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La escuela del 32 por ciento.

Más allá de algunas experiencias novedosas, no se despierta en los jóvenes el deseo de estudiar.

Por: Andrea Sabattini.

¿Se debe esperar un cambio radical en la sociedad para que después se transforme la escuela o es esta la que debe transformar la sociedad?

Ni uno ni otro, pues escuela y sociedad se retroalimentan de forma mutua. Y desde esta postura me pregunto, respecto del índice de pobreza dado a conocer por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), cómo puede ser que tras 30 años de recuperación democrática los niveles de pobreza continúen tocando el 30 por ciento, que no se haya podido desmantelar ese otro nefasto legado de la dictadura.

Si bien a la escuela le compete un papel acotado en la perpetuación de la pobreza endémica que sufrimos en la Argentina, algo tiene que ver. Y debemos preguntar si ella no contribuirá a reproducirla, en lugar de a combatirla, como se declama en planes y programas educativos.

¿No se habrá enfrentado el incremento absoluto y relativo de la matrícula escolar operado desde los años 1980, exclusivamente, con pautas compensatorias de mejoramiento infraestructural, provisión de equipos y becas para los más desfavorecidos, pero sin abolir las estructuras organizativas y prácticas que terminan induciendo a miles a desertar del sistema o, tras egresar, a permanecer de por vida atados a planes clientelares?

¿No será que se necesitan argentinos maleables y pobres? ¿Y cómo se relaciona nuestra pobreza con los magros resultados de rendimiento de la Argentina en las evaluaciones internacionales? ¿No habrá una estrecha relación con el 32 por ciento?

Lo cierto es que muchos de los intentos de las últimas décadas de fomentar la igualdad de oportunidades a través de la educación y de formar sujetos que puedan actuar con criterios en todas las esferas sociales han fracasado. Entre otras cosas, por haber expuesto a los niños y jóvenes de los sectores populares a planes y programas sólo asistencialistas o enfocados sobre las condiciones que les posibilitan aprender, y a maestros y profesores, enseñar.

Pues más allá de algunas experiencias novedosas, no se despierta en los jóvenes el deseo de estudiar, y pocas son las herramientas que se les prestan para que enfrenten el consumismo, las adicciones, la vida fácil, la anomia y la transgresión penal.

Blanco y negro

Es necesario redistribuir el acceso a los saberes fundamentales y a la alfabetización digital, como así también afianzar prácticas de enseñanza en las que los estudiantes de todas las extracciones puedan reconocerse.

Como se sabe, para garantizar la igualdad de todos, el Estado debe resignar, llegado el caso, algunos de los principios educacionales tradicionales, tal como el de premiar al estudiante de mayor mérito, pues de otra forma, muchos sujetos alcanzados por la pobreza quedarían excluidos del reconocimiento que ameritan. Y todos lo ameritan, no sólo quienes obtienen las mejores calificaciones.

Es que a diferencia de los sistemas educativos de otros países, donde se persigue optimizar la calidad como valor en sí mismo y seleccionar a los mejores, necesitamos afianzar en la Argentina un modelo que conjugue el paradigma popular con el sustentado en el mérito y el esfuerzo personal, pues de otra forma les estamos diciendo a los chicos que no vale la pena estudiar.

La conciliación de los dos paradigmas puede realizarse, naturalmente, manteniendo al mercado lejos de las escuelas la educación no es una mercancía y sin la proliferación de cupos de ingreso en las facultades.

Con la adopción de un concepto de calidad educativa que concilie los paradigmas de la justicia educativa y el mérito, podremos, por un lado, revertir los magros resultados obtenidos en las instancias evaluativas internacionales y, por el otro, valorar su justo significado con el análisis de los criterios de calidad implementados en esos entornos y su contextualización socioeconómica y cultural.

Sería importante, además, terminar con la construcción de un sistema escolar verticalista, que en sí mismo fomenta la anomia y la falta de autonomía de los actores escolares, y retener a los dirigentes, los padres, los docentes y los estudiantes que desean innovar, para que no continúen desertando de un sistema educativo tan burocrático y castrador para con ellos.

