificó su brújula moral para no perder el favor del «Gran Hermano» estadounidense.
Tras los escandalosos dobles raseros en Ucrania y Gaza, la agresión contra Venezuela supone el golpe de gracia al llamado «orden basado en reglas». La hipocresía es total y la máscara ha caído definitivamente: no queda nada del supuesto orden jurídico internacional.
Señal de debilidad
No obstante, el ataque contra Venezuela no fue una demostración de poder, sino una expresión de debilidad. Según el economista Richard Wolff, una potencia mundial solo recurre a invasiones brutales cuando la diplomacia y la manipulación fracasan. El secuestro de presidentes demuestra que los mecanismos de control «civilizados» del imperio están agotados.
América Latina fue durante décadas el patio trasero de EE. UU., pero esa hegemonía se desmorona a gran velocidad. Países como Brasil, México y Colombia siguen sus propios planes y buscan alianzas con China y Rusia. La agresión de Trump, además, genera el efecto contrario: refuerza la unidad y la independencia regional. Ante la falta de fiabilidad de Washington y la amenaza de aranceles, los países latinoamericanos buscan alternativas. Incluso el presidente Milei de Argentina, fiel aliado de EE. UU., ha declarado que no romperá sus relaciones económicas con China.
El mundo ya no es el de hace veinte años. Mientras Washington aprieta el puño, China ofrece miles de millones en inversiones sin dictados políticos. Por primera vez en la historia, decir «no» a Estados Unidos no implica caer en un abismo económico. América Latina tiene alternativas reales; el chantaje estadounidense pierde fuerza paso a paso.
Una elección histórica para Europa
Asistimos a los últimos estertores de un sistema que ya no se sostiene por sí solo. Pero la historia enseña que las potencias dominantes rara vez aceptan su declive pacíficamente. Estados Unidos ha demostrado ser un imperio excepcionalmente violento y cabe esperar que actúe de manera brutal, como evidencia el actual bloqueo petrolero contra Cuba.
Por lo tanto, cabe esperar que no ceda su poder sin lucha y que aún pueda, y probablemente lo hará, actuar de manera muy brutal, como nos enseña el actual bloqueo petrolero contra Cuba.
¿Y Europa? El continente también vacila en esta crisis del imperialismo. Después de 1945 Europa mantuvo su agenda imperialista bajo el paraguas de EE. UU. y la OTAN, pero la correlación de fuerzas ha cambiado. El centro económico se ha desplazado a Asia y el Sur Global ya no acepta tutelajes; exige un lugar igualitario.
Europa se ha recluido en un aislamiento histórico al aferrarse a la confrontación con Rusia y apoyar incondicionalmente a Israel. La transición a un nuevo orden mundial es peligrosa, pero también liberadora. La época en que una sola potencia decidía sobre continentes enteros ha terminado.
Europa se enfrenta a una elección histórica: ¿Seguirá a remolque de EE. UU., y elegirá la lógica imperialista, la militarización extrema y el riesgo de escalada? ¿O romperá con esa lógica para construir relaciones respetuosas con el Sur?
Jeffrey Sachs propone que Europa coopere con China en comercio y clima, se asocie con la Unión Africana y dialogue con los BRICS. Europa puede ayudar a construir un orden multilateral basado en la Carta de la ONU y no en la hegemonía. El camino hacia la credibilidad europea no pasa por Washington, sino por una reevaluación de sus propios principios.
Es imperativo dejar atrás la hipocresía de las «dos varas de medir»., lo que solo es posible si los países europeos rompen con la lógica de la OTAN y trazan una política exterior propia. Eso comienza con la diplomacia directa con Moscú y la búsqueda de una paz negociada en Ucrania que excluya la expansión de la OTAN.
Asimismo, Europa debe cesar su apoyo incondicional a Israel y aplicar sanciones económicas para demostrar que el derecho internacional es universal. Finalmente, debe condenar la política imperialista de EE. UU. en América Latina. Mantener bloqueos y socavar estados soberanos es un vestigio del pasado. En este sentido, Europa debería exigir el respeto a la autodeterminación de Venezuela frente a la injerencia desestabilizadora del imperio.
Solo así Europa podrá transformarse de un apéndice de un imperio en declive en un socio respetado en un mundo multilateral. La transición ya ha comenzado; corresponde a Europa decidir si quiere estar en el lado correcto de la historia o hundirse con las viejas potencias.
Notas:
i Esto se calcula sobre la base de la paridad de poder adquisitivo (PPA). Este cálculo tiene en cuenta las diferencias de precios entre países, que ofrece una imagen fiel del volumen real de bienes y servicios, y expresa cuánto se puede comprar localmente con un dólar. Instituciones como el Banco Mundial y el FMI utilizan cada vez más este método.
iiNRC Handelsblad, 15 de enero 2001, citado en Collon M., La guerre globale a commencé, en Herrera, R. (ed.), L’empire en guerre. Berchem 2001 [En castellano, La guerra global ha comenzado, Hondarribia, Hiru].
iv Doctrina Donroe: Neologismo para la política exterior de Trump en las Américas (Monroe + Don). Considera a toda América como esfera de influencia exclusiva de EE. UU. Justifica medios coercitivos – intervenciones, bloqueos y presión económica – para frenar la migración y, sobre todo, la influencia china y rusa. A diferencia de la Doctrina Monroe original (1823), que pedía a Europa mantenerse fuera, la «Donroe» trata a la región como una retaguardia estratégica estadounidense ampliada.
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Fuente de la Información: https://rebelion.org/venezuela-y-el-choque-del-siglo-xxi/
“DESAPARICIONES” del chileno-mexicano José Baroja es un cuento breve que parte de una situación aparentemente cotidiana: Javiera es una periodista nueva en la ciudad, algo cautelosa frente a su trabajo, frente a lo que escribe. El cuento, con ese tono íntimo y moderado, va insinuando una fisura —una presencia ausente, una herida que no cierra del todo— en medio de lo cotidiano.
