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Más de un siglo de misiones culturales en México

Por: Juan Carlos Yáñez

Las misiones culturales y pedagógicas puestas en marcha a partir de 1917 hunden sus raíces en las misiones evangelizadoras españolas, también en pedagogos como Dewey. Hoy por hoy siguen existiendo en buena parte del país.

Cuando terminó la Revolución Mexicana, en la segunda década del siglo 20, se desató una histórica movilización a favor de la educación de los habitantes más pobres. El documento emblema del desenlace revolucionario fue la Constitución de 1917, ideario para equilibrar los progresos económicos del prolongado gobierno de Porfirio Díaz con las terribles asimetrías sociales.

El decenio que sigue a la Constitución del 17 es uno de los periodos luminosos de la pedagogía en México. Dos instituciones surgieron en esos años, al calor de la época inaugurada por la naciente Secretaría de Educación [el ministerio de educación, como llaman en la mayor parte de los países del continente]: la escuela rural y las misiones culturales.

La Revolución Mexicana encontró al país con un déficit formativo bárbaro, pues solo alrededor del 10 por ciento de la población estaba alfabetizada. Una sociedad empobrecida, rural y analfabeta fue el centro de atención de personajes señeros en la historia de la educación mexicana, ninguno como José Vasconcelos, primer secretario de Educación y rector por un periodo breve de la Universidad Nacional Autónoma de México [UNAM], la máxima casa de estudios del país, una de las primeras en el continente. Su vocación social se cincela en una frase que lo inmortalizó cuando llegó a la rectoría: “Yo no vengo a trabajar por la Universidad sino a pedir a la Universidad que trabaje por el pueblo”.

En la base de una de sus más grandes propuestas, las misiones culturales, se encuentra la concepción católica que trajeron los españoles con el periodo colonial. No es fortuita la asociación: misiones culturales y misiones evangelizadoras; misioneros en la obra evangélica y misioneros en la tarea pedagógica. En la raíz de las misiones que trajeron la palabra divina a las tierras del Nuevo Mundo, se rastrea también la concepción educativa de John Dewey, gracias a las enseñanzas impartidas a mexicanos en Estados Unidos.

Las misiones culturales son una obra pedagógica henchida de fervor, conformadas por equipos multiprofesionales que cubren de la lectoescritura a oficios artesanales. Se concibieron para colocar a la escuela como centro de la vida comunitaria, ejemplo y promotora de la solidaridad social y el amor a la patria, que sirven al mejoramiento material, económico, social y espiritual de las pequeñas comunidades donde se asientan. Además, era vital en la formación de los maestros rurales que atenderían las escuelas en la cruzada contra la ignorancia.

La misión pedagógica de Vasconcelos es contemporánea a la máxima expresión pictórica mexicana: el muralismo, con nombres propios de la estatura mundial de David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco y Diego Rivera. Su visión era global, así lo constatan la distribución masiva de obras literarias clásicas en una sociedad iletrada, o las relaciones con personajes clave de Latinoamérica, como el peruano Víctor Raúl Haya de la Torre o Gabriela Mistral, quien colaboró en aquellas reformas pedagógicas.

Las misiones culturales

Casi 100 años después, las misiones culturales sobreviven con una mística que anuda vocación y una singular propuesta que persiste por la labor de un puñado de educadores populares que convierten la carencia en desafío.

En Colima, el estado más pequeño de México por su número de habitantes, hay cuatro misiones culturales. Elijo una de ellas para adentrarme en su vida cotidiana, entrevistarme con el director y los misioneros. Se ubica en Buenavista, pueblo a 15 kilómetros de la capital, con poco más de mil habitantes, cuya vida económica gira en torno a la agricultura y la ganadería.

La experiencia es inédita para quien peregrina entre centros educativos buscando acontecimientos extraordinarios, prácticas ejemplares o personas que hacen de su trabajo una vocación. En el pueblo pregunto cómo llegar a la dirección que me indicaron, un centro comunitario de mujeres. El edificio atrás de los hombres que me observan es una construcción semiconcluida o en proceso de destrucción. Se miran entre sí, antes de responder a la pregunta. Por su desconcierto afino: busco la misión cultural. Ah, exclaman, es aquí. Son sus misioneros, sentados unos, trabajando con escobas y palas otros, a la sombra de un árbol añoso.

Me reciben el jefe de la misión, David, y el supervisor de las cuatro misiones, Octavio. Nos sentamos en una mesa para ocho personas; la tarde de viernes es fresca. Se avecina una lluvia intensa, porque aquí llueve diario al atardecer. El viento húmedo se cuela por las paredes y entre ladrillos rotos, en huecos que hacen mucho tiempo perdieron la condición de ventanas. Se amontonan alrededor de la mesa todos los artefactos de la misión, que apenas tiene un año en el lugar: cafetera, una vieja computadora, la bandera nacional, equipo de sonido, horno de microondas, un estante que almacena libros y objetos varios; en la otra mitad, sillas arracimadas. Durante el ciclo escolar atienden a 109 educandos, 90 mayores de 15 años.

