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El alebrije de la reforma educativa

Por: Luis Hernández Navarro
“La reforma educativa es el mismo perro pero con otro collar”. El autor de la frase no es un maestro de la CNTE. Tampoco un opositor fifí, ni un académico contestatario. La opinión es del filósofo Enrique Dussel, uno de los intelectuales de habla hispana más reconocidos internacionalmente. Perseguido por los militares argentinos, se exilió en México y se naturalizó mexicano. Es, además, integrante destacado de Morena.

Su afirmación no es exagerada. La reforma educativa de la Cuarta Transformación (4T) es, en esencia, el mismo erizo neo­li­be­ral de Enrique Peña Nieto, al que se le han limado algunas de sus espinas más filosas.

En esta ocasión, como en 2012-13, se volvió a poner la carreta delante de los bueyes. En lugar de aterrizar en la Constitución un gran proyecto educativo nacional que exprese con claridad los grandes ejes para transformar la enseñanza en el país, se acabó aprobando un alebrije legal que tiene como motivación central confinar a los maestros en un régimen laboral de excepción.

Un alebrije es una fiera imaginaria fabricada por artesanos, llena de colores, con elementos de animales diversos. La artesanía puede tener, a un tiempo, cabeza de perro, melena de león, alas de pájaro, cola de reptil, pezuñas y púas de puercoespín.

La reforma educativa de la 4T es un ale­brije legal elaborada con conceptos neoliberales, tira de materias, deseos de justicia social y asuntos laborales que tendrían que estar en el artículo 123 pero que se coloca­ron en el 3°. Es el perro del que habla el doc­tor Dussel, pintado color vino tinto. Es un alebrije que conserva camuflados los aspectos medulares de la reforma educativa del Pacto por México de 2013.

La nueva reforma es un texto omiso, contradictorio, confuso, incoherente y tramposo. Reforma que, en los hechos, acabó sepultando y diluyendo lo que, en la iniciativa original del presidente López Obrador aparecía como eje central: la educación para el bienestar. La investigadora Elsie Rockwell encontró en su redacción ¡64 ejes!

El investigador Juan Carlos Miranda analizó los conceptos utilizados y las veces que se repiten en el texto. Sus hallazgos no dejan duda. Domina el lenguaje de los tecnócratas educativos. Agente (al referirse a los docentes) se repite 27 veces; mejora o mejorar, 216 menciones, y dentro de esta categoría, las expresiones: mejora continua, 83; calidad, 154; la palabra: excelencia, 51; evaluación, 265; diagnóstico(a), 26; aprendizaje, 104, y equidad, 76 (https://bit.ly/2Xyf7TE ).

Igual que con la reforma educativa del Pacto por México, la de la 4T pone la carreta delante de los bueyes. En lugar de arrancar con un proyecto educativo transformador y derivar de él una reforma educativa, se propuso legislar primero y elaborar después un proyecto pedagógico. Si lo hizo así es porque su diagnóstico y su marco de referencia para la definición de la política educativa tiene elementos esenciales con el de Peña Nieto. Se trata del mismo perro con otro collar, del que habla Enrique Dussel.

No en balde, las intervenciones de AMLO sobre el tema se han limitado a insistir en la necesidad de recentralizar la nómina ma­gisterial, evitar el tráfico y venta de plazas y otorgar becas. Obviamente, son problemas que hay que atender, pero en sí mismos no constituyen un cambio educativo de gran aliento.

Un gobierno que ganó los comicios con el lema primero los pobres debería destinar más recursos para la educación a quienes más lo necesitan. No sólo como política pública, sino como derecho. Esto no quedó contemplado en la nueva legislación, al no hacerse explícitas las obligaciones del Estado para cumplir con ese derecho. Una administración que ha insistido correctamente en la necesidad de revalorar a los docentes debería reconocerlos explícitamente como profesionales y no como agentes.

Uno de los aspectos del alebrije legal que más escándalo, ilusiones y malentendidos ha causado es el transitorio decimosexto. Según el PAN y sus intelectuales, abre el camino a la venta de plazas. La afirmación es un absurdo. Fiel a los vientos recolonizadores que soplan en el país, el transitorio es un espejito que se da a los maestros a cambio del oro de la aceptación del proyecto. En los hechos, es una cortina de humo para mantenerlos en un régimen de excepción laboral.

Dicho transitorio apunta que los derechos laborales de los docentes se regirán por el apartado B del artículo 123. Sin embargo, dice que la admisión, promoción y reconocimiento dependen de un apartado especial: el Sistema para la Carrera de los Maestros y Maestras. O sea, una trampa. ¡Como si la admisión, promoción y reconocimiento no fueran una parte sustantiva de las relaciones laborales! Miles de maestros en el país, que no son conservadores ni fifís, rechazan el alebrije legislativo. No quieren la nueva correa para el mismo perro. Lo demostrarán a lo largo del sexenio.

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Una mirada feminista a la educación literaria

Por: Guadalupe Jover

La literatura es, como otras formas culturales, un agente hegemónico en la construcción social de los géneros. Por eso hace décadas que la crítica feminista propone una mirada diferente a los textos canónicos y una mirada atenta a los textos que no han entrado en el canon de lecturas hegemónicas. ¿Y la escuela?

