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La dureza de ser mujer en Mauritania

Reseña/África/Mauritania/09 Abril 2020/elpais.com

Este es el relato de una voluntaria en salud mental en el país africano donde el 66% de las niñas y mujeres han sufrido alguna forma de violencia y mutilación genital

Hace cuatro meses que llegué a Mauritania por primera vez, a través del programa EU Aid Volunteers (EUAV) de la Unión Europea, para trabajar con la ONG Médicos del Mundo.

Las mujeres caminan despacio por las polvorientas calles de Nouakchott, la capital del país. Envueltas en los colores de sus melfhas se esconden de las miradas indiscretas, custodiando mil y una historias donde ser fuerte no ha sido una opción, sino la norma. La mirada fiera, la cabeza erguida, la determinación y la valentía en sus labios agrietados. La vida duele, pero nunca se deja de caminar hacia delante.

No es fácil ser mujer en la República Islámica de Mauritania. La pobreza y las desigualdades étnicas no hacen sino agravar la inequidad estructural que sitúa a las mujeres y niñas en una situación de extrema vulnerabilidad. En un contexto social en el que los roles de género están tan marcados, ellas son con frecuencia infantilizadas y despojadas de toda capacidad de decisión. En muchas comunidades, su papel es el hogar: la reproducción y la satisfacción de las necesidades de la familia. A menudo es repudiada si no logra dar descendencia, pues es a través de la fecundidad y del servilismo que cumple con la misión que tradicionalmente se le asigna. La virginidad antes del matrimonio es uno de los tesoros más preciados, lo que conduce a la estigmatización de las mujeres que no la conservan antes de casarse, conduciendo incluso a su culpabilización en caso de sufrir violencia sexual.

Cada etnia posee sus propias particularidades y esta explosión cultural dificulta hacer generalizaciones sobre la situación global de las mujeres en este país. No obstante, las estadísticas arrojan datos estremecedores, como que el 66% de las niñas y mujeres han sufrido alguna forma de mutilación genital femenina, llegando este porcentaje hasta el 90% en algunas regiones. El matrimonio infantil afecta a un 35,2 % de ellas, alcanzando más de un 50% en algunos lugares. La violencia sexual y la violencia conyugal son aún más difíciles de calcular, porque muy pocas personas deciden comunicarlo a las autoridades. A pesar de que la ley concibe como delitos estas formas de violencia, esto no impide que muchas veces estén invisibilizadas debido a los tabúes existentes en torno a la sexualidad.

La violencia de género, sumada al enfoque comunitario en la resolución de problemas, frecuentemente induce a las familias a faire des arrangements (hacer arreglos) tras revelarse una agresión sexual. Es decir, los padres pactan con los violadores la recepción de una cantidad de dinero a cambio de no denunciar el delito a la policía. En otros casos, se fuerza a la mujer a contraer matrimonio con su agresor. Los padres, con estas decisiones, buscan la protección de sus hijas y del resto de la familia. No obstante, contribuyen a que la violación quede en la sombra, no habiendo un reconocimiento de la injusticia sobrevenida a las mujeres. La violencia se legitima y, por tanto, no deja de reproducirse.

Por estos motivos, Médicos del Mundo (MdM) trabaja desde hace tiempo en el fortalecimiento de un circuito de atención integral (asistencia médica, psicológica y jurídica) para víctimas. Además de la apertura en junio de 2017 de la Unidad de Atención y Cuidado de Víctimas de Violencia de Género en el hospital Materno Infantil de Nouakchott, en 2018 una segunda unidad de atención a víctimas de violencia de genero abrió sus puertas en la región de Guidimakha, al sur del país. A lo largo del 2020, otras dos unidades abrirán en la región del norte de Dakhlet-Nuadibú y al este en Bassikonou, a 20 kilómetros del campo de refugiados de Mbera.

El trabajo no finaliza con la atención médica en los hospitales, sino que se trabaja conjuntamente con las organizaciones de la sociedad civil para garantizar una intervención holística para las supervivientes de VG. Además, MdM contribuye con la sensibilización comunitaria para concienciar sobre la violencia basada en el género y las nefastas consecuencias que algunas creencias socioculturales profundamente arraigadas pueden tener sobre la salud de las mujeres.