Sentados los tres, el director, el supervisor y yo, arrancamos la conversación. Preparo mi cuaderno. Ellos van hilando sus comentarios, historias, anécdotas, algunos pesares, mucha ilusión; se nos van dos horas. Cae una lluvia copiosa, cargada de truenos que retumban en ese sitio frágil, con techo de lámina de asbesto, prohibida hace mucho tiempo por sus efectos cancerígenos. Mientras ellos hablan, me esfuerzo para escucharlos, con los sonidos de la lluvia rebotando en el techo, los rayos que cruzan el cielo, cuidando que las gotas que se cuelan no caigan en las hojas del cuaderno y borren mis apuntes.

Escribo en la quinta página: ¿Cómo se puede prometer en la máxima ley del país que la educación será equitativa y de excelencia, para esta clase de sitios, donde la gente hace su trabajo con dedicación, pero es invisible para políticas y presupuestos?

Decadencia y olvido

En esas dos palabras resume el supervisor el trato que reciben las misiones culturales. Ejemplifica. A esta Misión llegaron los últimos apoyos hace tiempo: más de 11 años pasaron desde que recibieron un equipo eléctrico para el taller; en el año 2000, una trompeta, teclado y guitarra para el maestro. Lo más reciente, dicen con una sonrisa resignada, fue un paquete de útiles escolares, que me muestran para no dejar sombra de dudas: un diccionario Larousse, cuatro cuadernos, dos plumas (roja y azul), un borrador y un sacapuntas, entregado a la Misión el 27 de septiembre.

¿Por qué entonces persisten las misiones culturales? La lluvia arrecia, los ojos del supervisor brillan y enciende el discurso: porque es un “proyecto glorioso de José Vasconcelos”; porque en las comunidades hay una percepción positiva de las misiones culturales; porque las misiones culturales atienden necesidades de la comunidad y porque le dan vida a los espacios donde se instalan.

Aquí se enseña con pocos recursos, pero abundante alegría. Es el espíritu misionero, la vocación pedagógica y un contagioso sentimiento social que se concreta entre sus palabras y hechos. Misioneros del siglo 21 tratando de remover una realidad que se estacionó a la mitad del siglo pasado.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/12/05/mas-de-un-siglo-de-misiones-culturales-en-mexico/

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Educación Pública: Un año de gobierno ¿Cambio de régimen?

Educación Pública: Un año de gobierno ¿Cambio de régimen?

Juan Carlos Miranda Arroyo

Antes del 1 de diciembre, el gobierno de la “4T” se había pronunciado por emprender una Reforma Educativa “de raíz.

Por el momento, no se ven claros los rasgos del cambio de régimen de la “4T” en materia de educación pública. En lo que sigue expondré las evidencias y las razones por las cuales considero que “el cambio” no ha llegado ni ha tenido lugar (en sus contenidos ni en sus formas) en el ámbito de la educación en México, hoy, al cumplirse un año de la toma de posesión del presidente Andrés Manuel López Obrador.

I

Antes del 1 de diciembre, el gobierno de la “4T” se había pronunciado por emprender una Reforma Educativa “de raíz” (o radical), ante el señalamiento de que la anterior (la del período 2012-2018) había sido considerada, tanto por los opositores políticos del gobierno de Enrique Peña Nieto como por los sectores disidentes del Sindicato de Maestros (específicamente la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, CNTE), como la “mal llamada Reforma Educativa”, que pretendió sentar a las maestras y a los maestros de México en el banquillo de los acusados. “Mientras las maestras y los maestros no fueran evaluados rigurosa y sistemáticamente, -rezaba el discurso oficial peñanietista-, la calidad de la educación de las niñas, los niños y los jóvenes, seguiría en entredicho”.

II

“A toda acción le corresponde una reacción”

En concreto, considero (y así lo he expresado durante los últimos meses), que la iniciativa de Reforma Educativa del gobierno lópezobradorista ha sido “contestataria”, pues no ha existido un proyecto alternativo de educación que sea consistente y de nítido contraste con las políticas públicas anteriores. A partir de la iniciativa ingresada al Congreso por parte del presidente López Obrador (12 de diciembre de 2018), el gobierno de la “4T” se propuso, de inmediato, eliminar lo que era política y técnicamente insostenible: la evaluación para la permanencia en el puesto, que estaba dirigida al conjunto del magisterio nacional en servicio.

En su lugar, el nuevo gobierno (2018-2024) concertó con las bases disidentes y sus dirigentes, los términos de la siguiente etapa de la Reforma Educativa. Así, el “Acuerdo Nacional por la Educación” y la llamada “Nueva Escuela Mexicana” parecen ser el resultado de una concertación con las fuerzas “institucionales (dirigencia oficial del SNTE) y las bases y representantes de la disidencia magisterial, a través de un discurso o una retórica cuyos contenidos eran más reivindicatorios de demandas opositoras (“No a la Reforma basada en una Evaluación Punitiva”) que de un verdadero planteamiento alternativo o innovador en materia de educación pública.

Si se mide a la actual Reforma Educativa de la “Cuatro-T” como una respuesta a los cambios (o más bien dicho, a la simulación de los cambios) que se dieron durante el sexenio anterior (2012-2018), entonces el resultado es que sólo se ha respondido ante esa coyuntura educativa: Eliminar el carácter eminentemente “evaluador” o “enjuiciador” de las políticas públicas educativas, sobre todo hacia las figuras educativas del sistema nacional: Docentes, Directores Escolares y Asesores Técnicos, entre otras figuras educativas importantes.

