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El alebrije de la reforma educativa

Por: Luis Hernández Navarro
“La reforma educativa es el mismo perro pero con otro collar”. El autor de la frase no es un maestro de la CNTE. Tampoco un opositor fifí, ni un académico contestatario. La opinión es del filósofo Enrique Dussel, uno de los intelectuales de habla hispana más reconocidos internacionalmente. Perseguido por los militares argentinos, se exilió en México y se naturalizó mexicano. Es, además, integrante destacado de Morena.

Su afirmación no es exagerada. La reforma educativa de la Cuarta Transformación (4T) es, en esencia, el mismo erizo neo­li­be­ral de Enrique Peña Nieto, al que se le han limado algunas de sus espinas más filosas.

En esta ocasión, como en 2012-13, se volvió a poner la carreta delante de los bueyes. En lugar de aterrizar en la Constitución un gran proyecto educativo nacional que exprese con claridad los grandes ejes para transformar la enseñanza en el país, se acabó aprobando un alebrije legal que tiene como motivación central confinar a los maestros en un régimen laboral de excepción.

Un alebrije es una fiera imaginaria fabricada por artesanos, llena de colores, con elementos de animales diversos. La artesanía puede tener, a un tiempo, cabeza de perro, melena de león, alas de pájaro, cola de reptil, pezuñas y púas de puercoespín.

La reforma educativa de la 4T es un ale­brije legal elaborada con conceptos neoliberales, tira de materias, deseos de justicia social y asuntos laborales que tendrían que estar en el artículo 123 pero que se coloca­ron en el 3°. Es el perro del que habla el doc­tor Dussel, pintado color vino tinto. Es un alebrije que conserva camuflados los aspectos medulares de la reforma educativa del Pacto por México de 2013.

La nueva reforma es un texto omiso, contradictorio, confuso, incoherente y tramposo. Reforma que, en los hechos, acabó sepultando y diluyendo lo que, en la iniciativa original del presidente López Obrador aparecía como eje central: la educación para el bienestar. La investigadora Elsie Rockwell encontró en su redacción ¡64 ejes!

El investigador Juan Carlos Miranda analizó los conceptos utilizados y las veces que se repiten en el texto. Sus hallazgos no dejan duda. Domina el lenguaje de los tecnócratas educativos. Agente (al referirse a los docentes) se repite 27 veces; mejora o mejorar, 216 menciones, y dentro de esta categoría, las expresiones: mejora continua, 83; calidad, 154; la palabra: excelencia, 51; evaluación, 265; diagnóstico(a), 26; aprendizaje, 104, y equidad, 76 (https://bit.ly/2Xyf7TE ).

Igual que con la reforma educativa del Pacto por México, la de la 4T pone la carreta delante de los bueyes. En lugar de arrancar con un proyecto educativo transformador y derivar de él una reforma educativa, se propuso legislar primero y elaborar después un proyecto pedagógico. Si lo hizo así es porque su diagnóstico y su marco de referencia para la definición de la política educativa tiene elementos esenciales con el de Peña Nieto. Se trata del mismo perro con otro collar, del que habla Enrique Dussel.

No en balde, las intervenciones de AMLO sobre el tema se han limitado a insistir en la necesidad de recentralizar la nómina ma­gisterial, evitar el tráfico y venta de plazas y otorgar becas. Obviamente, son problemas que hay que atender, pero en sí mismos no constituyen un cambio educativo de gran aliento.

Un gobierno que ganó los comicios con el lema primero los pobres debería destinar más recursos para la educación a quienes más lo necesitan. No sólo como política pública, sino como derecho. Esto no quedó contemplado en la nueva legislación, al no hacerse explícitas las obligaciones del Estado para cumplir con ese derecho. Una administración que ha insistido correctamente en la necesidad de revalorar a los docentes debería reconocerlos explícitamente como profesionales y no como agentes.

Uno de los aspectos del alebrije legal que más escándalo, ilusiones y malentendidos ha causado es el transitorio decimosexto. Según el PAN y sus intelectuales, abre el camino a la venta de plazas. La afirmación es un absurdo. Fiel a los vientos recolonizadores que soplan en el país, el transitorio es un espejito que se da a los maestros a cambio del oro de la aceptación del proyecto. En los hechos, es una cortina de humo para mantenerlos en un régimen de excepción laboral.

Dicho transitorio apunta que los derechos laborales de los docentes se regirán por el apartado B del artículo 123. Sin embargo, dice que la admisión, promoción y reconocimiento dependen de un apartado especial: el Sistema para la Carrera de los Maestros y Maestras. O sea, una trampa. ¡Como si la admisión, promoción y reconocimiento no fueran una parte sustantiva de las relaciones laborales! Miles de maestros en el país, que no son conservadores ni fifís, rechazan el alebrije legislativo. No quieren la nueva correa para el mismo perro. Lo demostrarán a lo largo del sexenio.

