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Datos inertes o saberes vivos: Una mirada a la gestión del conocimiento científico

Por: Prof. Hayah García

Como en todo el mundo material, hay un punto de partida. Es ese algo que sirve de origen y desde el cual surgen una o muchas interrogantes que, dependiendo de la óptica, tendrán respuestas o al menos datos que permitirán realizar algún tipo de interpretación.

Al católico, por ejemplo, se le dice que hubo una génesis, el principio del mundo y la vida, una mano divina que construyó en tan solo siete días todo lo que conocemos . Sea cierto o falso, es la forma de explicar el origen del mundo desde un sistema de creencias que busca instaurarse como universal, pero que, a lo largo de más de cuatro milenios, ha visto surgir detractores como también otras interpretaciones y creencias, sin dejar de lado quienes piensan en la existencia de inteligencias provenientes de otros mundos, cuestión que no está negada ni comprobada.

El ser humano es único en el universo, hasta ahora, y posee la capacidad de razonar, discernir, reflexionar y andar por caminos propios que le permiten generar experiencias que no todos logran convertir en algo más aprovechable o en conocimiento formal.

Es así como el investigador social en su medio se plantea un problema, un conjunto de interrogantes y dependiendo de la naturaleza del mismo opta por tomar una perspectiva u otras para tratarlo. En medio de todo este proceso, a veces repetitivo, él obtiene datos, que son información inerte y desde los cuales posteriormente podrá elaborar reflexiones que se transforman en conocimiento. Cabe aquí la pregunta: si el mismo problema lo plantea otro investigador, ¿llegará a resultados o reflexiones iguales, similares o distintas? La respuesta es bien conocida, dado que el investigador social no escapa a su propio entorno y a la no neutralidad del conocimiento, pues como refiere Lev Vygotsky el conocimiento individual se construye desde la interacción social, el contexto cultural y de los cristales con los que se observe.

Se trata en sí de una construcción social y reflexiva que no solo requiere ser administrada, sino vivida y compartida para recibir la realimentación y darle otra mirada a lo ya encontrado.

Surge así lo que en algún momento se denominó gestión del conocimiento, dado que gestionamos lo que conocemos, las experiencias que pasaron a ser conocimiento, lo que percibimos desde cada uno de los sentidos, es un todo que de alguna manera va moldeando la perspectiva y cosmovisión a lo largo de la senda que se transita desde la reflexión y el discernimiento.

Es un proceso altamente complejo, refinado, crítico, transversalizado y multidimensional precisamente porque el ser humano es como un diamante en bruto, inacabado, imperfecto y en constante aprendizaje.

Esta articulación muestra que el conocimiento es un hilo infinito, que permite ser mejorado con el pasar del tiempo.

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El presente no da lugar al futuro en América Latina

Por Aram Aharonian 

América Latina se encuentra en un momento de transición y cambio, cuando las decisiones tomadas hoy tendrán repercusiones a largo plazo. La región enfrenta desafíos como las migraciones masivas, el desempleo juvenil y la polarización política. Pero también tiene fortalezas como la estabilidad macroeconómica y la abundancia de recursos mineros y de energías renovables, tan apetecidos por las grandes potencias .

Es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro, señaló José Saramago.  El pánico a la inestabilidad suele empujar a las sociedades hacia una parálisis emocional. Sobre esta premisa, el Premio Nobel de Literatura  recuerda en La Caverna que el costo de protegerse contra la incertidumbre es, casi siempre, la renuncia a la propia vida. Esa fijación con el mañana anula la capacidad de acción y confina al individuo a la pasividad, en una espera eterna.

Saramago deja en claro que el capitalismo y el consumo masivo devoran la identidad de los ciudadanos, que la alienación progresiva hace que los habitantes del complejo pierdan su condición humana, que la comodidad de una ilusión confortable sustituye el contacto con la realidad, emulando a los prisioneros mitológicos.

El desasosiego que genera la transformación del entorno empuja a los personajes a mudarse al corazón de esa urbe artificial, en donde la búsqueda de una falsa estabilidad dentro del engranaje consumista despoja a las personas de su autonomía. El temor a la exclusión económica obliga a aceptar una supervivencia deshumanizada, alerta el intelectual portugués.

El presidente estadounidense Donald Trump ha dejado muy claro que quiere controlar el continente, y ha declarado explícitamente que “el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a cuestionarse”. Las tres naciones más grandes de la región —Brasil, México y Colombia, dirigidas por políticos progresistas— criticaron la captura estadounidense del presidente venezolano Nicolás Maduro con distintos grados de indignación y diplomacia.

Las reacciones divergentes muestran cómo el gobierno de Trump, cada vez más agresivo, está alterando la política de América Latina. Aunque sus respuestas públicas puedan ser diferentes, todos parecen compartir un objetivo común en una nueva era de intervencionismo estadounidense, dadas las experiencias recientes en Venezuela (ataque y secuestro del presidente Nicolás Maduro) y en el  bloqueo criminal a Cuba: la autopreservación.

“Por supuesto que queremos tener buenas relaciones con Estados Unidos. Es un país muy importante en todos los sentidos. Pero no hay forma de evitar condenar esta acción”, dijo Celso Amorim, principal asesor de política exterior del presidente brasileño  Lula da Silva. Añadió que antes del ataque a Venezuela, “las cosas avanzaban de forma positiva”, en referencia a la relación entre EEUU y Brasil. “Todavía espero que eso sea posible”.

Poco duró el optimismo: El gobierno de Donald Trump a través del Departamento de Estado dirigido por Marco Rubio anunció la designación de las bandas Primeiro Comando da Capital (PCC) y del Comando Vermelho (CV) como «Organizaciones Terroristas Extranjeras», lo que habilita sanciones financieras severas y amplía las herramientas legales de Washington. La medida fue rechazada por el gobierno de Lula, que la considera una intromisión en la soberanía brasileña.

En casa ¿cómo andamos?

La crisis actual de América Latina es similar a las de los años 1930, con síntomas que se repiten: disputa hegemónica, ascenso de derechas autoritarias proestadounidenses, fragilidad institucional, guerras latentes. No se trata de una crisis económica ni política: es una crisis civilizatoria. No está en juego únicamente la reproducción del capital, sino la reproducción de la vida. Y también están en juego los recursos minerales, energéticos, el agua, que significan el presente y el futuro de las sociedades.

Hace casi un siglo, el capitalismo encontró una salida tras luchas sociales, guerras, pactos forzados, que obligó a la intervención y regulación del Estado, que intervino, redistribuyó, reguló, lo que facilitó recomponer legitimidad. El capital cedió para no arder. Un siglo después, las condiciones han cambiado radicalmente: el capital aprendió a gobernar de otra manera, aprendió a tolerar la redistribución sin perder el control, siempre que el sentido del valor permaneciera intacto, señala René Ramírez.

En décadas recientes, frente a la obscenidad neoliberal, algunos gobiernos progresistas lograron reducir  la pobreza, ampliaron derechos, restituyeron la dignidad de millones, representaron un giro histórico… quizás sin haber evaluado la profundidad del problema que enfrentaban. Sí, redistribuyeron, pero no cambiaron el sistema.

El progresismo asume que la desigualdad es de ingresos o de oportunidades. Pero esa es sólo la superficie. Esta desigualdad está anclada en la larga duración del colonialismo: el colonizador organizó el mundo a su favor y reproduce el colonialismo aún hoy.

La riqueza se distribuyó históricamente de forma asimétrica. Y esa distribución no desapareció con la independencia formal. Se transformó en colonialismo interno: en estructuras de propiedad, en jerarquías raciales, en divisiones territoriales. Por eso, incluso en contextos de crecimiento o redistribución, las brechas persisten. Los avances progresistas fueron importantes, pero insuficientes para revertir la concentración patrimonial histórica.

La Pax Silica

Si hace décadas el orden mundial se cimentaba sobre el acero y el control de las rutas petroleras, hoy el tablero geopolítico se decide en una escala mucho más pequeña, casi invisible al ojo humano: los nanómetros: quien controle el diseño y la fabricación de los semiconductores controlará la economía del siglo XXI. Y es aquí donde aparece la denominada Pax Silica, la nueva y agresiva apuesta de la administración de Donald Trump para reescribir las reglas del juego tecnológico global.

Bajo el gobierno de Javier Milei, Argentina se ha convertido en el alumno modelo de esta nueva fase colonial. Washington ha firmado un acuerdo marco sobre minerales críticos y celebra el «gran liderazgo» de Milei en identificar proyectos prometedores de litio y cobre. Una alianza estratégica donde Argentina pone el recurso y EEUU se lleva el beneficio, incluso gestionando el ingreso del país al exclusivo grupo «Pax Silica».

Uno de los principales cuestionamientos a la reforma de la Ley de Glaciares en Argentina es la posibilidad de habilitar actividades extractivas (también de empresas extranjeras) en zonas anteriormente protegidas. La minería, especialmente la de litio, cobre y oro, puede implicar intervenciones que alteren la estabilidad de los glaciares y su entorno: contaminación por metales pesados, el uso de sustancias químicas, la alteración de cursos de agua y la fragmentación de ecosistemas de alta montaña.

Tras el giro político en Caracas, el agresor EEUU ejerce un control directo. El secretario del Interior, Doug Burgum, desembarcó en Caracas con representantes de gigantes mineras como Peabody Energy y Glencore. El objetivo es claro: acceder a las reservas de bauxita, níquel, oro y tierras raras, además del petróleo, abriendo estos sectores a la inversión extranjera incondicional o más bien a los capitales estadolunidenses.

Y, a pesar de las diferencias políticas, la administración Trump busca recomponer lazos con el gobierno de Lula da Silva, consciente de que Brasil es un «socio estratégico esencial» por sus reservas de tierras raras pesadas. La Corporación Financiera de Desarrollo Internacional de EE.UU. (DFC) ya financia proyectos en Goiás (Serra Verde y Aclara). Washington no solo quiere el mineral, sino controlar el procesamiento, un eslabón clave hoy dominado por China.

Como dijo Saramago, es una estupidez perder el presente solo por el miedo de no llegar a ganar el futuro.

