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¿Calificar o evaluar? A propósito del reciente debate en redes

Por: Julián de Zubiría

Los profesores dedicamos un tiempo inmenso a calificar, lo que no nos permite asumir responsablemente la tarea esencial de evaluar. El profesor Julián de Zubiría analiza esta tensión a partir del debate en redes que se dio a raíz de la respuesta de un niño mexicano a la pregunta de su docente de matemáticas.

La semana pasada, un trino de un padre de familia mexicano se viralizó en las redes, algo muy poco común en temas educativos. El problema se originó porque el profesor había señalado en un ejercicio colocado a niños pequeños que deberían indicar con cifras los “siguientes” números. De manera muy original, un niño de 7 años respondió una cifra siguiente a la que se señalaba en números, pero el profesor calificó como equivocada dicha respuesta. El padre, en cambio, sostenía que la respuesta de su hijo era correcta. El problema dividió a los tuiteros, ya que muchos estuvieron de acuerdo con el padre. En el debate terció la Real Academia de la Lengua en defensa del docente. Sin embargo, se puede plantear que, pedagógicamente, el debate está mal planteado.

Con frecuencia, los docentes dedicamos enorme tiempo a calificar trabajos y exámenes de nuestros estudiantes. El problema es que por estar tan obsesionados con la calificación, hemos terminado por descuidar lo esencial: la evaluación. Nos hemos dedicado a certificar los procesos de aprendizaje, cuando esa es la función menos importante de la evaluación a nivel escolar. Debido a ello, la relación que establecemos con estudiantes, y por lo tanto, con padres de familia, gira en torno a si “aprobaron” o “reprobaron” los exámenes, las asignaturas y los cursos. Este es un claro indicador del predominio que sigue teniendo el sistema educativo tradicional en Colombia y América Latina.

Desde el punto de vista pedagógico, la pregunta central es: ¿Para qué debemos evaluar en la escuela? La evaluación nos sirve fundamentalmente para dos grandes cosas: Para establecer cómo están los niños al iniciar un proceso educativo, en lo que se conoce como la evaluación diagnóstica; y para determinar en qué nivel del desarrollo se encuentra en un momento dado el estudiante, para saber cómo impulsarlo, en lo que se conoce como evaluación formativa. El fin de la escuela debería ser favorecer el desarrollo integral de los niños. Por tanto, la finalidad esencial de la evaluación debiera ser ayudar a determinar el nivel de desarrollo alcanzado por el estudiante, para jalonar su proceso educativo a partir de allí. Ninguna de estas dos funciones tiene que ver con el debate que se dio en las redes, ya que la escuela sigue obsesionada con la calificación y certificación de los aprendizajes, cuando hace mucho tiempo deberíamos haber relegado esa finalidad. Aun así, el peso de la tradición sigue siendo tan abrumador que seguimos debatiendo en torno a una pregunta equivocada: ¿Quién tenía la razón? ¿El profesor o el estudiante? ¿A quién, en últimas, había que certificar?

No usar pruebas diagnósticas sería análogo a que los arquitectos e ingenieros no realizaran estudios de suelos antes de levantar sus casas y puentes. Cualquier arquitecto que incumpliera este principio, sería despedido por irresponsable. Sin embargo, en la escuela tradicional, que sigue siendo bastante hegemónica en los colegios de América Latina, es poco frecuente que los maestros realicen evaluaciones diagnósticas al iniciar cada año y es todavía más raro que la realicen los docentes en las universidades. Allí la evaluación diagnóstica es casi inexistente, ya que, contrario a lo que se cree, en muchos aspectos sigue siendo el nivel del sistema educativo más tradicional de todos.

Las evaluaciones diagnósticas deberían realizarse no solo para conocer el nivel alcanzado de los estudiantes en los conceptos, procesos y competencias que se supone que ya deberían dominar, sino que, adicionalmente, deberían ayudarnos a determinar si los nuevos contenidos están muy por encima o muy por debajo de lo que podrían llegar a dominar los estudiantes, si contaran con la mediación adecuada. Pero si no se hacen las evaluaciones diagnósticas sobre las competencias previas, mucho menos sobre los contenidos por ser abordados, en lo que se conoce en educación como la determinación de la zona de desarrollo potencial.

Aun así, el papel fundamental de la evaluación debería ser formativo. Deberíamos determinar el nivel alcanzado por el estudiante en su desarrollo y estimar qué le falta para seguir avanzando. Deberíamos ayudar a precisar las dificultades del proceso hasta el momento desarrollado. La evaluación debería brindar la información necesaria para saber qué ajustes se deberían hacer al proceso por parte de los docentes, los padres y los estudiantes. En este sentido, todos deberíamos aprehender de ella.

Con seguridad, desde décadas atrás muchas innovaciones pedagógicas han explorado con evaluaciones centradas en el desarrollo, tal como se está haciendo actualmente en todos los colegios de Francia y Cataluña. Algo análogo está haciendo con rigor y responsabilidad el Icfes al evaluar competencias transversales para diversos grados y que no corresponden a asignaturas particulares, sino a procesos de carácter más general y estructural; por ello mismo, sus pruebas son más confiables para saber cómo van los procesos cognitivos y valorativos de los estudiantes colombianos en los diferentes momentos del proceso educativo. Pero, pese a estos avances, por lo general, las evaluaciones en los colegios y en las universidades siguen centradas en asignaturas y en conocimientos particulares y rutinarios, como vestigio de una escuela tradicional que se resiste a morir y de un paradigma que tiempo atrás deberíamos haber superado: El paradigma de la transmisión de la información.