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Méjico: Trabajo y falta de educación, los problemas para los niños en México

Día del niño derechos

A pesar de que se celebra este día, varios niños aún se les obliga a trabajar y no tienen garantizados su derecho a la educación, de acuerdo con datos del INEGI.

CIUDAD DE MÉXICO– Desde 1924, a propuesta del entonces ministro de Educación Pública, José Vasconcelos, en México se conmemora el 30 de abril como Día del niño.

Para todos los menores este día representa no tener clases y celebrar que son niños, pero, ¿qué hay detrás de este día?

La declaración de Ginebra, aprobada también en 1924, reconoce por primera vez la existencia de derechos específicos niñas y niños y, sobre todo, la responsabilidad de los adultos para con ellos, recordó el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) en un comunicado.

En México residen 38.3 millones de niños y adolescentes de 0 a 17 años. De este total, 11.4 millones tienen menos de 6 años; 13.2 millones con edades entre 6 a 11, y 13.7 millones tienen entre 12 y 17 años, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) 2018.

A pesar de ser niños, varios de ellos trabajan y no tienen garantizado su derecho a la educación.

Estas son algunas cifras que destaca el INEGI:

– 275,000 niños de entre 6 y 11 años realizaron algún tipo de trabajo; 37.3% son mujeres y el 62.7% hombres, de acuerdo con datos del Módulo de Trabajo Infantil (MTI) 2017.

– El 35% de los 6.5 millones de niños de entre 3 y 5 años no asiste a la escuela, según la Encuesta Intercensal 2015.

– 1.1 millones de adolescentes de 16 y 17 años no asiste a la escuela. 21.8% cuenta con algún grado de primaria, el 13.2% no concluyó la secundaria y el 62.8% sí la terminó, de acuerdo con datos de la ENOE.

– El 72.9% de los 14.3 millones de niños entre los 12 y los 17 años tiene un teléfono inteligente para acceder a internet, el 14.5% y el 24.5% cuenta con computadora de escritorio y portátil, respectivamente; el 15.8% una tableta, el 9.6% tv con acceso a internet y el 7.7% una consola de videojuego, de acuerdo con datos de la datos de la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información en los Hogares (ENDUTIH).

– Del año 2000 al 2016, la tasa de defunciones de niños menores de un año pasó de 20.8 a 12.1 por cada 1,000 nacidos, según datos del Sistema Nacional de Información Estadística y Geografía (SNIEG).

– Con 14.4 muertes por cada 1,000 niños, Puebla es el estado con el mayor promedio de defunciones de bebés en el primer año de vida. Mientras que Colima presenta la tasa más baja, con 8.8 defunciones.

– La principal causa de muerte de niños menores de un año se relaciona con afecciones originadas en el periodo perinatal –de la semana 22 de gestación hasta las primeras 4 semanas de vida-, seguida por malformaciones congénitas, deformidades y anomalías cromosómicas (24.8 muertes por cada 1,000).

Fuente de la información: https://expansion.mx/economia/2019/04/30/trabajo-y-falta-de-educacion-problemas-para-ninos

Fuente de la imagen: https://expansion.mx/economia/2019/04/30/trabajo-y-falta-de-educacion-problemas-para-ninos

 

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Al maestro con cariño…

Por: Casimiro Méndez

Democracia no sólo es la participación de la ciudadanía en los procesos electorales cada tres o cada seis años para elegir a nuevos representantes populares. Democracia no sólo es depositar el voto en una urna, y desentenderse de las consecuencias que traerá consigo haber optado por determinada opción política. Democracia no es ejercer el derecho al voto para para dejar en manos de unos cuantos, la conducción de los destinos de un país. No se equivoquen, eso no es democracia. La democracia es la forma de gobierno que confiere al pueblo el ejercicio del poder. Democracia es la participación del pueblo en las decisiones de gobierno, es definir el papel de la economía y su utilidad, sí los recursos de pueblo se utilizan para rescatar bancos y empresas privadas o decidir sí con esos recursos se construyen más escuelas, hospitales y vivienda pública. Tener la decisión sobre la aplicación de recursos es uno de los fines últimos de la democracia. Entonces podemos asegurar que la democracia es la construcción colectiva, organizada y participativa del pueblo para edificar una sociedad más justa y un futuro mejor. Democracia es la sociedad en movimiento resolviendo problemas colectivos.

