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Kenia: El pueblo que vive sin identidad

África/Kenia/30 Abril 2020/elpais.com

La comunidad religiosa shona se estableció en Kenia hace más de medio siglo, pero no está reconocida por el Estado, por lo que no pueden acceder a sanidad, educación o emprender un negocio

Como aquel a quien diagnostican una enfermedad que siempre tuvo, pero desconocía, millones de personas en el mundo descubren un día que el país que sienten como suyo, allí donde nacieron, no los reconoce como ciudadanos. No importan sus vivencias o sus recuerdos, a ojos de la administración no son del país, no tienen identidad. Son apátridas. Jonathan Mwawa lo descubrió bien pronto, en el colegio. “Los otros niños e incluso los profesores nos llamaban ndoredi (marginado en kikuyu)”, recuerda este joven treintañero de la etnia shona, una de las no reconocidas en Kenia.

Mwawa es uno de los 4.000 shonas, aproximadamente, que viven en el país africano desde hace cinco décadas. Esta comunidad religiosa originaria de Zimbabue llegó aquí en los años sesenta, como misión de la Gospel of God Church, fundada en 1932. Por aquel entonces, Zimbabue se llamaba Rodesia del Sur y ambos países eran aún colonias británicas. Pero poco se identifican con esos primeros migrantes Jonathan o su madre Sarah, también nacida en el país. En el municipio de Kiambu, a casi una hora en coche por una carretera polvorienta y estrecha al norte de Nairobi, donde apenas hay espacio para los matatus (minibuses locales) y los coches que se cruzan, vive esta mujer de 50 años, con su marido y sus tres hijos pequeños. En su casa, rodeada de frondosos cultivos de café, té y maíz, construida de ladrillo y de una sola planta, comparten patio con los vecinos. “No podíamos permitirnos una vivienda así cuando yo era niño”, comenta el joven, que ya está emancipado y tiene su propia familia. “Antes las cosas estaban peor”, añade.

Como la mayoría de las mujeres shona, Sarah Mwawa se dedica a la cestería, mientras los hombres trabajan como carpinteros. Una norma dictada por el fundador de la iglesia marca que todas ellas vistan con largas faldas de colores claros. También envuelven su cabeza con un fular blanco. Con las cestas, Sarah consigue algunos ingresos pero lamenta no poder poner en marcha ninguna iniciativa. La falta de documentación es una barrera insalvable, no solo para impulsar un negocio, sino para acceder a la sanidad o a la educación.

La casa de Michael Tshuma, a las afueras de Nairobi.
La casa de Michael Tshuma, a las afueras de Nairobi. L. B.

Un problema con diferentes causas

Según Bénédicte Voos, funcionaria superior de Protección para los Apátridas en la oficina regional de Acnur, la agencia de la ONU para los refugiados, comunidades como la shona “no son reconocidas como nacionales por ningún Estado bajo su ley”. Varios son los factores que pueden dejar a una persona huérfana de nacionalidad. Por ejemplo, el conflicto entre las leyes de dos Estados. También puede darse una discriminación de género en la ley, como sucede en Somalia, y que solo los hombres puedan transmitir la nacionalidad, una norma que desprotege a los niños con padre desconocido o que se niega a reconocerlos. En el caso del pueblo shona, sin embargo, el problema tiene sus raíces en los procesos de independencia, que sacudieron la estructura social y administrativa de las antiguas colonias.

En África esta situación afecta sobre todo a personas “que nacieron en un país, han pasado allí toda su vida y sienten que pertenecen a él”, apunta Voos, en oposición a otros lugares del mundo, donde suele afectar más a migrantes o refugiados. Jonathan subraya con firmeza: “Esta no es nuestra tierra ancestral, pero nacimos aquí y aquí crecieron nuestros abuelos”. Su comunidad habla suajili e incluso kikuyu, la lengua local propia de la zona donde se instalaron los primeros shonas que migraron al país.

Cuando Kenia logró su independencia en 1963, se abrió una ventana de dos años para que los habitantes de todos los orígenes pudieran registrarse como ciudadanos: asiáticos, europeos o trabajadores migrantes de otras colonias africanas. Muy pocos lo hicieron. “En la práctica hubo algunas lagunas: no se llevó a cabo una campaña informativa exhaustiva e incluso aquellos que se enteraron no acababan de comprender qué suponía no registrarse”, apunta Walpurga Englbrecht, representante adjunta de Acnur en Kenia.

Los pocos que sí obtuvieron ese primer documento de identidad lo perdieron en 1978, cuando llegó al poder Daniel Arap Moi. El segundo presidente del país modificó la Ley de Registro de Personas, estableciendo la ascendencia keniana como condición indispensable para renovar el carné de identidad. La norma se aplicó de manera tácita, sin informar a la población del nuevo requerimiento. Así lo explica un estudio realizado por esta agencia de la ONU en 2018. Pero ningún shona podía demostrar tener padres o abuelos kenianos. El resultado de los fallos en el engranaje administrativo ha dejado en este país un número aproximado de 18.500 apátridas, entre los cuales, unos 3.500 son shona.

Sin documentos no hay derechos

A Sarah Mwawa, su segundo parto, cuando tenía 20 años, la pilló en la cárcel dónde la policía la trató «muy mal» mientras la trasladaban de urgencia a un hospital. Así recuerda la madre de Jonathan una de las varias detenciones que sufrió cuando era joven. ¿El motivo? No contar con ningún documento que demostrara que era keniana. Para muchos miembros del pueblo shona, el momento en el que son conscientes del problema de ser apátridas llega cuando les piden documentos para poder ser atendidos en la sanidad pública o cursar la educación secundaria.

