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No a la baja

A partir de un hecho lamentable, se instala desde el gobierno el debate público sobre la necesidad de una reforma del Régimen Penal Juvenil que incluye como consecuencia inevitable bajar la edad de imputabilidad. Se trata de un enfoque repudiable: bajar la edad de imputabilidad es una medida ilegal, demagógica y contraria al paradigma de la protección integral.

Bajar la edad de imputabilidad en Argentina es una medida ilegal. Va en contra de los compromisos asumidos por el país en materia de derechos humanos de niños, niñas y adolescentes. En particular, es contraria a la obligación del Estado de avanzar progresivamente en el reconocimiento de derechos de niños, niñas y adolescentes. Reducir la edad mínima de responsabilidad penales una medida regresiva, que incumple con lo establecido por la Corte y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y el Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas.

Bajar la edad de imputabilidad en Argentina es una medida demagógica. Proponer la baja de la edad de imputabilidad como una herramienta mágica para resolver problemas de seguridad implica una medida ineficiente, porque no aborda las causas de la inseguridad. En la práctica el sistema penal vigente es selectivo,criminaliza y estigmatiza a jóvenes y adolescentes de los barrios populares, en contextos donde muchos de sus derechos ya han sido vulnerados. Según cifras de Unicef, del total de 2000 homicidios dolosos que se cometen al año en nuestro país: en unos 200 participan menores de 18 años. Y de esos 200, en sólo 15 casos participan menores de 16 años. Necesitamos discutir un modelo de seguridad y una política criminal democrática en serio, que nos incluya a todxs.

Bajar la edad de imputabilidad en Argentina es una medida contraria al paradigma de la protección integral de derechos de niños, niñas y adolescentes. Necesitamos una política de estado que avance, con toda su potencialidad en la construcción y consolidación del sistema de protección integral de niñez, para garantizar que cada niño, niña del país, pueda acceder a todos sus derechos, que en definitiva haga práctica el marco internacional de derechos humanos. Esto indefectiblemente significa más políticas públicas para la infancia y más presupuesto invertido en esto. Necesitamos fortalecer los espacios de participación protagónica para niños, niñas y adolescentes que ya existen y promover se generen nuevos espacios, donde los niños niñas y adolescentes puedan pensarse y reconocerse como actores políticos, como sujetos de derechos, como agentes de cambio parte de nuestra sociedad. La experiencia de muchas organizaciones de la sociedad civil que aportan en este sentido, dan cuenta de otra forma posible de trabajar junto a niños, niñas y adolescentes. Desde dónde generar sus propias propuestas de transformación, para avanzar hacia una sociedad más justa e inclusiva y por lo tanto reducir el conflicto con la ley penal.

Sin dudas, necesitamos reformar el Régimen Penal Juvenil vigente y adecuarlo a uno respetuoso de los derechos humanos de niños, niñas y adolescentes. Pero es preciso generar un debate constructivo que asegure el objetivo final de una justicia juvenil: la intervención socio-educativa con plena vigencia de los derechos de los niños, niñas y adolescentes. El debate hacia la modificación del régimen penal juvenil vigente no implica, ni debe involucrar, bajo ningún punto de vista, una baja de la edad de imputabilidad.

* Coordinadora del Área Derechos de Niñez y Adolescencia (Andhes)

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Hay que reducir el estigma en torno a la ayuda psicológica en niños. Entrevista a Catherine Bradshaw

América del Sur/Colombia/14 Enero 2017/Autor: Semana Educación/Fuente: Semana

Catherine Bradshaw, experta internacional en entornos escolares seguros, habló con Semana Educación sobre por qué estos ambientes son vitales para el desarrollo de los niños.

Las navidades han llegado a su fin para dar paso a ese momento del año en el que los niños deben volver a las aulas y enfrentarse a un nuevo curso académico. En este proceso de readaptación, cobra especial relevancia la pregunta sobre qué importancia tiene que lo hagan en un ambiente escolar seguro. Pero ¿qué se entiende por un entorno de ambiente escolar positivo?. Semana Educación habló al respecto con la experta Catherine Bradshaw, psicóloga de la Universidad de Richmond, quien participó en el Foro Educativo Nacional que realizó en Bogotá el Ministerio de Educación (MEN). Esto es lo que contó.

Semana Educación: ¿Qué hace que un colegio sea un ambiente escolar seguro?

Catherine Bradshaw: Tiene que ser un entorno en el que los niños se sientan seguros, en el que se fomente la conexión y las relaciones de los unos con los otros (estudiantes, profesores, rectores y padres de familia), en el que se los involucre y comprometa para que puedan desarrollar un sentimiento de pertenencia con el colegio y de identidad con ellos mismos. Que sientan que son personas valiosas en esa comunidad.

S. E.: ¿Por qué es importante este tipo de entorno?

C. B.: Porque se ha probado que ayuda al desarrollo de los niños para que sean más íntegros. También incide en una mejora de sus resultados académicos y les hace menos vulnerables ante la deserción y la violencia.

S. E.: ¿Cuál debe ser el papel de los profesores en estos entornos?

C. B.: Deben ser conscientes de las problemáticas de sus estudiantes y deben recibir formación para desarrollar capacidades y herramientas que les permita abordar estas situaciones dentro del aula y en sus contextos particulares.

S. E. : ¿Qué relevancia tiene en estos ambientes la salud mental de los niños?

C. B.: A los adultos les cuesta identificar síntomas en los estudiantes que revelan que necesitan ayuda psicológica y los  aspectos de la salud mental son fundamentales. Pero se requiere brindar preparación a los docentes para que puedan identificar los síntomas y abordar este  ese tipo de problemáticas con el objetivo de reducir el estigma que existe en torno a la ayuda psicológica en los menores de edad.

S. E.: ¿Son los ambientes escolares más hostiles hoy en día que hace cinco-diez años?

C. B.: Los niveles de violencia en algunas comunidades están incrementando, pero a grandes rasgos, por lo menos en Estados Unidos, se observa una disminución de las situaciones de violencia en las escuelas. Esto se debe a que muchos colegios están implementando nuevos enfoques de pedagogía dirigidos a que sus estudiantes sean más compasivos con los demás y desarrollen habilidades socioemocionales más empáticas y colaborativas.

S. E.: ¿Qué valor tienen las estadísticas a la hora de incidir en los niveles de violencia en las escuelas?

C.B.: Permiten poder abordar las problemáticas con datos que reflejan la realidad, con una base numérica. Es algo crítico porque sin esos datos la percepción de la gente puede ser errónea. Una vez al año, incluso dos veces al año, hay que ser capaces de monitorear estos entornos para que se puedan llevar a cabo estrategias de prevención efectivas que ayuden a los niños a formarse en entornos seguros.

S.E.: Para un país que está inmerso en un proceso de posconflicto, ¿qué tipo de competencias socioemocionales deberían enseñarse a los niños en las escuelas?

C.B.: Empatía, tolerar las diferencias, importancia de las conexiones entre las personas y respetar las opiniones de los demás, así como la habilidad de trabajar conjuntamente para resolver los conflictos. Son enfoques que hablan de desarrollar un trabajo colaborativo para solucionar los problemas que afectan al conjunto de la sociedad y aportar todos una solución para resolverlo.

Fuente: http://www.semana.com/educacion/articulo/entornos-escolares-entrevista-a-la-experta-catherine-bradshaw-sobre-ambientes-escolares/511896

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¡Muerte al conocimiento de los pueblos originarios!

Por: Saúl Rivas Rivas 

Notas sobre su exposición en el diplomado Espiritualidad Indígena y Cosmovisión del Instituto de Idiomas Indígenas en el Ministerio del poder popular para la educación- Diciembre de 2016)

A la memoria imperecedera del Comandante Supremo Hugo Chávez, quien en su legado del Socialismo del siglo XXI incluyó los Indosocialismos.

«Nosotros no somos ningún Nuevo Mundo. Somos tan viejos y tan nuevos como Europa». Comandante Hugo Chávez

Es muy conocida, sobre todo en los medios de izquierda y entre los amantes de la paz con justicia, de la vida frente a la muerte, aquella frase de un desquiciado nazi-fascista del siglo pasado, quien -a confesión de parte, relevo de pruebas- afirmó:

– ¡Cuando oigo la palabra cultura preparo mi revólver!

Esta frase de Göring, lugarteniente de Hitler, constituye por sí misma la confesión de un fascismo cultural, un atentado al conocimiento de todo pueblo o cultura, que pudiera atribuirse en su conjunto a una de las múltiples consecuencias de esa visión hegemónica, expansiva, envolvente y disolvente de otras civilizaciones por parte del Occidente imperial, racista y colonialista, como lo definió Robert Jaulín. No es la de Göring, la frase aislada de un hombre sino la expresión más alta de la intolerancia de su propia cultura, para no hablar de la intolerancia hacia el otro y la otra diferente. El nazi fascismo es la cumbre de la epilepsia de un sistema decadente, cuando ya no soporta lo más lúcido y extraordinario de su propia cultura, de los poderes creadores de nuestros pueblos y desenfunda la pistola contra sus propios orígenes. Aquí en Nuestra América el nazi-fascismo nació disfrazado desde México como supuesta «raza cósmica» y en cualquier caso, la llamada «cultura única mestiza» no es otra cosa, que una de las modalidades del apartheid criollo, encarnación de un fascismo cultural y educativo que nos aniquila moral y espiritualmente. Pero que ahora, por el explosivo poder mediático global, se transfiere a la Era del idiotismo digital: la cumbre de todos los epistemicidios históricos ocurridos hasta hoy, tal vez con un saldo de muerte mucho mayor que las conquistas y colonialismos anteriores .¡Porque no sólo quieren matar el cuerpo! ¡También nos quieren matar el alma! Lo más irreductible a toda conquista, como lo recordara alguna vez Mariano Picón Salas, aunque todavía permanecía en una óptica hispanocéntrica, sin incluir nuestras múltiples espiritualidades.