Y tal vez algún día podamos priorizar el interés superior del estudiante, como así también desactivar la maquinaria montada para desmantelar y desarmar proyectos educativos.

Fuente: http://www.lavoz.com.ar/opinion/la-escuela-del-32-por-ciento

Imagen: http://staticf5a.lavozdelinterior.com.ar/sites/default/files/styles/landscape_1020_560/public/nota_periodistica/Pobreza_y_educacion.jpg

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Querer aprender.

Por: Sharon Hillary Gamero Caycho.

España es uno de los países cuya tasa de escolarización es mayoritaria en los programas de Educación, donde más de la mitad de los alumnos matriculados están en instituciones públicas. A pesar de factores como las elevadas tasas de universidad y la disminución de recursos económicos destinados a este ámbito, ofrecieran dificultades. Esto no ha logrado que el alumno medio abandonase los estudios.

Los últimos datos de 2016 revelan que España ha disminuido de forma considerable la tasa de alumnos que abandonan la escuela, según el informe publicado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Además, la información que refleja la Encuesta de Población Activa (EPA) indica que existe un descenso de más de doce puntos desde 2008, cuando la tasa de abandono alcanzó el 31,7%. En 2011, la tasa se situaba en algo más de un veintiséis por ciento y la bajada es de 7,3 puntos.

Las causas de abandono escolar pueden ser muy distintas.

Unos piensan que la culpa es de un sistema educativo inadecuado y otros que la responsabilidad es del entorno familiar o incluso del propio alumno. A pesar de las opiniones diversas, la inestabilidad política, económica y social ha provocado que la sociedad se enfrentara a un sistema que no ha creído justo. Y la educación ha sido uno de los objetivos esenciales por los que se ha luchado y la respuesta del alumno ha sido no dejar de formarse.

Oscar González, profesor de educación primaria y fundador de Alianza Educativa explicaba lo siguiente, cuando le preguntaban por la gran tasa de abandono escolar que situaba a España entre los primeros puestos de Europa en 2015, culpando al sistema: “Es correcto siempre y cuando al referirnos a Sistema Educativo no dirijamos nuestra mirada culpabilizadora únicamente a la escuela y a los profesores porque cuando hablamos de Sistema Educativo damos menor importancia a la palabra que es más importante: SISTEMA y ahí todos tenemos en mayor o menor medida nuestro grado de responsabilidad: docentes, familias, la administración, etc. No olvidemos que el corazón de un Sistema Educativo está en los valores de la sociedad. Por este motivo, un fracaso escolar es un fracaso social.” La disminución del abandono escolar en España debe ser una meta a cumplir por el gobierno y la sociedad en su conjunto.

Una sociedad formada y educada conseguirá el fortalecimiento de valores y principios que ayudarán a mejorar la convivencia.

Nelson Mandela decía “La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

Fuente: http://www.listindiario.com/puntos-de-vista/2017/02/26/455596/querer-aprender

Imagen: http://locosporlaciencia.com.ar/wp-content/uploads/2014/11/aula-2.jpg

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De placeres y gratificaciones.

Por: Santiago García Álvarez

Martin Seligman es uno de los principales impulsores del movimiento conocido como “sicología positiva”. Tiene una larga trayectoria académica y práctica, tanto en la Universidad de Pensilvania como en la Asociación Americana de Psicología. Ha publicado distintos libros sobre sicología desde una perspectiva complementaria al sicoanálisis. En una de sus obras distingue entre los placeres, que son aquellas realidades que nos reportan una grata sensación inmediata, como puede ser comer un chocolate, ver una serie de TV o tener contacto afectivo con una persona y las gratificaciones, entendidas como cuestiones que son arduas, requieren dedicación y cuestan trabajo, pero que, al conseguirse, dejen una sensación más duradera de satisfacción y plenitud. Ejemplos de ello sería graduarse de una licenciatura, terminar una difícil competencia deportiva, superar una pequeña crisis familiar, establecer una relación duradera, etc.