A Michael Tshuma, otro joven de la comunidad, de 22 años, casi le costó dejar el colegio. Hasta hace dos años, en 2018, el sistema educativo keniano requería un certificado de nacimiento para presentarse a los exámenes finales de primaria y poder pasar a la secundaria (ahora, lo requiere ya de entrada para comenzar la primaria). Si el registro de nacimientos ya es de por sí bajo en la sociedad keniana —según los últimos datos oficiales de 2014, solo un 67% de los menores de cinco años están registrados— para los shonas resulta imposible, porque se necesita un carné de identidad de uno de los progenitores o de la misma persona, si ya es mayor de edad, para tramitarlo. “Pasé mucho tiempo en casa mientras buscábamos a alguien que nos ayudara. Mi madre llegó a pagar 15.000 chelines (unos 130 euros) en sobornos a funcionarios del registro”, revela el joven. Al final, un profesor se comprometió a conseguirles el documento a cambio de 3.500 chelines. “En tres días apareció con el certificado y así es como pude examinarme”.

No todos los miembros de esta comunidad son apátridas, sino inmigrantes. Durante los años siguientes a la independencia, otros shona regresaron al país. Como tantos otros kenianos, vivieron ajenos a la Administración durante muchos años. Es el caso de Nebili Dube, la madre de Tshuma. Ella tiene 60 años y llegó al país en los 90. Ahora, explica, “ya no tiene nada que ganar en Zimbabue, se siente más cómoda en Kenia”.

Sin embargo, a ojos de la ley de inmigración del país, que requiere un mínimo de siete años de residencia legal para conseguir la nacionalidad, su situación es complicada. “Si no ha regularizado su estado antes, entonces será muy difícil. Si se quedó ilegalmente, no cumple las condiciones y lo que hay que hacer es investigar las leyes del país de donde viene”, apunta Englbrecht. En este sentido, las autoridades kenianas se han mostrado cautelosas. Aunque el año pasado facilitaron certificados de nacimiento a 600 niños shonas, algo imprescindible para lograr su naturalización además de ser una obligación legal del gobierno, han hecho mucho hincapié hasta ahora en distinguir a los llegados antes de 1963 y después.

Una norma dictada por el fundador de la iglesia marca que todas las mujeres shona vistan con largas faldas de colores claros.
Una norma dictada por el fundador de la iglesia marca que todas las mujeres shona vistan con largas faldas de colores claros. L. B.

Para la comunidad, la decisión es urgente. Y los datos les dan la razón. Según un estudio socioeconómico que aún no ha sido publicado “está muy claro que la apatridia exacerba la pobreza”, afirma Wanja Munaita, funcionaria de Acnur. Jonathan Mwawa lo experimenta en su día a día: “No somos el tipo de gente que hace un presupuesto y compra comida para toda la semana. Vivimos día a día. Te despiertas y no sabes lo que comerás por la noche, pero tienes que salir”.

El informe, que compara datos de la comunidad con los de los ciudadanos kenianos que viven en las mismas zonas, muestra que “los shonas son al menos tres veces más pobres que el resto de kenianos en esa zona”, avanza la experta. También queda patente que, mientras los niveles de escolarización primaria son parecidos, el número de niños shonas que cursan secundaria es radicalmente más bajo. De momento, el Gobierno keniano se ha comprometido a resolver la situación durante este 2020. Quizás la hija de un año de Mwawa sí que pueda crecer sin la lacra de la apatridia. “No estoy preocupado porque yo crecí en la misma situación, así que para mí es normal, ¿sabes? Pero no lo es”.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/04/23/planeta_futuro/1587651376_444838.html

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La canción más alegre del mundo y otros himnos desde África contra la covid-19

Reseñas/30 Abril 2020/Autora: Belén Hernández/elpais.com

La artista beninesa Angélique Kidjo versiona ‘Pata Pata’, la melodía que popularizó Miriam Makeba contra el ‘apartheid’ en Sudáfrica, para transmitir ahora información y esperanza sobre el coronavirus

Las canciones de resiliencia no han parado de sonar desde que la pandemia encerrara a más de media humanidad en sus casas. Al Resistiré y el Agapimú en los balcones de media España, al New York, New York de Frank Sinatra en la ciudad que nunca duerme, se ha unido un nuevo himno para transmitir esperanza y combatir el coronavirus: Pata Pata, una de las melodías africanas más internacionales de la historia, calificada por algunos como la canción «más desafiantemente alegre del mundo», y que ahora ha versionado Angélique Kidjo. Pero no es la única cantante del continente africano que ha querido sumarse a los sonidos contra la covid-19. Hay otros en Senegal, Uganda o Malawi.

Pata Pata significa, literalmente, Toca, toca en xhosa, una de las once lenguas oficiales de Sudáfrica. Sin cambiar los acordes ni las sílabas, pero sí la letra, la versión modificada y cantada por la artista Angélique Kidjo incluye estrofas como «¡Es hora de sentarse, de no tocarse! Quédate en casa y espera. Tenemos que lavarnos las manos, así que no ‘toca-toca’ (…) No te toques la cara y mantén la distancia, por favor».

Esta nueva versión de la canción más popular de Miriam Makeba, amiga y mentora de Angélique Kidjo, será de uso libre. Unicef ha animado a los ciudadanos a enviar vídeos, después de su lanzamiento el pasado 23 de abril, de ellos mismos bailándola y nombrando al perfil de Twitter de @UnicefAfrica o bien en las redes sociales Tik Tok e Instagram con las etiquetas #nopatapata y #healthyathome. Las mejores grabaciones se incluirán en un vídeo musical que se lanzará a mediados de mayo.

