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El aborto sigue como estigma en India, pese a su ampliación legal

Redacción: Rebelión

Arti Zodpe vive en la ciudad de Sangli, en el estado de Maharashtra, en el centro-occidental de India, y es bailarina de tamasha, un arte escénico tradicional de baile y canto propio de la región. Después de las presentaciones nocturnas, algunas cantantes y bailarinas ofrecen sus servicios sexuales a clientes.

«Nosotras (las trabajadoras sexuales de tamasha) vivimos fuera de la ciudad ya que la gente se siente perturbada por el sonido de nuestras “ghunghroo (pulseras tobilleras con campanillas)” y nuestra música”, cuenta Zodpe.

También asegura que “cuando vamos a la ciudad, especialmente a una clínica de salud sexual y reproductiva, el personal dice: ‘ya vienes a esparcir tu suciedad aquí’ y si nos practican un aborto nos hacen limpiar el piso después».

La vida de Zodpe sintetiza algunas de las dificultades que enfrentan las mujeres vulnerables de India para interrumpir voluntariamente su embarazo, y explicita las capas de discriminación social y estigma que las mujeres marginadas enfrentan en la sociedad tradicional de este país de 1300 millones de personas.

El aborto seguro sigue siendo un sueño

La inducción del aborto es una práctica legal y gratuita en el país desde 1971, pero en la realidad son millones de mujeres en este país asiático que no pueden acceder a un aborto en condiciones seguras.

Según un informe sobre la salud mundial,  publicado en 2018 por la revista científica The Lancet, se produjeron 15,6 millones de abortos en India en 2015 y de ellos 78 por ciento se realizaron fuera de los centros de salud.  En estos casos, las mujeres obtuvieron medicamentos químicos para practicárselo por parte de personal sanitario o vendedores informales que se los vendieron sin receta.

La Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos  estima, por su parte, que los abortos inseguros causan entre nueve y 20 por ciento de todas las muertes maternas en el país.

Un estudio más reciente, realizado por la oenegé india Mahila Sarvangeen Utkarsh Mandal (Masum) y la  y la Alianza de Asia por un Aborto Seguro (ASAP, en inglés) en siete de los 29 estados de India, reveló que  80 por ciento de las mujeres desconocen la ley vigente y, como resultado, temen buscar servicios seguros para la interrupción del embarazo.

El estudio, publicado en marzo,  entrevistó a 200 mujeres y descubrió que todas habían tenido un aborto en algún momento, mientras que algunas tuvieron hasta seis. Sin embargo, ninguna de ellas había contado esto a sus familiares o amigos, principalmente por miedo al estigma social.

Según Hemlata Pisal, coordinadora del proyecto en Masum, se encontraron varios problemas  en cuanto a los servicios de aborto en los centros de salud pública, en especial en tres aspectos:

  • Casi nunca estaban disponibles los medicamentos abortivos y cuando lo estaban había una gran variación de tipos de píldoras y dosis recetadas.
  • El antiguado método de dilatación y legrado se mantiene como el protocolo estándar en muchos de los centros de salud.
  • Y lo peor, el personal trata a las mujeres con un alto nivel de estigma.

«Las mujeres que entrevistamos informaron que cuando se acercaban al centro de salud para practicarse un aborto muy a menudo eran rechazadas o sometidas a humillaciones y abusos extremos», dijo Pisal a IPS.

Reforma ampliatoria de la ley

El 17 de marzo, una semana antes de que el país entrara en cuarentena nacional para contener la propagación de la pandemia de covid-19, el parlamento indio votó a favor de una reforma de la ley del aborto de 1971, la Ley de Interrupción Médica del Embarazo (MTP, en inglés), para hacerla más flexible y adaptada a la realidad actual.

Una de los cambios más destacados de la reforma fue el ampliar el límite para poder interrumpir el embarazo, de 20 a 24 semanas.

Una extensión que, eso sí, se restringe a “categorías especiales”, como mujeres víctimas de violación o de incesto, aquellas con capacidades diferentes y menores de edad.

También permite inducir el aborto dentro de las 24 semanas cuando se detecten anomalías fetales, una demanda que se había incrementado en los últimos años, incluso con recursos ante los tribunales.

El ministro de Salud, Harsh Vardhan, calificó en el parlamento la reforma como muy progresista y garante de la seguridad de las mujeres.

Los médicos y los profesionales de la salud también acogieron con beneplácito el cambio legal.

Noor Fathima, una alta funcionaria de salud pública y ginecóloga en la ciudad suroriental de Bangalore, dijo a IPS que el aborto sería a partir de ahora «menos engorroso para los proveedores de servicios».

«La enmendada Ley MTP es particularmente una bendición para las mujeres que enfrentan condiciones de embarazo que las estresan y agotan emocionalmente», dijo Fathima a IPS.

La falta de responsabilidad alimenta la discriminación

Sin embargo, muchos consideran que el estigma social no va a desaparecer con la modernización de la ley y sigue amenazando su efectividad, aunque en el nuevo texto se otorga a la mujer el derecho a la privacidad total sobre su interrupción del embarazo.

Pero los grupos vulnerables de mujeres rara vez disfrutan de este derecho a la privacidad, dijo Kousalya Periasamy, directora de la Red de Mujeres Positivas (PWN, en inglés), un grupo con sede en la también sureña ciudad de Chennai (antigua Madrás), que aboga por la igualdad de derechos para las mujeres portadoras de VIH en India.