 Según Seligman, las vidas centradas en las gratificaciones notoriamente alcanzan mayores índices de felicidad respecto de aquellas orientadas en los placeres. Las gratificaciones producen satisfacción duradera, aumentan la autoestima, forman el carácter, entre muchos otros beneficios. Los placeres, por su parte, están más vinculados al propio interés, mientras que las gratificaciones con frecuencia tienen un carácter comunitario.

Estoy convencido de que, en el mundo de la educación, uno de los grandes retos es hacer ver a los jóvenes esta distinción entre placeres y gratificaciones y animarles a apostar más por lo segundo. No se trata de que opten disyuntivamente entre pasarla bien o estudiar, sino que consigan ambas cosas en la adecuada proporción. Está bien que disfruten de placeres lícitos, pero es fundamental que apuesten por gratificaciones que les dejarán una sensación mucho más profunda de satisfacción en el mediano y largo plazo y, consecuentemente, los hará más felices.

Llenar la propia vida de experiencias placenteras, pero sin sentido más profundo siempre tendrá un costo en el largo plazo. Uno de los aspectos más preocupantes de la juventud actual es la sensación de vacío, desesperanza y sin sentido que experimentan muchos de ellos. Se ha documentado que, con frecuencia, quienes tienen esa sensación en un nivel más elevado son aquellos que han sido “más libres” y han explotado alternativas placenteras de corto plazo. En contraparte, quienes han hecho apuestas más profundas y se han involucrado en proyectos más trascendentes – con el esfuerzo y trabajo que eso conlleva- son los que al final poseen vidas más plenas y más satisfechas.

 Esta realidad, que se presenta a nivel personal, también se da a nivel de organizaciones, instituciones y sociedades. En México, por ejemplo, en numerosas organizaciones de distintos ámbitos (públicas, privadas, sociales, etc.) que sacrifique el largo plazo por obtener beneficios de corto plazo. Las empresas familiares tienen fama de “exprimir” las utilidades y extraer beneficios de corto plazo. Tanto las instituciones como las personas físicas tienen una tendencia a ahorrar poco e invertir lo mínimo. Lo más cómodo es gastar y disfrutar lo que se tiene en el momento.

Nuestro país invierte poco y se tiene una débil cultura del ahorro. Con frecuencia se apuesta mucho por lo placentero y poco por lo gratificante. Parece que nuestra cultura se ha orientado más a lo inmediato, al corto plazo. Echamos en falta políticas de largo plazo que sobrevivan más allá de un sexenio y que tengan un efecto social mucho más profundo, especialmente en materia educativa. Países con exitosos modelos educativos han sabido apostar por políticas de largo plazo, cuya ejecución paciente y consistente ha generado excelentes resultados.

Me parece que los retos y amenazas actuales especialmente la situación incierta con Estados Unidos— tenemos que fomentar la cultura del ahorro y de la inversión interna. Pero no sólo eso; hay un tema más de fondo: Tenemos que ser disciplinados y estar dispuestos a sacrificar ligeramente el presente por el futuro. Conviene apostar más por una vida de gratificaciones sin dejar de lado la posibilidad de disfrutar ciertos placeres, que brinde sentido a la vida de otras personas y a las nuestras propias y una certera sensación de plenitud. Ojalá nos convirtamos en un país que apueste más por el mediano y largo plazo, aunque eso con frecuencia implique sacrificios en el corto; de esta forma, no sólo heredaremos una mejor sociedad, sino también y más importante aún vidas más plenas y satisfechas.

Fuente: http://www.excelsior.com.mx/opinion/opinion-del-experto-nacional/2017/02/26/1148716

Imagen: https://prepanetnl.files.wordpress.com/2012/11/prepanet5.jpg

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Reforma educativa y renovación del profesorado.

Por: Alfonso Dillon.

La reforma más urgente y necesaria que hay que acometer en nuestro país es, sin duda, la educativa. De ella dependerá cómo afrontar el futuro con unas nuevas generaciones bien formadas y que ocupen un lugar que no sea el de meros subalternos en la sociedad del conocimiento.