Hace unas semanas fui invitada a participar en una mesa redonda que llevaba el título de Mujeres y literatura. Lo hacía en calidad de docente, y la primera pregunta que se me hizo fue si las propuestas didácticas están libres de discriminación de género o hay un sesgo machista en la creación de materiales para el aula. La respuesta, claro, era evidente.No hay nada en la escuela, nada en el sistema educativo, que esté libre de discriminación sexista. No lo está el currículum, tan androcéntrico en la propia selección de lo que debe ser aprendido (al margen quedaron los saberes tradicionalmente considerados femeninos, ligados al cuidado de la vida) como en los contenidos de cada una de las asignaturas o materias, de los que las mujeres siguen ausentes. No lo están los espacios escolares (con patios dominados por el fútbol, feudo masculino por excelencia), ni la composición de los grupos (qué pocas chicas aún en los itinerarios tecnológicos), ni la lógica misma del sistema educativo: tan individualista, tan competitiva, tan abiertamente orientada al éxito profesional en perjuicio de otras dimensiones del desarrollo personal y colectivo. No hay nada en la escuela que esté libre de sesgo de género, y no siempre en beneficio de las mujeres: algún día habremos de analizar por qué el mal llamado “fracaso escolar” es mayoritariamente masculino: solo un 73% de chicos consigue acabar la ESO, frente a un 83% de las chicas.

Todo ello obedece, qué duda cabe, a que nada tampoco en el afuera está libre de discriminación de género -hombres son los que dominan las cumbres políticas, los eventos deportivos mediáticos y aun los oficios religiosos-, y es imposible por tanto acometer reformas en la escuela si no acertamos a transformar también los modelos masculinos y femeninos en que somos educados por todos los agentes de socialización, desde la familia a los medios de comunicación. La coeducación es una tarea que concierne a toda la ciudadanía.

Ahora bien, ¿qué podemos hacer desde la escuela? Y volviendo a la pregunta del inicio, ¿cómo podemos ir revisando y transformando unas propuestas didácticas aún radicalmente machistas, esto es, abiertamente desiguales en el tratamiento dado a hombres y mujeres?

En el caso de la literatura -que es el que nos ocupa- esto tiene un enorme calado porque la literatura es, como otras formas culturales, un agente hegemónico en la construcción social de los géneros. Los relatos son determinantes a la hora de leernos y leer nuestro lugar en el mundo. Si no hay autoras en los libros de texto, que al parecer recogen la literatura canónica, aquello que “merece ser leído” y transmitido intergeneracionalmente; si los personajes femeninos de la mayor parte de los relatos tienen un protagonismo subordinado al héroe de turno, y no son sino madres, esposas, hijas o amantes de… ¿Cómo vamos a mirarnos en plano de igualdad mujeres y hombres?

Por todo ello, hace décadas que la crítica feminista propone una mirada diferente a los textos canónicos y una mirada atenta a los textos que no han entrado en el canon de lecturas hegemónicas. De todo ello vamos encontrando huella en algunas prácticas de aula.

Hace ya años que empezamos a leer de otra manera algunos textos canónicos como la Biblia, la mitología grecolatina o la literatura misógina del Medievo. Tampoco el teatro español de los siglos de Oro o la tan hispánica tradición del Don Juan resistían ya una lectura en clave de género. Personajes como Zeus o el Tenorio pasaron de ser considerados simpáticos granujas a ser denostados como impostores, mentirosos y violadores, y ni siquiera Bécquer (“¿Que es estúpida? ¡Bah! Mientras callando/ guarde oscuro el enigma,/siempre valdrá lo que yo creo que calla/ más que lo que cualquiera otra me diga”) parecía ya tan adorable.

Estas otras lecturas, esta renovada interpretación se proyectó luego sobre otros textos y otros ámbitos comunicativos: llegó entonces el cuestionamiento del amor romántico y del mito de la media naranja, la deconstrucción de los amores de bellas y bestias, los juegos de escritura creativa que a través de la inversión de roles entre personajes masculinos y femeninos mostraban la asimetría y desigualdad de los privilegios otorgados a unos y a otras. Se denunció también la absoluta prevalencia de un imaginario amoroso exclusivamente heterosexual que dejaba huérfanos de referentes sentimentales a chicos y chicas homosexuales.

Pero todo ello no bastaba. Resultaba intolerable constatar que nuestro imaginario se había modelado exclusivamente desde la mirada masculina, y sentíamos la necesidad de indagar y hacer explícitas las razones que habían apartado a las mujeres bien de la escritura, bien del acceso al canon. Virginia Woolf y su imprescindible Una habitación propia se convirtieron en referencia obligada: “La independencia intelectual depende de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las mujeres han sido siempre pobres, no solo por doscientos años, sino desde el principio del tiempo. Las mujeres han tenido menos libertad intelectual que los hijos de los esclavos atenienses. Las mujeres, por consiguiente, no han tenido la menor oportunidad de escribir poesía. He insistido tanto por eso en la necesidad de tener dinero y un cuarto propio”.