Ese quiebre sutil del relato es justo el eco necesario para hablar del drama de las desapariciones en México: no como cifra fría, sino como rotura del tejido social, de la memoria, del lenguaje mismo. En México, las desapariciones no son un fenómeno ajeno: más de 128,000 personas desaparecidas y no localizadas la última década, muchas de ellas en condiciones de desaparición forzada, según Amnistía Internacional.
El silencio como lenguaje y el lenguaje como búsqueda
Baroja juega con el silencio y con lo que no se dice. Todo relato sobre desaparición tiene espacios vacíos, lagunas donde el narrador —y el lector— deben rellenar lo que falta. En México, esos vacíos no son literarios: son espacios donde el Estado no para, donde el dolor de las familias queda sin palabra.
Las autoridades han tratado de hacer frente al problema mediante “cruces masivos de datos”: cruzar registros de servicios forenses, panteones, actas de nacimiento, credenciales, ingresos a instituciones de salud, etc.
Este procedimiento es vital: permite identificar indicios —coincidencias— que podrían apuntar al paradero de personas desaparecidas. Hasta ahora se han obtenido decenas de miles de indicios derivados de esos cruces.
Pero aquí está el nudo: un indicio no es una certeza, y las fiscalías muchas veces no actúan conforme a esos hallazgos. El proceso de validación puede estancarse. Esa demora o ese silencio institucional es el complemento —la sombra— de lo que el cuento de Baroja sugiere: que la ausencia no se puede justificar solamente por lo que no sabemos, sino por lo que no se quiere decir.
Cuerpos con nombre, cuerpos sin reclamo
Uno de los datos atroces que surgen de los registros oficiales es que hay más de 52,000 cuerpos sin identificar en México.
Muchas de esas personas tuvieron nombre, identidad; sin embargo, quedaron sepultadas —literal o simbólicamente— en anonimato.
Este fenómeno encarna uno de los ejes más crueles de la desaparición: no basta con “encontrar un cuerpo”, hay que devolverle un nombre, una memoria, una dignidad. El cuento de Baroja también interroga la identidad en ausencia: ¿quién es el ausente cuando nadie lo reclama? ¿En qué forma persiste?
En algunos casos, gracias al módulo de fosas comunes, se han identificado más de 800 coincidencias entre restos no identificados y personas desaparecidas.
Pero solo en unos pocos casos estos hallazgos se han traducido en restitución real a familias. Es decir, el circuito entre datos, hallazgos y justicia sigue roto.
La paradoja del registro invisibilizado
El cuento sugiere que lo que no está dicho puede ser más poderoso que lo explícito. En México, un gran problema estructural es que muchas desapariciones no se registran correctamente en los sistemas oficiales (RNPDNO, registros estatales), lo cual impide que esos casos entren en el mecanismo de cruce de datos.
De hecho, Connectas ha denunciado que el Estado mexicano excluyó de registros nacionales a más de 6,000 desaparecidos, lo que crea una invisibilidad oficial que repite el olvido.
Así, muchas familias quedan presas de un doble silencio: el de la ausencia del ser querido y el del Estado que no reconoció esa ausencia. Baroja, con su prosa ligera, me parece convocar esa doble ausencia: lo que no está, lo que no se dice, lo que no se escucha.
Migrantes, desaparición masiva, visibilidad y olvido
Una dimensión adicional es la desaparición de personas migrantes. En México, por rutas terrestres y marítimas, migrantes que cruzan el país desaparecen en tránsito, muchas veces sin que sus casos sean visibilizados en las estadísticas nacionales de desapariciones.
Por ejemplo, el caso de 40 migrantes que desaparecieron el 21 de diciembre de 2024 en Chiapas/Oaxaca ha ilustrado cómo un grupo completo se volatiliza en el limbo institucional: sus familias denuncian, exigen, pero no obtienen acciones concretas.
Ese episodio revela que las desapariciones no son solo locales, no solo un asunto interno: involucran rutas, fronteras, redes criminales y complicidades. El silencio oficial, otra vez, es parte de la tragedia.
Literatura como testimonio, memoria como resistencia
¿Por qué vincular un cuento con estadísticas desgarradoras? Porque la literatura —y particularmente los relatos de ausencia— permite habitar ese espacio emocional que los números no expresan. En talleres y en colectivas de familias buscadoras, muchas mujeres han escrito sus propias narrativas de desaparición, resignificando el dolor, haciendo de la palabra un acto de resistencia.
Baroja, en Desapariciones, no da una clave explícita de justicia, no propone una solución política, pero nos hace ver la fisura en el tejido: la desaparición no puede reconocerse meramente como hecho aislado, sino como grieta en el lenguaje, en la memoria, en el Estado.
Conclusión: lo que puede hacerse
Termino con una reflexión puntual: mientras el cuento cierra con su propia sombra, en la realidad mexicana esa sombra se alarga todos los días. Pero hay pasos posibles:
-Fortalecer el cruce efectivo de datos entre todas las dependencias públicas (registros civiles, servicios forenses, hospitales, penales); derribar los muros institucionales que impiden la interoperabilidad.
-Garantizar que todo caso que se denuncie esté registrado en el Registro Nacional de Personas Desaparecidas (RNPDNO) para ingresar a los sistemas de cruce; evitar exclusiones administrativas.
-Dar seguimiento judicial de los indicios derivados de cruces y que las fiscalías actúen conforme a esos hallazgos.
-Acompañar y reconocer el trabajo de las familias buscadoras y colectivos: su palabra, su narrar, sus memorias son también formas de justicia simbólica.
-Integrar la desaparición de personas migrantes como parte del cómputo nacional de desapariciones con políticas específicas y cooperación internacional.
Puedes leer Desapariciones de José Baroja en la revista Interpretextos (Universidad de Colima), pues fue publicado en su número 4, volumen 2, 2025.
A principios de esta semana se filtró un borrador del plan sobre cómo sería el gobierno de Gaza bajo el mandato del ex primer ministro británico Tony Blair.