EL CAPITALISMO NO ES UNA CULTURA

Realmente, el capitalismo no es una cultura. Primero es anti-natura, contrario a la naturaleza y a los ciclos de la vida. Segundo, es anti-cultural, porque destruye civilizaciones .Es por naturaleza contrario a la vida, a las intuiciones, al intelecto y a las más elevadas manifestaciones intelectuales y espirituales, contrario al amor, a lo afectivo de todo lo viviente y a la solidaridad. No sólo es machista sino también misógino(1). Es simplemente el celaje de la racionalidad que camina con la velocidad de la luz para la reproducción del capital contra el tiempo de reproducción de la vida. Tampoco podemos hablar de contraponer una supuesta cultura socialista a la cultura capitalista. En todo caso, trataremos de contraponer una ética eco-socialista y ecohumanista a la hecatombe capitalista. Los nuevos socialismos del siglo XXI, como aspiraba Chávez, nacerán contextualizados en las culturas ancestrales, en el presente histórico y en la identidad de cada pueblo, superando la demoledora dicotomía civilización o barbarie.»Me siento más indoamericano y afroamericano, que hispanoamericano, que iberoamericano y que latinoamericano». Hugo Chávez (desde Brasil)

LA DES-CIVILIZACIÓN PATRIARCAL Y DE CASTAS

La des-civilización occidental, de carácter patriarcal, logo-centrista, eurocéntrica y racista, de castas, clases y estamentos, niega –y destruye- otras formas de conocer, de pensar, de amar, de sentir y de vivir. Niega las distintas formas de fundamentar y operar el conocimiento por parte de los pueblos y civilizaciones diferentes. Esta actitud es fundamentalista, cientificista y tecnocrática, amparada en la llamada «razón segunda», «razón instrumental» de la pan-modernidad, en la lógica intrínseca del capital neoliberal. Esta forma de conocer y su operatividad científico-técnica–autodestructiva y genocida- ha promovido el desequilibrio planetario más descomunal en siglo y medio, con un andamiaje de conquista y colonización montado en medio milenio, desde la llegada del europeo a la América; el advenimiento del renacimiento, a partir del siglo XV; la primera revolución industrial y sobre todo, con el llamado siglo de las luces a partir de los finales de los siglos XVIII y comienzos del XIX, que marcó el proceso ideológico de nuestra primera independencia, con todo el peso de la sociedad de castas de la colonia. (Que trajo como consecuencia una independencia política formal sin ir a la raíz de una descolonización de fondo y de una revolución cultural y educativa que afianzara la cultura y educación propia de nuestros pueblos, sin negar por ello, la herencia occidental grecorromana y judeo-cristiana adquirida en tres siglos de la colonia). De allí que –como lo han visto muchos investigadores- la ilustración es a la vez, un hecho externo y al mismo tiempo interno a nuestras realidades colonizadas. Sin embargo, nuestra historia, como pueblos y como realidades específicas, no se limita a la historia del capitalismo y la modernidad o a la llegada del hombre blanco a este continente. El llamado «fin de la historia» no es tampoco un fenómeno que aparezca con la advertencia de Fukuyama a raíz de la caída del Muro de Berlín y el desplome de la URSS. El anuncio del fin de la historia, tiene mucho que ver con el climax, la conciencia límite del ascenso en el poder de una clase dominante y el comienzo de su declinación. Entonces anuncia el paraíso, el fin de la historia, el fin de la política, el fin de las ideologías. Vale decir, la ideología del fin de las ideologías. De allí el cuento de la «desaparición de la nación» y la llegada de la «Aldea Global».

EPISTEMICIDIO EN LA IDEOLOGÍA TECNOCRÁTICA

El capitalismo monopólico a partir de finales de la década del 50 del siglo pasado, nos legó la llamada ideología tecnocrática y comenzó a privarnos del estudio de la historia y la geografía, generó una guerra santa contra las carreras humanísticas, emparentándolas con supuesto «atraso» y «sub-desarrollo». Nos contó el Dr. Acosta Saignes, que él vivió esa realidad cuando se propuso la fundación de la Facultad de Humanidades de la UCV. Sólo las «carreras científicas», estarían a tono con el nuevo espíritu académico y universitario. Los idiomas particulares de las culturas y clases dominadas, desde la ilustración -aquí en América con Carlos III- procesadas arbitrariamente como simples variantes dialectales y no como sistemas lingüísticos completos, estarían al servicio del «idioma general» que fundamentaría a la llamada «ciencia única» y sus complejos teórico- metodológicos. Así como a los idiomas metropolitanos de los imperios europeos, dominantes en cada colonia (lingüicidio, intento de liquidación de los idiomas indígenas en beneficio de la españolización compulsiva y unilateral del imperio y la expulsión de los jesuitas de América por su sistema de misiones no compatible en esa coyuntura con el Estado español)(1767). Los idiomas metropolitanos tendrían de alguna forma, primero, los dones de «la alta espiritualidad» y luego los dones de «la cientificidad» o de la razón instrumental, aunque finalmente, tal facultad se le atribuyera unilateralmente al inglés como el idioma paradigmático que entiende o que habla en el lenguaje de la ciencia. El latín quedaría -como lengua muerta- para las viejas taxonomías del lenguaje humanístico de las ciencias y como parte de la liturgia católica, aunque ya en desuso: también desaparecería -mucho antes- de la Universidad Real y Pontificia, con la Independencia política. Mientras que lo latino y la latinidad quedó devaluada ideológicamente por la hegemonía anglosajona y particularmente por el modelo de los pueblos europeos transplantados (como Estados Unidos y Canadá)., defendidos en su «pureza racial» nazi-fascista por organizaciones tan tenebrosas -entre otras- como el ku-klux-klan, nacido en 1865 al 67, con renacimientos posteriores en 1871, 1915 y con coletazos en la década de los 60 del siglo pasado. Estas sectas resucitan de sus cenizas en tiempos de crisis como brazos del fascismo. Incluso del nazi-fascismo, pasando por la xenofobia de los imperios y el malinchismo de nuestras dirigencias criollas.

EL IDIOMA MATERNO, LA CLAVE CONTRA EL MONOLINGUISMO

Volvamos a la importancia del idioma materno, como código matriz de todo el conocimiento de un pueblo. Y como claves para la descolonización: de allí el paso necesario a la educación intercultural bilingüe.

Entendamos que todo idioma materno, tiene -o construye- sus metalenguajes para la espiritualidad, las ciencias, las artes, sus filosofías y cosmovisiones al calor de la cosmovivencia familiar y comunitaria a través del chamanismo y otras variantes de la espiritualidad. Muchos de ellos, de estos lenguajes especializados, son portadores de expresiones científicas, de la filosofía o de la espiritualidad, que –en algunos casos- son intraducibles a otros idiomas. Pero en lo esencial, todos son -como dice el profesor EE Mosonyi, perfectamente comunicables entre sí. No representan, como ideológicamente lo sostienen las ideologías occidentales, la matriz de una Babel lingüística y cultural o confusión de lenguas, al emparentarlas con un fundamentalismo pan-bíblico del mundo. Esta tendencia a la «lengua única» es la clave de todos los epistemicidios, para perseguir, negar y destruir las formas particulares de articular el conocimiento cada pueblo y cultura del planeta (colonizado o en vías de re-colonización). Pasando por la reducción de la espiritualidad y la imposición de los calendarios de conquista para dejarnos de alguna forma desubicados en el tiempo y en el espacio. El prócer César Rengifo, desde su arte nos hablaba de la anti-conquista, con el espíritu de una nueva descolonización de fondo. Volvamos al meollo del asunto:

¿SE NOS PROPONE UNA NUEVA EDAD MEDIA CIENTIFICISTA?

Durante la llamada Edad Media europea, la tendencia fue la de reducir todo a lo uno. Un solo Dios, una sola religión, búsqueda de un solo gobierno político-religioso, un discurso único construido sobre la base de la teología….(¿?) Una visión pan-teológica del mundo. Como hoy todavía, muchos pretenden explicar la complejidad actual con una visión pan-bíblica del mundo. Debemos rehuir cualquier fundamentalismo, cualquier dogmatismo: sea filosófico, ideológico, político, racial, religioso, étnico, nacional, de género, generacional o de cualquier tipo.