Comenzó entonces un proceso imparable de reivindicación de todas aquellas mujeres que, pese a los muchísimos obstáculos, consiguieron empuñar la pluma. De un lado, la denuncia; de otro, la visibilización. Nos preguntábamos, con Virginia Woolf, cuántos textos que nos han llegado como anónimos ocultan tal vez una autoría femenina (bien sabemos que esto estuvo a punto de ocurrir, sin ir más lejos, con el Frankenstein de Mary Shelley).

Denunciábamos también la sempiterna discriminación de que era indicio el recurso de tantas escritoras a seudónimos masculinos o a unas iniciales que escondieran su verdadero nombre de pila, como hicieron desde las hermanas Brönte a J. K. Rowling. Hablábamos también de aquellas mujeres que vieron sus textos atribuidos a sus esposos (como María Lejárraga, cuya obra aparece firmada por Gregorio Martínez Sierra) o las que fueron obligadas a quemar sus escritos por consejo o imposición de sus confesores (caso de Marcela de San Félix).

Y junto a la denuncia, la visibilización: baste con referirnos, por ejemplo, a todo ese conjunto de escritoras y artistas contemporáneas de Lorca, Buñuel y Dalí, y a las que una nómina del 27 exclusivamente masculina ha silenciado primero y relegado después a un sucinto pie de página. A Las Sinsombrero – Josefina de la Torre, Concha Méndez, Mª Teresa León, Carmen Conde, Ernestina de Champurcín, etc.- bien podríamos incorporar el nombre de Luisa Carnés, cuya novela recientemente reeditada Tea rooms se sitúa en la estela de La tribuna de Pardo Bazán en su denuncia de la precariedad vital y laboral de las mujeres obreras.

Ahora bien, a mi manera de ver, esto no puede ser sino un primer paso. Para quienes nos dedicamos a la educación literaria de adolescentes y jóvenes, no se trata de incrementar el número de nombres propios que revientan ya esos listados interminables de la historiografía literaria nacional. De lo que se trata, más bien, es de abrir el firmamento de lo que entendemos por “clásico” más allá del canon exclusivamente masculino y occidental en que nos venimos moviendo, para seleccionar aquellos textos que mejor conecten con el horizonte lector de chicos y chicas: aquellos que mejor pueden contribuir a su educación ética y estética, a su desarrollo ulterior como lectores cultos, comprometidos y autónomos. Ello requiere, como postula el escritor keniano Ngũgĩ wa Thiong’ocambiar los marcos:

“Cuando hablo de desplazar el centro lo hago en, al menos, dos sentidos posibles. Uno es la necesidad de desplazar el centro del lugar que se ha asumido como tal, Occidente, a una multiplicidad de esferas en todas las culturas del mundo […].  El segundo sentido al que me refiero al hablar de “desplazar el centro” es aún más importante, […]. En la actualidad, dentro de cada nación, el centro se encuentra localizado en el estrato social dominante, una minoría burguesa y masculina. […]. Es necesario desplazar el centro de las minorías de clase establecidas en el interior de cada nación a los centros verdaderamente creativos entre las clases trabajadoras, en condiciones de igualdad racial, religiosa y de género“.

En este sentido, si el acceso de las mujeres a la escritura ha sido relativamente reciente, si la presencia de personajes femeninos que escapen a los estereotipos tradicionales es también más frecuente en títulos publicados en la última centuria, quizá es hora de “desplazar el centro” también en el eje temporal del canon escolar y llegar algún día a la literatura de los últimos cien años. Necesitamos dar cabida no solo a Jane Austen, Mary Shelley, Edith Wharton, las hermanas Brönte o Safo. También a Harper Lee, Wislawa Szymborska, Jhumpa Lahiri, Yaa Gyasi, Gabriela Mistral, Mercè Rodoreda, Fatema Mernissi, Taiye Selasi, Irène Némirovski, Joyce Carol Oates, Nadine Gordimer, Marjane Saatrapi, Ida Vitale, Idea Vilariño y tantas, tantísimas otras… No para leerlas a todas, insisto, sino para tener más en donde elegir y hacerlo en pie de igualdad entre hombres y mujeres. Porque también va siendo hora de pasar de la lectura intensiva de un puñado de libros -siempre los mismos, y aun en varios cursos- a la lectura extensiva de un corpus mucho más abierto y mestizo.

Y una última cosa: al tiempo que como docentes de literatura nos empeñamos en acercar a los adolescentes lo que está lejos -e intentamos acercar los clásicos al horizonte lector de nuestros jóvenes estudiantes- no estaría de más que pusiéramos el mismo empeño en ayudarlos a alejar lo que está cerca, esto es, la literatura juvenil contemporánea: esa que algunos -y sobre todo algunas- consumen con fruición, y con la que a menudo los dejamos a solas. Buena falta hace que desarrollemos también en ellos habilidades de interpretación en clave de género a fin de que sean capaces de leer con cierta distancia crítica tantos títulos de la ficción literaria y audiovisual más reciente que siguen alimentando unos modelos sentimentales y amorosos que nos hacen aún hoy llevarnos las manos a la cabeza.