«El personal de cualquier centro de aborto con frecuencia nos preguntan ‘¿por qué duermes con tu pareja si tienes VIH’? También se nos pide que enviemos documentos de identidad y cartas de consentimiento de los miembros masculinos de la familia. Y frecuentemente se nos niega un aborto incluso sin una razón”, dijo Periasamy a IPS.

«Y después del aborto, debemos limpiar la habitación», dijo, en una agresión que repite la de las bailarinas y trabajadoras sexuales de Sangli.

La razón detrás de tal humillación, dice la ginecóloga y coordinadora de ASAP,  Suchitra Dalvie, con sede en la occidental ciudad de Mumbai, es que actualmente no hay responsabilidad por la calidad de la atención del aborto o por los rechazos.

«Las mujeres aún mueren por abortos sépticos y/o por soportar un inmenso dolor, actitudes de vergüenza pública y otros abusos. A menos que eliminemos estos prejuicios, la situación no cambiará dramáticamente porque  80 por ciento de las mujeres, para comenzar, desconocen la ley”, dijo a IPS.

Estigma: un desafío pendiente

Katja Iversen, directora ejecutiva de Women Deliver, un grupo de defensa mundial de los derechos de las mujeres con sede en Nueva York, está de acuerdo en que el estigma es un serio obstáculo para los derechos al servicio de aborto en todo el mundo.

«El aborto es una necesidad básica de atención médica para millones de niñas y mujeres, y la interrupción segura y legal del embarazo salva la vida de las mujeres todos los días”, dijo la especialista a IPS.

Pero, añadió Iversen, “desafortunadamente, el aborto se ha estigmatizado para evitar que las personas hablen al respecto y también para mantener el control sobre los cuerpos de las mujeres, y ese silencio conduce a retrocesos políticos y mitos peligrosos».

El estudio de Masum también encontró algunos de estos mitos y creencias infundadas que existían entre las mujeres de todas las regiones de India.

Algunos de ellos son:

La interrupción médica de un embarazo es ilegal.  El aborto es legal solo hasta 12 semanas. El aborto no está permitido para el primer embarazo.  El aborto causa infertilidad permanente.  La firma del esposo es obligatoria para un aborto.

«Estas creencias en última instancia bloquean las formas en que la sociedad ve y discute el aborto como un problema de salud normal y discute de manera transparente», dijo Pisal.

Según Iversen, el acceso gratuito y regular a la salud sexual y reproductiva, incluida el servicio de la práctica del aborto, puede conducir a mejores condiciones generales de vida de las mujeres y también promueve una mayor igualdad de género en el mundo.

«Cuando las niñas y las mujeres tienen acceso a servicios de salud reproductiva, incluido el aborto, es más probable que permanezcan en la escuela, accedan y permanezcan en la fuerza laboral, se vuelvan económicamente independientes y vivan todo su potencial. Es un ciclo virtuoso y beneficia a las personas, comunidades y países «, afirmó la activista.

El tres de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), convenidos dentro de las Naciones Unidas y a cumplirse para 2030, el que busca garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos apunta en su meta 3.7 la necesidad de dar «acceso universal a los servicios de salud sexual y reproductiva».

En India, sin embargo, lograr este objetivo podría necesitar más que un cambio legal.

Ravi Duggal, un consultor sénior de salud con sede en Mumbai, la capital de Maharashtra, plantea que hay que hay que fortalecer el sistema de salud pública, para que garantice y regule los costos y el acceso a los servicios sanitarios como un derecho.

La ginecóloga Fathima, en Bangalore, está de acuerdo.

«Un sistema de salud pública más fuerte es una necesidad perentoria. Si el personal no juzga, es confidencial, respeta la privacidad y de una pronta respuesta, hará que las mujeres busquen instalaciones probadas (del sistema público) en vez de en lugares inseguros”, afirmó.

Fuente: https://rebelion.org/el-aborto-sigue-como-estigma-en-india-pese-a-su-ampliacion-legal/

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La “epidemia de la risa” que sufrió Tanzania en 1962

Redacción: COPE

La historia de la Medicina está llena de acontecimientos sin explicación. Uno de los más extraños fue la llamada “epidemia de la risa” de 1962 que se extendió por la zona sur de Tanzania.

Su principal misterio radica en que, aunque se reconozca como epidemia de la risa, no es un efecto causado por el humor o el bienestar. Quien la sufría estaba incapacitado para otra cosa que no fuera reírse, aunque sus víctimas no lo encontraban nada divertido.

Los acontecimientos comenzaron durante el recreo de un grupo de adolescentes en un colegio de chicas en Tanzania. Un par de ellas empezaron a reír tímidamente y las risitas pronto evolucionaron a grandes carcajadas. Parecían violentos ataques de histeria.

Las chicas entraron en este estado a clase. Al final del día, 95 de los 159 estudiantes que albergaba el colegio, también sufrían los ataques. En junio de 1964 se contabilizaron 14 escuelas cerradas y más de 1.000 casos de contagios.