EL EPISTEMICIDIO RADICAL Y SISTEMÁTICO COMENZÓ EN AMÉRICA

El epistemicidio radical ya sistematizado, en América comenzó con la conquista y la colonia, con la búsqueda de El Dorado, con las llamadas reducciones, que implicaban también reducción de la mente, el cuerpo y el espíritu, de «los que matan el alma» y se declaran «sal de la tierra» en los llamados «pueblos de misión» y en los «pueblos de doctrina», pasando por la crueldad esclavista de las encomiendas y sus encomenderos, siempre con justificaciones pseudorreligiosas, apartando al niño y niña indígena de su comunidad, de su idioma, de su cosmovivencia, de sus padres y abuelos y de la familia extensa como trasmisores de la cultura materna, a la que se atribuía un sentido pagano y diabólico. Las misiones -so pretexto de «evangelizar» y luego «civilizar»- «modernizar», «desarrollar», operaban y operan con sus internados o bien , en otros casos se regalaban los niños y niñas indígenas a las familias pudientes de pueblos y ciudades bajo la promesa de «mandarlos a estudiar», convertidos en semi-esclavos, sirvientes domésticos, siendo las niñas objetos de ensayo y curiosidad sexual del padrastro o ya de los padroticos, los hijos de la familia que adoptaba, transformándolas en dóciles sirvienticas, en un medio totalmente extraño, hostil y desarraigado para transformarlas en traumas vivientes. Había una gran diferencia entre hijos y criados: otro tipo de criados eran los llamados «hijos expósitos», de padre y madre verdaderamente desconocidos para ¡el qué dirán! de la sociedad colonial. Así comenzó nuestro amargo exilio cultural, educativo, espiritual, social y personal, en las soledades de las culturas y dioses del destierro. Los esclavizados africanos y sus descendientes estaban incorporados directamente a la sociedad colonial, aprovechando la circunstancia del trasplante de un continente a otro y su compra directa como fuerza de trabajo, lo cual facilitaba mucho más la esclavización y la aculturación. Sin embargo, las cimarroneras negras hicieron en muchos casos, causa común con la resistencia indígena desde las altas montañas.

EUROPA SE LABRÓ Y SIGUE LABRANDO SU PROPIO EPISTEMICIDIO

Pero aún en el vientre de Europa, se confundió la lucha contra el feudalismo de la Edad Media, como una lucha contra otras formas de conocer, de sentir, de vivir, de amar y de pensar: era una lucha contra los múltiples mundos que habíamos heredado del chamanismo ancestral desde las profundidades insondables de una historia todavía no registrada por la escritura y lo documental, patrimonios estos, junto con la educación, ahora de las clases y sectores dominantes. Una cultura de esos múltiples mundos, la había reivindicado de alguna forma –aunque siempre excluyente como cultura esclavista- la misma cultura griega, sin haber roto todavía el cordón umbilical de la comunión del microcosmos con el macrocosmos en la búsqueda ansiosa de la unidad del género humano, aunque al principio, la paideia griega, su proyecto civilizatorio, incluía sólo al que hablaba griego y finalmente al que cultivaba los «altos valores del espíritu», confundidos éstos con los valores de la cultura griega. Posteriormente, el monoteísmo cristiano y luego, por un proceso laico radicalmente distinto, las llamadas «leyes generales de la ciencia», empujaron a una gran fragmentación del conocimiento y de la vida a partir del siglo XVIII, desencadenando la hiper-especialización. Con la visión de progreso indefinido en el dominio total de la naturaleza, incluso con una visión uni-lineal de la evolución darwineana, sin tomar en cuenta el complejo entramado de la co-evolución de la naturaleza y de la vida. El llamado «Estado laico» persiguió a veces con mucha más crueldad inquisitorial a las espiritualidades indígenas, emparentadas con «la oscuridad más absoluta», en contraste con el mundo de la escritura como acceso a «la historia»; en oposición con» la luz de la ciencia y la tecnología» dominante. Vistas como parte de una «fase prehistórica» de la humanidad, y como sobrevivencia arbitraria del supuesto «primitivismo» en la modernidad. Que ideológicamente se suponía «globalmente superada». Pero no hay superación global, ni de una cultura por otra, ni de una etapa histórica por otra. Ni todo tiempo pasado fue mejor, ni todo presente es globalmente superior a todo pasado. Sin embargo, la intelectualidad eurocéntrica de nuestros países se extrañaba de que los pueblos indígenas, no compartieran con entusiasmo el advenimiento del Estado laico. Pero ese Estado laico también desconocía, lo esencial de las espiritualidades de los pueblos originarios vistas desde una periodización lineal de la historia y de las sociedades, de las ciencias, del arte y de la cultura donde los primeros pobladores ocuparían el último escalón de la evolución humana.

LO MACRO VERSUS LO MICRO, LA CARA DEL COLONIALISMO

Se acentuó en la misma Europa –incluso a lo interno, desde el Renacimiento- una lucha encarnizada entre macrosociedades y microsociedades, entre Mundo y Micromundo, entre lo general y lo particular, hasta llegar a la negación radical del otro y de la otra (pretensión imperial excluyente que estaba ya muy lejos de cualquier etnocentrismo primario, común a todas las culturas del planeta; lo que se asumía como «general» y como «universal», incluso como «uni-versidad» o saber académico, era la expansión del mundo blanco sobre nosotros a través del monopolio y la colonización del conocimiento para negar el acceso a la justicia y equidad, a la construcción progresiva de lo que hoy llamamos, la inter-culturalidad). Muchos idiomas y culturas locales –de la misma Europa- las procesaban como simples variantes «dialectales» , «campesinizadas» y vaciadas de su etnicidad bajo pretexto de ascender a la cultura nacional en sincronía con la llamada «cultura general» o «universal», legitimada como «saber universitario» o «académico»..Se llegó al extremo de negar nuestra consanguinidad con el universo, con los animales y las plantas y los elementos fundamentales que sustentan la vida: agua, aire, tierra, fuego, tratados todos como simples «recursos» y en la peor degradación de las cosas, como mercancías.(Marx señaló que el capitalismo degrada la tierra y el hombre, pero que también degradaba las cosas) Se privilegió el fuego sobre los demás elementos y se rompió el pachacuti, el equilibrio entre el yin y el yang. La misma Asia se acomplejó ante el Occidente colonialista, dejando en parte relegada su proteica diversidad cultural y humana y sobre todo, su patrimonio sociocultural. Es ahora, como apunta Enrique Dussel, que la misma China observa haber dejado de lado una buena parte de su historia nacional, restableciendo una serie de museos en reparo ante aquella ausencia. La herencia asiática de Occidente se procesaba como «la prehistoria de Europa» en base a las ideologías occidentales del atraso y del progreso. Incluso Occidente ayer y hoy atentó contra sus propios orígenes. Sean éstos orígenes asiáticos, africanos y de 500 años para acá, indoamericanos y caribeños. ¿Cómo tiene Occidente hoy a lo que ayer fue Mesopotamia, como tiene a Siria, Palestina, Libia, la misma Grecia; Roma es parte de una latinidad excluida del modelo anglosajón y anglonorteamericano de poblamiento dominante, como lo confiesa abiertamente el nuevo Presidente de USA Donald Trump. Hay una visión ecónomo-céntrica y productivista que atenta contra la biodiversidad en su conjunto y las posibilidades de sobrevivencia. Pero esto se presenta, no como fenómenos socio-naturales creados por el hombre y el sistema capitalista dominante, sino que se pretende presentar como parte de la evolución y cambios internos del mismo planeta. Se ha pretendido descalificar la misma posición del Papa Francisco en su Encíclica Laudato Si, en defensa de la Casa Común, el planeta. Vale decir, se naturaliza la destrucción del planeta por este sistema económico y social. Surge así la ceguera de un cientificismo dogmático, envolvente y autodestructivo que pretende dar clases de «alta democracia» y de «convivencia humana». Es ahora una nueva religión laica, al sostener que la llamada ciencia es la única vía posible para dar respuesta a todo. Es la religión del positivismo: el paso del llamado pensamiento mágico al pensamiento teológico, de éste al metafísico y del metafísico al pensamiento positivo o científico. Se trata de un positivismo acrítico, pseudo-religioso, al amparo del mito-ciencia. Esto a pesar de que a partir de la década del 80 del siglo pasado, comenzó una tendencia denominada autocrítica de la ciencia, que no caminó mucho en la negación de sus fundamentos excluyentes de otras ciencias y saberes porque era encontrarse con su naturaleza ecoetnogenocida. Hasta que la cultura académica se tambaleó frente al reino de la imagen y lo mediático, con la llamada posmodernidad. Otros quisieron entrar a la construcción de la interculturalidad por la puerta grande de la llamada transmodernidad. Pero al fin y al cabo, la modernidad se había convertido en fundamentalismo más abigarrado de Occidente, con dificultades para salir de su pan-modernidad.

IDOLATRÍA DE LA MODERNIDAD Y FETICHISMO DEL DÓLAR

Otros, anclados en la llamada «razón segunda» de Occidente o la «razón instrumental», continuaron desarrollando la idolatría de la modernidad y el fetichismo del dinero y de la mercancía. Sin embargo, el llamado fetichismo se le venía endosando a las llamadas culturas «primitivas». La ambigüedad político-ideológica y a veces, la supuesta amplitud, cuando no la neutralidad y la complicidad con el status quo político, también se convirtió en una constante de una serie de tendencias y movimientos tanto cientificistas como pseudo-espirituales, pasando por esoterismos, teosofías, espiritismos, escuelas del cuarto camino, intuicionismos y múltiples variantes de pseudorreligiosidades mercantilizadas y atrapadas por el fetichismo del dios dólar, en pleno esplendor imperialista de la religiosidad positivista. Con todo esto se desmovilizaba la parte más subversiva y revolucionaria de las espiritualidades sembradas históricamente y culturalmente en sus propios contextos geográficos, sociales y políticos. Ya desde su tiempo el Maestro Simón Rodríguez venía anunciando esta siembra política y cultural de sectas religiosas, pasando por la religiosidad dominante de cada imperio, en cada fase de su esplendor histórico. No le hables a los españoles de libertad de cultos, porque ellos no entienden sino de una sola iglesia, decía el maestro de Libertadores. El intuicionismo krisnhamurtiano, que criticó a Occidente como una cultura de evasión, que siempre estaba o en el pasado o en el futuro; a pesar de sus aportes en el autoconocimiento, llevó a un sin número de jóvenes en el mundo a la evasión social y política para no asumir responsabilidades concretas, ni con su realidad social, ni con la humanidad de su tiempo. Él mismo, se fue a los Alpes Suizos a dictar conferencias a los turistas europeos y americanos, aburridos de su propio mundo hiperconsumista, fantasioso y mediático. Sin embargo, nos habló siempre del fracaso de hombres y mujeres paradigmáticos como Jesús, Mahoma, Gandhi, Bolívar, Miranda, presentando sus luchas como inútiles y equivocadas…Judy Krisnhamurti decía que él podía vivir auto-observándose y soportar cualquier sociedad. Pero no pudo soportar la consumista e hiper-alienada sociedad norteamericana. Se quedó encontrándose a sí mismo y de espaldas a la miseria del mundo y de un sistema cruel y eco-etno-genocida.