Guadalupe Jover es profesora de Educación Secundaria.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/blog/2019/04/23/una-mirada-feminista-a-la-educacion-literaria/

Imagen tomada de http://radiolacentral.cl/wp-content/uploads/2017/05/libRo.jpg

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¿Qué significa la ciencia cognitiva para la ciberseguridad?

Por: Margaret Cunningham

Inteligencia Artificial, Redes Neuronales, Cómputo Cognitivo y Machine Learning son palabras de moda que se utilizan en el argot de la ciberseguridad. ¿Qué significan realmente? ¿Los departamentos de marketing solo están reutilizando los términos de la ciencia cognitiva para crear frases llamativas o realmente está sucediendo algo más profundo? Un análisis de Margaret Cunningham, científica investigadora principal del comportamiento humano en el laboratorio de innovación de Forcepoint.

Los términos de la ciencia cognitiva no son etiquetas arbitrarias que se aplican a la ciberseguridad. Históricamente, la relación entre el cómputo y la cognición surgió a principio de los años cincuenta durante la revolución cognitiva y cuando la psicología basada en el comportamiento humano adoptó a la mente y sus procesos. Actualmente, la ciencia cognitiva es una materia interdisciplinaria que crece y se superpone con casi todos los aspectos de la ciberseguridad.

Con el propósito de entender esta superposición, le invito a tomarse algunos minutos para reflexionar sobre el pensamiento. ¿Qué se necesita para pensar o aprender? ¿Depende simplemente de un proceso biológico que cada persona experimenta de forma aislada? ¿Depende del lenguaje, de las relaciones, de las experiencias o de la personalidad?

Lo que descubrimos cuando consideramos las complejas influencias biológicas y ambientales sobre el conocimiento es que el campo de la ciencia cognitiva debe integrar y equilibrar las aportaciones que hacen varias disciplinas. De igual forma, la ciberseguridad efectiva requiere de múltiples fuentes y tipos de información para entender cabalmente los sistemas tecnológicos y sus vulnerabilidades. Cuando se trata de proteger y entender un sistema grande y cada vez más distribuido, no es suficiente con un solo indicador en una disciplina.

Exploremos a continuación algunas definiciones básicas de las disciplinas de la ciencia cognitiva, su impacto en la ciencia cognitiva en sí misma y en la ciberseguridad.

La psicología examina las experiencias humanas internas y externas, como individuos y en grupos. En la ciberseguridad, los principios de la psicología nos permiten entender por qué estos son susceptibles a las amenazas, como en el caso del phishing y de la ingeniería social y cómo los errores humanos afectan a los sistemas.

Aplicación en la ciberseguridad: El nuevo enfoque de la ciberseguridad en la analítica del comportamiento y la biometría también depende de la psicología que se concentra  en medir y darle sentido al comportamiento humano. Entender la psicología humana es crítico para las investigaciones forenses, para construir los perfiles de las amenazas internas, y para establecer en qué momento generar las alertas que ayuden a educar a los usuarios.

La filosofía hace una exploración crítica de la realidad y del conocimiento que puede servir de guía a los sistemas de creencias humanas sobre la existencia, el aprendizaje, los sistemas sociales y la ética. Cómo percibimos el mundo -y lo que creemos de él- impacta profundamente nuestros procesos de pensamiento, nuestra habilidad de aprender y nuestro comportamiento.

Aplicación en la ciberseguridad: Entender las amenazas, el uso de los datos y la vigilancia, e incluso la existencia y ubicación de los adversarios, todos son problemas filosóficos en el campo de la ciberseguridad.

La lingüística realiza una exploración científica del lenguaje. La lingüística cognitiva (1970) está vinculada directamente con la ciencia cognitiva y aborda temas asociados con la manera en que el lenguaje le da forma al pensamiento y el entendimiento.

Aplicación a la ciberseguridad: La ciberseguridad a menudo depende del lenguaje y de entender el contexto del comportamiento mediante éste. Por ejemplo, la clasificación de documentos y saber dónde se encuentran los datos privados en una red se puede realizar a través de la analítica de textos. Además, el texto que generan los usuarios puede identificar los factores de riesgo o las violaciones a las regulaciones.

La antropología explora a la humanidad, normalmente desde una perspectiva cultural y evolutiva. Su relevancia para la ciencia cognitiva radica en cómo los humanos generan conocimiento compartido, participan en la interpretación de su entorno, y cómo el conocimiento le da forma a la manera en que los humanos se relacionan con el mundo y se comportan en él.

Aplicación en la ciberseguridad: La ciberseguridad y las interacciones sociales en línea son la punta de lanza del trabajo antropológico. Como los recientes nuevos ciclos lo sugieren, nuestras opiniones, comportamientos y entendimiento de los eventos globales adquieren forma mediante nuestras interacciones con la tecnología. Los profesionales de la ciberseguridad, particularmente en los medios sociales, pueden entender mejor el comportamiento de los trolls y bots mediante la antropología cultural y cognitiva.

