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Reforma educativa, para superar el otro analfabetismo

Edgardo N. De Vincenzi

Desde el Ministerio de Educación Nacional, se está trabajando para impulsar una polémica reforma de la Educación Secundaria, que empezaría a implementarse en 2018, en algunas escuelas la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Los cambios implican una reformulación de los contenidos curriculares, que garanticen los saberes prioritarios y las capacidades que preparen a los jóvenes para el desarrollo personal, social, cultural, laboral y productivo.

Se trata de desalentar la deserción escolar y articular con las escuelas, los requerimientos del mercado laboral. Para ello, los docentes deben estar profesionalmente formados, porque la calidad de los procesos educativos debe ser incentivada adecuadamente, en tiempo y forma.

A partir del advenimiento de la robótica, los paradigmas de la instrucción y deprofesionalización de los contenidos curriculares, desde el Preescolar hasta las Universidades, se convirtieron en insuficientes para capacitar a los seres humanos, para no ser reemplazados por los robots, en la calidad y cantidad de servicios productos.

En este marco, ya no se debe priorizar la inteligencia emocional, como objetivo profesional del ser humano; sino la pasión inteligente, aquellos sentimientos, emociones y pasiones que desarrollan la autoestima, la voluntad, el sacrificio, la creatividad y la perseverancia, que permita la evolución permanente de los resultados, en los roles, en los vínculos personales y sociales del ciudadano del mundo.

Es importante que las instituciones educativas brinden una educación personalizadora, donde no se confunda la educación con la sola instrucción. Así como lo establecía Confucio en su doctrina, siglos atrás, “el hacer” tiene que tener la humanidad de los sentimientos y la creatividad. Dicho de otra manera, “el hacer” que convalida hoy la reforma, no puede ser “vacío de sentimientos”, porque haríamos “analfabetos sociales y funcionales”.

Educar es asegurar el saber aprender a aprender, a emprender e innovar, en tiempo y forma, a lo largo de toda la vida. El proceso por el cual se construye un aprendizaje es justamente adverso a lo que se cree desde los modelos mecanicistas, repetitivos y redundantes. Se necesita una didáctica, que permita al alumno participar de una dialógica con sus pares y docentes, teniendo conciencia de lo que el ciudadano debe aprender en cada etapa de la vida.

Esto es lo que nos diferencia de las máquinas – reproductivas y eficaces- pero con incapacidad para crear y reflexionar con autonomía, libertad depensamiento, responsabilidad cívica y social, cualidades -aun exclusivas- de los seres humanos, pero que hoy se encuentran en estado de emergencia.

Lo que no se puede dejar de desarrollar, como el aprendizaje de la ciencia y el profesionalismo de ella, es “la reingeniería de un hombre nuevo”, que sepa usar la tecnología y la robótica como MEDIO, no como FIN.

Edgardo Néstor De Vincenzi es Rector emérito UAI. Presidente de la Confederación Mundial de Educación (COMED)

Fuente: https://www.clarin.com/opinion/reforma-educativa-superar-analfabetismo_0_rJTSgNiq-.html

Imagen tomada de: https://definicion.de/wp-content/uploads/2011/08/reformaeducativa.png

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Contenidos educativos y libros de texto

La configuración de los contenidos educativos, tanto en el Estado como en las administraciones, tiene que ver con la diversidad de los libros de texto

Por ANTONIO MONTERO ALCAIDE

Revisar la naturaleza de los contenidos educativos, conocer las distintas formas o características de los libros de texto e, incluso, debatir sobre la gratuidad de los mismos darían argumento para el análisis, pero será cuestión de aplicarlo, sin perder ese marco, a la diversidad de libros de texto, para una misma área o materia, en función de los contenidos que establecen las distintas administraciones educativas en España.

¿Qué son y cómo se establecen los contenidos educativos que incluyen los libros de texto? Puesto que el Pacto de Estado Social y Político por la Educación -al que parece haberse conferido naturaleza jurídica mediante un real decreto-ley de medidas urgentes para la ampliación del calendario de implantación de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (Lomce, 2013)- todavía no ha dado forma a acuerdos o documentos que adelanten la revisión o los cambios en el sistema educativo, tras la publicación de esa última ley orgánica que lo regula, deben tenerse por contenidos el conjunto de «conocimientos, habilidades, destrezas y actitudes que contribuyen al logro de los objetivos de cada enseñanza y etapa educativa y a la adquisición de competencias». Así lo establece la Lomce al determinar, con el currículo, «la regulación de los elementos que determinan los procesos de enseñanza y aprendizaje para cada una de las enseñanzas» del sistema educativo.