Mi trabajo estos meses ha consistido en el refuerzo de capacidades del personal sociosanitario que trabaja en atención directa con víctimas de violencia de género. Concretamente, he impartido formaciones sobre apoyo psicosocial y primeros auxilios psicológicos a médicos y matronas, y he realizado acompañamientos con las asistentas sociales. Estas tareas me han permitido adentrarme en las estructuras de atención a las víctimas para analizar la calidad de la asistencia psicosocial y poder proponer mejoras. Los profesionales mauritanos han sido siempre muy acogedores conmigo y, libres de prejuicio, me han permitido el acceso durante sus intervenciones individuales y grupales para poder acompañarlos durante los procesos terapéuticos que facilitan.

Es enero y el invierno mauritano nos regala 35 grados de tórrido sol. Estoy en el hospital Materno Infantil de Nouakchott y camino hacia la sala de atención social, integrada en el servicio de maternidad del centro hospitalario. Observo en silencio el trabajo de la matrona y la asistenta social mientras reciben a una adolescente superviviente de violencia sexual. Tras una entrevista inicial para comprender mejor la situación y el contexto social de la víctima, la asistente psicosocial aprovecha la espera de los análisis médicos para acompañar y dar apoyo emocional a la adolescente y su madre. Estas sesiones de apoyo son fundamentales para proteger la salud mental, al posibilitar un espacio de confianza y desahogo, sin juzgar, y promotor del bienestar de toda la familia.

Dos jóvenes mauritanos en una motocicleta.
Dos jóvenes mauritanos en una motocicleta. BECHIR MALUM

En ocasiones, la asistenta debe mediar entre los padres y la víctima, hacerles comprender que una violación nunca es culpa de quien la recibe y que todos deben estar unidos para ayudar a la hija a superar el trauma vivido. Tras la atención psicosocial y las pruebas médicas, la víctima es derivada a una organización de la sociedad civil, donde continuará recibiendo asistencia psicológica y jurídica.

Es una suerte poder sumergirse en una especialidad tan poco desarrollada en Mauritania: la salud mental y el apoyo psicosocial a las personas que han sufrido episodios traumáticos de naturaleza sexual. A lo largo de estos meses, seguiremos trabajando una estrategia transversal en los proyectos que Médicos del Mundo desarrolla en el país. Una tarea nada sencilla donde apenas hay profesionales de la psicología y donde los afectados son generalmente rechazados por la comunidad o conducidos a curanderos tradicionales para que les ayuden a sanar a través de prácticas mágico-religiosas.

No es fácil ser mujer en la República Islámica de Mauritania. Pero las mujeres y niñas mauritanas nos son meros agentes pasivos receptores de violencia, se trata de que a través de la protección y la prevención, progresen hacia su autonomía, facilitar que sean ellas las protagonistas de sus procesos. Así, es posible desarrollar pequeñas acciones que puedan contribuir a lograr grandes cambios en un futuro, tender una mano para fortalecer su resiliencia.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/03/31/planeta_futuro/1585666689_491553.html

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Mauricio: sindicato de docentes obtiene de las autoridades el reconocimiento de la revalorización salarial

Africa/Mauriania/PrensaIE

El sindicato de docentes Government Teacher’s Union ha conseguido que el Gobierno desbloquee una suma global, bien merecida y esperada, de 18 millones de rupias de Mauricio (442.000 euros) para 425 docentes de primaria que siguieron una formación destinada a mejorar sus cualificaciones profesionales.

El sindicato de docentes Government Teacher’s Union ha conseguido que el Gobierno desbloquee una suma global, bien merecida y esperada, de 18 millones de rupias de Mauricio (442.000 euros) para 425 docentes de primaria que siguieron una formación destinada a mejorar sus cualificaciones profesionales.

Siguiendo una recomendación oficial según la cual no se puede acceder a la profesión y enseñar sin una formación inicial apropiada y una actualización constante de sus cualificaciones, desde 1988 en Mauricio los docentes han venido siguiendo una formación profesional continua a cargo del Estado y que desemboca en la obtención del denominado “Teacher’s Diploma”. Desde entonces, unos 20.000 docentes han seguido esos cursos y obtenido la correspondiente certificación.

Hasta 2016 se les concedía un incremento salarial (Diploma increment), como recompensa por esa revalorización profesional (additional qualifications). Pero en 2016, el Pay Research Bureau –organismo gubernamental que se ocupa de las condiciones de trabajo de los funcionarios y revisa sus salarios cada cinco años– decidió que a partir de entonces ya no se concedería un incremento salarial a los docentes que siguieran esa formación adicional.