Blair, que llevó a Gran Bretaña a la guerra de Iraq y que desde que dejó el cargo se ha dedicado a viajar por todo el mundo ganando dinero y acumulando influencia, está siendo considerado para dirigir una autoridad de transición en el enclave palestino.
El plan para la Autoridad Internacional de Transición de Gaza (GITA, por sus siglas en inglés) revela una jerarquía en la que una junta internacional de multimillonarios y empresarios ocupa la cima, mientras que los administradores palestinos «neutrales» y altamente seleccionados se encuentran en la base.
La administración trabajaría en estrecha colaboración con Israel, Egipto y Estados Unidos y, según fuentes israelíes citadas por Haaretz, cuenta con el respaldo de la Casa Blanca.
Según el borrador, la GITA estará dirigida por una junta internacional que tendrá «la máxima autoridad política y jurídica sobre Gaza durante el período de transición».
En el documento se mencionan cuatro nombres como posibles candidatos para esta junta. Ninguno de ellos es palestino. Uno es Sigrid Kaag, coordinadora especial de la ONU para el proceso de paz en Oriente Medio.
Los demás se describen como «figuras internacionales destacadas con experiencia ejecutiva y financiera».
Se trata de Marc Rowan, multimillonario propietario de una de las mayores empresas de capital privado de Estados Unidos; Naguib Sawiris, multimillonario egipcio del sector de las telecomunicaciones y la tecnología y Aryeh Lightstone, director ejecutivo del Abraham Accords Peace Institute.
No hay indicios de que se haya contactado con ninguna de estas figuras para ofrecerles dicho cargo.
Middle East Eye analiza más detenidamente el posible equipo de Blair para Gaza.
Aryeh Lightstone
Empresario y rabino, Lightstone ha participado activamente en la creación y el desarrollo de la Fundación Humanitaria de Gaza (GHF, por sus siglas en inglés), el mecanismo de distribución de ayuda respaldado por Estados Unidos e Israel en cuyas instalaciones en Gaza han muerto más de 2.000 personas y varios miles más han resultado heridas.
Descrita por Médicos Sin Fronteras (MSF) como un «sistema de inanición y deshumanización institucionalizadas» y como «asesinato orquestado», la GHF sustituyó a la ONU como principal distribuidora de ayuda en Gaza a principios de este año.
Lightstone, que fue asesor principal de David Friedman cuando este acérrimo defensor del movimiento colonizador israelí era embajador de Estados Unidos en Israel durante el primer mandato del presidente Donald Trump, es ahora un estrecho confidente y ayudante del enviado para Oriente Medio Steve Witkoff.
Autor de un libro sobre Oriente Medio elogiado por el yerno de Trump, Jared Kushner, que también participa en el plan Blair y ha hablado a menudo del potencial «muy valioso» de las «propiedades frente al mar» de Gaza, Lightstone es oficialmente el director ejecutivo del Abraham Accords Peace Institute, un grupo que se describe a sí mismo como «una organización estadounidense no partidista y sin ánimo de lucro dedicada a… estos históricos acuerdos de paz».
El propio Lightstone participó en las conversaciones y en la aplicación de los Acuerdos de Abraham, por los que Israel estableció oficialmente relaciones con varios Estados árabes, entre ellos los Emiratos Árabes Unidos.
Aryeh Lightstone en Jerusalén en 2020 (Captura de Youtube)
A principios de este año el Jewish News Syndicate informó de que The Heritage Foundation, un think tank estadounidense de derechas, había adquirido el Abraham Accords Peace Institute, fundado por Kushner e integrado por figuras vinculadas al Kohelet Policy Forum, una iniciativa de derechas para remodelar Israel financiada por multimillonarios estadounidenses.
Lightstone es un agudo crítico de la ONU y, según documentos obtenidos por Haaretz, ha participado en la redacción de escenarios para «el día después» en Gaza en cooperación con la Casa Blanca.
Según esos documentos, cuando se planteó el tema de una solución de dos Estados para Israel y Palestina en las discusiones con la ONU, Lightstone habría dicho que «no era el momento adecuado para dar ese paso y que la prioridad debía ser eliminar a Hamás del panorama».
En 2018, cuando Lightstone era asesor principal de Friedman, los formularios de divulgación revelaron que tenía vínculos financieros con entidades involucradas en la política de Israel o que podían tener negocios con su Gobierno.
Uno de estos grupos, la Shining City Community, financiada de forma anónima, que había donado alrededor de un millón de dólares a Im Tirtzu, una organización que afirma «trabajar duro para proteger el sionismo y el Estado de Israel», le debía a Lightstone hasta 50.000 dólares.
En 2016, incluso el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, criticó a Im Tirtzu por organizar una campaña que tildaba de «agentes extranjeros» a cientos de figuras culturales israelíes por su afiliación a supuestos grupos de izquierda.
Lightstone ocupó durante un tiempo el cargo de director ejecutivo de Shining City, afirmando que se centraba en «desarrollar la educación de los funcionarios estatales y federales sobre los peligros» de los boicots a Israel.
Naguib Sawiris
Con un patrimonio cercano a los 10.000 millones de dólares, Sawiris proviene de una familia de multimillonarios. Su padre, Onsi, magnate de la construcción, fundó Orascom, que se convertiría en el primer conglomerado multinacional de Egipto.
Ahora, con 71 años, Sawiris amasó la mayor parte de su fortuna en el sector de las telecomunicaciones —fue cofundador de Mobinil, la operadora de telefonía móvil más antigua de Egipto, ahora Orange Egypt— y en la minería. Está muy involucrado en la industria del oro a través de su sociedad de cartera con sede en Luxemburgo, La Mancha.
El multimillonario egipcio mantiene una relación duradera con Blair, que podría incluso ser anterior al mandato de este último como primer ministro.
Blair figuraba en la lista de invitados a la boda del hijo de Sawiris, Ansi, que tuvo lugar en 2020 a los pies de las pirámides de Giza. En 2013, ambos fueron fotografiados juntos cerca del lugar donde Blair se alojaba, en una villa propiedad del magnate mediático italiano de derechas y expresidente Silvio Berlusconi.