La media era una risa constante de 7 días. La explicación se debía a una enfermedad psicógena masiva que enseñó, a buena parte de la población, que reírse no siempre es divertido…

Fuente: https://www.cope.es/programas/herrera-en-cope/la-historia-del-dia/audios/epidemia-risa-sufrio-tanzania-1962-20200421_1080417

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Etiopía: Los padres temen por los estudiantes amhara desaparecidos tras el cierre de universidades por la Covid-19

Redacción: Amnesty

Mientras las universidades de Etiopía cierran para evitar la propagación del virus de la COVID-19, Amnistía Internacional pide a las autoridades etíopes que revelen las medidas que han tomado para rescatar a 17 estudiantes amhara de la Universidad Dembi Dolo, en Oromia occidental, secuestrados por individuos no identificados en noviembre de 2019 y que desde entonces se encuentran en paradero desconocido.

La angustia de las familias de los estudiantes se ve acentuada por el cierre del teléfono e Internet puesto en marcha en enero en la región de Oromia occidental, que dificulta aún más sus esfuerzos por obtener información sobre sus seres queridos desaparecidos.

El sentimiento de temor e incertidumbre que se propaga por Etiopía a causa de la COVID-19 agrava la angustia de las familias de estos estudiantes, que están desesperadas por obtener información sobre el paradero de sus seres queridos.
Seif Magango, director adjunto de Amnistía Internacional para África Oriental

“El sentimiento de temor e incertidumbre que se propaga por Etiopía a causa de la COVID-19 agrava la angustia de las familias de estos estudiantes, que están desesperadas por obtener información sobre el paradero de sus seres queridos cuatro meses después de su secuestro”, ha manifestado Seif Magango, director adjunto de Amnistía Internacional para África Oriental.

“La decisión de las autoridades etíopes de cerrar las universidades para proteger la vida de los estudiantes es encomiable, pero también deben emprender acciones igual de concretas para encontrar y rescatar a los 17 estudiantes desaparecidos, para que también ellos puedan reunirse con sus familias.”

Amnistía Internacional ha hablado con varias familias de los estudiantes desaparecidos, que han expresado su creciente desesperación e impotencia ante la falta de noticias de sus hijos. Esta situación se está produciendo pese al anuncio hecho el 31 de enero de 2020 por el primer ministro de Etiopía, Demeke Mekonnen, de que se había formado un grupo especial para encontrar y facilitar el retorno seguro de los estudiantes a sus familias.

La decisión de las autoridades etíopes de cerrar las universidades para proteger la vida de los estudiantes es encomiable, pero también deben emprender acciones igual de concretas para encontrar y rescatar a los 17 estudiantes desaparecidos, para que también ellos puedan reunirse con sus familias.
Seif Magango, director adjunto de Amnistía Internacional para África Oriental

Girmanesh Yeneneh, estudiante de tercer curso de biotecnología, fue una de las que estudiantes secuestradas cuando se dirigía a su casa en noviembre. Su padre, Yeneneh Adunya, dijo a Amnistía Internacional:

“Enviamos a nuestros hijos e hijas a la universidad para que puedan tener un futuro mejor. Ahora no sabemos dónde están o si están vivos. Estamos de luto desde el día que nos dijo que había sido secuestrada; nos dijo que rezáramos y yo, que soy sacerdote, he ido por todas partes rezando. Pero su madre está devastada, y se está volviendo loca, sin que tengamos ni una noticia del gobierno”.

Aunque los presuntos secuestradores inicialmente permitieron a los estudiantes llamar a sus familias y hablar con ellas, ya han pasado más de tres meses desde que las familias tuvieron noticias suyas. La última vez que uno de los estudiantes habló con sus familias fue el 18 de diciembre de 2019.

Todos los servicios de comunicación en Oromia occidental deben restaurarse de inmediato para permitir no sólo que las familias de los estudiantes desaparecidos accedan fácilmente a la información, sino también para que la población acceda a información vital de salud pública sobre la pandemia de COVID-19.
Seif Magango, director adjunto de Amnistía Internacional para África Oriental

“El cierre de las redes y servicios de comunicación en Oromia occidental es una violación inaceptable del derecho de la gente a la información y a la libertad de expresión”, ha manifestado Seif Magango.

“Todos los servicios de comunicación deben restaurarse de inmediato para permitir no sólo que las familias de los estudiantes desaparecidos accedan fácilmente a la información, sino también para que la población acceda a información vital de salud pública sobre la pandemia de COVID-19.”

Los 17 estudiantes fueron secuestrados en diversas fechas en noviembre de 2019 cuando huyeron de los enfrentamientos étnicos fatales entre estudiantes universitarios oromo y amhara.

Uno de los estudiantes, Gebre-Silassie Mola Gebeyehu, dijo a su tío que él y varios estudiantes más habían sido secuestrados el 28 de noviembre por un grupo de jóvenes oromo mientras se dirigían a Gambella, y que a todos los habían llevado a las profundidades de un bosque de la zona.

Fuente: https://www.amnesty.org/es/latest/news/2020/03/ethiopia-parents-fear-for-missing-amhara-students-as-universities-close-over-covid19/

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«Cartas de la esperanza»: misivas para unir a niños cordobeses y africanos durante el confinamiento

Redacción: Cordopolis

La ONG Infancia Solidaria pone en marcha este proyecto en el que participan los menores de la Casa de Acogida Anidan, ubicada en Kenia.

https://www.facebook.com/angel.parejocarvajal/videos/3131438523556246/?t=37

Hace ya tres semanas que vivimos confinados en nuestras casas. Unos, trabajando. Otros han perdido su empleo temporalmente y otros se encontraban a las puertas de salir de la larga lista del paro hasta que la pandemia del coronavirus dejó todo en stand by. Todos compartimos una misma realidad: estamos confinados. A unos 6.000 kilómetros, en Kenia, la población también está confinada después de que aparecieran los primeros positivos en coronavirus.

