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Argentina: la libertad sindical amenazada

Por: Internacional de la Educación 

La libertad sindical podría encontrarse en suspenso en Argentina tras las amenazas de muerte recibidas por Roberto Baradel, secretario general del SUTEBA, por su defensa de los derechos de los trabajadores de la educación.

Baradel no es el único amenazado, ya que su familia, y en particular su hija, han ido también víctimas de intimidaciones continuas. CTERA ha informado a la IE de que tal metodología se ha utilizado ya en oportunidades anteriores contra el líder sindical.

La IE exige protección y respeto de la libertad sindical

La IE, en una comunicación oficial al Ministro de la Educación de la República Argentina, Esteban José Bullrich, condena la situación, que “atenta contra todas la formas de dialogo social entre gobernantes y gobernados y entre autoridades y trabajadores, rayana con la violación de los derechos sindicales y humanos”.

La organización internacional ha requerido al Ministro que se lleve a cabo una investigación en torno a las amenazas y se brinde protección a Baradel y a su familia. Más allá, ha subrayado la necesidad de proteger los derechos sindicales y a la negociación de los trabajadores de la educación, en línea con lo establecido en las Convenciones de la Organización Internacional del Trabajo.

Si desean enviar mensajes de solidaridad con Roberto Baradel, pueden hacerlo enviando un correo electrónico a

Secretaría General CTERA secgeneral@ctera.org.ar

Secretario General SUTEBA rbaradel@suteba.org.ar

Fuente: https://www.ei-ie.org/spa/news/news_details/4277

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Nuevas perspectivas para la Transformación Social

Por: Viento Sur. Gerardo García. 11/02/2017

“A veces, echo en falta que a la figura icónica del Che Guevara

se le ponga la mirada de una persona con Síndrome de Down”

Txema Abaigar, militante anticapitalista

El pasado 3 de Diciembre se celebró el Día Internacional de las Personas con Diversidad Funcional en medio de un fuerte apagón mediático y un silencio extendido también entre los ambientes más politizados y habitualmente más movilizados, lo que desembocó en que dicha efeméride pasara totalmente desapercibida para la inmensa mayoría de la población.

Es cierto que cabe preguntarse qué utilidad real suelen tener este tipo de celebraciones, que suelen ser escenarios de efímeros e hipócritas gestos de ciertos organismos e instituciones que habitualmente fomentan y amparan las opresiones que dicen combatir en fechas concretas y cuya labor de concienciación a la población ante esos mismos problemas, por lo general, no tienen efecto mucho más allá de esas 24 horas.

No obstante, el escasísimo eco mediático y la aún más escasa incidencia movilizadora que pudimos contemplar el citado día, no pueden más que preocuparnos y ser interpretados como un serio aviso del que deberíamos tomar nota todas las personas que apostamos por un cambio radical de modelo social, político y cultural, en tanto que nos enseña el grado de ostracismo, de invisibilidad al que se tiene sometido todo cuanto rodea a la Diversidad Funcional hoy en día.

Pero antes de nada y de mostrar una justa indignación por este silenciamiento, sería necesario no llamarnos a engaño. Los discursos y las prácticas transformadoras rara vez inciden o han incidido en el terreno de la Diversidad Funcional, más que de forma tangencial y secundaria para abordar otro tipo de temáticas. Desde nuestra ‘trinchera’, se aprecia una más que preocupante ausencia de elementos que la consideren como una causa por sí misma y que conviertan a la personas que la tienen como un sujeto político activo. Nos falta aquí un “corpus” teórico que poner en práctica en nuestra labor diaria de transformación de lo cotidiano.

Estas líneas no pretenden definir ni cerrar dicho “corpus”, al igual que tampoco pretendía hacerlo el taller que se celebró al respecto, precisamente, de la Diversidad Funcional durante la última Universidad de Verano Anticapitalista y que, de una u otra forma, las inspiran, pero sí que pretenden despertar ciertas preguntas, empezar a definir determinados caminos que nos pueda ayudar a cimentarlo.

Sin duda, uno de los ingredientes básicos de toda opresión es la invisibilización de un colectivo y de las problemáticas que les suelen ir asociadas (mejor dicho, en su mayoría, que la sociedad actual, en su proceso de construcción les ha ido generando). No se puede entender el “capacitismo” (esto es, el marco ideológico que ampara y legitima la supremacía de las personas sin diversidad funcional oficial sobre las que sí la tienen) sin ese silenciamiento que se ejerce día a día.

El citado silenciamiento lleva a que normalicemos ese papel de subsidariedad de las “Personas con Diversidad Funcional” (o con “Discapacidad”; el hecho de no saber todavía cómo nombrar una realidad suele dibujar también el punto en el que se está a la hora de trabajar en/con ella), hasta puntos insospechados. Tan insospechados (y por citar un ejemplo concreto, que pudiera pasar casi por anecdótico) como para que se nos pase por alto el lugar que suele ocupar en las reseñas periodísticas la mención a la accesibilidad y/o presencia de barreras arquitectónicas en un determinado establecimiento hotelero: el último, junto a la relativa a la admisibilidad de animales domésticos en su interior.

Pero ejemplos como éste no pueden ser considerados como hechos aislados o productos de la casualidad. Es muy difícil, por no decir casi imposible, encontrar una visión normalizadora e inclusiva en nuestro imaginario colectivo, lo que favorece que la opresión “capacitista” persista en gran medida hasta nuestros días. La prevalencia de dicha opresión, conscientemente normalizada e invisibilizada en la actualidad se manifiesta, entre otras muchas cosas, en que;

– La construcción “capacitista” del lenguaje apenas se ha cuestionado en la actualidad, distando mucho esa crítica de la que se ha empezado a hacer en los últimos años en relación a la cuestión de género. El uso de la Diversidad Funcional como un motivo de insulto apenas es algo que se haya cuestionado.

