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¿Qué huella psicológica dejará el encierro en los niños?

Por: Semana Educación

Los colegios han empezado la educación virtual, sin embargo esta metodología no termina de funcionar en los más pequeños, que apenas empiezan a interactuar con el mundo y anhelan estar en un parque, jugando con el sol en la cara.

Los primeros días, Martín* —hijo único— supo asimilar que por algún tiempo no volvería a su colegio. Había empezado con entusiasmo en Transición dos meses atrás, había encontrado amigos con los que hablaba de Pokemon, Los Jóvenes Titanes y otras caricaturas de moda. Su padre, enterado por lo que sucedía en otras partes del mundo, le dijo que serían un par de meses de estar en casa jugando, repasando las letras, los números, viendo televisión. El niño ha esperado paciente, pero en los últimos días añora salir, caminar, ver a sus primos, comer helado y entonces hay que repetirle que los científicos aún no han encontrado la vacuna contra el coronavirus.

En el colegio de Martín empezaron las clases hace dos semanas y sus padres creyeron que así recuperaría algo de su rutina, pero todo es distinto. Los profesores suelen conectarse media hora por Microsoft Teams mientras los estudiantes son un murmullo molesto desde cada uno de sus computadores; entonces explican dos o tres cosas y dejan actividades que hay que realizar muy rápido, antes de que empiece la siguiente clase. Los días de Martín pasan entre tareas frente a la pantalla del computador, un poco de juego con sus padres, televisión y videojuegos. Es difícil saber qué huellas le dejará el encierro. Su timidez se ha acentuado, no se anima a hablar durante las clases virtuales y le cuesta expresar sus sentimientos. Además, los profesores suelen recordar solo algunos nombres, o solo interactúan directamente con los más extrovertidos, lo que termina relegando a los diferentes.

Este es un momento en el que los padres deben ser más padres que nunca. El viejo rol del acompañamiento en todo momento, en el que la madre educaba y enseñaba a leer, escribir, sumar y restar, reaparece ya sin el molde machista —en algunos casos— que solo delegaba en la mujer; ahora todo sucede en el hogar: la identificación de letras, el juego, la vida. Pero hay un cambio superior: los padres no están preparados; ahora les toca ser profesores, cocineros y empleados —mientras logran demostrar que aún son importantes en sus empresas—. La realidad encierra a todos en sus propios miedos: el miedo de los adultos a no encontrar trabajo después de haberlo perdido, o el miedo a perderlo; y por otro lado está el miedo de los niños a no salir a jugar nuevamente, a perderse el mundo porque el corrían.

Parece un chiste todo esto, piensa el padre de Martín, porque justo esta es la generación que más parece aborrecer a los niños: los ven como un estorbo para cumplir metas y sueños, un estorbo para ser más productivos, los equiparan a las mascotas a las que llaman hijos, se quejan en redes sociales cuando en el cine, en un avión o en el transporte público están al lado de un niñito que pregunta o lloriquea o babea. Ahora esos niños —han dicho medios, presidentes, científicos, comentadores de todas las horas— son transmisores letales del coronavirus, supuestamente pocas veces enferman y por eso mismo pueden ser fatales para los demás: para los productivos. Pero nada de eso está comprobado, nada de eso es una certeza.

La madre de Martín ha recordado un personaje de Ciudad de Cristal, la novela de Paul Auster, en que un hombre habla como un robot, no tiene sentimientos definidos, parece un androide de los últimos tiempos. Ese hombre fue encerrado desde pequeño por alguien que quiso comprobar cómo surgía el lenguaje en un incomunicado, quien solo interactuara con el mundo por la experiencia. La madre ha temido el encierro de su hijo y de los niños, nadie sabe muy bien qué huella quedará.

Por ahora, los expertos recomiendan que a los niños se les debe mantener una rutina de horarios establecidos “para levantarse, desayunar, tomar sus clases, acostarse, así como tiempo de esparcimiento, ocio y de compartir en familia, comunicarse con sus amiguitos, vecinos o familiares que están lejanos, igualmente es importante que los niños participen en las actividades de la vida diaria en casa, colaboren en actividades de organización, aseo tengan pequeñas responsabilidades en casa según sus edades”, dicen desde el Centro Terapéutico Aprehender, de Bucaramanga.

Pero no es tan fácil mantener ese orden cuando los padres tienen varias reuniones digitales al día, entregan informes y también lidian el encierro. Muchos han tenido que ceder a las pantallas: que los hijos vean Netflix y YouTube más horas de lo acostumbrado, justo lo que desde el Centro recomiendan controlar: “Se sugiere combinar el uso de las pantallas con juegos creativos que puedan realizar solos o en compañía. Es necesario en familia hacer actividades que nos produzcan alegría como cantar, bailar, disfrazarse, hacer retos, circuitos motores, yoga o meditación”. Además, es raro, pero algunos padres dicen que son incapaces del juego creativo en el que se sumergen en roles e imitan la voz de juguetes nacidos en la imaginación de algún japonés; nunca entretener fue tan difícil.

Todo ha terminado en un giro de tuerca: los padres ahora demandan ayuda de los psicólogos, pues no sabían que era tan difícil mantener a los niños concentrados en el aprendizaje “Los padres nos han solicitado mayormente orientación y apoyo frente al manejo de procesos atencionales durante las clases virtuales, control de la inquietud motora, regulación, comportamiento y el seguimiento de instrucciones. Por esto, ofrecemos teleterapia y orientación a padres con estrategias directas frente a las necesidades puntuales del niño, lo cual implica un análisis de la actividad que desarrolla el niño, las exigencias de la misma, los estímulos que le está ofreciendo esta actividad y las características particulares del niño y su entorno, con el fin de realizar los ajustes necesarios”.

Pero este puede ser el panorama más benévolo: padres con algún acomodamiento —clase media que aún conserva su trabajo— que no encuentran tiempo para dedicarle a sus hijos y que por otro lado ven el fracaso de la educación virtual. Hay otras familias que mientras entretienen a sus hijos, buscan la manera de darles de comer.

Maryi —una mujer con dos hijas de 7 y 5 años— vive en el barrio Manrique de Medellín y ha tenido días en que se inventa juegos para que sus niñas olviden que tienen hambre. Los últimos días han sido más fáciles porque ha recibido ayudas de familiares y de la Alcaldía de Medellín, pero no deja de pensar que su marido no encuentra trabajos en construcción, porque aunque algunas empresas iniciaron labores, a él no lo han llamado. No le queda mucho tiempo para pensar en la educación, solo quiere que sus niñas jueguen, se entretengan. Por suerte, dice, son dos y pueden jugar la una con la otra. Además, han contado con el acompañamiento psicológico de la Fundación Carla Cristina, que acompaña a 2.260 familias de los estratos uno y dos que tienen niños menores de 5 años en Medellín.

“Hemos alcanzando una comunicación efectiva con el 97 por ciento de familias a través de diferentes medios (chat, llamada telefónica, correo electrónico). Por otro lado encontramos un 2% de familias que debido a diferentes barreras, como falta de teléfono e internet, no ha sido posible establecer contacto, pero son familias con las que se han llevado a cabo otras estrategias no virtuales o tecnológicas para orientar y acompañar el proceso como la entrega física de un plan de experiencias para desarrollar en el hogar con los niños, resultando solo un 1 por ciento de las familias que se han mostrado reacias a recibir el acompañamiento aludiendo diferentes razones.  En consecuencia, el reto de los diferentes profesionales de la Fundación Carla Cristina se enfoca no solo en potenciar el desarrollo de los niños y fortalecer su vínculo con los adultos significativos, también significa pensar y llevar a cabo estrategias que mantengan a las familias motivadas y activas en el proceso”.

Justo mientras en los estratos cuatro y cinco hay miedo por las huellas psicológicas que el encierro dejará en los niños, en los estratos uno y dos el miedo está en dejar de comer, en ver a los niños en enfermar por problemas de nutrición, por esto la Fundación entrega asistencia alimentaria con ayuda de entidades aliadas, pues se han encontrado que el 8 por ciento de los niños que atienden en los barrios más pobres de Medellín tienen desnutrición aguda o riesgo nutricional por déficit.