Con esa dinámica, que consistió en eliminar del texto Constitucional y de la legislación educativa a la denominada “evaluación para la permanencia” en el puesto, a través de una mal diseñada evaluación de desempeño, (como lo ha señalado el doctor Ángel Díaz Barriga en varias publicaciones), se evidenció que la fuerza de la nueva Reforma Educativa (2019) estaría en su condición y en su derecho de “hacer caer” a la anterior. Aunque no calificaría a la actual Reforma Educativa de “reaccionaria”, sí diría que es “contestataria”, “reactiva” o producto de la “concertación” con las fuerzas opositoras y con la cúpula que detenta la titularidad de la representación “oficialista” del magisterio ante las autoridades laborales. ¿Entonces cómo queda el asunto de la “Rectoría del Estado en la Educación”?

III

No encuentro cambios sustantivos ni trascendentes en el llamado “Acuerdo Nacional por la Educación”, cuando se mantienen intactos una serie de dispositivos que han dejado los gobiernos de marca “Neoliberal” en el ámbito educativo (léase, sobre todo, los gobiernos de Salinas, Zedillo, Fox, Calderón y Peña Nieto). Esto lo digo en términos de la instalación de un discurso “pro-gerencialista” en el seno mismo de la escuela pública: La gestión de la “Calidad” como paradigma universal; la lógica de la “Mejora Continua” con pretensiones absurdas de “neutralidad ideológica”. (Lo mismo que sucedió con la noción de “Competencias”). En ambos casos, sin el cuidado de deslindar su pasado y sin ubicar claramente su legado histórico (como conceptos ideológicos, más que académicos), que nos vienen desde finales de la II Guerra Mundial, justo cuando E. Deming sostuvo que la superación de los viejos paradigmas de la producción de bienes y servicios (en Estados Unidos, en Europa y en Japón, que estaban en decadencia), deberían de provenir de la incorporación de cambios en la concepción gerencial de las organizaciones.

Así, la ideas de la “Calidad Total” y del círculo de la “Mejora Continua” eran obviadas como nociones “naturales” o “consustanciales” a la vida de la escuela pública. ¿Acaso vinieron de otro lado esos desarrollos gerencialistas? ¿Los intentos de la “nueva gerencia” empresarial por gestionar y producir bienes y servicios para reconvertir los patrones del consumo y renovar los factores de la acumulación capitalistas, en una era de reactivación de las economías de la posguerra, era un “desarrollo natural”?

El modelo de la “Calidad Total” de Deming, pese a sus actitudes críticas, se puso de moda una vez que se habían agotado los sistemas y modelos de administración centrados en la mano de obra, y que poco a poco fueron desplazados por las dinámicas “gerencialistas”; o a base de seguir las nuevas corrientes migratorias empresariales y que se orientaron hacia esquemas donde habría, progresivamente, una mayor intensidad de las tecnologías.

IV

Pero al Estado mexicano en la era de la “4T” no le interesó polemizar con ese pasado gerencialista en particular (pienso en la mayoría legislativa, en los funcionarios de alto nivel de la SEP, etc.). Todo lo contrario, se decidió caminar por el rumbo de la “Mejora Continua” en la educación; tanto así que creó, vía el Poder Legislativo y por iniciativa del Ejecutivo, una ley para la “Mejora Continua” de la Educación, así como una “Comisión Nacional para la “Mejora Continua” de la Educación (como organismo público no autónomo), en sustitución del finado Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que contaba con autonomía constitucional.

Mientras tanto, y pese a que los diseñadores institucionales de la “4T” empezaron a hablar de “Excelencia” Educativa, sin un aparato conceptual que le diera sustento ni fundamento, percibo que durante el último año la educación pública estuvo plagada de improvisaciones. Para mi gusto, se abandonó lamentablemente el otro camino que quedaba y que consistía en discutir a fondo el modelo imperante de la “Calidad de la Educación” (evaluación de las políticas públicas con orientación hacia la calidad, tal como la definen los organismos internacionales), en vez de proscribir al concepto y colocar en su lugar a otro membrete, que carece de articulación y de consistencia conceptual: la llamada “Excelencia”…

En fin, lo que se desprende de este análisis resumido, abreviado, apretado de la actual coyuntura educativa, luego de un año de ejercicio en el poder público por la nueva élite gobernante de la “4T”, es que hay un intento por cambiar el “régimen”, (en eso consiste el proyecto que encabeza el presidente López Obrador); sin embargo, aún no se ha logrado ese propósito (¿falta más tiempo; todo un sexenio?), ni se cuenta con una plataforma alternativa clara en lo educativo, sino que, en todo caso, se han logrado delinear apenas unas políticas que han buscado desmontar la parte legislativa de la anterior plataforma política; pero que, en los hechos, se vive como una continuidad para el conjunto del magisterio, en lo sustantivo del trabajo cotidiano que se lleva a cabo en las escuelas y en las aulas.

