La ministra de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación Maria do Rosario Sambo anunció que su dependencia cerrará en 2019 todos los cursos que funcionan hoy al margen de la ley.
En declaraciones a los periodistas tras una reunión con representantes de universidades públicas y privadas, Sambo dijo que la intención es poner fin a las prácticas que afectan la formación de los angoleños.
Aclaró que el objetivo no es cerrar las instituciones, pues los principales afectados serían los estudiantes y sus familias que se esforzaron para darles estudios.
Para resolver el asunto la titular dijo que los centros tienen hasta finales de año para regularizar su situación.
Entretanto, el viceministro de Educación Superior Eusebio Silva dijo en una entrevista anoche a la televisión que en esa situación se encuentran 14 centros en el país, aunque no refirió el número de cursos en situación ilegal ni el de estudiantes involucrados.
Se trata de instituciones que abrieron en 2017 (10) y otras en años recientes, comentó.
Interrogado acerca de las dificultades para la legalización de los cursos ante el Ministerio, Silva dijo que más bien se trata de responsables que no quieren esperar por la aprobación del curso y por la práctica nefasta en el país de irrespetar al Estado.
La ley dice, argumentó, que la gestión para un nuevo proceso de formación se realiza en el primer trimestre para que esté lista al comienzo del siguiente año académico (con inicio en marzo).
Silva dijo que la oferta formativa de las instituciones debe ser legal y por ello aconsejó a los jóvenes y sus familiares exigir que soliciten el decreto presidencial que crea el centro y el decreto ejecutivo (del Ministerio) que autoriza el curso que pretende matricular.
En Angola funcionan 72 universidades, 24 de ellas públicas, con una matrícula de 138 mil estudiantes.
El 90% de los estudiantes con discapacidad en Kenia no recibe una educación adaptada. Un cantante ha abierto una escuela inclusiva en la aldea de Kabondo para acabar con el estigma
A Baba Gurston le habría gustado tener un profesor como él. Uno que entendiese lo que es correr para quien no puede caminar. Uno que susurrase lecciones a los oídos a los que les cuesta escuchar. En realidad, a Baba Gurston le habría gustado tener un profesor. A él, hasta los diez años no le dejaron ir a la escuela. “Mis músculos eran demasiado débiles para moverme”. Una discapacidad genética quebraba sus pasos: sus brazos eran más largos que sus piernas. Eso, en una aldea de campesinos que cultivan maíz en los cerros que vigilan el lago Victoria, en la Kenia fértil que casi es Uganda, es peor que una plaga. Peor incluso que una maldición.
En buena parte de las comunidades rurales de Kenia, donde residen el 66% de los más de cuatro millones de personas con diversidad funcional que se estima existen en el país, la discapacidad es vista como una condena. Cada vez menos, matiza Gurston, pero “aquí la gente sigue creyendo en brujería y supersticiones”. Poco importa lo que diga la The Persons with Disabilities Act o los objetivos del plan gubernamental Kenia 2030, nacer con una discapacidad física o intelectual en Kenia es casi siempre sinónimo de marginalidad. Un círculo vicioso de vergüenza, rechazo y discriminación.
“Las personas con discapacidad son el grupo más desfavorecido y marginando, los que más discriminación sufren en todos los niveles de la sociedad: una compleja red de problemas económicos y sociales, incluida la desigualdad de género, crean barreras educativas, sociales y económicas. Por tanto, un número desproporcionado de niños y adultos con necesidades especiales no pueden acceder a una educación adecuada y son analfabetos”, resume un informe del propio Gobierno keniano…
La traducción, en cifras, es que de los más de 750.000 jóvenes con discapacidad en edad escolar, solo 45.000 (el 6%) están escolarizados y apenas el 2% inscritos en programas adaptados a sus necesidades. Esto supone que alrededor del 90% de los menores con discapacidad o bien permanecen fuera del sistema educativo o acuden a centros sin capacidad para atenderlos.