Un docente preocupado por determinar el nivel de desarrollo alcanzado por su estudiante, no hubiera tachado la respuesta del alumno mexicano, sino que indagaría por qué la dio. Con seguridad, intentaría evaluar las estructuras profundas a nivel cognitivo, valorativo y comunicativo que subyacen a las respuestas de sus estudiantes. Necesariamente, elaboraría evaluaciones teniendo en cuenta el uso pedagógico que daría a sus resultados, involucrando diversas dimensiones y con adecuada retroalimentación para orientar el proceso de sus estudiantes.

En la universidad, el problema es aún más grave, ya que suele ser común que el docente entregue los resultados de exámenes y trabajos días antes de culminar el curso. Esas pruebas y esos trabajos carecen de cualquier valor, ya que, si el papel de la evaluación es estimar el nivel alcanzado –para determinar qué ajustes realizar–, cuando se entregan sus resultados, culminado el curso, dichas pruebas perdieron cualquier pertinencia pedagógica.

Esto es así, ya que, si hiciéramos una evaluación a un grupo de estudiantes y no brindamos ninguna retroalimentación de los aciertos y debilidades, y si, hipotéticamente, meses después volviéramos a hacer la misma prueba, los resultados serían exactamente iguales; es decir, que los estudiantes y el docente, no habrían aprehendido de la evaluación previamente realizada. En este caso, se perdió el tiempo, como suele pasar hoy en tantos procesos educativos desaprovechados para el desarrollo, por la inexplicable obsesión del sistema educativo en el aprendizaje.

Para terminar, si un docente no permite que sus estudiantes saquen calculadora, libros, cuadernos e internet es porque en sus evaluaciones los estudiantes no tienen que pensar. Y si la pregunta que hace en un examen se puede resolver directa y exactamente en Google, es porque tampoco fue diseñada para pensar, ya que Google no piensa.

Como puede verse, las evaluaciones rutinarias y tradicionales, que siguen dominando la educación colombiana, son una prueba más del peso que sigue manteniendo la educación tradicional en el país. Lo peor es que tenemos uno de los decretos más progresistas en materia de evaluación en el mundo (el decreto 1290 del año 2009), hasta tal punto que a los docentes europeos los asombra el saber que en Colombia podemos diseñar en cada institución libremente nuestro propio sistema de evaluación, pero que, por el peso abrumador de los enfoques tradicionales, la gran mayoría de evaluaciones en el aula sigue siendo informativa y fragmentada.

Tristemente, los profes, en pleno siglo XXI, seguimos dedicando excesivo tiempo a la calificación y muy poco a la evaluación. Por lo tanto, el debate en redes no lo perdió ni el niño ni el docente, sino la inaplazable revolución pedagógica que necesitamos en el país para centrar el trabajo de las escuelas en el desarrollo y no en el aprendizaje, como desafortunadamente ha sido la costumbre desde tiempos inmemoriales.  Algún día –y ojalá no esté muy lejano–, el énfasis de la educación será el de impulsar el desarrollo de los niños y jóvenes vinculados a dicho proceso. Uno de los requisitos para lograrlo es que comencemos a dedicar más tiempo a la evaluación y menos a la calificación.

Fuente: http://www.semana.com/educacion/articulo/respuesta-viral-de-nino-mexicano-en-examen-de-matematicas/545593

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Diálogos sobre la libertad (¿y responsabilidad?) en la educación

Por: Juana M. Sancho

La mejor manera de ser libres consiste en entender por qué pienso como pienso, cómo he creado o me ha creado. En entender el sentido de mi responsabilidad. En aumentar mi capacidad para prever las consecuencias de mis acciones.

Siguiendo con el ánimo con el que empecé la primera columna de este curso, y también con el que parece constituirme, he seguido planteándome un montón de preguntas. Y digo que parece constituirme, porque hace más de veinte años, en un seminario internacional sobre diseño de la enseñanza, tuve el honor de ganar el diploma a la persona que había formulado más preguntas. Así que me alegra que los años no hayan menguado mi curiosidad y ganas de aprender, sino todo lo contrario.

En esta ocasión quiero compartir un tema que me ha interpelado de forma particular en los últimos tiempos, y de forma especial, este comienzo de curso. Me refiero a la noción de libertad en el mundo de la educación. Sigo escuchando discusiones sobre la educación de la infancia que defiende dejar libre al niño y la niña para expresarse dónde y cómo quiera y tomar decisiones a su antojo. Frente a ella, la que postula situarnos –de forma amable y amorosa–, en los límites que nos marca el mundo que nos rodea, para evitar un narcisismos perniciosos y actuaciones prepotentes, autoritarias y tiránicas.

¿Dónde está el equilibrio? ¿Cómo dejar fluir sin desbordar? ¿Cómo acompañar el desarrollo sin coartarlo? ¿Cómo ayudar a entender a los más pequeños (también a los más grandes) que cada acción u omisión comporta unas consecuencias para uno mismo y para otros, incluyendo el propio medio? En las clases en la universidad, los estudiantes reivindican la libertad. Piden que podamos ser libres, incluso para asistir a las instituciones de enseñanza o no. Reclaman que la escuela sea libre y que su opinión sea respetada. Esto me lleva, una vez más, a debatir conmigo misma y con ellos, las nociones que tenemos sobre la libertad.