«Todos conocemos lo que hay que hacer, pero también sabemos cuánto sufren las comunidades. Pata Pata siempre ha estado ahí para las personas en momentos de lucha. Espero que lo esté una vez más. Y espero que, desde nuestro confinamiento, podamos volver a bailarla», ha explicado la cantante beninesa y también embajadora de Buena Voluntad de Unicef. Kidjo asegura que ha regrabado la canción para divulgar «información y esperanza» contra el coronavirus. Para la artista, además, la melodía tiene un significado especial, dado que su amigo, el icono del afrojazz Manu Dibango, murió a los 86 años a principios de abril por la covid-19: «Manu me inspiró. Miriam me inspiró. Y Pata Pata me dio esperanza».

Hace más de 50 años que la canción se convirtió en un éxito internacional, cuando Miriam Makeba la estrenara en el show de Ed Sullivan en 1967. Apodada Mama África, fue una cantante y compositora sudafricana, pero también una activista por los derechos humanos que trabajó por la erradicación del hambre, el sida y la violencia machista. Icono de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, en 1960 trató de volver a su país de origen desde Estados Unidos para el funeral de su madre, pero su pasaporte había sido revocado.

Makeba fue una de las primeras músicas africanas en recibir reconocimiento mundial, ganando un Grammy en 1965 y actuando por todo el mundo, desde Johannesburgo a Nueva York, Lagos o Londres. Intepretó su mayor exito, el citado Pata Pata, en el Festival de Viña del Mar en 1972 y se lo dedicó a Salvador Allende al grito de: «Viva la revolución chilena».

Youssou N’Dour y otras voces desde Senegal, Malawi y Uganda

En Senegal, uno de los países africanos que mejor está conteniendo la transmisión del virus, también han surgido voces que cantan para combatir la covid-19. Youssou N’Dour y otros 19 artistas senegaleses se han unido para cantar Daan Corona, una composición que busca concienciar a la población de la importancia de estar en casa, mantener la distancia social y lavarse las manos para no contagiarse. Los beneficios que recaude la canción irán destinados íntegramente al Ministerio de Sanidad de Senegal, según han informado los músicos implicados.

Desde Malawi, Lazarus Chigwandali, un músico y cantante albino que ha pasado de tocar en las calles de Lilongwe a actuar en grandes festivales, también compuso una canción sobre el coronavirus y la publicó el pasado 18 de abril, al tiempo que su país decretaba el confinamiento por 21 días.

A menudo, música, censura y activismo político van de la mano. Es el caso de la melodía contra el coronavirus que en Uganda lanzó el pasado 26 de marzo el cantante y opositor Bobi Wine, en la que advertía que de que «no hay que tomarse a la ligera» la enfermedad. «La mala noticia es que todo el mundo es una víctima potencial, pero la buena es que todo el mundo es una potencial solución», canta Wine.

Esta canción, que se titula Coronavirus Alert, fue censurada y prohibida por el Gobierno ugandés y no se puede escuchar en ninguna cadena nacional, a pesar de que su vídeo en Youtube ya tiene más de un millón de visualizaciones. El artista, de 38 años, Robert Kyagulanyi Ssentamu, es uno de los principales referentes políticos críticos al presidente Yoweri Museveni, de 75 años, y en el Gobierno desde hace 34. En una entrevista de EL PAÍS el pasado 1 de abril pedía que su canción se escuchara de nuevo en Uganda: «Le he pedido al Gobierno que deje la política a un lado por una vez y asuma que esto es una causa noble y necesaria. La gente tiene que oír el mensaje y como músico, esta es mi mejor manera de ayudar”.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/04/25/planeta_futuro/1587828111_614617.html

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Africanizando el confinamiento (3)

Reseñas/30 Abril 2020/Autores: Chema Caballero-Ángeles Jurado/elpais.com

Recomendaciones de cocina, museos y mucha literatura en redes sociales para que la semana del libro no acabe

Estamos en plena semana del libro y seguimos animando la cuarentena con propuestas culturales diversas, siempre con el objetivo de acercarnos a África y conocerla mejor a través de su producción artística. Las redes sociales rebosan de iniciativas interesantes entre las que elegir, una vez que todos empezamos a habituarnos a nuevas dinámicas y la creatividad se nos escapa por los dedos. Si dispones de conexión a Internet, tiempo libre y curiosidad por el continente africano, estás de suerte.

Literatura

Si hablamos de libros, la cantidad de iniciativas que se desarrollan en Internet y que nos acercan a los autores y las autoras del continente africano, la afrodiáspora y la afrodescendencia es inabarcable. Es recomendable seguir los perfiles en Instagram de gente como Los Libros de las Malas Compañías, que hacen directos cada noche presentando obras y cuentos, muchos de ellos africanos. Precisamente para celebrar el 23 de abril, organizaron una maratón de cuentos africanos durante todo el día a través de un blog, subiendo un cuento cada 15 minutos e implicando a más de 50 narradores y narradoras de todas la edades, los estilos y las condiciones. Casa Árabe o la Fundación Tres Culturas se han apuntado a las charlas en Instagram también, la primera incluyendo en su nómina a autoras como Najat El Hachmi, mientras que la segunda saca adelante las reuniones de su club de lectura por esta vía.

Ya lo deja claro Carlos Bajo en Wiriko: «Tal vez nunca habíamos tenido tan accesibles a algunos autores africanos como en tiempo de confinamiento». Es una afirmación real y amplia, aunque él se refería concretamente a la segunda edición del AfroLit Sans Frontières Virtual Literary Festival, que se celebra hasta el lunes, liderada por la zambiana Zukiswa Wanner con la colaboración de Maaza Mengiste. Como ya ocurrió en la primera edición de este festival autogestionado, se celebran dos encuentros diarios: uno a la una de la tarde y otro a las siete de la tarde, en horario español peninsular. Participan dieciséis autores desde catorce países y trece ciudades diferentes. A ellos se suma un moderador diferente cada día, lo que eleva la nómina a 24  escritores, entre los que se incluyen Yvonne Adhiambo OwuorChris AbaniElma ShawLola ShoneyinRemy NgamijeAbdourahman A. Waberi, Edwige DroSulaiman Addonia,  Jennifer Nansubuga MakumbiTroy OnyangoNapo MasheaneMona Eltahawy y Natasha Omokhodion-Kalulu Banda. El menú del fin de semana incluye a Nii Ayikwei Parkes y Marie Louise Bibish Mumbu (en conversación con Asiedu Benneh) y Fred Khumalo y Hemley Boum (con Makanaka Mavengere). Cierran el Afrolit, el lunes, Ondjaki desde Luanda e Ishmael Beah desde Los Ángeles, charlando con la creadora de esta iniciativa, Wanner.