Una primera consideración, por tanto, es apreciable: conciernen a los contenidos no solo los conocimientos, sino asimismo las habilidades, destrezas y actitudes. De modo que los libros de texto, como recurso didáctico generalmente utilizado en los centros, han de tratar estas últimas en parecida forma que a los conocimientos. Sobre todo, mediante la adecuación de las actividades y de las tareas didácticas que proponen. Todavía más si, como se afirma, los contenidos han de contribuir al logro de las competencias y estas tienen que ver con «las capacidades para aplicar de forma integrada los contenidos propios de cada enseñanza y etapa educativa, con el fin de lograr la realización adecuada de actividades y la resolución eficaz de problemas complejos». Y no debe obviarse la referencia a otro elemento destacado del currículo, los estándares de aprendizaje, ya que «concretan lo que el estudiante debe saber, comprender y saber hacer en cada asignatura».

El currículo básico, del que forman parte los contenidos, se establece en función del tipo de asignaturas y corresponde al Gobierno determinar tales contenidos del bloque de las asignaturas troncales, mientras que las administraciones educativas lo hacen en el caso de las asignaturas específicas y de las de libre configuración autonómica, circunstancia que puede explicar, entre otras, la razón de la diversidad de los contenidos en estas últimas asignaturas. Como, asimismo, otro aspecto de la elaboración de los contenidos relacionados con las asignaturas troncales: el Gobierno sólo los establece para el último curso -o, en su caso, el único- en que se imparte un área o materia, por lo que las administraciones educativas distribuyen de diferente modo los contenidos en los distintos cursos de las etapas.

Esta configuración del currículo de las áreas o materias modifica la anterior naturaleza de las «enseñanzas mínimas» -referidas, entre otros aspectos del currículo, a los contenidos- que para cada uno de los cursos de las etapas establecía el Gobierno, si bien, cabía a las administraciones educativas determinar los contenidos de las enseñanzas en su ámbito de competencia, incluyendo los fijados en las enseñanzas mínimas. Luego, razones hay para llegar a la diversidad de los libros de texto de una misma área o materia a partir del desarrollo del currículo adoptado por las distintas administraciones educativas.

Si esta es una causa principal -y al Pacto podría ocupar la definición de conocimientos básicos imprescindibles, sostenidos por su propia naturaleza en el acuerdo y el consenso-, otra debe apuntarse también: los desajustes del currículo de las enseñanzas que establecen las administraciones educativas, mucho más allá de la competencia de complementar los contenidos de las asignaturas troncales formulados por el Gobierno. En tal sentido, conviene recordar que la Alta Inspección educativa, en el ejercicio de las funciones atribuidas al Estado, tiene la competencia de «comprobar la inclusión de los aspectos básicos del currículo dentro de los currículos respectivos y que estos se cursan de acuerdo con el ordenamiento estatal correspondiente».

Contenidos educativos y libros de texto, por tanto, a la vez necesitados de las que debieran ser bondades -escepticismo aparte- del Pacto.

Fuente: http://www.diariodesevilla.es/opinion/tribuna/Contenidos-educativos-libros-texto_0_1173782977.html

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Periodismo incluyente

Por Juan Kujawa

Disnnet, (Periodismo para el Desarrollo Social Inclusivo) público  un documento acerca del perio­dis­mo incluyente. Dirigido por Hernando Ayala,  fue fundada en 1999 con el apoyo de la Asociación Colombiana  de Personas  con Discapacidad. Es una Red Digital de Noticias cuyo objetivo es cumplir con el derecho fundamental de la informa­ción y la comunicación para todos sobre asuntos esenciales de la vida de las personas con disca­pacidad.

Algunas ideas por desarrollar desde la perspectiva de los Derechos Humanos: (Disnnet)

Hay que garantizar sus derechos, de la misma forma que se espera que la sociedad lo haga con todas las personas. Por lo tanto son sujetos de derechos.

