Bolsonaro llama “energúmeno” al educador Paulo Freire y cierra la TV educativa
El Ministerio de Educación de Brasil no renovó el contrato para ejecución de las producciones audiovisuales en la pública «TV Escola», creada en 1995, y en su lugar pone videos derechistas y negacionistas que reivindican al gurú de la derecha vernácula, el astrólogo anticomunista Olavo de Carvalho.
El presidente de Brasil, Jair Messias Bolsonaro, calificó este lunes de “energúmeno” al educador más famoso del país, Paulo Freire, al justificar la no renovación del contrato del canal de televisión estatal TV Escola, que según dijo está “tomado por la izquierda y la ideología de género”.
El Ministerio de Educación no renovó el contrato para la ejecución de las producciones audiovisuales en la pública TV Escola, creada en 1995, y en su lugar pone videos de corte derechista y negacionista que reivindican al gurú de la derecha brasileña, el astrólogo anticomunista Olavo de Carvalho, radicado en Estados Unidos.
“TV Escola tenía una programación de izquierda, con ideología de género, nuestros cambios se verán en 10 años, hace 30 años que está dominada por la izquierda. Eso es Paulo Freire, ese energúmeno ídolo de la izquierda”, dijo Bolsonaro a seguidores en la puerta del Palacio de la Alvorada, la residencia presidencial.
Freire, fallecido en 1997, es desde 2012 el patrono de la educación brasileña y su libro “Pedagogía del Oprimido” es el único de un autor de Brasil en el top 100 de las universidades estadounidenses.
Pero Freire, conocido por su programa de alfabetización de adultos en la región nordeste del país en los años 60 y 70, se transformó en una bandera de la ultraderecha aglutinada en torno a Bolsonaro.
Bolsonaro justificó la decisión de su ministro de Educación, Abraham Weintraub, de cesar el contrato con la Asociación Roquette Pinto, una entidad que producía contenidos educativos para el canal público dependiente de la cartera educativa.
“¿Quién mira la TV Escola? Es dinero tirado a la basura”, subrayó Bolsonaro.
El presidente dijo que Brasil necesita sacar “la ideología de la educación” y le atribuyó a eso el desempeño en la prueba de nivel internacional PISA de los estudiantes brasileños.
“Fuimos uno de los últimos del mundo, últimos en muchas materias en Sudamérica, hay que cambiar eso”, subrayó el presidente, cuya gestión congeló durante diez meses el presupuesto educativo y enfrenta protestas por parte de los gremios docentes.
El choque contra el sector educativo se pronunció la semana pasada cuando el ministro Weintraub sostuvo (y fue desmentido por una comisión del Congreso) que en las universidades federales se plantaba marihuana y en los laboratorios se producían drogas sintéticas.
Uno de los pilares de la gestión bolsonarista en educación es la construcción de escuelas públicas cívico-militares, administradas por el
Ejército y la policía de los estados.
Fuente de la Información: https://www.elciudadanoweb.com/bolsonaro-llama-energumeno-al-educador-paulo-freire-y-cierra-la-tv-educativa/
“La potencia feminista, o el deseo de cambiarlo todo”, el libro de Verónica Gago
La argentina cientista política, Verónica Gago, conversó con El Mostrador, sobre su más reciente creación “La potencia feminista”. Para la autora este es un libro escrito al calor de estos años del movimiento feminista, sumergido en la dinámica organizativa, afectiva, política que le ha cambiado la vida a cientos de mujeres. La escritora presenta por medio de la narrativa una serie de reflexiones, notas, partes de crónicas, y una conceptualización de cosas que pasaron mientras las mujeres organizaban la huelga feminista.
“La potencia feminista, o el deseo de cambiarlo todo”, es la más reciente de creación de la argentina Verónica Gago, quien es una politóloga, doctorada en Ciencias Sociales, docente y feminista, desde esa vereda redactó su obra, editado por Tinta Limón. La autora del libro conversó con El Mostrador, entregando detalles de su contenido, sus reflexiones del movimiento y su percepción del feminismo en Chile y el mundo.
Para Gago este “es un libro escrito al calor de estos años del movimiento feminista. Es decir, sumergida en esa dinámica organizativa, afectiva, política que nos ha cambiado la vida, que ha conmovido todas las relaciones sociales y que nos ha habilitado una desobediencia personal y colectiva”.
La autora comenzó a escribirlo después de la huelga feminista internacional del 8 de marzo del 2017 y lo terminó a mediados de este año, inspirándose en su “efervescencia personal y colectiva, de imaginación política y de práctica callejera que han significado estos años del feminismo como un movimiento masivo y radical al mismo tiempo, que son las dos claves que trabajo en el libro para pensar la singularidad de esta época”.