Ningún gobierno en turno puede garantizar el pleno ejercicio de la democracia, la democracia como el poder se ejercen no se transfieren, y de su cumplimiento, el pueblo vigilante es el responsable. Si el pueblo transfiere al gobierno o al parlamento su responsabilidad democrática, dicha sociedad podría correr el riesgo de dejar de ser representada por su gobierno y perder sus derechos legalmente ante el parlamento.

En nuestro país, en años pasados, los trabajadores mexicanos han confiado sus derechos al gobierno y al parlamento, así como a los dirigentes sindicales. ¿Cuáles son los resultados de transferir el ejercicio democrático de forma pasiva a otras instituciones que no supieron o no quisieron velar por los derechos de los trabajadores? El resultado fue la entrega y aniquilación de los derechos laborales, todo disfrazado en reforma educativa. Trabajador mexicano, maestro frente a grupo, el ejercicio democrático sobre nuestros derechos es muy importante como para dejarlo en manos de un gobierno o un parlamento. Prohibida toda discusión y análisis sobre nuestros derechos laborales mientras no participemos en ellas y lo dramáticamente preocupante es cuando nosotros mismos nos excluimos de ellas, por confiar nuestros derechos a los dirigentes. Las históricas conquistas laborales se construyen con propuestas, con debates, construyendo consensos en los parlamentos, ganando aliados, pero sobre todo velando por nuestros derechos desde las calles. Si no velamos por nuestros derechos desde nuestros espacios de lucha, que nadie se sorprenda de los posibles resultados, si no velamos por nuestros derechos, definitivamente nadie puede decirse sorprendido o traicionado. Luchar por nuestros derechos laborales, es luchar por el bienestar de nuestra familia y de nuestro futuro.

Por muy progresista que sea un gobierno o un parlamento, pero sí los dejamos solos en esta lucha por recuperar los derechos laborales hasta hoy perdidos, los resultados no serán nada alentadores para nosotros. La tarea de recuperar los derechos es exclusiva de los trabajadores de la educación, de nadie más, esa tarea es intransferible. No debemos actuar como en 2012 y 2013, que después de aprobada la mal llamada reforma educativa, salimos a las calles a manifestarnos, cuando el golpe estaba dado. Y ese golpe nos ha costado la vida de varios compañeros, su integridad física, su libertad y su trabajo.  La lucha por nuestros derechos laborales debe estar consagrada en la constitución mexicana, no en las leyes secundarias.

Es momento de las propuestas, de la reflexión, del debate. Estamos ante una nueva etapa histórica, no podemos decir que ha llegado el momento, porque siempre ha estado ahí. Frente a nosotros, esperando nuestra fuerza ideológica, organizativa, nos está esperando con nuestros irrenunciables principios en bien de nuestros niños y del pueblo de México.

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Acoso escolar afecta al 70% de los niños en México

América del Norte/ México/ 30.04.2019/ Fuente: laverdadnoticias.com.

Se estima que el acoso escolar afecta a siete de cada 10 infantes que cursan la primaria y secundaria en México

continúa siendo el país líder en casos de violencia escolar en educación básica, dado que se estima que afecta a siete de cada 10 infantes de primaria y secundaria, así lo reveló la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).

Acoso escolar afecta al 70% de los niños en México.

El diagnóstico, que coincide con estadísticas recientes de la Comisión de Derechos Humanos de México, ubica un 44.7 de alumnos que han referido algún acto de violencia verbal, psicológica o física a través de las redes sociales.

Ver imagen en Twitter

yobanny salgado@463890af2fef414

Los problemas del acoso escolar suelen venir marcados por brotes de violencia en los menores. Para que los alumnos se integren en las escuelas y aprendan normas de convivencia es necesario fomentar valores como el respeto y las buenas relaciones

En ese sentido, un 40.24 por ciento de los estudiantes encuestados en México afirmó haber sido víctima de acoso escolar, donde un 25.35 por ciento recibe insultos y amenazas, mientras que un 17 por ciento recibe golpes por parte de otro compañero.

De acuerdo con Luis Wertman Zaslav, presidente de Confianza e Impulso Ciudadano, la violencia escolar en México podría alcanzar a casi 19 millones de niños y adolescentes que cursan los niveles de primaria y secundaria.

Fuente de la noticia: https://laverdadnoticias.com/mexico/Acoso-escolar-afecta-al-70-de-los-ninos-en-Mexico–20190428-0102.html

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No repetir

Por: David Calderón.

 

Los propósitos clave de todo sistema de educación básica se enmarcan en la triple inclusión: estar, aprender y participar. Es decir, la fuerza y los recursos del Estado, el compromiso y las capacidades de los agentes educativos se orientan a que todas y todos estén incluidos en la escuela, que aprendan lo que quieren y necesitan y que participen activamente de su propio proceso de construcción personal y comunitaria.