Apenas el 2% de los 750.000 jóvenes con discapacidad en edad escolar en Kenia reciben una formación adaptada a sus necesidades
Más allá de las cifras, son jóvenes como Byron que despiden cada mañana a sus hermanos antes de ir a la escuela. Para ellos no hay pizarras ni clases de inglés, solo paredes mudas con las que esconderlos del mundo. Tener ceguera, albinismo o trastorno del espectro autista es un salvoconducto a la marginalidad. “Las familias se sienten estigmatizadas y tienen miedo de mostrar al crío en público”, señalan los expertos gubernamentales. A Byron, el más tímido de los tres compañeros de pupitre, lo tuvieron durante meses en casa. “Hasta que convencimos a los padres de que él no era diferente, solo que no era tan fuerte como sus hermanos”, interviene Gurston. Ni siquiera están seguros de lo que debilita su cuerpo. Puede ser algo genético, pero también la malaria. O la polio.
Esta cadena de estigmatización se extiende a través del sistema educativo. Pese a los grandes esfuerzos por mejorar, con la puesta en marcha en 2003 de la educación primaria gratuita, los menores con diversidad funcional siguen siendo un colectivo olvidado. Hay poco más de un centenar de escuelas especializadas y algo más de 1.300 unidades adaptadas en los centros públicos. La mayoría carecen de instalaciones y equipamiento adecuados.
Entre el profesorado, solo el 1% ha recibido formación para atender a alumnos con necesidades especiales múltiples. “Hace falta más formación específica, ya que son muchos los prejuicios que rondan en torno a la discapacidad y ello ejerce una fuerte oposición hacia la inclusión. Es imprescindible que la formación que se dé al profesorado sea específica a las dificultades que se encuentran. Es un tópico real que desde la universidad se promueven aspectos teóricos, que pocas veces se asemejan al día a día que tienen los maestros en sus aulas. Necesitan herramientas útiles y apoyos continuos, no un amplio conocimiento sobre discapacidad y una ayuda puntual que pronto quedará en el olvido”, apunta Saínza Ramos, pedagoga experta en el trastorno del espectro del autismo.
Solo el 19% de los alumnos con diversidad funcional concluyen su formación secundaria en Kenia
El propio sistema educativo es demasiado rígido: a algunos alumnos con necesidades especiales no les da tiempo a completar los exámenes. El resultado es que apenas el 19% de los estudiantes con discapacidad concluyen su formación secundaria y apenas 645 cursaban estudios superiores en las 70 universidades públicas y privadas del país en 2016.
El ejecutivo de Uhuru Kenyatta, reelegido el pasado otoño, ha tratado de frenar esta deriva aumentando las ayudas a los padres que matriculen a sus hijos con discapacidad hasta los 2.040 chelines (23 dólares) mensuales. Este dinero, arguyen las familias, apenas alcanza para hacer frente a los gastos de transporte. “Las personas con discapacidad, especialmente los niños, viven en entornos hostiles donde su seguridad está comprometida y su futuro en peligro. Permanecen marginados y sin oportunidad de avanzar, sin voz a consecuencia de los prejuicios, la violencia y el abuso social”, concluye el informe gubernamental.
La escuela del ‘reggae’
Baba Gurston, quien impulsa la escuela inclusiva de Kabondo, en la entrada del recinto.PABLO L. OROSA
En la entrada del aula hay un sinfín de zapatos. Tienen tantos colores como formas. Hay sandalias, mocasines y katiuskas. La mayoría negras, pero también verdes y rosas. Todas, sin excepción, cansadas de tanto barro y tanto caminar. En Kabondo la gente camina mucho: para preparar la tierra, para ir al mercado y al médico, para ir a la escuela los que pueden ir a la escuela. Es una comunidad humilde, bendecida con una tierra fértil en maíz, patatas dulces, tomates y hortalizas, pero en la que no sobra dinero para enviar a los chicos al colegio. Menos aún a los que tienen algún tipo de discapacidad.
Convertido en una estrella del reggae en Kenia, Baba Gurston creó una escuela en la que, de los 83 alumnos, 15 tienen algún tipo de discapacidad
A Byron, con el cuerpo enflaquecido y la boca parca, lo tenían escondido en casa. A Yael, seis años contados en episodios de epilepsia, también. De no ser por esta escuela, la escuela del reggae, los chicos de Kabondo no podrían ir al colegio. Los que tienen discapacidad, seguro; los que no, quizá tampoco. Aquí la pelea por la educación es diaria e individual. Hay que convencer a las familias, una por una. Día a día. «Futuro a futuro», parafraseando al propio Baba Gurston. Porque él lo tiene claro: “En esta escuela estamos abriendo un futuro para estos niños”. Para los 83, incluidos los 15 con discapacidad.