La Inteligencia Artificial (IA) simula a la inteligencia humana a través de una máquina y/o computadora. Su objetivo es desarrollar un aprendizaje y un razonamiento cada vez más autónomos mediante una serie de estrategias entre las que se incluyen el reconocimiento de voz, el procesamiento del lenguaje natural (ver lingüística) y la visión artificial. Las aplicaciones de IA pueden ser específicas (por ejemplo, para satisfacer una necesidad bien definida) o amplias (para enfrentar situaciones o temas no estructurados y menos conocidos con intervención humana mínima).

Aplicación en la ciberseguridad: Los profesionales y estrategas de la ciberseguridad se enfrentan continuamente al cómo, cuándo utilizar la IA y si es seguro hacerlo. Para profundizar más en este tema, puede descargar la presentación que nuestro vicepresidente de Investigación e Inteligencia, Raffael Marty, ofreció sobre IA y Machine Learning en el marco del evento Black Hat 2018.

La neurociencia, específicamente la neurociencia cognitiva, examina la biología del pensamiento y la cognición. Ofrece un conocimiento profundo de las neuronas, de los circuitos neuronales y de las partes del cerebro que nos permiten llevar a cabo los procesos mentales.

Aplicación en la ciberseguridad: En este terreno, la neurociencia ha tenido un impacto profundo en el procesamiento de la información, el diseño de redes, el modelado computacional y el desarrollo de sensores. Continúa inspirando innovaciones para desarrollar herramientas que mejoren la representación del conocimiento y del razonamiento en la tecnología.

¿Cuántos de estos factores impactan en su vida cotidiana?

 Fuente: https://www.dinero.com/empresas/tecnologia/articulo/que-es-la-ciencia-cognitiva-y-que-rol-juega-en-la-ciberseguridad/269949

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Guatemala, elecciones generales y el infalible sistema neoliberal

Por: Ollantay Itzamna

Si existe en América Latina un país más vapuleado y humillado por el intervencionismo norteamericano, durante el pasado y presente siglo, ese país es Guatemala.

País tropical con abundantes tierras fértiles y agua dulce que podrían saciar el hambre y la sed de toda Centroamérica. Pero, es el país, en este momento, más empobrecido y desnutrido de toda América Latina, después de Haití.

El mayor daño que causó esta condición de colonialidad continuada no es tanto en lo material (ocupación, despojo, golpes de Estado, etc.), sino a nivel moral, espiritual e intelectual en las grandes mayorías de su población. Sí. Se configuró y afianzó en el imaginario colectivo e individual del guatemalteco humillado, indígena o no, la creencia de: “Nuestro redentor vendrá de los EEUU”. La condición de colonialidad se grafica en el amor/deseo que el colonizado tiene por su verdugo. A mayor nivel educativo, mayor es la condición de colonialidad.

Esta creencia, consciente o inconscientemente se materializa en las conductas, emociones, sentimientos y categorías de análisis que vierten analistas y opinadores en los medios corporativos y en las redes sociales.

Coyuntura electoral evidencia nuestra condición de colonizados

Como en las mitologías de la Caverna, las noticias, análisis y comentarios nacionales sobre el proceso electoral para el próximo 16 de junio excluyen por completo cuestiones como: el debate sobre el neoliberalismo como ideología y el injerencismo norteamericano como geopolítica.

Es más, se asume, implícita o explícitamente, que la Embajada norteamericana es el veedor democrático de dicho proceso electoral. Por eso se aplaude las excepcionales capturas o requerimientos legales contra narco candidatos guatemaltecos en los EEUU como un acto valioso para limpiar y/o persuadir a un proceso electoral limpio. ¿En qué momento le importo a los gobiernos norteamericanos el bienestar o libertad de los pueblos de Guatemala?

Los gobiernos norteamericanos, mediante las iglesias pentecostales y las ONG financiadas por la USAID (que ahora financia casi a la totalidad), instauraron en el imaginario guatemalteco las “infalibles” verdades sobre las bondades del sistema neoliberal, y sobre la benignidad de la “ayuda norteamericana”. Esas creencias, construidas en los antros de la cooperación de la USAID, se divulgó y divulga en las universidades y centros de investigación. Y, así, de tanto repetirse se convirtió en verdades absolutas.

Por eso en estas elecciones, como tampoco en el pasado, el sistema neoliberal, ni el imperialismo en Guatemala, son asuntos de debate, ni por los partidos políticos socialdemócratas, la izquierda, mucho menos por la derecha. Este performance “electoral”, llega al grado que un candidato de la izquierda (uno de los más potables) afirma: “Nosotros no planteamos, ni debatimos ideologías, plateamos soluciones a los problemas cotidianos de la gente”.

Ningún partido político plantea la necesidad de revisar o auditar el letal sistema neoliberal vigente. Mucho menos cuestionan el intervencionismo norteamericano que con su financiamiento y asesoramiento colapsó a todas las instituciones públicas del país.

En Guatemala el resultado de las próximas elecciones ya están decididas desde antes de la convocatoria. El gobierno de los EEUU tiene más de 20 partidos, con sus candidatos “probos” en acción. Y uno de ellos seguirá implementando el saqueo neoliberal, y afianzando el imperialismo en este país del eterno Viernes Santo.