– Igual que sucede en muchos otros casos, la imagen corporal hegemónica que se espera en hoy en día, no ofrece un hueco para la Diversidad Funcional. Y esta exclusión se lleva a cabo, de nuevo, sin que apenas seamos conscientes de ello.

– La visibilidad de la Diversidad Funcional en la esfera pública se siga dando de una forma paternalista e infantilizadora, apelando, mayoritariamente a un sentimiento tan lógico como poco útil a la hora de transformar nuestra cotidianidad, como es la condescendencia.

– Persiste la asociación recurrente, y alimentada de gran manera por los medios de comunicación, entre la Diversidad Funcional (sobre todo, la relacionada con la Enfermedad Mental) con la criminalidad.

Por ir centrando más el objeto real de este artículo, una muestra más de hasta qué punto hemos asimilado conductas y posicionamientos “capacitistas” incluso razonablemente cerca de nuestros posicionamientos, es que no se ha logrado incluir a la Diversidad Funcional en una gran parte de las, por otra parte, más que justas y legítimas demandas sociales que, hoy en día se articulan, perpetuando, en su formulación, la segregación entre Personas con Diversidad Funcional y sin ella. La, sin duda, bienintencionada pero más que limitada defensa del derecho al aborto en los casos de malformación fetal es el más claro ejemplo de ello.

Pero estas contradicciones no pueden ser achacables sólo a discursos reformistas y/o defensores de un cierto modelo de Estado del Bienestar. No deja de llamar la atención, por ejemplo, como en un contexto en que, ciertamente, se hace necesaria una defensa de los Servicios Públicos, se ha asumido (o, al menos, parece haberlo hecho), por nuestra parte, un discurso legitimador del Modelo Residencial como uno de los ejes vertebradores de la intervención en el campo de la Diversidad Funcional.

Desde diversos colectivos que llevan años y años trabajando por una visibilidad e inclusión real de la Diversidad Funcional, entre los que cabe destacar el Foro de Vida Independiente se han denunciado por activa y por pasiva los grandes defectos que presenta dichos modelos. Cabe preguntarse ciertamente, más allá de debates coyunturales y específicos en su momento, si los Recursos Residenciales que habitualmente se potencian no contribuyen más que a invisibilizar a estas personas, alejándolas de lo que se supone que debiera ser su entorno natural y, hasta qué punto, facilita (o deja de hacerlo), su empoderamiento real, que, al fin y al cabo, es lo que debería defender el “anticapacitismo”.

Detrás de un debate tan concreto, extensible también al modelo educativo (centrado actualmente y en gran medida, en la promoción de los Colegios Especiales) subyace así una cuestión tan de fondo como es el punto hasta el que defendemos modelos que se enfoquen a una autonomía lo más completa posible de las Personas con Diversidad Funcional, dándoles a ellas un protagonismo real en la toma diaria de decisiones y en su inserción real en un enclave geográfico concreto.

Enlazando con lo comentado en los dos párrafos anteriores, respecto a la alienación constante que se suele someter a las personas con Diversidad Funcional, negándoles su autonomía, capacidad de decisión y gran parte de sus derechos más fundamentales, llegamos a una cuestión muy concreta sobre la que también urge articular discursos y prácticas orientadas a un empoderamiento real de éstas: las Pensiones de Discapacidad, tanto en lo que concierne a su cuantía, como, sobre todo, a la dirección final de las mismas.

Por desgracia, en la actualidad, no hay mecanismos que garanticen que dichas pensiones acaben repercutiendo directamente en una mejora de la calidad de vida de las personas que debieran ser sus perceptoras directas. Se hace imprescindible reclamar que esas cuantías (correctamente ponderadas para asegurar a quienes se beneficien de ellas una completa satisfacción de sus necesidades económicas) lleguen íntegramente sus titulares (sin que haya intermediación alguna que haga uso personal de estos recursos, haciendo camino en la ruptura de la relación directa que, por desgracia, persiste en la actualidad, entre Diversidad Funcional y pobreza.

Si al hablar de la Diversidad Funcional en general y del espacio que se le da en la sociedad actual resulta inevitable referirse a la invisibilización que se le suele someter, ésta última parece acentuarse más si cabe al hablar de la diversidad que no se ve a simple vista. En concreto, de la llamada “Enfermedad Mental”. En líneas anteriores, citábamos la asociación que se suele realizar entre ésta y la criminalidad. El desconocimiento social (unido a la aparente falta de interés en combatirlo) no hace más que condenar aún más al ostracismo a las personas afectadas por ella. Los modelos hegemónicos de intervención y tratamiento tampoco parecen apuntar de cara a una plena inclusión de dicho colectivo. Desde nuestros posicionamientos, se hace necesario apuntar a nuevos horizontes de cara a su visibilización y normalización. Probablemente, los Grupos de Apoyo Mutuo en Salud Mental que vienen realizando su labor en los últimos tiempos, principalmente desde diversos Centros Sociales, nos estén dando una buena pista de cómo hacerlo.

Según el Informe Europeo sobre las mujeres de los grupos minoritarios en la Unión Europea, de 2004, “Casi el 80% de las mujeres con discapacidad es víctima de la violencia y tiene un riesgo cuatro veces mayor que el resto de mujeres de sufrir violencia sexual”/1. Con una situación económica generalmente precaria y con tendencia a la escasez de recursos para su socialización, se trata de un colectivo en riesgo grave de exclusión. Tampoco podemos olvidar un hecho como el que las consecuencias más directas de Políticas Públicas con claro sesgo “capacitista” como son los recortes en los recursos desarrollados en el marco de la ya de por sí insuficiente Ley de Promoción de la Autonomía Personal y Atención a las Personas en Situación de Dependencia (más conocida simplemente como Ley de Dependencia) recaen fundamentalmente en las mujeres que, en una sociedad capitalista y patriarcal como la nuestra, son las que generalmente suplen con su trabajo no remunerado esa labor de cuidados que se deja de prestar por parte del Estado. Por ello, se antoja imprescindible seguir articulando discursos y prácticas que visibilice y combata la doble discriminación que supone ser mujer y tener Diversidad Funcional y que se oponga a la acentuación de la división sexual del trabajo que viene inherente a las políticas austeritarias.