Esta semana empiezan a salir los niños mayores de 6 tres veces a la semana, parece una medida de misericordia por parte de la Presidencia, que no se ha encargado enteramente de los niños en estas semanas. No hay un estudio serio que diga cuáles son las consecuencias que el encierro tendrá en ellos, mientras tanto los padres tratan de encontrar una manera de entretenerlos, de darles alimento, de hacerlos olvidar que afuera el sol aún brilla.

Fuente: https://www.semana.com/educacion/articulo/consecuencias-del-encierro-en-los-ninos-durante-cuarentena-por-coronavirus/669718

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Personas solidarias que ayudan a mejorar, a cambiar y a salvar vidas

Por: Jaume Carbonell

Diez tipos de intervenciones sociales, culturales y educativas promovidas por la buena gente, que han contribuido a despertar conciencias y a lograr un mayor bienestar individual y colectivo.

1. Alfabetización y extensión cultural. Me viene a la memoria una de las mayores campañas de alfabetización, si no la mayor: la promovida en Cuba en 1961 bajo el lema: “Quien no sabe leer que aprenda; quien sepa que enseñe”. Miles de voluntarios brigadistas jóvenes cambiaron las playeras por las botas, y con un fanal y la cartilla se fueron al monte. También las hubo en Nicaragua y otros países, sin olvidar la impagable tarea de Paulo Freire en su labor de concienciación a través de la alfabetización. Durante la II República española, en su afán por llevar la cultura a los pueblos más recónditos, se organizaron las Misiones Pedagógicas. Por vez primera tuvieron acceso al teatro, al cinematógrafo, a los libros y a las reproducciones de cuadros del Museo del Prado. Federico García Lorca, con la compañía teatral “La Barraca” compartió una de estas aventuras nómadas. Esta labor de voluntariado para enseñar a leer y democratizar la cultura en pueblos y barrios se ha mantenido en los difíciles momentos de la dictadura franquista y se mantiene hoy con renovadas iniciativas.

2. Cooperación internacional. Hace justo un cuarto de siglo hubo en toda España una amplia movilización a favor del 0,7% del Producto Interior Bruto (PIB) para ayudar a los países más empobrecidos. ¿Quién se acuerda de ese acontecimiento y en qué ha quedado aquella reivindicación? En casi nada, siguiendo como seguimos tan lejos de este mítico 0,7%. En los últimos presupuestos del año 2018 el porcentaje se queda en el más que raquítico 0,12%. Pero a pesar de esta insolidaridad gubernamental y la crisis acaecida en gran parte de las ONG, ahí sigue la labor del voluntariado para afrontar sanitariamente otras pandemias -en algunos lugares son el pan de cada día-; para orientar en algunas técnicas de cultivo y en la organización de cooperativas; para ayudar a crear y a dinamizar una ludoteca, una biblioteca u otros espacios colectivos; para crear escuelas, dotarlas de material y formar o asesorar al profesorado; para salvar vidas en el Mediterráneo y para mejorar, dentro de lo que cabe, la vida en los campos de refugiados, incluso con la creación de escuelas. ¡Para tantas cosas! Conozco algunas personas que le dedican mucho tiempo y te cuentan en qué condiciones tienen que moverse, pero también lo que aprenden. Son conscientes de que nunca van a sustituir la acción del gobierno -ni de lejos les toca- pero que con sus esfuerzos encienden algunas luces en las comunidades rurales o en otros lugares que les abren ventanas de oportunidades para dignificar vidas y luchar por sus derechos.

3. Derechos laborales y sociales. Las luchas del movimiento sindical obrero han sido meritorias para el logro de mejoras en sus condiciones de trabajo y de vida. Un hito emblemático fue la conquista de la jornada de ocho horas, una aspiración largamente acariciada por los utopistas que reclamaban la jornada de los tres tercios iguales: uno para el trabajo, otro para el ocio y otro para el descanso. Ciertamente en la trayectoria sindical de los diversos países y sectores hay de todo: personas que se han aposentado en sus cargos y algunas hasta se han lucrado y, en el lado opuesto, otras que han sido despedidas o encarceladas. Pero la mayoría es gente honrada y comprometida. Me imagino que cada lector conocerá ejemplos de todo tipo. En cualquier caso, el sindicalismo sigue su lucha cotidiana contra una explotación capitalista que no conoce límites ni fronteras, y que se agrava en tiempos de crisis y de pandemias. Además, no lo tienen nada fácil en un momento en que el trabajo se precariza con la temporalidad, y el debate y la cohesión de clase se alejan con la creciente modalidad del teletrabajo, que se organiza provisionalmente pero nunca se sabe si en ciertos sectores se acabará imponiendo parcial o totalmente. Porque desde la virtualidad es más complicado organizar una huelga. Vaya, que también en la “nueva normalidad” habrá que reinventar la formas de protesta.

4. El largo camino de la liberación de la mujer. De esfuerzos y sufrimientos de tantas mujeres anónimas para romper el silencio, denunciar todo tipo de maltratos y discriminaciones y conseguir sus legítimos derechos: en la familia, en el trabajo, en la escuela, en los medios de comunicación y en cualquier ámbito cultural y social. Por escapar de la explotación sexual, por obtener el derecho al voto o por hacer visible en la escritura y el arte la labor femenina. Por desafiar el miedo a la libertad, no para ser valientes, sino para ser libres. Por poner en práctica nuevas maneras emancipatorias de vivir individualmente y de luchar colectivamente. Por tejer redes de solidaridad para protegerse y apoyarse frente a todo tipo de agresiones. Por romper con la separación de sexos en la escuela, educando en la coeducación y en la plena igualdad. Por abrir espacios de liberación feminista en la política institucional y cotidiana, en la universidad, en un centro cívico, en el sindicato o en cualquier movimiento social. Por homenajear, como se hacía en alguna pancarta de la última manifestación feminista del 8 de marzo en Barcelona a las mujeres cuyas vidas fueron segadas: ”Somos las que no están, las asesinadas, las que se quedan en las fronteras y en el fondo del Mediterráneo”. Por entender que sin las mujeres, avanzando unidas desde la diversidad, no hay revolución.

5. El compromiso ecologista por salvar el planeta Tierra. En algunos lugares, como en la selva amazónica, las acciones encaminadas a proteger este bien común tan preciado para la supervivencia humana se han saldado con numerosos asesinatos. Porque el poder de las grandes multinacionales y del capitalismo más depredador se enfrenta violentamente a todo tipo de resistencia. En España los procesos de degradación del entorno han sido de enorme calado. Hay zonas irrecuperables, pero merced al tesón y movilización de diversos grupos ecologistas aún se han podido salvar algunas lagunas, playas, bosques y otros espacios naturales. También desde la escuela hay docentes y colectivos que tratan de despertar la conciencia del alumnado con propuestas pedagógicas y transformaciones de patios e interiores más verdes y sostenibles, o con campañas de reciclado y de reutilización que se han extendido posteriormente al municipio. El nuevo movimiento de los Fridays for future, iniciado por la activista medioambiental Greta Thunberg, abre nuevas esperanzas en la toma de conciencia y la praxis ecologista.

6. La atención a las personas mayores. La fraternidad y la mejora de la calidad de vida se muestra también a partir de los pequeños gestos, porque estos pueden llegar a ser muy poderosos en la vida de este colectivo, demasiado olvidado y desatendido -claro, es un sector improductivo-, como se está viendo en esa cruel situación de pandemia. Pero ahí surge la sensibilidad y la solidaridad de la buena gente para organizar todo tipo de acompañamientos. En las situaciones de normalidad -¡qué lejana queda!- se organizan encuentros intergeneracionales para intercambiar saberes y experiencias. Se crean coros y orquestas con la participación de personas de todas las edades. En algunos lugares el hogar de ancianos y ancianas está al lado de una Escuela Infantil y coinciden en algunos momentos y actividades. Hay bibliotecas donde el voluntariado hace llegar libros a personas impedidas y, si las circunstancias lo requieren, hasta les hacen de lectores. Y hay quienes dedican simplemente una parte de su tiempo para hacer compañía a la ancianidad que no recibe ninguna visita, entreteniéndoles conversando o con cualquier pasatiempo.