Para ello, vuelvo a las distintas acepciones sobre la libertad. Como facultad natural que tiene el individuo de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos. Como estado o condición de quien no es o no está preso. Como falta de sujeción y subordinación. En los sistemas democráticos, como derecho de valor superior que asegura la libre determinación de las personas. Como prerrogativa, privilegio, licencia. Como condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes. Como contravención desenfrenada de las leyes y buenas costumbres. Como licencia u osada familiaridad. Como exención de etiquetas. Como desembarazo, franqueza. Como facilidad, soltura, disposición natural para hacer algo con destreza. En todas ellas, no podemos olvidar la premisa de que el individuo “es responsable de sus actos”.

Todas estas nociones me plantean una marea de cuestiones. ¿Libres de quién y de qué? Y sin orden de importancia me pregunto: ¿De los estereotipos sociales, culturales, sexuales, étnicos, que nos constituyen? ¿De las multinacionales que configuran nuestras necesidades y deseos? ¿De las tradiciones culturales y religiosas que definen lo que es y lo que debe ser? ¿De las construcciones sociales y las relaciones de poder impuestas por el sistema económico? ¿De los imaginarios construidos por las distintas ideologías impuestas por los distintos partidos que gobiernan un país? ¿De todos y cada uno de los discursos vehiculados a través de los múltiples medios de información y comunicación?

En este diálogo que comparto sobre el tema de la libertad en la educación, me doy cuenta de que desde muy muy pequeña vinculé la libertad con la responsabilidad. Y, creo que le debo a mi educación mi conciencia sobre los límites y consecuencias de la de libertad. Mi padre repetía que nuestra libertad terminaba donde comenzaba la del otro, que había que encontrar modos de evitar imposiciones abusivas, basadas en relaciones de poder asimétricas, para poder encontrar formas de vida amónicas. Y, sobre todo, de dotarse de unas normas que permitieran el desarrollo personal y social de todos y cada uno. Porque si no existen reglas consensuadas, si todo está permitido, si cada uno hace lo que le viene en gana, quienes siempre llevan las de ganar son los más fuertes y/o los más deshonestos.

A mí estas reflexiones me pusieron los pies en el suelo, además de proporcionarme la única certeza que puedo compartir en este diálogo que sigo manteniendo conmigo y con el mundo. Para mí, la mejor manera de ser libre, de poder tomar las propias decisiones, consiste no en hacer lo que me viene en gana (¿cómo puedo saber si hubiese podido hacer otra cosa si no la conozco?), sino en saber, en entender por qué pienso como pienso, cómo he creado o me han creado, en mi caso, como mujer, profesora, investigadora, amante, amiga, ciudadana… En entender el sentido de mi responsabilidad en cada una de estas facetas de mí misma. En aumentar mi capacidad para prever las consecuencias de mis acciones y omisiones. Creo que nadie es libre. Pero podemos alcanzar niveles de autonomía intelectual y afectiva, a medida que tengamos la suerte de acceder y poner en práctica una educación que nos permita plantearnos éstas y otras muchas cuestiones.

Fuente: http://eldiariodelaeducacion.com/blog/2017/10/30/dialogos-sobre-la-libertad-y-responsabilidad-en-la-educacion/

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El gobierno del sistema educativo

Por: Gilberto Guevara Niebla

El sistema de educación pública de México se desarrolló a partir del Estado y hasta el presente se conserva como una entidad bajo control eminentemente burocrático. El gobierno de la educación no está en manos de funcionarios electos (como ocurre en Estado Unidos con los Boards of Education) sino en las de funcionarios designados.

La fuerte presencia del estado en el gobierno educativo ha desdibujado la participación de la sociedad. Es importante destacar que la sociedad no tiene papel significativo en el gobierno educativo pues, aunque existen los consejos de participación social, concebidos en 1992 como contrapeso al estatismo, lamentablemente esos consejos han tenido una existencia meramente virtual debido, en gran parte, al hecho de que nunca se les dotó de ningún poder de decisión sobre las escuelas o sobre los procesos educativos. El SNTE se opuso categóricamente a esto y dado que las comisiones de educación tanto del Senado como de la Cámara de Diputados siempre fueron controladas por miembros del sindicato, a la hora de incorporar a la LGE la creación de los consejos, en 1973, se decidió dejarlos como cajas vacías.

Como consecuencia, tanto los padres de familia como la comunidad, metafóricamente hablando, no han logrado entrar a la escuela. Pero tampoco otras entidades de la sociedad intervienen en el gobierno educativo. Me refiero no sólo a asociaciones de empresarios o a colegios profesionales, sino a asociaciones con interés directo en la educación como las asociaciones de padres de familia o colegios profesionales de docentes. Es lamentable que en México no existan, por ejemplo, asociaciones de directores de escuela o de supervisores, academias nacionales o estatales de docentes y que los colegios de profesiones cuya cercanía con la práctica educativa es indiscutible, como son la psicología y la pedagogía, no tengan ninguna participación directa en las decisiones educativas. Por otro lado, numerosas organizaciones de la sociedad civil despliegan desde hace años un intenso activismo por todo el país, pero no han logrado romper la camisa de fuerza burocrática en la que está encerrada la educación mexicana.

La participación de la sociedad en las decisiones educativas se ha inhibido, pero no como producto de la espontaneidad sino como resultado de la oposición activa y sistemática para que esto ocurra tanto de las burocracias educativas, como del SNTE –organización que siempre ha mostrado gran sensibilidad cuando se trata de cualquier cambio que amenace su poder y su hegemonía sobre las escuelas.

