Saltar al contenido principal
Page 2 of 411
1 2 3 4 411

Política Internacional: Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Por qué Washington ha convertido a China en su principal adversario estratégico

Eric Toussaint

Durante casi tres décadas, Washington consideró a China como un socio económico indispensable del que se beneficiaba y que estaba llamado a prosperar dentro del orden capitalista internacional dominado por Estados Unidos. Este enfoque se ha hecho añicos. En el espacio de diez años, China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un competidor cooperativo a un «adversario estratégico principal ». Esta transformación no es el resultado de un cambio de régimen en Pekín ni de una ruptura de China con el sistema capitalista globalizado, sino todo lo contrario: el rápido ascenso de una potencia que ha sabido explotar las reglas del orden capitalista existente hasta el punto de amenazar su jerarquía. Comprender esta evolución es indispensable para entender la lógica de confrontación que ahora asume Washington, especialmente en el Indo-Pacífico, y los riesgos de nuevas conflagraciones que ello supone para los pueblos del planeta.

¿Por qué los dirigentes de Washington consideran que China es el principal adversario?

China lleva casi 40 años (podríamos remontarnos a los acuerdos Nixon-Mao de la década de 1970) participando en el mantenimiento del orden capitalista internacional y desde la década de 2010 ha adoptado una política económica y comercial de expansión internacional, ganando enormes cuotas de mercado en todo el mundo. Ha abierto parcialmente su economía a inversiones extranjeras masivas, en particular de grandes empresas estadounidenses, europeas, taiwanesas, etc. Durante dos décadas Estados Unidos ha considerado a China un socio económico y comercial interesante, a pesar de que acumulaba enormes superávits comerciales.

Posteriormente, China no se contentó con exportar productos manufacturados y atraer capital extranjero, sino que a partir de 2014 invirtió masivamente capital en la extracción y producción de mercancías a escala planetaria (en todos los continentes) y se convirtió en un prestamista e inversor de primer orden (véase Éric Toussaint, «Preguntas y respuestas sobre China como potencia acreedora de primer orden», CADTM, publicado el 20 de febrero de 2024).

Las autoridades de Washington, habida cuenta el pronunciado declive de la economía estadounidense, decidieron reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que hasta ahora ha utilizado medios pacíficos para ganar puntos y reforzar su poder. En diferentes lugares del planeta Washington ha continuado y multiplicado el uso de la fuerza sin atacar directamente a China. Trump, con motivo de su segundo mandato, ha decidido desplegar de forma ofensiva una estrategia económica, militar y diplomática dirigida contra China.

Washington ha decidido reaccionar de forma agresiva ante el fortalecimiento de China, que ha utilizado medios pacíficos para reforzar su poder

El cambio se inició al final del mandato de Barack Obama en 2015-2016, se acentuó claramente durante el primer mandato de Donald Trump (2017-2020) y continuó durante el mandato de Joe Biden (2021-2024). El regreso de Trump a la presidencia a principios de 2025 acentúa la ofensiva de Estados Unidos contra China. En el documento publicado por la Administración Trump en diciembre de 2025 (NSS 2025) China se define de hecho como «adversario estratégico central».

A partir de los documentos oficiales, ¿cómo ha evolucionado la posición de Washington sobre las relaciones con China en los últimos diez años?

En 2015 la administración dirigida por Barack Obama afirmaba:

«Estados Unidos se congratula por el surgimiento de una China estable, pacífica y próspera. Buscamos desarrollar con China una relación constructiva que beneficie a nuestros dos pueblos y promueva la seguridad y la prosperidad en Asia y en todo el mundo.

Buscamos cooperar en retos regionales y mundiales comunes, como el cambio climático, la salud pública, el crecimiento económico y la desnuclearización de la península de Corea. Aunque habrá competencia, rechazamos la inevitabilidad de una confrontación. Al mismo tiempo, gestionaremos la competencia desde una posición de fuerza, al tiempo que insistiremos en que China respete las normas y estándares internacionales en cuestiones que van desde la seguridad marítima hasta el comercio y los derechos humanos». (NSS 2015, p. 24)

Bajo Obama el discurso oficial sigue siendo el del «compromiso cooperativo», como muestra la NSS 2015, pero en la práctica varios acontecimientos marcan un giro hacia la designación de China como adversario. Al final del mandato de Obama Estados Unidos reforzó significativamente su presencia militar y estratégica en Asia-Pacífico Indo-Pacífico.

En 2017, durante el primer mandato de D. Trump, se mantiene la orientación hacia China y se presenta a este país como una amenaza:

«La región del Indo-Pacífico, que se extiende desde la costa oeste de la India hasta las costas occidentales de Estados Unidos, representa la parte más poblada y dinámica del mundo a nivel económico. El interés de Estados Unidos por una región del Indo-Pacífico libre y abierta se remonta a los primeros días de nuestra república. Aunque Estados Unidos busca continuar su cooperación con China, esta última utiliza incentivos y sanciones económicas, operaciones de influencia y amenazas militares implícitas para persuadir a otros Estados de que se ajusten a su agenda política y de seguridad. Las inversiones en infraestructura y las estrategias comerciales de China refuerzan sus aspiraciones geopolíticas. Sus esfuerzos por construir y militarizar puestos avanzados en el mar de China Meridional ponen en peligro la libre circulación del comercio, amenazan la soberanía de otras naciones y comprometen la estabilidad regional. China ha emprendido una rápida campaña de modernización militar con el objetivo de limitar el acceso de los Estados Unidos a la región y dar a China una mayor libertad de acción en esta zona. China presenta sus ambiciones como mutuamente beneficiosas, pero su dominio corre el riesgo de disminuir la soberanía de muchos Estados de la región indopacífica. Los Estados de toda la región piden a Estados Unidos que mantenga su liderazgo en el marco de una respuesta colectiva que preserve un orden regional respetuoso con la soberanía y la independencia. (SSN 2017, p. 45-46, pasajes en negrita por Éric Toussaint).

La NSS 2017 supone una ruptura doctrinal: China se describe ahora como una potencia hostil y amenazante que utiliza la coacción económica, la influencia política y la militarización para cuestionar el orden regional y el liderazgo estadounidense.

En el documento de estrategia de seguridad nacional publicado en 2022, la administración de Joe Biden sigue la línea del enfoque de D. Trump con respecto a China:

« La República Popular China es el único competidor que tiene la intención de remodelar el orden internacional y cada vez más, el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para hacerlo. Pekín aspira a crear una esfera de influencia reforzada en la región indopacífica y a convertirse en la primera potencia mundial. Utiliza sus capacidades tecnológicas y su creciente influencia en las instituciones internacionales para crear condiciones más favorables a su propio modelo autoritario y para modelar el uso y las normas tecnológicas mundiales con el fin de privilegiar sus intereses y valores. Pekín utiliza con frecuencia su poder económico para coaccionar a los países. Se beneficia de la apertura de la economía internacional, al tiempo que limita el acceso a su mercado interior, y trata de hacer que el mundo sea más dependiente de la RPC, al tiempo que reduce su propia dependencia del mundo. La RPC también invierte en un ejército que se moderniza rápidamente, cuyas capacidades en la región indopacífica y cuyo poder y alcance a escala mundial no dejan de crecer, al tiempo que trata de erosionar las alianzas de Estados Unidos en la región y en el mundo. (…) Es posible que Estados Unidos y la República Popular China coexistan pacíficamente, compartan y contribuyan juntos al progreso humano (…) En la competencia con la República Popular China, como en otros ámbitos, está claro que los próximos diez años serán la década decisiva. Nos encontramos hoy en un punto de inflexión en el que las decisiones que tomemos y las prioridades que persigamos nos llevarán por un camino que determinará nuestra posición competitiva a largo plazo. Muchos de nuestros aliados y socios, especialmente en la región indopacífica, están en primera línea frente a la coacción de la República Popular China y están decididos, con razón, a garantizar su autonomía, su seguridad y su prosperidad. (…) Haremos responsable a Pekín de los abusos cometidos —genocidio y crímenes contra la humanidad en Xinjiang, violaciones de los derechos humanos en el Tíbet y desmantelamiento de la autonomía y las libertades de Hong Kong—, aunque Pekín intente silenciar a los países y las comunidades. (…) Nos oponemos a cualquier modificación unilateral del statu quo por cualquiera de las partes y no apoyamos la independencia de Taiwán». (NSS 2022, págs. 23-24, negrita añadida por Éric Toussaint).