Según se informa, se han celebrado otras reuniones a bordo del lujoso yate de Sawiris en Saint Tropez, en su avión privado, en El Cairo y en Sudáfrica.
Naguib Sawiris fotografiado en 2018 con el actor de Hollywood Sylvester Stallone (AFP).
El magnate ha desarrollado una gran afinidad por la isla griega de Mykonos, donde ha comprado propiedades y ha llevado a sus músicos y actores egipcios favoritos para que actúen y se diviertan allí. En 2017, él y Blair fueron fotografiadosen Mykonos en un restaurante de lujo frecuentado por Tom Hanks y el empresario británico Philip Green.
Sawiris participó en la «reconstrucción de Afganistán» tras la invasión del país liderada por Estados Unidos y Reino Unido, y fue en esa época cuando también trabajó con Blair.
«Sawiris ya ha asesorado a Blair anteriormente. Su principal experiencia es en la creación de redes móviles, por lo que creo que se encargará más de la infraestructura o la reconstrucción», explicó a MEE Nihal El Aasar, escritora e investigadora egipcia.
«Es el hombre más rico de Egipto, pero también le gusta involucrarse en la política. Está todo el tiempo en Twitter [X], pero no es tan malo como Elon Musk en lo político», dijo, y añadió que Sawiris ha criticado la administración del presidente egipcio Abdel Fatah al-Sisi y le gusta proyectar una imagen de «equilibrio».
«Pero sigue pensando que el problema de Egipto es que el ejército está demasiado involucrado en la economía y no deja que reine el libre mercado», dijo El Aasar. «Es un purista del libre mercado».
Dada la enorme inversión y participación de los Emiratos Árabes Unidos en Egipto, Sawiris, que mantiene su dinero fuera del país, ha desarrollado estrechos vínculos con los emiratíes, que comparten la visión de Blair de Gaza como una zona de capital libre inspirada en Dubái.
En 2024, Sawiris creó una plataforma mediática llamada Moniify, una especie de CNBC orientada al dinero para los millennials. Tenía su sede en Dubái y se inauguró a principios de ese año con una fastuosa fiesta en la que el egipcio pinchó como DJ.
Pero sólo unas semanas después, la empresa se vino abajo, el personal perdió sus puestos de trabajo y se quedó sin ningún sitio adónde ir.
Sawiris, un acérrimo crítico de la Hermandad Musulmana, fundó el partido de centroderecha Egipcios Libres tras la Primavera Árabe. Es un ferviente creyente en el capitalismo occidental, pero ha criticado a Israel y a Estados Unidos, y se ha reunido con el presidente norcoreano Kim Jong Un.
«Israel no desea lo mejor para Egipto, ni tampoco Estados Unidos. Nadie desea lo mejor para Egipto excepto los propios egipcios», afirmó Sawiris en una entrevista a principios de este año.
Marc Rowan
Marc Rowan, uno de los financieros más ricos de Wall Street, tiene un patrimonio estimado en 10.200 millones de dólares, según Bloomberg.
Este judío estadounidense de 63 años es el director ejecutivo de la empresa Apollo Global Management, descrita por la CNN como «un gigante del capital privado, un sector conocido por sus normas despiadadas y su afán de lucro a toda costa».
Las empresas de capital privado, junto con los fondos de cobertura y los capitalistas de riesgo, conforman el oscuro mundo del «capital privado», un mercado con un valor superior a los 24 billones de dólares.
Apollo gestiona activos por valor de 840.000 millones de dólares, incluida una cantidad significativa en nombre de inversores de Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. «Abu Dabi y los Emiratos son, con diferencia, los mayores inversores de Apollo», afirmó Rowan durante una entrevista en Israel el año pasado.
En esa entrevista, realizada por el inversor de capital riesgo israelí Michael Eisenberg, Rowan se describió a sí mismo como un «orgulloso partidario de Israel» y de su ejército, calificó al país como «nuestro refugio» y dijo que era «un lugar único y especial, y que nosotros somos el pueblo elegido».
Dijo que «probablemente estaba en Abu Dhabi» el día del ataque liderado por Hamás contra Israel el 7 de octubre. «Ahora hay una oportunidad para cambiar la ecuación», dijo Rowan, en referencia a lo que pensó después del ataque, «y la ecuación es Irán».
En mayo de 2024, dijo en relación con el genocidio de Israel en Gaza: «Lo que veo es una guerra justa». Pero añadió que «la idea de que hemos perdido la narrativa es una locura».
Marc Rowan fotografiado en 2025 (AFP).
En 2020 Rowan y su esposa Carolyn contribuyeron con un millón de dólares a la campaña presidencial de Donald Trump. En 2024 se presentó a una entrevista para ser secretario del Tesoro de Trump, y se dice que el presidente quedó impresionado con él.
Rowan forma parte del consejo de administración de la escuela de negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania y es uno de los principales donantes de la universidad.
En la segunda mitad de 2023, lideró una campaña para que se destituyera al presidente y al rector de la universidad después de que esta organizara un festival llamado Palestine Writes, en el que participó Roger Waters, de Pink Floyd, a quien Rowan consideraba parte de un grupo de «antisemitas y agitadores del odio y el racismo muy conocidos».
Después del 7 de octubre de 2023, Rowan se enfureció por lo que percibió como el fracaso de la universidad a la hora de reconocer el dolor causado por el ataque a Israel.
Tras organizar lo que un académico denominó «una hostil toma de poder republicana de una institución en crisis», Rowan consiguió que la presidenta de la universidad, Liz Magill, dimitiera.
A medida que las protestas a favor de Palestina se extendían por los campus universitarios de Estados Unidos, Rowan las denunció: «No es ser antisemita. Es ser anti-EE. UU.».
Sigrid Kaag
Sigrid Kaag, con diferencia el nombre menos controvertido de esta lista, es una respetada tecnócrata europea que ocupó el cargo de coordinadora humanitaria y de reconstrucción de la ONU para Gaza desde finales de 2023 hasta mediados de 2025.