Un sistema que reprueba tiende a excluir. La reprobación tiene un severo impacto en la permanencia; los alumnos reprobados tienen una probabilidad mucho más alta que sus compañeros de dejar la escuela.

Ha causado cierto revuelo que en el Diario Oficial de la Federación, el 29 de marzo de este año, se haya publicado el acuerdo número 11/03/19 “por el que se establecen las normas generales para la evaluación del aprendizaje, acreditación, promoción, regularización y certificación de los educandos de la educación básica”. Los acuerdos secretariales son piezas normativas que aterrizan criterios generales que la SEP, como coordinadora de todos los sistemas escolares de la República, marca para el cumplimiento de los objetivos de ley.

En el artículo 11 de dicho acuerdo se establece, en la fracción I, que los grados de la educación preescolar se acreditan (es decir, se da por cumplido el grado y se reconoce la promoción al grado siguiente) sólo con haberse cursado, lo mismo que los grados primero y segundo de primaria, como se indica en la fracción II.

No faltaron los comentarios que consideraran el asunto como una decisión a favor de la laxitud y la irresponsabilidad de la autoridad sobre el logro escolar, o incluso como una novedad que “dañará” el trabajo de las escuelas. Ni una cosa, ni otra.

Está bien documentado que el problema con la reprobación es que no está en el mejor interés de la niñez; tal vez para alguien en la intención, pero la evidencia muestra lo contrario. En todos los grados, pero especialmente en los iniciales, se sientan las bases para poder aprender a lo largo de la vida. Darse por vencidos desde el inicio, en cuanto al esfuerzo de los adultos, es un contrasentido para el derecho a aprender.

Si algo nos ha enseñado la pedagogía, desde Comenio y antes hasta el día de hoy, es precisamente que no hay “problemas de aprendizaje” sino limitaciones de la enseñanza y de la convivencia. Todo el aprendizaje es “problema” en el sentido de que para todo ser humano hay reto en el descubrimiento del mundo y de los otros, y exigencia para activar nuestras capacidades y llevar adelante nuestros propósitos; ese reto cobra características específicas según la edad, género, identidad étnica, estado de salud, contexto familiar y social de cada quien. Nos vamos descubriendo, perteneciendo, tomando control de nuestras propias vidas por acercamientos sucesivos, por indagación, por ensayo y error.

Si un alumno es reprobado al inicio de su trayectoria escolar, en lugar de ser apoyado para identificar y superar las barreras al aprendizaje y la participación (BAP, por sus siglas) que enfrenta, el ciclo de exclusión se exacerba. Las BAP no sólo se refieren a condiciones permanentes de discapacidad o de talentos específicos destacados, sino a factores de nutrición, momento emocional y por supuesto a los factores escolares y contextuales de clima de aula, plan de estudios y estrategias homogeneizantes; vamos, las creencias de los adultos sobre lo que pueden esperar de niñas y niños pueden ser las primeras BAP.

La reprobación trajo en otras épocas expulsión; si se la empareja con la repetición, puede tratarse de una expulsión lenta o pospuesta. Pensemos; si como reza el dicho “el principio de la locura es hacer lo mismo y esperar resultados diferentes”, entonces nos engañamos si creemos que, en un caso en el que no fue apropiado el proceso, repetirlo en condiciones casi idénticas es la solución.

La repetición está correlacionada, en sus efectos, con el abandono escolar, en los grados repetidos o con posterioridad. No puede minimizarse el efecto de etiquetación de la sobre-edad o la discriminación por ser señalados, como si fuese sólo un tema de voluntad aprobar o no; la posibilidad de generar culpa o ansiedad es muy alta, cuando lo común es falta de atención específica.

En distintas partes del mundo se ha adoptado esta política, como ocurre en los países escandinavos, Portugal, Francia misma. Así que no es excepcional la medida, y de hecho, tampoco es nueva en México. Justamente un sólido estudio empírico (Leave them kids alone! The positive effect of abolishing grade retention on pupils’ dropout rates: Evidence from a policy change, de Francisco Cabrera del CIDE, detalla los efectos del acuerdo 648 (vigente a partir de agosto de 2012) en el que se abolió la reprobación de primero a tercero de primaria. No tiene desperdicio: se muestra con fuerza que no sólo mejoró la permanencia en grados posteriores, sino que no afectó los resultados de aprendizaje registrados en las pruebas nacionales, con todos los ajustes correspondientes. Es decir, no hay elementos para afirmar que dejar de lado la reprobación “daña” el logro promedio porque los chicos que enfrentan retos más tangibles se queden en los grados siguientes; acaban por “ponerse al paso”.