Si hay un debate abierto (y con pocos visos de cerrarse en un futuro cercano) en el seno de la izquierda y, en general, del entorno más ligado a la transformación social es el relativo a la relación entre Diversidad Funcional y una supuesta y discutida existencia de derechos sexuales. Asuntos como el de la Asistencia Sexual, ya regulada en otros países, aún siguen generando polémica, especialmente (aunque no sólo) dentro del movimiento feminista. Más allá de posicionarnos aquí de forma cerrada al respecto, creemos que es de vital importancia que sigamos profundizando este debate, normalizarlo sin caer en maniqueísmos y valorando en profundidad las oportunidades y las posibles contradicciones relacionadas con el mismo.

Y, por último, no queremos dejar de abordar en este breve repaso (en el que sabemos que nos dejamos muchas cosas en el tintero) la relación entre la Diversidad Funcional y el empleo. Un primer aspecto a valorar aquí es la situación y el funcionamiento de los Centros Ocupacionales que, supuestamente, han de figurar como centros de formación básica para la inserción al empleo (especialmente, orientada a personas con Diversidad Funcional Intelectual), y que en su gran mayoría de ellos están orientados a trabajos en cadena manipulativos a saber, tales como revisión de tornilleria, trabajos de imprenta, plegado ensobrado y tareas similares. Dicho trabajo en cadena, monótono y repetitivo, en ningún caso es remunerado en función a la productividad del sujeto, con las compensaciones oscilan entre los 20 y 100 euros mensuales. Por tanto, se da una situación que condena al colectivo a la ghettización, realizando producción para las propias Asociaciones, cuyos intereses económicos acaban, muchas veces, chocando frontalmente con la inserción laboral plena de estas personas.

Es de vital importancia, por tanto, que el mercado laboral (así como la sociedad en su conjunto) acepte el encaje de la Diversidad Funcional dentro del mismo, lo que implica una serie de cambios estructurales y creativos, que contemplen las diversas potencialidades de las personas, no cayendo nunca en esa tendencia tan recurrente de aparcar a aquéllas que se consideran hegemónicamente como “no productivas”. Es de vital importancia luchar contra esa idea tan aposentada de que la inclusión social de cualquier colectivo pasa porque éste sea asumido sin más por el mercado laboral actual.

Son muchas, pues, las cuestiones y los debates abiertos y los espacios por cubrir para la formación de unos discursos y unas prácticas que, de cara a una transformación radical e integral, aborden la Diversidad Funcional como creemos que es necesario y la saquen del ostracismo y de la invisibilidad que hoy en día se le someter a ella y a las personas que la tienen, reconociendo su plenitud de derechos. Lejos de considerarse como un Texto Fundacional de nada, valgan estas palabras como una humilde aportación al debate sobre cómo construir una sociedad más justa y solidaria, que considere toda diversidad como una riqueza y no como algo patológico, que incluya a todas las personas y una llamada más para ponernos manos a la obra. Porque si de una cosa tenemos seguridad es de que la transformación social será accesible o no será.

Fuente: http://vientosur.info/spip.php?article12166

Fotografía: viento sur

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Enfoques cooperativos. Hoy: Diálogos Pedagógicos.

Ante el inicio de clases
 
Por José Yorg, el cooperario.
 
“Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos todavía más”. Proverbio hindú
“Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad”. Diego Luís Córdoba
 

En efecto, los días previos al inicio de clase siempre invita a reflexionar sobre la práctica docente y la educación. La educación formal que ya pocos niegan y que persiste en una crisis aguda y crónica.

Muchos afirman que tal crisis es reflejo de la crisis civilizatoria global impactando en los procesos enseñanza –aprendizaje en todos los niveles y modalidades. Sin embargo, estamos obligados a buscar y encontrar algunas respuestas, no hablamos de soluciones porque éstas están en manos de los decisores políticos-institucionales.

Consideramos entonces, en esa línea, abrir diálogos pedagógicos, reflexiones, para la transformación social, porque entendemos y asumimos esa crisis civilizatoria, a la que se le debe aportar pensamientos y experiencias que inviten a innovar, a transformar.

La generosidad de los espacios virtuales y demás que permiten publicar nuestras ideas y opiniones  pretendemos que se constituyan de hecho en plataformas nacional e  internacional para el debate y la reflexión.

Reflexión que nos es dable  abrir y ampliar tanto como podamos desde nuestras prácticas y las peculiares realidades en nuestra condición de maestros/as, educadores social e intelectuales comprometidos.

Planteamos ante todo el diálogo como acción que desconozca preámbulos o mecanismos cerrados que entorpezcan la puesta en marcha al abordaje de diferentes miradas y prácticas y en tales momentos fluya ya la construcción  de una pedagogía  para la transformación social.

La centralidad es el aula. Es el ámbito del encuentro con realidades que socavan las rigideces de la agenda formal. Allí se abre el espacio donde debemos desafiarnos como educadores e intentar la puesta en escena la libertad de enseñar y la libertad de aprender.

La pedagogía cooperaria,  a la que hemos llegado después de recorrer muchos caminos consuetudinarios, se nos presentó con todo su esplendor al descubrir su esencia, la génesis  de la cooperación como fenómeno económico-social en su faz educativa. Desapartándonos de la pedagogía liberal aprendida en los Institutos de formación docente.

La teoría y la práctica son elementos inseparables en la pedagogía cooperaria, es que ellas se nutren mutua e incesantemente y en ese quehacer educativo ceden los estrechos muros de la escolaridad y van al encuentro de padres, vecinos, organizaciones, quienes se suman a los diversos proyectos productivos que se encaran.