Aram  AharonianPeriodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Creador y fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

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La migración cognitiva en los estudios de movilidad: Un debate necesario

Por: Luis Bonilla-Molina/Luz Palomino Mayorga

Resumen

Las migraciones son un campo de estudio que ha adquirido especial relevancia en el marco del capitalismo como sistema mundo. Así como el capitalismo no es una inteligencia centralizada, su naturaleza es altamente sensible a la innovación, sufriendo adaptaciones en cada una de las revoluciones industriales. Estas adaptaciones han impactado a las dinámicas migratorias, como parte estructural y funcional a su metabolismo. El desplazamiento corporal entre territorios por parte de capas de la población, especialmente en los periodos Taylorista y Fordista -extendidas al presente-, generó dinámicas de control biopolítico y explotación que han sido ampliamente estudiadas por la teoría migratoria. La llegada de la tercera revolución industrial y la apertura del periodo posfordista, a partir del auge de lo digital-virtual ha producido el emerger de nuevas formas de dominación, control, acumulación, explotación y reproducción. La sustitución de la centralidad fabril por la metrópolis y la sociedad como fábrica ampliada, y la centralidad del obrero social como sujeto político que expande la concepción de proletariado industrial, han dado origen al cognitariado y el precariado, la producción de mercancías inmateriales basadas en la apropiación de subjetividades, emociones, la captura de datos y flujos de información, que han hecho aparecer nuevas dinámicas de trabajo, riqueza y plusvalía. En ese contexto, el capitalismo cognitivo está produciendo formas de migración que exceden las concepciones clásicas de movilidad corporal, las cuales subsisten y se solapan con las formas clásicas de migración. El propósito de este trabajo es explorar la migración cognitiva como nuevo campo de estudio de la teoría migratoria, para lo cual resulta de especial interés la producción intelectual de la escuela operaria y el posoperaismo, así como las distinciones entre capitalismo digital y capitalismo cognitivo, tecnofeudalismo y capitalismo renovado, las teorías del lenguaje y la comunicación como valor y el impacto de la internacionalización educativa en este reacomodo.  Se trata de estudiar las nuevas formas de apropiación del trabajo vivo -incluida la migración- que ocurren a partir de la aceleración de la innovación digital-virtual en el marco del capitalismo cognitivo.

Palabras claves:  migración cognitiva – trabajo vivo – biopolítica — lenguaje, emociones y subjetividades – sedentarismo corporal  — trabajo en el capitalismo cognitivo/digital

Introducción

En la teoría clásica de las migraciones el desplazamiento corporal tiene una centralidad importante. Para Ravenstein (1885;1889), la migración es un proceso de redistribución espacial de la población, derivado de desigualdades económicas, que se estructura con patrones regulares o “leyes migratorias”, introduciendo los factores de atracción—repulsión —push-pull— que toman cuerpo en regularidades empíricas como dirección, distancia, género, profesión u oficio, entre otras. Décadas después, Everett Lee (1966), explica la migración como resultante de la interacción entre factores de expulsión, atracción, destacando los obstáculos intervinientes (distancia, costos, leyes migratorias, idioma, reconocimiento de estudios), a partir del concepto de selectividad migratoria (edad, educación, género, aspiraciones), con una visión dinámica que incorpora los factores subjetivos (positivos, negativos, neutros), medios y características individuales, formalizando el modelo push-pull, valorando el peso de las decisiones individuales. Serían Gino Germani (1971) y Wilbur Zelinsky (1971) quienes enfatizarían la relación entre migración y modernización capitalista, abordando etapas históricas de movilidad, al valorar la migración como un proceso transicional mediado por relaciones estructurales como el crecimiento socioeconómico, propio del desarrollo desigual y combinado (NOVACK, 1974) del capitalismo tardío (MANDEL,2023). Estas premisas empalmarían con los trabajos de Harris y Todaro (1970) centrado en el modelo económico de migración rural-urbana —propios de la perspectiva marxista de oposición ciudad/campo en el capitalismo— introduciendo el empleo y la precarización laboral como  variables estructurales. Siempre serían cuerpos desplazándose.

Esto facilitaría el encuentro entre las perspectivas sociológicas y demográficas, como lo evidencian los trabajos de Joaquín Arango (2007) —desplazamiento con cambio de residencia significativo y cierta permanencia— y Simmons (1991) —cambios en residencia, mercado laboral y relaciones sociales—cuya influencia sigue marcando a una parte importante de la reflexión migratoria. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM, 2019) incluso va más allá, al entender a los migrantes como personas que se desplazan fuera de su residencia habitual, independientemente de la causa o estatus. El desplazamiento corporal continúa teniendo especial centralidad.

Los enfoques críticos en los inicios del posfordismo, si bien generan un giro epistemológico — crítica al reduccionismo económico —mantienen la idea de cuerpos en desplazamiento, como lo evidencian los trabajos de Massey (1993) que integran los niveles micro, meso y macro para desarrollar su tesis de redes migratorias y causación acumulativa. Por su parte, Stephen Castles y Mark Miller (2009) ampliaría el horizonte al incorporar el impacto generacional y los vínculos institucionales que se generan. Luego vendrían los estudios interseccionales que mantendrían el encuadre de movilidad corporal.

Nuestra perspectiva evoluciona a partir de los aportes de Inmanuel Wallerstein (2004) — sistema mundo capitalista y división centro-periferia— y muy especialmente las ideas de Marx (2011) respecto a la influencia del desarrollo tecnológico en la organización social. Así como el fuego marcó un antes y después en la civilización, lo digital marca un giro copernicano en la estructura económica, política y social de los cuales, con la Inteligencia Artificial solo estamos viendo la punta del iceberg (Kurzweil,2024). Sin embargo, cuando avanzamos en el estudio del posfordismo y la migración, comprendemos que la perspectiva centro—periferia pierde centralidad y que el marxismo necesita ampliarse para comprender la complejidad económico-social-cultural-laboral propia del inicio de la transición entre tercera y cuarta revolución industrial (radicalidad posfordista).

Los aportes de Alejandro Portes (1997) —migrantes que mantienen vínculos simultáneos entre países—, Nina Glick Schiller (1992) — redes sociales que atraviesan fronteras nacionales—, Hein de Haas (2021) —impacto de las políticas globales en la migración—nos permitieron ampliar el horizonte, al punto de problematizar los límites del concepto migratorio clásico, que circunscriben las dinámicas de movilidad al desplazamiento de cuerpos, en medio de una creciente influencia de lo digital—virtual deslocalizado—desterritorializado en el mundo del trabajo, el afecto y las relaciones sociales posfordistas. Esto implica, entender la migración en su relación con las revoluciones industriales en el marco del capitalismo, subrayando que el mercado no se desarrolla de manera lineal ni homogénea en todos los lugares, siendo el posfordismo el detonante de nuevas formas de sociabilidad, trabajo, aprendizaje y de aproximación a otros territorios distintos al que se habita en términos corporales. El posfordismo inicia un peligroso proceso de disociación masiva entre cuerpo y mente, de lo cual el scroll digital es solo una de sus expresiones.

La evidencia empírica —y la propia experiencia académica de los autores— nos ha colocado en la disyuntiva de entender y explicar el hecho de vivir en un lugar —tradicional o como resultado de desplazamiento corporal migratorio— desde el cual, ahora, se tiene que trabajar de manera virtual, en tres o cinco países durante el breve periodo de veinticuatro horas, con distintos patrones y leyes de empleo digital, teniendo que adaptarse a cada uno de ellos. Esto comporta no solo aprender culturas sociales y organizacionales diferenciadas, sino saltar entre ellas en un breve espacio temporal, teniendo que adaptar comportamientos y desempeños, con un gran componente cognitivo de movilidad mientras el sedentarismo corporal se hace creciente.

Advertimos que no pretendemos decir que las migraciones que implican desplazamiento físico han desaparecido o perdido su valor de estudio, sino destacar que se están dando nuevos fenómenos migratorios que exceden la tradición conceptual—interpretativa, los cuales deben ser estudiados, analizados y comprendidos. Ambos fenómenos coexisten y muchas veces se entrecruzan o solapan, destacando la importancia de actualización permanente de los estudios migratorios.

Producción, innovación tecnológica y migración

Desde el punto de vista de la gestión de la producción, el capitalismo industrial ha tenido cuatro grandes momentos. El primero de expansión y empirista, entre 1760—1910, el segundo el taylorista entre 1910—1930, el tercero el fordista entre 1930 y mediados de los setenta, y el cuarto el posfordismo desde mediados de los setenta hasta el presente. Estos no son periodos estancos, que cortan e invalidan los otros momentos, desarrollándose de manera desigual y combinada (NOVACK; 1974) en las distintas regiones y entre países. Incluso, en la égida posfordista aún subsisten de manera relevante dinámicas fordistas o tayloristas en algunos países y territorios, eso sí en línea de convergencia hacia el modelo hegemónico. La innovación científico—tecnológica juega un papel central en estas dinámicas (especialmente lo digital—virtual), junto a la globalización neoliberal y la financiarización de la economía.

El postfordismo es el resultado de las tensiones de la lucha de clases a partir de la tercera revolución industrial, la tendencia creciente a la automatización, la crisis de sobreproducción (saturación del mercado, cambios en los patrones de consumo, inflación, crisis del petróleo) con caída del consumo, pero sobre todo, es una adaptación del capitalismo —producción, reproducción, explotación y acumulación — a la inusitada aceleración de la innovación, así como la acumulación exitosa de mecanismos de lucha de la clase trabajadora en el fordismo.

El término posfordismo surge de los debates sobre la caracterización del fordismo (Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, 1934), así como los planteamientos de la Escuela de la Regulación Francesa respecto a la crisis del fordismo (AGLIETTA,  M; 1979) y se profundiza con las discusiones sobre los efectos de la regulación en la acumulación, expuestos en lo trabajos de BOYER (2001) — crisis del fordismo, transformación hacia nuevas formas de acumulación—, así como las reflexiones de JESSOP (1991) —condensación de relaciones sociales, el Estado como configurador de las condiciones de acumulación— y LIPIETZ (1993) – paso del fordismo al posfordismo, regulación internacional, división internacional del trabajo—;  mientras que en otros círculos marxistas, neomarxistas y posmarxistas el posfordismo se introduce con fuerza al analizar las transformaciones del capitalismo tardío, esfuerzo en cual juega un papel central la Revista Marxism Today.

La escuela operaria italiana, posfordismo y migraciones

La llamada Escuela Operaria Italiana (operaismo), surgió en las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo XX en Italia, como corriente marxista heterodoxa, cuyos aportes y debates que llevaron a su evolución, son de singular importancia para nuestra comprensión de nuevas formas de migración que incluyen la migración cognitiva.

Los aportes de Ranierio Panzieri (1931—1964), especialmente con los artículos “los usos socialistas de la investigación obrera” (1961) y su “Tesis sobre el control obrero” (1961) le impondrían un sello metodológico a esta escuela fundando los Quaderno Rossi (1959—1964) e introduciendo la metodología de encuesta obrera. Por su parte, Mario Tronti (1931—2023), autor de “Operari e Capitale” (1966) y fundador de la Revista Classe Operaria (1964—1967), propondría la teoría de la clase en conflicto activoautonomía política de la clase obrera y criticaría el papel de los partidos comunistas, aspectos centrales para comprender las nuevas opresiones y abordar el posfordismo. Finalmente, Sergio Bologna desarrollaría el concepto de trabajo autónomo, composición de clase avanzada, ruptura con el obrero masa—fordista (1977; 2006), sustanciales para nuestra perspectiva de los estudios migratorios.