POTENCIALIDADES INHIBIDAS DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

Sin embargo, los pueblos originarios han dado pasos significativos, con aciertos y errores en la construcción del conocimiento y sus múltiples operatividades desde los complejos entramados del universo, de totalidades en distintos planos, donde todo está relacionado con todo. Donde la relación con la tierra, lo interplanetario y la vida comunitaria pasa por el equilibrio con todo el universo: con todos los seres vivos, hombres y mujeres, animales y plantas, por su unidad también con el mundo mineral, con todos los elementos que sustentan la vida y un conjunto de espiritualidades irreductibles, al mismo tiempo que inseparables del mundo viviente. Su alianza con el universo, no es de dominación. Es de convivencia mutua como condición necesaria para el pleno desenvolvimiento de su vida espiritual. Busca el pachacuti, el equilibrio entre lo masculino y lo femenino, entre lo que los asiáticos llaman el yin y el yang. Pero que aquí toma distintos nombres en el idioma de cada cultura. En la cultura wayuu juyá, la lluvia, es masculino, porque preña la tierra; en cambio entre otras culturas, masculino es el padre sol y femenina la madre tierra. Entre los zuñi, de México, el Sol, que todo lo puede, preñó a María y parió morochos. El dos como principio de la unidad de la organización del universo.

EL CHAMÁN, NO ES UN SER INDIVIDUALISTA, QUE SE QUEDA BUSCÁNDOSE A SÍ MISMO, ENCERRADO EN SU INTERIORIDAD, AL MARGEN DE LA COMUNIDAD, TAMPOCO ES UN SER SUMERGIDO EN LA NATURALEZA SIN CONCIENCIA DE SU MISMIDAD

Es una visión errada ver al chamán como un ser sólo individualizado, ignorando su entramado con la naturaleza y con su comunidad y cultura local. Su viaje hacia el inframundo y hacia el mundo superior no está marcado por una huída y escape de su presente y de su entorno social. No es un ser esoterizado, ni un ser exoterizado al disponer de un manejo simultáneo de su realidad física interior y exterior. En este mismo orden, las teologías de la liberación nos hablan de un encuentro con Dios desde la comunidad, desde el prójimo, mientras que las teologías de la dominación nos hablan de una relación vertical e individual con Dios, que no pasa por la comunidad: ¡Cristo y yo mayoría aplastante! (Cursillos de cristiandad). De la misma manera, también pueden haber peligrosas desviaciones en el chamanismo y otras espiritualidades, usadas muchas veces con un sentido autodestructivo y destructivo del otro, dentro de la cadena de la vida. No se trata de idealizar nada, ni de fanatizar en ningún sentido.

Destaquemos que antes de surgir la universidad ya se contraponía, «cultura general» a las culturas locales. Y lo general, era lo occidental. Si bien en un plano más amplio, no sólo el cristianismo y el judaísmo, también el islam, el budismo y otras manifestaciones espirituales ya pretendían reorientar el curso de la humanidad en detrimento de los pueblos, culturas y civilizaciones locales, predominando otras formas de conquista y colonización imperiales en detrimento del patrimonio de las microsociedades en nombre de «la humanidad». Cualquier forma de conquista, en cualquier tiempo histórico, en cualquier espacio del planeta, traía la tendencia a la negación del otro, más en coyunturas en que mediaba la propaganda de guerra.

LA FARSA DE LAS ENCICLOPEDIAS OCCIDENTALES

Ocurre que en las enciclopedias y diccionarios occidentales se contrapone cultura general a culturas particulares, de paso, declarando que sabemos a ciencia cierta de la existencia de una «cultura general», poniendo en duda la cultura propia, la educación propia, la historia propia y en definitiva, la identidad de los pueblos y civilizaciones colonizadas. Mejoramiento de raza o blanqueamiento y cuando no, los llamados «sincretismos» culturales o religiosos. Esto le ha permitido a Occidente presentarse como «raza y civilización superior» y como «la única civilización», dando las medidas exactas de lo humano y lo divino.

EL MONOTEÍSMO DE «LA CIENCIA» O LA MONO-CIENCIA

Si llegáramos a encontrarnos con un Marx de esta época, probablemente nos diría que la mono-ciencia es el opio de los pueblos. Y tal vez le pediría perdón al mono y a la mona, por tan arbitraria comparación.

La destrucción de las múltiples vías del conocimiento ha afectado a todos los pueblos del planeta, incluso a los mismos pueblos europeos, las primeras víctimas en su empeño de dominar la naturaleza. Allí está hoy el presidente electo de los Estados Unidos Donald Trump preparando no sólo su revólver sino también sus misiles, frente a quienes pretendan hablarle de ¡calentamiento global!(invento según él, de los enemigos del «progreso» de los Estados Unidos y de la libertad, la democracia y la humanidad).El fascismo es hijo de la crasa ignorancia de las clases dominantes; enemigo no sólo de la humanidad sino también, de todo el mundo natural. De los animales y las plantas, de toda espiritualidad y de la vida en su conjunto. De la Madre Tierra y de lo inter-planetario, donde todo está relacionado con todo, según podían afirmarlo muchos milenios antes del surgimiento de la ciencia occidental, los sabios chamanes hasta hoy. No esperaron a San Francisco de Asís, a San Antonio de Padua o al paleontólogo Teilhard de Chardín para saberlo desde la óptica católica o cristiana (éste último víctima del índice de los libros prohibidos). La óptica cientificista de Occidente, como nueva religión laica, comulgó con la fragmentación del conocimiento, del mundo y de la vida. La ciencia, la pretendida «única ciencia», nacida para prever el futuro, nunca vio -aparentemente- la destrucción de la capa de ozono o el calentamiento global, ocultando el sol con un dedo para satisfacer la irracionalidad y los intereses del gran capital. Las ciencias humanas o sociales, tampoco han servido para prever los últimos acontecimientos mundiales de gran envergadura en los últimos 40 años. Sin embargo Bronilaw Malinowski, un antropólogo al servicio de la corona inglesa y salpicado incluso por influencias nazi, que hablaba todavía de supuestos pueblos «primitivos», no se atrevió en cambio a afirmar que existieran «pueblos sin ciencia», entendiendo por ciencia en sentido muy general, toda su macro-estrategia para prever y abordar el futuro. En cambio, se le seguía negando historia a los pueblos de tradición oral, sea por no conocer la escritura o por no tener Estado, en el caso de Hégel. Los pueblos originarios tenían siempre o casi siempre su calendario orientado hacia los ciclos que permitieran la reproducción de la vida de acuerdo con su visión del mundo, como el caso de los indígenas americanos, que hemos producido la mayor diversidad agroalimentaria del planeta. Darcy Ribeiro a pesar de su neo-evolucionismo unilineal y de su ideología de «los pueblos nuevos», sabía que el modelo de adaptación a cada ecología específica es complejísimo, con procesos de maduración de miles de años, muy lejos de ser empíricos o improvisados. Por eso, entre otros factores, se retractó al final de su vida, pero un poco tarde, de esa visión de los «pueblos nuevos» en sus configuraciones histórico culturales americanas. (El hombre nuevo del Che, sería hoy tan viejo y tan nuevo a la vez)

EN CONCLUSIÓN:

1.-La civilización que nos domina –grecorromana y judeocristiana- es hija de un fascismo cultural y lingüístico, epistemicida, destructor de las vías del conocimiento de los pueblos conquistados y colonizados. Mientras que el fascismo político se incrementa en mayor grado en las grandes crisis económicas y sociales del capitalismo, como comenzamos a percibirlo en este momento histórico. Pero el elemento constante, sostenido, es el epistemicidio cultural, educativo y espiritual, tanto en la paz como en la guerra desde la conquista y la invasión de América. Aunque cualitativamente, la resistencia y emancipación indígena, de alguna forma ha prolongado su marcha hasta hoy, dando lugar a los Estados plurinacionales de Bolivia y Ecuador y al Estado multiétnico y pluricultural de la República Bolivariana de Venezuela, convocado a la interculturalidad de sus políticas públicas, incluyendo su política exterior, más en el caso de tener la presidencia de los países no alineados el camarada Nicolás Maduro, la segunda organización planetaria, después de la ONU. Así como por ser un país geoestratégico y bio-estratégico, con las mayores reservas de petróleo del mundo, con 15 de los 17 elementos que hoy necesitan las transnacionales. De allí que estemos en el ojo del huracán.

