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Niños estresados por exceso de estimulación

Por: María Antonia Casanova

Los fines de semana, cada vez más, los restaurantes de comida rápida e insana se llenan de familias con niños. Los únicos días que podrían comer en casa -los otros lo hacen en colegios-, a los padres no les apetece cocinar. En realidad, están cansados de todo, incluso de sí mismos, sus parejas y su progenie, el vértigo de sus vidas los mantiene agotados, frustrados, incluso hirientes. Antes en una familia de cinco o seis, trabajaba solo el padre, ahora en una de tres trabajan ambos y, a veces, posiblemente, en más de un empleo. De acuerdo con la terminología moderna, están estresados, lo que deriva en que consiguen también estresar a los hijos -o el hijo-, a lo que además se colabora llenándole los días de actividades extraescolares variopintas que van desde baile a kárate, idioma o deporte, ajedrez o cocina… Parece que la vivencia general es que parar es morir, que no aprovechar el ocio para hacer algo utilísimo es perder magníficas oportunidades de progreso actual o futuro.

 Algunos niños empiezan con la atención temprana o la estimulación precoz, por lo que, en muchos casos, se les exigen ciertos resultados antes de tener la maduración necesaria para conseguirlos, lo que les acarrea ansiedad, frustración y, paradójicamente, bloqueo y retraso en determinadas situaciones. Y es que toda la familia sobrevive cotidianamente a la velocidad del AVE y pronto a la de la transportación frecuente. En el colegio se les ocupan de seis a ocho horas, especialmente si el centro es privado o concertado (en algo debe mostrarse la diferencia) y, a menudo, para casa quedan los deberes. Por otra parte, a cualquier hora y en todo lugar no dejan de utilizar el móvil o la tableta e, incluso, los videojuegos; fuera el relax en plena naturaleza, la convivencia informal con amigos, la lectura personal… La consecuencia suele ser el desarrollo de niños y adolescentes con dificultades de atención, bajo rendimiento, personalidad impulsiva y violenta o pasota en la juventud, distracciones compulsivas en solitario y falta de interrelación familiar.

Todos los estudios destacan el aumento de las actividades extraescolares y la extensión de estas a campos cada vez más especializados como robótica, fotografía, ecología, violín. ¡Incluso la televisión les ofrece realizarse como grandes chefs…! Obviamente, estos aprendizajes no son negativos en sí mismos, pero sí cuando saturan al niño, están impartidos por profesionales desconocedores de la psicopedagogía adecuada en relación con la edad del receptor y, sobre todo, cuando impiden que el alumno sea lo que es: un niño que debe jugar, tomar el sol, relacionarse con sus vecinos, primos, montar en bicicleta y tantas otras cosas de su edad. Pero en esta época, los niños ya no saben jugar, solo seudojugar o tecnoentretenerse, a veces visionando en la televisión programas porno.

 Tiempo atrás, solo con los hermanos se conformaba una tribu para divertirse con juegos como el simple escondite, pero en la actualidad los niños se entretienen a la manera de previejos, sin moverse, ni arriesgarse a perder, ni saber negociar con los compañeros. El vulgo interpreta a su manera las aportaciones neurocientíficas y no asume que obligar a aprender más y más puede resultar contraproducente. Siempre será más eficaz aprender mejor y mejor, lo que requiere de estudiantes predispuestos y de buenos profesores y padres atentos al proceso de aprendizaje de sus hijos. Sin embargo, parece demostrado que las escuelas a las que más van los padres son aquellas que funcionan peor. Y ¿por qué sucede esto? Pues porque solo van a protestar por las malas notas, alguna regañina o la solicitud del tutor para encarrilar conductas inadecuadas o la falta clamorosa de rendimiento; la mayoría no aparece para cooperar, intentar acompañar a sus hijos en su aprendizaje, interesarse por si está bien integrado o cosas por el estilo.

 El exceso de cacharros tecnológicos, encendidos incluso de noche -lo que distorsiona o disminuye las horas de sueño-, la concesión constante de caprichos para que no molesten o para autopercibirse como buenísimos padres, la no exigencia de colaboración doméstica, la hiperestimulación…, no beneficia a los niños: en buena medida les perjudica. En lugar de las extraescolares, lo fundamental sería mejorar los aprendizajes de las materias básicas que, supuestamente, garantizan que se alcancen las competencias exigidas en cada etapa, en lugar de saturar a los niños de extras para tenerlos ocupados o controlados incluso por personal no específicamente capacitado. Este círculo genera padres ansiosos, críos desaforados y no siempre una atención docente de garantía, lo que al final puede ocasionar que los alumnos rechacen el estudio por miedo al fracaso o por agotamiento mental. Obviamente, los progenitores quieren que sus hijos triunfen, que disfruten lo que ellos no tuvieron, sin reconocer que los niños no son una inversión, ni una compensación, ni una revancha existencial; sus pequeños lo que más valorarían es contar con su tiempo, con su dedicación. Pero los mayores tampoco tienen tiempo, evidentemente, incluso menos que los niños y, desde luego, cargan con muchas responsabilidades, lo que les impide colaborar en los deberes escolares y piden que desaparezcan. Consecuencias de ello son las rabietas de unos y los enfados de los otros, los desafíos a la autoridad paterna, la falta de comunicación y, en los jóvenes, la tentación del alcohol o las drogas cuyo consumo va en aumento, pues a los adolescentes les falta arraigo y experiencia de vida en común. Hay que escuchar a los hijos, demostrarles el cariño que se les tiene y dejarles tiempo para descansar, jugar, fantasear y dar alas a su creatividad.

En la escuela, los niños sobreestimulados suelen ser tachados de hiperactivos, pero en la mayoría de los casos no tienen este problema (TDAH), sino el del aburrimiento en clase; están quemados y malhumorados, exhaustos de tener que sobrevivir a tantos estímulos y expectativas. En nuestro país, al menos un 10% está medicado contra la falta de atención o hiperactividad, aunque no siempre haya sido bien diagnosticado, lo que puede producir efectos secundarios negativos. Un escolar descansado, curioso ante lo que le enseñan y confiado porque sabe que en su casa se le comprende y ayuda sin exigirle que ponga a prueba permanentemente que es o será un triunfador, rendirá más y tendrá menos problemas de aprendizaje e, incluso, de integración en el grupo. No destruyamos la infancia saturándola de obligaciones y exigencias mientras contradictoriamente la llenamos de regalos innecesarios. No convirtamos a los niños en viejos antes de tiempo.