El gobierno burocrático es un universo complejo en el que hay que distinguir, al menos, dos estratos: la alta burocracia y la burocracia media. La alta burocracia la integran los secretarios de educación (tanto el federal como los estatales) y sus respectivos equipos dirigentes y es siempre un estrato transitorio. Casi por regla, cambian cada seis años ¿Quiénes la integran? En general, personas calificadas. Lo secretarios de educación y los miembros de sus equipos cuentan, al menos, con formación universitaria y algunos han realizado estudios de posgrado, aunque sólo excepcionalmente los miembros de esta capa de funcionarios han realizado estudios en educación. En realidad, las motivaciones e intereses de los funcionarios de este grupo son diversas, aunque a simple vista se puede percibir que no siempre se dedican, con compromiso y ahínco al tema educativo y frecuentemente prima en ellos, sobre el interés educativo, el interés político.

La burocracia media o meso-burocracia la forman los burócratas educativos que permanecen en sus puestos y no están sujetos al calendario sexenal. Es un universo muy complejo y diverso cuyo conocimiento exigiría una investigación escrupulosa. Sin embargo, sí se puede decir que no se trata de una burocracia que  pueda ajustarse al modelo de administración racional, eficiente, jerárquica y reglamentada que concibió Max Weber, en realidad en este estrato de empleados públicos (como en el resto de la burocracia nacional) no se cuenta con un servicio profesional de carrera (como el que se creó para los docentes) y su desempeño no siempre se ordena dentro de planes de gestión racionales y claros. Esa burocracia es la fuerza de inercia con la que se enfrentan, día con día, las escuelas y los docentes.

Fuente: http://www.educacionfutura.org/el-gobierno-del-sistema-educativo-2/

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Los 4 exceso de la educación moderna que trastorna a los niños

                                                                                                                                       Por:  Jennifer Delgado Suárez.

Cuando nuestros abuelos eran pequeños, tenían solo un abrigo para el invierno. ¡Solo uno! En aquella época de vacas flacas, incluso tener un abrigo se consideraba un lujo. Por eso, los niños lo cuidaban como un bien precioso. En aquellos tiempos se solía tener lo mínimo indispensable. Y los niños eran conscientes del valor y la importancia de sus cosas.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde entonces y nos hemos convertido en personas más sofisticadas. Nos gusta tener muchas opciones e intentamos que nuestros hijos tengan todo lo que desean y, si es posible, mucho más. Sin embargo, no nos damos cuenta de que al mimarles excesivamente contribuimos a crear un ambiente en el que pueden proliferar los trastornos mentales.

De hecho, se ha demostrado que un exceso de estrés durante la infancia aumenta las probabilidades de que los niños desarrollen problemas psicológicos. Así, un niño sistemático puede ser empujado a desarrollar un comportamiento obsesivo y un pequeño soñador puede perder su capacidad para concentrarse.

En este sentido, Kim Payne, profesor y orientador estadounidense, llevó a cabo un experimento muy interesante en el cual simplificaron la vida de los niños diagnosticados con un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Al cabo de tan solo cuatro meses, el 68% de estos pequeños habían pasado de ser disfuncionales a ser clínicamente funcionales. Además, mostraron un aumento del 37% en sus aptitudes académicas y cognitivas, un efecto que no pudo igualar el medicamento más prescrito para este trastorno, el Ritalin.

Estos resultados son, en parte, extremadamente reveladores y, por otra parte, también son ligeramente atemorizantes ya que nos hace preguntarnos si realmente les estamos proporcionando a nuestros hijos un entorno sano desde el punto de vista mental y emocional.

¿Qué estamos haciendo mal y cómo podemos arreglarlo?

¿Cuando mucho se convierte en demasiado?

A inicios de su carrera, este profesor trabajó como voluntario en los campos de refugiados, donde tuvo que lidiar con niños que sufrían estrés posttraumático. Payne apreció que estos niños se mostraban nerviosos, hiperactivos y continuamente expectantes, como si algo malo fuera a pasar de un momento a otro. También eran extremadamente cautelosos ante la novedad, como si hubieran perdido esa curiosidad innata de los niños.

Años más tarde, Payne apreció que muchos de los niños que necesitaban su ayuda mostraban los mismos comportamientos que los pequeños que provenían de países en guerra. Sin embargo, lo extraño es que estos niños vivían en Inglaterra, por lo que su entorno era completamente seguro. Entonces, ¿por qué mostaran síntomas típicos del estrés postraumático?

Payne piensa que aunque los niños de nuestra sociedad están seguros desde el punto de vista físico, mentalmente están viviendo en un entorno similar al que se produce en las zonas de conflictos armados, como si su vida peligrara. Estar expuestos a demasiados estímulos provoca un estrés que se va acumulando y obliga a los niños a desarrollar estrategias para sentirse a salvo.

De hecho, los niños de hoy están expuestos a un flujo constante de información que no son capaces de procesar. Se ven obligados a crecer deprisa ya que los adultos colocan demasiadas expectativas sobre ellos, haciendo que asuman roles que en realidad no les corresponden. De esta manera, el inmaduro cerebro de los niños es incapaz de seguir el ritmo que impone la nueva educación, y se produce un gran estrés, con las consecuencias negativas que este provoca.

Los cuatro pilares del exceso

Como padres, normalmente queremos darle lo mejor a nuestros hijos. Y pensamos que si un poco está bien, más será mejor. Por eso, ponemos en práctica un modelo de hiperpaternidad, nos hemos convertido en padres helicóptero que obligan a sus hijos a participar en una infinidad de actividades que, supuestamente, les preparan para la vida.