El surgimiento de esta escuela es importante, porque ocurre en la convergencia de dos elementos sustantivos para las dinámicas migratorias: la llegada y expansión de la tercera revolución industrial, y el fin del periodo fordista. En este sentido, resulta significativo el diálogo que sostiene Brett Neilson (2013) con el operaismo en materia de migraciones.

Esta escuela operaria invierte la lógica del análisis clásico marxista, señalando que no es el capital el que organiza al trabajo, sino las luchas obreras las que obligan al capital a transformarse. En esta perspectiva, las luchas de la clase trabajadora en el periodo de gestión fabril empirista obligaron a las clases dominantes a implementar el taylorismo como modelo de organización del trabajo, así como las formas de lucha de los trabajadores en el contexto de la revolución bolchevique resultaron ser uno de los elementos que facilitaron el arranque y despliegue del periodo fordista. En consecuencia, el posfordismo, el trabajo inmaterial y la movilidad laboral (incluida las migraciones) constituyen respuestas del capital a las luchas que escenifica el trabajo vivo en el periodo de las posguerras mundiales. Es más fácil controlar a los trabajadores si la producción se limita a lo que se requiere (Justo a Tiempo), se externaliza y terciariza una parte importante de la producción de mercancías para disminuir el peso del encargo social (outsourcing),  a partir de las experiencias de explotación/acumulación exitosas (benchmarking) y la precarización se justifica con los modelos de mejora continua (calidad total), que van facilitando que las antiguas corporalidades laborales se distancien, aunque su fuerza productiva, ya sea desconcentrada y deslocalizada, física o cognitiva, haga sinergia y link entre la producción de mercancías inmateriales y materiales.

En Operai e Capitale (1966) Mario Tronti coloca como elementos centrales de análisis el Trabajo vivo, las formas como el capital reacciona a la autonomía obrera y la fábrica como lugar del conflicto político. En ese sentido, las migraciones  son asumidas como mecanismos de disciplinamiento salarial y respuestas a la conflictividad en los centros de trabajo. El migrante aparece como un trabajador desarraigado, más fácil de explotar.

Para Tronti, el trabajo vivo es una actividad humana concreta, construcción social, por lo tanto colectiva, que produce valor, pero que no se agota en el capital, porque es movimiento, subjetividad, conflicto y potencia política. Esta mirada resultaría de gran relevancia para entender las implicaciones del paso del fordismo al posfordismo, tanto en el trabajo como en las dinámicas migratorias.

Raniero Panzeri (1972) enfatiza en el cuestionamiento a la supuesta neutralidad de la tecnología, destacando que la maquinaria incorpora relaciones de poder que no siempre se explicitan. En consecuencia, la migración laboral acompaña la reorganización tecnológica, y el trabajador migrante es integrado como fuerza de trabajo subordinada a la racionalidad técnica del capital.

El pos—operaismo

Como resultado de la crisis del operaismo a finales de los sesenta y en los setenta, del siglo veinte, surgió el pos—operaismo o autonomismo marxista, a partir del llamado Otoño Caliente (1969), la represión estatal y disolución de Potere Operario en Italia. La ideal central de esta escuela es que el obrero—masa industrial se desplaza hacia el trabajo inmaterial, el capitalismo cognitivo, la biopolítica y la multitud como estructura social difusa. Sus teóricos desarrollan la noción de posfordismo como forma de acumulación centrada en trabajo cognitivo e industrias flexibles (VIRNO, P.; 2001), trabajo inmaterial y capitalismo cognitivo (LAZZARATO, M;1997) de primer orden para desarrollar la noción de cognitariado y trabajar las migraciones cognitivas.

Pero serían los trabajos de Antonio Negri (1979;2020) los que le darían un sello al posoperaismo, al destacar la crisis del fordismo, el emerger del obrero social y la autonomía del trabajo respecto a la fábrica. Para Negri, la ciudad se convierte en la fuente de la producción y el consumo interactuando, haciendo que la vieja fábrica industrial no tenga la centralidad en la reproducción social que tenía hasta ahora en el fordismo. En el campo de las migraciones esto implica una comprensión de la movilidad del trabajo vivo, al formar parte el migrante del obrero social, así como de las respuestas del capital que fomentan la precarización, la segmentación jurídica y el control de fronteras. El trabajo productivo que permite la acumulación del capital deja de estar localizado en la fábrica industrial, convirtiendo a la sociedad en la fábrica productiva por excelencia.

Por su parte, Sergio Bologna (2006) enfatiza en la crisis del empleo estable, y las formas de dominación y control que toman el trabajo autónomo y precarizado. Al apoyarse el posfordismo en la movilidad permanente de la población —migraciones en sentido amplio— obligada a disputar un lugar en las nuevas formas de gestionar el trabajo, se crea la figura de trabajo autónomo forzado, caracterizado por elementos como la normalización de la subcontratación, elementos relevantes en la migración cognitiva.

Surge entonces un debate sobre nuevas tipologías de mercancías y el trabajo inmaterialMaurizzio Lazzarato (1997) aporta la idea que la producción de conocimiento, afectos y comunicación están dando origen a formas de trabajo que van más allá del trabajo material. Por su parte, Christian Marazzi (2009) aborda la centralidad del lenguaje y la comunicación en las nuevas formas de acumulación, trabajo inmaterial y reproducción ampliada del capital.

El trabajo inmaterial se refiere a las formas de trabajo posfordista que no producen objetos físicos tangibles —al estilo de la fábrica industrial— sino mercancías intangibles que involucran conocimiento, comunicación, emociones y relaciones sociales, que se presentan como informaciónservicios —no existentes en los periodos empírico, taylorista y fordista o redefinidas en esta nueva fase—  y experiencias.  Se trata de un trabajo que produce subjetividades (Lazzarato;1997), identidadesafectosestilos de vida y formas de relación, además de convertir al lenguaje en mercancía de amplia circulación (Marazzi, 2009). El obrero social no solo fabrica “cosas” sino que fabrica al trabajador mismo a través de su labor, comunicación y emociones, y la sociedad en su conjunto se ha convertido en una fábrica posfordista.

Aquí surge otra novedad, la tendencia a la expansión del trabajo no remunerado sobre el remunerado, en la lógica de acumulación capitalista. La llegada del internet, los buscadores web y las redes sociales creó la necesidad de una materia prima, los datos y la circulación informacional, que se produce, extrae y estratifica mediante el uso masivo no remunerado en estas plataformas digitales, presentado como momentos de ocio, disfrute y diversión para legitimar su no remuneración. Millones de seres humanos conectados a la internet y las redes sociales producen datos e información, trabajando al unísono, creyendo que están en modo ocio. La obtención de datos permite optimizar los modelos de Justo a Tiempo, Outsourcing, Benchmarking y Calidad Total, redireccionando no solo la producción sino el consumo, gestionando la creación de necesidades. El trabajo remunerado en este esquema digital—virtual pasa a ser el mínimo necesario para mantener la estructura funcional y garantizar su orientación a los fines del capital; esto explica en buena medida los niveles de acumulación de ganancia de la industria tecnológica. En esa perspectiva la migración cognitiva aparece como nuevo fenómeno, que potencia la acumulación limitando el impacto de los modelos clásicos de movilidad corporal.

Esto adquiere especial relevancia cuando analizamos el trabajo de los migrantes, especialmente  en las llamadas economías creativas, la gig economy (Uber, Deliveroo), donde participa en labores de plataformas, servicios y trabajo inmaterial precario y deslocalizado. Estas economías creativas adquieren dinámicas trasnacionales que fomentan la internacionalización del modelo. El capital, en este contexto, gestiona la movilidad como recurso productivo y producción diferencial de ciudadanía.

Posteriormente, Lazzarato trabajaría la formación y fractura del Estado, guerra civil nacional y Estado, y el estado de guerra civil mundial (2019), en la cual la migración es el resultado de la conmoción continuada producto de la decadencia del modelo de organización del poder propio del Tratado de Westfalia. Para Berardi (2017;2023; 2025) esto es sintomático de la superación de la democracia como sistema político ideal de la burguesía, propio del periodo liberal, paradigma disminuido en la égida neoliberal, amenazado de ser sustituido por formas autoritarias de gobernanza en el iliberalismo.

Paolo Virno (2001) amplía los elementos del posfordismo a la crisis del Estado, con la desaparición de la noción de pueblo — consenso mínimo — y el resurgimiento de la categoría multitud, la irrupción del General Intellect y el lenguaje como fuerza productiva. En Virno (2001) la migración revela el carácter nómada del trabajo vivo en el posfordismo, afectado por la fractura del Estado, la pluralidad inmanente a las multitudes y el Estado de guerra civil mundial (Lazzarato, 2019).

Por eso, para Sandro Mezzadra (2001;2013) el capital no bloquea la migración, sino que la modula, la segmenta, porque la mano de obra diferenciada constituye una ilegalidad funcional, como acto de autonomía del trabajo. Esto no ocurre sin resistencias, contradicciones y conflictos, en todo el espectro de las clases sociales; mientras los trabajadores de plataformas luchan porque se le reconozcan sus derechos y formas de organización sindical propias del periodo fordista, las burguesías pujan por eliminar los residuos del Estado de Bienestar, especialmente los derechos adquiridos, contrataciones colectivas, modelos integrales de seguridad social y la elevación de la edad de jubilación. Lejos de desaparecer la lucha de clases, adquiere nuevas formas y expresiones en el posfordismo y en el medio se amplían los modelos migratorios funcionales a la reproducción y acumulación del capital, dando paso al surgimiento de la migración cognitiva.

Incluso en el periodo iliberal que encarna la segunda presidencia de Donald Trump con su “cierre de fronteras”, “expulsión de la migración” y declaración de que la “era de las migraciones llegó a su fin”, eso genera conflictos con las burguesías nacionales norteamericanas, especialmente las sureñas que ven amenazada su producción porque los locales no están dispuestos a cubrir las vacantes de trabajo material repetitivo. Pero la expulsión física de los migrantes no elimina los puestos de trabajo inmaterial, sino que profundiza las condiciones de precariedad laboral en las que se produce. Sin embargo, Mezzadra no cierra el círculo del análisis del capitalismo cognitivo en el plano de las migraciones, dejando pendiente el análisis de las migraciones cognitivas.

En el tránsito de la tercera a la cuarta revolución industrial, la diferencia entre trabajo material e inmaterial se hace cada vez más evidente. Ambos existen, pero con tendencia al creciente impacto del segundo por la automatización, robotización, uso masivo de inteligencia artificial y manejo de datos. Eso agudiza el control fronterizo selectivo (Neilson, 2013) en la fábrica ampliada que se ha convertido el mundo, mientras unos tienen que desplazarse de territorio para trabajar, otros pueden laborar para otros territorios -en plural- desde el propio lugar habitual de residencia, en modelos migratorios combinados, ya sea de maquila o cognitivos. El capitalismo neoliberal necesita sujetos móviles, parciales y desiguales, donde la ciudadanía se convierte en un instrumento de trabajo regular y su negación en desregulación (trabajo esclavo). Brett Neilson intenta actualizar la escuela operaria llevando la fábrica a la noción de frontera, el obrero masa al migrante precarizado, la logística posfordista a nuevos niveles de autonomía del trabajo vivo.