7. El voluntariado del tiempo libre infantil. Nos referimos a toda aquella juventud que dedica desinteresadamente unas horas de sus vidas a la infancia y adolescencia, sobre todo, durante los fines de semana y los veranos. En actividades extraescolares, en los clubes de tiempo libre, en las colonias, en los campamentos, en diversas actividades al aire libre o en espacios urbanos. Jóvenes deseosos de que esta oferta sea inclusiva y llegue a toda la infancia, sin distinción de clases. Pero las políticas y los recursos de las administraciones públicas no atienden suficientemente este tiempo extraescolar donde se fraguan enormes desigualdades. Por otro lado, cabe destacar que este tipo de actividades en algunos períodos históricos en que el alumnado permanecía encerrado en su aula y difícilmente salía a disfrutar del entorno, cumplían una función de suplencia. Pero, aún hoy, a pesar de que las escuelas pisen el territorio y practiquen cierto grado de nomadismo, estas actividades siguen conteniendo un enorme potencial enriquecedor tanto para el aprendizaje como para el proceso de socialización.

8. Los maestros y maestras que no cesan en sus intentos de renovar y transformar la educación. Hay un conocido dicho de Bertolt Brecht que dice más o menos así. “Hay personas que luchan un día y son buenas. Hay personas que lo hacen bastantes días y son mejores. Pero hay quienes luchan toda la vida y son imprescindibles”. También en la educación hay muchos maestros y maestras imprescindibles de cualquier nivel educativo: desde Infantil hasta la Universidad. Son personas que desde el primer día que pisan la escuela se dan cuenta del envejecimiento de esta institución y de cómo se reproducen cantidad de inercias que no conducen a ninguna parte. Y acto seguido se ponen manos a la obra reorganizando los tiempos y los espacios, estableciendo relaciones y vínculos más cercanos e intensos con el alumnado, subvirtiendo los modos de enseñar y aprender, rompiendo la fragmentación disciplinar para adquirir una comprensión más profunda del conocimiento, poniendo al sujeto en relación con los objetos y lo que sucede en el entorno y procurando que aprenda de su propia experiencia y de las de los demás y se vaya forjando un proyecto de vida. Son maestros y maestras que, con un sexto sentido para detectar y priorizar lo importante, revolucionan su aula, anudan proyectos para transformar el centro en colaboración con los otros docentes y con la complicidad con otros agentes del territorio allanan el camino hacia los pueblos y ciudades educadoras.

9. La solidaridad en tiempos del coronavirus. No me atrevo a sostener que esta situación, como se repite con tanta frecuencia, nos hará cambiar para hacernos más solidarios: al tiempo, y esto va a depender, sobre todo, de los nuevos compromisos que se tomen en lo que se denomina “la nueva normalidad”. Pero sí que cabe constatar y destacar ahora el sólido compromiso del personal médico y auxiliar para salvar vidas, echando cantidad de horas extras y trabajando en condiciones con frecuencia harto difíciles -por la falta de recursos y el riesgo de infección- con una presión y un coste emocional indescriptibles. El compromiso de los científicos buscando a contra reloj una vacuna para terminar con la pandemia y la mejor medicación a corto plazo para combatirla. De algunas organizaciones para facilitar techo y comida a la población más vulnerable. Del mundo de la cultura para conseguir el acceso gratuito a una amplia oferta diaria. De servicios y entidades sociales para tratar de apaciguar la soledad de las personas mayores. De tantas gentes y lugares. La intervención fraternal de los profesionales ha sido complementada en todo momento por la disponibilidad del voluntariado. Y, claro, tampoco pueden olvidarse los aplausos desde los balcones que, además del reconocimiento a la labor sanitaria, han servido para fortalecer los vínculos comunitarios.

10. El acompañamiento y apoyo a la infancia más vulnerable. Hay docentes que lo tienen muy claro: todo el alumnado requiere una atención grupal y personalizada, pero hay quienes exigen una mayor ayuda. Lo hacen habitualmente en sus aulas y también se han esforzado en hacerlo estos días de forma virtual o telefónica, sorteando las dificultades de la tecnología y de la conectividad, amén de otras circunstancias relativas al espacio diminuto y sin luz natural de la vivienda, a la precariedad laboral de la familia y a otro tipo de circunstancias. Porque es bien sabido que este tipo de alumnado suele convivir mayoritariamente con la pobreza. Estos maestros y maestras saben que, tras el regreso a las clases, habrá que activar el refuerzo para estos alumnos y alumnas, pero entretanto hay que procurar que no se desconecten para evitar posibles absentismos y abandonos. Porque hay maestros y maestras que ayudan a mejorar la situación de algunos alumnos, y los hay que salvan vidas para siempre.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/pedagogiasxxi/2020/05/13/personas-solidarias-que-ayudan-a-mejorar-a-cambiar-y-a-salvar-vidas/

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Actividades para vivir el medioambiente desde casa

Por: Carmelo Marcén

A lo largo de los próximos días y semanas os queremos ir presentando diferentes herramientas con las que poder «salir de casa» y respetar el confinamiento al mismo tiempo. Vamos a ir empezando poco a poco y cada ciertos días iremos añadiendo más y más propuestas que irán, desde pasear por Parques Nacionales a escuchar e identificar pájaros por su canto o conocer el principio de las cosas. ¡Comenzamos!

Un diario muy resumido del medioambiente doméstico

En estos días que no podemos salir hemos de aprovechar el tiempo para hacer cosas diferentes a las habituales. Algo nos ocuparán las actividades, jugaremos con modelos clásicos o a inventarnos juegos, nos responsabilizaremos de ciertas tareas de la casa, veremos un poco la tele o nos engancharemos un rato a los dispositivos electrónicos. Pero hay tiempo para todo; por eso recomendamos pararse a pensar unos minutos en todo eso que hacemos cotidianamente en casa que tiene que ver mucho con nuestra relación con el medioambiente. Aquí caben cantidad de cosas, si bien vamos a indicar algunos caminos para no perderse. Hace falta ponerse las gafas de explorar y tomar notas, pues en muchas ocasiones nuestras rutinas nos impiden sacar partido de lo que hacemos bien, o menos bien. Por eso, mejor si lo vamos escribiendo; así nos servirá a nosotros e incluso podremos enseñarlo, o enviarlo en un whatsapp a nuestras amistades.

Esta es una propuesta para hacer en equipo; estaría bien ensayarla en familia. Después podemos llevarla al grupo de WhatsApp u otras redes que tenemos con los compañeros y compañeras de clase. Seguro que cada cual tendrá su visión de las cosas que hace, aunque si se piensa con un poco de detenimiento se verá que poco a poco surgen coincidencias. Se trata de ir anotando en una tabla pequeñas o grandes acciones que tienen que ver con una parte del medioambiente; el real, no ese que estudiamos en aquella lección en el colegio o el instituto. Esta actividad se podría titular “Una gincana por el medioambiente casero”. Avisamos ya de que nos dará una visión incompleta, hay otras muchas más cosas que podríamos revisar.

Vamos a fijarnos solamente en cada actuación que tiene que ver con el consumo de agua, energía y otros materiales que tienen que ver con la producción de residuos; no tratamos aquí de los alimentos pero habría mucho que hablar. Repasar ciertos hábitos cotidianos es como abrir una ventana de casa y lanzar una mirada a la naturaleza, ahora que está más lejos. Nadie negará que el agua y la energía son parte de ella, como la tierra y el aire. Solo es necesario recordar que en la cultura occidental, desde los griegos, los cuatro elementos motores de todo fueron agua, fuego, aire y tierra; de hecho, están incorporados a las ideas de varias religiones. Quiénes tengan interés lo pueden buscar en Internet y lo comprobarán.

Una cuestión básica para entender cómo funciona una casa, que ahora se asemeja un poco a la naturaleza de la que estamos distanciados, es conocer cómo cada persona se relaciona con ella. Para facilitar esta tarea hemos preparado una tabla, para anotar. Reproducir esa hoja de la ilustración y colocarla en un lugar visible de casa. Enviadla al grupo si esto lo hacéis con la gente de clase. Se trata de que cada miembro de la familia, o del grupo, vaya anotando con una rayita las veces que hace tal o cual cosa. Aquí ponemos un número para identificar a los miembros de la familia: yo mismo, hermanos, madres o padres, otras personas que están en nuestro domicilio. Aunque es mejor que cada cual escriba su nombre. Al final del día, después de la cena, se puede comentar cómo ha ido la cosa. Lo mismo han de hacer quienes están en el grupo de clase. Si resulta complicado dedicar un tiempo diario a la reflexión se puede hacer el recuento semanal; no os olvidéis de hacer los totales de cada persona y los de la familia o grupo.