El último informe PISA evidenció un dato que nos permite hacer una lectura positiva y otra negativa: la división entre unas comunidades y otras casi marcadas por el norte y el sur geográfico era en algunos casos de un curso y medio de diferencia por alumno.

Una mala noticia, pero que abría una buena oportunidad: si en algunas regiones el nivel estaba por encima de la media de la OCDE, era posible, por lo tanto, dar un salto colectivo como país. El Gobierno cree que en estos momentos puede haber una renovación de más de 150.000 profesores 100.000 que cubrirían plazas de jubilación y 50.000 interinos que conseguirían un puesto fijo, lo que permitiría una renovación en profundidad de un agente clave en el sistema educativo. En los países con mejores resultados, como es el caso de Finlandia, el factor de más peso lo tiene el profesor, una profesión considerada de prestigio posiblemente la que más–, con profesionales bien formados y en permanente reciclaje.

Las reuniones que están manteniendo los partidos políticos para la reforma educativa es una oportunidad que hay que jugar a fondo.

Fuente: http://www.larazon.es/opinion/editorial/reforma-educativa-y-renovacion-del-profesorado-CG14564053

Imagen: http://www.larazon.es/documents/10165/0/image_content_6135379_20170222022628.jpg

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Educar, combatir y revalorizar.

Por: Saturnino Acosta.

Así de sencillo, tres simples objetivos que por obvios se han obviado. Ayer comenzaron en el Congreso las comparecencias ante la Subcomisión de Educación y Deporte para alcanzar un Pacto de Estado Político y Social por la Educación. Esta subcomisión, además debería conformar una nueva ley que sustituya a la anterior y controvertida Lomce.

Será la primera vez que comparezcan más de 50 ponentes en cualquier subcomisión creada para oír a los distintos estamentos políticos, sociales y profesionales para cuestiones de esta índole, concretamente 82 comparecencias de las cuales hay que recordar como buen comienzo que 19 han sido consensuadas, nueve sindicatos docentes, tres patronales, cuatro de estudiantes y tres padres y madres. Como bien subyace del consenso, la piedra angular del próximo pacto, será principalmente el profesorado, la verdadera herramienta y el motor de cualquier ley y avance educativo no cómo exclusivo pero sí como principal artífice de la búsqueda de la ansiada excelencia educativa. Por fin algo de cordura.

Y es que no es tan complicado si dejamos la paja a un lado y nos centramos en lo obvio, si abandonamos el ideario políticos, algunos enmascarados en sociales, y los réditos electorales. ¿Y qué se necesita en la Educación del siglo XXI?, algunos lo tienen claro y lo dicen claro. Educar, combatir el fracaso escolar y revalorizar la profesión docente.

Con un cambio de modelo educativo hacia parámetros de calidad que valore el conocimiento, la adquisición de competencias, la exigencia, la evaluación y el esfuerzo partiendo de la individualidad y sin límites de desarrollo. Definir unos principios y contenidos básicos y comunes para todo el Estado que vertebren nuestro sistema educativo a nivel curricular, social así como para los cuerpos docentes. Una ley de financiación que alcance al menos el 6% del PIB, elevar la autonomía organizativa y pedagógica de los centros a través de sus claustros, un estatuto docente que revalorice al profesorado y la implantación del MIR educativo, y ahondar más en la convivencia escolar en todos los ámbitos.

Hemos tenido el mejor comienzo, esperemos tengamos el mejor final, suerte.

Fuente: http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/opinion/educar-combatir-revalorizar_1000474.html

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La soledad del maestro.

Por: Antonio Abril.

La de maestro, es, sin duda una de las profesiones más hermosas y peor pagadas que existen, a pesar de tener que trabajar con las mujeres y hombres que conformarán el mañana. Históricamente ha sido respetada, considerada; un referente para la gran mayoría de nosotros. Del aquel maestro o maestra, recibimos las primeras lecciones de vida; de su sabiduría, los primeros conocimientos de nuestra realidad; de su bondad los primeros mensajes de tolerancia; de su ejemplaridad, nos llegaron valores como el respeto, la solidaridad, la responsabilidad o el esfuerzo frente a las dificultades. De aquella silueta que se proyectaba, casi a diario, ante nosotros, con el fondo negro de una pizarra, surgían nuestros sueños e ilusiones de futuro, un deseo de libertad a pesar del ambiente gris, opaco en el que vivíamos.