Antes de eso, Kaag fue funcionaria de la ONU en Beirut, Damasco y Jerusalén, así como ministra en su país natal, los Países Bajos.
Kaag, que pertenece a un partido liberal holandés, dijo en una entrevista reciente que ella, al igual que otros diplomáticos y trabajadores humanitarios, «nunca esperó que el conflicto [en Gaza] durara tanto tiempo».
Sigrid Kaag fotografiada en Gaza en 2024 (AFP).
«Gaza ha sido destruida hasta tal punto que parece un paisaje lunar», dijo Kaag.
En una referencia que probablemente no agradaría al colaborador de Blair, Kushner, Kaag dijo sobre el genocidio de Israel en Gaza: «La vida se ha vuelto insoportable hasta tal punto que de repente se oyen propuestas como ‘bueno, podemos convertir Gaza en la Riviera’ y la gente debería emigrar voluntariamente».
La política neerlandesa ha afirmado que lo que está ocurriendo en Gaza «nos perseguirá a todos» y que es «una mancha en nuestra conciencia colectiva».
Al hablar de su trabajo en la administración de la ayuda en Gaza, afirmó que Israel había «traumatizado gravemente y privado» a la población de «básicamente todo lo que constituye la dignidad humana».
«La voluntad política lo es todo. El resto son tecnicismos, se pueden arreglar», dijo sobre la distribución de la ayuda. Kaag afirmó que obligar a que la ayuda se entregara a través de la GHF en lugar de la ONU había supuesto la «militarización de la ayuda» y que las acusaciones de que Hamás había estado apropiándose de la ayuda anteriormente «no estaban probadas».
Oscar Rickett es un periodista que ha escrito y trabajado para Middle East Eye, VICE, The Guardian, openDemocracy, la BBC, Channel 4, Africa Confidential y otros medios.
Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.
indicatos, AMPAS y estudiantes responden al veto del Ejecutivo regional y exigen el cese de la retirada de símbolos y banderas en apoyo al pueblo palestino en colegios e institutos de la Comunidad de Madrid
Sindicatos, Asociaciones de Madres y Padres de Alumnos (AMPA) y estudiantes han respondido al veto que se conoció este miércoles, impulsado desde el Gobierno de Ayuso, para retirar símbolos y cancelar actividades de solidaridad con Palestina en colegios e institutos públicos y concertados de la Comunidad de Madrid. La comunidad educativa se ha movilizado para exigir a la Consejería de Educación una rectificación y el cese de las presiones para silenciar las voces de la enseñanza que claman por un alto el fuego y que defienden los derechos humanos en las aulas.
Esta respuesta de los profesores la lidera el sindicato minoritario Stem, que este miércoles recordó a la Consejería que toda limitación de la libertad de cátedra debe tener una “base legal justificada y proporcionada”; y la plataforma de profesores Menos Lectivas, que ha lanzado este jueves una campaña de llamamiento a la docencia madrileña para que acudan a clase portando símbolos palestinos como la sandía, la kufiya o los colores de la bandera.
“No nos vamos a callar ante el genocidio. ¡Viva la educación pública, viva Palestina libre!”, anima Menos Lectivas en el comunicado.
Campaña de llamamiento de Menos Lectivas para portar símbolos de apoyo al pueblo palestino (Menos Lectivas)
A su vez, más de 70 asociaciones de madres y padres de centros públicos y concertados han firmado este jueves un texto de condena al “hostigamiento de la Consejería de Educación a equipos docentes y familias por mostrar su apoyo a la población palestina”. En este comunicado, firmado por AMPAS de colegios e institutos de toda la región, exigen “que se respete la libertad de expresión de toda la comunidad educativa”.
“Educar en derechos humanos no es adoctrinamiento, es uno de los principios básicos de nuestro sistema educativo y de todo nuestro sistema democrático. Por ello, apoyaremos e incentivaremos aquellas iniciativas que, tanto dentro como fuera de los centros educativos se lleven a cabo, para alzar la voz contra este genocidio”, añaden.
Sin embargo, la posición de la Consejería permenece en la negativa de permitir estas inciativas, a pesar de que en 2022 se colocaron símbolos en los mismos centros en favor de la población ucraniana que sufre la invasión rusa. Este miércoles la presidenta madrileña justificó estas acciones represivas con el objetivo de “no politizar” los colegios, a pesar de que la educación en derechos humanos está incluida en el currículo por el que se rige la enseñanza madrileña. “Dejen de intentar adoctrinar”, zanjó Ayuso.
Este jueves han salido nuevos testimonios de visitas o llamadas de Inspección que ordenan retirar banderas o carteles. El ayuntamiento de Rivas, uno de los municipios afectados, se ha rebelado contra estas restricciones y su alcaldesa, Aída Castillejo, ha recordado al Gobierno regional que los colegios son de titularidad municipal, y que la Comunidad de Madrid solo regula la parte curricular y, por tanto, está fuera de su legitimidad decidir sobre estas actividades: “Es evidente que Ayuso y el Gobierno regional solo buscan imponer y recortar la libertad de los centros educativos para educar en valores y derechos humanos”, asegura en una nota hecha pública esta tarde, una carta enviada enviada a los centros educativos y a las AFA de la ciudad en la que destaca que los centros escolares “son espacios donde el conjunto de la comunidad educativa trabaja cada día para construir modelos de convivencia basados en la igualdad, la solidaridad y el respeto a los derechos humanos”.
Por su parte, los estudiantes tampoco permanecen impasibles. Varios adolescentes que tenían programada una reunión este jueves con la ministra de Infancia y Juventud, Sira Rego, critican las prohibiciones. Su instituto, comprometido con el genocidio en Gaza, continúa en lucha defendiendo estas muestras de apoyo. “No hay ningún tipo de opinión, solo exponemos los hechos, que son brutales y cada uno con su criterio que saque las conclusiones”, dice una de estas estudiantes.