En ese contexto llega la cuarta revolución industrial, la inteligencia artificial y el análisis de metadatos, con el discurso iliberal que construye una narrativa del migrante como el salvaje anti—civilización, peligro para la normalidad social, engendro que encarna no solo la antítesis del éxito, sino que coloca en riesgo su logro por parte del no-civilizado. Entonces ¿realmente se acabaron las migraciones? ¿el capitalismo cambió su naturaleza en este sentido? ¿o tenemos que ver las nuevas formas que toma la migración en tiempos de aceleración de la innovación?

Régimen predictivo, sedentarismo corporal y migración cognitiva

El desarrollo desigual y combinado (NOVACK; 1974) del capitalismo tardío (MANDEL, 2023) hace que sobrevivan varios mundos en un mismo tiempo histórico. Las dos primeras revoluciones industriales trajeron la ilusión de desarrollo y cubrimiento de las necesidades básicas —agua potable, electricidad— para toda la población del mundo. Pero, en 2022 había 685 millones de personas sin acceso a la electricidad, un aumento de 10 millones respecto al año anterior, siendo África subsahariana la región que concentra el 80% de ese déficit mundial (AIE; IRENA; UNSD; World Bank; OMS; 2025). Ese mismo año, se registraron dos mil millones de personas —el 26% de la población mundial— carentes de agua potable gestionada de forma segura (UNESCO, 2023), con 2,1 millones que no cuentan con servicios básicos de agua potable (OMS; UNICEF, 2025). Ello, a pesar de la llegada de la informática y la robótica —tercera revolución industrial—  las redes sociales, internet y los metadatos de la cuarta revolución industrial. Solo el uso diario de inteligencias artificiales como ChatGpt, Gemini, Grook o DeepSeck, hacen un uso descomunal de electricidad y agua. Estudios (Business Energy UK, 2025; IEEE Spectrum, 2025; Epoch AI, 2025; Google Cloud Blog, 2025; NPR & otros reports locales; 2024—2025; Estudios en arXiv y reportes de DeepSeek, 2025) muestran que, por ejemplo, ChatGpt con 2.5 mil millones de consultas diarias consume 148—150 millones de litros de agua y 40—47 millones de kwh de electricidad, Grook para el funcionamiento diario de su data center en Memphis consume 1—5 millones de galones de agua para su enfriamiento. Es decir, el uso de la tecnología de punta refleja las desigualdades en el acceso para cubrir las necesidades básicas de millones de seres humanos. Ese es el desarrollo desigual y combinado del capitalismo tardío. Esto se refleja en las migraciones, que pueden ser simultáneamente dinámicas propias de la dos primeras revoluciones industriales, la tercera o cuarta revolución industrial. En este punto nos concentraremos en el modelo de migraciones de la cuarta revolución industrial.

Una parte de los estudios posfordistas en su impacto en la compresión de las migraciones, exigen analizar lo digital—virtual como campo de expresión de inusitadas maneras de migrar, fenómeno que apenas comienza a ser visualizado. Se trata de lo que denominamos como migración cognitiva.  Veamos de que se trata.

El desplazamiento del trabajo vivo de la fábrica a la metrópolis (NEGRI; 2020), reconfiguraron la forma de entender la producción y la inserción de la migración, trayendo nuevas categorías como cognitariado y precariado. Insistimos, lo nuevo no suprime lo tradicional, sino que construye una dialéctica que es necesario comprender para estudiar las dinámicas migratorias.

La Teoría del Capitalismo Cognitivo es sustancial en los debates del operaismo y posoperaismo italiano. Yann Moulier—Boutang es reconocido como uno de los principales formuladores del término, postulándolo como expresión de una nueva fase del capitalismo.

El capitalismo cognitivo es un régimen de acumulación en el cual el conocimiento, la innovación y la cooperación social se convierten en las principales fuentes de valor, sustituyendo progresivamente a la centralidad del trabajo industrial material (MOULIER—BOUTANG, 2007, p. 33)

Para MOULIER—BOUTANG (2007) el conocimiento es un bien no rival, cuyo uso por parte de un sujeto no impide su uso simultáneo por parte de otros —característica opuesta a los bienes materiales—  haciendo que el conocimiento pueda reproducirse y circular sin agotarse. Esta condición  tensiona la lógica estructural clásica del capitalismo, el mercado y la circulación de mercancías, que necesita escasez para valorizar. Esa es la razón por la cual el conocimiento no sea aún reconocido jurídicamente como cualquier otra mercancía clásica, porque ello demandaría normas legales y políticas especiales y específicas, pero ello no impide su concreción en los procesos de trabajo y acumulación. Sin embargo, fenómenos crecientes como la bibliometría académica y los rankings apuntan a construir hegemonía cultural y social para avanzar en esa dirección.

Por otra parte, dado que el conocimiento es por naturaleza común, tiene un carácter expansivo y cooperativo, el capitalismo se ve forzado a crear mecanismos artificiales de apropiación privada para permitir la captura de valor, proceso que para Moulier—Boutang se constituye en una privatización intencionada de carácter institucional y jurídica. Estos dispositivos, paradójicamente frenan la innovación, no crean conocimiento, restringen la circulación de novedades e intentan convertir un bien común en fuente de renta. La burguesía necesita controlar los flujos de innovación para poder garantizar la captura de la ganancia, lo cual potencia la contradicción entre innovación y reproducción ampliada. Al intentar controlar estos flujos de innovación el capital crea mecanismos institucionales que desaceleran la producción de innovación, pero eso no evita que por los márgenes o fuera de ellos, la innovación siga un curso que potencia las contradicciones inter capitalistas por su control. Esto se expresa en fenómenos como las idas y vueltas en políticas públicas educativas sobre la lectura física—analógica versus la lectura digital, que vemos cada cierto tiempo en formas de compras masivas de equipos de conexión con fines educativos por parte de gobiernos que luego son reorientadas hacia la lectura en libros, o trabajo en aulas sin dispositivos algorítmicos; ello refleja pujas por el control de la ganancia derivada de la innovación y no diferencias estratégicas de orientación porque quienes las encarnan son factores ideológicos pertenecientes al espectro del estatus quo del sistema, no fuerzas antisistema. Otro ejemplo, es la bibliometría universitaria, montada sobre dispositivos de reconocimiento que demandan citas de fuentes para sustentar ideas y propuestas, que por la complejidad de su reconocimiento y circulación, terminan promoviendo la reproducción más que la producción de lo nuevo, la tradición por encima de la innovación. Cómo cuesta que la academia acepte ideas nuevas, si estas no son la ampliación de formulaciones engendradas por otros y masificadas en los sistemas de indexación que marchan a la velocidad de las dos primeras revoluciones industriales, creando un sin sentido, una especie de Mito de Sisifo renovado.

Las nuevas formas de migración y la informalidad laboral adquieren especial centralidad en el posfordismo. El capital tecnológico y de la innovación necesita promoverlas para escapar de los controles que frenan la aceleración de la innovación. Surge la necesidad de la migración cognitiva como expresión de esta realidad, pero también abre puertas a ideas extravagantes como las propuestas de virtualización total de los sistemas escolares, para potenciar la captura de presupuestos y excedentes usados en la agenda social.

Esta dinámica se aprecia con las políticas de internacionalización universitaria orientadas a la bibliometría, la acreditación para el aseguramiento de la calidad, los rankings o clasificaciones, los modelos de movilidad académica y reconocimiento de estudios formulados a partir del Proceso de Bolonia, que han entrado en una especie de dinámica de Uróboro donde la repetición y la tradición, revestidas de gramática nueva, en realidad impiden la ampliación de la innovación.

Se genera un desplazamiento de la explotación hacia la captura de externalidades sociales. Para MOULIER—BOUTANG (2007) en el capitalismo cognitivo la explotación ya no se basa principalmente en la extracción de plusvalía dentro del tiempo de trabajo medidosino en la captura de esas externalidades producidas por la cooperación social. Estas externalidades se expresan en lenguaje, cultura, redes sociales, innovación colectiva, afectos y comunicación.  Si bien el capital no organiza directamente estas actividades, como en el modelo fabril, se apropia de sus resultados convirtiéndolos en valor económico mediante plataformas —al estilo del trabajo no remunerado como scroll digital masivo por parte de usuarios o  la monetización marginal en TikTok— marcas y derechos de propiedad intelectual (que actúan como imposición artificial de escasez).

La idea de capitalismo cognitivo tiene un impacto directo en los estudios migratorios y la noción de migración cognitiva que ampliaremos más adelante. Los estudios migratorios son increpados para superar la visión clásica del trabajo material del migrante y los conceptos de mano de obra calificada, incorporando términos y conceptos como migraciones altamente calificadas, circulación de saberes, migración académica y científica, trabajadores digitales y de plataformas, nómada digital, entre otras.

Otro elemento novedoso es la migración como infraestructura del conocimiento global, que hace que los países centrales importen fuerza de trabajo cognitiva ya formada, como mecanismo de externalización de los costos en materia de educación, salud y reproducción social. En este sentido, al capitalismo centrado en plataformas y lo virtual—digital como eje de acumulación, le resulta “más económica” la migración cognitiva trasnacional que la migración solo de cuerpos de un territorio a otro; la migración cognitiva eleva exponencialmente la desterritorialización facilitando la sobre explotación laboral.

En la lógica de HARVEY (2004), “la movilidad del trabajo cognitivo constituye una forma de acumulación por desposesión del conocimiento producido en otros territorios” (MOULIER—BOUTANG, 2007, p. 141). De igual manera, adquiere relevancia para los estudios migratorios la precarización y segmentación del migrante cognitivo en contextos de frontera productiva (MEZZADRA y NEILSON;2001;2013) y subjetivación (LAZZARATO;1997), así como la “reorganización de las relaciones centro—periferia en torno al control del conocimiento y de los derechos de propiedad intelectual” (VERCELLONE, 2007, p.27).

En ese sentido, en el capitalismo cognitivo la migración no es solo efecto del subdesarrollo, sino una condición estructural de la acumulación contemporánea, en la cual el conocimiento que es producido socialmente es apropiado de manera privada. En este contexto, la movilidad cognitiva se convierte en un recurso productivo de carácter estratégico.

Esto postula diferencias con el trabajo material o clásico. El concepto de Trabajo Inmaterial plantea que se entiende como “la actividad que produce el contenido informacional del mercado” (LAZZARATO, 1997, p. 18), “no solo mercancías, sino también subjetividades, relaciones sociales y formas de vida” (LAZZARATO, 1997, p.20). Para Negri y Hardt (2001) el trabajo inmaterial es biopolítico, mecanismo para producir directamente lo social y se expande más allá del espacio de la fábrica.