Convendría guardar los datos de días sucesivos, mientras dure el confinamiento en casa, para comentar entre todos los miembros de la familia, o del grupo, lo que supone tener o no una serie de servicios que nos procura la gente que trabaja para nosotros. Quizás, llegado el momento, se puede hacer un plan general de comportamientos familiares, o colectivos, y ajustar los consumos de algunas cosas; mejorar los hábitos personales ayuda al medioambiente que aquí se limita a agua, electricidad y producción de residuos únicamente.

Convendría resumir los hábitos, a la vista de los datos, referidos a los distintos días o semanas. Habría que jugar también con las cifras de, al menos, tres de semanas; los fines de semana también cuentan, no cabe el relajamiento. Así se podría valorar si los hábitos/usos parecen muchos o pocos, si son necesarios. Incluso distinguir con algún reconocimiento, a los más pequeños les reconforta, aquellos comportamientos que merecen un premio. Se puede hablar igualmente sobre si alguna persona en especial se ha responsabilizado de determinada tarea, y si en los días normales también sucede así, lo cual permitiría organizar la vida posterior y repartir esas ocupaciones fundamentales.
Volviendo al principio. Habíamos comentado que muchas de estas acciones tienen que ver con aquellos cuatro principios de los que hablaban los griegos: agua, fuego/energía, aire y tierra. La tabla que sigue recoge un poco de lo que estamos hablando. Esta sí que hay que completarla en grupo. Se trata de encontrar señales de esos principios de vida en cada una de las acciones y decir en qué parte del proceso es más visible, y cómo. Rellenamos un par de casos a modo de ejemplo. Es posible que los más pequeños necesiten alguna ayuda para la interpretación. Puede quedar alguna casilla en blanco.

También conviene jugar con el tiempo. Hay que estimar las horas que diariamente dedicamos a satisfacer estas necesidades, contemplarlas también en relación con los trabajos que muchas personas habrán tenido que realizar para que disfrutemos de ellas

Por fin, hay que apuntar:

  • Lo que mejor hemos hecho y cómo están de repartidos los compromisos:
  • Aquello en lo que debemos mejorar, ahora y para siempre:

No estaría de más poner nota a cada una de las tareas:

  • Puntuad entre 1 (apropiado) y 10 (imprescindible) cada una de las acciones:
  • Separad aquellas acciones en las que su riguroso cumplimiento es solamente ahora en esta crisis o siempre.

Es interesante llevar a cabo una valoración familiar de nuestra dependencia con el exterior, lo que en forma resumida podríamos llamar medioambiente. Hay que ser sinceros y decir si alguien no ha cuidado mucho a la hora de apuntar y se ha olvidado alguna vez. Aunque ya lo decíamos antes, habrá que hablar de los servicios públicos, de las personas que permiten que en estos días de confinamiento nos resulte un poco menos complicado pasar cada jornada y poder hacer las cosas necesarias. Al final, como síntesis cada cual puede resumir en una frase lo que ha supuesto esta experiencia.

El sueño de repartir el agua como respuesta al Covid-19

Para empezar a repartir afectos hacia el agua un poema. “Toda el agua del mundo es una abuela/ que nos cuenta naufragios y regatas/ que nos moja la sed y da permiso/ para seguir viviendo otro semestre”, al decir de Mario Benedetti.

El agua de la que disponemos para la vida, la dulce, escasea en muchos lugares. ¡Qué paradoja llamar a la Tierra “el Planeta Agua” y decir que escasea! El hecho es que en ocasiones es muy difícil repartirla para todos los seres vivos, ni siquiera mucha gente puede conseguirla cuando más la necesita. ¡Sueña con el agua! Normal que esto suceda. A periodos largos de sequía le siguen aguas torrenciales en algunos lugares. En otros nunca llueve. Además, ahora ya no cae con el ritmo de antes, por lo del cambio climático. Ya lo dice el refrán: si alguna vez el agua moja, no lo hace a gusto de todos.

Cuando la ONU propuso la celebración de la Década del Agua 2005-2015 elaboró un material sumamente interesante: El agua fuente de vida. En él se habla del agua y las mujeres, el agua y salud con saneamiento, el agua y la producción de alimentos y bienes, y muchas cosas de sumo interés a escala mundial. Porque hay que conocer que aunque hay agua en cantidad suficiente para toda la gente en todo el mundo, muchas personas carecen de ella. Lo saben bien esas tres mujeres cuyas vidas fueron transformadas gracias al acceso de agua para beber que relata el documental El poder del agua limpia producido por National Geographic, en el cual se expresan muchas ilusiones y deseos, necesarios para descubrir el sueño que disponer de agua representa para todos. Porque en muchos lugares, en especial en África, el agua y el saneamiento se han convertido en una especie de violencia de género.

¿Pero por qué un llueve si hay agua en las nubes que tanto se mueven? Se cuenta por algunos lugares una leyenda que dice que cuando los grillos estridulan (el cri-cri repetido) es que barruntan la humedad; o sea que va a llover. En tiempos, la gente hacía romerías para llamar a la lluvia, cantaba letanías a los santos. Los grillos parece que no recitan cosas religiosas y desconocemos si sueñan con el agua. Sabemos que el ruidoso movimiento de las alas de los machos es para llamar la atención de las hembras y convencerlas para que se apareen. Recuerdo que de ellos se hablaba en la sedienta estepa monegrina -una zona semi desértica que hay en Aragón de la cual se pueden capturar bellas imágenes asomándose a Internet- donde pasé la niñez; se confiaba en el buen hacer de los grillos (algunos los confunden con las cigarras). También se estima su poder llovedor en Sudamérica.

Hay un pueblo nativo de Bolivia, los Ayoreos –gente que vive de la caza y de la recolección- que tenía una abuela Direjna que era la dueña del agua. Así, dónde sea que ella fuere llovía. Parece ser que hubo un tiempo en el que la gente no la quería. La abuela Grillo se marchó ofendida. A partir de entonces aumentaron los días de calor y sequía. Dice la leyenda que marchó al segundo cielo y desde ahí es capaz de enviar lluvia cada vez que alguien cuenta su historia con un buen deseo. ¿Conocería la leyenda Benedetti que acaba su poema agua que encabeza este artículo diciendo que la abuela da seis meses más de vida? A partir de esta trama, inventada o no, se hizo el guión de La abuela Grillo, un corto de animación precioso. Durante su narración nos hace ver los problemas que generan la distribución y el hecho de compartir el agua. También nos ilustra sobre las guerras del agua, acerca de la codicia de unos frente a la pobreza de otros. Merece la pena verlo en familia, grandes y pequeños, y comentar lo que expresa. Sobre el mismo tema trata También la lluvia, la película de Icíar Bolláin. Seguro que la encuentran en alguna plataforma de tele. Lo más interesante sería comentar/comparar los lenguajes fílmicos que una y otra traen, si abordan o no la misma cuestión, si aparecen en la historia buenos y malos, etc.

Soñar con el agua conduce a espejismos. Para conocer lo que suponen estos en algunos lugares, invitamos a todos a realizar un viaje a la India en busca de “Los sueños del agua”, expresados en el material que la ONU preparó para la exposición internacional “Agua y Sostenibilidad” celebrada en Zaragoza en el año 2008. Soñar con el agua en Mumbay es lo que hace una niña, Nandini, cada día. En un país de tantos contrastes sobra el agua para unos pocos y falta para otros muchos. Repartir el agua no resulta fácil.