Fuente: http://educacioncalidadydiversidad.blogspot.mx/2017/10/ninos-estresados-por-exceso-de.html

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La calidad de la educación: los términos de su ecuación. IV

Por: Bonifacio Barba

Como objeto a evaluar, de modo que se pueda conocer su realización en el largo y conflictivo tiempo social y en el tiempo biográfico que encierra la experiencia de desarrollo cada alumno y de cada alumna –y en todo ese tiempo, el desarrollo de los docentes y los directivos, pues la educación es un hecho de convivencia que forma a todos-, y de modo también que se pueda promover el aumento progresivo de su calidad, la educación plantea una tarea muy exigente debido a su propio contenido y objetivos. Su complejidad no le viene de las políticas educativas, sino al revés; estas han de ser adecuadas a la naturaleza de la educación. Para comprender la complejidad de la educación y lo que debe hacerse para su realización basta leer con calma y reflexionar en los principios del artículo tercero constitucional y lo que prescribe el artículo 7° de la Ley General de Educación. Esa lectura y reflexión seguro que llevarán a inferir las implicaciones teóricas y prácticas de hacerse cargo de la acción de educar.

La exigencia de la tarea educativa puede ser observada en dos planos que son distantes en su nivel de abstracción pero que son inseparables filosófica y jurídicamente: de un lado, lo que establecen los artículos constitucionales que se ocupan de la educación –ya de modo directo como el tercero, o de modo indirecto como el 24, 25 y 26, entre otros-, y del otro lado, lo que expresa el currículo como organizador del trabajo de la escuela, incluyendo en ello el currículo definido para el tipo especial de escuelas que forman a los docentes. Además, esta visión centrada en el derecho a la educación y sus exigencias da lugar a la necesidad de otro tipo de escuela de la prácticamente no se habla: una que debe ocuparse de formar a los directivos, pues las capacidades de estos no son un producto natural de la experiencia docente, sin que este elemento deba ser minusvalorado en el desarrollo profesional. Debe haber motivos poderosos y planes de acción bien estructurados para justificar que un buen maestro deje el salón de clases.

Estos elementos fuente de lo que pretende la educación y que a la vez son imagen material de la misma porque a partir de ellos será posible hablar de su calidad, es decir, que con posterioridad a la experiencia de aprendizaje serán parámetros fundamentales para valorar aquélla, tienen como origen una sociedad política y económica desigual, pero deben vincularse sustancialmente con la equidad en dos momentos: primero, el momento de preparación de la acción educativa en todos los niveles del sistema escolar y de la administración pública, de modo que se organicen adecuadamente las condiciones de la labor de la escuela para que de ellas pueda decirse tanto que son equitativas como que su dinámica está orientada al acrecentamiento de la equidad.

El mandato constitucional de ofrecer educación de calidad con equidad es un potente organizador de los elementos de la educación, sí, pero como se trata de una obligación del Estado, debe admitirse, debe aceptarse también, que su potencia alcance a la organización de la acción del gobierno en todos sus ámbitos, de modo específico, en todos los que concurren en la elaboración e implementación de las políticas educacionales. Al mencionar sólo al Estado no se está dejando de lado a la sociedad, pues aquél no existe sin esta; todo lo contrario, existe para bien de ella. Lo que hace falta es la apertura de los gobernantes para incorporar en sus acciones las demandas específicas de la sociedad o de grupos de ella, sin que esto signifique que se dé paso a intereses contrapuestos o desintegradores de la escuela, pues el objetivo de toda participación social ha de ser el de realizar el derecho a la educación precisando las necesidades que deben ser atendidas, es decir, afinando la relevancia del servicio educativo de acuerdo con todos los valores de la democracia, de acuerdo con el conjunto de los derechos.

El segundo momento en el que los elementos fuente de la educación deben vincularse con la equidad es cuando la educación se realice y dé como fruto una formación de los ciudadanos y las ciudadanas que les ayude a ser conscientes de su dignidad por haber vivido una experiencia pedagógica enmarcada en el objetivo de la equidad, lo cual fortalece la pertinencia, cualidad que colabora a que la sociedad avance hacia la equidad de manera continua, gradual. Con esto se hace visible que se trata de crear un círculo virtuoso entre lo abstracto de los postulados jurídicos y las cualidades de la persona y de la sociedad en términos de equidad y de convivencia democrática.

Esta sociedad que forma así a sus ciudadanos y ciudadanas, fortalece su convivencia con el conjunto de valores que sustentan el derecho a la educación y tendrá la capacidad, también gradual, de retroalimentar o reconstruir sin pausa, sin descanso el currículo, como medio de formación, como guía de la vida escolar, de tal forma que se borre la diferencia entre los currículos, es decir, que el vivido no se oponga al planeado, o en otras palabras, que deje de haber un currículo oculto. Será una escuela abierta en una sociedad abierta.

Esto permite volver al origen de la presencia de la equidad en el artículo tercero constitucional: su incorporación como valor a la configuración de los que ya definían el contenido y fines del derecho a la educación, expresa el reconocimiento político de que uno de los grandes problemas de la sociedad, si no es que el fundamental, es la desigual participación de los ciudadanos y las ciudadanas en la producción y aprovechamiento de las relaciones sociales, económicas y políticas que la estructuran.

La presencia de la equidad en la ecuación de la calidad de la educación indica la necesidad de una transformación moral del servicio educativo, el cual está muy influido, y más, determinado en algunos de sus elementos, por lo que ocurre afuera de la escuela. Esto no es nuevo, ha acompañado la historia de la creación del servicio educativo. Lo nuevo está en la perspectiva de la equidad como lugar desde el cual juzgar la calidad.

A modo de conclusión, puede afirmarse que cuando se realizan el aprendizaje y la equidad y estrechan en la praxis su relación como lo expresa la fórmula CE = ae  (la calidad de la educación es igual al aprendizaje multiplicado por la equidad), es entonces que se construye como experiencia personal y como bien social el derecho a la educación, porque esta ha incorporado sustantivamente los principios de dignidad e igualdad ciudadana y, por la presencia activa de ellos diseñando y ofreciendo el servicio educativo, ha operado una transformación moral de la sociedad y del gobierno.