Probabilidades del Movimiento para la Liberación de los Pueblos (MLP)

En este espectro colonial, los nefastos impactos del sistema neoliberal encubó su antídoto narrativo desde las comunidades y territorios en resistencia al despojo. Estos actores sociales, por primera vez en la historia republicana, lograron crear su propia organización política denominada MLP, con recursos, ideas y esfuerzos propios.

La principal bandera de MLP es la “nacionalización de todo lo privatizado”, y el proceso constituyente popular y plurinacional para la creación del Estado Plurinacional. Su triada ética es: Austeridad (disminuir salarios a funcionarios públicos), Transparencia (quitar el secreto bancario para funcionarios publicos) y Honradez (quitar el derecho de antejuicio para funcionarios).

Fueron las comunidades en resistencia quienes en asamblea eligieron las y los candidatos. Thelma Cabrera, indígena maya mam, va a la Presidencia. Y, Vicenta Jerónimo, maya mam, encabeza el listado nacional para diputados.

Utilizan las asambleas comunales y las redes sociales para difundir sus propuestas de gobierno. En las ciudades y en el área rural las propuestas de MLP tienen bastante aceptación. Especialmente porque es la única organización política que plantea necesarios cambios estructurales al país. Aunque por el racismo y el machismo generalizado, le costará aún a Guatemala optar por el rostro de bronce de MLP.

Serán las comunidades en resistencia, junto a un creciente segmento electoral del sector urbano, quienes colocaran algunos diputados en el Congreso Nacional por MLP. Lo inquietante es cómo actuarán dichos representantes de cara a los planteamientos de MLP como diputados. Si se convierten en diputados “bien portados”, MLP pasará formar parte de la clásica izquierda insignificante. Si logran sacar la agenda política del Congreso de la República a las calles, entonces, fagocitarán al monstruo colonizado hasta desafiar políticamente a su amo.

La Embajada norteamericana tiene todo bajo control para evitar que los resultados electorales sean favorables para el MLP. Pero también es consciente, por su desastrosa experiencia en la rebelión democrática boliviana, de diciembre del 2005, que no puede atacar abiertamente a MLP si acaso no quiere acelerar la primera rebelión democrática del presente siglo en Centro América.

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Al maestro con cariño…

Por: Casimiro Méndez

Democracia no sólo es la participación de la ciudadanía en los procesos electorales cada tres o cada seis años para elegir a nuevos representantes populares. Democracia no sólo es depositar el voto en una urna, y desentenderse de las consecuencias que traerá consigo haber optado por determinada opción política. Democracia no es ejercer el derecho al voto para para dejar en manos de unos cuantos, la conducción de los destinos de un país. No se equivoquen, eso no es democracia. La democracia es la forma de gobierno que confiere al pueblo el ejercicio del poder. Democracia es la participación del pueblo en las decisiones de gobierno, es definir el papel de la economía y su utilidad, sí los recursos de pueblo se utilizan para rescatar bancos y empresas privadas o decidir sí con esos recursos se construyen más escuelas, hospitales y vivienda pública. Tener la decisión sobre la aplicación de recursos es uno de los fines últimos de la democracia. Entonces podemos asegurar que la democracia es la construcción colectiva, organizada y participativa del pueblo para edificar una sociedad más justa y un futuro mejor. Democracia es la sociedad en movimiento resolviendo problemas colectivos.

Ningún gobierno en turno puede garantizar el pleno ejercicio de la democracia, la democracia como el poder se ejercen no se transfieren, y de su cumplimiento, el pueblo vigilante es el responsable. Si el pueblo transfiere al gobierno o al parlamento su responsabilidad democrática, dicha sociedad podría correr el riesgo de dejar de ser representada por su gobierno y perder sus derechos legalmente ante el parlamento.

En nuestro país, en años pasados, los trabajadores mexicanos han confiado sus derechos al gobierno y al parlamento, así como a los dirigentes sindicales. ¿Cuáles son los resultados de transferir el ejercicio democrático de forma pasiva a otras instituciones que no supieron o no quisieron velar por los derechos de los trabajadores? El resultado fue la entrega y aniquilación de los derechos laborales, todo disfrazado en reforma educativa. Trabajador mexicano, maestro frente a grupo, el ejercicio democrático sobre nuestros derechos es muy importante como para dejarlo en manos de un gobierno o un parlamento. Prohibida toda discusión y análisis sobre nuestros derechos laborales mientras no participemos en ellas y lo dramáticamente preocupante es cuando nosotros mismos nos excluimos de ellas, por confiar nuestros derechos a los dirigentes. Las históricas conquistas laborales se construyen con propuestas, con debates, construyendo consensos en los parlamentos, ganando aliados, pero sobre todo velando por nuestros derechos desde las calles. Si no velamos por nuestros derechos desde nuestros espacios de lucha, que nadie se sorprenda de los posibles resultados, si no velamos por nuestros derechos, definitivamente nadie puede decirse sorprendido o traicionado. Luchar por nuestros derechos laborales, es luchar por el bienestar de nuestra familia y de nuestro futuro.