Allí, en la Casa de Acogida Anidan viven menores que viven de la mejor manera posible, y con muy pocos recursos, la cuarentena. Para hacerla más llevadera, la ONG Infancia Solidaria Andalucía ha puesto en marcha el proyecto Cartas de la esperanza, con la intención de unir lazos entre los niños cordobeses y estos menores africanos. Los primeros podrán, así, conocer cómo se divierten los keniatas sin un móvil o una tablet en la mano.

En las misivas, los niños cordobeses podrán explicar cómo llevan los días en casa y qué actividades o juegos realizan a diario para matar el aburrimiento. Los padres deberán enviar las cartas, ya sea escaneadas o fotografiadas, a la dirección cartasdelaesperanza2020@gmail.com. La organización las hará llegar a los niños que viven en esta casa de acogida, que las contestarán, y serán reenviadas a Córdoba.

Hay que recordar que esta ONG mantiene una estrecha colaboración con esta casa de acogida para paliar la escasez de recursos y hacer que los menores disfruten de una infancia llena de posibilidades. Debido al coronavirus, además, Infancia Solidaria ha tenido que suspender las acogidas de niños enfermos procedentes del extranjero que viajan hasta España para ser operados de diferentes patologías. Córdoba es la segunda ciudad andaluza que más menores acoge, pero el incremento del número de contagios por coronavirus en España ha llevado a la asociación a tomar esta decisión.

Fuente: https://cordopolis.es/2020/04/05/cartas-de-la-esperanza-misivas-para-unir-a-ninos-cordobeses-y-africanos-durante-el-confinamiento/

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La ruina de los trabajadores autónomos africanos contada por ellos mismos

Por: Lola Hierro

La covid-19 se llevará por delante al menos 20 millones de empleos en el continente. Varios emprendedores de diversos países nos cuentan cómo les ha cambiado la vida y cuáles son sus miedos

Nunca han protagonizado noticias sobre hambrientos o pobres. Como mucho, las han leído en sus teléfonos móviles o las han visto por televisión en casa. Pero el nuevo coronavirus le ha dado la vuelta a sus vidas y se han convertido, sin quererlo, en ejemplos con nombre y apellidos de aquellos que forman el grueso de los trabajadores informales, por cuenta propia, autónomos, emprendedores y pequeños empresarios de África. Esos a los que los Gobiernos, los organismos internacionales importantes y los medios de comunicación se refieren cuando mencionan el daño que las restricciones para contener la covid-19 pueden causar a los bolsillos y medios de vida de millones de personas.

Mophete Thebe no tiene ahora ni para recargar el móvil. Lizzy Jowo se pregunta qué va a hacer para alimentar a sus cuatro hijos cuando se acaben las provisiones que compró antes de empezar la cuarentena. Benedict Muindi piensa en enviar a su mujer y su hijo al pueblo, con su madre, para que, al menos ellos, vivan con un poco más de desahogo. Moussa Ndoye se da con un canto en los dientes porque tiene trabajo hoy, pero mañana, no sabe. Y Yasmeen Helwani está venga a pensar cómo proceder para que ella y las decenas de artesanos que dependen de su mercadillo sigan teniendo sustento.

En África, la situación es compleja porque la mayoría de sus habitantes está empleado en el sector informal: son un 85% de los trabajadores de una población de 1.300 millones de personas que viven al día, con lo que ganan aquí y allá, que no pueden permitirse ahorrar, ni comprar para dos semanas de cuarentena, y que residen en países donde —salvo excepciones— no existe Seguridad Social, ni prestaciones por desempleo. A esto hay que sumar dificultades anteriores como los efectos del cambio climático, los conflictos y el difícil acceso a zonas remotas.

En países de África Subsahariana como Senegal, Ghana, Sudáfrica, Kenia y Zimbabue, ese problema ya ha estallado de lleno. «No estamos hablando de asalariados; son personas que dependen de realizar actividades diarias con las que obtienen ingresos para satisfacer sus necesidades las de su familia», describe mediante vídeo llamada Abebe Haile-Gabriel, subdirector General de la Agencia de la ONU para la Agricultura y Alimentación (FAO) y representante regional para África. Las previsiones de la Unión Africana son pesimistas: calculan que la epidemia puede costar hasta 20 millones de empleos, la economía caerá hasta un 1,1% y los gobiernos africanos pueden perder hasta un 30% de sus ingresos fiscales, estimados en 500 mil millones en 2019. Estos datos brutos se traducen en problemas y temores concretos para personas como Lizzy, Benedict, Mophethe, Moussa y Yasmeen, cinco africanos, cada uno de una esquina del continente, que han accedido a hablar con EL PAÍS a pesar de que no están en su mejor momento para explicar qué les está ocurriendo.

Kenia: Benedict Muindi, empresario en el sector hostelero

Benedict Muindi, empresario keniano de negocios de catering.
Benedict Muindi, empresario keniano de negocios de catering. CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

Benedict Muindi, de 27 años, comenzó a trabajar de chico para todo en un pequeño hotel de Nairobi y con el tiempo y los años se pasó al negocio del catering. No le ha ido mal, pero ahora se han cerrado fronteras y se ha impuesto un periodo de cuarentena en Kenia que ha echado por tierra los negocios turísticos y relacionados con los eventos. Incluidos los suyos. «Casi todos los hoteles han cerrado, la situación es terrible: no hay comida, no he pagado el alquiler…», se queja. Muindi vive con su esposa, ahora desempleada, y su hijo de tres años, pero piensa en mandarlos a casa de su madre, en el pueblo, si la situación no mejora. Cree que allí se las arreglarán mejor porque la vida es más barata.