Hay que estar pendiente de otros perfiles, como el de Brittle Paper, que ha utilizado su Instagram para ofrecernos encuentros con escritores africanos repartidos por todo el planeta. La última en departir con ellos fue Chibundo OnuzoSheLeadsAfrica está haciendo lo propio y hoy, por ejemplo, mantuvo un diálogo online con la también nigeriana Oyinkan Braithwaite. Escritores como Najat El Hachmi están haciendo un uso generoso de Instagram live y multiplicando su actividad en redes sociales en estos momentos.

Arte

Jeune Afrique nos presenta una serie de exposiciones y museos a visitar en tiempos de confinamiento, empezando por la galería Cécile Fakhoury (Abiyán y Dakar), que ofrece la posibilidad de visitar sus exposiciones online: Vincent Michéa (Toi seulement) y Serigne Ibrahima Dieye (Paraboles d’un règne sauvage). Además, nos deja acceso al catálogo completo de la exposición de la argelina Dalila Dalléas Bouzar titulada Innocente. La galería Addis Fine Art propone una visión de los dibujos y las esculturas de Adiskidan Ambaye. La neoyorquina Fridman  abre las puertas virtuales de la obra de Wura-Natasha Ogunji y la londinense Sulger-Buel las del ugandés Collin Sekajugo, que reúne sus collages en la muestra This is Uganda. Hay muchas otras opciones más: Expression(s) décoloniales(s) #2Figures of Power (Kura Shomali, Gonçalo Mabunda, Amadou Sanogo, Pathy Tshindele, Omar Victor Diop, Malick Sidibé, Steve Bandoma, etc.) o Seeds of Light (Tiffanie Delune). La plataforma Contemporary And (C&) ofrece acceso a James Barnor en la Fundación Nubuke de Accra, Leïla Alaoui en la galería Ifa en Stuttgart o Have You Seen a Horizon Lately?, además de artículos diversos y un boletín informativo electrónico. La feria de arte contemporáeno 1-54 se prepara para presentarse virtualmente en la plataforma Artsy, mientras que la parisina Afikaris presenta en su web  las obras de Evans Mbuga, Bruce Clarke, Nyaba Ouédraogo, Asiko o Aliou Diack, además de una visita a la exposición Dialogues .

Cocina

Degustación gastronómica en Casa África.
Degustación gastronómica en Casa África. ÁNGELES JURADO

Mucho se está hablando en estos días de comida y si hay algo variado, interesante y gustoso que aprender y disfrutar es la gastronomía africana. Jeune Afrique también ha dedicado un reportaje a los chefs africanos en redes sociales y propone seguir a cocineros como la congoleña Sandrine Nzinda Kissina que trabaja en un proyecto de viajes culinarios para la Agencia Francesa de Desarrollo y mantiene dos páginas: Cuisine Afro y Traiteurs Afro. Se hacen eco de las creaciones de otros maestros de los fogones como el chadiano Hissein Mahamoud, la congoleña de origen Nathalie Schermann, el gabonés Merlin Ella o la burkinesa Vanessa Bonogo y en Youtube, proponen seguir a Lyvie (Lyvie’s Cooking) cocinando el confinamiento con su hija. Nosotros añadimos a la lista a Alice Pegie en Twitter, Loic Dablé y Lola’s Kitchen en Instagram y el blog de Karelle.

Para terminar

MusicAfrica nos chiva en Twitter que la emisora TRACEAfrica_ ofrece un mes gratis de música africana on line y en directo con el código promocional FREE, mientras Radio Kuwamba pone a disposición de todos los fondos musicales de Casa África también gratis. En el campo de los temas nuevos, Awadi y Youssou Ndour han lanzado Daan Corona y en el mismo país, Senegal, Sidy Samb ha compuesto su propio tema contra la pandemia. Hay muchas otras iniciativas sensibilizadoras o a la moda, como la canción de Meli Melo, «reina del coupé decalé», titulada Corona tu es vaincu.

En lo que se refiere al cine, sigue funcionando el Canal de vídeo de Cine Africano en español y es posible alquilar películas por un precio razonable que se destina exclusivamente a pagar derechos de autor y apoyar así el cine africano.

Bucear en redes sociales es arriesgarse a un incidente cardiovascular y a enredarse en discusiones estériles, pero también es tropezarse con gente que comparte y aporta. Uno de ellos es el exfutbolista reconvertido a la escritura y el periodismo Alberto Edjogo-Owono, autor de Indomable y que dedica su confinamiento a ilustrarnos sobre fútbol y futbolistas africanos fundamentalmente. Otra es Aïda Colmenero, cabeza y corazón tras el proyecto Ella Poema, que comparte información sobre clases abiertas de la técnica Germaine Acogny, bailarinas africanas y diferentes iniciativas como 24 horas de baile online organizadas desde Lagos a través del planeta. Este es un buen momento para visitar su canal Youtube y conocer lo que se cuece en África en el ámbito de la danza contemporánea.