En consecuencia, “el trabajo inmaterial se torna en el principal productor de valor en el capitalismo cognitivo, aunque todavía su medición escape de las categorías clásicas de tiempo de trabajo” (MOULIER—BOUTANG, 2007, p.45), conectando trabajo inmaterial con conocimiento común y captura de externalidades sociales. El sujeto del trabajo inmaterial es el cognitariado.

En la Teoría Crítica de la Internacionalización Universitaria el cosmopolitismo (POPKEWITZ;2009) y el reordenamiento de prioridades educativas del capitalismo en cada revolución industrial resultan fundamentales. Así la migración calificada —académica y estudiantil— aparece modulada por las políticas de internacionalización hegemónicas (BONILLA—MOLINA, L. et al, 2025).  Esto adquiere especial relación con el cognitariado como categoría analítica.

El término cognitariado es acuñado en Europa a finales de la década de 1990 e inicios del siglo XXI en el contexto de los debates sobre el ocaso del fordismo, la expansión del posfordismo, el capitalismo cognitivo, y la centralidad del conocimiento, la información y la comunicación en la producción de valor. Estas discusiones fueron marcadas por la influencia del operaismo y posoperaismo italiano, la economía política marxista crítica y los estudios sobre trabajo inmaterial.  Yan Moulier—Boutang es considerado como el principal teórico del cognitariado, al articular el término a la teoría del capitalismo cognitivo.

El cognitariado designa a la nueva clase trabajadora cuya principal fuerza productiva es el conocimiento, la creatividad y la cooperación social, sometida a formas renovadas de explotación y precarización (MOULIER—BOUTANG, 2007, p.83)

Es decir, el cognitariado pasa a ser el proletariado del conocimiento, compuesto por trabajadores cognitivos, comunicacionales y afectivos, quienes laboran en situaciones de precariedad, flexibilización y marcos globalizados que trascienden los antiguos conceptos de fronteras nacionales.

Negri y Hardt (2001) amplían el concepto al señalar que “trabajo inmaterial produce no solo mercancías, sino relaciones sociales, lenguajes y formas de vida” (HARDT; NEGRI; 2001, p. 290). Es decir, el cognitariado es la expresión concreta de la multitud productiva, el sujeto del general intellect marxista adaptado a la nueva realidad concreta del posfordismo y la cuarta revolución industrial. Por su parte, Maurizio Lazzarato (1997) aporta en la comprensión del contenido del trabajo del cognitariado al señalar que “el trabajo inmaterial implica la producción de subjetividad y de cooperación social (LAZZARATO, 1997, P. 18), siendo un productor de valor más allá de los límites de la fábrica y la propia metrópoli delimitada por fronteras, cuya sociabilidad está marcada por su integración a redes globales de información.  Carlo Vercellone profundiza en la dimensión económica del término al puntualizar que “en el capitalismo cognitivo, el conocimiento deviene en la principal fuerza productiva, desplazando al tiempo de trabajo abstracto como medida exclusiva de valor” (VERCELLONE, 2007, P. 15).

El concepto de cognitariado tiene un impacto directo en los estudios migratorios, especialmente al desplazar el foco clásico de la migración laboral, más allá del encuadramiento industrial productivo y las nociones de mano de obra barata, incluyendo la migración altamente calificada, la circulación de talentos, la movilidad académica y los trabajadores de plataformas digitales.  La migración se torna constitutiva de la producción cognitiva, e incluye formatos intermitentes de desplazamiento y sedentarismo corporal.

Desde la perspectiva de los estudios del cognitariado, los Estados centrales atraen trabajo cognitivo ya formado, externalizando los costos de educación, formación especializada y reproducción social. Insistimos, en este sentido, “la movilidad del cognitariado es una forma de acumulación por desposesión del conocimiento” (MOULIER—BOUTANG, 2007, p. 141).

El cognitariado migrante se enfrenta a visas temporales —incluidas las de nómadas digitales— reconocimiento desigual de títulos, ciudadanía limitada. En el caso de desplazamiento físico, la frontera  opera como filtro de cualificación y dispositivo de control salarial, en concordancia con las ideas de fronteras productivas de Mezzadra y Neilson, así como de la subjetivación de Lazzarato. Desde la teoría crítica este fenómeno migratorio aparece como fuga de cerebros y circulación desigual de saberes, ya que “el capitalismo cognitivo reorganiza la dependencia en torno al control del conocimiento” (VERCELLONE, 2007, p.27).

En el caso de la migración cognitiva con sedentarismo corporal, esto multiplica las posibilidades de precarización laboral multifactorial, debido a los desarrollos desiguales de normativas jurídicas entre los países en los cuales se trabaja de manera virtual-digital, la inexistencia de marcos jurídicos que garanticen la igualdad de derechos para quienes no están formalmente registrados en los sistemas nacionales migratorios, haciendo que la frontera opere como un dispositivo de limitación a la exigencia de igualdad de ciudadanía.

El emerger del cognitariado como categoría analítica permite comprender que la migración no es solo exclusión por pobreza, sino una estrategia de vida en las nuevas condiciones estructurales del capitalismo cognitivo, para el cual la movilidad es una fuente de valor y, en consecuencia, objeto de control político.

Young woman standing at Berlin train station using smartphone with cognitive data graphics around her head
f.

Precariado

El debate sobre los límites de clase del concepto de cognitariado dio origen a otro término, el de Precariado. La concepción de precariado surge a comienzos del siglo XXI en el contexto de crisis del empleo fordista y del Estado de Bienestar Keynesiano, la expansión creciente del empleo flexibilizado, temporal y desregulado, la financiarización de la economía que excede los parámetros de la teoría del valor, la reconfiguración de la ciudadanía y las modificaciones en los know-how laborales. El precariado describe una nueva concepción estructural del trabajo. Fue formulada inicialmente por Guy Standing al señalar que “el precariado es una clase en formación, caracterizada por la inestabilidad crónica en el trabajo, los ingresos, la identidad ocupacional y los derechos sociales” (STANDING, 2011, p. 7).

Para Standing, el precariado está sometido a siete carencias de seguridad: empleoingresosrepresentacióntiempohabilidadesprotección social e identidad laboral. Otros autores amplían el término al incorporar la idea de precarización como proceso histórico (CASTEL;1998), inseguridad social y marginalidad (Wacquant;2001) y precariedad como forma de gobierno, en la perspectiva foucaultiana (LOREY; 2015).

El término precariado no debe ser visto como excluyente de cognitariado, sino como una diferenciación que coloca a la lucha de clases en el centro (cognitariado) o como un elemento menor (precariado). La noción de precariado procura describir la condición  jurídica y material bajo la cual se produce el trabajo basado en conocimiento, comunicación y creatividad, es decir, la forma social (de clase) de existencia del cognitariado. No obstante, Standing apunta que el precariado no es una fracción del proletariado ni del cognitariado, sino una clase distinta, con intereses fragmentados, Identidades inestables y potencial político ambivalente, haciendo aparecer el término cognitariado como demasiado optimista, mientras que el precariado es epicentro de vulnerabilidad, desposesión e inseguridad existencial.

Los migrantes pasan a ser población en movilidad sometida a  formas precarias en el mercado laboral, no como negación eventual sino como proceso estructural. En los estudios migratorios el precariado puede aparecer como ciudadanía diferencial y de estatus migratorio (visas temporales, trabajo informal, deportabilidad, derechos laborales limitados), precarización, racialización y género (raza, género, movilidad precaria, trabajo, mostrando que la precariedad se distribuye diferencialmente), precariedad global o regional (trabajo en cadenas globales de valor) y opresiones identitarias.

Capitalismo digital o tecnofeudalismo como marco de estudio migratorio

Las coincidencias y diferencias entre los conceptos de cognitariado y precariado, se han ampliado, trasladado y reconfigurado en los últimos años alrededor de la polémica que discurre entre Cédric Durand (tecnofeudalismo) y Evgeny Morozov (capitalismo digital), alimentados por debates más sectoriales como capitalismo de las plataformas (SRNICEK;2017) o capitalismo de la vigilancia (ZUBOFF;2019).

Surge entonces un matiz en el debate, entre capitalismo cognitivo y capitalismo digital. Como señalamos capitalismo cognitivo es un concepto desarrollado por corrientes del marxismo crítico vinculadas a la escuela operaria italiana, que sirve para describir un modo de acumulación de capital en el cual el conocimiento, la información y la creatividad se convierten en fuentes centrales de valor, haciendo que la producción intelectual, afectiva y comunicacional se conviertan en factores claves para la generación de plusvalía y la reproducción ampliada.

El capitalismo digital es en diferencia un concepto que tiene pretensiones más amplias, con menos perspectiva de la clase trabajadora. Se usa en sociología y economía política para describir el régimen de acumulación y dominación en el que la actividad social y económica se organiza alrededor  de la producción, intercambio, control de información y datos, mediante tecnologías digitales. En este enfoque analítico lo sustantivo consiste en establecer la relación del capitalismo actual con las redes digitales y plataformas, la centralidad de los datos como recurso económico y la penetración de las lógicas del mercado en aspectos de la cotidianidad mediados por lo digital—virtual. En esta perspectiva Christian Fuchs (2024) habla de analizar el asunto con una crítica dialéctica económico social, mientras Zuboff (2019) acuña el término capitalismo de la vigilancia, añadiéndolo la dimensión de control a las de explotación y la acumulación, y Tiziana Terranova (2004) redefine el término “trabajo libre” para explicar cómo los usuarios generan valor de manera no remunerada en plataformas digitales.

La noción de capitalismo digital impacta en los estudios migratorios al analizar el trabajo cognitivo altamente calificado y el trabajo digital precarizado de individuos y grupos poblacionales que se desplazan o laboran en marcos de sedentarismo corporal. Esto nos lleva a pensar la importancia de estudiar no solo los movimientos físicos de fuerza de trabajo, sino la movilidad de capacidades cognitivas en el trabajo digital (algo de especial interés para nuestra perspectiva), la fragmentación del mercado laboral digital conforme al estatus migratorio y la precariedad laboral de los migrantes.

El debate entre Cédrid Durand y Evgeny Morozov tiene sus orígenes en discusiones que ocurren desde mediados de la segunda década del siglo XXI en el marco de la consolidación del llamado capitalismo de las plataformas, el creciente poder monopólico de las Big Tech GAMAM (Google, Amazon, Meta, Apple, Microsoft), antes GAFAM, la financiarización de la economía digital y el aparente agotamiento explicativo de las categorías clásicas del capitalismo industrial. Si bien ambos autores comparten la crítica radical al neoliberalismo digital, divergen en la caracterización del modo de producción emergente.