Agua que se ha convertido en un sueño debido al COVID-19. En estos momentos, disponer de agua suficiente y de calidad es todavía un ilusión mayor, pero en este caso también está mal repartida. Leímos en una Web americana que millones de personas no tienen agua para combatir el coronavirus. Dicen las cifras del Banco Mundial que por más que Latinoamérica disponga de casi un 31% de las fuentes de agua dulce del mundo, casi 37 millones de personas no tienen acceso al servicio de agua potable. ¿Qué puede suponer eso si allí llega la pandemia? Ahora, según UNICEF-OMS alrededor del 82% de la población de Latinoamérica tiene acceso a agua potable segura, mientras que solo el 37% a un saneamiento seguro; qué decir de lo que está ocurriendo ahora mismo en África, en donde si la pobreza se alía con la pandemia puede componer un aterrador escenario. Tendrán que apelar muy fuerte a Yemayá reparta agua por Nigeria o que el dios Anzar haga lo mismo en el norte. Agua suficiente para mejorar la economía pero también la salud. Por eso, el lavado de manos varias veces al día es fundamental. Si alguien tiene alguna duda, solamente debe mirar la página de Unicef, que habla de lo importante que es el lavado de manos y otras cosas que relacionan agua con higiene y salud.

El agua es un vehículo en donde viaja la salud, se ha convertido en una de nuestras mejores aliadas contra el coronavirus. En nuestros países ricos la potabilizan añadiéndole el hipoclorito –lejía- y otros desinfectantes para destruir los posibles patógenos que pudiera tener en origen. También dentro de ella viajan los desinfectantes que lanzan los equipos que limpian ahora más que nunca nuestras calles, ciudades y estancias –como hospitales, residencias de mayores y lugares de tránsito-. En ella se disuelve el jabón (con sus sales y triglicéridos) que protege nuestras manos una y otra vez de las posibles trazas del coronavirus. Con ella, convenientemente calentada y con los aditivos necesarios, se lavan buena parte de los materiales reutilizables para luchar contra la pandemia. Seguro que el personal sanitario se acuerda de ella cada vez que se prepara para su trabajo, cuando se ducha en casa tras una jornada agotadora, porque le transfiere antisépticos o desinfectantes útiles. Así se lleva los patógenos víricos no se sabe dónde; tampoco nos importa mucho ahora. Bastantes cosas aprenderemos de esta pandemia, seguro que un nuevo sueño de todos será valorar el agua cada día más, para usarla mejor y querer repartirla. Ahora mismo, merece el mismo aplauso, al menos con el pensamiento, que la ciudadanía confinada lanza en España al personal sanitario y de otros servicios esenciales. Porque el agua también será sensible a los afectos, imaginamos.

No debemos despertar del sueño de Nandini hasta que consigamos que llegue a todo el mundo, que dé salud a la gente.

Disfrutar del canto de los pájaros

Un paseo por la orilla de un río reconforta. Solamente mirando con atención se despiertan los sentidos. Nos inundan colores que nos amplían los horizontes buscados, que son distintos a la llegada y cuando nos vamos, porque depende de cómo reciben y reflejan los rayos del sol, imágenes nada estáticas que cambian casi cada metro que recorremos. Qué decir si volvemos pasados unos días. La vegetación es una y muchas a la vez; la del suelo, distinta a todas, no se molesta en competir con esos árboles cercanos de portes tan diferentes. No conocemos sus nombres, da lo mismo. Son singulares y forman conjunto, no sabemos si obedecen reglas o no, tampoco importa demasiado. Si lo pensamos bien, pasear por la orilla del río es algo así como mirar un cuadro; cada uno vemos algo distinto por mucho que te lo expliquen. Sabido es que nadie pasea con la mente vacía, por ellas fluyen recuerdos de otras experiencias. ¡Cuánto nos acordamos de Machado y sus paseos por la orilla del Duero, de aquel poema al olmo herido!

También cambian mucho los sonidos del río. Nos gusta escuchar cómo se expresa el agua. Observemos esas imágenes de la ribera e intentemos ver si nos sugieren algo con claridad o solamente susurran. Imaginemos qué querrá decirnos el agua que fluye por el río. Seguro que emitirá señales, acaso desea explicar temores o hablarnos un poco de su historia. Escuchemos una parte de las grabaciones de dos ríos distintos; no hace falta identificarlos. Serán simplemente el A y el B. Anotemos impresiones y emociones que nos provocan, si nos indican algo. En este otro ejemplo, lo identificaremos como C, ya se mezclan lenguajes diferentes. Suponemos que evocan algo más a quienes quieren escuchar.

Es difícil encontrar algo más bello que el poema Pájaro del agua de Juan Ramón Jiménez, que no resistimos a reproducir aquí: Pájaro del agua/ ¿qué cantas, qué encantas?/ A la tarde nueva/ das una nostalgia/ de eternidad fresca,/ de gloria mojada./ El sol se desnuda/ sobre tu cantata./ ¡Pájaro del agua!/ Desde los rosales/ de mi jardín llama/ a esas nubes bellas,/ cargadas de lágrima./ Quisiera en las rosas/ ver gotas de plata./ ¡Pájaro del agua!/ Mi canto también/ es canto de agua./ En mi primavera,/ la nube gris baja/ hasta los rosales
de mis esperanzas./ ¡Pájaro del agua!/ Amo el son errante/ y azul que desgranas/ en las hojas verdes,/ en la fuente blanca./ ¡No te vayas tú,/ corazón con alas!/ Pájaro del agua/ ¿qué encantas, qué cantas?

Todos sabemos que en una ribera nunca faltan los sonidos de los pájaros. Se puede oír sin más o realizar una escucha atenta. Incluso hay alguien que logrará identificarlos. Quien lo desee puede viajar sin moverse de casa hasta el Museu del Ter para conocer a los pájaros del río, para identificar alguno, para disfrutar de sus cantos e incluso competir con quienes nos acompañan en casa para identificarlos. Pero la riqueza interactiva de este museo no acaba ahí. Los ríos son como la paleta de una artista llamada naturaleza. Al Ter también le pintó una variada vegetación de ribera, en la que colocó múltiples macroinvertebrados, bastantes peces, varios anfibios y algunos mamíferos. Esta Web es muy interesante. Hay que detenerse a mirar. Habla de los pájaros invernantes, estivales, residentes todo el año. Por cierto, se puede descargar el contenido en PDF.

Hay mucha gente por ahí aficionada a la ornitología. Es la que nunca se pierde lo que nos cuentan los de SEO/Bird Life. Permiten observar las aves en directo, una maravilla lograda mediante una instalación de cámaras que no provoca ninguna molestia a las aves –en este caso cernícalo primilla, lechuza común, buitre negro o halcón peregrino- ni cuando están criando. Se empeñan en llevar la naturaleza a las ciudades. Además, tienen una Guía de aves extraordinaria, para disfrutar de su belleza y muy útil cuando toque hacer algún trabajo en clase. Incluye dibujos, características de cada especie, lugares de España en dónde se pueden avistar, etc. Todo un lujo del que hay que disfrutar muchas veces, también elaborar fichas con los pájaros preferidos, los que hay que proteger, los invernantes o veraneantes, etc. Por cierto, el 20 de marzo fue el Día Mundial del gorrión, cuya población está descendiendo de forma alarmante en todo el mundo.

Por si no se sabía, ya está digitalizado el mayor archivo científico de animales del mundo Macaulay Library; nada más ni menos que 150.000 audios. Digamos que unas 9.000 especies (muchos pájaros pero también ballenas, elefantes, ranas y primates entre otros nos mandan sus sonidos).

Más de una vez nos habremos preguntado qué querrán decir los pájaros con sus cantos. Imaginémoslo: se contarán lo que hicieron el día de antes, o los planes que tienen para ese día. Otras veces emitirán llamadas de aviso, de búsqueda, o se sentirán contentos simplemente y querrán que el resto lo sepan. En más de una ocasión advierten a otros colegas de que están en territorio privado, o eso creen, pues en la naturaleza no hay fronteras. Escucha el canto de algunos de estos pájaros; y jugar en familia a adivinar lo que quieren decir es un placer que nadie se debería perder. Con ellos se podría componer una bella sinfonía que titularíamos “La naturaleza alada habla”. Para quien no lo sepa, los pájaros son protagonistas en la música clásica como se explica Julio Andrade en este artículo; quién lo desee, seguro que enlazará fácilmente con las obras citadas. Por ahora facilitamos la entrada a la soberbia interpretación de Emmanuelle Bertrand de El canto de los pájaros de Pau Casals, símbolo de la paz y libertad en todo el mundo, de la cual también se puede disfrutar en otras versiones orquestadas. También a El lenguaje de los pájaros de Jean Sibelius por la NHK Shympony Orchestra.