Fuente de la Información: https://rebelion.org/la-comunidad-educativa-de-madrid-se-planta-contra-la-prohibicion-de-ayuso-del-apoyo-a-palestina-no-nos-va-a-silenciar/
En los últimos años, diversos colectivos han comenzado a debatir y reclamar la incorporación de prácticas más inclusivas en los sistemas educativos con el fin de garantizar el derecho a la educación de todos los estudiantes, especialmente aquellos que presentan discapacidades, neurodiversidades/neurodivergencias, condiciones de salud o situaciones de vulnerabilidad psico-social que requieren apoyos específicos, ajustes razonables y medidas de accesibilidad (1). Sin embargo, a pesar de los avances normativos y pedagógicos, todavía persiste una resistencia significativa por parte de algunos docentes y directivos escolares hacia la figura del Acompañante Terapéutico (AT) o Profesional de Apoyo (PA), y a la implementación de dispositivos que aseguren la inclusión y la accesibilidad.
En muchas escuelas, hablar de inclusión escolar todavía genera incomodidad. En otras las palabras “Inclusión”, “Diversidad”, “Convivencia” o “Diseño Universal” aparecen repetidas hasta el hartazgo en currículas, planes de trabajo y hasta en el nombre de la institución, pero a la hora de llevar adelante acciones reproducen prácticas de exclusión, discriminación y estigmatización. Aquí podemos utilizar el concepto de Skliar de Exclusión a través de la Inclusión, en donde la aproximación a la inclusión es sólo momentánea, cayendo en el asistencialismo e “inclusionismo” que no garantiza el derecho a una educación en igualdad de oportunidades (2).
Uno de los puntos más conflictivos es la presencia del AT o el PA en el aula. Estos profesionales no pertenecen al plantel docente, pero su rol es clave para sujetos pedagógicos que necesitan apoyo emocional, cognitivo y/o conductual. A pesar de eso, su participación muchas veces es vista con desconfianza o rechazo por parte de algunos docentes, como si supusiera una amenaza a su trabajo o pusieran en evidencia su desconocimiento en el tema. Esto también se da a nivel institucional, cuando directivos o miembros del gabinete los excluyen de actividades porque su presencia en vista como una confesión de que no cuentan con los conocimientos o las herramientas para llevar adelante una educación inclusiva, diversa y que fomente la convivencia, en lugar de verlos como una oportunidad de trabajo en equipo para mejorar a la institución y garantizar derechos de los estudiantes.
Tensiones y competitividad: cuando el AT se convierte en un “otro incómodo”
Quienes trabajamos en inclusión y acompañamiento educativo somos profesionales capacitados para asistir a estudiantes con necesidades específicas dentro del ámbito escolar, con el fin de favorecer su inclusión, autonomía, bienestar y acceso al conocimiento. Nuestro trabajo no consiste en controlar o evaluar la labor pedagógica de un docente, interferir en la diada que forma con el estudiante o invadir el trabajo que es exclusivamente su responsabilidad.
Esta resistencia, muchas veces inconsciente e incongruente, puede tener que ver con diversos factores: 1) la falta de formación específica en inclusión; 2) los prejuicios sobre la discapacidad, neurodiversidad/neurodivergencias, determinadas condiciones de salud o vulnerabilidad psico-social; 3) el desconocimiento sobre el rol específico de los profesionales de apoyo o los prejuicios a determinadas profesiones; 4) las propias inseguridades del docente respecto a su trabajo, que ve al profesional de inclusión como una amenaza en lugar de aprovechar esa oportunidad para ampliar sus conocimientos a través del trabajo inter-multi o transdisciplinar; y 5) por una bajada de línea institucional de evitar intromisiones de agentes externos que no forman parte de la planta laboral.
La escuela, por tradición, ha sido un territorio muy cerrado a la intervención de otros, incluso cuando su participación es necesaria para garantizar derechos. Lejos de comprender al acompañante como un recurso valioso que favorece el desarrollo integral del estudiante y alivia parte de la carga docente, se lo percibe como un «observador externo» o una amenaza a la autonomía del educador: “se entromete en el aula”, “me corrige constantemente”, “me reclama ver las planificaciones todo el tiempo”, “no me deja trabajar tranquilo” o “quiere decidir sobre el estudiante” son frases que suelen escucharse.
Este tipo de competitividad suele estar alimentada por una escuela muy centrada en el rol protagónico del docente, que históricamente ocupó un lugar jerárquico y unívoco en el proceso de enseñanza-aprendizaje. En ese marco, los profesionales de inclusión aparecen como figuras difusas, sin autoridad formal o que pretenden ejercerla, pero con gran influencia sobre el estudiante, lo que puede generar inseguridades o celos profesionales.
Frente a esta situación, Norma Filidoro llama a cuestionar la obediencia y devolverle a la escuela algo de lo profano que supo tener en otros tiempos (3).
Muchos docentes e instituciones también desconocen el trabajo no visible que realizan los profesionales de apoyo a la inclusión: contener una crisis emocional, acompañar en la regulación de la conducta, anticipar una situación de frustración, mediar con otros actores sociales y escolares, interpretar señales de angustia, ansiedad, estrés o malestar emocional, proponer estrategias de acceso al contenido, realizar informes, mantener reuniones con las familias y equipos profesionales, estudiar minuciosamente los trabajos escolares o los Boletines de calificación para poder planificar mejor su trabajo, y también -como somos seres humanos emocionales y sintientes- trabajar nuestro propio malestar que se puede ver agravado cuando el ambiente de trabajo no es saludable. Esto es curioso ya que los mismos docentes también tienen mucho trabajo invisible que se hace fuera de su horario laboral pautado, lo que debería hacer que pudieran comprender y empatizar mejor con los profesionales con los que comparten el aula.