Lo que llamamos discapacidad no es una sola realidad, es un abanico de diversidades. No es lo mismo tener baja visión, que no poder oír. Cada discapacidad exige un análisis y comprensión particular y sólo así es posible determinar qué es necesario hacer para que la persona tenga acceso a todos los escenarios de la vida social como educación, recreación, empleo, movilidad, entre otros.

Hay que crear las condiciones para que construyan un proyecto de vida con autonomía en el marco de una sociedad incluyente.

Si pueden. Tienen una limitación que impide sólo algunas cosas, como le sucede a cualquier otra persona. Que tengan alguna limitación no quiere decir que tengan todas las limitaciones y que no puedan.

No es un problema ni es individual. En vez de problema es una limitación que impide unas formas de percibir, de relacionarse o de moverse, pero que a su vez permite que la persona desarrolle otras formas de ser, percibir, relacionarse y moverse. Es un asunto individual porque exige el esfuerzo y capacidad de quien tiene discapacidad, pero también es colectivo, porque se espera que la sociedad sea capaz de garantizar los derechos a todos sus ciudadanos.

Cualquier ser humano que crece sin oportu­nidades de relacionarse, moverse y desarrollarse, se convierte en una carga. Si la persona tiene acceso a las oportunidades puede desarrollar su autonomía e independencia. Lo que ha sucedido con frecuencia es que a quien tiene discapacidad no se le envía a la escuela; casi siempre se le ofrece un empleo de bajo perfil. Todo eso es lo que le convierte en una carga. No es la discapacidad la causante sino la forma en que tratamos a quien tiene discapacidad.

Disnnet  propone una serie de pautas se basa en cinco verbos que suponen  maneras de actuar como periodistas.

Contextualizar:

Situar los hechos en un determinado entorno.

Una primera dimensión se refiere a mostrar que el problema no es tener una discapacidad, sino vivir en una sociedad que levanta barreras ante quienes tienen discapacidad, impidiendo que ejerzan sus derechos.

Otra dimensión propone que el periodista pueda centrar la atención también en las capacidades de la persona con discapacidad, en lugar de hacerlo sólo en las limitaciones. Lo que define a las personas con discapacidad no es su discapacidad, sino el hecho de ser personas.

Investigar:

  • La investigación es un verbo no muy usado cuando se hace periodismo social.

Verificar:

Que la información provenga de una persona con discapacidad o de alguna organización que trabaja en causas afines, no basta para comprobar su plena veracidad. También se requiere el punto de vista de las familias, la comunidad, las ONG involucradas en la materia, los gobernantes competentes y las personas especializadas y no especializadas en el tema.

Visibilizar:

Un periodismo de calidad defiende la dignidad de las personas. La forma en que se les nombra y se les muestra es reflejo de la dignidad con que son percibidas. Las siguientes cinco propuestas buscan privilegiar y promover siempre la mirada digna sobre quien vive una discapacidad. Una palabra o una imagen pueden ser usadas de manera ofensiva o en forma respetuosa. Eso no quita que se pueda tener cuidado en aspectos como los que señalamos a continuación.

  •  No sustantivar lo adjetivo, o no volver esencial lo secundario
  • Usar términos no peyorativos.
  • No usar expresiones que hablen de la discapacidad como desgracia.
  • Evitar el uso de epítetos que caracterizan a la persona por su discapacidad. Evitar el uso de diminutivos que menoscaban la dignidad de personas.

Los hechos, que se convierten en noticias donde se ven involucradas personas con discapacidad, asociaciones e instituciones, Ong’s, y otros, que tienen que ver con esta condición, deben ser enfocados de manera que no se tergiverse su percepción por la sociedad. Disnnet contribuye a ello.

politicaspublicasydiscapacidad@gmail.com  

Fuente: http://www.eluniversal.com/noticias/opinion/periodismo-incluyente_669603

Imagen tomada de: http://www.inci.gov.co/home/sites/default/files/Post-Comics1.jpg

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El niño de Medellín

Por: Gloria Hurtado

Un niño en Medellín, Miguel Angel, fue asesinado por su madre y su padrastro según dicen las autoridades. El niño, 2 años, una carita preciosa, fue agredido de tal manera que los golpes le causaron la muerte. En el barrio donde sucedió la tragedia, casi linchan a los posibles responsables. Tuvo que intervenir hasta el Smart para evitar mayores complicaciones.