Quienes amen la literatura no pueden perderse el poema El vuelo de Pablo Neruda, y el relato El príncipe feliz de Oscar Wilde. El multiforme canto de los pájaros, que sin duda expresa tanto esperanzas como temores, se expresa de muchas maneras.

Disfrutar de los pájaros sin salir de casa, por ahora. Todo un lujo que nadie debería perderse. Después, habrá que buscarlos en la naturaleza real.

Visita virtual al Parque Natural o Espacio Singular

Sin salir de casa se puede disfrutar de la naturaleza y ampliar la dimensión de nuestra reducida habitación. La imaginación nos lleva a lugares desconocidos. Si no que se lo pregunten a Julio Verne, que sin viajar fue capaz de viajar por el fondo del mar, dar la vuelta a la tierra y hasta llegar a la Luna.

Nuestra propuesta de viaje es más sencilla. No hay que buscar lo extraordinario sino disfrutar de lo sencillo. Se puede ir cerca o lejos, aquí vamos a sugerir algunas visitas, pero cabe disfrutar de muchas más. Simplemente hay que indagar si cerca tenemos algún enclave natural para que la familia al complejo viaje en estos días que no puede salir de casa. Interesa que cada miembro diga qué quiere ver, qué le parece que va a encontrar. Si hay pequeños en casa, habrá que guiarlos en el descubrimiento de cosas o irles contando historias sobre el sitio elegido. Estaría bien guardar algo sobre los lugares visitados en una carpeta del escritorio del ordenador para que quienes no nos hayan acompañado esta vez puedan verlo, o para volver nosotros mismos a disfrutar de los paisajes. Vayamos con ello.

El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido dispone de una completa visita virtual. No costará mucho localizarlo en un mapa. Sí, se enclava en los Pirineos españoles. Una vez allí, hay varios itinerarios para descubrir. Se puede mirar el cielo desde el Bosque de las hayas –qué tienen esos áboles para atraernos tanto–, viajar con el agua por las Gradas de Soaso –quién sería la persona afortunada que le pondría el nombre de gradas–, disfrutar de una vista aérea del parque desde una altura de 5.000 metros –hay pájaros que lo hacen–, maravillarse del Cañón de Añisclo –ese tajo a la roca caliza que parece hecho de artesanía- que ha excavado durante siglos el río Vellos. La posibilidad de ver fotos o acercar otros rincones permite maravillarse de la acción de las aguas a la hora de esculpir estos espacios, o de ascender a las cumbres como el Monte Perdido sin moverse de casa. Quienes quieran volar mucho más, como si fueran pájaros pueden realizar otras visitas virtuales. Hay varios enlaces en Youtube que pueden servir.

La visita sirve para reconocer el valor de los espacios naturales protegidos, para interrogarse, jóvenes y adultos, sobre las ventajas e inconvenientes de hacerlas así. Por cierto, existe una red española de espacios protegidos bajo la figura de Parques Nacionales, pero cada Comunudad Autónoma tiene su propia red de espacios protegidos. También una red internacional Natura 2000, que guarda la naturaleza y la biodiversidad europea. Se puede consultar los espacios de tu provincia poniendo simplemente el nombre detrás del identificador general.

Pero como hay también gente aventurera pueden viajar más lejos, sin necesidad de tomar un avión. Por ejemplo, hasta Yosemite. En una visita virtual se aprecia la majestuosidad de Mariposa Grove of Giant Sequoias; quedarse extasiado sin haberse cansado viendo las cimas de Half Dome, la aventura de Yosemite Falls y la espectacularidad del Glacier Point; explorar zonas tan bellas como Tuolumne Meadows , Hetch HetchyForesta Wawona. Habrá que comentar qué sensaciones produce llevar a cabo esa visita virtual, si se conocía algo del parque, si se sabía dónde está enclavado. Sobre todo, interesa ver de lo que es capaz la naturaleza cuando la dejan sola y le dan tiempo.

Como tras cualquier visita surgen curiosidades, cabe indagar mucho más. Así mayores y pequeños pueden apreciar la riqueza de los ecosistemas. Nada se ha dicho hasta ahora de los animales o plantas que pueden albergar estos santuarios, cofres o reservas de la biodiversidad. Existen webs que informan de quiénes viven allí. También se pueden guardar fichas de ellas en esa carpeta. No hay que escribir mucho de esas plantas o animales: por qué nos atraen, qué tienen de particular, etc. Alguna de ellas se puede adoptar como mascota virtual; seguro que apetece conocer más de ella y contarlo a quien quiera escuchar. Cuando regresemos a clase, que esperemos que sea pronto, hay que contar en el aula lo que hemos aprendido. Incluso ahora mismo podemos invitar a nuestras y nuestros compañeros.

No hay que olvidarse del espacio protegido que tenemos cerca. Hay que indagar en la Web y acudir a disfrutar de los enclaves una vez que ya podamos salir de casa. Puedes consultarlos en poniendo Red Natura 2000 añadiendo detrás el nombre de tu comunidad autónoma.
¡A disfrutar sin salir de casa!

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/ecoescuela-abierta/2020/05/07/actividades-para-vivir-el-medioambiente-desde-casa/

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Bienvenidas, bienvenidos, a un nuevo curso penitenciario

Almudena Carrascosa

Las escuelas deben abrir, pese a las advertencias sanitarias, porque las familias vuelven al trabajo, y el colegio debe cumplir con esa función social, guardar al alumnado durante un tiempo. Esta afirmación es dura y difícil de escribir para una docente de vocación que cree en un cambio en la educación a todos los niveles. Pero es cierta. Esta sociedad, y al fin y al cabo nuestra economía, no contemplan una verdadera conciliación familiar, no hay un tiempo para el desarrollo de la infancia. Pero esto es otro tema sobre el que reflexionar.

La cuestión es que, más pronto que tarde, las escuelas y los centros educativos deben abrir pero ¿cómo? ¿en qué condiciones? La solución no es fácil, eso lo sabemos, pero hemos entrado en una lucha: la ciencia contra la ciencia.

El doctor Fernando Simón nos recuerda diariamente que debemos prevenir los contagios y, para ello, no hay mejor  mecanismo que el uso de mascarillas, distancia de seguridad de dos metros e higiene. Por otro lado, la ciencia en el ámbito de la educación defiende que el desarrollo integral del alumnado a nivel cognitivo, físico, afectivo, social y emocional se produce, principalmente, por la interacción con el entorno y con las personas que lo comprenden. ¿Por qué todavía no ha intervenido ningún experto en educación? Así pues, he aquí el quid de la cuestión. ¿Cómo vamos a hacerlo?

Viendo las imágenes de Francia, no puedo evitar pensar en que las escuelas se van a convertir en centros penitenciarios. Aunque, pensándolo mejor, tal vez antes ya lo eran, ¿o no? Timbre de entrada, salida y cambio de clase, horarios marcados, tiempo limitado para el ocio y el esparcimiento del alumnado, filas, silencio, orden… Muchos centros han evolucionado, pero en el fondo, leyendo estas palabras, quien lea esto habrá podido retornado al colegio. Sin embargo, para volver a abrir los centros, daremos un paso más allá. Maestras y maestros guardando las distancias de seguridad entre sí y con el alumnado; niñas y niños separados unos de otros, sin contacto, espacio físico delimitado para jugar solos… ¿esto es posible?

Las personas que hayan respondido sí, hace mucho tiempo que no han visto una escuela de cerca. Una escuela y, sobre todo, la de las edades comprendidas entre 0 a 6, que es la que el gobierno pretendía reabrir en breve para sorpresa de los docentes, está llena de lloros desconsolados que sólo se calman con el abrazo de un maestro/a, mocos que ayudas a quitar o que enseñas cómo sonar; riñas y peleas entre compañeros y compañeras; acompañamiento emocional; besos y abrazos diarios y un largo etcétera. Si dejamos de hacer esto, si dejamos de hacer nuestra labor, estaríamos desatendiendo a nuestro alumnado. Hoy en día, a nadie se le ocurriría decirle a una médica o a un médico, a una enfermera o un enfermero, que no atendiera a sus pacientes; entonces ¿por qué se lo vamos a exigir al profesorado?