Finalmente, Casa África elabora un dosier diario de noticias con las útimas novedades sobre el coronavirus en el continente africano, disponible en abierto, para estar al día de la situación. También tiene un blog en el que se cuelgan casi a diario artículos, reportajes y textos de opinión firmados por autoridades como Felwine Sarr, Boubacar Boris Diop o Carlos Lopes.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/04/20/africa_no_es_un_pais/1587390475_644193.html

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Kenia amplía el cierre de colegios

África/Kenia/30 Abril 2020/elpais.com

La pandemia ha provocado en todo el continente más de 32.000 casos de coronavirus y 1.420 fallecidos. Siguen las medidas de confinamiento

Las cifras de fallecidos y contagios de coronavirus confirmados en el continente africano aumentan lentamente. La realización de tests y la recogida de datos es complicada. La pandemia ha provocado ya en todo el continente africano más de 32.000 casos de coronavirus y 1.420 fallecidos. Los expertos médicos advierten que los frágiles sistemas de salud frágiles de muchos países africanos están en riesgo de verse abrumados si la ola de contagios acaba descontrolándose.

Sudáfrica, con 4.546 casos confirmados el país más afectado, le siguen Egipto (4.534), Marruecos (4.065) y Argelia (3.382) son los países que confirman más contagios. El confinamiento sigue siendo una de las misiones casi imposibles en un continente con millones de viviendas informales. Las ciudades han sido reconocidas como pieza clave para afrontar la covid-19, pero las africanas, con la urbanización más acelerada del mundo, no están recibiendo mucha atención científica o social. Un peligro para todos.

En Sudáfrica el uso de mascarillas de protección será obligatorio a partir del 1 de mayo, cuando comience la desescalada del cuasi imposible confinamiento. Por su parte, Camerún ha decidido excarcelar a sus presos por orden de su presidente, Paul Biya, tras constatar un aumento significativo de los casos de coronavirus en el país, donde ya más de 1.621 casos y 56 fallecidos. El Gobierno de Kenia ha anunciado este domingo que prorroga durante un mes el cierre de colegios a causa del coronavirus, una medida que entrará en vigor el 4 de mayo, cuando se esperaba la reapertura de los centros. Los colegios fueron cerrados a mediados de marzo en el país africano, momento en el que se lanzaron programas para dar clases a través de programas de radio y televisión.

Desde todas partes del mundo llegan iniciativas que tratan de hacer más llevadera esta crisis sanitaria y social. La artista beninesa Angélique Kidjo ha versionado Pata Pata, la melodía que popularizó Miriam Makeba contra el apartheid en Sudáfrica, para transmitir ahora información y esperanza sobre el coronavirus.

Fuente e imagen tomadas de: https://elpais.com/elpais/2020/04/25/planeta_futuro/1587798290_299817.html

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Cuando la pandemia está enraizada en la convivencia escolar: el papel de los líderes escolares ante el VIH en Sudáfrica.

Por: Leonardo Oliver Ortiz Flores

La crisis que atravesamos a nivel mundial por la epidemia del virus SARS-CoV-2 (causante de la enfermedad COVID-19) es inédita y, sin embargo, el brote era inminente. Una paradoja de la misma evolución, como lo ha confirmado el equipo multidisciplinario de investigación liderado por el infectólogo californiano Kristian Andersen, en el artículo publicado en la revista Nature Medicine. Según el Manual de la Organización Mundial de la Salud (OMS) Gestionando epidemias. Factores clave sobre enfermedades mortales graves, los brotes epidémicos de influenza son inevitables, sin embargo, nunca se puede saber cuándo ocurrirán y de qué magnitud serán.

En el siglo XX ocurrieron 3 brotes: en 1918, 1957 y 1968. Por lo pronto, en lo que va de este siglo el intervalo se ha mantenido en aproximadamente cada 10 años: 2000, 2009 y 2020. El acortamiento del intervalo debe llevarnos a reflexionar sobre las consecuencias que el proceso antropogénico está teniendo en el planeta. Los avistamientos de fauna que deambula libremente en ciudades de todo el mundo nos ha llevado a preguntarnos si el modelo civilizatorio basado en la depredación del medio ambiente es el auténtico virus.

Si bien la marcha de las diferentes actividades cotidianas se ha visto trastornada, en esta reflexión me quiero enfocar en las implicaciones que una pandemia tiene en la vida escolar. A nivel mundial, de acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO por sus siglas en inglés) el cierre de escuelas por COVID-19 afecta al 91.3% de los estudiantes matriculados y hay cierres escolares en 191 países.

Figura 1. Impacto del COVID-19 en la educaciónFuente: UNESCO. COVID Response to Education

En el caso de México, la reanudación del ciclo escolar en nivel básico desde el 20 de abril mediante la estrategia “Aprende en Casa” plantea un desafío multidimensional. Factores como una conectividad desigual y la curva de aprendizaje para habilitarse en las modalidades a distancia son problemáticas que han llevado a plantear la suspensión del ciclo escolar. Pero eso no es todo, las medidas de aislamiento social han planteado retos para la convivencia en el hogar. Esto se ha observado con el aumento de reportes de violencia intrafamiliar, aspecto que retomaré más adelante.

En estas líneas, quiero exponer un escenario en donde la pandemia circula mediante factores que propician una convivencia escolar violenta. Me refiero a los efectos que el contagio por el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) ha tenido en el sistema educativo de Sudáfrica y cómo sus líderes escolares la han afrontado. Aunque son escenarios de naturaleza epidemiológica distinta, es posible articular las implicaciones que tienen para la sana convivencia en ambos casos.

Si bien la epidemia de COVID-19 ha llevado al cierre de aulas y a un intenso debate sobre la viabilidad de mantener el ciclo escolar a través de diferentes modalidades y plataformas en línea, la epidemia del VIH en Sudáfrica ha representado la disrupción sistémica de la rutina y la planificación escolar a tal grado que ha llevado a su sistema educativo al borde del colapso y ha forzado a sus líderes escolares a mantener un enfoque casi permanente de gestión de la crisis.