Y es aquí donde cabe la pregunta básica: ¿aceptamos que existe la enfermedad mental? ¿Hay personas “buenas” y personas “malas”? ¿Causar daño a otro es una conducta aprendida, es un acto de sobrevivencia, o es un momento de enajenación mental? Aun cuando vivimos en una sociedad donde existen la ley u las normas, es claro que no todos caminamos de la misma manera, ni tenemos las mismas oportunidades, ni estamos en el mismo nivel de conciencia (en términos espirituales). Eso no significa que no haya que asumir responsabilidades y consecuencias. Fuimos educados para clasificar nuestra realidad bajo uno de estos dos parámetros: bueno o malo. Además términos excluyentes. Si eres bueno no eres malo y viceversa. No hay alternativa posible para el punto medio. Correspondiente con esta dualidad está el juicio. Tan fácil hacerlo. Tan sencillo que es convertirse en juez de una situación y condenar. Como mujer y como psicóloga me queda muy difícil señalar a una mujer que tiene dificultades con sus hijos. Una mujer que no los quiera, que los rechaza y hasta aquella que llegue al extremo de “desaparecerlos”. Porque es obvio que la enfermedad mental ronda en estos casos. Y comprueba, una vez mas, la gran falacia de la cultura cuando sigue sosteniendo la existencia del instinto maternal.

Una mujer con una pésima autoestima, educada dentro de la cultura machista, aprende que lo “único” que le da valor a su vida es tener un hombre al lado. Ni siquiera un hijo, que puede ser tan desvalorizado como ella, le da esa importancia. Peor dolor si tiene una hija mujer. En el libro “Donde está mi papá” me acerco a una respuesta para explicar la conducta. La dimensión de la desvalorización es tan enorme, que esta mujer no logra ver nada diferente que aquello que le “ofrece” (así sea mentira) importancia, remedos de afecto, o simplemente “mirarte y tenerte en cuenta”. Por eso perdura en una relación tóxica, aplastante y humillante. Entre nada y “esto” aquí me quedo. Como si fuera una pipa de oxígeno, el Hombre (con mayúscula) es lo que le da vida a su vida. La expresión “por llamar la atención” es repetitiva en la cultura y significa que un individuo patológicamente puede asumir cualquier conducta para “ser mirado”. Existen  seres que nunca han sido mirados lo que significa que nunca han construido un vínculo con nadie. Para ninguno han sido importantes. Su pequeñez y orfandad los hacen presas fáciles de cualquier “ofrecimiento” amoroso, a cualquier precio y bajo cualquier circunstancia.

Juzgar, tan fácil. Siempre hay una historia detrás de todo “crimen”, Hay que leerla no para justificar el hecho sino para entender qué tan responsables somos todos en la construcción de esta sociedad. Sí, hay que defender a los niños físicamente niños, pero también existen multitud de niños grandes cuyos cuerpos crecieron pero sus necesidades afectivas y su salud mental nunca evolucionaron. Aquí esta un caso.

Fuente: http://www.revolturas.com/en/articulos

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La tierra tiembla

Por: Graziella Pogolotti

Tal y como nos sucede ahora con Marte, quizá algún día seres racionales instalados en otras galaxias se interroguen acerca de la existencia de vida en la Tierra, porque en carrera desenfrenada hacia la autodestrucción, se nos ha despertado una vocación suicida.

Las señales del peligro que se cierne sobre nosotros son evidentes. Las capas tectónicas se remueven para producir terremotos de enorme dimensión. En el área caribeña que habitamos, los huracanes se multiplican y alcanzan dimensiones sin precedentes en la historia. En semanas sucesivas, Harvey dejó secuela de destrucción en Texas e Irma se ensañaba con los territorios insulares de nuestro mediterráneo americano. Agredida por el hombre, la naturaleza sangra por las heridas provocadas por el apetito insaciable de unos pocos. El cambio climático se manifiesta con daños que parecen irreversibles. En un acelerado proceso depredador, la especie parece dirigirse a la destrucción de cuanto empezó a construir desde que el bípedo se hizo de las primeras herramientas y fue capaz de levantar la mirada hacia horizontes más anchos.