Cuando empezó el confinamiento, la sociedad pensó que sería cuestión de unos días. El mundo podía detenerse, se entendía que gran parte de la economía debía parar por el bien común, pero la infancia no. La educación no puede, ¡debe seguir! Cómo se nos ocurre tan siquiera plantearnos esto.

Docentes, familias y Gobierno entramos en una vorágine sin precedentes en la educación. Docentes estresados, familias estresadas y niños y niñas… no se sabe. Nadie les preguntó, total ¿qué sabrán si sólo quieren jugar todo el día?

Desde el colegio hicimos aquello que mejor sabemos hacer: dar una respuesta rápida. Improvisar con los pocos o muchos recursos que cada uno tuviera. La privacidad de los docentes ha quedado expuesta, muchos sin conocimientos han aprendido a marchas forzadas o simplemente, no tenían, al igual que muchas familias, dispositivos y conexion ilimitada a Internet.

Hemos improvisado, porque tampoco nos habíamos planteado nunca cómo sería la docencia on-line y, sobre todo, en las edades más tempranas. Pero, tal vez, en algún momento, nos pasamos de frenada. Se han mandado tareas como si todavía estuviéramos en los centros educativos, siguiendo nuestra rutina diaria, incluyendo los 30 minutos para el recreo.

Sin embargo, muchos docentes y profesionales de la educación paramos y reflexionamos; no estábamos llegando a todo nuestro alumnado. La “brecha digital”, por no llamarla “brecha social” directamente, atañe a más de la mitad de nuestro alumnado. Así pues, el problema no es, únicamente como piensa la Administración, que nuestro alumnado no tenga acceso a Internet y necesite una tablet o un ordenador. Si sólo somos capaces de ver esto, estamos siendo muy ignorantes ya que sólo estamos viendo la punta del iceberg. El problema social es mucho más grave, y la escuela on-line y a distancia, no puede compensar esas desigualdades que ya sabíamos que teníamos en nuestras aulas y que debido a la pandemia se han incrementado, si cabe, un poco más.

Por lo tanto, paremos una vez más, busquemos un consenso y no nos dejemos presionar por agentes externos. Dejemos de una vez de utilizar la educación como moneda de cambio en la batalla política. No podemos permitir que el derecho a la educación que toda la infantia tiene, se utilice políticamente. El fin no justifica los medios.

Una escuela no es una guardería. Nosotros y nosotras no guardamos nada. Los docentes y las escuelas deberían ser el lugar de encuentro donde se geste el cambio social que ha de venir, por lo tanto, hay que tratar a las personas que trabajan en los centros y a los niños y niñas con dignidad y respeto. No vale que se abran centros educativos convertidos en centros penitenciarios, no vale que releguemos la educación y la simplifiquemos a “contenidos y aprobados o suspendidos”, no vale pensar que se está perdiendo el tiempo en casa y que las escuelas abran para dejar allí a las niñas y niños para reactivar la economía. Eso no es una escuela. Eso tiene otro nombre.

Si ahora le preguntamos a cualquier miembro del Gobierno si volvería a gestionar la crisis igual que lo ha hecho, su respuesta, seguramente, sería no. Así que la nuestra como docentes debería ser la misma. No.

Necesitamos tiempo para aprender de nuestros errores, trabajar de manera conjunta con la Administración para crear nuevas soluciones a los problemas que hemos encontrado y sentar las bases de una nueva educación. Creemos nuevos espacios y redes de ayuda para atender a las familias que más lo necesiten fuera de la escuela. Ahora es el momento de cerrar esos centros penitenciarios y viejos modelos de educación y repensar el modelo donde el niño y la niña sean, de verdad, el centro de la vida en las escuelas.

Y hasta septiembre ¿qué?

Dejemos que niñas y niños recuperen, poco a poco y con cautela, aquellas libertades que les arrebatamos hace meses.

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Carta a las maestras y maestros por la pandemia

Por: Juan Carlos Yáñez

El reto más trascendente no es concluir el ciclo escolar o agotar los programas de clases. Es más profundo: aprendamos de las circunstancias, trabajemos juntos, aprovechamos los recursos y valoremos el privilegio de la vida.

Cuando preparo las notas para esta colaboración leo que los rectores de las universidades públicas y privadas de México decidieron que el actual ciclo escolar no volverá a las aulas. Acordaron también que cada institución decidirá estrategias para la conclusión y evaluar a los estudiantes, atendiendo a las condiciones diversas en sus posibilidades de acceso a tecnologías y equipos; heterogéneas en un país enorme y asimétrico, con más de la mitad de la población en pobreza y miseria. Recientemente, el gobernador del Estado de Jalisco, uno de las más importantes por demografía, economía y política, decretó el fin del año escolar presencial.

Decirle adiós a las aulas es un acto responsable. Las escuelas son espacios donde explotan las ideas, la inspiración, donde se desarrollan los lenguajes, el pensamiento y la belleza, pero también son focos inigualables de infección en situaciones como las que ahora sufre el mundo.

Decirle adiós a las aulas es un gesto aplaudible cuando todavía siguen creciendo los infectados y las muertes se acumulan dramáticamente. Pero tenemos que seguir aprendiendo. Los maestros debemos procurar las estrategias, contenidos y actividades relevantes (subrayo, relevantes) para que los estudiantes consigan aprendizajes. Pero solos no pueden; el trabajo docente es siempre en equipo, hoy está más claro que nunca.

Los retos son colosales: México perdió décadas con experimentos fallidos en distintos gobiernos federales. La inversión millonaria tendría que haberse reflejado en mejores resultados. Si así hubiera sido, la pandemia nos habría tomado un poco menos desprovistos. Pero no hay tiempo para lamentos ni reproches, no ahora; solo nos queda intentar un esfuerzo inusitado para que los niños y jóvenes individualmente, y las instituciones y sistemas educativos aprendamos de la contingencia. La oportunidad de aprendizajes es extraordinaria.

Es posible educar en cuarentena, nos contaban en un seminario web hace algunas semanas dos expertos: Mariano Narodowski desde Argentina, y Mariano Fernández Enguita, desde España.

Un peligro que nos acecha es tratar de trasladar la rutina del aula a la casa. La casa no es el aula, y la experiencia del aprendizaje en casa no puede equipararse a la rutina de la escolarización. Educar en contingencia sanitaria es un desafío pedagógico inédito.

El primero de los retos que tenemos enfrente es el del acceso al mundo digital. El baile de cifras respecto al equipamiento tecnológico revela las disparidades entre niños, familias y escuelas. Si no todos tienen acceso a computadoras e internet, ¿cómo circularán las tareas, los contenidos, los programas de la casa de las maestras y maestros a la de los niños? Pero también entre los maestros hay desiguales accesos y usos.

Entonces se vuelven importantes dos tecnologías que en México se habían olvidado de la buena educación, en general; la radio y la televisión. Televisión y radio pueden jugar un papel crucial, que no sustituirá al mundo dominante de las otras tecnologías, pero podría ser un puente para que unos niños no se queden varados en la otra orilla.

El gran reto, para mí el más importante, es pedagógico. El proyecto educativo. La Secretaría de Educación Pública lanzó una estrategia nacional de educación a distancia sin probarse previamente, montada sobre dos gigantes del mundo tecnológico: Google y YouTube. ¡Quién diría que serían los vehículos sobre los que oficialmente se acercaría la instrucción a los niños mexicanos que tengan esa posibilidad!

Seguramente la experiencia tendrá buenos resultados en algunas escuelas; en otras, menos buenos, y en algunas, inevitablemente, malos o desastrosos. Dependerá de distintos factores. A la tecnología y al proyecto debemos sumar dos ingredientes: la actitud y preparación de los maestros, así como la voluntad y posibilidades en el hogar.

La pandemia es campo para aprendizajes de otra naturaleza, esos que llamaríamos “para la vida”, que es así como tendría que ser toda la educación. Porque la educación siempre tendría que prepararnos para la vida, porque las matemáticas, la historia, la literatura, la educación física o las ciencias tienen ese sentido final.

Cambio de tema para soñar un poco.

Quisiera pensar que cuando pase la cuarentena el campo pedagógico no quedará como las playas después del tsunami; o las casas, luego del terremoto.