No es hora en que se aprecie un cambio orgánico en materia curricular, por ejemplo. Las maestras y los maestros de la educación básica, por poner un caso, señalan que las indicaciones de las autoridades federales y estatales, es “continuar con lo dispuesto en 2017”, cuando se dio a conocer el llamado “Nuevo Modelo Educativo”, de la pasada administración federal. Entonces ¿Cuáles son los elementos del cambio curricular que requiere la escuela pública en los niveles de la educación básica con el “nuevo régimen”? ¿Cuál es el sentido y el contenido (con sus respectivos métodos) del cambio en la educación media y superior en México en esta era transformadora? ¿Cuál es el horizonte al que llevará o sobre el cual se inspirará la “4T” en materia educativa? No lo sabemos. Quizá eso está apenas en construcción.

Todo parece indicar que, en todo caso, eso apenas se va a analizar, a partir de este segundo año de gobierno federal que hoy comienza.

Correo-e: jcmqro3@yahoo.com

Twitter: @jcma23

Autor: Juan Carlos Miranda Arroyo

 

 

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A pesar de todo

Por: Carlos Ornellas.

Para Max Weber la credibilidad es la fuente principal de la legitimidad de un gobierno o de su gobernante. La encuesta reciente de El Universal (15/11/2019) otorga a AMLO una calificación 10 puntos menor a la de agosto.

No obstante, a pesar de tomas de casetas, bloqueos de vías férreas y demás actividades de estudiantes de normales rurales y de maestros de la CNTE, “para los ciudadanos, los temas relacionados con la educación son los que mejor manejo tienen por parte del gobierno” (61 puntos), de acuerdo con esa encuesta.
Sin embargo, la ciudadanía también evaluó muy bien la reforma educativa del gobierno de Peña Nieto. Aun antes, desde que se popularizaron las encuestas en este país (gracias a Este País) sabemos que los maestros y las escuelas obtienen altas calificaciones.

He discutido con colegas —incluso hemos publicado nuestros coloquios— tratando de explicar esta pervivencia de buena opinión, con todo y que la prensa y los medios inundan el ambiente con malas noticias.
No hay consenso, no hay ciencia “normal” que ofrezca un método de interpretación puntual. Cuando mucho, aun después de hacer otras averiguaciones, llegamos a conjeturas.

Hay muchas presunciones acerca de por qué la escuela y los maestros son queridos por la sociedad mexicana. Las resumo en tres:
la del sentido común, la del carisma del mandatario y la histórica. Ninguna es satisfactoria por completo, pero en conjunto arrojan luz.

La primera contiene cierta dosis de perjuicio social. Quienes la sostienen piensan que la escuela pública es un desastre, que no vale la pena apoyarla y se dejan ir por tendencias “privatizadoras”.
Si la gente califica bien a las escuelas y a los maestros, dicen, es por ignorancia, porque no indagan la verdad
y los padres de familia creen los mensajes que los maestros mandan con sus alumnos de que todo está bien en la escuela.

Esta conjetura tiene cierto peso, pero no definitivo.
En charlas con padres de familia y en ciertos trabajos etnográficos, se documenta que los padres aprecian la educación que reciben sus vástagos, reconocen que hay males, “pero no en la escuela de mi hijo”.

La segunda explicación parece atractiva para algunos colegas. El presidente Andrés Manuel López Obrador disfruta de gran popularidad, es un gobernante carismático y, como efecto de su política social y su reconocimiento a los maestros, traslada ese carisma a la escuela. Por ello los ciudadanos la aprueban.

Puede ser, pero, ¿cómo explicar el consentimiento de las reformas anteriores y la buena imagen de los maestros?
En todos los sondeos que se levantaron en el sexenio anterior los encuestados valoraron alto la labor del gobierno en la educación y, aun en la etapa del Partido Acción Nacional (ver Este País (169 4/ 2005), el sistema escolar disfrutaba de alto valor, aunque la opinión pública no justipreciaba a los mandatarios.
Ergo, la popularidad del presidente López Obrador no se traslada de manera mecánica a la escuela.

La tercera inferencia tiene raigambre.
Si no es que desde antes, tras la Constitución de 1917, la educación es un valor de la nación. El abolengo del artículo 3º no se debe sólo al discurso revolucionario (jacobino en sus inicios), sino también al cumplimiento de promesas, a la creación de escuelas y a campañas célebres, como la de las misiones culturales o la de los libros de texto gratuitos.

La institución escolar, no tanto un gobierno determinado, cobró cada vez más cuantía ante vastos segmentos populares; incluso hicieron eco de la retórica nacionalista y a cambio de la “lucha de clases”, aceptaron las ofertas del régimen de la Revolución mexicana, entre ellas la de más —y mejor— educación.

La legitimidad de la escuela mexicana no se debe al trabajo de un gobierno ni al carisma de un Presidente, se debe a que la gente, en especial la de las clases populares, cree en ella. Buena parte de sus expectativas de mejoría se centran en la educación, pienso.

Fuente del artículo: http://www.educacionfutura.org/a-pesar-de-todo/

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El impacto de la retroalimentación docente en el florecimiento humano

Por: Samira Susana Suro Barbosa.

¿Qué creencias te han llevado a ser la persona que eres ahora? ¿Cómo te relacionas lingüísticamente con las personas que dependen de ti? ¿Cómo ha sido tu lenguaje? ¿En qué han apoyado tus palabras? ¿Estás consciente que tus palabras pueden construir, o en su defecto, destruir?