Ninguna de las medidas de apoyo anunciadas por el Gobierno se ha traducido en una ayuda real para Muindi. Por ahora, él tiene que pensar en cómo salir del apuro por sí mismo, y para ello tiene un plan: «Quiero comprarme una motocicleta; aprovechando que tengo el carné de conducir en regla quiero intentarlo como repartidor para tiendas y negocios pequeños», cuenta. El principal bache es que la inversión supone como mínimo 1.200 euros y él tiene ahorrados unos cien. «Estoy buscando algún tipo de préstamo, tengo que hacer algo diferente. Y si en la ciudad no me va bien, puedo hacerlo desde el campo, donde vive mi madre», confía.

SITUACIÓN EN KENIA

Kenia ha registrado 296 contagiados y 14 muertos hasta ahora. Cuando se informaba de los primeros casos, el presidente Uhuru Kenyatta impuso en Nairobi y otros tres condados, identificados como de alto riesgo, la prohibición de salir durante 21 días, comenzando el 6 de abril. Poco antes decretó un toque de queda nocturno a partir de las siete de la tarde. Y también se han aprobado ayudas: una reducción de la tasa del IVA del 16% al 14% y la eliminación del impuesto sobre la renta de los trabajadores que ganan menos de 24.000 chelines, unos 225 euros, aunque esto aún es una propuesta. El Banco Mundial ha anunciado que destinará un fondo de emergencia de 50 millones de dólares.

Zimbabue: Lizzy Jowo, comerciante con cuatro hijos en casa

Lizzy Jowo, de 37 años, acostumbraba a viajar por Mozambique, Sudáfrica y Zambia para irse de compras. Pero no para ella, sino para su negocio. Es importadora: adquiere telas, ropa y perfumes que luego vende en el mercado de su barrio, Hatcliffe Consortium, en el norte de Harare (Zimbabue). Ella y su familia son ahora un gran ejemplo de los damnificados por las medidas de restricción impuestas para tratar de contener la expansión del coronavirus. Con las fronteras cerradas y el periodo de cuarentena en vigor, Jowo no puede ganarse la vida. «No se nos permite ir al mercado donde suelo vender; se supone que tenemos que estar en casa y no puedo ganar dinero para alimentar a mi familia, para pagar las tasas escolares de mis hijos…», protesta. Esta mujer tiene cuatro vástagos de entre seis y 17 años, todos escolarizados, y un marido que es barbero y que no está en mejor situación que ella, porque también es autónomo.

Por ahora, a Jowo no le ha llegado ninguna clase de ayuda. «No tengo ahorros, y no tengo ningún plan, no tengo comida suficiente, y no sé cómo va a acabar todo esto, pero espero que sea pronto y podamos volver a salir a trabajar. Por ahora, estamos sobreviviendo con lo que compré antes de que empezara la cuarentena» dice, y antes de despedirse indica que prefiere no enviar su fotografía. que declina enviarla. «¡Podría acabar en las redes sociales!», se excusa.

SITUACIÓN EN ZIMBABUE

Zimbabue cuenta con 25 casos confirmados de coronavirus y tres muertos. Su precarísima situación, inmerso en una honda crisis económica y con un sistema sanitario muy débil, llevó al Gobierno a decretar medidas como un periodo de confinamiento que empezó el 30 de marzo y sin fecha de fin en un país donde al menos el 80% de la población se gana la vida en el sector informal.

Organizaciones como el Programa Mundial de Alimentos están brindando ayuda humanitaria no solo en el campo, sino en núcleos urbanos empobrecidos. De hecho, esta organización de la ONU hizo recientemente un llamamiento: hacen falta 130 millones de dólares, pues unos 7,7 millones de habitantes (la mitad del país) necesita ayuda después de la dura sequía y los ciclones del año pasado. La inflación, de un 540% en febrero, está elevando tanto los precios de los alimentos básicos que mayoría de los zimbabuenses se están viendo obligados a comer menos y vender sus pertenencias o endeudarse para sobrevivir.

Sudáfrica: Mophethe Thebe, un productor sin clientes

El periodista sudafricano Mophethe Thebe.
El periodista sudafricano Mophethe Thebe. CORTESÍA DEL ENTREVISTADO

«Estoy bien, tratando de sobrevivir y tomando cada día como viene. Perdona por hablarte por Facebook, es que es gratis». Así contesta Mophethe Thebe desde su casa en Johanesburgo, Sudáfrica. Lleva en cuarentena tres semanas muy duras porque su actividad laboral ha sido completamente interrumpida, y es tajante con la situación en la que se ha visto inmerso de la noche a la mañana: «Esto es frenético, ya no puedo mantenerme. Las cosas esenciales se han convertido en un lujo».

Thebe, de 36 años, es reportero, guía de viajes y productor para periodistas y medios de comunicación extranjeros cuando visitan Sudáfrica. Es un conseguidor de cualquier cosa que alguien pueda necesitar para llevar a buen término un reportaje, un documental o una película. Pero sus clientes se han marchado y sus proyectos se han cancelado. «Tenía que empezar a filmar con un canal de televisión francés a principios de este mes, pero se ha suspendido», lamenta.