Aunque de forma menos brutal, la administración Biden confirma y profundiza el giro de 2017 al calificar a China como el principal competidor estratégico global, involucrado en una rivalidad sistémica a largo plazo que afecta a la economía, la tecnología, la seguridad y las normas internacionales.

En el documento hecho público a principios de diciembre de 2025 la administración de D. Trump radicaliza aún más la política de Washington con respecto a China:

«El presidente Trump, por sí solo, ha revertido más de treinta años de erróneas hipótesis estadounidenses sobre China: a saber, que al abrir nuestros mercados a China, alentar a las empresas estadounidenses a invertir en China y externalizar nuestra producción a China, facilitaríamos la entrada de China en el llamado «orden internacional basado en normas ». Esto no ha sucedido. China se ha enriquecido y ha adquirido poder, y ha utilizado su riqueza y su poder en su beneficio. Las élites estadounidenses —bajo cuatro administraciones sucesivas, de todos los partidos políticos— han apoyado voluntariamente la estrategia china o la han negado». (NSS 2025, p. 19)

Trump no adopta explícitamente una postura belicista hacia China, según se lee en el documento estratégico de seguridad nacional:

«Si Estados Unidos sigue creciendo y puede mantenerlo mientras conserva una relación económica verdaderamente mutuamente beneficiosa con Pekín (…)» («If America remains on a growth path—and can sustain that while maintaining a genuinely mutually advantageous economic relationship with Beijing (…)» (NSS 2025, p. 20)

Pero también hay pasajes muy negativos sobre las amenazas que representaría directamente la política china, con toda una serie de acusaciones:

«En primer lugar, Estados Unidos debe proteger y defender su economía y su población contra cualquier amenaza, venga de donde venga. Esto significa poner fin (entre otras cosas) a:

• las subvenciones y estrategias industriales depredadoras orquestadas por el Estado

• las prácticas comerciales desleales

• la destrucción de puestos de trabajo y la desindustrialización

• el robo masivo de propiedad intelectual y el espionaje industrial

• las amenazas a nuestras cadenas de suministro que ponen en peligro el acceso de Estados Unidos a recursos esenciales, como minerales y tierras raras

• la exportación de precursores del fentanilo que alimentan la epidemia de opioides en Estados Unidos

• la propaganda, las operaciones de influencia y otras formas de subversión cultural. » (NSS 2025, p. 21)

¿Cuál es el mensaje que Trump envía a Pekín?

En relación con la estrategia adoptada por China frente a las barreras arancelarias y otros obstáculos económicos impuestos por Washington para hacer frente a la expansión del comercio y las inversiones chinas en el mundo y en el mercado estadounidense, Trump afirma en la NSS 2025 (p. 20) que los métodos utilizados por Pekín para eludir las barreras y otros obstáculos impuestos a partir de 2027 se identifican… y se consideran hostiles. El pasaje sobre el uso que hace China de México como lugar de producción para llegar después a Estados Unidos, la sustitución del mercado estadounidense por el de los países de bajos ingresos o las exportaciones indirectas, envía un mensaje muy preciso a Pekín que se puede resumir así: sabemos exactamente cómo eluden nuestros aranceles y controles. En respuesta, impondremos nuevas sanciones, ejerceremos presión y coacción sobre los países intermediarios, en particular en el hemisferio occidental, y cuestionaremos los acuerdos comerciales con los países que sirven de enlace a los chinos.

¿La respuesta de Trump es únicamente económica?

Bajo Trump, China es percibida como un adversario estructural contra el que Estados Unidos debe implementar una estrategia más agresiva de confrontación económica y competencia militar.

¿Cuál es la posición de Trump con respecto a China en el Indo-Pacífico?

En primer lugar hay que precisar que el Indo-Pacífico es en gran medida un espacio geopolítico o geoestratégico definido por Washington en función de sus intereses. La dimensión militar y económica es determinante en la adopción de esta definición. Trump quiere que el Indo-Pacífico sea «seguro y dominado» por Estados Unidos. Pekín prefiere utilizar la expresión Asia-Pacífico.

En la NSS 2025, el Indo-Pacífico corresponde, a grandes rasgos, a un arco continuo que, de oeste a este, abarca la costa oriental de África, el océano Índico y los puntos de paso clave: el estrecho de Ormuz, Bab el-Mandeb, el estrecho de Malaca, el sur de Asia (con la India como eje), el sudeste asiático (ASEAN), el mar de China Meridional, Taiwán , la península de Corea y Japón. A ello se suman, al sur y al este: Australia, los archipiélagos y los Estados insulares del Pacífico. Este espacio se extiende hasta la costa pacífica de los Estados Unidos.

Para Trump el Indo-Pacífico es ante todo un espacio marítimo y militar por el que pasa más del 60% del comercio mundial. Es un área esencial para la energía, las cadenas de suministro y la supremacía naval. Washington cuenta allí con una red de países aliados: Japón, Corea del Sur, Australia, Singapur, Filipinas, Tailandia, Taiwán (que oficialmente forma parte de China) y, en cierta medida, la India, que es un socio clave pero no un aliado formal. Para Trump esta red debe constituir un frente antichino.

En la NSS 2025 de Trump las fuerzas estadounidenses en el Indo-Pacífico se conciben como un dispositivo militar, principalmente marítimo y aéreo, orientado a un conflicto de alta intensidad con China. Aunque Trump presenta este dispositivo como meramente disuasorio, no es así. Washington mantiene allí el mayor despliegue militar fuera del continente americano.

Estados Unidos despliega 375 000 soldados[1] y personal civil del ejército en el Indo-Pacífico y mantiene allí 66 bases militares permanentes, a las que hay que añadir varias decenas de instalaciones militares menos importantes (véase el sitio web oficial del Congreso de los Estados Unidos: https://www.congress.gov/crs-product/IF12604 ). Las principales instalaciones militares de Washington en el Indo-Pacífico se encuentran en Japón (bases aéreas y navales, más de 50 000 soldados), en Corea del Sur (más de 28 000 soldados ) y en territorios que pertenecen directamente a los Estados Unidos, como Guam (6000 soldados) en las Islas Marianas, Hawái (44 000 soldados), Alaska, etc., a lo que hay que añadir el acceso a bases militares en Filipinas, Singapur, Tailandia y Australia.

¿Cuál es la posición de China con respecto al espacio geoestratégico que Washington denomina Indo-Pacífico?

Según China, el Indo-Pacífico es un concepto artificial forjado por Estados Unidos con el objetivo de ampliar y legitimar una estrategia de contención contra China (Quad[2], AUKUS[3] o alianzas navales). A los ojos de Pekín, Indo-Pacífico significa la ampliación por parte de Washington del teatro antichino hasta la India. Para China, el Indo-Pacífico sirve para internacionalizar la cuestión china (China continental y Taiwán), convertir a China en un problema de seguridad global y legitimar una presencia militar estadounidense masiva. En resumen, para Pekín, el Indo-Pacífico no es una región natural, sino una construcción geopolítica hostil.

Para China, Estados Unidos es una potencia extranjera en la región que rodea militarmente a China, una potencia extranjera que quiere obstaculizar el libre desarrollo del comercio y las inversiones chinas en su entorno geográfico natural. Washington adopta un punto de vista completamente diferente y considera que Estados Unidos tiene derecho a dominar el Indo-Pacífico y que China corre el riesgo de utilizar su fuerza para exigir derechos de peaje, amenazar la seguridad de sus vecinos y bloquear las cadenas de suministro.

En cuanto a Taiwán, ¿cuál es el mensaje que contiene la NSS 2025?

Sobre la cuestión de Taiwán, la NSS 2025 reafirma su oposición a cualquier reunificación por la fuerza, al tiempo que se niega explícitamente a apoyar una declaración de independencia taiwanesa. Esta postura tiene menos como objetivo estabilizar el estrecho, que mantener una presión permanente sobre Pekín, convirtiendo a Taiwán en un punto de fricción estructural, más que en un objeto de acuerdo político.

¿Cómo ven las autoridades indias el Indo-Pacífico?