En tan peligrosa coyuntura, se impone establecer una plataforma de ideas articulada a una cosmovisión que subvierta una mal entendida filosofía del progreso, estimulada por un desenfrenado apetito de ganancias en beneficio de unos pocos. El desarrollo del capitalismo y la primera revolución industrial están estrechamente asociados. El consumo de combustible –carbón y petróleo– empezó a inficionar la atmosfera. La disputa por los mercados y por las fuentes de materias primas desembocó en guerras de enormes dimensiones. El estallido de las primeras bombas atómicas fue señal palpable del exterminio que amenazaba a la humanidad. Por otra parte, la generación de necesidades de productos rápidamente desechables se convirtió en fórmula para eludir las crisis cíclicas de superproducción características del capitalismo.

Hijos de la civilización que hemos edificado, absurdo sería proponernos el regreso al modo de vivir de un buen salvaje exaltado por Rousseau. El conflicto actual tiene su origen en el capitalismo depredador constituido en hegemónico mediante el despliegue de recursos económicos, volcados al ejercicio de la violencia complementado con la instauración de una cultura que privilegia la frivolidad y el adormecimiento de un pensar creativo. Así, por ejemplo, el uso inapropiado de zapatos de tacones por parte de la primera dama de Estados Unidos en su visita a Texas recibió amplia divulgación. Pero el anecdotario enmascaró la necesaria apertura de un debate acerca de las causas de la agudización de estas catástrofes naturales en un país que se plantea la retirada de los acuerdos de París, consenso logrado al cabo de tantos años de complejas negociaciones.

La lucha por la salvación del planeta tiene que ser factor de movilización para los hombres y mujeres de buena voluntad en el mundo. Es inseparable de los reclamos a favor de la paz, tal y como lo comprendieron las naciones de la América Latina en el entorno de la Celac. El continente preserva todavía invaluables recursos que no pueden dilapidarse. La Amazonia es fuente de oxígeno. Los grandes ríos que la recorren, desde La Plata hasta el Orinoco, pasan por los afluentes de la corriente mayor. El Amazonas conforma lo que Carpentier denominó «el riñón de América». Su entorno selvático ya no tiene la densidad que conoció el autor de Los pasos perdidos cuando emprendió viaje hacia el origen de los tiempos históricos. Ya había perdido parte de su riqueza cuando, unos años más tarde, Antonio Núñez Jiménez realizó en canoa el recorrido desde las fuentes originarias hasta el arco de las Antillas. En menos de un siglo, el deterioro ha sido notable y la amenaza de destrucción prosigue y se acelera.

Desde otros lugares del mundo, en tiempo real, por vía de internet, muchos han seguido la tragedia experimentada por los habitantes del Caribe con el paso mortífero de Irma. A las consecuencias inmediatas de la tierra arrasada, se une la destrucción de bienes materiales construidos con años de esfuerzo y sacrificio con vistas a sentar las bases de un desarrollo económico sostenible. Conmovidos quizá por el impacto de las imágenes, los espectadores no consideran que vivimos un planeta independiente con inevitables relaciones de causa-efecto. El deshielo de polos y glaciares, la crecida del nivel del mar y el calentamiento de las aguas repercuten en todas partes.

La tierra tiembla. Bienvenidos sean los acuerdos entre las naciones que comprometan a los países más industrializados y, entre ellos, a Estados Unidos a detener la depredación suicida del planeta. Indispensable será, para lograrlo, la movilización política de las mayorías. En este empeño por la salvaguarda de lo que hemos construido y a favor del porvenir de nuestros hijos, resulta impostergable refundar una cultura orientada a lo que algunos de nuestros pueblos originarios llaman «el buen vivir». Se trata de ascender una dura cuesta en un tiempo marcado por el predominio de la aspiración de poseer bienes a tenor de las últimas modas consumistas por encima del aprender a disfrutar todo lo hermoso que nos rodea, regalo de la naturaleza o hechura del hombre. Se trata, en suma, de modificar rasgos esenciales de una cosmovisión elaborada a partir de la alianza entre el capital financiero y los medios de difusión, reiterada a través de una buena parte de las redes sociales. En este sentido, el proyecto socialista no puede limitarse a una distribución más equitativa de los bienes. Articulado en nuestra América a una tradición martiana, ha de proponerse, junto a la defensa del más alto sitial para la dignidad humana, la formulación de una cultura asentada en valores que favorezcan, en tanto expectativas de vida, la salvación de la especie.