En ese entonces, el ciudadano y la ciudadana están aprendiendo por medio del currículo escolar y, lo que es de mayor alcance, por las relaciones sociales, políticas y económicas. Aprendizaje y equidad son dos fines de distinto alcance, subordinado el primero al segundo. Su vínculo es tan íntimo o constitutivo, que sólo por su relación ocurre el ansiado valor social, político y escolar al que se da el nombre de calidad de la educación.

Fuente del Artículo:

La calidad de la educación: los términos de su ecuación. IV

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Educación religiosa escolar y violación a la laicidad

Por: LAICISMO.ORG

Las escuelas públicas deben estar libres de adoctrinamiento religioso. Sin embargo, en varios países que son laicos, la religión como asignatura sigue ofreciéndose y usándose para adoctrinar menores.
Mientras que en países como Francia, Chile, Uruguay o México la educación religiosa no hace parte del currículo escolar de los colegios públicos de varios países de Latinoamérica y España se presenta. Y en algunos es de carácter obligatorio.
En el presente escrito veremos la situación de Colombia y Perú sobre el particular.
Colombia
En Colombia esta asignatura existe, a pesar que el Estado colombiano es laico desde la Constitución de 1991.
La Constitución Política de Colombia afirma en su artículo 68 que “en los establecimientos del Estado ninguna persona podrá ser obligada a recibir educación religiosa”. Sin embargo, en la Ley General de Educación de 1995 se incluyó a la religión como asignatura obligatoria. Y aunque hay directrices que piden que esta asignatura no sea usada para adoctrinar en un credo particular, la realidad en muchas partes del país es diferente.
Posteriormente, el Decreto 4500 de 2006 estableció la posibilidad que los padres de familia manifiesten la exoneración de la clase de religión para sus hijos en el momento de la matrícula. Para esto todos los colegios deben tener un plan alterno, bajo el cual se les evaluará.
Este plan alterno señala en el Artículo 4 del citado Decreto que: “al estudiante que opte por no tomar la educación religiosa ofrecida por el establecimiento educativo se le ofrecerá un programa alternativo el cual deberá estar previsto en el PEI con base en el cual se le evaluará”.
Sin embargo, estos planes alternos no existen en las instituciones públicas. De hecho, la inmensa mayoría de rectores y consejos académicos ignoran su existencia. Tampoco ha existido ninguna campaña informativa que dé a conocer a los padres de familia la posibilidad de exonerar a sus hijos.
Según el informe Estado de la laicidad en Colombia, 2010 – 2017, que realizó la Corporación Bogotana para el Avance de la Razón y el Laicismo, se reportó que en muchos colegios públicos se usa la asignatura de religión para promover el catolicismo o el cristianismo en general. Lo anterior es más marcado en zonas rurales, pueblos y ciudades intermedias, así como en las básicas primarias en general. En la educación primaria se enseñan como realidades históricas la historia de Adán y Eva, el diluvio, o se han redactado en boletines de calificación descriptores de logro como “se le dificulta reconocer a Jesús como salvador del mundo”, como ocurrió en un colegio de Bello, Antioquia. Vale preguntarse si con un logro académico así podía aprobar entonces un estudiante judío, indígena o ateo.
También se reportó un caso, en el San Francisco de Sales en Cúcuta, en el que se pidió a cada curso hacer altares para la Virgen María en cada aula de clases, a pesar que existían allí —y aún existen— estudiantes evangélicos, que no adoran a la Virgen, como agnósticos y ateos. Uno de ellos, a manera de protesta simbólica, puso un ejemplar del libro El Mundo y sus Demonios de Carl Sagan junto a la imagen de la Virgen, lo que le valió al curso una reprimenda verbal por, según algunos docentes “profanar algo sagrado”.
La Corte Constitucional, tras una revisión de una tutela el año pasado, recordó la naturaleza laica del estado, en un caso en el que estuvo involucrada una docente cristiana no católica que pidió en reiteradas ocasiones no ser obligada a participar en las misas de la Institución Educativa Municipal Carlos Lozano y Lozano, de Fusagasugá, Cundinamarca. La Honorable Corte no solo determinó que se le había violado su libertad de conciencia y de culto a la maestra al obligarla a participar de estos actos, sino que en los colegios oficiales, que por naturaleza deben ser neutrales ante todo credo religioso, los directivos escolares no deben realizar actos religiosos que liguen a una institución pública con un credo en particular.
En las redes sociales muchos padres y docentes comentaron la noticia de este fallo adjudicando la crisis de corrupción a la falta de enseñanza de la Biblia, el catecismo o la creencia en Jesús. Aquí es preciso señalar que la educación religiosa no es lo mismo que la enseñanza de la ética. Platón hablaba de ética siglos antes que cualquier humano se autodenominase cristiano. La ética es una rama de la filosofía que se encarga del estudio de la moral. Se puede ser perfectamente un buen ser humano sin adherirse a un credo religioso, así como hay malas personas que creen en alguna divinidad o en presuntos libros revelados. ¿Qué tiene que ver con la moral el aceptar o no el dogma de la transubstanciación o qué la Biblia y no el Corán son la palabra de Dios?
Es cierto que como sociedad necesitamos enseñar, pero ante todo vivir los valores de honradez, honestidad, justicia, bondad, responsabilidad, cooperación y respeto. Pero esto es distinto a enseñar que hay un libro revelado, una iglesia a la cual asistir o dogmas que no se pueden cuestionar. Repito: ¡Ética y religión son dos cosas diferentes!

La ética también está señalada en la Ley General de Educación como asignatura obligatoria, aunque a veces se mezcla con la religión en su forma de presentarse o evaluarse. No es sobre esta asignatura que se estableció la posibilidad de exoneración de la que habla el decreto 4500 de 2006.Les dejamos el vídeo de Bogotá Atea en el que promueven la exoneración de la clase de religión.