Nueva Delhi tiende a retomar la expresión Indo-Pacífico porque le permite reforzar su estatus de gran potencia autónoma, salir del enfrentamiento regional con China y ampliar su horizonte estratégico hacia el sudeste asiático y el Pacífico. Para la India, el Indo-Pacífico es un multiplicador de poder, no una simple herramienta antichina. Aunque participa en el Quad, India rechaza las alianzas militares formales, mantiene su doctrina de autonomía estratégica y coopera con Washington sin alinearse completamente. Por supuesto, hay que tener en cuenta que la India está en conflicto con su vecino Pakistán, donde China está invirtiendo masivamente. India también tiene un conflicto fronterizo con China, utilizando el Indo-Pacífico para responder a la presencia china en el océano Índico, en Pakistán (el puerto de Gwadar, conectado con China por vía terrestre), en Sri Lanka (el puerto de Hambantota, objeto de una concesión de 99 años otorgada a una empresa china) y en el océano Índico occidental.

Al mismo tiempo, junto con China y Rusia, la India es miembro del BRICS, que presidirá en 2026. India compra a Rusia importantes cantidades de combustible a pesar de las sanciones impuestas a Moscú desde la invasión de Ucrania. Por último, el Gobierno neofascista de Modi ha desarrollado una estrecha relación (militar y comercial) con el Gobierno neofascista de Israel.

¿No es amenazante el mensaje de Trump? De hecho, ¿no está buscando un pretexto, como el de garantizar la libertad de comercio, para tener un argumento y atacar militarmente a China? Esto recuerda el pretexto para desencadenar la guerra del opio en la década de 1830. En el caso de las guerras del opio, Estados Unidos y otras potencias utilizaron la libertad de comercio como pretexto y aquí ocurre lo mismo, ¿no es así?

Esta interpretación del documento de Trump es totalmente legítima y toca un punto muy sensible que muchos análisis occidentales minimizan, pero que los estrategas chinos ven perfectamente. La respuesta breve es: sí, el pasaje de la NSS 2025 relativo a la libertad de comercio marítimo en el Indo-Pacífico puede interpretarse como más amenazador que la lectura de «disuasión defensiva», y sí, la analogía con la «libertad de comercio» de las guerras del opio es pertinente desde el punto de vista teórico e histórico.

Cuando Trump escribe que el mar de China Meridional no debe estar sujeto a peajes ni a cierres arbitrarios, está haciendo tres cosas muy importantes:

1. Convierte un espacio regional disputado en bien público mundial. Este es exactamente el mecanismo histórico de las potencias marítimas: se desnacionaliza un espacio, se recalifica como arteria global y luego se legitima la intervención armada en nombre de todos. Es el mismo razonamiento jurídico y estratégico que utilizaron los británicos frente a la China Qing en el siglo XIX o las potencias occidentales frente al Imperio otomano y más recientemente, por Estados Unidos frente a Irán en el Golfo. La «libertad de comercio» se convierte entonces en un principio superior a la soberanía.

2. Trump establece un umbral de intolerancia muy bajo. No habla de un bloqueo total, ni de una guerra declarada de la que China sería culpable, sino de un riesgo de peaje, de control, de una capacidad de cierre discrecional que China podría hipotéticamente ejercer o activar. En otras palabras, basta con la intención presunta. Esto es extremadamente importante: no es necesario que China bloquee realmente el mar de China Meridional para justificar una acción. Según la doctrina que defiende Trump, basta con que tenga la capacidad creíble de hacerlo. Este es exactamente el tipo de pretexto estratégico que se ha utilizado en el pasado.

En el siglo XIX, el argumento de las potencias imperialistas occidentales contra China era «China viola la libertad de comercio»; hoy, el argumento esgrimido por Trump es «China amenaza las vías vitales del comercio mundial». En ambos casos Occidente se erige en guardián de los flujos y China se describe como cerrada, coercitiva, arbitraria y peligrosa para la economía mundial. Para un lector chino este pasaje suena exactamente como un discurso imperialista clásico. Y es totalmente justificable que una persona china lo interprete de esta manera, al igual que cualquiera en su sano juicio que intente descifrar la NSS 2025.

3. Trump está realmente preparando una escalada de legitimidad, no una guerra inmediata. Trump está construyendo una «caja jurídica y estratégica», diciendo en esencia: si China intenta controlar, gravar o cerrar las rutas marítimas, entonces el uso de la fuerza no sería una guerra, sino una acción para mantener el orden económico mundial. Esto es exactamente lo que hacen las grandes potencias antes de los conflictos para preparar la opinión pública, alinear a los aliados y reducir el coste político de la escalada. Trump reactiva un vocabulario históricamente imperialista, la «libertad de comercio» sirve aquí como principio superior que justifica el uso de la fuerza. Esto se percibe en Pekín como una amenaza latente, incluso como una preparación doctrinal para la escalada, aunque la reacción oficial de las autoridades chinas al NSS 2025 haya sido muy moderada.

¿Cuál ha sido la reacción oficial de China en diciembre de 2025 ante la publicación de la NSS 2025 por parte de Trump?

La reacción china fue muy cortés, con el fin de evitar envenenar la relación.

En una rueda de prensa celebrada el 8 de diciembre de 2025, pocos días después de la publicación de la NSS 2025, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Guo Jiakun, declaró:

«China siempre ha estado convencida de que la cooperación entre China y Estados Unidos es beneficiosa para ambos países, mientras que la confrontación les perjudica. El respeto mutuo, la coexistencia pacífica y la cooperación beneficiosa para ambas partes constituyen el camino correcto a seguir para que China y Estados Unidos se entiendan, y es la única opción justa y realista. China está dispuesta a trabajar con Estados Unidos para mantener el desarrollo estable de las relaciones bilaterales, al tiempo que defiende firmemente su soberanía, seguridad e intereses de desarrollo. Esperamos que Estados Unidos trabaje con China en la misma dirección, apliquen los importantes acuerdos alcanzados entre los jefes de Estado de ambos países, intensifiquen el diálogo y la cooperación, gestionen adecuadamente sus diferencias, promuevan el desarrollo estable, saludable y sostenible de las relaciones entre China y Estados Unidos y aporten más certidumbre y estabilidad al mundo.

En cuanto a la cuestión de Taiwán, subrayamos que Taiwán es la Taiwán de China y forma parte integrante del territorio chino. La cuestión de Taiwán es fundamental para los intereses básicos de China y constituye la primera línea roja que no debe cruzarse en las relaciones entre China y Estados Unidos. La resolución de la cuestión de Taiwán es un asunto que concierne únicamente al pueblo chino y que no admite ninguna injerencia exterior. Estados Unidos debe respetar escrupulosamente el principio de una sola China»

En cuanto a las pretensiones de Washington recogidas en la NSS 2025 con respecto al hemisferio occidental, y en particular a Venezuela, China también ha reaccionado con cautela.

¿Cuál ha sido la reacción de China ante la agresión militar estadounidense contra Venezuela perpetrada el 3 de enero de 2026?

Después de que Washington agrediera a Venezuela el 3 de enero de 2026, China denunció las pretensiones de Trump de tomar el control del petróleo venezolano y exigió la liberación inmediata de la pareja presidencial, pero hasta ahora no ha tomado ninguna contramedida para sancionar a Estados Unidos.

Síntesis-Conclusión

La evolución de la posición oficial de Washington con respecto a China durante la última década pone de manifiesto un cambio estratégico importante, que va mucho más allá de los cambios de administración o de orientación partidista. En el espacio de diez años China ha pasado, en el discurso oficial estadounidense, de ser un socio económico competitivo pero cooperativo a ser un «adversario estratégico central». Este cambio no refleja una ruptura repentina, sino el resultado de un proceso acumulativo relacionado con el auge económico, financiero, tecnológico y geopolítico de China dentro del propio orden capitalista mundial.

Hasta mediados de la década de 2010 la administración Obama seguía aplicando una lógica de integración condicional de China en el orden internacional dominado por Estados Unidos. El giro se produjo al final de la administración Obama y durante el primer mandato de Donald Trump y consistió en rechazar explícitamente este enfoque. A partir de 2017 China es descrita como una potencia hostil que utiliza la economía, las inversiones, las infraestructuras y la modernización militar para cuestionar el dominio estadounidense, en particular en la región indopacífica. Esta redefinición de China como amenaza estructural ha continuado y se ha profundizado bajo la administración Biden, que ha retomado lo esencial del diagnóstico de Trump, al tiempo que lo inscribe en un marco multilateral e ideológico más afirmado, oponiendo un «modelo autoritario» chino a un orden internacional presentado como basado en valores democráticos.