Al 2018, según datos de ONU-SIDA un estimado de 7,770,000 personas en Sudáfrica (de una población de 57.78 millones) vivían con VIH. De estos, 4,700,000, el 62.27%, eran mujeres mayores de 15 años y 2,800,000 eran hombres mayores de 15 años mientras que 260,000 eran niñas y niños de 0 a 14 años. A nivel mundial, la región este y sur de África encabezan los casos de personas con VIH, con 20.6 millones casos de un total de 37.9 millones. Para 2016, Sudáfrica desplegó el tratamiento antirretroviral más grande del mundo (Moyo y Perumal, 2019). Ello ha contribuido a que al 2018 4,200,000 personas se encuentren en terapia antirretroviral, según ONU-SIDA.

No obstante, la cobertura aún tiene brechas por delante: un 62% de adultos mayores de 15 años y un 63% de niños de 0 a 14 años tienen acceso al tratamiento antirretroviral. También se requiere incentivar la educación sexual y reproductiva, pues sólo un 45.8% de hombres y mujeres de entre 15 y 24 años lograron identificar correctamente métodos para prevenir el contagio por VIH (ONU-SIDA, 2018). Sin embargo, esta pandemia ha generado estragos profundos en el sistema educativo sudafricano. Según Buchel y Hoberg (2007) al 2005, el 12.5% de la plantilla docente en Sudáfrica padecía VIH y carecía de un tratamiento antirretroviral adecuado.

Ello no sólo les impedía estar en condiciones de estar frente a grupo, sino que originó un déficit crónico de docentes y por lo tanto de agentes educativos que promuevan el logro escolar y la cohesión social. Esto ha derivado en una sobrecarga de trabajo para los maestros que deben cubrir a sus pares, mientras que los alumnos se ven forzados a abandonar, ya sea porque el VIH afectó a su círculo familiar o a ellos mismos. En consecuencia, la planificación de actividades escolares se ha visto profundamente trastornada.

A ello hay que agregar el sesgo de género en el contagio por VIH. Al 2003 la tasa de mortalidad en docentes mujeres de entre 30 y 40 años por esta causa era de 70%; mientras que un 10% de las alumnas se veían forzadas a dejar la escuela a causa de incapacidad por VIH de algún miembro familiar, en comparación con un 5% de los alumnos. Las alumnas también estaban más expuestas a la violencia sexual. Un tercio de las violaciones a menores de edad fueron perpetradas por los propios maestros, lo cual implica la responsabilidad y gestión de los directores y era síntoma de un pobre desempeño de liderazgo.

Este liderazgo deficiente también era una causa subyacente a los factores de convivencia que han propiciado el brote de la epidemia del VIH, lo que a su vez trastorna e interrumpe la vida escolar. Entre estos factores se encuentran: el estrés emocional al que se ven expuestos los alumnos cuyo entorno familiar se ha deteriorado por el impacto del VIH y el abuso de sustancias que producen farmacodependencia, pero también incide el inicio temprano de la vida sexual entre adolescentes, así como la falta de habilidades efectivas de tutoría por parte de los docentes para lidiar con estos fenómenos.

La confluencia de estos factores lleva a conductas de riesgo que impactan en la convivencia y aumentan la violencia sexual y por tanto el contagio de VIH y embarazos prematuros. Sin embargo, argumentan Buchel y Hoberg, cuando se logra articular un equipo efectivo de gestión bajo el liderazgo del director es posible transformar el panorama hacia una cultura positiva de aprendizaje que permite mejorar el ambiente escolar y por lo tanto reducir los factores que aumentan el riesgo de expansión de la pandemia por VIH.

Un aspecto clave en la consolidación de este ambiente favorable al aprendizaje y la convivencia pacífica es la relación de confianza entre director y docentes. Un área de oportunidad al respecto en el caso de Sudáfrica fue la política de descentralización y autonomía de gestión. Esto motivó un giro en el estilo de liderazgo, de un enfoque burocrático a uno enmarcado en las corrientes transformacionales y carismáticas. Debido a las demandantes necesidades de capacitación de carácter interpersonal en la relación de los docentes con los estudiantes, se requiere de un balance adecuado entre empatía y capacidad directiva.

La empatía es necesaria para vencer el estigma asociado con el VIH y así canalizar a los docentes a una detección oportuna y respaldarlos durante el ejercicio de sus funciones. Esto es posible cuando el director fomenta una cultura de entendimiento y tolerancia (Moyo y Perumal, 2019). Sin embargo, se observó que un exceso de empatía generaba una tendencia en los docentes a justificar un bajo desempeño, y en los directores, a renunciar a su papel de autoridad (Moyo y Smit, 2017).

Estos retos dan cuenta de la complejidad del liderazgo directivo, ya que implica un equilibrio entre el liderazgo pedagógico y la capacidad de gestionar la escuela en tanto organización (Hernández-Fernández, 2020). Lo que ha demostrado el brote epidémico de VIH en el sistema educativo de Sudáfrica, es que el papel de los líderes escolares se tiene que diversificar de las labores de planificación y gestión hacia la de proveer apoyo emocional sin renunciar a su capacidad directiva.

Cabe señalar que aún persiste la violencia de género en relación al VIH en Sudáfrica. De los casos detectados en 2018 entre jóvenes de 15 a 24 años, 69,000 correspondían a mujeres y 25,000 a hombres. Los factores que propician una convivencia pacífica, tanto en el entorno escolar como familiar, son cruciales para evitar los factores que propician el riesgo de contraer esta enfermedad, así como de reducir la exposición que afecta a las mujeres.