Por muy progresista que sea un gobierno o un parlamento, pero sí los dejamos solos en esta lucha por recuperar los derechos laborales hasta hoy perdidos, los resultados no serán nada alentadores para nosotros. La tarea de recuperar los derechos es exclusiva de los trabajadores de la educación, de nadie más, esa tarea es intransferible. No debemos actuar como en 2012 y 2013, que después de aprobada la mal llamada reforma educativa, salimos a las calles a manifestarnos, cuando el golpe estaba dado. Y ese golpe nos ha costado la vida de varios compañeros, su integridad física, su libertad y su trabajo.  La lucha por nuestros derechos laborales debe estar consagrada en la constitución mexicana, no en las leyes secundarias.

Es momento de las propuestas, de la reflexión, del debate. Estamos ante una nueva etapa histórica, no podemos decir que ha llegado el momento, porque siempre ha estado ahí. Frente a nosotros, esperando nuestra fuerza ideológica, organizativa, nos está esperando con nuestros irrenunciables principios en bien de nuestros niños y del pueblo de México.

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No repetir

Por: David Calderón.

 

Los propósitos clave de todo sistema de educación básica se enmarcan en la triple inclusión: estar, aprender y participar. Es decir, la fuerza y los recursos del Estado, el compromiso y las capacidades de los agentes educativos se orientan a que todas y todos estén incluidos en la escuela, que aprendan lo que quieren y necesitan y que participen activamente de su propio proceso de construcción personal y comunitaria.

Un sistema que reprueba tiende a excluir. La reprobación tiene un severo impacto en la permanencia; los alumnos reprobados tienen una probabilidad mucho más alta que sus compañeros de dejar la escuela.

Ha causado cierto revuelo que en el Diario Oficial de la Federación, el 29 de marzo de este año, se haya publicado el acuerdo número 11/03/19 “por el que se establecen las normas generales para la evaluación del aprendizaje, acreditación, promoción, regularización y certificación de los educandos de la educación básica”. Los acuerdos secretariales son piezas normativas que aterrizan criterios generales que la SEP, como coordinadora de todos los sistemas escolares de la República, marca para el cumplimiento de los objetivos de ley.

En el artículo 11 de dicho acuerdo se establece, en la fracción I, que los grados de la educación preescolar se acreditan (es decir, se da por cumplido el grado y se reconoce la promoción al grado siguiente) sólo con haberse cursado, lo mismo que los grados primero y segundo de primaria, como se indica en la fracción II.

No faltaron los comentarios que consideraran el asunto como una decisión a favor de la laxitud y la irresponsabilidad de la autoridad sobre el logro escolar, o incluso como una novedad que “dañará” el trabajo de las escuelas. Ni una cosa, ni otra.

Está bien documentado que el problema con la reprobación es que no está en el mejor interés de la niñez; tal vez para alguien en la intención, pero la evidencia muestra lo contrario. En todos los grados, pero especialmente en los iniciales, se sientan las bases para poder aprender a lo largo de la vida. Darse por vencidos desde el inicio, en cuanto al esfuerzo de los adultos, es un contrasentido para el derecho a aprender.

Si algo nos ha enseñado la pedagogía, desde Comenio y antes hasta el día de hoy, es precisamente que no hay “problemas de aprendizaje” sino limitaciones de la enseñanza y de la convivencia. Todo el aprendizaje es “problema” en el sentido de que para todo ser humano hay reto en el descubrimiento del mundo y de los otros, y exigencia para activar nuestras capacidades y llevar adelante nuestros propósitos; ese reto cobra características específicas según la edad, género, identidad étnica, estado de salud, contexto familiar y social de cada quien. Nos vamos descubriendo, perteneciendo, tomando control de nuestras propias vidas por acercamientos sucesivos, por indagación, por ensayo y error.

Si un alumno es reprobado al inicio de su trayectoria escolar, en lugar de ser apoyado para identificar y superar las barreras al aprendizaje y la participación (BAP, por sus siglas) que enfrenta, el ciclo de exclusión se exacerba. Las BAP no sólo se refieren a condiciones permanentes de discapacidad o de talentos específicos destacados, sino a factores de nutrición, momento emocional y por supuesto a los factores escolares y contextuales de clima de aula, plan de estudios y estrategias homogeneizantes; vamos, las creencias de los adultos sobre lo que pueden esperar de niñas y niños pueden ser las primeras BAP.

La reprobación trajo en otras épocas expulsión; si se la empareja con la repetición, puede tratarse de una expulsión lenta o pospuesta. Pensemos; si como reza el dicho “el principio de la locura es hacer lo mismo y esperar resultados diferentes”, entonces nos engañamos si creemos que, en un caso en el que no fue apropiado el proceso, repetirlo en condiciones casi idénticas es la solución.

La repetición está correlacionada, en sus efectos, con el abandono escolar, en los grados repetidos o con posterioridad. No puede minimizarse el efecto de etiquetación de la sobre-edad o la discriminación por ser señalados, como si fuese sólo un tema de voluntad aprobar o no; la posibilidad de generar culpa o ansiedad es muy alta, cuando lo común es falta de atención específica.