El documento estratégico de 2025 marca una nueva etapa: ya no se limita a constatar la rivalidad, sino que señala explícitamente el error histórico de las élites estadounidenses que favorecieron el ascenso de China. Esta se presenta ahora no solo como un competidor, sino como una amenaza directa para la economía, la cohesión social, las cadenas de suministro, la seguridad nacional e incluso la estabilidad cultural de Estados Unidos. El conflicto se amplía así a todas las esferas económicas, tecnológicas, ideológicas y sociales, sin asumir formalmente una opción militar directa.

En definitiva, si los dirigentes de Washington consideran hoy a China como el principal enemigo, no es porque Pekín haya roto con el orden capitalista mundial, sino precisamente porque se ha integrado con éxito en él, explotando los mecanismos hasta el punto de erosionar de manera significativa la supremacía estadounidense. La rivalidad entre China y Estados Unidos parece menos un enfrentamiento entre dos sistemas antagónicos, que una lucha asimétrica por el liderazgo dentro de un mismo orden económico mundial, cuyas reglas han sido escritas durante mucho tiempo por los propios Estados Unidos. Esta dinámica, marcada por la agresividad de Washington, hace que la confrontación sea duradera, estructural y potencialmente muy peligrosa para todos los pueblos del planeta.

La Estrategia de Seguridad Nacional 2025 de Donald Trump marca un importante cambio doctrinal en la forma en que Estados Unidos concibe su rivalidad con China. Detrás del lenguaje de la disuasión, la libertad de comercio y la seguridad de las rutas marítimas, se perfila una lógica de poder más asumida, en la que Estados Unidos, que es una potencia extrarregional, reivindica el derecho a estructurar militarmente la región Indo-Pacífico con el fin de preservar un orden económico favorable a sus intereses. Sin embargo, este enfoque puede interpretarse en Pekín como una estrategia de cerco y coacción, reavivando un profundo dilema de seguridad con implicaciones históricas, geopolíticas y sistémicas.

 

El autor agradece a Omar Aziki, Patrick Bond, Sushovan Dhar, Fernanda Gadea y Maxime Perriot la revisión del texto. El autor es responsable de los posibles errores que pueda contener.

 

 


[1]La impresionante cifra de 375 000 procede de la página web oficial del Congreso de los Estados Unidos. A continuación se incluye un extracto: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos de combate unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas a la zona de responsabilidad (AOR) del comando, que comprende el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su cuartel general en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con unos 375 000 militares y civiles asignados a su zona de responsabilidad. » En inglés: «El Mando Indo-Pacífico de los Estados Unidos (USINDOPACOM o INDOPACOM) es uno de los seis mandos combatientes unificados geográficos del Departamento de Defensa (DOD). El comandante del INDOPACOM ejerce su autoridad sobre las fuerzas militares asignadas al área de responsabilidad (AOR) del mando, que incluye el océano Pacífico y aproximadamente la mitad del océano Índico, así como los países situados a lo largo de sus costas. El INDOPACOM tiene su sede en las afueras de Honolulu, Hawái, y cuenta con aproximadamente 375 000 efectivos militares y civiles asignados a su AOR». Congress.com, publicado el 03/05/2024. Ver también: https://www.msn.com/es-mx/noticias/mundo/maniobras-militares-de-eu-en-el…

[2]Quad (Diálogo Cuadrilateral de Seguridad) es un marco de cooperación informal con Australia, India y Japón, cuyo objetivo es promover un espacio Indo-Pacífico libre y abierto, en respuesta a la creciente influencia de China, haciendo hincapié en la seguridad marítima, la cooperación tecnológica (5G, semiconductores), las infraestructuras y la democracia. Se trata de un componente clave de la política estadounidense de «Indo-Pacífico libre y abierto», que complementa otras alianzas como AUKUS.

[3] En la estrategia estadounidense, AUKUS (Australia, Reino Unido, Estados Unidos) es un pacto de seguridad trilateral crucial para contener la influencia china en el Indo-Pacífico, dotando a Australia de submarinos de propulsión nuclear, reforzando así la disuasión regional e integrando más estrechamente a Canberra en la arquitectura de seguridad estadounidense frente a Pekín. Es un pilar de la política estadounidense destinada a proyectar una fuerza militar avanzada en la región, complementaria a otras asociaciones como el Quad.

Fuente de la Información: https://www.pressenza.com/2026/01/educated-unemployment-a-major-challenge-for-the-new-government/

 

Comparte este contenido:

Maestros venezolanos piden la libertad de los presos políticos y el cese de la persecución

La Federación Venezolana de Maestros (FVM) exigió este jueves la liberación de todos los presos políticos en el país y el «cese de la persecución», en momentos en que se esperan nuevas excarcelaciones tras el anuncio hace una semana sobre la liberación de un «número importante de personas».

En un comunicado con motivo del Día nacional del Maestro, la organización hizo un llamado a «la paz de Venezuela, al respeto irrestricto de la libertad sindical», a «la libertad de todos los educadores, dirigentes sindicales y demás presos políticos y a la unidad de todos los educadores en la defensa de sus derechos y de la escuela como espacio de libertad y democracia».

La FVM pidió también «seguir luchando por una educación pública de calidad, por la justicia social de los docentes, por salarios dignos, seguridad social y una mejor calidad de vida, así como por el cese de la persecución, el acoso laboral y las suspensiones de sueldos».

A propósito también de su aniversario número 94, la federación aseguró que mantiene «una actitud de defensa vigilante del sistema democrático y de sus instituciones».

«Ningún cambio ni ninguna transformación puede darse en un país si no se toma en cuenta a la educación y sus actores fundamentales», aseveró.

La nación suramericana vive momentos de incertidumbre luego de la captura del mandatario Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores, por parte de Estados Unidos el pasado 3 de enero, en medio de una serie de ataques en suelo venezolano.

Dos días después, la entonces vicepresidenta ejecutiva, Delcy Rodríguez, juró como mandataria encargada, tras una orden del Tribunal Supremo de Justicia.

En ese contexto, el titular del Parlamento y hermano de la presidenta encargada, Jorge Rodríguez, anunció hace una semana la liberación de «número importante de personas».

Este miércoles, la mandataria encargada informó que hasta la fecha han sido excarcelados 406 presos políticos.

Por su parte, la ONG Foro Penal, dedicada a la defensa de presos políticos, contabilizaba hasta el miércoles 84 excarcelados desde el pasado 8 de enero y la opositora Plataforma Unitaria Democrática (PUD) cifraba en 102 los liberados.

El chavismo convocó este jueves a los maestros a una movilización en Caracas.

EFE

Comparte este contenido:

Entre el miedo y la esperanza, así el regreso a clases de niños en Venezuela y Nigeria

El regreso a clases en Venezuela y Nigeria es muestra de los retos que persisten a la hora de garantizar el derecho universal a la educación en el mundo.

El regreso a clases en países marcados por la violencia y la inseguridad como Venezuela y Nigeria ha capturado la atención mundial. Miles de niños en ambos países retornaron a las aulas, enfrentando temores y desafíos particulares después de periodos de interrupción por conflictos, violencia y amenazas a su seguridad.

 

¿Cómo fue el regreso a clases en Venezuela?

En Caracas y otras regiones de Venezuela, los niños regresaron a clases después de la pausa navideña en un contexto de tensión política, después de los recientes eventos que incluyeron acciones militares y la captura de Nicolás Maduro, situación que generó una preocupación entre padres y docentes.

 

Según el Ministerio de Educación, más del 97% de la matrícula escolar retomó sus actividades, aunque la asistencia fue considerada “media a baja” por docentes y sindicatos, que señalaron el temor entre familias y un aumento en el costo del transporte, además de la presencia de fuerzas de seguridad en planteles.

 

Estudiantes y representantes expresan sentimientos encontrados: algunos muestran entusiasmo por reencontrarse con sus compañeros, mientras que otros mantienen inquietud por el futuro político y social de Venezuela.

 

¿Qué ocurre con los niños en Nigeria?

En norte de Nigeria, después de prácticamente dos meses sin clases debido a secuestros masivos y amenazas contra escuelas, se inició una reapertura gradual de algunos colegios, notablemente en el estado de Kaduna, donde se permitió el retorno de estudiantes bajo estrictas medidas de seguridad.