Los ejes temáticos cooperarios, como  historia, doctrina, organizativo, legal y metodología se entrecruzan cómodamente con las diversas asignaturas y le otorgan a la construcción y emponderamiento de saberes una perspectiva integral e integradora para prácticas de una educación para el desarrollo de potencialidades personales y grupales y de comunidades.

Así, la pedagogía cooperaria abre horizontes tan amplios como pretendan sus practicantes en esa mirada, necesariamente, cuestionadora a la injusta sociedad actual para su mejoramiento.

¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

Artículo enviado por su autor a la redacción de OVE 
Imagen tomada de: http://prensa.cba.gov.ar/wp-content/uploads/2014/06/cooperativas.jpg
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Ecuador: Ministerio de Educación se pone al día con los docentes recategorizados

Ecuador/11 febrero 2017/Fuente: Ministerio de Educación Ecuador

Más de 16 mil docentes recategorizados desde el 2014, que a inicios de este año tenían que percibir un incremento salarial, recibirán antes del 15 de febrero la diferencia de su sueldo de enero y además como medida retributiva recibirán su sueldo de febrero. Así lo anunciaron el ministro de Educación, Freddy Peñafiel, y el ministro de Finanzas, Patricio Rivera,  este jueves 09 de febrero en rueda de prensa.

“Hay buenas noticias en términos de recaudación tributaria, en diciembre de 2016, respecto a diciembre de 2015 los impuestos crecieron en un 12% (…). Eso implica el acceso de nuevos recursos, acceso a ingresos adicionales para el presupuesto general del Estado, que le permiten irse poniendo al día en las obligaciones pendientes”, mencionó Rivera.

Por su parte, Peñafiel señaló que en el período 2014-2017 el Ministerio de Educación viene trabajando en la revalorización de la carrera docente. Ya son 49.740 docentes que se han beneficiado de procesos como ascensos, recategorización y reforma a la LOEI.

De esta cifra, 16.067 maestros han ascendido más de tres categorías desde el 2014, una cada año, gracias a la recategorización, por lo que en este 2017 continúan su proceso de ascenso y en este febrero recibirán sus incrementos salariales. El monto destinado para el pago de ascenso de estos 16 mil docentes es de más de 25 millones.

Las autoridades también se refirieron a los pagos de jubilaciones. Rivera anunció que los pagos pendientes del 2015 para las personas con jubilaciones obligatorias (funcionarios mayores a 70 años) o que tengan enfermedades catastróficas se las realizará la próxima semana.

En cuanto a los pagos pendientes del 2016 por jubilaciones de servidores públicos de los Ministerios de Educación, Salud y Transporte, se publicará un cronograma de pagos el 01 de marzo.

El Gobierno Nacional, en esta década, ha apostado a la revalorización de la carrera del docente, a través de la constante actualización profesional de los maestros, así como el reconocimiento de su labor.

Transformar la educación, misión de todos.

Fuente: https://educacion.gob.ec/ministerio-de-educacion-se-pone-al-dia-con-los-docentes-recategorizados/

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El malestar como energía de transformación social

Por: Amador Fernández- Savater 

Entramos en un «período oscuro» en el cual el malestar social es canalizado por la derecha populista (Trump, Brexit, etc.). ¿Podemos reconvertir el malestar en una energía de transformación social?

Hay historias que parecen resumir épocas o momentos históricos. Willy Pelletier cuenta una de ellas en el último número de Le Monde Diplomatique que lleva por título: «Mi vecino vota al Frente Nacional».

Pelletier es un militante de largo recorrido en organizaciones antirracistas de extrema izquierda y narra en el artículo distintas acciones desarrolladas contra el Frente Nacional. Pero todo su relato está punteado por la duda y la autocrítica: al fin y al cabo, esas movilizaciones no han logrado frenar el ascenso del FN. Entre líneas nos ofrece una explicación: sucede que ninguna de esas acciones tocaba jamás a un simpatizante del FN, porque se desarrollaban siempre en circuitos muy cerrados (entre militantes políticos que habitan determinados barrios, hablan de determinada forma, tienen determinados valores, etc.).

Pelletier conoce (¿por primera vez?) a un simpatizante del FN cuando, medio «jubilado» del activismo, se va a vivir con su pareja al campo en la zona de Aisne (Picardía). Se trata de Éric, un obrero especializado en embalaje industrial. Se hacen muy amigos y un día, algo borrachos, Éric le confiesa que vota por Marine Le Pen: «Se me eriza el vello cuando la escucho, la manera en que habla de los franceses te hace sentir orgulloso. Además, en esta zona el FN ha ayudado a mucha gente».

¿Qué tipo de zona es Aisne? Un escenario típico de la crisis, según lo pinta Pelletier. Muy degradado, apenas sin equipamientos (salud o transportes), ni lugares de encuentro (los bares, las parroquias y las asociaciones deportivas cierran). No hay trabajo, todo el mundo está endeudado, los jóvenes se marchan, la violencia contra las mujeres aumenta y también la «sensación» general de inseguridad (aunque los robos no sean frecuentes). Por contra, hay guetos de ricos por todo el territorio: son ejecutivos o profesionales liberales que vienen de París y compran buenas casas de piedra o granjas abandonadas a precio de saldo.

Tras el encuentro con Éric, Pelletier se hace nuevas preguntas. La superioridad moral con la que antes juzgaba a los votantes del FN (abstractos, desconocidos) ya no le parece de recibo. Ahora tiene a uno enfrente suyo de carne y hueso, con su historia y sus razones. Y es su amigo. Pelletier concluye el artículo así: «En el trabajo, Éric considera que ‘los jóvenes’ no le escuchan ni le respetan… Al vivir allí, inmovilizado en un espacio en decadencia, impotente frente al derrumbe de un mundo que ya no resiste, viendo que su territorio se llena de ‘parisinos’, ¿cómo podría Éric sentirse ‘orgulloso’?».

Crisis de la presencia

Abandono y falta de recursos, paro y endeudamiento, ruptura del hilo generacional y destrucción de los lugares de encuentro… La crisis no es sólo «crisis económica», sino también de referencias y fidelidades, de creencias y valores. Una crisis cultural, en el sentido antropológico de «formas de vida», muy profunda.