Esta invisibilidad se extiende también a las familias, que muchas veces subestiman o desconfían de nuestro trabajo, considerándonos simplemente un acompañante, cuidador o incluso un vigilante sin formación específica. Acá hay que aclarar sobre la formación que tenemos quienes desempeñamos este trabajo. Además de las formaciones específicas en Acompañamiento Terapéutico y en Inclusión Educativa, también hay otras carreras que cursamos quienes trabajamos en esta área: Ciencias de la Educación, Psicología, Psicomotricidad, Psicopedagogía, Estimulación Temprana o Formación Docente, para citar solo algunas. Por lo tanto contamos con los conocimientos y las certificaciones necesarias para ejercer de manera responsable este trabajo.
Otra cuestión que lleva a esta situación es que no siempre se logra un trabajo articulado entre los equipos de salud que tratan al niño o niña, la Supervisión del profesional (en caso que exista), la familia (que son quienes conocen mejor al niño o a la niña) y la escuela, lo que refuerza el aislamiento profesional que termina afectando el trabajo de inclusión.
En este contexto, resulta fundamental generar espacios de intercambio, reconocimiento y escucha entre docentes y profesionales de apoyo a la inclusión educativa. La mirada colaborativa no surge de la noche a la mañana: se construye con tiempo, confianza y formación mutua. Cuando se logran acuerdos y respeto recíproco, el trabajo conjunto puede potenciar las trayectorias escolares de estudiantes que, de otro modo, quedarían desamparados dentro del sistema. Además se beneficia a los demás estudiantes del aula o a los que vendrán con las obras de accesibilidad y ajustes razonables que surjan del trabajo en equipo, así como a la institución que se volverá cada vez más inclusiva para recibir a la diversidad.
Los Ajustes Razonables no son un favor: SON UN DERECHO HUMANO
Otro punto de fricción es la necesidad de implementar ajustes razonables, que son adaptaciones pedagógicas y metodológicas que permiten que todos los estudiantes puedan acceder a los contenidos y evaluaciones en igualdad de condiciones. No se trata de privilegios ni de bajar los estándares académicos, sino de garantizar el derecho a aprender desde la diversidad. No obstante, en muchas aulas se observa una resistencia a implementar estos ajustes.
Algunos docentes argumentan que “no es justo” hacer diferencias entre estudiantes o que «si se les facilita a unos, se perjudica a los otros«. Esto no es cierto, ya que los ajustes que realicemos para un estudiante también pueden ser de utilidad para otros, mostrando que existen formas diversas de acceder al conocimiento y al aprendizaje. Otros se sienten sobrepasados por la demanda que implica atender la diversidad sin contar con suficientes recursos, formación o acompañamiento institucional. Al decir de Skliar, la Diversidad se confunde con la Alteridad, viendo al otro como un “desconocido” (4). Esto se puede solucionar aceptando al profesional de apoyo como alguien especializado en estos temas que puede trabajar junto con el docente y la institución en el reconocimiento de esta diversidad.
Como señala un informe de 2017 de la UNESCO: «la educación inclusiva no es una estrategia para ayudar a unos pocos estudiantes a integrarse en el sistema educativo existente, sino un proceso que implica transformar el sistema para que responda a la diversidad de todos los estudiantes» (5).
Lo mismo sostienen Corredor y Romero Cruz cuando nos recuerdan que un ambiente educativo debería ser un medio físico y teórico estructurado y diseñado específicamente para adaptarse a las necesidades y características diversas de los estudiantes (6).
¿Qué se puede hacer ante esta resistencia?
Como sostenemos, la resistencia puede deberse a inseguridad, desconocimiento, prejuicios, sobrecarga laboral o presión institucional. Por eso, las estrategias para superarla deben ser colectivas y cuidadosas, realizadas desde un Modelo Social y de un Paradigma de la Inclusión, la Diversidad y la Convivencia. Algunas claves que podemos sugerir son:
Formación docente en inclusión continua y sensibilización. No se puede incluir lo que no se comprende. Es fundamental que los docentes reciban capacitación en educación inclusiva, neurodiversidad y derechos de las personas con discapacidad. La comprensión del marco legal y ético puede ayudar a cambiar representaciones erróneas. En ese sentido, quienes trabajamos en el área tenemos que impulsar Proyectos Legislativos que apunten a la formación permanente, continua y de base científica en discapacidad, neurodiversidad o condiciones de salud para todo el personal que trabaja en instituciones educativas (no solo los docentes), a fin de que puedan contar con las herramientas necesarias para trabajar la inclusión.
Trabajo Inter o Multidisciplinario real. No alcanza con aceptar a los profesionales de apoyo en el aula como un “visitante o asesor externo” sino como un actor necesario para construir una trayectoria educativa inclusiva. Es necesario construir canales de diálogo y articulación con equipos externos, docentes, equipos de orientación, familias y acompañantes para favorecer una mirada integral, compartida y que intercambien conocimientos.
Acompañar el trabajo de los docentes y profesionales de la inclusión. Incluir no es hacer más, sino hacerlo distinto, en equipo y con la intencionalidad de derribar las barreras físicas, mentales y actitudinales que excluyen y marginan. Muchas veces, la resistencia no surge por falta de voluntad, sino por agotamiento, miedo o inseguridad profesional. Brindar espacios de escucha, contención y formación puede marcar la diferencia. Pero para eso, los docentes y acompañantes necesitan tiempo, apoyo, reconocimiento y saber que no están solos.
Cambio cultural e institucional. Las instituciones educativas deben revisar sus propias lógicas de normalidad, promoviendo una cultura que valore la inclusión, la diversidad y la convivencia como una oportunidad de aprendizaje para toda la comunidad. Esto implica revisar prácticas, discursos y normas que perpetúan modelos excluyentes y avanzar hacia una cultura que abrace la diversidad y la convivencia. La inclusión con la que se pensó la escuela -como sostiene Aizencang- hoy es injusta, por lo que es necesario realizar el “giro contextualista” que proponen Terigi y Baquero (7). Esto no se puede llevar a cabo si no se escucha la voz de los profesionales formados en el tema.