En distintas partes del mundo se ha adoptado esta política, como ocurre en los países escandinavos, Portugal, Francia misma. Así que no es excepcional la medida, y de hecho, tampoco es nueva en México. Justamente un sólido estudio empírico (Leave them kids alone! The positive effect of abolishing grade retention on pupils’ dropout rates: Evidence from a policy change, de Francisco Cabrera del CIDE, detalla los efectos del acuerdo 648 (vigente a partir de agosto de 2012) en el que se abolió la reprobación de primero a tercero de primaria. No tiene desperdicio: se muestra con fuerza que no sólo mejoró la permanencia en grados posteriores, sino que no afectó los resultados de aprendizaje registrados en las pruebas nacionales, con todos los ajustes correspondientes. Es decir, no hay elementos para afirmar que dejar de lado la reprobación “daña” el logro promedio porque los chicos que enfrentan retos más tangibles se queden en los grados siguientes; acaban por “ponerse al paso”.

Desde el enfoque de inclusión, esta normativa apunta a aspectos positivos; es adecuada en tanto y en cuanto efectivamente se impulse que en cada aula se hace el esfuerzo necesario para detectar oportunamente el ritmo de aprendizaje, se establezcan estrategias de detección temprana de barreras al aprendizaje y la participación de cada niña y niño, y se siga un plan para alcanzar las metas correspondientes a lo largo del ciclo. Los profesores agradecerán esta “descarga administrativa” de cálculos y registros, pero debe hacerse la retroalimentación cualitativa a las familias y a los propios alumnos, de forma continua y no “para la boleta”. Esperamos que el acuerdo se complemente con una estrategia deliberada, práctica, accesible para que los ajustes al trabajo grupal e individual no dejen fuera del aprendizaje y de la participación. Qué bueno que puedan estar; ahora, hay que asegurarse que se cumpla su derecho a que aprendan y participen.

Fuente del artículo: http://www.educacionfutura.org/no-repetir/

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El memorándum

Por: Carlos Ornellas.

El concepto de República imperial, que trabajó Enrique Krauze bajo la inspiración de don Daniel Cosío Villegas, es amplio y complejo. Baste por lo pronto señalar que implica concentración de poder en quien ocupe la silla del águila, sin contrapesos de valía

A juzgar por sus actos, el presidente López Obrador se desesperó por el retraso para legislar el fin de la Reforma Educativa del gobierno de Peña Nieto y encumbrar la de la Cuarta Transformación. Pero la desesperación es mala consejera, o tal vez buena, si se acomoda a un fin más allá de la enmienda constitucional. Me refiero a la tentación de restablecer la República imperial.

El concepto de República imperial, que trabajó Enrique Krauze bajo la inspiración de don Daniel Cosío Villegas, es amplio y complejo. Baste por lo pronto señalar que implica concentración de poder en quien ocupe la silla del águila, sin contrapesos de valía.

El presidente López Obrador dio la prueba de la desesperación: “Ya se envió una iniciativa de ley de reforma a la Constitución, pero hay grupos del magisterio que no ven con buenos ojos la propuesta… pero si se tarda mucho y no hay acuerdo voy a sacar un decreto abrogando, quitando la mal llamada Reforma Educativa” (Excélsior, 14/04/19; énfasis en el original).

El Presidente no ha firmado tal decreto; no obstante, remitió un memorándum a la secretaria de Gobernación y a los secretarios de Educación Pública y de Hacienda para que, “con base en las facultades que me confiere el cargo que detento”, ordenar se abrogue la mal llamada Reforma Educativa.

La parte medular que apunta a la concentración del poder se expresa en los lineamientos b y c del memorándum. Dispone que las instancias del Poder Ejecutivo federal dejen sin efecto todas las medidas de la Reforma Educativa. Pero, al mismo tiempo, afirma que la nómina del sector quedará bajo control de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, la cual impedirá prácticas patrimonialistas, “aviadores” y cualquier otra forma de corrupción. La Secretaría de Educación Pública administrará las plazas magisteriales, evitará que se trafique con ellas y garantizará la contratación de maestros egresados de las normales públicas. La Secretaría de Gobernación realizará diligencias y acciones para poner en libertad a maestros y luchadores sociales que persiguen causas sociales justas y retirar las imputaciones para castigar activismos pacíficos.

Legisladores de todos los partidos, representantes empresariales, activistas sociales, académicos y juristas destacados, como el ministro en retiro de la Suprema Corte, José Ramón Cossío, señalaron la inconstitucionalidad del memorándum y la invasión de facultades de otro poder.

El Presidente piensa que tiene potestad para juzgar cuáles son causas justas y afirma que el activismo de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación es pacífico. Y, a pesar de que él supone que con estas medidas contentará a sus líderes, ellos responden con más presión: “Hasta no ver no creer”. Quieren el retorno total de sus privilegios: controlar la nómina y disponer de la trayectoria laboral de los maestros.

La idea de rehabilitar la República imperial forja contrapesos. Unos se enojan y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación muestra músculo. Espero que el Presidente no se desespere más.

Fuente del artículo: http://www.educacionfutura.org/el-memorandum/

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