Ahora mismo está viviendo en una habitación de un piso compartido con otros dos inquilinos y una anciana casera, y cuenta con una mezcla de perplejidad y amargura que las cosas que antes estaban al alcance casi de cualquiera, ahora son difíciles de encontrar. «Alimentos, artículos de higiene y hasta datos para el móvil para intentar conseguir algo de trabajo. Tengo que arriesgarme a enfrentarme cara a cara con la Policía o el Ejército cuando quiero acudir a mis amigos para pedirles una comida o que me dejen usar el wifi», describe. Y no tiene ahorros, porque se le agotaron al pagar la nueva escuela de su hijo. Nadie podía vaticinar la que se venía encima.

SITUACIÓN EN SUDÁFRICA

Sudáfrica es el país con más casos registrados del continente: 3.465 y 58 muertos. El periodo de cuarentena inicial, de 21 días, se ha extendido un mes más, y hay penas de hasta 10 años de cárcel para quien se lo salte. El país ha cerrado sus fronteras salvo para permitir el paso de corredores humanitarios, los hospitales hacen acopio de respiradores, guantes y mascarillas, las autoridades han ordenador ayudas alimenticias y habitacionales a personas sin hogar y con bajos recursos, pero la necesidad sobrepasa los medios: ya antes del brote, el 29% de la población estaba en paro, una de las tasas más altas del mundo.

Senegal: Moussa Ndoye, obrero rascando trabajos en el barrio

La Asociación Quartier La 2, que preside el senegalés Moussa Ndoye, está repartiendo jabones entre los vecinos de Camberene, en Dakar, e instalando grifos en las calles del barrio para ayudar a prevenir el nuevo coronavirus. QUARTIERE LA 2

«Lo estamos viviendo como todo el mundo, vemos las noticias y es verdad que hay menos casos que en Europa». Moussa Ndoye está tranquilo. De momento. El coronavirus no ha golpeado a su barrio, Camberene, en los alrededores de la capital senegalesa, Dakar. Esto para él tiene una ventaja primordial: aunque con dificultades, se puede trabajar. «Ahora es más difícil ir y venir porque han limitado los horarios y muchas empresas han cerrado, explica. Ndoye se refiere al toque de queda impuesto en el país hasta, al menos, el 3 de mayo: a partir de las ocho de la tarde y hasta las seis de la mañana nadie puede estar en la calle, comenta este obrero experimentado.

A Ndoye, de 39 años, no le contratan solo para poner un ladrillo sobre otro; él emprende reformas integrales de viviendas, tanto si hay que añadir una planta entera a una vivienda como rehabilitar un viejo edificio. Lleva toda su vida en el oficio, le conocen en el barrio y quizá, gracias a eso, aún tiene de dónde tirar. «Ahora trabajo justo detrás de mi casa, estoy arreglando la de un vecino que me ha contratado», cuenta a través de una video llamada de WhatsApp. «Estaré con él hasta el fin de semana que viene», calcula. Luego, tendrá que esperar a dar con otra cosa, pero confía en encontrarla pronto. «Creo que voy a poder coger la obra de otro vecino que me ha llamado».

Aunque el impacto del coronavirus está siendo algo menor en Senegal, eso no quita para que sus habitantes no permanezcan alerta. «Estoy algo preocupado por lo que pasará el mes que viene si no consigo trabajo, ya que el Gobierno habla de aumentar la cuarentena, pero parece que la gente se está curando y la cosa mejora», dice Ndoye. Este hombre vive en pleno Camberene, un barrio donde muchas calles aún son de arena en vez de asfalto y donde todos los residentes se conocen. En su amplia casa, de cuatro plantas levantadas con sus propias manos, viven ocho adultos y siete niños: él, su esposa, su madre, sus hijos, hermanos, cuñadas, sobrinos… Todos siguen trabajando por ahora menos Medun, uno de sus hermanos, que es profesor. «Y como se han suspendido las clases, no tiene empleo y no cobra», afirma.

Los miembros de esta familia no han dudado a la hora de apoyar a otros vecinos que lo están pasando peor y por eso han emprendido una campaña desde Quartiere La 2, la asociación que Ndoye preside. «Para ayudar a todo el mundo y comprar cosas que hagan falta». Tiene solo cinco meses de vida, pero con el dinero que han reunido sus miembros en ese tiempo han hecho una inversión: comprar e instalar grifos en varias esquinas del barrio «para que la gente se cuide, se lave las manos y haga bien las cosas», dice. También reparten pastillas de jabón entre los vecinos y comercios abiertos.

SITUACIÓN EN SENEGAL

La pandemia ha llegado a Senegal y de momento hay registrados 412 casos y cinco muertos. Aquí también se ha establecido el estado de emergencia y, pese a que no se ha ordenado una cuarentena total, el país prevé daños en su economía, aunque no tan graves como otros. De hecho, el Banco Mundial calcula que su PIB será de los pocos que crezca un poco en 2020, hasta un 3%. Pero, aun así, fue de los primeros en pedir ayuda internacional, y también ha sido de los primeros en obtener respuesta: el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial van a destinar sendos fondos de emergencia. El primero enviará 442 millones de dólares y el segundo, otros 20 millones.