La influencia del discurso docente a través de la retroalimentación tiene un papel crucial en el desarrollo del talento humano. La forma en la que nos expresamos, el lenguaje que utilizamos, nuestras emociones y pensamientos influyen inconscientemente en el mensaje que enviamos. De ahí la importancia de cuidar nuestra comunicación con los alumnos, pues las palabras que utilizamos trascienden y son determinantes para enfrentar acontecimientos futuros que ocurran en sus vidas; así como en nuestra interacción cotidiana docente-alumno.

“Desde mi experiencia personal y profesional he sido testigo de la retroalimentación que damos a los alumnos, muchas veces carente de un reforzamiento positivo, real y constructivo; y por el contrario, focalizada en la crítica del castigo, del juicio y de la opinión desde una percepción individual”.

El docente es un modelo de actuación que impacta directamente la vida del alumno. Por ello, es recomendable que su discurso fomente en los estudiantes empoderamiento, bienestar y su florecimiento humano. Este último entendido como reconocer al ser humano como una persona con esplendor, dotada de dones y talentos que se descubren en espacios inspiradores como las aulas de clase.

Desde mi experiencia personal y profesional he sido testigo de la retroalimentación que damos a los alumnos, muchas veces carente de un reforzamiento positivo, real y constructivo; y por el contrario, focalizada en la crítica del castigo, del juicio y de la opinión desde una percepción individual. Con lo anterior no quiero decir que la crítica sea mala, sino la manera en la que se proporciona la crítica. Sucede en varios escenarios laborales, familiares, estudiantiles, etc., pero específicamente en el ámbito académico es delicado que esto ocurra, pues lo que buscamos es que el alumno crezca, que pueda tener el ánimo de hablar sobre lo que aprendió, descubrió, que exponga su cognición y desarrolle su pensamiento crítico, además de aprender de sus errores vistos desde el ojo positivo y no del negativo.

“Busquemos que los alumnos crezcan y que tengan el ánimo de hablar sobre lo que aprendieron, descubrieron, que exponga su cognición y desarrollen su pensamiento crítico, además de aprender de sus errores vistos desde el ojo positivo y no del negativo”.

Utilizar reforzadores positivos lingüísticos en nuestra comunicación es de lo más sencillo y a la vez de lo más significativo, pues aumentan la probabilidad de que ocurra una respuesta positiva como sugiere Skinner. La capacidad de influir por medio del lenguaje es una técnica psicológica capaz de producir efectos en nuestro prójimo.

La Programación Neurolingüística (PNL), considerada una pseudociencia, creada por Richard Bandler y John Grinder en California en los años setenta, sostiene que existe una conexión entre los procesos neurológicos, el lenguaje y los patrones de comportamiento aprendidos a través de la experiencia, afirmando que estos se pueden cambiar para lograr objetivos específicos en la vida (Rodríguez, Rodríguez y Vico, 2018).

La mayoría de los seres humanos ocupamos “el” reforzador positivo lingüístico ante las situaciones que enfrentamos en el día a día. En el ámbito académico, por ejemplo, si tiene un alumno que no muestra interés en la academia, que su aprendizaje no es favorable, lo conveniente es motivar con el lenguaje, indagar, mostrar empatía, llevarlos a la reflexión y a la superación de sus hábitos o conductas que en estos momentos no les está favoreciendo, en lugar de volcarnos en el juicio sin sentido que solo traería más distancia.

Como adultos y profesionales, es oportuno llenar de sanidad estos “espacios mentales” que pudieran estar afectados por eventos anteriores y ajenos a nosotros. El docente puede ser parte fundamental en esa recuperación emocional académica en rescate de algo que le sucedió al alumno y que lo dejó lastimado. Lo importante aquí es que puede existir un tercero y ese tercero pudiera ser el docente.

Mi propuesta es adentrarse en el conocimiento y uso de la Programación Neurolingüística (PNL). Es una herramienta que podemos utilizar en el ámbito educativo para apoyar a los alumnos a lograr más cosas de las que ellos mismos podrían dudar eliminando creencias limitantes plasmadas en la mente de una persona desde la niñez.

Con herramientas de PNL se generan buenos hábitos de comunicación y de procesamiento mental que sirven para “ver” situaciones desde el área de la oportunidad.

“Los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él”.

– Rafael Echeverría (2003) –

A continuación, comparto brevemente dos modelos sugeridos para proporcionar retroalimentación GROW y BEFORE:

  1. Modelo GROW difundido por el prestigioso coach Sir John Whitmore, aunque desarrollado por Graham Alexander, propone lo siguiente:

(G) Goal. Objetivos que se pretenden alcanzar. Algunas sugerencias de preguntas: cuéntame ¿Qué reto quieres trabajar? ¿Qué objetivo quieres alcanzar? ¿De qué se trata? ¿En qué consiste?

(R) Reality. Realidad de la que se parte. Tomando en cuenta fortalezas y recursos observando amenazas y oportunidades. Algunas sugerencias de preguntas: ¿En qué situación te encuentras ahora? ¿Cómo te sientes? ¿Cuál es tu mayor preocupación? ¿Con qué recursos cuentas para alcanzar el objetivo? ¿Qué te falta?