 

La decisión se tomó después de la suspensión de actividades tras la abducción masiva de estudiantes en noviembre de 2025, un episodio que expuso la vulnerabilidad de las escuelas frente a grupos armados e insurgentes en la región.

 

Mientras algunos centros educativos reabrieron, en estados como Niger, otros siguen cerrados por el riesgo persistente de violencia, pues la seguridad de estudiantes y docentes continúa siendo una prioridad nacional; ¿por qué sigue siendo difícil para los niños volver a clases?

 

Después de ataques, ¿es seguro estudiar? Esto pasa en Venezuela y Nigeria

En ambos países, la incertidumbre política y la amenaza de violencia han marcado el regreso a clases: En Venezuela, las repercusiones de los eventos recientes, incluidos ataques militares y cambios de mando, han generado “estado de excepción” y presencia de fuerzas de seguridad en escuelas, lo que ha influido en la asistencia.

 

En Nigeria, los secuestros escolares y la inseguridad latente obligaron a cerrar aulas, y aunque algunas reabrieron, el miedo de padres y estudiantes sigue siendo una realidad palpable; ¿puede la educación prosperar en medio de la inseguridad?

 

El regreso a clases en Venezuela y Nigeria es símbolo de resiliencia y esperanza, pero también de los retos que persisten en garantizar el derecho universal a la educación; ¿qué más se necesita para que los niños puedan estudiar sin miedo?

 

https://www.tvazteca.com/aztecanoticias/regreso-a-clases-venezuela-y-nigeria-ninos-incertidumbre-y-resiliencia/

Comparte este contenido:

Cecodap pide “condiciones esenciales de seguridad” para el regreso a clases en Venezuela

La organzación alertó que el Estado de Conmoción Exterior, la militarización y la falta de directrices claras generan angustia en las comunidades educativas y exige garantías verificables antes del inicio del año escolar.

Por: Tahiana González

El Centro Comunitario de Aprendizaje (Cecodap),advirtió que la situación actual en Venezuela configuran un entorno que “desafía las condiciones mínimas” para el regreso a clases, pautado para el 12 de enero de 2026.

“La vigencia del Estado de Conmoción Exterior, sumada a la creciente presencia militar, las limitaciones de traslado y los riesgos en seguridad ciudadana, configuran un entorno que desafía las condiciones mínimas para la vida escolar”, escribió la organización en comunicado publicado en su página web el 8 de enero.

Cecodap expresó su preocupación ante la ausencia de lineamientos claros por parte de las autoridades educativas, lo que, a su juicio, ha generado incertidumbre, miedo y angustia entre familias, docentes, personal administrativo y directivo. 

“Es necesario afirmar con claridad que los derechos de niños, niñas y adolescentes no se suspenden en estados de excepción. La Constitución, la Convención sobre los Derechos del Niño y la Ley Orgánica para la Protección de los Niños, Niñas y Adolescentes (Lopnna) obligan al Estado a garantizar la protección integral y la prioridad absoluta de la niñez, especialmente en situaciones de crisis, cuando los riesgos de vulneración se incrementan”, recalcó.

Ante ello, insistió que en el contexto actual no existen garantías homogéneas en todo el país que permitan asegurar un retorno a las aulas seguro de manera generalizada.

Exigencias de Cecodap para un retorno a clases

La organización consideró que cualquier decisión sobre el inicio de clases debe ser diferenciada y centrada en el interés superior del niño, atendiendo a las realidades específicas de cada comunidad educativa.

En ese sentido, señaló que un regreso a las aulas debe contar con las siguientes directrices:

-Condiciones esenciales de seguridad, servicios públicos y protección para estudiantes, docentes, personal administrativo, directivo y familias.

-Escuelas libres, dentro y alrededor, de dinámicas de militarización, operativos de seguridad o presencia armada innecesaria que generen miedo o intimidación.

-Garantías claras de protección y debido proceso, que excluyan cualquier forma de criminalización, estigmatización o actuación arbitraria contra adolescentes.

-Condiciones de movilidad seguras, que permitan el traslado regular hacia y desde los centros educativos.

-Acompañamiento psicosocial, reconociendo el impacto emocional que el contexto puede tener en la comunidad educativa.

“Forzar un regreso presencial sin estas garantías transforma a la escuela, que debe ser un espacio de cuidado y protección, en un entorno de riesgo”, advirtió Cecodap.

Finalmente, la organización insistió en que la excepcionalidad que vive el país no puede traducirse en retrocesos para la protección de la niñez y la adolescencia, y recordó que garantizar un inicio del año escolar seguro, protector y afectivo es una obligación del Estado y una responsabilidad colectiva.

Las declaraciones oficiales

El 8 de enero, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció que el inicio de las clases se dará el 12 de enero en todo el país.

Este calendario ya había sido anunciado en diciembre de 2025 por el Ministerio de Educación. Sin embargo, tras los hechos del 3 de enero existían dudas en la población sobre una eventual suspensión de las actividades educativas.

“Ya el lunes estamos regresando a clase, pero he pedido que a partir del día de mañana abra sus puertas nuevamente la Expo Niños en el Espacio, que ya tiene más de 400.000 visitas para que nuestros niños, nuestras niñas”, destacó Rodríguez durante una alocución transmitida por Venezolana de Televisión (VTV)

Posteriormente, el ministro de Educación, Héctor Rodríguez, emitió un comunicado confirmando el anuncio del regreso a clases, pero pidió “proteger a las comunidades escolares”, haciendo referencia a los acontecimientos políticos que se han desarrollado tras la captura de Nicolás Maduro y los bombardeos de EE UU en varios puntos de Caracas y otros Estados.

“Sabemos hacerlo y debemos hacerlo, porque nuestra primera tarea es proteger a cada niño, a cada niña, a cada joven. Es la escuela, el liceo, así como la familia, el lugar más seguro para ellos, el lugar del amor, el lugar de las posibilidades, el lugar donde pueden expresar sus preocupaciones y en el que por naturaleza encontrarán respuestas, interacción, vínculo humano”, expresó el ministro.

https://eldiario.com/2026/01/09/cecodap-condiciones-esenciales-de-seguridad-regreso-a-clases-en-venezuela/

Comparte este contenido:

La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

Luis Bonilla-Molina

América Primero!! Es la expresión que condensa la actitud imperialista, neofascista y neocolonial norteamericana en el presente. La Declaración de Trump de este martes 16 de diciembre de 2025 es una profundización radical en la ofensiva imperialista sobre Venezuela. Ya no quiere “perseguir cárteles de droga”, ni producir un simple cambio de régimen, sino que exige el control absoluto por parte de Estados Unidos del petróleo venezolano, demandando la “devolución de territorios” que no es otra cosa que cambiar la condición de dependencia por una relación territorial neocolonial. Estados Unidos amenaza con anexar parte o la totalidad del territorio venezolano, algo sin precedentes y de una significación dramática.

Esta confesión de parte en las intenciones de los Estados Unidos nos debe convocar a la conformación de un amplio frente internacional contra la ofensiva imperialista a Venezuela, que con la movilización y denuncia en todos los rincones del orbe, evite este desafuero gringo de tomar posición de la soberanía territorial venezolana.

Los hechos

En noviembre de 2025 la administración de Trump publicó el documento titulado Estrategia de Seguridad Nacional, en cuyas 57 páginas -versión en español- define sus prioridades, énfasis, propósitos y curso de acciones. Reivindicando y relanzando la Doctrina Monroe, este documento es un texto pragmático, una hoja de ruta para el momento político de construcción de un reordenamiento capitalista global, en el cuál Estados Unidos necesita afianzar su poder porque pretende dirigir esta transición.

La Estrategia de Seguridad Nacional tiene continuidades imperiales que hemos venido analizando en ensayos recientes, pero también las particularidades propias de un momento histórico singular en el cuál otros países capitalistas le disputan la supremacía económica (China), el equilibrio militar (Rusia), el eje de la innovación que se ha vitalizado en lo que se  denomina como la región Indo-Pacífico, y Europa ya no tiene posibilidades ni capacidades para seguir siendo su anillo de seguridad y contención en Eurasia. Es imposible comprender el giro iliberal y neofascista de la administración Trump sin vincularlo a estas dinámicas. Se equivocan terriblemente quienes caracterizan el momento como una simple etapa de liderazgo divergente en el imperio.