En las cuatro aulas levantadas donde hace dos años solo había pastos no hay distinción posible. Aquí todos los alumnos son iguales. El que tiene el cuerpo envilecido o el que tiene ceguera. En la escuela de Baba Gurston solo hay un lema: Disability is not inability (la discapacidad no es incapacidad). “Por raro que parezca la educación inclusiva favorece principalmente a los niños que no tienen ningún tipo de discapacidad, y ya no solo por todos los valores que promueve sino porque aprenden a sentirse parte de un grupo, reconociendo capacidades dentro de todas nuestras discapacidades, aspecto clave para crecer en el mundo laboral formando equipos”, apunta Ramos.
“La gente cree que la gente con discapacidad no tiene talentos, pero no es cierto, sí los tiene”, señala Gurston. Él, el chico que hasta los diez años no podía ni caminar, es hoy el mayor exponente de lo que se puede lograr derribando las barreras de los estereotipos. Tras nueve meses recorriendo los círculos del infierno, los tres primeros bañándose en el ungüento de hierbas preparado por una curandera y los otros seis encerrado tres horas al día en un agujero de barro bajo el sol, según cuenta, los músculos de Baba Gurston aprendieron a sostenerse. Lo suficiente para recuperar el tiempo perdido. Llegó a secundaria, donde entre los 1.200 alumnos era el único con discapacidad: “Me decían cosas, me intimidaban e incluso me robaban”. Pese al bullying, fue un alumno brillante: dominaba la gramática y la música como el mejor.
Con 17 años se marchó a Kibera, uno de los mayores slums del África, la ciudad sin nombre inmortalizada por Hollywood en El jardinero fiel. Allí conoció a otros como él. Artistas. De la mano del Kibera Creative Arts puso en marcha un grupo en el que los bailarines con algún tipo de discapacidad eran las estrellas. Fue su primer éxito. Suficiente para aliviar una vida dura: en Kibera no hay vidas que no lo sean. “Para mí lo peor era la distancia que tenía que caminar a diario: era casi una hora y media y eso es mucho para mí”, asegura Baba, hoy sentado a la sombra en el único despacho de la escuela. Es una habitación pequeña, de paredes claras y desnudas, con tres sillas y una mesa repleta de libros y carpetas impecablemente ordenadas. También hay dos grapadoras, varias libretas y un juego de bolígrafos. Y el teléfono de Baba.
—¿Por qué decidiste volver?
—Un amigo me convenció. A mí no me gustaba la idea de ser profesor, pero empezamos a hablar de educar a niños pequeños…
Por aquel entonces, hace algo más de dos años, Baba Gurston ya era un reconocido cantante en la escena alternativa keniana. Una de las estrellas de los Art Attack Festival. “La gente se vuelve loca cuando él sale al escenario”, afirma uno de los jóvenes de Kibera que creció viéndolo actuar. Sus ritmos reggaesuenan en Ruanda, Tanzania, Uganda o Etiopía. También en Suecia, donde un artista local, Peter Lundback, se ha convertido en su gran aliado. Su posición —y sus ingresos— le permitieron poner en marcha la escuela. Volver a Kabondo para darle a los pequeños un maestro que él nunca tuvo.
“No queremos que los niños con discapacidad crezcan aparte, que les digan que son especiales. ¡No hay nadie especial! Queremos que sean como los demás. La principal razón por la que existe la discriminación es porque nos separan, esconden a los niños y eso genera rechazo. Si los niños crecen entre iguales se reconocen en ellos, reconocen que ellos también pueden ser vistos como distintos: así es como pasan a ser uno más”, explica. “No hay nada mejor para potenciar el desarrollo de un niño que con el apoyo del grupo-clase, niños conscientes de que todos tenemos dificultades que con ayuda de los demás son menos dificultades”, concuerda Ramos.
Por eso, esta mañana en la clase de ciencia de la señorita Julie no hay miradas distintas para Byron ni para Yael. Tampoco para Jacob. Solo hay un profesor pendiente de ellos. Para ayudarlos. “Les hacemos un refuerzo después de la clase”, explica la maestra. El modelo funciona: “Yael, por ejemplo, iba con un poco de retraso, pero ya hace casi todas las actividades con sus compañeros”. Y Jacob, continúa Gurston, “cada vez se va abriendo más: cuando llegó tenía miedo a hablar”.