Desde el enfoque de inclusión, esta normativa apunta a aspectos positivos; es adecuada en tanto y en cuanto efectivamente se impulse que en cada aula se hace el esfuerzo necesario para detectar oportunamente el ritmo de aprendizaje, se establezcan estrategias de detección temprana de barreras al aprendizaje y la participación de cada niña y niño, y se siga un plan para alcanzar las metas correspondientes a lo largo del ciclo. Los profesores agradecerán esta “descarga administrativa” de cálculos y registros, pero debe hacerse la retroalimentación cualitativa a las familias y a los propios alumnos, de forma continua y no “para la boleta”. Esperamos que el acuerdo se complemente con una estrategia deliberada, práctica, accesible para que los ajustes al trabajo grupal e individual no dejen fuera del aprendizaje y de la participación. Qué bueno que puedan estar; ahora, hay que asegurarse que se cumpla su derecho a que aprendan y participen.

Fuente del artículo: http://www.educacionfutura.org/no-repetir/

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El memorándum

Por: Carlos Ornellas.

El concepto de República imperial, que trabajó Enrique Krauze bajo la inspiración de don Daniel Cosío Villegas, es amplio y complejo. Baste por lo pronto señalar que implica concentración de poder en quien ocupe la silla del águila, sin contrapesos de valía

A juzgar por sus actos, el presidente López Obrador se desesperó por el retraso para legislar el fin de la Reforma Educativa del gobierno de Peña Nieto y encumbrar la de la Cuarta Transformación. Pero la desesperación es mala consejera, o tal vez buena, si se acomoda a un fin más allá de la enmienda constitucional. Me refiero a la tentación de restablecer la República imperial.

El concepto de República imperial, que trabajó Enrique Krauze bajo la inspiración de don Daniel Cosío Villegas, es amplio y complejo. Baste por lo pronto señalar que implica concentración de poder en quien ocupe la silla del águila, sin contrapesos de valía.

El presidente López Obrador dio la prueba de la desesperación: “Ya se envió una iniciativa de ley de reforma a la Constitución, pero hay grupos del magisterio que no ven con buenos ojos la propuesta… pero si se tarda mucho y no hay acuerdo voy a sacar un decreto abrogando, quitando la mal llamada Reforma Educativa” (Excélsior, 14/04/19; énfasis en el original).

El Presidente no ha firmado tal decreto; no obstante, remitió un memorándum a la secretaria de Gobernación y a los secretarios de Educación Pública y de Hacienda para que, “con base en las facultades que me confiere el cargo que detento”, ordenar se abrogue la mal llamada Reforma Educativa.

La parte medular que apunta a la concentración del poder se expresa en los lineamientos b y c del memorándum. Dispone que las instancias del Poder Ejecutivo federal dejen sin efecto todas las medidas de la Reforma Educativa. Pero, al mismo tiempo, afirma que la nómina del sector quedará bajo control de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la cual impedirá prácticas patrimonialistas, “aviadores” y cualquier otra forma de corrupción. La Secretaría de Educación Pública administrará las plazas magisteriales, evitará que se trafique con ellas y garantizará la contratación de maestros egresados de las normales públicas. La Secretaría de Gobernación realizará diligencias y acciones para poner en libertad a maestros y luchadores sociales que persiguen causas sociales justas y retirar las imputaciones para castigar activismos pacíficos.

Legisladores de todos los partidos, representantes empresariales, activistas sociales, académicos y juristas destacados, como el ministro en retiro de la Suprema Corte, José Ramón Cossío, señalaron la inconstitucionalidad del memorándum y la invasión de facultades de otro poder.

El Presidente piensa que tiene potestad para juzgar cuáles son causas justas y afirma que el activismo de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación es pacífico. Y, a pesar de que él supone que con estas medidas contentará a sus líderes, ellos responden con más presión: “Hasta no ver no creer”. Quieren el retorno total de sus privilegios: controlar la nómina y disponer de la trayectoria laboral de los maestros.

La idea de rehabilitar la República imperial forja contrapesos. Unos se enojan y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación muestra músculo. Espero que el Presidente no se desespere más.

Fuente del artículo: http://www.educacionfutura.org/el-memorandum/

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México: Un millón de jóvenes han logrado estudiar en la UNAM gratuitamente, gracias a la Huelga del CGH

Por: Gilberto Enrique Ramírez Toledano.

Se habían llevado todo lo que querían, teléfonos, ferrocarriles, televisión, y mil empresas públicas más… ahora querían la educación. En febrero de 1999, bajo el mandato directo del Banco Mundial, el FMI y la OCDE, el gobierno mexicano y la rectoría emprendieron la ofensiva: modificar el reglamento general de pagos para establecer cuotas por inscripción.