(O) Options/obstacles. Opciones/Obstáculos. Son las alternativas para conseguir el objetivo, las opciones de estrategia que podemos plantearnos como posibles, así como las acciones a implementar para alcanzar el objetivo desde la realidad. Se incluye el análisis de los posibles obstáculos, los cuales sirven para diseñar estrategias y planes alternativos. Algunas sugerencias de preguntas: ¿Qué obstáculos te puedes encontrar? ¿Qué alternativas de actuación tienes? ¿Qué haría tu mejor amigo en esta situación? ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de cada una de las opciones?

(W) Will/Way forward. Voluntad/Acción. Por último, será necesario definir un plan de acción para alcanzar el objetivo, así como la voluntad y compromiso para realizarlo. Algunas sugerencias de preguntas: ¿Qué vas a hacer? ¿Qué acciones en concreto vas a emprender? ¿Cuándo vas a hacerlo? ¿Cuál será el primer paso? ¿Qué apoyo necesitarás? ¿Qué tan comprometido estás con ese plan? ¿Cómo lo celebrarás cuando hayas conseguido lo anterior?

2. Modelo BEFORE conocido también como Los seis pasos del feedback, fue desarrollado por Jane Rodríguez del Tronco, Rosa Rodríguez del Tronco y Noemí Vico García: Behavior (B), Enquiry (E), Feelings (F), Outcome (O), Request (R), Engagement (E).

(B) Behavior. Comportamiento. Dejando fuera juicios y opiniones, objetividad frente a subjetividades, nos centramos en la conducta, enfocando la retroalimentación al reconocimiento.

(E) Enquiry. Consulta. Después se recomienda preguntar al otro su punto de vista, que él mismo evalúe la situación. Esto permite contrastar la propia percepción con la del otro. Ser objetivo, centrado en hechos y dejando fuera inferencias u opiniones.

(F) Feelings. Sentimientos. En algunas ocasiones es conveniente mostrar al otro cómo nos sentimos con lo ocurrido, sin juzgar. Además, es necesario gestionar la emoción del interlocutor quien recibe la retroalimentación. Insistir en que se da la percepción sobre el hecho en sí y no sobre la persona.

(O) Outcome. Resultados. identificar las consecuencias de lo ocurrido para medir en cierta manera la repercusión de la conducta del otro es también clave.

(R) Request. Solicitud. Preguntarle al otro por alternativas de actuación para la próxima vez, llevarlo a reflexionar e identificar qué puede hacer, esto ayudará a empoderar. También puede pedirle de manera explícita, qué quiere que ocurra en el futuro.

(E) Engagement. Compromiso. Por último, es esencial que la persona acepte e integre el feedback o retroalimentación recibida y que se comprometa a modificar sus conductas. De lo contrario, difícilmente cambiará y mejorará en su desempeño.

Les invito a que seamos conscientes de los discursos que realizamos a nuestros alumnos. Aunque en ocasiones pareciera que están distraídos o que atienden otros asuntos además de estar en clases (multitask mode); están atentos a nuestras palabras y a nuestras expresiones no verbales. Las palabras están llenas de poder y nuestras expresiones no verbales también. Seamos conscientes en cómo las utilizamos.

Acerca de la autora

Samira Susana Suro Barbosa (sami.suro@tec.mx) es Licenciada en Psicología, con especialidad en Terapia Breve Sistémica. Es Maestra en Educación Superior y Administración de Instituciones Educativas. Tiene un Diplomado en Programación Neurolingüistica. Es practicante de mindfulness. Actualmente es consejera en PrepaTec Cumbres.

Referencias

De la Mora, L. (2003) Psicología del Aprendizaje. Teorías I. México: Editorial Progreso.

Echeverría, R. (2007). Actos de lenguaje. Volumen I La escucha. Buenos Aires: Garnica.

Echeverría, R. (2003). Ontología del Lenguaje. Buenos Aires: Garnica.

Rodríguez, J. Rodríguez, R. Vico, N. (2018). Smart Feedback. Conversaciones para el desarrollo del talento. Madrid: LID Editorial Empresarial.

Fuente del artículo: https://observatorio.tec.mx/edu-bits-blog/el-impacto-de-la-retroalimentacion-docente-en-el-florecimiento-humano

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México: El Senado aprobó reformas a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, para prohibir los métodos de crianza de padres, abuelos o maestros a las antiguas generaciones.

América del Norte/ México/ 02.12.2019/ Fuente: www.milenio.com.

El Senado aprobó reformas a la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, para prohibir los métodos de crianza de padres, abuelos o maestros a las antiguas generaciones, al aprobar reformas a la citada ley para prohibir el uso del castigo corporal en todos los ámbitos, como método correctivo o disciplinario. https://www.milenio.com/politica/chanclazos-pellizcos-jalones-oreja-prohibidos-senado

✅ Por unanimidad, con 114 votos a favor, se aprueba el dictamen que reforma la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, para prohibir el castigo corporal como método correctivo o disciplinario, para niñas, niños y adolescentes.