Fuente: http://www.granma.cu/opinion/2017-09-17/la-tierra-tiembla-17-09-2017-21-09-51

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La adolescencia es la nueva infancia: qué está pasando con los jóvenes de hoy en día

Por: Hector G. Barnés

Durante los últimos años, diversos informes han puesto de manifiesto un cierto cambio de costumbre entre los jóvenes. La Fundación Alcohol y Sociedad (FAS) señalaba recientemente que los adolescentes beben un 30% menos que hace 20 años. Además, como señaló la Estrategia Nacional sobre Drogas 2009-2016, la edad de inicio en el consumo de alcohol y de tabaco ha aumentado ligeramente en los últimos años. No se trata tan solo de sustancias estupefacientes. Mientras que en 2002 los jóvenes de entre 18 y 34 años representaban el 40% de los conductores de automóviles, este porcentaje descendió hasta el 27,5% en 2015.

Estos datos se repiten en muchos países occidentales, como revela una investigación publicada en ‘Child Development’ que refleja “el declive en las actividades de adultos entre los adolescentes estadounidenses”. No se trata tan solo del consumo de alcohol, tabaco o drogas ilegales, sino también de la edad a la que se empieza a conducir, la primera vez que se hace el amor o a qué dedican su tiempo libre. Aunque no es completamente exportable a España, los datos señalan en una interesante dirección: los adolescentes cada vez tardan más en hacer esas cosas tradicionalmente consideradas “de mayores”.

Lo que está haciendo esta generación de adolescentes es retrasar las responsabilidades y placeres de la vida adulta

Lo más llamativo del caso es que estos datos se repiten en todas las edades, razas y regiones, urbanas o rurales. Es decir, se trata de un movimiento generalizado. Según la investigación realizada por la profesora de Psicología de la Universidad de San Diego Jean Twenge, los adolescentes beben y se drogan menos, tardan más en sacarse el carnet de conducir (el mínimo legal en EEUU es de 16 años), no suelen buscar trabajos de verano y tardan más en hacer el amor por primera vez. Una tendencia opuesta que contradice la supuesta precocidad de los adolescentes del siglo XXI.

En opinión de la autora, la mayoría de argumentos que se utilizan para explicar esta situación son muy parciales. No es ni la crisis, ni que la generación Z sea aburrida, ni que sean unos vagos, ni que sean más responsables. En su opinión, hay un factor que unifica todo ello, como expone en ‘The Conversation’: “Todas ellas son actividades que realizan los adultos”, recuerda. “Lo que está haciendo por lo tanto esta generación de adolescentes es retrasar las responsabilidades y placeres de la vida adulta”. Una tesis que nos ayuda a entender un poco mejor cómo funciona la sociedad.

Una existencia que se expande

La explicación de la autora se encuentra en sintonía con otras lecturas sociológicas realizadas durante las últimas décadas y que, coloquialmente, podrían resumirse en la fórmula “los cuarenta son los nuevos treinta” (o “los cincuenta son los nuevos cuarenta”, o “los sesenta son los nuevos cincuenta”…). Ya que la esperanza de vida es mucho mayor, cada una de las etapas vitales puede dilatarse. Algo que ha sido evidente con el alargamiento de la juventud hasta casi los cuarenta años, pero que no era tan patente en los años de infancia, quizá porque por lo general los niños y adolescentes siempre han tenido prisa por hacerse mayores.

Vivimos en una sociedad en la que cada pareja tiene menos hijos y, por lo tanto, puede dedicar un esfuerzo y tiempo mayores a cada uno de ellos.

Twenge propone utilizar la teoría de las historias de vida y del continuo rápido-lento para entender los cambios que se han producido, especialmente la forma en la que el desarrollo vital depende del contexto cultural. Según esta, los ciclos vitales son más rápidos cuando la calidad de vida es peor y los niveles de natalidad, mayores, y viceversa. Durante siglos, la vida del ser humano fue así: la cantidad de hijos por pareja era mucho mayor, las posibilidades de una muerte prematura también así que la existencia estaba orientada a la supervivencia: “Los padres necesitaban centrarse en el día a día, no en que sus hijos tuviesen clase de violín a los cinco años”.