Gago cuenta que este escrito contiene una serie de reflexiones, notas, incluso partes de crónicas, y una conceptualización de cosas que pasaron mientras las mujeres eran parte de organizar la huelga feminista, mientras discutían en asambleas, mientras creaban alianzas políticas para hacerse más fuertes, sosteniendo talleres y reuniones para procesar juntas la rabia frente a las violencias y las injusticias, dándole un espacio a su deseo de hacer política feminista.
Según relata Verónica, a su parecer “los feminismos en estos últimos años han cambiado el escenario nacional, regional y global y eso se expresa tanto en cómo leemos la coyuntura como en nuestros vínculos más íntimos: esa simultaneidad es revolucionaria. El libro es un intento, parcial y situado, de narrar esa experiencia y lanzar algunas hipótesis de por qué la dinámica feminista es tan potente hoy”
Esta pieza literaria está dividida en ocho capítulos y cada uno aborda un tema, un problema, una perspectiva. Parte por la huelga feminista y lo que ha significado como reconceptualización práctica de lo que entendemos como trabajo, luego sigue con el diagnóstico sobre las violencias conectando, por ejemplo, la violencia doméstica y la violencia laboral, la violencia institucional y la violencia financiera, la violencia racista y la violencia sexual, enhebrando una perspectiva anti-capitalista desde los cuerpos.
Los otros capítulos en tanto trabajan alrededor de la noción de cuerpo-territorio, la economía feminista y todo lo que significa para pensar la sobre-explotación de mujeres, lesbianas, travestis y trans, las asambleas, el internacionalismo, la contra-ofensiva económica, militar y de los fundamentalismos religiosos que produce al feminismo como nuevo “enemigx internx y en el capítulo de cierre son unas ocho “tesis” que intentan sintetizar lo que desarrollo en el transcurso de todo el libro, para Verónica la gama de temas que aborda “son muchas cosas porque es mucho lo que este movimiento produce y da que pensar”.
El título tiene una bajada interesante «o el deseo de cambiarlo todo» ¿Qué ese todo desde la óptica feminista?
– Ese es un punto para mí muy sugerente porque el feminismo –como movimiento, como método, como práctica– combina hablar y actuar desde una perspectiva siempre situada y parcial, rechazando la idea de un punto de vista universal o una posición neutral y al mismo tiempo demuestra que eso implica un deseo de cambiarlo todo o, como dicen las compañeras en Chile que me parece genial, “Vamos por todo”.
“Creo que es un punto de radicalidad enorme porque redimensiona lo que es el todo y pone en conexión y en simultaneidad lo que mencionaba antes: las relaciones cotidianas y la coyuntura política, las estructuras de las organizaciones sindicales y partidarias y las tareas de cuidado, el debate sobre la pobreza y la deuda doméstica, la educación pública y la violencia sexual”, agregó.
Para Verónica cambiarlo todo implica dilucidar entre nosotros cómo se conectan todas las dimensiones, trazar sus conexiones subterráneas, confiar en la potencia cognitiva del deseo para hacer esos mapas y, desde ahí, autorizarnos a crear herramientas nuevas.
Uno de los conceptos que atraviesa todo su libro como un hilo conductor es la “huelga feminista”, la cual para la autora ha sido una pregunta de investigación práctica que le “permitió mapear en geografías bien diversas qué queremos bloquear, qué cosas “ameritan” huelga como dice la Coordinadora Feminista 8M, qué podemos sabotear en los lugares de trabajo y en los lugares que son como sótanos de explotación, porque no se reconocen completamente como laborales y en los que sin embargo se desarrolla trabajo invisibilizado, no pago, o mal pago”.
¿Cómo percibes el feminismo en Latinoamérica y en el caso de Chile?
– Sin dudas creo que América latina, Abya Yala para ser más precisas, es donde los feminismos han empujado con más fuerza en los últimos años. Me parece un punto genealógico importante: es un movimiento que se impulsa desde el Sur. En mi libro por supuesto hay una presencia muy marcada de la experiencia que sucedió en Argentina, pero claramente es una experiencia que se amplifica porque es parte de una experiencia regional y global. Creo que esto es clave: los feminismos rompen con el nacionalismo metodológico tan arraigado en muchos fenómenos políticos. Tanto por el cuestionamiento a la noción patriarcal de patria como al cuestionamiento de las fronteras nacionales como dispositivos de criminalización de la migración y al sustento racista y colonial de nuestros estados.
“Una de las cosas más emocionantes creo que ha sido experimentar ese internacionalismo o transnacionalismo como una fuerza y una presencia concreta en cada una de nuestras luchas. Las consignas o los símbolos como el pañuelo verde construyen un feminismo sin fronteras así como las lenguas en que se dicen los manifiestos y las luchas indígenas, afro, negras han reinventado lo que llamamos feminismos. Todo esto es parte de una vitalidad del movimiento que traza otra cartografía de resonancias, coordinaciones, conexiones, aprendizajes mutuos y contraseñas que nos vamos pasando, contagiando y compartiendo”, añadió.