Por si no fuera suficiente, llenamos sus habitaciones de libros, dispositivos y juguetes. De hecho, se estima que los niños occidentales tienen, como media, 150 juguetes. Es demasiado, y cuando es demasiado, los niños se sienten abrumados. Como resultado, juegan de manera superficial, pierden el interés fácilmente por los juguetes y por su entorno y no desarrollan su imaginación.

Por eso, Payne afirma que los cuatro pilares del exceso sobre los cuales se erige la educación actual de los niños son:

1. Demasiadas cosas

2. Demasiadas opciones

3. Demasiada información

4. Demasiada velocidad

Cuando los niños son abrumados de esta forma, no tienen tiempo para explorar, reflexionar y liberar las tensiones cotidianas. Demasiadas opciones terminan erosionando su libertad y les roba la oportunidad de aburrirse, que es fundamental para estimular la creatividad y el aprendizaje por descubrimiento.

Poco a poco, la sociedad ha ido erosionando la maravilla que implica la infancia, hasta tal punto que algunos psicólogos se refieren a este fenómeno como “la guerra contra la infancia”. Basta pensar que en las dos últimas décadas los niños han perdido una media de 12 horas semanales de tiempo libre. Incluso los colegios y las guarderías han asumido una orientación más académica.

Sin embargo, un estudio realizado en la Universidad de Texas ha desvelado que cuando los niños juegan deportes bien estructurados se convierten en adultos menos creativos, en comparación con los pequeños que han tenido mucho tiempo libre para jugar. De hecho, los psicólogos han notado que la forma de jugar moderna genera ansiedad y depresión. Obviamente, no se trata solo del juego más o menos estructurado sino también de la falta de tiempo.

Simplificar la infancia

La mejor manera de proteger la infancia de los niños es decir “no” a las pautas que la sociedad pretende imponer. Se trata de dejar que los niños sean simplemente eso, niños. La vía para proteger el equilibrio mental y emocional de los niños consiste en educar en la simplicidad. Para lograrlo es necesario:

– No atiborrarles de actividades extraescolares que, a la larga, probablemente no le servirán de mucho.

– Dejarles tiempo libre para que jueguen, preferentemente con otros pequeños o con juguetes que puedan estimular su creatividad, no con juegos estructurados.

– Pasar tiempo de calidad con ellos, es el mejor regalo que pueden hacerles los padres.

– Crear un espacio de tranquilidad en sus vidas donde puedan refugiarse del caos cotidiano y aliviar el estrés.

– Asegurarse de que duermen lo suficiente y descansan.

– Reducir la cantidad de información, asegurándose de que esta sea comprensible y adecuada a su edad, lo cual implica hacer un uso más racional de la tecnología.

– Simplificar su entorno, apostando por menos juguetes y cerciorándose de que estos estimulan realmente su fantasía.

– Disminuir las expectativas sobre su desempeño, dejándoles que sean simplemente niños.

Recuerda que los niños tienen toda la vida por delante para ser adultos, mientras tanto, deja que sean niños y disfruten de su infancia.

Fuentes:
Bowers, M. T. et. Al. (2014) Assessing the Relationship Between Youth Sport Participation Settings and Creativity in Adulthood. Creativity Research Journal; 26(3): 314-327.
Payne, K.J. (2009). Simplicity Parenting. New York: Ballantine Books.

Fuente: rinconpsicologia.com

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Consumir por encima de nuestras necesidades

Por: José María Gómez Vallejo

El volumen de alimentos que se desperdician cada año son mil trescientos millones de toneladas, lo que equivale a casi un tercio de la producción mundial, según la ‘Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura’ (FAO). Mientras, ochocientos millones de personas pasan hambre en el mundo. El derroche de alimentos no sólo es una injusticia que denota una falta de empatía con aquellos países sin recursos, también supone un importante daño al medio ambiente, ya que se generan más de tres mil millones de toneladas de gases contaminantes.

Los países industrializados son los que más alimentos derrochan. Los excedentes que no se comercializan acaban casi siempre en vertederos, pocos se destinan a aquellos que más lo necesitan y sólo un pequeño porcentaje se utiliza como abono para hacer compost.

En los últimos años la sociedad civil ha ejercido un importante papel en la concienciación. Gracias al activismo de muchas organizaciones y grupos ecologistas, el debate ha llegado al Parlamento Europeo, para que se elabore una legislación que reduzca la pérdida de alimentos. Francia es el primer país que ha prohibido por ley que los supermercados tiren comida, obligados a donar lo sobrante a las Ong’s y bancos de alimentos; si no lo hacen, se exponen a multas económicas e incluso a cárcel.

La disposición de Francia contrasta con una falta de voluntad política por parte de la Unión Europea. Y es que, gracias a los grupos liberales, populares y socialdemócratas, las iniciativas legislativas quedan en meras recomendaciones, sin capacidad para exigir a los países miembros la adopción de medidas concretas. Grupos de izquierdas y organizaciones de consumidores recriminan a la UE un desinterés y un abandono de sus funciones, cuando el 20% de la producción de se pierde y el 10% de la población europea tiene dificultades para acceder a alimentos.