Nadie había podido detenerlos, el pueblo de México y su movimiento social había sufrido un innumerable cúmulo de derrotas, que con contadas y honrosas excepciones, no lograba poner freno a la ola privatizadora en nuestro país. Y como cereza del pastel, teníamos un recién creado Instituto para la Protección al Ahorro Bancario (IPAB), que sustituía e institucionalizaba el rescate banquero conocido como FOBAPROA, con un multimillonario desvío de recursos públicos a los banqueros del país, principalmente extranjeros, que aun hoy seguimos pagando los mexicanos.

A los estudiantes de entonces, los llamaban “la generación x”, pues se argumentaba que ya no tenían más compromiso social, ni interés por la política o por cambiar al mundo. La “generación x” era el producto mejor acabado del neoliberalismo, son jóvenes individualistas, egoístas, que según las cuentas de la oligarquía no opondrían mayor resistencia frente a los planes de elitización y privatización de la máxima casa de estudios. Entonces llegó la explosiva, masiva, irreventente y tenaz huelga del CGH, que los paró en seco y les puso, por fin, un alto.

No pasaría ni un mes del anuncio del rector, para que la UNAM estuviera incendiada, de punta a punta, de discusiones, asambleas, propaganda, debates en los salones de clases, paros escalonados, llamados a diálogo. Toda esta efervescencia anunciaba una batalla de grandes dimensiones en defensa de la educación como un derecho.

La huelga del CGH estalló dos meses después del anuncio del rector, y un mes después de la imposición del nuevo reglamento general de pagos. Duró casi 10 meses, se enfrentó al poder mediático, y a todo el aparato de Estado dispuesto a aplastar la resistencia estudiantil, y sólo pudo terminar con la intervención de la policía militar (la recién creada Policía Federal Preventiva), invadiendo todos los colegios y facultades de la Universidad, con el encarcelamiento de mil estudiantes huelguistas.

¿Qué pasó? ¿De dónde vino tanta indignación, tanto compromiso de la juventud mexicana? ¿Qué salió mal en los cálculos del gobierno?

Así comenzó todo.

El 11 de febrero de 1999, el entonces rector de la universidad, Francisco Barnés de Castro (de extracción priísta, aunque luego trabajó como subsecretario de energía en el gobierno panista de Felipe Calderón, encargado de la entrega de la electricidad al capital privado) presentó un documento público, donde anunciaba la intención de modificación del Reglamento General de Pagos de la UNAM, bajo el pretexto de que todos debíamos “apoyar a la universidad” y ser una “sociedad solidaria”, frente a la falta de recursos públicos que imponía la necesidad de “ampliar y diversificar las fuentes de financiamiento”, empezando por aumentar las cuotas a los estudiantes.

Dicho documento se publicó en la Gaceta UNAM 4 días después, el 15 de febrero de 1999. Ahí, se dejaba claro que el primero de los “5 principios” en que se basaba la reforma, establecería lo siguiente: “las nuevas colegiaturas semestrales se aplicarán a los alumnos que ingresen a la UNAM, a partir del próximo agosto de 1999”. En otras palabras tu no te preocupes, no la hagas de emoción, ¡no protestes!, las cuotas serán para los demás, no para ti. Con ello, las autoridades pretendían corromper la conciencia de los estudiantes, apelar a su individualismo y egoísmo, que suponían permearía y evitaría el conflicto. No fue así.

De inmediato, algunas escuelas comenzaron la discusión. Tradicionalmente, escuelas como la Facultad de Ciencias, la Facultad de Economía, la de Filosofía y Letras, Ciencias Políticas y Sociales, así como escuelas del bachillerato universitario como el CCH Oriente y otros, tienen más tradición de lucha, de discusión política, y esta vez no fue la excepción. En menos de 4 días, la asamblea de la Facultad de Ciencias emitió un pronunciamiento público, llamando a todos los universitarios a organizarse e impedir el aumento de cuotas. Dicho documento circuló rápidamente, era leído en distintas asambleas, pegado en las puertas de los salones de muchas escuelas, colegios y facultades de la UNAM. En este documento se decía con claridad: “Que nadie se engañe. No se trata de apoyar a tu universidad. Se trata de apoyar a tugobierno, a tus banqueros, a tus grandes empresarios de dentro y fuera del país”, se alertaba ya, desde el arranque del movimiento, que las cuotas no eran sino una imposición del gran capital, planteada en documentos del FMI, el Banco Mundial y la OCDE para toda América Latina, y que de ser aprobados los primeros montos de colegiatura (es decir, siendo quebrada la resistencia estudiantil), luego se servirían con la cuchara grande, pues el escrito de la rectoría planteaba unas cuotas de “actualización” de 680 pesos para el bachillerato y 1020 para licenciatura, pero el proyecto real era que poco a poco fueran aumentando hasta que se pagara el costo total de la educación, sin subsidio gubernamental.