Hoy, la vieja y respetada profesión de maestro, pasa por uno de sus peores momentos, como mínimo de ingratitud. Escrutados los docentes con desconfianza por su entorno, se encuentran en el centro de la diana, a los que se les disparan frustraciones y fracasos sociales y administrativos. Cada día se les exige más y mejores respuestas al sistema, sin ni siquiera enterarnos de la terrible soledad con la que conviven. Soledad frente a un alumnado, cuando cada mañana se enfrentan a la difícil tarea de educar, la de formar a personas, a niños y niñas que llegan de casa con una actitud imprevisible o negativa hacia él o hacia ella. Soledad que perciben los maestros de los padres que lejos de unirse a él, se alían con el hijo de forma crítica y hostil, cuando no salvaje. Y así, como afirmaba el jesuita José María R. Olaizola en una ponencia sobre la vocación de educar bajo el título de Samaritanos, Maestros y Testigos, el educador ha de afrontar, en silencio y sin grandes titulares, la batalla diaria con alumnos cada vez más diferentes; afrontar una necesidad de innovación que requeriría un tiempo que, a veces no se tiene; pelea con la burocratización asociada a reformas educativas con más directrices que horizonte; y ha de lidiar con el propio cansancio que en ocasiones sobreviene.

La sociedad actual, rota, no valora el trabajo del maestro, desconoce su función, la gran responsabilidad que tiene de educar hombres y mujeres competentes, ignora que ese educador recibió una formación de ayer para unos jóvenes de hoy que desarrollarán su vida en el mañana, lo que le implica, como se decía en ese encuentro, una gran generosidad por su parte para ‘desaprender para aprender’ y, sobre la marcha, adquirir nuevas herramientas y adaptarse a los nuevos tiempos y a unos cambios de vértigo. Y eso sólo se hace con vocación porque los profesionales de la enseñanza, a pesar de las incertidumbres que puede deparar el futuro, trabajan, de una forma impagable, como siempre, para un mundo mejor. Ellos son los que programan, enseñan, organizan el trabajo, evalúan, prevén ayudas individuales para quienes lo necesiten, mantienen la disciplina, están en contacto con los padres o apoyan al alumnado en sus momentos delicados, son, incluso, sus confidentes o el consuelo que se les niega.

Pues bien, esta sociedad nuestra, de chiste fácil, no es inteligente cuando maltrata a sus maestros y maestras con tópicos y frases despectivas («tienes más vacaciones que un maestro de escuela» o «trabajas menos que un maestro de escuela») o cuando se irrumpe en un centro con gritos e insultos hacia quienes tienen que generar valores en los más jóvenes, porque lo único que se consigue es inculcarles miedo, desengaño, estrés, depresiones y les apartan de su difícil, pero imprescindible, función de educar a nuestros jóvenes a la par que los padres, actores éstos imprescindibles para que sus hijos sean parte de una nueva sociedad que, como mínimo, será diferente.

Decía Mario Benedetti: «Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto cambiaron todas las preguntas».

Así es la labor del maestro o de la maestra, del profesor o de la profesora, sometidos a un proceso de cambio continuo que no da tiempo a asimilar.

Fuente: http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2017/02/25/soledad-maestro/808751.html

Imagen: http://cdne.diariocorreo.pe/thumbs/uploads/img/2016/10/23/arequipa-la-soledad-de-un-m_6EgfR1Y-JPG_976x0.jpg

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Educación de adultos.

Por: María Escudero Vera.

Corre la voz de alerta ante un plan de ajuste en la educación de adultos. Se rumorea que puede darse una reducción en la plantilla de profesores dedicados a este ámbito, específicamente en Cartagena. La excusa a tal propósito sería la de ajustar la oferta educativa a una mayor rentabilidad, y es aquí cuando emerge la gran paradoja pues no se puede medir el beneficio que vierte la formación en términos económicos, sino sociales.