Perú

Texto de J. Leonardo Vivanco Enriquez

¿Por qué se enseña religión en la escuelas?
Sobre eso, el Marco Curricular Nacional, en su segunda versión, en la página 17, dice:
“En 1980 se firmó el Acuerdo entre la Santa Sede y la República del Perú, más conocido como Concordato, donde el Estado peruano asume el compromiso de enseñar el curso de religión católica en los colegios públicos como materia ordinaria, aunque normas posteriores autorizan a los estudiantes que así lo deseen (con permiso o por pedido de sus padres) exonerarse de este curso sin afectar su promedio. Estas normas están vigentes y, en consecuencia, el curso se seguirá dictando en las mismas condiciones.”
El Currículo Nacional de Educación Básica, menciona que uno de los perfiles de egreso de la educación básica es que;
* El estudiante comprende y aprecia la dimensión espiritual y religiosa en la vida de las personas y de las sociedades.
El estudiante comprende la trascendencia que tiene la dimensión espiritual y religiosa en la vida moral, cultural y social de las personas. Esto le permite reflexionar sobre el sentido de su vida, el compromiso ético y existencial en la construcción de un mundo más justo, solidario y fraterno. Asimismo, muestra respeto y tolerancia por las diversas cosmovisiones, religiones y creencias de las personas. (p. 10 )
Además, una de la competencias que se muestran en el currículo, dice que el estudiante:
“Construye su identidad como persona humana, amada por Dios, digna, libre y trascendente, comprendiendo la doctrina de su propia religión, abierto al diálogo con las que le son cercanas”, y que “Asume la experiencia el encuentro personal y comunitario con Dios en su proyecto de vida en coherencia con su creencia religiosa”, además, agrega que; “Estas dos competencias se desarrollan en el área de Educación religiosa y se encontrarán explicadas en los programas curriculares de las modalidades educativas. Según la Ley 29635, ley de libertad religiosa, los padres de familia o estudiantes cuya confesión religiosa es distinta a la católica pueden solicitar exoneración del área, sin perjuicio alguno”. (p. 24)
Hasta aquí notamos la existe de todo un marco legal que ampara la existencia de la asignatura en cuestión, de su práctica en las escuelas y de su función según los documentos normativos, ahora bien, veamos que dice la constitución al respecto.
En el Capítulo I, sobre los derechos fundamentales de la persona, particularmente en el Artículo 2 dice que toda persona tiene derecho:
3.- A la libertad de conciencia y de religión, en forma individual o asociada. No hay persecución por razón de ideas o creencias. No hay delito de opinión. El ejercicio público de todas las confesiones es libre, siempre que no ofenda la moral ni altere el orden público.
Luego, en el Artículo 50 dice;
Dentro de un régimen de independencia y autonomía, el Estado reconoce a la Iglesia Católica como elemento importante en la formación histórica, cultural y moral del Perú, y le presta su colaboración.
El Estado respeta otras confesiones y puede establecer formas de colaboración con ellas.
“Se define a Estado laico como aquel independiente de cualquier organización o confesión religiosa. Así, el Estado peruano es laico como lo son la inmensa mayoría de los Estados del mundo. (…) Pero lo más curioso de todo es que la vigente Constitución de 1993 no menciona la palabra laico, sobre la cual se ha construido una falsa conclusión, que sin embargo ha calado a fuerza de la repetición”.
Para terminar;
“El 3 de julio de 1991, Alberto Fujimori firma el Decreto Supremo 145-91-DF, en el que se establecen las asignaciones de dinero del personal eclesiástico de manera escalonada, de tal forma que el cardenal obtiene el mismo sueldo que un ministro de Estado, el arzobispo el 80% del sueldo de un vice-ministro, el obispo, 50%, etc. Cabe recalcar que estas asignaciones no son consideradas como sueldos, puesto que no están sujetas a ningún descuento por tributación”.
Ahora bien, considero que con estos objetos es posible generar algún argumento o a favor o en contra o quizá generar algún tipo de concilio, sin embargo, la chamba compleja se encuentra en la trasmisión de las ideas y de la información. De tal forma que, no se engañe a través de un discurso fundamentalista o de odio.
Fuente del Artículo:
https://laicismo.org/2018/02/educacion-religiosa-escolar-y-violacion-a-la-laicidad/
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Educación y cultura para una sociedad fracturada

Ernesto A. Holder
opinion@laestrella.com.pa

Una de las cosas que entenderemos al final (o al principio de alguna nueva etapa que desconocemos aún) es que la cultura, la memoria y la historia común, y el trabajo constante por aprender de las lecciones que nos han heredado es lo que nos mantendrá de alguna manera unidos; ojalá, enfocados en la construcción de una nueva realidad social que nos beneficie a todos.

Tal como experimentamos en estos momentos y desde hace ya varias décadas, tanto en lo local como a nivel internacional, el deterioro de la condición humana es irreversible desde las perspectivas y con los parámetros generales que se nos imponen. No están funcionado; por más que nos digan que las economías están creciendo o que la expectativa de vida va en aumento: ¿las expectativas de vida de quién?

Algunos nos pintan un mundo mejor, pero no ofrecen igualdad de condiciones sociales para todos. El fanatismo ideológico-religioso que intenta imponer creencias esotéricas al conjunto de la sociedad, lo hace, muchas veces, desde posturas peligrosamente agresivas. No será el dinero lo que nos una. Ese apetito enfermizo por tener más y más de lo que no se puede ni consumir ante la mirada de los que apenas tienen para sobrevivir.

La discusión y análisis del tema sobre la Sociedad Fracturada ( Fractured Society ) tuvo espacio en la reunión del Foro Económico Mundial en Davos, a finales de enero pasado, en donde el tema fue visto y analizado desde varias perspectivas, incluyendo la educativa, la sociocultural y las amenazas del cambio climático, entre otros.

El joven Parvathi Santhosh, de la organización internacional Global Shapers, sobre las ciudades, y tomando en cuenta lo que en estos últimos años hemos vivido aquí en Panamá, sugirió que: ‘Para crear un futuro compartido en un mundo fracturado, necesitamos activar el potencial sin explotar de los niños y las familias que luchan por tener éxito, reorganizando los sistemas y la infraestructura de la ciudad para que sean más personalizados e interconectados, de modo que cada niño en cada comunidad tenga una oportunidad en un futuro brillante’. El tiempo que pasamos yendo y viniendo, poca oportunidad le concede a los jóvenes y niños para que puedan explorar su creatividad e ingenio en la búsqueda de mejoramiento en las cosas que les inquietan y, por el poco tiempo que pasan juntos, lo más posible es que sus progenitores lo desconocen.

Esa reflexión (que debemos tomar unos minutos para internamente examinar) nos lleva a lo que Sarah Al Charif sustentó: ‘Necesitamos educar a nuestros hijos sobre la empatía, necesitamos integrarlo en nuestros sistemas educativos. La empatía es la respuesta para construir la cooperación en un mundo fracturado hoy y en el futuro’. Tomen nota de la creciente impaciencia y poco espacio que le damos al otro para que se equivoque. La chispa violenta en las calles ante la imprudencia de algún semejante, enciende las reacciones más enérgicas, so pretexto de la defensa del espacio y el derecho individual, téngase la razón o no.