Apenas a unos días de lanzada la iniciativa, ya los estudiantes se pronunciaban en aquel documento: “¿cuál es el argumento principal utilizado por el rector Barnés? Que quienes  pueden pagar, deben pagar… Y una vez lanzada su «propuesta», esto constituye el «banderazo» para que toda la cargada de reporteros y comentaristas de radio y televisión se lancen en cruzada contra la población levantando la espada de «la equidad», «la justicia» de que quienes tienen, paguen, que no se puede seguir subsidiando a jóvenes que llegan en carro a sus clases, etc. El sentido de la campaña, como en las anteriores ocasiones que se ha tratado de dar marcha atrás a la gratuidad de la educación pública, es inmediato: se trata de convencer a la población de la «elemental justicia» de tal medida, es decir, se trata de aislar de la sociedad a los estudiantes ante su esperada respuesta. Se trata incluso de hacer sentir culpables a los estudiantes por el hecho de no cooperar con su universidad”.

Se llamó así a una primera Asamblea Universitaria, y para organizarla a una Reunión Amplia en el auditorio Narciso Basolss de la Facultad de Economía. Para sorpresa de todos, en la “reunión amplia” del 19 de febrero se expresó un hervidero de iniciativas, de propuestas, de pronunciamientos de escuelas. Ahí, más de 600 estudiantes (según relata la prensa de entonces, por lo cual seguramente eran más), de 29 escuelas, comenzaron a hacer crecer la bolita de nieve. Desde entonces, ya se veía que escuelas como la Prepa 2, o la Facultad de Derecho, serían de las más difíciles de convencer y organizar, al estar encabezadas por Directores-Porros, llenos de golpeadores y provocadores, que impedían cualquier discusión de los estudiantes de base. Los resolutivos de la reunión fueron: convocar a la primera “magna asamblea universitaria” el 24 de febrero en el auditorio Che Guevara (por entonces muy emblemática del movimiento estudiantil, antes de caer en la difícil situación en que hoy se encuentra); llamar a la primera marcha de antorchas por la gratuidad, el jueves 25 de febrero a las 5 pm, del Monumento a Álvaro Obregón a Ciudad Universitaria; convocar a asambleas urgentemente en todas las escuelas y facultades de la UNAM, con la propuesta de hacer un primer día de paro general. Y por último, se llamó a estar atentos del día en que se reuniera el Consejo Universitario para aprobar el nuevo reglamento general de pagos, para tomar acciones urgentes.

La primera asamblea universitaria, así como la marcha de antorchas, resultaron gigantescas. Por decir un dato, a la movilización, sólo del CCH Oriente, salieron más de 24 camiones llenos de estudiantes, hasta encima de los techos. Fue una muestra de la inmensa indignación que provocó el anuncio del rector, pero no sólo eso, también de la disposición de lucha de decenas de miles de jóvenes, por impedir que ahora se les arrancara de las manos lo poco que tenían, la educación.

Por su parte, las autoridades estaban empeñadas en imponer su reforma, era el mandato, y se dispuso todo para hacerlo valer. El gobierno estaba listo, los medios de comunicación lo mismo, no se podían echar para atrás.

La imposición del nuevo RGP, multiplicó la decisión de lucha.

Así, llegó el día de la imposición de las modificaciones al reglamento general de pagos, el 15 de marzo de 1999. Ya se habían dado algunos días de paro en la Universidad, la discusión política estudiantil se había esparcido y profundizado, la convicción era más y más a cada día, pero ocurrió algo que multiplicó la indignación y la rabia de los estudiantes: el Consejo Universitario se reunió a escondidas, en una sede extrauniversitaria como es el Instituto de Cardiología en la zona de hospitales de Tlalpan, en la Ciudad de México, y en menos de tres minutos aprobó los cambios. En la sesión sólo hubo 3 votos de estudiantes a favor, con eso les bastó para imponerle una educación de paga a cientos de miles de alumnos universitarios.

Un día antes, el 14 de marzo, los estudiantes se concentraron en la explanada de rectoría, pues en la torre es donde usualmente sesionaba el Consejo Universitario. Se procedió al bloqueó de todos los accesos, la reunión de las autoridades no debía darse. Desde antes de amanecer el 15 de marzo, después de una noche fría de guardia y de plantón, diferentes brigadas se movilizaron a todos y cada uno de los puntos donde se rumoraba había consejeros universitarios dispuestos a trasladarse al lugar secreto donde realizarían la sesión. En el Estadio Azteca, se vio a unos consejeros y de inmediato salió una brigada de estudiantes para ir a su encuentro, en el estacionamiento del estadio, los “representantes” universitarios subieron a unos autobuses que los trasladarían a la reunión, y los estudiantes se tiraron a las ruedas para impedir su avance. Así, toda la mañana fue una guerra para impedir que finalmente se realizara la sesión del Consejo.