En cuanto al fenómeno de «Un violador en tu camino” del colectivo Las Tesis, ¿Qué refleja para ti que la marea feminista haya replicado esta canción en todo el mundo?
– ¡Me parece una cosa conmovedora, impresionante! Por muchas razones. Primero, porque expresa la fuerza y la inteligencia que hoy tiene el movimiento feminista en Chile. En ese sentido, el colectivo LasTesis ha montado una escena de justicia con repercusión global que denuncia de manera contundente al terrorismo de Estado encabezado por Piñera y a la vez todas las complicidades que implican una violación.
Verónica percibe que esta performance se ha convertido en una “máquina de justicia colectiva porque ha desatado memorias en cuerpos muy distintos. Luego, que esa acción se convierte en un enorme ejercicio transnacional de ir enlazándonos, comunicándonos, poniendo acciones y lenguajes en común, a la vez que impulsa un trabajo de discusión en cada lugar, de organización de las singularidades de cada territorio”.
Finalmente la escritora expresó que “La potencia feminista” es una invitación a una conversación que parece a la distancia y sin embargo es muy próxima.
Fuente de la Información: https://www.elmostrador.cl/braga/2019/12/16/la-potencia-feminista-o-el-deseo-de-cambiarlo-todo-el-libro-de-veronica-gago/
La idea de un colectivo chileno, con performance incluido, y un pegajoso estribillo, ha tomado fuerza en varios países, al mejor estilo de un llamado de reivindicación y empoderamiento de las mujeres.
Una canción convertida en himno feminista, surgida en Chile al calor de las protestas sociales del mes pasado, ha trascendido fronteras hasta convertirse en la voz de las millones de víctimas de violencia sexual que hay en el mundo.
La poderosa consigna, que tomó forma de performance al grito de “El violador eres tú, “Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía” o “El Estado opresor es un macho violador”, ha recorrido varios países en América Latina, incluyendo Colombia, Europa y el mundo entero, que al igual que el Me Too en Estados Unidos, busca visibilizar sobre la violencia de género, y avanzar en términos de verdad y de justicia.
Con los ojos vendados con un pañuelo negro, miles de mujeres vienen exigiendo castigo a sus perpetradores y replicando el mensaje de que la culpa nunca es de ellas, ante un abuso, violación o femicidio.
Las cifras ilustran la dramática situación en la región. Al menos 3.529 mujeres fueron asesinadas en 25 países de América Latina y el Caribe, el año pasado, relevó recientemente la Cepal.
América Latina, lamentablemente, tiene las tasas más altas de feminicidio en el mundo y lo que resulta más alarmante, el 98% de estos no son procesados, y en muchos casos quedan en la impunidad, según la ONU.
Momento coyuntural
Para Juliana Martínez, profesora de género y sexualidad en American University de Washington, en Estados Unidos, la iniciativa del colectivo chileno Lastesis llega en un momento coyuntural en la región, gracias al movimiento feminista latinoamericano, liderado por mujeres jóvenes que se ha venido fortaleciendo y participando activamente en distintas manifestaciones sociales.
Así pues, un movimiento que “se preocupa por las diferentes causas que generan la discriminación y la opresión estructural de las mujeres”, describe la directora de investigaciones y consultorías de Sentiido.
Se refiere a que es un movimiento que le interesa las diferentes formas de violencia institucional, lo qué pasa en las cortes de justicia y el tipo de leyes y políticas públicas que en apariencia no son ni para ni contra las mujeres, pero que terminan teniendo un impacto negativo en ellas.
Adicional a ello, destaca un elemento fundamental, y es que esté muy conectado con las redes sociales, lo que lo ha vuelto viral.
Es más, lo percibe como un “ejercicio creativo, donde hay mucho simbolismo y donde realmente el mensaje le ha llegado a todo el mundo”.
Si bien surge en el contexto chileno, Martínez señala que “en todos los países del mundo las mujeres nos podemos identificar con ese estribillo que captura las distintas violencias que sufrimos las mujeres y redirecciona la responsabilidad”.
Hace énfasis en que lo más importante a partir del llamado del colectivo chileno, es que “esto no es nuestra culpa y quienes son los responsables deben responder y nombra como la violencia está posibilitada y en algunos casos, promocionada por el Estado mismo”.
Sin embargo, reconoce que es un trabajo que toma tiempo, al tiempo que subraya que hay un grupo muy grande en toda la región que lo está visibilizando.
“Estas mujeres jóvenes nos están mostrando, que no solo sí se puede hacer, sino que hay que hacerlo, y que el tiempo es ahora”, insiste.
La experta Diana Marcela Gómez va más allá, afirmando que sin lugar a duda, este movimiento nacido en Chile desafía a la sociedad actual y está exigiendo un trato digno y justo a las mujeres.
En opinión de la docente de la Universidad de Los Andes, se está reclamando que la sociedad sancione la violencia sexual, que ha sido la más silenciada y al mismo tiempo la más aceptada.