Como tercer ejemplo, me hago eco de lo expuesto en Davos por el joven Umair Pervez, de la empresa Calgary Hub, quien muy atinadamente señala que: ‘Como regla general, debemos preguntarnos: ¿esta decisión mejorará el mundo para las generaciones futuras? Si una decisión no pasa esta simple prueba, probablemente sea hora de reconsiderarla’. Esta sencilla pregunta aplica para YA. Que nos veamos parte de una sociedad en peligro… que enseñemos a nuestros jóvenes a pensar de manera colectiva y abandonar las mezquindades individualistas.

Por donde miramos, aquí, en esta sociedad fracturada nuestra, el futuro no se ve muy bien y muy pocas son las señales de que los que trabajan conscientemente por el bien común, tenga el camino despejado para lograr sus objetivos.

Para los que toman decisiones y conducen las cosas del Estado, desde el Gobierno o la empresa privada, las señales que emergen de Davos apuntan a otras responsabilidades para que podamos corregir los problemas existentes y allanar el camino hacia el futuro. Para los que no lo saben y/o prestan atención, en Davos también se reúnen algunos de los líderes culturales más importantes del mundo. Su misión es la de dar forma y sentido a la realidad en el marco de visualizar el bienestar futuro. Tomen nota, que por allí es la cosa.

Fuente del Artículo:

http://laestrella.com.pa/opinion/columnistas/educacion-cultura-para-sociedad-fracturada/24049136

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El reglamento a normales: ¿más es menos?

Por: Abelardo Carro Nava

En días pasados, quienes nos encontramos insertos en el subsistema normalista y nos preocupamos y ocupamos por lo que ocurre en este y en otros espacios, nos enteramos que en el Benemérito Instituto Normal del Estado de Puebla, el Dr. Tuirán, Inauguró el I Taller Regional correspondiente a la Zona Centro, sobre la elaboración de normas para el Ingreso, Promoción y Otorgamiento de Estímulos (RIPE) del personal académico en las escuelas normales.

A dicho evento fueron convocadas, autoridades de las escuelas normales de la CDMX, Estado de México, Hidalgo, Morelos, Oaxaca, Puebla y Tlaxcala, con el fin – a decir del propio Subsecretario – de fortalecer a esas instituciones y transformarlas para que éstas sean capaces de encarar los desafíos del siglo XXI. Interesante cuestión fue ésta – pensé por un momento –, porque si mi memoria no me falla tal reglamento, se ha venido trabajando de unos meses para acá en diversas sedes, con “representantes” de las instituciones formadoras de docentes de “todo” el país pero, también, en un “grupo especial” (Notimex 13/07/2017) conformado por integrantes del SNTE, y otros actores o agentes “educativos” que bien a bien no sé qué hicieron en ese embrollo pero de que participaron, participaron en la encomienda que en ese entonces les confirió Nuño.

Lo anterior ¿qué significa? Es decir, el que ya se haya venido trabajando el reglamento que refiero; sencillo, que no hay mucho de nuevo en la noticia ni en los foros que el Subsecretario ha comenzado a trabajar en todo el país. ¿Qué beneficio o aportación pueden traer estas “reuniones” si ya existe un “esquema normativo” en el que se observan, entre otras cuestiones, una modificación reglamentaria que bien a bien no se entiende, sobre todo, porque en tales reglas, las formas de ingreso, promoción y estímulos, se contemplan a partir de la integración de ciertas comisiones dictaminadoras que, también, bien a bien no se entienden por su “disparidad” e incongruencia con lo que sucede en las normales?. Pongo un ejemplo para el ingreso: ¿cómo y a partir de qué criterios se evaluará la “vocación” del aspirante que desee concursar por una plaza dentro del subsistema de educación normal?, ¿será a través de un examen?… ¿la vocación se valora a través de un examen?

Ahora bien, a partir de estas reuniones y/o talleres, ¿se podrán hacer modificaciones al reglamento que ya ha sido construido, con propuestas que surjan, no de las autoridades educativas y de los diálogos de éstos con ciertos “representantes” de la normales, sino de los docentes adscritos a todo el subsistema que, al fin y al cabo, son los que padecen los procesos de ingreso, promoción y estímulo referidos? En este sentido, les invito a leer mi postura sobre los estímulos que existen en las normales y que publiqué en este mismo espacio hace unas semanas, y cuyo título les dará una idea de lo que éste refiere: la manzana de la discordia en normales.

Pero volviendo al tema que me ocupa, pregunto nuevamente, ¿se podrán hacer modificaciones al reglamento que se ha construido y que ya ha sido ventilado en los foros que ha encabezado el Subsecretario. Y es que mire usted, la conformación de una Comisión Dictaminadora por dos académicos miembros del Sistema Nacional de Investigadores, la Academia Mexicana de Ciencia u otros organismos de prestigio equivalente, nombrados por la DGESPE; dos académicos adscritos a la EN en donde se genere la vacante, designados por el sindicato titular; un miembro del IPES a invitación de la SES; entre otros más, hace pensar muchas cosas, por ejemplo: ¿qué es lo que se pretende con este reglamento y con la Comisión Dictaminadora que refiero? ¿qué los SNI avalen la preparación y/o trayectoria académica de los aspirantes y candidatos a promoción y los del sindicato velen por los derechos laborales de los trabajadores? Menuda situación sería ésta que ya quiero ver en acción; pero aún hay más: ¿por qué la DGESPE es la única instancia que designará a los SNI?, ¿y los estados qué papel juegan en todo ello?, ¿qué autonomía e imparcialidad podrán tener las comisiones dictaminadores si habrá de “dulce, chile y mantequilla” en su conformación?, ¿en verdad los integrantes del SNTE avalarán imparcialmente las evaluaciones realizadas a los aspirantes y candidatos a promociones?, ¿de qué manera se asegurará que haya transparencia en los procesos si en muchas Secretarías de Educación o, en el propio SNTE, se encuentra adscrito personal que debería estar laborando en las escuelas normales pero realiza un trabajo administrativo y/o político? Habría que recomendarle a alguien, el documento que hace unos días Verónica Medrano difundió, “La educación normal en México. Elementos para su análisis”, o bien, lo que Graciela Cordero ha venido investigando desde hace un tiempo; esto, con el propósito de que tenga un panorama más amplio de lo que ocurre en las normales, consecuencia de los que han dejado de hacer o hicieron incorrectamente ciertos agentes educativos. Pongo un ejemplo: ¿por qué cuando Marcela Santillán (ex directora de la DGESPE) propuso la modificación del reglamento de normales no se avanzó como debió avanzarse?, ¿quién o quiénes fueron los responsables de que se detuviera tal hecho?