“Rápidamente contestamos esa decisión”, explica Vinod Seegum, presidente del sindicato Government Teacher’s Union y miembro del Buró del Comité Sindical Francófono de la Educación y la Formación, que agrupa a las afiliadas francófonas de la Internacional de la Educación. “Hemos reiterado que esos 425 docentes de primaria siguieron los cursos para la obtención del Teachers’ Diploma con unas ‘expectativas legítimas’ de obtener ese aumento, de lo contrario no se habrían tomado la molestia”.

No obstante, el órgano competente (Central Implementation and Monitoring Committee) al que remitió el caso el Government Teacher’s Union, estimó que puesto que los docentes habían firmado un formulario donde renunciaban a dicho aumento, no podían ahora reclamarlo.

Durante cuatro años, Seegum insistió, planteando la cuestión durante distintas negociaciones con las autoridades de Mauricio, incluyendo una reunión mantenida con el primer ministro, Pravind Jugnauth, en el curso de las consultas de planificación presupuestaria en 2018. “Contamos con el apoyo de la ministra de Educación, Lela Devi Dookun, que ha comprendido el problema de base”, subraya.

Finalmente se ha encontrado una solución para 425 docentes de primaria que pertenecen a los grupos que siguieron una formación de 2002 a 2004 y de 2003 a 2005, y que perdieron el aumento salarial al que deberían haber tenido derecho durante dos años. En efecto, a finales de abril de 2020, recibirán un monto fijo (lump sum) que representa la suma total de 18 millones de rupias de Mauricio (442.000 euros), lo que representa 24 meses de incremento salarial.

“Nuestro sindicato es respetado, especialmente debido a su pertenencia a la Internacional de la Educación, y tenemos cierto impacto. En un primer momento, se trataba de acordar una suma para cubrir únicamente 12 meses, pero insistimos para obtener más”, añade Seegum, aunque deplora que “Sigue habiendo una anomalía. Esta injusticia salarial podría perdurar hasta el final de la carrera profesional de las personas implicadas”.

El Government Teacher’s Union estima que el Pay Research Bureau es el principal responsable, al haber abolido los aumentos salariales acordados inicialmente por la obtención de cualificaciones adicionales, sin tener debidamente en cuenta las repercusiones que ello tendría. “Le corresponde al Pay Research Bureau corregir su error monumental”, según Seegum. “Por nuestra parte, intentaremos lograr que se corrija, para que cese la disparidad en relación con los demás docentes, con ocasión del próximo informe del organismo, en octubre de 2020, cuando presentaremos además otras reivindicaciones”, concluye.

Fuente: https://www.ei-ie.org/spa/detail/16641/mauricio-sindicato-de-docentes-obtiene-de-las-autoridades-el-reconocimiento-de-la-revalorizaci%C3%B3n-salarial
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África, esclava de la intolerancia

Por: Geraldo Elorriaga

La corrupción política, la ignorancia social y el fanatismo religioso impiden al continente avanzar en el respeto a los derechos humanos. Los tímidos progresos de Sudáfrica aportan un rayo de esperanza

Lo llaman derechos humanos, pero suele ser una cuestión de mera supervivencia. Las calles africanas se llenan de individuos que protestan, fundamentalmente, por medidas que amenazan la subsistencia de la población. Las marchas semanales que amenazan al Gobierno sudanés estuvieron motivadas, en su inicio, por la subida de la barra de pan de una a tres libras, unos seis céntimos de euro, mientras que las revueltas sociales en Zimbabue remiten a una subida del carburante y el aceite doméstico. No olvidemos que la requisa de las mercancías de un vendedor ambulante desencadenó la caída del régimen tunecino y el fenómeno de la Primavera Árabe.

La precariedad condiciona tanto la conducta de las masas como de sus dirigentes. La última reforma del Código Penal en Angola, recientemente aprobada, acaba de despenalizar la homosexualidad y ampliar los supuestos necesarios para acceder al aborto legal, incluyendo la violación. El cambio político de la antigua colonia portuguesa evidencia algo más que un talante progresista. El rumbo del nuevo presidente Joao Lourenço parece íntimamente ligado a su necesidad de acceder a las líneas de crédito de los países occidentales.

La lucha por las libertades civiles goza de mayor recorrido allí donde las condiciones económicas y educativas han impulsado el tejido social. Las clases medias han impulsado las demandas políticas y, a menudo, han liderado y reconducido protestas populares que, como en el caso de Sudán, han surgido como respuesta inmediata a medidas impopulares.