Defender los derechos laborales de los trabajadores de la educación y de la salud. No puede haber verdadera inclusión si quienes se desempeñan en el área tienen que trabajar en jornadas extenuantes, debiendo hacer turnos dobles o triples para poder pagar el alquiler, los impuestos, el transporte y la canasta alimentaria. Sin salarios u honorarios dignos que se actualicen de acuerdo a la inflación, sin horarios de trabajo flexibles, sin reconocimiento de las horas extras o de los días de estudio (ya que señalamos la importancia de la formación continua) y sin vacaciones pagas no se pueden llevar adelante las reformas necesarias para asegurar la inclusión. Los derechos de los estudiantes a una educación inclusiva, diversa y en igualdad de oportunidades requiere previamente del reconocimiento de los derechos de los trabajadores del sector.
Luchar por una sociedad más inclusiva. No alcanza con que el estudiante cuente con ajustes razonables, obras de accesibilidad o diseño universal de aprendizaje dentro de la institución si puertas afuera la sociedad le sigue poniendo barreras. Si no hay rampas de acceso para personas que se movilizan en silla de rueda, bastones o tienen dificultades en la movilidad, señalizaciones en braille o semáforos sonoros para personas con discapacidad visual, traductores en Lengua de Señas, subtitulados o aros magnéticos para personas con discapacidades auditivas, carteles con lenguaje de pictogramas para personas neurodivergentes o con desafíos del lenguaje, o acceso a tratamientos, medicamentos e insumos necesarios, la exclusión seguirá existiendo, y los profesionales de la educación y de apoyo a la inclusión tendrán que contener dentro del aula las consecuencias que generan estas prácticas en la salud mental y emocional del estudiante y de sus familias. Como nos recuerda un informe de la Vicepresidencia y el Ministerio de Educación de la República del Ecuador, la inclusión educativa requiere de una cultura y de políticas inclusivas (8).
El camino a seguir…
Los ajustes razonables y la accesibilidad universal no son un acto de generosidad o de caridad que las escuelas pueden realizar de manera opcional, sino una obligación para asegurar derechos de acuerdo a legislaciones internacionales que en Argentina tienen rango constitucional, tales como la Convención Internacional de los Derechos del Niño (1989) o la Convención Internacional para la Protección de los Derechos de las Personas con Discapacidad (2006). En este sentido los profesionales de apoyo a la inclusión cumplimos un rol fundamental que debe ser reconocido y acompañado en lugar de ser visto como una competencia profesional con el docente o como una intromisión al “proyecto institucional” de la escuela.
La inclusión es una obligación ética, pedagógica y legal, así como una oportunidad de repensar la escuela como un espacio de construcción, donde el saber docente no se pierde al ser compartido, sino que se enriquece con otras miradas y saberes. Docentes, familias, equipo de salud y profesionales de apoyo a la inclusión tenemos diferentes conocimientos que deben ser escuchados, difundidos y transformados mediante el intercambio respetuoso y abierto.
Como recuerda el pedagogo Philippe Meirieu: “educar es luchar contra la exclusión, es negarse a aceptar que algunos están condenados al fracaso desde el inicio” (9). Fracaso -que en realidad es expulsión- por el que luego se culpabiliza a las infancias, cuando en realidad los adultos que debían asegurar sus derechos no fueron capaces de coordinar un trabajo en conjunto.
Derribar estas barreras mentales y actitudinales es un acto de ética profesional y un compromiso político en defensa de la inclusión, la diversidad y la convivencia en una sociedad democrática que asegure la igualdad de oportunidades.
Bibliografía:
Sobre este tema se pueden consultar los siguientes trabajos: Valencia, Luciano Andrés; “¿Qué son la Accesibilidad, el Diseño Universal y los Ajustes Razonables?”, en: Retazos de la diverso. Escritos sobre salud mental y discapacidad, Villa Constitución, Editorial Laia, 2025; y Gotusso, Noelia V. y Valencia, Luciano Andrés; “Educación Inclusiva: de las Adecuaciones Curriculares a los Ajustes Razonables y el Diseño Unviesal”, en: El Despertador de Lavalle, https://despertadorlavalle.com.ar/2024/08/educacion-inclusiva-de-las-adecuaciones-curriculares-a-los-ajustes-razonables-y-el-diseno-universal/, 14 de agosto de 2024.
Skliar, Carlos; ¿Y si el otro no estuviera ahí? Notas para una pedagogía (improbable) de la diferencia, Buenos Aires, Miño y Dávila, 2002, pp. 65-66.
Filidoro, Norma; “Notas para un diálogo posible acerca de la educación inclusiva”, en: Rusler, Verónica y otras (comps); Miradas hacia la educación inclusiva: II Jornadas de Educación y Psicopedagogía, Buenos Aires, Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras (EFFIL), Universidad de Buenos Aires, 2024.
Skliar, Carlos; “Acerca de la alteridad, la normalidad, la anormalidad, la diferencia, la diversidad, la discapacidad y la pronunciación de lo educativo. Gestos mínimos para una pedagogía de las diferencias”, en: Almeida, María Eugenia y Angelino, María Alfonsina (comps); Debates y perspectivas en torno a la discapacidad en América Latina, Paraná, Facultad de Trabajo Social, Universidad Nacional de Entre Ríos, 2012.
UNESCO; Guía para asegurar la inclusión y la equidad en la educación, 2017.
Corredor, Olga Lucía León y Romero Cruz, Jaime Humberto; Ambientes de aprendizaje accesibles que fomentan la afectividad en contextos universitarios, Bogotá, Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Serie Temas N° 3, 2020.
Aizencang, Noemí; “Sobre las prácticas psicopedagógicas en el Nivel Inicial: ¿prácticas inclusivas?”, Rusler, Verónica y otras (comps); Miradas hacia la educación inclusiva…, op. cit.
Vicepresidencia y Ministerio de Educación de la República del Ecuador; Módulo I: Educación Inclusiva y Especial, Quito, 2011.
Meirieu, Philippe; La opción de educar, Barcelona, Octaedro, 2008.
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Fuente de la Información: https://rebelion.org/resistencias-invisibles-desafios-para-una-escuela-mas-inclusiva/
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