Esto también vale para la etapa de aislamiento por COVID-19 no sólo en Sudáfrica y en otros países sino también en México. De acuerdo con Belén Sanz Luque, representante de ONU-Mujeres en México, ha habido un repunte de las denuncias por violencia intrafamiliar contra mujeres a raíz de las medidas de aislamiento social por COVID-19. Esta misma agencia advirtió que las mujeres sujetas a escenarios de violencia en el espacio doméstico, experimentarían una mayor dificultad para escapar de situaciones donde su vida corre peligro debido al aislamiento social.

En el marco de la estrategia nacional “Aprende en Casa”, resulta imprescindible incluir en los contenidos a impartirse una orientación para atender los casos de violencia intrafamiliar que se puedan presentar en los hogares. Los directores y colectivos docentes pueden jugar un papel clave al ser mediadores de los aprendizajes no solo a nivel cognitivo sino socioemocional.

COVID-19 y VIH: una combinación a evitar a toda costa.

Al 17 de abril, el impacto del COVID-19 en Sudáfrica, según los datos del Centro de Recursos de COVID-19 de la Universidad Johns Hopkins, era de 2,783 casos confirmados y 50 decesos, lo que da un 1.8% de tasa de fatalidad y lo ubica en el lugar 56 de 130 países según el número de decesos.

Figura 2. Casos de COVID-19 en Sudáfrica.Fuente: Johns Hopkins University of Medicine. Coronavirus Resource Center

Sin embargo, dado el devastador efecto que el VIH ha tenido en Sudáfrica, la contención del COVID-19 resulta crucial a fin de minimizar el riesgo que representa para la población que vive con VIH. La agencia ONU-SIDA ha hecho las siguientes indicaciones habida cuenta de que la expansión del COVID-19 está en posibilidades de abrumar a los países que ya enfrentan altos índices de VIH. En primer lugar, respetar los derechos humanos y la dignidad de las personas infectadas con COVID-19. Evitar conductas de estigmatización es mandatorio y es una de las principales lecciones de la pandemia de VIH. Además de las medidas de higiene, sana distancia y aislamiento, se recomienda que los gobiernos trabajen en conjunto con las comunidades para encontrar soluciones a nivel local.

Estas medidas fueron incorporadas en la conferencia del 19 de abril de la Secretaría de Salud. Es perentorio canalizar a las posibles víctimas de VIH a una detección y un tratamiento antirretroviral oportuno. Según el Subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, el COVID-19 eventualmente se integrará a la lista de infecciones oportunistas. Asimismo, se informó que han fallecido 5 personas por COVID que ya padecían del síndrome de inmunodeficiencia. No toda persona con VIH es inmunodeprimida, pero sí los que no han entrado en control viral o su estado está muy deteriorado al momento del diagnóstico.

Sin embargo, quienes tienen un tratamiento antirretroviral adecuado, al menos unas 10 personas detectadas en el caso de México, que han contraído COVID-19, han logrado recuperarse. En ese sentido, enfatizó la importancia de realizarse la prueba de VIH en las comunidades en donde se conoce que hay mayor frecuencia de infección por VIH. Los mecanismos para realizarse la prueba son gratuitos y están disponibles en distintas unidades de salud, es importante una identificación temprana en caso de una erosión importante del sistema inmune, ya que las personas inmunodeprimidas son más vulnerables al COVID-19.

En suma, dada la complejidad que las medidas de aislamiento social plantean para la convivencia en el hogar, mismo que se reconfigura como un nodo que expande los procesos de enseñanza-aprendizaje del espacio escolar, es importante priorizar los canales de comunicación para que los colectivos docentes y sus comunidades escolares establezcan acuerdos y prioricen el bienestar de los diferentes actores educativos.


Este artículo forma parte del proyecto Educative Organizations, Leadership and Social justice in Contexts of Vulnerability and Exclusion. coordinado por la Dra. Maricela Guzmán Cáceres, académica de tiempo completo de la Universidad Autónoma de Coahuila.

Referencias

Andersen, K.G., Rambaut, A., Lipkin, W.I. et al. (2020) The proximal origin of SARS-CoV-2. Nat Med 26, 450–452. https://doi.org/10.1038/s41591-020-0820-9

Buchel A.J. y Hoberg, S.M. (2007). The role of the principal as school manager in dealing with the impact of HIV/AIDS in school management. Pretoria, South Africa: University of South Africa. http://citeseerx.ist.psu.edu/viewdoc/download?doi=10.1.1.519.7361&rep=rep1&type=pdf.

Gobierno de México. Conferencia de la Secretaría de Salud del 19 de abril de 2020. https://coronavirus.gob.mx/informacion-accesible/

Hernández-Fernández, J. (2020). The development of School Leadership in England and Mexico: lessons and insights. México, British Council, PIPE-CIDE.

Johns Hopkins University of Medicine. Coronavirus Resource Center https://coronavirus.jhu.edu/map.html

Moyo, Z. y Perumal, J. (2019). Challenges faced by teachers living with HIV. South African Journal of Education, 39 1, February. Art. #1490, 1-10. https://doi.org/10.15700/saje.v39n1a1490

Moyo, Z. y Smit, B. (2017). The experiences of school principals of teachers living with HIV. International Journal of Management in Education, January. DOI: 10.1504/IJMIE.2017.080651

Obrajero, J. 8 de abril 2020. Aislamiento social por Coronavirus aumentó violencia de género: ONU Mujeres. W Radio http://wradio.com.mx/radio/2020/04/09/nacional/1586401948_450813.html

ONU-SIDA. https://www.unaids.org/en/regionscountries/countries/southafrica

UNESCO. COVID-19. Education Responsehttps://en.unesco.org/covid19/educationresponse

World Health Organization. (2018). Managing epidemics: key facts about major deadly diseases. Geneva: Licence: CC BY-NC-SA 3.0 IGO

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COVID-19: 82% of Ugandan students unable to get online

COVID-19: 82% of Ugandan students unable to get online

  • Written by URN
The closure of schools as a result of the COVID-19 pandemic have exposed startling divides in digitally-based distance learning, according to data from the UN education and the cultural agency, UNESCO.The pandemic has forced school closures in 191 countries, affecting at least 1.5 billion students and 63 million primary and secondary teachers. But nearly half of all students currently out of the classroom do not have access to a computer, while many are still struggling to access the internet at home.