El colectivo Tiqqun nos propone pensarla como «crisis de la presencia». ¿Qué significa esto? Que nuestra presencia, es decir nuestro estar en el mundo, ya no es firme, no está asegurado, ni garantizado. Golpeados en el plano de lo económico (el paro), de lo social (los contextos degradados) o de los valores (la ausencia de comunidad o hilo generacional), lo que entra en crisis «por debajo» es precisamente nuestra misma facultad de mantenernos «erguidos» ante el mundo. Lo que parecía sólido comienza a desintegrarse: el sentido de la vida y de la realidad, la consistencia subjetiva y la fijeza misma de las cosas.

Pero la crisis de la presencia no es sólo pérdida o peligro, sino también ocasión y oportunidad. ¿En qué sentido? La presencia que se tambalea es la «presencia soberana»: un tipo de relación con el mundo en términos verticales de dominio y control. Una experiencia de vida basada en la distinción nítida entre un sujeto (que gobierna) y un objeto (el mundo a gobernar). Una concepción de la libertad como «dominio» (sobre la naturaleza, sobre los demás, sobre el tiempo, sobre la realidad). Como autosuficiencia e independencia.

Crisis de la presencia significa que una zozobra muy íntima nos atraviesa (tanto más fuerte cuanto más hemos sido educados en el molde de la presencia soberana: como hombres blancos, adultos y propietarios, trabajadores en un mundo sin trabajo, etc.). Lo que nace de esa zozobra, de ese tambaleo, es la inquietud, el malestar. La sensación de no encajar, de que ya nada lo hace. El malestar es la manifestación sensible de la crisis de la presencia.

Por tanto, con la crisis de la presencia se abre la posibilidad de una bifurcación, de un desplazamiento, de la invención de otras formas de estar y relacionarnos con el mundo, tanto personales como colectivas. El malestar social puede ser el motor y el centro de energía de una transformación profunda, a un tiempo política, económica, cultural, existencial, etc.

Un período oscuro

¿Estamos entrando en un «período oscuro»? Vamos a llamar «período oscuro» a aquel en el cual el malestar –esa inquietud, ese no encajar, esa energía potencial de cambio– es canalizado por derecha.

Una derecha que no es simplemente establishment, sino una suerte de paradoja andante: establishment anti-establishment, élite anti-elitista, neoliberalismo antiliberal, etc. Es el Frente Nacional, es Trump, es el Brexit y las demás variantes de derecha populista apoyadas por todos los Éric del mundo. Proscritas por la «cultura consensual» que ha definido el marco de lo posible durante las últimas décadas y que hoy se cae en pedazos (aquí la Cultura de la Transición). Rechazadas porque no guardan las formas de lo «políticamente correcto» (lo liberal-democrático): polarizan, exageran y mienten sin ningún pudor, son agresivas y fomentan el odio machista, xenófobo, etc.

La derecha populista parece satisfacer a su modo las dos pulsiones que Freud hallaba en nuestro inconsciente: el eros y la pulsión de muerte, es decir, la pulsión de orden y la pulsión de desorden.

— Orden: me refiero a la promesa de restauración de la subjetividad en crisis. La fuerza cautivadora de la promesa de un trabajo, de un lugar en el mundo, de una continuidad con la tradición, de la pertenencia a una comunidad, etc.

«Make America great again«, exclama Trump. «Let’s take back control«, proponen los partidarios del Brexit. Recuperemos el control que una vez tuvimos. Y con él la normalidad, la grandeza incluso. ¿Y cómo? A través de la exclusión, mediante altos muros y todo tipo de barreras, de aquello que nos amenaza. De lo que ha traído la decadencia a nuestro mundo y a nuestras coordenadas de sentido. El chivo expiatorio pueden ser los «parisinos» de Éric, o los «refugiados», o los «mexicanos», o la «igualdad de género» (preguntado por su voto, un taxista de procedencia africana le dijo a un amigo en la ciudad estadounidense de Baltimore: «No puedo votar, pero si pudiera lo haría por Trump. Porque si gana Hillary las mujeres tendrán mucho poder en este país. Los hombres ya no importan aquí. Se necesita un hombre fuerte»).

En cualquiera de los casos, el malestar se concibe como un «daño» que nos inflige un «otro» al que debemos dejar «fuera» del «nosotros» para recuperar la normalidad. Y de ese modo, cerraremos la herida, calmaremos tanta inquietud, detendremos la zozobra y recuperaremos el equilibrio, revirtiendo nuestra «decadencia».

Deseo de orden y normalidad, deseo de protección y soberanía. Eso por un lado, pero no sólo. También deseo de que todo salte por los aires.

Desorden: me refiero al gozo de «dar una patada al consenso» que, con buenos modales y bonitos discursos, nos ha traído la ruina. A una izquierda que extiende por todas partes la desigualdad, la guerra y la deportación de personas, pero «guardando las formas». A la élite progresista del Partido Demócrata que vive ajena e insensible a las preocupaciones de las clases populares y se burla además de sus modos de vida, sus gustos y sus referentes. A los «parisinos» que votan socialista, compran a precio de saldo las casas y las granjas que los habitantes de Aisne ya no pueden sostener y despotrican contra los pobres que votan a la derecha. Etc.

En un mundo en el que todo parece atado y bien atado, en el que ningún gesto (por arriba o por abajo) parece capaz de cortocircuitar el estado de cosas y abrir lo posible, Trump, el Brexit, el FN canalizan las ganas de que «pase algo», de ver ocurrir «lo imposible», eso justamente que todas las voces políticamente correctas consideran «que no puede ni debe pasar», lo demoníaco… ¿Quién da más? ¡Y sólo con un voto! Es decir, sin perder en ningún momento la posición del espectador en la película de catátrofes.