De allí que este llamado implique cambios profundos en la sociedad misma y cambios en las instituciones, desde el ámbito de la familia, el colegio y en últimas, el Estado, explica Gómez.
Además atribuye su amplia difusión a que es un performance muy bien elaborado y que resuena con la experiencia de muchas mujeres alrededor del mundo.
No obstante, aclara que este mensaje de movimientos feministas viene haciendo este tipo de demandas desde hace muchos años.
“Lo que estamos viendo ahora, es la posibilidad de que el mensaje se amplifique, y que no seamos las feministas las que exigimos el cese de este tipo de violencia sino que cada vez se suman más sectores de la sociedad”, resalta la docente universitaria, quien agrega: “es un momento en la historia en que le estamos prestando más atención a este tipo de vulneración”.
Mensaje que conecta
La iniciativa chilena ha trascendido porque es un problema global, recalca Ángela María Díaz, docente del Instituto de Estudios Políticos de la Unab.
“La violencia basada en el género y el tema de la violación es algo que hace parte estructural de nuestras culturas porque es un tema con el cual todas nos sentimos conectadas, nos sentimos relacionadas”, argumenta Díaz.
Sin restarle importancia a este tipo de movimiento, sí le preocupa que muchas veces se quedan en la parte mediática, y por ello considera de suma importancia una visión más profunda que este momento puntual.
Asimismo la experta en temas de género lamenta que este momento mediático no va a acabar con el machismo o el patriarcado porque son estructuras que están tan arraigadas, que requieren todo un trabajo de transformación de los imaginarios sociales y transformación de las violencias estructurales.
Experiencia generalizada
La razón por la cual la idea chilena ha tenido tal impacto, a juicio de Diana Ojeda, investigadora del Instituto Pensar y profesora de la Universidad Javeriana, es que es una experiencia generalizada de las formas de agresión sexual, en la medida en que la han vivido la gran mayoría de las mujeres alrededor del mundo.
“Nos sentimos identificadas porque la respuesta de la sociedad es el silencio, la impunidad, la revictimización, es echarnos la culpa, por eso gritamos ‘la culpa no era mía’ con toda la fuerza”, subraya Ojeda.
Los índices señalan que una de cada tres mujeres sufre violencia sexual a lo largo de su vida y según la experta en temas de género, esto es grave en términos de niñas y adolescentes, y en el caso particular de Colombia advierte que la situación es muy grave.
También lo relaciona con un momento global inspirado por el Me Too y otras formas de denuncia.
Se da en la UBA y también en las universidades privadas. La tendencia se sostiene en los egresos. Cirugía, la única donde los varones son mayoría.
“¿Fuiste al médico?” o “Mejor que te vea un doctor”, son frases que aún forman parte de nuestro hablar cotidiano. Sin embargo, los números en las facultades de Medicina demuestran que lo más probable es que si vamos a una guardia o solicitamos la consulta de un especialista, cada día hay más chances de que nos atienda una médica. Aunque nuestro lenguaje habitual todavía no lo haya advertido.
La llamada “feminización” de la Medicina tiene sus inicios en la década del 90, cuando se registró una paridad en los estudiantes de esta carrera. Desde entonces el número de presencia de mujeres en las aulas fue lenta pero constantemente en aumento. La novedad es que hoy la cifra ya alcanza al 70% en Medicina Clínica –el mayor porcentaje del que se tenga registro- y lo supera en casi todas las restantes carreras relacionadas.
La tendencia se mantiene hasta el final de la carrera de Medicina. Según datos de la UBA, el 68,2% de los egresos de 2018 fueron de mujeres.
Las carreras afines muestran números aún mayores, por ejemplo, Nutrición tiene un 76% de ingreso de alumnado femenino, la Tecnicatura en Prácticas Cardiológicas, 82%; y la Tecnicatura en Hemoterapia e Inmunología, 91%.
Una proporción similar se da también en la enseñanza privada. La Universidad del Salvador exhibe un registro 2019 de 67% mujeres y 33% de varones en Medicina General, y números mucho más altos en las llamadas “Disciplinas de la Salud” como Musicoterapia, Nutrición y Fonoaudiología, con un 70%, 90% y 97% de presencia femenina respectivamente.
Agustina Pampín, Giuliana Di Pietro, Azul Gencarelli y Florencia Grando. (Foto: Lucía Merle)
Incluso en las etapas de posgrado, es decir, de residencia médica con un servicio intensivo, la proporción de mayoría femenina se mantiene, según confirma el doctor Patricio Jacobella, director de Docencia e Investigación del Hospital de Clínicas. “Antes, la residencia en Cirugía tenía mayoría masculina; hoy, excepto en Cirugía General, hay más mujeres que hombres, así como en las especialidades clínicas. Además, en todas ellas se observa un muy buen nivel asistencial y educativo”.