2.-El chamanismo tal vez ha sido la manifestación espiritual más antigua, más constante, más específica en los ámbitos locales, más generalizada a los pueblos y civilizaciones y por tanto más universal en su contribución al conocimiento humano. No ha dicotomizado lo cercano y lo lejano, lo local y lo universal, tiempo cotidiano y eternidad. Sin embargo, no es una religión, ni una fe, ni una filosofía en particular, no es una idolatría totémica, aunque tampoco está vacunado de antemano contra desviaciones humanas, pero siempre ha representado los primeros escarceos de la ciencia, la filosofía, el arte, el teatro, la danza, la pintura y la espiritualidad del pensamiento humano. En todo caso, es como la primera referencia teórica y metodológica de las etnociencias de la humanidad, incluyendo a la etnociencia occidental. No es casual que en las primeras pinceladas griegas, la persona, es aquel «que habla detrás de las máscaras». Ver: Enmanuel Mounier, El Personalismo. Cuadernos Eudeba. Bs As. 1961.

3.-El chamanismo está entre las primeras búsquedas de la unidad del género humano y su consanguinidad con el universo, con el mundo mineral, vegetal y animal, sin por eso negar de antemano la especificidad de lo propiamente humano, pero sin el derecho o la pretensión de dominar la naturaleza. Se trata de una alianza con todo lo viviente para convivir, siempre en comunión con ese entramado de mundos que conforman el tejido de la vida, como la araña que en colectivo entreteje sus propios mundos. Las mujeres wayuu expresan muy bien esta cosmovisión en el entramado de sus tejidos, con hilos de vivos colores para alumbrar el paisaje semi-desértico.

4.-Si el chamanismo y otras manifestaciones espirituales milenarias –no sólo de Egipto o de Asia- contribuyeron a buscar la unidad del género humano, también dieron los primeros pasos fundamentales para estructurar la unidad del universo y del mismo monoteísmo.

5.-Enfrentando como estamos una crisis de grandes dimensiones ecológicas, civilizatorias, económicas, política, social, cultural y espiritual, las potencialidades inhibidas de los pueblos y culturas indígenas pueden dar una gran contribución al ecumenismo, al diálogo intercultural, a la reorientación y refundación del aparato científico-tecnológico, de las filosofías del Buen Vivir en nuestras sociedades caribes y arahuacas; al acceso real y concreto a las facultades sentí-pensantes, proclamadas por el maestro Simón Rodríguez, a la patria para los indios, proclamada por la guerra federal, a la inclusión comunitaria y socialista de todos nuestros pueblos y culturas, abriendo el abanico de nuestras diversidades y unidades en los todos y en el todo de las complejidades actuales y de todos los tiempos, vividos y por venir. Siempre desde un presente vital y cotidiano, desde el aquí y ahora de la política en busca de lo extraordinario. ¡Cuando lo extraordinario se vuelve cotidiano, hay la revolución! (Che).

6.-Venimos proponiendo la elaboración de un conjunto de marcos referenciales, teórico-metodológicos, de construcción colectiva, participativa y protagónica, que permita el libre ejercicio de la democracia comunal y multisocietaria, con el propósito de desmontar los proyectos históricos de la dominación cultural y educativa, cuya culminación ha sido hasta ahora, la dominación política, económica y social mediante una sutil y prolongada dominación espiritual, ahora con el uso apabullante del aparataje científico-tecnológico al servicio de la racionalidad del capital y de su globalización unilateral en la era del idiotismo digital, mediático y trans-mediático de sus redes, de sus mundos virtuales que fomentan el individualismo y el aislamiento más apestante en nombre del conocimiento y de la comunicación humana. (¡Teme más a los que matan el alma!)

6.1.-La construcción colectiva implica asumir en su conjunto lo que el Comandante Chávez denominó las múltiples fuentes del socialismo del siglo XXI: indosocialismos, movimientos indígenas y de indo-descendientes, afroamericanismos y movimientos afrodescendientes, marxismo crítico y movimientos de trabajadores, ecosocialismos y movimientos de salvación del planeta, teologías de la liberación y movimientos ecuménicos, feminismos y movimientos de género contra el Estado patriarcal y la misoginia de los fascismos; movimientos juveniles contra los falsos conflictos generacionales que hablan del fin de la historia y del fin de la política; movimientos campesinos contra el desequilibrio rural-urbano, semi-urbano y sub-urbano, que afecta el equilibrio ecológico, la producción de alimentos y la organización comunal, rural, urbana, semi-urbana y sub-urbana, con todas sus intermediaciones; filosofías, antropologías y pedagogías de la liberación con la finalidad de promover una verdadera revolución cultural, educativa y espiritual.

Fuente: https://www.aporrea.org/actualidad/a239692.html

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Trabajadores de Educación y Ejecutivo argentino dan pasos de avances

América del Sur/Argentina/14 Enero 2017/Fuente: Prensa Latina

Los trabajadores argentinos de la Educación, que mantienen desde hace varias semanas una protesta por despidos en ese sector, dieron pasos de avances en las conversaciones con el Ejecutivo aunque ratificaron que el paro continúa.
El gremio, que incluso ha realizado tomas pacíficas del ministerio de esa cartera como medida de fuerza, denuncia la no renovación de contratos para 400 empleados de diferentes dependencias y afirman que los puestos de otros dos mil 600 trabajadores del Programa de Nacional de Formación Permanente Nuestra Escuela peligran.

En recientes declaraciones a la agencia Télam, el Secretario General del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires (Suteba), Roberto Baradel, apuntó que se han dado pasos con representantes del Palacio Pizzurno, sede del ministerio, pero seguirán en protesta hasta que el conflicto se resuelva totalmente.

La víspera el jefe de Gabinete de la cartera, Diego María, se reunió con representantes del gremio para intentar buscar una solución a los que quedaron en la calle el 31 de diciembre último, tras la no renovación de sus contratos.

‘Hubo algunos avances respecto de la situación de los 400 contratados despedidos en esa cartera nacional y de los dos mil 600 tutores virtuales’, resaltó Baradel.

Fuente: http://prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=56473&SEO=trabajadores-de-educacion-y-ejecutivo-argentino-dan-pasos-de-avances
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Las universidades en América Latina: ¿reformadas o alteradas? La cosmética del poder financiero

Autor: Mollis, Marcela

Año: 2003

Editorial: CLACSO 

Ciudad/País: Buenos Aires, Argentina

ISBN: 950-9231-84-3

Sinopsis: En la llamada década perdida para el desarrollo económico, para la equidad y para la justicia social, las universidades han perdido su razón d’être. Al quebrarse el contrato social con el Estado y ser arrojadas a las fuerzas del “todopoderoso mercado”, las universidades públicas y privadas de América Latina comenzaron a transitar la “mercadotecnia” 1 como una alternativa para recuperar su debilitado financiamiento y buscar una nueva identidad. En estos capítulos intentaremos brindar respuestas a una pregunta clave para la identidad universitaria latinoamericana del tercer milenio, raras veces orientadora de los debates acerca de las reformas y sus impactos: ¿cuál es el sentido sustantivo de la gran transformación de la universidad en el mundo global?

Descargar aquí: http://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/gt/20101109010429/mollis.pdf

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Una ocupación estudiantil en Paraná, Brasil

Por: René Rojas González

Si me preguntaran qué significa ocupar en Brasil, mi respuesta sería la siguiente: ocupar en Brasil es ocupar los latifundios, porque contar con un pedazo de tierra puede ofrecer la oportunidad de aprovechar la naturaleza en algún grado; es ocupar los edificios públicos, porque, por lo menos, es necesario incomodar al Estado para torcerlo y garantizar que respete la producción de la vida; es ocupar las escuelas, porque la educación no conoce de presupuestos gubernamentales y es más que la aceptación de materias planificadas. Ocupar es decirle a los que tienen la vida resuelta –o así creen tenerla- que no se está dispuesto a privarse de las condiciones materiales, mismas que pueden tomar diversas formas sociales decididas en colectivo; es decir, se ocupa contra la privatización de la tierra o de la educación, pero también puede ocuparse contra la privatización de la creatividad social para formar producciones propias: no se disputa un solo tipo de producción en la tierra, ni se disputa un solo tipo de producción de la educación, se disputan formas de organización social de lo que queremos producir; generalmente, entre unas que privan de las condiciones materiales y otras que abren las posibilidades de uso de éstas.

La ocupación estudiantil de la Universidade Federal da Fronteira Sul (UFFS) – Campus Laranjeiras do Sul, en el estado de Paraná, como parte de una desbandada de ocupaciones de escuelas que vuelve a Brasil, y con epicentro en ese estado, ha emergido justamente como forma de organización social, en el más instintivo sentido de paralizar las clases como manifestación de no querer privarse del acceso a una educación que depende de una crisis de presupuesto del Estado. El gobierno Temer aborda esta crisis con la típica re-gestión del capital para que esa educación del Estado se pague con más explotación social. Por un lado, la Medida Provisoria No. 746 (MP 746) propone flexibilizar la formación de los estudiantes y deshacerse de la carga social de su preparación, lo que se antoja entender como la construcción de los próximos robots obedientes para el empresariado. Es así que la MP 746 incluye “el retiro de las materias de artes, filosofía, educación física y sociología como obligatorias en el mapa curricular; 50% del mapa curricular será obligatorio y común nacionalmente, el otro 50% estará a cargo de los sistemas estatales, incluyendo la formación técnica profesionalizante; educación media nocturna sólo para mayores de 18 años; el reconocimiento de ‘notorio saber’ con el permiso de que profesores sin formación específica asuman materias para las cuales no fueron preparados” (Coordenação do coletivo Ocupa UFFS, 2016).