Debates en el campo progresista

Más allá de la «superioridad moral», que renuncia a preguntarse por lo que no entiende, etiquetándolo simplemente como el resurgir de la ignorancia y la brutalidad, hay otras dos lecturas de la situación actual en el campo «progresista» que merecen atención y discusión: la «marxista» y la «populista».

La lectura «marxista» encuentra el origen-causa de lo que pasa en la desconfiguración de la izquierda (y, en general, del paradigma de la lucha de clases). Es decir: el malestar social, que antes tenía estructuras organizativas y cognitivas para enfocarse por izquierda, hoy ha quedado huérfano.

Y es la derecha populista la que adopta al huérfano, elevando el tono de voz e interpelando al descontento, ofreciendo al malestar (el miedo, la rabia, la incertidumbre) esquemas explicativos, vías para canalizarlo y enemigos contra los que dirigirse. A través de las «guerras culturales» (en torno al aborto, las creencias religiosas, los estilos de vida, etc.), la derecha populista capta el «resentimiento de clase» redirigiéndolo contra «los enemigos de los valores tradicionales». Es decir, traduce los conflictos político-económicos como conflictos morales e identitarios. «La guerra cultural es una guerra de clases, pero deformada», dice Zizek.

¿De qué se trata entonces? De re-crear las estructuras cognitivas y organizativas de la lucha de clases, politizando la economía, hablando de intereses materiales, reconstruyendo la izquierda. Pero, ¿podemos reducir el malestar contemporáneo a una cuestión económica-de clase? En la propia historia de Éric hemos visto que convergen muchas situaciones, procesos y factores; cómo se mezcla lo económico, lo social, lo cultural, lo existencial, etc. ¿Podemos pensar las cuestiones culturales como meros «engaños», «distracciones» o «cortinas de humo» que nos impiden ver lo «esencial»? ¿Podemos suponer que el racismo o el machismo de los votantes de Trump son «fenómenos ideológicos» (secundarios) que se esfumarán una vez que el malestar se enfoque en las cuestiones económicas y de clase?

Me parece que la derecha populista tiene éxito, no porque hable de cuestiones culturales disimulando lo económico-de clase, sino porque tiene algo que decir al respecto. Porque sitúa la pelea política en el terreno ético, antropológico y de las formas de vida. Es decir, de las maneras de verse uno mismo, de relacionarse con los demás, de hacer las cosas y de estar en el mundo. ¿Qué tiene la izquierda que proponer sobre ello? Me temo que muy poco: apenas el «ideal militante», con tan poco alcance y tan poco atractivo como ya sabemos.

La lectura «populista» (hablo ahora del populismo progresista) vendría a decir que no se trata tanto de encontrar las «verdaderas causas» del malestar como de «construir su sentido» e imprimirle una dirección. La política es, por tanto, una pelea por «definir los acontecimientos». Por ejemplo, ¿cuál es el significado que vamos a dar a la crisis? ¿Es responsabilidad de «la gente que ha vivido por encima de sus posibilidades» o más bien de «la casta» oligárquica que ha saqueado el país? Lo decidirá una «batalla cultural» entre discursos y relatos cuyo desenlace no depende de la verdad de la que son portadores, sino de la eficacia comunicativa de las metáforas en juego.

La construcción de sentido, desde estos planteamientos, obedece una lógica formal. Es decir, no se trata del sentido que deriva de la «experiencia misma», sino del sentido que recibe de un discurso (en sentido amplio) que la articula en cierto código. A estas alturas en España, con la presencia constante de los líderes de Podemos en los medios de comunicación, todos hemos aprendido ya cuál es el «código» populista: la articulación, a través de «significantes vacíos» y del antagonismo con un Otro, de las demandas insatisfechas de la sociedad en un nuevo bloque histórico (identidades nacional-populares capaces de representar al todo, no sólo a una parte).

Sin lugar a dudas Íñigo Errejón es el maestro del código, el Señor de los signos. Me recuerda a veces a aquel niño prodigio que en clase era siempre capaz de resolver el maldito cubo de Rubik a increíble velocidad. A partir de lo que sea que pase, a partir de cualquier colección de datos que ofrezca la realidad, Errejón es capaz de armar una y otra vez el rompecabezas: lo cuadra todo en el código de las demandas, los significantes vacíos, la frontera antagónica y las identidades nacional-populares. De ahí también la sensación recurrente de que siempre dice lo mismo, aunque los contenidos sean distintos. Porque el código está siempre ahí, antes de cada situación, antes de cada proceso, antes de cada palabra y antes de cada gesto, lo que requiere es una inteligencia combinatoria capaz de hacer encajar las piezas y los colores de la realidad.

El problema aquí es todo lo que perdemos pensando el mundo (y la política) como el juego de Rubik, con sus ejes y sus modos de girar pre-establecidos. Se pierde la materialidad de lo real (porque lo que se interpretan son signos-mensajes, el resto no interesa y se abstrae). Se pierde la singularidad irreductible de los acontecimientos y sus relaciones (que nos requiere una inteligencia sensible más que combinatoria). Se pierde la autonomía de los procesos (que pueden ser pensados-dirigidos-codificados desde el exterior, sin mantener ninguna relación de interioridad o intimidad con ellos). Y se pierde, finalmente, la posibilidad de creación de nuevos sentidos para la vida social (porque una y otra vez se reintroduce lo «otro», lo nuevo o desconocido, en una lógica de lo mismo).

El malestar como energía de transformación

Volvamos un momento a Éric, «inmovilizado en un espacio en decadencia, impotente frente al derrumbe de un mundo que ya no resiste». Esa inmovilización, esa impotencia hacen de él una víctima. El malestar se asume como daño, pérdida. La culpa de todo la tienen «otros». Y lo que se desea es «devolver el golpe» (ver rodar la cabeza de los culpables) para reequilibrar de nuevo las cosas y el mundo (la presencia), regresar a la normalidad.