Ghana: Yasmeen Helwani, preocupada por decenas de artesanos

Yasmeen Helwani posa frente a una de las tiendas del mercado Green Butterfly que organiza en Accra desde hace una década.
Yasmeen Helwani posa frente a una de las tiendas del mercado Green Butterfly que organiza en Accra desde hace una década. GREEN BUTTERFLY

Yasmeen Helwani es una mujer multitarea de 37 años, empresaria, cantante, artesana, madre de dos críos y activista por el medio ambiente. Ha estado un mes encerrada en casa, como todos los ghaneses, y aunque se acaba de levantar el confinamiento, como todas las actividades y reuniones siguen prohibidas, ni ensayar puede con su banda de música. Aún así, su actividad frenética no cesa ni en tiempos de pandemia. «Perdona que haya tardado en contestar, estoy tratando de organizarme en casa con los niños y todo», saluda a través de WhattsApp. Lo que sí se ha detenido son sus ingresos, pues esta emprendedora organiza desde hace diez años un mercado al aire libre de artesanía, alimentos saludables y productos ecológicos en Accra, la capital de Ghana. «Por desgracia, la covid-19 nos ha afectado muy severamente porque durante el mes pasado no he podido organizar el mercadillo; hice un evento virtual, pero fue muy estresante, ¡aún estoy tratando de recuperarme! —exclama—. Tuve que lidiar con muchos envíos de productos de distintos vendedores y, bajo las condiciones de cuarentena en las que estamos, no fue nada fácil».

Green Butterfly es la empresa que Helwani fundó hace una década, al regresar a su país después de una estancia en Canadá. «Quería contribuir al desarrollo socioeconómico de mi comunidad y me interesaba mucho el trabajo de los artesanos y artistas a pequeña escala», cuenta esta autónoma. Hoy en día, el negocio tiene el éxito suficiente para que varias decenas de creadores vivan de él. «Mucha gente hace dinero en las fechas del mercado; la mayoría somos familias con pequeños negocios y con hijos, y este es el medio gracias al que nos mantenemos», comenta. Ella participa también como comerciante: fabrica jabones y productos de baño ecológicos, y ahora que no puede salir de casa, está pensando en desarrollar más esta faceta suya hasta que la situación mejore y pueda empezar de nuevo, dado que sus productos sí que pueden ser muy necesarios en este momento. «Ahora que el virus está aquí, es importante que nos mantengamos lo más limpios posible. Espero que las restricciones se suavicen pronto porque ahora es muy difícil moverse y realizar cualquier envío», comenta.

SITUACIÓN EN GHANA

Ghana entró cuarentena a mediados de marzo y el 19 de abril el Gobierno anunció el fin del confinamiento, aunque otras restricciones siguen vigentes y eso impide la reactivación de la actividad laboral: colegios, universidades, bares, discotecas permanecen cerrados, y se han suspendido todas las conferencias, talleres, eventos deportivos, manifestaciones y entierros en el caso de que haya más de 25 asistentes.

Este país del Golfo de Guinea, con unos 30 millones de habitantes, ha registrado por ahora 1.042 casos y nueve muertes. El presidente Akufo-Addo ha declarado que el Gobierno cubrirá todas las facturas de electricidad de los más pobres y el 50% para el resto de ciudadanos y para empresas durante tres meses.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/04/06/planeta_futuro/1586176607_933556.html

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La espiral de violencia que acompaña a las migrantes en África

Por: Iñaki Makazaga

Los testimonios de 152 africanas entrevistadas, en diferentes situaciones de movilidad y procedentes de distintos conflictos y crisis, desvelan la exposición constante a agresiones que sufren durante su tránsito

Una espiral de violencia acompaña a las mujeres migrantes en África, tan envolvente que el riesgo de sufrir agresiones en sus vidas se reproduce, incluso con más fuerza, cuando deciden abandonar sus hogares precisamente para librarse de ellas.

Así lo ha documentado durante los últimos dos años la ONG Alboan entrevistando a más de 152 mujeres migrantes en diferentes situaciones de movilidad y provenientes de conflictos con crisis de distinto origen y duración. El diagnóstico se presentó recientemente. La prioridad, dicen, es la atención médica y psicosocial así como aportarles formación profesional y acceso educativo para sus hijos. “Queríamos conocer sus demandas y sueños antes de ponernos a trabajar con ellas”, explica la directora de la organización, María del Mar Magallón.

“Todas piden vivir en contextos seguros junto a sus hijas e hijos, y recuperar así la vida que llevaban antes de sufrir la violencia”, concreta. Desde el principio, la ONG quiso detectar los riesgos a los que se exponen las mujeres migrantes del continente tanto por el hecho de ser mujeres como por el motivo de su desplazamiento. Y así amoldar al máximo su manera de trabajar con cada una de ellas. Por eso, una de sus primeras conclusiones del trabajo ha sido incorporar también nuevas maneras de acompañar, a la vez que mantienen exigencias históricas como reclamar la protección internacional con el estatus de refugiadas para todas ellas por el hecho de sufrir violencia de sexual y de género.

Nuevos marcos normativos de protección

El estatus de refugiada, la obtención de permisos de residencia y la reagrupación familiar facilitaría la prevención de nuevas violencias a estas mujeres que se ven obligadas a desplazarse por las agresiones sufridas en origen y se exponen a nuevas violencias durante todo el camino, como explican en el diagnóstico.