Los Centros de Educación Permanente de Adultos (CEPA) favorecen el reciclaje y el aprendizaje continuo, una exigencia de la sociedad actual para afrontar los desafíos presentes y futuros. Para muchos los CEPA suponen el reencuentro con el tren de la segunda oportunidad, un vehículo de recuperación y reincorporación al sistema laboral. Para otros es nada más y nada menos que una forma de enriquecimiento personal, de transformación positiva. Hay ciudadanos que consiguen graduarse en ESO, u obtener un certificado que acredita una formación básica, requisitos mínimos que facilitan la entrada al mercado de trabajo. También el acceso para las pruebas a ciclos formativos, o a la universidad en el caso de mayores de 25 años, han de verse como referentes para valorar el beneficio que se puede aportar desde los CEPA.

En el ámbito de la educación no formal, las clases de español han sido una de las modalidades más solicitadas por la población inmigrante. Estas clases han supuesto un puente para la integración social de extranjeros que han llegado a la ciudad portuaria. Cabe mencionar el papel que ha ejercido La Botica del Libro a través de la lectura en dos barrios, Lo Campano y José María de Lapuerta desde 2006. Con motivo de su décimo aniversario, esta Asociación presentó en junio, la publicación El bosque de los relatos del mundo, que recoge historias de vida contadas por los propios inmigrantes. Basta leerlas para comprender la gran labor de la educación de adultos como motor intercultural, incentivando la capacidad de empatía.

En definitiva, la educación para personas adultas hace más asequible el acceso a la educación, poniéndola al alcance de cualquiera que tenga interés. Tanto enseñanza reglada como no reglada son instrumentos de integración social, que dotan de versatilidad a la oferta educativa de los Centros de Adultos, haciéndola adaptable a las especificidades de la ciudadanía.

Los CEPA están dispuestos a luchar por su supervivencia y con un profesorado fundamentalmente vocacional, seguir dando apoyo tanto a los colectivos desfavorecidos como a todo aquel que quiera esforzarse en superarse día a día. Nada mejor para reivindicar la persistencia de los derechos conseguidos y no permitir ni un paso atrás en las conquistas sociales que enseñar a utilizar esa poderosa herramienta a la que Blas de Otero dedicó su poema La palabra. El aprendizaje del castellano para extranjeros es uno de los cursos más solicitados por la comunidad inmigrante, y se ofrecen desde los centros de educación de adultos.

En la lucha contra la desigualdad, la educación de adultos adquiere una dimensión difícilmente reemplazable, cualquier inversión en este ámbito ha de verse rentable por los efectos positivos que revierten a nivel social, aunque no puedan ser cuantificables en términos numéricos. Además, los constantes y acelerados cambios de la realidad actual obligan incluso a reforzar los recursos que requiere esta modalidad formativa, no solo para romper barreras interculturales y facilitar la integración de las personas que vienen de fuera sino también para un aprendizaje permanente al alcance de todos.

Los tiempos exigen contemplar al ser humano en un continuo hacerse, y a esta cuestión la UNESCO ha dedicado diferentes conferencias. Desde una perspectiva práctica, la Unión Europea ha generado acuerdos, resoluciones y proyectos para impulsar la formación de personas adultas.

Por todo lo dicho hasta aquí, no puede darse ni un paso atrás en las formas de combatir la desigualdad, mostrarse solidarios y contribuir en la construcción de un bienestar común. En este sentido, el presente artículo pretende aportar su granito de arena para que el profesorado de adultos, en específico el que desarrolla su intervención en Cartagena no vea mermados los medios disponibles, y encuentre apoyo a los recursos que necesita dada la gran labor que este colectivo está desarrollando desde hace más de treinta años.

Fuente: http://www.laopiniondemurcia.es/opinion/2017/02/25/educacion-adultos/808729.html

Imagen: http://az778189.vo.msecnd.net/media/fotos/g/bfa9215bc33855860444f7fee10de755.jpg

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