¿Cuánto tiempo más podremos sostener esta condición de víctimas? ¿No nos cansamos de ella? No cambiamos mucho sustituyendo un enemigo por otro: «los inmigrantes» por «la casta». Mantenemos intacta la subjetividad victimista que critica pero no emprende ningún cambio, que piensa que el mal viene de otro (tal grupo o persona) y que si lo eliminamos todo estará bien, que delega siempre en el salvador de turno la tarea de «restaurar el equilibrio» (muchas veces nostalgia de algo que nunca existió).

No necesitamos crítica victimista y resentida, sino fuerza afirmativa y de transformación. Otra relación, pues, con nuestro malestar. Es lo más difícil porque apenas nada en nuestra cultura occidental nos educa para ello. El ideal normativo de la «presencia soberana» (el control, el dominio, la autosuficiencia) nos hace ver las crisis como algo «que no debería pasar» o, en todo caso, como algo de lo que tenemos que salir enseguida, algo que debemos «reparar» cuanto antes para volver a la normalidad. Otra relación con el malestar supone no verlo sólo como daño o pérdida, sino también como ocasión y oportunidad, motor de cambio.

¿Podemos salir de la inmovilización e impotencia usando el malestar mismo como palanca? Es un planteamiento «energético» del malestar: las energías que se desatan en él son «conmutables», es decir, transformables en otras cosas (en acciones, en palabras, en «obras», en otros modos de vida, en nuevas sensibilidades y referencias, etc.). Las lágrimas que no se tragan, sino que comparten y se elaboran pueden metamorfosearse en acciones colectivas, en procesos de ayuda mutua, en la creatividad de nuevas imágenes y palabras, en gestos de rechazo y desafío. La sanación no pasa entonces por la reparación, sino por la (auto)transformación.

Un ejemplo. Suele decirse que en España la derecha populista no tiene apenas vigor (aún) porque el 15M nos hizo «entender» que el enemigo es el 1% (políticos y banqueros) y no el 99% (los inmigrantes, los refugiados, los pobres). Pero así permanecemos en el planteamiento «semiótico» y de lucha de interpretaciones. Sería mejor ver las plazas del 15M como lugares de un proceso casi «alquímico» por el cual un tipo de energía (el malestar vivido en soledad e impotencia) se convirtió en otra (la alegría de la potencia colectiva). A través del estar-juntos, de la presencia compartida, del acompañamiento mutuo, de la «complicidad afectuosa entre los cuerpos», como dice Franco Berardi (Bifo).

Al tipo de fuerza que se genera en esta presencia compartida la llamaremos «fuerza vulnerable». Es decir: una fuerza que nace –paradójicamente– de la debilidad. Del hecho de haber sido tocados, afectados, «golpeados» por el mundo. No es la fuerza de voluntad de la presencia soberana, que se pone a distancia del mundo para empujarlo en la «buena dirección», sino una fuerza afectada por el mundo y que precisamente por eso puede afectarlo a su vez. Es la fuerza de los afectados: los del atentado del 11M de 2004, los de la PAH o de cualquiera capaz de convertir el sufrimiento en energía de transformación

El malestar, como energía (no como objeto a movilizar ni como signo a interpretar), es entonces la materia prima del cambio social. Pero su «politización» hace estallar sin embargo las formas tradicionales de lo político.

Supone mantener un vínculo vivo entre lo existencial y lo político tan ajeno al grupo militante (donde no caben los problemas personales) como al grupo de autoayuda (donde no entran los problemas del mundo). Nos requiere un «saber hacer con el no saber», porque no pueden conocerse de antemano las elaboraciones de sentido a las que puede dar lugar el contacto con el malestar (no hay código-maestro que tenga de antemano las respuestas). Necesita espacios capaces de acoger el malestar sin juzgarlo (¿qué espacio «anticapitalista» sería capaz de acoger a Éric, por ejemplo?). Nos exige formas de acompañamiento horizontal: no se trata de «organizar» o «interpretar» lo que les pasa a otros, sino de hacer un viaje juntos. Y mucho más.

Abrir una bifurcación

En el «derrumbe de un mundo que ya no resiste», la derecha populista nos promete la vuelta al orden y la normalidad. Una salida falsa. Canaliza el malestar señalando chivos expiatorios, pero no da ninguna respuesta a los problemas de fondo (crisis de representación, crisis económica, crisis ecológica, etc.). Todo lo contrario: ocultando y reproduciendo sus condiciones, convirtiéndonos en víctimas y bloqueando toda posibilidad de transformación, prepara los nuevos desastres.

El populismo progresista también nos promete volver al orden y la normalidad (del Estado del bienestar, la soberanía nacional, etc.), desalojando a «la casta» del poder y planteando «un horizonte alternativo de certezas y seguridades». Los contenidos son diferentes (qué tipo de orden, qué tipo de enemigo), pero se trata de un mismo planteamiento que interpela principalmente a la subjetividad victimista necesitada de compensar la sensación de pérdida y reforzar las referencias en crisis (un poco de «orgullo»). Esta opción puede ofrecernos un «mínimo de protección» si llega al poder. Nada que despreciar, pero muy insuficiente si pretendemos un cambio en profundidad.

Entre la «vuelta atrás» (imposible) o la «fuga hacia adelante» (suicida), ¿hay una tercera opción? Más difícil todavía: no pensar en «salir de la crisis», sino abrir en ella una bifurcación. Convertir la «crisis civilizatoria» en «mutación civilizatoria». No agarrarse desesperadamente a algo, sino emprender un viaje. No contener el derrumbe, ni soñar con revertirlo para volver donde estábamos, sino abrir y sostener otros mundos aquí y ahora: otros modos de relación con el trabajo, el cuerpo, el lenguaje, la tierra, la ciudad, el nosotros, etc. Aprovechar la crisis, hacer palanca en la fuerza vulnerable.