Los países en los que han realizado el trabajo de escucha activa han sido Marruecos, como país de tránsito de muchas mujeres de camino a Europa; los campos de personas refugiadas de Gado en Camerún; Lóvua, en Angola; Mabán, en Sudan del Sur; Melkadida, en Etiopía y Kukuma, en Kenia. También hay participantes del entorno urbano de Luanda, en Angola y Johannesburgo y Pretoria, en Sudáfrica. También mujeres desplazadas de la República Democrática de Congo.

Para el posterior desarrollo de los programas cuentan con el apoyo de la red del Servicio Jesuita a Refugiados en el continente africano y diferentes organizaciones locales lideradas por mujeres. La organización congoleña Sinergia de mujeres por las víctimas de violencia sexual es una de ellas. Su coordinadora, Justine Masika, acudió recientemente a Bilbao a apoyar la presentación de este diagnóstico a finales del mes de febrero.

Victimas de violencias solapadas

“Ser mujer en un país en guerra convierte nuestro cuerpo en campo de batalla. Tan sólo nos queda apoyarnos entre nosotras para levantarnos todas las veces que nos violen”, explica ante una sala llena de un público que se ha acercado hasta la sede de Alboan para conocer los detalles del informe.

Masika habla con voz tranquila y en francés. Cuenta cómo en su país las mujeres sufren varias violaciones a lo largo de sus vidas al no encontrar seguridad para ellas con el desplazamiento interno. Por eso, pone en valor el proyecto al recuperar la voz de las mujeres. “En estos contextos de violencia, los más complicado es devolver la autoestima a las mujeres y el mero hecho de escucharlas, ya es un gran paso para empoderarlas”, enfatiza.

En otros contextos, como los del norte de Marruecos, en plena ruta migratoria hacia Europa la vulnerabilidad de las mujeres se incrementa al encontrarse en situación ilegal. Algo que también aporta mayor impunidad a los agresores al no poder acudir las mujeres a la justicia ordinaria.

Lo mismo ocurre también en los campos de refugiados. Lo han comprobado en Camerún, Angola, Sudan del Sur, Etiopía y Kenia donde “la violencia se traslada a este contexto por mantener costumbres como el matrimonio forzado, la mutilación genital femenina o la exclusión educativa de las niñas”.

En este contexto, las mujeres tampoco son capaces de denunciar ante el temor a ser expulsadas de la propia comunidad. La propuesta que se extrae de este diagnóstico contempla desarrollar campañas de sensibilización, también con hombres, en las comunidades. Y exigen mayores dotaciones económicas a las entidades responsables de los campos para mejorar las condiciones de hacinamiento “que también incrementa el riesgo de agresiones sexuales”.

Aquellas mujeres que se desplazan hacia contextos urbanos, como sucede en capitales como Luanda en Angola o Johannesburgo y Pretoria en Sudáfrica, el análisis detecta otro incremento de vulnerabilidad “al exponerse al mundo de la trata y el trabajo doméstico en condiciones serviles”.

La profesora de Relaciones Internacionales y coordinadora del Grupo de Estudios Africanos de la Universidad Autónoma de Madrid, Itziar Ruiz-Giménez, explica que la metodología de escucha activa del proyecto aporta un valor en sí mismo. “Ya tocaba cerrar la boca y abrir los oídos para que sean las migrantes en movimiento las que expliquen sus propios sufrimientos por el sencillo hecho de ser mujeres”, señala.

El proyecto ya está en marcha, como lo están sus protagonistas. El diagnóstico ha sido el primer paso. Ahora arrancan los trabajos para atender sus necesidades psicosociales, médicas, de formación profesional y asesoramiento jurídico. En principio, durante los próximos cuatro años 6.400 participantes de estos ocho países diferentes en contextos de desplazamiento serán acompañadas para romper la espiral de la violencia en las que viven y convertirlas en muros de contención que, tal vez, generen espacios seguros.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/04/16/planeta_futuro/1587053570_207340.html

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Homeless people use Tippy-Tap hand-washing techniques in Windhoek, Namibia

Africa/Namibia/19-04-2020/Author(a) and Source: xinhuanet.com

Homeless children wash their hands using the Tippy-Tap hand-washing techniques outside temporary tents in Windhoek, Namibia, April 14, 2020. The Tippy-Tap is a common practice in informal settlements where people do not have access to running water. The technique is strongly advised as an attempt to assist the Namibian government with its lockdown efforts in the fight against the COVID-19 pandemic. (Xinhua/Jacobina Mouton)

NAMIBIA-WINDHOEK-INFORMAL SETTLEMENT-COVID-19

A local Himba mother takes her child out of a temporary tent in Windhoek, Namibia, April 14, 2020. These tents were donated by Mobile Telecommunications Limited (MTC) in an attempt to assist the Namibian government with its lockdown efforts in the fight against the COVID-19 pandemic. (Xinhua/Jacobina Mouton)

NAMIBIA-WINDHOEK-INFORMAL SETTLEMENT-COVID-19

Homeless people wash hands using the Tippy-Tap hand-washing techniques outside temporary tents in Windhoek, Namibia, on April 14, 2020. The Tippy-Tap is a common practice in informal settlements where people do not have access to running water. The technique is strongly advised as an attempt to assist the Namibian government with its lockdown efforts in the fight against the COVID-19 pandemic. (Xinhua/Jacobina Mouton)

Source and Image: http://www.xinhuanet.com/english/2020-04/15/c_138979302_3.htm

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