El nuevo orden mundial que puja por nacer es increíblemente capitalista y militarista, y Estados Unidos aspira no solo a ser parte de él, sino a seguir siendo la nación hegemónica. No hay un contrapeso de Estado anticapitalista en este tablero, aunque la revolución de los de abajo sigue apareciendo en el horizonte como posibilidad. En ese reacomodo, el control de la energía y los insumos para la innovación (petróleo, uranio, litio, tierras raras) juegan un rol central.  Estados Unidos no quiere repetir la historia del declive del imperio español ante el británico, quiere estar al frente de los cambios geopolíticos que acompañan a la cuarta revolución industrial.

La administración Trump ha definido claramente sus prioridades territoriales en lo que denomina el hemisferio occidental, una especie de frontera ampliada que incluye a toda Latinoamérica y el caribe, Canadá y Groenlandia.  En ese escenario Venezuela adquiere un valor estratégico, por sus riquezas minerales -la mayor reserva de petróleo, potencialidad de tierras raras en la zona sur/Orinoco- biodiversidad -agua y reserva genética- además de una situación militar privilegiada al norte de Suramérica, al sur del Caribe con fachada al Atlántico, a escasos kilómetros del Canal de Panamá que le permite acceso al Pacífico. Estados Unidos no quiere compartir estos privilegios con China, Rusia ni ninguna nación emergente. Es decir, Venezuela para los norteamericanos, como sentencia de la Doctrina Trump. Desde la apertura de la relación abierta neocolonial de Estados Unidos con Venezuela, después del bloqueo europeo a las costas venezolanas (1902-1903), su mediación para la solución del impasse -justificada en el marco de la Doctrina Monroe- y el golpe de Estado liderado por Juan Vicente Gómez -que por lo menos EEUU avaló- este es un giro sin precedentes de violación a la soberanía territorial y política.

Para lograrlo, desde agosto del 2025 se ha generado el más impresionante desplazamiento militar y de tropas conocido en la región por décadas. El ataque a botes de pescadores, acusados de ser “mulas” del narcotráfico, ha sido la melodía trágica de presentación de su ofensiva sobre Venezuela que se recrudece cada día. La intervención del espacio aéreo venezolano, con NOTAM emitida por la autoridad de tráfico aéreo norteamericano y la orden presidencial directa de Trump de prohibir los vuelos hacia el país, fue escalada con la piratería marítima de captura y confiscación de un buque petrolero. Este 16 de diciembre, el propio Donald Trump ha declarado que le exige a Venezuela que “le devuelva el petróleo, tierras y otros activos a Estados Unidos. Es decir, ha declarado públicamente su decisión de apoderarse de las reservas petroleras y el deseo de colonizar directamente parte del territorio venezolano.

Eso solo lo puede lograr mediante la ocupación militar directa del territorio, colocando bases militares. Pero quiere hacerlo con el menor costo posible, en términos de pérdida de vidas de soldados gringos, gastos operativos e impacto político. Por eso, la decisión de confiscar todos los barcos petroleros no autorizados por el Departamento del Tesoro norteamericano es otra escalada para asfixiar al gobierno de Maduro y crear las condiciones para su caída, ya sea por implosión interna, golpe de Estado desde el mismo Madurismo para iniciar una transición pactada en los términos de la Estrategia de Seguridad Nacional, o como resultado de una “operación quirúrgica” que permita colocar en el poder a la dupla Edmundo González Urrutia (EGU)– María Corina Machado (MCM). La asfixia económica del país pareciera ser la herramienta ideal para concretar cualquiera de estas iniciativas coloniales. Estaríamos hablando del riesgo de una hambruna sin precedentes para la población venezolana.

La colocación de bases militares norteamericanas en territorio venezolano le permitiría establecer una relación colonial cercana a las reservas petroleras, asegurándose la exclusividad de su acceso. En un país como Venezuela, en el cuál incluso su aliado histórico Rómulo Betancourt no aceptó la colocación de bases militares gringas en el territorio, por los efectos que tendría el nacionalismo criollo en la voluntad electoral del pueblo, esto solo es posible lograrlo con una larga transición caótica -que prolongue y aunque parezca increíble, eleve la miseria y tragedia de las condiciones materiales de vida de la población vividas en el periodo madurista- algo que cada vez aparece de manera más nítida en la ofensiva gringa.

El daño colateral inmediato se está sintiendo en Cuba, imposibilitada de recibir el auxilio venezolano en materia de combustible y petróleo para su economía y el mantenimiento del sistema eléctrico. Estados Unidos apuesta por un efecto dominó en la región, que produzca la “carambola” de desplazar de un solo golpe a los gobiernos de Caracas, La Habana y Managua.  Es decir, el posicionamiento es para el control total del llamado hemisferio occidental.

Adicionalmente, usando los avances tecnológicos de última generación, en captura y procesamiento de datos, Estados Unidos avanza en la puesta en marcha del régimen de control predictivo al disponer de una información extremadamente valiosa sobre el comportamiento de la población -del hemisferio occidental en general y Venezuela en particular- ante su despliegue militar en el Caribe sur. Por eso, la clínica de rumores y contra informaciones que genera día a día en las redes sociales, para incentivar respuestas de la población, poderlas segmentar y clasificar, para la construcción de sus escenarios de acción.  Estamos viviendo la primera ofensiva militar regional con tecnología, técnica y propósitos propios de la cuarta revolución industrial, por lo cual resulta terriblemente limitada su interpretación con las claves paradigmáticas de las tres primeras revoluciones industriales.

La transición imposible

María Corina Machado (MCM) tiene un liderazgo indiscutible entre la población venezolana, incluso en sectores que históricamente apoyaron al Chavismo. Eso se lo debe en buena medida a Maduro, quién en su afán de polarizar para evitar la consolidación de una oposición de izquierda, ha jugado el juego que más le conviene a MCM. Pero liderazgo -de MCM- socialmente arraigado, no es lo mismo que capacidad para gobernar, especialmente si es errado el diagnóstico que se tiene de la crisis venezolana y el camino de su superación. La apuesta de MCM es el impulso de un gobierno iliberal que continué y profundice las políticas neoliberales aplicadas por Maduro, especialmente implementadas a partir de 2018. Su estrategia de liberalización absoluta de la economía del mercado como fórmula para generar empleo, la coloca de espaldas al problema central del venezolano en el corto plazo, salarios y retorno de condiciones materiales de vida mínimamente decentes. La “bonanza post madurista”, de una economía sin sanciones, MCM la piensa en clave de privatizaciones, flexibilización del empleo y atracción de capitales internacionales, solo posible manteniendo bajos salarios.

Estados Unidos lo sabe, por eso su apuesta por una transición de EGU-MCM, para abrir paso a la larga transición caótica que le permita instalar su relación abiertamente colonial con el territorio y las riquezas venezolanas.  De hecho, MCM lo ha dicho en reiteradas oportunidades, que la “recuperación de Venezuela” exigirá niveles más profundos de cooperación con Estados Unidos.

Los errores de cálculo del Madurismo

El antiimperialismo del Madurismo tiene los límites de su sobrevivencia en el poder. El Madurismo no es de izquierda, mucho menos revolucionario. Desde la guerra de Ucrania ha procurado un acuerdo estratégico con Estados Unidos, canjeando petróleo a cambio de permanencia en el poder, cabalgando la posibilidad de levantamiento de las criminales Medidas Coercitivas Unilaterales (MCU) aplicadas con fuerza por Estados Unidos contra Venezuela desde el año 2017. El problema es que ahora la administración Trump quiere ir mucho más allá.

El gobierno de Maduro ha sido una desgracia para la población y la clase trabajadora venezolana. No solo en términos salariales y de condiciones materiales de vida, sino en restricción de libertades democráticas básicas, como derecho a opinar, libertad de expresión, posibilidades de organizarse autónomamente en sindicatos y partidos políticos, arraigo territorial y desarrollo humano integral. Maduro ha sido un terminator de los avances ocurridos en el periodo chavista y un profundizador de sus errores. Ningún venezolano vivo ha conocido peor gobierno que el de Maduro.