En apenas un año, la escuela en la que todo se aprende a través de la música ha conseguido mucho. Hay todavía retos: ampliar las clases, conseguir una furgoneta con la que recoger a los pequeños que viven más lejos y fondos para poder poner en marcha un comedor, pero el primer paso ya está dado. Después de aprender a caminar, ya solo se puede correr.
África/Etiopía/26 Julio 2018/Fuente: Prensa Latina
El primer ministro de Etiopía, Abiy Ahmed, pidió hoy la ejecución de estrategias concertadas para construir un sistema educativo eficaz a fin de crear un mejor futuro socioeconómico y político.
Ahmed, quien se reunió con más de tres mil profesores universitarios, hizo hincapié en que el sector debería desempeñar un rol protagónico en el aprovechamiento de la floreciente población juvenil del país.
Casi el 70 por ciento de los 100 millones de habitantes de la nación califican por debajo de los 30 años, de acuerdo con estadísticas divulgadas por las autoridades.
El gobernante, mientras discutía con representantes de más de 50 instituciones públicas de educación superior en esta capital, hizo hincapié en que la mala gobernanza y los conflictos son manifestaciones de un plan de aprendizaje ineficiente.
Todo ello influye en el incremento de la corrupción y de la mala gestión de los recursos, apuntó.
Al señalar la libertad académica como el pilar fundador para inculcar una cultura del conocimiento y una sociedad democrática, el primer ministro también reveló la disposición de su administración para volver a emplear a centenares de docentes despedidos debido a sus fuertes críticas contra el Gobierno a lo largo de los años.
El Ministerio etíope de Educación reveló a principios de este mes que más de 170 mil graduados se unirán a la fuerza de trabajo después de obtener sus títulos.
Among the list of goods that are prohibited from being exported to the country or are otherwise restricted in 2017 are Sanitary Wares of Plastics and Domestic Articles and Wares of Plastics (but excluding Baby Feeding bottles) and flushing cistern and waterless toilets. A way the government can help improve menstrual hygiene is by removing sales tax on feminine hygiene products and regularly distributing free menstrual pads in schools
There is need for Nigerian government to scrap the tax on the sanitary napkins. The move will help more girls to go to school during their periods and also boost their job prospects. It will help schools and government to regularly include menstrual hygiene education in any health programme organised in communities or the larger society as a whole, It will promote girl- child education in Nigeria. It will boost girl- child education in the rural areas in the current economic development process of Nigeria. It will help Nigeria to realise its greatness globally, she must make strong impact by boosting girl- child education in our rural areas. He further said when we harness the potentials of our girl – child education in Nigeria; we will reduce poverty, provide jobs and create wealth as well as create opportunities for future entrepreneurs.
Scrapping of sanity pads tax will help girl-child in proper menstrual education and hygiene that is essential to boost the confidence of female child in contributing positively to the society. The scrapping of sanitary pads will help in tackling biggest barriers of education for girls. We all know that girls in many schools are forced to stay back home during their periods as there are lack of toilets and sanitization facility which creates a big problem to them during these painful days. Periods are one of the leading factors of our country where every girl has to go through pain for five days of every month. However, due to lack of money and high prices of sanitary pads, four out of five women avoid using sanitary napkins. Sanitary pads were taxed at 12 percent under Goods and Services Tax (GST) that was launched in 2017
The scrap of tax on sanitary pads will help more girls to go to school during their periods and boost their job prospects.
Removing the tax on pads will tackle one of the biggest barriers to education for girls, who are often forced to stay at home due to a lack of access to clean hygiene products, while also facing stigma and a lack of toilets in schools.
Periods are among the leading factors for girls to drop out of school in a country where four out of five women and girls are estimated by campaigners to have no access to sanitary pads. I am sure all mothers and sisters will be very happy to hear that sanitary pads are now 100 percent exempt from tax,
Sanitary pads were taxed at more yhan 5 percent under Nigeria’s Goods and Services Tax (GST) that was launched in 2017.
Nigerian girls and women face many challenges when they have their periods, especially in rural areas where a lack of awareness and the cost of pads mean many instead use unsanitary cloth or rags, increasing the risk of infections and disease.
The tax exemption will be a massive boost for girls education in Nigeria.
More than a third of girls in Africa miss school during their periods, as they lack access to toilets or pads, and many receive no education about menstruation before reaching puberty, according to a recent report by charity WaterAid and UNICEF.