Quiero imaginar que la pandemia desafió lo mejor de las maestras y maestros; que no lo vieron como más trabajo, sino como oportunidad para aprender enseñando, y mientras enseñaban, dándose cuenta de su ignorancia, trataron de remediarla.

Deseo que las maestras y maestros que habían perdido la ilusión que los llevó a una escuela por primera vez, la recuperen ante la necesidad de lograr que sus estudiantes, lejos, en otro lugar, sin muchos recursos, puedan aprender de forma significativa.

Me gustaría que los maestros en la secundaria o el bachillerato descubrieran que estudiar biología, química o ciencias puede despertar más interés ahora, para entender el funcionamiento del cuerpo humano, de las enfermedades, de las vacunas, del trabajo científico.

Que es un buen momento para entender la geografía, la historia de China y universal, o las disparidades delirantes en el país más poderoso del mundo, cuyo centro financiero, Nueva York, se derrumba por un bicho invisible.

Es un buen momento, también, para estudiar con las palabras generadoras de Paulo Freire, a partir de las cuales se analice una realidad y se aprenda uniendo textos y contextos; palabras como virus, solidaridad, globalización, transmisión, tecnologías, salud, cambio climático, humanidad.

Es el momento más apremiante que nos tocó a las generaciones de hoy. Un momento que nos exhibe en nuestra vulnerabilidad y que hace tener más claro que nunca, que los pueblos de la tierra, por encima de banderas y fronteras, nos necesitamos para la sobrevivencia.

Que es el mejor momento para desarrollar las emociones y valores de la solidaridad, la generosidad, el cuidado del otro, la responsabilidad por lo colectivo, la alegría, la resiliencia, el amor.

El reto más trascendente no es concluir el ciclo escolar o agotar los programas de clases. Es más profundo: aprendamos de las circunstancias, trabajemos juntos, aprovechamos los recursos y valoremos el privilegio de la vida.

La cuarentena no debe ser pretexto para que profesores y directores llenen reportes y evidencias para informes institucionales inútiles. O para recargar de tareas y tareas y tareas a los estudiantes.

Hoy más que nunca resuenan potentes aquellas palabras del maestro Paulo Freire: la educación tienen que ser una aventura, un desafío, no una canción de cuna, ni la tortura que perjudicará a los que menos tienen y más necesitan.

Fuente: https://eldiariodelaeducacion.com/2020/05/21/carta-a-las-maestras-y-maestros-por-la-pandemia/

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Después de la pandemia

Por: Miguel Guerrero

Antes de la situación en la que el mundo  se encuentra por el COVID-19, se escuchaban quejas sobre la situación económica del país, en el sentido de que estábamos en crisis. La percepción era evidencia de un pesimismo en ciertos sectores influyentes de nuestra vida económica, cuya valoración del quehacer nacional se basa muchas veces en la marcha de sus propios negocios. A mi modo de ver, no vivíamos una crisis económica, pues cada día se abrían nuevas operaciones industriales, el turismo estaba en auge y la actividad comercial a todas luces se expandía con la apertura de nuevos y gigantescos  centros comerciales.

Nuestro problema no era de esa índole ni el país estuvo nunca bajo amenaza de una recesión. La verdadera crisis era, y ahora lo será mucho más, de carácter social, con tasas de desigualdad preocupantes dentro de un proceso de concentración de recursos reducido a círculos de pequeñas élites económicas muy creativas con un control creciente de la riqueza nacional. Buena parte de los nuevos y florecientes negocios  de las últimas dos o tres décadas provienen de esos grupos, sin que se hayan generado cambios importantes en la estructura social, debido a los bajos salarios y a un sistema de seguridad social que no los promueve.

Será a partir de esta pandemia que tendremos la amenaza de una crisis económica verdadera, por lo que será necesario estimular el consumo y la inversión interna tanto pública como privada para evitarla, reduciendo los niveles angustiantes de pobreza y marginalidad. La continuidad de las políticas económicas adoptadas antes y durante la pandemia será esencial al mantenimiento de nuestra estabilidad económica y financiera.

Los cambios radicales en esos planes y políticas ahuyentarían la inversión y destruirían la indispensable confianza en la solidez de nuestro potencial que ha sido el sostén de nuestro crecimiento.

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/8813088-despues-de-la-pandemia/

Imagen: https://pixabay.com/illustrations/dollar-exchange-rate-world-economy-544949/

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Incertidumbre y religiosidad

Por: Leonardo Díaz

En una obra clásica de la reflexión antropológica, Magia, Ciencia y religión (1954), Bronislaw Malinowski relacionó la creencia mágica y religiosa en los habitantes de las islas Trobriand con los niveles de peligro, incertidumbre y azar a que eran expuestos por la naturaleza. En otras palabras, allí donde los lugareños se encontraban en medio de una situación amenazante que escapaba al control tecnológico, o que se caracterizaba por el azar y la incertidumbre, aumentaban los comportamientos religiosos (rituales y oraciones). Cuando la situaciones permitían un mayor nivel de control humano, esos mismos comportamientos se reducían.

La reflexión de Malinowski ha tenido continuidad hasta nuestros días. Por ejemplo, en el año 2012, un libro de Nigel Barber titulado Wy Ateism Will Replace Religion:The triumph of earthly pleasures over pie en the sky (Por qué el ateísmo substituirá la religión: El triunfo de los placeres terrenales sobre el pastel en el cielo) vincula la creencia religiosa con la inseguridad generada por la precariedad de la vida.

Estudios de percepción religiosa como el comentado en mi artículo del año 2019, “El declive de la religión”,  apoya las referidas afirmaciones. Los datos muestran una reducción de la religiosidad en aquellas zonas del planeta donde existen altos niveles de vida, mientras muestran altos niveles de creencia religiosa en zonas caracterizadas por altos índices de precariedad.

La lectura de esos datos no debe leerse en el sentido superficial de que a mayor riqueza hay menos religiosidad, mientras que a menor riqueza hay mayor religiosidad. La riqueza material es solo una parte de los bienes que proporcionan sensación de certidumbre. Estos bienes tienen que combinarse con bienes menos tangibles, como la sensación de autonomía y de seguridad. Las sociedades con altos índices de desarrollo humano no solo solo tienden a ser más ricas, sino también, tienden a disponer de mejores sistemas de salud, redes institucionales más eficientes de protección social, reglas de juego claras y mas igualitarias, en otras palabras, mayores posibilidades de control tecnológico sobre la vida cotidiana y de generar un entorno de bienestar psicológico.

Por su parte, en las sociedades con bajo índice de desarrollo humano, el espacio y el tiempo del Mundo de la Vida está estructurado por la precariedad y la incertidumbre, porque fallan todas las instituciones llamadas a proporcionar sensaciones de seguridad en la ciudadanía. Esto crea las condiciones para que los movimientos religiosos reemplacen la ineficacia estatal y las injusticias de los modelos económicos excluyentes con redes de solidaridad, mientras constituyen comunidades que proporcionan amor, esperanza, consuelo y seguridad a sus integrantes.

En el desarrollo de esas prácticas esas comunidades también gestionan la formación que, en muchos casos, terminan construyendo una imagen del mundo consecuente con las precariedades de la vida cotidiana, con sus fobias y esperanzas.

Por tanto, con frecuencia, la forma de vida religiosa de estas comunidades no constituye un modo de realización psicológica adulta, libre y consciente; sino un mecanismo psicológico infantil de búsqueda por la dádiva, la protección y el cuidado.

El referido mecanismo psicológico se activa en situaciones de incertidumbre, como la que vivimos en la actualidad, angustiados por un virus desconocido que puede afectarnos en cualquier lugar y en cualquier momento.

Es comprensible, dado lo que hemos expresado, que estos momentos sean de manifestaciones espontáneas de fervor religioso por parte de la gente común y que vive en situaciones de precariedad. Lo inaceptable es la promoción, la manipulación religiosa y política que hacen, de ese fervor, el oportunismo político y el fariseísmo religioso.

Fuente: https://acento.com.do/2020/opinion/8817172-incertidumbre-y-religiosidad/

Imagen: https://pixabay.com/photos/tea-lights-candles-light-prayer-2223898/

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