La propia FAO señala que el máximo responsable es el actual modelo de producción masiva que excede a la demanda. Los supermercados tiran los alimentos que no tienen una apariencia perfecta, e incluso exponen productos que no se van a consumir, por el hecho de que una estantería llena vende más. Es cierto que todos podemos poner de nuestra parte para evitar que “cada hogar europeo arroje a la basura entre 300 y 400 euros de comida al año”, como denuncia Manuel Bruscas, activista y promotor de la campaña ‘Stop al desperdicio de comida en Europa’; pero no se puede equiparar la responsabilidad de la ciudadanía con la de las cadenas de distribución. “Debemos buscar alternativas de consumo más justas y saludables para el planeta. Pero cuidado, el sistema juega a colocar las responsabilidades en las espaldas de los individuos, cuando hablamos de un problema político y social de dimensiones globales”, afirma la periodista y escritora, Nazaret Castro.

Lo que se esconde detrás del desperdicio es el consumismo exagerado que impone el modelo capitalista, donde no se produce en base a las necesidades, sino por la búsqueda del máximo beneficio, sin preocuparse por el medio ambiente ni por las personas. Obligar a las empresas del sector a que destinen el excedente para aquellos que no tienen es un primer paso, pero no es ni mucho menos la solución. El hambre no se combate con caridad, sino con políticas que reduzcan la pobreza y posibiliten a todo el mundo el derecho al acceso a los alimentos.

*Fuente: www.ecoportal.net/temas-especiales/globalizacion/consumir-por-encima-de-nuestras-necesidades/

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Lo que depara el capitalismo para el futuro

Por: Manuel E. Yepe

Economistas estadounidenses de diversa orientación política han estado opinando en estos días acerca del nuevo libro de Robert Reich titulado Salvando al capitalismo: para los muchos, no para los pocos, presentado en la Revista de Libros de Nueva York el 17 de diciembre de 2015.

Para Paul Krugman fue gratificante constatar la sinceridad descarnada que expresa el título de libro de Reich porquesalvar el capitalismo” implica que el capitalismo está contra las cuerdas, o sea, en peligro de extinción, “consideración en la que creo, saludo y comparto”.

El marxista Zoltan Zigedy señala que Robert Reich, Paul Krugman y Joseph Stiglitz comparten altos logros en la economía académica y constituyen un triunvirato intelectual no marxista bien informando. Aunque ellos no estén de acuerdo en todo, comparten un conjunto básico de creencias en la viabilidad del capitalismo y su necesidad de reforma. No obstante es raro ver a algunos sugiriendo manifiestamente la urgencia de salvar el orden burgués.

La urgencia deriva del espectacular aumento de la desigualdad económicaen los principales países capitalistas, particularmente en Estados Unidos. Krugman confiesa que la desigualdad era una cuestión que Reich y él “empezaron a tomar en serio” ya hace veinticinco años. “Pero creo que es justo decir que no tomamos en serio ese crecimiento de la desigualdad como una característica estructural del capitalismo hasta que apareció el importante trabajo de Thomas Piketty hace dos años”.

Según Zigedy, los economistas no marxistas Krugman y Reich han modificado su interpretación de las causas del crecimiento de la desigualdad durante las últimas décadas. Krugman, afirma Zigedy, describe un capitalismo desarrollado actual que se asemeja al capitalismo que los marxistas vienen describiendo desde hace más de medio siglo.

Hace décadas, los economistas liberales sostenían que el aumento de la desigualdad era resultado de que había sectores de la clase obrera que no reunían los requisitos tecnológicos o carecían de las habilidades exigidas por el“cambio tecnológico basado en la habilidad” (SBTC, por sus siglas en inglés).

La educación era vista por ellos como el gran nivelador, estabilizador de la riqueza y el avance de los atrasados. Pero con la actual ruptura de la correlación ente nivel de educación y compensación, todos rechazan el SBTC como explicación adecuada y clave para detener el crecimiento de la desigualdad.

El aumento del número de graduados universitarios abrumados de deudas rompió esa ilusión. Así, Krugman sustituye la explicación tecnológica para el crecimiento de la desigualdad, por algo que es eje central del estudio de Reich, el poderío monopólico. Es la concentración del poder económico en manos de pocos jugadores corporativos lo que lleva al aumento de la desigualdad económica. Según Krugman y Reich: “… es evidente que nuestra economía se asienta mucho más en los monopolios y oligopolios que en la competencia atomística.”

Zigady pregunta ¿Por qué Reich y Krugman tardaron tanto tiempo en llegar en esta consideración a la que Lenin arribó hace más de cien años?Escritores marxistas como Paul Baran y Paul Sweezy dedicaron hace casi cincuenta años un influyente libro al capitalismo monopolista.

Así, los economistas no marxistas y sus aliados políticos hasta hace poco desdeñaban el concepto de poder de monopolio, que los marxistas han hecho pieza central de sus análisis.

Pero Krugman y Reich revelan otros acoplamientos cruciales: entre el poder político y el poder económico (poder monopólico) y los del mercado con el poder político. Ellos observan que el poder monopólico es sostenido, protegido y ampliado por actores políticos, así como que los actores políticos son seleccionados, alimentados y guiados por el poder de monopolio. Esto crea un preocupante problema para aquellos que buscan la reforma del capitalismo.

En palabras de Krugman, la conclusión a que llega Reich es que la creciente riqueza en el segmento poblacional superior incrementa su influencia política mediante contribuciones de campaña, cabildeo y recompensas. La influencia política, a su vez, sirve para reescribir las reglas del juego en la sociedad. El resultado es una especie de espiral, el círculo vicioso de la oligarquía.

Para los marxistas, la concentración engendra necesariamente capitalismo de monopolio, que posteriormente se funde con el Estado, creando una síntesis que convierte a las normas del Estado en policías en el terreno económico encargados de maximizar la viabilidad y el éxito del capital monopolista.