Simply having access to sustainable sanitary pads, the school attendance of many adolescent girls in some rural primary schools of Nigeria is improving.
It is now reasonable for me to say that the distribution of sustainable sanitary pads will make a substantial contribution to the support for girl to stay in school. At first, many girls abscond classes when menstruating, fearing the unknown.
In this article I want to promote and advocate for socioeconomic and emotional wellbeing of adolescent girls and young women by influencing positive social change and build girls leadership to improve their quality of lives. Nigerian government must produce the sustainable sanitary pads which are freely distributed to vulnerable girls. The pads are coupled with menstrual hygiene management which are both helping to keep adolescent girls in school.
The sustainable sanitary pads are made of cotton layers with a water proof layer at the bottom in order to guarantee reasonable absorbing capacity. A package contains 4 pads and a panty with small hooks to keep the pads in place. These are packaged in an attractive small bag. And the washing is straight forward: rinse in cold water, wash with soap in lukewarm water, rinse again and hang to dry. There is one other reason for the introduction of sustainable sanitary pads which is an environmentally one: Non-sustainable sanitary pads represent a waste problem, they cannot be recycled and they are poisonous towards the environment because of the plastic component.
In northern Nigeria majority of Adolescent girls do not go to school when menstruating due to reasons ranging from culture to lack of sanitary facilities and menstrual hygiene management. This eventually leads to a sharp increase in dropout rates among girls after 4, 5 and 6 years of primary education.
There are many reasons for the increased cases of Adolescent girls’ absenteeism and dropping out of school but one is that girls tend to stay at home when menstruating, missing 4 or five days out of every school month.
According, to a 2012 Water Aid report entitled “School menstrual hygiene management in Africa: More than toilets”, lack of separate and adequate sanitation and washing facilities in schools also discourages girls from attending school, particularly during menstruation, affecting their school performance and increasing their risk of dropping out.
Menstrual hygiene issues were accountable for 12 to 36 days of absence annually per girl. When their cloths leaked at school, most girls left class to change, and then returned to lessons. However, 11% went home and stayed home and 7% said they didn’t come to school at all on heavy days, according to Save the Children.
To promote girls’ education, after puberty, however, it takes more than exercise books and toilets. They also need materials like sustainable sanitary pads and critical information on how to cope with menstruation.
In Nigeria, the introduction of free primary education in 2004 with the introduction of universal basic education has seen a large increase in the number of pupils going to school but this increase in access has also brought about major infrastructure problems and a big decline in quality. This mostly impinges on poor adolescent girls.
For most girls in rural areas, menstruation is connected with a number of mistaken beliefs, which brings about negative results on their lives and education. The reason why a girl-child stops going to school during menstruation is the pre-conceived myths and misconception about this natural event.
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Source of the notice: https://nigerianobservernews.com/2018/07/promoting-girls-education-need-to-drop-tax-on-sanitary-pads-in-nigeria/
A database on education research conducted by Africa-based researchers has been launched to raise the visibility and impact of such research.
The database, which has about 2,000 education research including theses and working papers on 49 African countries, resulted from the collaboration between the Research for Equitable Access and Learning (REAL) Centre at the UK-based University of Cambridge and the Education Sub-Saharan Africa , a charity with a mission to transform educational outcomes on the continent.
The database is searchable by country, research methods and keywords such as access to education, early childhood education, higher education, school feeding and literacy.
“There are some existing inventories and databases for specific contexts but no central location to access [education] publications by African-based researchers, which has contributed to a lack of visibility and use of this research,” says Rafael Mitchell, a researcher at the REAL Centre. “We hope that the database will facilitate greater use of research written by those in African universities and research institutions to ensure it is drawn upon and cited, and to be used to influence policy and practice.
“We hope that the database will facilitate greater use of research written by those in African universities and research institutions.”
Rafael Mitchell, Research for Equitable Access and Learning (REAL) Centre
“This should also help to ensure that research by African-based researchers is taken into account in global debates. There is a lot of important work done by researchers in the region that is currently overlooked and undervalued.”
Wisdom Harrison K. Hordzi, the Ghana coordinator of the Educational Research Network for West and Central Africa, agrees and tells SciDev.Net, “The database will help researchers and others to know what education research has already been conducted on Sub-Saharan Africa and identify gaps for more research.”
Hordzi adds that the database could make people appreciate the contribution of African education researchers.