Ahora bien, habría que recordar que ese “intento” por realizar una modificación al reglamento normalista se dio durante la gestión del mismo Subsecretario Tuirán. ¿No habría que cuestionarle al Subsecretario, hoy que regresó a la Subsecretaría de Educación Superior, qué fue lo que pasó en ese entonces para que esa propuesta no prosperara? En fin.

Ojalá que el mismo taller se inauguré con todos los maestros normalistas. Sería muy interesante conocer su punto de vista y los procesos que se viven en un medio tan heterogéneo como lo es el normalismo mexicano.

Bien se dice que la forma es el fondo y, en este caso, el fondo no parece ser muy claro, y la forma, mucho menos.

Tiempo al tiempo.

Fuente del Artículo:

El reglamento a normales: ¿más es menos?

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Can Virtual Reality Open STEM Education And Jobs To More People?

By: Sasha Banks-Louie Oracle

Employers need to fill 1.6 million jobs in the US that require backgrounds in science, technology, engineering, and math by 2021, according to a 2016 study by the US Department of Education. That demand is spurring new approaches to STEM education that are designed to appeal to more, and a greater diversity, of students.

“Science educators know we need to stop teaching facts and figures from textbooks and start showing students how to apply the fundamental concepts of scientific methods to real-world problems,” says Dr. Becky Sage, CEO of Interactive Scientific, a UK-based education technology firm.

Interactive Scientific, part of the Oracle Startup Cloud Accelerator program in Bristol, has developed scientific simulation software, called Nano Simbox, which students are using to observe how atoms and molecules interact. Researchers are also using this technology to explore new theories, product designs, and drugs.

Employing tablets, virtual reality headsets and controllers, students can visualize atoms, observe how they behave in different combinations, and manipulate them for testing.

Dominique Skinner, a chemistry student at Queen Mary University of London studying biochemistry, used Nano Simbox technology and research to combine atoms and create digital models of the molecules for a plant-based line of cosmetics.

“I wanted to put science next to veganism, and veganism next to cosmetics,” Skinner says. “Nano Simbox allowed me to see how skin would react to molecules from animal proteins and synthetic chemicals that were harsh on the skin versus plant-based molecules that benefited the skin.”

New Approach to Learning

Interactive Scientific has begun experimenting with artificial intelligence to understand how students learn, and how applying machine-learning algorithms could guide their progress.

“Whilst our machine learning work is in its infancy we have already designed the software to help students understand complex, scientific concepts in a way that’s unique to their individual learning styles and encourages them to challenge their own thinking by exploring alternative ideas,” says Sage.

Traditional teaching approaches using textbooks and standardized testing tend to be less flexible, both in the pace at which students progress and how their understanding is tracked and measured.

Nano Simbox’s simulation software runs on Oracle Infrastructure as a Service, making it possible “to scale this really complex science,” says Interactive Scientific founder Dr. David Glowacki.

“We needed a system to help us monitor, log, and report on scalability in real-time,” says Glowacki, who’s also a Royal Society research fellow at the University of Bristol and visiting scholar with Stanford University’s chemistry and mechanical engineering departments.

Creating Opportunities

Traditional methods of teaching STEM can be a deterrent to some students. Females, minorities, and students from lower-income families are underrepresented in STEM education and related professions. According to the Department of Education study, that makes it harder to narrow education and poverty gaps, meet the demands of a tech-driven economy, and maintain US leadership in scientific research and innovation.

“Our goal is to open up lifelong science learning to everybody, whether you’re in grades K-12, studying at a university, or in a non-traditional learning environment,” says Sage. “And our hope for the future workforce is that inclusivity will be valued so anyone will be able to thrive in their working environment.”

Source:

https://www.forbes.com/sites/oracle/2018/02/20/can-virtual-reality-open-stem-education-and-jobs-to-more-people/#78f87b508874

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Schools as Punishing Factories: The Handcuffing of Public Education

By: Dr. Henry Giroux

The Nobel Prize-winning author Ngugi wa Thiong’o has insisted rightfully that «Children are the future of any society,» adding, «If you want to maim the future of any society, you simply maim the children.» (1)

As we move into the second Gilded Age, young people are viewed more as a threat than as a social investment.

If one important measure of a democracy is how a society treats its children – especially children of color, poor and working-class youth, and those with disabilities – there can be little doubt that the United States is failing. Half of all public school children live in near poverty, 16 million children receive food stamps and 90 percent of Black children will be on food stamps at some point during childhood. (2) Moreover, too many children are either incarcerated or homeless.

The National Center on Family Homelessness reports that «One in 45 children experience homelessness in America each year. That’s over 1.6 million children. [Moreover] while homeless, they experience high rates of acute and chronic health problems. The constant barrage of stressful and traumatic experience also has profound effects on their development and ability to learn.» (3) Sadly, these statistics rarely scratch the surface of the dire and deep-seated problems facing many young people in the richest country in the world, a state of affairs that provokes too little public outrage.

Teachable Moment or Criminal Offense?

Every age has its approach to identifying and handling problems. As we move into the second Gilded Age, young people are viewed more as a threat than as a social investment. Instead of being viewed as at-risk in a society that has defaulted on its obligations to young people, youth today are viewed as the risk itself. Instead of recognizing the social problems and troubles they face – ranging from poverty to punishing schools – our society sees youth as spoiled or threatening. (4) One consequence is that their behaviors are increasingly criminalized in the streets, malls, schools and many other places once considered safe spaces for them. As compassion and social responsibility give way to punishment and fear as the most important modalities mediating the relationship of youth to the larger social order, schools resort more and more to zero-tolerance policies and other punitive practices. Such practices often result in the handing over of disciplinary problems to the police rather than to educational personnel.

Children are being punished instead of educated in US schools.