Nada demuestra mejor ese maridaje que los rescates de las mega-corporaciones (“supuestamente demasiado grandes para quebrar”) ante las crisis y el evidente incremento del dominio del capital monopolista en el sistema político de dos partidos que rige en Estados Unidos.

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Harry Potter y su magia para la educación ambiental

Por: Bárbara Saulesleja

Quien no ha gustado ya de sus páginas que nos llaman al misterio y a la aventura: niet@s, padres, niñ@s de todo el mundo se han conmovido y conmueven con esta historia.

La educación ambiental si se considera únicamente como una metodología, procedimientos, ciertas recetas “a aplicar”, “mensajes a transmitir”, dar información ambiental, puede no ser una alternativa a mejorar la situación ambiental actual. Las trilladas actividades de reciclaje pueden no ser suficientes para captar la atención de los pequeños y jóvenes.

Harry Potter, es la historia más leída por niños y jóvenes en el último tiempo es una invitación a la aventura, la propuesta de pasar de una vida insulsa encerrada en un armario a la aventura de descubrir la magia de la vida, a luchas contra las sombras que quieren dominar todo (la vida en todas sus formas).

Este escrito propone abrir la reflexión sobre la inclusión de relatos fantásticos como el de Harry Potter en  la educación ambiental para romper los moldes en que calló el deber hacer de  “la educación ambiental”.

Introducción 

El nacimiento de una historia como la de Harry Potter es más llena de enigmas a veces más que el mismo relato.

Su autora Joane Rowling cuenta que la historia, quien quiera indagan en ella hay numerosos sitios y hasta una película que nos la cuenta. Todos los que hemos conocido la biografía de la autora seguramente nos preguntamos ¿que sucedió en el momento en que el tren en que viajaba Joane se detuvo en la estación de King´s Cross? ¿Cómo logró escribir una historia de 7 libros de cientos y cientos de página cada uno y que los chicos “hicieran fila” para comprarlos en las librerías? ¡Y leerlos!

En este artículo se postula que entre las múltiples interpretaciones que podemos hacer la historia estamos también ante un libro de educación ambiental.

Creo que desde el momento en que Harry pasa de vivir en el armario de una familia materialista y consumista, sin ideales, hasta que traspasa el umbral en la estación y los niños se suben a ese maravilloso tren que viaja por entre bosques y magia.

Y qué tiene que ver la educación ambiental con Harry Potter

La historia de Potter pertenece a los “relatos maravillosos”. Como vimos ya en otro artículo anterior uncuento maravillosoes:

Aquel que ocurren en un tiempo indefinido y normalmente existe un héroe o una heroína que tendrá que pasar por ciertas dificultades hasta salir victoriosos.  Normalmente existe un elemento mágico que le da un poder al protagonista (protagonista (una capa, un sombrero, bebidas mágicas, etc).

Jaime Rest lo define como“una exposición de sucesos fabulosos y sobrenaturales presentados en la ficción como efectivamente acaecidos, se halla ilustrada en abundancia por los repertorios populares y anónimos”…

Mientras que la educación ambiental presenta estas características:

  • Es un proceso permanente en el que los individuos y la colectividad cobran conciencia de su medio y adquieren los conocimientos, los valores, las competencias, la experiencia y la voluntad capaces de hacerlos actuar individual y colectivamente para resolver los problemas actuales y futuros del medio ambiente (PNUMA,1982).
  • Al ser el objetivo de la Educación Ambiental, la adquisición de valores y comportamientos necesarios para afrontar los problemas ambientales actuales, existe una aproximación a la idea de un desarrollo sustentable como aquel “que garantice las necesidades de las generaciones actuales y futuras”.
  • La implementación de la Educación Ambiental (EA) puede expresarse a través de tres áreas de acción (Bertonatti 2003).  La Educación ambiental formal, no formal e informal. En este caso esta historia podría trabajarse desde los tres ámbitos.
  • Respecto a la llamada “educación basada en la biodiversidad” el propósito de consiste en desarrollar conocimiento, habilidades y cultivar actitudes que permitan a la sociedad responder a las necesidades y responsabilidades que implica la convivencia con la diversidad de especies (Kassas 2002).

Harry Potter y sus aportes a la enseñanza ambiental

Para todos:

  • Nos invita a dejar lo conocido para ir hacia a la aventura.
  • El viaje desde la oscura estación hasta esa escuela que está luego de atravesar tan bellos paisajes es una invitación de regresar a la naturaleza.
  • Nos invita adentrarnos al “bosque prohibido”, donde los seres puros como los unicornios mueren en manos de los oscuros señores del mal que quieren dominar todo con autoritarismo, con mentira y opresión.
  • Es una invitación a un viaje liberador. A enfrentarse a las propias sombras, a descubrir las propias luces y a ser protagonistas de nuestra vida y de la construcción del mundo.
  • La educación ambiental no sólo es escolar es lo que comos saber colectivo vamos construyendo a lo largo de toda la vida, como todo el relato que nos convocó. La vida va y viene desde la escuela, a las casas de los chicos, desde el bosque al aula. No hay espacios estancos para el aprendizaje, la naturaleza y el hombre que es parte de ella  aprende y se sensibiliza con el contacto, con la experiencia, con el proyecto que propone una aventura no sólo con los libros.(educación ambiental para toda la vida)

Para los chicos en especial

  • Cada niño si tiene confianza en sí mismo tiene fuente de un gran poder interior.(Participación para construir el mundo)
  • La aventura propuesta no es individual sino que Harry sale del individualismo para vivir las hazañas con sus amigos.
  • Amor a la magia de la naturaleza.
  • “Salirse del sofa” como viven los tíos de Harry y su primo y animarse a salir del molde. Ser quien sos liberará tu magia.