Morozov no queda atrapado en la distinción entre capitalismo cognitivo o capitalismo digital, sino que se sitúa de manera crítica ante ambos, así como respecto a la idea de precariado. Morozov critica el solucionismo tecnológico, se concentra en analizar a empresas como Google, Amazon o Facebook en su modelo de acumulación y organización laboral, advirtiendo que la idea de capitalismo cognitivo puede ser mal interpretada, ocultando que sigue habiendo explotación en el posfordismo, solo que mediada digitalmente. El trabajo no desaparece sino se reconfigura y la innovación no implica progreso social. En síntesis, Morozov, aún con sus prevenciones, puede considerarse como un teórico del capitalismo cognitivo, pero en sentido afirmativo respecto a la lucha de clases y las mutaciones del capital.

Durand y Morozov coinciden en considerar que el capitalismo digital no puede entenderse solo como un nuevo sector económico, porque las plataformas reorganizan la produccióncirculaciónconstrucción de subjetividades y gobernanza del sistema. Pero difieren en la forma como esto afecta al capitalismo.

La tesis central de Cédrid Durand es que el capitalismo digital ha dado lugar a una mutación histórica regresiva, que no puede explicarse adecuadamente como “capitalismo avanzado”, sino como tecno—feudalismo (DURAND, 2020, p.17). Desde esta mirada, el tecnofeudalismo se caracteriza por el control privado de infraestructuras digitales esenciales (nubes, plataformas, datos), predominio de la renta sobre la ganancia productivadependencia estructural de los Estados, usuarios y trabajadores, subordinación del mercado a las relaciones de acceso y permiso.

El “capitalismo murió; fue sustituido por un sistema de feudos digitales” (VAROUFAKIS, 2023, p. 12), en ese sentido, “las Big Tech funcionan como señores feudales que controlan los medios de acceso a la vida económica y social” (DURAND, 2020, p. 42). Para Cédric la analogía feudal no es metafórica sino estructural, al entenderla como homologación de infraestructura con feudoacceso con vasallaje y renta digital con tributo. Durand es crítico de la lectura optimista del capitalismo cognitivo —Moulier—Boutang, Lazzarato— que, según él, subestiman el papel de la renta monopolista y de la dependencia infraestructural (DURAND, 2020, p. 63).

Por su parte, Morozov (2025) critica la idea que estamos regresando a la Edad Media o que el capitalismo digital representa una ruptura ontológica con el capitalismo histórico, asumiendo que el discurso del tecnofeudalismo oculta que estamos ante un capitalismo profundamente contemporáneo y aun plenamente capitalista. Morozov subraya que hablar de renta y servidumbre digital, subestima que la economía digital sigue siendo capitalista en términos tradicionales con infraestructuraacumulación de capital y explotación a través de las plataformas, que no erradica el mercado.  Para Morozov la renta digital es solo un aspecto del capitalismo, no su definición histórica, mientras que para Durand la prevalencia de la renta infraestructural es la condición definitoria de una nueva etapa regresiva. Morozov señala que el uso de metáforas medievales (señores, vasallos o siervos) pueden crear confusión a la hora de estudiar la economía digital, ya que el capitalismo no ha muerto sino evolucionado, conservando sus dinámicas básicas (mercado, competencia —aunque imperfecta—  acumulación y plusvalía, aunque con nuevas formas infraestructurales (MOROZOV, 2025).

Este debate es de especial importancia para entender el sistema capitalista en el presente, la forma como organiza el trabajo y las migraciones, pero sobre todo para comprender la articulación interpretativa entre movilidad como desplazamiento de corporalidades y migración cognitiva con sedentarismo corporal.

La migración cognitiva: la disociación esquizoide

Hasta ahora, las migraciones habían sido vistas como desplazamientos de corporalidades físicas, paso de cuerpos humanos por corredores migratorios e inserción sociolaboral de los mismos en los territorios de llegada. Las categorías de capitalismo cognitivo y capitalismo digital desafían esas premisas, porque ahora no es necesario desplazar los cuerpos para conseguir un empleo, incluso quienes se desplazan por razones humanitarias (refugio, asilo político) terminan trabajando para empresas e instituciones que se localizan en territorios geográficos distintos a los que le acogieron, porque la realidad del empleo digital ha hecho mutar al concepto de frontera.

Un profesor universitario que huye de la guerra en Siria y llega a un país de Latinoamérica sin traer en su maleta las notas y el título de doctor debidamente apostillado, termina siendo parte del cognitariado precarizado que da clases en línea para varias universidades de Latinoamérica, viviendo ocho o diez horas de su día frente a una pantalla, debiendo aprender la cultura, costumbres y conocimientos de los países donde están ubicadas las universidades para las que labora. La educación trasnacional se convierte en funcional a este modelo de trabajo y acumulación.

Los cuerpos físicos son sometidos a un sedentarismo corporal resultante de su condición de anormal y estatus migratorio precario (sin título reconocido) en el país de acogida, con la doble condición de migrante cognitivo explotado por las instituciones de otros países (cognitariado). Sus cuerpos “amarrados a una silla en un territorio, se “desconectan” de sus mentes que saltan en un día entre territorios, países, empleos y condiciones de trabajo variantes.

Los jóvenes frelancer dedicados a la generación de contenidos en las redes sociales de múltiples países en un mismo tiempo real, viven esas presiones migratorias de idiomas, perspectivas mercantiles, diferencias de escalas salariales, hegemonía política y religiosa, teniendo que aprender a hacer una especie de Chanel surfing o Chanel hopping mental como rasgo del trabajador en condición de migrante cognitivo.

Esto implica un giro en la propia definición de ruptura esquizoide presente en la Teoría de Deleuzze y Guattari (1972), que organizaba los cuerpos sin órganos, unificando las mentes en un inconsciente maquínico esquizoide. En Anti—Edipo: capitalismo y esquizofrenia (1972), Deleuzze y Guattari proponen el esquizoanálisis como alternativa crítica al psicoanálisis tradicional y su correlato en la sociología. El foco se desplaza de la interpretación del comportamiento social del sujeto individual y la familia (complejo de Edipo), al proceso de producción del deseo como máquina social y productiva (DELEUZE; GUATTARI, 1972). Deseo del que precisamente necesita apropiarse el capitalismo cognitivo para generar valor mediante la comunicación, emociones y subjetividades.

En este sentido, la ruptura esquizoide está referida a las dos formas radicalmente diferenciadas de subjetivación de la realidad social. La primera, la subjetivación estructurada por la normatividad psicoanalítica que produce lo neurótico en términos societales, y la subjetivación esquizoide —de especial interés para comprender la migración cognitiva— entendida como proceso de desterritorialización del cuerpo y la mente, donde el deseo puede escapar de las estructuras de codificación social y familiar; lo que parece haber ocurrido en el capitalismo cognitivo es que el cognitariado es atrapado por la subjetivación estructurada y el trabajo inmaterial se convierte en nuevas forma de neurosis social.

Esto lleva a la idea de cuerpos sin órganos (en este caso mente sin cuerpo), que para Deleuze y Guattari (1972) eran las formas de existencia y deseo que no estuviesen organizadas jerárquicamente por órganos y funciones estructurales, pero al ocurrir la ruptura entre mente y cuerpo en la migración cognitiva, las mentes ahora son directamente incorporadas a la producción de valor a través de la creatividad, la interacción digital, la colaboración en redes y la atención dirigida a la producción.

Este desplazamiento no es un asunto técnico, sino subjetivo, porque los trabajadores del cognitariado no operan como sujetos definidos por roles fijos, sino que se les exige capacidad de adaptación, flexibilidad, creatividad, atención, conectividad permanente, inteligencia emocional, empatía con la armonía laboral. Esto plantearía la posibilidad —que debe ser estudiada en la migración cognitiva— que la identidad laboral y la subjetividad desborden los marcos fijos de los formatos laborales y migratorios, reconfigurando procesos múltiples, rizomáticos y conectivos que escapen de la dominación y captura de toda creatividad.

Este proceso no es visto solo como una patología, sino como una ruptura con las dualidades (yo/otro – mente/cuerpo) que permite que el esquizo se convierta en sujeto nómada. Para Berardi (2023), el cognitariado y el trabajo cognitivo, implican no solo inteligencia, sino nervios tensos por la atención constante y ojos fatigados por pantallas, donde “cada residuo de materialidad y concreción desaparece de la operación laboral, y solo quedan las abstracciones simbólicas” (BERARDI, 2023, p.58).

En el trabajo digital, la aceleración de los ritmos genera pánico como psicopatología social, que proviene de la “expansión constante del ciberespacio respecto a las capacidades limitadas del cerebro individual y del cibertiempo” (BERADI, 2005, p.62). Las tecnologías cognitivas, como las redes sociales y la Inteligencia Artificial (IA) se convierten en fuente novedosa de modulación de los deseos hacia la competencia, sometiendo el espíritu libre del trabajo lo cual agrava la alienación, haciendo al esquizoide cognitivo un ser no revolucionario, sino capturado por patologías como el pánico y la depresión endémica.

Esto impacta a los estudios migratorios al reconceptualizar la migración entre la dualidad de autonomía nómada y las líneas de fuga que desafían la biopolítica estatal, versus la captura cognitiva para aumentar la acumulación en el marco del capitalismo digital. En el primero de los casos, la migración es vista como nomadología, movilidad social que resiste la segmentación rígida del Estado (DELEUZE y GUATTARI. 1987, p. 211), pero en la segunda esta vocación nómada es funcional a la dominación y producción de valor, planteando un campo interesante: los estudios de resistencias anticapitalistas en las migraciones.

El trabajo digital disuelve los límites “naturales” entre trabajo y vida, al incorporar al individuo no como una identidad fija, sino como un flujo de datos, intensidades, efectos de atención que se cruzan en redes algorítmicas.

Esto implica algunas novedades para los estudios migratorios. Los desplazamientos humanos ya no pueden ser vistos solo como movilidad territorial o laboral, sino también como procesos de movilidad de intensidades, habilidades, redes y flujos de datos.

Por otra parte, la migración cognitiva implica una reorganización comprensiva de los cuerpos y las mentes, conforme se insertan en redes globales e inciden en los dispositivos normativos de identidad nacional, ciudadanía, refugiado, asilado, ilegal.

No podemos ver el estudio de la migración cognitiva como un punto y aparte de la teoría sociológica en migraciones, ello sería absolutamente errado. De lo que se trata es de entender las similitudes históricas y las singularidades de coyuntura, en la forma como el modo de producción capitalista incorpora las migraciones a su lógica de mercado y reproducción ampliada en el posfordismo. Insistimos esto no hace desaparecer las formas clásicas de producción, reproducción y migración, sino que las amplía, e intercambia centralidad según el desarrollo tecnológico y las necesidades específicas del mercado.

Esto abre un nuevo campo de estudios migratorios que requiere recuperar la tradición analítica —ninguna teoría migratoria resulta suficiente para comprender y explicar esta nueva realidad, lo contrario requerimos de todo el arsenal teórico acumulado— a la par que se incorporan nuevas categorías y perspectivas.