En medio de estas condiciones de ofensiva imperialista Maduro continúa con su línea de acción autoritaria y de supervivencia del sector de la nueva burguesía que representa. Una ofensiva imperialista como la desatada desde agosto de 2025 en el sur del Caribe solo se puede enfrentar con un gran frente nacional antiimperialista resultante del consenso mínimo nacionalista, pero esto pasa por revertir sus propias políticas, generando la libertad de los presos políticos -entre los que se cuentan dirigentes sociales, progresistas y de izquierda- amnistía general para todos los enjuiciados, presos y quienes son objeto de medidas restrictivas, devolución de los partidos políticos a sus legítimos militantes, y una reorientación de los menguados ingresos nacionales hacia sueldos y salarios. Pero ha hecho todo lo contrario, ha profundizado la represión, aumentado el número de detenidos y enjuiciados, profundizado la caída del salario y la concentración de la riqueza en unas pocas manos. Hace todo lo contrario a lo que la lógica demanda, porque su compromiso no es con el pueblo sino con el sostenimiento de un modelo de acumulación que favorece a los ricos.

La retórica de Maduro no se corresponde con lo que socialmente ocurre. Para el ciudadano común, el ataque norteamericano es fundamentalmente contra Maduro, y no hay razones para defenderlo. Ante este panorama, el desespero de la sobrevivencia ha hecho pensar a amplias capas de la población que una salida de Maduro, por cualquier vía, sería el inicio de la recomposición de la situación de oprobio en la cual se vive. Para el común de la población la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos poco importa, porque Maduro disolvió la esperanza en un mañana mejor.

Se trata de un panorama complejo para las fuerzas nacionalistas, progresistas y quienes no han renunciado a la identidad de izquierda, negándose a colocarse bajo la dirección de EGU-MCM o la aceptación del desgobierno madurista.  Lo significativo es que el país vive hoy, desde el mundo del trabajo y la clase trabajadora, iniciativas de despolarización a partir de la construcción de un programa mínimo de defensa del salario y las libertades democráticas básicas. La interrogante es si darán los tiempos para construir un polo autónomo para otra transición posible.

¿Qué hacer?

Continuar apostando -y trabajando- por la constitución de un polo político autónomo de los y las trabajadoras, apoyando sin reservas iniciativas como la conformación este 12 de diciembre del Acuerdo Unitario de 6 centrales sindicales, federaciones, gremios y sindicatos por el rescate del salario. Un evento como este, en medio de las tensiones militares en el Caribe, habla del instinto de la clase trabajadora ante cualquier escenario en el corto y mediano plazo.

Aunado a ello, se debe profundizar la campaña por una Amnistía General, que libere a todos los detenidos, enjuiciados y sometidos a medidas restrictivas, abriendo camino al encuentro de múltiples voces para pensar la soberanía nacional en tiempos de ataque imperialista. Exigir la devolución de los partidos, sindicatos y federaciones sindicales a sus legítimas representaciones.

Cualquier diferencia con Maduro, partido político o personalidad, no puede servir de excusa para no desarrollar un auténtico antiimperialismo, eso sí desde los intereses de la clase trabajadora. Todas las fuerzas democráticas, progresistas, populares y de izquierda deben denunciar y enfrentar la ofensiva norteamericana sobre Venezuela, lo que no significa de modo alguno defender al gobierno de Maduro. La salida del Madurismo debe ser una decisión y proceso soberano del pueblo venezolano, liderado por su clase trabajadora. En este sentido, son días de impulso de una política antiimperialista sin dobleces ni dudas.

Sea frente a Maduro, EGU-MCM o cualquier gobierno, la clase trabajadora debe defender su autonomía y reafirmar que solo su capacidad de lucha le permitirá salir del actual drama. Los y las revolucionarias debemos con humildad y decisión abonar en este sentido y dirección. En esta dirección la conformación de un frente antiimperialista internacional puede contribuir a conjurar el rostro horrible de la guerra y la recolonización territorial. Avancemos en esa dirección.

La Doctrina Trump para Venezuela: petróleo y tierras raras, bases militares, información y desgobierno

Comparte este contenido:

Venezuela: ¿Lo empujan hacia un Estado Libre Asociado?

Venezuela: ¿Lo empujan hacia un Estado Libre Asociado?

Aram Aharonian

El ataque militar de la flotilla estadounidense y el secuestro del presidente Nicolás Maduro es un hecho gravísimo, pero en medio de tantas incertidumbres, en Venezuela la vida sigue y el Tribunal Superior de Justicia  venezolano consagró como presidenta a Delcy Rodríguez, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana llamó a la población a retomar la normalidad y la estabilidad del país. La situación es de una tensa calma y no se descartan conflictos.

Estados Unidos demostró que  tiene fuerza y capacidad militar de secuestrar a un presidente o asesinar a un líder opositor a sus planes con un misil. Tras el ataque, Donald Trump anunció que su país va a monitorear todas las decisiones que se tomen en Venezuela, y va administrar su petróleo, el llamado excremento del diablo.

No cabe duda que los bombardeos en Venezuela y el secuestro de Maduro y su esposa, han golpeado al gobierno bolivariano, pero también han deslegitimado a Trump, quien se presentara ante muchos países del mundo como alguien que acabaría con las guerras –en el camino fue coautor del genocidio de gazatíes- y se atribuye el poder de cambiar presidentes en países extranjeros. Lo triste es que algunos sectores de la oposición venezolana incluso festejan la decisión estadounidense de reincorporar a su país como “territorio colonial”.

Pese a las presiones de Washington, Brasil, Chile, Colombia, México, Uruguay y España emitieron una declaración conjunta en la que expresaron su “profunda preocupación y rechazo” frente a lo que calificaron como una acción unilateral que contraviene normas esenciales del sistema internacional.

El ministro  de Defensa, Vladimir Padrino López indicó que, pese a la vulneración de la soberanía en lo que calificó como un «despliegue sin precedentes» por parte de Estados Unidos, el país «debe encaminarse sobre su riel constitucional». Informó que la Fuerza Armada Nacional activó su apresto operacional en todo el país «a fin de enfrentar la agresión imperial».

Más allá de muchas confusiones e incertidumbres, en Venezuela la vida sigue: no se quebró la cadena de mandos y en la presidencia quedó una persona de extrema confianza de Maduro, pese a los intentos de Trump de asociarla a la conspiración. Hay cambio de presidente, pero –por ahora- no hay cambio de régimen, que siempre ha sido el objetivo de Estados Unidos.

La Fuerza Armada Nacional, columna vertebral del dispositivo bolivariano, se mantiene en pie, quizá porque Trump no quiere generar un vacío de poder que lleve a un escenario de anarquía como en Irak, y así alimenta las versiones sobre una posible transición pactada.

Si bien la calle  estaba desierta el sábado, este domingo ya comenzó a normalizarse: hay metro, aviones y colas moderadas en los supermercados. Y una marcha grande en respaldo al bolivarianismo… pero la militancia carece de línea y hay confusión.

Rubio, ¿el procónsul?

El cubanomiamero Marco Rubio, canciller (su título es de Secretario de Estado) de Trump esbozó la hoja de ruta tras el secuestro de Maduro: control del petróleo, presión financiera extrema, amenaza militar latente y una negociación condicionada con las nuevas autoridades que impongan. Desestimó –por ahora- la ocupación militar con tropas en el terreno y dijo estar dispuesto a trabajar con Delcy Rodríguez, “siempre y cuando se tomen las decisiones correctas” (es decir, las imposiciones de EEUU).

Uno de los puntos más llamativos de la entrevista de Trump en EEUU fue la confirmación de contactos con  la vicepresidenta venezolana, quien asumió el poder tras el secuestro de Maduro.  Rubio evitó dar detalles de la conversación por tratarse de temas «delicados», pero marcó una diferencia sustancial entre ella y Maduro.

Dijo que  «la clave de la que depende ese régimen es la economía impulsada por el petróleo», lo que supone un bloqueo naval de facto para interceptar y confiscar cualquier buque de transporte de petróleo no autorizado por Washington. Y para que no quedaran dudas, señaló que esta “cuarentena” es “el despliegue naval más grande los historia moderna en el Hemisferio occidental”.

«Vamos a juzgar avanzando. Vamos a juzgar todo por lo que hagan», dijo Rubio, quien señaló que con Maduro «simplemente no se podía trabajar» porque rompía todos los acuerdos, mientras que ahora se abre una etapa de «evaluación» sobre las decisiones que tome la nueva cúpula.