With the growing presence of police, surveillance technologies and security guards in schools, more and more of what kids do, how they act, how they dress and what they say are defined as a criminal offense, regardless of how trivial the offense may be – in some cases just doodling on a desk or violating a dress code. Such behaviors, which teachers and administrators use to regulate through everyday means, are now treated as infractions within the purview of the police. Consequently, suspensions, expulsions, arrests and jail time have become routine for poor youth of color. Even more shocking is the rise of zero-tolerance policies to punish Black students and students with disabilities. (5) Instead of recognizing the need to provide services for students with special needs, there is a dangerous trend on the part of school systems to adopt policies «that end in seclusion, restraint, expulsion, and – too often – law enforcement intervention for the disabled children involved.» (6) Sadly, this is but a small sampling of the ways in which children are being punished instead of educated in US schools, especially inner-city schools. Rather than treating school infractions as part of the professional responsibilities of teachers and administrators, schools are criminalizing such behaviors and calling the police. What might have become a teachable moment becomes a criminal offense. (7)

Since the 1990s, the US public has been swamped by the fear of an alleged rise in teenage crime and what was called a superpredator crisis. This crisis was largely popularized by John J. DiIulio Jr., then a political scientist at Princeton University, who argued without irony «that hordes of depraved teenagers [were about to resort] to unspeakable brutality, not tethered by conscience.» (8) Politicians, intellectuals and news organizations were convinced that young people posed a dire threat to the US public and not only reveled «on these sensational predictions [but also] ran with them like a punt returner finding daylight.» (9) While such chaos proved to be nonsense, the theses spawned a plethora of disciplinary practices in schools, such as zero-tolerance policies, which have turned them into institutions that resemble prisons with students being subjected to harsh disciplinary practices, particularly poor black children and children suffering from mental health problems, such as ADHD.

Policing Students in Classrooms and on Playgrounds

These harsh practices have been inflicted disproportionately on poor Black children and children suffering from mental health problems such as attention deficit hyperactivity disorder (ADHD). This was on full display as social media lit up with a video that disclosed an 8-year-old boy in the third grade in an elementary school classroom in Covington, Kentucky, screaming in pain because he was being handcuffed with his arms placed behind his back. (10) Standing beside the child is police officer, Deputy Sheriff Kevin Sumner, who issues the chilling message, «You either behave the way you are supposed to or you suffer the consequences.» The child, it was later revealed, suffers from a learning disability. According to the Guardian’s Ed Pilkington, «Charles Korzenborn, the sheriff in Covington, Kentucky … defended the officer … claiming that the police officer, Kevin Sumner, had done absolutely nothing wrong. The sheriff said his deputy had done ‘what he is sworn to do and in conformity with all constitutional and law enforcement standards…. I steadfastly stand behind Deputy Sumner who responded to the school’s request for help. Deputy Sumner is a highly respected and skilled law enforcement deputy, and is an asset to the community and those he serves.'» (11) Allegedly, Sumner was responding to the school’s call to diffuse «a threat.» It is hard to imagine what kind of threat a 3.5-foot tall 8-year-old elementary school child posed to either the school or to the police. At work here is not only a kind of bizarre rationality in which one becomes an asset to the community by handcuffing and arresting an 8-year-old boy but also the scourge of a willful ignorance which is the refusal to know or to recognize when an act of violence is being committed against a child.

Schools are considered dangerous because they are public, not because they are failing.

The sheriff’s unhinged defense of Sumner becomes even more apparent in light of the fact that it has been revealed that Sumner had engaged in similar behavior earlier in 2014. At that time, he participated in the handcuffing at John C. Carlisle Elementary School of a 9-year-old girl living with ADHD. At one level, this case reveals why police should not be in public schools in the first place and that the targeting of children by criminalizing their behavior represents the antithesis of how a school should treat its children. It also suggests something about the low regard the public has for public schools and the lives of our nation’s youth, especially poor children of color.

While the image of an 8-year-old boy handcuffed in an elementary school classroom in Covington, Kentucky, has rightfully drawn a great deal of attention on social media and in the mainstream news, it is far from unique. In 2013, a diabetic student in an Alabama high school was arrested and beaten for falling asleep in a classroom. (12) In 2013, Bronx police falsely accused a 7-year-old boy and «put him in handcuffs and held him in custody for ten hours after a playground fight» in which he was falsely accused of stealing $5 from another student. (13) It gets worse. The US Department of Justice filed a lawsuit in November 2012 charging that the Meridian, Mississippi, school district functioned largely as a school-to-prison pipeline, disproportionally focusing on Black youth. According to the Justice Department’s 37-page complaint, the Meridian school district engaged in «years of systemic abuse [which punished] youth ‘so arbitrarily and severely as to shock the conscience.'» (14)

As Julianne Hing reports,

In Meridian, when schools want to discipline children, they do much more than just send them to the principal’s office. They call the police, who show up to arrest children who are as young as 10 years old. Arrests, the Department of Justice says, happen automatically, regardless of whether the police officer knows exactly what kind of offense the child has committed or whether that offense is even worthy of an arrest. The police department’s policy is to arrest all children referred to the agency. Once those children are in the juvenile justice system, they are denied basic constitutional rights. They are handcuffed and incarcerated for days without any hearing and subsequently warehoused without understanding their alleged probation violations. (15)

The Meridian case makes clear what numerous reports have indicated for years: not only that zero-tolerance measures have failed, but also that they have made schools less secure, resulted in criminalizing student behavior and contributed to what has been called the school-to-prison pipeline, especially for poor youth of color. As the American Civil Liberties Union (ACLU) points out, the school-to-prison pipeline is a «disturbing national trend wherein children are funneled out of public schools and into the juvenile and criminal justice systems. Many of these children have learning disabilities or histories of poverty, abuse, or neglect, and would benefit from additional educational and counseling services. Instead, they are isolated, punished, and pushed out.» (16) Putting the police in schools has little to do with improving the learning environment for children and a great deal to do with criminalizing students «for behavior that should be handled inside the school. Students of color are especially vulnerable to push-out trends and the discriminatory application of discipline.» (17)

The war on youth and public schools is part of the larger assault on democracy itself.