La situación es muy diferente hoy en día, incluso más que hace 40 años. Vivimos en la sociedad ideal para una estrategia de vida lenta, en la que cada pareja tiene menos hijos y, por lo tanto, puede dedicar un esfuerzo y tiempo mayores a cada uno de ellos. La investigadora recuerda que es algo que se repite en todas las clases sociales. Muy probablemente la crisis haya agudizado aún más ese efecto, paradójicamente: debido a que la entrada en el mercado laboral es (obligadamente) posterior, el período de formación para la vida adulta se prolonga. Si no hay trabajo, resulta aceptable permanecer unos años más en el limbo de la infancia.

Los 25 son los nuevos 15. (iStock)
Los 25 son los nuevos 15. (iStock)

Es lo que defiende el psiquiatra de adolescentes Daniel Siegel, autor de ‘El cerebro del niño’ (Alba) en ‘The Washington Post: “En una cultura que te dice ‘vas a ir al instituto, a la universidad, a hacer un máster y a ser becario, así que no vas a ser realmente responsable de ti mismo hasta los 20’, tu cerebro responde en consonancia”. En realidad, se trata de una forma de protección: antes pasaba muy poco tiempo entre estos hitos de la madurez y la independencia del individuo; hoy pueden pasar décadas entre, por ejemplo, que alguien se fume su primer cigarrillo y que disfrute de independencia económica.

El escollo de la universidad

No es un cambio de paradigma bueno o malo per se, recuerda la autora, sino que presenta sus ventajas y sus problemas. Las primeras son obvias: los signos de madurez perniciosos como el consumo de alcohol o tabaco se están dejando de lado. Entre los puntos negativos se encuentran las dificultades de una adaptación tardía a ciertas exigencias vitales, especialmente en lo que se refiere a las responsabilidades ligadas con el trabajo o como muestran los datos (y como ocurre en España), a la hora de aprender a consumir alcohol, ya que son más los jóvenes que se meten atracones.

Aunque el consejo sea el de que los padres dejen que sus hijos se apañen, Barth animaba a que quizá sea preferible retirar poco a poco el apoyo paterno

Uno de los saltos más difíciles se producen a la hora de entrar en la universidad. Como recordaba un reciente artículo firmado por la psicóloga F. Diane Barth, son cada vez más los jóvenes que encuentran dificultades durante su primer año de universidad para adaptarse a su nuevo estilo de vida, lejos de casa. Aunque el consejo recurrente sea el de que los padres dejen que sus hijos se apañen solos, Barth animaba a que quizá sea preferible retirar poco a poco el apoyo paterno. Como recordaba un informe de UCLA, los estudiantes de primer año muestran los niveles más altos de ansiedad y depresión desde 1966.

“Los administradores de las universidades describen a estudiantes que no pueden hacer nada sin llamar a sus padres”, recuerda Twenge. “Las empresas están preocupadas porque más empleados jóvenes carecen de la habilidad para trabajar de manera independiente”. Aunque esto último no es exactamente así –la psicóloga defiende que, según sus estudios, la generación Z tiene una mejor ética laboral que los ‘millenials’–, la clave se encuentra en facilitar una transición que ahora resulta complicada: puede que los profesores de instituto se hayan adaptado a esta reinfantilización de sus alumnos al tener un contacto más estrecho con ellos, pero no los universitarios, cuyo objetivo y métodos lectivos son muy diferentes.

Fuente: https://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-09-21/adolescencia-nueva-infancia-jovenes_1446966/

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Un centenar de nuevos doctores

Por: Ignacio Mantilla

En el marco de la conmemoración de los 150 años de la Universidad Nacional de Colombia, hemos venido preparando una serie de eventos con los cuales pretendemos honrar el papel protagónico que la institución juega en la vida cotidiana de los colombianos.

En esta oportunidad quiero referirme en especial a un hecho que nos llena de orgullo: la graduación, en una misma ceremonia, de 102 estudiantes que han obtenido el título de doctor. La simbólica cifra nos ha impulsado a realizar, por primera vez, una ceremonia de grados a nivel nacional, exclusiva para los doctorandos, sus familiares y amigos, pero, muy especialmente, también para sus directores de tesis, quienes merecen un especial reconocimiento, pues no es fácil asumir la responsabilidad de hacer o dirigir investigación de punta en Colombia. Su presencia en la ceremonia era un mensaje especial de exaltación.