Rubio enumeró una lista de exigencias concretas que la Casa Blanca espera que cumpla el nuevo gobierno encabezado por Delcy Rodríguez, que parecen más bien dirigidos a crear una imagen ominosa para el gobierno venezolano y siguen el libreto de los discursos de Trump.  Los puntos que describió como innegociables son: que la industria petrolera beneficie a la sociedad (no especificó si a la estadounidense), el cese total del tráfico de drogas, el desmantelamiento de las bandas criminales que denuncia Estados Unidos, la expulsión de grupos armados como las FARC y el ELN, y el fin de la alianza con Hezbollah, Irán y Cuba.

En vez de anunciar a un «mandatario legítimo» Trump se encargó otra vez de ningunear a María Corina Machado, a quién consideró públicamente incompetente para tomar las riendas del país. Rubio intentó suavizar el mensaje y aseguró que siente una «tremenda admiración» por Machado y por Edmundo González Urrutia, pero se abstuvo de señalar que ellos debieran asumir el gobierno. Ya le regalaron un Premio Nobel por los servicios prestados.

«En el siglo XXI, bajo la administración Trump, no vamos a tener un país como Venezuela en nuestro propio hemisferio actuando como cruce de caminos para Hezbollah, para Irán y para cualquier otra influencia maligna», sentenció Rubio.

¿Quién tiene el control?

Lo cierto es que Trump no tiene el control político, militar ni territorial en Venezuela. No hubo de momento una invasión militar a gran escala sino una «acción cinética» tendiente a secuestrar a un presidente en  funciones y utilizarlo como herramienta de presión y eventual moneda de cambio.

Según los expertos, la totalidad de los activos militares desplegados en los últimos meses en el Gran Caribe no son suficientes para tomar control de la accidentada y extensa geografía venezolana, ni siquiera de la capital Caracas y sus inmensas y organizadas barriadas populares.

La invasión de la pequeña Panamá demandó en 1989 la movilización de más de 30 mil efectivos. En suma, los bombardeos y ataques contra infraestructuras militares fueron la cobertura operacional de lo que eufemísticamente la jerga trumpiana llama «extracción».

Para algunos analistas,  el principal objetivo no fue ni es tomar el país por asalto, sino descabezar a la conducción política del proceso e inducir una fractura significativa en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, algo que desde inicios de siglo -en especial en 2002- tanto EEUU como la oposición vernácula han intentado sin éxito.

Para otros, el talón de Aquiles de la agresión imperial contra Venezuela es la ausencia de una fuerza vasalla endógena, con poder de fuego y capacidad de masas, que pueda proclamar algo parecido a una rebelión nacional «legítima» contra la «tiranía», dando una seudo coartada democrática a la agresión estadounidense. Esto explica el que Trump haya amenazado con otra ronda de ataques, y no se pueda descartar que la situación escale a una invasión total en las próximas horas o días, sobre todo si la región y la «comunidad internacional» no atinan a ejercer ningún tipo de acción disuasoria eficaz

Si el objetivo era inducir una rebelión militar de proporciones o una insurrección popular (o  ambas), ésta no se produjo. Entonces, es natural esperar que la presión armada sobre la cadena de mando se agudice y que el Pentágono busque compensar por vía militar lo que no se está consiguiendo en principio por vía política, que es la rendición incondicional de su enemigo.

Aquí habría que definir quién es el enemigo: si el gobierno o el pueblo. EEUU jaqueó al rey (Maduro) pero aún no ganó la partida y el control de Caracas y el país por las tropas venezolanas es real. No hay combates entre facciones militares, conatos de rebelión ni «guarimbas» de ningún tipo: 2026 no es 2014 ni 2017. Es más: las únicas movilizaciones, a pie o con motorizados, son desde el campo del chavismo, aunque por supuesto esto tampoco es 2002 (cuando el golpe y la restitución por movilización popular de Chávez).

Desde las fuerzas venezolanas dudan  que la fuerza invasora pueda intentar tomar control de los pozos e infraestructuras petroleras, para financiar así la operación y empezar lo que podría ser una larga e imprevisible estrategia de balcanización territorial como se ha hecho con frecuencia en otros teatros de operaciones. Según el «corolario Trump» a la Doctrina Monroe, los recursos estratégicos de Venezuela le pertenecerían a EEUU en virtud de las nacionalizaciones de la década del 70 y comienzos de este siglo.

El caso de Venezuela deja en claro que otros países también están bajo la espada de Damocles de la intervención: México, Colombia, Brasil, Cuba, etcétera. Esto nunca tuvo nada que ver con la democracia, los derechos humanos, los cárteles de las drogas o el combate al narcotráfico, sino con el relanzamiento de la geopolítica imperial más belicosa, el dominio geopolítica de Latinoamérica y el Caribe, y el saqueo colonial de nuestros recursos naturales.

Fuente de la Información: https://www.pressenza.com/es/2026/01/venezuela-lo-empujan-hacia-un-estado-libre-asociado/

Comparte este contenido:

Internacional: «La ley del más fuerte impera»: Borón advierte que ataque a Venezuela marca la descomposición final del orden mundial

«La ley del más fuerte impera»: Borón advierte que ataque a Venezuela marca la descomposición final del orden mundial

El analista internacional Atilio Borón interpretó el ataque en Venezuela como el colapso de la diplomacia y las reglas posguerra, asegurando que la acción instaura la «ley del más fuerte» como norma global, con graves riesgos geopolíticos.

El analista internacional Atilio Borón interpretó el ataque a gran escala perpetrado por Estados Unidos en Venezuela como el inicio de una fase donde la diplomacia ha muerto definitivamente. En conversación con la programación especial de Radio Universidad de Chile, el académico aseguró que la operación militar que terminó con la captura de Nicolás Maduro confirma el colapso de las reglas que rigieron al planeta desde la posguerra.

Borón advirtió que la captura de Maduro mediante una incursión extranjera instaura la “ley del más fuerte” como norma global. “Me parece que esto es un proceso ya final de descomposición del orden mundial… Es inadmisible, no se puede normalizar una situación como esta”, señaló el académico, advirtiendo sobre las peligrosas repercusiones geopolíticas de validar una acción de este tipo.

El Efecto Dominó: De Caracas a Taiwán

Para Borón, el peligro no se circunscribe solo a Sudamérica. Al romper el derecho internacional, Estados Unidos podría estar habilitando tácitamente a otras potencias a resolver sus disputas territoriales por la fuerza.

El politólogo ejemplificó el riesgo: “Mañana no podemos sorprendernos si Azerbaiyán simplemente se apodera de Armenia, o si China finalmente decide incorporar ya a Taiwán a su jurisdicción nacional”. Según su análisis, Beijing podría argumentar: “Si Trump hace esto en Venezuela, ¿por qué nosotros no vamos a hacer esto en Taiwán?”.

Fotografía del analista internacional Atilio Borón.

Petróleo, Guerra Civil y el Colapso de la ONU

Sobre las motivaciones de la Casa Blanca, Borón desestimó la narrativa oficial centrada en el narcotráfico o la democracia, afirmando que el interés es puramente estratégico y económico. “A Trump lo que le interesa no es Maduro, le interesa el petróleo venezolano. El presidente Maduro es un dato absolutamente irrelevante para él; lo relevante es que ese petróleo está ahí y Estados Unidos dijo ‘nos lo vamos a tomar porque es nuestro’”, afirmó.

Respecto al escenario interno, el analista se mostró pesimista sobre una transición pacífica. Advirtió que la operación podría ser “el primer acto de una guerra civil muy preocupante”, con el riesgo de incendiar el “patio trasero” de Washington y extender la violencia hacia Colombia.

Finalmente, Borón fue crítico con el rol de los organismos multilaterales, asegurando que el sistema de Naciones Unidas “ha colapsado” y carece de capacidad para frenar a la potencia del norte, tal como falló previamente en Gaza o Ucrania. Concluyó su análisis citando a Violeta Parra para reflexionar sobre la naturaleza del poder imperial, recordando que el “león imperial es así siempre”, incluso bajo administraciones demócratas como la de Barack Obama.

Fuente de  la Información: https://otrasvoceseneducacion.org/wp-admin/post-new.php

Comparte este contenido:
Page 2 of 411
1 2 3 4 411
OtrasVocesenEducacion.org