Por otro lado, la Propuesta de Enmienda Constitucional 241 (PEC 241), que ha avanzado en su aprobación en la Cámara de Diputados –primera votación-, deja demasiado claro que los estudiantes son rehenes del presupuesto del Estado, ya que el gasto público en educación quedaría limitado por 20 años a través de un nuevo régimen fiscal, conduciendo al “aumento de la evasión escolar, la inviabilidad del acceso de casi 2 millones de jóvenes de 15 a 17 años que están fuera de la escuela o que trabajan y estudian”, así como “desprecia una formación que debe ser integral, además de estimular la diferenciación de la formación de los que deben ir a la universidad de los que deben ser ubicados de forma inmediata en el mercado de trabajo al concluir la educación básica” (Coordenação do coletivo Ocupa UFFS, 2016).

Tampoco es que la gravedad de esta situación sea exclusiva del gobierno Temer. Sólo que hoy estamos viendo la re-gestión de la crisis del capital, cuando ayer, con los gobiernos Lula y Dilma, ya se estaba cocinando la rebanada privilegiada e intocable en el presupuesto. Hoy, se propone el recorte en educación, pero ya en 2014 el gobierno federal había gastado el 45.11% de todo el presupuesto de ese año en intereses y amortizaciones de la deuda pública, dejando a la educación el 3.73% y haciendo “evidente el privilegio a la deuda pública, detentada principalmente por grandes bancos, en detrimento del cumplimiento de los derechos sociales básicos establecidos en la Constitución Federal”. Aún más, la propuesta del Ejecutivo para los gastos con la deuda pública dentro del Presupuesto Federal para 2015 abarcaba el “47% de todo lo que el país va a recaudar con tributos, privatizaciones y emisión de nuevos títulos, entre otros ingresos” (Cornelli, 2016).

De esta forma, parece que la primera reacción de resistencia de los estudiantes fue lanzarse a la ocupación de la UFFS el día 11 de octubre en contra de la distribución desigual del presupuesto, acorde con algunos mensajes en los carteles que colocaron dentro del edificio principal, lugar donde se encuentran los salones de clase: de manera más o menos general, podía leerse que demandaban menos presupuesto para banqueros y más presupuesto para educación. A mi llegada, el día 13 de octubre, se percibía una ocupación bastante organizada, la cual impedía el acceso a los salones –concentrados en el segundo, tercer y cuarto piso- a través del cierre de los elevadores y escaleras, poniendo los estudiantes ocupantes sus propios cuerpos sentados –por lo menos, en el caso de los elevadores. Los salones del segundo piso y un salón del tercero eran ocupados para cambiar su uso a dormitorios y se usaban también decenas de colchonetas de la universidad. El resto de los salones del tercer y cuarto piso se mantenían bloqueados.

Justo aquel día de mi llegada, se llevaba a cabo una votación extensiva a todos los estudiantes de la universidad para decidir si se declaraba la huelga estudiantil, lo que, en otras palabras, significaba que, de conseguirse la mayoría, se obtendría la legitimidad de la ocupación. Ya entrada la noche acababa el conteo con el resultado favorable para los ocupantes, provocando en ellos una verdadera explosión de felicidad y alegría por la conquista, expresada en el múltiple contagio de abrazos, brincos, cantos de consignas, batucadas y bailes. Aún dentro de la euforia del momento, la Coordinación de la ocupación daba el mensaje de que se liberaban las trancas de los accesos a los pisos, pues “la universidad es nuestra”.

Efectivamente, la universidad era suya, y lo más probable era que la declaración, “al final”, representaba la reivindicación del carácter público de la universidad frente a la privatización de la educación, pues, si se acepta que la primera reacción de resistencia habría sido contra la distribución desigual del presupuesto, que es público y para la educación pública, la exigencia va por un espacio público de un todos incluyente para que nadie quede excluido de educación justamente. Dicho de otra forma, es muy posible que se declarase que la universidad era suya como parte del sentido de la demanda principal: más presupuesto público para la educación pública. Sin embargo, advertiría que ese “la universidad es nuestra” obedecía primordialmente a la disponibilidad de uso que había generado la ocupación de los estudiantes para ellos mismos: por ello, se abrían los accesos a los pisos de los salones de clase, para que ellos continuaran haciendo uso del espacio –por ejemplo, continuando el re-uso de los salones como dormitorios-, contando con ese respaldo de la votación que implicaba que ningún otro estudiante de la universidad podía interrumpir la ocupación-huelga usando los salones para dar clases. El uso estaba decidido por los ocupantes.

En esa línea, puede entenderse que lo que primaba era el uso sobre la propiedad pública de la universidad por parte de ellos y no el uso predeterminado de la universidad como propiedad pública; es decir, en la disputa de las condiciones materiales por la educación, hasta ese todos incluyente que pretende lo público, se detenía. La ocupación terminaba por fragmentar justamente lo público como cuerpo social monolítico y homogéneo, para abrir paso a una organización social de los estudiantes que se responsabilizaba por la universidad y que, por lo tanto, tenía que ir decidiendo qué hacer con ella. Los estudiantes ocupantes tenían que hacerse cargo del espacio de su propia educación. Podría leerse que su ocupación estaba encuadrada en la típica disputa entre lo público que “protege” y lo privado que despoja, pero su uso de la universidad ya agrietaba la propiedad pública de ésta al disputarle el uso al resto de los estudiantes, sin perder de vista que la preocupación principal era enfrentar la privatización de la educación. Pareciera, entonces, que la responsabilidad de los ocupantes por el uso de la universidad, replanteado a través de la ocupación, se tornaba el verdadero recurso social de protección de la educación, más allá de lo público. En este tenor, en efecto, la universidad era suya, pero más allá de un sentido de propiedad.

Así, esa apertura que producía la ocupación de los estudiantes reclamaba más el uso de las condiciones materiales –tierra, instalaciones, mobiliario, etc.- para decidir la educación, que la propiedad pública de las condiciones materiales para el mismo fin, aunque, contradictoria pero potentemente, todavía estuvieran enmarcados y disputados los usos dentro de lo público: pocos días después de mi llegada, entre los estudiantes ocupantes se escuchaba de la intención de algún profesor de dar clase forzosamente y corría un rumor de desalojo por parte de la Policía Federal. En la segunda semana de ocupación, se reculaba en negociaciones con la directora del campus al entregar los pisos tercero y cuarto para la impartición de clases.

Sin embargo, el movimiento interno de la ocupación puede decirnos otra cosa: la ocupación no sólo abre socialmente para contrarrestar privatizaciones, sino que también abre para desprivatizar lo público. Las decisiones sobre lo público se diversificaban. Se tenía la decisión gubernamental del congelamiento del presupuesto en la educación pública y se tenía la decisión de los ocupantes por encargarse del uso de la universidad pública frente a la decisión presupuestal sobre la educación pública. Pero, además, se tenían decenas de estudiantes que decidieron votar a favor de la ocupación-huelga estudiantil y que no se lanzaron a ocupar, si bien su apoyo fue determinante para conseguir legitimidad. Estos últimos también abrían lo público –aun sin colocar sus cuerpos en la ocupación- a la hora de ceder el uso público al uso relanzado de los ocupantes, es decir, respaldaban la generación de un uso disponible.

Parece que en ese uso disponible se jugaba la lucha de los ocupantes, pues, así como habían conseguido en votación la cesión del uso por parte de la mayoría de los estudiantes, también se preguntaban cómo era posible que los que habían votado a favor de la ocupación no estuvieran ocupando. Asimismo, ya desde el primer fin de semana de la ocupación, varios de los ocupantes salían por compromisos personales, si bien la organización de la ocupación emprendía un registro de los días que cada uno de ellos podía quedarse y, en su caso, de la fecha en que podía regresar. Varios ocupantes terminaban sus compromisos y regresaban. En otras palabras, la ocupación también iba enfrentando cierres: como podía presentarse falta de disciplina por batuquear a cualquier hora del día e incomodar a otros –exhortando varias veces a respetar-, como podía encontrarse a la ocupante que se había perdido el cumpleaños de su hijo por mantenerse en la ocupación.

Mal haríamos si no ubicásemos llamadas de atención sobre aquellas cosas que podrían proyectarnos con mayor fuerza social o que nos dejan sin fuerza social momentáneamente, y mal haríamos también si no diésemos reconocimiento a los esfuerzos personales de responsabilidad y compromiso. Pero esta suerte de faltantes y agradecimientos tampoco es tanto para cobrar la factura sobre algún fin último de la ocupación, pues si bien ésta era resultado de la decisión común de abrir un tiempo en cada vida afectada por la privatización de la educación, tampoco se trataba de que este tiempo terminase por restringir los otros tiempos necesarios de reproducción de vida que cada ocupante llevaba por fuera de la ocupación, es decir, cuando no era formalmente ocupante. La ocupación abría un tiempo no contemplado, que se sentía necesario, pero que no necesariamente tenía que pasar por encima de los propios ocupantes, como si fuera un objetivo mayor que, por “ser mayor que ellos”, los aplastaba y les impedía otras producciones.

Mal se haría también en pensar la ocupación como el momento en el que uno se convertía en ocupante: la ocupación no era algo separado y arriba de uno, la ocupación ya era la vida misma en relance. Creo que esto era lo que hacía que, por ejemplo, uno de los coordinadores, a propósito de reivindicar la prioridad de y el ánimo en la ocupación, expresase una ocasión en una asamblea que él qué más quería que en ese momento estar sentado en su casa tomándose una cerveza. La ocupación no tenía por qué opacar que se destinaban o se deseaban tiempos para otras producciones –como la del placer de beber alcohol donde era permitido-, y claro que ciertas circunstancias políticas podían determinar la prioridad productiva hacia la ocupación por parte de los estudiantes, pero nadie era obligado a quedarse.