Mario Benítez, profesor de la Facultad de Economía y entonces estudiante de posgrado, vio cerca de CU a Brígido Navarrete, jefe de los cuerpos de seguridad y represión en la Universidad, que seguro se dirigiría al lugar de reunión de los consejeros. El profesor, subido en su vocho, persiguió a Brígido sobre periférico hasta llegar al Instituto de Cardiología, donde cuerpos de granaderos custodiaban el lugar. Se descubrió así el sitio secreto y se informó de inmediato a los estudiantes. Una gran marcha se dirigió en el acto a lugar, pero tardaría en llegar, lo cual fue aprovechado por las autoridades para hacer fast track su reunión, levantar los dedos e imponer el reglamento modificado, lo cual costaría mucho a la Universidad, generaría la huelga más larga en su historia, cientos de presos políticos, dos estudiantes asesinados, pero sobre todo provocaría una explosión juvenil que se extendió en toda la Ciudad de México, y aun más allá. La chispa empezó a incendiar la pradera, el pastito estaba bastante seco después de tanta ineptitud política de Barnés, de tantos engaños, despotismo y represión.

Los estudiantes, en lugar de sentirse derrotados, se sintieron retados, indignados. El regreso de Cardiología a la UNAM fue una muestra de que lo que estaba por ocurrir. El argumento de “palo dado ni dios lo quita”, “reforma aprobada, resistencia derrotada”, no surtió efecto. Hasta en las escuelas de mayor dificultar para la lucha estudiantil, como Veterinaria, Ingeniería, Química, Derecho, Prepa 2, etc., las asambleas comenzaron a crecer, las brigadas se multiplicaron, no hubo estudiante que pudiera permanecer al margen de la discusión. A algunos les parecían bien las cuotas, eran convencidos por la campaña mediática de “no seas egoísta, apoya a tu universidad”, “gastas más en un cigarro o en una torta que en tu educación”, pero no era así en general.

Entre el 15 de marzo y el 20 de abril, se desarrollaron diversas actividades de resistencia. Para un conjunto de estudiantes, el objetivo era convencer y presionar a las autoridades, para que aceptaran su error. Ahí estaban representantes del antiguo CEU Histórico, que ahora eran parte del PRD-Universidad. Pero para la mayoría estudiantil, las acciones debían ser encaminadas para preparar la inevitable Huelga, vista como el último recurso del movimiento estudiantil, sin la cual sería imposible echar abajo la imposición.

Ya veremos cómo estalló la huelga, cómo fue su desarrollo y sus resultados, pero adelantamos una cosa: más de un millón de estudiantes, desde 1999 han logrado estudiar, gratuitamente en la UNAM. Es un dato maravilloso, muestra patente de la victoria del movimiento estudiantil. Con datos de 2016, al bachillerato de la UNAM, es decir, Prepas y CCH’s, ingresaron 36 mil jóvenes mediante el injusto examen estandarizado de selección, a estos, se suman los 12 mil que ingresaron a la licenciatura en alguno de los dos procesos de selección. Así, sin contar a los más de 30 mil estudiantes que ingresan a licenciatura por pase reglamentado (es decir, que provienen de la misma UNAM, que ya hicieron examen, que fueron repetidas veces evaluados por la misma institución y que sólo pasan al siguiente nivel), a la máxima casa de estudios entraron 48 mil estudiantes nuevos. Si esos 48 mil, los multiplicamos por 20 años, tenemos que 960 mil jóvenes han sido alumnos de nuevo ingreso en la Universidad. La matrícula no ha sido la misma todos los años, ha ido creciendo moderadamente. Pero si a esto le sumamos los miles de alumnos que han ingresado a los diferentes posgrados, a iniciación universitaria, etc., es muy probable que al menos UN MILLÓN de alumnos han logrado estudiar, gratuitamente en la UNAM, gracias al CGH.

Por eso hoy decimos, a 20 años: gracias CGH, gracias generación de 1999-2000, gracias por tanto esfuerzo, por tanta entrega, por tanta terquedad…

* Algunos de los elementos aquí narrados, son extraídos de las sesiones de conversación sobre la Huelga del CGH, desarrolladas en la Facultad de Ciencias desde febrero de 2019. Algunos materiales de esas sesiones los puedes encontrar en redes sociales, en #ConversandoSobreLaHuelga y #CGHa20Años.

Fuente de la reseña: http://sinpermiso.info/textos/mexico-un-millon-de-jovenes-han-logrado-estudiar-en-la-unam-gratuitamente-gracias-a-la-huelga-del

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