“People think that education researchers in Africa are not doing anything. The database will help others know that at least we are doing something,” explains Hordzi, a senior lecturer at the Ghana-based University of Education, Winneba.
According to Mitchell, it will help researchers and others to identify where future research is likely to be most urgent.
“Our preliminary analysis indicates that a large amount of research is on higher education, around 30 per cent of the publications. Yet, in Sub-Saharan Africa, less than one per cent of the poorest reach higher education,” she says.
Only around three per cent is on early childhood education, which suggests that limited evidence is available that can inform policymakers on how to address disadvantage in education from the early years, Mitchell explains.
Types of research methods and their proportions used by African education researchers as of July 2018 Source: African Education Research Database
The database was launched last month (15 June) at an event hosted by the French Development Agency in France.
The creation of the database started in May 2017. The first phase was completed by May 2018, with the launch of the database the following month but the process is ongoing as more research can and will be integrated, according to Mitchell.
It is being funded by ESSA – Education Sub Saharan Africa. To finance the two research positions at the REAL Centre, University of Cambridge, ESSA has raised funds from individual donors. The Jacobs Foundation, Zurich also joined this endeavour as a partner, providing funding for the second year of mapping project.
Mitchell tells SciDev.Net that the database — the first of its kind in Africa — could provide greater opportunities for research funding in areas of priority to Africa researchers and research funders.
Beatrice Muganda, director, higher education programme at the Kenya-based Partnership for African Social and Governance Research, says there is a dearth of literature on Africa written by Africans on issues affecting them.
“Scholars, researchers and students are persistently searching for relevant case studies and empirical evidence that speaks adequately to the local context,” Muganda tells SciDev.Net. “Any effort made to address this gap is laudable.”
Muganda says that although the database could help researchers, repositories are hardly the right platforms for helping policymakers to access research.
She calls on researchers to make education research findings accessible to policymakers through active outreach initiatives.
Source of the notice: https://www.scidev.net/sub-saharan-africa/education/news/africa-online-database-education-research.html
Iniciativas para el empoderamiento y la educación de las niñas en Nigeria y programas que pretenden enfrentar la crisis de educación en África son algunos de los ganadores de este premio que resalta el trabajo de distintas organizaciones en pro de la educación del mundo.
La Cumbre Mundial para la Innovación en Educación (WISE, por sus siglas en inglés), instaurada por la Fundación Qatar en el año 2009, es un punto de referencia mundial en los temas de enfoques en la educación. La cumbre que se celebra cada dos años es una plataforma para el pensamiento creativo y el debate del sector.
Esta organización reconoce anualmente seis proyectos innovadores y con éxito que abordan los desafíos mundiales de la Educación y los galardona con el Premio WISE. Este año ya se anunciaron a los ganadores que recibirán 20.000 dólares, además de visibilidad global y networking con otros líderes educativos.
“Los proyectos abordan una serie de cuestiones educativas apremiantes, incluida la educación de las niñas, la educación en la primera infancia, la crisis de refugiados, el intercambio cultural, los valores de la ciudadanía, el empleo juvenil, el emprendimiento en comunidades desfavorecidas, la educación para sordos, la motivación docente y el pensamiento crítico y creativo” afirma la organización.
‘Safe Spaces Clubs for Girls’ es uno de los ganadores. Su trabajo se enfoca en promover la educación, la salud y el empoderamiento de las adolescentes en el norte de Nigeria a través de programas innovadores, defensa, investigación y alianzas estratégicas. La mayoría de las 600 millones de adolescentes en los países en desarrollo están marginadas, y sus vulnerabilidades y limitaciones son particularmente graves en el África occidental. El matrimonio precoz y el embarazo en particular limitan en gran medida las perspectivas de vida de las adolescentes. A enfrentar esa situación apunta el proyecto.
También fue premiada la organización ‘Generation’ de Estados Unidos. Ellos están orientados a la capacitación de jóvenes desempleados. Crearon una nueva forma de desarrollar habilidades y preparación para el trabajo y la aplican en industrias de alto crecimiento como la salud, la tecnología, el servicio al cliente, las ventas y la venta minorista. “’Generation’ se creó en 2014 para ayudar a cerrar esta brecha, a gran velocidad y escala. Nuestra misión tiene dos vertientes: capacitar a los jóvenes para construir carreras prósperas y sostenibles y proporcionarles a los empleadores el talento altamente capacitado y motivado que necesitan”, afirman.