Eso era interesante en la ocupación: cómo se relanzaban las vidas de los estudiantes ocupantes al disputar un uso disponible en la universidad frente al uso público, abriendo otro espacio y otro tiempo de reproducción de vida social, mientras ajustaban temporalmente las otras producciones necesarias en sus vidas. Esa apertura de tiempo y espacio generada por el uso disponible no estaba disociada del resto de producciones necesarias; al contrario, creo que el interés de los ocupantes en producir el uso relanzado a través de la ocupación estaba conectado con la sensación de imposibilidad de una educación como ámbito que reproduce otras producciones en la vida. Dicho de otra forma, los estudiantes ocupantes se preocupaban por esa educación que permite la continuidad de otras producciones, al percibir que el golpe presupuestal representaría para la UFFS la probable desaparición de cursos, la también probable desaparición de las cuotas para el acceso de los indígenas a la educación y el comprometimiento de la educación para las siguientes generaciones –esto último no sólo por tratarse de la universidad, sino de manera generalizada.

Tal vez, donde más era notoria esa conexión entre el uso disponible para una reproducción social otra y la preocupación por el peligro que corrían las otras producciones por falta de educación, era en aquellas y aquellos estudiantes ocupantes que ya cargaban trasfondos organizativos: varias de ellas y ellos ya venían de procesos de movimentación social con organizaciones como el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST), el Movimiento de los Pequeños Agricultores (MPA) y el Levante Popular de la Juventud. Por lo tanto, esa reproducción social otra en la ocupación, para la reproducción de la educación, ya traía sus perspectivas organizativas, mismas que, por experiencia personal-colectiva, pueden asociarse con el MST.

Tenemos así una manera de entender aquel re-uso de los salones como dormitorios y el uso de las colchonetas. La ocupación disponibilizaba el uso para generar otros usos, permitiendo una vida en relance, no sólo formalmente dentro de la ocupación, sino para garantizar la educación en el resto de producciones “por fuera” de los estudiantes ocupantes. Así, los espacios se adaptaban a la nueva organización del uso de las condiciones materiales de la universidad, por ejemplo: en el edificio de los cubículos de los profesores se usaba la única regadera con la que se contaba y se organizaban los tiempos de baño para la tarde-noche. Ahora bien, al destinarse el edificio principal para las necesidades más básicas como dormir, comer e ir a los baños, el re-uso social de este inmueble se volvía destellante.

En el edificio principal, no sólo se reusaban los salones como dormitorios, se maximizaba el uso de una pequeña cocina con la que ya contaba la universidad, para preparar las comidas y los refrigerios acorde a los tiempos acostumbrados de alimentación; a manera de comedores, se disponía, sobre todo, de las mesas de la cafetería y del gran patio interno que contaba con bancas largas; se garantizaba el uso de, por lo menos, cuatro baños para las diversas necesidades de higiene y se organizaba la limpieza de los mismos. El espacio de dicho edificio, en general, estaba relanzado para reuniones de organización en pasillos, en el patio, en los salones mismos o incluso en los alrededores, y para asambleas de organización que convocaban a todas y todos los ocupantes, generalmente, en el gran patio. El auditorio corría la misma suerte, abriéndolo para otros fines: ahí se realizó el conteo de la votación de la huelga, ahí hubo asambleas, ahí se realizó videollamada con otros campus y rectoría de la UFFS para discutir y posicionarse sobre el problema presupuestal en la educación, y ahí llegaron conferencistas para exponer temas, justamente, como el del presupuesto en la educación y la afectación en ésta por la deuda pública.

La organización del uso relanzado se reflejaba en la Coordinación de la ocupación y sus Sectores constitutivos, como el de Disciplina, encargado de vigilar y hacer respetar los tiempos de las actividades; el de Comunicación, que se responsabilizaba por la comunicación de pautas internas y de manifiestos internacionales de apoyo, así como por la producción de contenidos de texto y audiovisuales, haciendo también un re-uso del internet de la universidad para la publicación en redes de dichos contenidos; el de Infraestructura, que garantizaba la llegada de los alimentos a preparar y las colchonetas, primordialmente; el de Cultura, encargado de intervenciones político-culturales como mensajes en carteles pegados en la pared, música contestataria durante la ocupación, y noches culturales de representaciones artísticas críticas y de baile; o el de Alimentación, que llevaba el control de los alimentos y su preparación para las y los ocupantes. Además, según los pisos que se estuvieran ocupando en el edificio principal, se organizaba un mutirão de limpieza en fin de semana, es decir, casi todos los ocupantes se lanzaban a la labor coordinada de lavar los pisos con jabonadura, escobas y jaladores, como parte de una responsabilidad por lo que se estaba usando.

No obstante, ese uso disponible de la ocupación abría con altas y bajas, como ya se esbozó un poco: por otras producciones que los estudiantes ocupantes tenían que atender en sus vidas, tenían que irse, si bien, en diferentes tiempos, varios regresaban y se rearticulaban. En algunos momentos, se tenía entre 30 y 40 ocupantes, y en otros, con la llegada de algún contingente, se contaba probablemente con alrededor de 60 ocupantes. Conforme eran menos o más personas, la adaptación en la organización de ese uso se hacía necesaria, como fue en los casos de los Sectores de Comunicación y de Alimentación, los cuales, considerando que se tenía más gente en la ocupación, sufrieron modificaciones: el primero decidió una división interna entre Comunicación Interna y Agitación y Propaganda, y el segundo, que había fincado su actividad en una o dos personas específicas, desconcentró hacia una rotación por Núcleos, mismos que involucraban a toda la ocupación y donde cada uno de ellos, compuestos generalmente por tres ocupantes, era responsable por la preparación de los alimentos, según la comida o refrigerio en turno.

Esa vida en relance por la nueva organización del uso no se explica sin otras condiciones materiales que garantizaban la reproducción misma de la ocupación: se mantenían las donaciones de comida, si bien, también tenían sus altas y sus bajas, como el quedarse sin carne en alguna ocasión. Esa vida en relance tampoco se entiende sin el mantenimiento del ánimo, que igualmente dependía de las condiciones materiales con las que se contasen: disponibilidad de conexiones eléctricas, internet, bocina y laptops para la música que se colocaba buena parte del día desde el gran patio; las noches culturales realizadas, también en el gran patio; el reuso del internet en los celulares de cada ocupante, que no sólo se destinaba para los fines de la ocupación, sino también para el entretenimiento; el conocimiento, igualmente, a través del internet, del aumento en el número de ocupaciones en Paraná y en otros estados; un churrasco, cuando llegó carne para hacerlo, y que marcaba otro ánimo en el convivio, como si fuese un día relajado; y hasta la simple diversión por jugar cuando se limpiaba o por jugar el popular truco en las cartas. Todo esto, sin embargo, no eximía de una baja en el ánimo, que se reflejaba en momentos de tedio y cansancio –y se tenía que descansar también-, tal vez, por causa de las reuniones y producciones de cada Sector; por causa de las reuniones de Coordinación con cabezas de Sector; por las asambleas, que abarcaban a todas y todos; e incluso, tal vez, por los tiempos “muertos” de la ocupación –que eran más bien tiempos de alerta ante alguna contingencia.

Toda esa potencia de producciones sociales, a mi entender, desprivatizaba lo público en el contexto de resistencia a la privatización de la educación, a partir del uso disponible generado por la ocupación. Sin embargo, el uso público también ejercía presión para el cierre de esa disponibilidad: como se mencionó más arriba, en la segunda semana de ocupación, se reculaba en negociaciones con la directora del campus al entregar los pisos tercero y cuarto del edificio principal para la impartición de clases. En los siguientes días, al incorporarse decenas de estudiantes de la universidad a sus clases habituales en los salones de los pisos desbloqueados, la ocupación-huelga dejaba de frenar esa normalidad privatizadora al permitir el acceso. Si bien las actividades de ocupación continuaban, por lo menos algunas y algunos ocupantes iban sintiendo una “pérdida de sentido” de aquella.

A partir de esa evaluación que sentían y considerando la afluencia de aquellos estudiantes que se incorporaban a las clases, reorganizaron lo ocupado y lo cedido en lo público, con intervenciones político-culturales más enfáticas para el 24 de octubre: de los primeros carteles que demandaban menos presupuesto para banqueros y más para educación, se pasaba a unos segundos carteles que, en general, expresaban como mensaje un también te va a tocar a ti, pegados en varias partes del interior del edificio principal, pero, particularmente, justo afuera de los salones donde se tomaba clases. Durante una parte de la mañana, se repetía un performance, sincronizado con la hora de llegada a la universidad del transporte escolar, en el cual, varias y varios ocupantes se tiraban al piso cerca de la entrada del edificio, representando su muerte –y acompañándose de música alusiva- por causa de “la PEC de la muerte”, la forma como nombraban a la PEC 241. Un par de intervenciones más se hicieron en el gran patio interno: un performance contra la fobia LGBT y una simulación de álgida discusión estudiantil con argumentos a favor y en contra de la PEC 241.