De acuerdo con las cifras de los últimos años, la Universidad Nacional aporta el 40 % de los doctores que se forman en Colombia. Muchos de ellos, además, se preparan como docentes durante sus estudios de doctorado, bajo la figura de asistentes o auxiliares docentes, asumiendo una pequeña carga de enseñanza en cursos de pregrado. Actualmente, el 50 % de la planta de profesores de la Universidad Nacional ostenta el título de doctorado. Éste es, hoy en día, un requisito para ser profesor universitario de planta en la mayoría de las universidades colombianas.

Mientras firmaba uno a uno los 4.721 diplomas de quienes se han graduado como profesionales, especialistas, magísteres y doctores durante estas dos semanas en la Universidad Nacional, me surgieron algunas preguntas que formulé a los doctorandos en el discurso en la ceremonia de su graduación: ¿por qué han decidido recorrer el largo camino de la formación académica? ¿Por qué han invertido tanto tiempo de sus vidas entre laboratorios, bibliotecas y referencias bibliográficas? ¿Por qué han aceptado perseguir a un director de tesis durante meses? ¿Por qué han dejado de compartir con sus seres queridos y sus amigos para entregar avances e informes?

Las respuestas son variadas y, con seguridad, dentro de una década, al sumar distintas vivencias, las razones que ellos darán para motivar a otros a iniciar estudios de doctorado serán otras, porque las expectativas que hoy tienen no se habrán podido validar plenamente. No obstante, estoy seguro de que ninguno de ellos se arrepentirá de haber terminado un doctorado, porque no lo han cursado para colgar un diploma más en las paredes del estudio de su casa, sino para contribuir al desarrollo científico de nuestro país. Ese es su verdadero propósito. Pero, lamentablemente, allí es donde precisamente están las mayores dificultades, pues son tantas las barreras para llevar a cabo la investigación que el trabajo científico en Colombia comúnmente se asemeja a una carrera de obstáculos.

La situación de un doctor recién graduado resulta paradójica, pero muy llamativa. Al tiempo que se alcanza el grado máximo que una universidad puede otorgar, con lo cual se pierde formalmente la calidad de estudiante, ese título lo “obliga” a iniciar una carrera en el mundo académico. Es decir, que justamente por haber dejado de ser estudiante, en adelante nunca podrá dejar de estudiar, o sea, de ser un auténtico estudiante.

La curiosidad debe haber impregnado sus vidas, de lo contrario no hubiesen podido ser estudiantes de doctorado para explorar hipótesis, evaluar métodos, clasificar resultados, pero también para sortear todas las vicisitudes que se agregan en una tesis.

Nosotros, sus profesores y directivos, tenemos la certeza de haberlos formado correctamente, es decir, de prepararlos para resolver los problemas que aún no se han formulado, porque la verdadera formación universitaria es la que nos queda cuando hemos olvidado los temas que estudiábamos para aprobar los exámenes.

La formación de doctores es una labor que en nuestro país se debe estimular para generar innovación y nuevo conocimiento. Las estadísticas muestran que en Colombia aún no alcanzamos a graduar 10 doctores por cada millón de habitantes, mientras que la media en América Latina es de 40 por millón de habitantes, y en algunos países desarrollados este número llega a 400.

Con estas cifras no cabe duda de que los nuevos doctores forman parte de una élite académica privilegiada en la que ponemos muchas esperanzas y a la que confiamos la gran responsabilidad de nuestro propio avance científico. Pero en la formación de los doctores no hay que olvidar un apoyo que es fundamental y que pasa desapercibido: en efecto, a diferencia de los estudiantes de pregrado, que en la mayoría de casos reciben apoyo económico de sus padres, en el caso del doctorado muchos ya tienen hijos y son responsables del sostenimiento de una nueva familia que además debe soportar su falta de tiempo, las horas de estrés, la alta presión y el desánimo por los resultados fallidos. Si a eso se suman eventuales dificultades económicas en ausencia de becas, es natural la explosión frecuente del estudiante ante la pregunta común de familiares y amigos: “¿Y te falta mucho para terminar esa tesis?”.

Felicitaciones y éxitos a los nuevos doctores formados en la Universidad Nacional, patrimonio de todos los colombianos.

Fuente: http://www.elespectador.com/opinion/un-centenar-de-nuevos-doctores-columna-713417

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