¿Por qué cada vez más mujeres y menos hombres en Medicina? Una respuesta sobre la que hay consenso generalizado es que se trata de una tendencia mundial, a la que no escapa nuestro país. En Europa, el 75% de la matrícula es femenino mientras que en México y Estados Unidos supera el 50% y en Canadá se encuentra por encima del 60%.
“El avance de la mujer en las carreras universitarias se da en todas la profesiones. Antes se decía que la mujer se volcaba a la Medicina porque surgía de ella un sentimiento de cuidado al otro pero este concepto hoy queda antiguo. En todo caso, que haya menos varones depende más bien de una cuestión económica ya que hay otras profesiones más redituables”, asegura la doctora Kumiko Eiguchi, representante de Argentina ante la Asociación Internacional de Mujeres Médicas (MWIA) y consultora de la carrera de Medicina en la Universidad del Salvador.
Agrega que una diferencia de género que existe en relación al ejercicio de la profesión tiene que ver con que los hombres suelen elegir el pluri-empleo mientras que las mujeres médicas prefieren puestos más estables, priorizando la relación con pacientes y colegas por sobre los ingresos.
“Las estudiantes de grado y posgrado no sienten discriminación ni ningún tipo de diferencia con sus compañeros varones”, analiza Eiguchi, “pero el techo de cristal existe en Medicina como en el ejercicio de todas las demás carreras, por un lado con menos salarios (en el ámbito privado) y por otro, con una marcada discriminación en el ejercicio del liderazgo”.
En el último informe sobre feminización y brechas laborales en la Salud, elaborado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, se destacó que tanto en la Secretaría de Salud de la Nación como en los ministerios provinciales, «las mujeres también son minoría en los cargos de mayor responsabilidad. Incluso entre las universidades, las principales carreras de Medicina están lideradas en su gran mayoría por varones. Las asociaciones médicas y los gremios presentan un patrón similar, con una baja participación generalizada de mujeres».
Entrada de la facultad de Medicina de la UBA. Foto: Lucía Merle
«Los datos de la provincia de Buenos Aires son elocuentes: las mujeres solo ocupan el 25% de las direcciones ejecutivas en las instituciones hospitalarias. Es decir, menos de 3 de cada 10 cargos», destaca.
Liliana Licciardi, presidenta de la Sociedad Argentina de Mujeres Médicas, afirma que «la Medicina fue históricamente una profesión organizada por hombres y su ejercicio aún está determinado así. La mujer está ocupando espacios, pero siempre en función de lo que esa antigua estructura permite. El problema no es sólo llegar a un lugar de decisión sino el grado de libertad con el que luego una mujer puede ejercer su puesto».
«En todas las actividades clínicas, el 80 por ciento de los puestos están hoy ocupados por mujeres. Dentro de la Medicina, son los lugares menos remunerados«, destacó.
Hector Garin, secretario general de la Asociación de Médicos de la Actividad Privada (AMAP), destacó que hoy existe una mayor concientización, pero advirtió que hay más dificultades en el sector privado «porque no hay concursos, sino empresarios que deciden quién ocupa un puesto gerencial».
«Entiendo que las profesionales se encuentren ante un techo de cristal, cuando el único techo que debería existir es el de la capacidad, el desempeño y la posibilidad de gestión. Hoy por hoy, los presidentes de las asociaciones científicas son hombres. Pero ineludiblemente, y por los datos que indican la proporción de egresadas de la carrera, en breve esos lugares serán ocupados por mujeres. El cambio es muy lento, como todo cambio social, y es cierto que sería bueno que se acelere. Pero considero que es sólo cuestión de tiempo”, agregó.
Un largo camino
En cuanto a la elección de la carrera, el dato histórico es que las primeras egresadas universitarias argentinas fueron médicas. Pero debieron pasar más de 70 años desde la creación de la Universidad de Buenos Aires para que en 1889 obtuviera su doctorado en Medicina Cecilia Grierson, primera universitaria y primera médica argentina.
Luego siguieron otras como Elvira Rawson, Julieta Lanteri y Alicia Moreau de Justo, quienes no sólo fueron las primeras médicas del siglo XX sino también feministas, porque le dieron a su forma de ejercer la profesión una mirada igualitaria y siempre en defensa de los derechos de la mujer. Si bien sus intentos para acceder a la docencia universitaria o a la investigación -ámbitos profesionales negados por aquel entonces a la presencia femenina- no lograron su objetivo, las tesis de finalización de carrera que eligieron demuestran que sentían una clara preocupación por el conocimiento del cuerpo femenino, propio y a la vez bastante desconocido desde los manuales de la época.
“No hay ninguna diferencia de género, casi que ni siquiera percibimos que somos más mujeres en las aulas porque nos sentimos iguales, incluso para elegir especialidad”, comenta Camila Fernández, estudiante de primer año, en el hall de la Facultad de Medicina de la UBA; casi en espejo con aquella situación de comienzos del 1900.