No obstante, los momentos específicos dentro de la coyuntura creada por el gobierno continuaban marcando la pauta. Al día siguiente, 25 de octubre, se realizaba la segunda votación de la PEC 241 en la Cámara de diputados, con una mayoría de parlamentarios que ya había dejado claro, en la primera votación, que estaba decidiendo la privatización de la educación pública. Al tenerse noción de que la tendencia sería hacia la aprobación, en la ocupación se asomaba la opción de bloquear el acceso a los salones nuevamente. Una vez que se conoció que el resultado de la votación fue justamente hacia la aprobación –turnando a la Cámara de senadores-, se convocó a asamblea para decidir el uso de la UFFS de nueva cuenta. La Coordinación planteó ocupar todo, la propuesta fue sometida a consulta y votación en asamblea, y prácticamente el 100% de las y los asistentes se decidieron por dicha medida. El 26 de octubre, el edificio principal de la UFFS amanecía bloqueado en sus accesos al segundo, tercer y cuarto piso, y, por lo tanto, con los salones inhabilitados para dar clases. Ese mismo día, terminaba mi tiempo en la ocupación.Las últimas reflexiones, que me sugería esta última parte que me tocó vivir con las y los estudiantes ocupantes, son, que una vez más se apreciaba que, ante el uso público en proceso de privatización, volvía a torcerse lo público, volvía a cobrarse una responsabilidad por usar los medios que producen la educación, es decir, por usar la universidad. De hecho, frente a esa segunda votación parlamentaria, no había condiciones para respetar la negociación con la directora del campus sobre los pisos que habían sido desbloqueados. La ocupación se lanzaba nuevamente y, con ello, la vida social de las y los estudiantes ocupantes. Decidir volver a ocupar todo significaba, anímicamente, reconocer la preocupación por el riesgo de volver a poner el cuerpo para bloquear, desafiando el “resguardo” que podía hacer la fuerza pública, pero también era abrazarse en forma de rueda entre todas y todos y lanzar un mensaje de fortalecimiento anímico después de haber decidido la acción de ocupación ampliada para el día siguiente. Decidir volver a ocupar todo priorizaba la producción en la ocupación y no en las otras producciones “por fuera” que tuviesen las y los ocupantes: el Sector de Cultura preparaba nueva intervención; el Sector de Disciplina organizaba a las y los ocupantes que pondrían sus cuerpos justo en los accesos; el Sector de Infraestructura se encargaba de proteger las pertenencias en los dormitorios; la Coordinación daba la instrucción de que, durante el día, éstos se mantuviesen cerrados, concentrándose todas y todos los ocupantes en el patio interno con lo básico material. Esto, sólo por recordar algunos de los movimientos que eran efectuados, acorde con la nueva reorganización del uso del edificio principal de la UFFS.Hago hincapié en que considero que la vida social de las y los estudiantes ocupantes se relanzaba con la ocupación. ¿Por qué? Primero, porque, así hubiese momentos de prioridad en la producción de la ocupación, en detrimento del tiempo asignado a otras producciones “por fuera”, la ocupación finalmente correspondía a la preocupación por una privatización de la educación que afectaría a esas otras producciones, al estar faltando una educación que impactase en éstas. Por esta razón que pueda entenderse que eran más que ocupantes formales: eran personas que se valían de la reproducción de la ocupación sin soltar las otras producciones necesarias en sus vidas. Segundo, porque la ocupación ya asomaba un potencial desprivatizador a través de sus propias producciones: vivir en la universidad sólo era posible disputando lo público, amenazado por lo privado; pero, lo público ya privaba con su pretendido uso para un todos incluyente, al “consensuar” socialmente una sola forma de disponer de las condiciones materiales para la educación, además, dependiente del presupuesto. La ocupación representaba una forma disidente de la organización social que, si bien ya tenía muy claro que la responsabilidad de la educación no cayese en lo privado –sólo quien pueda pagar tiene acceso-, también iba más allá de lo público. Lo público se convertía en uso disponible para reproducir la vida social en la propia universidad con producciones propias, lo cual permitía a las y los ocupantes estudiantes no delegar la producción de la educación ni a lo privado ni a lo público. Por eso la potencia de que ellas y ellos dispusieran de la UFFS para reusarla, organizándose en Sectores, preparando sus alimentos y comiendo ahí, adaptando los salones a dormitorios, ocupando los baños y regadera para sus necesidades de higiene, reusando el internet para los fines políticos de la ocupación y para entretenimiento, tomando posesión de los diferentes espacios del edificio principal para reuniones y asambleas, etc.

Dicho todo lo anterior, mi balance es, que esa crisis de capital que el gobierno regestionaba privatizando la educación pública, es decir, haciéndole pagar al pueblo con la flexibilización de su formación y con la prioridad presupuestaria para el pago de la deuda pública, ya estaba siendo rebasada, en buena medida, por el mismo pueblo a través de sus producciones relanzadas en la ocupación. Tal vez ésta enarbolaba lo público para la educación como defensa frente a la privatización, y tal vez podía “desactivarse” para anclarse en lo público como puerto seguro, pero las y los estudiantes ocupantes estaban mostrando también la potencia de responsabilizarse por las condiciones materiales de su educación, o sea, de tomar la universidad pública: abrirse en tiempo y espacio para una organización social del uso que disputase los medios de producción de la educación, destinada al resto de producciones.

Hacia mi salida de la ocupación, más aperturas aparecían: ocupantes y profesores donaban clases sobre producciones que sabían hacer; se realizaba una segunda votación estudiantil, de la cual las y los ocupantes salían nuevamente victoriosos; lograban la cancelación del calendario escolar; trabajaban voluntariamente en la producción de un área de tierra en forma de mandala; establecían un servicio de guardería; etc. La ocupación abría posibilidades y desprivatizaba la vida social.[1]

Fuentes

Coordenação do coletivo Ocupa UFFS, Manifesto de apoio aos povos indígenas otomí, tepehua e nahua da Sierra Norte do estado de Puebla no México, 2016.

Cornelli, Marcela, A lógica perversa da dívida e o orçamento de 2015, en http://www.auditoriacidada.org.br/blog/2015/03/13/a-logica-perversa-da-divida-e-o-orcamento-de-2015/, consultado el 09 de noviembre de 2016.

Fuente: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=221276&titular=una-ocupaci%F3n-estudiantil-en-paran%E1-brasil-

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Cuarta revolución industrial y su impacto en la ecología

Por: Raúl Mannise

La cuarta revolución industrial ya ha empezado, cada vez estamos más conectados, nuestros aparatos son cada vez más capaces de hacer cosas por nosotros, la robótica ya no es algo del futuro y está empezando a convertirse en algo más de la vida cotidiana.

La primera revolución industrial que se da con un conocimiento cabal de cómo nuestras acciones y actos de producción impactan sobre el medio ambiente. Hoy existen leyes ambientales, normas y conciencia sobre el medio ambiente y la sostenibilidad que marcarán esta revolución de una forma nunca antes vista.

Sin embargo, no todo será sencillo, la nanotecnología, el Internet, los teléfonos inteligentes y otras tecnologías están cambiando nuestras vidas a un ritmo de vértigo. Estos cambios traen también un futuro incierto, ya mismo hay trabajos humanos que se pierden por ser innecesarios y se plantea que en un futuro muchas profesiones actualmente valiosas, como un abogado o incluso un médico, pueden remplazarse con sistemas de inteligencia artificial.

No sabemos qué clase de mundo va ser el resultante, cómo podremos responder ante estos cambios y qué solución vamos a encontrar para los millones de personas que dentro de muy poco necesitarán cambiar de empleos.

Pero por suerte muchas de estas tecnologías ya están ayudando a resolver problemas ecológicos; hoy día existe nanotecnología capaz de limpiar un lago contaminado en días o de reducir las emisiones de un motor gracias al control de un computador de forma asombrosa, lo que hace pensar que la sostenibilidad y el generar un medio ambiente más sano es parte de la revolución.

¿Cómo comenzó la cuarta revolución industrial? El primer país en hablar de la misma y que se encuentra actualmente a la cabeza del proceso fue Alemania y él mismo es uno de los países más comprometidos con los temas medioambientales.

La revolución digital ya cambió nuestro mundo, hoy día el nivel de información que podemos manejar es abrumador, todos podemos ser parte del ciberespacio, podemos crear una web fácilmente de esta manera o vivir conectado a través de nuestros teléfonos o pedir un taxi o comida con una app.

Pero la cuarta revolución industrial va un paso más allá. Imaginemos por un momento que un parapléjico se introduce en un traje y con su pensamiento lo comanda y puede mediante la asistencia mecánica y robótica de éste, volver a moverse y comunicarse como si nada; pues bien, estas cosas ya existen y estamos llegando a esos niveles.

En 2016, la cuarta revolución industrial fue el tema central del Foro Económico Mundial. Muchos apuestan por que los países asiáticos se vuelvan más fuertes durante esta revolución e incluso hay quienes dicen que podrá darse un reparto más equitativo de bienes. Esto se puede dar ya que se perderán empleos en países industrializados y surgirán nuevas oportunidades que probablemente puedan ser mejor aprovechadas por países hoy en vías de desarrollo.

Impacto de las nuevas tecnologías en el medio ambiente y en nuestras vidas.

La nanotecnología ya se está usando para depurar y generar agua, sin lugar a dudas estas nuevas tecnologías, que están apenas naciendo, podrán ayudar a la humanidad a luchar contra problemas como la contaminación o el cambio climático de manera mucho más simple y a una escala mayor.

El potencial de todas estas nuevas tecnologías es mucho, esperemos que se tomen en cuenta los marcos sociales, políticos y éticos que necesitamos para hacer un buen uso de estas tecnologías. Las grandes industrias ya empezaron con la adaptación y digitalización de sus procesos, consiguiendo ahorros de tiempo, materias primas y energía.

Lo que es seguro es que el cambio de tecnologías es real y vino para quedarse. Ahora el tema será si somos capaces de hacerlo de forma tal que ayudemos a obtener mejores sociedades y un mejor planeta en el que vivan nuestros hijos en el camino indicado.

Fuente: http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Contaminacion/Cuarta-revolucion-industrial-y-su-impacto-en-la-ecologia

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