The increasing criminalization of students of color, poor students and students with disabilities is taking place in the context of a broader attack on public schools as a whole. Like many institutions that represent the public good, public schools are under attack by market, religious and educational fundamentalists. Schools are considered dangerous because they are public, not because they are failing. State and corporate leaders are seeking to take power out of the hands of public school teachers and administrators because public schools harbor teachers with the potential to engage in pedagogies that are imaginative, empowering, critical and capable of connecting learning with the practice of freedom and the search for justice. The pedagogies of oppression – whether in the form of high-stakes testing, teaching for the test, imposing punitive disciplinary measures or the construction of relations that disempower teachers and empower security guards – are part of a broader attempt to destroy the social state and the institutions that produce the formative culture necessary for a democracy.

Students Are Not Criminals

There are no safe spaces left in the United States. As almost every aspect of society becomes militarized, the imposing apparatuses of the police state become more and more obvious, reckless and dangerous, and include more than the arming of local police forces.

As Chase Mader observes:

Even as simple a matter as getting yourself from point A to point B can quickly become a law enforcement matter as travel and public space are ever more aggressively policed. Waiting for a bus? Such loitering just got three Rochester youths arrested. Driving without a seat belt can easily escalate into an arrest, even if the driver is a state judge. (Notably, all four of these men were black.) If the police think you might be carrying drugs, warrantless body cavity searches at the nearest hospital may be in the offing – you will be sent the bill later. Air travel entails increasingly intimate pat-downs and arbitrary rules that many experts see as nothing more than ‘security theater.’ As for staying at home, it carries its own risks as Harvard professor Henry Louis Gates found out when a Cambridge police officer mistook him for a burglar and hauled him away – a case that is hardly unique. (18)

The rise of the punishing and police state depends on conformity, the squelching of dissent and the closing down of any institution capable of educating the young and old to hold authority accountable. More specifically, pedagogies of oppression are a central tool for dismantling critical learning and dissent and for increasing the power of the punishing state. Under the reign of neoliberalism, all things public are under attack, from schools to health care to public servants. The war on youth and public schools is part of the larger assault on democracy itself. The controlling elite view schools as dangerous to their interests. For the financial elite, right-wing ideologues and billionaires such as the Walton family, the Koch brothers and Bill Gates, public education must be defunded, broken and privatized because it contains the potential to educate young people to question authority and hold it accountable, and produce civically literate and socially engaged students and critically engaged citizens.

Schools are not prisons, teachers are not a security detail and students are not criminals. Schools should model the United States’ investment in children and to do so they need to view young people as a resource rather than as a threat. If public schools are going to improve they have to be appropriately funded. That means, raising corporate taxes, cutting the defense budget, and allocating funds that contribute to the public good. It also means closing down and defunding those financial and military institutions that produce misery and destroy human lives, especially the lives of children. Educators should be given the power, autonomy and resources to be able to work closely with children in order to provide them with the conditions for meaningful learning while providing safe spaces for them to be nourished ethically, intellectually and spiritually. Schools are a public good and should be defined as such. How the United States invests in schools will shape an entire generation of young people. The lesson these youth should not be learning is that they can’t be trusted and should be treated as criminals. That view of schooling is one we associate with totalitarian states, not with a genuine democratic society.

Footnotes:

1. Ngugi wa Thiong’o, Moving the Centre: The Struggle for Cultural Freedom(London: James Currey, 1993), p. 76.

2. Lindsey Tanner, «Half of US Kids Will Get Food Stamps, Study Says,» The Associated Press (November 2, 2009). Online: http://www.huffingtonpost.com/2009/11/02/food-stamps-will-feed-hal_n_342834.html

3. Cited from the website of The National Center on Family Homelessness. Online: http://www.familyhomelessness.org/children.php?p=ts

4. I have taken this issue up in great detail in Henry A. Giroux, Youth in a Suspect Society: Democracy or Disposability (New York: Palgrave, 2009). See also Kenneth Saltman, ed. Kenneth J. Saltman, David A. Gabbard, eds. Education as Enforcement: The Militarization and Corporatization of Schools (New York: Routledge, 2010).

5. Joy Resmovits, «American Schools Are STILL Racist, Government Report Finds,» The Huffington Post (March 21, 2015). Online: http://www.huffingtonpost.com/2014/03/21/schools-discrimination_n_5002954.html

6. s.e. smith, «Police Handcuffing 7-Year-Olds? The Brutality Unleashed on Kids With Disabilities in Our School Systems,» AlterNet (May 22, 2012). Online: http://www.alternet.org/story/155526/police_handcuffing_7-year-olds_the_brutality_unleashed_on_kids_with_disabilities_in_our_school_systems?page=entire

7. Staff, Rethinking Schools, «Stop the School-to-Prison Pipeline» Truthout, (Jan. 15, 2012).

8. Clyde Haberman, «When Youth Violence Spurred ‘Superpredator’ Fear,» The New York Times (April 6, 2014). Online: http://www.nytimes.com/2014/04/07/us/politics/killing-on-bus-recalls-superpredator-threat-of-90s.html?_r=0

9. Ibid., Haberman.

10. The video can be seen here: Ed Pilkington, «Kentucky sheriff ‘steadfastly’ defends officer who handcuffed 8-year-old,» The Guardian (August 4, 2015). Online: http://www.theguardian.com/us-news/2015/aug/04/kentucky-sheriff-defends-officer-handcuffed-child

11. Ibid., Pilkington.

12. Alex Kane, «Diabetic High School Girl Beaten by Police Officer and Arrested – For Falling Asleep in Class,» AlterNet, (May 7, 2013).

13. Natasha Lennard, «NYPD Handcuff, Interrogate 7-Year-Old Over $5,» AlterNet, (January 30, 2013). Online: http://www.alternet.org/news-amp-politics/nypd-handcuff-interrogate-7-year-old-over-5

14. Julianne Hing, «The Shocking Details of a Mississippi School-to-Prison Pipeline,» Truthout, (December 3, 2012). Online: http://truth-out.org/news/item/13121-the-shocking-details-of-a-mississippi-school-to-prison-pipeline

15. Ibid., Hing.

16. American Civil Liberties Union, «School-to-prison-pipeline,» ACLU Issues (August 5, 2015). Online: https://www.aclu.org/issues/racial-justice/race-and-inequality-education/school-prison-pipeline

17. Ibid.

18. Chase Madar, «Everyone Is a Criminal: On the Over-Policing of America», The Huffington Post. (December 13, 2013). Online: http://www.huffingtonpost.com/chase-madar/over-policing-of-america_b_4412187.html

 

Source:

http://www.truth-out.org/news/item/32238-schools-as-punishing-factories-the-handcuffing-of-public-education

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