El capitalismo en el largo periodo liberal concibió a la migración como cuerpos en movimiento que debían ser disciplinados para ser usados en la producción para elevarse el excedente, la plusvalía, la ganancia. La reproducción simbólica y material, la opresión de los cuerpos, la biopolítica y el biopoder, el mercado de trabajo segmentado, la movilidad controlada, los dispositivos normativos de identidades, la farmopornografía y la necropolítica, entre otras mostraron la multiplicidad de rostros de la opresión para los migrantes. Pero cada una de ellas no negaba ni superaba a la otra, por el contrario, eran como ”capas de una cebolla” que nos permitían comprender la complejidad de los estudios migratorios.

En el periodo neoliberal, la psicopolítica, infocracia y los estudios sobre el emprendimiento en el marco del capitalismo permiten entender las dinámicas migratorias, en contexto de liberalización de controles evidentes, con el propósito de entender las formas de dominación más profundas, con lugar de enunciación en los propios individuos.

La disminución de los ciclos de innovación científico—tecnológica ha hecho que en solo cinco décadas el neoliberalismo le ceda protagonismo al iliberalismo, y el régimen predictivo aparece como una forma de organización social, con profundo impacto en el tema del trabajo vivo, las migraciones y la acumulación de ganancias.

Pero, debido al desarrollo desigual y combinado del capitalismo tardío, esto ocurre de manera diferencial entre países, e incluso al interior de cada uno de ellos. Es decir, las formas liberales y neoliberales de la migración no desaparecen de “in su facto” por la llegada del iliberalismo, sino que sobreviven de manera diferencial en los territorios, aumentando la complejidad de los estudios migratorios. Un migrante latinoamericano, que se desplaza, por ejemplo, de Venezuela a México, Panamá o Perú, puede vivir en “carne propia” los controles migratorios del periodo liberal, las exigencias de autogestión de la vida del neoliberalismo y las demandas de disociación de cuerpo y mente del iliberalismo posfordista, viviendo en su desplazamiento, de manera simultánea, las formas de opresión de los periodos liberal, neoliberal e iliberal.

Nuestra perspectiva es que solo un corte transversal —y no solo longitudinal— de la “cebolla migratoria” nos permite explicar la complejidad de los fenómenos migratorios en el presente. Esto, en el marco de un capitalismo que es profundamente impactado por cada revolución industrial y que asume —ya sea de manera propia o como respuesta a las luchas de los trabajadores— formas de gestión empresarial que terminan convirtiéndose en modelos de gestión de la vida; el taylorismo, fordismo y los esquemas posfordistas actúan en este sentido.  Ese es el énfasis de nuestro de trabajo investigativo en el campo de las migraciones. —

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El magisterio boliviano se rebela contra el plan económico del presidente Paz

Por Mariano Yedro y Noelia Naranjo*

A fines del año 2025, el recién electo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, promulgó el Decreto Supremo 5503 para congelar el salario docente y el presupuesto educativo. La medida detonó una rebelión civil que mantiene hoy más de 60 bloqueos de caminos en todo el territorio boliviano. La norma también establece el incremento en el precio de los combustibles, la flexibilización para la venta de tierras comunales, el retorno al Fondo Monetario Internacional (FMI) y la entrega de recursos naturales estratégicos como el litio a corporaciones transnacionales.

El perfil de la gestión educativa profundiza el conflicto bajo la dirección de la ministra de Educación, Beatriz Elena García de Achá, oriunda de La Paz. La funcionaria es economista graduada en la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos, y posee una maestría en Administración de Empresas (MBA) por la Universidad de Georgetown, en Washington. García de Achá presidió el Consejo Empresarial para el Desarrollo Sostenible en Bolivia (CEDES), organismo que reúne a corporaciones locales de nafta, gas, minería y agronegocio. En el año 2012, fundó la firma i3 impacto social, creadora de iniciativas como Tecnológicas o Warmis Poderosas —warmi significa mujer en lenguas quechua y aymara— para otorgar becas técnicas en sectores populares. La ministra ejerce además como docente en la Universidad Católica Boliviana San Pablo, de carácter privado. Actualmente, el Gobierno y los sindicatos sostienen una disputa estadística: el Ministerio de Educación afirma que Bolivia destina el histórico el 8% del Producto Bruto Interno (PBI) al sector, mientras que las federaciones docentes denuncian un recorte real que sitúa la inversión cerca del cuatro por ciento.

El magisterio rural y el magisterio urbano iniciaron protestas callejeras inmediatamente después de la promulgación del decreto. Los maestros rurales concentran su fuerza en las zonas de El Alto aymara y del Chapare, en Cochabamba, agrupados en la Confederación Nacional de Maestros de Educación Rural de Bolivia (CONMERB). La dirigencia de la CONMERB firmó un acuerdo con el Ministerio de Educación para recibir un bono único, nuevos ítems laborales y conexión satelital de la empresa Starlink en el campo. Sin embargo, las federaciones rurales de base de La Paz y Cochabamba rechazaron el pacto por insuficiencia y reactivaron las marchas.

Por su parte, la Confederación de Trabajadores de Educación Urbana de Bolivia (CTEUB) paralizó las principales ciudades del eje troncal: La Paz, Cochabamba y Santa Cruz. En la capital del departamento de Santa Cruz, tradicionalmente distante de las huelgas del occidente del país, los maestros rompieron la tregua regional y nacionalizaron el reclamo mediante encadenamientos ante la Dirección Departamental de Educación (DDE).

Las universidades públicas se sumaron a la movilización general. La Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) en La Paz, la Universidad Mayor de San Simón (UMSS) en Cochabamba y la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno (UAGRM) en Santa Cruz paralizaron sus actividades. El Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB), organismo que agrupa a los rectores del país, calificó al decreto de incompatible con la estabilidad institucional y el bienestar democrático. Las columnas de manifestantes avanzan desde los valles de Cochabamba con la Marcha por la Dignidad Docente, desde los llanos de Santa Cruz y desde la ciudad de El Alto para confluir en la sede de gobierno en La Paz. A nivel internacional, la Internacional de la Educación América Latina (IEAL), la Federación de Docentes de Colombia y la Unión Nacional de Educadores del Ecuador emitieron comunicados de respaldo al magisterio boliviano. El conflicto forzó un quiebre político el pasado 1 de mayo, cuando la Central Obrera Boliviana (COB) decretó la huelga general indefinida.

La masiva respuesta social transformó las demandas sectoriales en una ofensiva política amplia. Las exigencias originales de un aumento salarial indexado a la inflación, la creación de ítems fiscales y el financiamiento estatal exclusivo mutaron hacia consignas nacionales. Los manifestantes exigen ahora la derogación total del Decreto Supremo 5503, la anulación de la privatización de tierras comunales, la prohibición de entregar recursos naturales al capital extranjero y la renuncia inmediata del presidente Rodrigo Paz y de la ministra Beatriz Elena García de Achá.

*Mariano Yedro es Profesor y Licenciado en Historia (UNRC) y Magister en Comunicacion y Cultura contemporánea (UNC). Docente en la UNRC. Noelia Naranjo es Licenciada en Ciencia Política y Administración Pública (UNCUYO) Especialista en Docencia Universitaria (UNLP). Docente en UNCuyo. Ambos miembros del Centro de Estudios y Formación en Política Educativa (CEFOPED), asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE)

El magisterio boliviano se rebela contra el plan económico del presidente Paz – Por Mariano Yedro y Noelia Naranjo

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Periodismo amenazado, pero siempre esencial

Por: Sergio Ferrari

Fake news, guerras, monopolios, censura, Inteligencia Artificial…

A pesar de crecientes presiones y amenazas, el periodismo de calidad se torna más imprescindible que nunca en la defensa de los derechos democráticos esenciales.

Con el propósito de reactualizar la reflexión sobre la información y la profesión, durante la primera semana de mayo 300 representantes de 600 mil periodistas de los cinco continentes se dieron cita en París, Francia, convocados por la Federación Internacional de Periodistas (FIP).

El 32º Congreso de la organización sindical más importante del sector a nivel mundial fue también una gran ocasión para celebrar su centenario comparando los valores fundacionales de 1926 con los desafíos actuales, redescubriendo similitudes y paralelismos entre ayer y hoy y evaluando nuevos retos.

En particular, identificando los desafíos que el periodismo confronta actualmente. Muchos de ellos, casi universales, como la defensa del derecho a elaborar una información “objetiva” y sin presiones del poder económico, político o judicial. O las consecuencias negativas de la concentración de los medios de información, así como la exigencia de informar activamente y sin censuras desde zonas de guerra y otras formas de conflicto. Además, la clarificación de la delicada frontera entre los aportes positivos y las amenazas de la Inteligencia Artificial a la profesión; la importancia de los medios públicos, diferenciándose con claridad lo que es información de lo que es propaganda, y la necesidad de una protección más coherente para las mujeres periodistas contra toda muestra de acoso o discriminación. Sin negar el reto constante de diferenciar información objetiva y profesional de las fake news, que crean opinión desvirtuada con argumentos, fuentes o hechos distorsionados o falsos (https://www.ifj.org/es/quien/congreso-centenario-fip-2026).

Solidaridad esencial

El apoyo a las personas que trabajan en la prensa en Palestina, con más de 220 asesinadas desde octubre de 2023 y siempre agredida, así como en Líbano, donde deben operar en condiciones represivas inhumanas y con atentados permanentes, estuvo en el centro mismo de la solidaridad de los delegados reunidos en París. De igual manera que el apoyo al Sindicato de Periodistas Yemeníes en sus esfuerzos por “hacer frente a las fuerzas y movimientos que pretenden silenciarlo”, así como al Sindicato de Periodistas de Sudán y a la organización sindical iraní, ambos luchando por su reactivación.

Apoyo consensual que en América Latina se extendió a las mujeres y los hombres de prensa de México, uno de los países donde la profesión sufre mayores agresiones de poderes no institucionales y, por lo general, con toda impunidad. En otras regiones del planeta, la misma expresión de solidaridad para con los trabajadores de la información en Serbia, actualmente amenazados y perseguidos, así como para sus pares en Pakistán y Sri Lanka, que exigen trabajo digno e igualdad de tratamiento para las mujeres periodistas.

En América del Sur, específicamente en Argentina, muestras unánimes de solidaridad para el fotorreportero Pablo Grillo, agredido y seriamente lesionado por las fuerzas de seguridad del gobierno de Javier Milei durante una movilización en marzo de 2025. Y el rechazo categórico al intento de ese mismo gobierno por derogar el Estatuto del Periodista Profesional (Ley 12.908), intentando así precarizar el trabajo periodístico y debilitar la acción sindical.

El Congreso también festejó varios logros, algunos históricos, como la reciente regularización de 1.860 periodistas en Mauritania gracias a la movilización sindical nacional con el apoyo de la Federación Internacional, la cual jugó un peso decisivo en la presión internacional.