Tras la democracia formal de muchas repúblicas impera el autoritarismo de una élite corrupta

La realidad política africana es convulsa porque, a menudo, la fachada institucional tan sólo maquilla un escenario complejo. La democracia formal de muchos de sus Estados no se corresponde con realidades autoritarias donde una elite acapara el poder y se resiste a compartirlo. En este sistema, las reformas legislativas se convierten en papel mojado ante la escasa capacidad para hacerlas efectivas. La corrupción, la falta de una Administración que llegue hasta el ciudadano, las trabas de la burocracia y la ignorancia lastran su plasmación efectiva y el progreso.

Excluidos de la educación

El aborto, la despenalización de las relaciones homosexuales o la equidad de género, además, se enfrentan a la animadversión de la opinión pública, que los considera valores occidentales ajenos a su cultura e, incluso, los rechaza abiertamente. El conservadurismo social se ha convertido en una herramienta de enganche para cultos de procedencia cristiana y musulmana, que suelen condenar a quienes se enfrentan a la corriente mayoritaria. Las minorías religiosas, tribales o sexuales suelen ser las víctimas de esta falta de tolerancia, tan útil para las clases dirigentes.

La educación resulta la clave para la transformación social. Unos noventa millones de jóvenes -la mitad de los menores africanos- no asisten a una escuela, según datos del Banco Mundial, y otros 40 millones la abandonarán en próxima década. La falta de formación mediatizará no sólo su futuro personal, sino también el de los Estados que habitan. Su escasa capacidad crítica no facilitará el cambio de mentalidad y la demanda de un sistema mejor de derechos y libertades.

La mutilación genital femenina es ilegal en Egipto, pero afecta al 90% de las mujeres

El análisis de la situación en seis países nos muestra las lacras y carencias habituales en todo el continente. Algunas son específicas, relacionadas con su turbulento pasado, pero otras son compartidas y hablan del mantenimiento de la violencia como instrumento de dominación, la intolerancia y el sometimiento de la mujer.

Costa de Marfil: Cicatrices abiertas

El crecimiento económico favorece la cicatrización de las heridas de la guerra y aplaca la sed de justicia que aún experimenta Costa de Marfil. Porque el país del golfo de Guinea, uno de los más prósperos de la región, ejemplifica la incapacidad de muchos Estados africanos para dar respuesta a las violaciones de los derechos humanos que causa un conflicto interno. No se han dirimido responsabilidades por la guerra civil de 2011, que provocó masacres y desplazamiento de civiles. Las consecuencias, además, se proyectan en la actualidad, con la proliferación de bandas armadas que extorsionan a la población.

El país también es un modelo de desarrollo legislativo ineficaz, con medias contra la violencia sexual que no resultan prácticas por la pervivencia del estigma social y el difícil acceso a los tribunales. La modernidad de esta potencia emergente también contrasta con la pervivencia de tradiciones como la mutilación genital femenina, que afecta al 88% de las mujeres de la zona septentrional, la poligamia, soportada por el 28% de las esposas, y el matrimonio levirato, que implica el casamiento forzado de la viuda con el hermano del difunto.

Mauritania: La tiranía de la ‘zina’

Los caminos de la justicia mauritana son inescrutables y una mujer de aquel país que denuncie una violación corre el riesgo de acabar en prisión. Esta república islámica prohíbe las relaciones sexuales fuera del matrimonio y una interpretación restrictiva de este delito, conocido como ‘zina’, puede convertir a la víctima en culpable. Existe un proyecto de ley contra la violencia y el acoso, pero aún se halla pendiente de aprobación parlamentaria.

A este país, donde convergen poblaciones de origen árabe y otras subsaharianas, se le achaca un importante déficit en el capítulo de los derechos humanos. A la discriminación social, económica y política de las comunidades de origen meridional y piel oscura se suma la pervivencia de formas de esclavitud, derogadas por la ley, pero que permanecen vigentes y afectan a decenas de miles de personas. Además, las prácticas homosexuales, la blasfemia, el sacrilegio y la apostasía son merecedoras de la pena capital. El bloguero Mohammed Mkhaitir permanece en prisión desde hace cinco años tras criticar el uso que, a su juicio, realiza el Gobierno islámico para discriminar a las minorías.