Históricamente, las mujeres han sido muy capaces de convertir situaciones y lugares de dependencia en focos de potencia: desplegar fuerza vulnerable. En ese sentido, la mejor noticia sobre la victoria de Trump han sido las masivas marchas de mujeres que tuvieron lugar en Estados Unidos el día de la proclamación. Convocadas anónimamente por tres mujeres «cualquiera» apoyadas en la capacidad de contagio de las redes sociales (así se propagan los movimientos por afectación, a través del anonimato y la horizontalidad), permiten imaginar una oposición a Trump que va más allá de la mera reacción anti-Trump. Una oposición que no es sólo ideológica o partidista, que no es sólo defensiva o resistencialista (aunque por supuesto haya muchísimas cosas que defender), sino sobre todo afirmativa y de paradigma, con planteamientos (teóricos y prácticos) de mutación civilizatoria en torno al trabajo, los cuidados, la familia, las relaciones, etc.

«Un mundo sólo se para con otro mundo». No se trata sólo de oponernos a Trump, sino al mundo del que Trump es la figura insignia. El mundo de la presencia soberana hoy tocada, que sólo sabe revolverse ante ello con violencia y que amenaza con hundirnos a todos y a todas consigo.

** Este texto es una versión de la ponencia presentada en el encuentro «Politizaciones del malestar» al que fui invitado por Laia Manonelles, Daniel Gasol y Nora Ancarola.

** Más sobre Tiqqun, la «crisis de la presencia» y la «fuerza vulnerable».

** El planteamiento «energético» sobre el malestar está ampliamente inspirado en Economía libidinal, el libro de Jean-François Lyotard.

Fuente: http://www.eldiario.es/interferencias/malestar-energia-transformacion_social_6_606199392.html

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Colombia: Los modelos educativos por revisar

América del Sur/Colombia/11 Febrero 2017/Fuente: Un minuto Radio

Jesús Martín Barbero, hace un llamado a la revisión de los modelos educativos vigentes. El estudioso colombo-español, próximo a cumplir  80 años, respondió en El Espectador una entrevista que se publicó bajo el título, “Necesitamos jóvenes problemáticos”.

Problemáticos, desde la óptica de la crítica, que poco o nada tiene que ver con la conocida “pataleta”.

Una interesante entrevista publicada con fecha 31 de enero, en la que Jesús Martín cuestiona el sistema educativo y hace llamados a los jóvenes para que no se dejen atrapar por las trampas del establecimiento.

La entrevista completa, se encuentra en el siguiente link: http://colombia2020.elespectador.com/pedagogia/necesitamos-jovenes-problematicos-jesus-martin-barbero

En el mismo sentido, es decir, en cuanto cuestionar el sistema educativo, Luis Carlos Reyes publicó en El Espectador del 2 de febrero, una columna bajo el título de “Los pilos desaparecidos”, en el que llama la atención sobre cómo el sistema limita el desarrollo intelectual desde la primera infancia, hasta la universidad.

En un aparte de la columna leemos: “Los pilos que no van a volver desaparecieron de distintas maneras. Muchísimos desaparecieron desde el preescolar, cuando por falta de estimulación verbal temprana y atención adulta quedaron limitados en sus capacidades cognitivas por el resto de la vida. Otros desaparecieron cuando, en un aula repleta, sus profesores no dieron abasto para abordar individualmente dificultades del aprendizaje que a los niños de estratos altos les resolvieron unas cuantas horas de tutoría personalizada. Desde entonces ahí se quedaron: sus padres, profesores y eventualmente ellos mismos concluyeron que el estudio no era lo suyo”.

Enumera factores como la violencia, la falta de entrenamiento de los profesores, la situación económica o la falta de interés, como causantes para que muchos “pilos”, no participen del programa “Ser pilo paga”, que impulsa el gobierno nacional, a través del cual muchos jóvenes colombianos de una economía baja o media, han accedido a universidades de renombre.

El texto completo en http://www.elespectador.com/opinion/los-pilos-desaparecidos

Disponible en la url: http://www.uniminutoradio.com/noticias/los-modelos-educativos-revisar-2/

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Ecuador: Carrera de educación intercultural bilingüe se estudiará a distancia

América del Sur/Ecuador/11 de Febrero del 2017/Fuente: El comercio

Los ministros de Educación y coordinador de Talento Humano, Freddy Peñafiel y Andrés Arauz, anunciaron oficialmente que la carrera de Ciencias de la Educación Básica e Intercultural Bilingüe también se estudiará bajo la modalidad a distancia.

Junto a ellos se encontraba el rector de la Universidad Nacional de Educación, Freddy Álvarez. Desde este establecimiento se estructuraron los esquemas académicos con los que se iniciarán clases en los próximos tres meses. La carrera será gratuita y como requisitos de matrícula se pedirá cinco años de experiencia docente, que permitirán homologar los cuatro primeros ciclos y cursar solamente los cinco que dura esta carrera (una licenciaura tiene nueve niveles).

El objetivo primordial del proyecto es licenciar a los docentes bachilleres que trabajan como maestros a escala nacional. Según datos del Ministerio de Educación, con corte al 2 de febrero del 2017, 159 475 docentes con nombramientos y bajo contratos trabajan en el país. De esa cantidad, el 7,47% son bachilleres, 12,73% tienen nivel técnico superior, el 61,25% es de tercer nivel y el 18,54% tiene título de cuarto nivel. Otros objetivos de esta carrera son desarrollar un sistema modular semi-presencial que provoque la reflexión y el análisis de casos, problemas y situaciones académicas. También generar habilidades para identificar inconvenientes educativos, diseñar propuestas estratégicas y ejecutar programas de educación. Álvarez explicó que el público objetivo de esa carrera son los docentes bachilleres y tecnólogos en ejercicio de sus competencias. La modalidad es a distancia con estancias presenciales de acuerdo a las características de los territorios. Quienes la terminen obtendrán una licenciatura en Ciencias de la Educación Básica e Intercultural Bilingüe.

Disponible en la url: http://www.elcomercio.com/tendencias/carrera-educacion-intercultural-bilingue-distancia.html

 

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