???? https://t.co/BdgjfX0nZj pic.twitter.com/6GT811o6eU — Senado de México (@senadomexicano) November 26, 2019 https://www.milenio.com/politica/chanclazos-pellizcos-jalones-oreja-prohibidos-senado

El decreto fue enviado a Cámara de Diputados y en el dictamen se hace notar que según cifras oficiales de la UNICEF, de su informe anual 2017, 6 de cada 10 niñas, niños y adolescentes entre 1 y 14 años han experimentado algún método violento de disciplina infantil en sus hogares.

Uno de cada 15 niños y niñas ha recibido alguna forma de castigo físico severo: jalones de orejas, bofetadas, manotazos o golpes fuertes, como método de disciplina. “La escuela y la vía pública son dos entornos donde suceden 8 de cada 10 agresiones contra niñas, niños y adolescentes entre 10 y 17 años.

Mientras que el hogar es el tercer lugar en donde están expuestos a la violencia”, refiere el estudio. Se indica que las niñas y las adolescentes son las más afectadas, ya que 7 de cada 10 fueron sujetos de agresión en sus hogares. En tribuna, la panista Josefina Vázquez Mota, presidenta de la Comisión de Derechos de la Niñez y la Adolescencia, dio que con ello se evitarán castigos extremos, que en muchos casos acaban con lesiones, de moderadas a graves y hasta en la perdida de la vida.

“Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía entre 2012 y 2017 fueron asesinados casi 2 mi 600 menores de 15 años, 42 por ciento de ellos a manos de algún familiar en sus hogares o por maltrato. El castigo corporal y otras formas humillantes son todavía usados como medios de disciplina y corrección para niñas, niños y adolescentes”.

Fuente de la noticia: https://www.milenio.com/politica/chanclazos-pellizcos-jalones-oreja-prohibidos-senado

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El caso de Adrián y cómo se vive la infancia “trans” en México

Redacción: PSN

«Es que yo soy niña y mis papás no lo ven», afirmó. A su vez, expresó que se sentía identificado con el género femenino.

El caso de Adrián, un menor que afirma vive una infancia “trans” en compañía de su familia, ha escandalizado las redes sociales.

“Es que yo soy niña y mis papás no lo ven”, afirmó a su hermana, quien inmediatamente le contó a sus padres. Al preguntarle sobre el tema, Adrián nuevamente exclamó que se sentía identificado con el género femenino, y no con el género masculino.

Sus padres recuerdan que con tan sólo tres años, Adrián expresaba que sus más grande sueño era tener unas zapatillas y una muñeca. A su vez, Adrián se inclinaba más por amistades femeninas, mientras que se negaba a cortarse el cabello, y vestía toallas o trapos que asemejaban la forma de un vestido.

Consecuente a lo anterior, la familia de Adrián comenzó a considerarle un “ella” y no un “él”, a su vez comenzaron a investigar acerca del tema de las infancias transgénero.

La mamá de Adrián recuerda que en una ocasión le vistió del personaje infantil Buzz Lightyear, “tengo una foto, pero ella salió con una bolsa que llevaba a todos lados”.

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 Fuente: https://psn.si/adrian-infancia-tras/2019/11/

 

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Congreso Nacional de Investigación Educativa: ¿mismo traje, otros actores?

Por: Abelardo Carro Nava

Después de haber asistido al XV Congreso Nacional de Investigación Educativa (CNIV) del Consejo Mexicano de Investigación Educativa A.C., de regreso a casa, en alguna de las casetas de peaje que se encuentran en la autopista Acapulco-México, me encontré con los padres de familia de los 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa; como parece obvio, éstos solicitaban una cooperación a los automovilistas que les permitiera continuar con la búsqueda de sus hijos. Ello me llevó a modificar, de cierta manera, la serie de ideas que ya tenía en mente con la intención de exponer lo que, desde mi punto de vista, logré percibir en uno de los eventos que es de los más importantes en México.

Y es que mire usted, tal parece que, en nuestro país, las realidades que vivimos a diario nos conducen a preguntarnos qué es lo que pasa con relación a tal o cual hecho y del que, por obvias razones, de desprenden una serie de reflexiones como las que ahora le comparto. Por un lado, tenemos lo que en cada sexenio se escucha decir hasta el hartazgo: con los cambios que habremos de implementar, ahora sí seremos un país moderno y desarrollado; con las políticas que implementaremos, ahora sí saldremos del “atolladero” en que nos metieron otros gobiernos; con las reformas a la Constitución que propondremos, ahora sí transitaremos de un estado corrupto a uno de derecho; con una nueva reforma educativa que impulsaremos, ahora sí en México habrá niños, jóvenes y adultos mejor formados, y maestros y maestras mejor pagados. Vaya, que lindo se leen estas palabras que, como usted sabe, se repiten en diversos espacios hasta el cansancio; sin embargo, bien valdría preguntarnos si todo ello ya es una realidad “tangible o palpable” o si, como ha sucedido, es parte de ese discurso esperanzador y de cambio que se nos han prometido cada seis años pero que, lamentablemente, no ha llegado.

Digo, reza el refrán: del plato a la boca, se cae la sopa; y es cierto. Más allá de filias y fobias – por aquello de las pasiones que mi comentario puede generar –, la verdad de las cosas, es que estamos ante un escenario, particularmente educativo, que deja ver los mismos trajes, pero con diferentes actores. Me explico.