Egipto: La primavera marchita

La Primavera Árabe supuso un soplo de libertad en un país hasta entonces férreamente controlado por el Ejército, un poderoso aparato político, social y económico. Pero la apertura no cristalizó. El triunfo de los islamistas provocó la reacción militar y el golpe del general Al Sisi se tradujo en un regreso a las viejas fórmulas. Amnistía Internacional denuncia prácticas frecuentas como la detención arbitraria, la tortura, las desapariciones y ejecuciones extrajudiciales.

La población sufre la presión de los cuerpos de seguridad y la no menos violenta del Estado Islámico, responsable de matanzas de policías y civiles. Junto a los problemas políticos, existen otros de tipo social ampliamente arraigados. Los problemas de seguridad se ceban con las mujeres; no en vano El Cairo es considerada la capital mundial del acoso sexual. La Administración ha llegado a culpabilizar a las víctimas, acusándolas de provocar su propia desdicha. La mutilación genital femenina es ilegal, pero su índice del 90% de afectadas tan solo resulta superado por Guinea y Somalia. La falta de libertad religiosa se ceba con la minoría cristiana copta, objetivo de terroristas y de la discriminación de una Constitución que confiere al islam la condición de religión de Estado.

Kenia: La excusa yihadista

La potencia de África Oriental, dotada con una variedad de culturas e importante desarrollo asociativo, no escapa a las carencias habituales. La presión del yihadismo radical coarta la libertad de prensa, sometida a la censura por motivos de seguridad, y acentúa la autonomía de los cuerpos policiales, sospechosos de perpetrar todo tipo de abusos con absoluta impunidad. Oscar Kamau y John Paul Oulu, dos activistas de los derechos humanos empeñados en dar a conocer esta guerra sucia, fueron asesinados en 2009, y tales crímenes aún no han sido resueltos. El derecho a la vida aparece condicionado por la frágil situación de las comunidades del norte, afectadas por la sequía y el hambre. Uno de cada tres kenianos sufre desnutrición. Este escenario resulta ideal para que Uhuru Kenyatta, su presidente, arguya que la abolición de la ley que penaliza el sexo gay no constituye una cuestión de derechos humanos. Al parecer, la emergencia humanitaria también impide que él mismo y su partido sean juzgados por las atrocidades cometidas tras las elecciones de 2007.

Uganda: La homofobia más feroz

La celebración de elecciones periódicas y la concurrencia de partidos suele dar lugar a una democracia formal, que no necesariamente implica ser real. Uganda mantiene ese carácter y, al mismo tiempo, mantiene limitaciones a la libertad de prensa, y las fuerzas de seguridad son criticadas por acosar a la oposición. La república ribereña de los Grandes Lagos también sufre problemas comunes a buena parte del continente, como el trabajo infantil, lacra que afecta al 36% de los niños entre 5 y 14 años.

El espíritu conservador de la sociedad, a menudo rentabilizado por las sectas carismáticas, se manifiesta en iniciativas políticas como una ley contra la homosexualidad, aprobada en 2014, que criminalizaba tanto estas relaciones sexuales como a las ONG que apoyaran al colectivo. Estados Unidos y varios países europeos amenazaron con retirar sus ayudas y el Tribunal Constitucional invalidó la norma. Pero la homofobia se ha exacerbado en el país y los medios locales han llegado a publicar cientos de fotos de presuntos gais.

Sudáfrica: Salir del ‘apartheid’

El país más rico del continente es también el más avanzado en materia de protección del individuo, con una regulación excepcional dentro del continente. La Constitución, aprobada en 1994, incluye una Comisión de Derechos Humanos, obligada a abordar todas las denuncias en este ámbito y establecer reparaciones, pero también a investigar de forma proactiva cualquier tipo de atentado contra la libertad y llevar a cabo una acción educativa.

El fin del régimen del ‘apartheid’, que discriminaba en función del color de la piel, dio lugar a un nuevo marco normativo con talante progresista. Sudáfrica es el único país del continente que ha legalizado el matrimonio gay. Pero el país del arco iris tampoco escapa a males comunes, como son la inseguridad ciudadana, la brutalidad policial y el clientelismo o la capacidad de la burocracia para distribuir subvenciones en función de afinidades políticas. Además, la violencia sexual adquiere dimensiones alarmantes. Uno de cada cuatro varones adultos reconoce haber cometido abusos contra mujeres, incluida la habitual ‘violación correctiva’ de lesbianas.