De hecho, hoy se percibe un cambio en las especialidades. Cardiología, Cirugía y Neurología eran ámbitos en los que casi no había estudiantes mujeres, pero esta diferenciación también va siendo parte del pasado. “Yo tengo pensado seguir pediatría”, comenta Félix Miranda, alumno de segundo año de la carrera, a sabiendas de que esta especialidad ha sido históricamente territorio mayoritariamente femenino.
El número de presencia de mujeres en la carrera de Medicina es hoy un dato incontrastable, sin embargo, las demandas son comunes a todas las demás áreas profesionales. “Es que sin importar el número de mujeres o varones, se necesita incorporar el sentido de equidad de género, el respeto a los derechos y la igualdad de oportunidades y salarios”, reflexiona la doctora Eiguchi.-
La brecha de género en cirugía
“Con mis compañeros varones nunca sentí diferencia en el trato, ni en nada y la realidad es que en la cursada siempre hubo mayoría femenina. En Anatomía, por ejemplo, éramos diez en total y siete mujeres”, cuenta en un pasillo de la Facultad de Medicina de la UBA, Camila Martini, estudiante de sexto año de la carrera. Desde su análisis del tiempo presente, recuerda que en el Departamento de Obstetricia permanece colgado un cuadro en el que se ve a una mujer embarazada en el centro, una enfermera a su lado y doce médicos hombres a su alrededor.
En relación a los cambios de época, precisa: “Hay cuestiones muy positivas, los docentes ya no dicen ‘gay’ sino “hombres que tienen sexo con hombres” y en general, son más cuidadosos con el lenguaje”.
Pero añade: “aún así, en algunas especialidades siguen entrando pocas mujeres. Para la residencia en Cirugía, algunos hospitales solicitan una entrevista (el procedimiento obligatorio es un examen de residencia y la evaluación del promedio de notas de la carrera) y dejan abierto un requisito que es discrecional y en el que puede influir si quien aspira al lugar es hombre o mujer”.
Al respecto, en su artículo “Brechas de género en cirugía, una realidad invisibilizada”, la doctora Andrea Andreacchio, coordinadora general de Residencias de Cirugía del Gobierno de Ciudad, sostiene que las médicas están sujetas a un estándar secreto más alto para ingresar y prosperar en el campo quirúrgico. “No hay suficientes mujeres en puestos importantes en los Departamentos de Cirugía como para proporcionar el soporte necesario a la mayoría de las cirujanas jóvenes. Hoy solo podemos garantizar el ingreso igualitario a la formación en aquellos lugares donde no se incluye entrevista y bregar por la igualdad de oportunidades y el respeto mutuo”.
Desde 2014, hay más mujeres que hombres haciendo residencia en Cirugía. Entre los egresados de la Residencia de Cirugía de 2019 en Provincia de Buenos Aires el 63% son mujeres y en CABA ellas llegan al 65%.
Según la REFE (Red Federal de Profesionales de Salud), en Nación hay 5.919 cirujanos matriculados, de los cuales 1.081 son mujeres. El número se abre en los más jóvenes. En la franja de 30/39 años hay 711 hombres y 392 mujeres. En la franja 50/59 años, hay 942 hombres y 140 mujeres.
En la Asociación Argentina de Cirugía no hubo nunca una mujer como presidenta. Es una institución de 90 años. Andreacchio preside un grupo de 300 cirujanas. Se llama «Cirujanas argentinas» y está en trámites para ser asociación civil. Luchan por la igualdad de género.
“La generación anterior nos viene abriendo camino”, reflexiona Florencia Grando, alumna de sexto año y futura cirujana, en conocimiento de que el Departamento de Cirugía como el de otras especialidades, fue un territorio exclusivamente masculino en el que aun cuestan ciertas transformaciones. “Una docente que tuvimos en Traumatología nos contó que le decían que por ser flaquita, no iba a poder ejercer. Pero ella respondía que eso era falso y que podía hacer las mismas maniobras que un hombre porque sabía utilizar el peso corporal a su favor”.
Agustina Pampín, Giuliana Di Pietro, Azul Gencarelli y Florencia Grando,. (Foto: Lucía Merle)
“Es una carrera que no reditúa económicamente y hay que estudiar mucho, son muchos años. Esa puede ser una explicación de por qué cada vez se anotan más mujeres y menos hombres”, comenta Giuliana Di Pietro, que ya está completando su ciclo de grado.
Recibida y pronta a empezar la residencia, Azul Gencarelli analiza: “Te cansa tener que demostrar. Había un docente que nos llamaba ‘nenas’, pero jamás lo escuché referirse a “nenes” en toda la cursada y otro que nos recomendaba especialidades más ‘tranquilas’ que supuestamente den el tiempo a la maternidad. Yo no creo que eso sea necesariamente así y también voy a seguir Cirugía”.