Periodismo en la mira en un mundo complejo

Tanto desde América Latina como de Europa se alzaron numerosas voces para advertir y denunciar, en palabras de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC), el “avance de la derecha neofascista” y convocar a “la lucha contra la extrema derecha y el autoritarismo”, como argumentaron los sindicatos franceses. La situación mundial, reforzada por la elección de Donald Trump en los Estados Unidos, cuya “visión geopolítica concibe al Sur global como un espacio subordinado”, como argumenta FEPALC, también ocupó la preocupación unánime del Congreso. En medio de este panorama alarmante, el cónclave de París rescató el valor primordial de la Carta Mundial de Ética publicada en 2019. Junto con sus propios estatutos y numerosas resoluciones de organismos internacionales, como UNESCO, dicha Carta propugna una información de calidad y sin presiones de ningún tipo. (https://www.ifj.org/es/quien/reglas-y-politica/carta-mundial-de-etica-para-periodistas).

Las amenazas contra esta profesión continúan aumentando en muchas regiones del planeta, casi siempre promovidas por “discursos de odio y restricciones”, así como ataques institucionales contra el periodismo crítico e independiente y la presión de formidables intereses económicos para impedir cierta clase de información. Tendencia agravada por la “criminalización de la protesta social” expresada, como señala FEPALC, en el enjuiciamiento de líderes sindicales, estudiantiles y comunitarios, así como en el uso de mecanismos estatales para acosar, deslegitimar y perseguir a quienes promueven derechos democráticos fundamentales.

Muy significativo en el encuentro parisino de cuatro días fue el interés unánime en debatir el impacto cada vez mayor de la Inteligencia Artificial en la actividad informativa, de allí la propuesta del comité ejecutivo de que los sindicatos adopten consensualmente una “posición crítica y única” para facilitar el aprovechamiento, el marco económico y la regulación de la misma. La Inteligencia Artificial, se subrayó, debe servir a la creación de noticias imparciales y éticas, para beneficio de la humanidad y en conformidad con los principios promovidos por la FIP.

Si bien la discusión sobre esta nueva herramienta aún está en pañales, de todos modos, el Congreso articuló varios conceptos referenciales: oposición a la desigualdad de acceso a la IA; cuestionamiento de la falta de supervisión humana, que da lugar a información inexacta y sesgada, y la certidumbre de que todo trabajo con pretensiones de “periodismo”, en el buen sentido de la palabra, esté avalado por profesionales. Por último, promoción de una regulación internacional sólida de la IA con participación de periodistas acreditados para evitar, entre otras cosas, que la IA quede en manos de unas pocas personas o que no respete los derechos laborales.

En otras palabras, la FIP insiste en la necesidad desarrollar y ampliar la protección de los periodistas, y no solo en relación con la IA. Por ejemplo, mediante campañas en los diferentes países que aseguren leyes que obliguen a los gigantes tecnológicos a pagar un impuesto extraordinario sobre sus beneficios para mejorar los contenidos editoriales y ayudar al despegue de nuevos medios de comunicación.

Una temática no menos importante en París fue la defensa de los medios de comunicación de servicio público. Sendas mociones de los sindicatos del Reino Unido e Irlanda y de Italia, así como un debate central en una de las mesas redondas, subrayaron la necesidad de hacer frente a las amenazas que estos medios confrontan. Un par de propuestas específicas, como la defensa de la RAI italiana y la agencia de noticias AFP francesa, destacó el rol de los medios públicos como pilares del reforzamiento democrático.

Unidad, relevo y paridad para defender mejor el periodismo

El encuentro de la FIP en París, notable por su diversidad y multiculturalidad, con representantes de sindicatos de muchos de los 148 países que la integran, también significó un paso hacia adelante en lo que hace a su capacidad organizativa y su vocación renovadora. A cien años de su nacimiento, eligió presidenta a Zuliana Lainez, una destacada periodista y sindicalista peruana de 49 años de edad. Lainez, la primera representante latinoamericana a la cabeza de la Federación, es editora de opinión en el periódico digital Crónica Viva y de noticias internacionales en ANP Radio. Además, profesora de derecho de la prensa y de derecho a la información.

“Es histórico [el hecho de] que América Latina esté al frente de una federación mundial en el centenario de su fundación”, afirmó Lainez. Y agregó: “Las y los latinoamericanos, al igual que muchos de nuestras y nuestros colegas del Sur, sabemos lo que significa resistir y luchar. Esta historia nos persigue, pero también es una fuerza, una impronta para enfrentar los desafíos de hoy”. Las mujeres latinoamericanas, jóvenes o de edad intermedia, avanzan en los cargos directivos de la FIP. Tres de ellas, periodistas que representan los sindicatos nacionales de Colombia, Brasil y Argentina, forman parte del directorio de la federación compuesto por una veintena de personas.

Estimulado por una segunda presidencia consecutiva de mujeres (la periodista francesa Dominique Pradalie estuvo al frente de la FIP de 2022 a 2026), el Congreso aprobó una histórica reforma estatutaria para asegurar la paridad de género en la composición de su comité directivo que ya, a partir del reciente Congreso, es totalmente equitativa.

A pesar de sus profundas heridas por la partida de varios sindicatos europeos, mayormente de países nórdicos, en los últimos años, el reciente Congreso de París significó un grito concreto a favor de la unidad. Aprobó por consenso varias modificaciones estatutarias que allanan el camino a esos sindicatos y asociaciones para reintegrarse en un futuro cercano. Además, trabajó arduamente para revisar y reforzar su gobernanza, representación y transparencia organizativa para ser “aún más acogedora, unida y solidaria [que hasta ahora y estar más] a la altura de los retos globales”.

La información: ¿simple mercancía, instrumento de la propaganda interesada, o bien público de la humanidad? Debate esencial de la sociedad en un momento histórico donde a menudo resulta difícil diferenciar entre noticia verificada y fake y, no menos preocupante, el gran poder nacional e internacional –sea político, económico o militar- hace del control de la información una prioridad esencial para la defensa de sus propios intereses minoritarios.

El autor de este artículo participó en el congreso de la FIP en París como delegado de SYNDICOM, sindicato suizo de la comunicación e información

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Palestina, Líbano y Siria, el hambre y el ecocidio como instrumentos de guerra

Por Carolina Sturniolo, Bruno Ceschín y Fernando Rizza

La ofensiva israelí sobre Gaza, Cisjordania, Líbano y Siria no puede analizarse solo en términos militares, sino que hay que indagar en su objetivo político para entender la profundidad del conflicto. Mientras el ejército de ocupación avanza sobre el control territorial por medio de la destrucción de los sistemas agroalimentarios y el ecocidio, dejando tierras arrasadas, pozos de agua inutilizados, bancos de semillas destruidos y millones de personas desplazadas, se configura un escenario donde la guerra busca el exterminio del otro, eliminando su capacidad de producir alimentos y haciendo inviable su permanencia en el territorio.

Sectores de la extrema derecha israelí y del sionismo religioso impulsan cada vez con mayor fuerza su programa político del “Gran Israel”. La doctrina toma como referencia lecturas bíblicas que reivindican un territorio que iría desde el río Nilo en Egipto hasta el Éufrates en Siria, incluyendo Palestina, Líbano, Jordania, porciones de Arabia Saudita e Irak. Benjamín Netanyahu, primer ministro israelí, asumió públicamente esta posición, así como figuras centrales de su coalición, como el Ministro de Finanzas Bezalel Smotrich y el Ministro de Asuntos de la Diáspora Amichai Chikli, promueven abiertamente la expansión territorial israelí sobre estos territorios, incluso afirmando que no cumplen actualmente con la definición de estado y que habría que rever las fronteras.

En Gaza, la devastación del sistema productivo es de escala histórica. Más del sesenta y siete por ciento de las tierras agrícolas fueron destruidas. También quedaron inutilizados invernaderos, granjas avícolas, establos y más de mil pozos de agua. La pesca colapsó por el bloqueo marítimo. El resultado es de más de dos millones de palestinos arrinconados en apenas 40 Km cuadrados, con un 96% de su población con inseguridad alimentaria aguda y cerca de medio millón de personas con niveles de hambre catalogados como “catástrofe”.

La destrucción no se agota en el presente. En Hebrón, en la Cisjordania ocupada, excavadoras israelíes demolieron el último banco nacional de semillas palestino. Allí se preservaban más de setenta variedades tradicionales cultivadas durante siglos. A esto se suman los más de tres millones de olivos que fueron arrancados de raíz en las últimas 6 décadas por parte del gobierno de ocupación, comprometiendo no sólo la seguridad alimentaria de la población civil en lo inmediato, sino en décadas futuras.

La presión territorial también avanza mediante los asentamientos israelíes en Cisjordania. Más de 450.000 colonos israelíes viven actualmente en territorios ocupados. El control del agua es otro instrumento central. Desde 1982, la empresa estatal israelí Mekorot administra la infraestructura hídrica bajo órdenes militares. Mientras los asentamientos ilegales mantienen abastecimiento constante, muchas comunidades palestinas enfrentan restricciones severas para perforar pozos o acceder al riego.

La situación en el Líbano muestra una dinámica similar. Según el Ministerio de Agricultura libanés, la ofensiva israelí dañó casi 56.000 hectáreas agrícolas. Los olivares, plantaciones de cítricos y cultivos de banana aparecen entre los sectores más afectados. Más de 1,8 millones de animales domésticos, como aves, ovejas, cabras y vacas murieron durante los ataques. Además, cerca del 78% de los agricultores del sur del país permanece desplazado.

A esto se suman las denuncias por fumigaciones aéreas con herbicidas en zonas fronterizas del sur libanés y sirio. Informes independientes detectaron concentraciones de glifosato hasta cincuenta veces superiores a las utilizadas habitualmente en agricultura. El impacto no termina en la pérdida de cosechas. La contaminación del suelo y de las aguas subterráneas compromete la posibilidad de recuperar la producción durante años.

En Siria, la guerra dejó una economía devastada. El Producto Interno Bruto se redujo más de un 85% desde 2011. Las tierras cultivadas cayeron un 25% y la mitad de la población debió abandonar sus hogares. Sectores estratégicos como el algodón y el pistacho quedaron profundamente afectados. Antes del conflicto, Siria figuraba entre los principales productores mundiales de algodón y pistacho. Hoy enfrenta dificultades extremas para acceder a semillas, fertilizantes y combustible.

*Carolina Sturniolo es Medica Veterinaria, integrante del CEA, Docente en la carrera de Medicina Veterinaria, UNRC. Fernando Rizza es Médico Veterinario. Columnista de NODAL, integrante del Centro de Estudios Agrarios (CEA) y Docente en la Universidad Nacional de Hurlingham, Argentina. Bruno Ceschin es Licenciado en Ciencia Política y Administración Pública. Maestrando en Desarrolo Territorial en América Latina y el Carible. Integrante del Centro de Estudios Agrarios (CEA)

Palestina, Líbano y Siria, el hambre y el ecocidio como instrumentos de guerra – Por Carolina Sturniolo, Bruno Ceschín y Fernando Rizza

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