Fuente: https://www.laverdad.es/sociedad/africa-esclava-intolerancia-20190411120142-ntvo.html

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Malian refugees in Mauritania: education in an emergency context

 

Mauritania is the second host country for refugees fleeing Mali. Almost 55,000 people of the 135,000 who have fled Mali are now in Mauritania. Nearly 60% of those are children. As the conflict in Northern and Central Mali worsens, Aid Zone travelled to the Mbera refugee camp in Mauritania to see what is being done to educate the refugee minors there and protect them from forced marriage and child labour.

Seen from above, Mbera is a sea of tents and sand. 55,000 refugees have travelled the 60 kilometres from the border to get there. It is the only such camp for Malians in Mauritania.

Overcoming trauma

The flow of new arrivals into Mbera is constant. Two thirds of those in the camp children, meaning, after food and healthcare, education is vital.

«I’m happy because education means a lot to me. It lets me see the world differently,» explains Sadio, a Malian refugee.

Being able to attend class is crucial for students like Sadio. Otherwise girls in the camp face the prospect of being forced into marriage, while boys risk being sent off to work. On top of such dangers, many of these children have experienced considerable trauma before arriving in Mauritania.

«I was forced to marry when I was 15 years old. The marriage failed due to the fact that I had a very difficult pregnancy. After I survived that, my parents suggested I should leave for Mauritania,» Sadio says.

Now 17-years-old, Sadio is the mother of a two-year-old girl. She is at school thanks to the efforts of Rougui, a social worker with a local NGO financed by UNICEF. The project is funded by EU Humanitarian Aid.

Rougui Deme, a Social Work Assistant at the camp, said: «I asked: ‘Did you go to school?’ She told me: ‘Yes I went before’. I asked: ‘Are you married?’ She said: ‘I’m divorced’. I asked: ‘Do you want to go back to school?’ She said : ‘Yes’. I thought that a child who has a child is also a vulnerable child herself.»

5000 students in the camp are in school

Out of a total of 31,000 children in the camp, around 20,000 are of school age. There are eight primary schools for them. Such a large number of children is obviously a challenge for UNICEF and the UNHCR due to a lack of classrooms and teachers. In spite of that, over 5,000 students are receiving education.

«My parents didn’t go to school, so I will be the one who studies in order to achieve something,” one girl says.

Cheikou Wane, a Child Protection Officer working for Unicef at Mbera says: «Some children arrived in 2012. They were traumatised by what they had seen in Northern Mali. We help to re-integrate the children into school or, if they are older than school age, we place them in literacy or training centres.»

«Over 4,600 students were enrolled in primary school in the first few months of this school year. The numbers are lower in secondary school, with just over 300 enrolled. The challenge here at Mbera is to keep children in the classroom until secondary school. Last year around 50 students graduated.”

As part of efforts to educate the children in Mbera, the EU is helping to finance the building of new schools in the camp. According to EU Humanitarian Aid, providing education in emergencies is one of the best ways to invest in childrens’ long-term future.

«Education is one of the most underfunded sectors of humanitarian aid. First comes food, shelter, health, water; and education only gets 3 percent of global funding. So this is why the EU has decided to support this sector. And we have managed to increase from one to 10 percent of our humanitarian budget the share of funding that we dedicate to education,» says Isabel Coello from EU Humanitarian Aid.

Source of the review: https://www.euronews.com/2019/02/21/malian-refugees-in-mauritania-education-in-an-emergency-context

 

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Humanitarian Action for Children 2019 – Mauritania

By: reliefweb.int. 

Total people in need: 258,978

Total children (<18) in need: 224,978

Total people to be reached: 113,323

Total children to be reached: 77,089

2019 programme targets:

Nutrition

• 26,930 children under 5 years suffering from SAM admitted for treatment

• 16,234 pregnant and lactating women reached with an integrated package of IYCF services

Health

• 2,846 children aged 6 to 59 months with common childhood diseases reached with appropriate and integrated management of childhood illness services

WASH

• 13,465 children under treatment for SAM accessing safe water for drinking, cooking and hygiene through housewater treatment

• 6,500 children accessing and using appropriate sanitation and hygiene facilities in health and nutrition centres and schools in refugee camps, host communities and villages with high SAM burdens

Child protection

• 8,500 refugee and host community children reached with psychosocial support

• 150 survivors of sexual and genderbased violence reached with gender-based violence response interventions