Para los padres

  • La amistad en su sentido profundo es un valor rescatado a lo largo de toda la obra.
  • Hagrid el guardabosques tiene un rol principal en la educación de los niños, él les enseña el amor hacia la diversidad de animales y plantas.
  • El amor que le da el primer ambiente de Harry (el de sus padres antes de morir) es clave para su confianza posterior. La relación con el ambiente se construye desde el útero. Si la “educación emocional” se plantea desde el útero , es desde el mismo lugar donde empieza la “educación ambiental” el cómo vincularnos con nuestro entorno. Freud llamó a este espacio “ el primer entorno”

Para la escuela

  • La escuela tiene que tener magia si quiere llegar al corazón de los niños y jóvenes. Plantear desafíos como el Quidditch, prácticas como las pócimas que se enseñan, magia,  misterio, comprensión como vemos en Dumblendore.
  • Los libros deben morder como en la historia de  Harry Potter. Las clases si quieren llegar tienen que morder, ofrecer una escoba mágica e invitar a salir del espacio cerrado de un aula. Se aprende en el aula y también afuera.
  • La vida social influye en la enseñanza. Los medios de comunicación manipulan a todos con su información, son formadores de opinión como se ve en EL Profeta. Lectores críticos de los medios de comunicación y de la realidad, ciudadanos reflexivos y activos es también una de las metas de la educación ambiental.(reflexión crítica, ciudadanos globales).
  • Creo que el libro que nos convoca abarca todas las inteligencias mencionadas por Gardner en la Teoría de las Inteligencias Múltiples. Por ejemplo:
    • Harry es difícil visualizarlo pero es una síntesis de todas las inteligencias (desde hasta la aún poco explorada inteligencia filosófica-espiritual hasta la corporal)
    • Hermione y su inteligencia lingüista
    • Ron y su inteligencia intrapersonal
    • Hagrid y Neville con su inteligencia naturalista.
    • Luna y su inteligencia interpersonal
    • Entre otros personajes que se le escapan a la autora del artículo.

Entiendo que esto es un llamado de atención a la ya desarrollada teoría y poco llevada al aula: todos somos inteligentes en algo. Y las actividades en el aula tienen que ser superadoras a sentarse y escuchar.

Reflexión final

En realidad la división de para quién es cada cosa de Harry Potter es como toda división humana limitada. En realidad cualquiera de los aspectos señalados (¡Y muchos más no mencionados por limitaciones de espacio y mentales de la autora!) pueden ser para todos.

Creo que leer y compartir esta historia en familia es un viaje iniciático.

Así al menos sucede en mi familia que es el universo más cercano del que puedo hablarles.

No seremos iguales después de esta maravillosa historia que nos legó Joane Rowling. Historia escrita de forma sencilla, cargada de símbolos y enseñanzas.

La educación ambiental la podemos hermanar como hicimos en el artículo con la inteligencia emocional con la teoría de las inteligencias múltiples.

La educación ambiental tiene que romper las reglas y salirse del molde de los superficial de enseñar sólo a reciclar o a cerrar la canilla.

Tiene que tomarse el tren a Hogwarts y animarse a la aventura de encontrar nuevas formas de promover ese vínculo herido entre naturaleza y sociedad humana.

¡¡Quiero ese tren!!

Referencias bibliográficas:

Bertonatti,  Claudio “La naturaleza de la patria” Serie desarrollada en el marco de un convenio entre el Ministerio de Educación de la Nacióny la Fundaciónde Historia Natural Félix de Azara. 2009 Digital: http://claudiobertonatti.files.wordpress.com/2009/09/bertonatti-2009-la-naturaleza-de-la-patria-ministerio-de-educacion.pdf, consultada 8/8/2012

es.wikipedia.org/wiki/Harry_Potter

Glover, Vivette. 2011. “Annual research review: prenatal stress and the origins of psychopathology: an evolutionary perspective”. Journal of Child Psychology and Psychiatry 52 (4): 356-367. Glover, Vivette. 2014. “Maternal depression, anxiety and stress during pregnancy and child outcome; what needs to be done”. Best Practice & Research Clinical Obstetrics & Gynaecology 28 (1): 25-35.

http://www.rtve.es/television/20120229/educacion-emocional-desde-utero-materno/502667.shtml

Información general sobre Joane Rowling  http://harrypotter.yaia.com/laautora.html

Película biográfica de la autora de Harry Potter : https://www.youtube.com/watch?v=QnlxQzTfpRA

Kassas, M. La Educación Ambiental: la biodiversidad. The Environmentalist (Dordrecht: Países Bajos), vol. 22, nº 4

Los cuentos maravillosos y las leyendas en la educación ambiental,Bárbara Saulesleja. http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Educacion-Ambiental/Los-cuentos-maravillosos-y-las-leyendas-en-la-educacion-ambiental

Proyecto para el establecimiento dela Redde Formación Ambiental Para América Latina y el Caribe. Oficina Regional para América Latina y el Caribe (ORPAL). PNUMA. 1982

Rest, Jaime (1978). CEAL, ed. Estudio preliminar de Antología del cuento tradicional y moderno. CEAL. pp. III. Extraído de Wikipedia “Maravilloso”.

Fuente del Artículo:

http://www.ecoportal.net/Temas-Especiales/Educacion-Ambiental/Harry-Potter-y-su-magia-para-la-educacion-ambiental

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