Y otro de los ganadores es la iniciativa ‘Partners for Possibility’, de Sudáfrica. Hablan de la idea de mejorar la calidad de la educación, mejorar el entorno escolar y fomentar el compromiso entre padres y docentes, pues para ellos son objetivos significativos y alcanzables que proporcionarían una espiral ascendente de cambio real en la sociedad. Es una asociación de aprendizaje conjunto entre directores de escuela y líderes empresariales, que permite la cohesión social a través de asociaciones y permite a los directores convertirse en líderes de cambio en sus escuelas y comunidades. El Programa facilita alianzas intersectoriales recíprocas entre las empresas, el gobierno y el sector social, afirman.
Los Premios WISE 2018 también se entregaron a las iniciativas de ‘One Village One Pre-School’, en China; ‘Technology-Based Deaf Education’, de Pakistán y ‘1001 Nights Life Skills and Citizenship Education Program’, en Canadá.
Los seis galardonados han sido distinguidos entre un grupo de 413 proyectos, y evaluados de acuerdo a un estricto criterio. Los proyectos tenían que cumplir varios puntos educativos ya establecidos, innovadores y que hayan demostrado un impacto transformador en los individuos, las comunidades y la sociedad en la que trabajan. También era necesario que estuvieran económicamente estables, que contaran con un plan de desarrollo claro, y que fueran escalables y replicables.
En Kenia, cada día 75 toneladas de alimentos acaban en el basurero solo por razones estéticas. Parte de ellos se están sirviendo en los menús escolares de los barrios más desfavorecidos del país.
Faith tiene hambre. Desde que se levantó, a las cuatro y media de la madrugada, no ha probado bocado. Y ha hecho muchas cosas. Ha caminado dos horas para llegar a la escuela. Ha correteado por el descampado y ha atendido en clase. En la de matemáticas. Y en la de inglés. Faith, 12 años y unas ganas enormes por sonreír, quiere ser una buena estudiante. Pero tiene hambre. Y así no hay quien se concentre en la pizarra. Lo que le dan en la escuela de Mcedo, en los subirbios de Nairobi, la capital de Kenia, es a menudo lo único que come en el día.
“Sí, muchos días es lo único que como”, reconoce mientras espera, con su jersey raído en el pecho, a que le llegue su ración. Hoy, como casi siempre, toca githeri, una mezcla de maíz y alubias hervidas. También hay naranjas. Y a Faith le encantan las naranjas. “Mucho. Mucho”, farfulla en inglés. A su espalda, una veintena de chicos, todos menores de 14 años, aguardan en la fila su plato de githeri. A algunos, como a Morientos Avugwi, el mayor de cinco hermanos, se les escapa una de esas barrigas hinchadas con las que ironiza la desnutrición. Mientras espera por su cuenco azul, infla los carrillos. Como si así pudiese engañar al hambre. Morientos Avugwi tiene hambre.
“Estamos hartas del githeri, es todos los días lo mismo. Queremos algo más. Queremos pollo”, se escucha desde el otro lado del patio. Es una voz que en realidad son cuatro, la de Lucy, la de Cynthia, la de Violet y la de Lydia, que es la que habla por todas. Son las compañeras de clase de Faith. Ellas también tienen hambre.
Mathare, una sucesión de slums en la periferia de Nairobi, es desde hace tiempo una de esas ciudades de sombra en las que familias llegadas desde las zonas rurales tratan de conquistar un futuro. “Nosotros llegamos hace 10 años desde una aldea de Kisumu”, en la ribera del lago Victoria, a este lado de la frontera con Uganda. Lo dice Milicent, la madre de Lydia. Pensaban que en Nairobi habría más oportunidades, pero a día de hoy apenas tienen que llevarse a la boca. “El padre está intentando ganar algo de dinero, pero no siempre lo consigue”. Trabajos precarios, en la construcción o en lo que salga, que no dan para los seis miembros de la familia. En Mathare es lo que hay: hambre.