Education

• 17,000 school-aged boys and girls (3 to 17 years) in the refugee camp and host community affected by humanitarian situations receiving learning materials

• 4,950 out-of-school boys and girls aged 3 to 17 years accessing education

Mauritania is experiencing recurrent cycles of drought that are severely affecting the nutritional health of children. For the second year running, irregular rainfall has negatively impacted crops and pastures, eroding household resilience and capacities to absorb shocks. Over 130,000 children, including nearly 32,000 children with severe acute malnutrition (SAM), and 31,000 pregnant and lactating women, will require nutritional care and treatment in 2019. Twenty-three of Mauritania’s 55 districts are currently experiencing a nutrition emergency,2 and account for three quarters of the country’s total SAM caseload. Only 47 per cent of the populations of these districts have access to drinking water, compared with the national average of 64 per cent.4 Poor hygiene and sanitation practices, high levels of diarrhoea and low vaccination rates are aggravating factors. Given the protracted emergency and deteriorating security situation in the Sahel, over 57,000 Malian refugees—a 10 per cent increase from 2017—60 per cent of whom are children, require access to basic services, including safe water, health care, education and protection. Of the 29,485 school-aged refugee children (3 to 17 years) in the M’Berra refugee camp, only 8,217 (6 to 17 years) have access to learning opportunities.7 In host communities, 12,000 children are out of school.

2019-HAC-Mauritania

Source of the document: https://reliefweb.int/report/mauritania/humanitarian-action-children-2019-mauritania

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Supporting teachers in developing nations

Asia/ Mauritania/ 21.11.2018/ Source: www.teachermagazine.com.au.

Which career would I have chosen if not the law, followed by politics? I’ve been asked that many times over the years, and the answer is simple: teaching.

I enjoyed going to school – the learning, the playmates and, of course, the teachers. I respected them. I still do.

Great teachers can foster talent, instil confidence and help students to realise their full potential. A teacher’s enthusiasm for a particular subject can open doors in a student’s mind and set them on a pathway of lifelong learning. I experienced this from my own schooling, and some of the wonderful teachers who helped me forge my path in life.

While I ultimately chose a different career to teaching, I have remained interested in learning and teaching throughout my life.

Now I Chair the Global Partnership for Education (GPE), which is a catalyst for education investment, and works together with governments in developing countries to strengthen their education systems. Our goal at GPE is to ensure that every child in a developing country receives a quality education ­– and a quality education always starts with a great teacher.

Investing in teachers for better learning

Teachers are, and will always be, the backbone of the education system. It is why they constitute the largest single expenditure in education budgets around the world.

It would come as no surprise to those in the teaching profession that in a survey conducted by GPE with partner countries, ‘teacher competence’ rated as the most common cause of low learning outcomes for students.

So while it seems obvious that investing in teachers equals better learning; improving the overall quality of education is complex.

The learning process is affected by multiple factors that vary significantly amongst contexts and countries. This is why GPE is working in a number of different ways to ensure teachers in developing countries are equipped with the training and support that will set them on a path of success.

To date, we’ve had some pleasing results. The number of teachers trained with the support of GPE has more than doubled in recent years, going from around 98 000 teachers in 2014 to 238 000 in 2016. However, there remains many challenges to recruit, train and support teachers in developing nations.

What’s happening around the globe?

When recruiting teachers within a country where the rate of school completion is already low, it can be difficult to find candidates who have the baseline skills required. Take for example, the northwest African country of Mauritania, where decades of low learning outcomes meant something had to change.

The government began a structural reform of its education sector back in 1999. Now, with the support of GPE, World Bank and the French Development Agency, progress is being made to ensure those who train and go on to become teachers in Mauritania have the fundamental knowledge and capability to undertake the role.

These reforms have helped people like Mariam Mohamed Vall to realise her dream of becoming a teacher. Mariam always wanted to be a teacher but put her ambitions on hold to take care of her family. She took the entrance exam multiple times but failed, then two years ago she finally passed.

Together with other trainers, Mariam has helped to redesign the three-year program for training teachers. Now training is done with more practice in the classroom and regular evaluations, to ensure teachers are really qualified to empower the next generation of students.

We have to get teacher training right, but there is also the challenge of scale. It is estimated that 69 million primary and secondary school teachers need to be recruited by 2030 in order to meet demand, with the teacher shortages highest in Sub-Saharan Africa.