In Uganda, where more than 15 million learners were affected by the lockdown, nearly 90 per cent do not have household computers while 82 per cent are unable to get online.

Similar figures cut across the entire sub-Saharan Africa region, according to figures compiled by the Teacher Task Force, an international alliance coordinated by UNESCO, using data from the UN agency’s Institute for Statistics and the International Telecommunication Union (ITU).
“These inequalities are a real threat to learning continuity at a time of unprecedented educational disruption”, said Stefania Giannini, the UNESCO Assistant Director-General for Education.

The record shows that although having a mobile phone can support young learners, in accessing information or connecting with their teachers, many learners in sub-Saharan Africa live in areas that are not served by mobile networks.

Teachers also are struggling with the rapid transition to online learning, even those in countries with reliable infrastructure and household connectivity. They also need to be trained to deliver distance and online education. Again, countries in sub-Saharan Africa face the greatest challenges.

“While efforts to provide connectivity to all must be multiplied, we now know that continued teaching and learning cannot be limited to online means”, UNESCO director general Audrey Azoulay said and observed a need to support other alternatives including the use of community radio and television broadcasts, and creativity in all ways of learning, in order to lessen already existing inequalities.

Early this week, Education minister Janet Museveni announced that the government had produced a framework to provide continuity for learning, as the country remains under lockdown.

Part of the plan was to deliver lessons through radio’s and television and delivering pre-recorded learning materials to learners through the local government.

Fuente de la Información: https://observer.ug/education/64487-covid19-82-of-ugandan-students-unable-to-get-online

 

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Coronavirus: The different approaches to lockdowns in Africa

Coronavirus: The different approaches to lockdowns in Africa

African countries have fewer coronavirus cases than much of the world, but weaker healthcare systems do put the continent at risk.

Lockdown measures can help prevent the virus spreading, yet governments have taken very different approaches to imposing restrictions on their populations.

Are any countries lifting restrictions?

Some, like Ghana, are now easing these measures, concerned about their impact on the poor and because they’ve taken other steps against the virus.

Ghana did place lockdown restrictions on its major cities – which it has now largely lifted. But a ban on social events, and school closures will remain in place for the time being.

«The lockdown was beginning to have a negative impact on the poor who mostly depend on their daily sales to make a living,» says BBC Ghana correspondent Thomas Naadi.

Man reading newspaper in Lagos street

Ghanaian President Nana Akufo-Addo has said increased testing and improved treatment centres meant they could ease measures.

The Democratic Republic of Congo has also relaxed some restrictions in those parts of its capital city, Kinshasa, that had been badly hit by coronavirus.

And some countries did not implement severe restrictions in the first place.

Tanzania reported its first case in mid-March and the government closed education centres, but public and religious gatherings were not prohibited and it only suspended international flights on 11 April.

But this may have come at a cost, according to the World Health Organization.

«We have observed that physical distancing, including the prohibition of mass gatherings, took some time to happen,» says Matshidiso Moeti of the WHO.

She adds that this may have been a factor leading to a rapid rise in cases there.

WHO director general Tedros Ghebreyesus says countries should ensure they have the capacity to detect, test, isolate and care for any confirmed cases as they ease restrictions.

«Lifting so-called lockdown restrictions is not the end of the epidemic in any country, it’s just the beginning of the next phase,» he said.

Who’s kept tough restrictions in place?

Many African countries have had experience in combating infectious diseases, and many took tough measures even before they reported outbreaks.

Some 13 countries closed schools before documenting their first cases of Covid-19.

The South African government has said it will gradually ease the lockdown from 30 April, but is currently enforcing one of the harshest lockdowns anywhere in the world.

It has closed schools and universities, limited hospital and prison visits, and restricted movement to key workers. All public gatherings apart from funerals are banned – and the army have been deployed to enforce it.

South Africa in lockdown

Nigeria, by far Africa’s most populous nation, closed its land borders and banned all international flights in late March.

It then shut down its major cities of Lagos and Abuja, following more than 100 reported cases, and restricted movement between states.

Zimbabwe did a total lockdown around the same time, although it only had a small number of infections.

Kenya has had a partial lockdown, with travel in and out of major cities banned. It also had an overnight nationwide curfew, that has resulted in more than 400 arrests for violations.

Are lockdowns the right response in Africa?

The Africa Centres for Disease Control and Prevention, the body that co-ordinates pandemic responses across the continent, told the BBC that lockdowns have played a role in reducing new cases.

«Without the lockdown, we would have seen a more explosive outbreak,» says director John Nkengasong.

Kenya testing laboratory

He adds that it’s not just the lockdown itself, but also what else you do during that period.

«You intensify your testing, your isolation and your contact tracing so that when you unlock the system at least you have created a huge impact on the virus spread.»

It’s important to say that coronavirus is a much greater risk to older populations, putting particular pressures on countries in Europe.

The median ages in Italy and the UK are about 45 and 40 for example, whereas the average age in sub-Saharan Africa is about 20.

However, that’s not to say other factors don’t come into play in Africa such as sanitation and limited access to good healthcare.

Some voices have questioned the need for continuing lockdowns, for example the main opposition party in South Africa.

There are economic concerns – Western countries have put huge sums into supporting businesses and social welfare schemes. But many African countries simply do not have that option.

And overseas remittances, a big source of income, will decrease, further harming local economies.

Fuente de la Información: https://www.bbc.com/news/world-africa-52395976

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