Las sonrisas en Mathare cuestan 0,016 euros
A la escuela de Mcedo acuden a diario 485 chicos de la barriada. Más de 300 comen aquí gracias al programa de menús escolares apoyado por el Programa Mundial de Alimentos (PMA) desde 1980. En 2009, el Gobierno de Kenia se hizo cargo del grueso del proyecto, del que se benefician 1,2 millones estudiantes, mientras el PMA se mantiene como responsable de los complementos alimentarios de las zonas más complicadas: los cuatro condados afectados por la sequía, Garissa, Mandera, Turkana y Wajir, y los barrios chabolistas de Nairobi. En total, 393.904 alumnos que reciben su ración diaria de cereales, legumbres, verduras y, desde mediados de 2016, fruta fresca.
“Los menús escolares son una red de seguridad muy efectiva: atraen y retienen a los alumnos en la escuela, contribuyen a aliviar el hambre a corto plazo y para muchos niños suponen una parte importante de su ingesta diaria de energía y nutrientes», destaca el PMA. En la práctica se trata que los alumnos de Mcedo no piensen en otra cosa que seguir estudiando. Y que cada vez obtengan mejores resultados. “Antes se enfermaban más, tenían menos fuerzas. Ahora se les ve con energía. Además, ayuda a luchar contra el abandono escolar: si no vienen al colegio, no les damos comida”, asegura Mark Okwiri, el jefe de estudios.
Al otro lado de la cocina, una estancia coloreada por el humo negro que emana de la lumbre, Milicent asiente con la cabeza. “Es verdad, los niños se sienten mejor desde que está en marcha el programa”. Ella es una de las madres voluntarias que acude cada día al centro escolar a preparar el menú para para los más de 300 alumnos. Entre ellos, dos de sus hijas.
Incorporar fruta fresca ayuda a aumentar el valor nutricional de los menús escolares, a menudo la única comida diaria de muchos chicos
Llenar de sonrisas Mathere cuesta dos chelines. 0,016 euros al cambio. Es el precio que tiene incorporar las frutas frescas al programa. En total, cada menú cuesta 11 chelines al día (0,08 euros). Una vez al trimestre, Okwiri organiza un concurso entre los proveedores locales para adquirir, con los fondos del PMA, sal, aceite, alubias y maíz. “Las verduras las compramos cada semana, también en el mercado local”, señala. Esta fórmula, de la que se sirven 88 de las 91 escuelas —con 80.000 estudiantes en total— adheridas a la iniciativa en los suburbios de Nairobi, sirve además de catalizador para la economía vecinal, pues son los productores locales los que venden sus cultivos a la escuela.
El problema, apuntan los técnicos de la agencia internacional, es la fluctuación de los precios y las limitaciones de muchos centros para guardar los alimentos y prepararlos cada día. No en todas las escuelas hay personas como Milicent, dispuestas a pasar la mañana cocinando para los niños del barrio.
El país africano es uno de los grandes suministradores de frutas y hortalizas al mercado europeo. El 43,6% de los repollos importados por la Unión Europea proceden de Kenia. El sector hortofrutícola supone el 23% del PIB y da empleo, directa e indirectamente, a ocho millones de personas. Sin embargo, casi la mitad de los cultivos, el 44,5% según un informe de Feedback Global, son rechazados para su exportación por su aspecto: por ser demasiado grandes o pequeños, por tener manchas, imperfecciones, porque su color no es el deseado o, simplemente, porque su forma no resulta atractiva.
El programa de menús escolares es una herramienta contra la desnutrición y contra el abandono escolar
Sin embargo, “son perfectamente aptos para el consumo”. Feos pero nutritivos. Hasta ahora, continúa Dina Aburmishan, nutricionista del PMA, algunos de estos excedentes eran enviados a orfanatos o utilizados para alimentar animales, aunque la mayoría acababan inevitablemente en los vertederos.
El pasado curso, la agencia puso en marcha una iniciativa piloto bautizada como Transformers para aprovechar estos cultivos rechazados por su aspecto. Varias empresas exportadoras pusieron a disposición sus productos, que eran enviados a una empresa de catering encargada de elaborar los menús escolares para tres escuelas de Nairobi con 2.200 alumnos.
Está previsto que este verano el Gobierno keniano se haga cargo de la alimentación de las 1.095 escuelas que todavía están bajo el mandato del PMA. A Faith poco le importa quien se encargue de la comida mientras sigan trayendo naranjas. “Me gustan mucho”, insiste. El timbre de la tarde ha sonado ya y los estudiantes de Mcedo salen a la carrera. Algunos juegan al fútbol en el descampado, mientras otros se entretienen con el pilla-pilla entre pequeñas montañas de basura.
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