When teachers are in short supply, it is often the poorest children who miss out. GPE uses a framework to track the equitable distribution of teachers across education systems. We have found in many partner developing countries, the number of teachers in a school is not proportional to the number of students, with remote and disadvantaged areas receiving fewer teachers.

All these problems can be compounded by the fact that in many developing countries, the teaching profession is still considered to be of low status. This makes it difficult to recruit and retain good teachers.

There is never a one-size-fits-all solution to these complex problems. This is why GPE is continuing to support a diversity of programs in partner countries.

In the West African nation of Togo, the partnership is supporting teacher training on the new curriculum, the development of a new teacher training policy informed by an assessment of teacher competencies, as well as resources and equipment for the teacher training department and teacher training institutes.

In Niger, GPE is supporting the construction of three teacher training institutes, the training of trainers and the development of new training modules on reading.

A GPE funded program in Afghanistan includes social support systems and incentives for new female teachers working in challenging areas with low levels of girls participating in education.

Teachers will always play a critical role in helping to improve learning outcomes. GPE will continue to advocate on a global stage to fund programs that give teachers the training and resources they need.

A quality education can transform lives, communities and ultimately nations. That’s why an investment in teachers is an investment in our global future.

Source of the notice: https://www.teachermagazine.com.au/columnists/julia-gillard/supporting-teachers-in-developing-nations

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El aumento del hambre cuestiona avances de las últimas décadas, dice estudio

Por: EFE

Tras casi 20 años de reducción del hambre y el mundo países de la Africa Subsahariana y Venezuela ven incrementada la situación, lo que cuestiona los caminos.

Los niveles de hambre a nivel mundial han descendido en más de una cuarta parte desde 2000, pero de forma «desigual» y «precaria», como demuestra el aumento registrado recientemente en varios países.

Así lo pone de manifiesto un nuevo estudio difundido hoy por el Instituto Internacional de Investigación sobre Políticas Alimentarias (IFPRI), en colaboración con la ONG alemana Welthungerhilfe y la irlandesa Concern.

El Índice del hambre global de 2017, elaborado a partir de datos procedente de 119 países, apunta que la mitad de ellos están en niveles «alarmantes» o «serios» tras estudiar sus cifras de desnutrición, mortalidad infantil y los problemas de crecimiento y peso en los niños.

Destaca la hambruna que amenaza Sudán del Sur, Somalia, el Yemen y Nigeria (los dos primeros no son evaluados por falta de datos), mientras los conflictos y el cambio climático siguen golpeando sobre todo a los más pobres y a otros grupos con menor poder político, económico y social como las mujeres y las minorías étnicas.

Además, los obstáculos para reducir el hambre en algunos países dificultan los esfuerzos para erradicar esta lacra, reto al que la comunidad internacional se ha comprometido para 2030.

La República Centroafricana es el único país donde la situación es «extremadamente alarmante», según la máxima categoría del índice, seguido de Chad, Sierra Leona, Madagascar, Zambia, el Yemen, Sudán, Liberia, Níger y Timor Este, con las peores cifras.

Otros como Sri Lanka, Mauritania y Venezuela registran también mayores niveles de hambre en 2017 en comparación con 2008, después de dos décadas de progresos, de acuerdo al estudio.

El director general del IFPRI, Shenggen Fan, señaló en un comunicado que se necesitan sistemas alimentarios «resilientes» proporcionando ayuda a las zonas que afrontan las peores crisis y construyendo políticas a nivel nacional e internacional «para abordar las causas estructurales que crean la persistente inseguridad alimentaria».

El informe también subraya que el hambre en países en desarrollo cayó un 27 % desde 2000 y, en ese periodo, un total de 14 países -entre ellos, Senegal, Azerbaiyán, Perú, Panamá, Brasil y China- mejoraron en al menos un 50 % sus niveles.

Por regiones, el Sur de Asia y África subsahariana son aquellas en las que más se concentra el hambre, al tiempo que en Oriente Medio existen grandes disparidades entre países.

El informe agrega que en América Latina los niveles de hambre son bajos, aunque reconoce el caso particular de Venezuela, donde estos han aumentado a «moderados» después de que «las turbulencias políticas y los disturbios alimentarios hicieran que el hambre creciera un 40 % desde 2008».

Fuente:https://elpais.com.uy/vida-actual/aumento-hambre-cuestiona-avances-ultimas-decadas-dice-estudio.html

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