“Aun hoy, si decís Cirugía, algunos médicos te preguntan si es que no pensás formar una familia. Como si sólo la mujer tuviera la responsabilidad de ocuparse de los hijos”, precisa Agustina Pampín, también decidida a ser cirujana y comenta “Ahora que somos más, nos vamos a ir abriendo lugares. Fue distinto cuando mi mamá estudió esta carrera porque eran menos y los hombres se cerraban sobre los espacios de poder. Cuando nosotras estemos ejerciendo, esto va a ser diferente”.
El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, encabezó hoy el lanzamiento de la campaña «Las Manuelas: La Misión Continúa por la Inclusión», sobre los derechos de las personas con discapacidad.
La campaña fue lanzada en el «Parque de las Diversidades», en el sur de Quito, capital del país, con la presencia de autoridades gubernamentales dedicadas a la labor social y a la atención a grupos vulnerables.
Moreno, quien se moviliza en silla de ruedas debido a que sufre paraplejia, afirmó durante el acto que el objetivo de la campaña es sensibilizar a la comunidad educativa sobre los derechos de las personas con discapacidad.
«No hay que humillarlas, no hay que lesionarlas. Hay que apreciarlas, amarlas y el momento en que requieran, ayudarlas. ¡Eso es inclusión!», afirmó el presidente.
El mandatario destacó la labor de la Misión Solidaria «Las Manuelas», a través de la cual su gobierno se ha enfocado en atender las necesidades de las personas con discapacidad en todo el territorio nacional.
De igual forma, recordó el trabajo que realizó la Misión Solidaria «Manuela Espejo» cuando él ejerció como vicepresidente de 2007 a 2017 durante el gobierno del entonces presidente ecuatoriano, Rafael Correa.
Moreno resaltó las diversas potencialidades de quienes tienen discapacidad, al señalar que son personas que hacen que «el mundo sea digno de vivir».
Por su parte, la secretaria técnica del Plan Gubernamental «Toda Una Vida», Isabel Maldonado, dijo que la campaña «es una apuesta por generar espacios de interacción positiva que promuevan la inclusión social dentro de las escuelas, de manera lúdica y dinámica».
Agregó que la iniciativa incluye una guía de juego inclusivo y material didáctico.
Según el gobierno, gracias al trabajo articulado de la Secretaría Técnica del Plan Toda Una Vida, que ejecuta los programas sociales, y al Ministerio de Educación, la campaña beneficiará en una primera fase a unos 16.000 estudiantes y 500 docentes.
Según los académicos, la falta de conexión se debe, en parte, a “las débiles articulaciones institucionales”
“En síntesis, las maestras noveles, al igual que las estudiantes de último año de la carrera, encuentran distancias entre la formación del instituto (que denominan “teoría”) y las prácticas que desarrollan en las escuelas. Sin embargo, y debido al paso del tiempo en el ejercicio del rol, reconocen aportes de dichos espacios más teóricos”. Eso establece una de las últimas investigaciones financiadas por el Consejo de Formación en Educación (CFE) y la Agencia Nacional de Investigación e Innovación en el marco del programa CFE Investiga. El proyecto, coordinado por el sociólogo especializado en educación y docente de magisterio Guillermo Pérez Gomar, se propuso analizar cómo se forma la identidad profesional de las maestras; para eso trabajó con estudiantes avanzadas y maestras con menos de cinco años de recibidas con una estrategia de investigación biográfico-narrativa. El resultado fue la investigación: “La construcción de la identidad profesional del docente de educación primaria en la formación inicial y los primeros años de trabajo”.
“La identidad profesional del docente es un campo amplio y hay consenso sobre cuatro momentos que son claves en esa construcción”, afirmó Pérez Gomar. Estos son: el momento previo al ingreso a la formación, los estudios formativos, las prácticas de enseñanza y los primeros años de docencia; la investigación se centra en los últimos dos. “Lo que nosotros encontramos en la práctica preprofesional termina reforzando algo que a nivel de la experiencia se conoce: existe una distancia entre lo que las estudiantes llaman teórico y lo práctico, entre esos dos espacios de formación. El punto es lo difícil que resulta llevar las cuestiones que aprenden de lo teórico al trabajo en el aula”, resaltó el docente.
En las conclusiones los investigadores marcaron ciertos factores del contexto institucional que inciden en la construcción de la identidad profesional. En primer lugar destacan el rol central que tienen las prácticas preprofesionales; “así lo indican la carga horaria, casi en el límite de las posibilidades de cursado, y la centralidad que se le otorga tanto en el orden prescriptivo como en la valoración de las estudiantes”, señalan en el informe final. Sobre este punto Pérez Gomar comentó: “Es muy difícil transitar el plan de estudio por la enorme carga horaria, y las estudiantes, si tienen que priorizar, lo hacen con la práctica, porque es donde ellas sienten si sirven para eso que están estudiando o no. Les puede ir mal en las materias teóricas que cursan en el instituto pero no les puede ir mal en la práctica, porque si no parecería que no son buenas para esto de ser maestra; así de central es la práctica para su formación”.