Después de la aprobación a las reformas a los artículos 3º, 31º y 73º constitucionales que propuso el gobierno lopezobradorista, así como también, de las leyes secundarias aprobadas en el legislativo hace unas semanas, tales como la Ley General de Educación (LGE), Ley General para el Sistema de Carrera de las Maestras y los Maestros (LGSCMyM) y la Ley General para la Mejora de la Educación (LGMCE); no olvidando, desde luego, las breves pinceladas sobre la Nueva Escuela Mexicana que, Esteban Moctezuma, Secretario de Educación Pública, nos regala a través de sus vídeos, pero también, de lo que se ha abordado sobre ésta en uno de los Consejos Técnicos Escolares (en el mes de agosto de este año, por ejemplo) es que puedo afirmar, que estamos, ante un rompecabezas educativo que, para acabar pronto, se explica a partir de la abrogación de una reforma laboral que le ha dado forma a otra de la misma naturaleza pero que, en los hechos, no resuelve (ni resolverá) los problemas (o grandes problemas) que enfrenta México.

Llegado a este momento de la lectura, con mucha seguridad usted se preguntará ¿qué se puede hacer para revertir, gradualmente, los problemas educativos que conocemos? Desde hace más de quince años, diversos investigadores han realizado serios estudios con el propósito de generar conocimiento en, sobre y para la mejora del Sistema Educativo Nacional; sin embargo, los gobiernos o, particularmente, los representantes de esos gobiernos, han hecho y deshecho lo que han querido.

De un Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB), hemos transitado a lo que hoy se ha llamado Nueva Escuela Mexicana (NEM); los resultados parecen obvios, y las condiciones en que se encuentra la educación en nuestro país, es una de las tantas realidades que palpamos los que a diario transitamos alguna de las calles y/o rincones de nuestra República Mexicana. ¿Qué hace falta para que logremos edificar una educación que satisfaga nuestras propias necesidades y demandas?, ¿mayores recursos económicos y financieros?, ¿mejores esquemas de formación inicial, capacitación, actualización y profesionalización docente?, ¿mejores diagnósticos que nos lleven a proponer formas de participación de los diferentes actores  educativos y no educativos?, ¿mejores salarios y prestaciones para los maestros y maestras?, ¿mejoramiento de la infraestructura educativa de todos los niveles?, ¿mayores y mejores esquemas de participación social en el hecho educativo? Sí, con seguridad todo eso (y más) hace falta; no obstante, tal situación, me lleva a formular una interrogante más que, podría abarcar, las anteriores, ¿cómo cerrar la brecha de desigualdad que hoy enfrentamos ante un mundo que, a cada minuto, se convulsiona por diversos factores, particularmente, del económico? Sí, desafortunadamente todo se mueve y tienen que ver con el dinero: el capital, las inversiones, la tecnología y el medio ambiente (entre otros), pero específicamente, con el dinero. ¿Neoliberalismo le llaman algunos?

De esta forma, pregunto nuevamente, ¿qué ha hecho la investigación para aminorar estos males? Mi respuesta es inequívoca: generar conocimiento. ¿Qué tipo de conocimiento? Aquel que se desprende de la ciencia o del conocimiento científico. Los datos, las evidencias, los hechos verificables ahí están; corresponde a los tomadores de decisiones hacer lo conducente ¿Qué es lo que éstos han hecho? Los resultados los conocemos: 52.4 millones de mexicanos en pobreza y, de esos, 9.3 millones viven en extrema pobreza. Un dato que engloba TODO (valga la redundancia) y que explica TODO.

Esto último viene a colación porque en el CNIV, tuve la maravillosa oportunidad de escuchar y observar el trabajo que presentaron unos estudiantes del Centro de Actualización del Magisterio de Chilpancingo; ahí, a través de sus historias de vida, pude constatar las grandes (o enormes) dificultades que, muchos jóvenes guerrerenses, enfrentan para acceder a una carrera profesional, por ejemplo; algunos de los factores que inciden en tal hecho son pobreza, inseguridad (ligada con la delincuencia del crimen organizado), discriminación y, en sentido estricto: exclusión social.

Sí, ésta fue una de las más de 1800 contribuciones aceptadas y que fueron presentadas por sus autores a lo largo de los 5 días en los que se desarrolló el evento que, dicho sea de paso, logró reunir a más de 4000 congresistas en esa entidad federativa. ¿Por qué aquellos tomadores de decisiones no acudieron a tal Congreso? Pregunta ingenua si usted gusta, pero que me permite responderla de la manera más sencilla posible: cada gobierno tiene su propia agenda y, en la que como parece obvio, la generación de conocimiento no forma parte de ella. ¿Menosprecio a la investigación educativa? No lo creo, más bien, creo se trata de una miopía disfrazada de un mismo traje, pero con diferentes actores que se dicen educativos.

Al tiempo.

Con negritas:

Desde este espacio envío una enorme felicitación a la expresidenta del COMIE, Angélica Buendía; su gestión inmejorable, pero su discurso inaugural, fue de lo mejor que he escuchado en los últimos años.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/congreso-nacional-de-investigacion-educativa-mismo-traje-otros-actores/

 

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