Relacionado con el rol esencial que se le da a la práctica, los investigadores señalan que “la vinculación entre la práctica y la formación del instituto se aprecia débil y se valora de forma negativa”. Para las docentes su identidad profesional se sostiene en el saber práctico, y el resto de los saberes o procesos que incorporan en su formación están en función de la práctica. “La desconexión y asistematicidad de actividades, y su apreciación tan diferenciada, tienen relación con esta característica”, subrayan los académicos. Pérez Gomar comentó que, entre otros factores, esto se puede deber a que “hay un tema de articulación entre los espacios prácticos y teóricos, que parece que las autoridades no lo ven porque siempre fue así: la formación teórica depende de una institución, que es el CFE, y las escuelas de práctica dependen de otra, que es el CEIP [Consejo de Educación Inicial y Primaria]”.
Asimismo, la experiencia de la práctica depende mucho de la escuela y del equipo docente. “La elección de los lugares de práctica está desregulado, no hay normativas demasiado claras. Cada escuela de práctica termina siendo un mundo en sí mismo, por eso hay experiencias de prácticas que son muy positivas y otras que son desastrosas. Las prácticas de cuarto año, que son en las escuelas Aprender, por ejemplo, responden a la inspección de Aprender, no a la de prácticas; nadie acompaña lo que sucede en esas escuelas en términos de la práctica, sólo la dirección”, comentó Pérez Gomar, que adelantó algunas de las conclusiones de una próxima investigación.
Roles modelos
Existen dos referentes claros para las estudiantes en la práctica: la maestra adscriptora y la dirección. La maestra está relacionada con aspectos más ligados al hacer profesional; para Pérez Gomar, el rol de la maestra adscriptora “es central, porque es con la que aprenden qué hacer y qué no hacer; eso es clarísimo en los resultados. Las estudiantes aprenden porque se identifican con el trabajo y la forma de hacer o porque lo rechaza”. Por otra parte, en la directora ven una figura de autoridad que enseña aspectos más relacionados a lo administrativo y al rol normativo.
Este posicionamiento tan central de las figuras de la maestra y la directora genera que haya “tensión entre la reproducción y el cambio”, aseguró Pérez Gomar. “Esta formación tiene mucho de reproducción, se aprende mirando lo que otros hacen; entonces, lo primero que hacen las estudiantes cuando se forman es reproducir lo que hace su maestra adscriptora, y saben qué está bien y qué está mal”. Esta reproducción, según el investigador, provoca que la profesión “sea muy conservadora”, porque “los márgenes para ensayar caminos diferentes son muy estrechos o casi inexistentes, porque las maestras adscriptoras no sólo son modelos, sino que además son las que las evalúan”.
Tener figuras tan fuertes durante la práctica probablemente sea uno de los factores que hagan que las recién egresadas tengan “sensaciones de soledad y falta de herramientas” cuando se enfrentan a un grupo por primera vez. “Cuando egresás de cualquier carrera seguís aprendiendo en los primeros años de ejercer y nadie te guía, pero lo que sucede en magisterio es que tenés la responsabilidad de 25 niños a tu cargo durante cuatro horas, y eso es muy agobiante; es lógico que la sensación de soledad y agobio sea muy fuerte”.
América del Sur/Perú/15-12-2019/Autor(a) y Fuente: www.prensa-latina.cu
Por: Prensa Latina
El escritor conservador peruano Mario Vargas Llosa evidencia deterioro intelectual al celebrar en un artículo el golpe que obligó a renunciar al presidente de Bolivia, Evo Morales, según una crítica del semanario Hildebrandt en sus 13.
‘Hasta hace poco, Vargas Llosa era un marqués reaccionario. Ahora, la chochez (merma de facultades mentales por edad avanzada) parece estar ganando la batalla’, dice la publicación en un comentario.
Añade que el último artículo del Premio Nobel de Literatura, ‘El fin de Evo Morales’, es tan mediocre que parece escrito por Alvaro Vargas Llosa, ‘el hijito de habilidades diferentes’.
Como muestra de lo que afirma, cita la afirmación del escritor derechista, que suscribe la versión del régimen golpista, de que las matanzas de una veintena de manifestantes antigolpistas en la región de Cochabamba y la ciudad de El Alto, vecina de La Paz, fueron cometidas en parte por seguidores de Evo Morales.
Califica la afirmación de una ‘gran mentira’ pues ‘todos los testigos independientes señalan que fueron policías y soldados’ los autores de las masacres, amparados en una ley del gobierno golpista que les daba impunidad absoluta para hacerlo.
Hildebrandt en sus 13 atribuye otras aseveraciones de Vargas Llosa al deterioro neuronal del personaje.
Fuente e Imagen: https://www.prensa-latina.cu/index.php?o=rn&id=326747&SEO=mas-de-20-lideres-sociales-fueron-asesinados-durante-2019-en-honduras
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